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Este documento describe el estructuralismo lingüístico y las principales escuelas estructuralistas que surgieron a partir de los principios de Ferdinand de Saussure. Explica que el estructuralismo considera la lengua como un sistema de elementos relacionados, y que escuelas como la de Praga, Copenhague y Estados Unidos desarrollaron nuevos métodos y unidades de análisis para describir la estructura de las lenguas a diferentes niveles como la fonología, morfología y sintaxis.

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Este documento describe el estructuralismo lingüístico y las principales escuelas estructuralistas que surgieron a partir de los principios de Ferdinand de Saussure. Explica que el estructuralismo considera la lengua como un sistema de elementos relacionados, y que escuelas como la de Praga, Copenhague y Estados Unidos desarrollaron nuevos métodos y unidades de análisis para describir la estructura de las lenguas a diferentes niveles como la fonología, morfología y sintaxis.

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3.

3 EL ESTRUCTURALISMO

3.3.0 Introducción
El vocablo estructuralismo es de hecho muy controvertido y se ha aplicado indistintamente no sólo a la
lingüística sino a una variedad grande de disciplinas. Se puede hablar de un estructuralismo en la química, en
la física, en la etnología, en la antropología, en la literatura y aún en la filosofía. La acepción ha alcanzado
vigencia plena merced a los trabajos de Lévi-Strauss, especialmente, y en menor grado a las investigaciones de
Althusser, Foucault y Lacan.
Por lo que atañe a la lingüística, con estructuralismo se pretende caracterizar la nueva perspectiva en los
estudios del lenguaje a partir de las tesis de Saussure, de profunda incidencia en algunos de los lingüistas
modernos que formaron sus propias escuelas según las directrices trazadas por el genio ginebrino.
Un poco más particularmente, por estructuralismo puede entenderse la concepción humboldtiana que
considera la lengua como un organismo internamente estructurado.
El punto de convergencia de todas las escuelas estructuralistas es doble: de una parte, la nueva ciencia del
lenguaje queda sometida a un despojo total de todos los factores que pueden desviar en un momento dado el
objeto de la lingüística: la descripción de la lengua y la búsqueda de las fuerzas ' que intervienen permanente y
universalmente en ella. La lengua a partir de Saussure se estudia per se, de acuerdo con cierto método de
investigación. De otra parte, se hace preciso para todo lingüista tomar dichas estructuras y descubrir y describir
sus leyes, al ser la lengua un conjunto de relaciones basado en la oposición de elementos, que no tienen una
validez por sí mismos sino merced a las relaciones de equivalencia y contraste que se establecen entre ellos, y
que en el su fondo configuran una estructura de carácter abstracto.
Definido el objeto de estudio de la nueva ciencia era menester adoptar un método que permitiera poner en
evidencia la estructura abstracta de la lengua. El estructuralismo, en líneas generales, prefirió el método
inductivo que, basado en la recolección de un corpus y mediante él, pretende descubrir las leyes de la gramática
internamente manifestadas.
Conseguido lo anterior, y en orden sucesivo, se imponía el descomponer de alguna manera toda esa
estructura que configura admirablemente el universo del lenguaje. Surgieron así los diferentes niveles de la
lengua, previa una jerarquización de valores.
Los niveles fonético, fonológico, morfológico y sintáctico fueron separados del organismo central, y a
ellos se les aplicaron las nuevas técnicas que dentro del método inductivo fueron surgiendo.
La partición en niveles, que en un principio fue marcadamente metodológica, con el transcurso del tiempo hizo
perder la perspectiva general del lenguaje y muchos lingüistas olvidaron que el lenguaje es un todo
armónicamente articulado. Aquí reside una de las fallas capitales del estructuralismo lingüístico: el no
considerar la lengua en conjunto y en mirarla a través de una óptica muy estrecha, dada según el nivel que se
estuviera estudiando. Es una de las razones por las cuales verbigracia, Mounin llama a la glosemática un
edificio sin terminar. Algo parecido ocurrió con la escuela descriptiva estadinense y el total abandono en que
dejó la semántica.
Establecidos los diferentes niveles de la lengua, fue imperiosa la necesidad de buscar las unidades de
análisis para cada uno. El siglo xx planteó la crisis de la palabra. La palabra, sobre la cual había gravitado todo
el análisis tradicional, manifestó su incapacidad para caracterizar de manera científica y precisa los diferentes
fenómenos que se presentaban en los niveles por describir.
Ante la necesidad creada, cada escuela lingüística inventó su propia terminología. Expresiones como
monema, cenema, fonema, morfema, lexema, prosodema, sintagma, paradigma, plerema, trataron de
caracterizar, como unidades, las diferentes jerarquías de los planos.
El neologismo se impuso, pues, y a partir de Saussure cada escuela creó su propio acervo lexicográfico, en
detrimento, claro está, de una presentación asequible para el estudioso de la lingüística, con el agravante,
además, de que el nuevo término es sólo una forma diferente de designar el mismo concepto.
El pecado, imputable no sólo a los estudios estructurales sino a toda concepción lingüística surgida con
posterioridad, hace necesariamente que en veces se precise de un diccionario entero de cualquiera de las
escuelas modernas. Caen muy bien en este momento las palabras de Mounin cuando exclama en la introducción
de su Diccionario:
Así llegamos a otra de las causas de la proliferación terminológica: la neoligitis. Existe, por cierto, una
sicología, e incluso una sicopatología del investigador, y es necesario tomar conciencia de ella. La convicción
de que se ha descubierto algo porque se ha vuelto a bautizar un concepto ya bien elaborado por otros [el
subrayado es mío] quizá sea una enfermedad profesional del científico... Desde hace medio siglo ha habido
mucha gente empeñada en no comprender lo que Saussure dijo claramente acerca del carácter arbitrario del
signo.
Al tratar de caracterizar de manera objetiva y precisa la estructura de las lenguas estudiadas a través de
corpus perfectamente delimitados —hecho que constituye uno de los grandes aciertos del estructuralismo—
por paradoja, como lo advierte Dubois en su excelente libro, tal logro conlleva implícito su principal error:
olvidar el aspecto creativo del lenguaje y la intuición del hablante nativo. No tuvo en cuenta el estructuralismo
al emisor, como tampoco su actitud frente a la lengua. Aquella sabia observación de Humboldt — base de la
creatividad lingüística— de que medios finitos generan mensajes infinitos fue infortunadamente olvidada.
Décadas después la lingüística generativa habrá de rescatar el aspecto creador del lenguaje y lo tendrá como
una de sus características más notables.
Se presentarán a continuación tres de las escuelas estructuralistas que surgieron a raíz de algunos principios
saussureanos: la de Praga, la de Copenhague y la estadinense. Algunos autores consideran también la escuela
de Ginebra
(formada, entre otros, por dos de los discípulos de Saussure, Charles Bally y Albert Sechehaye) y la escuela
inglesa o del significado con Firth como su principal representante. El autor del presente estudio, cree, no
obstante, que las primeras conforman la trilogía más importante dentro del estructuralismo lingüístico.

