Introducción
Las infracciones penales se pueden definir como aquella conducta que
quebranta o transgrede una norma, penada por la Ley.
Las infracciones penales tienen una clasificación establecida por nuestro Código
Penal Dominicano en: Crímenes, Delitos y Contravenciones; Las cuales son
penadas de una manera diferente de acuerdo a su gravedad y estas poseen su
propia clasificación.
Por ultimo veremos los elementos que constituyen una infracción penal, los
mismos están divididos en elementos generales, elementos específicos y
elementos aleatorios.
Para una infracción ser llamada como tal, la misma debe estar dotada de ciertos
elementos como lo son: la acción, la tipicidad, la antijuridicidad, la imputabilidad,
la culpabilidad y la punibilidad.
En el presente trabajo de investigación se abordarán los temas antes
mencionados de una manera profunda, sustentados en lo que es nuestra norma
penal, desde su conceptualización hasta los elementos que conforman la
Infracción Penal.
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LA INFRACCIÓN PENAL
La Infracción Penal, es la transgresión, un incumplimiento o el quebrantamiento
de una norma, una convención o un pacto establecido. En otras palabras, es
aquella conducta consistente en el quebrantamiento de la ley penal.
Son infracciones penales aquellas omisiones y omisiones dolosas o imprudentes
penadas por la Ley.
El Artículo 1 del Código Penal establece: Art. 1.- La infracción que las leyes
castigan con penas de policía es una contravención. La infracción que las leyes
castigan con penas correccionales, es un delito. La infracción que las leyes
castigan con una pena aflictiva o infamante, es un crimen.
Es decir, el Código Penal dividió las infracciones penales en tres (3) categorías
según la naturaleza de la pena: a) crímenes; b) delitos; y c) contravenciones.
Esta clasificación proveniente del ámbito penal se hizo en función de tomar en
cuenta la naturaleza de la pena a ser aplicada a la infracción penal de que se
tratase.
Los crímenes son las infracciones penales más graves o muy graves; los delitos
son las infracciones penales graves; y las contravenciones son las infracciones
penales leves.
En la propuesta de Código Penal de la República Dominicana de la abortada Ley
550-15 apareció una nueva clasificación de las infracciones penales que se
ajusta a dicha proporción de la gravedad recién señaladas: a) infracciones
graves; b) infracciones menos graves; y c) infracciones leves; pero haciendo
desaparecer a las contravenciones como infracciones penales, veamos:
“Artículo 24. Clasificación de las infracciones penales. Las infracciones previstas
en este código se clasifican, según la gravedad o daño personal y social que
entrañe la actuación u omisión punible perpetrada, de la siguiente manera:
1) infracciones graves, que son aquellas que entrañan un acentuado grado de
daño personal y social; 2) infracciones menos graves, que son aquellas que
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entrañan un grado intermedio de daño personal y social; 3) infracciones leves,
que son aquellas que entrañan un reducido grado de daño personal y social. “
Este último tipo de clasificación con titulación según la gravedad fue la usada en
los códigos penales españoles, los cuales clasificaban las infracciones penales
en: a) delitos graves; b) delitos menos graves; y c) faltas; hasta que la reforma
de Marzo del 2015 suprimió las faltas y dejó la clasificación en: a) delitos graves;
b) delitos menos graves; y c) delitos leves. Es decir, que, al parecer quienes
integraron la comisión que elaboró dicha propuesta de Código Penal para la
República Dominicana optaron por irse por y aceptar dicha clasificación
española.
Clasificación de las penas
De acuerdo al Código Penal, las penas en materia criminal se clasifican en:
Aflictivas e infamantes
Infamantes solamente
En este sentido las penas aflictivas e infamantes, según el artículo 7 del código
Penal Dominicano, son las siguientes:
Penas de 20 años y 30 años de trabajos públicos.
Penas de trabajos públicos.
La detención.
La reclusión
Reclusión menor (2-5 años)
Reclusión mayor (3-20 años)
En el ámbito correccional, las penas que se establecen según el artículo 9 de
Código Penal Dominicano, son las siguientes:
El confinamiento.
La prisión temporal.
