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Archila y Marceleño 2017

Este documento describe la importancia del tejido en los pueblos originarios, especialmente sobre el concepto y uso del hilo en la cobija y la faja de los tarahumaras. Explica cómo los productos tejidos son parte de la vida cotidiana y los rituales de los tarahumaras, y ayudan a conocer su visión del mundo.
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Archila y Marceleño 2017

Este documento describe la importancia del tejido en los pueblos originarios, especialmente sobre el concepto y uso del hilo en la cobija y la faja de los tarahumaras. Explica cómo los productos tejidos son parte de la vida cotidiana y los rituales de los tarahumaras, y ayudan a conocer su visión del mundo.
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Fecha de recepción: 2017-03-31

Fecha de aceptación: 2017-09-09

El tejido textil
tarahumara. Hilos,
cobija y faja
ILIANA ROCÍO MARCELEÑO ÁLVAREZ,

SILVIA VERÓNICA ARIZA AMPUDIA1

RESUMEN

E ste trabajo trata sobre el textil y la importancia del tejido


en los pueblos originarios, especialmente sobre el concepto
y uso del hilo en la cobija y la faja de los tarahumaras, una
de las etnias más representativas del norte de México. Describe,
desde la revisión de algunos trabajos de cronistas y exploradores,
así como de investigadores contemporáneos, qué significa tejer y
cómo los productos tejidos
2
son parte de la vida cotidiana y los ri-
tuales de los rarámuri; son productos que ayudan a conocer parte
de su visión sobre el mundo. Además, se presenta una experiencia
de campo con artesanas tejedoras de la Sierra Tarahumara, que
permite exponer cómo la elaboración de sus tejidos se relaciona
tanto con su cultura como con su visión personal como creadoras.
Palabras clave: textiles, tarahumara, rarámuri, norte de México

1 Rocío Marceleño, licenciada en Diseño para la Comunicación Gráfica, estudiante de la


Maestría en Estudios y Procesos Creativos en Arte y Diseño. Verónica Ariza, doctora
en Diseño, docente investigadora en el Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte de la
Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
2 Rarámuri es el nombre que los tarahumaras (término utilizado en español) se dan a sí
mismos. En este texto nos referimos a los miembros de esta etnia con un nombre u
otro de forma indistinta.
D.R. © 2017. UACJ. Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15
(enero-diciembre, 2017): Pp. 179-206. ISSN: 2448-7759 179
Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

ABSTRACT

This work presents textiles and the importance of the fabric


among native peoples, especially on the concept and use of the
thread in the blanket and the fabric belt of the Tarahumaras, one
of the most representative ethnic groups of the north of Mexico.
It describes, from the review of some works by chroniclers, explo-
rers, as well as contemporary researchers, what knitting means
and how woven products are part of everyday life and rituals of
the rarámuri; they are products that allow to know part of his vi-
sion about the world. This work also presents a field experience
with women handcrafters from Sierra Tarahumara, which allows
us to explain how the elaboration of their crafts is related to both
its culture and their personal vision as creators.
Key words: textiles, tarahumara, rarámuri, northern México
INTRODUCCIÓN

Los textiles han sido testigos de los cambios sociales y cultura-


les de los pueblos; en ellos podemos observar la historia y tecnolo-
gía que los ha acompañado en su proceso de civilización. Desde el
comienzo de su existencia el ser humano ha recurrido a la protec-
ción del medio ambiente en el que se encuentra; muchos elemen-
tos del contexto en que se mueve le auxiliaron en esta tarea. Los
primeros grupos humanos cazadores-recolectores utilizaban pieles
de los animales que cazaban y fibras de las plantas que encon-
traban en su camino. Si bien el hombre imitaba a los animales y
podía ver en la construcción de un nido o una telaraña una forma
particular de entrelazar materiales para poder generar objetos, fue
solo cuando se dio la recolección de algunas fibras duras que se
crearon los primeros tejidos formalmente. En México, en tiempos
antiguos los grupos otomíes y mazahuas, por ejemplo, utilizaban
para confeccionar vestidos el henequén, mismo que se obtiene de
las pencas del maguey; por otro lado, los restos textiles en el norte
del país muestran datos del uso de plantas del desierto, especies

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El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

de palma de hojas gruesas como agaves y yucas, de las que se


sacaban las denominadas fibras duras (Lechuga, 1997, p. 14).
El conocimiento de las plantas y fibras da paso a los primeros
desarrollos para el tejido. Mediante esta actividad se crean objetos
de primer uso, es de decir, objetos cotidianos, como la cestería y
las telas. El primer objeto que da muestra del tejido es la cestería,
ejemplo de ello es la tejeduría de fibras duras para crear objetos
con el fin de almacenar semillas, el principal de los alimentos del
hombre nómada. Otro de los objetos es conocido en México como
petate, que tenía un importante uso cotidiano y simbólico: “Las
esteras (petates) constituían parte del ajuar de toda la familia,
pues se nacía sobre una de ellas, la cual serviría, al morir, como
mortaja; se empleaban como tapetes para sentarse a comer y para
hacer todo tipo de actividades (religiosas, comerciales, públicas)”.
(Velasco, 1995, p. 129). Otros artefactos servían para transportar
mercancías o como utensilios para la limpieza de la casa o el al-
macenamiento, o tenían un uso ceremonial.
Los tejidos son reflejo de las actividades del hombre en un
momento determinado de su desarrollo en sociedad, pero también
mostraban la expresión de las culturas: “el tejido era una actividad
creadora que daba vida a la sociedad precortesiana” (Stresser-
Péan, 2012, p. 232). La importancia de los tejidos radica en su
visión como elementos culturales y su papel en la conservación de
la cosmovisión de los pueblos, ya que plasman una espiritualidad
que les permite mantener viva su tradición, sus creencias, ritos
y cultura; mediante la indumentaria por ejemplo, se diferencian
unos de otros, manteniendo su identidad. Los tejidos son metáfo-
ras de cómo están construidos la vida y el universo.
Las artes textiles (entre las que se encuentran la fabricación de
esteras y redes tanto como la producción y el tejido de hilos) igual
que todo lo creado por el hombre, reflejan los mitos de las culturas,
“mitos de la salida y la puesta de sol, mitos de los eclipses, mitos
de los terremotos, mitos locales que explican los nombres de los
lugares mediante cuentos maravillosos, mitos eponímicos que ex-
plican el origen de la tribu derivado del nombre de un imaginario
antepasado” (Taylor, 1871, pp. 35-36). En este sentido, podemos

