conceptos básicos del conductismo
A continuación, definimos los principales términos de la teoría conductista.
1. Estímulo
Este término se refiere a cualquier señal, información o evento que produce una reacción
(respuesta) de un organismo.
2. Respuesta
Cualquier conducta de un organismo que surge como reacción a un estímulo.
3. Condicionamiento
El condicionamiento es un tipo de aprendizaje derivado de la asociación entre estímulos y
respuestas.
4. Refuerzo
Un refuerzo es cualquier consecuencia de una conducta que aumenta la probabilidad de que ésta
vuelva a darse.
5. Castigo
Opuesto al refuerzo: consecuencia de una conducta que disminuye la probabilidad de que vuelva a
darse.
Wundt: el nacimiento de la Psicología Experimental
Wilhelm Wundt (1832-1920), considerado por muchos “el padre de la Psicología”, sentó las bases
de lo que acabaría siendo el conductismo. Creó el primer laboratorio de Psicología científica y
utilizó de forma sistemática la estadística y el método experimental para extraer reglas generales
sobre el funcionamiento de los procesos mentales y la naturaleza de la conciencia.
Los métodos de Wundt dependían en gran medida de la introspección o autoobservación, técnica
en la que los sujetos experimentales proporcionan datos sobre su propia experiencia.
Watson: la Psicología vista desde el conductismo
John Broadus Watson (1878-1958) criticó el uso de la metodología introspectiva de Wundt y sus
seguidores. En una conferencia en 1913 que se considera el nacimiento del conductismo, Watson
afirmó que para ser verdaderamente científica la Psicología debía centrarse en la conducta
manifiesta en lugar de en los estados mentales y conceptos como “conciencia” o “mente”, que no
podían ser analizados de forma objetiva.
Watson también rechazaba la concepción dualista que separaba el cuerpo y la mente (o el alma) y
planteaba que la conducta de las personas y la de los animales debía ser estudiada del mismo
modo ya que, si se dejaba de lado el método introspectivo, no había una diferencia real entre
ambas.
En un conocido y controvertido experimento Watson y su ayudante Rosalie Rayner consiguieron
provocar una fobia a las ratas a un bebé de nueve meses (“el pequeño Albert”). Para ello
emparejaron la presencia de la rata con sonidos fuertes. El caso del pequeño Albert demostró que
la conducta humana no sólo es predecible sino también modificable.
Artículo relacionado: “Los 10 experimentos psicológicos más perturbadores de la historia”
La caja negra
Para Watson los seres vivos somos “cajas negras” cuyo interior no es observable. Cuando los
estímulos externos llegan a nosotros damos respuestas en consecuencia. Desde el punto de vista
de los primeros conductistas, si bien se dan procesos intermedios dentro del organismo, al ser
inobservables deben ser ignorados al analizar el comportamiento.
Sin embargo, a mediados del siglo XX los conductistas matizaron esto y, sin desdeñar la
importanca de los procesos no onservables directamente que ocurren en el interior del cuerpo,
señalaron que la psicología no necesita dar cuenta de ellos para aportar explicaciones sobre las
lógicas que rigen la conducta. B. F. Skinner, por ejemplo, se caracterizó por dar a los procesos
mentales exactamente el mismo estatus que la conducta observable, y por concebir el
pensamiento como conducta verbal. De este autor hablaremos más adelante.
Algunos neoconductistas como Clark Hull y Edward Tolman sí incluyeron procesos intermedios (o
variables intervinientes) en sus modelos. Hull incluía el impulso o motivación interna y el hábito,
mientras que Tolman afirmaba que construimos representaciones mentales del espacio (mapas
cognitivos).
Watson y el conductismo en general fueron influidos de forma clave por dos autores: Ivan Pavlov y
Edward Thorndike.
Condicionamiento clásico: los perros de Pavlov
Ivan Petrovich Pavlov (1849-1936) era un fisiólogo ruso que se dio cuenta, mientras realizaba
experimentos sobre secreción de saliva en perros, de que los animales salivaban de forma
anticipada cuando veían u olían la comida, e incluso simplemente cuando se acercaban los
encargados de darles de comer. Posteriormente consiguió que salivaran al oír el sonido de un
metrónomo, de una campana, de un timbre o de una luz por asociar estos estímulos con la
presencia de comida.
