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Astronomía y Año Litúrgico: Influencias

Este documento trata sobre la influencia de la astronomía en la configuración del año litúrgico. En primer lugar, se explica brevemente cómo los astros han regulado la vida humana a lo largo de la historia. Luego, se describe la presencia de los astros en varios pasajes bíblicos. Finalmente, se analiza en detalle cómo la astronomía ha influido en la estructuración del calendario litúrgico y las principales fiestas cristianas.
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Astronomía y Año Litúrgico: Influencias

Este documento trata sobre la influencia de la astronomía en la configuración del año litúrgico. En primer lugar, se explica brevemente cómo los astros han regulado la vida humana a lo largo de la historia. Luego, se describe la presencia de los astros en varios pasajes bíblicos. Finalmente, se analiza en detalle cómo la astronomía ha influido en la estructuración del calendario litúrgico y las principales fiestas cristianas.
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PHASE AÑO L

Mayo – junio 2010 N. 297

SUMARIO

EDITORIAL
Influencia de la astronomía en la configuración
del año litúrgico ....................................................... 187-188

ARTÍCULOS
José A. GOÑI
Influencia de la astronomía sobre la liturgia ............. 189-216
Sebastià JANERAS
Una misma Pascua, fechas diversas .......................... 217-230
Alfredo LÓPEZ VALLEJOS
Propuestas sobre un calendario perpetuo .................. 231-240
Anexos: Propuesta de calendario perpetuo ............... 241-242
Tabla de la propuesta del calendario perpetuo 243-246

PUNTO DE VISTA
Roberto RUSSO
Año litúrgico en el hemisferio sur .............................. 247-257

CRÓNICAS
Homenaje a Josep Urdeix ......................................... 259-260
La tradición litúrgica de la Iglesia de Roma ............... 261-262

LIBROS
Información bibliográfica alemana .......................... 263-264
Editorial

INFLUENCIA DE LA ASTRONOMÍA
EN LA CONFIGURACIÓN DEL AÑO
LITÚRGICO

El Dios trascendente se introdujo en nuestra historia transfor-


mándola en historia de salvación. De modo progresivo la Trinidad
inmanente se fue manifestando como Trinidad económica dándose
a conocer al ser humano. Primero se reveló a Abrahán, continuando
después con sus sucesores. Un momento álgido se dio con Moisés
y la liberación de la esclavitud de Egipto. Dios prosiguió guiando
al pueblo elegido hasta la tierra prometida. Continuó llevándolos
con la esperanza de la salvación por los profetas. Y, al cumplirse
la plenitud de los tiempos, envío a su único Hijo como salvador.
El cual, tras anunciar la llegada del reino de Dios, se entregó a la
muerte y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida.
Así, nuestra historia humana se transformó en historia divina;
así, el tiempo de los hombres, concebido como cronos, esto es, una
sucesión temporal de acontecimientos, se convirtió en kairós, esto
es, acontecimiento de salvación.
Para que el poder salvador que brotó de la Pascua de Jesu-
cristo se prolongara en el tiempo y no quedase como un hecho del
pasado, los cristianos han actualizado continuamente por medio
de la liturgia la muerte y resurrección de su Señor.
Al inicio únicamente celebraban el domingo, Pascua semanal.
Después se fue desplegando todo el misterio de Cristo a lo largo
del año desde su encarnación y nacimiento hasta su ascensión y
envío del Espíritu Santo, mientras se espera la venida definitiva
188 Editorial

del Señor. Nació así el año litúrgico, donde el cronos se transforma


en kairós.
En la configuración de todo este ciclo cristológico influyeron
de modo especial los astros, particularmente el sol y la luna. La
principal fiesta de los cristianos, que también lo es del pueblo judío,
la Pascua, depende de la primera luna llena de primavera. El ritmo
de la oración diaria se reguló a partir del sol (laudes, tercia, sexta,
nona, vísperas). La elección de las fechas en las que se celebra
el nacimiento de Jesucristo y el nacimiento de san Juan Bautista
podría haber dependido de los solsticios de invierno y de verano,
respectivamente. E igualmente en tantas otras ocasiones.
Este número de la revista Phase, bajo el título Liturgia cósmica,
trata este tema deseando que el lector descubra la influencia de la
astronomía en la configuración del año litúrgico. Además se verá
complementado en un próximo número, también monográfico,
dedicado a los fundamentos teológicos que sustentan la relación
del cosmos con la historia humana, concretamente con la historia
de la salvación.
José A. Goñi
José A. Goñi Phase, 297, 2010/3, 189-216

INFLUENCIA DE LA ASTRONOMÍA
SOBRE LA LITURGIA

Durante el año 2009 se ha celebrado en todo el mundo el Año


Internacional de la Astronomía, que había sido proclamado por
las Naciones Unidas para conmemorar el cuarto centenario de
la primera vez que fue mirado el cielo a través de un telescopio,
hecho que realizó Galileo Galilei.
Esta efeméride nos ofrece la oportunidad de exponer la
relación existente entre astronomía y liturgia; relación que no es
secundaria o colateral, sino que la astronomía forma parte del
esqueleto vertebrador del Año Litúrgico y del Calendario. Pero
antes de adentrarnos en la influencia que la astronomía ha tenido
sobre la liturgia, expondremos brevemente cómo los astros han
regulado, y regulan, la vida del ser humano, en primer lugar, y
cómo en distintos momentos de la historia de Israel han cobrado
protagonismo las estrellas, en segundo lugar.

1. Los astros y la vida del ser humano


La astronomía está ligada intrínsecamente a la vida del ser
humano. La distribución de nuestro tiempo está estructurada por
los astros. Así, el tiempo que tarda en dar la tierra una vuelta sobre
sí misma lo llamamos “día”; ya las primeras páginas de la Biblia
nos narran el ritmo diario: “pasó una tarde, pasó una mañana, el
día primero… pasó una tarde, pasó una mañana, el día segundo…”
190 José A. Goñi

(Gn 1,1ss.). Por otra parte, el tiempo que tarda la luna en dar una
vuelta en torno a la tierra lo denominamos “mes”, aunque en la
actualidad nuestros meses ya no duran exactamente el ciclo lunar,
como antiguamente. Este tiempo, además, lo subdividimos en
cuatro partes iguales, que designamos “semanas”, compuestas
de siete días;1 el relato del Génesis ya citado remite a la voluntad
divina el ritmo semanal de la vida del ser humano. Finalmente,
el tiempo que tarda la tierra en dar una vuelta alrededor del sol,
que podemos percibir gracias a las estaciones, recibe el nombre
de “año”.
Y hasta que no se generalizó el uso del reloj permitiéndonos
conocer la hora del día, o que un calendario fue colgado en alguna
de las estancias de nuestras casas o que la luz eléctrica no invadió
nuestras vidas iluminando las horas nocturnas del día, el ritmo de
los hombres estaba marcado por los astros celestes: el sol ofrecía la
luz y nos indicaba el momento del día, la luna regía la noche y las
estrellas nos señalaban las distintas épocas del año conociendo el
tiempo de siembra, poda…

2. Los astros en la Biblia


También en la Biblia encontramos varias referencias a los
astros, a las estrellas, al mundo celeste, que manifiestan cómo
el pueblo de Israel, al igual que otras culturas de la época, con-
templaban el cielo y todo lo que contenía. Sin embargo, la gran
diferencia entre ambos radica en que el pueblo judío no concebía
las estrellas como dioses, como afirmaban los pueblos antiguos

1 La agrupación de los días en semanas era propio del calendario judío. Fue
el emperador Constantino quien en el año 321 d.C. implantó la semana
de siete días en el cómputo romano extendiéndose el uso judío a todo el
imperio. A lo largo de la historia ha habido algún intento de modificar
esta agrupación de los días. Así la configuración del calendario realizada
en el contexto de la revolución francesa a finales del siglo XVIII dejaba
de lado el uso de semanas para dividir el mes en periodos de 10 días. El
concilio Vaticano II (1962-1965) no se mostró contrario a que la sociedad
civil adoptara un calendario perpetuo diferente al gregoriano con tal de
que se conserve y garantice la semana de siete días con el domingo (cf.
Concilium Oecumenicum Vaticanum II, Constitutio de sacra Liturgia
Sacrosanctum Concilium (4 decembris 1963), apéndice 2 [SC]).
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 191

(cf. Dt 4, 19; 2Re 23, 5), sino como obras salidas de la mano de
Dios:
Hizo Dios dos lumbreras grandes: la lumbrera mayor para regir el
día, la lumbrera menor para regir la noche; y las estrellas. Y las puso
Dios en la bóveda del cielo, para dar luz sobre la tierra; para regir el
día y la noche, para separar la luz de la tiniebla (Gn 1, 16-18).
¿Quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al ejército celeste, y
a cada estrella por su nombre llama. Gracias a su esfuerzo y al vigor
de su energía, no falta ni una (Is 40, 26).
¿Puedes tú anudar los lazos de las Pléyades o desatar las cuerdas de
Orión? ¿Haces salir la Corona a su tiempo? ¿conduces a la Osa con sus
crías? ¿Conoces las leyes de los cielos? (Jb 38, 31-33).
Por eso obedecen fielmente a su creador: “Brillan los astros
en su puesto de guardia llenos de alegría, los llama él y dicen:
¡Aquí estamos!, y brillan alegres para su creador” (Ba 3, 34-35); y
le alaban: “Alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto;
alabadlo todos sus ángeles, alabadlo todos su ejércitos; alabadlo,
sol y luna, alabadlo, estrellas lucientes” (Sal 148, 1-3). De ahí que
en numerosos pasajes bíblicos, teniendo en cuenta que el conjunto
de los astros se conocía como los ejércitos celestes, se le llame a
Dios “Señor de los ejércitos”, esto es, “Señor del universo” (cf. Gn
15, 5; 22, 17; 26, 4; Ex 32, 13; Dt 1, 10; 10, 22; 28, 62; 1Cro 27, 23; Neh
9, 23; Dn 3, 36… y así hasta 284 veces en el Antiguo Testamento y
una en el Nuevo: Rm 9, 29).2
Recordemos algunos pasajes donde las estrellas tienen espe-
cial protagonismo.
En algunas de las batallas de Israel con los pueblos vecinos,
toman parte en el litigio hasta las estrellas, manifestando que Dios
lucha de parte de su pueblo. Así ocurre en el Libro de Josué cuando
éste mandó detenerse al sol y la luna hasta que Israel no se vengó
de sus enemigos:
Entonces habló Josué al Señor, el día que el Señor entregó al amorreo
en manos de los israelitas, a los ojos de Israel y dijo: “Detente, sol, en
Gabaón, y tú, luna, en el valle de Ayyalón”. Y el sol se detuvo y la luna

2 Cf. H. Alves, Símbolos en la Biblia (Nueva Alianza 207), Salamanca:


Sígueme 2008, 184-186.
192 José A. Goñi

se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigos. ¿No está esto
escrito en el libre del Justo? El sol se paró en medio del cielo y no tuvo
prisa en ponerse como un día entero (Jos 10, 12-13).
O en el Libro de los Jueces se hace mención a que las estrellas
luchan en favor del pueblo judío:
“Desde los cielos lucharon las estrellas, desde sus órbitas lucharon
contra Sísara” (Jc 5, 20).
La fuerza del símbolo de la estrella llevó a que algunos reyes
y emperadores de tiempos del Antiguo Testamento se declarasen
“estrellas”, más aún la estrella de la mañana, esto es, el planeta Venus,
famosa por ser la más brillante. De tal modo que Isaías, cuando habla
de la caída del rey de Babilonia utiliza el símil de la estrella:
¿Cómo has caído del cielo lucero del alba? ¿Cómo estás derribado
por tierra, opresor de los pueblos? Tú, que pensabas en tu interior:
escalaré los cielos, alzaré mi trono por encima de las estrellas de
Dios, me sentaré en el monte de la asamblea, en la morada divina
(Is 14, 12-13).
Ezequiel compara el fin del rey de Tiro con una estrella que
cae del cielo, y esta estrella es un querubín, un ángel que guardaba
el paraíso terrenal (cf. Ez 28, 11-19). Y, finalmente, el mismo Jesu-
cristo es denominado en el Apocalipsis “la estrella brillante de la
mañana” (Ap 22, 16; cf. 2, 28; 1Pe 1, 19); idea que será recogida en
la conclusión del pregón pascual, donde además vincula el propio
cirio pascual a las estrellas:
Te rogamos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin
apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda
agradable, se asocie a las lumbreras del cielo; que el lucero matinal
lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu
Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje
humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.
Una de las estrellas más populares es la que guió a los magos
de oriente hasta el lugar donde había nacido Jesucristo:
Unos magos que venían del oriente se presentaron en Jerusalén,
diciendo: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos
su estrella en el oriente y hemos venido a adorarle.” … La estrella
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 193

que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y
se detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se
llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con
María su madre y, postrándose, le adoraron (Mt 2, 1-2. 9-11).
Y en el Apocalipsis se nos describe cómo se destruye la crea-
ción según los siete ángeles van tocando sus trompetas, una vez
que el Cordero hubo abierto los siete sellos del Libro de la Vida:
Tocó el tercer ángel. Entonces cayó del cielo una estrella grande,
ardiendo como una antorcha. Cayó sobre la tercera parte de los ríos
y sobre las manantiales de agua. La estrella se llama Ajenjo. La ter-
cera parte de las aguas se convirtió en ajenjo, y mucha gente murió
por las aguas, que se habían vuelto amargas. Tocó el cuarto ángel.
Entonces fue herida la tercera parte del sol, la tercera parte de la luna
y la tercera parte de las estrellas; quedó en sombra la tercera parte
de ellos; el día perdió una tercera parte de su claridad y lo mismo la
noche (Ap 8, 10-12).
Recordemos que en la antigüedad los reyes se consideraban
estrellas, de ahí al hablar de la caída de las estrellas, este pasaje
se esté refiriendo, de modo simbólico, a la destrucción de los
reinos paganos.
Por otra parte, las tres principales fiestas judías (Pascua, Pen-
tecostés y Tiendas o Tabernáculos) estaban vinculadas al ritmo
de la naturaleza. La fiesta de Pascua, cuyo sentido natural quedó
eclipsado al unírsele la conmemoración de la salida de Egipto,
ofrecía a Dios, al inicio de la primavera, en la primera luna llena,
las primeras reses del ganado menor (ovejas y cabras).3 La fiesta
de Pentecostés, situada cincuenta días después de la Pascua, pre-
sentaba a Dios las primicias del campo.4 La última de las fiestas,
la de las Tiendas o Tabernáculos, inicialmente conmemoraba la
conclusión de las cosechas, al comienzo del otoño.5

3 Cf. A. Boudart, “Pascua”, en Centro: Informática y Biblia. Abadía de


Maredsous (ed.), Diccionario enciclopédico de la Biblia, Barcelona: Herder
1993, 1186-1187.
4 Cf. A. Boudart, “Pentecostés”, en Centro (ed.), Diccionario enciclopédico
de la Biblia, 1207-1208.
5 Cf. A. Boudart, “Tiendas, fiesta de las”, en Centro (ed.), Diccionario
enciclopédico de la Biblia, 1514.
194 José A. Goñi

3. Configuración de la liturgia a partir de los astros


Por medio de la liturgia se conmemoran los misterios de la
redención, para que los fieles de todos los tiempos puedan acceder a
la gracia de la obra salvífica realizada por Jesucristo.6 Así, durante
el curso del año, se celebra el misterio de Cristo, desde su encarna-
ción hasta el día de Pentecostés y la expectación de la venida del
Señor.7.De modo particular destacan el domingo, memorial sema-
nal del misterio pascual del Señor, y la solemnidad de la Pascua,
actualización anual de la muerte y resurrección de Jesucristo.8
Esta última fiesta se considera el punto culminante del Año
Litúrgico9 y, tal y como prescribió el concilio de Nicea (325) con las
posteriores precisiones de Dionisio el Exiguo (c. †544), se celebra
el domingo que sigue a la primera luna llena tras el equinoccio
de primavera (21 de marzo).10 Por tanto, su fecha varía cada año
según la posición de los astros, concretamente de la luna, de la
tierra y del sol.
Pero no es ésta la única fiesta relacionada con la astronomía,
también el día en el que se celebran la Navidad, san Juan Bautista,
las témporas y todos los santos guarda relación con las estrellas.
Además hay otros elementos de la liturgia, tales como el inicio
del día, de la semana, del mes o del año así como la orientación
tradicional de los templos eclesiales, que se han visto influenciados
por la luna o el sol.

3.1. La Pascua
La fiesta de la Pascua, como hemos dicho, depende de la
primera luna llena de primavera. Por ello es necesario calcular
cada año cuándo caerá esa luna llena para saber en qué día se

6 Cf. SC, núm. 102.


7 Cf. Normae universales de Anno Liturgico et de Calendario, núm. 17.
[NUAL]
8 Cf. NUAL, núm. 1.
9 Cf. NUAL, núm. 18.
10 Cf. M. Righetti, Historia de la liturgia 1 (BAC Normal 132), Madrid: La
Editorial Católica 1955, 831-833.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 195

celebrará la Pascua. El concilio de Nicea (325) dejó en manos de la


Iglesia de Alejandría, por la fuerte tradición astronómica de aque-
lla ciudad, determinar cada año la fiesta de la Pascua. De modo
que su patriarca, al comenzar el año, enviaba una carta, que han
pasado a la historia con el nombre de cartas festales, al resto de
Iglesias informando de la fecha de la Pascua y las celebraciones
que de ella dependían (Cuaresma, Pentecostés…) que era leída,
normalmente, en la fiesta de Epifanía;11 por ello actualmente,
recordando esa tradición, en ese día se anuncian las celebraciones
móviles del año.12
Con el fin de poder conocer la fecha de la Pascua sin necesi-
dad de tener que observar directamente el cielo, se prepararon en
la antigüedad una serie de fórmulas que permitían calcular este
dato a partir del número áureo, la epacta, la letra del martirologio
y la letra dominical.
Ahora bien, a pesar de que toda la cristiandad sigue las dispo-
siciones del concilio de Nicea (325), no todas las Iglesias cristianas
celebran la Pascua en el mismo domingo.

Número áureo13
El número áureo de un determinado año indica el puesto
que éste ocupa en el ciclo metónico. El término podría provenir,
quizá, porque era grabado con caracteres dorados en el templo
de Atenas.

11 Cf. F. Cabrol, “Annonce des fêtes”, en F. Cabrol - H. Leclercq (eds.),


Dictionnaire d’archéologie chrétienne et de liturgie 1/2, Paris: Letouzey et
Ané 1924, 2230-2241.
12 Cf. Caeremoniale episcoporum ex decreto sacrosancti Œcumenici Concilii
Vaticani II instauratum auctoritate Ioannis Pauli Pp. II promulgatum. Editio
typica (14 septembris 1984), In Civitate Vaticana: Typis Polyglottis Vati-
canis 1984, núm. 240.
13 Cf. P.G. Marcuzzi, “Come si misura il tempo nella Chiesa?”, en M.
Sodi (ed.), Astronomia e culto. Risposta a domande di attualità, Padova:
Messaggero di Padova 2009, 52-53; F. Muñoz Box, Las medidas del tiempo
en la historia. Calendario y relojes (Acceso al saber: Historia de la ciencia
1), Valladolid: Secretariado de publicaciones e intercambio editorial.
Universidad de Valladolid 2003, 28-29.
196 José A. Goñi

El astrónomo Metón de Atenas (siglo V a.C.), con el fin de


corregir el calendario lunisolar vigente en aquel tiempo, des-
cubrió que el año solar, determinado por el tiempo que tarda la
tierra en dar una vuelta alrededor del sol, y el año lunar, regu-
lado por el tiempo que tarda la luna en dar una vuelta alrededor
de la tierra, coinciden cada 19 años solares. En efecto, 19 años
tropicales y 235 meses sinódicos no difieren más que en poco
más de dos horas (2 horas, 4 minutos y 33 segundos): un año
solar medio dura 354 días, 5 horas, 48 minutos y 48 segundos,
que multiplicado por 19 resulta 6939 días, 14 horas, 27 minutos
y 12 segundos; el mes lunar medio dura 29 días, 12 horas, 44
minutos y 3 segundos, que multiplicado por 235 resulta 6939
días, 16 horas, 31 minutos y 45 segundos. De ahí que después
de ese tiempo las mismas fechas del año correspondan con las
mismas fases de la luna.
Para descubrir el número áureo de un año concreto de la era
cristiana hay que sumar una unidad al año correspondiente, dividir
el resultado entre 19 y el resto, sin decimales, es el número áureo
de ese año; cuando el resto es 0, el número áureo es 19.
Por ejemplo, el año 2010: se le suma una unidad resultando
2011, que se divide entre 19 cuyo resultado es 105 con resto 16; éste
es el número áureo del año 2010.
A partir del número áureo se calcula la epacta que nos permite
conocer el primer plenilunio de primavera y, por tanto, qué día cae
en un determinado año la fiesta de Pascua.

