Cosmovisión: Definición y Ejemplos Aymara
Cosmovisión: Definición y Ejemplos Aymara
Definición
Antes de entrar de lleno en el análisis del significado del término cosmovisión, es interesante
y fundamental que recurramos a establecer su origen etimológico. En este sentido, podríamos
destacar que se trata de un neologismo, “Weltanschauung”, formado por palabras de la lengua
alemana: “Welt”, que puede traducirse como “mundo”, y “anschauen”, que es sinónimo de
“mirar”.
En concreto, se cree que fue el filósofo alemán Wilhelm Dilthey quien creó ese neologismo en
el periodo comprendido entre finales del siglo XIX y principios del XX.
No obstante, no podemos pasar por alto tampoco que si optamos por recurrir al griego
descubriremos que cosmovisión es una palabra que se encuentra conformada por “cosmos”,
que es equivalente a “ordenar”, y el verbo “visio”, que significa “ver”.
Cosmovisión es la manera de ver e interpretar el mundo. Se trata del conjunto de creencias que
permiten analizar y reconocer la realidad a partir de la propia existencia. Puede hablarse de la
cosmovisión de una persona, una cultura, una época, etc.
Por ejemplo: “La cosmovisión azteca era muy compleja e incluía un fluido intercambio entre el mundo
de los vivos y el mundo de los muertos”, “Los musulmanes más radicalizados tienen una cosmovisión
muy distinta a la nuestra, pero eso es difícil entender sus acciones”, “Tienes una cosmovisión muy
particular que no puedo aceptar”.
Es importante tener en cuenta que una cosmovisión es integral; es decir, abarca aspectos de
todos los ámbitos de la vida. La religión, la moral, la filosofía y la política forman parte de una
cosmovisión.
Las relaciones sociales, la cultura y la educación resultan claves a la hora del desarrollo de la
cosmovisión individual. Los seres humanos son seres sociales y nadie crece totalmente aislado
y ajeno al entorno.
Además de todo lo expuesto es importante subrayar que para que tengan lugar cosmovisiones
y sean consideradas como tal se tienen que dar estas circunstancias y elementos:
• Algo existe.
• Todos los individuos buscan desesperadamente un punto de referencia que sea infinito, ya
sea un Dios, el hombre, un sentimiento.
• El hecho de que existan dos afirmaciones totalmente contradictorias, indica que una de ellas
no es verdadera.
• Cualquier persona practica la fe, cada una a su manera y en base a sus principios.
Así, es como tienen lugar las cosmovisiones que suelen girar en torno a cuestiones tales como
qué le pasa a una persona cuando muere, qué existe y porqué, cómo se puede establecer que
algo está bien o está mal, cuál es la existencia del ser humano.
En otras palabras, la cosmovisión tiene que ver con nuestras
creencias sobre la realidad y el mundo, en particular en lo que
respecta a nuestro origen y destino. Si bien ambos temas son
fundamentalmente filosóficos y religiosos, nuestro punto de
vista de las respuestas a las preguntas que de ellos se derivan,
tiene un impacto en nuestra vida personal y en nuestra cultura.
De nuestra visión del mundo surgen nuestras creencias fundamentales, que podemos
comparar con el tronco del árbol. El tronco se relaciona con nuestro propósito en la vida y cómo
respondemos a la resistencia a ese propósito, incluyendo el origen, la superación de las
adversidades, y la naturaleza del bien más alto que podemos alcanzar en la vida.
Por último están los frutos del árbol, que en esta analogía estarían representados por las
decisiones prácticas, comportamientos, palabras y acciones que se guían por nuestros
principios. La fruta es lo que la mayoría de la gente ve y podemos decir que es lo que nos
caracteriza. La forma en que vivimos nuestras vidas está determinada en gran medida por
nuestra visión del mundo.
Los fundamentos de la cosmovisión afectan profundamente nuestra vida personal, así como
todas las instituciones de la sociedad -los partidos políticos, las políticas sociales, filosofías
educativas, instituciones de filantropía- nada permanece intacto. Por este motivo, entre otros,
es importante elegir sabiamente lo que creemos y lo que regirá nuestra manera de proceder
en la vida.
Los Aymara, al igual que otras culturas, transmiten de boca en boca sus historias, leyendas,
ritos y costumbres.
COSTUMBRES Y RITOS
En su ritual el aymara distingue “religión” de “costumbres”, ello da a entender que está
consciente de un sustrato autóctono y otro estrato cristiano posterior que juntos forman hoy en
día su cosmovisión y sistema religioso como un todo integrado. Se podría hablar de un
sincretismo en que se entretejen e integran tanto las formas culturales autóctonas como las
provenientes de otras de origen foráneo-español, en consecuencia, sería inapropiado
seccionarlas.