3.3.1 Escuelas estructuralistas

[Link] Escuela de Praga

[Link].1 El aporte principal


A la escuela de Praga o Círculo lingüístico de Praga se debe el gran desarrollo que en la presente centuria
ha adquirido la fonología. Conceptos tan sutiles y tan bien cimentados actualmente como son los de fonema,
alófono, conmutación, oposición, rasgo distintivo, archifonema y neutralización — para no citar sino unos
pocos— fueron posibles merced al gran trabajo desplegado a partir de las directrices de esta escuela.

[Link].2 Antecedentes
Si bien es cierto que la praguense es una de las resultantes del papel de la lengua como instrumento de la
investigación de las funciones que sus diferentes elementos desempeñan, los orígenes se remontan a unos años
antes de la aparición del ginebrino de Saussure. En efecto, nociones como sonido, fonema y oposición distintiva
fueron trajinados con anterioridad a la aparición de aquel.
El suizo Winteler, por ejemplo, fue quizá el primero en distinguir el sonido propiamente dicho (su
naturaleza fonética) del papel desempeñado por éste dentro de un sistema determinado. Obsérvese de paso que
la fonética es el
estudio del sonido y la fonología la manera como dichos sonidos (fonemas posteriormente) forman los patrones
sonoros de las lenguas.
Por la misma época el fonetista inglés Sweet llegó a una conclusión parecida, al señalar que era importante
distinguir entre el sonido que puede implicar una diferencia en significación de aquel que no la posee'(hoy se
sabe que un fonema es tal, si al oponerse a otro se opera un cambio en la significación).
Es importante anotar que hasta 1885, aproximadamente, el término fonema no había aparecido, aunque es
fácil advertir que el concepto se perfilaba cada vez más con mayor
exactitud.
Simultáneamente, sin previo conocimiento, eso sí, la escuela de Kazán, de tradición rusa, estaba llegando a
conclusiones parecidas: dos de sus miembros más importantes, poloneses ambos, Baudoin de Courtenay y su
discípulo Mikolaj Kruszewski, venían trabajando sobre la distinción entre la fonética fisiológica (el estudio de
los sonidos) y la sicofonética (funciones de los productos fónicos). Habían, además, asignado ya las unidades
respectivas para las dos disciplinas en mención: el sonido para la primera y el fonema para la segunda.
El fonema, en el sentido que actualmente posee, fue definido como una abstracción del sonido en sí, como
la impresión síquica de los sonidos de su lengua que le queda al hablante-oyente, y corresponde en consecuencia
a la imagen acústica de Saussure.
Así definió el fonema Baudoin de Courtenay:
Representación unitaria perteneciente al mundo fonético que se origina en el alma gracias a la función
síquica de las impresiones logradas por la pronunciación de un mismo sonido; es el equivalente síquico del
sonido del lenguaje. A la representación unitaria del fonema se asocia una cierta suma de representaciones
antropofonéticas.
De otra parte, la función distintiva, que ayudó a particularizar y precisar cada uno de los fonemas, había
también sido definida por Ščerba, otro discípulo de Baudoin, de la siguiente manera:
la representación fónica general más breve de una lengua dada que posee la capacidad de asociarse a
representaciones semánticas y de diferenciar palabras.
La escuela praguense, entonces, a más de las contribuciones de Saussure, recibió todo el legado de la
escuela de Kazan. Ya estaba establecido claramente el-nivel fonético y el fonológico con sus unidades;
asimismo la oposición fonológica. El Círculo de Praga, en consecuencia, tomó para sí tan valioso material y
sobre él construyó toda su teoría ampliando y perfeccionando ese legado.

[Link].3 Desarrollo
En 1926, en Praga, y por iniciativa de Mathesius, se fundó el Círculo lingüístico de Praga, reconocido
como escuela a raíz del manifiesto que se presentó al I Congreso Internacional
de Lingüística celebrado en la Haya, en 1928. Dicho manifiesto, firmado curiosamente por tres emigrantes
rusos — Trubetzkoy, Jakobson y Karcevskij — decía en sus apartes más importantes:

1. Una descripción científica del sistema fonológico de una lengua debe suministrar, sobre todo, un
inventario de las diferencias significativas entre las imágenes acústico-motrices.
2. Estas diferencias deben ser especificadas más detalladamente, considerando en especial las
correlaciones fonológicas. Estas son oposiciones binarias, fundadas en un principio común.
3. La antinomia entre fonología sincrónica y fonética diacrónica desaparece tan pronto como los
cambios fonéticos se consideran como función del sistema fonológico que los "experimenta".
4. El objeto, la finalidad de tales cambios fonéticos debe plan-tearse como problema.
5. La fonética histórica se transforma así en una historia de la evolución de un sistema fonológico.

Del manifiesto en cuestión conviene señalar tres aspectos capitales. El primero hace una clara alusión al
nacimiento de la fonética y la fonología como ciencias. El segundo muestra la aparición del sistema binario,
clave en la fonología, que será ampliado por Jakobson cuando postule sus clásicas oposiciones con base en el
binarismo. El tercero, por último, es el rompimiento que se suscita con la teoría de Saussure: el ginebrino había
colocado la dicotomía sincronía-diacronía como mutuamente excluyente; la escuela de Praga, en el tercer punto
del manifiesto, establece claramente que la dualidad no es antagónica; por el contrario; los dos términos pueden
complementarse muy bien cuando "los cambios fonéticos se consideren como función del sistema fonológico
que los experimenta".
El Círculo se consolidó definitivamente como escuela al reunirse en 1930 la primera conferencia de
fonólogos. Para esta fecha, además, la escuela contaba ya con su propia revista — Trabajos del Círculo
lingüístico de Praga — que ininterrumpidamente dio a conocer los avances e investigaciones que se estaban
llevando a cabo en su seno. Durante la década del 29 al 39 los trabajos publicados fueron recogidos en ocho
volúmenes.
En 1939 estalló la segunda guerra mundial y el Círculo prácticamente se disolvió al verse precisados
algunos de sus miembros a buscar horizontes más propicios.
Jakobson, ruso de nacimiento, quien huyó de Rusia a Checoslovaquia a raíz de la revolución bolchevique, hubo
también, debido a su ascendencia judía, de escapar de Praga y refugiarse en los países escandinavos donde
enseñó posteriormente en Copenhague, Oslo y Upsala. En 1941, ante la amenaza de las fuerzas alemanas de
invadir a Suecia, debió trasladarse precipitadamente a Nueva York; se vinculó allí con la Universidad de
Columbia y pasó luego a Harward y después al MIT donde por muchos años tuvo a su cargo las cátedras de
lengua y literatura eslavas, lingüística comparada y lingüística general; murió en un hospital de Boston en 1982,
a los 86 años de edad.
Nicolás Trubetzkoy, príncipe ruso y quizá el mayor impulsador del Círculo, enseñó en Viena filología
eslava. En 1938. fue expulsado por los nazis, después de interrogatorios infames, confiscación de bienes y
vejaciones sin fin que hicieron recrudecer en él una antigua lesión. Murió pocos meses
después de un fulminante infarto cardíaco.
Trubetzkoy y Jakobson fueron las dos figuras más importantes de la escuela, por su entusiasmo y
clarividencia científica, amén de sus valiosísimos aportes a la fonología. Los Principios de fonología
(Grundzüge der Phonológie), del primero de ellos, constituyen una base invaluable sobre la cual se yergue todo
el edificio fonológico. Los trabajos de Jakobson, diseminados en multitud de libros, revistas especializadas y
actas de congresos, no sólo son bastiones en la fonología, sino que se levantan muy alto en el vasto mundo de
la lingüística. Anota Mounin a este respecto:

No ha aparecido nada nuevo de importancia desde hace más de medio siglo a esta parte que él [Jakobson]
no haya intentado, con más o menos fortuna, integrar a la lingüística.