A partir de estos estudios Pavlov describió el condicionamiento clásico, un concepto fundamental
en el conductismo, gracias al cual se desarrollaron las primeras intervenciones basadas en las
técnicas de modificación de la conducta en seres humanos. Ahora bien, para entender cómo
funciona el condicionamiento clásico primero hay que saber con qué estímulos se trabaja en él.
Un estímulo incondicionado (es decir, que no requiere aprendizaje para provocar una respuesta)
provoca una respuesta incondicionada; en el caso de los perros, la comida causa salivación de
forma espontánea. Si se empareja repetidamente el estímulo incondicionado (la comida) con un
estímulo neutro (por ejemplo la campana), el estímulo neutro acabará produciendo la respuesta
incondicionada (salivar) sin necesidad de que esté presente también el estímulo incondicionado.
Para Pavlov no es necesario el concepto de mente ya que conceptualiza las respuestas como
reflejos que se dan después de la aparición de estímulos externos.
El experimento del pequeño Albert de Watson y Rayner es otro ejemplo de condicionamiento
clásico. En este caso la rata es un estímulo neutro que se convierte en un estímulo condicionado
que provoca la respuesta de miedo por asociación con el ruido fuerte (estímulo incondicionado).
Los animales en el conductismo
Los conductistas clásicos empleaban frecuentemente animales en sus estudios. Los animales son
considerados equivalentes a las personas en cuanto a su conducta y los principios de aprendizaje
extraídos de estos estudios se extrapolan en muchos casos a los seres humanos; eso sí, siempre
procurando respetar una serie de presuposiciones epistemológicas que justifiquen esta
extrapolación. No hay que olvidar que entre especies hay muchos aspectos del comportamiento
que varían.
La observación sistemática de la conducta animal daría paso a la Etología y la Psicología
Comparada. Konrad Lorenz y Niko Tinbergen son dos de los representantes más importantes de
estas corrientes.
Condicionamiento instrumental: los gatos de Thorndike
Edward Lee Thorndike (1874-1949), contemporáneo de Pavlov, realizó diversos experimentos con
animales para estudiar el aprendizaje. Introdujo gatos en “cajas-problema” para observar si
conseguían escapar de ellas y de qué modo.
En las cajas había varios elementos con los que los gatos podían interactuar, como un botón o una
anilla, y sólo el contacto con uno de estos objetos podía hacer que se abriera la puerta de la caja.
Al principio los gatos conseguían salían de la caja por ensayo y error, pero a medida que se
repetían los intentos cada vez escapaban con más facilidad.
A partir de estos resultados Thorndike formuló la ley del efecto, que afirma que si una conducta
tiene un resultado satisfactorio es más probable que se repita, y que si el resultado es
insatisfactorio esta probabilidad disminuye. Posteriormente formularía la ley del ejercicio, según la
cual los aprendizajes y hábitos que se repiten se ven reforzados y los que no se repiten se
debilitan.
Los estudios y las obras de Thorndike introdujeron el condicionamiento instrumental. Según este
modelo el aprendizaje es consecuencia del reforzamiento o el debilitamiento de la asociación
entre una conducta y sus consecuencias. Esto sirvió como base para formular propuestas más
tarde, en el surgimiento del verdadero conductismo, tal y como veremos.
El conductismo radical de Skinner
Las propuestas de Thorndike fueron el antecedente de lo que conocemos como condicionamiento
operante, pero este paradigma no se desarrolló de forma completa hasta la aparición de las obras
de Burrhus Frederic Skinner (1904-1990).
Skinner introdujo los conceptos de refuerzo positivo y negativo. Se denomina refuerzo positivo al
hecho de premiar una conducta dando algo, mientras que el refuerzo negativo consiste en la
retirada o la evitación de un evento desagradable. En ambos casos, la intención es la de aumentar
la frecuencia e intensidad de aparición de una conducta determinada.
Skinner defendía el conductismo radical, que mantiene que todo el comportamiento es resultado
de asociaciones aprendidas entre estímulos y respuestas. El enfoque teórico y metodológico
desarrollado por Skinner se conoce como análisis experimental de la conducta y ha sido
especialmente eficaz en la educación de niños con discapacidad intelectual y del desarrollo.
Diferencia entre condicionamiento clásico y operante
La diferencia principal entre el condicionamiento clásico y el operante es que el primero se refiere
al aprendizaje de información sobre un estímulo, mientras que el segundo implica un aprendizaje
sobre las consecuencias de la respuesta.
