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Poemas Educacion Venezuela

El poema describe la emoción de un viajero al regresar a su patria después de un largo tiempo fuera. Al ver la costa a lo lejos, reconoce las montañas y playas de su infancia. Al acercarse más, identifica los árboles, aves y fragancias que le traen recuerdos felices. Sin embargo, cuando llega a su ciudad natal, se entera de que su hogar ya no existe, dejándolo sumido en la tristeza y el dolor.

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Poemas Educacion Venezuela

El poema describe la emoción de un viajero al regresar a su patria después de un largo tiempo fuera. Al ver la costa a lo lejos, reconoce las montañas y playas de su infancia. Al acercarse más, identifica los árboles, aves y fragancias que le traen recuerdos felices. Sin embargo, cuando llega a su ciudad natal, se entera de que su hogar ya no existe, dejándolo sumido en la tristeza y el dolor.

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Vuelta a la Patria. Juan A. cocales, instante.

Perez Bonalde ese monte que dora Decidle que en mi anhelo, en


I el sol de las regiones mi delirio
tropicales… por llegar a la orilla, el pecho
¡Tierra!, grita en la proa el ¡Luz, luz al fin! Los reconozco siente
navegante ahora: dulcísimo martirio;
y confusa y distante, son ellos, son los mismos de mi decidle, en fin, que mientras
una línea indecisa infancia, estuve ausente,
entre brumas y ondas se divisa; y esas playas que al sol del ni un día, ni un instante hela
poco a poco del seno mediodía olvidado,
destacándose va del horizonte, brillan a la distancia, y llevadle este beso que os
sobre el éter sereno, ¡oh, inefable alegría, confío,
la cumbre azul de un monte; son las riberas de la patria mía! tributo adelantado
y así como el bajel se va Ya muerde el fondo de la mar que desde el fondo de mi ser le
acercando, hirviente envío.
va extendiéndose el cerro del ancla el férreo diente; ¡Boga, boga, remero, así
y unas formas extrañas va ya se acercan los botes llegamos!
tomando; desplegando ¡Oh, emoción hasta ahora no
formas que he visto cuando al aire puro y blando sentida!
soñaba con la dicha en mi la enseña tricolor del pueblo ¡Ya piso el santo suelo en que
destierro. mío. probamos
Ya la vista columbra ¡A tierra, a tierra, o la emoción el almíbar primero de la vida!
las riberas bordadas de me ahoga, Tras ese monte azul cuya alta
palmares o se adueña de mi alma el cumbre
y una brisa cargada con la desvarío! lanza reto de orgullo
esencia Llevado en alas de mi ardiente al zafir de los cielos,
de violetas silvestres y anhelo, está el pueblo gentil donde, al
azahares, me lanzo presuroso al arrullo
en mi memoria alumbra barquichuelo del maternal amor, rasgué los
el recuerdo feliz de mi que a las riberas del hogar me velos
inocencia, invita. que me ocultaban la primera
cuando pobre de años y Todo es grata armonía; los lumbre.
pesares, suspiros ¡En marcha, en marcha,
y rico de ilusiones y alegría, de la onda de zafir que el remo postillón, agita
bajo las palmas retozar solía agita; el látigo inclemente!
oyendo el arrullar de las de las marinas aves Y a más andar, el carro
palomas, los caprichosos giros; diligente
bebiendo luz y respirando y las notas suaves, por la orilla del mar se
aromas. y el timbre lisonjero, precipita.
Hay algo en esos rayos y la magia que toma No hay peña ni ensenada que
brilladores hasta en labios del tosco en mi mente
que juegan por la atmósfera marinero, no venga a despertar una
azulada, el dulce son de mi nativo memoria,
que me habla de ternuras y de idioma. ni hay ola que en la arena
amores ¡Volad, volad, veloces, humedecida
de una dicha pasada, ondas, aves y voces! con escriba con espuma alguna
y el viento al suspirar entre las Id a la tierra en donde el alma historia
cuerdas, tengo, de los alegres tiempos de mi
parece que me dice: « ¿no te y decidle que vengo vida.
acuerdas?». a reposar, cansado caminante, Todo me habla de sueño y
Ese cielo, ese mar, esos del hogar a la sombra un solo cantares,
de paz, de amor y de tranquilos de mis canoras aves tropicales su dulce canturía
bienes, el melodioso trino que resbala dejan oír en la alameda umbría;
y el aura fugitiva de los mares por las ondas del éter invisible; los menudos insectos de las
que viene, leda, a acariciar mis los perfumados hálitos que flores
sienes. exhala a los dorados pístilos se
me susurra al oído el cáliz áureo y blanco abrazan;
con misterioso acento: de las humildes flores del besa el aura amorosa el manso
«Bienvenido». barranco; Guaire,
Allá van los humildes todo a soñar convida, y con los rayos de luz se
pescadores y con suave empeño, enlazan
las redes a tender sobre la se apodera del alma los impalpables átomos del
arena; enternecida aire.
dichosos, que no sienten los la indefinible vaguedad de un ¡Apura, apura, postillón, agita
dolores sueño. el látigo inclemente!
ni la punzante pena Y rueda el coche, y detrás de él ¡Al hogar, al hogar, que ya
de los que lejos de la patria las horas palpita
lloran; deslízanse ligeras por él mi corazón… Mas, no,
infelices que ignoran sin yo sentir, que el detente!
la insondable alegría pensamiento mío ¡Oh infinita aflicción, oh
de los que tristes del hogar se viaja por el país de las desgraciado
fueron quimeras, de mí, que en mi soñar hube
y luego, ansiosos, al hogar y sólo hallan mis ojos sin olvidado
volvieron. mirada que ya no tengo hogar…! Para,
Son los mismos que un día, los incoloros senos del vacío… cochero;
siendo niño, admiraba yo en la De pronto, al descender de una tomemos cada cual nuestro
playa, hondonada, destino;
pensando, en mi inocencia, «¡Caracas, allí está!», dice el tú, al lecho lisonjero
que era la humana ciencia, auriga, donde te aguarda la madre, el
la ciencia de pescar con la y súbito el espíritu despierta ser divino
atarraya. ante la dicha cierta que es de la vida centro de
Bien os recuerdo, humildes de ver la tierra amiga. alegría,
pescadores, ¡Caracas allí está; sus techos y yo…, yo al cementerio
aunque no a mí vosotros, que rojos, donde tengo la mía.
en la ausencia su blanca torre, sus azules ¡Oh, insoluble misterio
los años me han cambiado y lomas, que trueca el gozo en lágrimas
los dolores. y sus bandas de tímidas ardientes!
Ya ocultándose va tras un palomas ¿En dónde está, Señor, ésa tu
recodo hacen nublar de lágrimas mis santa
que hace el camino, el mar, ojos! infinita bondad, que así
hasta que todo Caracas allí está; vedla tendida consientes
al fin desaparece. a las faldas del Ávila empinado, junto a tanto placer, tristeza
Ya no hay más que montañas y Odalisca rendida tanta?
horizontes, a los pies del Sultán Ya no hay fiesta en los aires;
y el pecho se estremece enamorado. ya no alegra
al respirar, cargado de Hay fiesta en el espacio y la la luz que el campo dora;
recuerdos, campaña, ya no hay sino la negra
el aire puro de los patrios fiesta de paz y amores: pena cruel que el pecho me
montes. acarician los vientos la devora…
De los frescos y límpidos montaña; ¡valor, firmeza, corazón no
raudales del bosque los alados brotes
el murmullo apacible; trovadores todo tu llanto ahora, no lo
agotes, el término fatal de la de tu profunda cueva:
que mucho, mucho que sufrir esperanza, mas, ay, en vez de la razón
aún falta: de la fe y la alegría; ansiada,
ya no lejos resalta del corazón que gime un abismo más hondo
de la llanura sobre el verde presa del desaliento y los mi alma desesperada
manto dolores; en su seno, al salir, consigo
la ciudad de las tumbas y del del alma que se lanza en lleva...!
llanto; pos de la belleza, ¡Ya sé, ya sé el secreto del
ya me acerco, ya piso buscando el ideal y los amores; abismo
los callados umbrales de la después que todo pase, que descubrir quería..!
muerte, cuando la muerte, al fin, todo lo ¡Es el mismo, es el mismo
ya la modesta lápida diviso arrase, que lleva el pensador dentro
del angélico ser que el alma sobre el océano que la vida del pecho:
llora; esconde, la rebelión, la duda, la agonía
ven, corazón, y vierte dime qué queda; del corazón en lágrimas
tus lágrimas ahora! dí ¿qué sobrenada..? deshecho! "
Y el eco me responde,
Poema del Niágara triste y doliente: ¡nada!

