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Agrupaciones de Colaboracion

El documento describe la historia y regulación de los contratos de agrupación de colaboración en Argentina. Explica que originalmente no había normas sobre contratos asociativos en el Código Civil y que la Ley de Sociedades Comerciales reguló algunos de forma dispersa. La reforma de 1983 incorporó los agrupamientos de colaboración y uniones transitorias de empresas como figuras contractuales no personificantes en la Ley de Sociedades. El nuevo Código Civil y Comercial de Argentina ahora regula ambas figuras bajo contratos asociativos, eliminando referencias a

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Agrupaciones de Colaboracion

El documento describe la historia y regulación de los contratos de agrupación de colaboración en Argentina. Explica que originalmente no había normas sobre contratos asociativos en el Código Civil y que la Ley de Sociedades Comerciales reguló algunos de forma dispersa. La reforma de 1983 incorporó los agrupamientos de colaboración y uniones transitorias de empresas como figuras contractuales no personificantes en la Ley de Sociedades. El nuevo Código Civil y Comercial de Argentina ahora regula ambas figuras bajo contratos asociativos, eliminando referencias a

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AGRUPACIONES DE COLABORACION

Art. 1453. Definición. Hay contrato de agrupación de colaboración cuando las partes
establecen una organización común con la finalidad de facilitar o desarrollar
determinadas fases de la actividad de sus miembros o de perfeccionar o
incrementar el resultado de tales actividades.

Art. 1454. Ausencia de finalidad lucrativa. La agrupación, en cuanto tal, no puede


perseguir fines de lucro. Las ventajas económicas que genere su actividad deben
recaer directamente en el patrimonio de las partes agrupadas o consorciadas.

La agrupación no puede ejercer funciones de dirección sobre la actividad de sus


miembros.

I. Relación con el Código de Civil y con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes


del nuevo texto

Ya dijimos al comentar la Sección 1ª de este capítulo, que el Código Civil sustituido


carecía de normas especiales sobre contratos asociativos, menos aún de una
regulación sistemática e integral de los mismos, ni siquiera refería a este contrato en
particular. Por su parte, la LSC se limitó a regular algunos contratos de colaboración
con comunidad de fines en forma dispersa y asistemática, en el Cap. II, Secc. IX (arts.
361 a 366) a propósito de la sociedad accidental y recién a partir del año 1983 con la
incorporación en el Capítulo III (De los contratos de colaboración empresaria),
Secciones I y II, de los agrupamientos de colaboración y las uniones transitorias de
empresas sancionados por la ley 22.903, como modalidades contractuales
asociativas no personificantes, cuya incorporación en la LSC fue duramente
criticada, toda vez que se los pretendía ajenos al resto de la normativa societaria en
función de su diferente naturaleza.

El debate doctrinario durante los años de la reforma al régimen de sociedades,


pretendía dar soluciones, o estructuras jurídicas adecuadas para los
emprendimientos económicos comunes, consorcios en el derecho italiano ojoint
ventures en el derecho anglosajón, por los que se procurase aunar esfuerzos o
recursos para fines económicos determinados, generalmente transitorios, sin
recurrir a la generación de una entidad jurídica independiente, también
identificados como contractual joint ventures por oposición a los corporate joint
ventures (cfr. Farina, Lorenzetti, Vitlo).

Estos emprendimientos en cuanto pretendieran eludir formas societarias típicas y la


generación de un nuevo sujeto de derecho, podían canalizarse en nuestro país a
través de la sociedad accidental o en participación. Pero como bien resalta Vítolo,
esta última estructura presentaba enormes inconvenientes, pues se conformaba
como una sociedad oculta, cuando lo que en realidad las partes deseaban era
conformar una asociación exteriorizada, no sólo para demostrar solvencia de los
operadores del emprendimiento, " sino también su capacidad técnica o know
howpara desempeñarse en ese campo de actividad".

Los negocios atípicos de colaboración si bien se entendieron legítimos y viables


enmarcados en el ámbito de la autonomía de la voluntad (arts. 1143, 1997 y cc. Cód.
Civil), corrían con el riesgo de ser catalogados de sociedades de hecho, con la
consiguiente aplicación del severo régimen contenido en esta normativa, y
particularmente las sociedades anónimas se encontraban limitadas por la pauta del
art. 30, LSC. Asimismo asechaban las sombras de la atipicidad (art. 17, LSC).
Remitimos a lo dicho al comentar los arts. 1442 y 1446 sobre estos aspectos.

Como recuerda Lorenzetti la presunción de existencia de sociedad frente a la


negociación común tenía una antigua y generalizada aplicación, que en nuestro país
se remonta al Código de comercio de 1869, inspirado en el Código Brasilero de 1850,
que presumía la existencia de sociedad ante las negociaciones comunes y adoptaba
un concepto amplio de sociedad caracterizado por la unión de esfuerzos o recursos
para la consecución de fines comunes (art. 1363).

La segunda tendencia fue hacia el otorgamiento de personalidad jurídica a toda


sociedad (civil o comercial) con la reforma del Código Civil del año 1968.

Ambas tendencias, más una tercera (italiana) que recibía el concepto de tipicidad
fueron plasmadas en la Ley de Sociedades Comerciales de 1972, que sólo
contemplaba como negocio jurídico sin personalidad independiente a la sociedad
accidental o en participación (art. 361, LSC).

Los artífices de la reforma de 1983, conscientes de la problemática, procurando


evitar que se deba recurrir a las sociedades típicas para viabilizar todos los
emprendimientos comunes, en cuanto ello impondría "un recargo de gastos y un
dispendio de los medios y estructuras respecto del propósito buscado" según
expresan en la Exposición de motivos de la ley 22.903, resolvieron incorporar como
un capítulo independiente (Capítulo III) de la Ley Sociedades comerciales, la
regulación de los que denominaron "Contratos de Colaboración empresaria", como
figuras asociativas meramente contractuales, no personificantes.

"Las agrupaciones de colaboración responden a los denominados joint ventures


operativos o consorcios internos, mientras que la unión transitoria es externa,
instrumental. Ambos se basan en la integración de recursos complementarios para
la adquisición inmediata y a título originario de beneficios derivados de dicha
integración"(Lorenzetti).

La ubicación en un capítulo independiente de estos negocios permitía excluir la


aplicabilidad del art. 30, LSC para las sociedades anónimas, sin apelar a la
derogación de tal norma; insistencia de más de treinta años que al decir de Vítolo,
podía calificarse como completamente injustificada.

En la referida Exposición de motivos se puntualizaba en torno a la ubicación


sistemática de las figuras (Agrupamientos de colaboración y uniones transitorias de
empresas) que la incorporación de estas relaciones en la ley pese a su naturaleza
contractual " se explica en razón de que las soluciones proyectadas más allá de su
tangencial conexión con el dispositivo del art. 30 están informadas por la íntima
interacción entre la noción de sociedad y el concepto de empresa, aunque
dogmáticamente ellas sean distintas y posean su propia individualidad; ello resulta
claro si se advierte que a tenor del art. 1° de la ley es la empresa en sentido
económico lo que constituye el objeto genérico y abstracto de toda sociedad
mercantil, que se presenta entonces como el recurso técnico de toda organización
pluripersonal que persiga la producción de bienes y servicios".

Ya remarcamos que la prohibición del art. 30, LSC para que las sociedades por
acciones formen parte de otras sociedades que no sean por acciones si bien es
mencionada como tangencial, tuvo gran influencia en la solución sistemática.

La noción de empresa de contornos difusos y carácter marcadamente económico


(no jurídico), como elemento justificante de la inserción del régimen contractual en
el societario, no conformó a la doctrina que continuó señalando la deficiencia
sistemática de incluir estos contratos en una ley especial ajena a la regulación de los
contratos en general (Etcheverry, Farina, Richard y Muiño).