[Link].4 Principios básicos


La selección de la unidad que caracterizaría la nueva ciencia era una tarea prioritaria para la naciente
escuela. La elaboración definitiva del concepto de fonema fue el punto de partida que permitió el enorme avance
de la fonología. Quedó anotado en los párrafos anteriores que diversos estudiosos habían hecho de alguna
manera observaciones muy interesantes, que tendían a distinguir entre el sonido ideal y su variante fonética.
Trubetzkoy, finalmente, logró definir el nuevo concepto de fonema al señalar en sus Principios (pág. 37) que
es la unidad fonológica que, desde el punto de vista de determinada lengua, no se deja analizar en unidades
fonológicas aún más pequeñas y sucesivas.

En efecto, si se tiene el morfema beso se advierte que presenta 4 fonemas diferentes /b/, /e/, /s/, /o/, unidades
imposibles de dividir más. De otra parte, el concepto de fonemas es intrínsecamente funcional, es decir, con
potencialidad para entrar al menos en una oposición fonológica. En el morfema propuesto, el fonema /b/ se
opone, al ser oclusivo bilabial sonoro, al oclusivo bilabial sordo /p/. De esta suerte se cumple lo dicho por
Trubetzkoy cuando manifestó que "toda
oposición fónica ... puede diferenciar significaciones intelectuales". (Ib., pág. 36). En efecto, la conmutación
de /b/ por /p/ implica un cambio en el significado: beso-peso.
Nació también ahí el concepto de oposición: un fonema adquiere su plena identidad cuando se opone a otro y
cuando al oponerse varía la significación del morfema al que pertenece. Para el español, 'paso, peso, piso, poso,
puso’ varían de significación al conmutar las cinco vocales de su inventario fonológico.
Para distinguir los diferentes fonemas hubo necesidad de recurrir a los rasgos distintivos —particularidades
fonológicas pertinentes —. Cada fonema, en consecuencia, presenta un haz de tales rasgos, que permite, por
oposición, diferenciarlo de los demás que forman el acervo fonológico de una lengua. Los rasgos distintivos,
entonces, recurren al sistema binario y se manifiestan por el más (+) y el menos (—): el primero significa la
presencia del rasgo y el segundo su ausencia. Jakobson, desde la escuela praguense, propuso una serie de rasgos
distintivos entre los cuales se destacan los siguientes: vocálico/no vocálico; consonántico/no consonántico;
compacto/difuso; sonoro/no sonoro; nasal/oral; etc.
Los rasgos distintivos fueron perfeccionándose y con la aparición de la gramática generativa se
consolidaron definitivamente, merced a la labor del mismo Jakobson, de Morris Halle y Noam Chomsky.
Actualmente, pues, los siguientes constituyen un conjunto universal de rasgos distintivos. Cada uno de ellos
presupone el binarismo: silábico, consonántico,
continuo, obstruyente, estridente, nasal, lateral, sonoro, anterior, distribuido, coronal, alto, bajo, posterior y
redondeado 51.
Un estado actual del acervo fonológico del español de acuerdo con los rasgos distintivos es el siguiente:
Además, era menester distinguir entre el sonido como tal y su representación más abstracta. Dicho de otra
manera: fue preciso diferenciar el fonema de sus variantes. Se creó así el término alófono para denotar la
variante combinatoria. Por ejemplo: el español ofrece, entre otras, dos variantes del fonema /d/. La inicial y la
intervocálica. La primera, inicial, es
oclusiva; la segunda es fricativa, como puede verse en dedo. Se tiene entonces un fonema /d/ con dos maneras
diferentes de pronunciarlo, así:

Otro tanto sucede en inglés con los morfemas pill y spill. El fonema inicial / p / es aspirado y el intermedio
no lo es. Se tiene pues un solo fonema con dos alófonos: la aspiración y la ausencia de ella:

Trubetzkoy da estas tres reglas para diferenciar de los fonemas sus alófonos:

1. Cuando dos fonemas se presentan en el mismo entorno (con-texto) y pueden ser reemplazados entre
sí sin que se presente una diferencia en el significado de las palabras, se presenta un solo fonema con dos
alófonos. Tal es el caso de /d/, fricativo y oclusivo en español.
2. Cuando dos sonidos se presentan en una sola posición y al conmutarse entre ellos ocurre un cambio
en el significado, se tienen entonces dos fonemas diferentes (español tilo y jilo. Los fonemas /t/ y /f/ son
diferentes).
3. Cuando dos sonidos, entre sí unidos por consideraciones acús-ticas o articulatorias, no contrasta en
determinado contexto, han de considerarse no como fonemas sino como variantes combinatorias o realizaciones
del fonema (alófonos). El ejemplo del inglés, que se ofrecerá más adelante, ilustra el punto.
El nivel fonético [] se ocupa de los alófonos; el nivel fonológico / /, de los fonemas.
En el juego de oposiciones se presentan a veces particularidades interesantes. Una de ellas es la
neutralización o sincretismo, observada muy agudamente por la escuela de Praga y en la cual una determinada
oposición, en apariencia distintiva, no se da en ciertos contextos fonéticos. Así, por ejemplo, en principio, la
diferencia entre las oclusivas sordas /p/, /t/, /k/, las oclusivas sonoras /b/, /d/, /g/, en alemán, es distintiva. Sin
embargo, cuando se examina su contexto fonético, en posición final sólo es posible encontrar las oclusivas
sordas por lo que no hay manera de contrastarlas — en dicho entorno — con las sonoras. La oposición
fonológica es entonces neutralizada, o, lo que es lo mismo, se presenta una neutralización en posición final.
Malmberg presenta un buen ejemplo tomado del inglés donde se presenta una oposición distintiva entre la
nasal dental y la velar /n/, en posición final (sin-sing; thinthing). Sin embargo, al presentarse una /k/ en
posición final, la oposición se neutraliza, dado que la combinación /nk/ no existe en inglés en posición final y
por tanto no puede contrastarse (oponerse) con la combinación
Cuando el conjunto de los rasgos pertinentes que pueden ser comunes a dos fonemas en que la oposición
es neutralizada, se obtiene el archifonema (otro término de la escuela praguense). Así, por ejemplo, el español
ofrece los fonemas /r/ y
(poro-porro) donde la oposición entre ellos dos sólo es posible en posición intervocálica. En los restantes
contextos, al comienzo y al final, la oposición se neutraliza puesto que el fonema se realiza como en posición
inicial (ramo) y como r en posición final (salir). El archifonema en consecuencia se expresa con una R
mayúscula.
Para el caso de la neutralización en alemán, citado anteriormente, al no haber oposición /t/, /d/ en posición
final (rad 'rueda'; rai 'consejo') la única realidad capaz de aparecer en posición final es el archifonema T.
Ahora bien: obtenidas las oposiciones era necesario clasificarlas. Así lo entendió Trubetzkoy; actualmente
se conocen con los nombres de multidimensionales, unidimensionales, proporcionales y aisladas.
En español la oposición /k, g/ es unidimensional puesto que los dos fonemas son los únicos oclusivos
velares; la oposición /b, d/ en español y en inglés es multidimensional pues además está el fonema /g/ que
comparte con el par el rasgo de sonoridad. Fuera de ello, los tres son oclusivos.
La oposición es proporcional cuando un rasgo distintivo sirve de base para otras oposiciones; en español,
por ejemplo, el rasgo de sonoridad no sólo distingue a /p, b/ sino que conviene también a las oposiciones /t, d/
y /k, g/.
Por último, la oposición es aislada si un par de fonemas no guarda relación alguna con otro par. La
oposición /k, l/ no
guarda relación con otra oposición propuesta (un fonema es sordo y el otro sonoro; el uno velar y el otro
apicoalveolar; uno oclusivo, el otro lateral).
Por otro aspecto, si un rasgo fonético aglutina dos fonemas en un par contrastivo, se presenta una correlación,
como un contraste binario que es compartido por más de un par correlacionado. Las oclusivas sordas y sonoras
pueden, por ejemplo, compartir más de una correlación. El caso típico lo presenta el indoeuropeo que, como
fue advertido atrás, ofrece los rasgos de sonoridad y aspiración que pueden amalgamarse, con los rasgos
referidos, en la siguiente forma (La aspiración se marca con una h):

También quedó dicho que la escuela de Praga siguió las directrices dadas por F. de Saussure, lo cual puede
apreciarse claramente, además, en la distinción entre sonido y fonema. En efecto: el ginebrino había establecido
la distinción entre lengua y habla. Dentro de la dicotomía anterior, el sonido pertenece al habla y el fonema a
la lengua. Éste puede permanecer invariable (si varía, cambia o desaparece, el sistema fonológico de la lengua
se afecta); aquél se modifica de manera disímil y depende, en últimas, del usuario de la lengua.
Dentro de la concepción generativa del lenguaje, por otro lado, es bien sabido que en algunos puntos —
no en todos — la competencia y la actuación chomskyanas coinciden con la dualidad lengua/habla de Saussure.
Se puede establecer, por tanto, que el fonema pertenece a la competencia (el conocimiento de la lengua) y el
sonido a la actuación (el uso particular de la competencia).
Otro de los grandes aciertos de la escuela praguense, no ya en fonología sino en otro campo, tuvo que ver con
las funciones del lenguaje. En efecto: Karl Bühler, otro de los miembros destacados del Círculo, en su libro
Sprachtheorie (Teoría del lenguaje) fue el primero en ocuparse de ellas al señalar como fundamentales la
emotiva, la conativa y la referencial basadas estas funciones en las tres personas del discurso yo, tú, él.
Cada enunciado, afirma Bühler, ofrece una relación triple, así: con el objeto simbolizado, con la cosa de
que se habla, con el transmisor y el receptor. Como bien observa Polo Figueroa "el enunciado es señal para el
oyente, síntoma de algo en el hablante, y símbolo del contenido objetivo que transmite”.
El siguiente gráfico de Bühler permite visualizar su concepción de las funciones del lenguaje:

El esquema no ha podido ser sustituido, aunque como es natural ha sufrido adiciones y reformas. Jakobson,
por ejemplo, tomó las tres funciones clásicas de Bühler y las amplió a las seis actualmente conocidas, que son:
denotativa o referencial, que entraña la comunicación en sí; función expresiva o emotiva, centrada en el emisor;
función conativa, radicada en el receptor y que tiene por objeto tratar de influir en la conducta de otras personas;
la función poética, que gravita sobre el mensaje mismo; la función fática, que consiste en el establecimiento
de relaciones sociales que permiten la interacción de los grupos humanos y como es obvio se dirige hacia el
contacto (constituido por el canal); por último, la función metalingüística, por la que el lenguaje se vierte y
reflexiona sobre sí mismo.
Los anteriores son, en consecuencia, algunos de los aspectos neurálgicos de la escuela de Praga. No se
pretende, es obvio, dar cuenta detallada y exhaustiva de todos los logros de la escuela praguense. Con todo, es
posible que los puntos bosquejados en los anteriores párrafos den una idea importante de lo que fue y realizó
el mencionado centro.
Como es natural, la escuela de Praga ha sido objeto de muchas críticas, ante todo y en especial debido al
divorcio entre la fonética y la fonología, como también a la confusión de los praguenses entre los métodos
articulatorios y acústicos en la búsqueda de las unidades respectivas. Sintetiza así el lingüista sueco Bertil
Malmberg las objeciones:

Se han dirigido muchas críticas a la pretensión, de los fonólogos de Praga, de un absoluto divorcio de la
fonética —que juzgaban una ciencia natural, aunque reconociendo su importancia fundamental para la
fonología y la lingüística, y hasta haciendo hincapié en ella — y, por otro lado, la fonología, que es una
disciplina lingüística. Esta distinción absoluta es tanto más notable cuanto que la totalidad del sistema de
Trubetzkoy se basa en criterios fonéticos, la mayoría de naturaleza articulatoria... Más hubiera valido a los
fonólogos de Praga seguir el camino de la reforma en vez del de la revolución [el subrayado es mío].