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decir que los textiles, reconocidos como ese grupo de hilos que
se entrelazan y combinan de forma experta y con diferentes fina-
lidades, tienen como fundamento la comprensión de “categorías
sensibles que tienen que ver con la misma percepción del cuerpo,
del tiempo, del espacio” (Gutiérrez, 2012, p. 22).
Así entendidos, los tejidos, y especialmente los tejidos textiles,
son más que artefactos de protección, son considerados como ob-
jetos identificadores y su importancia radica en los saberes que se
encuentran plasmados en ellos. Un ejemplo de ello es el vestido,
uno de los principales productos del tejido; la ropa tiene como
objetivo diferenciar grupos dentro de una sociedad, a veces por
su pertenencia a una cultura, en otras ocasiones para distinguir
la actividad de un individuo en la vida o para denotar un nivel
económico o simbólico:
Los textiles indígenas mexicanos son elementos culturales que
han acompañado a los pueblos originarios en un largo proceso ci-
vilizatorio, las estructuras de las telas consignan la historia y la
tradición de muchas generaciones; a través del vestido y uso de los
textiles se ha mostrado el poder, la estratificación social, la moda, la
apreciación estética y la economía (Gómez, 2014, p.18).
La indumentaria es un lenguaje que forma parte de un sistema
social; en él se encuentra un valor histórico propio de cada cultu-
ra a la que pertenece. El vestido corresponde a un identificador,
es una estructura normativa en constante transformación. Este
elemento puede modificarse en conjunto o de forma individual
y la producción de estructuras diferentes dependerá tanto de la
evolución de la sociedad como de los cambios en la técnica, los
materiales y los procesos de producción.
Sin duda la indumentaria es uno de los principales símbolos
de identificación entre las culturas, esto puede verse también en
los pueblos del norte de México. En específico, los tarahumaras,
quienes tienen particularidades que caracterizan su vestimenta
entre otras etnias. Ellos se autodenominan protectores de la natu-
raleza y esto es un principio para sus creaciones, la explotación

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respetosa de los recursos naturales que les rodean se deja ver en


la austeridad de sus prendas.
Al igual que muchos de los pueblos originarios, los rarámuri
han pasado por una historia de encuentros con los conquistado-
res; son un pueblo que se encuentra en movimiento, pero a su
vez reservado en la Sierra Tarahumara, donde practican en la
privacidad de las barrancas su vida cotidiana, ritos y costumbres.
Los primeros contactos con las tribus que habitan la Sierra
Tarahumara indican que andaban desnudos y utilizaban fibras
semiblandas para protegerse del clima. En la etnografía de Carl
Lumholtz,3 El México desconocido, se describe la indumentaria de
los varones con un calzón tejido burdamente de lana, atado a la
cintura con una faja de vistosos dibujos. Algunas veces comple-
mentan este vestuario con una especie de poncho pequeño de los
mismos materiales y, dependiendo del clima, en invierno utilizan
la cobija, objeto tejido comúnmente por las mujeres de la comu-
nidad. Las mujeres utilizan faldas largas igualmente sujetadas por
la faja, agregando una blusa tejida de lana. Tanto varones como
mujeres utilizan cintas para sujetarse el cabello y huaraches ma-
nufacturados con vaqueta (Lumholtz, 2012, p. 161).
La vestimenta de los rarámuri, al igual que la de otras cultu-
ras mesoamericanas, sufre un gran cambio en el periodo de la
conquista con la llegada de nuevos materiales y procesos semiin-
dustriales. Esta indumentaria, a4 su vez, fue cambiando conforme
evolucionó la sociedad mestiza y se introdujeron procesos indus-
triales. En la colección etnográfica del Instituto Nacional de An-
tropología e Historia (INAH, 1992) se explica que los rarámuri con
el tiempo han ido dejando de manufacturar sus propios objetos
tejidos y su uso en rituales (p. 13).

3 Carl Sophus Lumholtz, teólogo y antropólogo noruego, patrocinado por el American


Museum of History para el estudio etnográfico del noreste de México de 1890-1910,
experto en la cultura tarahumara.
4 El término mestizaje “usualmente refiere al proceso de mezcla racial entre españoles e
indígenas y a la génesis de un tipo racial y étnico particular: el mestizo… un proceso
de mezcla interracial y/o intercultural, es un fenómeno que encuentra un espacio fun-
dacional en las Américas, especialmente en esas áreas colonizadas por los españoles
y los portugueses” (Quirós y Díaz, 2007, pp. 16-17).
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Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

Actualmente, muchos varones visten pantalón de mezclilla y


camisa como los mestizos; en algunas ocasiones portan su ves-
timenta tradicional para algunos rituales, pero los materiales han
cambiado: el calzón es complementado con una blusa con corte
colonial español de olanes, ambos de manta (algodón); las mujeres
ahora visten una falda en múltiples capas y una blusa como la
anteriormente descrita.
En ambos géneros existen elementos que los distinguen y se
siguen utilizando, por ejemplo la faja, que puede ser de lana o
estambre con colores más vistosos, los huaraches, ahora con un
soporte de reciclado de llanta, y una cinta para recoger su cabe-
llo. Otro elemento común son las cobijas para protegerse del frío
extremo, aunque en algunos asentamientos ya no se utilizan los
materiales tradicionales y solo las compran en comercios mestizos.

Imagen 1. A) Colección de fotografías Expedicion de Lumholtz a


México 1890-1898. Museo de Historia Natural Americana. B) Los
Tarahumares, Colección Etnográfica, INAH. Foto: Sandra Gutié-
rrez. C) Semana Santa rarámuri, Arareco, Chihuahua 2015. Fotos:
Rocío Marceleño.
Desde la perspectiva de la indumentaria, los textiles emblemá-
ticos con menos cambios en el tiempo, como la faja y la cobija,
comparten un valor dentro de la cosmovisión de los rarámuri, don-
de el acto de tejer sigue siendo muy importante. La cosmovisión
es uno de los elementos que forman el conjunto de creencias de

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una sociedad, es la forma en la que se interpreta el mundo. De la


cosmogonía como sistema de creación del universo que permite a
las sociedades permanecer y transmitir sus saberes, forman parte
también las representaciones artísticas y la trascendencia de sus
conocimientos en sus diferentes formas de expresión plástica, vi-
sual y verbal. Todo esto se refleja en los textiles de los rarámuri,
donde la importancia del tejido se hace patente en las muchas
horas que todavía buena parte de la población dedica a su elabo-
ración.
TEXTILES RARÁMURI