La interdicción por determinado tiempo de ciertos derechos cívicos, civiles
o de familia.
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La multa.
La ley establece las distintas penas en materia de crímenes, delitos y
contravenciones y estas se deben imponer, no obstante a la restitución en daños
y perjuicios que puedan recibir los agraviados. (Artículo 10- Código Penal
Dominicano).
En ese sentido, en materia criminal y correccional, según el artículo 11 del
Código Penal Dominicano, son penas comunes las siguientes:
La sujeción del condenado a la vigilancia de la alta policía
La multa y la confiscación especial del cuerpo del delito cuando sea
propiedad del condenado
La confiscación de las cosas producidas por el delito
La confiscación que las cosas que sirvieron para su comisión o que se
destinaron a ese fin.
Elementos de la Infracción Penal
Los elementos de la infracción penal son los requisitos o condiciones que se
precisan para que una infracción adquiera determinada personalidad.
Existen tres clases de elementos constitutivos:
Elementos constitutivos generales.
Elementos constitutivos especiales.
Elementos constitutivos accidentales.
Elementos Generales.
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Es el soporte del delito, es la base sobre lo que se construye todo el concepto
del delito; podemos decir que ésta categoría nos permite conocer que es una
infracción.
Los Elementos Constitutivos Generales están conformados por 4 elementos a su
vez:
1. Elemento Material: está configurado por un acto (una acción o una
omisión).
2. Elemento Legal: supone que el acto que constituye la infracción está
previsto en la ley, es decir, que esté tipificado.
3. Elemento Moral: es necesario que ese acto realizado de conformidad con
la ley; haya sido realizado con el uso pleno de las facultades de la
persona, es decir, uso racional y pleno de discernimiento.
4. Elemento Injusto: supone que el agente al cometer el acto lo hace sin
derecho; es decir, que la acción que realiza sea contraria al derecho.
Cuando aparecen estos 4 elementos constitutivos generales, aparece una
infracción determinada; pero cuando falta uno de ellos, no hay infracción, y en
consecuencia se impone el descargo.
La Acción
La acción aparece definida como conducta dotada de un significado social, es
evidente, por un lado, que se abandona su conceptuación ontológica para entrar
en lo puramente normativo, ya que sólo puede definirse lo que tiene o no
relevancia social y jurídico-penal con remisión a la valoración social o jurídica del
comportamiento humano, y, por otro, que se consigue unificar bajo una
característica común a la acción, la omisión y las conductas imprudentes, toda
vez que lo esencial ya no es ni la causación ni la intención sino la valoración
social de la conducta.
La causas de exclusión de la acción más comúnmente consideradas, y sobre las
que existe un mínimo consenso dogmático con independencia del concepto de
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acción defendido, son la fuerza irresistible, los movimientos reflejos y las
situaciones de inconsciencia.
La fuerza irresistible. El art. 64 CP establece, junto a los supuestos de estado
de demencia –que en puridad son supuestos de exclusión de la culpabilidad-,
que cuando al momento de cometer la acción el inculpado (…) se hubiese visto
violentado a ello por una fuerza a la cual no hubiese podido resistir, no hay crimen
ni delito”. Las notas esenciales para que pueda apreciarse la fuerza irresistible
son que se trate de una fuerza de carácter físico, de origen exterior y que anule
totalmente la voluntad.
La limitación de esta excusa a la vis física o fuerza de carácter físico, con
exclusión de los supuestos de violencia moral, viene justificada, desde una
perspectiva legal, de la conjunción de los conceptos violentado y fuerza, que se
utilizan el art. 64 CP, y desde una perspectiva dogmática, del hecho de que sólo
en tales casos la acción del inculpado no depende en absoluto de su voluntad.
La ejecución de un acto, por ejemplo, bajo la conminación inmediata de muerte
podrá, en su caso, excusar la responsabilidad de quien actúa, pero dicha excusa
no deriva de que su acción no dependa de su voluntad natural, pues, a pesar de
ser compelida, todavía tiene la posibilidad de oponerse a ella. El carácter exterior
de la fuerza implica que la voluntad del sujeto no se haya visto anulada por
motivaciones o fuerzas internas, tales como impulsos provocados por un
arrebato o situación pasional o incluso actuaciones en cortocircuito en que el
sujeto actúa de manera irreflexiva.
