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Tema 1

Este documento resume el concepto judeocristiano occidental de paz. Explica que tradicionalmente se ha definido como ausencia de guerra, pero que recientemente también incluye la ausencia de injusticia social. Detalla las influencias griegas y romanas en esta concepción, así como su evolución a lo largo de los siglos desde Kant hasta la actualidad, donde se reconoce que la paz implica no solo no violencia sino también justicia.

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Tema 1

Este documento resume el concepto judeocristiano occidental de paz. Explica que tradicionalmente se ha definido como ausencia de guerra, pero que recientemente también incluye la ausencia de injusticia social. Detalla las influencias griegas y romanas en esta concepción, así como su evolución a lo largo de los siglos desde Kant hasta la actualidad, donde se reconoce que la paz implica no solo no violencia sino también justicia.

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1.

1 Concepto judeocristiano
occidental de paz
Capitulo 1

Introducción

Antes de pasar a analizar la investigación sobre la paz, el estudio del


conflicto, y el papel de la psicología en todo ello, es fundamental que
abordemos el análisis del concepto teórico de paz. Esta importancia
deviene de dos razones. Por un lado, la evolución del campo temático
de la investigación sobre la paz ha ido de la mano del desarrollo del
concepto de paz y, por otro lado, de la noción de paz que se adopte,
dependerá, en gran medida, el campo de lo que se entiende como
investigación sobre la paz y psicología de la paz.

La paz es un concepto polisémico, con muchas implicaciones en las


políticas de acción que se adoptan, dependiendo de su definición.
Desde la versión más simple de paz como ausencia de violencia, a la
versión más aceptada recientemente en las ciencias sociales de paz
como ausencia de violencia e injusticia social, existe un amplio
abanico de definiciones que de una forma u otra conforma la
construcción social de la paz, y las acciones para su consecución que
de ellas derivan.

De inicio, podemos afirmar que, tradicionalmente, la paz ha significado


simplemente prevención o cese de la guerra, por lo que se ha definido
por referencia, precisamente, a ese estado opuesto, la guerra. Como
bien recuerda Juan Gutiérrez (1991) hace dos siglos definió Inmanuel
Kant en su obra "la Paz Perpetua" la paz como "ausencia de guerra y
de preparación de guerra ofensiva entre Estados". Para él, en el
interior de cada Estado había un orden regido por leyes, y por tanto
paz. Para Kant la paz estaba en la ley en correspondencia con la ley
moral. A este concepto de paz como ausencia de guerra se designa
hoy como "paz negativa".

Hace dos siglos definió Inmanuel Kant en su obra "la Paz Perpetua"
la paz como "ausencia de guerra y de preparación de guerra
ofensiva entre Estados"
Este concepto de paz propio de la cultura occidental tiene unas raíces
que se hunden profundamente en dos tradiciones culturales
diferentes. Si seguimos a Galtung, podemos considerar que "la paz, se
conciba como se conciba, es una característica de algún "sistema":
intrapersonal, interpersonal, intrasocial, intersocial, intraglobal....Es un
concepto aplicado a un sistema; de ahí que necesariamente se vea
impregnado de las tradiciones que rigen esa civilización, la formación
de conceptos y la creación de sistemas" (Galtung, 1985, p. 75). En
nuestro caso, el concepto de paz en la cultura occidental, se halla
influenciado, sobre todo, por la tradición griega y por la tradición
romana. (Galtung, 1985):

a) La primera, la Tradición Griega tiende a definir la paz como la


"unidad interior frente a una amenaza exterior", de lo que se deduce
que la amenaza exterior fomenta la unidad interior (el Estado). Surge
así, la idea de "nosotros contra ellos", razón de ser de la defensa
armada, cuya misión es la paz en una doble dimensión:

1. Por un lado, la defensa ante el exterior, lo que supone el desarrollo


del armamentismo y el militarismo para la defensa del Estado y

2. Por otro, el mantenimiento del orden y de la paz interior. De esta


manera, la paz sólo es la ausencia de violencia externa e interna,
transformándose el Estado en el elemento definitorio de la noción de
paz.

b) La segunda, la Tradición Romana, presente desde el Imperio


Romano, define la paz -en función de un "universalismo que nace y
tiene su centro en Occidente"- como "ley y orden interno", cuyo punto
de referencia son, también, los Estados Soberanos.

Así, la filosofía y la teoría política desarrolladas en el "período


moderno" -que Galtung fecha a partir del "Renacimiento Medieval" de
la Alta Edad Media-, divide la vida social en dos mundos: uno el
estado donde reina el orden, la ley y la paz; y otro, la sociedad
internacional, donde reina la anarquía y la ley del más fuerte. Esta
división determina el concepto de paz de manera negativa y externa,
pues se presenta como períodos de tiempo, circunstanciales, entre las
múltiples guerras -estado normal de una sociedad internacional sin ley
ni orden- que caracterizan la historia del ser humano. Siguiendo esta
concepción, si no existen desórdenes internos en el seno de los
estados, la paz interior se da por hecha, por lo que la paz haría
referencia, casi exclusivamente, a la sociedad internacional: la paz
como ausencia de guerra entre los estados.
Es a partir de estas tradiciones greco-romanas de donde surge un
concepto negativo de paz que, como consecuencia de la expansión y
conquista de la cultura occidental, es dominante en el mundo actual.
Este concepto limita la paz a un intervalo entre dos guerras o
conflictos, dejando de lado los aspectos positivos de la paz. Por ello,
tradicionalmente, el estudio sobre la paz como disciplina científica ha
sido, principalmente, una investigación sobre la guerra y el conflicto, y
sobre los medios para evitar ambos.

Por ello, tradicionalmente, el estudio sobre la paz como disciplina


científica ha sido, principalmente, una investigación sobre la guerra
y el conflicto, y sobre los medios para evitar ambos

Sin embargo, desde Kant hasta hoy, el concepto de paz se ha ido


extendiendo del plano de las relaciones entre estados a cualquier otro
plano de relaciones entre grupos o personas, e incluso a relaciones
con la naturaleza o relaciones con las generaciones futuras, y paz ha
pasado a significar no sólo la ausencia de guerra, sino la ausencia de
violencia.

Violencia no significa únicamente acción violenta directa, por lo que el


concepto de paz incluye hoy más que "no-guerra" y "no-acciones
violentas". Han entrado en él otros rasgos de la no-violencia, como
justicia o liberación de la opresión.

Ya en el siglo XVI (Gutiérrez, 1991) Martin Lutero hablaba de "La paz


basada en la justicia" y en el siglo XVIII el mismo Kant rechazaba "la
paz de los cementerios", considerando que una paz asentada en la
represión no es una "verdadera paz". Posteriormente el marxismo y
las luchas contra la explotación han actualizado estos planteamientos.
Este concepto de paz verdadera implicando el rechazo a la injusticia y
la opresión ha tenido su marchamo científico al acuñar Johan Galtung
el concepto de "Violencia estructural" (Galtung, 1969). Según Galtung,
hay violencia estructural cuando varios colectivos están dentro de una
misma estructura, lo que hace que unos salgan mejor parados que
otros, que a unos beneficia y a otros perjudica. Los desniveles, el
sometimiento, la opresión y la explotación son casos de violencia
estructural.

Esta incorporación al concepto de paz de otros elementos -como


justicia, liberación de opresión- encuentra el rechazo de algunos
científicos que dicen que paz es pura paz, y sólo aceptan la definición
negativa, acusando a quienes la amplían de ambiciosos que quieren
extender el campo de su disciplina saltándose el rigor científico
(Bobbio, 1979).
Al introducir junto a un valor negativo -no guerra-, otros valores
positivos -justicia, igualdad- nos encontramos con que estamos ante
un continuo y no ante una disyuntiva. Guerra o paz es una disyuntiva
clara, pero justicia y opresión puede haber más o menos; y así
entendida, una paz total es algo ideal, una idea reguladora, no es algo
que se realice plenamente.

Pero antes de pasar a exponer las concepciones más recientes de


paz, veamos el desarrollo del concepto de paz en el Siglo XX que ha
posibilitado la aparición de las conceptualizaciones de Johan Galtung
y Adam Curle.

Tradicionalmente, el concepto de paz ha tenido tres componentes un


sentido de orden jurídico asociado con la palabra latina pax; un
sentido de relaciones sociales éticas, expresado por la palabra
griega eirené; y un sentido de bienestar emanado de la plenitud
espiritual, expresado por la palabra hebrea shalom. Histórica y
etimológicamente estos tres elementos eran faceta distintas de la
misma idea; sin embargo, esta división del contenido de paz nos es
útil, ya que refleja la separación conceptual existente a principios de
siglo.

Tradicionalmente, el concepto de paz ha tenido tres componentes


un sentido de orden jurídico asociado con la palabra latina pax; un
sentido de relaciones sociales éticas, expresado por la palabra
griega eirené; y un sentido de bienestar emanado de la plenitud
espiritual, expresado por la palabra hebrea shalom

En el cambio de siglo, la piedad que emana de shalom, se encontraba


relegada al ámbito vocacional de las distintas iglesias y a las
comunidades que se autosegregaban del conjunto de la sociedad, en
las cuales se desarrolló el concepto de la no-resistencia -principio de
no participación en la violencia organizada. Institucionalizaron su
concepto de paz repudiando absolutamente la violencia y
separándose, por cuestión de principios, del resto de la sociedad. En
consecuencia, aislaron el concepto de paz como piedad de la ética
secular.

Mientras tanto, la noción jurídica de pax como orden impuesto por la


autoridad legítima, se desarrollaba en la ley internacional y adquiría
formas diplomáticas tales como la mediación y el arbitraje. A medida
que el concepto de autoridad iba adquiriendo un significado más
amplio y republicano, la noción de paz negociada por un conjunto de
gobernantes se transformaba en la idea de una liga de estados. Se
acomoda el concepto jurídico de paz al sistema estatal moderno de
múltiples soberanías. Defienden el punto de vista de que la paz debe
ser un principio organizado de las relaciones internacionales. Algunos
de los logros más destacados los encontramos en la ley internacional,
el arbitraje y las organizaciones internacionales.

¿Y qué es de la eirené, paz basada en las relaciones sociales justas?.


Este valor se encontraba reflejado en la ética cuáquera e impregnaba
las distintas asociaciones pacifistas religiosas que combinaban el
fervor religioso con las ideas ilustradas, liberales. De hecho,
compartían la fe en un progreso racional y una evolución basada en la
aplicación de modelos naturalistas a la organización social. Su
concepto de paz se basaba en una filosofía de justicia social
defendida por los economistas liberales que creían que la guerra y la
economía de guerra ahogaban la prosperidad, exacerbaban el
malestar social, y frustraban la evolución de unas relaciones sociales
armoniosas. En consecuencia, afirmaban que el libre mercado de
bienes e ideas llevaría a una distribución igualitaria del poder, crearía
un nuevo sistema de intercambio, y eliminaría la amenaza militar.

Con el cambio de siglo, la fragilidad de estas ideas era clara.


La realpolitik de Bismark, el proteccionismo, el colonialismo europeo y
americano, y la concentración doméstica del poder económico, habían
erosionado severamente las condiciones que justificaban la confianza
liberal. A pesar de ello, allá por 1914, la noción liberal de paz como
una sociedad abierta y ordenada, estaba bien protegida y arraigada en
distintas organizaciones que pretendía inculcar sus puntos de vista
entre el público y la clase política.

Los líderes de estas organizaciones consideraban la paz como la


expresión del orden internacional y social, considerándolo
esencialmente bueno en sí mismo. Según esto, separaban el valor de
la relación social armoniosa de las cuestiones de justicia presentes ya
en aquellos tiempos. Por ello, los líderes de las organizaciones
pacifistas se encontraban separados no sólo de aquellos para los que
la paz era una disciplina religiosa, sino que también de los
movimientos socialistas y sindicales en auge, para los cuales el orden
pacífico existente era otra forma de injusticia.

Estos antecedentes del siglo XIX de la reflexión sobre el concepto de


paz, fueron sometidos a la crisis general ocurrida en el siglo XX. La
interacción de dichos antecedentes con distintas corrientes de
pensamiento -tales como las ciencias sociales, la filosofía pragmática,
el socialismo, y el evangelio social- y sucesos críticos ocurridos a
principios de siglo, provocó una reflexión crítica de la que han surgido
los cimientos sobre los que se asienta el concepto moderno de paz.
Como consecuencia de la evolución que estamos comentando,
comenzó a surgir una concepción de paz más amplia, según la cual la
paz sería una relación entre individuos, grupos, naciones, o incluso
unidades mayores, basada en la cooperación. Veamos, a
continuación, los desarrollos conceptuales más importantes surgidos a
lo largo de la segunda mitad del Siglo XX.

Como consecuencia de la evolución que estamos comentando,


comenzó a surgir una concepción de paz más amplia, según la cual
la paz sería una relación entre individuos, grupos, naciones, o
incluso unidades mayores, basada en la cooperación

1.2 El enfoque de Johan Galtung

Siguiendo a Galtung (1969, 1985), para examinar la idea de paz


debemos partir de tres principios simples:

1. El término "paz" se utiliza para objetivos sociales aceptados, al


menos verbalmente, por muchos, aunque no necesariamente por la
mayoría.

2. Estos objetivos sociales pueden ser complejos y difíciles, pero no


imposibles de alcanzar.

3. Consideramos válida la afirmación: la paz es la ausencia de


violencia.

Este último principio nos lleva a la cuestión de la definición de paz. El


en sí mismo no es una definición, lo único que pretende es que los
términos "paz" y "violencia" queden vinculados entre sí de tal manera
que la paz pueda considerarse como ausencia de violencia, de tal
manera que, a partir de ese momento, todo se centra en buscar una
definición de "violencia".

Los términos "paz" y "violencia" queden vinculados entre sí de tal


manera que la paz pueda considerarse como ausencia de violencia

Digamos como punto de partida, que la violencia está presente


cuando los seres humanos se ven influidos de tal manera que sus
realizaciones efectivas, somáticas y psicológicas, están por debajo de
sus realizaciones potenciales. Así, si una persona moría de
tuberculosis en el siglo XVIII, resultaría difícil considerar el hecho
como una violencia, puesto que su muerte era casi inevitable; pero si
muere hoy, a pesar de los recursos médicos que hay en el mundo,
según ésta definición si que existe violencia. La violencia es aquello
que aumenta la distancia entre lo potencial y lo efectivo, y aquello que
obstaculiza el decrecimiento de esa distancia. En otras palabras:
cuando lo potencial es mayor que lo efectivo y ello sea evitable, existe
violencia. Cuando lo efectivo es inevitable, no existe violencia aunque
lo efectivo esté situado a muy bajo nivel. Una esperanza de vida de
treinta años, en el período neolítico, no era una expresión de violencia;
pero la misma esperanza de vida en la actualidad, debería
entenderse, según nuestra definición, como violencia.

La violencia es aquello que aumenta la distancia entre lo potencial y


lo efectivo, y aquello que obstaculiza el decrecimiento de esa
distancia

Según Galtung (1985), esta definición de violencia hace referencia a


seis dimensiones importantes de violencia.

La primera de ellas, se refiere a la distinción que debe hacerse entre


violencia física y psicológica. Es una distinción vulgar, pero importante,
puesto que la concepción restringida de violencia se centra
únicamente en la violencia física. Los seres humanos sometidos a
violencia física se ven heridos somáticamente, con la muerte como
punto extremo. La violencia psicológica puede abarcar las mentiras, el
lavado de cerebro, las diferentes formas de adoctrinamiento, las
amenazas, etc..., que sirven para disminuir las potencialidades
mentales.

La segunda distinción se establece entre el enfoque negativo y la


aproximación positiva de las acciones. Por ejemplo una persona
puede verse influida no solamente si se la castiga cuando hace algo
que el que influye considera mal hecho, sino también si es
recompensada por hacer algo que éste considera correcto. El
resultado final puede ser que los seres humanos queden eficazmente
imposibilitados de realizar sus potencialidades. Así, muchos
pensadores (Marcuse, 1953) subrayan que la sociedad de consumo
recompensa ampliamente a aquél que se lanza al consumo, mientras
que no castiga positivamente a aquél que no lo hace.

La tercera distinción que hay que hacer se refiere al objeto: ¿hay o no


hay un objeto que reciba daño?. ¿Podemos hablar de violencia
cuando no hay ningún objeto que reciba daño?. Sería éste un caso de
lo que se denomina violencia truncada. Cuando una persona, un
grupo, una nación, despliega unos medios de violencia física, ya sea
arrojando piedras a su alrededor, ya experimentando armas nucleares,
puede no haber violencia en el sentido de que alguien reciba un golpe
o una herida, pero sí hay una amenaza de violencia física y una
amenaza indirecta de violencia mental que puede incluso
caracterizarse como algún tipo de violencia psicológica, habida cuenta
de que limita la acción humana.

La cuarta distinción, y la más importante, se refiere al sujeto: ¿hay o


no hay un sujeto (persona) actuante? De nuevo podemos
preguntarnos: ¿se puede hablar de violencia cuando nadie comete
una violencia directa, cuando nadie actúa?. Esto sería, también, un
caso de violencia truncada. Al tipo de violencia en el que hay un actor
que comete la violencia lo llamamos violencia personal o directa, y
llamamos a la violencia en la que no hay tal actor, violencia estructural
o indirecta. En ambos casos puede haber individuos muertos,
golpeados o heridos, en las distintas acepciones de estos términos;
pero así como en el primer caso esas consecuencias pueden ser
rastreadas hasta llegar a personas concretas actuantes, en el segundo
caso, por el contrario, esto deja de tener sentido. Puede no haber en
la estructura ninguna persona que dañe directamente a otra persona.
La violencia está edificada dentro de la estructura. Así, cundo un
marido golpea a su mujer, tenemos ante nosotros un caso claro de
violencia personal; pero si un millón de maridos mantienen a un millón
de mujeres en la ignorancia, nos encontraremos con una violencia
estructural. En ocasiones se alude a la violencia estructural como
injusticia social.

Al tipo de violencia en el que hay un actor que comete la violencia lo


llamamos violencia personal o directa, y llamamos a la violencia en
la que no hay tal actor, violencia estructural o indirecta

La quinta distinción que debe hacerse es entre la violencia deliberada


y la no deliberada. Esta distinción es importante cuando se trata de
dictaminar una culpa, puesto que el concepto de culpabilidad ha
estado más vinculado a la intención que a la consecuencia. Esta
conexión es importante porque pone de manifiesto una orientación
presente en gran parte del pensamiento acerca de la violencia, la paz,
y conceptos emparentados con éstos: a los sistemas éticos dirigidos
contra la violencia deliberada puede escapárseles fácilmente de las
mallas de sus redes la violencia estructural.

En ocasiones se alude a la violencia estructural como injusticia


social
En sexto, y último lugar nos encontramos con la tradicional distinción
entre dos niveles de violencia: la violencia manifiesta y la latente. La
violencia manifiesta, personal o estructural, es observable, aunque no
directamente, puesto que la entidad teórica de la "realización
potencial" entra también en el marco. La violencia latente es algo que
no está ahí, pero que puede aparecer fácilmente. Consideramos que
hay violencia latente cuando la situación es tan inestable que el nivel
de realización efectiva no está suficientemente protegido y disminuye
"fácilmente".

Figura 1.1: Tipología de la violencia (Galtung, 1985).

Con la distinción entre violencia personal y violencia estructural como


cuestión básica, la violencia se desdobla, y lo mismo ocurre con la paz
concebida como ausencia de violencia. Una concepción ampliada de
la violencia conlleva una concepción ampliada de la paz. Así como
una moneda tiene dos caras, representando cada una de ellas
solamente una faceta de la moneda y no la moneda entera, también la
paz tiene dos caras: ausencia de violencia personal y ausencia de
violencia estructural. Aludiremos a ellas como paz negativa y paz
positiva respectivamente.

Así como una moneda tiene dos caras, representando cada una de
ellas solamente una faceta de la moneda y no la moneda entera,
también la paz tiene dos caras: ausencia de violencia personal y
ausencia de violencia estructural. Aludiremos a ellas como paz
negativa y paz positiva respectivamente

En interés de la brevedad podrían preferirse las formulaciones de


"ausencia de violencia" y "justicia social", empleándose una
formulación negativa y otra positiva. La razón para la utilización de los
términos "negativa" y "positiva" es obvia: la ausencia de violencia
personal no conduce a ninguna condición positivamente definida,
mientras que la ausencia de violencia estructural es aquello a lo que
nos hemos referido como justicia social, una condición definida
positivamente. Todo ello significa que la teoría de la paz está
íntimamente conectada no sólo con la teoría del conflicto sino también
con la teoría del desarrollo. Y la investigación sobre la paz, definida
como investigación de las condiciones precisas -pasadas, presentes y
futuras- para la realización de la paz, estará también íntimamente
conectada con la investigación del conflicto y la investigación del
desarrollo; siendo la primera, a menudo, más relevante para la paz
negativa, y la segunda más relevante para la paz positiva.
Figura 1.2: Los conceptos ampliados de violencia y paz (Galtung, 1985).

1.3 El enfoque de Adam Curle

Adam Curle ha extendido y humanizado aún más el concepto de paz


entendido como "paz positiva". Curle (1978) establece su posición en
torno a la existencia de tres conceptos:

1. Relaciones pacíficas vs relaciones no pacíficas u hostiles.

2. Relaciones equilibradas vs relaciones no equilibradas.

3. Grado de percepción o de conciencia del conflicto.

Las relaciones pacíficas serían aquellas que ponen a individuos o


grupos en condiciones de poder conseguir, juntos, objetivos que no
habrían podido alcanzar por separado, o, por lo menos, en
condiciones de no obstaculizarse mutuamente. Por su parte,
las relaciones hostiles serían aquellas en las que las partes implicadas
se dañan recíprocamente, de manera que, de hecho, consiguen
menos de lo que podrían haber hecho independientemente y, de un
modo u otro, perjudican la capacidad del otro para desarrollarse,
madurar o realizarse. De dichas relaciones, una parte sale
perjudicada, aunque no suceda lo mismo con la otra parte, que sí
puede sacar ventajas de la interacción existente.

En contraste con la ausencia de lucha declarada, una relación pacífica


debería, pues, significar -a escala individual- amistad y comprensión,
lo suficientemente amplias como para salvar cualquier diferencia que
pudiera surgir. A mayor escala, las relaciones pacíficas deberían
implicar una colaboración armoniosa y constructiva, una asociación
activa, una cooperación planificada, un esfuerzo inteligente para
prever o resolver conflictos en potencia; consiguiéndose, así, una
relación en la que los individuos o grupos interesados, alcanzan juntos
objetivos que no habrían podido alcanzar por separado. Este aspecto
de la paz entraña, en buena medida, lo que Curle denomina desarrollo
(Curle, 1971). Si el desarrollo ha de tener lugar, es decir, si una
relación ha de crecer armónicamente y en sentido eficaz, es
axiomático que tiene que haber una gran dosis de igualdad y
reciprocidad. En las relaciones pacíficas no hay dominio ni imposición.
En su lugar brillan la mutua asistencia, el entendimiento mutuo, la
preocupación y el interés solidarios, y la colaboración nacida de dicho
apoyo mutuo (Curle, 1971).

El segundo concepto es el de
relaciones equilibradas y desequilibradas. Se entiende por relación
equilibrada aquella en la que se da una división de poder más o
menos igual. No es que sea absolutamente necesario un mismo tipo
de poder, en un conflicto utópico entre un gobierno y una universidad,
por ejemplo, no hay duda de que el gobierno detenta todo el poder
convencional, pero la universidad puede esgrimir muchas y poderosas
armas -la indignación moral internacional, el abandono del territorio
por parte de sus intelectuales, la pérdida de equipos técnicos, etc.- así
pues, al establecer un balance es necesario tener en cuenta en qué
medida, en un caso determinado, una de las partes puede dominar a
la otra.

Se entiende por relación equilibrada aquella en la que se da una


división de poder más o menos igual

Inversamente la relación desequilibrada se caracteriza por una


asimetría de poder de las partes. Una de ellas es más poderosa que la
otra, y está capacitada para imponer sus deseos a la otra parte. Hay
que tener en cuenta que las situaciones de desequilibrio no siempre
implican explotación. Aunque un padre puede explotar
emocionalmente a un niño (o, de hecho, viceversa), la relación padre-
hijo es, idealmente, una relación que ayuda al niño para que madure y
crezca más fuerte. Lo mismo podría decirse entre organizaciones a
pequeña escala y a gran escala, tales como gobiernos locales y
gobiernos nacionales.

La relación desequilibrada se caracteriza por una asimetría de poder


de las partes

Como ha puesto en evidencia el ejemplo de la relación madre-hijo,


debe tenerse en cuenta que así como no todas las relaciones
desequilibradas son no-pacíficas, puede ocurrir que relaciones
equilibradas sean relaciones hostiles. Puede ocurrir que naciones que
se encuentran en guerra entre sí, se encuentren muy equiparadas en
muchos aspectos del conflicto, hecho que queda demostrado por la
gran duración de algunos conflictos y la perennidad de otros.

Existe un tercer concepto y es el que se refiere al grado


de percepción o de conciencia del conflicto. Hay muchas relaciones no
pacíficas en las que las partes se dan perfecta cuenta de que sus
objetivos son dispares; pero hay otras en que, sin embargo, ello no se
ve tan claramente, como, por ejemplo, entre las poblaciones de los
países de la extinta Unión Soviética antes de conseguir su
independencia y entre muchas gentes hoy en día oprimidas e
ignorantes; también, en cierto grado, entre los estudiantes y entre
algunos sectores de la población negra americana, etc. En todos estos
casos, apenas si ha habido conciencia de la existencia de conflicto. No
veían claramente que su pobreza, su carencia de poder, su sumisión o
las injusticias que con ellos se hacían, derivaban directamente de las
riquezas, del poder y de la autoridad del Otro.

Los concepto desarrollados hasta aquí nos dan margen para dibujar
los distintos tipos de relaciones pacíficas y no pacíficas.

Figura 1.3: Relaciones pacíficas y no pacíficas (Curle, 1971).

Existe un tercer concepto y es el que se refiere al grado de


percepción o de conciencia del conflicto

La expansión del concepto de paz no acaba aquí. El que paz sea paz
a secas y también algo más, ha de obedecer a una razón que, de una
manera u otra, se escapa a un planteamiento analítico. La definición
de paz que orienta la investigación por la paz y el movimiento por la
paz no es analítica sino que está inspirada por necesidades humanas,
tiene un aire existencial -más que orientada hacia hechos está
orientada hacia valores-. El valor que subyace a la paz es lo
"humano", el "ser" o la "vida". De ahí, puede deducirse, desde luego,
que una definición negativa de paz, por sí sola, está vacía de sentido.
Sólo tiene sentido, sólo es "verdadera paz" si incluye justicia,
liberación y todas las demás dimensiones de la realización humana.

Esto significa que el concepto de paz puede extenderse hasta los


límites de la realización humana, tanto individual como global. De
hecho, tanto Curle como Galtung han formulado este concepto de paz
como realización humana (Curle, 1979, p. 12), y en consonancia con
este planteamiento, la investigación por la paz está asumiendo temas
como World Order Studies, Cosmología, Ecología, Desarrollo, etc.

El concepto de paz expuesto hasta ahora se refiere exclusivamente al


mundo de los hechos: estructuras, comportamientos. Tiene, sin
embargo, además otra dimensión subjetiva, psicológica. Sin tratar de
definirla aquí científicamente, puede afirmarse que tal dimensión
incluye la conciencia, las percepciones, los sentimientos, actitudes,
concepciones del mundo, etc. Puede llamarse, "la dimensión cultural",
y su importancia es esencial; baste con decir que alrededor de ella
gira la educación por la paz en general y, en particular, la actividad de
la UNESCO en favor de la paz.

El concepto de paz expuesto hasta ahora se refiere exclusivamente


al mundo de los hechos: estructuras, comportamientos. Tiene, sin
embargo, además otra dimensión subjetiva, psicológica

También esta dimensión cultural ha quedado englobada en el


concepto de paz. Así, Adam Curle escribe:

Desarrollé un enfoque (....) que nos capacita para analizar nuestra


interacción en varias dimensiones (....) psicológica, económica, política
y, desde luego, humana". (Curle, 1985, p. )

Galtung (1990) introdujo esta dimensión en el concepto de violencia al


definir, tras la violencia directa y la violencia estructural, la violencia
cultural. Según Galtung, la violencia directa consiste en acto, la
violencia estructural en procesos y la violencia cultural subyace a
ambas y no es, ni un acto ni un proceso, sino algo más duradero y
supraindividual, anclado en la conciencia y memoria social. En esta
dimensión cultural, se encuentran las religiones, las ideologías, los
procesos de formación de la identidad, las imágenes del out-group
(exogrupo) y del enemigo. En esta dimensión pueden encontrarse
elementos de violencia en la imagen deshumanizada, amenazadora y
criminalizada del exogrupo como enemigo, en el olvido y desenfoque
del exogrupo o en la concepción del mundo como campo de batalla
entre el bien y el mal.