Los textiles rarámuri son catalogados como elementos cultura-


les, como ya vimos, identificadores. En ellos se plasman metáforas
del universo y de la vida misma, se asignan diversos significados
desde la cultura, la comunidad y el individuo que los porta. Para
entender cómo se conforma el tejido, debe comprenderse que los
hilos son el material fundamental para su creación; es el elemento
mínimo que, al ser trabajado en conjunto, crea un producto mayor
que tiene una carga simbólica importante para la cosmovisión de
este pueblo.5
Al diseccionar los elementos de los objetos creados, los hilos
forman las evidencias materiales de la tradición de tejer. En el
caso de los rarámuri, aunque los objetos son pocos comparados
con otras etnias, son materiales que nos permiten el estudio de
su cultura con particular atención, son ellos los que logran unificar
tanto lo tangible como lo intangible. Dentro de lo material y lo
espiritual, muchas culturas metaforizan esta relación con los hilos
que permite la conexión del hombre con su universo.
Por ejemplo, varios de los textiles rarámuri están tejidos en dos
tonalidades naturales (se utiliza el material original de la lana de
los borregos que se tienen en crianza, en negro y blanco) y cada
5 También otros pueblos de nuestro territorio, como los nahuas del mundo prehispá-
nico, hablaban de hilos invisibles en las extremidades del cuerpo que los vinculaban
con el cosmos. De hecho, varias culturas en el mundo han utilizado la imagen del hilo
o la cuerda en relación con la vida; en las mitologías griega, romana y nórdica hay
signos de ello (Pintado, 2010, pp. 90-91).
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Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

uno de estos tonos tiene un significado en especial: el negro hace


alusión al cosmos y la noche; el blanco a las estrellas y los caminos
iluminados. Las cobijas, por mencionar otro ejemplo, “se asocian
con nociones cosmogónicas, las cuatro borlas de sus esquinas,
llamadas orejas, representan los pilares cósmicos en los puntos
cardinales, mientras que las líneas representan los múltiples pla-
nos del universo” (Levi, 1998, p. 308).
En este sentido, es importante resaltar que, para los rarámuri,
la dualidad es un elemento presente en su cosmovisión, es decir
que no hay bien sin mal, día sin noche, amanecer sin atardecer;
que hay una relación femenino/masculino, frío/caliente, arriba/
abajo en muchas de sus creaciones.
…el textil es la conjunción o síntesis del todo, porque en él en-
contramos tejidos ojos, espejos, flores, cruces, cerros, escaleras, espi-
rales, es decir, las representaciones de los elementos estructurantes
del universo y de los seres vivientes. Se trata de fuerzas contrarias,
cuyo flujo se percibe como un ritmo, un ciclo entre la vida y la muer-
te, la creación y la destrucción (Aguilera, 2014, p. 152).
Incluso, varios de los relatos que hablan de su cotidianidad
se basan en “si haces bien o si haces mal”. Ellos se entienden a
sí mismos como hijos de riablo y riosi (hijos de Dios y del Diablo)
(Pintado, 2011, min. 19:25).
En este contexto, explicaremos a continuación algunos datos
fundamentales de la relación de la vida con los hilos en los rará-
muri y cómo se vacían estos significados en dos de sus textiles:
la cobija y la faja.
RIMUKÁ, HILOS Y SUEÑOS

Los hilos, dentro de los mitos de creación, tienen un papel


importante. Los rarámuri se consideran conectados con el mundo
espiritual por medio de ellos. Como explican los expertos, “son
hilos imaginarios… en las extremidades del cuerpo y, sobre todo,
aquellos que salen de la mollera” (Pintado, 2012, p. 90) y son “los

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lazos que los


6
unen con el mundo de las almas… estos lazos son
los rimuká, los hilos que tejen la continuidad social del mundo
perceptible y el no perceptible” (Rodríguez, 2012, p. 235), hilos
que conectan a cada persona con el cielo. Los niños nacen con
ellos igual que nacen con un alma y por ellos están unidos con
sus parientes muertos. Además, son7 los que les permiten soñar.
Pocos días después de haber nacido deben cortárselos (en un ri-
tual llamado wikubema, momento en el que son presentados y se
unen a su grupo) pues se cree que pueden enfermar o morir si no
lo hacen. Es la misma razón por la cual se vuelven a llevar a cabo
continuamente (de una a tres veces por año al menos) esos actos
denominados curativos, donde se “cortan o queman” los hilos, y
que tienen como primer objetivo “el de impedir los sueños con los
que habitan” (Rodríguez, 2012, p. 236).
Es a través de los hilos que pueden soñar con sus antepasa-
dos, enfermar, definir su camino de vida, lo que los conecta espi-
ritualmente al mundo de las almas, pero sobre todo, y a diferencia
de otras culturas que jamás cortarían estos hilos, para los rará-
muri significan “humanidad… vivir en la Tierra, tener un cuerpo,
fuerzas vitales y cumplir las reglas dentro de una comunidad… el
6 Abel Rodríguez (2010) explica que originalmente se cree que los términos rimugá, ri-
mugapu o rimugápuma proceden de rimu “sueño” y gapuma “trozar” o “partir en dos”.
Pero también con base en sus estudios identifica que si la voz rimuká es traducida al
español por los rarámuri como “hilos” y el concepto debe proceder también del verbo
rimuma, que significa “soñar”, porque siempre se relaciona con este acto, es fácil
entender cómo (en función de que uno de los varios significados de ká es “sombra” y
que cuando ellos duermen dicen que son ligeros como el aire, parecen sombras) sería
fácil sugerir que rimuká puede ser traducido también como “soñar sombras, o soñar
con sombras” (pp. 236-237). Para los rarámuri, soñar se relaciona con la salud y la vida.
Despertar contento o triste luego de haber soñado, puede indicar salud o enfermedad.
7 Tres días si es hombre y cuatro si es mujer, Ana Paula Pintado (2012) explica en
función de sus estudios con los rarámuri de la barranca, que es porque la mujer tiene
cuatro grandes fuerzas vitales o alewá –ella es la creadora de vida–, mientras que el
hombre tiene tres; estas fuerzas se encuentran en el pecho (pp. 91 y 94). El tres y el
cuatro aparecen diferenciando a hombres y mujeres en varios momentos de su vida,
e incluso de su muerte; por ejemplo, al morir a una mujer se le hace la primera fiesta
a los cuatro días, “porque necesitan más tiempo que los hombres para preparar su
viaje… siendo la muerte el principio del viaje al cielo, se supone que los hombres, más
ligeros para caminar que las mujeres, lo hacen más rápidamente que estas” (Plancarte,
1954, pp. 56 y 57). Los hombres necesitan únicamente tres días para prepararse; su
necesidad de provisión y ayuda es mejor que en las mujeres.
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Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