Epacta14
La epacta es el número de días o edad que la luna de diciem-
bre tiene el día uno de enero contados desde el último novilunio
o, dicho de otro modo, el número de días que un año solar excede
al año lunar. El término proviene del griego y significa añadidos
o intercalados.
El conocimiento de la epacta permite calcular las fechas en

14 Cf. Marcuzzi, “Come si misura il tempo”, 54-58.


Influencia de la astronomía sobre la liturgia 197

que se producen los novilunios de un año y, por tanto, la fase en


que se encuentra la luna en cualquier fecha.
El cálculo de la epacta es un poco más complejo que el ante-
rior. Se parte del número áureo del año y se multiplica por 11.
El resultado obtenido se divide entre 30. Al resto de la división
se le sustraen el número de unidades que le corresponde según
la siguiente relación: de 1582 a 1699 se restan 10; de 1700 al 1899
se restan 11; de 1900 a 2099 se restan 12; de 2100 a 2299 se restan
13 y así sucesivamente. Si el resto fuera menor al número de
unidades que se deben sustraer se le suma 30 antes de la resta
de las unidades correspondientes. El resultado obtenido es la
epacta del año.
Por ejemplo, el año 2010 cuyo número áureo es 16: 16 se mul-
tiplica por 11 resultando 176; se divide entre 30 dando 5 con resto
26; si a éste número le restamos 12, como corresponde a los años
entre 1900 y 2099, obtenemos 14; ésta es la epacta del año 2010.

Letra del martirologio15


La letra del martirologio, llamada también letra lunar, al
igual que la epacta, guarda relación con la edad de la luna desde
el último novilunio. Si bien aquella nos indicaba la edad de la luna
para el primer día de enero, la letra del martirologio nos permite
conocer la edad de la luna correspondiente para cualquier día del
año solar. A cada una de las epactas les corresponden las siguientes
letras del martirologio:

epacta I II III IV V VI VII VIII IX X


letra a b c d e f g h i k

epacta XI XII XIII XIV XV XVI XVII XVIII XIX XX


letra l m n p q r s t u A

15 Cf. Martyrologium Romanum ex decreto Sacrosancti Œcumenici Concilii


Vaticani II instauratum auctoritate Ioannis Pauli Pp. II promulgatum. Editio
typica (29 iunii 2001), In Civitate Vaticana: Typis Vaticanis 2001, 19-22.
198 José A. Goñi

epacta XXI XXII XXIII XXIV XXV XXVI XXVII XXVIII XXIX *
letra B C D E F/F16 G H M N P

16
Conociendo la letra del martirologio se sabe la edad de la
luna desde el novilunio de cualquier día utilizando las tablas
de igualación que figuran en el Martirologio Romano en cada uno
de los días del año.17 Hay que tener en cuenta que los años en
que el número áureo es 1, la luna que se debe anunciar desde el
día uno de enero hasta el fin de esa lunación será siempre con
un día menos que la que indique la tabla correspondiente del
Martirologio.

Letra dominical18
La letra dominical, como su propio nombre indica, es la letra
del alfabeto que nos informa de los días que son domingo en un
año determinado.
El Calendario Romano General que encabeza cada uno de los
volúmenes de la Liturgia de las Horas tiene antes de cada uno de
los días del mes asignado una letra siguiendo este orden y repi-
tiéndolo progresivamente: A, b, c, d, e, f, g. De modo que en los
años que la letra dominical sea la “c”, aquellos días del mes que
están señalados con esta letra serán domingo. Los años bisiestos
tienen asignadas dos letras: la primera indica los domingos desde
el comienzo del año hasta el 24 de febrero y la segunda desde el 25
de febrero hasta el fin del año.
La letra dominical sigue un ciclo de 28 años, tras los cuales

16 A la epacta XXV le corresponde la doble letra F, una en negro y otra en


rojo (en nuestro texto la hemos puesto en cursiva). Cuando el número
áureo es 11 o menos se lee la edad de la luna que figura bajo la letra F
roja. Cuando el número áureo es 12 o mayor se lee la edad de la luna que
figura bajo la letra F negra.
17 Cf. Martyrologium Romanum. Editio typica.
18 Cf. Officium Divinum ex decreto Sacrosancti Œcumenici Concilii Vaticani II
instauratum auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum. Liturgia Horarum iuxta
Ritum Romanum. I. Tempus Adventus. Tempus Nativitatis. Editio typica altera
(7 aprilis 1985), In Civitate Vaticana: Libreria Editrice Vaticana 1985,
100.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 199

se repiten los mismos días de la semana en las mismas fechas


del mes.

Cálculo de la fecha de Pascua


Para calcular la fecha de la Pascua podemos seguir dos cami-
19
nos.
1. En el primer modo de calcular qué día de un determinado
año será la fiesta de Pascua precisamos del número áureo, de la
epacta y de la letra dominical del año en cuestión.
Los días que transcurren entre el 21 de marzo y el plenilunio
posterior a esa fecha se calculan restando a 23 la epacta, siempre
y cuando ésta sea menor o igual a 23; en caso contrario se resta la
epacta a 53.
Al número obtenido le sumamos el valor de la letra domini-
cal según la siguiente relación: A=3, b=2, c=1, d=7, e=6, f=5, g=4;
en los años bisiestos tomamos la segunda letra dominical que
corresponde a ese año.
El resultado lo dividimos entre 7 indicándonos el resto el día
de la semana que cae la luna llena: 1=domingo, 2=lunes, 3=martes,
4=miércoles, 5=jueves, 6=viernes, 0=sábado.20
Para calcular los días que hay entre el 21 de marzo y el domingo
de Pascua, hay que sumar a los días que transcurren desde el 21 de
marzo hasta el plenilunio posterior los días que faltan hasta el domingo

19 Otra fórmula para el cálculo de la Pascua está descrita en P.D. a Der-


thona, “De nova formula ad inveniendam literam dominicalem”,
Ephemerides Liturgicae 48 (1934) 116-120; P.D. a Derthona, “De nova
formula ad dignoscendum qua hebdomadae die incidat stata dies cuius-
cumque anni erae vulgaris”, Ephemerides Liturgicae 48 (1934) 259-263; P.D.
a Derthona, “De nova formula ad dignoscendam Epactam cuiusque
anni post correctionem Gregorianam”, Ephemerides Liturgicae 48 (1934)
473-478; P.D. a Derthona, “De nova formula ad dignoscendam diem
Paschae”, Ephemerides Liturgicae 48 (1934) 478-490; P.D. a Derthona,
“De lunationibus ante et post emendationem Gregorianam”, Ephemerides
Liturgicae 48 (1934) 487-490.
20 El sistema no es preciso 100% ya que el momento exacto astronómica-
mente hablando puede producirse en algunas ocasiones el día anterior
o el posterior que nos indica el cálculo. Sin embargo normalmente esto
no afecta al cálculo del domingo de Pascua.
200 José A. Goñi

siguiente según el día de la semana que es la luna llena y que hemos


calculado en el paso anterior: si el resultado ha sido 1=domingo, hay
que sumar 7; si ha sido 2=lunes, hay que sumar 6; si ha sido 3=martes,
hay que sumar 5; si ha sido 4=miércoles, hay que sumar 4; si ha sido
5=jueves, hay que sumar 3; si ha sido 6=viernes, hay que sumar 2; si
ha sido 0=sábado, hay que sumar 1. El resultado de esta suma es los
días que el 21 de marzo dista del domingo de Pascua.
Por ejemplo, el año 2010 con epacta 14 y letra dominical c:
23-14=9, esto es, la luna llena será nueve días después del 21 de
marzo; 9+1=10 que dividido entre 7 da un total de 1 con resto 3,
de modo que la luna llena será en martes; por tanto, habrá que
sumar 5 a los días que transcurren entre el 21 de marzo y la luna
llena, dando un total de 14; estos son los días que transcurren
entre el 21 de marzo y el domingo de Pascua, que en ese año será
concretamente el 4 de abril.

2. Existe una fórmula creada por el matemático alemán Johann


Carl Friedrich Gauss (1777-1855) que permite calcular la fecha del
domingo de Pascua sin necesidad de saber el número áureo, la epacta y
la letra dominical. Para ello calcularemos las siguientes incógnitas:
- “a” el resto de la división del año propuesto entre 19;
- “b” el resto de la división del año propuesto entre 4;
- “c” el resto de la división del año propuesto entre 7;
- “d” el resto de la división de 19a+M entre 30;
- “e” el resto de la división de 2b+4c+6d+N entre 7.
Siendo los valores de M y N 24 y 5, respectivamente, para
los años comprendidos en el intervalo 1900-2099. En el intervalo
1583-1699 serían 22 y 2. En el intervalo 1700-1799 serían 23 y 3. En
el intervalo 1800-1899 serían 23 y 4. En el intervalo 2100-2199 serían
24 y 6. En el intervalo 2200-2299 serían 25 y 0.
Si d+e es menor que 10, entonces la Pascua caerá en el día
d+e+22 de marzo. En caso contrario, esto es, si d+e es mayor que
9, la Pascua caerá en el día d+e−9 de abril. Teniendo en cuenta
que existen dos excepciones: Si se obtiene la fecha el 26 de abril,
entonces la Pascua será en el día 19 de abril; si se obtiene la fecha
25 de abril (con d=28, e=6 y a mayor que 10) entonces la Pascua
será el día 18 de abril.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 201

Por ejemplo, el año 2010: a=15; b=2; c=1; d=9; e=4; dado que
d+e (13) es mayor que 9 la Pascua caerá en abril el día d+e−9
(9+4−9), esto es, 4 de abril.

Diferencia en la fecha de la Pascua entre las distintas Iglesias


La fiesta de la Pascua es de origen judío. Los judíos, cada año, el
14 de Nisán, coincidiendo con la primera luna llena de primavera,
celebran la intervención de Dios en su historia al liberarlos de la
esclavitud de Egipto en tiempos de Moisés (cf. Ex 12, 1-14).
Jesús modificó el significado de esta fiesta, convirtiéndola
en la conmemoración de su muerte y resurrección, por medio
de la cual liberó a la humanidad entera de una esclavitud
mucho mayor que la sufrida por el pueblo hebreo a manos de
los egipcios, la esclavitud del pecado y de su máxima expresión,
la muerte.
En los primeros siglos, las comunidades cristianas siguieron
principalmente dos tendencias respecto al día de celebración de la
Pascua. Las comunidades de Asia Menor, siguiendo la cronología
del evangelio de san Juan, celebraban la pasión del Señor (Pascha
crucifixionis) el 14 de Nisán, exactamente como el pueblo judío,
esto es, el mismo día de la luna llena, cayese en el día de la semana
que cayese, siendo llamados estos cristianos cuatordecimanos. Por
el contrario, las Iglesias occidentales, apoyadas en la costumbre
romana, celebraban la Pascua de resurrección el domingo tras la
primera luna llena de primavera. De las dos fases del misterio pas-
cual, Roma daba más importancia a la resurrección y las Iglesias
asiáticas a la pasión. El intento de implantar la praxis cuatorde-
cimana por parte de un presbítero a finales del siglo II, suscitó la
reacción del papa Víctor (189-199) con el intento, no llevado a cabo,
de declarar heréticos a los cuatordecimanos.21
Por otra parte, las Iglesias de Antioquía, Alejandría y
Roma, que celebraban la Pascua en domingo, no coincidían en
el domingo adoptado para tal fiesta. En Antioquía, aceptando el

21 Cf. V. Loi, “Cuatordecimanos”, en A. di Berardino (ed.), Diccionario


patrístico y de la antigüedad cristiana 1 (Verdad e Imagen 97), Salamanca:
Sígueme 1992, 537.
202 José A. Goñi

cómputo hebreo, escogían para la Pascua el domingo posterior


al 14 de Nisán, por lo cual, en algunas ocasiones, la Pascua caía
antes del equinoccio de primavera (21 de marzo). En cambio,
en Alejandría y Roma, donde se deseaba marcar distancia con
la religión judía, utilizaban cómputos propios para calcular la
Pascua de forma que no cayese nunca antes del equinoccio. Pero
tampoco en este cálculo había uniformidad, ya que los alejan-
drinos situaban el equinoccio el 21 de marzo y los romanos lo
anticipaban al 18 de marzo.22
Con el fin de solucionar estos problemas, en el concilio de
Nicea (325) se establecieron las normas para fijar la fecha de la
Pascua:
- que la Pascua se celebrase siempre en domingo;
- que no coincidiese nunca con la Pascua judía, que se celebraba
independientemente del día de la semana, para evitar paralelismos
o confusiones entre ambas religiones;
- que los cristianos no antepusieran nunca la fiesta de Pascua al
equinoccio de primavera.
Ahora bien, no se decía nada sobre qué día era el equinoccio, el
18 o el 21 de marzo. Fue un par de siglos más tarde cuando Dionisio el
Exiguo (c. †544) consiguió que la Iglesia romana adoptase el sistema
de cálculo de la Pascua seguido por la Iglesia alejandrina, que como
se ha mencionado situaban el equinoccio el día 21 de marzo.23
En aquél tiempo estaba en uso el calendario que el empe-
rador Julio César había implantado en el año 46 a.C., de ahí que
se conociera como calendario juliano, con el fin de suplantar el
calendario lunar por uno solar.24 De este modo Julio César pre-
tendía que coincidiesen las estaciones del año con fechas fijas del
calendario. Como referencia se fijó el equinoccio de primavera el
día 25 de marzo, tal y como figuraba en el calendario que siglos
atrás había instaurado Numa, sucesor de Rómulo. En el calendario
juliano los años constaban de 365 días y cada cuatro años tenía un

22 Cf. Righetti, Historia de la liturgia 1, 831.


23 Cf. Righetti, Historia de la liturgia 1, 831-832.
24 Cf. Muñoz Box, Las medidas del tiempo, 46-48.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 203

día más, 366, conocido como año bisiesto.25 De modo que según
este cómputo la tierra invertía 365 días y 6 horas en dar una vuelta
alrededor del sol. Pero la cifra correcta es 365 días, 5 horas, 48
minutos y 45,16 segundos. De modo que había un desfase de 11
minutos al año, que con el paso del tiempo se convirtieron en días.
Así, cuando se celebró el concilio de Nicea (325), el equinoccio ya se
había desplazado del día 25 de marzo al 21. Con el paso del tiempo
este desfase siguió aumentando, por lo que el concilio de Trento
(1545-1563) determinó corregir el calendario para que el equinoc-
cio aconteciera el 21 de marzo, como en tiempos del concilio de
Nicea (325), pues se había alcanzado una diferencia de 10 días. El
papa Gregorio XIII (1572-1585) hizo realidad este deseo conciliar,
al reformar el calendario el 24 de febrero de 1582 por medio de
la bula Inter gravissimas,26 decretando, por una parte, que en ese
año se sustrajeran 10 días al calendario de modo que después del
día 4 de octubre se pasara al 15 de octubre y, por otra, para evitar
desfases futuros, que fueran bisiestos aquellos años cuyas dos últi-
mas cifras sean divisibles por 4, exceptuando los múltiplos de 100
(1700, 1800, 1900...), de los que se exceptúan a su vez aquellos que
también sean divisibles por 400 (1600, 2000, 2400...). El calendario
gregoriano ajustó a 365,2425 días la duración del año, lo que deja
una diferencia de 0,000300926 días o 26 segundos al año de error.
Este error se convierte en un día cada 3300 años.
A partir de este cambio realizado por el Papa dejó de haber
uniformidad en la fecha de la Pascua ya que inicialmente sólo fue
aceptado por los países donde la Iglesia católica romana tenía
influencia. De modo que en países donde no seguían la fe cató-
lica -como ortodoxos, protestantes y anglicanos- y en otros, este

25 En el sistema de datación romana, que explicamos en la nota 35, ese 23 de


febrero se llamaba sexto kalendas martii y cuando era año bisiesto, el día
adicional, se le llamaba bis-sexto kalendas, de donde le viene el nombre
de bisiesto.
26 Cf. Gregorius XIII, “Bulla “Inter gravissimas” (24 februarii 1582)”, en A.
Tomasseti (ed.), Bullarum, diplomatum et privilegiorum sanctorum roma-
norum pontificum taurinensis editio locupletior facta collectione novissima
plurium brevium, epistolarum, decretorum actorumque S. Sedis a S. Leone
Magno usque ad praesens 8, Augustae Taurinorum: Sebastiano Franco et
Henrico Dalmazzo editoribus 1863, 386-390.
204 José A. Goñi

calendario tardó años, o incluso siglos, en ser implantado.27 Ahora


bien, a pesar de que a nivel mundial el calendario gregoriano está
implantado, las Iglesias ortodoxas, prácticamente en su totali-
dad, siguen utilizando el calendario juliano para fijar sus fiestas
litúrgicas. Así oriente y occidente no celebran la Pascua el mismo
domingo porque aplican los principios fijados por el concilio de
Nicea (325) a calendarios distintos, aquéllos al juliano y éstos al
gregoriano.
El 24 de febrero de 1923 se reunió una comisión interorto-
doxa convocada por el patriarca ecuménico de Constantinopla
para tratar el tema del calendario que decidió adaptar el cálculo
del equinoccio. Sin embargo la propuesta no tuvo una acogida
satisfactoria ya que sólo algunas Iglesias -Constantinopla, Grecia,
Rumanía, Chipre, inicialmente, y Alejandría, Antioquía y Bulgaria,
después- adoptaron el calendario gregoriano para el Año Litúrgico
excepto para determinar la fiesta de Pascua, que mantuvieron para
calcularla el calendario juliano con el fin de mantener la unidad al
respecto en las Iglesias ortodoxas. Y además, dentro de las propias
Iglesias que adoptaron el calendario gregoriano hubo grupos de

27 En 1582: Bélgica (Limburgo y provincias del sur), España, Estados


Unidos (valle del Misisipi), Francia y Lorena, Italia, Países Bajos (Bra-
bante, Zelanda y el Staten Generaal), Polonia (zona católica) y Portugal.
En 1583: Alemania (zonas católicas), Austria, Países Bajos (Flandes,
Groninga -aunque en 1594 volvieron al calendario juliano-, Holanda,
Hennegan y algunas provincias del sur) y las posesiones españolas
en América (Virreinato de la Nueva España y Virreinato del Perú) y
en Asia (Filipinas). En 1584: Bohemia (Bohemia, Moravia y Lusacia),
Silesia (Slask) y Suiza (cantones católicos). En 1587: Hungría. En 1590:
Transilvania (Siebenbürgen-Ardeal-Erdély). En 1605: Canadá (Nueva
Escocia). En 1610: Alemania (Prusia). En 1682: Francia (Estrasburgo).
En 1700: Alemania protestante, Dinamarca, Noruega y Países Bajos
(Güeldres-Gelderland, zona protestante de Holanda, Overijssel y Utre-
cht). En 1701: Países Bajos (Drenthe, Frisia y otra vez Groninga) y Suiza
(Zurich, Berna, Basilea, Schaffhausen, Gent, Mühlhausen y Biel). En 1752:
Inglaterra y sus colonias (Terranova y la costa de la bahía de Hudson,
en Canadá; litoral atlántico de Estados Unidos, Washington y Oregón;
Escocia, Irlanda, India). En 1753: Finlandia y Suecia. En 1867: Alaska. En
1873: Japón. En 1875: Egipto. En 1912: Albania y China (aunque pudo ser
en 1929). En 1914: Turquía. En 1916: Bulgaria. En 1918: Estonia y Rusia.
En 1919: Rumania y Yugoslavia. Y, finalmente, en 1923: Grecia.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 205

obispos y fieles que se separaron de la Iglesia oficial manteniendo


plenamente el calendario juliano, autodefiniéndose “auténticos
ortodoxos”. Posteriormente las Iglesias ortodoxas han vuelto a
abordar el tema, concretamente en la primera y segunda confe-
rencia pan-ortodoxa, sin alcanzar ningún acuerdo.28
También la Iglesia católica trató el tema en el concilio Vaticano
II (1962-1965) y así quedó recogido en el número 20 del decreto
sobre las Iglesias orientales católicas Orientalium Ecclesiarum
publicado el 21 de noviembre de 1964: “Mientras llega el deseado
acuerdo de todos los cristianos de celebrar el mismo día la festivi-
dad de la Pascua, y para fomentar entre tanto esa unidad entre los
cristianos de la misma región o país, se concede a los patriarcas o a
las supremas autoridades locales la facultad de proceder unánime-
mente y de acuerdo con todos aquellos a quienes interesa celebrar
la Pascua en una mismo domingo”. Incluso los padres conciliares
manifestaron no ser contrarios a que se adoptase un domingo fijo
para la Pascua, siempre y cuando estuvieran de acuerdo todos los
que estén interesados.29 Idea que se reconsideró en 1975, propo-
niendo el domingo siguiente al segundo sábado del mes de abril
(inicialmente se había hablado del segundo domingo del mes de
abril) obteniendo el beneplácito del occidente cristiano pero no de
las Iglesias orientales.
E igualmente el Consejo Ecuménico de las Iglesias ha debatido el
tema de la determinación de una misma fecha para la Pascua en todas
las Iglesias cristianas sin obtener, de momento, resultado alguno.