Es que la incorporación de estos tipos de negocios no se compadecía con el régimen


general de las sociedades previsto en el capítulo I de la ley, de modo que su
recepción implicó la incorporación de un capítulo independiente (III), para salvar las
distancias entre estos negocios y los personificantes (sociedades), diferenciados por
su alto grado de institucionalización.

En definitiva compartimos con Zunino que la justificación de su inclusión como


capítulo III de la ley 19.550, se explicaba mejor en razones coyunturales de
oportunidad legislativa, que en "la íntima interacción entre la noción de sociedad el
concepto de empresa" que pretende la Exposición de motivos de la ley 22.903.
Hoy el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación bajo los lineamientos de los
Proyectos de 1993 y 1998 aglutina bajo el nomen genérico de contratos asociativos
a estas figuras previstas en el viejo régimen societario, otorgándoles sendas
secciones particulares (3ª y 4ª Cap. 16) destinadas a regularlas, suprimiendo toda
alusión a la noción de empresa y toda referencia a las sociedades comerciales con
fines sistemáticos y pedagógicos, propendiendo a la unificación.

Así, a la vez que se deroga la sociedad civil del régimen general, " a la inversa, se
trasvasan al Código Civil los llamados ' contratos de colaboración' en la Ley de
Sociedades (arts. 367 a 383 introducidos por la reforma de 1982), precisamente
porque son contratos y no sociedades, sustraídos al nivel de institucionalización de
estas últimas. A su vez, se tiende a la unificación porque se evita referirse a
'sociedades comerciales' o 'empresarios' cuando se enumeran los posibles
constituyentes" según los fundamentos del Anteproyecto elaborados por la
Comisión redactora.

Las agrupaciones de colaboración orientadas hacia la coordinación de esfuerzos y


recursos en lo interno y las uniones transitorias de empresas con orientación hacia
el exterior, se regulan en sendas Secciones del nuevo Capítulo 16, sobre contratos
asociativos, manteniendo no obstante y en lo sustancial la normativa derogada, en
solución que propende a un desarrollo doctrinario y jurisprudencial uniforme y
sostenido a lo largo del tiempo, lo que consideramos una decisión loable de la
Comisión.

“Según muestra la teoría económica, son estos agrupamientos los que se


manifiestan idóneos para impulsar el crecimiento, en economías de baja
concentración de capital. Por otra parte y debido a su riesgo limitado, constituyen
una ruta de fácil recorrido en el camino de la integración económica" (Lorenzetti).

II. Comentario

1. Caracterización

1.1. Adecuaciones terminológicas

El contrato de agrupación de colaboración mantiene su denominación, aunque


desaparece el título del Capítulo III del régimen societario que hacía alusión a la
empresa (De los contratos de colaboración empresaria).

La unificación civil y comercial se logra en lo terminológico según exposición de sus


autores, suprimiendo toda alusión a la noción de empresa y toda referencia a las
sociedades comerciales con fines sistemáticos y pedagógicos.
El nuevo art. 1453 sigue casi textualmente el Proyecto de 1998, en su art. 1343, 1er,
párr., que con las adecuaciones terminológicas ya adelantadas, a su vez se inspiró en
el art. 367, LSC, que se mantiene casi inalterado.

Concretamente se suprime la alusión a las sociedades constituidas en la República y


a los empresarios individuales (comerciantes o no, según su habitualidad)
domiciliados en ella, como potenciales partícipes de este negocio, lo cual no debe
interpretarse como una exclusión, sino al contrario seguirán siendo estos los actores
principales de este tipo de negocio, pero hoy junto con las personas humanas y
asociaciones civiles, que también podrán participar o echar mano a este negocio,
para perseguir en forma organizada la consecución de los fines contemplados en la
norma.

No era pese a alguna opinión aislada en contrario y hoy no es, requisito para
integrar estos negocios tener una actividad empresarial en marcha, pudiéndose
recurrir a la colaboración para iniciar una actividad (Lorenzetti).

Incluso las sociedades de hecho y las irregulares antes excluidas por la


inoponibilidad de su contrato constitutivo podrán intervenir en estos negocios,
atento la reforma al régimen de estas sociedades incorporado a la LGS (arts. 21 y ss.,
LGS).

Por otra parte, si bien se suprime toda alusión a las sociedades constituidas en el
extranjero, éstas seguirán siendo actoras de este negocio. La actual falta de toda
mención a la necesidad de su inscripción y acreditación en el país tampoco implica
su posible dispensa toda vez que el ejercicio habitual de actos que supone la
participación en estos contratos de tracto sucesivo o continuado impondrá el
cumplimiento del art. 118, segunda parte LGS (Vítolo 2012).

Por otra parte, la exclusión de este contrato del elenco de las personas jurídicas ya
se adelantó en la Sección 1ª (art. 1442), por lo que no se reitera en la caracterización
de la figura a diferencia de lo normado en su antecesora (art. 367, LSC).

El art. 368, LSC se mantiene inalterado, denotando la peculiaridad de la figura en el


derecho argentino que excluye toda finalidad lucrativa de la agrupación en sí misma,
así como el control de la competencia y la dirección sobre sus miembros (art. 1454).

En definitiva y como veremos al comentar los artículos subsiguientes, tanto los


agrupamientos de colaboración como las uniones transitorias no han sufrido
modificaciones relevantes, manteniendo vigencia las consideraciones doctrinarias y
jurisprudenciales realizadas con anterioridad a la sanción del nuevo Código Civil y
Comercial, ya que tampoco han mudado su naturaleza jurídica meramente
contractual.

A diferencia de lo comentado a propósito de la sociedad accidental (ver art. 1448,


Cód. Civ. Y Com.), estos contratos nunca fueron confundidos con las sociedades
comerciales, ubicándose por razones de coyuntura legislativa en el régimen
societario, pero en un capítulo independiente, demostrativo de la falta de una
verdadera vocación de integración al mismo.

2. Objeto

Según se puntualiza en la Exposición de motivos de la ley 22.903 al justificar la


adopción de la denominación agrupamientos de colaboración, si bien la misma
respondía a lo que en la doctrina y legislación comparada suele referirse como
consorcios (Italia, Brasil), el uso particular con que en nuestro derecho es utilizada
esta última noción, aconsejó no utilizarla para evitar confusiones.

En particular toda vez que una persona física o jurídica cualquiera sea hoy la índole
de sus actividades, procure en forma organizada y estable facilitar o desarrollar
determinadas fases de la actividad de sus miembros o de perfeccionar o
incrementar el resultado de tales actividades, podrá apelar al negocio regulado en
esta sección.

La organización es un rasgo típico de los negocios asociativos regulados en el


capítulo 16 bajo comentario, según hemos referido al comentar la Sección 1ª, del
mismo. Ello es consecuencia de su carácter abierto y su tendencia a la estabilidad
que permite calificarlos como de tracto sucesivo o continuado. La diferencia
fundamental respecto de la organización propia de las sociedades — para algunos
inexistente (cfr. Vítolo) —, radica en la ausencia de personalidad jurídica de la
agrupación en cuanto tal, lo que implica la falta de órganos en sentido estricto,
instrumentándose la misma a través de los representantes voluntarios de las partes
del contrato y el fondo común operativo como técnica de patrimonialización para la
simplificación de ciertas relaciones jurídicas (Richard).

Respecto de la referencia a fases de la actividad, si bien ya no se alude a las fases de


la actividad empresarial, continúan vigentes las consideraciones elaboradas por los
legisladores de 1983 en su Exposición de motivos, cuando precisaban que si bien el
concepto se presenta relativamente amplio, guarda relación con que cualquier
actividad empresarial, industrial o comercial, es idealmente divisible en operaciones
que conserven en el contexto global de la empresa una cierta individualidad y que
técnicamente podrían resolverse en organizaciones autónomas.
Se trata de obtener mayor eficiencia en los procesos productivos, comerciales,
industriales (y hoy aún civiles) a través de la racionalización y coordinación de
tareas, equipos, personal, etc. (Zunino).