Es, por otro lado, evidente que en esta dimensión cultural cada
elemento de violencia está emparejado con el correspondiente
elemento de paz.

En el siguiente capítulo prestamos atención más detallada a este


elemento cultural de la paz.
Capitulo 2

Introducción

La resolución de conflictos, como parte de los estudios por la paz,


encuentra su raíz filosófica y su justificación como pilar fundamental
del desarrollo de una cultura de paz. Básicamente, la cultura de paz
no es una cultura libre de conflictos, sino una cultura en la que los
conflictos inevitablemente existen.

2.1 Violencia y Paz Cultural

En un artículo que se puede considerar como la continuación de la


introducción al concepto de violencia estructural, Galtung (1990) va
más allá en su definición de la paz e introduce el concepto ya citado
de: "violencia cultural", que es definida por el autor como los aspectos
de la cultura, esfera simbólica de nuestra existencia -ejemplificada por
la religión, la ideología, el lenguaje y el arte, la ciencia empírica y las
ciencias formales (lógica y matemáticas)- que pueden ser utilizados
para justificar o legitimar la violencia, tanto en su forma estructural
como en la directa. La violencia simbólica o cultural no es una acción
como la violencia directa, ni un proceso como la violencia estructural,
sino algo invariable, permanente, manteniéndose igual por largos
períodos de tiempo. La violencia cultural hace que la violencia directa
y la estructural parezcan, e incluso se sientan, como algo correcto o,
por lo menos, no malo.

"Violencia cultural", que es definida por el autor como los aspectos


de la cultura, esfera simbólica de nuestra existencia -ejemplificada
por la religión, la ideología, el lenguaje y el arte, la ciencia empírica
y las ciencias formales (lógica y matemáticas)- que pueden ser
utilizados para justificar o legitimar la violencia, tanto en su forma
estructural como en la directa

Si bien en una cultura podemos encontrar ciertos aspectos que sirven


para justificar la violencia estructural o la directa, no estamos en
posición de calificar a esa cultura en su totalidad como pacífica o
violenta, sino que sólo podremos afirmar que "el aspecto A de la
cultura C es un ejemplo de violencia cultural" (Galtung, 1990, p. 291).

Sin embargo, podemos imaginar culturas que poseen no un aspecto,


sino un conjunto de aspectos tan violentos, extendidos y diversos
impregnando todo el espectro cultural, que nos podría llevar a hablar
de cultura de violencia, más que de violencia cultural.

De la misma manera que existe la paz estructural y directa como


antónimos de la violencia estructural y directa, existe la paz cultural.
Esta vendría definida por aspectos de la cultura que sirven para
justificar y legitimar la paz estructural y directa. De manera similar al
caso anterior, si encontramos que una cultura tiene muchos de estos
rasgos de paz, podríamos hablar con propiedad, de que nos
encontramos ante una cultura de paz.

Podemos imaginar culturas que poseen no un aspecto, sino un


conjunto de aspectos tan violentos, extendidos y diversos
impregnando todo el espectro cultural, que nos podría llevar a
hablar de cultura de violencia, más que de violencia cultural

Desarrollemos estos conceptos. Profundizando en el concepto de


violencia, anteriormente expuesto, en este contexto, Galtung (1990)
entiende la violencia como un insulto a las necesidades básicas de los
seres humanos y, de modo más general, a la vida, llevando el nivel
real de satisfacción de la necesidades por debajo de la realización
potencial. Hay cuatro tipo de necesidades básicas: necesidades por la
supervivencia (negación: muerte, mortalidad), necesidades para el
bienestar (negación: miseria, morbilidad), necesidad de identidad
(negación: alienación), y necesidad de libertad (negación: represión).
A estos cuatro tipos de necesidades se añade un quinto para referirse
al resto de la naturaleza, el "Ecobalance" o equilibrio ecológico,
condición fundamental para la existencia, y factor a tener en cuenta a
la hora de definir la paz que sería la suma de la satisfacción de las
cuatro necesidades junto con el equilibrio ecológico (Galtung, 1990).

La combinación de la distinción anteriormente hecha entre violencia


estructural y directa, y las cuatro categorías de necesidades básicas,
nos da una nueva tipología de la violencia.

Esta nueva tipología define la violencia utilizando la violencia


estructural y directa como supercategorías. En este punto se introduce
la violencia cultural como tercera supercategoría, pudiendo
representar la situación gráficamente como el triángulo de la violencia,
donde cada una de las tres violencias ocupan los distintos vértices.
Cuando el triángulo está sobre el vértice estructural-directa, la imagen
evoca la violencia cultural como legitimadora de ambas. Si el triángulo
está sobre el vértice de violencia directa, nos lleva a pensar en la
violencia estructural y cultural como fuentes de la violencia directa. Por
supuesto, el triángulo siempre es un triángulo, pero la imagen que
produce es diferente en sus seis posibles posiciones (figura 2.1)

Figura 2.1: El triángulo de la violencia.

La violencia puede comenzar en cualquiera de los vértices de este


triángulo, siendo fácilmente trasmitida a los otros vértices. Con la
violencia estructural institucionalizada y la violencia cultural
internalizada, la violencia directa tiende también a ser
institucionalizada, repetitiva, ritualística.

Debemos comparar este síndrome triangular de la violencia con su


correspondiente síndrome triangular de la paz, en el cual la paz
cultural engendra paz estructural -relaciones igualitarias y simbióticas
entre todas las partes-, y paz directa -comportamientos de amor,
amistad y cooperación. Es un triángulo virtuoso, frente al triángulo
vicioso de la violencia, e igualmente autorreforzante. Este triángulo se
obtendría trabajando los tres vértices al mismo tiempo, sin asumir que
un cambio substancial en uno de ellos lleva automáticamente a un
cambio en los otros dos.

Síndrome triangular de la paz, en el cual la paz cultural engendra


paz estructural -relaciones igualitarias y simbióticas entre todas las
partes-, y paz directa -comportamientos de amor, amistad y
cooperación

Como dijo Federico Mayor Zaragoza en las V Jornadas


Internacionales de Cultura y Paz de Gernika: "La transición de una
cultura de guerra a una cultura de paz quiere decir transición de las
sociedades en las que el poder es garante de la seguridad a una
sociedad que respalda pautas de comportamiento que tratan los
desacuerdos y conflictos sin el recurso a la violencia. Esto significa
una cultura de democracia que alienta y promueve la participación
ciudadana, tanto en cuestiones nacionales, como internacionales; que
reemplaza una autoridad jerárquica dominada por hombres por una
igualdad entre hombres y mujeres en todos los niveles y define al
poder como cooperación. Construye la "paz en las mentes de los
hombres" y mujeres enlazando las personas en redes globales de
intereses compartidos y comunidades locales con la internacional".

Hay quien dice que la causa en que radica la guerra es el conflicto,


pero el conflicto es algo inherente a la vida humana, el resultado de
que cada persona es algo único. En la ausencia del conflicto no habría
enmienda alguna a la injusticia, convicción, ni creatividad. Sin
embargo, si se permite que el conflicto degenere en violencia, se
vuelve destructivo. El conflicto nunca puede resolverse definitivamente
por medio de la violencia.

La clave de la cultura de paz es la transformación de la competición en


cooperación, con lo que el conflicto se trata de manera que todos los
involucrados se beneficien. Esto exige la incorporación de las partes
en coflicto y de sus conflictos en el mismo proceso de desarrollo.
Resumiendo, cabe decir que cultura de paz es el tratamiento del
conflicto compartiendo el desarrollo.

De manera creciente se reconoce que podemos y debemos


transformar los valores, actitudes y comportamientos de la sociedad
para pasar de la cultura de guerra dominante a una nueva y
evolucionada cultura de paz. Esta transformación requiere la
adquisición de nuevos valores, actitudes y comportamientos, es una
tarea que implica profesores, los creadores de opinión, los líderes
políticos, etc.

La clave de la cultura de paz es la transformación de la competición


en cooperación, con lo que el conflicto se trata de manera que todos
los involucrados se beneficien

Aunque sus principios fundamentales son claros, la cultura de paz es


un concepto complejo que está desarrollándose y creciendo en
nuestros días, como resultado de la práctica. La cultura de guerra ha
impregnado cada uno de los aspectos de nuestras vidas, incluso en
magnitud que no podemos ni imaginar. Del mismo modo, una cultura
de paz transformará todos los rasgos del comportamiento humano,
tanto a nivel individual como institucional, en formas que hoy en día
son imprevisibles (Adams, 1995).

El movimiento de una cultura por la paz, como un gran río, está


alimentado por distintos riachuelos -diferentes tradiciones, culturas,
lenguajes, religiones y perspectivas políticas-, su objetivo es un mundo
en el que dicha diversidad de culturas vivan unas junto a otras en una
atmósfera marcada por el entendimiento intercultural, la tolerancia, y la
solidaridad.
En una cultura de paz, los individuos asumen una identidad global que
no reemplaza otras identidades, sino que se construye sobre ellas -
género, familia, comunidad, grupo étnico, nacionalidad, etc. Y en el
caso de existir contradicciones entre estas identidades, éstas se
resuelven de forma no violenta. Esta cultura rechaza la xenofobia, el
racismo, y la designación del otro como enemigo.

El proceso de una cultura de paz está marcado por la accesibilidad y


el flujo libre de información. El secretismo, las restricciones del flujo de
información, y el uso exclusivo del conocimiento con objeto de
conseguir mayores beneficios y poder, son características que
pertenecen a una cultura en la que el otro es visto como enemigo
potencial, o como objetivo de explotación (Adams, 1995).

Finalmente, una cultura de paz no puede ser impuesta desde el


exterior. Es un proceso que surge a partir de las creencias y
comportamientos de los individuos mimos, y se desarrolla de manera
diferente en cada país y región, dependiendo de su historia, cultura y
tradición.

Resumiendo, una cultura de paz consiste en unos valores, actitudes,


comportamientos y estilos de vida basados en la no violencia, el
respeto a los derechos humanos, el entendimiento intercultural, la
tolerancia y la solidaridad, el libre acceso y flujo de la información, así
como el fortalecimiento y participación plena de la mujer (Adams,
1995).

Algunos podrían definir la cultura de paz como ausencia de conflicto,


pero tal definición es demasiado pasiva e inconsistente con un mundo
rico en diversidades. En un mundo diverso, el conflicto es y será parte
de la vida misma. En vez de evitar y temer el conflicto, debemos
aprender a apreciarlo y cultivar sus aspectos positivos y no violentos.
Los conflictos son inevitables, necesarios, y pueden tener aspecto
beneficiosos, ayudan al desarrollo, a la identidad, a la reflexión y a la
mejora, en general, del individuo y la sociedad. Pero los beneficios
dependen de nuestra habilidad para enfrentarnos a los conflictos, para
resolverlos de manera justa y para prevenir manifestaciones
destructivas y violentas (más adelante veremos la problemática de los
cursos destructivo y constructivo del conflicto).

En lo práctico, el punto clave de una cultura de paz es la


transformación de una competición violenta a una cooperación que
persigue objetivos comunes. Requiere que las partes en conflicto
trabajen juntas a lo largo del proceso
La cultura de paz transforma y, en último término, reemplaza la cultura
de guerra. Sólo puede surgir en entornos dónde la guerra y sus
causas han sido eliminadas, y sus funciones han sido reemplazadas
por otras alternativas positivas.

El primer foro internacional sobre cultura de paz, que tuvo lugar en El


Salvador, entre el 16 y 18 de Febrero de 1994 (First International
Forum on the Culture of Peace), concluye lo siguiente:

a) El objetivo de la cultura de paz es asegurar que los conflictos,


inherentes a la relación humana, sean resueltos de manera no
violenta;

b) La paz y los derechos humanos son inseparables y tienen que ver


con todo el mundo;

c) La construcción de una cultura de paz es una tarea


multidimensional que requiere la participación de gente a todos los
niveles;

d) Una cultura de paz debería contribuir al fortalecimiento del proceso


democrático;

e) La implantación de un proyecto de cultura de paz requiere una


movilización profunda de la comunicación y de la educación, tanto
formal como informal;

f) Una cultura de paz requiere el aprendizaje y uso de técnicas nuevas


para el manejo y resolución pacífica de los conflictos;

g) Una cultura de paz debería ser elaborada dentro de un proceso de


desarrollo humano sostenible, endógeno, e igualitario; no puede ser
impuesto desde el exterior.

2.3 Fundamentación psicológica de


una cultura de paz

A partir de esta descripción sería prematuro definir la "cultura de paz"


de manera precisa, puesto que su estudio se encuentra tan sólo en
sus inicios. Además, sería poco sensible, culturalmente hablando,
prescribir el significado exacto de "cultura de paz". Diferentes
sociedades pueden construir el concepto y buscar diferentes métodos
para implementarlo. El acto de construcción cultural del significado de
"cultura de paz" es en sí mismo parte esencial de la construcción de la
paz, y la paz debe, con seguridad, reflejar diversos valores, principios
y puntos de vista sobre el mundo. La cultura de paz más que ser
rígidamente prescriptiva, es una frase evocativa que incita al diálogo y
a la asociación para construir su significado.

Definir y construir una cultura de paz requiere conocimientos y


herramientas provenientes de muchas disciplinas, la psicología sólo es
un elemento más en el amplio y complejo mosaico cultural. Sin
embargo, la dimensión psicológica es importante ya que una cultura
de paz debe incluir patrones integradores de pensamiento,
sentimiento, comportamiento, y relaciones sociales que nutren la no
violencia y la salud individual, social y ecológica (Wessels, M., 1994).

Las culturas de violencia están sostenidas por una infraestructura


psicológica de creencias individuales, normas sociales y valores que
enfatizan el uso de la violencia como medio para alcanzar poder,
seguridad, riqueza, prestigio, auto estima y estima grupal, y
dominación social. El poder, en general, es visto en términos de suma
cero, sin prestar atención al poder asociado con la interdependencia
positiva (Boulding, 1989). En lo que se denomina "zonas de combate
del interior de las ciudades" (inner city combat zones) de las naciones
desarrolladas, los niños son socializados en sistemas de
discriminación, odio y violencia. Estos sistemas comprometen la
construcción cultural y moldean el comportamiento social, los valores y
las actitudes, tanto en el hogar, como en la escuela, como en el
terreno público (Garbarino, Kostelny y Dubrow, 1991). Sistemas
similares funcionan en regiones rasgadas por la violencia política,
donde los niños son socializados en el odio, en donde la identidad se
construye, con frecuencia, por oposición al "Otro" enemigo, donde la
comunidad sufre divisiones y muchas familias han sido traumatizadas,
y donde la ideología, los modelos, y la presión de los compañeros
lleva a los jóvenes a vivir sus vidas como guerreros, perpetuando, así,
el ciclo de la violencia.

Las culturas de violencia están sostenidas por una infraestructura


psicológica de creencias individuales, normas sociales y valores
que enfatizan el uso de la violencia como medio para alcanzar
poder, seguridad, riqueza, prestigio, auto estima y estima grupal, y
dominación social
Para crear una cultura de paz una tarea esencial es reorientar el
aprendizaje y los procesos de socialización que sostienen la
infraestructura psicológica de la violencia. Mientras las culturas de
violencia trasmiten el odio, la violencia, y la opresión de generación en
generación, una cultura de paz debería cultivar la cooperación y la
interdependencia; valores de igualdad, diversidad, justicia social, y
salud ecológica; normas, creencias y actitudes que apoyen la
resolución de conflictos no violenta y la reconciliación; y procesos de
compromiso activo de realización espiritual que conduzcan a un
cambio social positivo.

Para enfrentarnos a los desafíos que actualmente tenemos con


respecto a la paz, es necesario desarrollar programas de
investigación, educación e intervención que sean tan sistemáticos y
multidimensionales como la violencia misma. Este apartado intenta
perfilar una serie de contribuciones tanto conceptuales como
operacionales que la psicología hace a la cultura de paz. Somos
conscientes, como venimos viendo, que la comprensión del concepto
de paz trasciende cualquier frontera disciplinar, pero, evitando el
reduccionismo psicológico, pretendemos analizar algunos de los
puntos que la psicología puede aportar a otras áreas, como un
elemento más del enfoque comprensivo que necesitamos para
construir la paz (Ardila; Boehnke; Deutsch; Frydenberg; Iritani y
Wessells, 1995).

Profundicemos un poco más. Desde un punto de vista psicológico,


como ya hemos mencionado, el conflicto es un rasgo esencial de
todos los sistemas sociales y de las relaciones humanas, y tiene
efectos beneficiosos sobre el cambio social, las relaciones
interpersonales y el modo de solucionar los problemas (Deutsch,
1973, 1994). Conceptualmente, una cultura de paz debería entenderse
no como una utopía libre de conflicto, sino como una cultura en la cual
los individuos, los grupos, y las naciones tienen relaciones
cooperativas y productivas unas con otras, y en donde los conflictos,
que surgen inevitablemente, se maneja de forma constructiva.

Desde una perspectiva psicológica, una de las herramientas


esenciales para resolver los conflictos de manera constructiva y para
construir unas relaciones sociales positivas, es a través de la
cooperación y de las metas supraordenadas compartidas por los
grupos en conflicto (Blake y Mouton, 1979; Johnson y Johnson, 1989;
Sherif et al. 1961; Sherif y Sherif, 1969; Worchel, 1986). Aunque, bajo
determinadas condiciones, el contacto entre miembros de los grupos
en conflicto puede reducir la hostilidad y el enfrentamiento, en otras,
especialmente en conflictos muy intensos, dicho contacto puede crear
las condiciones para que se produzcan incidentes que intensifiquen
las hostilidades y dejen las cosas peor de lo que estaban (Sherif et al.,
1961; Worchel, 1986). Por el contrario, la colaboración en objetivos
compartidos establece una comunidad de intereses y un sentido de
interdependencia positiva entre los grupos en conflicto, fortaleciendo la
opinión de que trabajar conjuntamente redunda en beneficio de todos
(Deutsch, 1994). Además, la cooperación sirve para romper la
distinción entre "nosotros" y "ellos' y debilita la imágenes de enemigo
que conceptúan al otro como diabólico y no merecedor de confianza.

Aunque los comportamientos específicos de cooperación pueden ser


útiles, el establecimiento de una cultura de paz requiere
una transformación de la orientación motivacional hacia el
conflicto pasando de orientaciones individualistas y competitivas, a
otra cooperativa. El trabajo pionero de Morton Deutsch (1973)
estableció que una orientación cooperativa promovía un sentido de
interdependencia positiva, una comunidad de intereses, y
preocupación por el bienestar del otro así como por uno mismo.

La orientación cooperativa es la base para el manejo y resolución


constructiva del conflicto, promoviendo una actitud ganar-ganar, afecto
positivo, comunicación efectiva, mecanismos de solución de
problemas, y un comportamiento negociador.

Mientras que la orientación competitiva ante el conflicto, es una


orientación ganar-perder, que promueve hostilidad mutua, rigidez,
sospecha, estereotipos negativos, uso excesivo de la amenaza y la
coerción, problemas en la comunicación y en los procesos de
negociación, y continuos intentos de dominar al adversario. Esta
orientación competitiva, ampliamente compartida por individuos y
grupos, especialmente en contextos sociales caracterizados por
grandes asimetrías de poder, representa la infraestructura psicológica
del desarrollo destructivo de los conflictos y de la cultura de violencia.

El desarrollo de la orientación cooperativa no sólo permite solucionar


conflictos particulares, sino que transforma el modo en el que la gente
entiende el conflicto y responde ante él a largo plazo. La orientación
cooperativa -precisamente debido a esa labor de sostener los
procesos de reconstrucción social y prevención del conflicto- es un
elemento fundamental de la infraestructura psicológica de la cultura de
paz (Ardila et al., 1995).

Un tercer aspecto esencial de la fundación de una cultura de paz en


la empatía realista. En situaciones tan diversas como el conflicto
árabe-israelí, y el conflicto racial de los USA, ha habido una falta
notable de empatía (Deutsch, 1994; Fisher, 1994; Kelman, 1992;
White, 1977). En general, los grupos y las naciones que están
entrampados en conflictos intensos, albergan estereotipos negativos e
imágenes diabólicas del enemigo con respecto al otro (Silverstein,
1989, 1992; Wahlström, 1987; White, 1984). Estos estereotipos e
imágenes incrementan el miedo del adversario, hacen desarrollar una
visión monolítica del otro, pasando por alto su diversidad interna y sus
cualidades positivas, sesgan negativamente las percepciones sobre
los motivos del adversario, facilita un pensamiento simplista y rígido, y,
finalmente, aisla las partes en conflicto, dificultándose la comunicación
y las posibilidades de una negociación.

En formas extremas, las imágenes y estereotipos deshumanizadores,


dividen el mundo social en "Buenos-Nosotros" y "Diabólicos-Ellos",
haciéndose muy difícil reconocer los intereses comunes, la
interdependencia positiva, o ver la cooperación como algo más que
una recomendación moral o un medio para perpetuar el status quo
injunsto. Incluso en ausencia de imágenes de enemigo fuertes, el
pensamiento etnocéntrico y egocéntrico combinado con ignorancia y
aislamiento social frustra, con frecuencia, la empatía, y, por ende, el
manejo constructivo del conflicto.

Necesitamos de la empatía realista para humanizar al adversario, para


desarrollar una visión de la diversidad, más compleja y diferenciada,
que posibilite que todas las partes en conflicto entiendan el punto de
vista que la otra parte tiene sobre el conflicto, y cuales son los asuntos
e intereses principales en discusión, para aclarar las motivaciones del
adversario, y para establecer la base que permita solucionar los
conflictos cooperativamente. En concreto, en aquellas situaciones de
conflicto intenso en las que las partes no quieren ni hablar, mucho
menos cooperar, la empatía es un requisito previo, si se quiere
progresar. Además, muchos conflictos tienen una dimensión cultural, y
la empatía es un proceso esencial a la hora de construir una
sensibilidad cultural que permita una comunicación constructiva
(Cohen, 1991; Kimmel, 1994).

Finalmente, aunque podríamos enumerar más características,


mencionamos la teoría de las necesidades humanas como otro
elemento esencial de la fundamentación teórica psicológica de una
cultura de paz. La teoría afirma que una resolución de conflictos
verdadera no puede ocurrir hasta que las necesidades psicológicas
básicas -tales como identidad, reconocimiento, seguridad e igualdad-
no hayan sido satisfechas (Azar, 1990; Burton 1990a, 1990b; Rouhana
y Kelman, 1994; Tajfel, 1982). La opresión institucionalizada y las
distintas formas de violencia estructural, impiden la satisfacción de
estas necesidades básicas.

Como consecuencia de la guerra fría, el fracaso en la tarea de


satisfacer tales necesidades ha contribuido, en gran medida, a la
aparición de fuerzas negativas etno-nacionalistas, y a muchos
conflictos intercomunitarios e intraestatales. Hoy en día es evidente,
por ejemplo, la importancia de tener una identidad social reconocida y
legítima, ya que muchas necesidades humanas se satisfacen a través
de los grupos de identidad. Por ejemplo, a través de la afiliación a una
identidad grupal, ganamos autoestima y adquirimos cierto tipo de
sentido, cuya ausencia puede llevar a la violencia y al nacionalismo
virulento. En otras ocasiones, el fracaso de la satisfacción de las
necesidades básicas de identidad y seguridad dentro de nuestras
sociedades y comunidades, lleva a muchos jóvenes a implicarse en la
violencia de distintos tipos de bandas o a la alienación social
(Goldstein, 1991).

Uno de los desafíos más importantes de una cultura de paz es llegar a


satisfacer esas necesidades de identidad social, evitando, al mismo
tiempo, que se dé una oposición entre el "nosotros" y el "ellos", y que
se produzca una minusvaloración del otro, despreciando la diversidad.
Una solución a este problema podría ser la construcción de una nueva
identidad positiva común, mediante, por ejemplo, el incremento de la
percepción de las semejanzas entre los grupos (necesidades
similares, etc.), creando identidades superiores, más inclusivas (la
humanidad, p.e.), etc. (Pruitt y Rubin, 1986). Además, se puede crear
un "enemigo" socialmente injusto y común a todos, tales como la
pobreza o la incultura, que lleve al fortalecimiento de la percepción de
las necesidades comunes y de la interdependencia positiva, así como
al establecimiento de bases que permitan las actividades cooperativas
que posibiliten afrontar algunas de las raíces causales del conflicto
(Ardila et al., 1995).

Es en este contexto en donde tiene sentido esa frase perteneciente a


la constitución de la UNESCO y que ha sido mal expresado o mal
entendida hasta la fecha: "Puesto que las guerras nacen en la mente
de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse
los baluartes de la paz". Esta frase pone en evidencia, en nuestra
opinión no que los hombres tienen una tendencia innata hacia la
violencia y la guerra -como en algunas ocasiones se ha interpretado
(Alzate, 1997a)- sino que diferentes factores históricos, educativos,
estructurales, culturales al fin y al cabo, han construido esa cultura
violenta, esa cultura de guerra, ese militarismo en la mente de los
hombres, y es por ese mismo proceso por donde se debe construir la
paz.

El hombre no es innatamente ni violento ni pacífico; los conflictos no


evolucionan hacia la destrucción o hacia la cooperación por sí
mismos, es la suma de otros factores la que hace que se manifieste la
violencia o la paz, la destrucción o la cooperación, etc. Como dice
Mayor Zaragoza: "Tenemos también que desarmar la historia.
Enseñamos a nuestros hijos la historia del poder. No la del saber. La
de la guerra, no la de la cultura. Historia jalonada de acontecimientos
bélicos, con el fragor de las armas como única banda sonora.
Tendremos, pues, que cambiar. Sí: tenemos que aprender a pagar el
precio de la paz como hemos tenido que pagar el precio de la guerra.
Sería necesario establecer nuevas prioridades" (Sahnoum, 1994).

Capitulo 3

Introducción

Consideramos necesario el desarrollo de una teoría general del


conflicto, no sólo porque nos ayude a explicar, predecir y tratar
algunos elementos del comportamiento humano, sino porque,
además, constituye la base para la comprensión de los conflictos
particulares. Evidentemente, antes de cualquier otro esfuerzo de
teorización, es imprescindible aclarar y delimitar a qué nos estamos
refiriendo cuando utilizamos la palabra conflicto.

Dado por sentado el consenso en la conceptualización del conflicto,


algunos autores han alegado que debido a que los diferentes tipos de
conflictos ocurren en diferentes contextos, las teorías generales son
inaplicables, y se necesitaría teorías específicas para cada clase de
conflicto, lo cual nos permitiría una comprensión de los fenómenos
relevantes más adecuada que la que nos permitiría la teoría general
(Burrowes, 1996).

Cuando los académicos comenzaron a considerar el conflicto como


tema objeto de investigación por sí mismo, existía muy poca
comunicación entre las diferentes disciplinas relevantes. Los
matemáticos y economistas tendían a entender el conflicto a través de
la teoría de los juegos y la teoría de la utilidad. Los especialistas en
ciencia política usaban la lente del poder, mientras que los sociólogos
utilizaban las nociones de grupo y estructura organizacional. Los
psicólogos se basaban en la teoría de la toma de decisiones y en la
cognición, mientras que los académicos de las relaciones
internacionales organizaban su conocimiento del conflicto alrededor
del concepto de estado. Es a partir de la publicación de libros
fundamentales en el desarrollo de nuestra disciplina, tales como The
Strategy of Conflict de Schelling (1960), Conflict and Defense de
Boulding (1962), y The Resolution of Conflict de Morton Deutsch
(1973), cuando se hace posible la consideración del conflicto como un
proceso similar, independiente del contexto en el que nos
encontremos. En este sentido, uno de los esfuerzos más notables de
los últimos tiempos es el protagonizado por el Stanford Center on
Conflict and Negotiation con la publicación del libro Barriers to Conflict
Resolution (1995) en el que colaboran economistas como Arrow,
Raiffa, Rubinstein, Sebenius y Wilson; especialistas de distintas ramas
del derecho como Dunlop, Gilson, y Mnookin; estudiosos de ciencias
políticas como Elster, Orbell, Parson y Zeckhauser; teóricos de la toma
de decisiones como Dawes; físicos como Panofski; sociólogos como
Susskind; y psicólogos como Bazerman, Kahneman, Neale, Ross y
Tversky.

Este énfasis ha tenido una repercusión práctica muy importante


puesto que ha ayudado a que surja una disciplina de estudio del
conflicto y la negociación genuinamente interdisciplinar. A partir de
este momento, los profesionales de distinta formación pueden reunirse
para discutir sus puntos de vista sobre problemas y procesos
comunes. La concepción de que los conflictos son similares, permite el
establecimiento de un lenguaje común para describir los distintos
conceptos, que hasta ese momento sólo era comprendidos,
principalmente, dentro de cada una de las disciplinas.

La debilidad de esta perspectiva universalista, sin embargo, es que al


buscar generalidad, puede ignorar las diferencias. Si hay, realmente,
diferencias importantes entre los distintos niveles de complejidad, es
conveniente conocerlas. A continuación exponemos brevemente las
teorías generales más relevantes del conflicto, para continuar
exponiendo algunas de las semejanzas y diferencias entre los distintos
tipos de conflicto.