3.2. Navidad
El primer testimonio de la celebración de la fiesta de Navidad
en Roma lo encontramos en la Depositio martyrum del Cronógrafo
Filocaliano,30 donde leemos que el día 25 de diciembre se celebra el

28 Cf. M. Sodi, “Il fascino e il richiamo della Pasqua fra astronomia e culto”,
en M. Sodi (ed.), Astronomia e culto. Risposta a domande di attualità, Padova:
Messaggero di Padova 2009, 19. 21-24.
29 Cf. SC, apéndice 1.
30 Cf. L. Duchesne (ed.), Le Liber Pontificalis. Texte, introduction et commen-
taire 1, Paris: E. de Boccard 1955, 11-12.
206 José A. Goñi

nacimiento de Cristo en Belén de Judea: “Natus Christus in Bethlem


Iudeae”.
Se desconocen las razones por las que la Iglesia romana eligió
el 25 de diciembre para celebrar el nacimiento del Salvador, ya
que no sabemos el día en el que Jesucristo nació. Dos hipótesis
explican la elección de este día:31 o bien se ha adoptado esta fecha
por conjeturas sobre la vida de Cristo o bien se instituyó en ese día
por influjo de las fiestas paganas celebradas por los romanos.
La primera hipótesis32 relaciona el día del nacimiento de
Cristo con la fecha de su muerte. Según una antigua creencia,
Cristo habría muerto un 25 de marzo,33 coincidiendo con el equi-
noccio de primavera y con el mismo día en el que, siguiendo una
idea muy extendida, habría sido también creado el mundo. Como
Cristo habría vivido en la tierra un número completo de años,
pues una fracción se consideraba un número imperfecto y en el
Hijo de Dios no podía haber imperfección, su encarnación debería
haber acontecido un 25 de marzo y, por tanto, su nacimiento un
25 de diciembre, tras haber concluido perfectamente el tiempo de
gestación, esto es, nueve meses.

31 Cf. H. Auf der Maur, Feiern im Rhythmus der Zeit. 1. Herrenfeste in Woche
und Jahr (Gottesdienst der Kirche. Handbuch der Liturgiewissenschaft 5),
Regensburg: Verlag Friedrich Pustet 1983, 166-168; B. Botte, Los orígenes
de la Navidad y de la Epifanía (El Futuro de la Verdad 12), Madrid: Taurus
1963, 86-96; L. Duchesne, Origines du culte chrétien. Étude sur la liturgie
latine avant Charlemagne, Paris: E. de Boccard 51920, 275-279.
32 Sostenida, entre otros, por L. Duchesne (cf. Duchesne, Origines du culte,
275-279), H. Engberding (cf. H. Engberding, “Der 25. Dezember als Tag
der Feier der Geburt des Herrn”, Archiw für Liturgiewissensschaft 2 (1952)
25-43), L. Fendt (cf. L. Fendt, “Der heutige Stand der Forschung über das
Geburtsfest Jesu am 25. 12. und über Epiphanie”, Theologische Literatur-
zeitung 78 (1953) 1-10), A. Strobel (cf. A. Strobel, “Jahrespunkt-Speku-
lation und frühchristliches Festjahr. Ein kritischer Bericht zur Frage
des Ursprunges des Weihnachtsfestes”, Theologische Literaturzeitung 87
(1962) 106-116) y T.J. Talley (cf. T.J. Talley, “Liturgische Zeit in der alten
Kirche. Der Forschungsstand”, Liturgisches Jahrbuch 32 (1982) 25-45).
33 Ya el Martirologio Jeronimiano menciona la muerte de Cristo el 25 de
marzo (cf. H. Delehaye, Commentarius perpetuus in Martyrologium Hie-
ronymianum, ad recensionem H. Quentin (Acta Sanctorum: Novembris
2/2), Bruxelles: Société des Bollandistes 1931, 159).
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 207

La segunda hipótesis 34 considera que la Iglesia habría


cristianizado la fiesta pagana del sol invictus,35 que se celebraba
en la noche del 24 al 25 de diciembre para conmemorar el sols-
ticio de invierno, el momento en el que las horas de luz del día
aumentaban venciendo así el sol sobre la oscuridad, de ahí su
nombre: “sol no vencido”. El propio Cronógrafo Filocaliano la
recoge en su elenco de fiestas paganas.36 Además, uno de los
mosaicos cristianos más antiguos de Roma, de la mitad del
siglo III, hallado en el mausoleo de los Julios de la necrópolis
vaticana, representa a Cristo como Helios ascendiendo al cielo
en una cuadriga de caballos blancos:37 Cristo es concebido, pues,
como el nuevo sol38 que ha vencido a las tinieblas del mundo,
esto es, el pecado y la muerte.

34 Defendida, entre otros, por B. Botte (cf. Botte, Los orígenes, 86-96), O. Cull-
mann (cf. O. Cullmann, L’origine della festa del Natale (Giornale di Teologia
223), Brescia: Queriniana 1993), F.J. Dölger (cf. F.J. Dölger, “Natalis solis
invicti und das christliche Weihnachtsfest. Der Sonnengeburtstag und
der Geburtstag Christi am 25. Dezember nach Weihnachtspredigten des
vierten und fünften Jahrhunderts”, Antike und Christentum 6/1 (1940) 23-
30), H. Frank (cf. H. Frank, “Gründe für die Entstehung des römischen
Weihna”, en T. Bogler (ed.), Weihnachten heute. Das Weihnachtsfest in der
pluralistischen Gesellschaft (Liturgie und Mönchtum. Laacher Hefte 39), Ars
Liturgica, Maria Laach 1966, 36-49) y J.A. Jungmann (cf. J.A. Jungmann,
Der Gottesdienst der Kirche. Auf dem Hintergrund seiner Geschichte kurz
erläutert, Innsbruck: Tyrolia-Verlag 1955).
35 Cf. J. Guillén, Urbs Roma. Vida y costumbres de los romanos. 3. Religión y
ejército (El Peso de los Días 9), Salamanca: Sígueme 1980, 398.
36 Cf. Furius Dionysius Philocalus, Kalendarium, ed. J.P. Migne (PL 13),
Paris: Excudebat Vrayet 1845, 687.
37 Cf. N. Maurice – D. Boulet, “A propos des Fouilles de Saint Pierre.
Questions historiques et liturgiques”, Recherches de Science Religieuse
34 (1947) 385-406; P. Zander, La necropoli vaticana (Roma Sacra. Guida
alle Chiese della Città Eterna 25), Città del Vaticano: Libreria Editrice
Vaticana 2002, 50-51.
38 Recordemos cómo algunos textos bíblicos nos hablan en este sentido: “A
los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la
salud en las alas” (Ml 3, 20a); “Nos visitará el sol que nace de lo alto” (Lc
1, 78); “Yo soy la luz del mundo el que me sigue no camina en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12b).
208 José A. Goñi

3.3. San Juan Bautista


La fiesta del nacimiento de san Juan Bautista39 se encuentra,
por primera vez, en el Martirologio Jeronimiano, en el día 24 de junio,
referida a las Iglesias de Palestina y de Éfeso.40 Según Máximo
de Turín, en el siglo V, estaba difundida por todo el mundo.41
En Roma, a finales de ese mismo siglo, encontramos la primera
capilla dedicada al santo. Se trata de una de las dos capillas que el
papa Hilario I (461-468) construyó en el baptisterio de la basílica
constantiniana de Letrán.42 Y el Sacramentario Veronense recoge
esta celebración.
La fecha de su celebración está en estrecha relación con el naci-
miento de Cristo según las palabras del ángel en el momento de la
encarnación del Hijo de Dios: “Ahí tienes a tu pariente Isabel, que,
a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses
la que llamaban estéril” (Lc 1, 36). Por eso, siguiendo el sistema

39 A diferencia del resto de santos, san Juan Bautista es celebrado el día de


su nacimiento en lugar del de su muerte. Los cristianos demostraban su
santidad cuando llegaban incluso a dar la vida por su fe, de modo que
eran recordados el día de su martirio. Sin embargo san Juan Bautista es
considerado santo desde el mismo momento de su nacimiento. El propio
Cristo afirmó su grandeza: “No ha surgido entre los nacidos de mujer
uno mayor que Juan el Bautista” (Mt 11, 11). De ahí que su fiesta se fijara
el día de su nacimiento, en lugar del día de su martirio.
También es celebrado el martirio de san Juan Bautista (29 de agosto), tal
y como testimonia el Martirologio Jeronimiano (cf. Delehaye, Commen-
tarius perpetuus, 474), posiblemente como recuerdo de la dedicación de
una iglesia en honor al santo sobre su pretendido sepulcro en Sebaste
de Samaría (cf. P. Jounel, Le renouveau du culte des Saints dans la liturgie
romaine (Bibliotheca “Ephemerides Liturgicae”. Subsidia 36), Roma:
Centro Liturgico Vicenziano - Edizioni Liturgiche 1986, 177-178). El
hallazgo de sus reliquias habría propiciado la difusión en la Iglesia de
esta nueva fiesta (cf. A.H. Kellner, El año eclesiástico y las fiestas de los
santos, Barcelona: Herederos de Juan Gili 1910, 270).
40 Cf. Delehaye, Commentarius perpetuus, 333.
41 Cf. Maximus Taurinensis, Sermo 59, ed. A. Mutzenbecher (CCL 23),
Turnholti: Brepols 1962, 236-238.
42 Cf. H. Brandenburg, “Lateran”, en W. Kasper (ed.), Lexikon für Theologie
und Kirche. Dritte Ausgabe 6, Freiburg – Basel – Rom – Wien: Herder 1997,
663-666; Duchesne (ed.), Le Liber Pontificalis 1, 242.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 209

de datación romano,43 el nacimiento de Juan se inscribió el octavo


kalendas iulii, seis meses antes del nacimiento de Cristo, octavo kalen-
das ianuarii. Nosotros no podemos percibir este paralelismo pues
en la actualidad no seguimos la datación romana. Además, ambos
nacimientos coinciden con el solsticio: el nacimiento de Jesús con
el de invierno, cuando empiezan a aumentar las horas de luz, y el
de san Juan con el de verano, cuando comienzan a disminuir las
horas de luz. Se hacen así realidad, de modo simbólico, las palabras
del Bautista: “Es preciso que él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,
30). La luz de Juan disminuye para que ilumine el sol que nace de
lo alto (cf. Lc 1, 78).

3.4. Témporas
Al abrirse cada una de las cuatro estaciones del año la Iglesia
romana estableció un tiempo de ayuno y penitencia, conocido
desde el siglo VIII como témporas, que comprendía tres días de la
semana: miércoles, viernes y sábado. Anteriormente se conocían
como el ayuno de los meses primero, cuarto, séptimo y décimo
(marzo, junio, septiembre y diciembre).44 En los documentos
anteriores al Sacramentario Gelasiano Vetus (siglo VII-VIII) sólo

43 En el sistema de datación romana, para indicar los días del mes tomaban
como referencia tres fechas únicas: kalendas, nonas e idus. Las prime-
ras eran el primer día del mes, las nonas eran el día cinco y las idus
eran el día trece, excepto en marzo, mayo, julio y octubre en los cuales
las nonas eran el día siete y las idus el día quince. Para referirse a una
fecha contaban los días que faltaban para llegar hasta la fecha fija más
próxima. Así, por ejemplo, el día 3 de marzo era el quinto día antes de
las nonas de marzo, el día 16 de mayo era el decimoséptimo día antes
de las kalendas de junio, el 11 de septiembre era el tercer día antes de las
idus de septiembre… (cf. Muñoz Box, Las medidas del tiempo, 46-48).
44 Recordemos que en la antigüedad el año no comenzaba en enero sino en
marzo, a una con el resurgir de la vida en primavera; de ahí los nombres
de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre que deri-
van del lugar que ocupaban en el calendario: séptimo, octavo, noveno
y décimo, respectivamente. Fue Julio César al reformar el calendario
quien adelantó el inicio del año al 1 de enero, día en que comenzaban
a ejercer su cargo los cónsules romanos. Con la caída del Imperio se
volvió en algunos lugares a la práctica primitiva que fue abolida con la
implantación del calendario gregoriano en 1582.
210 José A. Goñi

figuran los tres últimos, ya que la Cuaresma era considera como


el cuarto y gran tiempo penitencial.45 A partir del papa Gregorio
VII (1073-1085) éstas quedaron fijadas del siguiente modo: en la
primera semana de Cuaresma, las témporas de primavera; en la
octava de Pentecostés, las témporas de verano: en la tercera semana
de septiembre, las témporas de otoño; en la primera semana de
Adviento, las témporas de invierno.46
En la reforma del Calendario litúrgico realizada por mandato
del concilio Vaticano II (1962-1965)47 se dejaron en manos de las Con-
ferencias Episcopales para que las fijaran en sus territorios según la
idiosincrasia del lugar y de los fieles, ya que el rito romano no sólo
era celebrado en Europa, sino también en otros países donde las
estaciones de la naturaleza no coincidían con las europeas.48

3.5. Todos los santos


El 1 de noviembre figura en el Calendario Romano la cele-
bración de todos los santos; una fiesta conjunta de todos aquellos
cristianos, conocidos y desconocidos, que han llevado una vida
conforme al evangelio y están en el cielo contemplando el rostro
de Dios.
Según escribe Adón de Viena (†875)49 el emperador Luis I
el Piadoso (814-840) habría fijado esta fiesta en sus estados a ins-
tancias del papa Gregorio IV (827-844) y con el beneplácito de los
obispos.50 Poco tiempo después habría llegado a la liturgia romana,

45 Cf. G. Morin, “L’origine des Quatre-Temps”, Revue Bénédictine 14 (1897)


337-346.
46 Cf. Gregorius VII, “De ieiunio pentecostes et de ordinatione in prima
epdomada quadragesime et pentecostes”, en S. Löwenfeld, “Ein Brief
des Erzbischofs Anno von Köln”, Neues Archiv 14 (1889) 620-622.
47 Cf. Calendarium Romanum ex decreto sacrosancti Œcumenici Concilii Vaticani
II instauratum auctoritate Pauli Pp. VI promulgatum. Editio typica (21 martii
1969), In Civitate Vaticana: Typis Polyglottis Vaticanis 1969.
48 Cf. NUAL, núm. 49.
49 Cf. Ado Viennensis, Le martyrologe d’Adon. Ses deux familles, ses trois recen-
sions. Texte et commentaire, eds. J. Dubois – G. Renaud (Sources d’Histoire
Médiévale), Paris: Centre National de la Recherche Scientifique 1984,
371.
50 Cf. H. Delehaye, Martyrologium Romanum ad formam editionis typicae
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 211

apareciendo por primera vez en el Sacramentario Paduense51 y en


los Sacramentarios Gregorianos Gelasianizados.52
Aunque se desconocen las razones por las que se escogió esta
fecha, podría tener relación con el inicio del invierno que entonces
estaba fijado el primer día de noviembre53 para cristianizar las
fiestas paganas que abrían esta estación del año.54

3.6. Día, semana, mes y año


El día, la semana, el mes y el año, tal y como dijimos al inicio
de nuestro escrito al hablar de los astros y la vida del ser humano,
surgen de los diferentes movimientos de traslación y rotación de
la tierra, la luna y el sol.
Este cómputo civil, como es lógico, lo sigue la Iglesia y así
figura en el canon 202 del Código de Derecho Canónico:
§1. En derecho, se entiende por día de espacio de 24 horas contadas
como continuas, y comienza a la media noche, a no ser que se dis-
ponga expresamente otra cosa; la semana es un espacio de siete días;
el mes, un espacio de 30; y el año, un espacio de 365 días, a no ser que
se diga que el mes y el año hayan de tomarse según el calendario.
§2. Si el tiempo es continuo, el mes y el año se han de computar
siempre según el calendario.

scholiis historicis instructum (Acta Sanctorum: Decembris. Propylaeum),


Bruxelles: Société des Bollandistes 1940, 488-489.
51 Cf. A. Catella - F. Dell’Oro - A. Martini - F. Crivello (eds.), Liber
Sacramentorum Paduensis. (Padova, Biblioteca Capitolare, Cod. D 47)
(Bibliotheca “Ephemerides Liturgicae”. Subsidia 131), Roma: Centro
Liturgico Vicenziano - Edizioni Liturgiche 2005, 01-05. 1202-1203.
201*-202*.
52 Cf. G. Richter – A. Schönfelder (eds.), Sacramentarium Fuldense saeculi
X (Quellen und Abhandlungen zur Geschichte der Abtei und der Diözese
Fulda 9), Fulda: Druck der Fuldaer Actiendruckerei 1912, 1397-1401.
53 San Benito en su regla monástica testimonia el comienzo del invierno
el 1 de noviembre: Hiemis tempore, id est a kalendas nobembres usque in…
(Benedictus, Benedicti Regula 8, ed. R. Hanslik (CSEL 75), Wien: Tempsky
2
1977, 82).
54 Cf. PP. Bénédictins de Paris (eds.), Vies des Saints et des Bienheureux
selon l’ordre du calendrier avec l’historique des fêtes 11, Paris: Letouzey et
Ané 1954, 21.
212 José A. Goñi

Sin embargo la liturgia, por razones teológicas, no siempre


sigue el inicio que civilmente se ha adoptado para cada uno de
estos periodos.

Día
El día comienza a la media noche.
Sin embargo, en la tradición judía el día comienza al ponerse
el sol. Así se refleja en el relato de la creación que abre el libro del
Génesis donde el día comienza al atardecer:
Pasó una tarde, pasó una mañana: el día primero … Pasó una tarde,
pasó una mañana: el día segundo … Pasó una tarde, pasó una
mañana: el día tercero … (Gn 1, 1ss.).
De modo que la liturgia, siguiendo la tradición judía, comienza
la celebración del domingo y de las solemnidades al atardecer del
día precedente, con las I Vísperas.55

Semana
En el sentir popular la semana comienza el lunes y concluye
el domingo, con el fin de semana.
Sin embargo, la Iglesia ha heredado del pueblo judío su
configuración semanal: de domingo a sábado. En el libro del
Génesis comienza la creación en domingo, llamado primer día de
la semana, y concluye el sábado, denominado séptimo día (cf. Gn
1, 1-2, 3). Y en los evangelios al hablar del día de la resurrección
se le denomina “el primer día de la semana” (Mt 28, 1; Mc 16, 2. 9;
Lc 24, 1; Jn 20, 1). De modo que las diferentes semanas que com-
ponen cada uno de los tiempos litúrgicos discurren de domingo
a sábado.56

Mes
El mes no tiene repercusión en la liturgia. El comienzo y el final
de cada uno de los meses que componen el año están marcados por

55 Cf. NUAL, núm. 3.


56 Cf. NUAL, núm. 4.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 213

el calendario civil, esto es, el calendario gregoriano. En la tradición


judía los meses, que seguían el ritmo de la luna, comenzaban con
el novilunio y la luna llena estaba situada a mitad del mes.

