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Historia de la Psicología en Latinoamérica

Este artículo analiza las líneas comunes en la historia de la psicología latinoamericana, incluyendo su pasado colonial, sus vínculos con la educación y la psiquiatría, y la influencia de pioneros extranjeros. También discute cómo el contexto socioeconómico ha limitado el desarrollo de la psicología en la región y presenta las teorías desarrolladas por psicólogos latinoamericanos.
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Historia de la Psicología en Latinoamérica

Este artículo analiza las líneas comunes en la historia de la psicología latinoamericana, incluyendo su pasado colonial, sus vínculos con la educación y la psiquiatría, y la influencia de pioneros extranjeros. También discute cómo el contexto socioeconómico ha limitado el desarrollo de la psicología en la región y presenta las teorías desarrolladas por psicólogos latinoamericanos.
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Rev. psicol.

Arequipa ISSN 2221-786X 2011, 1(1), 27-47


Recibido: 25-01-11 / Aceptado: 12-02-11

LÍNEAS COMUNES EN LA HISTORIA DE LA


PSICOLOGÍA LATINOAMERICANA

Walter Lizandro Arias Gallegos


Universidad Católica San Pablo

RESUMEN

En este artículo de revisión, se analizan los lineamientos comunes que ha


tenido la psicología peruana con el desarrollo de la psicología en otros
países de América Latina. Estos lineamientos son su pasado colonial, sus
nexos con la educación y la psiquiatría, la influencia de pioneros que
migraron del extranjero y la preferencia por una psicología aplicada más
que experimental; dentro de un contexto socioeconómico que ha
limitado la labor profesional y científica de los psicólogos latinos. Se
presentan también las teorías y propuestas que han sido desarrolladas
por distintos psicólogos de Latinoamérica.

Palabras clave: Historia, psicología, Latinoamérica.

ABSTRACT

In this review article they will be analyzed the common lines that
Peruvian psychology has overcome in relation with the development of
psychology in other countries of Latin America. These lines are their
colonial past, their links with education and psychiatry, the influence of
pioneers who came from abroad countries and the preference for an
applied psychology instead of an experimental one; into a socioeconomic
context that has limited the Latin psychologists’ job and science work.
Moreover, there will be present the theories and proposals that have
been worked by several psychologists in Latina America.

Key words: History, psychology, Latin America.

Correspondencia: [email protected]

27
Introducción
La historia de la psicología de los países de América Latina presenta rasgos
comunes, que hacen de ella una psicología sui generis. Sus posibilidades de
desarrollo, dentro de las cuales relucen sus logros así como sus limitaciones,
han resultado ciertamente estimulantes para crear nuevos campos de estudio
para la psicología global y han posicionado a la psicología latinoamericana hoy
por hoy, como una ciencia en franco proceso de independencia de las corrientes
europeas y estadounidenses. De este modo la psicología en América Latina no
sólo conquista su independencia sino que también forja su propia identidad.
Estas líneas comunes están determinadas por factores socioeconómicos e
histórico-culturales que devienen en la concatenación de intereses comunes
para los psicólogos latinoamericanos. Sin embargo, aunque ya se han dado los
primeros pasos, es arduo el camino que debe recorrerse para que la psicología
en Latinoamérica pueda ser reconocida como una ciencia unificada y vigorosa.
En el presente artículo se analizan algunas características comunes de la
psicología de los países de Latino América, que también dejaron sentir su
influencia en la psicología peruana. Todas estas influencias, podemos decir, se
han sucedido históricamente y han limitado en un primer momento el desarrollo
de la psicología latinoamericana, pero también, son los factores que han hecho
posible la gestación de una psicología única en el mundo.

La filosofía: Un pasado común


La historia de la psicología en América Latina comienza con la fundación
de las primeras universidades. Es en ese sentido, que durante el virreinato
surgen las primeras Universidades en Latinoamérica. La Universidad Mayor de
San Marcos se funda el 12 de mayo de 1551 en el Perú, La Universidad de
México se funda el mismo año cuatro meses después, el 21 de septiembre, y la
Universidad de Santo Tomás de Aquino de Santo Domingo se funda el 23 de
febrero de 1558 (Alarcón, 2002).
Sin embargo, en momentos en que la modernidad asomaba en Europa con
Descartes, Hobbes y Locke; en los virreinatos de España primaba la escolástica
y la enseñanza en las Universidades se centraba en la teología de San Agustín
de Hipona (354-430) y Santo Tomás de Aquino (1224-1274). De hecho el texto
básico de psicología por aquellos años era el libro De Anima de Aristóteles
(Papini y Mustaca, 1979), que debemos decir, es un texto que sorprende por la
lucidez del autor, al tratar los temas psicológicos, a pesar del tiempo.
Poco a poco empero, se fueron introduciendo nuevas ideologías, cada vez
más distantes de los razonamientos eclesiásticos. John Duns Scoto (1265-
1308), se opuso al intelectualismo tomista anteponiendo la voluntad a la razón
de los patrísticos (Brennan, 1969; Merani, 1979). Con Christian Wolff (1619-
1734) el molde colonial daría paso a las filosofías modernas. Wolff, quien se
adhirió a la filosofía aristotélica reconoció cuatro facultades mentales: el
conocimiento, la sensación, la sensibilidad y el juicio; y con su sistema
ingresaron el empirismo y el sensualismo (Alarcón, 2000). Pero al igual que
Aristóteles, su filosofía era una filosofía moral. Es por esta razón, que la
naciente psicología de América Latina estuvo ligada a la ética. De hecho, los
28
primeros contenidos y temas psicológicos se desarrollaban en las cátedras de
ética.
La influencia de Aristóteles se dejaba sentir directa e indirectamente en la
filosofía, de modo que los primeros textos producidos en Latinoamérica
seguían fielmente sus ideas. Dentro de esta línea, en 1613, el jesuita español
Antonio Rubio, aparece como el primer autor de filosofía en Argentina
(Gottheld, 1969a). En México, en 1556, Fray Alonso de la Vera Cruz escribe
Physica Speculatio, que marcaría los remotos inicios de la psicología en ese
país (Alarcón, 2002).
Diversas figuras del pensamiento escolástico, fueron asumiendo las
cátedras de filosofía. En el Perú, se puede mencionar a José de Acosta (1540-
1600), Esteban de Ávila (1519-1601), Alonso de Peñafiel (1593-1637), Juan
Pérez de Menacho (1565-1626) y José de Aguilar (1652-1708). En Argentina el
Padre Domingo Muriel se hizo cargo en 1748 de la cátedra de animástica, como
se denominaba a la psicología. En 1763, el Padre José Dufo le sucedió en la
cátedra. Los franciscanos Anastasio Suárez y Manuel Suárez, enseñaban
psicología escolástica y psicosofía, respectivamente (Gottheld, 1969a).
Por otro lado, también el naturalismo, núcleo de la filosofía de Aristóteles
fue cultivado en América Latina. El peruano Hipólito Unanue (1755-1833)
publica en 1806 Observaciones sobre el clima de Lima y su influencia en los
seres organizados, en particular el hombre (Unanue, 1916). En este libro,
tomando como base la observación naturalista, Unanue plantea que el clima
afecta a los pobladores de Lima, de forma indirecta a través de los efectos que
ha tenido en la diversificación de las razas y más directamente en la conducta
mediada por el temperamento. Este trabajo bien le puede valer a Unanue ser
reconocido como el primer autor que elabora una teoría psicológica en América
del Sur, aunque el colombiano Francisco José de Caldas, publica en 1808 un
libro donde propone de forma similar, que la geografía así como los cambios
atmosféricos influyen en la conducta humana (Alarcón, 2002).
Es a finales del siglo XVIII, que se inicia la laicización de la enseñanza, y
en medio de este lento proceso, el racionalismo de René Descartes (1596-
1650), el empirismo de John Locke (1632-1704), el sensualismo de Esteban
Bonnot de Condillac (1715-1780) y el materialismo de Julian de La Mettrie
(1709-1751); ingresan con relativa fuerza a América Latina. Sin embargo, las
corrientes más influyentes de la época en Latinoamérica serían el empirismo y
el sensualismo. Ambas corrientes darían privilegio a la experiencia, la praxis y
a la mensurabilidad de lo concreto; de modo que muy vinculada a ellas, la
psicología latinoamericana despreciaba la autoridad de la lógica y la razón. Esta
tendencia desembocaría dos siglos más tarde, en la apertura al positivismo que
fue desarrollado ampliamente de la mano del conductismo en todo el continente
Americano. Es Argentina el país que acogió mejor las posturas de Locke y
Condillac, que convergieron en la ideología de Antoine Desttut de Tracy (1754-
1836). Sus representantes más sobresalientes serían Juan Crisostomo Lafinur,
Juan Manuel Fernández Agüero y Diego Alcorta (Gottheld, 1969a). Lo curioso,
es que en Argentina, habiendo sido la cuna de la psicología experimental en el
sur del continente, el positivismo terminó por ser desplazado, ocupando un
lugar preponderante el psicoanálisis y la psicología espiritualista.
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En ese sentido, la psicología de entonces se hallaba dividida en dos
vertientes, la psicología filosófica o espiritual y la psicología experimental.
Ambas líneas fueron notablemente desarrolladas en Argentina, Brasil, Chile y
Perú. En el Perú, el espiritualismo y el positivismo, pasaron al siglo XX, con
Alejandro O. Deustua (1849-1945) y con Mariano Cornejo (1867-1942)
respectivamente. En Argentina, el principal representante del espiritualismo fue
Alejandro Korn y en México Antonio Caso (Alarcón, 2004). Ya para el siglo
XX, fue relevante la influencia de psicólogos extranjeros que impulsaron la
psicología en Latinoamérica en ambas direcciones.