El objeto, como operación jurídica considerada por las partes, tiene una importante
limitación, según opinión calificada de Lorenzetti: " tiene que estar de alguna
manera relacionado con la actividad de los participantes, ya que debe ir en provecho
de ellos".

Podemos imaginar como objetivos de una agrupación entre muchos otros, la


generación de un centro común para el control de calidad de autopartes adquiridas
por más de una empresa automotriz, centros de investigación o ensayo comunes a
más de un laboratorio, oficinas comunes de venta o promoción de productos o
servicios.

Lo mismo podría ocurrir si varios sanatorios o empresas de prestación de servicios


médicos compran en común un aparato de alta tecnología para ser utilizado en la
atención de sus pacientes o varios productores vitivinícolas adquieren en común
una maquinaria de elevado costo para el procesamiento de la uva cosechada, que
luego transforman en vino, entre otros muchos ejemplos.

Como puede apreciarse estas agrupaciones a diferencia de las uniones transitorias,


son emprendimientos cuyo ámbito de actuación se dirige hacia la organización
interna de las partes, no pudiendo — e n principio— trascender esta actividad hacia
los terceros. Se procura el aprovechamiento de ventajas estratégicas comunes de
los miembros, " para aminorar costas, acrecentar la eficiencia o aprovechar
oportunidades determinadas" (Vítolo 2007).

"La incorporación del instituto permite, entonces, posibilitar la cooperación o


colaboración entre empresarios, constituyendo, asimismo, una primera etapa hacia
formas más complejas o extensas de complementación, manteniendo intacta la
personalidad y la autonomía de los participantes" (de la Exposición de motivos de la
ley 22.903).

3. Finalidad mutualista

Por otra parte, se enfatiza la finalidad mutualista del consorcio o agrupamiento, con
exclusión de todo propósito lucrativo en la organización o de control de la
competencia (ver asimismo art. 1455, 1er. párr. in fine, Cód. Civ. y Com.), en línea
con la caracterización del negocio incorporada en 1983 a la legislación societaria
(art. 368 y 369, 1er. párr., LSC).
La agrupación, en cuanto tal, no puede perseguir fines de lucro, no es esa su
función, por lo que se aclara que las eventuales ventajas económicas — lo mismo
que las pérdidas— que genere su actividad deben recaer directamente en el
patrimonio de las partes agrupadas o consorciadas, lo que a su vez es un reflejo de
la falta de personalidad jurídica diferenciada del agrupamiento (art. 1454).

La finalidad de los agrupamientos es la de prestar un servicio a sus miembro de


modo tal que la actividad se proyecte en un beneficio (noción más amplia que la de
ganancia) para los que crean esta organización (Roitman).

El único beneficio que en principio reciben las partes es el modo en que se aumenta
la productividad o se reducen sus costes, permaneciendo el fondo común operativo
indiviso hasta la finalización del plazo de duración.

4. No subordinación

De conformidad con la caracterización de los negocios de colaboración con


comunidad de fines regulados en la sección 1ª, las relaciones organizadas son
exclusivamente de coordinación o cooperación con exclusión, en el caso expresa, de
todo tipo de dirección unificada sobre los miembros del agrupamiento.

Esto significa por un lado, que las empresas cooperantes mantienen su autonomía e
independencia, no sólo desde el plano jurídico formal, sino también desde el
económico sustancial (Roitman). Al menos así debería suceder dada la
conceptualización de estos negocios.

Así explican Richard y Muiño, que "la terminología colaboración se ha deslizado


desde la contratos de colaboración a los agrupamientos de colaboración,
identificando a aquellos en que no hay una dirección unificada, sino que el motivo
de su formación es la búsqueda de una colaboración empresaria sin que se produzca
la pérdida de su individualidad y de su autonomía de decisión, ni la preeminencia de
una empresa sobre la otra".

Por el otro, la propia estructura jurídica no puede servir a los fines de subordinación
de los miembros. La mención expresa de la última parte del art. 1454, como bien
indicaba Zunino a propósito del art. 368, LSC, procura evitar que la modalidad sea
desvirtuada mediante su utilización como estructura de grupos de subordinación,
por oposición a los de cooperación.

El agrupamiento dada su naturaleza contractual no podrá inmiscuirse en las


decisiones de los miembros, ni ordenarla hacia fines de un pretendido grupo
económico, no hay posibilidad de control sea interno o externo por parte del
agrupamiento pues no es un sujeto de derecho.

Art. 1455. Contrato. Forma y contenido. El contrato debe otorgarse por


instrumento público o privado con firma certificada notarialmente e inscribirse en el
Registro Público que corresponda.

Una copia certificada con los datos de su correspondiente inscripción debe ser
remitida por el Registro al organismo de aplicación del régimen de defensa de la
competencia.

El contrato debe contener:

a) el objeto de la agrupación;

b) la duración, que no puede exceder de diez años. Si se establece por más tiempo,
queda reducida a dicho plazo. En caso de omisión del plazo, se entiende que la
duración es de diez años. Puede ser prorrogada antes de su vencimiento por
decisión unánime de los participantes por sucesivos plazos de hasta diez años. El
contrato no puede prorrogarse si hubiesen acreedores embargantes de los
participantes y no se los desinteresa previamente.

c) la denominación, que se forma con un nombre de fantasía integrado con la


palabra " agrupación";

d) el nombre, razón social o denominación, el domicilio y los datos de inscripción


registral del contrato o estatuto o de la matriculación e individualización, en su caso,
de cada uno de los participantes. En el caso de sociedades, la relación de la
resolución del órgano social que aprueba la contratación de la agrupación, así como
su fecha y número de acta;

e) la constitución de un domicilio especial para todos los efectos que deriven del
contrato de agrupación, tanto entre las partes como respecto de terceros;

f) las obligaciones asumidas por los participantes, las contribuciones debidas al


fondo común operativo y los modos de financiar las actividades comunes;

g) la participación que cada contratante ha de tener en las actividades comunes y en


sus resultados;

h) los medios, atribuciones y poderes que se establecen para dirigir la organización y


actividad común, administrar el fondo operativo, representar individual y
colectivamente a los participantes y controlar su actividad al solo efecto de
comprobar el cumplimiento de las obligaciones asumidas;
i) los casos de separación y exclusión;

j) los requisitos de admisión de nuevos participantes;

k) las sanciones por incumplimiento de obligaciones;

l) las normas para la confección de estados de situación, a cuyo efecto los


administradores deben llevar, con las formalidades establecidas por este Código, los
libros habilitados a nombre de la agrupación que requiera la naturaleza e
importancia de la actividad común.

I. Relación con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto

El artículo bajo comentario reproduce casi integralmente el art. 369, LSC, con las
mínimas adecuaciones terminológicas de rigor. Lo mismo hizo el Proyecto de
unificación de 1998 en su art. 1345.

II. Comentario

1. Forma

El artículo fija las formas y contenidos mínimos del contrato de agrupamiento de


colaboración.

Se trata de un contrato formal pero las mismas como hemos adelantado al


comentar el art. 1444, han sido impuestas meramente ad probationem atento la
falta de sanción explicita de invalidez (ver art. 969, Cód. Civ. y Com.), por lo que
según dijimos concordamos con Vítolo en que si estos contratos se celebrasen sin
las formalidades prescriptas, valdrán no obstante como contrato en el que las partes
se obligaron a cumplir con la expresada formalidad.

El contrato debe otorgarse por instrumento público o privado con firma certificada
notarialmente, certificación ésta que no se encontraba presente en la LSC, pero era
de uso atento lo normado en el art. 5, LSC, y deben inscribirse en el Registro Público
que corresponda, según dice la ley, ya que éste no será ya de comercio, dada la
posible participación de personas humanas y asociaciones meramente civiles en su
constitución.

La falta de inscripción dada la nueva ubicación de estos convenios, ya no plantea


como problema su irregularidad, ni puede siquiera pensarse en la aplicación del
régimen de sociedades irregulares en subsidio. El Registro cualquiera sea la
denominación que adopte seguirá siendo meramente declarativo, como lo fue
siempre, siendo el contrato plenamente oponible entre las partes a tenor de lo
dispuesto en el art. 1447 (ver comentario), lo que no debe juzgarse más que una
reiteración de los principios generales (art. 959, Cód. Civ. y Com.).