3.1 Definición de conflicto


En primer lugar, debemos señalar que la concepción y actitudes
existentes en nuestro entorno en relación al conflicto determinan
negativamente nuestro comportamiento en las situaciones conflictivas.
Hasta muy recientemente, tanto los científicos sociales como la
creencia popular consideraban el conflicto como algo negativo que
habría que evitar, algo relacionado con la psicopatología, con los
desórdenes sociales y la guerra. No hay mas que revisar el significado
que da de conflicto el diccionario de la Real Academia de la Lengua
Española, en su edición de 1994. La real Academia define el conflicto
en su primera acepción como: "combate, lucha, pelea", en su segunda
como: "enfrentamiento armado", en su tercera como: "apuro, situación
desgraciada y de difícil salida", y, finalmente en cuarto lugar como:
"problema, cuestión, materia de discusión".

La real Academia define el conflicto en su primera acepción como:


"combate, lucha, pelea", en su segunda como: "enfrentamiento
armado", en su tercera como: "apuro, situación desgraciada y de
difícil salida", y, finalmente en cuarto lugar como: "problema,
cuestión, materia de discusión"

Hoy en día, sin embargo, consideramos que el conflicto es un rasgo


inevitable de las relaciones sociales. El problema estriba en que todo
conflicto puede adoptar un curso constructivo o destructivo y por lo
tanto la cuestión no es tanto eliminar o prevenir el conflicto sino saber
asumir dichas situaciones conflictivas y enfrentarnos a ellas con los
recursos suficientes para que todos los implicados en dichas
situaciones salgamos enriquecidos de ellas. Como diría Morton
Deutsch, uno de los pioneros en el campo de la resolución de
conflictos, el conflicto es como el sexo, un aspecto importante y
permanente de la vida que debería ser disfrutado y que ocurre con un
razonable grado de frecuencia. Como el sexo, siguiendo con la
analogía, el conflicto evoca ansiedad, ansiedad que puede llevar a la
represión, evitación del conflicto, a una resolución prematura, o, por el
contrario, a una gratificación plena y compartida que colabora en la
adaptación y desarrollo equilibrado del individuo.

En el trabajo de resolución de conflictos, partimos del principio de que


el conflicto tiene, por lo tanto, muchas funciones y valores positivos.
Evita los estancamientos, estimula el interés y la curiosidad, es la raíz
del cambio personal y social, y ayuda a establecer las identidades
tanto personales como grupales. Asimismo, en un plano más concreto,
el conflicto ayuda a aprender nuevos y mejores modos de responder a
los problemas, a construir relaciones mejores y más duraderas, a
conocernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Una vez que el
sujeto ha experimentado los beneficios de una resolución de conflictos
positiva, aumenta la probabilidad de que alcancemos nuevas
soluciones positivas en los conflictos futuros. Pero, obviamente, como
hemos dicho antes, el conflicto también puede adoptar derroteros
destructivos, llevarnos a círculos viciosos que perpetuan relaciones
antagónicas hostiles, etc. El punto clave de esta situación se refiere a
la siguiente pregunta: ¿qué es lo que determina que un conflicto
adopte un derrotero u otro?. A lo largo de este capítulo intentaremos
dar respuesta a alguna de estas cuestiones.

Antes de continuar presentando la teoría del conflicto, deberíamos


comenzar definiéndolo. Hay distintas formas de definir el conflicto. Ya
hemos visto la definición "tradicional" ofrecida por la Real Academia
Española de la Lengua. De manera similar, el diccionario más usado
de lengua inglesa, el Webster, ofrecía una definición tradicional muy
semejante: "pelea, batalla, lucha" (Webster, 1966), sin embargo, más
recientemente, su significado se ha extendido, incluyendo "desacuerdo
intenso u oposición de intereses, ideas, etc." (Webster, 1983). Así, la
definición abarca tanto la confrontación física como los factores
psicológicos en los que se basa.

Dentro de la disciplina de Análisis y Resolución de Conflictos, la


definición de trabajo se acerca bastante a esta última acepción.
Veamos, por ejemplo, las definiciones que dan algunos autores
relevantes. Morton Deutsch (Deutsch, 1973) entiende que "un conflicto
existe cuando ocurren actividades incompatibles. Una actividad
incompatible impide o interfiere con la ocurrencia o efectividad de una
segunda actividad. Estas actividades pueden tener su origen en una
persona, entre dos o más personas, o entre dos o más grupos".
Boulding (1982) define el conflicto como "una forma de conducta
competitiva entre personas o grupos. Ocurre cuando dos o más
personas compiten sobre objetivos percibidos como incompatibles o
realmente incompatibles, o sobre recursos limitados".

La definición actual del conflicto, tal y como la entendemos dentro de


nuestra disciplina, refleja perfectamente la descripción realizada por
Sun Tzu en el Arte de la Guerra, hace unos 26 siglos:

El conflicto es luz y sombra, peligro y oportunidad, estabilidad y


cambio, fortaleza y debilidad, el impulso para avanzar y el obstáculo
que se opone. Todos los conflictos contienen la semilla de la creación
y la destrucción.
(Sun Tzu: "El arte de la guerra", 480-211
a.c.). COMO OPORTUNIDAD
Actualmente, los rasgos definitorios más compartidos en torno al
conflicto vendrían resumidos en la siguiente definición que hacemos
nuestra:

"Divergencia percibida de intereses, o una creencia de que las


aspiraciones actuales de las partes no pueden ser alcanzadas
simultáneamente"
(Rubin, Pruitt y Hee Kim, 1994).

O, como en la definición de Folger:

"El conflicto es la interacción de personas interdependientes que


perciben objetivos incompatibles e interferencias mutuas en la
consecución de esos objetivos.(Folger, 1997).

En ocasiones, algunos autores distinguen entre los siguientes


conceptos.

Diferencias

- Las personas somos diferentes por nacimiento.

- Las diferencias hacen la vida interesante. Imagina que todas las


personas prefiriesen la misma comida, ropa, profesión.

- La diferencia por sí misma no es una causa de conflicto, pero la


diferencia puede ser una fuente de conflicto.

Desacuerdo

- El desacuerdo surge cuando las personas expresan sus preferencias


y prioridades en comparación con las preferencias y prioridades de
otras personas. El desacuerdo puede no tener consecuencias
negativas y puede ocurrir que no haya necesidad de solucionar el
desacuerdo.

Problema

- Los problemas surgen cuando los desacuerdos y diferencias tienen


alguna consecuencia para, al menos, una de las partes. Los
problemas se pueden evitar en ocasiones, pero son molestos,
costosos o ambos.

- La vida diaria de la gente es una serie de problemas resueltos.


- Los problemas no resueltos tienen el potencial de escalar y entrar en
crisis o de resolverse.

Disputa

- La disputa ocurre cuando una parte reconoce ante la otra las


diferencias, el desacuerdo o el problema.

- La disputa es la parte pública del conflicto.

Conflicto

- En un conflicto las partes perciben que sus interese o necesidades


parecen incompatibles

Violencia

- La violencia aparece en situaciones de escalada del conflicto. Es un


tipo de respuesta al mismo.

- La violencia no solo es física, puede ser emocional o psicológica.

Guerra

- En este punto, la violencia ha escalado hasta convertirse en el


método para ganar en el conflicto.

3.2 La concepción dominante del


conflicto

Según la formulación clásica de Max Weber, una relación social está


en conflicto cuando un actor realiza su voluntad contra la resistencia
de otra parte. Para Coser (1972) un conflicto es una lucha sobre
valores, estatus, poder y recursos "en el cual la intención de los
oponentes es neutralizar, herir, o eliminar a sus rivales". Tal y como
indican estas definiciones, y muchas similares que podríamos citar, la
cosmología social dominante sobre el conflicto lo entiende como algo
que ocurre cuando dos o más partes compiten entre ellas para
asegurarse un resultado que es mutuamente excluyente. Además, tal
y como nos sugieren las definiciones de Weber y Coser, hay una clara
tendencia a percibir el conflicto como algo destructivo.
La cosmología social dominante sobre el conflicto lo entiende como
algo que ocurre cuando dos o más partes compiten entre ellas para
asegurarse un resultado que es mutuamente excluyente

A pesar de su aparente variedad, los métodos que se usan en la


cosmología social dominante para afrontar el conflicto, están
caracterizados por una serie de rasgos comunes. Fundamentalmente,
comparten la asunción de que existe una solución -que debe ser
encontrada- dentro del marco estructural prevaleciente. Están
diseñados para ocuparse de los síntomas (disputas sobre intereses a
corto plazo), más que con sus causas. Comparten la idea de que el
resultado del conflicto es de estructura ganar-perder por naturaleza, e
implica algún tipo de compromiso. Lo que decide el resultado del
conflicto son en buena medida factores "externos" tales como las
normas legales, intervención de terceras partes, etc. Los
procedimientos tradicionales de enfrentarse al conflicto (negociación,
mediación, arbitraje, adjudicación y legislación) están caracterizados
por estos rasgos, y se usan cuando lo que está en juego son intereses
negociables, pero no cuando lo que cuenta son las necesidades
humanas.

A pesar de que esta concepción dominante del conflicto impregna toda


la cultura occidental, hay cada vez más ejemplos, dentro de la más
reciente investigación sobre el conflicto, que nos aportan
conocimientos complementarios muy importantes. En particular, nos
interesan las aportaciones realizadas por el trabajo de John Burton
(relaciones internacionales), Johan Galtung (investigación sobre la
paz), y distintos enfoques dentro de la psicología.

3.3 La teoría del conflicto de Burton

John Burton (1979, 1984, 1987, 1990a, 1990b, 1991) puede ser
considerado como el enlace entre la investigación sobre el conflicto y
la Investigación Sobre la Paz propiamente dicha, ya que se centra en
el conflicto, pero no en su eliminación, sino en su control y resolución,
pues estima que el mismo es un elemento necesario en las relaciones
humanas. Este autor ha planteado una teoría de las necesidades para
aplicarla a la Resolución de Conflictos. A su entender, en primer lugar
es necesario clarificar la noción de conflicto.

Burton no se ocupa de los conflictos cotidianos, sino de aquellos por


los que los seres humanos están dispuestos a morir y matar, pues
éstos afectan a los valores fundamentales. Así distingue entre "Conflict
Settlement" que designaría los enfoques tradicionales en torno al
conflicto, y "Conflict Resolution" que sería el enfoque que profundiza
en la naturaleza del conflicto y se ocupa de los conflictos que afectan
a los valores fundamentales. Burton opina que está creándose una
nueva ciencia de resolución de conflictos que pone el énfasis en el
análisis de las necesidades humanas -que serían aquellas asociadas
al desarrollo, la identidad y la seguridad- y de los intereses de los
implicados en el conflicto así como en su satisfacción. En línea
parecida a la de este autor están Mitchell (1981), Bercovitch (1984) y
Banks (1984).

Burton distingue tres tipos de motivaciones humanas: necesidades,


valores, e intereses. Las necesidades son motivaciones "universales y
primordiales, y quizás genéticas"; son necesarias para el desarrollo de
la especie humana, y serán perseguidas por todos los medios
disponibles. Son esenciales para el desarrollo del individuo como
miembro activo y cooperante de la sociedad; además, son necesarios
para la organización y supervivencia de la sociedad misma. Las
necesidades son impulsos fundamentales compartidos por todos los
organismos desarrollados. Ni cambian, como los valores e intereses,
ni son escasos. Los valores son motivaciones que están culturalmente
especificadas. Son las costumbres y creencias peculiares de una
cultura particular. En muchas ocasiones, las necesidades de identidad
y seguridad requieren la defensa de valores, en este sentido, los
valores afectan a las necesidades y pueden ser confundidos.
Los intereses son motivaciones que cambian conforme a las
circunstancias, son las aspiraciones sociales, políticas y económicas
de los individuos y grupos de identidad de una sociedad. Se
relacionan, en general, con los roles sociales y los bienes materiales.

Como resultado de su trabajo, Burton sugiere una definición más


precisa de las palabras disputa y conflicto, así como una distinción
entre "acuerdo" y "resolución". Además, añade una nueva dimensión
al proceso de manejo del conflicto introduciendo el concepto de
"provención".

De acuerdo con Burton, una disputa es una situación en la que los


asuntos de divergencia son negociables, el compromiso es posible, y
no se considera necesario alterar las instituciones y estructuras. Son
rasgos normales y constructivos de la vida social. Por el contrario, el
conflicto está enraizado profundamente en las necesidades humanas.
Implica asuntos que no son negociables, necesidades humanas sobre
las cuales no se puede llegar a ningún compromiso. Resulta en
comportamientos que destruyen -o tienen el potencial de destrucción-
a las personas, propiedades y sistemas. Burton considera esta
distinción entre disputas y conflictos como de vital importancia, aunque
en ocasiones ambas se encuentran relacionadas, como en los casos
en los que las disputas son síntomas de conflictos subyacentes.

Según Burton se llega a una solución acordada, manejamos o


suprimimos un conflicto, a través de mecanismos tales como la
negociación, la mediación, la conciliación o las reglas judiciales. En
todas ellas, en las que alguna o todas las partes pierden algo, el
resultado es consecuencia de la aplicación de algún tipo de norma
social o legal. El conflicto, sin embargo, sólo es resuelto cuando el
resultado final satisface completamente las necesidades de todas las
partes. Esto, con frecuencia, requiere de importantes cambios políticos
y una reestructuración del entorno. Sin embargo, hay determinadas
áreas de conflicto -relacionadas con las drogas, violencia juvenil,
terrorismo, sistema internacional, etc.- en las que puede que no haya
resolución; en estas circunstancias, se debe dar la provención. La
provención es un enfoque del conflicto en el que se adoptan los pasos
para eliminar sus fuentes (incluidas las estructurales) y se promueven
condiciones en las que el control del comportamiento sea realizado
por relaciones cooperativas y cargadas de valor.

La hipótesis principal de la resolución de conflictos y de la provención,


tal y como lo ve Burton, es que hay un límite para la socialización y
manipulación del individuo, actúe éste bien separadamente o dentro
de una comunidad étnica o nacional mayor. La hipótesis se deriva del
hecho de que para que las instituciones sean estables, y las
sociedades se encuentren relativamente libres de conflictos, deben
satisfacer ciertas necesidades humanas.

Resumiendo, de acuerdo con Burton, el pensamiento tradicional lleva


a la creencia de que los conflictos son sólo sobre intereses, y por lo
tanto el individuo puede ser socializado y coaccionado. Sin embargo,
tanto la teoría como la práctica revelan que los conflictos prolongados
son sobre necesidades humanas no negociables. Por lo tanto, es
imposible socializar al individuo en comportamientos que vayan contra
esas necesidades, y la resolución de conflictos depende de la
satisfacción de esas necesidades.

Sin embargo, tanto la teoría como la práctica revelan que los


conflictos prolongados son sobre necesidades humanas no
negociables. Por lo tanto, es imposible socializar al individuo en
comportamientos que vayan contra esas necesidades, y la
resolución de conflictos depende de la satisfacción de esas
necesidades
3.4 La teoría del conflicto de Galtung

De acuerdo con Johan Galtung (1969, 1980, 1988, 1989a, 1989b) hay
dos tipos básicos de conflictos. Los conflictos directos que ocurren
"sobre valores claramente articulados entre actores conscientes y
planificadores de estrategias"; y conflictos estructurales que ocurren
entre partes "sobre intereses empotrados en la estructura social -
partes que, en cierto sentido, pueden, incluso, no saber lo que está
ocurriendo" (1989b, p. 4).

Para Galtung el "triángulo del conflicto" supone tres elementos (figura


3.1): los aspectos actitudinales, los aspectos comportamentales, y el
conflicto mismo, o situación de conflicto. El aspecto actitudinal del
conflicto puede dividirse en dos partes: la emotiva y la cognitiva. El
rasgo más importante del aspecto cognitivo es la construcción de las
imágenes de Uno-Otro, implicando diferencias significativas entre
ambas imágenes. El aspecto emotivo refuerza el cognitivo mediante
mecanismos que simbolizamos en Yo-amado, Otro-odiado. El aspecto
comportamental del conflicto se construye sobre el actitudinal y lleva a
la polarización comportamental y a la facilidad y disponibilidad de
adoptar comportamientos destructivos. Sin embargo, mientras que las
actitudes y comportamientos se refuerzan mutuamente, constituyen
sólo los preliminares del análisis real del conflicto. El conflicto, la
situación de conflicto, según Galtung es una incompatibilidad que
ocurre dentro de un sistema basado en la persecución de objetivos.
Estos objetivos incluyen las necesidades, valores, e intereses, aunque
"los conflictos básicos implican necesidades humanas básicas"
(1989a, p.41).

Figura 3.1: Estructura triádica del conflicto.

Según el punto de vista de Galtung, la resolución del conflicto


depende de la corrección del excesivo gradiente actitudinal Uno-
Otro de ambas partes, corregir los patrones de polarización
comportamental y la maquinaria de destrucción, y eliminar la
incompatibilidad de objetivos
Este último elemento de la resolución de conflictos depende del
tratamiento del conflicto. Hay muchos modos de tratar el conflicto,
tanto para resolverlo como para reprimirlo. El tratamiento del conflicto
puede llevar a su resolución a través de trascenderlo (cambio en la
situación o en su definición), del compromiso, la profundización
(añadiendo más asuntos), el ensanchamiento (añadiendo más partes)
o el abandono.

Resumiendo, aunque tanto Burton como Galtung utilizan diferentes


definiciones, y enfatizan diferentes elementos frente a otros, ambos
comparten el punto de vista de que la negación de las necesidades
humanas son la causa central de los conflictos. También concuerdan
en que la resolución del conflicto depende de la satisfacción de las
necesidades, y que, en algunos contextos, se necesitarán cambios
estructurales. Sus enfoques, sin embargo, difieren en dos aspectos
importantes. Galtung enfatiza la complejidad de la formación del
conflicto, en concreto, lo relacionado con sus manifestaciones
actitudinales y comportamentales. Finalmente, Burton confían en el
enfoque denominado "solución de problemas" (que no tratamos en
esta ocasión) para afrontar el conflicto. Por su parte Galtung defiende
la necesidad de que, en muchas ocasiones, se use la lucha no
violenta para solucionar los conflictos (Galtung, 1980).

3.5 Algunas aportaciones


psicológicas a la teoría general del
conflicto

Aunque en los próximos apartados vamos a presentar con más detalle


la perspectiva psicológica del conflicto, aquí comentaremos algunas
ideas que los psicólogos -al margen de sus orientaciones y teorías
particulares- han aportado a la comprensión general del conflicto, en
esta línea relativa a las necesidades humanas que venimos
comentando.

El interés por la identificación de las necesidades humanas, como


parte del intento por entender la naturaleza humana, ha sido objetivo
continuo de la psicología a través de su historia. Este objetivo ha sido
especificado de distintas formas en la literatura psicológica -p.e.,
"instintos", "deseos", "motivos", "impulsos", etc.- pero sea cual sea su
formulación, su importancia, según Otto Klinberg, es incuestionable,
ya que el fracaso en la satisfacción de las necesidades humanas
"llevaría, inevitablemente, a la infelicidad y a la frustración como
mínimo, a veces a la patología física o mental, y en casos extremos,
incluso, a la muerte" (citado en Burrowes, 1996, p. 69).

De acuerdo con la mayoría de los psicólogos que estudian el conflicto,


como por ejemplo Herbert Kelman (1986), los factores
psicológicos contribuyen a la perpetuación y escalada de los
conflictos, y no pueden ser separados de las condiciones objetivas
subyacentes. Así, un conflicto político puede ser solucionado a nivel
político por medio de procesos políticos, pero la superación de la
barreras psicológicas presentes ofrece un nuevo terreno que llevará a
una resolución estable.

La investigación psicológica sobre los motivos y comportamientos que


llevan o promueven los conflictos, enfatiza la importancia de
las "emociones irracionales". Según Ralph White (1986), la ciencia
política, en general, se ha centrado en el estudio del poder y la
seguridad como objetivos del comportamiento internacional, y con ello
crean un vacío en su pensamiento, ya que no consideran el estudio de
las emociones que se entrometen y distorsionan un proceso, que por
otra parte podría haber sido más racional y predecible. Entre los
motivos promotores de guerra, por ejemplo, White analiza "el miedo
exagerado", el orgullo de macho (macho pride), la cólera, el odio, y la
agresión -"imagen intensamente negativa e impulso de herir como
finalidad en sí misma" (White, 1984, p.128).

Además, la mayor parte de la investigación psicológica sobre el


conflicto, como veremos más adelante, resalta la importancia de
la percepción en relación con estos motivos. De hecho, la
investigación sugiere que la distorsión perceptiva de la otra parte es,
prácticamente, automática en las situaciones de conflicto. Las
distorsiones perceptivas pueden ocurrir por distintas razones. Jervis,
en su libro ya clásico Perception and Misperception in International
Politics (1976), realizó una distinción fundamental entre errores
motivados inconscientemente (p.e. imagen diabólica del enemigo,
autoimagen moral), y errores debidos a factores cognitivos no
motivados (p.e., creencias preexistentes), que con frecuencia
distorsionan la percepción. También analiza los elementos de
"inatención selectiva" (resistencia, represión, racionalización,
proyección, y compensación), la cual es un proceso por el cual los
pensamientos desagradables e incómodos son eliminados de la
conciencia del individuo, distorsionando de esta manera su visión de la
realidad.
Morton Deutsch (1986) analiza la tendencia de la gente a percibir su
propio comportamiento como "más benevolente y legítimo" que el de
los otros, mientras que White (1986) dirige su atención a la inclinación
a asumir que los otros perciben nuestro comportamiento de forma tan
favorable como nosotros lo hacemos. Pruitt y Rubin (1986, 1994)
sugieren que las parte en conflicto, por lo general, reducen su nivel de
comunicación, reduciendo así la habilidad para entenderse
mutuamente. Jerome Frank (1967) nos muestra que la falta de
comunicación incrementa la antipatía.

Irving Janis (1972, 1986) ha investigado el fenómeno del "pensamiento


de grupo" (groupthink) -resultado de la presión interna de grupos
altamente cohesionados, hacia la uniformidad -que lleva al deterioro
de la eficacia de las tomas de decisiones, del análisis de la realidad, y
de los juicios morales realizados. De acuerdo con Janis, los ocho
síntomas del pensamiento de grupo incluyen:

1. Una ilusión de invulnerabilidad, compartida por la mayor parte de


los miembros, lo cual crea un excesivo optimismo que lleva a tomar
riesgos excesivos.

2. Creencia incuestionable en la moralidad inherente al grupo, lo que


lleva a que sus miembros ignoren las consecuencias éticas o morales
de sus decisiones.

3. Esfuerzos colectivos de racionalización encaminados a descartar


las advertencias que podrían llevar a los miembros a reconsiderar sus
supuestos antes de comprometerse en una decisión.

4. Visiones estereotipadas de los rivales, e imágenes del otro como


demasiado diabólico como para considerar intentos serios de
negociar, o como demasiado débiles o estúpidos como para poner en
peligro los intentos arriesgados de derrotarles.

5. Autocensura de las desviaciones del consenso aparente del grupo,


lo que refleja la inclinación de cada individuo de minimizar ante sí
mismo la importancia de sus dudas y contrargumentos.

6. Ilusión compartida de unanimidad en los juicios conforme al punto


de vista mayoritario (parcialmente resultado de la autocensura de las
desviaciones, aumentado por el falso supuesto de que silencio
significa consenso).

7. Presión directa sobre los miembros que expresan sólidos


argumentos contra cualquier estereotipo, ilusión o compromiso del
grupo, dejando claro que este tipo de desacuerdos es contrario a lo
que se espera de un miembro leal.

8. Aparición de autoproclamados guardianes de la pureza de


pensamiento -miembros que protegen al grupo de la información
adversa que pueda debilitar la complacencia compartida sobre la
efectividad y moralidad de sus decisiones.

Dadas todas estas distorsiones asociadas al conflicto, cabe


preguntarse si hay alguna posibilidad de que sean corregidas. De
acuerdo con White (1982) la empatía, es el gran corrector de muchas
distorsiones. La empatía, a diferencia de la simpatía, no implica afecto
o aprobación, sino que supone una comprensión realista de los
pensamientos y sentimientos de los otros. Sin embargo, tal y como
puntualiza Jervis (1976), dada la dificultad de percibir adecuadamente
la perspectiva del otro, es necesario empatizar con una variedad de
puntos de vista. Además, puntualiza que hay distintas formas de
minimizar las distorsiones, p.e., haciendo los valores y creencias más
explícitos, exponiendo las suposiciones implícitas a mayor escrutinio,
potenciando la formulación y consideración de imágenes alternativas,
sometiendo las perspectivas existentes a la consideración de
evaluadores independientes, e incrementando la conciencia de cómo
los procesos de percepción llevan a cometer errores comunes. Sin
ninguna duda, un buen proceso de resolución de conflictos debe tener
en cuenta todas estas consideraciones.

La empatía, a diferencia de la simpatía, no implica afecto o


aprobación, sino que supone una comprensión realista de los
pensamientos y sentimientos de los otros

Además, Kelman (1986) argumenta que el análisis psicológico indica


que la interacción directa entre las partes en conflicto lleva a cambios
en las actitudes y percepciones, lo que facilita cambios a otros niveles.
Según su punto de vista, los factores psicológicos interactúan con los
sociales y políticos, y deben ser integrados si queremos una teoría
comprensiva del conflicto y su resolución.

Consecuentemente, Deutsch (1986) señala que si se quieren crear la


condiciones para un proceso constructivo de resolución de conflictos,
se debería introducir en el conflicto los elementos típicos de un
proceso cooperativo. Estos incluyen la buena comunicación, compartir
la información, la confianza y el respeto mutuo, percepción de las
semejanzas en valores y creencias, aceptación de la legitimidad del
otro, y un proceso centrado en el problema.

De acuerdo con distintos autores (p.e., Rubin y Pruitt, 1986, Rubin,


Pruitt y Kim, 1994) hay cinco estrategias de afrontamiento del conflicto
(veremos esto con más detalle en una próxima sección): pasividad,
abandono, confrontación, cesión, y solución de problemas. Está claro
que es bastante improbable que la pasividad, el abandono y la cesión
puedan llevar a la resolución de los conflictos; la evidencia indica que
la confrontación -estrategia basada en "dureza", "enfrentamiento",
"competición", "negociación posicional"- no es la mejor, ya que,
aunque parezca ser efectiva, en raras ocasiones lleva a un resultado
estable ya que no se dirige a todos los problemas que están en juego.

Usando un enfoque diferente, Ury, Brett y Goldberg (1989) señalan


que hay tres elementos presentes en toda disputa: los intereses, los
derechos y el poder. Por ello, distinguen tres métodos principales para
resolver los conflictos: reconciliar los intereses subyacentes de las
partes, determinar quién tiene la razón, y determinar quién es más
poderoso. Los procesos de solución de problemas reflejan el enfoque
basado en los intereses, acudir a los juzgados ejemplifica el enfoque
basado en los derechos, e ir a la guerra, a la huelga, etc., son ejemplo
del enfoque basado en el poder. De acuerdo con ellos, el enfoque
basado en los intereses es más reforzado que el basado en los
derechos, y éste que el basado en el poder. Defienden el diseño de
"un sistema de resolución de disputas", que ofrezca procedimientos
basados en los intereses que puedan ser usados siempre que sea
posible, y acompañar a la vez con procedimientos de bajo coste
basados en los derechos (p.e., el arbitraje), y procedimientos de bajo
coste basados en el poder (p.e., votaciones), que serán usadas
cuando los anteriores no sean posibles. Sin embargo, aunque la
investigación psicológica y la evidencia empírica acumulada desde los
años setenta, sugieren con claridad que la estrategia que se debe
elegir en las situaciones de conflicto es la de solución de problemas,
ésta no es suficiente en sí misma. En algunos casos, de acuerdo con
Ury et al., la estrategia de solución de problemas no se puede poner
en práctica a menos que se haya empleado previamente
procedimientos de derecho o poder, para traer a alguna parte
recalcitrante al proceso.

Resumiendo, de acuerdo con las perspectivas analizadas en los tres


últimos apartados, la negación de la satisfacción de las necesidades
humanas es la causa principal de los conflictos prolongados, y los
procesos de solución de problemas encaminados a dar satisfacción a
esas necesidades son las vías vitales para solucionarlos.
Capitulo 4

Introducción

El conflicto es un fenómeno social que permea todas las relaciones.


Independientemente de los conflictos intrapsíquicos o intrapersonales,
estudiados por otros profesionales -psicólogos clínicos, cognitivos,
psiquiatras, asesores terapéuticos de todo tipo, etc.-, los conflictos
existen en todas las esferas de nuestra existencia, en el entorno
familiar, en el laboral, en las relaciones que establecemos con
nuestros amigos/as, en nuestra vida pública, entre los grupos y
comunidades a las que pertenecemos, etc. Sin embargo,
independientemente de esta diversidad, en el substrato de la teoría del
conflicto se encuentra la asunción de que, a pesar de las diferencias
de los conflictos en esas distintas áreas y niveles, existen muchos
elementos comunes, lo que permite el estudio del conflicto como una
entidad única, pero que muestra distintas facetas en distintas
circunstancias.