Los pioneros y las corrientes psicológicas en Latinoamérica


Es un hecho histórico evidente que la psicología latinoamericana no
hubiera cobrado la forma que adoptó, sin el aporte de psicólogos foráneos que
por diversos motivos se instalaron en nuestro continente o de psicólogos que
tuvieron la oportunidad de formarse en el extranjero con los grandes íconos de
la psicología y aplicar sus conocimientos una vez que retornaron a América
Latina.
En Perú como en Argentina, México, Bolivia o Colombia; el espiritualismo
y el psicoanálisis fueron las corrientes predominantes durante las primeras
décadas del siglo XX. La psicología era dominio absoluto de la filosofía, en el
primer caso debido a la influencia de la escolástica virreinal y en el segundo
caso, gracias a psicoanalistas que actuaron como difusores de la teoría de Freud
y sus variantes. Muchos de ellos migraron a América Latina y estimularon el
desarrollo de la psicología.
El psicólogo húngaro Bela Székely (1899-1955) recibió formación
psicoanalítica en su país y fue profesor de la Escuela Superior de Maestras para
el Estado y en la Universidad de Budapest. Con el avance del nacionalismo en
su país se vio obligado a migrar, llegando en 1938 a la Argentina y publicó en
1940 El psicoanálisis. En 1947 publica su libro más conocido en América
Latina, Los tests. También vivió en Chile y trabajó como profesor del curso
Mediciones mentales en la adolescencia en la Universidad Católica de Chile.
Dirigió asimismo, el Departamento de Psicología durante el año de 1955 (León,
1997, 2000).
Al igual que Székely, Oliver Brachfeld (1908-1967) nació en Hungría y
estudió en la Universidad de Budapest. Realizó estudios en Viena con Alfred
Adler y fue uno de sus principales difusores en este continente. Escribió
diversos artículos en la Revista Internacional de Psicología Individual y jugó
un rol muy importante en la institucionalización de la psicología individual en
Alemania Federal. Estuvo también en Barcelona, donde cultivó amistad con
Emilio Mira y López; y publicó en la Revista Psicología y Pedagogía, que éste
dirigía. Su obra más importante la escribe en 1936: Los sentimientos de la
inferioridad. Al estallar la guerra civil en España, se trasladó a Francia y de allí
viajó a América Latina, estableciéndose en Venezuela en 1950. En ese país,
fundó el Instituto de Psicosíntesis y Relaciones Humanas en la Universidad de
Mérida en 1951. En 1965 fue profesor visitante en Bogotá y luego se trasladó a
Quito, Ecuador, donde falleció el 2 de septiembre de 1967 (León, 1997).