hilo se relaciona con la iluminación espiritual, entendida como la


búsqueda de la fortaleza física y emocional para vivir en la Tierra”
(Pintado, 2010, p. 93). Por eso deben cortarlos, para que igual que
una planta que se poda para que crezca, por medio de este ritual
vivan fuertes y felices.
El owirúame (“el que cura” o curandero), es el encargado de
llevar a cabo los rituales; está envuelto en una cobija durante
todo el ritual. El vocablo kemá se utiliza para nombrar a la cobija,
mismo “que se usa también para nombrar a la placenta” (Aguilera,
2005 en Pintado 2012, p. 104). Asimismo, se identifica la cobija con
las palabras kemaka o kemala, “que también significa placenta y,
más aún, emplean el término kemara para aludir al acto de tejer,
lo cual es sugerente, pues relaciona al tejer con un símbolo de
vida… la cobija-placenta remite a un ciclo de vida-muerte-vida”
(Aguilera, 2011, p. 40). Esta metáfora de la cobija como útero
o placenta tiene sentido en la protección. Una protege del frío
(aunque los curanderos los usan en rituales incluso aunque haga
calor) y la otra protege al feto en su desarrollo pero la metáfora se
hace porque la placenta es un resguardo. En un ritual “no faltará
que el curandero, al cantar y bailar, se cubra con una cobija… la
cobija tiene un significado que va más allá de protegerse del frío…
el curandero se comunica con los antepasados por medio de la
danza y el canto, es decir, se transporta al origen”, ya que se cree
que es quien está conectado todo el tiempo con el otro mundo.
Es por conducto de él que los demás rarámuri pueden hablar con
los espíritus, a los que llaman antepasados, o ser curados de en-
fermedades y hechizos.
El que cura personifica a Onolúame (deidad-es) y es quien da
las fuerzas vitales o alewá al recién nacido por medio del soplo,
es quien corta el hilo y junta las articulaciones del niño (este ri-
tual se denomina romilala); así es como el niño ya no es parte del
mundo de origen sino que ahora es parte del mundo terrenal. El
ritual se lleva a cabo con una vela encendida pasando por donde
se encuentran las fuerzas vitales, entre el estómago y el pecho,
llamado sula; si es mujer se pasa la vela por su vientre, luego por
los hombros y las articulaciones hasta llegar finalmente al mochó

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El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

gola o mollera. Se acompaña la vela con una cruz mojada de tes-


güino; es con lo que simbólicamente se comienzan a juntar las
articulaciones y para finalizar se realiza la curación que consiste
en quemar, o kosma, algunos cabellos, con olotes quemados en el
sahumador. A partir del momento de la curación y a lo largo de
su vida, el owilúame cuidará de los sueños del rarámuri (Pintado,
2012, pp. 95-98).
La importancia de este ritual reside, como ya se dijo, en que,
al seguir conectados con el mundo de las almas, se pueden en-
fermar y hay que evitar, dicen, que “caigan los rayos”, porque las
almas pueden extraviarse.
En este ritual nos damos cuenta de la relación de los hilos con
su cosmos y cómo el portar la cobija por quien está conectado
todo el tiempo con el mundo de las almas, es de importancia para
esta cultura. En algunas otras investigaciones se menciona que se
porta este textil en los rituales que son guiados por el owirúame,
aunque no se adentran en muchos detalles. Sin duda este elemen-
to cultural es fundamental para los rarámuri, además de ser un
objeto de uso cotidiano.
LA COBIJA PROTECTORA

Las primeras etnografías hechas en la Tarahumara explican


que la cobija tiene un papel muy importante en la vida del rará-
muri. Lumholtz (1902) relata que se podían utilizar en ceremonias
de matrimonio para cubrir a la novia y al novio con sus manos
unidas, tanto como en rituales funerarios (en Levi, 1998, p. 307).
Desde el primer registro sobre los difuntos envueltos en una co-
bija y puestos en una cueva con sus familiares muertos, hasta
los últimos estudios que explican que hasta hace algunos años
aún se les envolvía en cobijas que fueron suyas cuando vivieron,
la cobija ha permanecido como un símbolo de protección y de
acompañamiento.
Los rarámuri tienen la creencia de que al morir emprenden
una nueva vida; para ellos se lleva a cabo un largo viaje cami-
nando que finaliza en el cielo, lugar donde residen los muertos.

Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 189


Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

Ellos creen en la importancia del caminar. Tanto en vida como en


la muerte, dedican fiestas especiales para continuar su siguiente
vida: “hay que hacer todo lo que podamos en esta vida, hay que
hacer muchas cosas y caminar mucho” (Benito, 2016, Comunica-
ción personal). Los relatos explican que en la muerte “llevan una
vida semejante en muchos aspectos a la8 terrena, pero libre de pe-
nas y de las molestias de los chabochi” (Plancarte, 1954, p. 56). El
muerto no se va de forma inmediata, puede tardar días o meses.
Hay una preparación y se celebran diferentes fiestas y ceremonias
funerarias en las que se despide al difunto y se le prepara para el
viaje con alimentos y protección.
Se dice también en los relatos sobre la siguiente vida, que
para los rarámuri “los muertos viven del otro lado, hacia donde se
pone el sol; y por eso cuando se pone el sol, acá oscurece, allá
amanece” (Cardenal, 1993, p. 34). Es por eso que el cuerpo en el
ritual, al ser acomodado para despedirse, así como cuando va a
ser enterrado, se orienta con la cabeza hacia donde se pone el sol,
el Oriente.
En el mundo de los muertos todas las cosas se realizan en for-
ma inversa al modo en que se hacen en esta vida. Plancarte (1954)
explica que la noche es día y la luna es sol, que se siembra cuan-
do en este lado es invierno y se cosecha en otoño, es por eso que
a los muertos se les dedican los alimentos con la mano izquierda,
que las danzas y movimientos funerarios se realizan siguiendo la
dirección contraria a la mano derecha (p. 57).
Para preparar a un rarámuri se le cierran los ojos y se cru-
zan sus brazos; posteriormente se envuelve en su cobija, la que
usaba en vida. Al ser envuelto se coloca hacia el Oriente con
cruces, para sostener el rosario y ofrecer los alimentos a su lado
y el tesgüino. En su lecho esparcen ceniza, pues sus familiares y
amigos quieren conocer el animal en el que se han convertido en
el mundo natural, y por medio de las huellas en el polvo pueden
saberlo. Una vez envuelto y amarrado en su cobija, cuando se han
despedido de él, entre dos rarámuri –uno en cada extremo– lo
8 Chabochi es una palabra del rarámuri que se utiliza para referirse al hombre blanco,
al extranjero.
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El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