LEYENDAS
Los Aymara, al igual que otras culturas, transmiten de boca en boca sus historias, haciendo de
la tradición oral el vehículo de enseñanza con que padres y abuelos dieron a conocer el mundo
a sus hijos y nietos. En las leyendas, la vida silvestre y los paisajes que coexisten con los
pueblos ocupan un papel preponderante y se entremezclan con la vida común, dando
fundamento a los conceptos de dualidad, complementaridad y reciprocidad, principios
ordenadores del cosmos Aymara.
Por más compleja que parezca, la cosmovisión Aymara puede entenderse a partir de una idea
muy simple: la comprensión y adaptación a la naturaleza andina. En la existencia de pisos
ecológicos diversos, es que encontramos el fundamento a los conceptos de dualidad,
complementariedad y reciprocidad, principios ordenadores del cosmos Aymara. Es, en
definitiva, una sacralización del medio natural.
Para los Aymara todo es dual, macho/hembra, día/noche, arriba/abajo, pero los opuestos no
luchan entre sí buscando la hegemonía, son parte del todo, se complementan y sin uno no hay
otro. Los opuestos forman así un abanico tripartito de posibilidades (macho, hembra y macho
con hembra). Todos los opuestos se complementan y establecen una triple alternativa. Es así
como se configura la existencia de tres espacios:
MÚSICA
La riqueza musical de los pueblos andinos, como en este caso de
los Aymara, tiene sus orígenes en las culturas habitaron dichas tierras.
Con una fuerte influencia del folclor boliviano, donde habita el mayor
número de Aymaras de la región, se abrió a nuevos instrumentos que
terminaron por enriquecer y definir una sonido reconocible en el mundo
entero.
CONCEPTOS
AKA PACHA. Dentro de la concepción del universo Aymara, el Aka Pacha corresponde al
espacio donde viven, se reproducen y mueren todos los seres vivos
AMARU. Serpiente. Simboliza a los espíritus vinculados con la distribución de las aguas y se
le asocia con los ríos y los canales de regadío
AYLLU. Comunidad, conjunto de familias en cuyo interior se realiza la mayor parte de las
actividades sociales, políticas, económicas y religiosas. En esta organización también
podemos encontrar el principio de complementariedad entre el Janan Saya, que representa a
la posesión de arriba, y el Jurin Saya, que representa a la posesión de abajo, correspondientes
a los espacios territoriales masculinos y femeninos, respectivamente.
INTI. Dios Sol, también se le llama Tata Inti y forma una pareja con Phaxsi (luna). Inti
representa a lo masculino y Phaxsi a lo femenino
KUKA. Coca
MALLKU. Son los espíritus protectores para los Aymara. Tienen un carácter local por lo que
cada comunidad tiene los suyos. Los Mallkus habitan generalmente en las altas cumbres
nevadas
MARKA. Pueblo
QUTU. Constelación de las pléyades. Representa los principios de unidad e igualdad del
pueblo Aymara. Esos principios los podemos observar por ejemplo en la reciprocidad o Ayni,
en la Mink’a que es el trabajo colectivo, y en el Chuqu, que es una forma de trabajo de
solidaridad. Todo esto se expresa como el Suma qamaña que es el vivir bien con bienestar y
armonía en cada familia
T’ALLA. Son espíritus protectores que, a diferencia de los Mallkus, representan a la parte
femenina
WIPHALA. Bandera andina, multicolor, cuadrada y cuadriculada con los colores del arco iris
SAWU. Telar
como los nevados, volcanes, montañas, cerros, ríos y lagos,etc. Fueron divinizados por el
poblador andino. Eran objetos de culto y motivo de celebración de fiestas y rituales. Los lugares
elevados, en especial, fueron sacralizados y en ellos se realizaban comunmente festivades y
cultos religiosos para agradecer y pedir intervencion divina para vivir en comunicion y armonia
en el mundo.
Muchos de los antiguos pueblos andinos rastrearon sus orígenes a las deidades ancestrales.
Ayllus múltiples podrían compartir similares orígenes ancestrales. El Inca se decía
descendiente del Sol y de la Luna, su Padre y su Madre. Muchos de los ayllus se decía
descendiente de proto-humanos que salieron de los sitios de carácter local llamado pacarinas.
Los primeros antepasados de los Incas eran conocidos como Ayar, la primera de las cuales
fue Manco Capac o Ayar Manco. La mitología Inca, nos habla de sus viajes, en la que él y los
Ayar forman y marcan el terreno donde se introdujo el cultivo de maíz.