Skinner opinaba que la conducta era mucho más fácil de modificar si se manipulaban sus
consecuencias que si simplemente se asociaban estímulos a ésta, como sucede en el
condicionamiento clásico. El condicionamiento clásico se basa en la adquisición de respuestas
reflejas, con lo cual explica una menor cantidad de aprendizajes y sus usos son más limitados que
los del operante, ya que éste hace referencia a conductas que el sujeto puede controlar a
voluntad.
Artículo relacionado: “El condicionamiento clásico y sus experimentos más importantes”
Conceptos del condicionamiento operante
A continuación definiremos los conceptos básicos del condicionamiento operante para entender
mejor este procedimiento y sus aplicaciones.
Muchos de estos términos son compartidos por las orientaciones conductuales en general, si bien
pueden tener connotaciones específicas dentro del paradigma operante.
Respuesta instrumental u operante
Este término designa cualquier conducta que conlleva una consecuencia determinada y es
susceptible de cambiar en función de ésta. Su nombre indica que sirve para obtener algo
(instrumental) y que actúa sobre el medio (operante) en lugar de ser provocada por éste, como
sucede en el caso del condicionamiento clásico o respondiente.
En la teoría conductista la palabra “respuesta” es básicamente equivalente a “conducta” y
“acción”, si bien “respuesta” parece hacer referencia en mayor medida a la presencia de estímulos
antecedentes.
Consecuencia
En la psicología conductista y cognitivo-conductual una consecuencia es el resultado de una
respuesta. La consecuencia puede ser positiva (refuerzo) o negativa (castigo) para el sujeto que
lleve a cabo la conducta; en el primer caso la probabilidad de que se dé la respuesta aumentará y
en el segundo disminuirá.
Es importante tener en cuenta que las consecuencias afectan a la respuesta y, por tanto, en el
condicionamiento operante lo que es reforzado o castigado es dicha conducta, no la persona o el
animal que la lleva a cabo. En todo momento se trabaja con la intención de influir en el modo en el
que se relacionan los estímulos y las respuestas, ya que desde la filosofía conductista se evita
partir desde una visión esencialista de las personas, poniendo más énfasis en aquello que puede
cambiar que en lo que siempre parece permanecer igual.
Reforzamiento
Este término designa las consecuencias de las conductas cuando hacen más probable que se
vuelvan a dar. El reforzamiento puede ser positivo, en cuyo caso estaremos hablando de la
obtención de una recompensa o premio por la ejecución de una respuesta, o negativo, que
engloba la desaparición de estímulos aversivos.
Dentro del reforzamiento negativo podemos distinguir entre respuestas de evitación y de escape.
Las conductas de evitación previenen o impiden la aparición de un estímulo aversivo; por ejemplo,
una persona con agorafobia que no sale de casa porque así no siente ansiedad está evitando esta
emoción. En cambio las respuestas de escape hacen que el estímulo desaparezca cuando ya está
presente.
La diferencia con la palabra “reforzador” es que ésta se refiere al evento que se da como
consecuencia de la conducta en vez de al procedimiento de premiar o castigar. Por tanto,
“reforzador” es un término más cercano a “recompensa” y “premio” que a “reforzamiento”.
Castigo
Un castigo es cualquier consecuencia de una conducta determinada que disminuya la probabilidad
de que ésta se repita.
Como el reforzamiento, el castigo puede ser positivo o negativo. El castigo positivo se corresponde
con la presentación de un estímulo aversivo después de que se produzca la respuesta, mientras
que el castigo negativo es la retirada de un estímulo apetitivo como consecuencia de la conducta.
El castigo positivo se puede relacionar con el uso que se da en general a la palabra “castigo”,
mientras que el castigo negativo se refiere más bien a algún tipo de sanción o multa. Si un niño no
deja de gritar y recibe una bofetada de su madre para que se calle se le estará aplicando un castigo
positivo, mientras que si en vez de eso le quita la consola a la que está jugando recibirá un castigo
negativo.
Estímulo discriminativo y estímulo delta
En Psicología, la palabra “estímulo” se utiliza para designar eventos que provocan una respuesta
por parte de una persona o animal. Dentro del paradigma operante, el estímulo discriminativo es
aquel cuya presencia indica al sujeto de aprendizaje que si lleva a cabo una determinada conducta
ésta tendrá como consecuencia la aparición de un reforzador o de un castigo.