30
El psicoanálisis empero, también fue materia de interés para los psicólogos
latinos. El más destacado exponente sería el Dr. Honorio Delgado Espinoza
(1892-1969), quien a decir de Ramón León (1982) fue el autor latino que
publicó más trabajos de psicoanálisis en la región y fue el más citado por
Sigmund Freud (1856-1939) y Karl Abraham (1877-1925), con quienes
mantuvo una cercana amistad. Aunque sería el chileno Germán Greve (1869-
1954) el primero en hablar del psicoanálisis en América Latina. Otros latinos
que fueron adeptos del psicoanálisis son los mexicanos Ezequiel Chávez (1868-
1946) y Samuel Ramos (1897-1959). En Brasil el Dr. Fernando Da Rocha
lidera un grupo de estudios psicoanalíticos en Sao Paulo, que orientó los
estudios de los psiquiatras y los psicólogos por la senda del freudismo. Así
también, el chileno Fernando Allende regresa a su país en 1925 tras realizar
estudios de psicoanálisis en Europa y realiza una fecunda labor de difusión del
psicoanálisis en Chile (Alarcón, 2002).
Pero el psicoanálisis, no ha sido la única corriente que ha tenido célebres
figuras latinas en sus filas. Alberto L. Merani (1918-1984), cultivó a través de
sus amplias y múltiples producciones, la psicología dialéctico materialista en
Latinoamérica. Argentino de nacimiento, estudió en Francia bajo la mentoría de
Henry Wallon (1879-1962), y aprendió con él, el enfoque genético (Wallon,
1968) que desarrollaría a profundidad en nuestro continente. Merani se ha
destacado en el campo de la psicología genética (Merani, 1984), la psicología
pedagógica (Merani, 1969, 1972), la historia de la psicología (Merani, 1976,
1979), la psicobiología (Merani, 1986) y la epistemología (Merani, 1978). La
producción de Merani es vasta y puede ser considerado como uno de los
psicólogos más prolíficos de América Latina. Trabajó como profesor titular en
la Universidad Central de Venezuela y fundó el Instituto de Psicología de
Caracas (Samudio, 1984).
Dentro de esta misma línea del pensamiento, se hace notar también
Fernando Gonzáles Rey, psicólogo cubano que ha desarrollado los temas de
epistemología (1989), investigación cualitativa (1997) y personalidad (2002).
En la actualidad, se encuentra autoexiliado en Brasil, ya que debido a conflictos
ideológicos y políticos se vio obligado a salir de Cuba. Puede decirse empero,
que el más grande bastión de la psicología materialista en América Latina ha
sido Cuba (Arias, 2004), y que poco a poco ha mostrado una creciente apertura
hacia diversas teorías y técnicas otrora despreciadas por ser consideradas
idealistas. Un ejemplo notable ha sido el resurgimiento en Cuba, de la prueba
de Rorschach como técnica de valoración clínica (Dueñas y Padillo, 2001). La
razón de esta flexibilidad teórica reposa, en particular para con el Rorschach
(Padillo y Dueñas, 2001), en la preferencia por las metodologías cualitativas
que tiene ya larga data en Cuba.
Aunque todas las escuelas psicológicas cuentan con insignes representantes
latinos, puede decirse que la corriente que ha alcanzado mayor grado de
formalización es el conductismo. Y como en los casos anteriores, sus
partidarios han recibido la influencia de afamados psicólogos de talla mundial
que han contribuido a su formación. El colombiano Luis H. Ramírez Collazos
(1929-1987) estudió en la Universidad Iberoamericana de México, y tras
obtener su licenciatura realizó estudios de posgrado en la Universidad
31
Veracruzana de Jalapa con Emilio Ribes; y publicó con él, varios trabajos de
corte conductista. En 1973 funda en Colombia el Centro Skinner desde donde
realiza una prolífica labor investigativa (Gutiérrez, 1988).
Precisamente, México ha sido uno de los fortines teóricos del conductismo,
en particular la Universidad Veracruzana de Jalapa, donde un grupo de
psicólogos, dentro de los que figura Emilio Ribes, Gustavo Fernández, Florente
López, Víctor Alcaráz y Arturo Bouzas; han impulsado el desarrollo de esta
corriente en Latinoamérica. En 1965 fundan la primera cátedra de psicología en
la Universidad Veracruzana, con la particularidad de que se rige bajo una
currícula conductista. En 1971 organizan el Primer Simposio Internacional de
Modificación de Conducta y en 1972, se establece un laboratorio para el
análisis experimental de la conducta en la Universidad Nacional Autónoma de
México. En 1974 tiene lugar el Primer Congreso Mexicano de Análisis de la
Conducta y un año después aparece la Revista Mexicana de Análisis de la
Conducta. En 1976 se funda la Sociedad Mexicana de Análisis de la Conducta.
Todos estos logros fueron alentados por el núcleo humano de psicólogos que
lideraba Ribes en México (Galindo, 2009).
Alfredo Carmona (1930-1997) es otro pionero del conductismo en
Latinoamérica. Nació en Chile y estudió psicología en la Universidad de Chile.
En 1971 obtiene su Ph.D. en la Universidad de Yale y formó parte del equipo
de investigación de Neal E. Miller (1909-2002). Se desenvolvió en la
aplicación de técnicas de condicionamiento por biorretroalimentación (BIO-
RA), dentro del campo de la medicina conductual (Vinaccia y Winkler, 2006) y
dio un vigoroso impulso a este campo de estudio.
En cada país, el conductismo agrupó a diversos psicólogos que veían en
sus métodos y teorías, el camino más viable para el desarrollo de una psicología
verdaderamente científica. En Chile, el despegue del conductismo se produce
entre 1970 y 1973 con el trabajo de Sergio Yulis, que aplica las técnicas de
desensibilización sistemática y otros programas de modificación de conducta
(Dorna, 1982). En Argentina se crea la Asociación Argentina de Ciencias del
Comportamiento en 1987. En Perú se crea bajo el liderazgo del Dr. José
Anicama el Núcleo de Investigaciones en Ciencias de la Conducta que luego se
convierte en la Sociedad Peruana de Análisis Conductual (Alarcón, 2000). En
Bolivia, por iniciativa de Erik Roth, que llega de México a ese país, se
establece el primer laboratorio de psicología experimental animal en 1975 así
como la Asociación Boliviana de Análisis del Comportamiento, también se crea
en 1979 la Revista Boliviana de Análisis del Comportamiento (Aguilar, 1983).
En este país, se hizo algo sin precedentes en Sudamérica: en 1980 el Dr. Jorge
Jiménez fundó en Cochabamba una comunidad experimental como la concibe
B. F. Skinner (1968) en su Walden II. Esta comunidad se llamó “Suyakuna”, y
contaba inclusive con sus propios laboratorios de experimentación (Aguilar,
1983). Aunque ya en 1971 se había fundado una comunidad experimental en
México, denominada Los Horcones, que continúa siendo una de las
comunidades Walden II más exitosas (Cruz, 1990).
Como se puede apreciar, la fundación de instituciones o de organismos
especializados en técnicas de modificación conductual ha jugado un rol
relevante en el fortalecimiento del conductismo en América Latina. Y es que
32
esta corriente, ha conseguido instituir organizaciones internacionales de
psicología como la Asociación Latinoamericana de Análisis y Modificación del
Comportamiento (ALAMOC) que se funda el 19 de febrero de 1975 en Bogotá,
y que tuvo como organización germinal el Centro Skinner, que tenía su sede
también en Bogotá. Para tan memorable ocasión, el propio B. Frederic Skinner
(1904-1990) envió una carta a la junta directiva que decía:

…Los países latinoamericanos han hecho grandes progresos en la investigación


básica y en la aplicación de una tecnología del comportamiento al campo de los
asuntos humanos. ALAMOC hará mucho para clarificar la naturaleza de este
trabajo, tanto a las personas que se encuentran en el área como al público en
general. Contribuirá también a respaldar en forma muy importante al investigador
individual. (Skinner, 1975, citado por Ekroth, 1985)

Dentro de la psicología conductual, la figura más representativa en


Latinoamérica es sin lugar a dudas, el psicólogo colombiano Rubén Ardila.
Obtuvo su Ph.D. en psicología experimental en la Universidad de Nebraska y
actualmente es profesor de la Universidad Nacional de Colombia. Su obra
comprende las áreas de la psicología experimental, la modificación de la
conducta y la historia de la psicología. Fundador de la Revista Latinoamericana
de Psicología en 1969 y de la ALAMOC en 1975, fue miembro del comité
ejecutivo de la Unión Internacional de la Ciencia Psicológica y presidente de
la Sociedad Interamericana de Psicología (SIP) que fundó Rogelio Díaz-
Guerrero en 1951.
Recientemente se le otorgó el Premio por Contribuciones Distinguidas al
Desarrollo Internacional de la Psicología de la APA (Pérez, 2007). Con más
de 250 artículos científicos y 28 libros publicados, Rubén Ardila es uno de los
pocos psicólogos latinos que se ha codeado con los más célebres psicólogos del
mundo (véase Ardila, 2002), y ha propuesto una teoría surgida en el seno de la
psicología latinoamericana que sigue los lineamientos tanto teóricos como
metodológicos de la psicología conductual. Esta teoría es la síntesis
experimental de la conducta, cuyas aplicaciones abarcan diversas ramas como
la psicología evolutiva, la psicología industrial y la psicología educacional,
entre otras.
Desde la palestra de la psicología gestáltica, Walter Blumenfeld (1882-
1967), fue el principal difusor de esta corriente en el Perú y porque no decirlo,
de América Latina. Blumenfeld nació en Alemania y realizó estudios en
ingeniería eléctrica en el Technische Hochschule de Charlottenburg y en 1908
ingresa a la Facultad de Filosofía de la Universidad de Berlín donde obtuvo su
grado de Doctor. Cultivó amistad con Kurt Lewin (1890-1947) y con otros
psicólogos de la gestalt. Tras una ardua labor en investigación en su país dentro
de los lineamientos de esta corriente, Blumenfeld llega al Perú en 1935 y funda
el primer laboratorio de psicología experimental en la Universidad Nacional
Mayor de San Marcos. La psicología de Blumenfeld era eminentemente
científica a diferencia de las vertientes filosóficas predominantes en el Perú de
entonces, que seguían los pasos de la psicología espiritual de Bergson, Dilthey
y Spranger. Walter Blumenfeld desarrolla una psicología experimental de corte