Las tradiciones religiosas en los Andes tiende a variar entre los diferentes ayllus. Mientras que
los Inca en general, permiten e incluso incorporaban divinidades y héroes locales de los ayllus
que conquistaban. El Inca intentó combinar sus deidades con los pueblos vencidos de forma
que elevó el estatus de sus dioses. Un ejemplo de esto es la Pachamama, la diosa de la tierra,
que era adorada mucho antes del surgimiento de los Incas.
Estos mundos son representados como círculos concéntricos. Cada uno de estos mundos está
habitados por seres espirituales. El futuro, el presente y el pasado no se concebían como una
estructura lineal, sino como un mundo tridimensional donde los seres humanos pueden
acceder a cualquier de ellos. En Quechua la palabra "Pacha" significa a la vez tiempo y
espacio.
Las pacarinas: En los andes cada Etnia o Ayllu afirmaba provenir de un ancestro común de
origen divino el cual había surgido de la tierra, por mandato divino. Los antepasados más
remotos habrían salido de un sitio especial al cual todos reconocían como su lugar de origen
o pacarina que podía ser un río, cueva, montaña, volcán, lago, laguna, manantial, etc. Se decía
que antes de ser humanos habían formado parte del Uku Pacha ( mundo de Abajo o
subterráneo) y que poblaron la tierra a través de las pacarinas de donde surgían al mundo
terrestre.
El vínculo que se desprendia entre la Pacarina y los miembros del Ayllu era sumamente fuerte.
Cada habitante del ayllu se sentía familiar de las otras personas pertenecientes a su
comunidad, estos lazos se mantenian de generación en generación. El lago Titicaca fue una
de las pacarinas más adoradas en el Imperio Incaico ya que se creía que era donde había
surgido el primer Inca "Manco Capac"
Las Huacas: En los andes se denominaba Huaca a todo aquello que se consideraba sagrado,
eran objetos que representaban algo venerado, por lo general eran monumento de algún tipo
o también podría ser la residencia o panaka de las momias de difuntos Incas, pero tambien
podían ser lugares naturales, como la cima de una montaña o la naciente de un río. Las huacas
se han asociado con la veneración y el ritual religioso y podían asegurar la producción agrícola,
la fertilidad y librar al pueblo de la furia de los dioses.
LA COSMOVISIÓN ANDINA
Cada cultura tiene una concepción de su realidad y de acuerdo a ella vive, “viendo” y dejando
de “ver” determinados aspectos. La concepción que del mundo tienen, se ha desarrollado a
través de un prolongado proceso de interacciones entre las etnias y el medio natural que les
sirve de sustento para su persistencia y reproducción. Como cada etnia y el medio natural que
habitan tienen características que las diferencian de otras; el resultado de sus interacciones
también es diferente, estas diferencias son las que tipifican a cada cultura.
A nivel mundial, los pueblos más antiguos que llegaron a ser “Centros de Cultura Original” se
desarrollaron en los Andes, Centroamérica, India, China, Medio Oriente y en las costas del
Mediterráneo. Las etnias que habitan estas regiones, tienen singulares maneras de ver y vivir
en interacción con los elementos de su medio natural. Las plantas, tanto las silvestres como
las cultivadas, son parte de este medio natural y por lo tanto son también consideradas de
manera diferente por cada cultura.
En este medio natural de gran densidad, diversidad y variabilidad climática y con suelos de
relieve accidentado, tuvo lugar un prolongado proceso de interacciones entre un medio
pluriecológico y variable con las múltiples etnias que aún las habitan. Como consecuencia de
ello se desarrolló un modo de “ver” y sobre todo de vivir y sentir el mundo, que si bien es
singular en cada lugar, tiene características generales que en conjunto tipifican este modo de
concebir la vida.
Para los andinos el mundo es una totalidad viva. No se comprende a las partes separadas del
todo, cualquier evento se entiende inmerso dentro de los demás y donde cada parte refleja el
todo. Este mundo íntegro y vivo es conceptuado como si fuera un animal, semejante a un puma
capaz de reaccionar con inusitada fiereza cuando se le agrede. La totalidad es la colectividad
natural o Pacha; comprende al conjunto de comunidades vivas, diversas y variables, cada una
de las cuales a su vez representa al Todo.