Por contra, la expresión “estímulo delta” se refiere a aquellas señales que, al estar presentes,
informan de que la ejecución de la respuesta no conllevará consecuencias.
¿En qué consiste el condicionamiento operante?
El condicionamiento instrumental u operante es un procedimiento de aprendizaje que se basa en
que la probabilidad de que se dé una respuesta determinada depende de las consecuencias
esperadas. En el condicionamiento operante la conducta es controlada por estímulos
discriminativos presentes en la situación de aprendizaje que transmiten información sobre las
consecuencias probables de la respuesta.
Por ejemplo, un cartel de “Abierto” en una puerta nos indica que si intentamos girar el pomo lo
más probable es que se abra. En este caso el cartel sería el estímulo discriminativo y la apertura de
la puerta funcionaría como reforzador positivo de la respuesta instrumental de girar el pomo.
El análisis conductual aplicado de B. F. Skinner
Skinner desarrolló técnicas de condicionamiento operante que se engloban en lo que conocemos
como “análisis de conducta aplicado”. Éste se ha mostrado particularmente eficaz en la educación
de niños, con un énfasis especial en los niños con dificultades del desarrollo.
El esquema básico del análisis conductual aplicado es el siguiente. En primer lugar se plantea una
meta conductual, que consistirá en el aumento o la reducción de comportamientos determinados.
En función de esto se reforzarán las conductas que se quiere desarrollar y se reducirán los
incentivos existentes para la realización de las conductas que se pretende inhibir.
En general la retirada de reforzadores es más deseable que el castigo positivo puesto que genera
menos rechazo y hostilidad por parte del sujeto. No obstante el castigo puede ser útil en casos en
que la conducta problema es muy disruptiva y requiere una reducción rápida, por ejemplo si se da
violencia.
Durante todo el proceso es fundamental monitorear el progreso de forma sistemática para poder
comprobar con objetividad si los objetivos deseados se están produciendo. Esto se lleva a cabo
principalmente mediante el registro de datos.
Técnicas operantes para desarrollar conductas
Dadas la importancia y la eficacia del refuerzo positivo, las técnicas operantes para aumentar
conductas tienen una utilidad demostrada. A continuación describiremos los más relevantes de
entre estos procedimientos.
1. Técnicas de instigación
Se consideran técnicas de instigación aquellas que dependen de la manipulación de estímulos
discriminativos para aumentar la probabilidad de que se dé una conducta.
Este término incluye las instrucciones que incrementan determinadas conductas, la guía física, que
consiste en mover o colocar partes del cuerpo de la persona entrenada, y el modelado, en que se
observa a un modelo realizando una conducta para poder imitarlo y aprender cuáles son sus
consecuencias. Estos tres procedimientos tienen en común que se centran en enseñar
directamente al sujeto cómo tiene que realizar una acción determinada, sea verbal o físicamente.
2. Moldeamiento
Consiste en acercar gradualmente una conducta determinada a la conducta objetivo, empezando
por una respuesta relativamente parecida que el sujeto pueda realizar y modificándola poco a
poco. Se lleva a cabo por pasos (aproximaciones sucesivas) a los que se aplica reforzamiento.
El moldeamiento es considerado especialmente útil para establecer conductas en sujetos que no
se pueden comunicar verbalmente, como las personas con discapacidad intelectual profunda o los
animales.
3. Desvanecimiento
El desvanecimiento se refiere a la retirada gradual de las ayudas o instigadores que se habían
utilizado para reforzar una conducta meta. Se pretende que el sujeto consolide una respuesta y
posteriormente pueda llevarla a cabo sin necesidad de ayudas externas.
Es uno de los conceptos clave del condicionamiento operante, ya que permite que los progresos
llevados a cabo en terapia o en el entrenamiento puedan generalizarse a muchos otros ámbitos de
la vida.
Este procedimiento consiste fundamentalmente en sustituir un estímulo discriminativo por otro
distinto.
4. Encadenamiento
Una cadena conductual, es decir, una conducta compuesta por varias conductas simples, se separa
en distintos pasos (eslabones). A continuación el sujeto debe aprender a ejecutar los eslabones
uno a uno hasta lograr llevar a cabo la cadena completa.
