Sexitivo
Sexitivo
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Sergio Fosela Águila
LA TERAPIA SEXITIVA: Energía sexual y sanación emocional
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ÍNDICE
Índice
Sobre el autor
Agradecimientos
Advertencia
Prólogo
Introducción
La Terapia Sexitiva
¿Qué es?
¿Para quién es y en qué consiste?
¿Qué objetivos tiene?
¿En qué consiste un masaje de sanación?
La sanación sexual
I PARTE
Capítulo 1. Anorgasmia
Anorgasmia femenina
Anorgasmia masculina
Sanando a la mujer
Sanando al hombre
Testimonio
Capítulo 2. Deseo sexual hipoactivo
Falta de deseo o apetito sexual
Sanando la falta de deseo sexual
La controvertida «Asexualidad»
Caso práctico
Capítulo 3. Deseo sexual hiperactivo
«Sanando» el deseo sexual hiperactivo
Capítulo 4. Dolor coital
Sanando el dolor coital
Hipertonía vaginal
Sanando la hipertonía vaginal
Dispareunia
Sanando la dispareunia
Vaginismo
Sanando el vaginismo
Testimonio
Capítulo 5. Molestias y dolor en la zona genital
Sanando el dolor
Caso práctico
Capítulo 6. Disfunción eréctil
Sanando la disfunción eréctil
Ejercicio práctico
Capítulo 7. Eyaculación precoz
Sanando la eyaculación precoz
Capítulo 8. Orgasmo y dolor de cabeza
Sanando el dolor de cabeza
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II PARTE
Capítulo 1. Energía sexual y emociones
Trabajando con la Terapia Sexitiva
Método de trabajo con la sanación sexual
Capítulo 2. Las cuatro fases emocionales de bloqueo
Dolor
Culpa
Miedo
Vergüenza
Testimonio 1
Testimonio 2
Capítulo 3. Desconexión sexual
Sanando la desconexión sexual
Capítulo 4. Tristeza profunda o ansiedad infinita
Sanando la tristeza profunda y la ansiedad infinita
Testimonio
Epílogo
Bibliografía
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Liberar la energía sexual y tomar conciencia de ella te ayudará a abrir un sinfín de
posibilidades de sanación, gozo y amor infinito.
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SOBRE EL AUTOR
Sergio Fosela es el creador de la Terapia Sexitiva y de su sistema de sanación sexual.
Reside en Madrid y enseña a trabajar con la energía sexual en distintas ciudades de
España.
Desde la adolescencia ha estado muy interesado en el mundo de las terapias
alternativas y en cómo ayudar a los demás a eliminar sus dolores empleando las manos.
Siendo muy pequeño descubrió su habilidad para aliviar el dolor de los demás con sólo
posar sus manos en la zona de la molestia.
A los 16 años, comenzó a formarse como masajista deportivo y terapéutico, y durante
los tres años siguientes se dedicó a reforzar los conocimientos adquiridos asistiendo a
talleres y monográficos dedicados al masaje y el tratamiento de distintas patologías.
Poco después, se interesó por las terapias más energéticas, aprendiendo Shiatsu Zen y
realizando la formación completa en dos escuelas diferentes. Así, pudo comparar sus
métodos y perfeccionar su técnica. También estudió la técnica de Reiki, pero nunca llegó
a practicarla ya que el interés estaba puesto sólo en el sistema energético de los chacras y
su comportamiento.
Movido por la curiosidad, amplió sus estudios en Medicina Tradicional China y, sobre
todo, en la teoría de los Cinco Elementos, teoría que introduciría después en la Terapia
Sexitiva, junto a los chacras y el método de trabajo del Shiatsu cuando comenzó a
desarrollarla.
Viajó a la isla de Tenerife para dedicar todo su tiempo a las terapias alternativas. Fue
allí donde, tras tres años depurando su técnica de sensibilización y desarrollo de la
percepción energética, se dio cuenta de que algunas personas no sanaban del todo sus
bloqueos. Trabajara con la técnica que trabajara, al cabo de un periodo de tiempo
indeterminado, los bloqueos volvían a reproducirse y fortalecerse. Investigando este
comportamiento de los bloqueos, descubrió que la zona pélvica era el origen y la causa de
que no terminaran de sanar. Y como con las técnicas que practicaba por aquel entonces no
podía trabajar esa zona, se puso a investigar cómo hacerlo.