La formalidad exigida para la celebración del contrato rige también para las
modificaciones ulteriores que le sean introducidas, excepto que ellas versen
solamente sobre estipulaciones accesorias o secundarias (art. 1016, Cód. Civ. y
Com.).

2. Defensa de la Competencia

En línea con el articulado y la Exposición de motivos de la ley 22.903, una copia


certificada con los datos de su inscripción debe ser remitida por el Registro al
organismo de aplicación del régimen de defensa de la competencia.

Se trata de una manda que tiende a asegurar la finalidad de cooperación sin


subordinación (art. 1454, 2° párr.), ni restricción de la libre competencia, lo que en
todo caso será juzgado por la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, bajo
el marco normativo de la ley 25.156.

Bien destaca Lorenzetti sobre el punto que " el contrato de agrupación en


colaboración, como en general los vínculos asociativos, no son lesivos de la
competencia por sí mismos, sino que, por el contrario, favorecen la competencia
adecuada porque permiten: la obtención de economías de escalas para que las
pequeñas empresas puedan agruparse y competir con las grandes firmas
multinacionales; la disminución de costos, que favorecen el funcionamiento del
mercado; la mejor eficiencia, que incrementa directamente la competitividad.

“Para que sea lesivo, se requiere que el contrato sea un instrumento para lograr
alguna de las conductas prohibidas por la ley 25.156".

3. Contenido

El artículo dispone toda una serie de contenidos típicos que no pueden faltar en el
negocio, so pena de convertirlo en una modalidad atípica, pero no nula, de los
negocios asociativos.

En contra, durante el anterior régimen se ha postulado la inexigibilidad del contrato


sin los contenidos impuestos por la ley, ya que estos requisitos se decía no eran
suplidos por la LSC, ni podían ser integrados por el juez (Roitman, Otaegui).

El nuevo régimen en cuanto sienta en la Sección 1ª el principio de libertad de


contenidos (art. 1446), no impone las formalidades bajo pena de nulidad facultando
a las partes a exigir su cumplimiento (art. 969, Cód. Civ. y Com.), e impone la
exigibilidad entre partes del contrato aun cuando no fuere inscripto art. 1447,
demuestra que la interpretación actual deberá dirigirse, como todas estas normas
parecen indicar, hacia la validez del negocio, sin perjuicio de la inoponibilidad frente
a terceros de toda regulación que altere el régimen común o general de
responsabilidad.

No podrán los negocios atípicos prever la generación de fondos comunes


operativos, ni otras técnicas jurídicas de patrimonialización o generación de centros
imputativos, ya que éstas sólo pueden ser dispuestas por ley, para aquellos
contratos que cumplan los requisitos que la ley específicamente impone (ver
nuestro comentario al art. 1446, Cód. Civ. y Com.).

En particular se exige que en el contrato se precise:

a) el objeto de la agrupación;

Que deberá ser determinado, y responder a la caracterización de la figura y la


finalidad mutualista sentada en los arts. 1453 y 1454, Cód. Civ. y Com.

b) la duración, que no puede exceder de diez (10) años y si se estableciere por más
tiempo, quedará reducida a dicho plazo, sin perjuicio de sus eventuales prórrogas.

En caso de omisión del plazo, se entiende que la duración es de diez años y puede
ser prorrogada antes de su vencimiento por decisión unánime de los participantes
por sucesivos plazos de hasta diez años.

No se prevé la reconducción con posterioridad al vencimiento, lo que no obsta a la


suscripción de un nuevo contrato con respeto de los derechos de los eventuales
terceros embargantes.

El contrato no puede prorrogarse si hubiesen acreedores embargantes de los


participantes y no se los desinteresa previamente. Lo que procura lograr un
equilibrio entre la indivisión de bienes ordenada en el art. 1458, 2do. párr. Cód. Civ.
y Com. para la conservación del emprendimiento común y la necesidad de brindar
algún resguardo a los derechos de los acreedores personales de los partícipes.

c) la denominación, que se forma con un nombre de fantasía integrado con la


palabra " agrupación";

La denominación es utilizada en sentido amplio no técnico, pudiendo apelar al


sistema de la razón social (Vítolo).

d) Los datos que permitan individualizar a las partes del negocio.


Requiriéndose la consignación del nombre, razón social o denominación de cada
una, el domicilio y los datos de inscripción registral del contrato o estatuto o de la
matriculación e individualización, en su caso, de cada uno de los participantes.

En el caso de sociedades, la relación de la resolución del órgano social que aprueba


la contratación de la agrupación, así como su fecha y número de acta. Esta
resolución corresponderá al órgano de administración (Roitman), no a la reunión de
socios o asamblea, salvo que con el emprendimiento común pueda interpretarse
que se comprometerá económicamente a la sociedad (acto de disposición o
administración extraordinaria), lo que no puede ser calificado en abstracto.

Aquellos autores que en cambio califican a priori el negocio como de administración


extraordinaria (Lorenzetti, Otaegui), o de disposición (Guyenot), exigen la pertinente
resolución asamblearia con mayorías especiales para su constitución.

e) la constitución de un domicilio especial de la agrupación de colaboración para


todos los efectos que deriven del contrato, tanto entre las partes como respecto de
terceros;

f) las obligaciones asumidas por los participantes, las contribuciones debidas al


fondo común operativo y los modos de financiar las actividades comunes;

Como en todo contrato deberán individualizarse precisa y concretamente las


obligaciones de cada una de las partes (de hacer o no hacer para la agrupación y de
dar al fondo común operativo y para la financiación del emprendimiento), sin que se
exija la correspectividad ni equivalencia de las prestaciones de las partes propias de
los contratos de cambio, atento el carácter plurilateral con finalidad común del
negocio (ver comentario al art. 1442, Cód. Civ. y Com.).

g) la participación que cada contratante ha de tener en las actividades comunes y en


sus resultados;

Por un lado deberá precisarse las actividades específicas que corresponde a cada
partícipe en las actividades comunes del emprendimiento y por el otro, en caso de
existir ventajas o beneficios, así como eventuales pérdidas, estas hemos visto,
recaen sobre el patrimonio individual de los partícipes (art. 1454, Cód. Civ. y Com.).

h) los medios, atribuciones y poderes que se establecen para dirigir la organización y


actividad común, administrar el fondo operativo, representar individual y
colectivamente a los participantes y controlar su actividad al solo efecto de
comprobar el cumplimiento de las obligaciones asumidas;
Se deben sentar asimismo las normas (cláusulas) que regirán la toma de decisiones
partícipes y para la administración del agrupamiento, meros mandatarios (arts.
1445, 1319 y ss. Cód. Civ. y Com.) los segundos, en consonancia con lo normado en
los arts. 1456 y 1457, Cód. Civ. y Com. a cuyo comentario remitimos.

Asimismo prever las modalidades de la fiscalización o control sobre la


administración de la agrupación, con exclusión de todo control de la voluntad de los
miembros, en el sentido de direccionar las decisiones de los mismos
(subordinación).

i) los casos de separación y exclusión;

Dada la naturaleza de estos contratos (de colaboración con finalidad común o


plurilaterales funcionales), en que la nulidad del vínculo que afecta a uno no
provoca la nulidad del contrato ni el incumplimiento de uno puede ser invocado por
los otros (art. 1443), las faltas graves o reiteradas de sus miembros pueden dar lugar
a la resolución parcial no voluntaria del vínculo, lo que cabe calificar como un
supuesto de extinción subjetiva parcial al decir del maestro López de Zavalía.

Las partes pueden pautar sus propios criterios de exclusión o separación.