El encadenamiento puede realizarse hacia delante o hacia atrás y tiene como peculiaridad que
cada eslabón refuerza al anterior y funciona como estímulo discriminativo del siguiente.
En ciertos aspectos, buena parte de las habilidades que se consideran talentos por mostrar un alto
grado de destreza y especialización en ellos (como por ejemplo tocar muy bien un instrumento
musical, bailar muy bien, etc.) pueden ser consideradas fruto de alguna forma de
encadenamiento, dado que desde las habilidades básicas se va progresando hasta alcanzar otras
mucho más trabajadas.
5. Programas de reforzamiento
En un procedimiento de aprendizaje operante, los programas de reforzamiento son las pautas que
establecen cuándo será premiada la conducta y cuándo no.
Hay dos tipos básicos de programas de reforzamiento: los de razón y los de intervalo. En los
programas de razón se obtiene el reforzador después de que se dé un número concreto de
respuestas, mientras que en los de intervalo esto sucede después de que haya pasado un tiempo
determinado desde la última conducta reforzada y ésta vuelva a darse.
Ambos tipos de programa pueden ser fijos o variables, lo cual indica que el número de respuestas
o el intervalo de tiempo necesarios para la obtención del reforzador pueden ser constantes u
oscilar en torno a un valor promedio. También pueden ser continuos o intermitentes; esto significa
que la recompensa puede darse cada vez que el sujeto lleve a cabo la conducta objetivo o bien de
vez en cuando (aunque siempre como consecuencia de una emisión de la respuesta deseada).
El reforzamiento continuo es más útil para establecer conductas y el intermitente para
mantenerlas. Así, teóricamente un perro aprenderá más rápido a dar la pata si le damos un premio
cada vez que nos ofrezca la pata, pero una vez aprendida la conducta será más difícil que deje de
hacerla si le damos el reforzador uno de cada tres o cinco intentos.
Técnicas operantes para reducir o eliminar conductas
Al aplicar técnicas operantes para reducir conductas conviene tener en mente que, dado que estos
procedimientos pueden ser desagradables para los sujetos, siempre es preferible utilizar los
menos aversivos cuando sea posible. Asimismo estas técnicas son preferibles a los castigos
positivos.
A continuación presentamos un listado de estas técnicas en orden de menor a mayor potencial de
generar aversión.
1. Extinción
Se deja de recompensar una conducta que había sido reforzada con anterioridad. Esto disminuye
la probabilidad de que la respuesta vuelva a darse. Formalmente la extinción es lo opuesto al
reforzamiento positivo.
A largo plazo la extinción es más eficaz para eliminar respuestas que el castigo y el resto de
técnicas operantes para reducir conductas, si bien puede ser más lenta.
Un ejemplo básico de extinción es lograr que un niño pare de patalear simplemente ignorándolo
hasta que se dé cuenta de que su conducta no tiene las consecuencias deseadas (por ejemplo el
enfado de los padres, que funcionaría como reforzador) y se harte.
2. Entrenamiento de omisión
En este procedimiento, a la conducta del sujeto le sigue la ausencia de la recompensa; es decir, si
se da la respuesta no se obtendrá el reforzador. Un ejemplo del entrenamiento de omisión podría
ser que unos padres impidan a su hija ver la televisión esa noche por haberles hablado de forma
irrespetuosa. Otro ejemplo sería el hecho de no ir a comprar los juguetes que los niños piden, si
estos se portan mal.
En ámbitos educativos, además, sirve para favorecer que se valoren más los esfuerzos que otras
personas hacen para contentar a los pequeños y que estos, al haberse acostumbrado a estos
tratos, no valoran.
3. Programas de reforzamiento diferencial
Son un subtipo especial de programa de reforzamiento que se utiliza para reducir (no eliminar) las
conductas objetivo aumentando otras respuestas alternativas. Por ejemplo, se podría premiar a un
niño por leer y por hacer ejercicio y no por jugar a la consola si se pretende que esta última
conducta pierda valor reforzante.
En el reforzamiento diferencial de tasas bajas se refuerza la respuesta si se da un determinado
periodo de tiempo después de la última vez que se produjo. En el reforzamiento diferencial de
omisión el refuerzo se obtiene si, después de un periodo de tiempo determinado, la respuesta no
se ha producido. El reforzamiento diferencial de conductas incompatibles consiste en reforzar
respuestas incompatibles con la conducta problema; este último procedimiento se aplica a los tics
y la onicofagia, entre otros trastornos.