33
gestáltico a través de estudios sobre la percepción como La relación entre la
construcción óptica y háptica del espacio y otras investigaciones psicofísicas
sobre la ley de Weber o la ecuación de Fechner (Alarcón, 1994).
Gran parte de los trabajos de Blumenfeld, en particular sus estudios
psicométricos, se realizaron en el Instituto Nacional de Psicología y
Psicotecnia, del cual fue director y que se fundó en el Perú en 1941.
Precisamente, la psicología se ha desarrollado mucho antes de ser una profesión
autónoma, en estrecha relación con la educación, y sus vínculos se mantienen
hasta hoy.

Aportes de la educación y la profesionalización de la psicología


La psicología latinoamericana estuvo vinculada durante la escolástica a la
filosofía, pero en el umbral del surgimiento de la psicología científica fue la
pedagogía su principal promotora. En ese sentido, una de las profesiones que
más reconoció la importancia de la psicología es la educación, gracias a la
visión de educadores prominentes que tuvieron una destacada labor en
Latinoamérica.
La pedagogía experimental fue el alter ego de la psicología experimental,
de modo que psicología y educación se encontraban fusionadas en el crisol de
sus metas comunes: el conocimiento del desarrollo infantil. De hecho, los
primeros laboratorios de psicología experimental que aparecen en América
Latina se fundan en escuelas normales, Institutos de Psicopedagogía y en las
Facultades de Educación de las Universidades. Así por ejemplo, en Argentina
Víctor Mercante fundó en 1891 en primer laboratorio de psicofisiología en la
Facultad de Ciencias de la Educación de la Escuela Normal de Profesores de
Paraná, donde se realizó la primera investigación experimental de psicología en
ese país; y Horacio Piñero crea en 1898 el primer laboratorio de psicología
experimental en el Colegio Nacional de Buenos Aires (Gottheld, 1969b). En
Bolivia, se crea en 1967 el Departamento de Psicopedagogía de la Universidad
Católica Boliviana, que más tarde daría paso al Departamento de Psicología
bajo la dirección de Alberto Conessa (Aguilar, 1983).
En Brasil, la fundación de los laboratorios psicológicos fue también
fecunda y al igual que en otros países de América Latina, la educación fue su
soporte para la investigación experimental. Joaquín Madeiros de Albuquerque
establece en 1899, en Río de Janeiro un laboratorio pedagógico, mientras que
Clemente Quaglio funda otro en 1912 en la Escuela Normal de Praça da
República (Alarcón, 2002). En Colombia el Dr. José Francisco Socarrás, rector
de la Escuela Normal crea en esa institución educativa, un laboratorio de
psicología en 1939, el primer laboratorio de psicología en Colombia. Ese
mismo año llega Mercedes Rodrigo a Bogotá e inicia la sección de psicotecnia
en el Laboratorio de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad
Nacional de Colombia. Cabe resaltar que en ambos casos no se trataba de
laboratorios de psicología, ya que en Colombia no existieron tales laboratorios
hasta 1964 (Ardila, 1976), pero estos fueron espacios donde se hicieron los
primeros estudios psicológicos.
En Chile, Guillermo Mann, fue comisionado para formar el primer
laboratorio de psicología experimental en 1908. En este laboratorio empero, se
34
valoraba el desarrollo normal y anormal de los alumnos chilenos. Los aportes
de Mann a la psicología chilena son realmente importantes: no sólo publicó La
psicología experimental como guía de la práctica forense en 1904 y Lecciones
de Introducción a la Psicología experimental en 1905, sino que sentó las bases
para la psicología chilena de los años venideros. Así por ejemplo, el laboratorio
que funda Mann da inicio al Instituto de Psicología de la Universidad de Chile
(Bravo y Tschorne, 1969).
En México, el Dr. Ezequiel Chávez dicta el primer curso de psicología en
la Escuela Nacional Preparatoria. Es entre 1896 y 1940, que la psicología
mexicana da sus primeros pasos de la mano de la educación, mediados por
figuras como E. Chávez, E. Aragón, E. J. Gómez y J. Mesa; en que la
psicología se desarrolla principalmente como consecuencia del interés de
algunas instituciones educativas estatales (Galindo, 2009).
En Venezuela, la psicología surge en diversos espacios educativos. Así por
ejemplo, en 1946 el Instituto Pedagógico de Caracas fue el escenario de la
naciente psicología venezolana. El Dr. Eugenio González, filósofo, exministro
chileno y exrector de la Universidad de Chile, dictó los primeros cursos de
psicología en este instituto. El Prof. Francisco del Olmo tenía a su cargo los
cursos de psicotecnia, donde se enseñaba a los profesores a utilizar pruebas
psicológicas. En 1950, como una dependencia de la Facultad de Filosofía y
Letras de la Universidad Central de Venezuela, se crea el Instituto de
Psicotecnia y Psicología, que años más tarde daría los cimientos para la
primera Escuela de Psicología en Venezuela.
También en Paraguay, como en otros países de Latinoamérica, la
pedagogía constituyó el gran soporte para el advenimiento de la psicología, ya
que se fundaron foros pedagógicos que daban espacio para la difusión de temas
psicológicos. De hecho el primer laboratorio de psicología en el Paraguay lo
funda el pedagogo ecuatoriano Emilio Uzcátegui en uno de los salones de la
Escuela Normal de Profesores “Presidente Franco” en la ciudad de Asunción
(García, 2005).
Por otro lado, el primer Programa de Psicología fundado en Latinoamérica
fue el de la Universidad Nacional de Colombia que fundó Mercedes Rodrigo en
1947. En 1948 ocurre lo propio en la Universidad de Chile (Ardila, 1988),
aunque Bravo y Tschorne (1969) indican que el Departamento de Psicología se
funda en 1947. En ese mismo país, Bela Zsékely funda en 1955 el segundo
Departamento de Psicología, esta vez en la Universidad Católica de Chile. En
el Perú sería en 1955 cuando se crea el primer Programa de Psicología en la
Universidad Mayor de San Marcos. En Venezuela se crea la sección de
psicología en la Universidad Central de Venezuela en 1956. En 1957, la
profesión de psicólogo es introducida en Costa Rica por el Dr. Gonzalo Adis
Castro, cuando se funda el Departamento de Psicología en la Universidad de
Costa Rica (Claudet, 1970).
En Bolivia, la Carrera de Psicología se funda en 1971 en la Universidad
Católica Boliviana, a partir del Departamento de Psicopedagogía que dirige
Alberto Conessa desde 1967 (Aguilar, 1983). Algo curioso es que el primer
laboratorio de psicología experimental en ese país, se funda cuatro años
después en 1975; lo cual rompe con el molde del desarrollo de la psicología en
35
Latinoamérica, ya que lo usual era que los laboratorios experimentales
precedieran al establecimiento de los Programas de Psicología. En Venezuela
ocurre algo similar, ya que si bien la carrera de psicología inicia en 1956 en la
Universidad Central de Venezuela bajo la dirección del Dr. Guillermo Pérez
Enciso, el primer laboratorio de psicología se funda en 1978, por iniciativa del
Dr. Oswaldo Romero García en la Facultad de Medicina de la Universidad de
los Andes (Rodríguez y Sánchez, 1985).
Si el reconocimiento de la psicología como ciencia estuvo ligado
tácitamente, a la fundación de laboratorios de psicología, el reconocimiento
legal de la psicología como profesión tuvo que pasar primero por el
establecimiento de los Programas o Escuelas de Psicología y coronarse después
con la formación de los Colegios Profesionales o bien de las Sociedades de
Psicólogos. Siendo relevante para la historia de la psicología latinoamericana
que Argentina haya sido el primer país donde se funda una Sociedad de
Psicología en 1908 por iniciativa de José Ingenieros y reorganizada por
Enrique Mouchet en el año 1930 (Ardila, 1979).
Los países que tardíamente han obtenido el reconocimiento legal del
ejercicio de la psicología con la creación de sus correspondientes Colegios
Profesionales han sido Chile, Bolivia, Perú y México; a pesar de que en Chile y
México la psicología ha tenido desde sus inicios, un desarrollo notable. Esto en
parte se debió, a que los psiquiatras se han opuesto a que la psicología sea
reconocida como una profesión autónoma e independiente con estatus de
ciencia pura y aplicada.