Año
El año civil empieza el 1 de enero. Antiguamente tenía su
inicio el 1 de marzo, a una con el resurgir de la vida en primavera.
Julio César al reformar el calendario adelantó el inicio del año al
1 de enero, día en que comenzaban a ejercer su cargo los cónsules
romanos. Con la caída del Imperio se volvió en algunos lugares
a la práctica primitiva que fue abolida con la implantación del
calendario gregoriano en 1582.
Actualmente el Año Litúrgico empieza con el tiempo de
Adviento cuyo inicio se sitúa en el domingo que cae el 30 de
noviembre o el más próximo a este día. Pero esto no ha sido así
siempre.
Inicialmente habría comenzado con la Pascua. Así figura,
por ejemplo, en un Calendario Africano perteneciente al siglo IV,
conocido como Calendario de Cartago,57 en un leccionario gali-
cano que se remonta en torno al año 50058 o en S. Agustín quien
comentando la pasión de Cristo habla de la Semana Santa como
la última semana del año.59
Progresivamente se habría adelantado a su tiempo de prepa-
ración, la Cuaresma, y, seguidamente, a la Quincuagésima, Sexa-
gésima y Septuagésima. En el Sacramentario de Salzburgo, redactado
hacia el año 800, ya figura el inicio del año en la Septuagésima.60

57 Cf. G.B. De Rossi – L. Duchesne (eds.), Kalendarium Carthaginiense (Acta


Sanctorum: Novembris 2/1), Bruxelles: Société des Bollandistes 1894,
[LXX]-[LXXI].
58 Cf. A. Dold (ed.), Das älteste Liturgiebuch der lateinischen Kirche. Ein
altgallikanisches Lektionar des 5./6. Jhs. aus dem Wolfenbütteler Palimpsest
- Codex Weissenburgensis 76. Abermals neue Bruchstücke des Salzburger Kurz-
sakramentar (Texte und Arbeiten. I. Abteilung. Beiträge zur Ergründung
des Älteren Lateinischen Christlichen Schrifttums und Gottesdienstes
26-28), Beuron: Beuroner Kunstverlag 1936.
59 Cf. Augustinus, In Iohannis Evangelium Tractatus 13, 14, ed. R. Willems
(CCL 36), Turnholti: Brepols 1954, 138.
60 Cf. K. Gamber (ed.), Sakramentartypen. Versuch einer Gruppierung der
214 José A. Goñi

Entre los siglos VI-VIII se impuso un nuevo comienzo del Año


Litúrgico: la Navidad;61 aunque ya en la Cronógrafo Filocaliano ini-
ciaba su lista de mártires con el nacimiento de Cristo.62 Finalmente
quedó en el Adviento,63 al considerarse como la preparación a la
Navidad.64

3.7. Orientación de las iglesias


Etimológicamente orientar significa dirigir hacia oriente, el
lugar por donde sale el sol. Tradicionalmente los templos cristianos
han sido orientados, de tal modo que su ábside principal mirase
hacia oriente.65
Jesús, en el evangelio, no dio ninguna indicación respecto
a la dirección hacia la que rezar. Cuando habla de la oración
invita a retirarse al aposento propio, cerrar la puerta y orar en lo
secreto (cf. Mt 6, 6). Y en el diálogo con la samaritana manifiesta

Handschriften und Fragmente bis zur Jahrtausendwende (Texte und Arbei-


ten. I. Abteilung. Beiträge zur Ergründung des Älteren Lateinischen
Christlichen Schrifttums und Gottesdienstes 49-50), Beuron: Beuroner
Kunstverlag 1958.
61 Cf. P. Jounel (ed.), “Sanctoral du Collectaire de Saint-Anastase ad aquas
salvias (Biblioteca Vallicelliana C 62)”, en P. Jounel, Le culte des saints
dans les basiliques du Latran et du Vatican au douzième siècle (Collection de
l’École Française de Rome 26), Roma: École Française de Rome 1977,
57-61; P. Jounel (ed.), “Sanctoral du Sacramentaire de Saint-Laurent in
Damaso (Biblioteca Vallicelliana E 15)”, en Jounel, Le culte des saints,
61-65.
62 Cf. Duchesne (ed.), Le Liber Pontificalis 1, 11.
63 Cf. P. Jounel (ed.), “Sanctoral du Collectaire de Saint-Anastase ad aquas
salvias (Biblioteca Vallicelliana C 62)”, en P. Jounel, Le culte des saints
dans les basiliques du Latran et du Vatican au douzième siècle (Collection de
l’École Française de Rome 26), Roma: École Française de Rome 1977,
57-61; P. Jounel (ed.), “Sanctoral du Sacramentaire de Saint-Laurent in
Damaso (Biblioteca Vallicelliana E 15)”, en Jounel, Le culte des saints,
61-65.
64 Cf. M. Augé, L’Anno liturgico. È Cristo presente nella sua Chiesa (Monu-
menta Studia Instrumenta Liturgica 56), Città del Vaticano: Libreria
Editrice Vaticana 2009, 15-17.
65 Cf. M. Wallraff, “L’orientamento: Linee storiche”, en G. Boselli (ed.),
Spazio liturgico e orientamento. Atti del IV Convegno liturgico internazionale.
Bose 1º-3 giugno 2006 (Liturgia e Vita), Bose: Edizioni Qiqajon 2007, 153-
165.
Influencia de la astronomía sobre la liturgia 215

que el nuevo templo no será material sino que Dios habitará en


cada persona, adorando al Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn
4, 21-24).
Sin embargo, entre los cristianos se introdujo la costumbre de
rezar mirando hacia oriente. De modo que cuando se empiezan a
construir las primeras iglesias, a partir de la paz de Constantino
(313), se toma normalmente como referencia el eje oeste-este,
situando el altar hacia oriente.
San Juan Damasceno nos describe el simbolismo de dirigirse
hacia oriente en la oración cristiana:
No es casualidad que recemos mirando a oriente. […] Porque Dios es
luz (cf. 1Jn 1, 5) y en la Escritura es llamado sol de justicia (cf. Mal 3,
20) y también oriente (cf. Za 3, 8; 6, 12 –según la versión de los LXX–;
Lc 1, 78), para darle culto nos volvemos hacia Oriente. […] El bien-
aventurado David también dice: “Cantad a Dios, todos los reinos de
la tierra; alabad al Señor que cabalga sobre los cielos altísimos hacia
oriente” (Sal 67, 33-34 –según la versión de los LXX-). Es más, añade
la Escritura: “Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y allí colocó
al hombre que había modelado” (Gn 2, 8); y cuando desobedeció su
mandato lo expulsó y le hizo morar fuera del Paraíso, hacia occidente.
Y así buscando la antigua patria y tendiendo hacia ella, damos culto
a Dios. También la tienda de Moisés sería el propiciatorio mirando
a Oriente (cf. Nm 2, 3). La tribu de Judá, porque era la más insigne
acampaba hacia Oriente (cf. Ez 44, 1). Por fin, el Señor en la cruz,
miraba hacia occidente, y así nosotros nos postramos volviéndonos
hacia él. En su ascensión a los cielos fue levantado hacia oriente, y
así fue adorado por sus apóstoles, y así vendrá, en el modo como le
vieron ascender al cielo (cf. Hch 1, 11), como el mismo Señor dijo:
“Como el rayo que brilla desde oriente hasta el ocaso, así será el
regreso del Hijo del hombre” (Mt 24, 27). Esperándole, nos postra-
mos hacia oriente. Se trata de una tradición no escrita, que viene
de los apóstoles. Y así ha sido entregada a nosotros.66
La norma de orientar los templos no se siguió con un rigor
excesivo, ya que no siempre las condiciones topográficas lo per-
mitían. Y, pasada la edad media, cayó en desuso.

66 Ioannes Damascenus, De fide ortodoxa 4, 12, ed. J.P. Migne (PG 94), Paris :
J.P. Migne 1864, 1133-1136.
216 José A. Goñi

4. Conclusión
Al finalizar nuestra exposición sobre la influencia que los
astros, principalmente la luna y el sol, tuvieron en la configura-
ción de la liturgia queremos recordar que quien verdaderamente
orienta nuestras vidas es Cristo, como dice la conocida antífona
vespertina del día 21 de diciembre, Oriens, splendor lucis æternæ
et sol iustitiæ (astro naciente, esplendor de la luz eterna y sol de
justicia), él es, en palabras del pregón pascual, “el lucero mati-
nal que no conoce ocaso”, más aún, el sol que alumbra nuestra
existencia, tal y como lo anunció Zacarías, “por la entrañable
misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo
alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de
muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”, y
cuya venida gloriosa aguardamos para que su luz invada toda
la humanidad y la creación entera.

José A. Goñi
Jefe de redacción de Phase
Sebastià Janeras Phase, 297, 2010/3, 217-230

UNA MISMA PASCUA,


FECHAS DIVERSAS

La fecha de Pascua es una cuestión que ha dividido las comu-


nidades cristianas a lo largo de la vida e historia misma de la Igle-
sia.1 Desde el siglo xvi por la cuestión de los calendarios juliano
y gregoriano, pero ya en los primeros tiempos, hasta el siglo iv e
incluso posteriormente, las divergencias en torno a la fecha de la
celebración de Pascua conllevaron graves disensiones en el seno
de la Iglesia.
La Pascua cristiana está vinculada con la Pascua judía, aunque
el objeto de la conmemoración sea diverso. El pueblo hebreo con-
memoraba cada año el “paso” (Pesah) de la esclavitud a la libertad,
la salida de Egipto hacia la tierra prometida y el sacrificio del cor-
dero pascual, tal como aparece en diversos libros el Pentateuco:
Este mes será para vosotros el comienzo de los meses: será el

1 Son muchos los estudios sobre la cuestión de la fecha pascual y su


historia. Baste citar algunos: Ch. J. von Hefele - H. Leclercq, Histoire
des conciles d’après les documents originaux, trad. d’H. Leclercq, I, París
1907, pp. 450479; P. Grosjean, “La date de Pâques et le concile de Nicée”,
Académie Royale de Belgique. Bulletin de la classe des sciences, 5 sér. 48 (1962)
55-66; V. Peri, Due date, un’unica Pasqua, Milà 1967; Íd., “La data della
Pasqua. Nota sull’origine e lo sviluppo della questione pasquale tra le
Chiese cristiane”, Vetera Christianorum 13 (1976) 318-348 (con abundante
bibliografía); D. Heller, “La date de Pâques: un facteur de division entre
les Églises?”, Istina 44 (1999) 135-146; A. M. Khatziliras, “Ο καθορισμός
της ημερομηνίας του Πάσχα” (febrero 2008), estudio on line: scribd.com/
doc/15493041.
218 Sebastià Janeras

primero de los meses del año. [...] Lo guardaréis (el animal) hasta el
día catorce de este mes; y toda la asamblea de la comunidad de los
israelitas lo inmolará entre dos luces. [...] Es Pascua de Yahvé. [...]
Comeréis ázimos en el mes primero, desde la tarde del día catorce
del mes hasta la tarde del día veintiuno (Ex 12,2-11.18).
El mes primero, el día catorce del mes, entre dos luces, será la
Pascua de Yahvé. El quince de este mes se celebrará la fiesta de los
Ázimos en honor de Yahvé (Lev 23,5-6).
El mes primero, el día catorce del mes, es la Pascua de Yahvé, y el
día quince del mismo mes es día de fiesta” (Nm 28,16-17).
“Guarda el mes de Abib y celebra en él la Pascua en honor de Yahvé
tu Dios, porque fue en el mes de Abib, por la noche, cuando Yahvé
tu Dios te sacó de Egipto. [...]. Sacrificarás la Pascua por la tarde, a la
puesta del sol, hora en que saliste de Egipto (Dt 16,1-6).
El mes de Abib –o Nisán, según la nomenclatura babilónica
adoptada posteriormente– era el primero de los meses del año,
como dice el texto bíblico, correspondiente más o menos a la
segunda mitad de marzo - primera mitad de abril,2 y empezaba,
como todos los meses, con la luna nueva. El día 14 de este mes era
la luna llena y en ese día, al atardecer (por lo mismo, empezado
ya el día 15), se celebraba la Pascua. Y es en un entorno pascual
cuando tuvo lugar la pasión y muerte de Cristo: un viernes, 14 de
Nisán, en cuyo anochecer había que sacrificar el cordero pascual,
ya que en aquel momento empezaba la fiesta de Pascua, 15 de
Nisán, como narra el evangelista Juan:
Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta (Jn
19,14).
Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no que-
dasen los cuerpos en la cruz el sábado –porque aquel sábado era
muy solemne— rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los
retiraran. [...] Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los
judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús (Jn 19,31.42).
Como es sabido, los sinópticos son menos precisos en este

2 En el calendario judío el inicio del año (Rosh Hashanah) tiene lugar en el


mes de Tishri (septiembre-octubre). Cabe notar que en la liturgia siríaca
el año litúrgico empieza el primero de octubre, y en la liturgia bizantina,
el primero de septiembre.
Una misma Pascua, fechas diversas 219

punto (podría parecer que Cristo murió el 15 de Nisán), pero tam-


bién en ellos la crucifixión y muerte acaeció en viernes. Y, según
todos los evangelistas, al tercer día, que era el primer día de la
semana, Cristo resucitó. Ese día pasó a llamarse domingo (κυριακὴ
ἡμέρα, dies dominica).3 A partir de ahí se apuntan dos tradiciones en
la comunidad cristiana: 14 de Nisán (pasión y muerte), domingo
(resurrección). El mismo nombre de Πάσχα, que quería transcribir
el término hebreo Pesah, era comprendido en el sentido de “sufri-
miento” (del verbo πάσχειν, ‘sufrir’), como dice expresamente
Melitón de Sardes (siglo ii).4
Las comunidades del Asia Menor y otras de Oriente celebraban
la Pascua el mismo día 14 de Nisán, como los judíos, sin fijarse en
el día de la semana –y llamadas, por ello, cuartodecimanas–, mien-
tras que Alejandría, Roma y Occidente la celebraban el domingo
después del 14 de Nisán. Esta divergencia trajo consigo algún pro-
blema, por ejemplo entre Policarpo de Esmirna, discípulo de san
Juan Evangelista, y el papa Aniceto, problema que no se resolvió,
aunque tampoco provocó divisiones internas. Posteriormente, el
papa Víctor, en el año 193, quería excomulgar a las comunidades
asiáticas cuartodecimanas, cosa que no se llevó a cabo gracias a la
intervención pacificadora de Ireneo de Lión, seguidor él mismo
de la tradición dominical.
Hasta el siglo IV hubo una variedad de fechas en la celebra-
ción de la Pascua, no sólo por la cuestión cuartodecimana, sino
también por los diferentes sistemas de cómputo. Los alejandri-
nos, considerados los más expertos en cuestiones astronómicas y
matemáticas, calculaban la Pascua, de acuerdo con el ciclo de 19
años del griego Metón (431 a.C.),5 y tomaban el 21 de marzo como
fecha del equinoccio. En Roma, en cambio, se siguió el ciclo de

3 En algunas lenguas eslavas, como el ruso, el domingo se llama voskresenie


(‘resurrección’). En ucraniano, en cambio: nedilia (‘no trabajo’). Otras len-
guas, como el alemán o el inglés, conservan un nombre pagano relativo
al Sol: Sonntag, Sunday.
4 Homilía sobre la Pascua, 3, 46. Cf. la traducción castellana de J. Ibáñez - F.
Mendoza Ruiz, Pamplona 1975.
5 Según este cálculo, cada 19 años las mismas fechas del año corresponden
a las mismas fases de la luna.
220 Sebastià Janeras

16 años de Hipólito,6 y posteriormente de 84 años, y colocaban el


equinoccio el 18 de marzo.
El I concilio de Nicea y primer ecuménico (325) quiso salir al
paso de las divergencias y disensiones, de la variedad de celebra-
ciones. Buscando la paz y la unidad, estableció que Pascua debía
ser celebrada por todos el domingo después del primer plenilunio
de primavera. Sobre la norma de Nicea se citan dos maneras de
expresarla: “Pascua es el domingo que sigue al decimocuarto día de
la luna, la cual alcanza esta edad el 21 de marzo o inmediatamente
después,” o, bajo una forma más breve y más difundida: “Pascua es
el primer domingo que sigue al primer plenilunio de primavera.”
De hecho, tales frases no aparecen en los textos nicenos conserva-
dos. Pero los testimonios contemporáneos y posteriores al concilio
son unánimes en el sentido y en el contenido de lo establecido por
el concilio y en la insistencia en la unidad de celebración. Es este
punto el que proclama la Carta sinodal de los Padres de Nicea a
las Iglesias de Egipto y Libia:
Os damos la buena nueva del acuerdo acerca de la santísima
Pascua por haberse obtenido gracias a vuestras oraciones, yéesta es
una parte; de manera que todos los hermanos que están en Oriente,
que antes celebraban la Pascua con los judíos, lo harán desde ahora
de acuerdo con los romanos y con nosotros y con todos los que desde
antaño observaban la Pascua con nosotros.7
La no celebración de la Pascua con los judíos es inculcada
fuertemente por el emperador Constantino —bajo cuyo patrocinio
se celebró el concilio—, en una carta a los obispos que no habían
podido asistir al concilio.8 La celebración de la Pascua separada
de la de los judíos hacía que si la luna llena de primavera caía
en domingo había que trasladar la fiesta de Pascua al domingo

6 Como es sabido en la cátedra de la estatua de Hipólito, conservada en


el Museo Lateranense, están grabadas sus tablas pascuales.
7 Traducción de I. Ortiz de Urbina, Nicea y Constantinopla (Historia de
los concilios ecuménicos 1), Vitoria 1969, pág. 261.
8 Esta carta está inserida en la Vida de Constantino, lib. III, 17-20, de Eusebio
de Cesarea; trad. de Martín Gurruchaga (Biblioteca Clásica Gredos 190),
Madrid 1994, págs. 280-284.
Una misma Pascua, fechas diversas 221

siguiente. Es otra de las normas de Nicea, transmitida por otros


testimonios.
Al referirse al día 21 de marzo como día del equinoccio (lo
que acaecía efectivamente en el año 325), a partir del cual había
que calcular la Pascua, el concilio seguía el cómputo alejandrino.
Y compitió al patriarca de Alejandría comunicar cada año la fecha
en que acaecía la Pascua. De ahí nacieron las Cartas heortásticas
o pascuales del patriarca de Alejandría.9 Éste lo comunicaba al
obispo de Roma, quien lo difundía, según el testimonio explícito
de Cirilo de Alejandría († 444), y del papa León Magno († 461). A
partir de entonces, todo cómputo pascual se basaba en el equinoc-
cio, el 21 de marzo, aunque con algunas excepciones temporales
en Occidente.10
Cuando se celebró el concilio de Nicea estaba en vigor en el
Imperio Romano el calendario creado por el astrónomo alejandrino
Sosígenes, el año 46 a.C., por encargo del emperador Julio César,
que lo impuso en todo el imperio y de quien tomó el nombre de
calendario juliano.11 Este calendario juliano será seguido desde
entonces en la vida civil y también en la vida eclesiástica.
En el siglo vi, los trabajos de Dionisio el Exiguo (introductor
de la “era cristiana” a partir del nacimiento de Cristo) llevaron
al cálculo de una luna ficticia en el calendario juliano, entonces
vigente, siguiendo el ciclo de Metón y su número áureo.12 Sobre

9 Son célebres las de san Atanasio de Alejandría.


10 Después de Nicea hubo todavía un tiempo en que Roma y Alejandría
continuaban atribuyendo este equinoccio a fechas diferentes, con la
consiguiente diferencia de celebración de Pascua. Y la Iglesia celta no
se acomodó al sistema de Nicea hasta el siglo VII-VIII.
11 Este calendario era solar y no lunar, como lo era el anterior. Constaba de
365,25 días y estaba dividido en 12 meses de 30 o 31 días, excepto el mes
de febrero, que era el último del año. Dado que el año civil quedaba un
cuarto de día más corto que el año solar, se añadió un día cada cuatro
años, doblando el 24 de febrero; este segundo día se llamaba bis sextus
ante calendas martias, de donde viene el término “bisexto”. Julio César
dispuso también que el año empezara en enero en lugar de marzo. Para
ello añadió al principio los meses de Enero y Febrero, con lo cual el año
pasó a tener doce meses en lugar de diez.
12 El número áureo es el atribuido a un año, del 1 al 19, según el ciclo de 19
años, numeración que se va repitiendo al empezar cada ciclo.
222 Sebastià Janeras

estas bases, durante unos siglos fue una realidad que todas las
Iglesias cristianas celebrasen la Pascua el mismo día.
Pero los cálculos del equipo de Sosígenes para el calendario
juliano no eran del todo exactos, con lo cual a lo largo de los siglos
la diferencia entre el calendario juliano y el año astronómico fue
aumentando. El papa Gregorio XIII, después de un largo estudio
por parte de una comisión de sabios, promulgó un nuevo calen-
dario que de él tomó el nombre de calendario gregoriano. Para este
ajuste hubo que suprimir 10 días del calendario anterior.13 Pro-
mulgado el jueves 4 de octubre de 1582 (día y año de la muerte de
santa Teresa), el día siguiente no fue ya el 5 sino el viernes 15 de
octubre. Esta diferencia de 10 días fue de 11 en 1700, de 12 en 1800
y de 13, que es la diferencia actual, en 1900. La diferencia será de
14 días en 2100.
El calendario gregoriano fue aceptado sólo gradualmente por
todos los países. En Gran Bretaña y en los países luteranos, por
ejemplo, hasta el siglo XVIII. El caso más conocido es el de Rusia,
donde la llamada Revolución de Octubre (1917), porque tuvo lugar
el 24 de octubre según el calendario juliano vigente entonces, tuvo
realmente lugar de hecho el 6 de noviembre según el calendario
gregoriano, que fue adoptado en 1918. Grecia lo adoptó, para la
vida civil, en 1923.
En cuanto a la repercusión en la vida de las diferentes Iglesias,
la diferencia de calendarios afecta dos aspectos diferentes: la parte
fija del calendario litúrgico y la parte móvil. Para el ciclo pascual,
con todo lo que se encuentra vinculado con él, todas las Iglesias
ortodoxas (las ortodoxas en sentido estricto, de rito bizantino, y las
ortodoxas orientales), así como también las Iglesias católicas de rito
oriental, se atienen, para el cálculo pascual, al calendario juliano.
Calculado el equinoccio y la luna llena subsiguiente de acuerdo con
los diferentes calendarios, la fiesta de Pascua en la Iglesia oriental