Esta totalidad está confirmada por la comunidad natural pluriecológica constituida por el suelo,
clima, agua, animales, plantas y todo el paisaje en general, por la comunidad humana
multiétnica que comprende a los, diferentes pueblos que viven en los Andes y por la comunidad
de deidades telúricas y celestes, a quienes se les reconoce el carácter de Huaca, de sagrado,
en el sentido de tenerles mayor respeto, por haber vivido y visto mucho más y por haber
acompañado a nuestros ancestros, porque nos acompaña y acompañará a los hijos de
nuestros hijos. Estas comunidades se encuentran relacionadas a través de un continuo y activo
diálogo, reciprocidad y efectiva redistribución. Cada comunidad es equivalente a cualquier otra;
todas tienen el mismo valor, ninguna vale más y por lo tanto todas son importantes, merecen
respeto y consideración, en la concepción andina esto se expresa cuando se reconoce que
todo es sagrado, es sagrada la tierra (Pachamama = madre tierra, aunque etimológicamente
seria tal vez más exacto “Señora del tiempo y el Espacio), los cerros, (Apus, Achachilas,
Huamanís, Auquis), las estrellas, el sol, la luna, el rayo, las piedras, nuestros muertos, los ríos,
puquiales, lagunas, los seres humanos vivos, los animales y las plantas, no sólo las cultivadas
sino también las silvestres.
Los miembros de todas estas comunidades forman un Ayllu que ocupa un Pacha local, es decir
todos son parientes pertenecientes a una misma familia. No sólo son parientes los runas sino
también los ríos, los cerros, las piedras, las estrellas, los animales y las plantas que se
encuentran en el Pacha local acompañándose los unos a los otros todos son personas
equivalentes.
El Ayllu, se trata del grupo de parentesco. Pero resulta que, bien mirada la cosa, el grupo
parental no se reduce al linaje humano como hasta ahora se había afirmado, sino que el
parentesco, y con ello el Ayllu, abarca a cada uno de los miembros del Pacha (microcosmos)
local. La familia humana no se diferencia de la gran familia que es el Ayllu sino que está
inmersa en él. El Ayllu es la unión de la comunidad humana, de la comunidad de la Sallga y
de la comunidad de huacas que viven en el Pacha local. La unidad parental así constituida es
muy íntima y entrañable. Cuando traemos a la chacra una semilla de otro piso ecológico que
ha atraído nuestro afecto y le ofrecemos el mejor de nuestros suelos en el huerto inmediato a
nuestra vivienda y la cuidamos con cariño y esmero, ella es ya un miembro de nuestra familia:
es nuestra nuera. Se evidencia así que los cultivos vegetales de nuestra chacra son hijos de
la familia humana que los cría. Las llamas y alpacas son también hijas de la familia que las
pastorea y las cuida.
El mismo hecho de reconocer equivalencia entre todos, hace que cada comunidad y en
especial la humana sienta su insuficiencia para mantener ella sola, la integridad de las
funciones de la colectividad natural de la cual turnia parte, copio un integrante más y no el más
importante.
Diálogo y reciprocidad entre comunidades que sienten, que tienen igual valor y, que reconocen
su insuficiencia, posibilita lograr una armonía con bienestar para todas las comunidades de la
naturaleza.
Todos quienes existen en el mundo andino son como somos nosotros mismos y son nuestros
amigos. Con ellos nos acompañamos, con ellos conversamos y reciprocamos. Les contamos
lo que nos pasa y nos dan consejos; y también ellos nos cuentan lo suyo y confían en nosotros.
Tratamos con cada uno de ellos de persona a persona, conversamos con ellos cara a cara.
Todo cuanto existe en el mundo andino es vivo. No sólo el hombre, los animales y las plantas
sino también las piedras, los ríos, los cerros y todo lo demás. En el mundo andino no existe
algo inerte: todo es vivo. Igual que nosotros todos participan en la gran fiesta que es la vida:
todos comen, todos duermen, todos danzan, todos cantan: todos viven a plenitud.
En el mundo andino no hay poderosos ni autosuficientes. Todos nos necesitamos los unos a
los otros para vivir. En los Andes no existe el mundo como totalidad íntegra diferente y
diferenciada de sus componentes. Aquí no existen «todos» ni «partes», que tan sólo son
abstracciones. Aquí hay simbiosis que es lo inmediato a la vida. La simbiosis se vive en los
Andes en forma de crianza mutua.
La chacra (pedazo de tierra cultivada) es una forma de crianza. En la chacra andina no sólo
se cría a las plantas y a los animales considerando como condiciones ya dadas al suelo, al
agua y al clima, sino que en la chacra también se cría al suelo, al agua y al clima.
Recíprocamente, la chacra cría a quienes la crían. Se trata pues de una cultura de crianza en
un mundo vivo.
En los Andes toda la vida gira alrededor de la crianza de la chacra, por eso la cultura andina
es agrocéntrica.