Tales supuestos también pueden tener una influencia en la excusa o disminución
de la responsabilidad, pero no por excluir la acción, sino por la incidencia que
tengan en la menor culpabilidad del sujeto, como son los casos de inmediatez
en la previa provocación de la víctima en los delitos contra las personas (art. 321
CP) o la castración inmediatamente provocada por ultraje violento a la
honestidad (art. 325 CP). El carácter exterior de la fuerza no implica, sin
embargo, que, necesariamente, tenga que tener origen humano, siendo
perfectamente posible que tengan origen natural como, por ejemplo, supuestos
de un terremoto o una inundación en que el sujeto se ve arrojado contra bienes
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patrimoniales u otras personas causando daños o lesiones. La última
característica es que sea irresistible. Ello implica que la fuerza, además de ser
física y externa, debe ser absoluta, como manifestación de la anulación completa
de la voluntad del sujeto. Los casos en que la fuerza sea vencible y dependiendo
de las circunstancias concurrentes en el caso, cabría apreciar atenuaciones o
incluso otras excusas, en atención a la concreta afectación que tengan sobre la
capacidad de motivación del sujeto.
Movimientos reflejos y situaciones de inconsciencia: Ninguna de ambas
situaciones aparecen recogidas expresamente en el CP, como tampoco
aparecen, por ejemplo, en el CP español, lo que no es impedimento para que
desplieguen los efectos de excusa que le son propios al impedir que concurra el
presupuesto típico de la acción humana. Los movimientos reflejos son aquellos
actos que desarrolla el cuerpo humano directamente desde los centros motores
sin mayor intervención de la conciencia como pueden ser convulsiones,
espasmos e incluso determinados movimiento instintivos. De ese modo, por
ejemplo, quien a consecuencia de las convulsiones de un ataque epiléptico
provoca la destrucción de injertos quedaría excusado del delito previsto en el art.
447 CP. En todo caso, nuevamente hay que insistir en que si bien cabe incluir
en esta categoría determinados tipos de movimientos instintivos como los de
protección, no lo serían aquellos de tipo impulsivo, como el caso de la llamada
retorsión o agresión, sea física o de palabra, a quien profiere una ofensa verbal.
Las situaciones de inconsciencia, por su parte, también son supuestos en que
a pesar de existir movimientos corporales queda totalmente excluida o anulada
la voluntad humana, en este caso, porque el sujeto carece de conciencia de la
conducta realizada. Son los supuestos de sonambulismo, narcosis o hipnosis.
Así, por ejemplo, quien encargado del cuidado de un niño es narcotizado por un
tercero y no evita que caiga desde una ventana quedaría excusado del homicidio
imprudente (art. 319 CP).
Estas situaciones deben distinguirse de las conductas realizadas en estado de
demencia, reguladas en el art. 64 CP, en las que la consciencia no está ausente,
sino alterada, ya que en tales supuestos, como ya se dijo, lo determinante es la
falta de motivación suficiente y, por tanto, la culpabilidad.
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Elementos Específicos
Los Elementos Constitutivos Especiales distinguen una infracción de otra y como
resultado de eso, la ponderación adecuada de estos produce un diagnóstico del
tipo de infracción y la calificación de esta puede variar, permite diferenciarlos,
delito por delito, aunque son inconstantes. La imputabilidad es la base
psicológica de la culpabilidad.
Dentro de los elementos específicos encontramos:
La Tipicidad: La tipicidad es la adecuación de un hecho cometido a la
descripción que de ese hecho se hace en la ley penal. Si no hay Tipicidad
no existe delito.
La Antijuridicidad
Es aquella conducta que es ilícita o contraria a derecho y esa condición
junto con la tipicidad nos permite determinar que estamos ante una
infracción penal dando paso a una pena o medida de seguridad en
consecuencia.