13 En este nuevo calendario, para el cálculo pascual se usa la “epacta”, que


es la edad de la luna el primero de enero, disminuida de una unidad. El
antiguo Misal de san Pío V llevaba siempre, en las páginas introductorias,
una explicación del funcionamiento del número áureo y de la epacta.
Una misma Pascua, fechas diversas 223

ocurre o bien el mismo día, o bien una o cinco semanas más tarde
que en la Iglesia occidental.14
En cuanto al ciclo litúrgico fijo, la mayoría de estas Iglesias
(incluso católicas de rito oriental) siguen también el calendario
juliano, para lo cual hay que tener presente la diferencia de 13 días.
Así, por ejemplo, la fiesta de Navidad, celebrada el 25 de diciembre,
corresponde al 7 de enero del calendario gregoriano;15 Epifanía (6
de enero) corresponde al 19 de enero.
Algunas Iglesias adoptaron el calendario gregoriano para el
ciclo fijo. La Iglesia ortodoxa de Grecia lo adoptó en 1924 (vigente
ya desde el año anterior en la vida civil), lo que produjo un cisma
interno: algunos no aceptaron el cambio y continuaron con el
calendario antiguo, por lo cual son llamados paleohimerologitas, o
seguidores del antiguo calendario, presentes todavía en Grecia.
Lo mismo ocurrió en la Iglesia de Rumania. Algunas Iglesias de
la diáspora han adoptado también el calendario gregoriano para
el ciclo fijo. Un caso aparte lo constituye la Iglesia ortodoxa de
Finlandia, que sigue el calendario gregoriano incluso para el ciclo
móvil del año litúrgico, con lo cual todos los cristianos en Finlandia
—protestantes, católicos y ortodoxos— celebran la Pascua y las
fiestas del año litúrgico el mismo día. En sentido contrario hay que
mencionar el caso de la Iglesia católica de rito latino de Grecia, que
sigue el sistema de la Iglesia ortodoxa griega: calendario grego-
riano para el ciclo fijo y juliano para el móvil, con lo cual en Grecia
todos celebran siempre la Pascua el mismo día.
Pero de siempre los cristianos han sentido la necesidad y el
anhelo por llegar a una única y misma fecha para la celebración de
la Pascua. El Concilio Vaticano II expresó, en la Constitución sobre
la sagrada liturgia que la Iglesia católica aceptaría una fecha común
de Pascua, fija o móvil, si todas las Iglesias llegaban a la misma

14 Raramente hay 4 semanas de diferencia: en los 50 primeros años del


siglo XXI se dará en el año 2021.
15 A menudo se dice que les orientales celebran Navidad el día de la Epifanía
latina, el 6 de enero, cosa que no es cierta. Sólo que toda fiesta comienza
al atardecer, con las primeras vísperas; por lo tanto, el 6 por la tarde, que
ya pertenece al 7. Sólo los armenios, siguiendo la antigua tradición de
Jerusalén, celebran la Navidad el 6 de enero y no el 25 de diciembre.
224 Sebastià Janeras

solución. También el Consejo Mundial de las Iglesias se ocupó del


tema entre 1965 y 1967 e hizo una encuesta entre las Iglesias miem-
bros sobre dicha cuestión. Todas estaban de acuerdo en una fecha
común, pero mientras en Occidente la mayoría se pronunciaba
por una fecha fija, las Iglesias ortodoxas abogaban por una fecha
móvil, determinada conjuntamente y de acuerdo con la norma
de Nicea. Una fecha común, decía el mismo Consejo Mundial de
las Iglesias en 1970, “eliminaría un obstáculo que se interpone a
la unidad de los cristianos y establecería un nuevo marco para el
testimonio en el mundo del Señor Resucitado.” En 1975, esta cues-
tión fue inscrita en el orden del día de la quinta Asamblea general
del Consejo Mundial de las Iglesias. Se hizo notar que la decisión
debía proceder más bien de cada una de las Iglesias; por su parte,
los ortodoxos se declaraban favorables a una fecha común, aunque
era necesaria una decisión panortodoxa.
Por parte ortodoxa, dos Conferencias panortodoxas (1976
y 1982) se ocuparon del tema, fijándose en el aspecto pastoral y
poniendo en guardia sobre posibles divisiones internas si se aban-
donaba la norma de Nicea, aunque se instaba que una estimación
más exacta de la fecha de Pascua según la norma de Nicea podría
ser de gran utilidad. Un nuevo intento de unificación apareció, en
1994, en el Consejo de las Iglesias del Próximo Oriente (que en-
globa representantes de las diversas Iglesias presentes en aquellas
tierras). La mayor parte de sus miembros, incluso los de tradición
occidental, aceptaron seguir a las Iglesias ortodoxas (sería un caso
parecido al de los griegos católicos de rito latino). La Iglesia siríaca
ortodoxa de Antioquía, por su parte, había propuesto fijar la fecha
de Pascua en el segundo domingo de abril, con la condición que
era necesario un acuerdo unánime de todas la Iglesias.
Con la mirada fija en el año 2000, por la significación que se le
atribuía, y en el año 2001, en que se daría la coincidencia de fecha
en la celebración de la Pascua, se emprendieron nuevos trabajos
y nuevos contactos. Ya en 1994, el Comité ejecutivo del Consejo
Mundial de las Iglesias publicaba una recomendación señalando
la importancia de la cuestión de la fecha de Pascua y teniendo
presente el año 2001. En 1997, el antes citado Consejo de las Igle-
sias del Próximo Oriente celebró en la ciudad de Alepo (Siria) un
Una misma Pascua, fechas diversas 225

coloquio destinado a encontrar una solución al problema de la


fecha de Pascua. Todas las Iglesias representadas allí estaban de
acuerdo en que continúa siendo válida la norma de Nicea según
la cual hay que celebrar la Pascua el domingo siguiente al primer
plenilunio después del equinoccio de primavera. Pero la dificultad
venía por la diferente manera de calcular la Pascua, de acuerdo con
la diferencia entre el calendario juliano y el gregoriano. Para ello se
proponía un período de estudio y reflexión, con la mirada puesta
en el nuevo milenio y en la coincidencia de la fecha de Pascua en
2001. Los participantes en el coloquio propusieron que, a partir de
este año la fecha de Pascua fuese fijada según cálculos astronómicos
modernos más precisos, tomando además como base el meridiano
de Jerusalén y no el de Roma o el de Greenwich.16
Todos los participantes en el coloquio estuvieron unánimes
en el principio que “la resurrección de Cristo es el fundamento
de nuestra fe común”. En la Pascua, los cristianos conmemoran
y celebran el misterio de la muerte y resurrección de Cristo. Vista
como la victoria última sobre el poder del pecado y de la muerte,
la resurrección del Señor es no sólo un hecho meramente histórico,
sino también un signo del poder de Dios sobre las fuerzas que
pueden alejarnos de su amor y de su bondad.
Las conclusiones y el espíritu de Alepo fueron recogidos en
abril de 2001 por la Oficina de Comunicación, Prensa e Información
del Consejo Mundial de las Iglesias en unas “Reflexiones sobre
una fecha común para la celebración de la Pascua”. La propuesta
de Alepo, se dice, tiene la ventaja de que supone un cambio para
ambas partes y no impone a una la solución de la otra. Posterior-
mente todavía, en el año 2007, el Consejo Ecuménico de las Iglesias
publicaba un documento, titulado “Preguntas que con frecuencia
se ponen acerca de la fecha de Pascua”, con el fin de aclarar con-
ceptos y reavivar una cuestión que tiene una real importancia
ecuménica.
Todos los trabajos, estudios y propuestas que se han llevado a

16 Se puede ver el documento de Alepo en la revista Istina 44 (1999) 147-158.


Ver también, en el mismo número, el estudio de D. Heller citado en la
nota 1.
226 Sebastià Janeras

cabo en estos últimos años se refieren siempre al Coloquio de Alepo


y a sus conclusiones y orientaciones para llegar a una fecha común
de Pascua. Las resoluciones de estos trabajos pueden reducirse a
los siguientes puntos:
1. Mantener las normas de Nicea: Pascua en el domingo
siguiente a la primera luna llena de primavera. No hay que olvidar
el lazo estrecho que une la Pascua bíblica y la muerte y resurrec-
ción de Jesucristo, vínculo que refleja el desarrollo de la historia
de salvación. Una fecha fija oscurecería y debilitaría este lazo al
eliminar cualquier referencia a las normas bíblicas para el cálculo
de Pascua. Ya en 1970 el Consejo Mundial de las Iglesias había dicho
al respecto: “En todo caso, las Iglesias han de llegar a una solución
por razones basadas totalmente en el sentido religioso de la fiesta
y con el objetivo de la unidad cristiana, y no con la intención de
satisfacer intereses puramente seculares.”
Además, Pascua tiene una dimensión cósmica. Pascua mani-
fiesta el estrecho vínculo entre la creación y la redención como entre
dos aspectos inseparables de la revelación divina. Los principios
de Nicea para el cálculo de la fecha de Pascua, basados en los ciclos
solar y lunar, reflejan esta dimensión cósmica mucho mejor de lo
que lo haría una fecha fija. En el momento de la luna llena de pri-
mavera toda la tierra es iluminada, de día, por el sol y, de noche,
por la luna, tal como lo expresa un tropario del oficio matutino de
Pascua en el rito bizantino: “Ahora todo se llena de luz: el cielo, la
tierra y los infiernos: que toda la creación celebre la resurrección
de Cristo, que es nuestra fuerza.”
2. Calcular los datos astronómicos (equinoccio de primavera
y plenilunio) por los medios científicos más exactos posibles.17
Diciendo esto, el Coloquio cree ser fiel al espíritu de Nicea, que
quería utilizar los mejores conocimientos científicos a su disposi-
ción. Por otra parte, las observaciones astronómicas dependen de
la posición terrestre que se toma como punto de referencia. Sobre

17 Abundan los estudios sobre el cómputo pascual eclesiástico y su relación


con el cómputo astronómico. Uno de los últimos: Ion Macri, “Le temps
de la Pâque, une réponse dans le cadre du dialogue entre la science et
la religion”, Buletinul Universității Petrol-Gaze din Ploești 60 (2008) 29-38.
Se pueden encontrar también diversos estudios en internet.
Una misma Pascua, fechas diversas 227

este aspecto el Coloquio de Alepo estima que sería apropiado


utilizar, para el cálculo del equinoccio de marzo y de la luna llena
subsiguiente, el meridiano de Jerusalén, lugar de la muerte y
resurrección de Cristo.
La propuesta de Alepo, se dice, tiene la ventaja de que supone
un cambio para ambas partes y no impone a una la solución de
la otra. Se sugiere, en efecto, que no se utilice ninguno de los dos
calendarios para calcular las fechas del equinoccio y del plenilu-
nio, sino los datos astronómicos exactos, más precisos ahora que
en tiempos de Nicea. El problema de esta propuesta reside, de
hecho, en que representa un cambio mayor para la Iglesias que
utilizan el calendario juliano que para las demás, por cuanto el
calendario gregoriano está ya mucho más próximo a los actuales
datos astronómicos. Y aunque la propuesta se hizo por primera
vez en una reunión panortodoxa, el hecho de que para las Iglesias
occidentales no comportaría sino pequeños cambios, da la impre-
sión, a primera vista, de que supone la imposición del calendario
gregoriano. Y las Iglesias orientales han puesto claramente de
relieve que necesitarían mucho más tiempo para preparar a sus
fieles. No hay que olvidar que ya conocieron algunos cismas inter-
nos a causa precisamente del calendario. Aquí se impone una labor
de formación de los fieles por parte de todas las Iglesias, lo que
requiere prudencia y una gran sensibilidad pastoral.
Una misma es la regla del cálculo de la Pascua cristiana, pero se
ve aplicada sobre dos calendarios distintos. Esta diferencia conlle-
vará ciertamente dificultades para la aplicación de estos principios.
Para adoptar un único calendario pascual se ha propuesto llegar
a la convocación de un concilio realmente ecuménico, a la par de
Nicea, en el cual cada una de las partes debería hacer una concesión
a las otras en vista de la unidad. El concilio de Nicea sancionó la
norma para fijar la fecha de Pascua en aras de la unidad de toda
la Iglesia. Es la misma norma de Nicea, de acuerdo con los datos
astronómicos más exactos posibles, la que debe guiar hoy la bús-
queda de la unidad en torno a la fecha de Pascua, que es también
la búsqueda de la unidad entre todas las Iglesias.
Muchos de los trabajos sobre la fecha de Pascua giraban, como
hemos visto, en torno al año 2001, en que la Pascua coincidía en los
228 Sebastià Janeras

calendarios. Pascua volvió a coincidir en 2004 y 2007 y volverá a


coincidir, hasta el año 2030, en 2010, 2011, 2014 2017, 2025 y 2028,
como puede verse en las tablas al final de este artículo.18 ¿Serán
capaces las Iglesias, aprovechando estas nuevas ocasiones, de
llegar, fieles al espíritu del concilio de Nicea, a un acuerdo para
celebrar conjuntamente la fiesta principal del culto cristiano, de
Oriente y de Occidente, el misterio pascual de la resurrección del
común y único Señor?

Sebastià Janeras
Experto en Litugias Orientales

18 Presentamos dos tablas. La primera, en un período de 10 años, presenta


las equivalencias y divergencias de Pascua según los calendarios juliano
y gregoriano. La segunda, la fecha de Pascua en todas las tradiciones:
occidental, oriental y judía, según el calendario gregoriano y por un
período de 30 años.
Una misma Pascua, fechas diversas 229

Tablas pascuales 2001-203019


Año Occidental Oriental Plenilunio Judía
2001 15 abril 15 abril 8 abril 8 abril (do)
2002 31 marzo 5 mayo 28 marzo 28 marzo (ju)
2003 20 abril 27 abril 16 abril 17 abril (ju)
2004 11 abril 11 abril 5 abril 6abril (ma)
2005 27 marzo 1 mayo 25 marzo 24 abril (do)
2006 16 abril 23 abril 13 abril 13 abril (ju)
2007 8 abril 8 abril 2 abril 3 abril (ma)
2008 23 marzo 27 abril 21 marzo 20 abril (do)
2009 12 abril 19 abril 9 abril 9 abril (ju)
2010 4 abril 4 abril 30 marzo 30 marzo (ma)
2011 24 abril 24 abril 18 abril 19 abril (ma)
2012 8 abril 15 abril 6 abril 7 abril (sa)
2013 31 marzo 5 mayo 27 marzo 26 marzo (ma)
2014 20 abril 20 abril 15 abril 15 abril (ma)
2015 5 abril 12 abril 4 abril 4 abril (sa)
2016 27 marzo 1 mayo 23 marzo 23 abril (sa)
2017 16 abril 16 abril 11 abril 11 abril (ma)
2018 1 abril 8 abril 31 marzo 31 marzo (sa)
2019 21 abril 28 abril 21 marzo 20 abril (sa)
2020 12 abril 19 abril 8 abril 9 abril (ju)
2021 4 abril 2 mayo 28 marzo 28 marzo (do)
2022 17 abril 24 abril 16 abril 16 abril (sa)
2023 9 abril 16 abril 6 abril 6 abril (ju)
2024 31 marzo 5 mayo 25 marzo 23 abril (ma)
2025 20 abril 20 abril 13 abril 13 abril (do)
2026 5 abril 12 abril 2 abril 2 abril (ju)
2027 28 marzo 2 mayo 22 marzo 22 abril (ju)
2028 16 abril 16 abril 9 abril 11 abril (ma)
2029 1 abril 8 abril 30 marzo 31 marzo (sa)
2030 21 abril 28 abril 18 abril 18 abril (ju)

19 Las tomamos de Ion Macri, «Le temps de la Pâque, una réponse dans le
cadre du dialogue entre la Science et la religion», Buletinul Universităţii
Petrol-Gaze din Ploieşti 60 (2008) 29-38. Las fechas corresponden todas
al calendario gregoriano.
EQUIVALENCIAS PASCUALES

Año Plenilunio PASCUA


Gregoriano Juliano Gregoriano Juliano equivalencia
2009 9 abril [27-III] ju 1 abril (14-IV) ma 12 abril [30-III] 6-IV (19 abril) 1 semana
2010 30 marzo [17-III] ma 21 marzo (3-IV) sa 4 abril [22-II] 22-III (4 abril) =
2011 18 abril [5-IV] lu 9 abril (22-IV) vi 24 abril [11-IV] 11-IV (24 abril) =
2012 6 abril [24-III] vi 29 marzo (11-IV) mi 8 abril [26-III] 2-IV (15 abril) 1 semana
2013 27 marzo [14-III] mi 17 abril (30-IV) ma 31 marzo [18-III] 22-IV (5 mayo) 5 semanas
2014 15 abril [2-IV] ma 5 abril (18-IV) vi 20 abri [7-IV] 7-IV (20 abril) =
2015 4 abril [22-III] sa 28 marzo (10-IV) sa 5 abril [23-III] 30-III (12 abril) 1 semana
2016 23 marzo [11-III] mi 15 abril (28-IV) ju 27 marzo [14-III] 18-IV (1 mayo) 5 semanas
2017 11 abril [29-III] ma 31 marzo (13-IV) ju 16 abril [3-IV] 3-IV (16 abril) =
2018 31 marzo [18-III] sa 24 marzo (6-IV) vi 1 abril [19-III] 26-III (8 abril) 1 semana

El equinoccio eclesiástico es siempre el 21 de marzo. Pero el 21 marzo gregoriano corresponde al 8 de


marzo juliano; y el 21 de marzo juliano corresponde al 3 de abril gregoriano.
Cuando se dan fechas del calendario gregoriano se indica entre claudátors la correspondencia en el
calendario juliano.
Cuando se dan fechas del calendario juliano se indica entre paréntesis la correspondencia en el calen-
dario gregoriano.
La fecha de Pascua es indicada siempre en negrita según el calendario gregoriano y entre claudátors o
paréntesis las equivalencias.
Alfredo López Vallejos Phase, 297, 2010/3, 231-246

PROPUESTAS
SOBRE UN CALENDARIO PERPETUO

Incluso entre iniciados en cuestiones litúrgicas posiblemente


exista alguien que no haya captado el curioso apéndice de la
Constitución conciliar Sacrosantum Concilium, acerca la revisión
del calendario, o no haya sabido interpretar el sentido del segundo
párrafo en que se hace referencia a un hipotético proyecto de un
calendario perpetuo.
En cuestiones de calendarios y cálculos para la medición del
tiempo, el mundo de la cultura tiene una deuda de gratitud con la
Iglesia, que desde siempre ha tenido un especial interés en calcular
la duración exacta de los años, para situarlos con toda precisión
en el intervalo entre dos pasos consecutivos aparentes del sol por
el punto vernal medio. La fijación eclesial no estaba dictada por
motivos meramente científicos, la Iglesia pretendía precisar con
toda exactitud el comienzo de las estaciones en el transcurso de
los meses, con el fin de poder fijar la fecha de la Pascua, y poder
así celebrarla con la mayor aproximación cronológica posible a la
fecha histórica, según el calendario judío.
No ha sido fácil llegar a una precisión matemática en la ela-
boración del calendario, ya que dependía en gran parte de los
medios y posibilidades de que se disponía en cada momento para
medir con exactitud cronométrica los fenómenos astronómicos.
Los primeros registros fueron los basados en las fases lunares
que daban origen a un cómputo mensual, el más antiguo entre
232 Alfredo López

las civilizaciones primitivas por su fácil precisión; más tarde fue


imponiéndose el cálculo anual basado en la traslación de la tierra en
su coincidencia con el punto vernal, desarrollado principalmente
entre griegos y romanos.

1. Calendario romano primitivo


El calendario romano primitivo aparece hacia el siglo III a.C.
con evidentes connotaciones del calendario lunar. El año tenía 304
días repartidos en 10 meses (4 de 31 días y 6 de 30).1
El cómputo, sin embargo, resultaba del todo impreciso res-
pecto al año solar. En tiempos de Numa, segundo rey de la primi-
tiva Roma (715-676 a.C.), se realiza la primera reforma. Cada tres
años se introduce entre el 22 y 23 de Febrero (sexto Kalendas martii)
un mes de 22/23 días alternativos, llamada Mercedonius porque en
él se pagaba a los servidores, los restantes días del mes quedaban
suprimidos. Aun a pesar de la evidente sofisticación, el año seguía
siendo impreciso pues tenía 366 días.
Mientras tanto en Egipto, durante el reinado de Ptolomeo
III (246 a 222 a. C.), tercer faraón de esta dinastía y civilización,
muy iniciada en la astronomía igualmente interesados en la
precisión de los calendarios habían observado que la estrella
Sirio, Isis, -la diosa en cuya fecha se celebraba al principio del
año civil-, cambiaba su posición un día cada cuatro años. Con-
sideraron necesario intercalar con esta periodicidad un día más
en el calendario, así quedó prescrito en el llamado “Decreto de
Canopus”, que trataba de imponer una reforma del calendario,
introduciendo los años bisiestos. Sin embargo los prejuicios de

1 El año comenzaba en Marzo, a partir del mismo se contaban Aprilis,


Majus, Janus, dedicados a los dioses, y numéricamente los restantes
Quintilis (5º), que más tarde cedería su nombre en honor del César Julius,
Sextilis (6º) que lo haría con Augustus, y September (7º), Octover (8º), Nonus
mensis (9º) December (10º), que todavía conservan el ordinal de su raíz
etimológica. Más tarde, ante su evidente imprecisión se añadirían dos
meses más dedicados a Jano y Februa Januarius, Febrarius, que eran los
que concluían un año de 354 días (4 meses de 31, 7 de 29 y uno de 27),
con una ausencia evidente de días pares en ninguno de los meses por
motivos de la superstición atribuida a los días pares.
Propuestas sobre un calendario perpetuo 233

sacerdotes de varias regiones egipcias hicieron fracasar esta


reforma.