Cada uno de los seres que habitan en este mundo vivo andino es equivalente a cualquier otro,
esto es, cada quien (ya sea hombre, árbol, piedra) es una persona plena e imprescindible, con
su propio e inalienable modo de ser, con su personalidad definida, con su nombre propio, con
su responsabilidad específica en el mantenimiento de la armonía del mundo, y es en tal
condición de equivalencia que se relaciona con cada uno de los otros. Otra manifestación de
equivalencia en el mundo andino es que todos tenemos chacra y todos pastoreamos un
rebaño. Así como el hombre hace chacra combinando la forma de vida de las plantas, los
animales, los suelos, las aguas y los climas que toma de la naturaleza con la aquiescencia de
las huacas, del mismo modo las huacas tienen su chacra que es la flora de la naturaleza (o la
sallga) y tiene sus rebaños que son la comunidad humana y la fauna de la sallga.
La cultura andina, que es la cultura de un mundo vivo y vivificante, late al ritmo de los ciclos
cósmicos y de los ciclos telúricos que es el ritmo de la vida: su «tiempo», por tanto, es cíclico.
Sin embargo, las ceremonias del calendario ritual andino son momentos de conversación
íntima con tales ciclos en los que no se repite un «arquetipo» sino que se sintoniza la situación
peculiar. En los Andes, el clima, que es la manera de mostrarse de los ciclos cósmicos y
telúricos, es sumamente variable e irregular. Esto condiciona una diferencia importante con el
mito del eterno retorno de los griegos de la Edad Clásica y con el modelo del tiempo circular.
En los Andes hay una re-creación, una renovación, anual de los ritos, esto es, de la
conversación íntima entre todos los componentes del mundo vivo, que se armoniza con el
estado correspondiente del clima. Esta re-creación, esta renovación, es la digestión, por parte
del mundo-vivo, de las condiciones de vida en el momento del rito, que, repetimos, son muy
variables e irregulares.
Es obvio que el «tiempo» andino no es el tiempo lineal e irreversible del Occidente moderno
(Se inicia cuando Jehová-dios creo el universo y terminará con el fin del mundo) en el que
continuamente se cancela al pasado con el ansia de proyectar lo que se va a vivir en el futuro
y de esta manera se escamotea el presente y, con ello, la vida. El «presente» en el mundo vivo
andino se re-crea, se re-nueva, por digestión del «pasado», es decir, por inclusión del
«pasado». Pero, a la vez, la cultura andina es capaz de saber continuamente cómo se va a
presentar el «futuro» por la participación de todos los miembros de la colectividad natural en
la conversación cósmico-telúrica propia del mundo vivo. En los Andes no hay una distinción
tajante y cancelatoría entre «pasado» y «futuro» porque el «presente» los contiene a ambos.
Por tanto no hay lugar aquí para el tiempo lineal e irreversible del Occidente moderno. En los
Andes, desde luego, existe la noción de secuencia, las nociones de antes y después, pero
ellas no se oponen como pasado y futuro en la cultura occidental, sino que se encuentran
albergadas en el «presente», en el «presente de siempre», en «lo de siempre» siempre re-
creado, siempre renovado. Es que en los Andes vivimos en un mundo vivo, no en el mundo-
reloj de Occidente.
Por ello es que el sacerdote andino, en la ceremonia ritual, puede remontarse en el «pasado»
miles de años y ver hoy en pleno funcionamiento ritual una huaca y participar activamente en
aquel acto: de esta manera incluye el «pasado» en el «presente». Asimismo, el sacerdote
puede por su capacidad de conversar con todos los componentes del mundo vivo, saber el
clima que corresponderá a la campaña agrícola-pastoril venidera y también puede remontarse
mas y llegar a saber el clima de las diez próximas campañas: de esta manera incluye el
«futuro» en el »presente». En los Andes Inka, pasado, presente y futuro, antes, ahora y
después, no son compartimientos estancos sino que ellos concurren en el ahora que, por eso
mismo, es siempre. Siempre re-creado, siempre renovado, siempre novedoso, sin anquilosis
alguna.
Como ya hemos visto, en la cultura andina Inka la forma del mundo no ocurre en el tiempo y
el espacio. Aquí la vida ocurre en el pacha que podría, si se quiere, incluir al tiempo y al espacio
pero antes de toda separación, y que podría, también si se quiere, significar cosmos o mundo
para el modo de ser de Occidente; sin embargo el pacha, es, más bien, el micro-cosmos, el
lugar particular y específico en que uno vive. Es la porción de la comunidad de la sallga o
«naturaleza» en la que habita una comunidad humana, criando y dejándose criar, al amparo
de un cerro tutelar o Apu que es miembro de la comunidad de huacas o «deidades». Es decir,
pacha es la colectividad natural local, que, como todo en el mundo andino, se re-crea
continuamente.