Y más adelante enfatiza Malmberg:


Le resultó difícil [a Trubetzkoy] encajar su terminología en un marco articulatorio, y su clasificación de los
rasgos de localización, grados de abertura y rasgos de resonancia es una mezcla extraña de terminología
articulatoria y acústica.
[Link] Escuela de Copenhague

[Link].1 Su aparición
La escuela de Copenhague o escuela danesa nació por oposición a la de Praga. Si esta se denominó Círculo
lingüístico de Praga, aquella se llamó Círculo lingüístico de Copenhague. Si la de Praga tuvo su propio órgano
de difusión (Trabajos del Círculo Lingüístico de Praga), la de Copenhague fundó asimismo su propia revista,
Acta Lingüística, con el sub- título Revista Internacional de Lingüística Estructural. La escuela de Praga se
fundó en 1926; la de Copenhague en 1931.
Si aquella tuvo a Jakobson, Trubetzkoy y Karcevskij como principales animadores, ésta se desarrolló
gracias al impulso de Luis Hjelmslev (cabeza visible del círculo), Viggo Bröndal y J. Uldall.
La escuela de Praga trabajó esencialmente sobre la fonología; la danesa propuso llamar fonemática la teoría
descriptiva del lenguaje propuesta por ella. Posteriormente el término se cambió por el de glosemática, vocablo
que caracteriza a toda la escuela y en particular a su fundador, Luis Hjelmslev.
Como la escuela de Praga necesitó una terminología muy especial, así también el Círculo de Copenhague
requirió, exageradamente, ciento ocho neologismos para caracterizarse. (El término glosemática, por ejemplo,
del-griego-glossa 'lengua', es uno de ellos).
La glosemática nació formalmente en el tercer congreso internacional de lingüística celebrado en
Copenhague. Fue allí donde apareció el nombre de glosemática por primera vez y explícito, en un artículo de
J. Uldall titulado Outlines of Glossematics (Sinopsis de un bosquejo de glosemática).

[Link].2 Principios generales

Hjelmslev planteó en su trabajo Análisis estructural del lenguaje, las cinco premisas básicas que subyacen
en la estructura de cualquier lengua
1. Un lenguaje consta de expresión y de contenido.
2. Asimismo, un lenguaje ofrece una sucesión o texto y un sistema.
3. La conmutación es el elemento que une los dos planos de la lengua: la expresión y el contenido.
4. Dentro de la sucesión y el sistema, es fácil apreciar un conjunto de relaciones.
5. No se observa ninguna correspondencia uno-a-uno en-tre los planos del contenido y de la expresión.
Los signos, en consecuencia, se analizan en componentes de menor categoría.

La lingüística, por eso, debe intentar comprender el lenguaje no como un conglomerado de fenómenos
extralingüísticos... sino como una totalidad autosuficiente, una estructura sui generis.

Es fácil deducir que los puntos anteriores del lingüista danés continúan la línea trazada por Saussure, de
quien Hjelmslev se consideraba como único y legítimo sucesor. En efecto: dos de los principios saussureanos
se advierten en la teoría glosemática: la lengua es forma y no substancia y toda lengua es simultáneamente
expresión y contenido.
En relación con el primero de ellos, toda la glosemática pretende estudiar la lengua únicamente desde el punto
de vista formal y, a partir de allí, construir prácticamente lo que puede considerarse como un álgebra del
lenguaje. Hjelmslev distingue en este punto tres niveles donde el ginebrino veía sola mente dos: la substancia
de Saussure (realidad semántica o fénica) es denominada materia por el danés; la forma de Saussure, es
substancia para Hjelmslev. El término forma, finalmente, Hjelmslev lo deja sólo para el conjunto de relaciones
que define cada unidad. Los tres niveles son relacionados por la manifestación, que para la glosemática es la
sustancia de la forma en la materia.
El análisis de la forma en las lenguas fue llevado por Hjelmslev hasta sus últimas consecuencias, e inclusive
propuso una clasificación tipológica basada íntegramente en el carácter formal. Distinguió el danés entre
lenguas conformes y no conformes. El primer grupo estaría formado por todas las que presenten los dos planos
(expresión/contenido) con una misma organización formal y con diferencias sólo en la substancia. Las lenguas
no conformes, por el contrario, pueden ser denotativas sí. ninguno de los dos planos constituye en sí un lenguaje
(las lenguas naturales, por ejemplo), o metalingüísticas si el plano del contenido constituye un lenguaje por sí
mismo (el caso del lenguaje empleado para describir una lengua en particular). Por último, se tiene una lengua
connotativa cuando el plano de la expresión configura ya un lenguaje.
El doble plano de la lengua — expresión y contenido —, de otra parte, es la aplicación saussureana de concepto
y de imagen acústica, como dualidad indivisible del signo lingüístico. Cada plano, en consecuencia, presenta
una forma y una substancia. Se tiene entonces una forma y una substancia de la expresión como también una
forma y una substancia del contenido.
Como en ocasiones no hay una almagama exacta entre los dos planos, ha de buscarse un principio general
para realizar el análisis estructural de los planos, principio que fue llamado isomorfismo por la glosemática. Tal
elemento designa, pues, la semejanza de rasgos estructurales entre el plano fónico de la lengua y el semántico.
Dicho de otra manera: el isomorfismo pretende equilibrar el plano de la expresión y el plano del contenido.
Ambos planos son analizados hasta sus constituyentes últimos. De esta manera, por ejemplo, el morfema yegua
constaría, en el plano de la expresión, de los fonemas /j/, /e/, /V/, /W/ /a/ y de caballo + género femenino, en
el plano del contenido.
La lengua para la glosemática es una estructura sui generis y su función principal es precisamente esa:
atribuir a todas las lenguas, como característica común, el principio de la estructura. Las lenguas se diferencian
entre sí sólo por la manera como, en cada caso particular, se aplica este principio. Las semejanzas y diferencias
entre ellas están en relación con la forma y no con la substancia.
En cuanto a la estructura de una lengua, la glosemática la define como "red de dependencias o, para
decirlo de manera más exacta, más técnica y más simple, una red de funciones"
En consecuencia, en el análisis glosemático de un texto, la tarea principal estriba en determinar las relaciones
(dependencias) entre las partes del texto. (Ya lo había manifestado Hjelmslev cuando dijo que las relaciones
entre elementos, y no los elementos en sí, constituyen el objeto de una ciencia cualquiera, y es sólo al diferenciar
estrictamente este precepto cuando cobra vigencia el postulado de Saussure sobre la autonomía lingüística).
Las relaciones intertextuales son, pues, de tres clases: interdependencias, determinaciones y
constelaciones.
En la relación de interdependencia un morfema es susceptible de presentar más de una función. Así, en
latín, el morfema un de templum, no sólo versa sobre el caso (acusativo) sino simultáneamente sobre el número
(singular).
Las relaciones de determinación implican que un elemento presupone otro, pero no a la inversa. En una
oración compuesta subordinada, la subordinada presupone la principal. En la oración Creo que lloverá la
subordinada que lloverá necesita la principal creo, pero ésta no requiere de la subordinada.
Las relaciones de constelación, por último, ofrecen dos elementos compatibles entre sí, pero interactuando
independientemente, sin que ninguno de los dos se necesite para substituirse.
El análisis glosemático es entonces exhaustivo. Lo sintetiza Malmberg así:

El análisis glosemático comienza con unidades mucho mayores (textos) que el análisis lingüístico tradicional.
Después de una división preliminar en contenido y expresión, el contenido es dividido a su vez en géneros
literarios, obras de autores individuales, obras individuales, capítulos y parágrafos... Alcanzadas las unidades
mínimas, se clasifican y definen tomando en cuenta su puesto en el sistema y en el proceso (sintagma). Esto no
deja sitio para nada como la sintaxis en el sentido tradicional ni para cualquier teoría de las partes de la oración.
La sintaxis será absorbida en el estudio de las variantes condicionadas. Términos como sujeto, objeto,
predicado, resultarán a menudo ser variantes.