Dentro de la relación de Antijuridicidad y la infracción penal, debemos
tener en cuenta que no toda conducta típica es antijurídica, por lo que
aunque en la mayoría de los casos las conductas típicas son también
antijurídicas, encontramos situaciones donde causas de justificación, nos
ponen delante casos, donde una conducta es típica y la encontramos en
el código penal, pero no antijurídica, porque aunque típicas son
consideradas lícitas conforme a derecho.
Si los requisitos de la acción y de la tipicidad delimitan ya los
comportamientos humanos descritos como lesivos en una norma penal –
descritos como objetivamente indeseables llega el momento de
preguntarse qué es lo que aporta al análisis sistemático del delito el
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requisito de la antijuridicidad. Si la antijuridicidad es contrariedad a
Derecho, si en términos menos formales la antijuridicidad es daño a los
intereses protegidos por el Derecho, podrá pensarse que toda conducta,
por el hecho de ser típica, es también antijurídica. Podemos pensar que
al decir que una determinada acción es una conducta típica de homicidio,
porque un sujeto ha matado a otro (art. 295 CP), estamos diciendo
también que es una conducta antijurídica: una conducta que se opone
formalmente a lo prescrito por el Derecho y que daña materialmente los
valores protegidos por el Derecho.
La antijuridicidad es, según lo ya apuntado, sólo un cierto modo (parcial)
de contradecir la norma. Para entender esto debe tenerse en cuenta el
peculiar modo que tienen las normas de exteriorizar su mensaje a través
de la conjunción de diversos enunciados legales. El mensaje más
indicativo de la índole de las características de las conductas penalmente
ordenadas o prohibidas suele exteriorizarse en las partes especiales de
los códigos a través de una descripción general y predominantemente
objetiva del comportamiento.
Utilidad de la antijurídica.
La primera de ellas tiene que ver con las garantías que supone la propia
teoría de jurídica del delito, en cuanto que sistematiza una serie de
requisitos que deben concurrir para que se deba hablar de delito y para
que la imposición de la pena sea justa. Parece necesario que después de
comprobar que estamos ante un comportamiento humano típico- esto es:
generalmente disvalioso y antes de analizar si el mismo se cometió
culpablemente, nos aseguremos que aquel comportamiento era
finalmente disvalioso: que no concurría ninguna causa de justificación.
Existe una segunda buena razón para distinguir los comportamientos
antijurídicos y para que la técnica normativa facilite ese conocimiento
expresando con enunciados concretos lo generalmente prohibido (tipos
penales) y con otros enunciados más generales lo excepcionalmente
permitido (causas de justificación). Es una razón comunicativa y
orientadora: se trata de que los ciudadanos puedan conocer lo que la
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generalidad estima como comportamientos indeseables para que así
puedan orientar sus comportamientos en función de su deseo de
integrarse en la sociedad y en función de lo que es esperable de los
demás. Además, el conocimiento de lo antijurídico transmite con gran
aproximación el conocimiento de lo delictivo, pues habitualmente la
realización de una conducta socialmente es también una conducta
culpable y por ello delictiva: es una conducta que realiza una persona
imputable con conocimiento de su desvalor y al que le era exigible su
abstención. Esto es así porque los cánones de imputabilidad se elaboran
en función de las características psicofísicas de la mayoría, porque las
normas se comunican de forma que puedan ser conocidas por todos, y
porque describen conductas que son normalmente exigibles a sus
destinatarios. La tercera gran utilidad de la constatación de si una
conducta es antijurídica no tiene que ver con la responsabilidad penal de
su autor, sino con que constituye un referente para delimitar otro tipo de
responsabilidades, propias o ajenas. a) Así, en la medida en la que las
conductas antijurídicas son conductas disvaliosas – lesivas, negativas,
dañosas - parece razonable entender que para la asignación de
responsabilidad civil a un sujeto – de un deber de indemnizar – constituye
un dato relevante el del carácter antijurídico de su conducta. b) Así, parece
razonable prohibir la promoción o las colaboración en conductas
disvaliosas de terceros: parece razonable que el castigo por la
participación delictiva exija que la conducta en la que se participa
constituya al menos una conducta antijurídica y que por lo tanto no debe
incriminarse, por ejemplo, al que ayuda a otro a realizar una conducta
típica justificada – por ejemplo el que ayuda a otro a defenderse frente a
una agresión ilegítima -. c) Así, en tercer lugar, parece que la constatación
de la peligrosidad delictiva de un sujeto inimputable y la asignación al
mismo de una medida de seguridad tendrá como punto de partida que el
sujeto haya realizado una conducta disvaliosa: una conducta antijurídica.
