Rafael Nadal Parera, nacido en Manacor, Islas Baleares el 3 de junio de 1986.
Tenista profesional que ocupa actualmente la primera posición del ranking ATP. Es
considerado uno de los mejores deportistas y tenistas de la historia, hasta la fecha ha
sido campeón de 19 torneos de Grand Slam, colocándolo como el segundo jugador
profesional con más títulos en la historia del tenis. Se inició en el tenis cuando tenía 4
años, gracias a su tío el cual es su entrenador actual, Toni Nadal, este le asignaba más
responsabilidades y era más estricto con él que con los demás niños.
Inició los partidos de competición a los 7 años, simultáneamente se unió al equipo
oficial de Manacor en una liga infantil, al llegar a su casa luego de los partidos
analizaba las jugadas. Entrenaba toda la semana y cuando iba a tener un encuentro se
despertaba temprano en la mañana para pensar en el partido y prepararse mentalmente.
La preparación mental era importante para el buen desempeño en el partido, sin
embargo, los nervios siempre se encontraban presentes. A pesar de esto el tenista dice
que se crece ante la presión, esta lo vuelve más fuerte, más atento, cuando está al borde
del precipicio es cuando más exaltado se siente, la adrenalina aumenta, la sangre fluye
con rapidez y entra en un estado de alerta física extrema, pero controlada. La presión
genera en él un estado de alerta, que focalizado, le permite concentrarse con mayor
precisión en el juego, las jugadas y los movimientos que debe realizar.
En 2001 comenzó su carrera como tenista profesional, llegando a la segunda ronda
del Challenger de Sevilla con 15 años. En 2003, alcanzó el Top 50 de ATP por primera
vez. Se perdió Roland Garros por culpa de una lesión, pero, ya recuperado, pudo
debutar en Wimbledon. Rafa Nadal se consagró como tenista profesional en 2005 y
logró un récord adolescente con once títulos, superando los nueve de Mats Wilander en
1983.
En 2005, cuando pasó a ser el segundo mejor jugador de tenis del mundo, justo
detrás de Roger Federer, se planteó un objetivo, quería ser el mejor del mundo y para
serlo, tendría que vencer al mejor, en el mejor campeonato. La idea de colocar metas a
largo plazo que eran realistas, fue un punto fuerte para su progreso como jugador, ya
que esto le permitía tener esa actitud desafiante que se desea tener en un jugador de alto
rendimiento.
En 2005, de nuevo un mal gesto hizo que el tenista no pudiera dar más. Lo hizo hasta
tal punto que pudo suponer el fin de su carrera. Rafa tuvo que llevar a cabo un programa
físico muy exhaustivo para proteger esas zonas de carga y el tratamiento con plantillas
fue aún más radical. Este tratamiento acabó descompensando otras partes de su
fisonomía y derivó en sus lesiones de rodilla. Las plantillas derivaron un mayor peso del
cuerpo del deportista en los tendones rotulianos, fundamentales en el movimiento de
freno en carrera y cambio de dirección, acciones muy repetidas en un deporte tan
agresivo como es el tenis. Desde entonces, las tendinopatías de rodilla, una lesión
dolorosa y limitante, han acompañado a Nadal de forma crónica.
En el final del torneo de Wimbledon, en 2007, Nadal quería ver los resultados de su
entrenamiento, todo el trabajo que tuvo que hacer durante todo el año representados en
una victoria que lo consagraría como el mejor tenista del mundo, viniéndose todo abajo
cuando perdió ante Roger Federer. Rafa Nadal sintió que no había realizado ningún
avance, todo lo que había entrenado no sirvió para llegar a su meta. Luego de esto se
sintió frustrado y triste al pensar que no tendría otra oportunidad para lograrlo.
Su tío, cada vez que Nadal entraba en un estado de renuncia, le decía que tenía dos
opciones, decidir que ya ha tenido suficiente y abandonar, o prepararse para sufrir y
seguir adelante. Aguantar o rendirse, con la determinación y el deseo de triunfar que
Nadal tenia y la meta que se impuso a cumplir, pudo lograr levantarse. En la final del
torneo Wimbledon de 2008, mientras se encontraba en los vestuarios realizaba un ritual
para despejar su mente, permitir enfocarse y propiciar lo que él llama, el cambio de la
personalidad.