colocan sobre sus hombros y lo llevan a enterrar al campo santo


(González, 1982, p. 126).
Sobre los mitos de creación y muerte, dentro de la cultura de
los rarámuri, que involucran a la cobija, existen diversos relatos,
según la región en la que se encuentran. El relato de la inunda-
ción y la cobija es mencionado por algunos cronistas, como Luis
González9 (1987) y Jerome Levi (1998). Tomaremos un ejemplo del
primero:
Relato de la inundación y la cobija salvadora
Decían que cuando fuera a acabarse la tierra, tendrían primero
que arreglar bien una cobija llamada churita. Hay dos clases de chu-
ritas: una cobija se llama ri’wítuama, está tejida del mismo modo,
pero [con el hilo] más torcido. Es como una cobija llamada gawisori,
pero más retorcida. Cuando la tierra pues, fuera a acabarse, cuando
fuéramos a morir todos los habitantes del mundo, ya tendríamos que
tener totalmente terminada la churita, porque dicen que esta es bue-
na y esta será la que nos salve. Si nos cobijáramos con el gawisori
cuando fuera a consumirse la tierra, una vez que estuviéramos así
acobijados, la misma cobija nos devoraría del todo. Esto no pasaría
con la churita, porque dicen que esta nos salvaría. Cuando el agua
fuera llegando arriba de los cerros, que entonces nos estemos en
cuevitas cobijados, tapando donde haya agujeros para que no se
meta el agua. Y dicen que el agua no entrará por que la churita será
nuestra salvadora (Erasmo Palma, comunicación personal en Gonzá-
lez, 1987, pp. 407-408).
El relato se relaciona con la cobija como símbolo para la vida
y como elemento protector contra la muerte, pero también habla
de la importancia de que sea la cobija que se usó durante la vida,
no un objeto nuevo sin anclaje con las personas que mueren: “El
mundo se quedaría oscuro o que el agua se iba a desparramar
sobre él al final de los tiempos”. Y la cobija iba a salvar al hombre
de la inundación. La churita era “una cobija de segunda, [es decir,
rehecha de una cobija anterior], porque esa cobija es a favor de la
9 Estos etnógrafos centraron su investigación en la zona cercana a Batopilas.
Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 191
Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

gente […], porque si fuera una cobija de primera, [es decir nueva],
como ellos llaman gawisori, cuando se acabara el mundo y uno se
tapara con ella, esta cobija devoraría al hombre entero” (González,
1987, p. 411).
Este relato remite también a que los rarámuri son protectores
del mundo natural y cuidan su entorno, por eso la importancia del
uso de los recursos naturales solo para lo que es necesario en su
cotidianidad: alimentación, indumentaria y protección, pues se
dice que “tata Dios” podría castigarlos ahogándolos en la inunda-
ción.
LOS CAMINOS DE LA VIDA, LA FAJA

Para el rarámuri, caminar es parte fundamental de la vida


cotidiana; desde pequeños, una de sus actividades es el pastoreo
de chivas. Además, caminar es también su principal medio de
transporte. La región serreña que lleva su nombre, la Tarahumara,
tiene como características primordiales sus grandes barrancas,
acantilados, cascadas y bosques. El andar es también una acción
muy presente en sus creencias: “Dios fue el primero en hacer los
caminos y luego ya pasaron sus hijos. Cada rarámuri tiene su
camino y debe esforzarse por trabajar y hacer bien las cosas para
ir por el camino de Dios, que va hacia arriba, mientras que el ca-
mino del diablo va hacia abajo” (Catarino. Comunicación personal
2004 en Aguilera, 2011b, p. 83).
El caminar, para los rarámuri, es una constante dentro de su
pensamiento mágico. Por ejemplo, en el ritual de muerte men-
cionado anteriormente se dice que un rarámuri nunca deja de
caminar en la siguiente vida. “Entre los rarámuri se explica que
todo tiene un camino (el sol, la luna, las nubes, las estrellas, el
agua, los seres vivos, etc.), incluso los curanderos transitan a otros
planos del cosmos utilizando ciertos caminos” (Pintado, 2012, pp.
108-109). El camino es una metáfora de la vida que se vacía en la
prenda rarámuri conocida como faja:

192 Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017)


El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

Los diseños que conforman la faja, así como la faja misma, son
representaciones cosmogónicas de gran trascendencia, de tal forma
que cada uno de los elementos gráficos refiere a conceptos relacio-
nados con el momento de la creación y de la comunicación entre los
diferentes planos del cosmos asociados con la noción tarahuamra del
camino de la vida (Aguilera, 2011a, p. 211).

Imagen 2. A) Textiles con diseños geométricos, aludiendo al


cosmos y el camino. Museo Regional de Creel. B) Cobija tarahu-
mara. Recolectada entre 1965 y 1987 por Eugene H. Boudreau en
el Municipio de Batopilas, Chihuahua, México.
Ana Paula Pintado coincide:
El proceso de la vida, como el de la elaboración de la faja, es
creativo y debe seguir reglas precisas… al hacer la faja se busca el
entrelazamiento y unión de los hilos […] La imagen de la faja es el
reflejo de los caminos de la vida; asimismo, el cuerpo humano tiene
sus caminos, y mientras unos deben cortarse, otros deben fortalecer-
se o juntarse tal como se haría con una faja (Pintado, 2012, p. 105).

Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 193


Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

La faja es parte de la indumentaria de muchos pueblos indí-10


genas de México, “es el complemento imprescindible del enredo
pues permite sujetarlo a la cintura. Independientemente de su
propósito práctico, algunos grupos han investido a la faja de po-
deres mágicos… existe una sensación imprecisa de que la prenda
brinda protección a su portadora” (Lechuga, 1997, p. 156). Es muy
común su uso en las mujeres, pues es complemento de la falda,
pero en los rarámuri esto no puede generalizarse, porque la faja la
utilizan las mujeres solo en algunas regiones.11 Quienes la utilizan
principalmente son los hombres y los curanderos, también en la
cintura.
La palabra que se utiliza para faja en rarámuri es puri o pu-
raka, que se deriva de pura, “atar”, y alude al hecho de que este
objeto se ata a la cintura. Sin embargo, su apreciación entre los
tarahumaras va mucho más allá del uso práctico. El trabajo La faja
ralámuli, un entramado cosmológico, de Sabina Aguilera (2011b)
permite entender la función y significado de este objeto a través
de la descripción de su composición plástica, su organización y
combinaciones. La autora logra develar parte del simbolismo de-
trás de la faja a partir de categorías mitológicas y rituales. De los
datos más interesantes, nos permitimos rescatar el que tiene que
ver con el ciclo de la vida:
La constante en los diseños y composiciones es la noción de
movimiento, es decir, lo que genera vida o lo que permite su perma-
nencia… ese movimiento pertenece a un ciclo de vida-muerte-vida,
que afecta a los hombres, a los animales, a las plantas, a los astros
y a la existencia en general. Es lo que mantiene un balance o un
equilibrio cósmico (Aguilera, 2011b, p. 131).
Sobre la relación del tejido con el cosmos, la autora explica
también que los hilos que conforman el universo se entienden
como interconexiones que permiten el movimiento de los astros
10 El enredo es una falda de origen prehispánico que consiste en un rectángulo de tela,
a veces abierto, otras cosido en forma de tubo (Lechuga, 1997, p. 156)
11 Se dice que la carga simbólica de la faja es muy fuerte para una mujer y no cualquiera
puede con ello (José Luis Flores. Comunicación personal . Creel, Chihuahua, 2016).
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El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

“como los caminos a través de los cuales las deidades, almas y de-
más entidades pueden desplazarse en las diferentes dimensiones”
(Aguilera, 2014, p. 108). Su trabajo permite entender la iconografía,
entre la que la que el cerro como matriz o contenedor de agua,
la escalera como camino, las figuras romboides como centro (eje
o portal) y el camino en espiral, propio del pensamiento mágico
del rarámuri, son las formas primordiales que hablan del orden del
universo.

Imagen 3. Fajas con representaciones de cerros y caminos. Foto


1: Artes de México Tarahumaras. Foto 2: Los Tarahumares, Co-
lección Etnográfica, INAH.
Se concluye que, a través de este otro objeto, tejido también
en el contexto de la relación de los hilos con la vida, se representa
una forma de ser y de ver el mundo; el proceso de creación de
la faja rarámuri “implica necesariamente un conocimiento cosmo-
gónico y tecnológico que, al ser plasmados en el objeto creado,
reproducen a la cultura en su conjunto” (Aguilera, 2011b, p. 61). Es
en este sentido un objeto de uso práctico y estético con un vasto
contenido simbólico.

Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 195


Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

Ilustración 1 Mapa de las zonas de producción textil orientada al


turismo. Chihuahua, abril 2016. Rocío Marceleño.

TEJEDORAS

En 2016 se realizaron una serie de visitas de campo en la alta


y baja Tarahumara, en las comunidades cercanas a los pueblos
mágicos Creel y Batopilas, para tener un acercamiento con arte-
sanas tejedoras de esa región. La mujer es quien principalmente
realiza esta actividad artesanal12 y es en esta zona donde hay
12 Es común que la actividad de tejer se relacione con el mundo femenino. En México,
antes de la colonia, “todas las mujeres, ricas o pobres, tenían la obligación de hilar y
de tejer” (Stresser-Péan, 2012, pp. 231). Pues es en ella donde recae este saber-hacer
en las prácticas cotidianas. En México, en la región de Mesoamérica, los códices
brindan evidencia arqueológica de las deidades que representan el tejido; los aztecas
tenían una patrona especial para los trabajos textiles a la que llamaban Xochiquétzal,
la primera mujer que había hilado y tejido, la cual se representa sentada frente a un
telar (Johnson, 2005, p. 8), quien era la diosa de la fertilidad y la vegetación. Por otra
parte, en el códice Borgia, Tlazoltéotl era la diosa mexica del tejido y era representada
con uno o dos malacates que tenía a manera de adorno en su peinado. Además, era la
diosa del parto y la lujuria (Stresser-Péan, 2012, p. 232). Para los mayas la diosa Ixchel,
diosa de la luna y esposa del sol, patrono del hilado, era también conocida como “la
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El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

una importante producción, especialmente de artes turísticas.13


El objetivo era tener un acercamiento práctico para entender su
quehacer y las diferentes visiones que tienen ellas mismas de su
trabajo creativo.
Aguilera (2011) explica que en el tejido rarámuri,
Tanto el proceso creativo como el objeto terminado tienen mu-
cho que decirnos. El solo hecho de que los tarahumaras continúen
utilizando el telar y tejiendo diseños que datan de tiempos prehis-
pánicos y que están cargados de un importante y fuerte simbolismo
indica que debe hacer algo más que el simple gusto por tejer ciertos
diseños en determinados textiles. En definitiva, es arte y conoci-
miento, no solo es uso técnico y repetitivo (p. 61).
En nuestro acercamiento pudimos darnos cuenta que en la
práctica del tejer existen tradiciones familiares, sociales y étni-
cas, que permiten a la tejedora conectar el cuerpo con la esencia
del ser (como individuo y como miembro de un grupo), pero hay
además, en las tejedoras rarámuri que conocimos, un claro gusto
por el tejido.
Las mujeres han tenido un lugar preponderante en el tejido. La
actividad de tejer no es exclusiva de ellas, pero ha sido conside-
rada por muchas culturas como una de las tareas habituales para
este miembro de la familia que tradicionalmente ha ocupado el
lugar de cuidadora de los hijos y de la casa. La mujer forma parte
esencial de las sociedades, aunque directamente no se les da el
crédito de ser las generadoras de la identidad de muchos tejidos,
es muy claro que los motivos que plasman en sus telas tienen
que ver con sus actividades diarias y con su propio pensamiento
(Ramírez, 2012, p. 39). Esta actividad de saber-hacer es de vital

de las trece madejas de tela a colores” (Johnson, 2015, p. 8).


