3 Juegos para desarrollar la
empatía
Dígalo con mímica
Materiales: ninguno
Dinámica del juego. Se divide a los niños en parejas. Preferentemente que no se conozcan
demasiado bien o que no tengan un lazo muy estrecho.
Luego se le da una consigna a uno de los dos niños. Esta consigna será una emoción que ese
niño debe de hacer con mímica frente al salón pero sin emitir sonido.
Una vez que la emoción fue adivinada, se le dará otra consigna: reconocer una emoción en una
situación determinada. Por ejemplo una consigna puede ser: “tienes que llevar a tu perro a la
veterinaria porque está terriblemente enfermo y tú temes por su vida”.
El niño que se encuentra en frente del salón debe realizar toda la mímica sin emitir una sola
palabra, sí son posibles las onomatopeyas. También puede ser necesario (dada la consigna) que
intervengan otros niños en la actuación.
El niño que debe adivinar la escena, tiene que reconocer el tipo de emoción que atraviesa toda
la actuación, sin importar el tiempo que esto demande.
El termómetro de las emociones
Materiales: Una regadera.
Dinámica del juego. Vamos a simular que cada niño es una flor (niño-flor) a la que se le pedirá
(anteriormente) que exprese una sensación: tristeza, enojo, ira, amor, etc.
Luego, se le da al niño protagonista una regadera, la cual deberá utilizar en caso que no
comprenda la emoción que su compañero está expresando.
De esta forma la regadera se convierte en un termómetro para medir si los niños están siendo
claros al expresar sus emociones o no. Cuanto menos se exprese el niño-flor, más se utilizará la
regadera. En tal caso hay que hacer hincapié en que, el exceso de agua (regadera vacía sobre los
niños-flores), puede arruinar las flores por la abundancia de agua y la posterior muerte de la
planta.
El protagonista irá regando (más o menos) a medida que descubra al menos 3 emociones
correctas en sus compañeros. En este caso podrá pasar el lugar protagónico a otro niño que él
mismo escoja.
El ovillo positivo
Materiales: un ovillo de lana
Dinámica del juego. Todos los niños se deben sentar en un gran círculo. Luego, el docente
toma el ovillo y lo lanza hacia un niño determinado sin soltar la punta del ovillo. El docente
debe decir algo positivo del niño que recibió el ovillo. Luego ese mismo niño, tomará una parte
del hilo y lanzará el ovillo (sin soltar el hilo) hacia otro niño sobre el que tendrá que decir algo
positivo también.
El juego para desarrollar la empatía finaliza cuando todos hayan participado al menos una
vez, emitido un juicio positivo de alguno de los niños y el ovillo se termine, dejando una tela de
araña de lana entre todos los participantes.
Juegos para desarrollar la
empatía
By Elena Llorente | 22/11/2015
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Comprender al otro sin contagiarte de su emoción, pero manteniendo
una actitud de ayuda y servicio. La empatía es aquello que nos permite
tener compasión de los demás, es lo que nos permite ver el mundo desde
diversas perspectivas y ponernos en el lugar del otro. Cada uno de nosotros tiene
a sus espaldas unas experiencias, creencias y valores distintos, por eso muchas
veces no comprendemos a los demás y, frecuentemente, nos cerramos en
banda. La empatía es apertura, es frescura, es curiosidad. Y que mejor
manera de que los niños la puedan aprender, más que jugando.
Aquí os dejo unos cuantos juegos:
1. EL AMIGO DESCONOCIDO
1. Objetivos: ser capaz de comprender a los demás. Reconocer sentimientos y
emociones ajenos. Comprender los motivos y conductas de los
demás. Entender que todos y cada uno de nosotros somos diferentes.
2. Materiales: papel y lápiz.
3. Desarrollo: el profesor asigna a cada niñ@ un amigo secreto. Durante un
tiempo determinado, cada niño va a estar atento a las cualidades y valores
de este amigo secreto. Una vez terminado el tiempo, cada uno escribirá una
carta a su amigo explicándole lo que le parecía de él. Luego cada uno se lleva
su carta y la lee. Al día siguiente de la lectura, será interesante compartir los
sentimientos vividos. L@s niñ@s que no saben escribir, lo escribirán a su
manera y el profesor se lo transcribirá, de igual forma se hará con los que no
saben leer.