2. Reforma juliana
En el año 47 aC (año 707 ab urbe condita) Julio César, en la
cumbre de su poder de dictador y gran pontífice, muy consciente
del desajuste de las estaciones respecto al calendario, decide
establecer una reforma decisiva. Contaba con la inestimable
colaboración de Sosígenes de Alejandría, un astrónomo y filósofo
alejandrino, conocedor sin duda de los datos del mencionado
Decreto de Canopus. De acuerdo con los cálculos de Sosígenes, la
revolución solar pudo ser precisada en 365 días y seis horas, cál-
culo asombrosamente exacto con los rudimentarios instrumentos
de la época, ya que su margen de error fue sólo de 11 minutos y 9
segundos al año, es decir, menos de dos segundos por día.
Así nació el conocido como Calendario juliano, de exclusivo
ciclo solar, con una duración de 365 días y 1/4 (6 horas), que cada
cuatro años intercalaba un día extra (para ajustar el cómputo).2 Este
calendario fue el oficial durante el Imperio romano, y adoptado
por la Iglesia para sus cómputos sobre la celebración pascual.
La Iglesia, sin embargo, siempre atenta a precisar la fecha de
la Pascua, ya antes del Concilio de Nicea (325) había apreciado
que los cálculos de Sosígenes no eran del todo exactos, aunque
tampoco contaba con ninguna competencia como para tomar
decisión alguna sobre una posible reforma del calendario. Desde
aquel primer concilio se decretó celebrar la Pascua en el “primer
domingo” después del primer plenilunio tras el equinoccio de
primavera.3

2 Día que se añadía entre el 25 y el 24 de febrero, y por ser el 24 el “sextus


kalendas martii” el día extra se llamó “bis sextus (dos veces sexto)”, de allí
la etimología del nombre de año “bisiesto”.
3 No conviene olvidar la célebre cuestión conocida como “cuartodeci-
mana” referente a la pretensión de algunas comunidades de Asia menor
por celebrar la Pascua coincidiendo con la fecha bíblica precisa del “14 de
Nisan” (cf. Ex 12,28; Lv 23,5; Nm 28,16; Dt 16), según el calendario judío,
que dio origen a una prolongada controversia en el siglo ii, en tiempos
de Policarpo de Esmirna y el papa Aniceto, reavivada años después
234 Alfredo López

3. Reforma gregoriana
A partir del I Concilio de Nicea la celebración pascual
comenzó a celebrarse según lo establecido. Aquel año el equinoc-
cio había ocurrido el día 21 de marzo. Con el transcurso de los
siglos la fecha del acontecimiento pascual, según el mencionado
cálculo anual, se había ido adelantando hasta el punto de que en
1582, el desfase era ya de 10 días, y el equinoccio se fechó aquel
año el 11 de marzo.4
El interés de la Iglesia estaba en adecuar el calendario litúrgico
de acuerdo con un cálculo astronómico más preciso, que permi-
tiera el establecimiento de la pascua y en relación con ella todas
las fiestas móviles del mismo. Para conseguirlo se hacía necesario
introducir determinadas correcciones en el calendario civil. En el
fondo, el problema era la correspondencia del calendario civil con
el año trópico o solar.
El impulsor de la reforma del calendario fue Ugo Buocom-
pagni, jurista eclesiástico, elegido Papa el 14 de mayo de 1572
bajo el nombre de Gregorio XIII. Para llevarlo a cabo constituyó
la Comisión del Calendario formada por Luis Lilio y el jesuita
alemán Christopher Clavius, que concluyó en 1582 la necesidad
de una reforma que equivalía a sustituir el calendario juliano, uti-
lizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a.C., con la
eliminación de los 10 días acumulados y una serie de mecanismos

con Policarpo de Esmirna y el papa Víctor I, resuelta finalmente según


la propuesta de la Iglesia de Roma de celebrar la Pascua en la fecha más
próxima al 14 de Nisan judío, pero siempre en domingo, como caracte-
rística específicamente cristiana.
4 El desfase provenía de un inexacto cómputo del número de días con que
cuenta el año trópico (tiempo que tarda la Tierra en completar su órbita
alrededor del Sol teniendo en cuenta dos pasos consecutivos y reales de
la Tierra por el equinoccio vernal, dura 365 días, 5 horas, 48 minutos y
45,51 segundos). Según el calendario juliano que instituyó un año bisiesto
cada cuatro, consideraba que el año trópico estaba constituido por 365,25
días. Un total de 11 minutos de menos, que contados adicionalmente a
cada año habían supuesto en los 1257 años que mediaban entre 325 y
1582 un error acumulado de aproximadamente 10 días.
Propuestas sobre un calendario perpetuo 235

correctores, que impidieran que esta anomalía pudiera volver a


darse en el futuro.
El 14 de septiembre de 1580 se aprobó la reforma, y se deter-
minó la fecha del octubre de 1582 para que entrase en vigor. A tal
fin se promulgó el uso de este nuevo calendario por medio de la
bula Inter Gravissimas (24 de febrero de 1581). La reforma grego-
riana no se limitó a la eliminación de los diez días acumulados a
lo largo de catorce siglos,5 sino que estableció al mismo tiempo
un elaborado mecanismo corrector, que impidiera un añadido
similar para los siglos siguientes,6 por lo que representaba una
auténtica reforma.
El nuevo calendario se adoptó sin dificultad en los países
donde la Iglesia católica tenía influencia. Sin embargo, en aquellos
otros territorios adheridos a la Reforma recién instaurada (protes-
tantes calvinistas y anglicanos) así como las iglesias ortodoxas,

5 Al jueves juliano 4 de octubre de 1582 le sucede el viernes gregoriano 15


de octubre de 1582, (se anulan los diez días intermedios debido a que ya
se habían contado de más en el calendario juliano). Dándose la curiosa
circunstancia de la coincidencia de la muerte de santa Teresa de Jesús
en esa fecha precisa, de forma que fallecida la santa el 4 de octubre de
1582, fue enterrada al día siguiente 15 de octubre.
6 Cuando el centro de la Tierra ha recorrido una vuelta completa en torno
al Sol y ha regresado a la misma “posición relativa” en que se encontraba
el año anterior, se han completado 365 días y un poco menos de un cuarto
de día (0,242189074 para ser más exactos). Para hacer coincidir el año
con un número entero de días se requieren ajustes periódicos cada cierta
cantidad de años.
El mecanismo consistía, y todavía se mantiene en la actualidad, en hacer
que de la regla general del bisiesto cada cuatro años, se exceptúen los
años múltiplos de 100 (final de siglo), excepción que a su vez admite otra
excepción, la de los años múltiplos de 400 (aquellos finales de siglo cuyas
dos primeras cifras sean múltiplo de 4), que sí deberán ser bisiestos.
La nueva norma de los años bisiestos se formuló del siguiente modo:
la duración básica del año es de 365 días; pero serán bisiestos (es decir
tendrán 366 días) aquellos años cuyas dos últimas cifras son divisibles
por 4, exceptuando los múltiplos de 100 (1700, 1800, 1900... no son
bisiestos), de esta norma se exceptúan a su vez aquellos cuyas dos
primeras cifras sean divisibles por cuatro (1600, 2000, 2400... sí deberán
serlo). Con este mecanismo corrector se conseguía que el calendario
gregoriano ajustase a 365,2425 días la duración del año, lo que deja una
diferencia de 0,000300926 días o 26 segundos al año de error. Este error
será acumulativo hasta alcanzar un día cada 3300 años.
236 Alfredo López

este calendario no se implantaría hasta varios años (o siglos)


después.7

4. Otras propuestas de reforma


Debido a que el número días del año varía entre 365 y 366,
y a que ninguna de estas dos cantidades es múltiplo de siete, la
disposición de los días semanales en el calendario varía no sólo
cada año sino incluso cada mes. Este hecho, junto con la arbitraria
duración de los meses (de 28 a 31 días) ha hecho que desde el siglo
xix haya habido diversos intentos para conseguir una mayor racio-
nalización y una reforma del calendario que pudiera considerarse
más racional.
Merecen ser recordados algunos intentos de clara orientación
sectaria como es el calendario revolucionario de Napoleón que
pretendía variar incluso la periodicidad semanal.8 Esta referencia

7 Las Iglesias ortodoxas, a pesar de que en sus países el calendario


gregoriano es el oficial, (excepto la de Finlandia) siguen utilizando el
calendario juliano (o modificaciones del mismo, diferentes al calendario
gregoriano). Sin embargo, fuera de un calendario eclesiástico, diverso en
algunos países, el calendario gregoriano es el que se considera práctica-
mente como base para el establecimiento del año civil en todo el mundo,
incluyendo los países con un año eclesiástico o religioso diferente al que
se estableció en la reforma gregoriana del siglo xvi.
Resulta también reseñable otra circunstancia en torno a estas fechas de
la reforma del calendario, la referente a la fecha de la muerte de los dos
grandes genios de la literatura española e inglesa: Miguel de Cervantes
y William Shakespeare. Ambos murieron en el mismo día del mismo
mes y año: el 23 de abril de 1616. Sin embargo no consta su muerte en
la misma fecha, ya que por no haberse aceptado todavía en el Reino de
Inglaterra la reforma gregoriana de la supresión de los 10 mencionados
días (como se haría un siglo después en 1752), la fecha de la muerte de
William Shakespeare, figura como el 3 de Mayo de 1616 según el calen-
dario gregoriano (23 de abril según el calendario juliano).
8 Aunque efímeramente conviene recordar la reforma del calendario
republicano en tiempos de Napoleón Bonaparte adoptado por la
Convención Nacional Francesa según las propuestas del matemático
Joseph-Louis Lagrange. Intentaba adaptar el calendario al sistema
decimal, considerado en aquel momento el único racional, eliminando
al mismo tiempo todo tipo de referencias religiosas. Comenzaba el año
el 22 de septiembre de 1792 del calendario gregoriano, equinoccio de
otoño y día de proclamación de la Republica, en el Juego de Pelota.
Propuestas sobre un calendario perpetuo 237

al “primer día de la semana” ha sido considerada en el cristianismo


como elemento irrenunciable, por estar asociada, desde sus oríge-
nes, con la celebración del “Dominicus”, Día del Señor,9 recordatorio
permanente y memorial cíclico de la resurrección de Cristo, que
ha de ser considerado como el “día festivo primordial”.10
Dejando de lado como anecdótica la mencionada reforma el
calendario de la Revolución francesa, por su sectario racionalismo
que motivó tan efímera duración, lo cierto es que se mantenía un
deseo de una mayor racionalización en la medida del tiempo. De
hecho durante el pasado siglo xx se han producido diversos inten-
tos de reforma, desde una primera reunión en 1914, convocada a
tal efecto en Bruselas por la Cámara de Comercio de Bélgica y a lo
largo del primer cuarto de siglo, hasta la denominada “Calendario
universal”, presentada en 1954 en la Organización de las Naciones
Unidas.11
Quedaría hacer referencia a la propuesta auspiciada por la
ONU en 1954, para la elaboración de un calendario fijo interna-
cional, con el fin de conseguir el año más regular y equilibrado

En el calendario republicano, los años siempre empezaban en el


equinoccio de otoño, tenían 12 meses de 30 días cada uno, a los que se
añadían 5/6 días denominados complementarios. La novedad más
arbitraria era los meses divididos en tres décadas de 10 días, con lo
que desaparecían las semanas. Los nombres de los meses adoptaban la
insólita denominación de los fenómenos naturales y de la agricultura,
atribuidos a Fabre d’Églantine: Otoño: Vendémiaire, Brumaire, Frimaire,
Invierno: Nivôse, Pluviôse, Ventôse, Primavera: Germinal, Floréal, Prairial,
Verano: Messidor, Thermidor, Fructidor. Los días de la semana adquieren
sus correspondientes ordinales: primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi,
sextidi, septidi, octidi, nonidi, décadi. Este sofisticado calendario fue de
aplicación civil en Francia y sus colonias americanas y africanas, hasta
1806 en que el mismo Napoleón Bonaparte lo suprime junto a otros
signos de la democracia republicana el 1 de enero de 1806 en parte para
congratularse con la Iglesia católica.
9 Dimanche, en francés, domenica, en italiano, y domingo, en castellano,
todavía conservan esta referencia semántica cristiana, mientras que
sontag, en alemán, y sunday, en inglés, mantienen la astral primitiva “día
del sol”.
10 SC 106; Instrucción Eucharisticum mysterium 25; NUAL 1, 3.
11 Entre 1923 y 1937 se propusieron en la entonces denominada “Liga
de Naciones” unos 200 modelos diferentes de Calendario universal,
llegando incluso a crearse en 1930 la World Calendar Association.
238 Alfredo López

propone dividir el año en 13 meses de 28 días cada uno12, que


sumarían 364, a los que se añadiría todos los años un día festivo
universal suplementario al comienzo del año y en los años bisies-
tos se añadiría otro al comienzo del segundo semestre. Estos
días embolísticos no corresponderían a ningún mes ni semana
y podrían estar dedicados a la paz universal o a la naturaleza. El
mes adicional se situaría entre junio y julio. Según este modelo de
calendario el año sería exactamente de 52 semanas sin días adicio-
nales, los trece meses serían exactamente iguales: los domingos
serían siempre el 1, 8, 15 y 22 de y todos los meses de cada año
comenzarían sistemáticamente en domingo y terminarían inva-
riablemente en sábado.13
Esta propuesta14 nacía de un intento por sistematizar el cóm-
puto de los días dentro de cada mes y de cada año, al objeto de
facilitar cálculos matemáticos, no sólo con años, sino también con
meses y semestres homogéneos, en función de proyectos astro-
nómicos y tratamientos espaciales, para los que no resulta viable
utilizar el actual calendario, por la variabilidad en la duración de
los meses.

12 En este modelo se mantiene la semana de siete días como referencia


básica, que actuaría también como unidad cronológica, integrada en
nuestro calendario, pese a que no tiene ninguna relación matemática ni
con los 365 días del año ni con los 29 de una lunación.
13 Por coincidencia de fechas y dada la actualidad que en tiempos del
Concilio tenía la propuesta de la ONU, es ciertamente a esta proyecto al
que hace referencia el Apéndice del Sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano
II sobre la revisión del Calendario, al final de la Sacrosantum Concilium. Este
proyecto, aunque propiciado por la ONU, apoyado por prestigiosas
universidades y numerosos laboratorios y centros de investigación y aun
sin haber encontrado mayor oposición ni por parte del mundo científico,
ni de la sociedad, parece haber quedado relegado en el olvido, pues no
ha vuelto a ser mencionado, desde la última década del siglo xx.
14 Así como otra variante menos ambiciosa, que se limitaban a proponer un
año dividido en cuatro trimestres de 91 días, con trece semanas cada uno,
con lo que todos los trimestres comenzarían el mismo día de la semana
(no así todos los meses). Modelo que también requeriría el complemento
de los días embolísticos.
Propuestas sobre un calendario perpetuo 239

5. Salvaguarda de la semana como referencia fundamen-


tal cristiana
La Iglesia, como no podía ser diversamente, manifiesta una
actitud abierta ante estos razonables intentos de conseguir una
mayor precisión y racionalización en la medición del tiempo cro-
nológico, como queda señalado en el Apéndice de la Sacrosantum
Concilium: del mismo modo que “no se opone a que la fiesta de
Pascua se fije en un domingo determinado dentro del calendario
gregoriano, con tal de que den su asentimiento todos los que están
interesados, especialmente los hermanos separados de la comu-
nión con la Sede Apostólica”.
Tampoco “se opone a los diversos proyectos que se están
elaborando para establecer el calendario perpetuo e introducirlo
en la sociedad civil, con tal que conserven y garanticen la semana
de siete días con el domingo, sin añadir ningún día que quede al
margen de la semana, de modo que la sucesión de las semanas se
mantenga intacta, a no ser que se presenten razones gravísimas,
de las que juzgará la Sede Apostólica”.
Sin embargo la vinculación eclesial al cómputo semanal resulta
tan fundamental, hasta el punto de presentarse como incuestio-
nable. El domingo aparece esencial, no sólo como hecho histórico,
sino también en la evocación simbólica, teológica y litúrgica que
tiene este particular día de la semana, referencia esencial a la
resurrección del Señor “el primer día de la semana” (cf. Mt 28,1;
Mc 16,9; Lc 24,1.13; Jn 20,1.19) “el día siguiente al sábado” (cf. Mt
28,1; Mc 16,1 así como a las reiteradas apariciones y comidas con
el resucitado (cf. Lc 24,41; Jn 21,1-24; Hch 1,4; 10,41) con el ritmo
siempre invariable de “ocho días después” (cf. Jn 20,26).
Los apóstoles son testigos de la presencia del resucitado (cf.
Hch 1,2.22; 2,32; 3,15; 5,32), que desde un principio han asociado
a este día de la semana, hasta el punto que ese particular día de la
semana tiene desde entonces para todos los cristianos una refe-
rencia irrenunciable, no sólo con la resurrección, sino con el Señor
resucitado, que sigue haciéndose presente en medio de su Iglesia
a través de los signos sacramentales.
Para los cristianos la medición del tiempo cronológico y la ela-
240 Alfredo López

boración de calendarios no es algo esencial, tan sólo lo es en cuanto


referencia al hecho fundamental de la resurrección de Cristo, aso-
ciado desde los orígenes mismos de la fe cristiana, tanto a la Pascua
anual como a la semanal establecidas, desde el primer concilio de
la Iglesia (I Nicea del año 325), en el domingo siguiente al primer
plenilunio posterior al equinoccio de primavera, y perfectamente
consolidado en el “dies Dominicus”, desde el primer siglo.
La Iglesia vela celosamente por la permanencia de ambas
referencias; no en vano se ha llegado a afirmar con gran significati-
vidad profética y simbólica que si la Iglesia consigue salvaguardar
el domingo, el domingo será quien salvaguarde a la Iglesia.

Alfredo López Vallejos


Pamplona (Navarra)
ANEXO

1. Sacrosanctum Concilium. apéndice: determina-


ciones sobre el calendario perpetuo
Declaración del sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II sobre
la revisión del calendario
El sacrosanto Concilio Ecuménico Vaticano II, reconociendo la
importancia de los deseos de muchos con respecto a la fijación de la
fiesta de Pascua en un domingo determinado y a la estabilización del
calendario, después de examinar cuidadosamente las consecuencias
que podrían seguirse de la introducción del nuevo calendario, declara
lo siguiente:
1. El sacrosanto Concilio no se opone a que la fiesta de Pascua se
fije en un domingo determinado dentro del Calendario Gregoriano,
con tal que den su asentimiento todos los que estén interesados,
especialmente los hermanos separados de la comunión con la Sede
Apostólica.
2. Además, el sacrosanto Concilio declara que no se opone a
las gestiones ordenadas a introducir un calendario perpetuo de la
sociedad civil.
La Iglesia no se opone a los diversos proyectos que se están ela-
borando para establecer el calendario perpetuo e introducirlo en la
sociedad civil, con tal que conserven y garanticen la semana de siete
días con el domingo, sin añadir ningún día que quede al margen de la
semana, de modo que la sucesión de las semanas se mantenga intacta,
a no ser que se presenten razones gravísimas, de las que juzgará la
Sede Apostólica.

2. Propuesta de calendario perpetuo


Ofrecemos a continuación la propuesta de calendario perpetuo
que el arzobispo polaco Antonio Baraniak preparó ayudado por el
sacerdote jesuita Julio Piskorek y que publicó en 19651 con las siguien-

1 A. Baraniak – I. Piskorek, Calendarium simplex et perpetuum secundum


declarata Concilii Vaticani II. Memoriale scriptum Commissionum Sedis
242

tes indicaciones para que fuera sancionado por decreto eclesiástico y


por decreto civil en la ONU:

1. El año oficial tiene 364 días, está dividido en 13 meses iguales


sin excepción, de 28 días, que se dividen en 4 semanas íntegras de 7
días.
2. El nombre del nuevo mes es “Pacífico”, en memoria de la paz
y de la unión, que es el mayor problema de nuestros tiempos y el
máximo deseo de todos los pueblos.
3. Se establece el “Domingo Largo” para que iguale totalmente el
año oficial (364 días) con el año solar trópico (365,24219879):
a) reduciendo los distintos espacios de 24 horas que sobrarían de
la división y comparación del año oficial con el solar a un día oficial:
el 14 de Pacífico, que coincida con el afelio de la tierra para que cons-
tituya la verdadera mitad del año;
b) indicando estos espacios distintos de modo simplísimo y tra-
dicional: día 14 de Pacífico, segundo día 14 de Pacífico (14 Pacifici bis),
y en el año intercalado, tercer día 14 de Pacífico (14 Pacifici ter).
4. El día séptimo de la semana se tendrá como festivo y santo.
5. El nuevo calendario obligará desde el domingo día 21 de marzo
del año 1965, el cual será siempre el equinoccio de primavera, como
estableció el Concilio de Nicea.