4. Coste de respuesta
Variante del castigo negativo en que la ejecución de la conducta problema provoca la pérdida de
un reforzador. El carnet de puntos para conductores que se introdujo en España hace unos años es
un buen ejemplo de programa de coste de respuesta.
5. Tiempo fuera
El tiempo fuera consiste en aislar al sujeto, en general niños, en un entorno no estimulante en
caso de que se produzca la conducta problemática. También una variante del castigo negativo, se
diferencia del coste de respuesta en que lo que se pierde es la posibilidad de acceder al refuerzo,
no el reforzador en sí.
6. Saciación
El refuerzo que se obtiene por llevar a cabo la conducta es tan intenso o cuantioso que pierde el
valor que tenía para un sujeto. Esto puede tener lugar por saciación de respuesta o práctica
masiva (repetir la conducta hasta que deje de ser apetitiva) o bien por saciación de estímulo (el
reforzador pierde su apetitividad por exceso).
7. Sobrecorrección
La sobrecorrección consiste en aplicar un castigo positivo relacionado con la conducta problema.
Por ejemplo, es muy utilizada en casos de enuresis, en que se pide al niño que lave las sábanas
después de orinarse encima durante la noche.
Técnicas de organización de contingencias
Los sistemas de organización de contingencias son procedimientos complejos a través de los
cuales se puede reforzar unas conductas y castigar otras.
La economía de fichas es un ejemplo muy conocido de este tipo de técnicas. Consiste en entregar
fichas (u otros reforzadores genéricos equivalentes) como premio por la realización de las
conductas objetivo; posteriormente los sujetos pueden intercambiar sus fichas por premios de
valor variable. Se utiliza en escuelas, cárceles y hospitales psiquiátricos.
Los contratos conductuales o de contingencias son acuerdos entre varias personas, normalmente
dos, mediante los que se comprometen a realizar (o a no realizar) determinadas conductas. En los
contratos se detallan las consecuencias en caso de que se cumplan o incumplan las condiciones
acordadas.
¿En qué consiste la psicología cognitiva?
La psicología cognitiva es la vertiente de la psicología que se dedica al estudio de los procesos
mentales como la percepción, la planificación o la extracción de inferencias. Es decir, procesos que
históricamente se han entendido como privados y fuera del alcance de los instrumentos de
medición que se han venido utilizando en estudios científicos.
El cognitivismo y la psicología cognitiva han supuesto un golpe sobre la mesa por parte de una
comunidad de investigadores que no quería renunciar al estudio científico de los procesos
mentales, y aproximadamente desde los años 60 han formado la corriente de psicología
hegemónica en todo el mundo.
Para explicar los orígenes de la psicología cognitiva hay que retroceder a mediados del siglo
pasado.
La psicología cognitiva y la metáfora computacional
Si en la primera mitad del siglo XX las escuelas dominantes en el mundo de la psicología eran la
psicodinámica iniciada por Sigmund Freud y la conductista, a partir de los años 50 el mundo de la
investigación científica empezó a vivir una época de cambios acelerados ocasionados por la
irrupción de los progresos en la construcción de ordenadores.
A partir de ese momento empezó a ser posible entender la mente humana como un procesador de
información comparable a cualquier ordenador, con sus puertos de entrada y de salida de datos,
partes dedicadas a almacenar datos (memoria) y ciertos programas informáticos encargados de
procesar la información de manera adecuada. Esta metáfora computacional serviría para crear
modelos teóricos que permitiesen formular hipótesis e intentar predecir el comportamiento
humano hasta cierto punto. Nacía así el modelo informático de los procesos mentales, muy
utilizado en psicología a día de hoy.
La revolución cognitiva
A la vez que se sucedían los progresos tecnológicos en el ámbito de la informática, el conductismo
iba siendo cada vez más criticado. Estas críticas se centraban, básicamente, porque se entendía
que sus limitaciones no permitían estudiar adecuadamente los procesos mentales, al limitarse a
extraer conclusiones sobre lo que es observable directamente y lo que tiene una repercusión clara
sobre el entorno: la conducta.
De este modo, durante los años 50 surgió un movimiento a favor de una reorientación de la
psicología hacia los procesos mentales. En esta iniciativa participaron, entre otros, seguidores de la
antigua psicología de la Gestalt, investigadores de la memoria y el aprendizaje interesados en lo
cognitivo, y algunas personas que se habían ido distanciando del conductismo y, especialmente,
Jerome Bruner y George Miller, que encabezaron la revolución cognitiva.