El conflicto con ser ubicuo, no deja de ser complejo. En muchas


ocasiones afrontamos las situaciones de conflicto de manera
equivocada, debido a la mala comprensión que tenemos de lo que
está pasando, y los resultados de dichos afrontamientos equivocados
no son positivos, llegando incluso a escalar el conflicto. Como dice
Jean Paul Lederach, difícilmente podemos resolver un conflicto si no
lo entendemos. El conflicto, en todos sus niveles y ámbitos, es un
fenómeno con muchas capas, en el que se mezclan diferentes
aspectos -relacionales, de valores, de intereses, etc.-, saber analizar
esta complejidad es una habilidad indispensable para el afrontamiento
constructivo de los conflictos.

4.1 Niveles del conflicto

El conflicto es ubicuo, está por todas partes, un modo de clasificar el


conflicto es por niveles, habitualmente se distinguen cuatro niveles
(Lewicki, Litterer, Minton y Saunders, 1994):

Conflicto intrapersonal o intrapsíquico. En este nivel el conflicto


ocurre dentro de los individuos. El origen de los conflictos incluye
ideas, pensamientos, emociones, valores, predisposiciones, impulsos,
que entran en colisión unos con otros. Dependiendo del origen del
conflicto intrapsíquico, será un diferente dominio de la psicología quien
se ocupe de él: psicología cognitiva, teoría de la personalidad,
psicología clínica, etc. Debido a la importancia que concedemos a
estos aspectos en el resultado final de un conflicto y su
transformación, le dedicaremos una atención especial a los aspectos
cognitivos del conflicto.

Conflicto interpersonal. Este tipo de conflictos ocurre entre las


personas individuales: marido y mujer, jefe y subordinado, hermanos,
etc. La mayor parte de la teoría sobre negociación, mediación, se
refiere a la resolución de los conflictos interpersonales, aunque la
mayoría de conocimientos se pueden aplicar al resto de niveles que
mencionamos a continuación.

Conflicto intragrupal. Este tipo de conflicto se da dentro de un


pequeño grupo: dentro de las familias, corporaciones clase, etc. En
este nivel analizamos como el conflicto afecta a la capacidad del grupo
para resolver sus disputas y continuar persiguiendo eficazmente sus
objetivos.

Conflicto intergrupal. El último nivel del conflicto es el intergrupal:


naciones en guerra, sindicatos y patronal, etc.; en este nivel el
conflicto es muy complicado debido a la gran cantidad de gente
implicada y a las interacciones entre ellos. Los conflictos pueden darse
simultáneamente dentro y entre grupos.

Como ya hemos comentado, la debilidad de una perspectiva


universalista, sin embargo, estriba en que al buscar generalidad,
puede ignorar las diferencias. Si hay, realmente, diferencias
importantes entre los distintos niveles de complejidad, es conveniente
conocerlas. A continuación, siguiendo a Rubin y Levinger (1995),
vamos a comparar los paralelismos, semejanzas y diferencias, entre el
conflicto interpersonal, intergrupal, interorganizacional, e internacional,
tomando como referencia los dos conflictos extremos del continuum: el
conflicto interpersonal y el conflicto internacional.

Como ya hemos comentado, la debilidad de una perspectiva


universalista, sin embargo, estriba en que al buscar generalidad,
puede ignorar las diferencias. Si hay, realmente, diferencias
importantes entre los distintos niveles de complejidad

4.1.1 Semejanzas entre el conflicto interpersonal


y el internacional
A través de los diferentes niveles de análisis, el conflicto tiene cierto
número de características similares; de ellas seis son fundamentales.
Todos los conflictos sociales:

1. Derivan de una divergencia percibida de intereses.

2. Hay un número limitado de estrategias para afrontarlos.

3. Contienen una mezcla de motivos.

4. Pueden terminar o a través del comportamiento, o a través del


cambio actitudinal.

5. Lleva a resultados que van desde lo puramente destructivo hasta lo


puramente constructivo.

6. Surge a partir de una amplia variedad de antecedentes.

4.1.1.1 La definición del conflicto

Todos los conflictos sociales implican una percepción de intereses


divergentes -sean o no divergentes en la realidad.
Independientemente de si las diferencias ocurren entre individuos o
entre estados, entre grupos o entre organizaciones, todo conflicto
significa cierto grado de incompatibilidad percibida entre las partes,
con respecto a los objetivos o con respecto a los medios utilizados
para alcanzarlos.

Los conflictos pueden derivar de la competición con respecto a


recursos escasos, diferencias en valores o creencias, o diferencias en
la relación. Un marido y una mujer, por ejemplo, pueden estar en
desacuerdo sobre como se ha de usar el coche familiar (recurso), si
van a tener hijos o no (valores y creencias), o hasta qué punto es
bueno la excesiva dependencia mutua (relación). Del mismo modo,
dos países vecinos pueden disputar por la pesca en sus costas
(recurso), el deseo de libre mercado entre ellos (valores y creencias),
o el tipo de ayuda que se deben dar en períodos de crisis (definición
de la relación).

Independientemente del nivel de análisis, las partes, con frecuencia,


perciben de manera distorsionada el problema que las enfrenta. Una
pareja puede estar en desacuerdo sobre el procedimiento para pagar
sus recibos, cuando el conflicto lo que realmente está reflejando es su
concepción diferente sobre el significado del dinero y las posesiones
en general. Del mismo modo, los estados de la Comunidad Europea
pueden pensar que su diferencia fundamental es como regular la
entrada en la moneda única, cuando el conflicto es más amplio y se
refiere al modo de toma de decisiones dentro de la Comunidad. En
definitiva, el conflicto sobre determinados temas puede estar
oscurecido por problemas en otros niveles, y esto es cierto tanto a
nivel interpersonal, intergrupal, interorganizacional e internacional.

4.1.1.2 Modos de responder ante el conflicto

Cuando existe un conflicto entre dos o más partes -personas, grupos,


organizaciones o estados- hay un número limitado de métodos de
enfrentarse a él (Rubin et al., 1994).

- Dominación. Ocurre cuando una de las partes intenta imponer sus


deseos por medios físicos o psicológicos. En los individuos, puede
ocurrir por abuso físico (padres-hijos) o haciendo sentirse culpable al
otro. Entre estados, puede ser el embargo, bloqueo, o finalmente la
guerra.

- Capitulación. Consiste en que una de las partes cede unilateralmente


ante la otra, sean cuales fueren sus demandas o expectativas. Un
marido puede decidir ceder ante la petición de su mujer de pasar sus
vacaciones de verano en la playa, en contra de su deseo de hacerlo
en la montaña. Un país como España puede ceder ante la presión
económica americana permitiendo el uso de bases militares en su
territorio. La capitulación puede resultar de la creencia del que toma
decisiones de que tiene pocas opciones, o puede surgir de motivos
mas instrumentales (la creencia de que cediendo hoy, conseguiré que
los demás cedan en otras ocasiones). Hay que tener en cuenta que en
las relaciones interpersonales se puede ceder por amor, lo cual no
ocurre nunca entre estados.

- Retirada. Sucede cuando una parte abandona el conflicto, rehusando


seguir tomando parte de él por más tiempo. Una mujer furiosa puede
elegir irse de casa enojada, y un estado puede decidir romper toda
relación con otro (incluido el reconocimiento diplomático), como por
ejemplo España e Israel hace unos años.

- Inactividad. La inactividad se da cuando una parte no hace nada,


deliberadamente, con la esperanza de que el paso del tiempo mejore
la situación: un niño que silencia un castigo recibido en un arrebato de
furia de su padre, esperando que sea olvidado, o una minoría que
desea demorar algunas decisiones, esperando dejar de ser minoría en
un plazo más o menos corto.

- Negociación. Se da cuando dos o más partes interdependientes usan


el sistema de oferta y contraoferta, en la búsqueda de un acuerdo
mutuamente aceptable. Los ejemplos son incontables. Por ejemplo, un
marido y una mujer debatiendo que van a hacer el fin de semana, o
los distintos estados de la Unión Europea resolviendo sus diferencias
sobre cupos de pesca.

- Intervención de Terceras Partes. Es el método según el cual un


individuo o grupo, que no es parte del conflicto, interviene para ayudar
a las partes a identificar los problemas y avanzar hacia un acuerdo.
Hay abundantes ejemplos de intervención de terceras partes tanto en
las relaciones interpersonales como en las internacionales, desde la
intervención de un vecino en la disputa de otros dos, hasta la
intervención de las Naciones Unidas en la antigua Yugoslavia.

Resumiendo, hay un número limitado de estrategias para afrontar los


conflictos. Sin embargo, como veremos más adelante, hay diferencias
importantes en la accesibilidad de estas estrategias. Es más fácil que
se utilice la retirada en las relaciones interpersonales que en los
conflictos internacionales, mientras que la inactividad es una
estrategia más accesible en las relaciones internacionales que en las
interpersonales.

4.1.1.3 Combinación de motivos subyacentes

Morton Deustch (1960) observó, hace años, que todos los conflictos
eran impulsados por una o más de la tres motivaciones subyacentes:
competitiva, cooperativa e individualista. En su estado más puro, la
motivación competitiva lleva a intentar conseguir lo máximo posible a
costa del otro. Es la mentalidad "yo gano, tú pierdes" que caracteriza
las relaciones de suma cero. Por el contrario, una motivación
cooperativa invoca la norma de que todos ganamos; su objetivo no es
sólo hacerlo lo mejor posible, sino de que también el otro consiga lo
máximo que sea posible. Para terminar, una motivación individualista
lleva a tomar decisiones prescindiendo de la otra parte, en la
búsqueda de los propios objetivos. No importa si beneficiamos o
perjudicamos a la otra parte, lo único que importa es que yo obtenga
el mejor resultado posible.
En raras ocasiones, los conflictos, independiente de su nivel de
análisis, son puramente competitivos, cooperativos o
individualistas. Por el contrario, casi siempre son situaciones en las
que se da una combinación de motivaciones, especialmente en
aquellos conflictos caracterizados por la interdependencia

Si dos personas tienen algo que la otra quiere o desea, se necesita


que cooperen, a pesar de que cada una de ellas intente conseguir lo
máximo posible. Puede usar la negociación para conseguir un
resultado ventajoso, pero necesita, simultáneamente, que el otro esté
de acuerdo, de lo contrario no conseguira nada. Lax y Sebenius
(1986) definieron la negociación como una tensión entre crear valor
(expandir el pastel de los recursos) y reclamar valor (dividir el pastel
entre los disputantes). Parece lógico que si queremos lograr la mayor
porción de pastel posible, antes intentemos trabajar cooperativamente
para hacer crecer el pastel de los recursos tanto como podamos.

4.1.1.4 Acuerdo versus resolución

Todo conflicto en cualquier nivel, puede llegar a una de las dos


grandes categorías de solución: acuerdo y resolución. El acuerdo se
refiere a un cambio comportamental, que se da cuando ambas partes
encuentran una vía para llegar a un convenio pero su oposición
actitudinal básica permanece, esencialmente, sin modificarse.
La resolución implica tanto un cambio en el comportamiento como una
convergencia en las actitudes subyacentes.

Un cambio en el comportamiento sin cambio actitudinal, ocurre cuando


una parte (normalmente la más débil) se somete a la demanda de la
otra, pero se sigue sintiendo agraviada y coaccionada. Por lo general,
estos acuerdos dependen de la presencia y vigilancia de las partes
más poderosas, pero en su ausencia, o cuando la vigilancia se
debilita, resurgen los comportamientos primitivos. Estos acuerdo, por
lo general, no suelen ser muy duraderos.

Por el contrario, la resolución del conflicto implica un cambio


actitudinal mutuo que lleva a las partes a internalizar un nuevo patrón
de interacción. El cambio ocurre no porque la otra parte lo fuerza, sino
porque las actitudes de los disputantes se han modificado. Como
consecuencia, es muy difícil que lo que causó originalmente el
conflicto, vuelva a resurgir, y si lo hace se afrontará de una manera
cooperativa, por lo que el cambio comportamental se hará más
duradero.
4.1.1.5 Conflictos destructivos versus conflictos constructivos

Los conflictos se pueden clasificar a lo largo de un continuum que va


desde conflictos totalmente destructivos a conflictos totalmente
constructivos. En el polo destructivo, por ejemplo, están tanto una
pelea a disparo limpio entre miembros de dos pandillas dedicadas al
tráfico de droga, cuyo resultado probable es la herida o la muerte de
los disputantes, como una guerra nuclear entre dos potencias. Los
conflictos destructivos llevan al debilitamiento grave de todas las
partes en conflicto.

Pero no todas las consecuencias de los conflictos son destructivas. En


los conflictos constructivos, las relaciones mejoran como
consecuencia de haber confrontado las diferencias existentes. Como
resultado de que las partes expongan sus puntos de vista y sus
necesidades básicas, se hace posible encontrar soluciones que
beneficien a ambas partes (Fisher, Ury y Patton, 1991). Esta mejoría
puede referirse al resultado inmediato, o a la mejora de las relaciones
a largo plazo, mejorándose la comunicación entre las partes.

Es evidente que el conflicto tiene consecuencias tanto negativas como


positivas en todos los niveles. Los conflictos entre marido y mujer, por
ejemplo, pueden llevar a la construcción de una relación cada vez más
fuerte, o, por el contrario llevar a un deterioro, finalmente irreversible.
En la relaciones internacionales tenemos innumerables ejemplos de
conflictos destructivos (guerras, masacres, etc.), pero también hay
ejemplos de que son la base de acuerdos trascendentes, si no
fijémonos en el nacimiento de la Unión Europea, fruto de la conciencia
de interdependencia que surgió como consecuencia de la Segunda
Guerra Mundial.

4.1.1.6 Antecedentes

A la hora de analizar el conflicto, tenemos que ser conscientes de que


hay un amplio número de condiciones antecedentes que predicen, de
manera bastante fiable, la consecuencia. Muchos estudios empíricos
han demostrado la existencia de una larga letanía de variables
independientes y sus efectos (Pruitt, 1981; Pruitt y Carnevale, 1993;
Rubin y Brown, 1975; Rubin et al., 1994). Resumiendo, estos
antecedentes que afectan al desarrollo del conflicto, incluyen variables
del contexto físico (lugar, oportunidades de comunicación, límite de
tiempo), del contexto social (número de disputantes, apertura del
conflicto a observadores o terceras partes, aspectos de la relación de
los disputantes, expectativas individuales, consideraciones de
personalidad), y del contexto del problema (número de asuntos en
disputa, su secuenciación y agrupamiento). Se ha estudiado que cada
una de estas variables tienen su influencia en como se maneja el
conflicto.

Dos ejemplos conceptuales serán suficientes para ilustrar este punto.


En primer lugar, una de las fuentes más frecuentes de conflicto es la
mala construcción por una parte de las intenciones de la otra. Una
acción que A puede ver como inofensiva e incluso beneficiosa para B,
puede ser considerada por ésta como intromisión, coerción o insulto.
P.e., la corrección de un maestro para ayudar a un estudiante, puede
ser interpretada por éste como recriminación y humillación. El deseo
de un país de añadir una cláusula a un tratado para fortalecerlo, puede
ser interpretado por el otro como una obscura maniobra que algún
beneficio reportará al primero.

En segundo lugar, las audiencias u observadores (un testigo en las


relaciones interpersonales o los media en las relaciones
internacionales) tienen un efecto que lleva a las partes a extremar sus
posturas y a hacer, por lo tanto, más difícil el acuerdo.

Hay por lo tanto muchas semejanzas entre los distintos tipos de


conflicto: interpersonales, intergrupales, interorganizacionales e
internacionales. Estas semejanzas son constantes y representan el
núcleo del esfuerzo interdisciplinar que en las últimas décadas
defiende la semejanza del proceso del conflicto independientemente
de su nivel. Pero hay también diferencias, menos obvias, y, por
supuesto, menos estudiadas, que constituyen el contenido de la
próxima sección.

4.1.2 Diferencias entre el conflicto interpersonal y


el internacional

Por supuesto la lista que viene a continuación es incompleta, pero


ayuda a hacernos una idea de estas diferencias.

4.1.2.1 Número de partes


Muchos conflictos interpersonales implican dos personas. En las
relaciones internacionales, sin embargo, la situación es más compleja,
normalmente hay más de dos partes. Incluso en las ocasiones en las
que sólo hay dos partes, podemos encontrar fácilmente otros
protagonistas que son aliados o adversarios, y que están interesados
en el desarrollo del conflicto. A medida que el número de partes se
incrementa, se hace más difícil alcanzar un acuerdo, aunque sólo sea
por la existencia de más preferencias y expectativas a coordinar.

Por el contrario, tal y como han encontrado Pruitt (1981) y otros, a


medida que el número de implicados se incrementa (como en las
relaciones internacionales), también lo hace la disponibilidad de
recursos adicionales que las partes adicionales pueden aportar
(dinero, nuevas ideas, etc.). La posibilidad de soluciones que
aumenten el tamaño del pastel es mayor.

Además, alcanzar un acuerdo en un conflicto internacional se


complica más por el hecho de que las partes, por lo general, no son
homogéneas; en ambas partes existen halcones y palomas, que se
encuentran, asimismo, en conflicto. El conflicto entre grupos se
caracteriza porque sus miembros tienen distinto tipo de papel y
función; el conflicto entre organizaciones se complica, también, porque
sus miembros están jerarquizados según su estatus. Dado esto,
ocurre que como las relaciones internacionales son llevadas a cabo
por los grupos y organizaciones que componen la entidad "estado",
todas estas características hacen que dichas relaciones sean
complejas y muy poco homogéneas.

4.1.2.2 Número de problemas

Quizás por que el "estado" es más complejo que el individuo, la arena


internacional contiene más conflictos de los que son posibles en la
relación interpersonal. Al igual de lo que ocurría con el número de
partes, mayor número de problemas significa mayor dificultad, ya que
hay más asuntos que coordinar. Por el contrario, la proliferación de
asuntos puede afectar positivamente, ya que permite que agrupemos
distintos asuntos, ofreciendo la oportunidad de que las partes hagan
concesiones en asuntos que les resultan indiferentes para conseguir
concesiones recíprocas en asuntos que les interesan más (Pruitt,
1981).

4.1.2.3 Salida
Como ya hemos comentado, el abandono es una de las estrategias
posibles ante cualquier tipo de conflicto. A pesar de ello, ya
puntualizamos que es más fácil retirarse en las relaciones
interpersonales que en las relaciones internacionales. Si estás
suficientemente enojado y furioso con tu pareja, no tienes más que irte
momentáneamente, o separarte. De tal manera que puedes llegar a
no relacionarte con ella nunca más. Pero, ¿qué significa separarte en
las relaciones internacionales? No hay un lugar a donde los estados
puedan escapar. En los conflictos internacionales, una de las partes
puede retirarse momentáneamente, pero no existe el abandono
definitivo.

4.1.2.4 Asimetría de poder

Para que las relaciones interpersonales sean estables es necesario


que exista una cierta igualdad de poder. Si no es así, el más poderoso
intentará explotar al más débil; por su parte, el más débil intentará
retirarse de la relación. Con frecuencia, hay diferencias de poder entre
las partes, por ejemplo, entre padres e hijos, entre profesores y
estudiantes, o entre grupos y organizaciones. Sin embargo, dichas
diferencias tienden a disminuir con el tiempo: a medida que los hijos
crecen, los estudiantes van adquiriendo la experiencia de los
profesores, y los grupos y organizaciones se mueven hacia la simetría.
En la mayor parte de las relaciones interpersonales voluntarias
(sospechamos que también en las relaciones intergrupales e
interorganizacionales) el poder es más o menos simétrico, o avanza
hacia esa simetría.

En las relaciones internacionales, sin embargo, la simetría es más la


excepción que la regla. Las diferencias son enormes entre Estados
Unidos y Granada, entre Francia y Nepal, etc. La diferencia de
recursos es tremendamente asimétrica; además, los que detentan
más poder se comportan de modo que terminan incrementando su
poder, mientras que los otros, menos afortunados, tienden a verse
atrapados en posiciones menos favorables. La consecuencia de esta
asimetría de poder es que el estado más poderoso tiende a imponer
sus deseos sobre los menos poderosos, mientras que estos últimos no
tienen más elección que la de aceptar la imposición, o resistir con
lucha armada.

4.1.2.5 Obligación de acatar los acuerdos


En las relaciones interpersonales, intergrupales e
interorganizacionales, hay, por lo general, una autoridad con poder
para asegurar que los conflictos son resueltos, y permanezcan así.
Para ello, las sociedades crean leyes para preservar la estabilidad
interpersonal, y desarrollan instituciones -cortes y policía, p.e.- para
asegurar que los acuerdos no son violados. De manera similar, los
grupos se adhieren a códigos de conducta, y las organizaciones tienen
sanciones para penalizar las desviaciones de los procedimientos
estándar.

En las relaciones internacionales el caso es más complejo. Aunque


existen Cortes de Justicia Internacional, regidas por el derecho
internacional, y tenemos unas Naciones Unidas, establecida para
prevenir la guerra y mantener la paz internacional, en la mayoría de
los casos las naciones actúan como les place. Estados Unidos, por
ejemplo, se adhiere a los decretos de las Cortes de Justicia
Internacional cuando quiere, y hace oídos sordos en otras ocasiones.

4.1.2.6 Efectividad de la intervención de terceras partes

En las relaciones internacionales hay pocas oportunidades para la


intervención efectiva de terceras partes, exceptuando la intervención
de actores poderoso, los que están en posición de imponer acuerdos a
través de amenazas, o comprar acuerdos.

En los otros niveles del conflicto, las oportunidades y métodos para


intervenir son mucho mayores. Autores como Bercovitch y Rubin
(1992), Kressel y Pruitt (1989) y fundamentalmente Mitchell (1993),
han puesto de manifiesto la variedad de intervenciones de terceras
partes que se pueden usar para resolver un conflicto. Los individuos,
grupos y organizaciones en disputa pueden llegar a un acuerdo por el
simple hecho de que un tercero respetado y aceptado lo pida; no
existe equivalente a esto en las relaciones internacionales.

.1.2.7 Audiencias

Los grupos, y en menor medida las organizaciones, pueden conducir


sus problemas con cierto grado de intimidad. Una pareja puede cerrar
la puerta de su habitación y discutir (o abusar) en privado. No hay
equivalente en la arena internacional. Cada acto, bien inmediatamente
o potencialmente, ocurre a la vista de observadores internacionales.
Los negociadores internacionales pueden hablar secretamente, pero
tienen que informar a sus superiores, lo cual produce que las
filtraciones comiencen a aparecer. Por desgracia, como distintas
investigaciones han demostrado (Pruitt, 1981), es más probable que
los negociadores se muestren más duros, con posturas más extremas
y más resistentes a las concesiones cuando están presentes
audiencias que cuando negocian en condiciones privadas. Una de las
razones de este entrampamiento psicológico puede ser la tendencia al
tomar decisiones de apegarnos excesivamente a cursos de acción en
los que creemos que hemos invertido gran cantidad de recursos,
esfuerzos, etc. (sunk cost). Si se comprometen a posiciones extremas
de intransigencia, los negociadores considerarán que han invertido
demasiado como para cambiar.

4.1.2.8 Representatividad de la negociación

En los conflictos internacionales, por lo general, las partes disputantes


se representan a sí mismas. La situación es muy diferente en los
grupos, organizaciones y naciones; los grupos se relacionan unos con
otros a través de portavoces. Las organizaciones disponen los
intercambios de tal manera que ponen en contacto individuos con nivel
comparable en sus respectivas jerarquías. En las relaciones
internacionales, siempre hay representantes. Incluso los cabezas de
estado hablan tanto por otros como por sí mismos. Los representantes
actúan como agentes de sus superiores o de sus representados, se
reúnen con sus homólogos, y, después, hacen recomendaciones
referentes a acuerdos a aquellos ante los que son responsables.

La introducción de representantes en el proceso de solucionar un


conflicto, cambia las cosas de manera significativa, en comparación
con las situaciones en donde la gente se representa a sí misma (Rubin
y Sander, 1988). Esta circunstancia puede dificultar tanto como
facilitar -en el caso de que sea un representante muy experto- el
proceso.

4.1.2.9 Información sobre el otro

Si dos amigos tienen una pelea, pueden ponerse a solucionarlo en el


mismo lugar y en ese mismo momento. En las relaciones
internacionales, sin embargo, las relaciones tienen lugar a través de
una mezcla de grupos y organizaciones que tienen distintas ideas y
objetivos. Como observa Allison (1971), lo que en relaciones
internacionales puede parecer una posición unitaria mantenida por el
otro lado, probablemente es el resultado del choque de distintas
fuerzas y vectores internos. Añadamos a esto las diferencias
culturales que pueden dificultar la comprensión de los movimientos y
gestos de la otra parte. Además, la distancia física y la diferencia
horaria dificultan más la situación. A pesar del enorme desarrollo de
las telecomunicaciones, es prácticamente imposible que los
protagonistas de un conflicto internacional lo afronten en el mismo
lugar y en el mismo momento.

El resultado de todo lo anterior es que el conflicto internacional es más


susceptible a la percepción selectiva y a otras formas de distorsión
cognitiva, que los conflictos interpersonales, intergrupales o
interorganizacionales. Es más difícil esclarecer las preferencias,
intenciones y expectativas de la otra parte

4.1.2.10 Confianza

Si tenemos en cuenta los obstáculos mencionados que caracterizan


las relaciones internacionales, y añadimos la menor fiabilidad que
tiene la información sobre la otra parte, podemos concluir que en los
conflictos internacionales es mucho más difícil establecer relaciones
de empatía y confianza que en las relaciones interpersonales (los
conflictos intergrupales e interorganizacionales se encontrarían en un
punto intermedio). De acuerdo con diferentes estudios realizados en
las relaciones cercanas, sabemos que la relación de confianza
interpersonal nace cuando una de las partes percibe que la otra es
predecible, se desarrolla cuando nos damos cuenta de que es de fiar,
luego se desarrolla un apego mutuo que va acompañado de la
creencia de que el otro es sensible a nuestras necesidades (Holmes,
1991; Rempel, Holmes y Zanna, 1985). La confianza es un proceso
individualizado que se desarrolla a partir de un conjunto de
experiencias mutuamente positivas.

Por todo lo dicho, podemos entender como tal experiencia de


confianza es mucho más fácil que se desarrolle en el ámbito
interpersonal. Las relaciones internacionales, por el contrario, están
cargadas de informaciones inciertas, múltiples actores, y la tendencia
a mantener al otro haciendo conjeturas con el objeto de ganar ventaja
competitiva. Finalmente, si añadimos a todo esto el aspecto cultural
mencionado anteriormente, podemos entender como es muy difícil
convencer al otro de nuestra propia veracidad.

4.1.2.11 Instituciones y Burocracias

A diferencia de los individuos y los grupos, las organizaciones y los


estados tienden a desarrollar poderosas estructuras institucionales -
ejércitos, servicios de inteligencia, etc.- que contribuyen al
mantenimiento del conflicto y la desconfianza. Por ejemplo, se ha
conocido últimamente que los servicios de inteligencia de Estados
Unidos inflaban las capacidades defensivas de la Unión Soviética, a la
vez que desmerecían las propias capacidades, con el objeto de
justificar los enormes incrementos del presupuesto militar del ejército
americano durante la guerra fría.

Además, como la historia nos enseña, las instituciones militares se


resisten a perder influencia a pesar de que disminuya su necesidad.
No existen paralelismos a nivel interpersonal.

4.2 La estructura del conflicto

El círculo del conflicto (figura 4.1) señala algunas de las fuentes


principales de conflicto, independientemente del nivel y del marco. El
Círculo identifica cinco causas centrales de conflicto (Moore, 1994):

- Problemas de relaciones entre las personas.

- Problemas de información.

- Intereses realmente incompatibles o percibidos como tales.

- Fuerzas estructurales.

- Problemas de valores.

Figura 4.1: Círculo del conflicto.

Aunque la cita sea un poco larga, veamos como define el propio


Moore (1994) estos cinco diferentes tipos de conflicto:
- "Los conflictos de Relación. Se deben a fuertes emociones
negativas, percepciones falsas o estereotipos, a escasa o falsa
comunicación, o a conductas negativas repetitivas. Estos problemas
llevan frecuentemente a lo que se han llamado conflictos irreales
(Coser, 1956) o innecesarios (Moore, 1986), en los que se puede
incurrir aún cuando no estén presentes las condiciones objetivas para
un conflicto, tales como recursos limitados u objetivos mutuamente
excluyentes. Problemas de relación, como los enumerados arriba,
muchas veces dan pábulo a discusiones y conducen a una
innecesaria espiral de escalada progresiva del conflicto destructivo.