En sentido contrario la separación podrá ser peticionada por el partícipe afectado


por las decisiones de la mayoría, en la medida que existan previsiones contractuales
en tal sentido.

j) los requisitos de admisión de nuevos participantes;

Otra característica esencial de estos contratos es que los mismos aunque


originariamente sean celebrados por sólo dos partes, mantienen siempre la
potencialidad de recibir nuevos miembros (negocios abiertos), debiendo precisarse
los requisitos de admisibilidad para evitar futuros conflictos de intereses entre las
partes del negocio.

En tal sentido parecen válidas limitaciones tales como el previo consentimiento de


todos o la mayoría absoluta de los participes en el acuerdo. La unanimidad en caso
de preverse se compadece adecuadamente con la naturaleza contractual del
negocio y el carácter intuitu personae que normalmente tendrá el mismo.

k) las sanciones por incumplimiento de obligaciones;

Que serán siempre pecuniarias y no disciplinares (Roitman), resultando su régimen


asimilable al de las cláusulas penales (Vítolo).
l) las normas para la confección de estados de situación, a cuyo efecto los
administradores deben llevar, con las formalidades establecidas por este Código, los
libros habilitados a nombre de la agrupación que requiera la naturaleza e
importancia de la actividad común.

A tales efectos conforme lo normado en el art. 322 y 859 inc. d, aplicables a


administradores de los agrupamientos de colaboración, deberá llevar registración en
libros Diario, Inventario y Balance y todos aquellos que corresponden a una
adecuada integración de un sistema de contabilidad y que exige la importancia y
naturaleza de las actividades a desarrollar; siendo aplicables las restantes
disposiciones de la Sección 7ª, del Cap. V, Tit. IV, sobre contabilidad y estados
contables.

Art. 1456. Resoluciones. Las resoluciones relativas a la realización del objeto de la


agrupación se adoptan por el voto de la mayoría absoluta de los participantes,
excepto disposición contraria del contrato.

La impugnación de las resoluciones sólo puede fundarse en la violación de


disposiciones legales o contractuales. La acción debe ser dirigida contra cada uno de
los integrantes de la agrupación y plantearse ante el tribunal del domicilio fijado en
el contrato, dentro de los treinta días de haberse notificado fehacientemente la
decisión de la agrupación.

Las reuniones o consultas a los participantes deben efectuarse cada vez que lo
requiera un administrador o cualquiera de los participantes.

No puede modificarse el contrato sin el consentimiento unánime de los


participantes.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto

La norma reproduce literalmente el art. 1346 del Proyecto de unificación civil y


comercial de 1998, que a su vez seguía con mínimas variantes art. 370 de la LSC.

II. Comentario

1. Resoluciones

Ante todo cabe recordar que la falta de personalidad jurídica del agrupamiento (art.
1442) impide hablar de órganos del mismo en sentido estricto. Consecuentemente
tampoco encontraremos una voluntad propia del agrupamiento diferenciada de la
voluntad individual de los partícipes.
Concretamente el artículo refiere que las resoluciones relativas a la realización del
objeto de la agrupación — facilitación o desarrollo de las fases de la actividad de sus
miembros o el perfeccionamiento o incremento de los resultados de tales
actividades— se adoptarán por el voto de la mayoría absoluta de los participantes,
excepto disposición contraria del contrato, siendo admisible la unanimidad
especialmente cuando las partes nos sean más de dos o tres personas.

La única variante respecto del régimen contenido en la ley de sociedades que se


observa, es la aclaración de que la mayoría será absoluta, de modo que debe
computarse sobre el número de miembros y no sobre los presentes en las
eventuales reuniones.

Creemos que determinar qué cuestiones de las relativas a la realización del objeto
corresponden a la decisión de los partícipes en reunión o consulta, puede resultar
una cuestión no fácil de encuadrar.

En efecto, las decisiones diarias corresponderán al representante o administrador de


la agrupación, mientras que las que importen una modificación del negocio deberán
adoptarse por unanimidad, en atención a la naturaleza contractual no
personificante del mismo (ver art. 1442 y su comentario).

Entre ambos polos habrá decisiones que a requerimiento de cualquiera de los


administradores o los partícipes, deberán ser sometidas a decisión por la mayoría
legal, prevista como subsidiaria de aquellas que pudiera prever el contrato.

Entre las mismas parecen claramente sujetas a resolución de los participes: la


aprobación de los estados de situación, la designación o revocación de
administradores o representantes, la aplicación de multas a los participantes.

Pero no pueden derivarse reglas fijas, en este aspecto y a diferencia del régimen
societario, "la ley da amplias libertades para que los participantes delimiten los
campos o no, pudiendo superponerse las decisiones del administrador con las de la
reunión. En el caso de superposición de resoluciones contradictorias y en ausencia
de un mecanismo contractual, debe darse prioridad a lo establecido por la reunión
de participantes porque refleja la voluntad contractual plena, de la que los
directores y administradores son derivaciones" (Lorenzetti).

2. Impugnación de decisiones

Las decisiones de los partícipes podrán ser impugnadas por éstos, sólo cuando la
impugnación se fundamente en la violación de disposiciones legales o contractuales,
sin poderse cuestionar el mérito u oportunidad de las mismas.
La norma omite determinar la legitimación activa para recurrir. Siguiendo a Vítolo
podemos afirmar que la única salida será la aplicación analógica de las soluciones
plasmadas en el art. 251, LGS, de modo que podrán impugnar:

a) Los miembros de la agrupación que votaron en contra de la decisión.

b) Los miembros de la agrupación que se abstuvieron de votar la decisión (en contra


Roitman).

c) Los miembros de la agrupación que estuvieron ausentes o no fueron consultados


respecto de la decisión.

d) Aquellos que hayan votado afirmativamente la resolución, pero no obstante


puedan acreditar que su voluntad se encontraba viciada al tiempo (error, dolo o
violencia) de la decisión.

Los administradores al ser meros mandatarios de los partícipes carecen de


facultades impugnativas.

La acción debe ser dirigida contra cada uno de los integrantes de la agrupación
(supuesto de litisconsorcio pasivo necesario), consecuencia de la falta de
personalidad jurídica diferenciada del agrupamiento y plantearse ante el tribunal del
domicilio fijado en el contrato (art. 1455 inc. e), dentro de los treinta días de
haberse notificado fehacientemente la decisión de la agrupación a cada partícipe,
por lo que el plazo podría correr desde diferente fecha para cada uno de los
miembros, según el método de comunicación que se hubiere empelado.

La legitimación pasiva de aquellos que votaron negativamente la resolución o se


abstuvieron surge de la ausencia de personalidad jurídica del agrupamiento de
colaboración, pero en modo alguno puede justificar por sí misma la imposición de
las costas a quienes no hayan contribuido a tomar la decisión que luego fuese
anulada.

El plazo referido (30 días) se entiende será computable en días corridos (art. 6, Cód.
Civ. y Com.) y debe ser considerado un plazo de caducidad (Vítolo).

La norma no hace referencia alguna al trámite de impugnación judicial, lo que


complementado con la nueva ubicación sistemática de la figura, sólo se podrá
reclamar la aplicación del procedimiento sumario previsto en el art. 15, LGS de
aplicación sólo por analogía, siempre y cuando las normas procesales locales no
previeran una solución específica para la cuestión.

Las modificaciones proyectadas a esta última norma fueron vetadas por el PE.
Art. 1457. Dirección y administración. La dirección y administración debe estar a
cargo de una o más personas humanas designadas en el contrato, o posteriormente
por resolución de los participantes. Son aplicables las reglas del mandato.

En caso de ser varios los administradores, si nada se dice en el contrato pueden


actuar indistintamente.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales Fuentes del nuevo texto

La norma reproduce literalmente el art. 1347 del Proyecto de Unificación civil y


comercial de 1998, que a su vez seguía con pequeñas adecuaciones lo dispuesto en
el art. 370 de la LSC.

II. Comentario

1. Administración

La norma como decíamos mantiene la línea sentada en el ordenamiento societario y


debe ser interpretada armónicamente con lo dispuesto en el art. 1445 ya
comentado.