Las lesiones ya era algo con lo que Nadal había aprendido a vivir, era parte del
sufrimiento por el que tenía que pasar para seguir adelante. Pero la verdadera
preparación que realizaba estaba en su mente, concentrando toda su atención en el
partido, no en ganar, ni en la posibilidad de perder, sino en jugar. En los últimos pasos
de su ritual se ducha con agua fría, dice que esto le hace sentir que su fuerza y
resistencia aumentan, cuando sale se siente activado, en estado de flujo o de fluir, un
estado de concentración y alerta donde el cuerpo se mueve por puro instinto, en ese
estado no existe nada más que la batalla que se espera.
En el 2014 comenzaron a agravarse sus lesiones y fue operado de apendicitis, lo cual
hizo que bajara puestos en la clasificación. Los tendones de Rafa Nadal siguen dañados
pero sus lesiones se han mitigado, “A veces uno arriesga demasiado a nivel físico”,
explicaba el mismo en una entrevista y el descanso entre torneos se ha convertido en
esencial para ayudar a la recuperación de su cuerpo y de sus rodillas.
Comenzó la temporada 2015 tercero del ranking ATP y la cerró quinto. No rindió al
mismo nivel que años anteriores; algo que muchos achacaron a sus lesiones. En 2016,
ganó su segundo Oro Olímpico en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Esta vez fue
en la categoría dobles masculino junto a su compañero Marc López. En los mismos
Juegos, se retiró de los dobles mixtos con Garbiñe Muguruza para no forzar su muñeca
de cara a la clasificación que consiguió para cuartos de final en la categoría de
individuales, según informó la organización.
Nadal es consciente de que la exigencia del máximo nivel profesional tendrá una
repercusión para él en el futuro: “He llevado mi cuerpo muchas veces al límite y sé que
tendré secuelas a nivel de rodilla, de pies, articulaciones, cadera…”. Su problemática
sigue estando ahí. Un ejemplo lo vimos a finales de la temporada pasada, cuando se le
vio de nuevo con un vendaje en el tendón rotuliano que hacía años que no utilizaba. Él
mismo confirmó dolencias en esta zona que le forzaron a retirarse de la Copa de
Maestros.
Sin embargo, el descanso, el entrenamiento, la rehabilitación y el fortalecimiento de
las rodillas han permitido a Rafa Nadal mantener un nivel extraordinario y son muchos
los que se preguntan cuál habría sido la dimensión de su ya extraordinaria carrera
deportiva si no hubiera tenido que jugar, temporada tras temporada, con el terrible
adversario que representan las lesiones.
Tras sus problemas con las lesiones, Rafa Nadal volvió al número 1 de la ATP en
2017. Con 31 años, se convirtió en el jugador más veterano en terminar un año como
primer clasificado, Nadal consiguió ganar su décimo Roland Garros y su tercer US
Open. En 2019, afianza su puesto número 2 en la clasificación ATP consiguiendo ganar
su duodécimo trofeo de Ronald Garros.
Nadal es un deportista de alto rendimiento que dirige su atención en un partido hacia
el objetivo inmediato, para así lograr pensar con mayor claridad su siguiente
movimiento, esto junto a su arduo entrenamiento físico lo convierten en el segundo
mejor tenista del mundo.
"A mí, sólo me resta levantarme rápido y trabajar; la actitud ha sido fantástica hasta
el día de hoy y creo que, quizás, por varias circunstancias, no pude afrontar el partido
con la misma intensidad con la que había afrontado otros en los meses anteriores, pero
es parte de la vida del deportista, así que seguimos adelante y trabajaremos para intentar
llegar bien preparados para lo que venga", ha declarado Nadal en el aeropuerto
palmesano. Ha insistido en que su deseo es trabajar para recuperar las sensaciones
perdidas en Wimbledon.