Ninguna peligrosidad revelará, por ejemplo, el inimputable que realiza un
hecho típico en estado de necesidad, para evitar un mal mayor: quien
tumba uno o varios árboles ajenos (art. 445 CP) para hacer un dique que
evite una inundación inminente.
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Las Causas de Justificación: Son situaciones las que, admitidas por el
propio Derecho Penal, eliminan la antijuridicidad de un acto voluntario
inasumible en un tipo de delito y lo toman jurídicamente lícito. Es decir,
las acciones hacen en tipicidad (el acto se subsume al tipo), pero no en
antijuridicidad, donde el comportamiento es justo.
Fuente de la justificación en la Republica Dominicana:
El legislador penal dominicano ha optado por no realizar en el Código
Penal una relación de causas generales de justificación. Tampoco ha
estimado oportuno proceder a la regulación general de alguna de ellas,
sino que ha preferido su previsión expresa sólo en relación con
determinados delitos. Así, sin perjuicio de lo que depare un estudio
detenido de cada una de las figuras delictivas del Código, cabe destacar:
A) La previsión de la justificación por legítima defensa de los delitos de
homicidio, heridas y golpes (arts. 327 y 328). B) En el ámbito del estado
de necesidad, la existencia de “motivo grave” es causa de exoneración de
responsabilidad penal en las dos primeras modalidades de abandono de
familia (art. 357.3.1º y 2º); la “necesidad justificada” evita la sanción a
quienes “mataren bestias o ganados ajenos” (art. 453) o animales
domésticos (art. 454); la “necesidad” justifica la contravención consistente
en “estorbar una vía pública, depositando o dejando en ella (…) materiales
o cualesquiera otras cosas que impidan la libertad de tránsito, o
disminuyan su seguridad” (art. 471.5). C) Al ejercicio legítimo de un
derecho o al cumplimiento de un deber jurídico se refieren las expresiones
“en los casos y con las formalidades que la ley prescribe” – art. 184:
allanamiento de domicilio por parte de la autoridad o sus agentes -, “fuera
de los casos que la ley permita” – art. 341: detención y encierro ilegal - ,
“sin estar debidamente autorizados” – art. 479.17: quitar de los caminos
públicos las gramas, tierras o piedras” – y “a no ser que exista un uso
general que lo autorice” – art. 479.17: tomar barro o materiales en los
lugares pertenecientes a los municipios
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La Imputabilidad
Independientemente de cuál sea el fundamento de la culpabilidad por el
que queramos optar, para poder atribuir responsabilidad por lo realizado
es requisito ineludible que el sujeto haya llevado a cabo su acción u
omisión bajo determinadas condiciones psíquicas que permitan afirmar
que, o bien podía haber actuado de otro modo, o bien había podido
acceder al mensaje contenido en la norma y acomodado su conducta al
mismo. Por ejemplo, la posibilidad de decidir actuar o de dejarse motivar
por la norma distinta si quien actúa es una persona mayor de edad -de
que quien puede presuponerse que ya ha alcanzado un grado razonable
de madurez intelectual y emocional-, o si es menor de edad; si es una
persona mentalmente sana a si quien actúa era un esquizofrénico; etc.
Expresado en los términos de la teoría del delito, requisito ineludible para
afirmar la culpabilidad del autor por el hecho realizado es que sea
imputable. Tradicionalmente, la imputabilidad venía definida como la
capacidad de conocer y querer la realización el hecho. No obstante, tal
concepción ha sido criticada por la doctrina mayoritaria actual, que
considera, más correctamente, que la imputabilidad viene caracterizada
por dos notas esenciales: a) La capacidad de comprender lo injusto del
hecho b) La capacidad de dirigir la actuación conforme a dicha
comprensión.