La teoría glosemática tiene como principal fuente de información el libro de Hjelmslev Prolegómenos a
una teoría del lenguaje, traducido al francés y al español sólo en 1953. En él, el lingüista danés bosqueja las
bases de su concepción del lenguaje. Es allí, además, donde se halla la mayoría de los ciento ocho neologismos
que fueron menester para la presentación de su teoría, aspecto que indudablemente entorpece la lectura de
cualquiera de las obras de Hjelmslev. Es un hecho cierto, de otra parte, que los nuevos términos señalan con
otro nombre los conceptos que habían sido ya bautizados por Saussure o por la escuela de Praga. Obsérvense
algunos casos concretos:
SAUSSURE GLOSEMÁTICA

significante/significado expresión/contenido
lengua/habla esquema/texto (uso)
relación asociativa sistema (función o-o)
relación sintagmática proceso (función y-y)
La lingüística tiene como ob- Principio de la inmanencia
jeto estudiar el lenguaje en por oposición al de transcen-
sí y por sí mismo. dencia.

ESCUELA DE PRAGA GLOSEMÁTICA


fonema cenema
morfema plerema
fonología fonemática

relación sintagmática función


elementos funtivos
rasgo distintivo taxema

Con todo, como ha sido acotado en más de una ocasión, la glosematica tiene el mérito particular de ser la
primera tentativa de fundar una teoría científica para la descripción de las lenguas y no, como se ha señalado
erróneamente, para crear una lingüística científica.
Pero es sin duda el análisis del aparato formal de la lengua sin tener en cuenta la substancia, lo que ha
motivado la serie de críticas a la escuela de Copenhague. ¿Cómo es posible, se pregunta Martinet, definir el
fonema sin el auxilio de los elementos fonéticos de cualquier lengua? Coseriu, de otra parte, ha reiterado en
varias ocasiones que la forma lingüística sólo puede definirse satisfactoriamente en términos substanciales.
Fisher Jorgensen, citado por Malmberg, señala que la substancia expresiva comprende un sector harto limitado
del mundo (cierto repertorio de sonidos) en tanto que la substancia del contenido lo comprende todo.
En síntesis, parece improbable demarcar una frontera tajante entre forma y substancia, o lo que es lo mismo, en
términos de Hjelmslev, entre el plano de la expresión y el plano del contenido.

[Link].3 Aplicación

Parece conveniente, en este momento, observar grosso modo la manera como ciertos principios de
Hjelmslev son pertinentes a la lengua española.
El lingüista español Emilio Alarcos Llorach ha realizado, quizás, la mejor aplicación de la glosematica, al
menos en español.
El lingüista de Copenhague divide la lengua, como se recordará, en dos planos: el de la expresión y el del
contenido. El primero es denominado cenemático (vacío) y el segundo pleremático (lleno). Cada uno de los
dos planos consta de una forma y una substancia con sus respectivas unidades. Las del plano cenemático son
los cenematemas y las del pleremático son los plerematemas.
Los cenematemas pueden ser cenemas o prosodemas, según caractericen a los fonemas o a los
suprasegmentos. Los plerematemas, a su vez, se subdividen en pleremas y morfemas.
Lo interesante radica en la coherencia de los dos planos, que permite analizar cualquier texto u oración de
acuerdo con patrones perfectamente esquematizados y paralelos a los dos planos. Anótese, finalmente, el
aspecto terminológico: en los dos párrafos anteriores hay ocho términos nuevos, propios de la glosematica. El
cuadro general de la glosemática aplicada al español puede sintetizarse de la manera siguiente:

Si se toma la oración La casa de Pedro, en el plano cenemático se obtiene la siguiente información:

El plano cenemático, en consecuencia, corresponde a la fonología, con el estudio de los fonemas y los
suprasegmentos.
Para el plano pleremático, de otra parte, la unión de un plerema y un morfema constituye un sintagma. La
expresión Las vacas mugen en el establo puede descomponerse de la siguiente manera:
La pleremática corresponde a lo que tradicionalmente se ha conocido como morfología y sintaxis.
Hjelmslev había sostenido que la tarea de la lingüística es la relación (función) entre los diferentes elementos
de la lengua y no el estudio de esos elementos en sí. Para tal efecto distinguió entre función homosintagmática
y función heterosintagtnática.
La primera se realiza entre elementos del mismo sintagma. En la expresión niños, por ejemplo, hay un
plerema niñ- y dos morfemas -o y -s. Los morfemas intensos -o y -s se encuentran en función homosintagmática
(función de género y número, en este caso). En efecto, cada morfema adquiere su valor por oposición, al
contrario. Frente a -o, función de género, se encuentra -a (niñ-a); frente a -s, función de número, se encuentra
ø (niñ-o).
Por el contrario, la función heterosintagmática se realiza entre elementos de diferentes sintagmas. En el
nexo el niño corre, niño y corre constituyen sintagmas diferentes. La función (concordancia en este caso) se
establece entre los morfemas -o de niñ-o y -e de corr-e. El morfema -o pide el morfema extenso -e:

Los morfemas, entonces, son magnitudes cuya presencia presupone la de pleremas y pueden entrar
indistintamente en funciones homosintagmáticas y heterosintagmáticas. Los pleremas, contrariamente, se
presentan como magnitudes independientes y no necesitan participar de las funciones en referencia.
Los morfemas, como ya se advirtió, pueden ser intensos y extensos. Según propone Hjelmslev, los
susodichos morfemas son los siguientes:

Morfemas intensos Morfemas extensos


Caso persona
Comparación aspecto
Número tiempo
género modo
artículo diátesis (voz)

Los pleremas centrales, por último, pueden ser nominales y anominales. Los primeros requieren la función
homosintagmática y están constituidos por los sustantivos, adjetivos y pro-nombres. Los anominales, que no
necesitan de la función homosintagmática, son las preposiciones y las conjunciones.
[Link] Escuela estadinense