Fue así como comenzó una búsqueda que empezó con la comprensión de que la energía
bloqueada en los genitales era energía sexual.
Su siguiente paso fue estudiar el Tao, filosofía que trabaja (entre otras muchas cosas)
la sexualidad a través de esta energía. Pero sus métodos eran muy teóricos y espirituales.
Además, las enseñanzas que aprendió estaban destinadas al uso personal, no al
terapéutico. Y tras una temporada larga de estudio abandonó la disciplina para continuar
su investigación.
Unas semanas después descubrió que, en el Tantra, se utilizaba una sanación sexual
con la otra persona que ayudaba a romper bloqueos energéticos y emocionales, por lo que
se embarcó en su aprendizaje. Tal y como le sucedió con el taoísmo, su filosofía le sirvió
para crecer personal y espiritualmente, pero la técnica que aprendió no le satisfizo, pues,
aunque efectiva, trabajaba todos los bloqueos por igual y no diferenciaba cada caso.
Tras dos años de estudio de esta filosofía y de una constante búsqueda de
conocimiento sobre la energía sexual, conoció a su maestro. Era un viejo chamán del
amazonas peruano que, en un encuentro casual de trabajo y tras una pequeña
conversación sobre terapias, quiso compartir con Sergio su sabiduría y conocimiento
sobre energía.
Su maestro le enseñó cómo trabajaba la energía sexual, le mostró las 30 distintas
clases de energía que recorren el cuerpo humano y cómo están interconectadas entre sí.
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Aprendió del chamán a mover la propia energía sexual para, a través de sus manos, mover
la energía sexual de otras personas mediante el masaje. También aprendió a realizar una
conexión energética con la otra persona para percibir con nitidez cada bloqueo. Durante
otros dos años, estuvo realizando ejercicios prácticos con su maestro y manteniendo
largas conversaciones, hasta que, en su última lección, éste le traspasó unos manuscritos
que había encontrado y copiado en un museo chino durante uno de sus muchos viajes por
el mundo. En él descubrió la reflexología genital, que conecta cada parte de los genitales
con una emoción.
Durante el tiempo que pasó con el chamán conoció el masaje tántrico de Cachemira,
que adaptó al masaje de sanación para lograr activar y desarrollar la energía sexual con
rapidez.
A partir de este momento, y con todas las piezas del puzle sobre la mesa, comenzó a
desarrollar la Terapia Sexitiva y a probar la sanación con distintas amistades. En ese
periodo de ensayos y análisis conoció a dos mujeres que lo guiaron en su camino y lo
ayudaron a completar la Terapia.
Después de otros dos años practicando la Terapia Sexitiva con éxito, regresó a
Madrid. Una vez asentado, comenzó a realizar talleres para transmitir este conocimiento
de sanación a través de la energía sexual. Finalmente, instruyó a otros terapeutas para
realizar sesiones individuales y divulgar la sanación sexual y sus beneficios.
Desde entonces, ha impartido decenas de talleres y realizado cientos de sesiones
individuales por toda España con resultados increíbles. Sigue ampliando sus
conocimientos y formación, con vistas a incorporar cualquier método que pueda mejorar
todavía más su Terapia Sexitiva.
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AGRADECIMIENTOS
Mi más profundo agradecimiento a mi mujer, Marta, por su eterna paciencia, por su
apoyo y por sus ánimos cuando bajaba los brazos a la hora de terminar este libro.
A mi más reciente amiga, de las de verdad, Vanessa, por sus críticas y correcciones y
su enorme cariño a la hora de aconsejarme.
A Beatriz, que primero fue mi alumna y más adelante una buena amiga y una
compañera de terapia. Por sus observaciones y apuntes. Porque gracias a ella, esta terapia
sigue evolucionando.
A todas esas mujeres que han depositado su confianza en mis manos y me han
ayudado a crear el contenido del libro.
A mis alumnos, que ahora son mis compañeros y maestros. Porque sólo compartiendo
se puede seguir creciendo y creando.
A todas las personas que se han interesado por la energía sexual y han asistido a mis
charlas, talleres y cursos, y me han agradecido lo aprendido escribiéndome y contándome
sus resultados, porque eso me anima a seguir adelante.