En el Código Penal vigente en la República Dominicana la regulación de
la inimputabilidad se estructura en torno a dos grandes bloques: los casos
de “demencia”, de una parte (art. 64), y la minoría de edad, de otra (art.
66 y ss.).
Como acabamos de ver, el Código Penal dominicano no introduce un
catálogo de circunstancias a partir de las que poder concluir que estamos
ante supuestos de “demencia”, exentos de culpabilidad. Debido a ello,
puede ser razonable que nos sirvamos de los criterios manejados por
otros legisladores como vehículo para interpretar el art. 64 y, con ello,
delimitar el alcance de su aplicación. La cuestión de si todas o algunas de
estas circunstancias, tal como inmediatamente serán desarrolladas,
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tienen cabida en el vano concepto de “demencia” ha de quedar soslayada
de estas consideraciones; en cualquier caso, debe tenerse muy presente
que, como regla general, los límites a la interpretación – esto es, los
límites al principio de legalidad penal- pueden ser mucho más laxos
cuando la misma se realiza a favor del reo11(como es el caso, en el que
estamos planteando los límites de aplicación de circunstancias
eximentes) que cuando se realiza contra reo.
Bajo las anomalías psíquicas podemos entonces distinguir:
• psicosis, como enfermedad mental en sentido estricto, dentro de la que
se englobarían:
- la esquizofrenia
- la paranoia
- la psicosis maniaco-depresiva
- las epilepsias
• oligofrenias, que suponen un déficit de inteligencia generada por una
detención del proceso de desarrollo del cerebro durante los primeros años
de vida, dentro de las que suelen distinguirse grados de intensidad
(debilidad mental, imbecilidad e idiocia).
• Psicopatías, consistentes en anomalías del carácter, que dan lugar a un
acentuado desequilibrio entre los diversos patrones de la personalidad
(instintos, sentimientos, emociones, voluntad, etc.). Afirma Mir Puig que
esta anomalía es la que a efectos de valoración penal presenta más
problemas, por cuanto no conllevan un déficit en la capacidad de
comprensión del ilícito, ni tampoco a la capacidad de decisión o voluntad,
sino únicamente a la afectividad, consistente en ocasiones en una
absoluta ausencia de frenos morales.
• Neurosis, que constituyen reacciones extremas frente a una situación
concreta.
La culpabilidad: la culpabilidad es consecuencia de un juicio de
atribución de responsabilidad, y esa atribución de responsabilidad, en
Derecho penal, sólo tiene sentido cuando la aplicación de una pena
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resulta necesaria desde la finalidad preventiva que la legitima. No
obstante, ello no implica prescindir de la idea de la libertad de acción como
fundamento de dicha atribución, siempre que se entienda de un modo
distinto a como se ha venido haciendo por la doctrina tradicional del libre
albedrío. Es un hecho indubitado que cada uno de nosotros se asume
como libre, y contempla sus acciones como el resultado de una decisión,
y no como la consecuencia ciega de una infinita cadena causal de
acontecimientos.
Como primera aproximación a lo que después veremos más
detalladamente, podemos mencionar que para ello, para poder afirmar la
culpabilidad de un autor respecto a lo realizado y, con ello, hacerle
penalmente responsable, es preciso que se cumplan tres requisitos: a)
Que tenga capacidad para comprender la relevancia del hecho y de actuar
conforme a dicha comprensión (imputabilidad) b) Que conozca (o haya
podido conocer) que su conducta estaba prohibida por las leyes penales
(conocimiento de la antijuridicidad). c) Que no existan circunstancias
susceptibles de haber impedido o disminuido su capacidad de motivación
ante la norma (ausencia de causas de exculpación). En cualquier caso,
antes de entrar a abordar detenidamente cada uno de esos tres requisitos,
es preciso asentar algunas cuestiones introductorias, relativas, en
especial, a los aspectos sistemáticos de la categoría de la culpabilidad y
sus elementos, y al fundamento de la culpabilidad.