[Link].1 Su aparición
La escuela estadinense comienza con el estudio de las lenguas indígenas americanas. El antropólogo Franz
Boas fue el primer lingüista en preocuparse por estudiarlas, toda vez que eran habladas por sólo unos cientos
de indígenas en vías de extinción. Después de describir algunos de esos idiomas Boas sostuvo que cada uno
poseía una sola estructura y que el trabajo del lingüista habría de centrarse en describir las diferentes categorías
de aquellos.
Ante la inminente y además prioritaria tarea que tenían los lingüistas en el país de norte, es lógico suponer, de
una parte, que la sociología y la antropología habrían de ser disciplinas auxiliares muy valiosas para lograr
cabalmente la descripción propuesta; y de otra, que había necesidad de encontrar métodos adecuados y eficaces
para tal fin. No es extraño, por tanto, que los llamados field methods (métodos de campo) hubiesen alcanzado
el alto grado de desarrollo que lograron durante las décadas del 20 y del 30 en los Estados Unidos.
Dos lingüistas y comparatistas muy notables —Edward Sapir y su discípulo Benjamin Lee-Whorf— siguieron
la senda de Boas y realizaron investigaciones muy notables con las lenguas indígenas. Sostuvieron como aquel
que cada lengua indígena (aplicable también a otros tipos de lenguas) está caracterizada de manera muy peculiar
por una estructura sui generis.
El lenguaje para Sapir, además, es una guía de la realidad social.
Pero Whorf y Sapir fueron más lejos, y propusieron que el estudio de las estructuras de las lenguas
amerindias podría llevar a plantear la relación entre lenguaje y pensamiento. Ilustra mucho el punto el libro de
Lee-Whorf Language, Thought and Reality, 1956 (Lenguaje, pensamiento y realidad).
Con la aparición de Bloomfield en el panorama lingüístico de los EE. UU., los estudios sobre el lenguaje
adquirieron un rigor y una precisión tales que, a partir de ese momento, la lingüística en ese país fue considerada
como ciencia autónoma, capaz de discurrir independientemente y de fijarse sus propios objetivos y sus propios
métodos de investigación.
Dado que uno de esos objetivos era encontrar técnicas para descubrir y describir acertadamente los diversos
niveles de las lenguas amerindias, los lingüistas posteriores a Bloomfield emprendieron la tarea de perfeccionar
los procedimientos que hiciesen posible la misión.
La lingüística estructural o descriptiva, como también se le denomina, estudió en consecuencia
exhaustivamente y de acuerdo con los procedimientos de descubrimiento los niveles fonético y morfológico;
especialmente y en menor escala el sintáctico. El nivel semántico, por causas que se expondrán más adelante,
quedó relegado a un plano muy inferior y prácticamente no fue tenido en cuenta por ninguno de los lingüistas
postbloomfieldianos.
Los procedimientos de descubrimiento (discovery procedures) fueron llevados a su máxima expresión por
quizá el más grande exponente de la lingüística estructural estadinense, el judío-norteamericano Zellig Harris,
y compilados en su obra Methods in Structural Linguistics (Métodos en lingüística estructural), publicada en
1951 y reeditada en 1960 con el título de Structural Linguistics (Lingüística estructural).

[Link].2 Desarrollo de la lingüística descriptiva

Es un hecho innegable que durante la primera mitad del siglo xx la lingüística en los EE. UU., se mantuvo
dentro del poderoso influjo de Leonar Bloomñeld, scholar formado en la escuela filológica alemana y fundador,
además, de la Sociedad lingüística americana. Merced al carácter científico y a los rigurosos métodos
empleados por Bloomfield, la lingüística se desligó de sus hermanas mayores y comenzó a discurrir
independientemente; hay que indicar en este momento que el rigor de Bloomfield en el tratamiento de los
hechos del lenguaje, se debió sin duda al gran conocimiento que tenía del método adoptado por el hindú Pāņini
en su famosa Gramática; es sabido, además, que Bloomfield fue un experto sanscritista. No es de extrañar,
entonces, que tratase de aplicar con la misma seriedad y disciplina los métodos para la nueva ciencia.
En 1933 publicó Bloomfield la obra que iría a ser el acontecimiento más importante de su época. A partir
de ella, todo lingüista posterior la tuvo como elemento obligado de consulta y como punto de partida para
cualquier intento serio de estudio del lenguaje, gracias a su perspectiva amplia y profunda y al método científico
exhibido en cada uno de sus capítulos.
La teoría de Bloomfield sobre el lenguaje está hondamente inspirada en, una variante del sistema filosófico
positivista — preconizado décadas atrás por Augusto Comte— y que en la sicología norteamericana recibió el
nombre de behaviorismo o teoría del comportamiento y que pretende, en síntesis, que toda investigación ha de
basarse exclusivamente en lo directamente observable por los sentidos.
Bloomfield conoció, desde luego, los trabajos que se estaban llevando a cabo en sicología y en especial los del
fun dador de la nueva teoría —J. B. Watson— y pensó en consecuencia, aplicar los métodos del conductismo
sicológico al lenguaje. Claro ejemplo del pensamiento bloomfieldiano a este respecto lo constituye su
explicación del acto de hablar.
Dice Bloomfield:

Supóngase que Jack y Jill están paseando. Jill está hambrienta. Ve una manzana en el árbol. Emite un ruido
con su laringe, lengua y labios. Jack salta la cerca, trepa al árbol, coge la manzana, la trae a Jill y se la pone en
la mano. Jill se la come.

Aplicando los principios de la teoría del comportamiento, la manzana constituye el estímulo, y los
desplazamientos de Jack para alcanzarla, la reacción, la respuesta.
Ahora bien, una de las alternativas que pudo tener Jill a fin de procurarse la manzana fue la de ir ella misma
y conseguirla:

Pero en lugar de hacerlo, recurrió a la emisión de algunos sonidos y gracias a eso no fue ella sino Jack
quien alcanzó la manzana:

En términos de Bloomfield, la situación descrita es una reacción sustitutiva. Y el acto de hablar se convierte
entonces en un fenómeno completamente condicionado, muy posterior a hechos meramente físicos y
fisiológicos. Para nada cuentan las tendencias síquicas y sociológicas que subyacen en el proceso comunicativo,
y que han rebasado siempre las fronteras de una postulación mecanicista tan simple como la ofrecida por el
lingüista estadinense.
El nuevo enfoque lingüístico necesariamente se enmarca en un empirismo absoluto, que se opone
diametralmente al campo filosófico por donde habían sido llevados con anterioridad los estudios del lenguaje.
En efecto: durante siglos, la lingüística estuvo revestida de una concepción mentalista, en veces nebulosa y
vaga, cuyos orígenes se remontan a los griegos. La tendencia racionalista continuó durante toda la Edad Media,
y recibió un fuerte impulso con las ideas cartesianas que siguieron incólumes hasta bien entrado el siglo XIX.
En síntesis, Bloomfield pretendió reaccionar contra una tendencia unilateralmente mentalista y despojar la
lingüística de adherencias que, en su sentir, conspiraban contra la presentación objetiva de los hechos del
lenguaje.
Se decía en párrafo anterior que la teoría del comportamiento pretendió que toda investigación había de
basarse en la experiencia, en "lo directamente observable por los sentidos". Y en lingüística, lo que puede ser
observado es lo perteneciente a la fonología y a la morfología, por cuanto sus unidades —fonemas y
morfemas— no sólo son tangibles y mensurables, sino que pueden también ser sometidas a rigurosa
comprobación de laboratorio.
Al llegar al estudio de la sintaxis y particularmente de la semántica, Bloomfield fue consciente de las grandes
dificultades que entrañaban las dos ramas de la lingüística. Afirmó en reiteradas ocasiones que, para ese
entonces, no se tenían los suficientes elementos de juicio ni las facilidades técnicas para abordar un estudio
sistemático y empírico de la ciencia del significado.
No se crea, sin embargo, como se ha afirmado más de una vez, que Bloomfield es el directo responsable
del olvido de la semántica. Fue muy claro en advertir los obstáculos que se presentaban al intentar un estudio
semasiológico. Precisó que palabras como sal y agua podían estudiarse empíricamente; inclusive
descomponerlas en sus elementos químicos. Con todo, la gran mayoría de artículos que configuran el acervo
léxico de una lengua — amor, odio, bondad— no es susceptible del mismo proceso. No fue entonces
Bloomfield quien confinó la semántica. Fueron sus discípulos. Y la ciencia del significado, al menos en lo que
respecta a los EE. UU., cayó en un completo olvido. Desde la aparición del libro El lenguaje hasta el comienzo
de la década del sesenta, no se realizó un estudio sobre ese tema con la seriedad y profundidad que tal ciencia
requiere.
No sucedió lo mismo con la fonología y la morfología, puesto que al estar en condiciones de ser tratadas
empíricamente eran entonces dignas de estudio. Es claro, pues, que los seguidores del gran lingüista dedicaron
todos sus esfuerzos —que no fueron pocos— a perfeccionar métodos para descubrir y describir las lenguas
amerindias en sus aspectos morfológicos y fonológicos. Los métodos fueron aplicados asimismo a las lenguas
naturales, en especial al inglés, al francés y al ruso.
[Link].3- Procedimientos de descubrimiento
Los métodos — altamente rigurosos y técnicos — desarrollados por los lingüistas posteriores a Bloomfield,
se conocieron luego con el nombre de procedimientos de descubrimiento, recogidos por Zellig Harris, profesor
de Chomsky en la Universidad de Pensilvania. A continuación, se expondrán — grosso modo— algunas de las
técnicas sugeridas por los lingüistas postbloomfieldianos.
[Link].3.1 Constituyentes inmediatos (CI)
El método tiene como finalidad la de buscar relaciones posibles entre las diferentes categorías gramaticales
que interactúan en una oración, llamada construcción por los descriptivitas. Obsérvese la siguiente
construcción:
El niño enfermo que vive en Bogotá ha tomado los libros de la mesa.
Una construcción es, pues, un grupo de morfemas. Desde este punto de vista todo el enunciado es una
construcción, pero también puede serlo el niño enfermo que vive en Bogotá o simplemente el niño enfermo
puesto que en esos dos grupos se aprecian relaciones directas entre los diferentes morfemas.
No ocurre así entre Bogotá y de la mesa ya que la conexión aquí no es directa y tampoco la relación se da
claramente puesta en evidencia.
Así, un constituyente es cualquier morfema que pertenezca a una construcción mayor; todas las palabras
del ejemplo son constituyentes de la construcción, y, como en el caso anterior, el niño enfermo, el niño enfermo
que vive en Bogotá, son a su vez constituyentes. Un constituyente inmediato es entonces cualquiera de las dos
partes en que generalmente puede dividirse una construcción.
Se tiene, por tanto, que los CI de la construcción arriba dada son el niño enfermo que vive en Bogotá y ha
tomado los libros de la mesa.
El niño enfermo es un CI del niño enfermo que vive en Bogotá, pero no es un CI de la construcción. Los
CI de una construcción cualquiera vienen a ser sus constituyentes en el paso siguiente.
El proceso puede diagramarse en la siguiente forma:

Y así sucesivamente se procede hacia abajo descomponiendo en CI los ya constituidos.

[Link].3.2 La sustitución repetida


Tiene por objeto comprobar el modo como un elemento se comporta dentro de un contexto, a fin de
observar su funcionalidad. Ése elemento, si es categorialmente correcto, puede sustituirse por otro equivalente,
y éste ha de integrarse al contexto en la misma forma que el anterior. Por ejemplo, Juan y Pedro por ellos, en
el contexto

¿Vinieron — a la fiesta?

En palabras de Harris:
Tomamos una forma A en un contexto C-D y luego sustituimos otra B en lugar de A. Si después de
efectuada la sustitución aún se tiene otra expresión en esta lengua, entonces A y B son miembros de una
misma clase sustitutiva
[Link].3.3 La expansión
El procedimiento supone que una oración del tipo El colombiano Alfonso Flórez ganó una competencia
ciclística en Europa, es una expansión, por ejemplo, de Luis durmió.
En efecto, es fácil entrever que las dos oraciones propuestas presentan la misma estructura:

La sustitución y la expansión pueden fundirse en una sola para decir, valga el ejemplo, que La mujer que
canta fue a esa ciudad puede ser una expansión de Ella fue, así

No hay que olvidar que los métodos anteriores fueron diseñados y utilizados para descubrir lenguas, en un
principio desconocidas por los lingüistas que las enfrentaban. El método de la sustitución fue empleado ante
todo en fonética, por cuanto era un auxiliar valioso para descubrir -y clasificar los fonemas.
La sustitución de un morfema por otro, como la de un fonema por otro, permite al lingüista no sólo tener
un juicio mejor sobre el fonema o morfema en cuestión sino también una idea más clara de los contextos en
que pueden aparecer, para formar de esa manera los acervos fonológicos y morfológicos de cualquier lengua.

[Link].3.4 Fórmulas estructurales


Las formulaciones se presentaron con posterioridad a los procedimientos y representaban las relaciones
internas posibles, dentro de los contextos estudiados.
Es lógico suponer que siendo el lenguaje un organismo altamente complejo, esa misma complejidad de
hecho está interna y estructuralmente organizada. Se puede aceptar, pues, como se vio en párrafos precedentes,
que varias oraciones ofrecen una estructura similar. Más aún: las estructuras sirven para demostrar que bajo
ellas es posible hallar una fórmula que las cobije a todas. La oración.

La niña ha escrito la carta

tiene la siguiente fórmula estructural:

La niña ha escrito la carta


A N1 v V A N2

Por lo que

0= A+N1+V+V+A+N2
Esta fórmula, además de representar la oración propuesta, puede aplicarse a muchas oraciones transitivas
construidas de manera similar:

El niño tomó el balón.


El alcalde firmó la resolución.
El gato tomó la leche.
[Link].3.5 La transformación
Con la fórmula estructural se llegó luego al concepto de transformación, el último y más refinado método
de los procedimientos de descubrimiento, estudiado por Harris, en su artículo Co-ocurrencia y transformación
en la~estructura lingüística. Dice Harris en uno de sus extractos:

Este trabajo define entre las oraciones una relación por medio de la cual una estructura oracional puede ser
llamada la transformación de otra estructura oracional (ej.: la activa y la pasiva o, en una forma diferente, la
interrogación y la respuesta). La relación se basa en comparar las co-ocurrencias individuales de los morfemas...
Lo que es más importante, podemos luégo proceder a definir la transformación, fundados en dos estructuras
que poseen el mismo conjunto de co-ocurrencias. (Harris, 1957: 283).

En efecto, la estructura de la oración

La niña ha escrito la carta


A N1 v V A N2
puede transformarse en otra estructura por contar con elementos de co-ocurrencia (N1, N2).

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