Se considera que la psicología cognitiva nació como fruto de esta etapa de reivindicaciones a favor
del estudio de los procesos mentales, cuando Jerome Bruner y George Miller fundaron el Center
for Cognitive Studies de Harvard en el año 1960. Poco más tarde, en el 1967, el psicólogo Ulric
Neisser aporta una definición sobre lo que es la psicología cognitiva en su libro Cognitive
psychology. En esta obra explica el concepto de cognición en términos computacionales, como un
proceso en el que se procesa información para poder usarla más adelante.
La reorientación de la psicología
La irrupción de la psicología cognitiva y el paradigma cognitivista supuso un cambio radical en el
objeto de estudio de la psicología. Si para el conductismo radical de B. F. Skinner lo que debía
estudiar la psicología era la asociación entre estímulos y respuestas que puedan ser aprendidas o
modificadas a través de la expriencia, los psicólogos cognitivos empezaron a hipotetizar sobre
estados internos que permitían explicar la memoria, la atención, la percepción, e infinidad de
temas que hasta ese momento solo se habían tocado tímidamente por los psicólogos de la Gestalt
y algunos investigadores de finales del siglo XIX y principios del XX.
La metodología de la psicología cognitiva, que heredaba muchas cosas del conductismo, consistía
en realizar suposiciones sobre el funcionamiento de los procesos mentales, realizar inferencias a
partir de estas suposiciones, y poner a prueba lo que se da por supuesto mediante estudios
científicos, para ver si los resultados encajan con los supuestos de los que se parten. La idea es que
la acumulación de estudios acerca de los procesos mentales irían perfilando cómo podría
funcionar y cómo no funciona la mente humana, siendo este el motor del progreso científico en el
campo de la psicología cognitiva.
Críticas a esta concepción de la mente
La psicología cognitiva ha sido fuertemente criticada por los psicólogos e investigadores asociados
a la corriente conductista. El motivo es que, según su perspectiva, no hay motivo alguno para
considerar que los procesos mentales son otra cosa diferente a la conducta, como si fuesen
elementos fijos que permanecen en el interior de las personas y que están relativamente
separadas de lo que ocurre a nuestro alrededor.
Así, la psicología cognitiva es visto como una perspectiva mentalista que, ya sea mediante el
dualismo o mediante el materialismo metafísico, confunde los conceptos que se supone que
deberían ayudar a entender el comportamiento, con el objeto de estudio en sí. Por ejemplo, se
llega a entender la religiosidad como un conjunto de creencias que permanecen dentro de la
persona, y no una disposición a reaccionar de ciertos modos ante ciertos estímulos.
Como consiguiente, los actuales herederos del conductismo consideran que la revolución
cognitiva, en vez de aportar argumentos de peso contra el conductismo, se limitó a hacer ver que
lo había refutado, haciendo pasar por delante del razonamiento científico los propios intereses y
tratando a las atribuciones hechas sobre lo que puede estar ocurriendo en el cerebro como si
fuese el fenómeno psicológico a estudiar, en vez de la propia conducta.
La psicología cognitiva a día de hoy
Actualmente la psicología cognitiva sigue siendo una importantísima parte de la psicología, tanto
en investigación como en intervención y terapia. A su progreso han ayudado los descubrimientos
en el ámbito de neurociencias y la mejora de las tecnologías que permiten escanear el cerebro
para obtener imágenes sobre sus patrones de activación, como por ejemplo la fMRI, que aporta
datos extras acerca de lo que pasa en la cabeza de los seres humanos y permite "triangular" la
información obtenida en los estudios.
Sin embargo, cabe destacar que ni el paradigma cognitivista ni, por extensión, la psicología
cognitiva están libres de críticas. Las investigaciones realizadas en el seno de la psicología cognitiva
reposan sobre varios supuestos que no tienen por qué ser ciertos, como por ejemplo la idea de
que los procesos mentales son algo distinto a la conducta y que lo primero causa lo segundo. Por
algo es que, aún a día de hoy, existe el conductismo (o un descendiente directo de este, más bien,
y no solo no ha sido totalmente asimilado por la escuela cognitiva, sino que además la critica
duramente.