Algodón
Algodón
Para la siembra del algodón hay que tener muy en cuenta el número de
plantas por hectárea, según el potencial de la variedad que se cultiva. En
Paraguay, muchos productores logran sólo entre 40 mil y 50 mil plantas por
hectárea, factor que limita el rendimiento de cantidad de capullos por unidad
de superficie, pudiendo alcanzarse hasta 90 mil plantas por hectárea sólo
con el manejo de la densidad.
25 DE AGOSTO DE 2004 - 07: 08
Los agricultores tienen la mala costumbre de sembrar muchas semillas por hoyos,
hasta 11 semillas, porque no tienen confianza en el poder germinativo,
independientemente de la variedad que se maneja. Lo ideal, cuando la semilla es
buena, es sembrar hasta 5 ó 6 semillas por hoyo, para no desaprovechar
simientes, y así disponerlas para más superficie.
Control de malezas
Los productores no deben dejar que crezcan las malezas y eliminar sólo cuando
ya están grandes. Esta costumbre perjudica el desarrollo del algodón, porque las
malas hierbas compiten por nutrientes con el algodón, y sirven como hospederos
para los pulgones y trips.
Normalmente, los productores fumigan con químicos sólo las plantas de algodón y
no las malezas que están a su lado. De esa forma se mata los pulgones que están
por el textil y no a los que están escondidos en las malezas; entonces, una vez
que haya menguado el poder del veneno, dichos insectos vuelven a entrar. Esto
se evita manteniendo el algodonal libre de malezas.
La cosecha del algodón en nuestro país se inicia en febrero -época de calor-, con
días de sol prolongados que debemos aprovechar, secar en lugares limpios y
almacenar en depósitos bien ventilados y protegidos contra los animales y los
niños, que pueden ensuciar los capullos en caso de que suban encima del
perchel.
Los capullos se retirarán de la planta con la mano, tirando uno a uno. En caso de
arrancarse con el resto de la cápsula, es posible que partículas o restos de la
misma se unan a la fibra sin poder limpiarse de nuevo, dando un mal aspecto al
producto.
Secado y embolsado
El algodón cosechado por la tarde, en días de sol, siempre está más seco, y con
un mediodía de soleado ya basta. En cambio, el algodón cosechado por la
mañana requiere más tiempo de soleado, tal vez una tarde y una mañana, al día
siguiente, porque necesariamente estará más húmedo.
El productor conoce cuando el algodón está bien seco probando el estado de las
semillas, que se vuelven quebradizas al morderlas con los dientes; en cambio,
cuando todavía están húmedas, ofrecen resistencia a la mordida (ijy, ndojekái).
El embolsado del algodón, cosa que parece tan elemental y sencilla, sin embargo
puede ofrecer una trampa para la buena calidad, pues con el afán de introducir la
mayor cantidad del producto en cada uno de los bolsones, se podría atascar con
excesiva fuerza y con ello romper las fibras y las semillas mismas. No es buena
práctica atascar los bolsones empleando palos; por ejemplo, manos de mortero,
como suele hacerse.
Más vale cargar con las manos los capullos y emplear más bolsones, pero se
deben evitar los inconvenientes señalados.