La falta de una personalidad jurídica diferenciada del agrupamiento respecto de los


partícipes (art. 1442, Cód. Civ. y Com.), impide una administración o representación
de tipo orgánica.

A diferencia del régimen de las Uniones Transitorias (art. 1464 inc. g y 1465), se
sienta la necesidad de establecer una administración y no necesariamente una
representación, dada la organización ad intra de estos agrupamientos.

Su actuación, que sólo puede estar en cabeza de personas humanas, partícipes o


terceros, se regirá especialmente por las normas del mandato (arts. 1319 y ss., Cód.
Civ. y Com.), que puede o no incluir la representación de las partes, en cuyo caso se
regirá por las normas generales sobre representación voluntaria (art. 358, 2do. párr.
y arts. 362 y ss., Cód. Civ. y Com.).

Recordemos que en el caso particular de los agrupamientos de colaboración, su


configuración interna y finalidad mutualista imponen que la representación del
agrupamiento frente a terceros deba ser limitada a lo necesario para cumplimiento
del objeto del consorcio y no una actuación hacia los terceros en miras de un fin de
lucro, al menos no por el agrupamiento en sí mismo considerado.

Las partes pueden perseguir fines de lucro y es normal que así sea, pero esta
finalidad potenciada por las ventajas derivadas del emprendimiento común, no
puede ser perseguida por el administrador del consorcio.
Al respecto se ha considerado que " lo importante es el modo en que se han de
dirigir o administrar, sin ánimo de lucro, los asuntos comunes (internos) entre los
miembros; lo accesorio y ocasional será que los administradores representen a la
agrupación para la realización de los actos necesarios para cumplir su objetivo"
(Richard y Muiño).

De conformidad con lo dispuesto por el art. 1320, 2° párr. y 372, Cód. Civ. y Com., el
representante tendrá " las siguientes obligaciones y deberes:

"a) de fidelidad, lealtad y reserva;

"b) de realización de la gestión encomendada, que exige la legalidad de su


prestación, el cumplimiento de las instrucciones del representado, y el desarrollo de
una conducta según los usos y prácticas del tráfico;

"c) de comunicación, que incluye los de información y de consulta;

"d) de conservación y de custodia;

"e) de prohibición, como regla, de adquirir por compraventa o actos jurídicos


análogos los bienes de su representado;

"f) de restitución de documentos y demás bienes que le correspondan al


representado al concluirse la gestión".

Obligaciones que deben interpretarse complementarias de las dispuestas en el art.


1324, Cód. Civ. Y Com.

El deber de información se complementa con el deber de presentar a los mandantes


los estados de situación que norma el art. 1460, Cód. Civ. y Com., como veremos
infra .

1.1. Mandatarios plurales

El último párrafo del artículo sienta el principio de la representación indistinta, como


regla subsidiaria a fin de facilitar la consecución de los fines de la agrupación. Nada
impide el pacto en contrario.

Art. 1458. Fondo común operativo. Las contribuciones de los participantes y los
bienes que con ellas se adquieran, constituyen el fondo común operativo de la
agrupación. Durante el plazo establecido para su duración, los bienes se deben
mantener indivisos, y los acreedores particulares de los participantes no pueden
hacer valer su derecho sobre ellos.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto


La norma reproduce literalmente el art. 1348 del Proyecto de Unificación civil y
comercial de 1998, que a su vez seguía casi literalmente lo dispuesto en el art. 372
de la LSC, siendo de aplicación los desarrollos doctrinarios y jurisprudenciales
anteriores a la entrada en vigencia de este Código.

II. Comentario

1. Del fondo común operativo

1.1. Naturaleza y constitución

El fondo común nace de las contribuciones de los partícipes, no de sus aportes,


noción esta última propia del régimen societario distinguible del agrupamiento
como negocio meramente contractual, sin personalidad jurídica independiente. A su
vez, estas prestaciones no se intercambian entre las partes, sino que se direccionan
al agrupamiento para posibilitar el cumplimiento de las actividades comunes,
conformando como bien resaltan Richard y Muiño, lo que en la legislación
comparada se conoce como un patrimonio en mano común, " donde los bienes se
registran en condominio a nombre de los partícipes, indivisible en relación a la
funcionalidad contractual conforme impone la norma" ; o un patrimonio de
afectación según posición de otros autores (Roitman, Zunino), postura que supone
la conservación de la titularidad íntegra en cabeza del participe contribuyente.

En cierta forma adhiere a la segunda postura Vítolo (aunque lo califica —


irónicamente— de patrimonio de desafectación) quien considera que los bienes
aportados por cada partícipe continuarán en su patrimonio particular por carecer el
agrupamiento de personalidad jurídica, y sólo los bienes adquiridos con el fondo
común pertenecerán a los partícipes en condominio.

Nos enrolamos sin embargo, en la posición de nuestros coterráneos citados en


primer término (Richard y Muiño) por cuanto es la que mejor se aviene a la
configuración legal de todo el instituto, no resulta incompatible con la falta de
personalidad jurídica del agrupamiento y asigna un único estatus a los bienes que lo
conforman, sea en forma originaria o por subrogación posterior.

No obstante, tratándose de bienes registrables y aún en condominio de lege ferenda


consideramos que la afectación al fin del agrupamiento debería ser inscripta en los
registros pertinentes, de modo similar a lo que ocurre en el fideicomiso (art. 1684,
Cód. Civ. y Com.), a efectos de preservar la seguridad en el tráfico y su oponibilidad
frente a terceros; lo que hoy se logra en nuestra opinión sólo a medias, con la
publicidad propia de la agrupación en el Registro Público.
Una previsión normativa en tal sentido apuntado restará importancia a la discusión
precedente, pudiendo los bienes encontrarse en condominio o en el patrimonio
individual de cada partícipe pero con plena invocabilidad de su afectación a los fines
del agrupamiento de colaboración.

La finalidad del fondo es permitir el funcionamiento operativo de las agrupaciones,


solventar los gastos y sufragar las deudas que generen la actividad de las mismas
(Roitman).

Se trata según hemos adelantado al comentar el art. 1442 de una técnica legislativa
para la simplificación de las relaciones entre partes y respecto de terceros, calificada
como técnica jurídica de patrimonialización (sin personificación), a la que sólo
pueden acceder reiteramos aquellos negocios típicos que se atengan a las formas y
contenidos fijados en el art. 1455, Cód. Civ. y Com.

El fondo es administrado por el mandatario designado por los partícipes (art. 1455
inc. h y 1456), y los bienes que se adquieren con el desarrollo del emprendimiento a
su vez vendrán a engrosar este fondo común, sin implicar una ganancia para el
emprendimiento.

1.1.1. Preterición de los acreedores particulares

Durante el plazo establecido para su duración, los bienes se deben mantener


indivisos, y los acreedores particulares de los participantes no pueden hacer valer su
derecho sobre ellos.

Se trata de una norma tuitiva de la viabilidad y funcionalidad del emprendimiento,


que se sustrae, al menos temporalmente, de los vaivenes de la economía de los
partícipes.

1.1.2. Pérdida

La pérdida del fondo común no es causal de resolución de la agrupación (art. 1461),


salvo que las partes sean sólo dos, ya que los partícipes incumplidores deberán
reintegrarlo, bajo apercibimiento de exclusión (arts. 1455 inc. i y 1462).

Art. 1459. Obligaciones. Solidaridad. Los participantes responden ilimitada y


solidariamente respecto de terceros por las obligaciones que sus representantes
asuman en nombre de la agrupación.

La acción queda expedita después de haberse interpelado infructuosamente al


administrador de la agrupación. El demandado por cumplimiento de la obligación
tiene derecho a oponer las defensas personales y las comunes que correspondan a
la agrupación. El participante representado responde solidariamente con el fondo
común operativo por las obligaciones que los representantes hayan asumido en
representación de un participante, haciéndolo saber al tercero al tiempo de
obligarse.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto

La norma es reproducción literal del art. 1349 del Proyecto de Unificación civil y
comercial de 1998, inspirado en el Proyecto de la Comisión Federal de la Cámara de
Diputados de 1993, que a su vez seguían con mínimas variantes lo normado por el
art. 371 de la LSC (texto incorporado por ley 22.903).