Psiquiatría: Contribuciones y conflictos


Aunque la psicología experimental recibió un importante apoyo de la
educación es en el campo de la psiquiatría donde la experimentación inicia en
América Latina. Según Ramón León (1997), la tesis del psiquiatra Henrique
Roxo (1877-1969), puede considerarse como el primer trabajo de psicología
experimental en Sudamérica. Su trabajo versaba sobre la duración de los actos
psíquicos elementales en los alienados y se publicó en 1900 en Brasil.
Por otro lado, el tratamiento de los alienados, en instituciones de salud
mental, aparece tardíamente, aunque el primer hospital mental en América
Latina, se estableció en 1567 en la ciudad de México. Se trataba del Hospital de
San Hipólito que fue fundado por Bernardino Álvarez (Ardila, 1969). Sin
embargo, los progresos en el tratamiento psiquiátrico se sucedieron, como en
diversas partes del globo, paulatinamente.
Asimismo, la publicación de revistas de salud mental e investigación
neuropsiquiátrica fue una constante en diversos hospitales psiquiátricos, lo cual
favoreció el desarrollo de la psicología, ya que fue en estas publicaciones donde
los psicólogos latinos pudieron publicar sus primeros trabajos de investigación.
En el Perú, el Instituto de Salud Mental Honorio Delgado Hydeo Noguchi edita
la revista Anales de la Salud Mental, y el Auspicio de Insanos edita por gestión
de Hermilio Valdizán y de Honorio Delgado, la Revista de Psiquiatría y
Disciplinas Conexas que se publicó desde 1918 hasta 1924. En Cuba, el
Hospital Psiquiátrico de la Habana edita desde 1959 una revista de aparición
trimestral, que detiene su publicación en un breve periodo (de 1960 a 1962),
36
durante la confrontación entre Cuba y Estados Unidos. Con el apoyo de
distinguidos investigadores europeos, y en particular soviéticos, dentro de los
que destacan Hans Jürgen Eysenk y Alexander Luria, en calidad de editores; la
Revista del Hospital Psiquiátrico de la Habana fue el principal medio de
difusión de investigaciones psicológicas, hasta que en la década del 60 aparece
la psicología formalmente como ciencia y profesión en ese país. Ya para 1978,
cuando la presencia de los psicólogos se hizo notar, el Hospital Psiquiátrico de
la Habana edita un Boletín Psicológico hasta 1998 (Dueñas, 2005).
En resumen, podemos decir que uno de los aportes de la psiquiatría para la
psicología ha sido el de brindar espacios para difundir trabajos de investigación
psicológica. Sin embargo, aunque no todos los psiquiatras, muchos de ellos
veían a la psicología más que como una profesión independiente, como una
profesión auxiliar de la medicina. Los psicólogos eran vistos como testólogos,
cuya tarea primordial era la de recabar datos psicométricos que aporten a una
mejor diagnosis de los pacientes. Esta situación tuvo una doble repercusión:
Por una parte, las primeras investigaciones en psicología eran de corte
psicométrico. Por otro, la psicología se hallaba limitada por el marco teórico de
la psiquiatría lo cual se refleja todavía en la preferencia de los psicólogos
latinos por la psicología clínica.
En América Latina empero, la psiquiatría ha tomado rumbos peculiares,
dadas las características demográficas de las poblaciones latinoamericanas. A
través de estudios muy particulares, la psiquiatría latina le ha legado a la
psicología, una línea de investigación sui generis en todo el mundo. Así,
Hermilio Valdizán (1885-1929), Humberto Rotondo (1915-1985) y Carlos
Alberto Seguín (1907-1995) realizaron importantes estudios en psiquiatría
social y etnopsiquiatría que aportaron a la identidad de la psicología peruana en
la segunda mitad del siglo XX. Hermilio Valdizán investigó la costumbre del
“mascado” de la hoja de coca en los indígenas, concluyendo que el cocainismo
es un factor degenerativo de su raza. Humberto Rotondo estudió los efectos de
la transculturalización en la conducta de los peruanos nativos, mientras que
Carlos A. Seguín desarrolló como producto de sus investigaciones, el original
concepto de “síndrome psicosomático de desadaptación” para referirse al
conjunto de rasgos psicopatológicos que experimentan los migrantes indígenas
que se establecen en la capital (Alarcón, 1980, 2000).
La psicología latina, y en particular la psicología peruana, ha recibido estas
investigaciones como un claro referente para hacer estudios en psicología
clínica, psicología social, además de otras ramas aplicadas de la psicología; sin
embargo son pocos los psicólogos latinoamericanos que realizan trabajos de
investigación dentro de este campo de estudio. Uno de los más destacados
investigadores interesado en el tema ha sido el peruano Walter Cornejo, cuyas
investigaciones de la psicología del hombre andino, se pueden encontrar en la
Revista Latinoamericana de Psicología.
Para finalizar, no podemos olvidar que la medicina así como otras ciencias,
fueron responsables del surgimiento de la psicología como ciencia, y que por
tanto, no es fácil para los psiquiatras desprenderse de algunas temáticas de
estudio que ahora son compartidas con los psicólogos, más aún cuando los
psicólogos representan también una creciente fuerza laboral con la cual
37
“compiten” profesionalmente; pero no se trata de censurar o minimizar el
trabajo de uno o de otro, sino más bien de colaborar mutuamente por el
desarrollo de las naciones de América Latina a través del rescate y la conquista
de la salud mental de las poblaciones latinoamericanas.