De todo esto se obtendrá:


1. Establecer un calendario según las disposiciones de la constitu-
ción de liturgia del Concilio Vaticano II, según los decretos del Concilio
de Nicea, según los deseos de los pueblos y de diversas religiones.
2. La máxima simplicidad, transparencia y comodidad de un
calendario para todos.
3. La concordancia perfecta del año oficial con el año solar conso-
lidada para siempre en el fundamento de las ciencias por el cómputo
gregoriano.

Apostolicae discussioni propositum, Roma: Typis Pontificiae Universitatis


Gregorianae 1965, 34 pp.
JANUARIUS (1) FEBRUARIUS (2) MARTIUS (3)
Kal Kal. Kal.
Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet.
st. st. st.

1 Octava Nativ. 4 1 1 1 1

2 5 2 2 2 2

3 6 3 3 3 Cinerum 3

4 7 4 4 4 4

5 8 5 5 5 5

6 EPIPHANIA DNI. 9 6 Purificatio BVM 6 6 6

D 7 I p. EPIPH. 10 D 7 V p. EPIPH. 7 D 7 I QUADRAG. 7

8 11 8 8 8 8

9 12 9 9 9 9

10 13 10 10 10 10

11 14 11 11 11 11

12 15 12 12 12 12

13 16 13 13 13 13

D 14 II p. EPIPH. 17 D 14 SEPTUAGES. 14 D 14 II QUADRAG. 14

15 18 15 15 15 15

16 19 16 16 16 16

17 20 17 17 17 17

18 ♒ 21 18 18 18 18

19 22 19 19 19 19

20 23 20 ♓ 20 20 20
III QUADRAG. 21
D 21 III p. EPIPH. 24 D 21 SEXAGES. 21 D 21
♈ *
22 25 22 22 22 22

23 26 23 23 23 23

24 27 24 24 24 24

25 28 25 25 25 25

26 29 26 26 26 26

27 30 27 27 27 27

D 28 IV p. EPIPH. 31 D 28 QUINQUAGES. 28 D 28 IV QUADRAG. 28


♒ SIGNA ZODIACALIA * ÆQUINOCTIUM VERNALE
APRILIS (4) MAJUS (5) JUNIUS (6)
Kal Kal. Kal.
Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet.
st. st. st.

1 29 1 26 1 24

2 30 2 27 2 25

3 31 3 28 3 26
ASCENSIO
4 1 4 29 4 DNJX 27

5 2 5 30 5 28

6 3 6 1 6 29

D 7 PASSIONIS 4 D 7 II p. PASCHA 2 D 7 VI p. PASCHA 30

8 5 8 3 8 31

9 6 9 4 9 1

10 7 10 5 10 2

11 8 11 6 11 3

12 9 12 7 12 4

13 10 13 8 13 VIGILIA 5

D 14 PALMARUM 11 D 14 III p. PASCHA 9 D 14 PENTECOSTES 6


F. T. PENT.
15 12 15 10 15 7

16 13 16 11 16 8

17 Hebdomada sancta 14 17 12 17 9

18 15 18 13 18 10

19 16 19 14 19 11

20 DNJX 17 20 15 20 12
D 21 P.RESURRECTIONIS 18 D 21 IV p. PASCHA 16 D 21 S. S. TRINITATIS 13
PASCHA
22 19 22 17 22 14

23 ♉ 20 23 18 23 15

24 21 24 19 24 NATIV. S.J.B. 16

25 22 25 20 25 CORPORIS Xti. 17

26 23 26 ♊ 21 26 18

27 24 27 22 27 19

D 28 In Albis 25 D 28 V p. PASCHA 23 D 28 II p. PENT. 20


PACIFICUS (7) JULIUS (8) AUGUSTUS (9)
Kal Kal. Kal.
Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet.
st. st. st.

21
1 1 20 1 17
**
2 22 2 21 2 18

3 23 3 22 3 19

4 24 4 23 4 20

5 S. S. Cordis Jesu 25 5 ♌ 24 5 21

6 26 6 25 6 22

D 7 III p. PENT. 27 D 7 VII p. PENT. 26 D 7 XI p. PENT. 23

8 28 8 27 8 ♍ 24

9 29 9 28 9 25

10 30 10 29 10 26

11 1 11 30 11 27
Julius

12 2 12 31 12 28

13 3 13 1 13 29
APHELIUM August.

DOMINICA 4
D 14 LONGA 5 D 14 VIII p. PENT. 2 D 14 XII p. PENT. 30
29.Feb
IV p. PENT. bis, ter

F. XTI. REGIS
15 6 15 3 15 Assumptio BVM 31

16 7 16 4 16 1

17 8 17 5 17 2

18 9 18 6 18 3

19 10 19 7 19 4

20 11 20 8 20 5
D 21 V p. PENT. 12 D 21 IX p. PENT. 9 D 21 XIII p. PENT. 6
22 13 22 10 22 7

23 14 23 11 23 8

24 15 24 12 24 9

25 16 25 13 25 10

26 17 26 14 26 11

27 18 27 15 27 12
** SOLSTITIUM ÆSTIVUM
SEPTEMBER OCTOBER NOVEMBER DECEMBER
(10) (11) (12) (13)
Kal Kal. Kal. Kal.
Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet. Kal. novi stili vet.
st. st. st. st.

1 14 1 12 1 9 1 7

2 15 2 13 2 10 2 8

3 16 3 14 3 11 3 9

4 17 4 15 4 12 4 10

5 18 5 16 5 13 5 11

6 19 6 17 6 14 6 12
XV p. XIX p. XXIII p. III
D 7 PENT. 20 D 7 PENT. 18 D 7 PENT. 15 D 7 ADVENT. 13

8 21 8 19 8 16 8 IMMACULATA
CONC.BVM
14

9 22 9 20 9 17 9 15

10 23 10 21 10 18 10 16
24
11 11 22 11 19 11 17
♎ ***
12 25 12 23 12 20 12 18

13 26 13 24 13 21 13 19

XVI p. XX p. XXIV p. IV
D 14 PENT. 27 D 14 PENT. 25 D 14 PENT. 22 D 14 ADVENT. 20

15 28 15 26 15 ♐ 23 15 21

16 29 16 27 16 24 16 22
♑ ****

17 30 17 28 17 25 17 23

18 1 18 29 18 26 18 24
Octob.

19 2 19 30 19 27 19 25

20 3 20 31 20 28 20 26

D 21
XVII p.
4 D 21
XXI p. 1 D 21 I ADVENT. 29 D 21 VIGILIA
27
PENT. PENT. Novem. NATIV.

NATIVI-
22 5 22 2 22 30 22 TAS Dni. 28

23 6 23 3 23 1 23
S. STEPHANI
29
Decem.

24 7 24 4 24 2 24 30

25 8 25 5 25 3 25 31

26 9 26 6 26 4 26 1
Januar.

27 10 27 7 27 5 27 PERIHELIUM
2
XVIII p. XXII p.
D 28 PENT. 11 D 28 PENT. 8 D 28 II ADVENT. 6 D 28 3
*** ÆQUINOCTIUM AUTOMNALE **** SOLSTITIUM HIEMALE (BRUMA)
Punto de vista

AÑO LITÚRGICO
EN EL HEMISFERIO SUR

La configuración del Año litúrgico nació en el área europea y


mediterránea y por tanto está influenciado por el ciclo de estaciones
del año del hemisferio norte. De aquí que algunas fiestas litúrgicas
tengan su origen en las estaciones del año y en las celebraciones
con ellas relacionadas, tal es el caso, entre otros, de la Pascua, Pen-
tecostés, Navidad, san Juan Bautista, san Miguel arcángel.
Es seguro, que para fijar la fecha de estas fiestas, así como sus
textos eucológicos y ritos, jugaron un papel decisivo ciertos ele-
mentos y fenómenos cósmicos. Pero, el simbolismo de la Pascua
unida al renacer de la naturaleza no se da en el hemisferio sur donde
la Pascua se celebra siempre en los comienzos del otoño. También
la Navidad, momento en que en el hemisferio norte comienzan
a aumentar las horas de luz del día, con la significación teológica
de celebrar que ha nacido Cristo, la luz verdadera que ha vencido
a las tinieblas del pecado y de la muerte, no se da en el hemisferio
sur en el que, por el contrario, comienzan a disminuir las horas
de luz durante el día. Con la fiesta de san Juan Bautista (“yo tengo
que disminuir para que él crezca”: Jn 3, 30) en el hemisferio norte
comienzan a disminuir las horas de la luz sobre las de la noche,
que es lo contrario a lo que sucede en el hemisferio sur.
Frente a esta situación, con sus implicancias teológico-pasto-
rales, surgen varios interrogantes, por ejemplo: ¿qué soluciones
tenemos?, ¿es posible cambiar las fechas y hacer un calendario
para el hemisferio sur?, ¿qué posibilidades de adaptación son
248 Punto de vista

viables? Para esto ofrecemos, en forma sintética, unos principios


de la teología litúrgica acerca del Año litúrgico, los cuales, en un
segundo momento, servirán de fundamento para analizar algunas
de las fiestas anteriormente mencionadas.

1. Principios teológicos
1.1. Año litúrgico: Celebración memorial del misterio de Cristo a lo
largo del año
El Año litúrgico es el resultado de un largo proceso en el que
se han dado cita innumerables factores, unos de tipo histórico y
otros de tipo catequético y teológico. En la Iglesia de los primeros
siglos no se conocía otra estructura organizativa de la celebración
del misterio de Cristo a lo largo del tiempo que la solemnidad
de la Pascua con su celebración semanal: el Domingo. Sin lugar
a dudas que el Año litúrgico hebreo influyó en la configuración
el año cristiano, aunque el cristianismo tomó de la herencia judía
aquello que era válido desde la nueva situación de la muerte y
resurrección del Señor.
Con el paso del tiempo la Iglesia irá dando forma y ordenando
la vivencia y el recuerdo de la obra salvífica cumplida en Cristo y
que encuentra adecuada expresión y actualización en la vida de los
fieles y en la liturgia. Por ello, la Iglesia ha multiplicado las formas
de inserción de la presencia salvadora de Cristo en el tiempo y
la historia. El Año litúrgico es una de estas formas a través de la
cual Cristo sigue actuando ininterrumpidamente en el tiempo y
el hombre puede entrar en contacto con todos y cada uno de los
acontecimientos de la salvación de la vida de Jesús, especialmente
con su muerte redentora (cf. SC 102).
El Año litúrgico es, por consiguiente, el año de Cristo que vive
de él, recordando y haciendo presente el poder de la salvación
de cada uno de los hechos salvíficos de la vida de Jesús, desde la
encarnación hasta la última venida gloriosa al fin de los tiempos.
El núcleo histórico-genético del Año litúrgico lo constituye
la Pascua del Señor. La Pascua de Cristo comprende la Pasión, la
Muerte, el descenso a los infiernos –aspecto descendente: humilla-
ción– la Resurrección y la Ascensión –aspecto ascendente de exalta-
Punto de vista 249

ción- con el consiguiente don del Espíritu Santo que tendrá su plena
manifestación en Pentecostés –comunión de vida–. El Misterio
Pascual es el misterio en el cual el Hijo de Dios, encarnado y hecho
obediente hasta la muerte en cruz, es de tal manera exaltado en la
Resurrección y en la Ascensión, hasta poder comunicar al mundo
su vida divina, a fin de que los hombres, muertos al pecado y con-
figurados con Cristo, “no vivan para sí mismos, sino para aquel
que por ellos murió y resucitó” (2 Cor 5, 15).
Cada uno de los misterios del Señor celebrados en el curso
del Año litúrgico no es independiente ni aislado del conjunto. En
realidad viene a ser un momento y un aspecto del único misterio
de Cristo: el Misterio Pascual. De aquí la centralidad del misterio
de Cristo en el Año litúrgico, siendo éste la presencia de un modo
sacramental ritual del misterio/misterios de Cristo en el tiempo.
Como ha dicho Pío XII el Año litúrgico es una Persona: “Cristo
mismo, presente en su Iglesia” [Mediator Dei: AAS 39 (1947) 580]. El
Año litúrgico, en su esencia, es Cristo mismo que actúa su Misterio
en la Iglesia. Éste es su contenido teológico.

1.2. El Año litúrgico: Presencia sacramental de Cristo glorioso


Otra dimensión a tener en cuenta es que el Año litúrgico
actualiza sacramentalmente el misterio de la salvación. La pre-
gunta es cómo la salvación se hace presente en este tiempo. Para
esto debemos tener presente que el Año litúrgico tiene un carácter
sacramental, es decir, es un signo que manifiesta y hace presente
en modo eficaz la potencialidad de la salvación de la Pascua para
los creyentes. Es una presencia in mysterio, como dicen los Padres
de la Iglesia, es decir, real, pero bajo los signos sacramentales.
El Año litúrgico consiste en hacer memoria de la salvación,
cumplida en Cristo invocando al Espíritu Santo, para que se cumpla
en nosotros, hoy, el evento de la salvación del cual se hace memoria.
Por ello, el Año litúrgico es la presencia en modo sacramental ritual
del misterio de Cristo en el círculo del año. Celebra las grandes
acciones de Cristo, en las cuales se manifiesta y realiza el designo
salvífico de Dios. Pero no son las acciones humanas de Cristo en
su aspecto humano de lugar y de tiempo, sino en su aspecto de
acciones salvadoras del Verbo que se expresa en su humanidad,
250 Punto de vista

trascendiendo el lugar y el espacio y alcanza la totalidad de su


cuerpo, que es la Iglesia. No se trata de una reproducción dramática
de la vida terrena de Cristo; la realidad última de cada celebración
es siempre la totalidad del único misterio de Cristo.
En estrecha relación con la dimensión sacramental del Año
litúrgico, está el lenguaje litúrgico. El lenguaje es el conjunto de
códigos, signos que adoptamos para ponernos en relación con
los otros y con Dios. En la liturgia tenemos un lenguaje verbal
y gestual, icónico-visual, musical-auditivo, rítmico-temporal y
espacial-arquitectónico. El Año litúrgico como “signo”sacramental
expresa el misterio de Cristo con un lenguaje determinado.

2. Análisis de algunas fiestas


A la luz del primer principio teológico expuesto anterior-
mente, queda claro que el Misterio pascual de Cristo es el eje
sobre el cual gira el Año litúrgico y sus fiestas. Cada fiesta, incluso
aquellas que conmemoran diversos aspectos del misterio de Cristo,
como la Navidad, está centrada en su muerte y resurrección. Esta
consideración teológica es un principio básico que debe ser tenido
en cuenta en el proceso de adaptación de las fiestas litúrgicas. Las
formas de la celebración del Año litúrgico consisten fundamental-
mente en la Eucaristía y la Liturgia de las Horas (Normas universales
del Año litúrgico y del Calendario núm. 3) y otras acciones litúrgicas
propias de las fiestas y de los tiempos litúrgicos.
Teniendo en cuenta el segundo principio teológico ante-
riormente mencionado, estas formas de la celebración del Año
litúrgico, tienen una dimensión sacramental ritual del misterio de
Cristo, que se expresa a través de específicos elementos litúrgicos
como los textos eucológicos, los símbolos, la fecha y el tiempo de
la celebración.
En el proceso de adaptación, el contenido del Año litúrgico
debe ser salvaguardado al ser plasmado en expresiones culturales
conforme a las necesidades de la población. El proceso de adapta-
ción no implica necesariamente el cambio o el traslado de la fecha.
Así por ejemplo las de Pascua y de Navidad están universalmente
aceptadas -en particular ésta última es celebrada civilmente en
Punto de vista 251

Uruguay como el día de la familia- en el hemisferio sur. Cambiar


o trasladar las fiestas de Pascua en la primavera y la Navidad en el
invierno traería más problemas. Este no es el caso de las rogativas
y las témporas, que es mejor celebrarlas en las estaciones de plan-
tación y de cosecha que corresponde a cada hemisferio.
Pero hay una motivación más profunda que la de no crear
mayores problemas. Por eso aplicaremos los principios teológi-
cos de la primera parte de este aporte a tres fiestas particulares
que tienen una referencia cósmica y que por lo tanto es diversa la
situación en el hemisferio norte que en el hemisferio sur: la Pascua,
la Navidad y el nacimiento de san Juan Bautista.

2.1. La fiesta de Pascua y la primavera


Veamos en primer lugar la “fiesta de la Pascua”. Es verdad
que la fiesta de la Pascua en el hemisferio norte coincide con una
serie de circunstancias cósmicas: la primavera, el equinoccio y la
luna llena. Por otra parte, la tradición cristiana, inspirándose en
la tradición hebrea, ha considerado la Pascua como aniversario de
la creación. Todo esto ha contribuido a consolidar la impresión de
que la Pascua es una fiesta de primavera. Pero, en la Pascua ¿qué
estamos celebrando? ¿celebramos el renacimiento periódico de
la vida, de la luz?
La liturgia cristiana no celebra el rodar cíclico y permanente de
las estaciones, sino las intervenciones salvíficas de Dios en la histo-
ria, que culminan en Cristo, en su Pascua. Esto es lo que la liturgia
celebra (primer principio teológico) tanto en la Pascua como en
cualquier otra celebración cristiana. Es indudable que el fenómeno
cósmico de la primavera, en cuyo marco se celebra la Pascua en el
hemisferio norte, y las referencias a la creación primordial ofrecen
a la celebración unas analogías impresionantes con el contenido
salvífico y regenerador de la Pascua que apoyan o favorecen su
comprensión y celebración. Pero el contenido nuclear de la Pascua
es el triunfo de Cristo sobre la muerte. Interpretar la Pascua con
referencia exclusiva o prioritaria a la primavera, desvinculándola
del acontecimiento pascual de Cristo, es privarla de su contenido
fundamental y definitivo. La única referencia válida que da sentido
252 Punto de vista

a la Pascua es la evocación del acontecimiento pascual de Cristo,


sea cual sea su entorno cósmico. 1
Es interesante constatar como ya desde los primeros siglos
hay una conciencia clara de la centralidad de Cristo, el cordero
pascual, como fundamento del Año litúrgico, por encima de las
estaciones. Así por ejemplo, en una Homilía Pascual de un Autor
antiguo, leemos:
El año, en efecto, es como un símbolo de la eternidad, ya que, una
vez terminado su curso, vuelve siempre a recomenzar su ciclo. Y
Cristo, el padre sempiterno, se ha ofrecido por nosotros en sacrificio
y, considerando como si nuestra vida anterior no hubiera pasado en
el tiempo, nos da el principio de una segunda vida, mediante el baño
de la regeneración, imagen de su muerte y resurrección. 2
También, en la cúpula de San Vital de Ravena, vemos el
Cordero místico rodeado de una corona de follaje con frutos sim-
bolizando las cuatro estaciones mediterráneas. De esta forma se
representa el año como símbolo de la eternidad y donde el Cordero
se inmola desde antes de la creación del mundo.
La adaptación de esta fiesta en el hemisferio sur debería
referirse al área del lenguaje y de los símbolos (segundo principio
teológico), 3 para que de este modo el mensaje teológico de la fiesta
de la Pascua salve la contradicción estacional. Así por ejemplo hay
diversos Himnos en la edición castellana de la Liturgia de las Horas
en cuatro tomos para la Pascua y el Tiempo pascual con referencia
a la primavera, especialmente a través de la imagen del renacer de
las flores. En este caso, deberían ser sustituidos por otros, tal como
lo prevé la misma Ordenación General de la Liturgia de las Horas
(n. 178). Así, por ejemplo, nos encontramos con estas estrofas hím-
nicas: “Mueva el Espíritu al aura en el jardín de la vida. Las flores
huelan la Pascua de la carne sin mancilla” (Laudes, Domingo de
Pascua y Domingos del tiempo pascual); “Cristo el Señor, como

1 Cf. J. M. Bernal, Iniciación al Año litúrgico, Madrid: Cristiandad 1984,


88-91.
2 De una Homilía pascual de un autor antiguo: PG 59, 723-724. Es la
segunda lectura del Oficio de lectura del Lunes II del tiempo pascual.
3 Cf. A. J. Chupungco, Liturgies of the future, New York: Paulist Press 1989,
163-170, aquí 165.
Punto de vista 253

la primavera, como una nueva aurora resucitó” (Oficio de lectura,


Lunes del Tiempo pascual); “Todo es de flores la fiesta, flores de
finos olores, mas no se irá todo en flores, porque flor de frutos es
ésta” (Laudes, lunes del Tiempo pascual); “Tu cuerpo es ramo de
abril y blanca flor del espino, y el fruto que nadie sabe tras la flor
eres tú mismo” (Vísperas, Viernes del Tiempo pascual); “De gozo
reverdecen los valles y praderas, los pájaros y flores, su canto y
su color; celebran con los hombres la eterna primavera del día y
la victoria en que el Señor actuó”(Laudes, Sábados del Tiempo
pascual).