13 Se participó también con la asociación civil Centro de Desarrollo Alternativo Indígena,
Cedain. Ellos trabajan directamente con artesanos dentro de la Sierra Tarahumara.
Con su colaboración, en un primer acercamiento se contactaron artesanos con los que
realizan actividades importantes y de sus registros pudimos seleccionar y contactar a
mujeres tejedoras que trabajan diferentes materiales y que tienen producción artesa-
nal constante, ubicadas dentro y cerca de los puntos turísticos de mayor interés.
Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 197
Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

importancia, ya que el conocimiento de la técnica se transmite


de generación en generación y se le enseña desde muy temprana
edad a las niñas, junto con las labores del hogar (Chamoux, 1992,
p. 26). En el caso de nuestras informantes esto es común, sus
madres les enseñaron a ellas y las que ya tienen hijas o hermanas
pequeñas han hecho lo mismo.
Concimos ocho tejedoras en total. Con algunas se dio la opor-
tunidad de visitar sus casas y conocer a sus familias; con la ma-
yoría se pudo realizar una charla sobre su tejido y registrar su ac-
tividad mientras la realizaban. Las entrevistas arrojan información
sobre su forma de vida y su trabajo textil. Aunque no es posible
vaciar aquí cada dato y la riqueza de cada experiencia, de lo más
relevante relacionado con los aspectos antes vistos en este texto,
podemos rescatar una distinción importante entre las comunida-
des que se encuentran más alejadas de las ciudades de los chabo-
chi y las que encuentran cerca de las ciudades. La recolección de
materiales y la producción artesanal se torna más difícil estando
lejos; por ejemplo, las tejedoras de ware (cestería) para conseguir
sus materiales, recorren largas distancias fuera de sus hogares, ya
que son muy escasos. Como esta actividad se realiza para la venta
al turismo, cada vez se vuelve más difícil encontrar el material de
manera silvestre. Por el contrario, es más fácil conseguir material
industrializado cerca de las ciudades. Con ellos trabajan incluso
otro tipo de tejidos que no son los que tradicionalmente fabrican
para autoconsumo; esto les ha permitido tener variedad de pro-
ductos para el turismo, que es su principal comprador.
Artesana Comunidad Tejido

Cestería Morral Pulsera Faja Cobija Bordado Chaquira


Agripina Gonogochi x x x x
Lucía Tucheachi x x x x
Luisa Arareco x x x x
Carmen Munerachi x
Catalina San Luis x
Majimachi

198 Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017)


El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

Cande Tucheachi x x x x
Sabina Creel x x x x x
Rosa Panteón x x x x x

Algunas de nuestras informantes trabajan de manera formal


la artesanía; otras hacen sus productos cerca de casa y luego
venden sus productos en las zonas turísiticas. Lo más común de
cualquier forma es que tejan al aire libre. Sus materiales y telares
varían según los tipos de tejido que realicen. Por ejemplo Cande
y Luisa, quienes junto con sus familias se dedican al tejido y ex-
plican sobre los telares: “Si es un morral agarramos uno mediano
y lo recargamos a la pared, si son fajas y pulseras tomamos el
chico y tejemos afuera y hacemos varias piezas, el de troncos solo
para hacer cobijas, pero casi no nos la compran por que salen
muy caras de hacer” (Cande. Comunicación personal, abril 2015).
Luisa es quien se encarga de vender los productos en el lago de
Arareco, pues es un punto muy turístico cerca de algunas tiendas
de artesanía. “A veces se paran camiones con los turistas y nos
piden mucho trabajo para llevar, siempre tenemos que tener fajas
y pulseras listas” (Luisa. Comunicación personal, abril 2015).
En este sentido vale la pena mencionar dos datos importantes
sobre las mujeres que conocimos: su ejercicio es fundamental para
lograr su sustento y para ellas queda muy claro el papel que des-
empeñan en su familia. Agripina, por ejemplo, tiene 18 años, es
tejedora de faja en un telar de marco, es la mayor de seis herma-
nos y ayuda a mantener su casa. Además de producir artesanía,
trabaja como tendera en la caseta de Cedain de su comunidad.
Ella se encuentra en constante capacitación acerca de cómo ha-
cer y vender su artesanía para ofrecerla al turismo a un precio
competitivo. En su discurso de venta refleja el valor del trabajo
en la elaboración de estos objetos, por ejemplo, resalta el tiempo
de elaboración de cada pieza, para que la gente se dé cuenta de
la complejidad del proceso. Su madre está con ella gran parte del
tiempo, aunque no habla castellano. Agripina explica que en su
cultura la mujer debe de seguir sus caminos como esposa y aten-

Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 199


Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

der su casa, su marido y sus hijos; ella al final del día se toma un
tiempo para trabajar la artesanía en conjunto con miembros de su
familia, a quienes les enseña.

Fotografía 2 Lucía tejiendo desde su lugar de trabajo. Bocoyna,


abril 2016. Documenta.
Laura, quien es también artesana, pero de frutos envasados,
comenta sobre el camino de una mujer: “primero atiendo a mi
marido, a mis hijos y a mi casa, cuando alcanza el tiempo hago
artesanía” (2016). La historia de Lucía no es tan diferente de las
mujeres de la región. Su papel primordial es servir a su marido,
pues sus hijos se encuentran en los internados en las diferentes
zonas de la alta tarahumara. Ella comenta que su marido le hizo el
marco [bastidor de tejido], para que le ayudara con la casa. Des-
pués de un tiempo vio que lo hacía bien y él dejó de trabajar, una
acción no poco común de otros hombres de la región. Las mujeres
han tomado un papel fundamental en el sustento de sus hogares
y tejer se ha convertido en una actividad importante para proveer.
Son mujeres amas de casa y proveedoras del sustento; tejiendo
vacían su bagaje cultural y personal. Es importante entender que
tienen un papel como creadoras y el tejido es una actividad donde
también se han refugiado y expresado de manera silenciosa; esto
les permite una exploración personal y un ejercicio importante de
relación con el entorno, desde conseguir su material hasta conver-
tir su resultado en un producto con valor estético importante; pro-
ductos que vacían de alguna forma el placer de crear, de hacer un
tejido de ellas mismas. Sus pensamientos y preferencias se vierten
en sus decisiones sobre el color, las formas y las composiciones.