Psicología aplicada e investigación en América Latina


A través de la revisión de los temas presentados en los congresos de
psicología que se han llevado en América Latina y de algunas revistas
especializadas podemos decir que la psicología clínica, educativa, y social; han
sido las ramas de interés de los psicólogos latinos, aunque con ciertas
diferencias según el país de que se trate. En Brasil por ejemplo, el 42 por ciento
de los psicólogos tenían, en la década del 90’, interés por la psicología clínica,
el 30 por ciento por la rama organizacional y el 21 por ciento por la psicología
educativa. En Venezuela la psicología educativa capta el mayor número de
psicólogos, mientras que en Perú ocurre algo similar ya que el 45 por ciento de
los psicólogos se dedica a laborar en la rama educativa, el 32 por ciento en la
psicología clínica y el 10 por ciento a la psicología industrial. Sin embargo en
Argentina, sólo el 15 por ciento se interesa por la psicología educativa, en tanto
que el 68 por ciento se dedica a la psicología clínica (Klappenbach y Pavesi,
1994). En Chile, el 31 por ciento de los psicólogos se ha especializado en
psicología clínica, el 25 por ciento en psicología social, el 13 por ciento en
psicología educativa y el 11 por ciento en psicología industrial (Bravo y
Tschorne, 1969).
Otra rama de la psicología aplicada, conocida como psicología forense o
psicología jurídica, tuvo en José Ingenieros (1877-1925) su más importante
exponente. Nacido en Palermo, desarrolla en Argentina una vasta labor: En
1903 publica su libro Simulación de la locura, que puede considerarse como la
primera obra de psicología forense en América Latina. En 1902 funda los
Archivos de Criminología, Medicina Legal y Psiquiatría, del que fue director
hasta 1913. En 1915 funda otra revista, se trata de la Revista de Filosofía,
Cultura, Ciencias y Educación que dirige hasta 1915. Ingenieros funda también
el Instituto de Criminología y trabaja en la Penitenciaría Nacional de Buenos
Aires, donde realiza una destacada labor en criminología.
En el campo de la psicología social debemos mencionar a José Miguel
Salazar (1931-2001), psicólogo nacido en Venezuela que tuvo una destacada
participación en la ALAPSO, la Asociación Latinoamericana de Psicología
Social que lamentablemente tuvo una corta existencia desde 1975 hasta 1985.
Salazar obtuvo el Premio Interamericano de Psicología que otorga la SIP, así
como la cátedra Simón Bolívar en Inglaterra y fue el primer psicólogo
venezolano que recibió el Premio Nacional de Ciencias de Venezuela (Urra,
2001).
Por otro lado, la fundación de las Sociedades de Psicología Aplicada ha
sido en América Latina un referente claro de la importancia que dan los
psicólogos latinos a la psicología aplicada. En 1949 se crea la Asociación de
Psicología Aplicada en Brasil por iniciativa de Lourenço Fhilo y de Emilio
Mira y López (Hoffmann, Tortosa y Carbonell, 1994). En el Perú, se crea en
1975 la Asociación de Psicología Clínica (Alarcón, 2000), y en Chile, el
38
Instituto de Psicología Aplicada se creó con el objeto de fomentar la
psicoterapia no psicoanalítica (Bravo y Tschorne, 1969).
Ahora bien, la psicología aplicada reporta obvios beneficios para la
psicología como profesión y para la sociedad, pero en América Latina la
psicología aplicada ha tenido más preferencia que la psicología experimental.
Rubén Ardila (1969) define esta preferencia a través de dos características: su
utilidad y sus relaciones con otras disciplinas. Ambos son rasgos que señalan
que la psicología en Latinoamérica ha sido eminentemente aplicada. Otro
indicador que podemos agregar es la escasa generación de teorías psicológicas
originales en América Latina. Debido al énfasis puesto en la aplicación se ha
descuidado la investigación psicológica, pero en este hecho, intervienen otros
factores, tanto económicos, como políticos y sociales.
La psicología aplicada en América Latina se nos presenta entonces como
un producto histórico social que se acompaña de un evidente desinterés por el
conocimiento, arraigado en la idiosincrasia de la población latinoamericana. En
ese sentido, autores de diversas vertientes del pensamiento (Ardila, 1969;
Alarcón, 2002; Lora Cam, 2004) coinciden en decir que en América Latina
existe poca vocación por la ciencia, la investigación y la cultura; pero ello no
significa que en América Latina no se puedan rescatar algunos aportes y
contribuciones notables, que si bien son escasas, tienen gran valor para la
psicología en Latino América.
De acuerdo con Alarcón (1998, 2002), la investigación psicológica en
América Latina se caracteriza por cuatro tendencias: 1) su preferencia por la
psicometría, 2) la investigación psicosocial, 3) la investigación transcultural, y
4) la orientación por el análisis del comportamiento. En el primer punto,
tenemos que lo que ocurre en el Perú es fiel reflejo de lo que ha sido un
fenómeno generalizado en América Latina; es decir, que gran parte de los
trabajos de investigación fueron, al menos en un primer momento,
estandarizaciones de las pruebas psicológicas de autores extranjeros. Así, en la
Universidad Católica de Chile el 42 por ciento de las tesis versaban sobre la
adaptación de tests psicológicos (Bravo y Tschorne, 1969). Por ser las primeras
validaciones de las pruebas psicológicas foráneas, son dignos de destacarse el
trabajo del uruguayo Washintong Risso que realizó la primera adaptación
castellana del Test de Dominós de Anstey, de Rafael Núñez quien estandarizó el
Inventario Multifásico de la Personalidad (MMPI) en 1968 para su uso en
Latinoamérica, los estudios del mexicano Díaz-Guerrero, de Mercedes Rodrigo
en Colombia (Alarcón, 1998) y los trabajos de Horacio Rimoldi en Argentina.
El Dr. Horacio Rimoldi (1913-2006) obtuvo su doctorado de medicina en
la Universidad de Buenos Aires, luego estudió en la Universidad de Oxford con
William Stephenson, quien fue discípulo de factorialista Charles Spearman.
También trabajó como investigador asociado en el Psychometric Laboratory de
L. L. Thurstone y obtuvo un nuevo doctorado en psicología matemática y
experimental. Mientras estuvo en Chicago, conoció a Wolfgang Köhler, Paul
Guilford y Carl Rogers. Cuando trabajó en Harvard conoció a W. Gordon
Allport y a Edwin G. Boring. Tras su regreso definitivo a Argentina en 1970,
funda el Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática
y Experimental (CIIPME) (Richaud, 2006). Este Centro de Investigación al
39
igual que el Laboratorio de Investigaciones Sensoriales de Argentina –que
dirigió Miguelina Guirao–, son las dos instituciones más emblemáticas de
Sudamérica que han realizado estudios psicofísicos (Ardila, 1979).
No debe pensarse sin embargo, que los psicólogos latinos sólo se han
dedicado a estandarizar pruebas, pues Lourenço Fhilo creó uno de los test más
utilizados en Latinoamérica, el Test ABC de Fhilo que fue aplicado por el su
creador por primera vez en 1928. El cubano Emilio Mira y López (1896-1964)
diseñó una interesante prueba para evaluar la personalidad. Se trata del Test de
Psicodiagnóstico Miokinético, (o PMK) que se presentó formalmente en 1939
ante la Royal Society of Medicine de Londres. Aplicó el PMK para evaluar a los
aspirantes que deseaban obtener su permiso de conducir y desarrolló una
importante labor preventiva dentro del marco de la seguridad vial (Hoffmann,
Tortosa y Carbonell, 1994). Escribió además uno de los textos mejor logrados
de Psicología Experimental (Mira y López, 1959) y en el campo de la
psicología evolutiva se destacó por sus trabajos en psicología infantil y del
adolescente (Mira y López, 1988).
En Colombia, Francisco del Olmo diseña el Test Rápido de Barranquilla
(Alarcón, 2004). En Perú, Leopoldo Chiappo elaboró un test de naturaleza
proyectiva conocido como Prueba de Configuración Noético-Perceptiva que ha
sido utilizado para evaluar pacientes esquizofrénicos (Alarcón, 2000). Más
recientemente, tomando como base los principios de la psicología positiva,
Reynaldo Alarcón (2006) ha desarrollado una Escala Factorial para medir la
Felicidad. Con ella y otros instrumentos Alarcón ha realizado diversas
investigaciones en variados grupos poblacionales de peruanos, para determinar
cuáles son las variables demográficas y psicológicas que se asocian con la
felicidad. Los resultados de sus investigaciones han sido publicados en el libro
Psicología de la Felicidad (Alarcón, 2009).
Otro investigador que merece un espacio en este apartado, es Alberto
Vilanova (1942-2003), psicólogo argentino que ha sido un erudito de la historia
de la psicología, particularmente argentina. En la Universidad Nacional de Mar
de Plata fue profesor titular de los cursos Historia de la psicología social y
Sistemas psicológicos. Fue miembro del comité revisor de los Cuadernos
Argentinos de Historia de la Psicología y de Thesis otra revista de historia de la
psicología (Di Doménico, 2003).
Por otro lado, son pocas las teorías originales que han sido propuestas por
psicólogos latinoamericanos, pero a principios del siglo XX, Enrique Mouchet
(1886-1977) planteó interesantes teorías y hasta formó una escuela psicológica
con Mario Caglano. Mouchet se doctoró en medicina en 1910 con su tesis
Introducción a la fisiología y patología del espíritu. Siendo estudiante, Piñero
le invitó a dictar el curso de psicología experimental, y terminó sucediéndole
desde 1918 hasta 1943, fecha en que se retiró. Entre 1925 y 1936, mientras fue
decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de La
Plata, dictó el curso de psicología y en 1969 fue nombrado presidente honorario