2.2. La fiesta de Navidad y el solsticio de invierno


Un planteo semejante se puede hacer a la “fiesta de la Navi-
dad”. En el hemisferio norte coincide con el solsticio de invierno, en
donde el frío se recrudece y los días se van mermando al máximo.
Por la historia de esta fiesta se sabe, que si bien celebra el nacimiento
del Señor, en su origen venía a sustituir a una fiesta pagana, que
por sus referencias cósmicas, bien podrían considerarse como una
auténtica fiesta de invierno. La Navidad aparece vinculada, en su
origen al culto solar, ampliamente extendido en todo el Imperio
romano durante el siglo III –el dies natalis solis invicti- hasta que la
Iglesia, luego de un tiempo, lo sustituyó por la celebración del naci-
miento de Cristo. El choque de la festividad cristiana con los cultos
solares paganos que, en cierto sentido, sirvieron de plataforma
original a la fiesta cristiana y brindaron al cristianismo elemen-
tos simbólicos de carácter cósmico en relación con el solsticio de
invierno y con el tema de la luz. Todos estos elementos constituyen
una gran fuente de inspiración para los compositores de textos
litúrgicos y los predicadores que vieron en Cristo al verdadero sol
de justicia que ilumina y da la vida a los hombres. 4
Pero estos elementos de carácter simbólico-cósmico afectan
más al lenguaje o la expresión poético-literaria que al contenido
mismo de la fiesta. Así por ejemplo en la Liturgia de las Horas nos
encontramos con estas estrofas hímnicas: “Alegría de nieve por los

4 Cf. J. M. Bernal, Iniciación al Año litúrgico, 209.


254 Punto de vista

caminos” (Oficio de lectura desde el 17 hasta el 24 de diciembre);


“Poner paz en tanta guerra, calor donde hay tanto frío” (Laudes
Tiempo de Navidad hasta la Epifanía).
La Iglesia nunca celebró el nacimiento del sol, sino el naci-
miento de Jesucristo, que dentro de un lenguaje simbólico es el
verdadero sol de justicia. Los condicionamientos cósmicos consti-
tuyen la plataforma en que se sitúa la fiesta, pero nunca han cons-
tituido el contenido de la misma. Por lo tanto, en el hemisferio sur,
donde la Navidad se celebra en verano la fiesta mantiene el mismo
contenido cristiano. Como ya hemos afirmado anteriormente, con
respecto a la fiesta de la Pascua, podemos también afirmarlo con
respecto a la fiesta de la Navidad: lo que garantiza la identidad
cristiana de esta fiesta no es el entorno cósmico, sino su contenido;
es decir, la referencia al nacimiento del Señor. Suprimida esta refe-
rencia, la fiesta de la Navidad perdería su propia identidad. 5
Pero el nacimiento de Cristo es –como la canta la liturgia– el
comienzo de nuestra redención. A este respecto véase: “Misa
vespertina de la Vigilia de Navidad”: oración colecta: Cristo como
Redentor, oración sobre las ofrendas, el gran día que ha dado inicio
a nuestra redención. Cf. también la “Misa de la Noche”: antífona
de entrada: porque ha nacido nuestro Salvador; antífona del salmo
responsorial (Sal 95): Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el
Señor. La segunda lectura (Tit 2,11-14): inicia recordando que la
gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha
manifestado. El canto al evangelio retoma el versículo central de la
lectura evangélica: les traigo una buena noticia... hoy... les ha nacido un
Salvador, que es el Mesías, el Señor (cf. Lc 2,10-11). La oración después
de la comunión: hemos celebrado el nacimiento de nuestro Redentor.
En cuanto a la Liturgia de las Horas basta con citar el segundo
responsorio del Oficio de Lecturas de la Navidad: “Hoy amaneció
el día de redención de los tiempos nuevos, que fue preparado por
los tiempos antiguos, que nos trae para siempre la felicidad”.
De aquí que el cambio de fecha de la Navidad por el motivo
de que en el hemisferio sur es verano, no tiene sentido pues su
contenido es el nacimiento del Señor. El 25 de diciembre es además

5 Íd., 210.
Punto de vista 255

una fecha que ha sido universalmente aceptada, incluso en países


no cristianos. Cambiar esta fecha –afirma A. Chupungco– en busca
de asegurar un simbolismo más vivo quizá no merezca la pena,
teniendo en cuenta los trastornos que supondría la alteración de
una fecha internacional. Siendo el mensaje central la manifestación
del Señor, luz del mundo, las noches frías y la nieve, o el algodón
sobre las ramas del árbol de Navidad para imitar la nieve, no
simbolizan ni representan la Navidad. 6 De igual modo, como ya
hemos dicho anteriormente, habría que buscar otros Himnos para
la Liturgia de las Horas que no hicieran alusión a los fenómenos
cósmicos del invierno.
Por lo tanto, el objeto de la fiesta natalicia es el misterio de
nuestra redención, que tiene en la Pascua su momento culminante.
Como dice la colecta del jueves antes de la Epifanía: “Dios con
el nacimiento de su Hijo ha comenzado de modo admirable la
redención de su pueblo”. La verdad de la redención depende de la
verdad misma de la encarnación. La Navidad es, en cierto modo,
una Pascua anticipada. 7

2.3. Fiesta del nacimiento de san Juan Bautista y el solsticio de verano


Finalmente veamos la “fiesta del nacimiento de san Juan Bau-
tista”. Es una fiesta que en sus orígenes tuvo un marcado carácter
cósmico o estacional: el solsticio de verano en el hemisferio norte.
Hay una conexión cósmica entre el 24 de junio y el 25 de diciembre.
Son las fechas de los dos solsticios, cambio de estaciones, estando
en juego el día y la noche. En el hemisferio norte, así como el naci-
miento de Cristo acompaña el cambio del invierno a la primavera,
el nacimiento de Juan Bautista acompaña el cambio del verano al
otoño. El juego simbólico entre los dos solsticios expresa clara-
mente la relación entre Cristo y su precursor.
Juan el Bautista, el Precursor del Señor, debe disminuir y Cristo
debe crecer (cf. Jn 3,30). Justamente a partir del 24 de junio, en el

6 A. Chupungco, “Fiestas litúrgica y estaciones del año”, Conc 162 (1981)


223-224.
7 Cf. M. Augé, L'Anno Liturgico. È Cristo stesso presente nella sua chiessa,
Città del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana 2009, 184.
256 Punto de vista

hemisferio norte, los días comienzan a tener menor luz solar, y a


partir del 25 de diciembre a aumentar la luz. Hay una correspon-
dencia cósmica exacta. Además de esta hay que tener en cuenta las
palabras que el ángel Gabriel dirigió a María referentes a Isabel:
“éste es ya el sexto mes” (Lc 1,36). Esto motivó también a que el
nacimiento del Bautista se fijara seis meses antes de la Navidad y
tres después de la Anunciación. De aquí que la Natividad de san
Juan Bautista sea como la Navidad del verano, en el hemisferio
norte.
En las civilizaciones antiguas, el solsticio de verano –en el
hemisferio norte- era un cambio crítico del curso solar, ya que
anunciaba la muerte de la naturaleza. Es probable que se celebra-
ran fiestas del fuego y procesiones con antorchas para reforzar al
sol declinante que se inclinaba cada vez más en su curso invernal.
La Edad Media mantuvo esta tradición, reinterpretándola por
referencia a Juan Bautista y encendiendo hogueras a mediados
del verano sobre montañas y colinas.
Hoy el nacimiento de Juan Bautista es celebrado sin ninguna
referencia al solsticio y, en los lugares donde aún se desarrollan
fiestas populares, como la noche de san Juan, o los fuegos, no
tienen ninguna relación con la fiesta litúrgica. Tampoco hay alguna
referencia cósmica en los elementos eucológicos de la fiesta, tanto
en el Misal romano como en la Liturgia de las Horas.
Pero más allá de estas relaciones cósmicas y simbólicas, el
contenido de esta fiesta del nacimiento del bautista es el Misterio
pascual de Cristo. Así lo firma con claridad el concilio Vaticano II
que ha remarcado la centralidad que tiene la Pascua en el curso
de las celebraciones del Año litúrgico (cf. SC 102), proponiendo la
recuperación del culto a los santos al interior de la centralidad del
Misterio pascual de Cristo:
Porque al celebrar el tránsito de los santos de este mundo al cielo, la
Iglesia proclama el misterio pascual cumplido en ellos, que sufrieron
y fueron glorificados con Cristo, propone a los fieles sus ejemplos,
los cuales atraen a todos por Cristo al Padre y por los méritos de los
mismos implora los beneficios divinos (SC 104, cf. 111).
El contenido de la celebración de san Juan Bautista, como la
de todos los santos es el misterio de Cristo, visto en sus frutos,
Punto de vista 257

realizado en los miembros que mejor se han configurado con Cristo


muerto y resucitado.

3. Conclusión
El Año litúrgico desarrolla el misterio de Cristo desde la encar-
nación hasta su segunda venida, en el transcurso del año. Su eje es
el misterio Pascual de Cristo, su contenido.
El Misterio pascual de Cristo debe reflejarse en cada una de las
celebraciones del Año litúrgico. A través de la Palabra de Dios, los
textos litúrgicos, de los símbolos y los ritos, los diversos aspectos
del misterio de Cristo se hacen sacramentalmente presentes en el
tiempo, ya sea de la celebración de la Misa o de la Liturgia de las
Horas.
Los tres ejemplos analizados anteriormente nos muestran
que aunque los condicionamientos cósmicos pueden constituir
la plataforma en que se sitúan diversas fiestas del Año litúrgico,
nunca constituyen el contenido de las mismas; éste siempre es el
Misterio pascual de Cristo. Esto debe reflejarse en los elementos
litúrgicos tales como los textos, los símbolos y los ritos.

Roberto Russo
Montevideo (Uruguay)
Los sacramentales.
Bendiciones, exorcismos
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teológico y bíblico,
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Centre de Pastoral Litúrgica


+ Rivadeneyra, 6, 7. 08002 Barcelona
CPL ☎ 933 022 235 7 933 184 218
editorial 8 [email protected] - www.cpl.es
Crónica

HOMENAJE A JOSEP URDEIX

El pasado 12 de abril, el Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona


tributó homenaje a uno de sus veteranos miembros, Josep Urdeix
Dordal, con ocasión de su 70 cumpleaños. El acto, que comenzó a las
doce del mediodía en el Seminario de Barcelona, fue presidido por
el cardenal Lluís Martínez Sistach, ordinario del lugar, quien estuvo
acompañado por otros obispos de la provincia Tarraconense: Joan
Enric Vives, arzobispo-obispo de Urgell, Jaume Traserra, obispo
de Solsona, Carles Soler Perdigó, obispo emérito de Girona, y Pere
Tena, obispo auxiliar emérito de Barcelona; fue excusada la presencia
del obispo Julián López, presidente de la Comisión Episcopal de
Liturgia. Además de los miembros del CPL, acompañaron a Josep
sus familiares y un nutrido grupo de amigos.
En primer lugar tuvo la palabra Jaume Fontbona, presidente
del Centre de Pastoral Litúrgica, quien a modo de saludo e intro-
ducción agradeció públicamente a Josep Urdeix su labor en el
campo litúrgico.
Seguidamente, monseñor Pere Tena expuso afectuosamente
los rasgos que han caracterizado la polifacética vida de Josep: su
labor litúrgica preparando múltiples celebraciones episcopales
como ordenaciones, misas crismales, impulsando el rezo de laudes
y vísperas en la catedral de Barcelona, dirigiendo la Delegación
de Liturgia de Barcelona y participando en la Comisión Inter-
diocesana de Liturgia de la provincia Tarraconense; su intensa
dedicación al estudio desarrollada no sólo hacia la liturgia sino
también hacia la literatura y el teatro; su intenso trabajo en el Centre
de Pastoral Litúrgica donde no se limitó a escribir y publicar sus
investigaciones sino que fue presidente del mismo de 2002 a 2008,
260 Crónica

estuvo al frente de la revista Phase y dirige la colección Cuadernos


Phase, una de las “joyas” del CPL; su acción ministerial como diá-
cono al servicio del ministerio episcopal que de modo particular se
desplegó con el cardenal Narcís Jubany y Carles Soler, cuando fue
obispo auxiliar de Barcelona; y, finalmente, su dedicación familiar
con su mujer, hijas y nietos.
La segunda intervención corrió a cargo de Jaume González
Padrós, director de la revista Liturgia y Espiritualidad, quien se
centró en delinear el perfil de la colección Cuadernos Phase que Josep
Urdeix dirige y ha impulsado considerablemente. Esta colección
que está a punto de llegar a los 200 volúmenes nació para recoger
artículos y documentos sobre temas monográficos, tomados pri-
mordialmente de la revista Phase, que sirvan como instrumentos
de trabajo. Sin embargo, desde que Josep asumió la dirección de
la misma, a partir del número 61, fue enriquecida con otro tipo de
textos como los documentos litúrgicos de la antigüedad y actuales
(Didaché, Tradición apostólica, Didascalia apostolorum…) o las grandes
obras del movimiento litúrgico (El espíritu de la liturgia de R. Guar-
dini, La liturgia comparada de A. Baumstark…), convirtiendo de este
modo la colección en unos cuadernos de estudio que pueden con-
siderarse como una “modesta enciclopedia litúrgica”. Su trabajo
ha sido meticuloso: más allá del copiar y pegar, ha leído, revisado
y corregido concienzudamente cada frase, más aún, cada palabra,
de los nueve números que se publican anualmente.
Finalmente, el propio homenajeado habló a los asistentes para
manifestar su agradecimiento y para ofrecer una reflexión sobre la
liturgia realizada a modo de himno o poema que cantó las maravillas
que obra la liturgia en el ser humano al permitirle celebrar el misterio
salvífico de Dios revelado en Cristo y comunicado a la Iglesia.
El cardenal de Barcelona concluyó el acto resaltando los puntos
más sobresalientes de la personalidad de Josep y manifestó, una
vez más, el agradecimiento por sus 70 años de vida al servicio de
la Iglesia y de la sociedad.
Después, los miembros del Centre de Pastoral Litúrgica junto
con los invitados destacados, en torno a Josep Urdeix y su esposa,
compartieron una comida fraternal.
Crónica

LA TRADICIÓN LITÚRGICA
DE LA IGLESIA DE ROMA
Entre teología y hermenéutica de la continuidad

Durante los días 25 y 26 de marzo, tuvo lugar en Roma un


simposio dedicado a la Tradición litúrgica de la Iglesia de Roma
con ocasión de los 40 años de la publicación del Misal Romano de
Pablo VI y los 440 años del Misal Romano de Pío V, “entre teología
y hermenéutica de la continuidad” decía su subtítulo. Su finalidad
era acoger el significado profundo del Misal y del Leccionario, esto
es, sus valores teológico, pedagógico y espiritual, como encuentro
de la lex orandi con la lex credendi.
Una amplia serie de instituciones italianas habían promovido
este simposio que se desarrolló en el Instituto Salesiano “S. Cuore”:
la Pontificia Accademia di Teologia, la Rivista Liturgica, el Centro di
Azione Liturgica, la Vita in Cristo e nella Chiesa, la Rivista di Pastorale
Liturgica, las revistas Armonia di voci, Chiesa oggi, Ephemerides Litur-
gicae, Temi di Predicazione – Omelie, juntamente con la Asociación de
Profesores de Liturgia Italiana.
En la tarde del día 25 de marzo, tras una presentación realizada
por Manlio Sodi, organizador del evento, intervino, en primer
lugar, Félix María Arocena Solano quien en su ponencia “La sacra-
mentalidad del anuncio de la Palabra de Dios en la celebración”
evidenció de modo particular la acción del Espíritu Santo en el
encuentro entre la Palabra revelada, donada, anunciada, expli-
cada… y la fe que la acoge para dejarse transformar.
La atención se dirigió después al Misal considerado en su con-
junto viéndolo como el libro que más que ningún otro asegura la
262 Crónica

continuidad de la tradición gracias a la ponencia de Matías Augé:


“El Misal Romano de Pablo VI y el de Juan Pablo II: desarrollo en
la continuidad”.
Finalmente, Pietro Sorci, trató en su intervención de cómo
el sacerdocio común se manifiesta y se realiza en plenitud en la
asamblea que celebra.
También fue leída una carta del prefecto de la Congregación
para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, monseñor
Antonio cardenal Cañizares, que envió para los participantes del
simposio.
Con la celebración de las II Vísperas de la Anunciación en
la renovada basílica del S. Corazón de Castro Pretorio se dio por
terminada la primera jornada del simposio.
El simposio continuó en la mañana del 26 de marzo. Goffredo
Boselli, trató la problemática en torno a la traducción del Misal en
una ponencia titulada “La traducción litúrgica al servicio de una
hermenéutica de la celebración del misterio”.
Después, monseñor Luca Brandolini habló “El Misal y del Lec-
cionario: una pedagogía de la historia de la salvación”, invitando a
acoger los valores típicos de ambos libros en el horizonte específico
del modo con el que Dios educa a su pueblo y lo conduce en el
tiempo y en la historia por el camino de la salvación.
Finalmente, Giorgio Bonaccorso se refirió al lenguaje ritual: “El
lenguaje ritual al servicio de la dimensión teológica y antropológica
del misterio” describiendo cómo el cuerpo y sus expresiones nos
recuerda que el Logos se hico sarks, y cómo la lógica de la encarna-
ción aflora en el misterio de la liturgia.
El punto final lo puso monseñor Piero Marini invitando a
mirar adelante con la fe que brota del hecho de que la liturgia es,
por encima de todo, opus Trinitatis, que se realiza en lenguajes
humanos, como expresión de todas las culturas que se abren al
evangelio y se encarnan en el mensaje de la propia historia.
Todo el material del simposio será publicado en el número 3
(mayo-junio) de Rivista Liturgica de este año.
Libros

INFORMACIÓN BIBLIOGRÁFICA
ALEMANA
1
Martin Klöckener - Angelus A. Häussling - Reinhard Messner
(eds.), Gottesdienst der Kirche. Handbuch der Liturgiewissenchaft. Teil 2,
Band 2: Theologie des Gottesdienstes (Gottesdienst im Leben der Kirche,
Christliche und jüdische Liturgie), Regensburg: Verlag Friedrich Pustet
2008, 608 págs.
Dentro de la colección titulada La celebración de la Iglesia (Gottes-
dienst der Kirche) compuesta por ocho volúmenes, algunos de ellos
dobles, ha visto la luz el tomo segundo del volumen segundo dedicado
a la teología de la celebración. Todavía está pendiente la publicación
de alguno de sus libros para que este manual de liturgia, que empezó
a publicarse hace casi treinta años, quede completado.

2
Rupert Berger, Die Feier der heiligen Messe. Eine Einführung,
Freiburg im Breisgau: Herder 2009, 220 págs.
Rupert Berger ha editado una introducción a la celebración de
la misa en la que expone el origen de los principales elementos que
componen la celebración, explica su significado y el porqué y el cómo
están donde están.

3
Martin Klöckener - Albert Urban (eds.), Liturgie in Wendezeiten.
Zwischen konstantinischen Erbe und offener Zukunft, Trier: Deutsches
Liturgisches Institut 2009, 256 págs.
264 Libros

Jürgen Bärsch - Andreas Poschmann (eds.), Liturgie der Kinder-


taufe, Trier: Deutsches Liturgisches Institut 2009, 244 págs.
El Instituto de Liturgia de Treveris (Alemania) ha publicado en dos
libros diferentes las conferencias, comunicaciones, talleres… de las 6a.
y 7a. academias que el mencionado Instituto organiza cada verano.
La primera de estas academias, que tuvo lugar el verano del año
2007, estuvo dedicada a la liturgia en la actualidad valorando el legado
de la tradición y abriendo perspectivas de futuro. Todo el material de
esta 6a. academia, preparado por Martin Klöckener y Albert Urban,
ha sido editado bajo el título La liturgia en tiempos de cambio. Entre la
herencia de Constantino y el futuro abierto.
La segunda, que tuvo lugar el año 2008, fue dedicada al Ritual
del Bautismo de niños de Alemania que había sido publicado entonces.
Jürgen Bärsch y Andreas Poschmann han preparado la edición de todo
el material de esta 7a. academia en un volumen titulado La liturgia del
Bautismo de niños.

4
Winfried Haunerland - Eduard Nagel (eds.), Den Glauben
weitergeben. Werkbuch zur Kindertaufe, Trier: Deutsches Liturgisches
Institut 2008, 206 págs.
El libro Transmitir la fe se propone responder, tomando como
punto de partida la publicación en alemán del Ritual del Bautismo de
niños, a la pregunta: cómo transmitir la fe a las nuevas generaciones,
dadas las actuales circunstancias. Comenta, además, los diversos
elementos del citado Ritual.

5
Winfried Haunerland - Andreas Poschmann (eds.), Engel
mögen dich geleiten. Werkbuch zur kirchlichen Begäbnisfeier, Trier: Deuts-
ches Liturgisches Institut 2009, 216 págs.
El libro Que los ángeles te acompañen se propone responder,
tomando como punto de partida la publicación en alemán del Ritual
de las Exequias, a las preguntas que se plantean en la pastoral de la
muerte y del acompañamiento de las familias que viven con dolor
la separación de un ser querido. Comenta, además, los diversos ele-
mentos del citado Ritual.
Lluís Prat

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