200 Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017)


El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

Así es como logran construir un espacio propio de creación que al


mismo tiempo, como vimos anteriormente, conforma una declara-
ción sobre su pueblo.
En cada tejedora se puede observar también la dedicación y
fuerza de su expresión. El tejido no es un ejercicio fácil, pero su pre-
ocupación por la conservación de su tradición, por mantener vivo
este saber-hacer y que las futuras generaciones no pierdan sus
costumbres, les lleva a seguir su actividad con mucho empeño.
A MANERA DE CONCLUSIÓN

El tejido, a partir de las últimas tres o cuatro décadas del siglo


XX, tomó un valor diferente al ser un ingreso extra para el susten-
to de las familias rarámuri. La participación de la mujer (princi-
palmente) en las artes turísticas, ha sido observada en diferentes
estudios desde entonces, así como la evolución de estos tejidos en
su forma, representaciones y usos.

Esquema 1. Tejer para los rarámuri. Elaborado


por Rocío Marceleño
Tejer, para los rarámuri, es una actividad cotidiana y llena de
significado. La importancia del tejido se ve en la transferencia de
saberes, los motivos que plasman y el uso de los objetos, tanto
los que ellos utilizan (en la cotidianidad o en ritos) como los que
son para otros, por ejemplo los turistas. Las formas y los cambios

Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 201


Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

de materiales en la actualidad permiten observar estos objetos no


solo desde la antropología como disciplina per se del estudio de
estos saberes y su preservación, sino también desde el arte y el
diseño, donde se ha tenido una relación importante que se enmar-
ca en un ejercicio que promueve, optimiza y difunde los objetos
creados para que su producción continúe y sea valorada.
Así pues, dar a conocer estas técnicas textiles resulta im-
portante para su reconocimiento y permanencia, porque además
de que observar los materiales y herramientas que utilizan los
rarámuri permite conocer su entorno, saber qué y cómo tejen nos
habla de su cultura, de la trascendencia de este saber-hacer.
Desde la perspectiva de las artes la representación de elemen-
tos, en este caso en los motivos tejidos, es un embudo de saberes
que han sobrevivido al paso de las generaciones; la transferencia
de la técnica se suma al simbolismo del ritual; las vivencias actua-
les, tanto de la etnia como de los creadores tejedores, se plasman
a través de los textiles y la gráfica como elementos culturales de
valor.
Como vimos anteriormente, el acto de tejer en los rarámuri
va más allá una actividad técnica para sustentar la necesidad de
cubrirse. Se trata de un evento de creación de objetos que refle-
jan su cosmovisión y la forma en que representan su propia vida;
desde su nacimiento, en el que al rarámuri deben cortársele los
hilos de su cabeza que lo conectan al cielo para tener una vida
terrenal plena, hasta su muerte donde se prepara para otra vida,
la importancia del hilo y los tejidos está presente.
Como explica Sabina Aguilera (2012), hilar para los rarámuri
implica todo un proceso creativo para dar forma a la materia, que
requiere una importante organización cognitiva y la experiencia
para expresar su cosmovisión de manera significativa:
Así, se entiende por qué una actividad como el hilar o el tejer
es una donde la memoria colectiva opera como proceso que no está
fijo en el pasado, sino que, al integrar las experiencias, se renueva,
reinterpreta y reproduce. Finalmente, desempeñar estas y muchas
otras acciones sigue y revive aquel camino establecido en la época

202 Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017)


El tEjido tExtil tarahumara. hilos, cobija y faja

primordial, pero al ejecutarlas se vuelven únicas en tanto posibilitan


el aprehender, comprender y dar significado al mundo vivido (Agui-
lera, 2012, p. 83).
En las representaciones de los rarámuri hay una constante
relación entre vida y muerte, con los hilos y tejidos resguardan
estas representaciones, que llamaremos artísticas, como lo sugiere
Olmos (2005) en sus análisis de la estética de las culturas del no-
roeste. El autor describe que así como el arte tiene fundamentos
míticos, las manifestaciones y representaciones en las sociedades
indígenas también. La diferencia es que en las útimas esto tiene
un impacto en el comportamiento del grupo étnico, ya que lo re-
gulan de forma muy clara:
Las manifestaciones artísticas indígenas… poseen algunas cuali-
dades que pudieran resumirse de la siguiente manera: a) mantienen
relación intrínseca entre el arte y el sistema de creencias; b) el arte
es de carácter simbólico y refleja elementos míticos vigentes en el
pensamiento indígena contemporáneo y c) el código de comunica-
ción es ampliamente conocido y socializado entre los miembros de la
comunidad (Lévi-Strauss, 1970 en Olmos, 2005, pp. 51 y 52).
Así pues, estos y otros estudios existentes muestran que hay
una articulación de los saberes, códigos de creencias y de con-
ducta con todo un sistema de representación estética. “El mito,
en tanto fenómeno colectivo, articula simbolismos ligados con los
afectos y con la creación artística… el principio que caracteriza
al arte indígena es la relación entre la manifestación sensible y el
mito como fundamento del sistema de creencias” (Olmos, 2005, p.
54). En los hilos, tejidos y objetos (como la cobija y la faja), de los
rarámuri podemos ver claramente ese pensar colectivo y cómo se
manifiesta de forma física y simbólica en sus creaciones, princi-
palmente en la indumentaria que utilizan para sus ritos.
El perfil del creador, en este caso la tejedora rarámuri y su
contexto de vida, familia, acercamiento religioso y cotidianidad, le
permiten tener un cúmulo de saberes y experiencias que proveen

Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017) 203


Rocío MaRceleño y Silvia veRónica aRiza

los medios suficientes para la representación y el cumplimiento


de actividades primordiales en su vida. Sus objetos tejidos y los
elementos iconográficos que vacían en ellos hablan de su existen-
cia individual y colectiva y al tiempo los acercan a un mundo no
material. Por todo ello, el estudio de los tejidos en la cultura de los
rarámuri nos aproxima a la riqueza de una cultura, pero también
a la magia de la creación como una actividad humana imprescin-
dible para nuestra existencia.
Los productos textiles que se han analizado en esta inves-
tigación plasman una visión particular de creación propia de la
identidad rarámuri. Este estudio ha avanzado al valorizar los co-
nocimientos trabajados y valorando a los artesanos y su vivir crea-
tivo, pues son ellos quienes se encuentran dispuestos a seguir
luchando en la preservacion, defensa y transformación su cultura
tomando sus objetos artesanales, en particular los textiles, cuyo
valor hemos resaltado en la representación de su pensamiento
mágico y que los identifica abriéndose paso por el mundo.

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206 Chihuahua Hoy, año 15, Núm. 15 (enero-diciembre, 2017)

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