- Los conflictos de Información. Se dan cuando a las personas les


falta la información necesaria para tomar decisiones correctas, están
mal informadas, difieren sobre qué información es importante,
interpretan de modo distinto la información, o tienen criterios de
estimación discrepantes. Algunos conflictos de información pueden ser
innecesarios, como los causados por una información insuficiente
entre las personas en conflicto. Otros conflictos de información pueden
ser auténticos al no ser compatibles la información y/o los
procedimientos empleados por las personas para recoger datos.

- Los conflictos de intereses. Están causados por la competición


entre necesidades incompatibles o percibidas como tales. Los
conflictos de intereses resultan cuando una o más partes creen que
para satisfacer sus necesidades, deben ser sacrificadas las de un
oponente. Los conflictos fundamentados en intereses ocurren acerca
de cuestiones sustanciales (dinero, recursos físicos, tiempo, etc.), de
procedimiento (la manera como la disputa debe ser resuelta), o
psicológicos (percepciones de confianza, juego limpio, deseo de
participación, respeto, etc.). Para que se resuelva una disputa
fundamentada en intereses, en cada una de estas tres áreas deben de
haberse tenido en cuenta y/o satisfecho un número significativo de los
intereses de cada una de las partes.

El triángulo de satisfacción aquí abajo ilustra la interdependencia de


estas tres clases de necesidades (figura 4.2). El Triángulo, o un
acuerdo, no está completo de no haber satisfacción en cada uno de
los tres lados. Un acuerdo satisfactorio en lo substancial, pero no
satisfactorio en lo procedimental ni en lo psicológico, puede resultar
inadecuado para conseguir un acuerdo final.

Figura 4.2: Triángulo de satisfacción.


- Los conflictos estructurales. Son causados por estructuras
opresivas de relaciones humanas (Galtung, 1975). Estas estructuras
están configuradas muchas veces por fuerzas externas a la gente en
conflicto. Escasez de recursos físicos o autoridad, condicionamientos
geográficos (distancia o proximidad), tiempo (demasiado o demasiado
poco), estructuras organizativas, etc., promueven con frecuencia
conductas conflictivas.

- Los conflictos de valores. Son causados por sistemas de creencias


incompatibles o percibidos como incompatibles. Los valores son
creencias que la gente emplea para dar sentido a sus vidas. Los
valores explican lo que es bueno o malo, verdadero o falso, justo o
injusto. Valores diferentes no tienen por qué causar conflicto. Las
personas pueden vivir juntas en armonía con sistemas de valores muy
diferentes. Las disputas de valores surgen solamente cuando unos
intentan imponer por la fuerza un conjunto de valores a otros, o
pretenden que tenga vigencia exclusiva un sistema de valores que no
admite creencias divergentes." (Moore, 1994, pp.5-6).

Hace años se viene proponiendo en seminarios y talleres de


resolución/transformación de conflictos y mediación una concepción
tridimensional de las fuentes del conflicto. Esta estructura es necesaria
para comprender la naturaleza del conflicto, paso estrictamente
imprescindible para posteriormente abordar su
resolución/transformación. Como dice Juan Pablo Lederach, no
podemos resolver/transformar un conflicto si previamente no lo
entendemos.

Volviendo a las fuentes del conflicto, consideramos que se puede


proyectar gráficamente como una seta. Cuando paseamos por el
campo o monte, dirigimos nuestra mirada sobre toda la superficie de la
tierra a nuestro alcance, rastreando a la búsqueda de su presencia.
Cuando detectamos alguna, lo primero que observamos es su
superficie, el sombrero, para después, una vez al lado de ella, fijarnos
en su pie, pues, en ocasiones, ante una apariencia inofensiva de seta
comestible, puede descubrirse, por la presencia de anillos o bulbos,
que en realidad son setas venenosas.

Figura 4.3: Estructura de los Conflictos Familiares.

En el conflicto, lo primero que observamos es su apariencia


manifiesta, de qué parece que va el conflicto. Siguiendo a Moore y
Mayer, los conflictos pueden ser de valores, estructurales, de
intereses o recursos, de relaciones, de información o de
comunicación. La comunicación aparece en el sombrero, porque
algunos conflictos pueden tener su origen en una mala comunicación,
atribuciones erróneas, etc. Pero además, está de otro color y en el
centro entrando en contacto con todos los otros conflictos y en la parte
superior del pie, porque, siguiendo la metáfora freudiana sobre los
sueños como la via regia del inconsciente, la comunicación es la via
regia del conflicto, ya que, independientemente de cual sea la causa o
raíz del conflicto, es a través de la comunicación como todos los
conflictos escalan e intensifican o caminan hacia su
resolución/transformación.

Debajo de la comunicación, en el pie, encontramos las emociones. No


es el lugar para hablar del rol que juegan las emociones en las
situaciones de conflicto. Baste decir que las emociones,
omnipresentes en la vida cotidiana, en las situaciones de conflicto -
donde percibimos amenaza, peligro, incompatibilidad- adquieren un
papel más o menos protagonista, sobre todo las de tipo negativo o
destructivo.

La comunicación es la via regia del conflicto, ya que,


independientemente de cual sea la causa o raíz del conflicto, es a
través de la comunicación como todos los conflictos escalan e
intensifican o caminan hacia su resolución/transformación

Finalmente, en la base del pie, y diría más, en su raíz, encontramos


las necesidades psicológicas. Todo ser humano tiende a dar
satisfacción a sus necesidades psicológicas insatisfechas a través del
conflicto.

Como ejemplo, podemos observar como podríamos representar los


conflictos familiares según el parasol del conflicto que proponemos,
para observar de una manera algo más detallada la importancia de
distintos factores en las disputas familiares.

Los conflictos familiares no son sólo sobre elementos tangibles, sino


que tienen una gran importancia los intangibles, que son aquellos que
hacen que la familia sea diferente ante nuestros ojos y los ojos de los
demás.

Todos los miembros de la familia tienen muchas necesidades, como


por ejemplo poder, amistad, pertenencia y realización. Los choques
sobre estas necesidades se manifiestan, frecuentemente, en cosas
materiales. Dado que estas motivaciones son las menos obvias, las
disputas de este tipo son más difíciles de resolver. Si la persona no
puede expresar su necesidad, el conflicto es improbable que se
resuelva. Incluso si alcanzamos una solución mecánica sobre lo
material, el conflicto a menudo reaparecerá, expresado de alguna otra
manera.

Las disputas familiares afectan las identidades personales y sociales


así como otras necesidades psicológicas, de forma que ningún otro
tipo de conflicto lo hace. Los niveles de implicación en el conflicto así
como el impacto de su resultado son enormes. Los conflictos
familiares no implican sólo la identidad de los disputantes, sino que
también tratan de la identidad de los otros afectados por la disputa,
niños, abuelos, y otros familiares. Una disputa familiar no sólo afecta
la identidad de los individuos sino que también lo hace a la identidad
de la familia como sistema interpersonal, económico y social (Taylor,
2002).

Las disputas familiares afectan las identidades personales y


sociales así como otras necesidades psicológicas, de forma que
ningún otro tipo de conflicto lo hace

El autoconcepto, la autoestima, el sentido de integridad personal,


descansan, en gran medida, en el resultado de estos conflictos
familiares, y no digamos nada en el estilo de vida, valores, y las
creencias más profundas.

En segundo lugar, todas las personas en conflicto acarrean, como


bien saben los especialistas en mediación familiar, un cierto grado de
enfado, ira-cólera, e indignación. Pero este nivel emocional es mayor
en los conflictos familiares que en otros tipos de disputas. Los
conflictos familiares son algunos de los conflictos más amargos y
destructivos debido a la naturaleza autoimplicatoria de estos
conflictos. Por ello, a pesar de que la máxima de Fisher y Ury (1991)
"separa la persona del problema" se ha convertido en el mantra de
muchos mediadores, este consejo no siempre es posible, e incluso
deseable en los casos de conflicto y mediación familiar (Taylor, 2002).

Los conflictos familiares son algunos de los conflictos más


amargos y destructivos debido a la naturaleza autoimplicatoria de
estos conflictos

Hay tres tipos de reacciones emocionales que se encuentran en los


conflictos familiares: 1-enfado, ira-cólera, 2-indignación y 3-hostilidad y
comportamiento agresivo (Taylor, 2002). La ira y la cólera, o el enfado
en su versión más suave, son reacciones emocionales naturales que
las personas experimentan cuando encuentran dificultades (barreras)
para conseguir sus objetivos. Esta emoción tiene diversos niveles de
intensidad desde una irritación ligera hasta la rabia. Niveles medios de
intensidad permiten que las personas respondan con todas sus
facultades; pueden discutir, pensar en soluciones y tratar de negociar.
A medida que la intensidad se incrementa disminuye
proporcionalmente la habilidad para responder racionalmente.
Además, otra implicación importante para los conflictos y mediación
familiar, es la capacidad que los miembros de una familia tienen de
activar y elevar el arousal fisiológico de los otros miembros familiares.

Cuando alguien te ha hecho daño físico o mental, o ha manchado tu


reputación, autoconcepto o estatus dentro de un sistema, no sólo se
produce el enfado o cólera, sino que se desarrolla una percepción de
injusticia, con lo que se desarrolla un sentido de indignación. Se ha
cuestionado la dignidad, integridad y personalidad de uno. Incluso en
las ocasiones en las que el conflicto ha sido resuelto completamente, y
todas las barreras han sido eliminadas, lo que sigue susurrando en el
oído del que cree (de manera correcta o equivocada) que ha sido
atacado o herido, es la percepción negativa que se ha expresado
sobre uno mismo. Resolver el conflicto puede frenar la escalada del
conflicto, pero la pérdida de la cara y la disminución de la
autopercepción positiva conectadas al conflicto, pueden perdurar
indefinidamente. Esto puede hacer que la resolución emocional del
conflicto sea más difícil (las tres dimensiones de la resolución de
conflictos: solución cognitiva, solución emocional y solución
comportamental).

El leifmotif de la injusticia interaccional percibida continúa jugando un


papel en la dinámica interactiva hasta que al menos seamos capaces
de hablar del tema abiertamente y hasta que cierto grado de
arrepentimiento, remordimiento o excusas son ofrecidas o percibidas.
No es suficiente resolver el problema y crear alternativas.

Aunque la hostilidad y agresión son temas específicos y patológicos


que requieren un tratamiento delicado y detallado, aquí hacemos
referencia a ese estado o comportamiento por la relevancia que tiene
en el conflicto familiar. El tópico de cuál es la causa por la que una
persona se vuelve hostil, agresiva e incluso violenta, es importante en
muchos campos de la ciencia y preocupación de muchas disciplinas,
sociología, psicología, profesionales de la justicia y el derecho, y otras
áreas que tienen que ver con el conflicto y el poder. En familia,
sabemos que el conflicto familiar puede desencadenar reacciones
severas y puede crear el clima en el cual los hijos aprenden como los
adultos usan el control, el abuso y la violencia.

Mientras que los conflictos familiares engendran enfado, ira-cólera en


casi todas las ocasiones, e indignación en muchos casos, hay pocas
ocasiones en los que la hostilidad y la agresión sean la pauta
dominante en las interacciones entre los miembros de la familia.

Los conflictos de valores son algunos de los más difíciles de resolver


dentro del entorno familiar. Los valores son lo básico de nuestro
sistema de creencias, y por esto, estos desacuerdos son los más
difíciles de resolver. Los desafíos a nuestros valores son desafíos a
nosotros mismos. Respondemos con tenacidad y de un modo
defensivo. En los conflictos que están involucrados diferentes valores,
es difícil abandonar viejos patrones y escoger nuevas respuestas.

Resolver conflictos que implican diferentes valores, no implica,


necesariamente, un reestructuración de los valores de las partes. A
menudo el reconocimiento de que cada uno ve el mundo y la situación
inmediata de diferente manera, ayuda a resolver los problemas más
fácilmente. De nuevo, si un conflicto basado en la diferencia de
valores es resuelto exclusivamente al nivel de recursos o necesidades,
reaparecerá en otras ocasiones.

Resolver conflictos que implican diferentes valores, no implica,


necesariamente, un reestructuración de los valores de las partes. A
menudo el reconocimiento de que cada uno ve el mundo y la
situación inmediata de diferente manera, ayuda a resolver los
problemas más fácilmente

4.3 Funciones y disfunciones del


conflicto

El punto de vista inicial de la mayor parte de la gente sobre el conflicto


es que es fundamentalmente "malo" o disfuncional. Esta noción tiene
dos aspectos: en primer lugar el conflicto es una indicación de que
algo está mal o de que hay un problema que necesita ser
"solucionado", en segundo lugar, el conflicto produce consecuencias
destructivas. Deutsch (1973) y otros (Folger, Poole, y Stutman, 1993;
Hocker y Wilmat, 1985) han estudiado algunos de los elementos que
contribuyen a la imagen destructiva de los conflictos:
1. Procesos competitivos. Las partes compiten unas contra otras
porque creen que sus objetivos son opuestos y, por lo tanto, no
pueden ser alcanzados por ambas partes a la vez. Sin embargo, con
frecuencia, los objetivos de las partes no son opuestos y no es
necesaria la competición. Además, como veremos a la hora de hablar
de la escalada del conflicto, los procesos competitivos tienen una serie
de efectos secundarios que llevan a la radicalización del conflicto que
motivó el proceso competitivo.

2. Distorsiones perceptivas y sesgos. A medida que el conflicto se


intensifica las percepciones se distorsionan. La gente tiende a ver las
cosas de forma consistente con la propia perspectiva del conflicto, e
interpreta las personas y sucesos de modo extremo, "conmigo" o
"contra mí". Además, el pensamiento se vuelve estereotipado y
sesgado -las partes en conflicto son sensibles a los sucesos que
apoyan su posición, mientras que rechazan de inmediato aquellos que
se sospecha la contradicen-.

3. Emocionalidad. Los conflictos tienden a cargarse emocionalmente a


medida que las partes se van volviendo ansiosas, irritadas, enojadas,
furiosas o frustradas. Las emociones tienden a dominar el
pensamiento, mientras que a medida que el conflicto escala las partes
se vuelven más emocionales e irracionales.

4. Disminución de la comunicación. La comunicación decrece. Las


partes tienden a interrumpir la comunicación con las personas con las
que desacuerdan, y a incrementarla con las que se está de acuerdo.
Cuando la comunicación se da, normalmente va dirigida a derrotar o
desprestigiar el punto de vista contrario, o bien a fortalecer los propios
argumentos.

5. Difuminación de los problemas. Los asuntos centrales de la disputa


se difuminan y pierden definición clara. Las generalizaciones abundan.
Asuntos nuevos y no relacionados se suman a la disputa a medida
que esta escala, hasta tal punto que en un momento dado las partes
no recuerdan claramente que es lo que comenzó la disputa.

6. Compromisos rígidos. Las partes se aferran a posiciones. En el


transcurso del conflicto los individuos se comprometen cada vez más
con sus puntos de vista y están menos dispuestos a dar "su brazo a
torcer", por miedo a perder la cara o parecer débil. Los procesos
cognitivos se vuelven rígidos y se tiende a simplificar los asuntos, en
vez de verlos en su complejidad y multidimensionalidad.
7. Exagerar las diferencias, minimizar las similitudes. A medida que las
partes se fijan a los compromisos, y los asuntos se difuminan, tienden
a ver sus posiciones como polarmente opuestas, aunque no lo sean.
Se realzan y enfatizan todos los aspectos que los distinguen y
separan, mientras que se simplifican y minimizan los aspectos
comunes compartidos.

8. Escalada del conflicto. Tal como los puntos anteriores sugieren,


cada parte se atrinchera en sus puntos de vista, se vuelve menos
tolerante, menos comunicativo, más defensivo y emocional. Como
resultado, las partes intentan ganar incrementando los recursos y la
tenacidad que están dispuestos a utilizar para conseguirlo. Ambas
partes creen que incrementando la presión (recursos, compromiso,
entusiasmo, energía, etc.) el otro capitulará y aceptará la derrota.
Como la mayor parte de los conflictos destructivos nos enseña, ¡nada
más lejos de la realidad!.

Todas estas características son asociadas comunmente al conflicto,


pero realmente no lo son, definen exclusivamente los conflictos
destructivos. De hecho, como muchos autores sugieren, los conflictos
pueden ser productivos.

En el modelo que defendemos, el conflicto no es ni positivo ni


negativo, ni destructivo ni productivo, es ambos a la vez. Es el modo
en el que nos enfrentamos a él lo que hará que tome un curso
destructivo o productivo. Este es el objetivo y el leif motiv del libro y de
la disciplina que tratamos, no eliminar el conflicto, sino aprender a
manejarlo de tal manera que controlemos los elementos destructivos y
dejemos vía libre a los productivos.

4.4 Análisis del conflicto

El análisis del presente apartado lo realizamos siguiendo el plano del


conflicto desarrollado por Jean Paul Lederach (Lederach, 1989;
Lederach y Chupp, 1995).

El conflicto, frecuentemente, suele aparecer como un proceso


excesivamente complejo y difícil de manejar. Pero si nos fijamos,
independientemente de su complejidad, una vez comenzado, un
conflicto suele manifestar ciertos rasgos. En conjunto forman una
estructura que lo definen. Esta estructura es relativamente simple y
está compuesta por la interacción de tres elementos: personas,
proceso y problema (figura 4.4). Cualquiera de estos elementos, o
una combinación de ellos, puede ser la causa del conflicto, y en
cualquier caso, siempre estarán presentes en el desarrollo y resultado
de una disputa. Analicemos cada uno de ellos con más detalle.

Figura 4.4: Estructura del conflicto (Lederach, 1989).

4.4.1 Las personas

Este elemento de la estructura del conflicto incluye tanto a las


personas implicadas en el conflicto, ¿quién está involucrado?, como a
los elementos psicológicos tales como los sentimientos, emociones,
autoestima, percepciones individuales, y conceptualización del
problema y personas, por parte de los implicados en el conflicto.

La primera tarea al analizar un conflicto sería, pues, el comprender la


magnitud del problema. ¿Quién está involucrado?, ¿qué papel tiene?,
¿cuánta influencia tiene?. En algunos conflictos interpersonales, sólo
habrá dos personas implicadas, pero en la mayoría de ellos, siempre
habrá otras personas que aunque no estén directamente involucradas,
pueden influenciar la dirección y el resultado del proceso. Por otra
parte, la mayor parte de los conflictos sociales implican la participación
de múltiples personas y grupos, incluso si en su origen sólo hubo
problema entre dos.

En segundo lugar, debemos dirigir nuestra mirada hacia los aspectos


más estrictamente psicológicos. Debemos tener en cuenta que cada
persona involucrada en un conflicto tiene valores, intereses,
necesidades, y una perspectiva sobre el problema que motivan y
encauzan sus acciones. Además, su perspectiva se forma de acuerdo
a como le afectó lo sucedido; cuando se explica la propia perspectiva,
siempre se mezclan los sentimientos con los hechos.

Debemos tener en cuenta que cada persona involucrada en un


conflicto tiene valores, intereses, necesidades, y una perspectiva
sobre el problema que motivan y encauzan sus acciones

Teniendo en cuenta lo anterior, al analizar todo conflicto deberíamos


tener en cuenta lo siguiente (Lederach y Chupp, 1995):

a) Identificar los grupos y las personas involucradas.


1. ¿Quiénes están directamente implicados?

2. ¿Quiénes están indirectamente implicados, pero tienen interés o


pueden influenciar el resultado?

3. ¿Qué tipo de liderazgo siguen?

4. ¿Qué bases de influencia y poder tiene cada uno sobre los demás?,
¿es una relación de iguales o existe la desigualdad?, ¿en qué forma?

5. ¿Existen ahora o pueden existir, coaliciones entre los grupos?,


¿entre quiénes?, ¿por qué?

b) Percepción del problema.

1. ¿De qué manera perciben el problema?, ¿cómo lo describen?

2. ¿Cómo les ha afectado?

3. ¿Qué sentimientos sobresalen?, ¿en qué nivel de intensidad?

4. ¿Qué soluciones (posturas) sugieren?, ¿qué necesidades e


intereses representan?

5. ¿Cuáles son las diferencias de percepción?

6. ¿De qué manera puede replantearse, para mejorar la percepción?

Si pretendemos intervenir para facilitar la resolución del conflicto,


además de ser conscientes y analizar el papel de este componente
(personas) en la estructura general de la disputa a la que nos estamos
enfrentando, deberemos:

1. Promover la comprensión y elicitación de las emociones.

2. Facilitar el reconocimiento de las necesidades humanas, de manera


que esos sentimientos se puedan explicar, justificar y, finalmente,
desahogar.

3. Tomarse el tiempo necesario para escuchar, y mostrar respeto por


la dignidad básica de todas las personas como seres humanos.

4. Apoyar, no amenazar, la autoestima.

5. Profundizar en las percepciones y conceptualizaciones de la


situación y de los otros.
6. Ayudar a identificar cómo el comportamiento de los otros, y la
situación en general, les ha afectado.

4.4.2 El proceso

El proceso es la manera en que el conflicto se desarrolla y como la


gente trata de resolverlo, para bien o para mal. Pero,
fundamentalmente, se refiere al modo en como se toman las
decisiones y como la gente se siente sobre ello. Con frecuencia
pasamos por alto el proceso de toma de decisiones como causa clave
de muchos conflictos; sin embargo, en muchas ocasiones, es
precisamente en este proceso donde surgen los resentimientos,
sentimientos de ser tratado injustamente, y una sensación de
indefensión. La gente que se siente excluida o que percibe que no
puede influir sobre decisiones que afectan su propia vida, cooperará o
apoyará dichas decisiones en raras ocasiones. Probablemente no se
opondrá abiertamente a tales decisiones, pero, en cualquier caso, la
relación se verá afectada de modo subrepticio e indirecto.

El proceso es la manera en que el conflicto se desarrolla y como la


gente trata de resolverlo, para bien o para mal. Pero,
fundamentalmente, se refiere al modo en como se toman las
decisiones y como la gente se siente sobre ello

En todo este proceso es importante analizar, también, los medios de


comunicación, así como la dinámica de intensificación (escalada) que
habitualmente se produce. A medida que el conflicto se identifica, la
comunicación suele empeorar, la gente tiende a apoyarse más en su
postura y cada vez menos a escuchar al otro, es corriente que se
recurra a estereotipar al adversario o a insultarle y, finalmente, las
personas en conflicto casi siempre buscan a otros para apoyarse -
cuando se tiene un problema con alguien, se habla de él en lugar de
hablar con él-, con lo que se perpetua la mala información, se crean
estereotipos y se forman coaliciones que no llevan a nada más que a
extremar el conflicto y dificultar su resolución. Teniendo en cuenta
todo lo anterior deberíamos analizar (Lederach y Chupp, 1995):

a) La dinámica del conflicto.

1. ¿Qué asunto (o asuntos) lo empezó o causó todo?.

2. Al intensificarse:
- ¿Qué otros problemas se añadieron?.

- ¿Qué grado de polarización existe entre los grupos?.

- ¿Qué actividades han aumentado el conflicto?.

- ¿Cuáles son las influencias moderadoras?.

b) La comunicación.

1. ¿De qué manera se comunican?.

2. ¿Quién habla a quién, cuándo, cuánto y por qué?.

3. ¿Existen alteraciones entorno a la comunicación (estereotipos, mala


información, rumores, etc.).

4. ¿De qué manera podría mejorarse la comunicación?.

El objetivo de nuestros intentos de transformar el conflicto será


reforzar a la gente para que funcionen como iguales, estructurar un
proceso de toma de decisiones que implique a todos los afectados por
las decisiones y que les haga sentirse confortables con dicho proceso,
para lo cual deberemos:

1. Poner de manifiesto los patrones de comunicación implicados en el


proceso de toma de decisiones.

2. Descubrir el sentir de la gente en torno al modo de tomar las


decisiones.

3. Entender el equilibrio o desequilibrio de poder de la relación.

4. Desarrollar un proceso que parezca justo e incluya a todas las


personas afectadas por las decisiones.

4.4.3 El problema

Hace referencia a las diferencias y asuntos que enfrentan a las


personas. Los problemas pueden ser de distinto tipo, tal y como
hemos visto en el círculo del conflicto: diferentes valores, diferentes
puntos de vista sobre como tomar las decisiones, incompatibilidad de
necesidades o intereses, diferencias en torno al uso y distribución de
recursos limitados (tierra, dinero, tiempo), etc. Frecuentemente, nos
referimos a este aspecto como las raíces "reales" que causan el
conflicto, con respecto a las cuales la gente tiende a desarrollar
posiciones a las que se apega.

La comprensión de un conflicto se facilita si distinguimos entre los


siguientes términos: asuntos, intereses, necesidades y posiciones. Los
asuntos se refieren a las distintas áreas de discrepancia o
incompatibilidad que se han de tratar para solucionar el problema,
los intereses son los beneficios potenciales por alcanzar un objetivo
particular, es decir, el por qué cada uno de los asuntos importa a las
personas, las necesidades son lo indispensable, lo mínimo necesario
para satisfacer a una persona en cuanto a los sustantivo, lo
psicológico, y al proceso seguido para resolver el problema, las
posiciones hacen referencia a los comportamientos y actitudes
concretas adoptados para resolver el conflicto.

Frecuentemente, nos referimos a este aspecto como las raíces


"reales" que causan el conflicto, con respecto a las cuales la gente
tiende a desarrollar posiciones a las que se apega

En relación a este elemento de la estructura del conflicto deberemos


analizarlo conforme a los siguientes pasos (Lederach y Chupp, 1995):

a) Describir el meollo del conflicto.

1. ¿Cuáles son los intereses, necesidades y valores de cada uno?

2. ¿Qué es lo que le preocupa a cada uno?, ¿qué proponen para


resolverlo?

3. ¿Por qué les interesa esta solución en particular?

4. ¿Cuáles son los intereses de cada uno?, ¿quién gana o pierde


según las soluciones propuestas?

5. ¿Cuáles son las necesidades humanas elementales que motivan a


cada uno (seguridad, autoestima, comida, posibilidad de trabajo, etc.?

6. Para que estén satisfechos con un acuerdo: ¿cuáles de estas


necesidades se tomarán en cuenta y deberán figurar en la solución
final?
7. ¿Qué diferencia de valores existen y hasta qué punto juegan un
papel importante?

b) Hacer una lista de los puntos concretos para resolver:

1. Problema global: ¿cuáles son los puntos que se deben resolver?

2. ¿La manera de tomar decisiones es un problema?.

c) Análisis de los recursos existentes que pueden regular las


diferencias esenciales:

1. ¿Qué factores limitan las acciones y posturas extremistas de cada


uno?

2. ¿Quiénes son las personas que pueden jugar un papel


constructivo?

3. ¿Cuáles son los objetivos alcanzables que todos pueden aceptar?

4. ¿Cuáles son los intereses y necesidades que tienen en común o los


que no son mutuamente exclusivos y opuestos?

5. ¿Qué propuestas están dispuestos a hacer?

En el intento de resolver un conflicto deberemos ayudar a identificar


cuáles son las necesidades e intereses subyacentes y evitar centranos
en discusiones sobre soluciones "posicionales", para lo cual nuestros
intentos irán dirigidos hacia:

1. Clarificar las áreas de interés y los problemas específicos,


separando las personas de los problemas.

2. Descubrir las necesidades e intereses básicos subyacentes a los


problemas.

3. Identificar los principios y valores comunes.

4.5 Parámetro de los conflictos


interpersonales

Para regular el conflicto siempre se parte del mismo punto:


comprenderlo (Lederach, 1989). Difícilmente podremos afrontar la
solución de una situación de conflicto sino entendemos de qué se trata
y cómo se ha desarrollado. No hay dos conflictos interpersonales que
sean idénticos, cada uno de ellos está caracterizado por atributos
únicos dependiendo del lugar, las personas y los problemas
implicados. Sin embargo, los conflictos interpersonales, y de hecho,
todos los conflictos humanos, están definidos por características
similares. Una vez que entendemos dichos parámetros, estamos más
capacitados para enfrentarnos a ellos y facilitar una resolución de los
conflictos. A continuación describimos tales parámetros comunes
(Cohen, 1995).

Sin embargo, los conflictos interpersonales, y de hecho, todos los


conflictos humanos, están definidos por características similares

4.5.1 Historia
Se entienden mejor los momentos álgidos de los conflictos si los
consideramos como el resultado de una serie de sucesos que lo
preceden. Todos los conflictos interpersonales tienen su historia:
comportamientos pasados, experiencias, conversaciones y
percepciones, que tomados en su conjunto definen el conflicto. Como
el argumento de las novelas, los conflictos tienen un comienzo, un
desarrollo e, inevitablemente, un final. Estas historias pueden haberse
desarrollado durante años, días, e incluso horas, pero, raramente,
suceden en un instante. Sin embargo, los observadores externos
captan la existencia de un conflicto cuando éste ha venido ya
desarrollándose durante algún tiempo.