2. COLLAGE
Objetivos: ser capaz de comprender a los demás. Reconocer la pertenencia
a un grupo. Aprender a decir que «no» defendiendo los derechos propios y
respetando los ajenos. Tomar decisiones en grupo. Conseguir objetivos
comunes.
Materiales: 4 cartulinas, 1 barra de pegamento, 1 rotulador y 1 revista
atrasada.
Desarrollo: se divide el grupo en tres subgrupos del mismo número de
personas y un cuarto grupo de tres observadores (1 por grupo). Mientras los
observadores observan, los grupos tienen un tiempo para realizar un
collage, que represente, por ejemplo, las cuatro estaciones del año. Solo se
podrá utilizar el material que el profesor coloque en el centro de la mesa.
Todas las partes del collage han de estar pegadas a la cartulina y rotulado, al
menos, el título. Al término del tiempo los trabajos se entregan al profesor.
Se trata de ver qué grupo lo ha hecho mejor. Para ello, se pondrán los
collages en el suelo y, teniendo en cuenta los comentarios de los
observadores exteriores, se producirá a una votación realizada por los
propios niños, de la cual saldrá un collage ganador. Posteriormente se hará
un pequeño debate para contar cómo se han sentido a la hora de realizar el
collage y durante las votaciones.
3. EL JARDINERO
Objetivos: ser capaz de comprender a los demás. Reconocer sentimientos y
emociones ajenos. Respetar los turnos. Reconocer la pertenencia a un
grupo.
Materiales: una regadera o un objeto que represente una herramienta de
jardinería. Algo para tapar los ojos.
Desarrollo: l@s niñ@s se sitúan frente a frente a dos metros de distancia
aproximadamente, representando los árboles de una avenida. La primera
persona que hace de jardinero tiene que situarse en un extremo de la
avenida, con los ojos vendados, y tiene que ir en busca de la regadera (u otro
objeto), que está al otro lado de la avenida. Este trayecto debe hacerse sin
tocar los árboles. Sucesivamente van pasando más jardiner@s, hasta pasar
todo el grupo. Después haremos un diálogo en el que les preguntaremos,
¿cómo se han sentido?, ¿cómo sintieron a las demás personas?
4. EL OVILLO
Objetivos: reconocer sentimientos y emociones ajenos. Respetar los
turnos. Reconocer la pertenencia a un grupo. Conseguir objetivos comunes.
Materiales: un ovillo de lana.
Desarrollo: todos los participantes se sientan en círculo. El profesor
empieza lanzando el ovillo a alguien sin soltar una punta. Al tiempo que
lanza el ovillo dice algo positivo que le guste o valore la persona a la que se
lo lanza. Quien recibe el ovillo, agarra el hilo y lanza el ovillo a otra persona.
También dice algo que le guste. Así sucesivamente, sin soltar el hilo, para
que vayamos tejiendo la telaraña. El juego termina cuando todos hayan
cogido el ovillo. Después realizamos un diálogo para ver ¿cómo se han
sentido?, ¿cómo hemos recibido las valoraciones?, y si nos reconocemos en
ellas.
6. EL CUENTO DE LAS EMOCIONES
Objetivos: reconocer sentimientos y emociones ajenos. Respetar los
turnos. Comprender los motivos y conductas de los demás.
Materiales: no se necesitan.
Desarrollo: sentados en círculo, el profesor contará un cuento. L@s niñ@s
deben estar atentos porque luego se les va a hacer preguntas sobre el
contenido del cuento, relacionadas con los sentimientos (El cuento está a
continuación). Preguntas: ¿por qué estaba contenta Sara?, ¿por qué motivos
se enfadó Pedro?, ¿por qué se puso triste Sara?
El cumpleaños de Sara
Érase una vez dos hermanitos, Sara y Pedro, que se querían mucho y pasaban
todo el día juntos. Sara tenía tres años y Pedro, cuatro. Se acercaba el
cumpleaños de Sara y entre todos empezaron a preparar una gran fiesta para
celebrarlo. Los padres de Sara y Pedro prepararon invitaciones para los amiguitos
de Sara. Iban a ir muchos niños porque Sara era muy simpática y agradable con
todo el mundo y tenía muchos amigos: todos los niños de su clase y todos los
vecinos de su edad. Todo el mundo ayudaba en algo para la fiesta y Pedro
empezaba a estar un poco cansado porque no se hablaba de otra cosa durante
todo el día y no le hacían mucho caso a él. Además, esa no era su fiesta.