II. Comentario

1. Responsabilidad de los partícipes

La norma regula la responsabilidad de los partícipes de un agrupamiento de


colaboración por las obligaciones asumidas frente a los terceros por el
representante. El problema que plantea el tópico ya se adelantó en parte al tratar el
art. 1445, de la parte general.

Preliminarmente señalemos que, en este tipo de agrupaciones — a diferencia de las


Uniones Transitorias — las partes no se unen para contratar con terceros sino para
facilitar o desarrollar determinadas fases de la actividad de sus miembros o de
perfeccionar o incrementar el resultado de tales actividades. De modo que las
obligaciones con terceros si bien pueden perfectamente existir, en tal caso debe
preverse la representación (ver comentario al art. 1457), no hacen al objeto del
contrato.

Asimismo, debe recordarse que el administrador y/o representante no cumple


funciones orgánicas ni actúa a nombre del complejo asociativo, sino que se
encuentra vinculado directamente a los miembros, por una relación de mandato
(Chiavassa - Aguirre).

Así apuntábamos que la falta de una personalidad jurídica diferenciada del


agrupamiento respecto de las partes que lo componen — aún con fondo común
operativo mediante—, impide hablar técnicamente de una actuación a nombre de la
organización común, al menos en el sentido orgánico de la expresión, sin perjuicio
de lo cual al exteriorizarse el vínculo contractual de colaboración por parte del
representante frente a los terceros, éste obligará a los partícipes con los alcances
que surgen del mismo.
El representante al ser un mandatario (arts. 1319 y ss., Cód. Civ. y Com.) de las
partes del negocio, no expresa la voluntad de un ente diferenciado, sino la de sus
mandantes a nombre y por cuenta de quienes él actúa.

Reiteramos y en ello es conteste la doctrina (Roitman, Vítolo) que la Agrupación en


cuanto tal no tiene responsabilidad, ya que no tiene personalidad jurídica
diferenciada y por tanto no es capaz de adquirir derechos y contraer obligaciones,
sin perjuicio que los bienes que integran el fondo común operativo pueden ser
libremente agredidos por los acreedores de los partícipes por las obligaciones
contraídas en la gestión común del emprendimiento. Ello así, a diferencia de los
acreedores particulares de cada partícipe por sus obligaciones generales ajenas al
emprendimiento, los que se verán postergados en cualquier pretensión sobre los
bines que conforman el fondo hasta el vencimiento del plazo contractual o del
máximo legalmente previsto (art. 1458, Cód. Civ. y Com.).

Sentado ello el régimen de responsabilidad por las obligaciones comunes debe ser
resuelto por el legislador atendiendo a las características de cada contrato de
colaboración, sin perjuicio de lo que pueda normarse en cada contrato particular
por las partes intervinientes, que en ningún caso podrán estipular una
responsabilidad menor a la sancionada por la ley.

En el caso de las Agrupaciones de Colaboración se sienta el principio de la


responsabilidad solidaria e ilimitada entre los partícipes, con ligeras variantes según
el modo en que actúe el representante común.

En efecto, podemos distinguir la actuación del representante a los efectos


responsabilizatorios en dos tipos de actuación: a) Actuación en nombre común o de
la agrupación, y b) Actuación en nombre de alguno o algunos de los participantes.

a) Actuación en nombre común o de la agrupación

Cuando el representante, que es un mandatario de los partícipes, actúa invocando


hacerlo a nombre de la agrupación — e n puridad sólo lo puede hacer en beneficio
de la misma pero no en su nombre por no ser persona —o de todos los miembros de
la agrupación y en beneficio del emprendimiento común, por actos propios y
atinentes al cumplimiento de su objeto, estos responden solidaria e ilimitadamente
frente a los terceros, pero la acción sólo quedará expedita después de haberse
interpelado infructuosamente al administrador de la agrupación.

La ley exige — a diferencia de lo que ocurre con las Uniones Transitorias—


interpelación previa al administrador como requisito de procedibilidad de la acción,
pero no sienta una responsabilidad subsidiaria, careciendo estos del beneficio de
excusión sobre los bienes que conforman el fondo común operativo (Niessen,
Roitman, Vítolo, Zunino en contra: Lorenzetti, Richard y Muiño).

El administrador podrá hacer frente a las obligaciones con los fondos o bienes del
fondo común operativo o requerir las contribuciones que fueren necesarias a cada
uno de los partícipes y según la proporción convenida entre las partes (Roitman).

Si alguno de los partícipes tuviese que afrontar la totalidad de una deuda común,
naturalmente tendrá las acciones de reembolso a que hubiere lugar.

Por otra parte se especifica que en caso de demanda ya entablada contra alguno de
los partícipes, éste podrá oponer tanto las defensas personales que pudieren
corresponderle ([Link]. compensación), como las comunes que correspondan a la
agrupación.

b) Actuación en nombre de alguno o algunos de los participantes

En su segundo párrafo la norma establece que el participante representado


responde solidariamente con el fondo común operativo por las obligaciones que los
representantes hayan asumido en representación de un participante (ya no se dice "
por cuenta de un participante" como en el anterior régimen de la LSC), haciéndolo
saber al tercero al tiempo de obligarse.

La norma resulta clara en su redacción habiéndose interpretado de formas diversas


(cfr. Roitman, Vítolo). Por nuestra parte, creemos que en el supuesto el
representante actúa sobre la base del mandato que obtuvo como administrador de
la Agrupación en colaboración de allí que el fondo común operativo aparezca
comprometido, caso contrario no podría vincularse al fondo por falta de
expectativas del tercero sobre el mismo, pero en el supuesto específico lo hace
invocando la representación, como mandatario, de alguno o algunos de los
partícipes por cuya cuenta o en el interés común de dicho partícipe y el
agrupamiento, actúa.

En tal caso el o los partícipes representados responderán solidariamente con el


fondo común operativo, sin necesidad de interpelación previa al administrador.

Finalmente quedará en la esfera interna de la agrupación los reembolsos a que


hubiere lugar si se ha visto comprometido el fondo por intereses parcial o
totalmente ajenos a las actividades comunes.

Art. 1460. Estados de situación. Los estados de situación de la agrupación deben ser
sometidos a decisión de los participantes dentro de los noventa días del cierre de
cada ejercicio anual.
Los beneficios o pérdidas o, en su caso, los ingresos y gastos de los participantes
derivados de su actividad, pueden ser imputados al ejercicio en que se producen o a
aquel en el que se aprueban las cuentas de la agrupación.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto

La norma reproduce su antecesora (art. 374, LSC) y lo mismo que hacía el Proyecto
de unificación de 1998 (art. 1350).

II. Comentario

El art. 1455 inc. l, ya había impuesto que en el contrato debían fijarse las normas
para la confección de estados de situación, a cuyo efecto los administradores deben
llevar, con las formalidades establecidas por este Código, los libros habilitados a
nombre de la agrupación que requiera la naturaleza e importancia de la actividad
común y a tales fines dijimos resultan aplicables las disposiciones contenidas en la
Sección 7ª, del Cap. V, Tit. IV, sobre contabilidad y estados contables.

Se trata de una virtual rendición de cuentas por parte del administrador (Zunino).

Ahora la normativa se ocupa de fijar el plazo (90 días corridos) dentro del cual deben
ser puestos a consideración dichos estados contables por parte de los
administradores.

Por otro lado y dado que la Agrupación de colaboración carece de personalidad


jurídica y no puede perseguir fines de lucro (art. 1454), todos los beneficios o
ganancias, así como las eventuales pérdidas corresponden a los partícipes en las
proporciones convenidas, pudiendo optarse a los fines contables por aplicarlos o
bien al ejercicio en que se producen o a aquel en el que se aprueban las cuentas de
la agrupación.