4.5.2 Escalada/Intensidad
Aunque vamos a dedicar un apartado entero a este proceso, aquí
mencionaremos brevemente que los conflictos interpersonales
raramente son sucesos aislados. Normalmente, los conflictos se
desarrollan de manera semejante a un partido de tenis. Una de las
partes actúa, la otra responde, respuesta que es recibida por la
primera parte y que sirve para ser contestada adecuadamente. Cada
reacción de una parte sirve para ayudar a determinar la reacción de la
otra. Como resultado, el nivel de tensión o intensidad de un conflicto
no es estático. La tensión entre las partes escala o desescala durante
el curso del conflicto. Posteriormente analizaremos las características
que llevan a la escalada o desescalada del conflicto.
4.5.3 Necesidades psicológicas

La tercera característica de los conflictos interpersonales se refiere a


la vida interior, individual de cada una de las partes. Concretamente se
refiere al grado en que un conflicto se enreda con la intención de los
sujetos de dar satisfacción a sus necesidades psicológicas y
personales. Estas dimensiones internas pueden influenciar la dinámica
de un conflicto interpersonal, tanto como lo que externamente ocurre
entre las partes.

Veamos, todos los individuos, independientemente de su edad, sexo,


religión y tradición cultural, comparten unas necesidades psicológicas
básicas que se esfuerzan en satisfacer. Estas necesidades incluyen la
necesidad de sentirse a salvo y seguro, de ser amado, tener el control
de la propia vida, pertenencia, etc. Satisfacer estas necesidades es
tan necesario para la salud psicológica como el aire, el agua, el
alimento, lo son para la salud física (Alzate y González,1997).
Abraham Maslow formuló una jerarquía de valores que aparece
representada en la figura 4.5.

Concretamente se refiere al grado en que un conflicto se enreda con


la intención de los sujetos de dar satisfacción a sus necesidades
psicológicas y personales

Este parámetro ayuda a explicar el porqué la autoestima es una


ventaja poderosa a la hora de resolver conflictos. Las personas con
alta autoestima se sienten fundamentalmente "bien", aceptan sus
necesidades psicológicas como normales y asumen que serán
satisfechas; por ello, son capaces de tolerar mejor períodos de
necesidades insatisfechas, sintiéndose menos amenazados por el
comportamiento de los demás y, finalmente, tendiendo a satisfacer
esas necesidades de la manera más directa y prosocial posible. Por el
contrario, los sujetos de baja autoestima, acostumbrados a largos
períodos de necesidades insatisfechas, han aprendido que dicha
satisfacción es insegura, por lo que tienden a conseguirla de forma
indirecta, ya que, en el pasado, los métodos directos han mostrado su
ineficacia.

Figura 4.5: Jerarquía de necesidades de Maslow.


4.5.4 Desencadenantes del conflicto

Un desencadenante de conflicto es un incidente que focaliza y


externaliza un conflicto. Tal y como hemos visto en los puntos
anteriores, un conflicto puede tener unos orígenes intrapersonales
complejos, y las partes comparten una historia de tensiones y
malentendidos que se remontan a semanas o incluso años. Los
desencadenantes del conflicto liberan la tensión acumulada y dan
lugar a experiencias, en ocasiones dramáticas, de conflicto. Con
frecuencia los desencadenantes del conflicto no están relacionados
con el problema básico subyacente que es la auténtica causa del
conflicto.

Los desencadenantes del conflicto liberan la tensión acumulada y


dan lugar a experiencias, en ocasiones dramáticas, de conflicto

Para ilustrar como funcionan estos desencadenantes, recordemos, por


ejemplo, los disturbios que se produjeron en Los Angeles, California,
en 1992, como consecuencia del veredicto de un jurado sobre el
apaleamiento de un ciudadano de color llamado Rodney King. Dichos
disturbios, obviamente, estaban alimentados por una larga historia de
tensiones no resueltas y necesidades no satisfechas, más que por la
propia rabia que el veredicto pudo producir.

4.5.5 Percepciones

Un factor fundamental que lleva a muchos conflictos interpersonales


es la discrepancia entre la realidad y lo que las partes perciben como
real. La causa de tal discrepancia es debida a que el modo en que
percibimos y damos sentido al mundo, es un proceso complejo y
subjetivo. Cotidianamente, nos enfrentamos a un extraordinario
volumen de percepciones, por lo que nos es imposible confirmar el
significado de cada una de nuestras percepciones. Normalmente, nos
conformamos con inferir las intenciones de los otros. Un elemento que
todavía complica más este proceso es el hecho de que el ser humano
no es un receptor neutral de información. Todo lo que el individuo
percibe es filtrado a través de sus creencias, experiencias pasadas,
valores, ideas y prejuicios. Normalmente, las partes en conflicto al
observar los mismos comportamientos, realizan diferentes
atribuciones e interpretaciones de ellos. En general, estas diferencias
en percepción son un terreno abonado adecuado para la aparición de
los conflictos interpersonales.

Normalmente, las partes en conflicto al observar los mismos


comportamientos, realizan diferentes atribuciones e
interpretaciones de ellos

4.5.6 El papel de los participantes no implicados

Un último parámetro del conflicto interpersonal es el papel que juegan


las personas que rodean el conflicto pero que no son protagonistas
directos de él. Estas personas a las que podríamos
denominar participantes no implicados, hacen que los conflictos
escalen o desescalen, a pesar de que no les afecte a ellos
directamente.

Para entenderlo, en primer lugar, deberíamos considerar la atracción


que las personas sienten hacia los conflictos de los otros. Los
conflictos son impredecibles y de fuerte intensidad emocional, y
cuando escalan hasta la violencia física exhiben un drama humano
extraordinario que ejerce una fascinación casi primitiva. Pero los
conflictos no ejercen su fascinación sólo por el puro espectáculo, sino
que, en ocasiones, los conflictos pueden dar satisfacción a las
necesidades psicológicas de aquellos que no están directamente
implicados en ellos. Identificarse con una de las partes en conflicto
puede llevar al individuo a cargar de sentido esa acción,
identificándose con algo que se considera "correcto", y haciéndole
sentir que pertenece a algo.

Desafortunadamente, la influencia de los participantes no implicados


lleva en más ocasiones a la escalada del conflicto que a su contrario.
Son frecuentes los comportamientos del tipo animar, extender
rumores, confirmar las distorsiones, radicalizar, etc. Sin embargo,
también se puede ayudar a desescalar los conflictos interpersonales.
Comportamientos que ayudan a la desescalada son, por ejemplo,
hablar con las partes en privado, ayudar a cambiar las emociones y
formular soluciones constructivas, actuar formal o informalmente como
mediadores, etc.
Desafortunadamente, la influencia de los participantes no
implicados lleva en más ocasiones a la escalada del conflicto que a
su contrario

Capitulo 5

Introducción

La mayor parte de los investigadores coinciden en que el conflicto, en


todos los niveles, tiene una dinámica previsible. Mirando
metafóricamente al conflicto, podríamos describirlo como una obra de
teatro que se desarrolla en tres actos (Rubin, 1993). En el primer acto,
el conflicto escala. Se van produciendo una serie de transformaciones
incrementales que, aunque ocurren separadamente en cada parte,
afectan al conflicto en su totalidad, ya que, habitualmente, son
reflejadas por la otra parte. En el segundo acto, el conflicto llega a su
clímax, se produce un estancamiento, el conflicto no escala más,
incluso en las circunstancias en las que todavía no existe voluntad de
generar un proceso de acuerdo. En el tercer acto, se dan los
movimientos hacia el acuerdo, las partes comienzan a desescalar el
conflicto.

Obviamente, no todos los conflictos siguen el ciclo completo, unas


veces se solucionan antes que escale, otras no pasan del punto del
estancamiento, o bien, en otras ocasiones, el conflicto se estabiliza
por el dominio de una de las partes, por el abandono de uno de ellos,
o, simplemente, por que adoptan un patrón de inactividad a la espera
de tiempos mejores. Veamos, con cierto detalle, cada una de estas
tres fases.

5.1 El ciclo del conflicto1

La experiencia de cada uno de nosotros en las situaciones de conflicto


parece que sigue una serie de fases que hacen que perpetuemos el
ciclo, que puede ser positivo o negativo. Examinando el ciclo junto con
los estudiantes, podremos proporcionarles un vocabulario y un mapa
que represente la forma en que el conflicto opera en nuestras vidas.
Figura 5.1: El Ciclo del Conflicto.

1 (Adaptado de Community Boards y Alzate, 2000)

5.1.1 Fases del ciclo

Fase 1: actitudes y creencias

El ciclo empieza por nosotros y por nuestras actitudes y creencias


sobre el conflicto. Como hemos visto, nuestras creencias y actitudes
tienen su origen en diversas fuentes, como por ejemplo:

• Los mensajes que hemos recibido en la infancia sobre los


conflictos.
• Los modelos de conducta de padres, profesores y amigos.
• Las actitudes y conductas vistas en los medios de comunicación
(televisión, películas, etc.).
• Nuestras propias experiencias con los conflictos.

Examinemos, por ejemplo, algunas de las actitudes y creencias


negativas que subyacen en el ciclo negativo del conflicto familiar, y
que interfieren cuando tratamos de aprender a pelear en forma
constructiva (Rubin y Rubin, 1989).

- Pelear es malo. No sólo es absurdo percibir la pelea como algo


intrínsecamente malo, sino también ignorar el crecimiento y cambio
que encierra. No hay nada esencialmente malo en la pelea, siempre
que sea justa y que no esté motivada por el simple hecho de causar
daño. Permite que los sentimientos ocultos salgan a la superficie sin
desgarramientos y que los que hasta el momento estaban sumergidos
sean descubiertos en lo que debería ser un ambiente seguro: la
familia. La pelea no es esencialmente mala, pero es necesario
aprender a distinguir cuándo es útil, saludable y orientada hacia el
crecimiento y cuándo es destructiva y produce sólo mayores peleas y
heridas.

- La familia que se pelea habitualmente está enferma y necesita


ayuda. Por el contrario, podemos afirmar que una familia que se pelea
habitualmente dentro de límites razonables, reduciendo el riesgo de
ocasionar daños graves, es saludable y vital y no enferma.

- La pelea familiar puede evitarse. La pelea familiar no sólo no es


inevitable sino que no debería evitarse. Es importante, por supuesto,
que aprendamos dónde, cuándo y cómo intervenir, de modo que lo
que podría ser simplemente un generador de irritación y de heridas
pueda convertirse en generador de luz y crecimiento. Sin embargo, a
veces una pelea tienen su propio motivo, que no podrán frenar -ni
deberían hacerlo. Todo el análisis , la reflexión y los mejores deseos.
A veces no es más que una forma de combatir el aburrimiento y la
ansiedad.

- Todas las disputas familiares pueden resolverse mediante un


acuerdo. "Nunca dejes que se ponga el sol sobre tu ira" es una
antigua fórmula que se propone como filosofía orientadora en las
disputas familiares. "Antes de irse a dormir hay que terminar la pelea,
darse un beso y hacer las paces". Este es un abordaje militarista del
conflicto familiar, porque cuando los desacuerdos son graves, sólo
puede haber conciliación si uno o más de los contendientes capitulan
respecto de una posición que es elemental para sus sentimientos,
forzados por un adversario de gran vigor, voluntad y temperamento.
De ningún modo esto es un acuerdo

- Una vez que la pelea familiar se resuelve, está definitivamente


resuelta. Algunas personas se sorprenden de que una disputa
"resuelta" tiempo atrás, de pronto aflore bajo una nueva forma, pero
tan desagradable como antes. Pensábamos que habíamos superado
eso definitivamente. La vida en familia no es así. Hay varias razones
para la reaparición de esas disputas y conflictos, algunas de ellas las
veremos en la sección posterior (p.e., sentimientos de indignación que
permanecen a pesar de la consecución de acuerdos). Pero en
cualquier caso el contexto familiar es un contexto que perdura en el
paso de tiempo, y a lo largo de ese lapso, todos crecemos,
maduramos y cambiamos. Por ello, es muy difícil fijar las personas y
cosas como si fuera con clavos, para que estén donde las dejamos
cuando volvamos a prestarles atención. La respuesta es la flexibilidad:
aprender a vivir haciendo frente a una eterna ambigüedad; tolerar el
cambio que se produce en nosotros y en los demás; advertir que no
existe una única respuesta; considerar el proceso mismo de la pelea
como causa de enriquecimiento y no tratar simplemente de solucionar
el conflicto y enterrarlo.

- Padres e hijos son enemigos declarados. Otra tontería. Las


necesidades de los padres coinciden ampliamente con las de los hijos.
A menudo es tarea difícil en determinadas situaciones encontrar áreas
de interés común pero, una vez localizadas, la atención de la familia
debe centrarse en estas áreas que unen más que en las que dividen

Aunque estas seis interpretaciones erróneas del conflicto son las más
comunes, no son las únicas que podemos encontrar. Probablemente,
cada uno de nosotros ha crecido con su propio bagaje de
conocimientos erróneos, ha hecho generalizaciones a partir de sus
propias peculiaridades, y éstos pueden ser verdaderos obstáculos
para encontrar una solución a la pelea, para aprender de ella y
utilizarla como estímulo de cambio y crecimiento.

Nuestras actitudes y creencias afectan a la forma en que


respondemos cuando ocurre un conflicto.

Nuestras actitudes y creencias afectan a la forma en que


respondemos cuando ocurre un conflicto. Por ejemplo, Paula viene de
una familia en la que el conflicto nunca es expresado abiertamente.
Incluso en las muchas ocasiones en las que la tensión proveniente de
conflictos se puede sentir en la casa, todos pretenden que no pasa
nada, y nunca se expresan los sentimientos de cólera y frustración.
Estas tensiones causan estrés a todos los miembros de la familia.
Paula termina pensando que el conflicto es negativo, que causa
tensión, incomodidad, y que se debe evitar afrontar directamente los
conflictos.

Fase 2: el conflicto

En el siguiente paso del ciclo, el conflicto ocurre. En el ejemplo,


Claudia y Sandra están con un grupo de amigas. Claudia y Sandra se
conocen desde hace algún tiempo y ocasionalmente van a comer
juntas. Sandra a menudo domina las conversaciones, pero Claudia
nunca ha puesto objeciones. En esta ocasión, Claudia empieza a
hablar de sus prometedores planes de fin de semana. Tan pronto
como ella empieza a describir sus planes, Sandra interrumpe y
empieza a hablar de sus planes de fin de semana. Claudia se siente
desplazada y desconcertada en frente del grupo, y piensa que no
tienen ningún interés por lo que ella tiene que decir. Claudia está
experimentando un conflicto.

Fase 3: la respuesta

La respuesta es el punto donde empezamos a actuar. Podemos


empezar a gritar, o podemos intentar hablar sobre la situación, o
podemos simplemente abandonar. Con nuestro sistema de actitudes y
creencias personal, a menudo reaccionamos de la misma manera sin
importar cual es el conflicto en cuestión. De este modo, estas
reacciones nos pueden decir mucho sobre nosotros mismos y sobre
nuestros patrones en situaciones de conflicto (en el capítulo 2
discutiremos en profundidad la variedad de caminos con los que la
gente responde al conflicto).

En el caso de Claudia y Sandra, la respuesta de Claudia está basada


en la creencia de que la expresión de la cólera o frustración es
negativa, y que el conflicto tiene que ser evitado a toda costa. Ella
responde de una manera silenciosa y enfurruñándose. Sandra percibe
el silencio de Claudia y le pregunta a ver qué le pasa. Sandra contesta
que "nada" y se va del grupo diciendo que tiene que irse. Claudia ha
respondido sofocando sus sentimientos y negando el conflicto.

Fase 4: el resultado

La respuesta llevará siempre al mismo resultado. En este caso, el


resultado para Claudia es continuar con sentimientos de dolor,
frustración, y relaciones tensas, y quizás un sentimiento por su parte
de que no es interesante para los otros (falta de autoestima). Esta
consecuencia servirá para reforzar la creencia de Claudia de que el
conflicto es malo y que causa incomodidad y dolor. Esto tiene por
consecuencia que el ciclo se mantenga. En la mayoría de los casos, el
resultado del ciclo del conflicto refuerza nuestro sistema de creencias
y lleva a la perpetuación del mismo patrón.

5.1.2 Cambiando el Patrón

Si queremos aprender del conflicto y cambiar nuestros patrones,


necesitamos cuatro cosas:

• Tomar conciencia
• Buena disposición
• Habilidades
• Apoyo consistente

Si queremos aprender del conflicto y cambiar nuestros


patrones, necesitamos cuatro cosas:

1. Tomar conciencia
2. Buena disposición

3. Habilidades

4. Apoyo consistente

5.1.2.1 Tomar conciencia

Para romper el patrón que nos mantiene en el conflicto y para resolver


el conflicto de una manera productiva, primero necesitamos tomar
conciencia de las creencias y respuestas que perpetuan nuestra
conducta negativa. La reflexión es un paso vital para lograr esta toma
de conciencia. Podemos preguntarnos a nosotros mismos:

• ¿Cómo respondemos normalmente a las situaciones de


conflicto?, ¿Cómo sentimos y reaccionamos?, ¿negamos que
haya un conflicto?, ¿asumimos que no hay modo de que las
cosas vayan bien?
• ¿Qué puede ayudar a que el conflicto se resuelva de otra
manera?.

Las respuestas a estas preguntas pueden llevarnos a nuevas ideas


sobre nuestros sentimientos, reacciones y creencias. Ayudados por
este nuevo entendimiento, podemos empezar a identificar nuevas
alternativas de respuesta al conflicto. Con el nuevo conocimiento de
que no tenemos por qué responder de maneras que prolonguen o
empeoren el problema, podemos volver hacia la otra persona e
intentar otra respuesta. Si no es posible, podemos dar un paso
adelante en el conocimiento de nosotros mismos y de nuestras
opciones, sabiendo que, aunque el conflicto es inevitable, no tiene por
qué ser destructivo.

5.1.2.2 Buena disposición

El hecho de tomar conciencia por sí sólo, no es suficiente para


cambiar nuestro patrón habitual de comportamiento ante los conflictos.
Semejante cambio también requiere un compromiso personal -buena
voluntad para cambiar, a niveles diferentes:
• Debemos estar dispuestos a experimentar e intentar nuevos
modos de acercamiento al conflicto.
• Debemos estar dispuestos a examinar y quizás a cambiar partes
de nuestro sistema de creencias, y tomar nota de qué partes de
la estructura no nos sirve en las situaciones de conflicto.
• Debemos estar dispuestos a enfocar el conflicto -y nuestro papel
dentro de él- de un modo completamente diferente.
• Debemos estar abiertos a la crítica constructiva de los otros.

5.1.2.3 Habilidades

Una vez que hemos tomado la decisión de que hacer un cambio es


deseable, debemos aprender las habilidades necesarias requeridas
para producir el cambio. Hay tres habilidades necesarias para la
resolución de conflictos:

• La habilidad de mandar un mensaje efectivo, un mensaje en el


que se expresen claramente sentimientos y necesidades.
• La habilidad para escuchar eficazmente.
• La habilidad para escoger el enfoque adecuado en situaciones
diferentes.

La maestría en el uso de las habilidades de escucha y expresión, se


ve determinada, en gran medida, por la escalada o desescalada del
conflicto.

5.1.2.4 Apoyo coherente

Cuando enseñamos a los/as estudiantes nuevos modos para manejar


los conflictos, probablemente les estemos pidiendo que cambien
conductas fuertemente arraigadas. Además, estas conductas, con
mucha frecuencia, están reforzadas por la presión de los compañeros
y por la influencia persuasiva de los medios de comunicación. Hasta
con la buena voluntad mencionada, los cambios no sucederán rápida
o fácilmente. Por el contrario, este es un proceso continuo en el que
los/as estudiantes necesitarán guía, consejo y reconocimiento de sus
esfuerzos. Necesitarán de la ayuda de los tutores y la de sus
compañeros para observar los efectos positivos y negativos de sus
respuestas. Los profesores deben trabajar constantemente para crear
y mantener contextos, en toda la escuela, que ofrezcan el apoyo -tanto
de sus compañeros como de los adultos-, que los/as estudiantes
necesitan para hacer cambios duraderos.

Figura 5.2: El Ciclo de Conflicto (Gráfico)-Resumen

Nuestras creencias sobre el conflicto provienen de los mensajes que


hemos recibido de nuestros padres, profesores, medios de
comunicación y de nuestras propias experiencias. Estas creencias
afectan a cómo reaccionamos cuando un conflicto ocurre.

Nuestra respuesta es lo que hacemos cuando ocurre el conflicto.


Nuestra respuesta, generalmente, está basada en lo que creemos
sobre el conflicto. ¿Qué haces en un conflicto? ¿Puedes añadir algo a
la lista superior de respuestas?

Lo que hagamos en una situación de conflicto (nuestra respuesta)


llevará a un resultado. Los resultados pueden ser negativos o
positivos. Si pretendemos que nada vaya mal, el resultado puede ser
sentimientos heridos o el problema puede ir a peor. Estos son
resultados negativos. Si nos ponemos de acuerdo en hablar sin
escapismos sobre el problema, esto puede llevar al resultado positivo
de buenos sentimientos sobre nosotros mismos y la otra persona, y a
una solución del problema. Esto son resultados positivos.

Los resultados de nuestra respuesta al conflicto harán incluso más


fuertes nuestras creencias sobre el conflicto. Esto significa que
nuestro ciclo de conflicto probablemente permanecerá siendo el
mismo.

5.2 La dinámica del conflicto

Los conflictos tienen una dinámica previsible. Cuando surgen pueden


ser afrontados de manera constructiva o de manera destructiva. Si el
conflicto no se resuelve en esta primera fase, comienza un proceso
de escalada o intensificación, que puede ser interrumpido en
cualquier momento, con abordajes serios de solución. Pero los
conflictos no escalan indefinidamente, tienen una cierta capacidad de
escalada, hasta que llega un momento en el que el conflicto
se estanca. El conflicto permanecerá estancado, con sus
fluctuaciones a la alta o a la baja, hasta que, una vez que las partes
asuman su interdependencia, pueda comenzar un proceso
de desescalada.

Los conflictos tienen una dinámica previsible.

5.2.1 Intensificación o escalada

Como ya se ha explicado, si un conflicto no es convenientemente


tratado en sus primeras fases, el conflicto tiende a escalar,
produciéndose una serie de transformaciones incrementales que
hacen que el conflicto se intensifique en ocasiones hasta el punto en
que es muy difícil volver atrás, si no imposible. El conflicto sería como
una goma de caucho que podemos estirar, volviendo ésta,
posteriormente, a su posición inicial; pero si esta flexibilidad es forzada
más allá de un punto crítico, pueden ocurrir dos cosas, o bien la goma
se rompe, o bien se distorsiona no volviendo a su estado inicial y
creando una nueva morfología.

Veamos, a continuación, algunas de estas transformaciones


incrementales que producen la intensificación o escalada del conflicto.
No tenemos por qué encontrarnos con todas ellas en un conflicto
particular, pero en cualquier caso son muy comunes y extendidas
(Rubin, 1993; Pruitt y Rubin, 1986; Rubin, Pruitt y Kim, 1994).

1. En el proceso en el que las partes intentan conseguir el máximo en


un conflicto particular, se suele utilizar una amplia variedad de tácticas
y estrategias. La primera transformación se refiere a la evolución del
uso de tácticas suaves a tácticas duras. Esta transformación puede
ocurrir de diversas formas. Cambio de promesas -"si haces esto, yo
haré esto otro en tu beneficio"- a amenazas -"a menos que hagas
esto, tomaré represalias"-, de intentar persuadir -"hay un buen número
de razones para que modifiques tu comportamiento o punto de vista"-
a coacciones, de realizar afirmaciones construidas contingentemente -
"a menos que hagas esto, tomaré medidas"- a afirmaciones no
contingentes -"voy a tomar medidas"-.

Psicológicamente, resulta bastante evidente el porqué esta dinámica


del conflicto facilita el paso de tácticas suaves a tácticas duras y no
viceversa, ya que las partes consideran que se interpretaría como
debilidad el hecho de que después de utilizar la coerción y la
intimidación nos desplazáramos a tácticas más suaves.

2. En la mayoría de los conflictos se da una modificación de los


problemas en disputa a medida que los conflictos se intensifican.
Inicialmente, en general, un conflicto se desencadena alrededor de un
sólo problema, sin embargo, a medida que el tiempo transcurre, se
van añadiendo nuevos asuntos, los problemas proliferan. De una
sencilla discusión de pareja que comienza sobre quién tiene que llenar
el depósito de la gasolina, se termina mezclando multitud de
problemas relativos a la distribución del trabajo doméstico.

3. En los procesos de escalada de un conflicto, los problemas


específicos tienden a dejar paso a problemas genéricos, por lo que la
relación global entre las partes se deteriora. Con el paso del tiempo
las preocupaciones concretas, pequeñas, se ven suplantadas por
posiciones grandiosas, completamente comprensivas, que generan
una intolerancia general hacia el otro.

Un aspecto particular de esta transformación, es el desplazamiento del


desacuerdo a un antagonismo personal. Pasamos de caracterizar o
criticar un comportamiento concreto, a centrarnos en la persona.
Igualmente, diferencias sobre problemas específicos se trasladan a
acusaciones contra la otra persona, e inferencias sobre su carácter,
intenciones y motivos. En vez de centrarnos en el problema que
compartimos, la gente ve a la otra persona como el problema. Una vez
que el conflicto ha escalado hasta este punto, es muy difícil una
marcha atrás.

4. En cuarto lugar se da una transformación motivacional. Para


entender este punto, debemos recordar previamente la distinción
realizada por Deutsch (1973) entre los tres tipos básicos de
orientación motivacional ante el conflicto: orientación cooperativa -la
parte tiene un interés positivo tanto en el bienestar del otro como en el
propio; individualista -la parte tiene interés en hacerlo lo mejor posible
para su propio beneficio, mostrándose indiferente por el bienestar del
otro; competitiva -la parte tiene tanto interés en hacerlo mejor que el
otro, como en hacerlo lo mejor posible para su propio beneficio.

Dicho esto, normalmente, en las primeras fases del conflicto se da una


orientación motivacional individualista (Deutsch, 1958), caracterizada
por la búsqueda de los intereses propios independientemente de lo
que le ocurra al otro. Es decir, se busca hacerlo lo mejor posible. A
medida que el conflicto se intensifica, pasamos a una orientación
competitiva, en la que nos interesa vencer al otro. En este punto, para
lograr nuestro objetivo, necesitamos derrotar al otro, que el otro no
consiga el suyo. Finalmente, si el conflicto continúa su escalada, nos
preocuparemos cada vez más de hacer daño al otro, de lograr que no
consiga sus objetivos, a pesar de que ello implique que también
nosotros salgamos perjudicados.

5. Una última transformación se refiere al incremento en el número de


las personas implicadas. Un conflicto que comienza entre dos
personas rápidamente crecerá implicando a amigos o familiares.
Cuando las partes perciben su impotencia para conseguir sus
objetivos por sí mismos, empiezan a buscar aliados dispuestos a
participar en coaliciones o grupos de apoyo de las personas
implicadas.

Cuando el conflicto se da dentro de un grupo definido, tal como una


congregación, un partido político, o un vecindario, esta transformación
se manifiesta en un cambio en la organización social. A medida que
los problemas se intensifican, se va produciendo una polarización que
impulsa a la gente a posicionarse "con unos o con otros". Es difícil
mantenerse en un terreno neutral. La gente con posible influencia
moderadora cada vez tiene menos repercusión, mientras que las
personas más extremistas aparecen como elementos clave y piezas
centrales (Lederach, 1989).

Si un conflicto no es convenientemente tratado en sus primeras


fases, el conflicto tiende a escalar, produciéndose una serie de
transformaciones incrementales que hacen que el conflicto se
intensifique en ocasiones hasta el punto en que es muy difícil volver
atrás, si no imposible.

Resumiendo, en el primer acto de la escalada del conflicto, tenemos


una serie de transformaciones tales como cambio de tácticas blandas
a tácticas duras, proliferación del número de problemas, giro del foco
de los problemas a la personas, una transformación motivacional
negativa, y un incremento en el número de partes implicadas. Pero
interesan tanto las transformaciones enumeradas producidas durante
el proceso de intensificación del conflicto, como la maquinaria, los
procesos psicológicos que conducen dichas transformaciones. A
continuación pasamos a estudiar tres de los procesos psicológicos
que nos pueden ayudar a explicar las transformaciones mencionadas,
a saber: la percepción selectiva, las profecías autocumplidas, y el
excesivo apego a los compromisos junto al entrampamiento.
5.2.1.1 La percepción selectiva

En el proceso de intensificación de un conflicto, la gente tiende a


seleccionar lo que quiere ver sobre el adversario e ignorar el resto de
la información. De una manera llana, podríamos ilustrar la percepción
selectiva con el ejemplo de la botella medio llena o medio vacía.

Uno de los trabajos más citados de toda la psicología social, el estudio


de "Robbers Cave" (Sherif y Sherif, 1953; 1969; Sherif et al, 1961),
ofrece evidencia relacionada con este proceso. Pero, antes de
mencionar dicha evidencia, relataremos el citado experimento, dada
su importancia y repercusión en comentarios posteriores.

