vParásitos intestinales
Introducción
Las infecciones parasitarias intestinales provocan un número importante de infestaciones en niños en nuestro
país. Los parásitos más frecuentes en nuestro medio son: giardias, oxiuros y, en menor grado, ascaris; pero, en
las últimas décadas, los pediatras hemos podido observar un incremento del número de casos y parásitos no
tan habituales, debidos al incremento de niños procedentes de otros países con menos recursos (PBR), debido
tanto a la inmigración, como a la adopción internacional.
En los niños que proceden de PBR, es frecuente encontrar sintomatología digestiva, de la cual la más frecuente
es la diarrea. Las causas pueden ser múltiples y, aunque las más frecuentes son bacterias y virus, los parásitos
también pueden ser causa de diarrea, especialmente los protozoos (Entamoeba histolytica y Giardia
lamblia); por lo que, la determinación de parásitos en tres muestras de heces seriadas estará indicada siempre
en la primera visita en estos pacientes y siempre que haya sintomatología sugestiva.
La diarrea crónica y las manifestaciones clínicas digestivas inespecíficas
deben hacer insistir en la búsqueda de parásitos, lo mismo que la presencia
de eosinofilia en sangre.
Todo ello representa un reto para los pediatras, que deben afrontar una patología no tan frecuente en nuestro
entorno, hasta hace relativamente poco tiempo. Es importante conocer la epidemiología, la clínica, el
diagnóstico y el tratamiento de las parasitosis intestinales, así como la patogenicidad de los parásitos
intestinales que pueden afectar a la población pediátrica y ocasionar clínica.
Las parasitosis intestinales son infecciones del tubo digestivo, que pueden producirse por la ingestión de quistes
de protozoos, huevos o larvas de gusanos, o por la penetración de larvas por vía transcutánea, desde el suelo.
Cada parásito va a realizar un recorrido específico en el huésped y afectará a uno o varios órganos, según sea
este recorrido. Estas infecciones se pueden clasificar según el tipo de parásito y la afectación que provoquen
en los diferentes órganos y sistemas. También, es importante saber reconocer algunas especies que no
requieren tratamiento porque no son patógenas para los humanos (Tabla I).
La importancia de los parásitos intestinales radica en que infectan a más de
la mitad de la población humana y la población pediátrica es la más afectada.
Las consecuencias no son del todo conocidas ni valoradas en toda su
profundidad, ya que presentan una elevada morbilidad y mortalidad, sobre
todo, en países de baja renta.
Las consecuencias de las parasitosis no son del todo conocidas, ni tampoco son valoradas en toda su
profundidad, las parasitosis presentan una elevada morbilidad y mortalidad, sobre todo, en países de baja renta.
Clasificación de los parásitos intestinales
En Pediatría, podemos realizar una clasificación de los parásitos intestinales según su repercusión directa en
el aparato digestivo y según la familia a la que pertenecen. Básicamente, la primera diferenciación la
realizaremos entre Protozoos (Tabla II) y Helmintos (Tabla III).
Protozoos
Son organismos unicelulares, que se reproducen sexual y asexualmente en el huésped, son muy infectivos y
con larga supervivencia. Crean resistencias con facilidad y la principal vía de transmisión es fecal-oral.
• Protozoos con afectación únicamente digestiva: Giardia lamblia.
• Protozoos con afectación digestiva y en otros tejidos: Amebiasis: (Entamoeba
hystolitica/dispar) y Criptosporidiasis.
Giardia lamblia
La Giardia lambliapresenta una clínica muy variada. Tras la ingesta de quistes del protozoo, estos dan lugar a
trofozoítos en el intestino delgado (ID) que permanecen fijados a la mucosa hasta que se produce su bipartición,
en la que se forman quistes que caen a la luz intestinal y son eliminados por las heces. Los quistes son muy
infectantes y pueden permanecer viables por largos períodos de tiempo en suelos y aguas hasta que vuelven a
ser ingeridos mediante alimentos contaminados. Son muy frecuentes en niños en PBR, aunque es una infección
cosmopolita.
Clínica
Las manifestaciones clínicas pueden ser muy variadas: asintomática, más frecuente en áreas endémicas de
PBR; en forma aguda, con diarrea acuosa que puede ser esteatorreica, náuseas, deposiciones fétidas y
dispépticas y distensión abdominal; y en forma crónica, con síntomas digestivos subagudos, con clínica
compatible con procesos de malabsorción, que puede ocasionar desnutrición y anemia con déficit de hierro.
Diagnóstico
Determinación directa de quistes en heces o de trofozoítos en el cuadro agudo con deposiciones acuosas. La
eliminación es irregular y recoger muestras seriadas en días alternos, aumenta la rentabilidad diagnóstica. En
el caso de pacientes que presentan sintomatología persistente y estudio de heces negativo, se recomienda
realización de ELISA en heces (Ag de G. lamblia).
Tratamiento
Las formas asintomáticas en nuestro medio se tratan siem