de Sociedad de Psicología de Argentina. También fue miembro de la Sociedad
de Neurología y Psiquiatría de Buenos Aires y de la Liga Argentina de Higiene
Mental. Desempeño cargos políticos en Argentina y se vinculó con organismos
internacionales como el Instituto de Antropología de París. En 1923 escribe El
40
lenguaje interior y los trastornos de la palabra, libro en el que expone su teoría
sobre el pensamiento y el lenguaje. Mouchet creía que el lenguaje y el
pensamiento se hallaban íntimamente vinculados, a través del lenguaje interior
que denominó “endofasia”. Según Mouchet, el pensamiento se estructura en
imágenes mentales que organizándose hacia un mayor nivel de complejidad
desembocan en la formación de conceptos.
Mouchet también planteó una teoría de la emoción en su obra Tratado de
las Pasiones. En este texto propone diferenciar dos componentes de la
emoción: uno psicológico y otro fisiológico, que comprende expresiones
faciales, movimientos, gestos y cambios viscerales. De acuerdo con su teoría,
son estos últimos los que actúan como reforzadores del estado psicológico
emocional que se ha generado (Papini, 1978). Los aportes de Mouchet, no
quedan aquí, ya que intentó formar una escuela psicológica bajo el nombre de
“psicología vitalista”. La psicología vital de Mouchet alentaba la investigación
experimental en todo ámbito de desenvolvimiento humano. Su concepto de
“sentimiento vital” alude a un estado cenestésico que nos hace conscientes de
nuestra propia existencia. Es a partir de este sentimiento vital que el individuo
construye su propio conocimiento como fenómeno objetivo, del que deviene la
formación de las principales categorías del pensamiento como tiempo, espacio,
causalidad, unidad y volumen. Esta configuración se lleva a cabo mediante dos
procesos, la “realización” y la “personalización”. La primera interviene en la
construcción del mundo exterior y la segunda se refiere a la diferenciación
individual del sujeto o la formación del yo.
En el campo de la investigación transcultural, se erige la figura de Rogelio
Díaz-Guerrero (1918-2004). En 1943 se titula de la Universidad Nacional
Autónoma de México y luego sigue estudios en la Universidad Estatal de Iowa,
donde obtiene una maestría en psicología y un doctorado en neurofisiología y
psicología. Ha sido un laureado psicólogo, ya que en 1975 recibe el Primer
Premio Interamericano de Psicología de la SIP, institución de la que fue
fundador en 1951. También recibió el Premio de la UNAM por investigación
en el área de las ciencias sociales (Díaz-Loving, 2006). En Lima fue Doctorado
Honoris Causa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos el año 2002.
Su libro más conocido que cabe mencionar fue La psicología del mexicano y su
mayor aporte: la teoría histórico-bio-psico-socio-cultural del comportamiento
humano.
En base a la teoría de Díaz-Guerrero, durante 10 años, los psicólogos
mexicanos y estadounidenses estudiaron los rasgos de la personalidad de los
pobladores de ambos países, para determinar la influencia de la cultura en la
personalidad. Este podría ser considerado como el primer estudio transcultural
de envergadura en América Latina. La trayectoria de Díaz-Guerrero le lleva a
ser partícipe de diversos eventos académicos sobre cultura e identidad nacional
del pueblo mexicano. Sin embargo, debido a las connotaciones políticas de
estos temas es que el mexicano se limita temporalmente de exponer sus
planteamientos sobre la identidad del mexicano. En 1972 empero, su libro La
teoría histórico-bio-psico-socio-cultural del comportamiento humano aparece
junto con El ecosistema sociocultural y la calidad de vida. En este último
trabajo se comunican los esfuerzos por operacionalizar diversos instrumentos
41
que miden diversas variables del comportamiento (Díaz-Guerrero y Lara,
1972). Tras realizar otra variedad de estudios con estos instrumentos publica
sus resultados en el XXIV Congreso Internacional de Psicología en Sidney
(Australia) en el ensayo Hacia una psicología ecosistémica. De toda esta vasta
cantidad de estudios, Díaz-Guerrero se anima a proponer el surgimiento de una
nueva disciplina: la etnopsicología.
Por otro lado, el colombiano Rubén Ardila ha propuesto una teoría con
talante unificador, que busca integrar las teorías psicológicas más importantes,
sin que por ello se le considere ecléctica. La teoría unificadora de Ardila se
conoce como la “síntesis experimental del comportamiento” y responde a la
necesidad de generar un cuerpo teórico único de la psicología. Para ello, Ardila
parte de la metodología experimental que es el eje central de la psicología
conductual. Tomando como base el paradigma de Skinner se propone superar
algunas limitaciones conceptuales y metodológicas. Por ello es que admite otras
áreas temáticas que salen del repertorio de intereses sobre los que reposa el
conductismo, como su focalización en la conducta, la experimentación, el
énfasis en el aprendizaje y el ambiente y la tecnología derivada del análisis
experimental (Alarcón, 2002). Ardila incorpora la conciencia, los procesos
cognitivos, la conducta social y hasta las emociones (Alarcón, 1997).
En el Perú, el Dr. Ernesto Pollitt, ha dedicado 40 años de su vida a la
investigación de las complejas relaciones entre la nutrición, el desarrollo, la
cognición y el rendimiento académico. Ernesto Pollitt Burga pertenece a la
primera promoción de psicólogos de la Pontificia Universidad Católica del Perú
(PUCP), la segunda universidad peruana donde se apertura la carrera
profesional de psicología. Allí obtuvo su título de psicólogo en 1961 y su
doctorado lo realiza en la universidad de Cornell, obteniendo su Ph.D. en la
especialidad de psicología del desarrollo infantil en 1968.
Ha sido profesor en diversas universidades, entre las que figuran la
Universidad de Yale, la Universidad de Rice, la Universidad de Texas y la
Universidad de California. También ha recibido numerosos reconocimientos
como el Premio de Excelencia en Investigación de la Sociedad Americana en
Nutrición Internacional en 1998, el Premio Nutrición se lo otorga la Academia
Americana de Pediatría en 1999, el 2000 recibe el Premio Internacional en
Salud Pública Príncipe Mahidol de parte de la Fundación Mahidol de la Casa
Real de Tailandia y el Premio Nacional de Nutrición que le otorgó la Sociedad
Peruana de Nutrición el 2007.
Uno de sus primeros estudios nutricionales se publica en la Revista
Interamericana de Psicología en 1967. Se trata del artículo Desarrollo mental y
motor de niños peruanos tratados por malnutrición severa (Pollitt y Granoff,
1967). En 1969 publica otro estudio: Correlatos biológicos y sociales de la
estatura de niños de los pueblos jóvenes de Lima (Pollitt y Ricciuti, 1969). En
1974 se publica la primera edición de su libro Desnutrición, pobreza e
Inteligencia. Aquí expone los hallazgos de varios estudios que ha realzado con
niños peruanos, concluyendo que la estatura no es un indicador fiable del
estado nutricional ni del desarrollo cognoscitivo, por cuanto se encuentra
mediada por otros factores, como por ejemplo la genética. A través de estudios
comparativos y correlacionales, encuentra también que las condiciones sociales
42
son determinantes en el complejo fenómeno de la desnutrición. Sus resultados
sugieren diversos déficits cognitivos en los niños que padecen desnutrición,
aunque la memoria de trabajo no registra diferencias significativas con los
grupos de control.
Pollitt se ha distinguido por trabajar con las poblaciones más necesitadas
del Perú y de otras partes del mundo. Viajó a Tailandia, Guatemala e Indonesia,
donde también realizó diversos estudios a pedido de la UNESCO y otras
instituciones tanto gubernamentales como no gubernamentales. Sus resultados
con estos grupos poblacionales replican los hallazgos de sus estudios con niños
peruanos.
La obra de Pollitt trasciende en la educación. En obras como Desayuno
escolar y rendimiento (Pollitt, Jacoby y Cueto, 1996) o Consecuencias de la
desnutrición en el escolar peruano (Pollitt, 2002); presenta una variedad de
datos que apuntan a develar las relaciones entre nutrición y educación,
sugiriendo que si queremos mejorar el rendimiento escolar de los niños
peruanos, debemos primero proveerles una alimentación de calidad, siendo el
Estado, el principal responsable de ejecutar políticas de apoyo social para con
las poblaciones rurales y urbano marginales que presentan estándares
nutricionales por debajo del promedio.
Pollitt ha estudiado una diversidad de factores que afectan la nutrición y
por ende el desarrollo cognitivo, entre las que mencionamos la conducta de la
madre, la edad, la composición calórica de los alimentos, la historia familiar,
los antecedentes médicos, la condición socioeconómica, la estatura, la
inteligencia, la memoria, el rendimiento escolar, la atención, etc.
Tras largos años de investigación, Pollitt concluye que el desarrollo no es
un continuo, sino un proceso probabilístico, donde tanto las variables
biológicas como las sociales y las psicológicas interactúan entre sí, y aunque es
posible predecir la trayectoria del desarrollo basándose en el conocimiento de
un sólo evento biológico, psicológico o social presente, las probabilidades de
una predicción internamente válida son my limitadas (Pollitt, 1999). La obra de
Pollitt constituye una sólida propuesta ecológico nutricional, que se adentra en
una problemática común a los países Latinoamericanos: la desnutrición y la
pobreza. Es además un pionero en el campo de la nutrición, tanto en América
Latina como en el mundo entero, y nos sentimos orgullosos de saberle peruano.