El día del cumpleaños de Sara, sus padres se levantaron temprano para decorar
toda la casa. Había un gran cartel que ponía «Muchas felicidades, Sara». Cuando
llegó la hora de levantarse, los padres de Pedro y Sara fueron a la habitación de
Sara para despertarla y felicitarla. Sara estaba contentísima, porque además le
habían llevado un gran regalo envuelto en un papel de muchos colores y con una
gran cinta roja alrededor. Lo desenvolvió con cuidado: ¡Era un oso de peluche
enorme! Estaba muy alegre y no paraba de dar las gracias a sus padres por ese
regalo tan bonito. Sara preguntó por Pedro, que se tenía que haber despertado
con todo el ruido, pero no había ido a felicitarla todavía. Así era, Pedro lo estaba
escuchando todo, pero él también quería regalos y no le apetecía ir a darle a Sara
el suyo, pero fueron sus padres a despertarlo y a decirle que debía ir a felicitar a
su hermana. Así lo hizo, pero Sara, aunque no dijo nada, se dio cuenta de que no
lo hacía de corazón como solía hacerlo. Desayunaron todos juntos, aunque Pedro
no estaba alegre como solía estar el resto de las mañanas.
Se fueron al colegio, todo el mundo felicitaba a Sara y en su clase le cantaron
«Cumpleaños feliz». Después de las clases, a la salida del colegio, todos los
compañeros de Sara la acompañaron a su casa. Poco tiempo después fueron
llegando todos sus vecinos. Fue una fiesta genial, pero Pedro estaba enfadado
porque nadie le hacía caso. Todo el mundo estaba pendiente de Sara, le daban
muchos regalos y estaba tan contenta y ocupada con todos sus amigos, que no le
hacía caso. Estaba tan enfadado que se fue a otra habitación. Pero Sara sí que
estaba pendiente de su hermano y se puso muy triste de verle enfadado con ella.
Ya no le importaban los regalos ni la tarta con las velas, ni las canciones ni nada,
porque ella quería mucho a su hermanito y él estaba enfadado con ella. Entonces
decidió ir a hablar con él. Al principio, Pedro hacía como si no la escuchara, pero
en realidad estaba muy contento de que Sara hubiera ido a hablar con él. Sara le
dijo que no se enfadara que le daba todo lo que le habían regalado con tal de que
estuviera él contento. En ese momento, pedro se dio cuenta de lo buena que era
su hermanita y de lo que le quería. Él no tenía ningún motivo para enfadarse, era
el cumpleaños de su hermana y tenían que estar todos contentos por ella. Así que
le pidió disculpas por su comportamiento y se fueron los dos juntos con el resto de
sus amigos para apagar las velas de la tarta.
4 ACTIVIDADES PARA
TRABAJAR LA EMPATÍA EN EL
AULA DE EDUCACIÓN
INFANTIL
EDUCACIÓN
Según la RAE la empatía es la “capacidad de identificarse con alguien y compartir sus
sentimientos”. Para mí, significa “el arte de ponerse en la piel de los demás” o, dicho
con otras palabras, “caminar con los zapatos de otra persona”. Por este motivo, es tan
importante trabajar la empatía en el aula.
Esta capacidad que parece tan sencilla, no la es. La mayoría de los humanos llevamos
una vida muy atareada, estresada. Las prisas marcan nuestro día a día y, en numerosas
ocasiones, nos cuesta parar y entender a las personas que nos rodean. Por este motivo,
es muy importante educar la capacidad de empatizar con los demás desde edades
tempranas.
Hoy os traigo cuatro actividades para trabajarla en el aula de educación infantil.
Algunas de ellas las podemos poner en práctica de forma puntual, organizándolas un día
especial, y otras forman parte de nuestro día a día, seguramente las hacemos de forma
inconsciente, pero es importante recalcarlas para hacer mayor hincapié en ellas cuando
estemos en clase.