El estudio, una de las investigaciones más detalladas en cooperación


y competición intergrupal, se desarrolló en un campamento de verano
de niños comprendidos entre los 11 y los 12 años, los cuales no eran
conscientes de que su comportamiento era observado. El experimento
se desarrolló en tres fases. La primera fase se diseñó con el objetivo
de producir grupos con normas grupales y estructuras internas claras,
encaminado a potenciar, posteriormente, problemas intergrupales.
Esta fase de formación de grupos duró una semana. Se inició
haciendo viajar a los chicos en autobuses distintos, y alojándolos a su
llegada en cabañas separadas (una por grupo). A continuación se
llevaron a cabo una serie de actividades cooperativas dentro de cada
grupo: acampadas nocturnas, cocinar, transportar canoas por un
terreno irregular hasta el lago, etc. Cada grupo desarrolló unas
costumbres y una organización específica. En la segunda fase del
experimento, se produjo tensión y conflicto entre los grupos mediante
la creación de condiciones que conducían a la competición entre ellos.

Se crearon una serie de situaciones en las que un grupo sólo podía


conseguir sus objetivos a costa del otro grupo -p.e., torneos
competitivos con premios atractivos que sólo podían ser alcanzados
por el grupo vencedor. Como resultado, los miembros de cada grupo
desarrollaron actitudes hostiles y estereotipos desfavorables hacia los
miembros del otro grupo. Los conflictos se manifestaron en frases
despectivas, insultos, estallidos de enfrentamiento físico, incursiones o
asaltos a la cabaña del otro grupo, etc. Simultáneamente, se dio un
incremento en la solidaridad y cooperación intragrupal, junto con un
cambio significativo en las relaciones de estatus dentro del grupo,
ascendiendo en la escala los más eficaces en la competición
intergrupal. Obviamente, la armonía y cooperación intragrupal no
llevan inevitablemente a la armonía intergrupal.
En la tercera fase, se consideraron diversos enfoques para reducir el
conflicto intergrupal. Se comparó, por ejemplo, la realización de
actividades placenteras para ambos grupos, pero que no implicaban
ningún tipo de interdependencia entre ellos -ir al cine, comer en el
mismo comedor, ver juntos los fuegos artificiales del 4 de Julio, etc.-,
frente a la introducción de metas superordenadas (superordenate
goals), atractivas para los dos grupos, pero que no pueden ser
alcanzadas sin la cooperación del otro grupo. Los resultados
mostraron que los contactos intergrupales, sin la existencia de metas
superordenadas, fueron ineficaces a la hora de reducir el conflicto; de
hecho, en muchas ocasiones, dichos contactos degeneraron en
conflicto. Por el contrario, la necesidad de juntar esfuerzos para
conseguir los objetivos superordenados -reparar el sistema de
conducción de agua del campamento, previamente alterado por los
experimentadores, recoger fondos para poder alquilar una película
muy atrayente, trasladar un camión, previamente inutilizado, que les
iba a llevar a realizar una actividad atrayente para todos, etc.- llevaron
poco a poco a que las relaciones entre los grupos pasaran de un
patrón hostil a una interacción amistosa.

Volviendo al proceso de percepción selectiva, los Sherif crearon,


deliberadamente, varios grupos muy cohesionados y les animaron a
adoptar un nombre, una mascota, un color, a realizar deportes
grupales competitivos, etc. Una vez que lograron la cohesión de los
grupos, comenzaron a provocar pequeños conflictos intergrupales. A
continuación, propusieron la realización de un juego en el que los
distintos grupos debían de localizar la mayor cantidad de caramelos,
escondidos por diferentes dependencias, y depositarlos en una jarra.
Varios días después de realizado el juego, mostraron a todos los
grupos una fotografía de una jarra con caramelos. A unos grupos se
les decía que la jarra había sido llenada por su equipo, mientras que a
otros se les decía que la jarra había sido llenada por otro equipo. Los
grupos tendían a sobreestimar el número de caramelos que pensaban
su grupo había recolectado, y subestimar el número de caramelos que
hipotéticamente había recolectado el otro equipo.

Cooper y Fazio (1979) estudiaron el modo en que la percepción


selectiva colabora en la escalada de los conflictos. Distinguieron tres
formas distintas de percepción selectiva: evaluación selectiva del
comportamiento, búsqueda de la información confirmatoria, y
distorsión atribucional.

La evaluación selectiva del comportamiento se refiere al hecho de que


un mismo suceso puede ser juzgado de manera muy diferente
dependiendo si la fuente del suceso es vista como "buena" o "mala"
(White, 1984). Para ilustrar este punto no tenemos más que pensar en
el fenómeno de la devaluación reactiva (Ross y Stillinger, 1991;
Stillinger, Epelbaum, Keltner y Ross, 1992; Ross, 1995). La
devaluación reactiva se refiere a la tendencia que muestran los
negociadores de valorar de forma diferente las concesiones, bien
provengan de su propia parte, bien provengan de la otra parte.

La evaluación selectiva del comportamiento se refiere al hecho de


que un mismo suceso puede ser juzgado de manera muy diferente
dependiendo si la fuente del suceso es vista como "buena" o "mala"
(White, 1984).

Para comprobar este hecho, Stillinger et al. (1992) realizaron un


experimento en el que estudiaron la diferente valoración que los
sujetos realizaban de una propuesta de desarme realizada por
distintos actores. En enero de 1986 Mikhail Gorbachev había
propuesto un ambicioso plan de eliminación de todas las armas
nucleares para el fin del siglo XX. Unas semanas después de que la
prensa hubiera remitido su cobertura informativa, los autores
condujeron una encuesta en una zona comercial de Palo Alto con el
objeto de evaluar la valoración que la gente hacía de la propuesta. A
un grupo de personas el entrevistador atribuyó la propuesta,
correctamente, a Mikhail Gorvachev, a un segundo grupo se atribuyó a
Ronald Reagan, y a un tercer grupo se atribuyó a un grupo
desconocido de "analistas estratégicos". Los resultados fueron
bastante impresionantes. Aquellos a quienes la propuesta había sido
atribuida a Gorbachev, consideraban por clara mayoría (56%) que la
propuesta favorecía desproporcionadamente a la antigua Unión
Soviética, y solo un pequeño porcentaje consideraba que favorecía a
los Estados Unidos (16%). Inversamente, el grupo que atribuía la
propuesta a Ronald Reagan, consideraban, también por clara mayoría
(60%) que la propuesta favorecía a los Estados Unidos, mientras que
solo un 10% consideró que favorecía a la Unión Soviética. Finalmente,
entre los sujetos que atribuían la propuesta al grupo de analistas, la
respuesta más común (46%) fue la de que beneficiaba igualmente a
las dos partes, mientras que un menor y similar porcentaje pensaba
que favorecía a la Unión Soviética (34%) o a Estados Unidos (20%).

En la búsqueda de la evidencia confirmatoria hay una tendencia de


los implicados en el conflicto a atender selectivamente los aspectos
del comportamiento del otro que confirman nuestras opiniones
previas.
El siguiente aspecto de la percepción selectiva es la búsqueda de la
evidencia confirmatoria. Hay una tendencia de los implicados en el
conflicto a atender selectivamente los aspectos del comportamiento
del otro que confirman nuestras opiniones previas. Aunque los
siguientes estudios no han sido desarrollados directamente en relación
con la escalada del conflicto, resultan suficientemente ilustrativos.

Supongamos que todas las cartas de la figura 5.3 tienen un número


por un lado y una letra por el otro, y alguien te dice: "Si una carta tiene
una vocal por un lado, entonces tiene un número par por el otro".
¿Qué cartas deberías dar la vuelta para comprobar si es cierta dicha
afirmación? (Plous, 1993).

Figura 5.3: Búsqueda de la evidencia confirmatoria

Cuando Wason y Johnson-Laird (1972) presentaron esta cuestión a


128 estudiantes universitarios, encontraron que la respuesta más
común era "E y 4" (59 estudiantes), seguida de "E" (42 estudiantes).
En otras palabras, la mayor parte de los estudiantes eligieron dar la
vuelta a las cartas capaces de confirmar el enunciado. Sólo cinco
estudiantes dieron la respuesta correcta: "E y 7". Si esta respuesta
parece sorprendente, pensemos el problema otra vez de la manera
siguiente. La regla que hay que poner a prueba es "si vocal, entonces
número par", o más básicamente "si X , entonces Y". La única forma
de falsear una afirmación condicional es encontrar un ejemplo en
donde se dé "X y no Y" (p.e., vocal y número impar). Así, la única
forma de falsear la regla, son las vocales y los números impares ("E y
7"). Las cartas con consonantes y números pares, simplemente no son
relevantes.

En un terreno más social, Snyder y Cantor (1979) publicaron tres


experimentos sobre el sesgo de confirmación en la percepción social.
En el primero de ellos, todos los sujetos recibían el mismo informe
sobre una mujer llamada Jane -alguien que era extrovertida en
determinadas situaciones, e introvertida en otras. Por ejemplo, Jane
era capaz de hablar libremente con extraños mientras hacía footing,
mientras que se mostraba avergonzada y tímida en el supermercado.
Dos días después de haber leído el informe, se pedía a los sujetos
que evaluaran una de las dos proposiciones siguiente: (1) Jane era
apropiada para un trabajo asociado, normalmente, con la extroversión
(agente de ventas inmobiliarias) o (2) Jane era apropiada para un
trabajo asociado con la introversión (investigadora de biblioteca). A
unos sujetos se les decía que Jane estaba solicitando el empleo,
mientras que a otros que ya lo había conseguido. Por simplicidad, nos
centramos en los sujetos informados de la solicitud. A continuación se
pedía a los sujetos que hicieran una lista de hechos, a partir del
informe, relevantes para su adaptación al empleo. Snyder y Cantor
encontraron que los sujetos que consideraban a Jane para el puesto
de agente inmobiliario, tendían a enumerar hechos relacionados con
su extroversión como relevantes, mientras que los sujetos que la
consideraban para investigadora de biblioteca tendían, por su parte, a
destacar evidencias relacionadas con su introversión. Dicho de otra
forma, en ambas condiciones los sujetos veían la evidencia
confirmatoria como más relevante que la evidencia no confirmatoria.
Además, este sesgo confirmatorio se correlacionaba con juicios sobre
la adecuación de Jane al puesto de trabajo.

La distorsión atribucional se refiere a una de las teorías populares


más generalizadas sobre el comportamiento humano. Nos referimos
a la asunción de que el comportamiento está causado,
fundamentalmente, por las disposiciones del actor, como opuesto a
las características particulares de la situación en las que el actor
responde.

La distorsión atribucional se refiere a una de las teorías populares más


generalizadas sobre el comportamiento humano. Nos referimos a la
asunción de que el comportamiento está causado, fundamentalmente,
por las disposiciones del actor, como opuesto a las características
particulares de la situación en las que el actor responde. Esta
tendencia a atribuir el comportamiento a factores disposicionales -tales
como habilidades, rasgos, motivos- y subestimar la influencia de los
factores situacionales, es tan universal y extendida que llevó a Ross
(1977, 1978; Nisbett y Ross, 1980; Ross y Anderson, 1980; Ross y
Nisbett, 1991) a denominarla "error atribucional fundamental".

Para ilustrar este punto, resulta suficiente, por su claridad, mencionar


el experimento de Jones y Harris (1967), el primero publicado sobre
atribución de actitudes. Jones y Harris presentaron a un grupo de
sujetos un ensayo que había sido escrito o bien por una persona a la
que explícitamente le habían forzado a tomar una posición particular, o
bien por una persona que había "elegido libremente" esa posición. Los
resultados indicaron que a pesar de que los sujetos eran informados
expresamente de que el autor había sido forzado a tomar una
posición, tendían a atribuir la posición al autor. Estos hallazgos son
muy sólidos, habiéndose confirmado en diferentes estudios (p.e.,
Jones, 1979; Snyder y Jones, 1974).
En un conflicto en plena escalada, la información sobre el otro, que
apoya nuestra hipótesis previa, tiende a ser atribuida a causas
disposicionales del otro, mientras que la información que es
discrepante con nuestras hipótesis, tiende a ser atribuida a causas
situacionales. Habitualmente, nos referimos a este fenómeno con el
nombre de distorsión atribucional, y ha sido demostrado en numerosos
estudios experimentales (Hayden y Mischel, 1976; Regan, Straus y
Fazio, 1974), y en estudios sobre parejas casadas con problemas
(Bradbury y Fischam, 1992; Holtzworth-Monroe y Jacobson, 1985).

El efecto neto de la distorsión atribucional en los conflictos en


escalada, es que no hay virtualmente nada que uno pueda hacer para
disipar las expectativas negativas del otro. Si el otro se comporta de
manera desagradable, lo tomamos como indicador verdadero de sus
intenciones hostiles y de su disposición beligerante. Si muestra un
comportamiento amistoso, lo interpretamos como una debilidad
temporal.

Como es obvio, una vez que el conflicto estalla, estos tres tipos de
selección perceptiva -evaluación selectiva del comportamiento,
búsqueda de la evidencia confirmatoria y distorsión atribucional- harán
que el conflicto escale con facilidad y sea difícil una marcha atrás.

5.2.1.2 La profecía autocumplida

El término de "profecía autocumplida" fue acuñado por Robert Merton


en 1948. En palabras del propio Merton (1948, pp. 195): "La profecía
autocumplida es, en principio, una definición falsa de la situación que
evoca un comportamiento nuevo que hace que la concepción
originalmente falsa se haga realidad".

Al hablar de la percepción selectiva, tratábamos exclusivamente con


percepciones. Cuando introducimos el comportamiento en la ecuación,
obtenemos la profecía autocumplida que conecta las actitudes con los
comportamientos.

En 1968, Rosenthal y Jacobson publicaron lo que, probablemente,


constituya el estudio más famoso y mejor llevado a cabo de profecía
autocumplida. En su estudio entregaron a unos profesores una
información diagnóstica que decía que, en el próximo año, un veinte
por cien de sus estudiantes iba a experimentar un crecimiento
académico muy notable. Ocho meses después, esos estudiantes
mejoraron significativamente más que el resto de sus compañeros,
conforme a mediciones realizadas de cociente intelectual. Lo más
notable del experimento era que el veinte por ciento de estudiantes
con fuerte expectativas de progreso, había sido elegido al azar.
Aparentemente, los profesores prestaron más atención y reforzaron
más a estos estudiantes que a los demás, lo cual llevó a una mejoría
significativamente mejor.

"La profecía autocumplida es, en principio, una definición falsa de la


situación que evoca un comportamiento nuevo que hace que la
concepción originalmente falsa se haga realidad".

Un mecanismo de autorreforzamiento similar a la profecía


autocumplida, está implícito en la escalada del conflicto cuando el
punto de vista negativo sobre la otra parte le lleva a uno a
comportarse de tal manera que, al sentar mal a la otra parte, evoca
por parte de ésta un comportamiento que confirma nuestra visión
negativa. Esta es una variante de la profecía autocumplida en la
escalada del conflicto, aquella en la que la profecía se cumple porque
el otro hace algo que confirma nuestras peores sospechas.

Sin embargo, hay otra variante del mecanismo, en la que la profecía


se cumple porque la otra parte no hace nada para contradecir las
expectativas de uno. En esta variante, las concepciones previas de
una parte son confirmadas por la ausencia del comportamiento del
otro. Imaginémonos la siguiente situación. Te encuentras en una fiesta
cuando súbitamente observas a una persona que parece reservada y
se encuentra sentada aparte del resto de la gente. Tu hipótesis es que
esa persona es poco amistosa, arrogante y engreída. La verdad es
que es muy tímida, pero tú no lo sabes. No le diriges la palabra, y ella
tampoco te la dirige a tí. Cuando termina la velada estás convencido
de que es un auténtico engreído. Esta es quizás, la forma más
perniciosa de la profecía autocumplida, ya que deja a la otra persona
completamente fuera del proceso. Hay muchos ejemplos de este tipo
de profecías autocumplidas tanto en las relaciones interpersonales
como en las internacionales. Piensa en alguno de ellos.

5.2.1.3 Entrampamiento

El último mecanismo, que comentamos, que conduce las


transformaciones producidas en la escalada del conflicto, es el
entrampamiento y el apego excesivo a los compromisos previos. Nos
estamos refiriendo a la tendencia de la gente a encerrarse en un punto
de vista particular sobre el otro, y sobre el asunto en disputa,
adhiriéndose a él de manera extrema, y a menudo irracional.

Con el objeto de entender mejor la dinámica del apego a los


compromisos y del entrampamiento en cursos de acción cada vez más
intensos, consideremos dos fenómenos muy conocidos en la literatura
de toma de decisiones: el juego de la subasta del dolar y el efecto del
coste invertido.

El juego de la subasta del dolar, fue presentado por primera vez por
un profesor de la Universidad de Yale,Martin Shubik (1971), e
investigado en profundidad por Allan Teger (1980). En una de sus
posibles formulaciones dice de la manera siguiente (Bazerman y
Neale, 1992):

"Imagínate que estás en una habitación con otras treinta personas.


Alguien en la tarima de la clase toma un billete de 2000 pts de su
bolsillo y dice lo siguiente. Voy a subastar un billete de 2000 pts, cada
uno de vosotros es muy libre de participar en la subasta o
simplemente mirar. Podeís realizar todas las ofertas que queraís en
múltiples de 100 pts., hasta que nadie más puje, en cuyo momento la
persona que haya pujado más alto, pagará el precio de la puja y se
llevará las 2000 pts. La única diferencia entre esta subasta que os
propongo y una tradicional, es que la segunda puja más alta deberá
pagar también el precio de su puja, pero al contrario del primero, no
conseguirá nada a cambio. Por ejemplo, si tu pujas por 500 pts. y otro
compañero por 600 pts., y la subasta se interrumpe, yo pagaré a tu
compañero 1400 pts ( 2000 pts menos el precio de la puja), y tú como
segundo pujador más alto pagarías las 500 pts, sin obtener nada a
cambio. ¿Estarías dispuesto a empezar la subasta con 100 pts?.".

Nos estamos refiriendo a la tendencia de la gente a encerrarse en un


punto de vista particular sobre el otro, y sobre el asunto en disputa,
adhiriéndose a él de manera extrema, y a menudo irracional.

Los especialistas han jugado este juego miles de veces, tanto en


seminarios, sesiones de entrenamiento, como en el ámbito
universitario, pero el patrón es, más o menos, siempre el mismo. La
subasta empieza muy rápidamente subiendo el precio de la puja casi
inmediatamente a una cantidad entre 1200 y 1600 pts., en este
momento, todos menos los dos pujadores más altos, abandonan la
subasta. En este momento, los dos últimos participantes de la
subasta, sienten que están atrapados. Si uno ha ofrecido 1600 pts, y
el otro 1700, el pujador de 1600 se encuentra ante una disyuntiva.
Puede subir la puja a 1800 o aceptar una pérdida de 1600. En general,
seguir pujando, con la esperanza de que el otro abandone, parece
más atractivo que una pérdida segura de 1600, por lo que en general,
seguiríamos pujando. Cuando las pujas son 1900 y 2000 pts, la lógica
de ofrecer 2100 es muy similar a la de las decisiones previas,
podemos aceptar una pérdida de 1900, o seguir, esperando reducir las
pérdidas. Por supuesto, cuando la barrera supera las 2000 pts, el
resto de compañeros comienzan a reírse y hacer comentarios jocosos.
Obviamente, los pujadores están actuando irracionalmente.

Este juego, que a veces no lo es tanto, puesto que produce tensión,


escalando en ocasiones las pujas a límites que fríamente pueden
resultar insospechados -no es raro encontrar pujas de 25000 y 30000
pts, por un billete de 2000 pts.-, tiene cuatro reglas sencillas, que
mencionamos por si algún lector escéptico quiere probar el juego con
un grupo de amigos:

1. No se permite la comunicación entre los pujadores, mientras la


subasta tiene lugar.

2. La subasta empieza con cien pesetas, debiendo las pujas hacerse


en múltiplos de dicha cantidad.

3. Las pujas no deben exceder las 40.000 pts, con objeto de proteger
al pujador (con estudiantes estos límites deben ser mucho menores).

4. Los dos pujadores más altos deben pagar la puja, aunque el billete
de 2000 pts, sólo irá al pujador más alto.

La situación puesta de manifiesto por el juego de la subasta del dólar,


ilustra lo que denominamos escalada irracional del conflicto, que se
produce cuando continuamos con los cursos de acción previamente
seleccionados, mucho más allá de lo que un análisis racional
recomendaría. En esta situaciones, deberíamos reconocer que
nuestra inversión de dinero, tiempo, o cualquier otro recurso, es algo
perdido, y que no debe afectar las decisiones que adoptemos sobre
nuestro comportamiento futuro. Nuestro punto de referencia debe ser
el presente, debemos considerar nuestras alternativas evaluando sólo
los costes y beneficio relacionados con el futuro.

Este mecanismo de entrampamiento y apego a los compromisos


previos, en el que los hechos pasados -costes- influyen sobre las
decisiones futuras se ha denominado efecto del coste invertido. Un
ejemplo clarificador sobre este fenómeno podría ser el siguiente
(Dawes, 1988):

Tú y un compañero habéis recorrido la mitad del camino a un lugar de


vacaciones, al que vais en una promoción de descuento, y habéis
hecho un depósito no reembolsable de 10.000 pts, para el fin de
semana. Tanto tú como tu compañero no os sentís muy bien
físicamente, y con poco estado de ánimo para las vacaciones. Tu
evaluación de la situación es que ambos pasaríais un fin de semana
bastante más agradable en casa. Tu compañero dice de repente que
qué pena que habéis reservado habitación por que estaríais mucho
mejor en casa, pero que no os podéis permitir el lujo de perder 10.000
pts. Estás de acuerdo. Además, ambos estáis de acuerdo en que es
casi imposible que lo paséis tan bien en vuestro destino como en
vuestra propia casa. ¿Qué harías, seguir o volver?.

Arkes y Blumer (1985) ilustraron el efecto del coste invertido en diez


miniexperimentos diferentes. En uno de ellos, se les entregaba a los
sujetos el siguiente problema:

Como presidente de una compañía aérea, has invertido 1.000 millones


de pesetas del dinero de la compañía en un proyecto de investigación.
El propósito es construir un avión que no pueda ser detectado por el
radar convencional. Cuando el proyecto está al 90% completado, una
compañía rival comienza a anunciar un avión que no puede ser
detectado por radar. Además, parece claro que su avión es más
rápido y más económico que el avión que construye tu compañía. La
pregunta es: ¿invertirías el 10% final de los fondos destinados al
proyecto para terminar el avión?.

a) NO-no tiene sentido continuar gastando dinero en el proyecto.

b) SÍ-ya que he invertido 1.000 millones en el proyecto, lo terminaría.

Arkes y Blumer encontraron que el 85% de los sujetos recomendaban


terminar el proyecto, a pesar de que el producto iba a ser inferior a
otro avión ya en el mercado. Sin embargo, cuando se pasó a otro
grupo de sujetos una segunda versión del dilema en la que no se
mencionaba la inversión previa, tan sólo el 17% recomendó invertir en
el proyecto. Un coste invertido de 1.000 millones era el responsable de
la diferencia.

El mejor modo de evitar caer en el efecto del coste invertido es


considerar exclusivamente las consecuencias futuras de nuestras
acciones. Por el contrario, tener en cuenta el coste invertido viola el
primer criterio de la racionalidad, que las decisiones sólo pueden
basarse en las consecuencias futuras.

Volviendo a las situaciones de conflicto, entendemos que el


entrampamiento es un proceso en el cual las partes, al perseguir sus
objetivos a lo largo del tiempo, emplean más tiempo, energía, dinero, o
cualquier otro recurso, de lo que parece justificable según estándares
externos. Estas situaciones que llevan al entrampamiento tienen unas
características definitorias comunes (Brockner y Rubin, 1985; Rubit,
Pruitt y Kim, 1994).

En primer lugar, las partes consideran la utilización de los recursos -


bien sea dinero, tiempo o vidas humanas- tanto como una inversión
como un gasto. En el juego de la subasta del billete de 2000 pesetas,
por ejemplo, los pujadores consideran su oferta tanto como una
inversión que les va acercando a conseguir su objetivo de conseguir el
billete de 2000 pts, como un gasto que no podemos recuperar, sobre
todo si nuestra puja resulta ser la segunda. Como consecuencia uno
se siente atrapado entre dos fuerzas opuestas, el deseo de proteger la
inversión y el impulso de evitar las pérdidas.

En las situaciones de conflicto, entendemos que el entrampamiento


es un proceso en el cual las partes, al perseguir sus objetivos a lo
largo del tiempo, emplean más tiempo, energía, dinero, o cualquier
otro recurso, de lo que parece justificable según estándares
externos.

Finalmente, de las dos posibles decisiones que en último término


podemos adoptar -compromiso absoluto con el curso de la acción o
abandono- las circunstancias favorecen el primero de ellos. Las
presiones que nos llevan a persistir -salvar la cara, sobreconfianza en
nuestras fuerzas, deseo de alcanzar el premio, etc.- son superiores a
las fuerzas que nos llevan a refrenarnos y abandonar.

5.2.2 Estancamiento

En un punto determinado en el proceso de escalada de un conflicto,


las partes simplemente se quedan sin munición. El conflicto alcanza
un punto máximo de intensidad a partir del cual es difícil que las cosas
vayan a peor. Sólo pueden permanecer en donde están o,
posiblemente, mejorar. En este punto de estancamiento, las partes se
encuentran en un punto de transición entre la determinación de
derrotar al otro -pero sin los recursos suficientes- y el reconocimiento a
regañadientes de que puede ser posible, e incluso deseable, intentar
conseguir nuestro objetivos a través de la colaboración. Esto no
significa que las partes se gusten, pero comienzan a aceptarse
mutuamente, por primera vez, como compañeros y aliados más que
simplemente como adversarios.

Rubin, Pruitt y Kim (1994) consideran que hay, fundamentalmente,


cuatro razones que pueden producir el estancamiento del conflicto: el
fracaso de las tácticas competitivas, el agotamiento de los recursos
necesarios, la pérdida de apoyo social, y la inaceptabilidad de los
cortes.

En el pasado, hemos podido utilizar tácticas competitivas con relativo


éxito, pero llegado un momento, estas tácticas pierden su efectividad.
Esto puede ocurrir o bien porque hemos abusado tanto de las
amenazas y chantajes que finalmente dejan de ser creíbles, o bien
porque el otro a lo largo del tiempo ha aprendido a anticipar nuestras
tácticas y neutralizarlas antes de que consigamos obtener el objetivo
propuesto.

El segundo aspecto que lleva al estancamiento es el agotamiento de


los recursos. Las partes pueden seguir deseando derrotar al otro,
pueden incluso tener planeado los movimientos hipotéticos que habría
que dar, pero simplemente no pueden hacerlo, se han quedado sin
energías, sin recursos. Los sujetos pueden quedarse sin la energía
física y psicológica necesaria para continuar en la lucha, pueden
quedarse sin el dinero suficiente para sostener los costes financieros,
o puede haber transcurrido el tiempo, recurso limitado en sí mismo,
hasta el punto de forzar un estancamiento.

Relacionado con el agotamiento de recursos está el hecho de que las


partes se vean forzadas al estancamiento debido a la falta de apoyo
social. Muchas veces, las partes en conflicto dependen del apoyo de
la gente a la que representan, o que les apoya a la hora de mantener
una disputa. Por tanto, frecuentemente, el conflicto en escalada llega a
un estancamiento debido a que las partes no son capaces de asegurar
el apoyo del grupo del que necesitan para perseverar en el conflicto.

Rubin, Pruitt y Kim (1994) consideran que hay, fundamentalmente,


cuatro razones que pueden producir el estancamiento del conflicto:
el fracaso de las tácticas competitivas, el agotamiento de los
recursos necesarios, la pérdida de apoyo social, y la inaceptabilidad
de los cortes.

Finalmente, en muchas ocasiones, se alcanza el estancamiento


cuando las partes sospechan que el coste será tan alto que debe ser
evitado por todos los medios.

Un mecanismo psicológico relacionado con el proceso de


estancamiento es lo que denominamos salvar la cara. Aunque una
persona comprenda en un momento determinado que es necesario
hacer concesiones, no está dispuesta en ser la primera en realizarlas,
lo cual llevará a un estancamiento que durará hasta que una de las
partes, o un tercero, logre desactivar este mecanismo y comience el
mecanismo representado en el tercer acto: la desescalada.

5.2.3 La desescalada
Cuando las dos partes se hacen conscientes de que el conflicto ha
alcanzado un límite intolerable, y de que es deseable que termine lo
antes posible, se enfrentan a un dilema complicado. ¿Qué hacer para
salir del estancamiento y dar solución a la situación?. Las partes son
conscientes de que con sus propias fuerzas no son capaces de
conseguir sus objetivos, por otra parte han invertido demasiado en el
conflicto como para dejarlo así como así. ¿Cederemos y perderemos
todo quedando humillados y perdiendo la cara?, o ¿abandonaremos,
que es como capitular?. Normalmente, ambas soluciones son
inadmisibles.