"Heme aquí frente a frente Entonces, ¿por qué ruges,


de la espesa tiniebla desde magnífico y bravío,
donde por qué en tus rocas,
oírme debe la deidad rugiente impetuoso, crujes
que en su seno se esconde: y al universo asombras
Dime, Genio terrible del con tu inmortal belleza,
torrente, si todo ha de perderse en el
¿a dónde vas al trasponer, la vacío. . ?
valla ¿Por qué lucha el mortal, y
del hondo precipicio, ama, y espera,
tras la ruda batalla y ríe, y goza, y llora y
de la atracción, la roca y la desespera,
corriente. . ? si todo, al fin, bajo la losa fría
¿A dónde va el mortal cuando por siempre ha de acabar..?
la frente Dime, ¿algún día,
triunfadora del vicio, sabrá el hombre infelice do se
yergue, al bajar a la mundana esconde
escoria e1 secreto del ser..? ¿Lo sabrá
en pos de amor, y venturanza y nunca..?
gloria? Y el eco me responde,
¿A dónde van, a dónde, vago y perdido: ¡nunca!
su fervoroso anhelo,
tu trueno que retumba...? ¡Adiós, Genio sombrío,
Y el eco me responde, más que tu gruta y tu torrente
ronco y pausado: ¡tumba! helado;
no más exijo de tu labio impío,
Espíritu del hielo, que al alejarme, triste, de tu
que así respondes a mi ruego, lado,
dime: llevo en el cuerpo y en el alma
si es la tumba sombría frío.
el fin de tu hermosura y tu A buscar la verdad vino hasta
grandeza; el fondo

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