La Pachamama, la Madre Tierra, cada año, cada ciclo telúrico, concibe – fecundada por el Sol-
y pare un nuevo pacha, (dentro del pacha, a su vez, el agua fecunda a la tierra, y así
sucesivamente). Los sacerdotes y las sacerdotisas toman el pulso a la Pachamama y palpan
el feto durante la gestación para conocer antes del parto el carácter de la cría. Por eso pueden
saber el clima del año venidero. Pero ellos también, por su conocimiento tan íntimo de la
Pachamama y del Sol, así como de las circunstancias de su vida, pueden saber incluso el
carácter de sus criaturas aún no engendradas.
La colectividad natural andina siendo sumamente diversa, es sin embargo la de siempre.
Sucede pues que lo de siempre es la diversidad, la renovación, la re-creación. La diversidad
es lo habitual, es lo normal. Pero no cualquier diversidad sino la que conviene a la vida. Por
este modo de ser es que la cultura andina ha podido mantener su presencia entrañable en las
grandes mayorías poblacionales del campo y de las ciudades y continuar con su diversidad
pertinente a la vida.
Por otra parte se constata que la concepción andina es holista porque en el mundo-animal lo
que incide en uno cualquiera de sus órganos, afecta necesariamente al organismo, al ser vivo.
El órgano es indesligable del organismo y en el órgano está incluido el organismo. Se trata de
un mundo comunitario de un mundo de amparo en el que no cabe exclusión alguna. Cada
quien (ya sea un hombre, un árbol, una piedra) es tan importante como cualquier otro.
Lo que acabamos de presentar nos hace ver que el holismo es propio de un mundo colectivista,
embebido de un sentimiento de pertenencia: uno sabe siempre que es miembro de una
comunidad con cuya persistencia se siente íntimamente comprometido. Uno sabe que es
miembro de una comunidad que vive en uno. Es así como se vive la experiencia de unidad de
la vida propia con la vida toda del mundo-animal andino.
Otra característica de la cosmovisión andina es su inmanencia, esto es, que todo ocurre dentro
del mundo-animal. El mundo andino no se proyecta al exterior y no existe algo que actúe sobre
él desde fuera. Esto implica que en la cultura andina no exista lo sobrenatural ni «el más allá»
ni lo trascendente. El mundo inmanente andino es el mundo de la sensibilidad: nada en él
escapa a la percepción. Todo cuanto existe es patente. Todo cuanto existe es evidente. Hasta
la «deidad» Viracocha es perceptible, es visible.
COSMOVISIÓN ANDINA
La Cosmovisión Andina, no sólo implica una retrospección hacia el pasado, sino también la
recuperación de una forma de vida que nos legaron nuestros ancestros para saber vivir y poder
transmitir esa fuerza a las generaciones venideras con la experiencia y sabiduría de quienes
nos antecedieron.
La historia de los pueblos se va forjando según su cosmovisión, que es la forma de concebir
el mundo, la vida.
Muchas culturas occidentales, concebían que la naturaleza era violenta y agresiva, y por lo
tanto, desarrollaban una cosmovisión de temor, donde el ser humano estaba sumido en el
miedo. Otras, en cambio, observan que la vida y la naturaleza se desarrollan de manera
armónica, como ocurre en los pueblos originarios de Abya Yala, por lo tanto, generaron una
cultura de respeto y armonía entre todas las formas de existencia.
Entonces, los árboles, las montañas, los ríos, las plantas, los astros, los seres humanos, todos
ellos tienen su rol.
Bajo esta conclusión, también se desarrollan las formas de cohesión de las sociedades, en
cuanto se refiere a política, economía, arte y espiritualidad.
En Los Andes se concibe que las energías del cielo (Pachakama), las energías de la tierra
(Pachamama), dan origen a toda forma de existencia, que se interrelacionan mediante el Ayni.
El Ayni, mas que la reciprocidad es la interdependencia e interconexión entre todas las formas
de existencia. Esto nos permite concebir el Ayllu, como la comunidad, no solamente entre los
seres humanos, sino entre plantas, animales, minerales, etc. Y todas ellas son iguales, no
existe ningún rey de la creación.