Por otra parte, se han dado cuenta de que existe una


interdependencia con el otro, y de que necesita de él para avanzar en
la solución del problema. Estamos en un punto muerto en el que
ninguna de las partes puede avanzar. Todos son conscientes de que
se debe empezar a solucionar el problema, de que dependemos del
otro, y de que ambos estamos en la misma situación. Pero, por otra
parte, temen que si se mueven demasiado enérgicamente en la
dirección del acuerdo, pueden perder imagen y parecer débiles. Todo
sería más fácil si el otro empezara también a moverse en la misma
dirección. Hay una serie de estrategias que tanto una parte, las dos
partes, o la intervención de una tercera parte, pueden poner en
marcha para facilitar este desbloqueo.

En primer lugar, el incremento del contacto y la comunicación pueden


tener efectos beneficiosos. El modo más adecuado, hasta la fecha,
que se ha encontrado para reducir el prejuicio racial es el que se
denomina la hipótesis del contacto. Poner a la gente en contacto unos
con otros es el método más simple e importante de reducir los
prejuicios y estereotipos. Por otra parte, el aumento de la
comunicación puede permitir a las partes explicar mejor sus acciones
y propuesta -de modo que provoca menos reacciones defensivas,
comprender las distintas sensibilidades y motivaciones de cada uno,
percatarse de las distintas perspectivas, asunciones y sesgos del
conflicto, etc.- Sin embargo, distintas investigaciones han mostrado
que en conflictos intensos, la comunicación entre las partes puede
llevar a intercambios explosivos, insultos, etc. Este efecto fue
observado, como ya hemos visto, en el experimento de los Sherif
(1969), y en las parejas con relaciones problemáticas (Gottman y
Levenson, 1988; Noller y Fitzpatrick, 1990).

En cualquier caso, para desescalar los conflictos hay que trabajar las
habilidades de comunicación: la escucha activa, leer entre líneas,
entender no sólo lo que se dice, sino lo que se quiere decir, emisión
de mensajes claros, sin ambigüedad, etc.

Otra estrategia posible a utilizar es lo que Rubin (1993) denominó


"construcción de momentos" (building momentun). Esta estrategia es
especialmente importante cuando en un momento de estancamiento
ninguna de las partes quiere ceder, ni dar el primer paso. Un modo de
construir momentos que lleven a la resolución pacífica de los
conflictos, es comenzar con problemas de fácil solución. La mayor
parte de los conflictos incluyen un gran número de problemas; en ese
caso, se trata de comenzar con alguno que fuera manejable. A partir
de este momento, se trataría de utilizar positivamente el proceso de
entrampamiento. Una vez que las partes, a partir de trabajar con ese
problema sencillo, se han comprometido con un proceso que pretende
superar el estancamiento y comenzar la desescalada, se trata de
mantenerlos comprometidos y entrampados en ese proceso de
desescalada. El proceso funcionaría más o menos así. Al tratar los
problemas sencillos, las partes hacen pequeñas concesiones -cuanto
más pequeñas mejor-; estas concesiones tienen como objetivo, no
debilitar a las partes, si no poner en marcha un proceso con el que las
dos partes se sientan comprometidas. Así, continuando con este lento
proceso de concesiones y contraconcesiones, se llega a un momento
(construcción de momento), en el que las partes sienten que han
invertido demasiado en el proceso de desescalada como para
abandonarlo.

En cualquier caso, para desescalar los conflictos hay que trabajar


las habilidades de comunicación: la escucha activa, leer entre
líneas, entender no sólo lo que se dice, sino lo que se quiere decir,
emisión de mensajes claros, sin ambigüedad, etc.

Volviendo al experimento de los Sherif (1969), encontramos una


nueva estrategia: la introducción de metas supraordinales
(superordinate goals), denominada así, porque se trata de la
introducción de objetivos comunes a ambas partes, pero que están
más allá de la capacidad individual para alcanzarlos. En el
experimento reseñado, los autores oganizaron un viaje y prepararon
las condiciones de tal manera que el camión que transportaba a los
dos grupos se quedó sin gasolina en un momento determinado. El
único modo de conseguir gasolina, era utilizar una cuerda, atarla al
camión, y tirar de él hasta llegar a una estación de gasolina -no muy
lejana-, y proceder a llenar el depósito. Ninguno de los dos grupos
tenía gente suficiente para empujar el camión por sí mismos, por lo
que se necesitaban mutuamente. En definitiva, introdujeron un
objetivo, trascendente al conflicto, que suponía la base para la
cooperación.

Finalmente, aunque la lista no se agota, mencionaremos las iniciativas


conciliatorias unilaterales. Los procedimientos anteriores requieren de
algún tipo de connivencia o colaboración de la otra parte, pero ¿qué
ocurre cuando el conflicto es tan intenso que una parte no quiere
saber nada de la otra?

La introducción de metas supraordinales (superordinate goals),


denominada así, porque se trata de la introducción de objetivos
comunes a ambas partes, pero que están más allá de la capacidad
individual para alcanzarlos.

Cuando se da este caso, uno puede hacer concesiones unilaterales,


que no requieren la aprobación del otro, con el objetivo de mostrale
que ha llegado el momento de cooperar y comunicarse. Osgood
(1962, 1966), diseñó una estrategia de iniciativas conciliatorias que
puede ser usada en este momento (graduate and reciprocated
iniciatives in tension reduction, GRIT). Este procedimiento debe seguir
unas reglas sumarizadas por Lindskold (1978) (tomado de Pruitt,
Rubin y Kim, 1994):

1. Las iniciativas de las parte deben ser anunciadas con antelación, en


un esfuerzo por reducir la tensión.

2. Cada iniciativa debe ser explicitada como parte de esta serie.


3. Se debe observar el plan anunciado.

4. Se debe invitar al otro a ser recíproco en cada iniciativa.

5. La serie de iniciativas debe continuar durante algún tiempo, incluso


aunque no sean contestadas recíprocamente por el otro.

6. Las iniciativas deben ser claras y de fácil verificación.

7. Las partes deben conservar cierta capacidad de desquite, por si el


otro responde siendo más competitivo.

8. Las partes deben actuar desquitándose si el otro se vuelve más


competitivo.

9. Las iniciativas deben ser de distinto tipo, lo único en común será su


naturaleza cooperativa.

10. Premiar al otro si coopera, el nivel del refuerzo debe ir en


consonancia con el nivel de cooperación.

5.3 Factores que hacen que los


conflictos sean difíciles de manejar

Greenhalgh (1986) ha sugerido un número de factores que hacen que


los conflictos sean más o menos fáciles de resolver. La tabla
5.1 presenta los más importantes. Los conflictos con más
características en la columna del medio serán más difíciles de
resolver. Los que tienen más características en la columna de la
derecha serán más fáciles de resolver. La lista de Greenhalgh ofrece
un criterio útil para analizar una disputa y determinar la facilidad con
que será resuelto.

DIMENSIÓN DIFÍCIL DE RESOLVER FÁCIL DE RESOLVER

cuestión divisible,
divisible fácilmente en
Problema en cuestión "principios, valores, ética
pequeñas partes o
unidades

Tamaño de lo que está en juego,


Pequeño, consecuencia
magnitud de la que se gana o grande, grandes consecuencias
insignificante
pierde

Interdependencia de las partes, suma cero, lo que uno gana el Suma positiva, ambos
grado en que el resultado de uno otro pierde piensan que los dos
determina el resultado del otro pueden mejorar
conjuntamente

Relación a largo plazo,


Continuidad de la interacción, Transacción única sin pasado ni
interacción esperada en
¿trabajarán juntos en el futuro? futuro
el futuro

Organizado,
Estructura de las partes, Desorganizado, falta de
cohesionado, fuerte
cohesión sin liderazgo cohesión,
liderazgo

Tercera parte fiable, de


No disponible tercera parte
Implicación de terceras partes prestigio, poderosa,
neutral
disponible

Progreso percibido del conflicto Desequilibrado, una parte se


Equilibrado, ambas
Equilibrado (igual ganancia y siente dañada quiere venganza
partes sufren igual daño
daño) desequilibrado (ganancias y recuperación mientras la otra
y ganancia.
y daños desiguales). quiere mantener el control
Tabla 5.1. Factores que hacen a los conflictos difíciles de manejar.

5.4 Identidad y Conflicto

Existen muchas interacciones conocidas entre identidad, tanto


individual como grupal y su concepto psicológico relacionado de
autoestima, y conflicto. Una de las constataciones más estables en el
ámbito de la resolución/transformación de conflictos es la relación
directa entre identidades mal establecidas, autoestima baja y
conflictos destructivos; así como su relación inversa, identidades bien
establecidas, autoestima alta y pocos conflictos destructivos.

Una de las constataciones más estables en el ámbito de la


resolución/transformación de conflictos es la relación directa entre
identidades mal establecidas, autoestima baja y conflictos
destructivos; así como su relación inversa, identidades bien
establecidas, autoestima alta y pocos conflictos destructivos.

5.4.1 Identidad y pertenencia

¿Qué queremos decir cuando hablamos de identidad social?.


Siguiendo a P.W. Black (2004), tal y como lo definimos aquí, el
concepto se refiere al uso social de marcadores culturales para
reclamar, conseguir o atribuir pertenencia grupal. Notemos que, según
Black, cada uno de estos verbos en esta definición simple (reclamar,
conseguir o atribuir) apunta hacia diferentes dimensiones de lo que a
veces es conocido como identidad política. Los grupos formados en
base a identidad social, lo que podemos razonablemente llamar
grupos de identidad, son siempre y en todas partes el principal
componente de las batallas políticas. A veces estas batallas escalan a
conflictos mutuamente destructivos. En estas circunstancias, la lealtad
a los grupos de identidad se convierte en el valor máximo.

Estos grupos de identidad pueden ser para unos el nacionalismo o la


etnicidad, para otros la raza, o la religión para algunos creyentes; el
distrito urbano (como en la ciudad de Sevilla), la orientación sexual, el
equipo deportivo, etc.

Nuestra perspectiva requiere que distingamos entre las categorías


culturales, categorías basadas en atributos significativos socialmente,
de los grupos sociales formados en base a esas categorías. La altura
es un atributo, la gente baja es una categoría cultual potencial, la
"Alianza de los Metro y Medio" es un grupo social. Dada la dinámica
social implicada es importante que evitemos la confusión entre los
términos. Uno sólo necesita pensar en el uso frecuente del término
"comunidad" para reconocer implícitamente cómo cierta categoría
(cualquiera) se usa como grupo social (los vascos están cansados de
no ser escuchados por Madrid, o p.e., la comunidad de los altos está
harta de que sus cabezas choquen con los dinteles) y reconocer la
naturaleza escurridiza del vocabulario en esta área.

Es bastante reconocido que la mayoría de los conflictos más


recalcitrantes, de raíz profunda, fundamentales, se dan entre grupos
de identidad.

Es bastante reconocido que la mayoría de los conflictos más


recalcitrantes, de raíz profunda, fundamentales, se dan entre grupos
de identidad. Mucho del conocimiento popular y académico se basa en
este hecho. Términos tales como etnocentrismo, prejuicio, estereotipo,
xenofobia, racismo, etc., que aparecen tanto en el discurso académico
como en el popular, sugieren la existencia de un amplio aparato
descriptivo del papel que juega la identidad social en el conflicto. Una
mirada casual a los conflictos dramáticos que aparecen en la prensa
diaria revela el poderoso poder explicativo que los medios de
comunicación de masa asignan a estos fenómenos relacionados con
la identidad. Además, el factor identidad es tan poderoso que, una vez
invocado, apaga o anula cualquier otro análisis e incluso la curiosidad
por estos fenómenos. Esto es cierto cualquiera sea la etnicidad, el
nacionalismo, la religión o cualquiera de los arriba mencionados.

Sin embargo, está mucho menos reconocido el hecho del papel que el
conflicto juega en generar y sostener la identidad social. En otras
palabras, las identidades sociales de raíz profunda pueden ser tanto
producto del conflicto, como que los conflictos de raíz profunda son
producto de identidades sociales confrontadas. La ceguera tan
extendida a este proceso inverso, puede ser fruto de la asunción de
que las identidades sociales son primordiales, asunciones codificadas
en metáforas de sangre y esencia. Este esencialismo es una clara
muestra de la contaminación que sufre la prensa y las ciencias
sociales de parte de la biología y la sociología popular.

En otras palabras, las identidades sociales de raíz profunda pueden


ser tanto producto del conflicto, como que los conflictos de raíz
profunda son producto de identidades sociales confrontadas.

Estas metáforas de sangre o biológicas, tal y como son utilizadas por


la prensa, el pueblo y la academia, permean la ideología de la
identidad social, especialmente la relativa a la raza, nación, etnicidad,
y lenguaje. Estas metáforas tienen como consecuencia enmascarar
las bases culturalmente contingentes de la identidad cultural bajo un
barniz de naturalismo, precisamente porque su estatus metafórico
pasa inadvertido. Un buen ejemplo de este modo de pensar podemos
encontrarlo en los comentarios que Mohammad Khatami, presidente
de la República Islámica de Irán, ante 800 residentes en USA: "el
nacionalismo no es un trozo de tierra", dijo "está en vuestra sangre"; o
lo que un conocido político vasco dijo: "un gallo es un gallo, haya
nacido en el corral que haya nacido" (Arzallus ante la diáspora vasca
en Argentina).

Siendo cierto, pues, que las dos direcciones entre identidad y conflicto
existen, también es cierto que la identidad por sí misma no lleva al
conflicto, de hecho algún tipo de identidad es un prerrequisito
necesario para el amor, la solidaridad y el altruismo. Es un tipo
particular de identidad, la identidad narcisista, la que lleva al conflicto
violento. Las identidades narcisistas están basadas, por lo general, en
algún mito fundacional que describe los orígenes nobles o divinos del
grupo, y que o bien celebra logros gloriosos pasados, o injusticias
antiguas, que impidieron el desarrollo y bienestar del grupo.

Es un tipo particular de identidad, la identidad narcisista, la que


lleva al conflicto violento.
La identidad narcisista generan conflicto de, por lo menos, cuatro
formas. En primer lugar, los mitos fundacionales no son falseables y el
desacuerdo con ello, no puede ser abordado ni con la razón ni con la
persuasión. En segundo lugar, tales mitos son por naturaleza
resistentes al compromiso. En tercer lugar, la autoimagen positiva del
grupo narcisista implica una visión negativa del otro grupo. Para ser
mejores, alguien tiene que ser peor. Para finalizar, las identidades
narcisistas se sobrevaloran a ellas mismas e infravaloran a los otros,
negando la relevancia ética de los otros. "Así, cuando surgen los
conflictos de intereses reales o percibidos, las amenazas reales o
percibidas con relación a otro grupo, el individuo humano, que como
regla aborrece de la sangre, reacciona junto con el grupo de modos
totalmente al margen de los estándares éticos que mantiene como
individuo, sin ver, por lo general, ninguna contradicción entre "ser
buena persona" y comportarse como adversario feroz a favor del
grupo (sea éste, la nación estado, la comunidad, la secta, el grupo
étnico, etc.).

La violencia individual y la violencia grupal son diferentes por


naturaleza. La violencia individual es una respuesta concreta a
características o acciones personales del otro. Por el contrario, la
violencia grupal es impersonal, una respuesta por razones abstractas.
Toscazo (1988) explica: "Los vecinos individuales reales no son
necesariamente queridos, pero son queridos u odiados por razones
concretas, no abstractas. Y, en especial, no son odiados en masa. Por
el contrario, para aplicar la violencia grupal al vecino como
perteneciente a una categoría, debemos borrar la cara individual
concreta, la persona tiene que convertirse en una abstracción" (pg.
68).

La violencia individual y la violencia grupal son diferentes por


naturaleza. La violencia individual es una respuesta concreta a
características o acciones personales del otro. Por el contrario, la
violencia grupal es impersonal, una respuesta por razones
abstractas.

5.4.2 Explicaciones psicológicas

Las relaciones entre minorías y mayorías etnoculturales en


sociedades no homogéneas han sido casi siempre difíciles y con
frecuencia conflictivas. Por consiguiente tales conflictos han sido
caracterizados como "intratables" o de "raíz profunda", debido a la
dimensión psicológica que prevalece sobre las políticas y económicas.
Los problemas entre comunidades mayoritarias y minoritarias que
podrían ser tratadas de manera sencilla en el plano de lo racional, se
complica debido a la forma en que los grupos etnoculturales se
perciben a sí mismos y a los "otros" ("el out-group"), y a la percepción
de su propia historia y de las amenazas dirigidas contra su existencia.
Este aspecto de los conflictos intergrupales ha atraído gran atención
académica. Aquí presentamos las teorías teorías psicológicas
explicativas que consideramos más relevantes:

5.4.2.1 Teoría "realista" del conflicto grupal

Esta teoría asegura, básicamente, que debe existir previamente


objetivos incompatibles reales o percibidos que llevan a la competición
intergrupal, como base necesaria para que surjan la hostilidad y las
distorsiones perceptivas con base psicológica.

Esta teoría fue formulada en un inicio por Muzafer Sherif (1966 y


Sherif et. Al., 1988), pionero del estudio de las relaciones
intergrupales. La teoría sugiere que la hostilidad entre grupos surge de
objetivos en conflicto reales o percibidos que generan competición
intergrupal. Cuando los grupos se enganchan en actividades
recíprocamente competitivas y frustrantes de naturaleza suma-cero,
cada grupo desarrollará estereotipos negativos y enemistad hacia el
otro grupo (out-group). Esta hipótesis fue validada en la primera fase
del famoso experimento Robbers Cave (Sherif et. Al., 1988) con
muchachos en un campamento de verano (ver Alzate 1998).
Experimentos similares confirman que la competición intergrupal es
fuente de hostilidades hacia el out-group no sólo en niños, sino
también en adolescentes y adultos (Tzeng y Jackson, 1994).

La teoría sugiere que la hostilidad entre grupos surge de objetivos


en conflicto reales o percibidos que generan competición
intergrupal.

El trabajo de Sherif también llama la atención sobre la necesidad que


siente la sociedad de alcanzar ciertos grados de cohesión, y la
tendencia, como consecuencia, de que el grupo mayoritario vea al
minoritario como una anomalía, un obstáculo para lograr tal cohesión.
Por otro lado, en algunas ocasiones, ciertos individuos desean
pertenecer al grupo dominante y encuentran cierta resistencia. Ambas
situaciones llevan a conflictos mayoritario-minoritario (la situación se
puede asemejar a un juego de muñecas rusas: el grupo mayoritario a
nivel estatal, considera el minoritario como una anomalía y busca la
coherencia, pero el grupo minoritario es a su vez mayoritario a nivel
local, viendo al minoritario -que corresponde con el mayoritario a nivel
estatal- como una anomalía y buscando asimismo la cohesión). El
mismo psicólogo (Sherif, 1953) enfatiza la incongruencia que ocurre
con mucha frecuencia entre el grupo de referencia y el grupo de
pertenencia. Un grupo de referencia es un grupo con el que una
persona se relaciona como miembro o aspira a relacionarse de forma
psicológica. Un grupo de pertenencia, por su parte, es el grupo del
cual uno es miembro de hecho voluntaria o involuntariamente. Con
mucha frecuencia, suele ocurrir que el grupo de pertenencia de un
individuo es diferente a su grupo de referencia. En estos casos, son
considerados como problemáticos por los primeros, ya que se
comportan según las normas del segundo. Las lealtades de estos
individuos descansan en sus grupos de referencia, y por lo tanto, son
mirados con desconfianzas por los miembros de su grupo de
pertenencia. Este tipo de incongruencias se observan en casi todos
los conflictos entre mayorías y minorías.

5.4.2.2 Teoría de la Identidad Social

Tajfel y otros psicólogos sociales europeos han investigado en


profundidad los conflictos intergrupales. Aunque ya hemos resumido
esta posición anteriormente volvemos a esquematizar sus
conclusiones en los siguientes seis puntos.

1. Las raíces del conflicto intergrupal descansan en la necesidad


humana básica de identidad. Categorización social: proceso social
básico en el que la gente se define a sí mismos por la identificación a
los grupos a los que pertenece.

2. Las categorías sociales que crean las diferentes divisiones dentro


de las organizaciones y las sociedades, difieren de caso a caso y a
través de la historia.

3. La comunicación juega un papel importante en la categorización


social.

4. Cuando los individuos aceptan las categorías sociales, resulta que,


con toda probabilidad, actuarán con respecto a los miembros del otro
grupo en base a esas atribuciones.

5. El conflicto intergrupal surge de un segundo proceso que se


construye sobre la categorización, la diferenciación grupal. La
diferenciación grupal se refiere a la polarización entre los grupos con
la consiguiente estereotipación del otro, lo que desencadena el
conflicto.

6. Una vez los grupos permanecen en conflicto durante un cierto


tiempo, desarrollan ideologías intragrupales con el objeto de justificar
sus posiciones.

Taylor y McKirnan (1984) desarrollan la teoría de Tajfel e intentan


explicar las fases a través de las cuales una sociedad rígidamente
estratificada con una minoría que ha aceptado su estatus inferior se
transforma en una sociedad inestable en la que mayoría y minorías
compiten y entran en conflicto. Igual que Tajfel, establecen que la
atribución causal y la comparación social son dos procesos
psicosociales que juegan un papel fundamental en esta transición.
Taylor y McKirman identifican cinco fases:

I. Relaciones intergrupales estrictamente estratificadas. La minoría


considera que merece su bajo estatus, que es debido a su
responsabilidad, la comparación social que realizan minimiza su
autoestima, llevándoles con frecuencia a odiarse a sí mismos.

II. Emergencia de la ideología social individualista. El auge de esta


ideología es resultado de procesos sociales, políticos y económicos
tales como la industrialización, urbanización, el desarrollo del
capitalismo, la culturización, modernización, etc..En esta fase las
minorías no ven la estructura social como legítima. La minoría
empieza a hacer comparaciones sociales en base a las habilidades y
méritos individuales, y cualquier estratificación no referida a las
habilidades individuales es considerada como inaceptable. Este
cambio, por supuesto, es el comienzo del conflicto intergrupal.

III. Movilidad social. En esta fase, los más dotados y hábiles, los
miembros de la minoría mejor educados, intentan unirse al grupo
mayoritario. Tratan de asimilarse total o parcialmente. Hacen
comparaciones sociales en base a variables individuales, y desarrollan
estrategias para ellos mismos y sus familias, no para todo el grupo.
Taylor y Mckirman (1984) sugieren que las estrategias individuales
siempre preceden a la acción colectiva. El grupo mayoritario, por lo
general, tiende a aceptar estas asimilaciones, tanto porque demuestra
su superioridad como porque el animar tales asimilaciones produce
cierta estabilidad a la sociedad. El resto de miembros de la minoría se
pacifican con las expectativas, si trabajan duro, de ascender a la
asimilación.
IV. Aumento de conciencia. Algunos de los miembros altamente
cualificados de la minoría, fallan (emocionalmente) en asimilarse
completamente, o son rechazados por la mayoría. Además, los más
desfavorecidos de las minorías son conscientes de que la asimilación
es imposible. Entonces, estos miembros altamente cualificados no
asimilados, empiezan a elevar la conciencia del grupo y a clamar que
la estratificación debe cambiar, no a nivel individual, sino a nivel
grupal. La autodeprecación es sustituida por el orgullo y el
etnocentrismo. En estos momentos, la minoría atribuye la
responsabilidad de su bajo estatus a la discriminación por parte del
grupo dominante.

V. Relaciones intergrupales competitivas. El aumento de la conciencia


es seguido por acción colectiva: La minoría empieza a luchar contra lo
que percibe injusticia social. Inicialmente argumentan que la división
grupal es ilegítima y obsoleta. Si estos argumentos ideológicos no
funcionan, el conflicto puede permanecer en bajos niveles o escalar.
Si escala, el grupo mayoritario puede recurrir a la violencia y
supresión, o puede decidir negociar con el grupo minoritario para crear
normas sociales mutuamente aceptables.

5.4.2.3 Teorías psicoanalíticas/psicodinámicas

Esta aplicación teórica proviene fundamentalmente de los estudios de


Vamik Volkan (1988, 1992, 1994) (también se basan además de Freud
y Erikson, en la teoría de las relaciones objetales). Estas teorías tratan
de explicar como las personas crean imágenes de sí mismos y de los
otros. El ego (yo) cuando se separa del id (ello) adquiere ciertas
funciones que tienen que ver con el mundo exterior (p.e., relaciones
del self con los objetos ). Una de estas funciones es la construcción de
imágenes y representaciones de uno mismo, de las otras personas y
de los objetos.

Volkan (1988) y Harris (1993) afirman que la habilidad para construir


imágenes se desarrolla en la infancia en tres estadíos:

I. Los infantes empiezan a diferenciarse del mundo exterior y de las


otras personas. Pero en esta fase no son capaces de distinguir que el
placer y el dolor puede venir de la misma persona/objeto (una madre
puede alimentarle y negarle el alimento), las imágenes formadas por
los infantes son completamente buenas o completamente malas, no
son integradas.
II. Los infantes comienzan a integrar estas imágenes opuestas sobre
los objetos y sobre sí mismos (entre el segundo y tercer año). Pero
esta integración nunca es completa: algunas imágenes del self buenas
o malas permanecen no integradas, absolutas y primitivas.

III. Durante la formación del superyo, alguna de estas imágenes no


integradas del self propio y de los padres, se idealizan. A continuación
los niños externalizan estas imágenes idealizadas positivas o
negativas en ciertas personas u objetos del mundo exterior (Ross,
1995).

Volkan argumenta que hay blancos apropiados de externalización


(BAE), determinados por la cultura, o enseñados a los niños por sus
padres u otros adultos. Son BAEs tales como banderas, canciones,
comidas especiales, lugares de culto, iconos religiosos, ciertos
animales (Ross, 1995), pero también personas y grupos de personas
(Volkan, 1988). Algunos de estos símbolos son positivos, otros
negativos. Las personas que son BAEs positivos, son vistas como
aliados, amigos, líderes, etc.; las personas que son BAEs negativos
son vistas como enemigos.

Según la teoría, toda persona necesita BAEs para mantener la


coherencia interna, su sentido de identidad, y para diferenciarse de la
representación de los otros. Cuando las personalidades comienzan a
cristalizarse en el comienzo de la adolescencia, también se cristalizan
los BAEs. La teoría también intenta explicar como los individuos
adoptan la identidad grupal, y como este proceso puede contribuir a la
emergencia y perpetuación del conflicto intergrupal. Volkan asegura
que en toda cultura hay aproximadamente el mismo número de BAEs
positivos y negativos que son compartidos por todos los niños que
pertenecen a esa cultura. Los BAEs conectan y unen a los niños, y
estos al adoptarlos los fortalecen aún más. Esta conexión a través de
los BAEs contribuye a la cohesión grupal.

Los miembros de un grupo étnico tienen su propia identidad individual.


Volkan asemeja esta identidad a una prenda que pertenece
únicamente al individuo que la viste, y que, entre otras cosas, la
protege de los efectos perniciosos del clima. Pero todos los individuos
que pertenecen a un grupo étnico (o a cualquier grupo básico de
identidad) tienen también una identidad grupal. La identidad grupal es
como una gran tienda de campaña que protege a los individuos "como
una madre" (Volkan y Itzkowitz, 1994). Mientras la tienda permanece
fuerte y estable los miembros del grupo viven sus vidas diarias sin
prestarle mucha atención -no sienten la necesidad de probar
constantemente su identidad grupal o étnica. Sin embargo, si la tienda
se tambalea o sacude, los que están bajo ella se sienten
colectivamente preocupados e impulsados a apuntalarla. En estas
circunstancias la identidad grupal se impone a la identidad individual
(recordemos el maravilloso libro de Amin Malouf, Identidades
asesinas).

Mientras la tienda permanece fuerte y estable los miembros del


grupo viven sus vidas diarias sin prestarle mucha atención -no
sienten la necesidad de probar constantemente su identidad grupal
o étnica. Sin embargo, si la tienda se tambalea o sacude, los que
están bajo ella se sienten colectivamente preocupados e
impulsados a apuntalarla.

5.4.3 Conclusión
Somos conscientes de que los factores psicológicos en los que se ha
centrado principalmente este capítulo, aunque muy importantes,
constituyen sólo un aspecto de los conflictos basados en identidades
sociales o grupales (y dicho sea de paso de cualquier conflicto). Estos
factores psicológicos se relacionan con otros factores tales como los
políticos, económicos, históricos, etc., refuerzan esos otros factores y
se ven reforzados por ellos. Los estudiosos del conflicto tendemos a
enfatizar las teorías relevantes de la disciplina con la que estamos
más familiarizados y a prestar menor atención a disciplinas que nos
son ajenas. Sin embargo, este apartado ha pretendido aportar al
estudio de las relaciones entre identidad y conflicto una perspectiva
psicológica, que reconocemos ha de ser completada, por perspectivas
provenientes de otras disciplinas.

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