En el Artículo 127 se plantea que es un derecho y un deber de cada generación
proteger y mantener el ambiente en beneficio de sí misma y del mundo futuro,
presentando una visión de derechos colectivos. Además, toda persona tiene
derecho individual y colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente
seguro, sano y ecológicamente equilibrado. Establece la obligación del Estado
con respecto a la protección del ambiente, la diversidad biológica, los recursos
genéticos, los procesos ecológicos, los parques nacionales y monumentos
naturales y demás áreas de especial importancia ecológica.
Al analizar dicho artículo, se puede observar, de manera clara, la alusión que
se realiza, no sólo a los derechos y deberes de la población, sino al papel
fundamental del Estado venezolano, como garante de un ambiente libre de
contaminación para los ciudadanos. En este sentido, el binomio derecho-deber
atribuido a los ciudadanos gira en torno a dos elementos fundamentales: la
protección y mantenimiento del ambiente para las presentes y futuras
generaciones; y el derecho a disfrutar de un ambiente sano, seguro y
ecológicamente equilibrado, situación que implica a su vez la obligación de
contribuir a través de una participación activa en el mantenimiento de estas
condiciones ambiéntales favorables.
Por su parte, se asigna al Estado venezolano la protección de cinco
componentes ambiéntales de particular importancia como lo son: el ambiente,
la diversidad biológica, los recursos genéticos, los procesos ecológicos y los
parques nacionales, monumentos naturales y demás áreas de especial
importancia ecológica. Un aspecto de particular interés lo constituye el rango
constitucional que se le da a la prohibición de patentar el genoma.
Si bien es cierto que los elementos descritos en relación con los Derechos
Ambientales, constituyen un avance innegable en materia educativo-ambiental
al ser incorporados en el texto constitucional, los mismos requieren de la
creación de una infraestructura jurídica y administrativa que permita de manera
progresiva generar los espacios sociales para su operacionalización. Pues
como lo señala, esta puede considerarse “La Ley fundamental de la
organización de un Estado” y por lo tanto constituye “Un conjunto de normas y
costumbres bajo las cuales se desempeña toda la vida del Estado”.
En este sentido, la Constitución requiere de un conjunto de normas que le
permitan sino el logro, la búsqueda constante del cumplimiento de los
diferentes aspectos que en ella se señalan. Dicho sistema jurídico posee un
orden jerárquico, donde la Carta Magna constituye en sí misma, la supranorma,
bajo la cual debe ampararse todo ordenamiento jurídico, seguida por las leyes
orgánicas, las leyes especiales y los reglamentos.
Desde esta perspectiva, las Leyes Orgánicas constituyen el segundo nivel de
operacionalización normativo de los principios contenidos en el texto
constitucional y, por tanto, su carácter es eminentemente organizativo y dirigido
a tratar aspectos específicos de una materia, tal como ocurre en el caso de la
Ley Orgánica del Ambiente, la cual regula lo concerniente a la materia
ambiental.