Art. 1461. Extinción. El contrato de agrupación se extingue:

a) por la decisión de los participantes;

b) por expiración del plazo por el cual se constituye; por la consecución del objeto
para el que se forma o por la imposibilidad sobreviniente de lograrlo;

c) por reducción a uno del número de participantes;

d) por incapacidad, muerte, disolución o quiebra de un participante, a menos que el


contrato prevea su continuación o que los demás participantes lo decidan por
unanimidad;
e) por decisión firme de la autoridad competente que considere que la agrupación,
por su objeto o por su actividad, persigue la realización de prácticas restrictivas de la
competencia;

f) por causas específicamente previstas en el contrato.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto

La norma habla hoy correctamente de extinción del contrato, por resolución del
mismo, a diferencia de lo que disponía el art. 375, LSC y el art. 1351 del Proyecto de
Unificación civil y comercial de 1998, que hablaban de disolución del contrato.

II. Comentario

1. Extinción del contrato

Conteste con el sentido de la reforma al régimen de los contratos asociativos no se


habla de causales de disolución de la agrupación ya que ésta no existe como sujeto
de derecho, ni es una sociedad, sino de extinción del contrato, que por su
características (de colaboración con finalidad común o plurilateral funcional)
presenta soluciones particulares que lo diferencian a su vez de los contratos de
cambio (Ver comentario art. 1442 y 1443, Cód. Civ. y Com.).

El contrato se extingue:

a) por decisión de los participantes; la que deberá ser unánime — r escisión— en


cuanto importa una modificación del mismo en cuanto a su duración (ver art. 1456
in fine ).

Es lo que se denomina distracto, "ya que el acuerdo de voluntades ha podido crear


un vínculo jurídico y, mediante un nuevo acuerdo de voluntades, ese vínculo jurídico
puede quedar aniquilado o extinguido " (Vítolo).

La decisión sólo tendrá efectos hacia el futuro si hubo operaciones con terceros o se
inscribió en el Registro Público.

b) por expiración del plazo de duración, consecución del objeto o imposibilidad


sobreviniente de lograrlo.

La expiración del plazo sin que previamente se decida su prórroga (art. 1455 inc. b)
extingue el contrato definitivamente. La causal opera de pleno derecho y en forma
automática sin necesidad de declaración alguna de los partícipes, ni de la autoridad
de control (Vítolo).
Este efecto resolutorio ipso jure se manifiesta al no adjudicarse poder alguno a las
partes para prorrogarlo con posterioridad a su vencimiento; deben hacerlo antes
(Lorenzetti).

También se extingue el contrato por la consecución del objeto si éste es un objeto


particular, lo mismo que por la imposibilidad sobreviniente de lograrlo, ya que vacía
la causa fin el contrato.

La extinción se produce al sobrevenir alguna de estas causales pero no opera de


pleno derecho (Vítolo en contra Roitman), ya que el administrador deberá requerirla
judicialmente pero sólo si los partícipes no estuviesen contestes, caso contrario el
contrato se extinguiría por decisión unánime, supuesto contemplado en a).

c) por reducción a uno (1) del número de participantes;

En estos contratos la relación sólo puede continuar siempre que las partes sean más
de dos (art. 1443).

d) por incapacidad, muerte, disolución o quiebra de un participante, a menos que el


contrato prevea su continuación o que los demás participantes lo decidan por
unanimidad;

Estas vicisitudes que pueden afectar el vínculo de una de las partes pueden extinguir
el contrato en caso de ser sólo dos las partes, y aun cuando fueren más de dos
siempre que el contrato no disponga lo contrario o así sea decidido por unanimidad
en el segundo caso.

Concordamos con Vítolo que la norma es contradictoria con el régimen de los


contratos plurilaterales de organización, máxime en supuestos que las partes sean
más de dos (cfr. arts. 1443 y 1462, Cód. Civ. y Com.).

Lo correcto, bien dice Lorenzetti, hubiese sido decir que subsisten mientras queden
dos participantes, salvo que se tratara de alguien cuya participación fuere esencial
para la consecución.

e) por decisión firme de la autoridad competente que considere que la agrupación,


por su objeto o por su actividad, persigue la realización de prácticas restrictivas de la
competencia;

Las prácticas lesivas de la libre concurrencia en los términos de la ley 25.156, una
vez determinadas por resolución administrativa o judicial firme extinguen
igualmente el contrato (ver comentario al art. 1455).

f) por causas específicamente previstas en el contrato.


Las partes son libres para prever causales específicas de resolución (condiciones
resolutorias) en el contrato constitutivo de la agrupación.

1.1. Liquidación

La extinción del contrato impondrá al administrador la liquidación de todas las


cuentas pendientes, y la debida rendición de cuentas como mandatario y
administrador (art. 860 y cc., Cód. Civ. y Com.), que podrá consistir en la confección
de un estado de situación final.

Una vez cancelados los eventuales pasivos de la agrupación podrá procederse a la


reintegración de las aportaciones al fondo común.

La liquidación final de las cuentas estará a cargo de los administradores designados


en el contrato o los que se designen al efecto.

La extinción del contrato y su liquidación deben inscribirse en el Registro Público


aunque la norma no lo disponga (Roitman, Nissen).

Art. 1462. Resolución parcial no voluntaria de vínculo. Sin perjuicio de lo


establecido en el contrato, cualquier participante puede ser excluido por decisión
unánime de los demás, si contraviene habitualmente sus obligaciones, perturba el
funcionamiento de la agrupación o incurre en un incumplimiento grave.

Cuando el contrato sólo vincula a dos personas, si una incurre en alguna de las
causales indicadas, el otro participante puede declarar la resolución del contrato y
reclamar del incumplidor el resarcimiento de los daños.

I. Relaciones con la Ley de Sociedades Comerciales. Fuentes del nuevo texto

La norma reproduce su antecesora (art. 376, LSC), en su primer párrafo, agregando


los incumplimientos graves como causal de exclusión, el agregado y el segundo
párrafo son tomados literalmente del Proyecto de unificación de 1998 (art. 1352).

II. Comentario

En el art. 1455 inc. i), se había adelantado que las partes deben plasmar en el
contrato los casos de separación y exclusión. En el artículo en comentario se
establecen supuestos legales de exclusión, en una norma que resulta irrenunciable
anticipadamente para las partes.

La exclusión requiere resolución unánime de los demás participes en cuanto la


exclusión importa una verdadera modificación del contrato (art. 1456 in fine, Cód.
Civ. y Com.).
Se trata de supuestos de resolución parcial del vínculo o extinción subjetiva parcial
(Lopez de Zavalía) viables por la naturaleza plurilateral y abierta de estos contratos,
salvo que la participación del partícipe excluido pueda ser catalogada de esencial o
necesaria para la consecución del objeto (art. 1443).

“Se trata de una sanción que castiga un comportamiento o situación que afecta al
socio y que lleva a una incompatiblidad entre ésta y la continuación de aquél como
parte integrante del agrupamiento" (Vítolo).

Quien contraviene habitualmente sus obligaciones, o de cualquier forma perturba el


normal funcionamiento de la agrupación o incurre en incumplimientos graves de sus
obligaciones, puede ser excluido o separado de la agrupación, aún contra su
voluntad, pero sin pérdida de su participación.

La unanimidad y la causa de exclusión preservan el derecho de propiedad y de


defensa del excluido (Lorenzetti).

La exclusión otorga el derecho al partícipe excluido a recuperar el valor de su


participación en el fondo operativo común. Ello sin perjuicio de los daños y
perjuicios que el incumplimiento de las obligaciones pudiere haber provocado a la
agrupación.

La resolución de los socios que resulta ejecutable contra el partícipe excluido, puede
ser recurrida judicialmente en los términos y condiciones fijados en el art. 1456,
Cód. Civ. y Com. (ver comentario art. 1443 sobre valor del aporte).

El partícipe excluido continuará respondiendo frente a los terceros hasta la


inscripción de la resolución parcial en el Registro Público.

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