Es por eso que el ser humano andino, generó en todas sus actividades, el respeto a toda forma
de existencia, a las montañas, al Padre Sol (willka tata), a la Madre Luna (phaxsi mama), a las
estrellas (wara wara), a la Madre Tierra (pachamama), a la Madre Agua (cota mama), el Señor
de los Vientos (wayra tata), el abuelo Fuego (nina tata), los insectos, las piedras, etc, porque
se comprende que, el deterioro de una forma de existencia es el deterioro de todo, por lo tanto,
el concepto de “caminar juntos” es muy importante.
El horizonte es vivir en armonía con todo lo que existe, SUMA WIÑAY QAMAÑA, es una
premisa, un principio para nuestra cotidianeidad, comprendiendo que toda expresión, tiene su
razón de ser e importancia en la vida.
Por lo tanto, la cultura de Los Andes es una cultura de respeto, en esto es que basó toda su
arquitectura, realizando construcciones respetando el entorno y adecuándose a la morfología
de la tierra.
La espiritualidad en Los Andes se la vive desde el momento en que uno se levanta. Toda la
vida, cada segundo es sagrado. El respeto se va generando a través de todas las instituciones
de la Cosmovisión Andina:
En nuestras oraciones diarias siempre conversamos con Willka Tata, Paxsi Mama,
Pachamama, Qutamama, Wayra Tata.
Esa es la riqueza y la sabiduría de los pueblos indígenas originarios, esa visión que plasma en
una forma de vida que se expresa en armonía los ciclos de la Madre Tierra y equilibrio con
todo lo que nos rodea.
CONCLUSIÓN
Hablar de una cosmovisión implica hablar de una manera de ver el mundo, una manera de
pensar y explicar la realidad; según los estudiosos de los Andes la cosmovisión andina es no
sólo una forma de saber, sino una manera de sentir propia del “hombre andino” que se explica
a partir de una relación vivencial con el entorno.
Se trata de un sentimiento y una visión de la vida y la realidad marcada por elementos míticos
que surgen de una sociedad agraria pre-capitalista, la misma que – a decir de los apologistas
de la “lógica andina” – aún perdura en los Andes; donde todo incluido el hombre, los animales
y las rocas tienen calidad de sagrado; un mundo mágico y simbólico producto de una sociedad
influida por elementos colectivistas, cuyo legado tiene un origen anterior incluso, al régimen
autocrático de los Incas.
En concepto de antropólogos y filósofos de la cultura, en las comunidades andinas el legado
cultural ancestral persiste y se transmite oralmente de generación en generación.
Fundamentalmente a través de las actividades productivas basadas en una “economía de
reciprocidad” y a través de elementos simbólicos como sus bordados, aguayos y sus ritos;
elementos todos, que prefiguran un mundo cultural con un profundo sentido ecologista, el
mismo que pese al bombardeo ideológico de la civilización capitalista persiste. Casi todos los
investigadores resaltan el carácter mítico y pre-conceptual del saber andino, se trata de un
mundo marcado por lo ritual, lo simbólico donde la presencia del mito juega un papel importante
en la explicación del mundo andino.
Hablar de una cosmovisión implica a su vez, hablar de una lógica y una epísteme distinta a la
occidental. La “lógica andina” – dicen estos autores – implica una dialéctica basada en “los
contrarios que se complementan” donde no existe la contradicción antagónica; para estos
estudiosos del mundo andino la “lógica occidental” se basa en la racionalidad griega
inaugurada por Sócrates y la lógica formal aristotélica, la misma que durante siglos (durante
todo el Medio evo prácticamente) sirvió a la tradición judeo-cristiana para sustentar los dogmas
religiosos y hoy persiste en la manera de pensar de las clases dominantes de occidente;
manera de pensar metafísica, formal, expresión falsa de la realidad que se ha transpuesto
masivamente por generaciones en la mente de las masas urbanas y rurales de la sociedad
burguesa; de ahí que Marx llamó a esta lógica formal la lógica del sentido común.
La emergencia del pensamiento dialéctico marxista provocó una revolución teórica sin
precedentes en la filosofía y en las ciencias sociales, trajo consigo una nueva explicación de
la sociedad y la historia y permitió desvelar la razón abstracta de la filosofía hegeliana como la
razón de las clases dominantes bajo el régimen burgués. La existencia del proletariado y de la
lucha de clases constituían no sólo la expresión palmaria de la negatividad e irracionalidad del
orden social imperante, sino que constituía la reafirmación de la existencia de contradicciones
sociales inconciliables; a estas alturas era ya evidente que “la realización de la razón” no
pasaba por la crítica filosófica, sino que constituía y constituye aún hoy, una tarea de la práctica
socio histórica de las masas trabajadoras oprimidas bajo el capitalismo. Por tanto, la solución
no pasa por la elucubración filosófica, como ilusamente piensan algunos diletantes,
intelectuales del sistema.