Comentario final
El objetivo de esta revisión histórica ha sido el mostrar líneas comunes
entre la historia de la psicología en diversos países de Latinoamérica. Estás
parten de un pasado común en la filosofía, de los vínculos entre la psicología y
la educación, así como de los vínculos de la psicología y la psiquiatría. Factores
que sumados al escaso interés que tienen la mayoría de los psicólogos latinos
por la teoría psicológica, han desembocado en el desarrollo de una psicología
aplicada en Latinoamérica, especialmente en campos como la psicología clínica
y la psicología educativa. Ello no significa que no hayan surgido teorías de gran
envergadura en América Latina, pero ciertamente, son pocas.
Podemos decir en ese sentido, que los países latinoamericanos con mayor
producción original, han sido México, Argentina, Colombia y Cuba; y que
43
además cuentan con célebres representantes de la psicología. Perú, aunque no
ha alcanzado aún el nivel académico de los países mencionados, se proyecta
hacia el futuro, con una psicología sui generis que cuenta con una riqueza
histórica llena de personajes notables, de folclore y del trabajo creativo que han
aportado los psicólogos a lo largo de los años en Latinoamérica.
Por otro lado, es cierto que la psicología latinoamericana es todavía una
ciencia que transita por una crisis de identidad evidente y que en esa medida su
historia refleja diversas contradicciones que se expresan mejor en su
dependencia hacia teorías y conceptos de otras latitudes (Campos, Brenes y
Quevedo, 1980). Es también verdad que a los psicólogos latinos en general, nos
falta involucrarnos más académicamente con la psicología.
Sin embargo, es probable que en el futuro, las preferencias actuales
cambien, que las escuelas psicológicas se unifiquen, y que los avances en
tecnología, genética, neurociencias y farmacología; planteen a los psicólogos
nuevas exigencias profesionales y académicas, pero la psicología continuará
estando ahí para contribuir con el desarrollo del hombre como persona y como
ser social.

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