La culpabilidad, como hemos afirmado, conlleva un juicio de desvalor, de
reproche, hacia el sujeto que realizó la conducta antijurídica; o, en otros
términos, implica la atribución de responsabilidad por lo realizado y,
consecuentemente, la legítima posibilidad de imposición de una sanción
penal. Pues bien, la cuestión que con el fundamento material de la
culpabilidad nos planteamos es: ¿Cómo puede justificarse ese juicio de
reproche, esa atribución de responsabilidad? Para responder este
interrogante –mucho más complejo de lo que a primera vista pudiera
parecer- se han ensayado diversas respuestas, agrupadas bajo dos
concepciones básicas: a) La postura que asume el libre albedrío,
considerando que el fundamento del reproche consiste en que el autor
podía haber actuado de otro modo a como lo hizo. b) La postura que,
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frente a la anterior, adopta una perspectiva determinista, rechazando la
existencia del libre albedrío, o al menos la imposibilidad de su
demostración, y opta por un fundamento basado en los fines de la pena.
Elementos Accidentales
Se pueden definir como la penalidad que es el resultado del acto jurídico. No
cambia la naturaleza del delito, pero influye en la sanción. “Para apreciar la
gravedad del hecho se tendrá en cuenta: la naturaleza de la acción, los medios
empleados, la extensión del daño causado y del peligro corrido.
La Punibilidad: se refiere a aquella conducta sobre la que existe la
posibilidad de aplicar una sanción o una pena, desde el punto de vista
jurídico. Ya que ni siempre; ni ante cualquier delito es aplicable una pena;
el elemento de la punibilidad define justamente, la posibilidad de que una
pena sea aplicada, y de ahí la importancia del estudio de la punibilidad y
el delito.
Excusas Absolutorias:
Son circunstancias personales que determinan la exclusión de la pena en
un comportamiento antijurídico y culpable, la denominación de excusas
absolutorias son figuras jurídicas cuya función es dejar sin punición
determinados hechos delictivos no obstante estar presentes en ellos las
notas de antijuridicidad tipificada y culpabilidad.
Diferencia entre las excusas absolutorias y las causas de exclusión
del delito:
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En las causas de justificación no existe un delito en si, el hecho es
perfectamente lícito y permitido, mientras que en las excusas
absolutorias, no hay pena y el hecho es antijurídico e ilícito.
La diferencia más representativa entre las excusas absolutorias, y las de
justificación es aquella donde en las excusas técnicamente llamadas
causas de impunidad legal se configura el delito y su autor pero no hay
pena; en las causas de justificación aunque existe un hecho
aparentemente delictivo, no hay delito y las causas de inimputabilidad, es
que aun existiendo el delito no hay delincuente.
En la medida en que se trate de la presencia de circunstancias agravantes o
atenuantes disminuirá o aumentará la culpabilidad.
Agravantes: Están limitativamente establecidas en la ley y tienden a
aumentar la culpabilidad.
Atenuantes: No están establecidas en la ley y tienden a disminuir la
culpabilidad.
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CONCLUSIÓN
Nuestros códigos penales nunca brindaron una adecuada definición de qué debe
entenderse como infracción penal, a lo mucho llegaron a una definición
meramente formal como la prevista en el Art. 10 del CP (“son infracciones los
actos imputables sancionados por leyes penales”) que no refiere en absoluto
sobre las características elementales que debe reunir toda infracción. A
diferencia de ello, el COIP en el Art. 18 determina que es infracción penal “la
conducta típica, antijurídica y culpable cuya sanción se encuentra prevista en
este Código”, recogiendo con ello los planteamientos más debatidos en la actual
teoría general del delito.
De la definición expuesta en el Art. 18, se desprende que la infracción tiene tres
elementos fundamentales: 1.- La tipicidad; 2.- La antijuridicidad; y, 3.- La
culpabilidad. Todos ellos tienen como base principal la conducta humana que se
manifiesta en dos modalidades: acción y omisión. La pena no constituye un
elemento del delito sino una consecuencia de la conducta típica, antijurídica y
culpable.
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BIBLIOGRAFÍA
Escuela nacional de la judicatura, 2007, teoría del delito; Rep. Dom.
La Clasificación de las Infracciones – El Nuevo Diario.
Código Penal Dominicano.
Apuntes Jurídicos, Elementos del Delito.
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