La idea de una “epísteme andina”, que se estaría reconstruyendo como una opción a “la crisis
del pensamiento occidental”, constituía hasta hace poco una constante entre los apologistas
del mundo andino. Se trata de una epísteme “que parte de los ritos, símbolos y mitos de un
pueblo”, cuyos hombres no se colocan frente al mundo con el afán de aprehenderlo ni tienen
un afán instrumental, sino que se consideran parte de él, equivalentes a todo lo que lo
constituye a las piedras, las plantas, los animales. “Un mundo donde todo es vivir en equilibrio
y reciprocidad”, un mundo mágico donde todo tiene la dignidad de lo sagrado, incluido lo
inorgánico y lo orgánico, lo animal y lo vegetal, lo humano y lo que está más allá, en la
naturaleza, en el cosmos, concebido como “viviente”, por tanto, con sentimientos, afectos y
necesidades nutritivas, tal como pensaban los primeros materialistas griegos.
Esta imagen idílica que impulsa a representarse la realidad del mundo como un mundo mágico
y homogéneo; reino de la armonía y el respeto entre los hombres entre sí y con los otros seres
vivos y la naturaleza, sin contradicciones antagónicas, muy distante sin duda alguna del mundo
real cotidiano que vivimos, marcado por profundas y dolorosas contradicciones sociales;
dominado por la cosificación de las relaciones humanas y la opresión de hombres y pueblos
corresponde, no digamos a tiempos idos, muy remotos, sino a la elucubración de los
antropólogos y filósofos del “mundo andino”.
La lógica formal aristotélica, por ejemplo, es una forma de pensar propia de un primer estadio
del desarrollo del pensamiento racional, capaz de captar algunos fenómenos simples de la
realidad ciertamente, pero incapaz de aprehender la estructura (la esencia) de otros
fenómenos mucho más complejos; marcados no sólo por la quietud o el aislamiento como los
“ve” el lógico formal o el metafísico, sino que se trata de una realidad en constante cambio;
cuyo proceso de desarrollo no proviene del exterior, sino que se trata de un proceso de
transformación constante producto de contradicciones internas, inherentes a su propia
naturaleza. La quietud en el mundo es la excepción, no existe, todo está en cambio constante
en la naturaleza, la sociedad y el pensamiento, producto precisamente de contradicciones
internas; explicar este permanente devenir a partir de las interacciones recíprocas que se
produce en el mundo es la tarea del pensamiento dialéctico.
Lejos de caer en el error de la idílica sujeción a un fetiche: lo andino ancestral y “su lógica”
propio de muchos apologistas liberales del “mundo andino” – no sólo aymaras sino de origen
extranjero2 –. En lo que sigue sometemos esta “visión” a un análisis crítico; esta “lógica”,
contiene algunos elementos dignos de rescatarse, como su conciencia ecologista y algunos
resabios colectivistas que aún persisten pero, en lo fundamental, sus soportes ideológicos son
claramente identificados con una lógica burguesa de razonar, lo desvela no sólo su punto de
partida antropológico, sino el principio de “la complementariedad de opuestos no antagónicos”
y la “armonía entre todas las comunidades del cosmos”, es un discurso con evidentes motivos
práctico sociales favorables al statu quo burgués.
En el fondo, el “pensamiento andino” constituye una “crítica” con una clara motivación ideológica,
aderezada con mucha dosis de misticismo y escaso valor científico, pues, no nos sirve para profundizar
en el conocimiento de la vida real de los pueblos y naciones andinas; ni siquiera bajo el Incario, no nos
sirve por ejemplo para profundizar la estructura – de clases – del Estado Imperial Inca. De ahí que dista
mucho de constituir – como suponen sus divulgadores – la expresión de una hipotética “revolución
epistemológica”, es decir, un supuesto nuevo “paradigma científico”, que supera los “obstáculos
epistemológicos” precedentes y nos acerca al conocimiento de “la verdad”. No sólo, porque no está en
la posibilidad de realizar aporte alguno a esta comprensión, sino porque es una “lógica” que, en lo
fundamental, es una creación ideológica reciente que en lugar de coadyuvar a comprender los motivos
últimos que explican los procesos históricos de la vida real, los mistifica, en función de preservar los
intereses de clase dominantes en la sociedad andina. Un orden social, por cierto, muy lejano de la
“armonía cósmica” de la que tanto nos hablan los apologistas de la “lógica andina”; basado en
antagonismos sociales inconciliables, cuya explicación última reside en la propiedad privada de los
medios de producción, la circulación de mercancías y la acumulación de riqueza.