Sin más preámbulos, paso a las actividades que os propongo:
1. Teatro: Es una herramienta muy efectiva para trabajar muchas capacidades. Desarrolla
la expresión verbal y corporal, la agilidad mental, la memoria… y, además, es una forma
perfecta de ponernos en la piel de los demás. Como en la etapa de educación infantil son
pequeños podemos presentárselo como un juego que desarrollaremos en diferentes
sesiones y, si es necesario, pediremos ayuda a los padres para ayudarles a memorizar
su papel. Aprovecharemos una sencilla obra de teatro para tratar algún tema conflictivo
que haya en el grupo-clase. Por ejemplo, si ha surgido un pequeño malentendido entre
varios niños/as lo podemos trasladar a nuestra pequeña y “casera” teatralización.
1. Role playing: Es una dinámica de grupo que consiste en que dos o más personas
representen una situación o caso concreto que suceda en la vida real y así trabajar la
empatía en el aula. Para ello, repartiremos los papeles para que ambas partes puedan
actuar en base al que les haya tocado y, de esta forma, haremos que la situación que
nos preocupa sea más auténtica. Esta actividad debemos adecuarla para ponerla en
práctica en las aulas de educación infantil, siempre pensando en las edades tempranas
de los niños que la conforman. Por tanto, las situaciones que plantearemos serán
sencillas y que formen parte de la vida cotidiana para que les sea más fácil interpretar el
papel que les haya tocado. Por otra parte, si percibimos que es necesario, podemos
interpretar nosotros mismos la situación (con la colaboración de algún compañero) para,
posteriormente, lanzar a los pequeños preguntas que les ayuden a hablar sobre lo
sucedido durante la interpretación.
1. “El juego de las máscaras”: Esta actividad es mucho más sencilla que las que he
nombrado anteriormente. Para prepararla imprimiremos fotos de carnet de cada niño de
la clase a tamaño real (es decir, grandes como una careta) y les añadiremos un palo de
madera. Una vez en el aula, daremos una máscara a un niño (nunca el mismo al que
estamos representando) y le haremos sencillas preguntas que tendrá que responder
pensando que es el compañero de la foto que está sujetando. Por ejemplo: ¿cuál es tu
color favorito?, ¿qué es lo que más te gusta hacer?, ¿qué te hace sentir triste?, etc.
Mediante este ejercicio intentaremos que se pongan en el lugar de sus compañeros y, a
la vez, podemos conocernos un poquito más. En resumen, una actividad ideal
para trabajar la empatía en el aula.
1. “Escucha a tus alumnos”: Cuando surja algún conflicto en el aula es muy importante
hablarlo entre todos. En primer lugar, debemos hablar de forma individual con todas las
partes que forman parte del mismo. Es imprescindible escucharlos a todos para entender
las posturas que lo configuran. Cuando nos expliquen lo sucedido debemos mantener
una actitud de escucha activa, esta es la mejor forma de comprender las emociones
que están sintiendo cada una de las partes. Una vez hecho esto, podemos trasladar el
conflicto al grupo-clase (si lo creemos conveniente) para hablar de ello entre todos.
Haremos preguntas que les ayuden a ponerse en la piel de sus compañeros: “¿cómo
crees que se ha sentido Pepito?”, “¿y Manolito?”, “¿te hubiera gustado estar tú en la
misma situación que Pepito y Manolito?”, etc. Es una manera de incentivar la
comunicación y el diálogo como elementos esenciales para la resolución de conflictos y,
de paso, ayudar en el desarrollo de la expresión oral.
Hasta aquí mi propuesta de actividades para trabajar la empatía en el aula de educación
infantil. Como veis, de forma amena, realizando actividades diferentes, podemos ayudar
a que nuestros alumnos, poco a poco, vayan adquiriendo una capacidad muy importante
en su futura vida alumna: la empatía.
Espero que en los comentarios de este artículo nos dejéis vuestras propuestas sobre
como trabajar la empatía en el aula. Seguro que entre todos podemos enriquecernos de
las experiencias, ideas, etc. que tengamos y dar a conocer más actividades para trabajar
la capacidad empática en el aula de infantil.