A todos los profesionales del mundo de la sexualidad y afines a la energía sexual y
terapias alternativas y a los psicólogos, sexólogos y ginecólogos que he conocido a lo
largo de mi vida como terapeuta, porque he aprendido mucho de cada uno de ellos, y
porque me han permitido apoyarme en ellos, con sus consejos y sabiduría, para avanzar y
evolucionar.
A cada persona que ha aparecido en mi vida, fuera para pasar de largo, fuera para
quedarse. Porque sin cada una de ellas no habría llegado hasta aquí.
Gracias a todos por vuestra influencia en mi vida y por haber formado parte de mi
camino.
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ADVERTENCIA
Las formas de trabajo con la energía sexual descritas en este libro son utilizadas con
éxito por profesionales debidamente instruidos y capacitados para realizar la sanación.
Los lectores no deben realizar la sanación sexual sin recibir la formación personal y
entrenamiento de un instructor de Terapia Sexitiva, puesto que esta práctica, si se hace
incorrectamente, puede causar lesiones o provocar problemas de salud.
Este libro está diseñado como manual informativo y de conocimiento de la energía
sexual, y como manual de crecimiento personal e individual. También pretende servir
como guía de referencia para alumnos en prácticas de la Terapia Sexitiva, y como
referencia para otros profesionales de la sexualidad que quieran entender cómo incide esta
energía en el ser humano.
Cualquier persona que intente realizar una sanación sexual basándose únicamente en
este libro lo hace bajo su propio riesgo y responsabilidad, pues para hacerlo correctamente
es necesario recibir una formación completa y presencial.
La técnica descrita en este libro no pretende ser una alternativa o sustituto del cuidado
y tratamiento médico profesional. Es una terapia complementaria para reforzar un
tratamiento médico; para cuando todo está bien, pero se tiene la sensación de no estarlo; o
como una vía de autoconocimiento y exploración cuando la persona está sana. Si
cualquier lector está sufriendo alguna enfermedad arraigada en trastornos mentales o
emocionales, deberá consultar a un profesional médico, psicólogo, sexólogo o terapeuta
capacitado.
La Terapia Sexitiva no puede hacerse responsable de las consecuencias de cualquier
uso indebido de la información contenida en este libro. Porque este libro no pretende dar
ningún diagnóstico médico. El tratamiento, la prescripción o recomendación correctiva en
relación a cualquier disfunción sexual o estado mental descrito en este documento es
responsabilidad única de profesionales facultativos.
Por otro lado, este libro no trata de categorizar con sus teorías, ni tan siquiera pretende
tener la razón. Tan sólo es una terapia desarrollada a través de la experiencia de muchos
años de trabajo de campo, donde se invita al lector a cuestionar cada frase y a identificarse
sólo con lo que le resuene. La idea es la de despertar la conciencia y enseñar que hay otros
caminos y soluciones, siempre que uno mismo emprenda esa búsqueda.
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PRÓLOGO
Conocí a Sergio hace unos años, en un ciclo de seminarios sobre energía sexual que él
impartía por aquel entonces. A pesar de que yo llevaba practicando el Tao y la energía
sexual según el taoísmo, con él aprendí a ir un poco más allá, a cultivarlo realmente en
beneficio de mi salud y fortaleza emocional. Mi sensación fue que siempre iba un paso
por delante de tus dudas, que estaba dispuesto a enseñar todo lo que sabe y a compartir y a
aprender de sí mismo y de ti.
En aquellos seminarios cortos y eminentemente prácticos ―como siempre los
imparte él―, vivenciales desde el propio cuerpo, en los que uno siente toda esa energía
dentro de sí, aprendí a gestionar no sólo la energía sexual, sino a convertirla en mi salud y
en mi vitalidad tal y como predica el taoísmo.
Mis maestros y mis maestras taoístas siempre me decían: «Tú practica... Tú practica...
Si practicas, la salud viene», pero nunca terminaban de enseñarme a transformar la
energía vital en energía sexual y a convertir ésta, todopoderosa e inagotable, en un potente
raudal desbloqueante y nutridor de salud.
En la época en que acudí a su primer taller, yo había sufrido un accidente y entré a la
sala con muletas... y me fui en autobús a casa sin ellas. Cuando sentí que los dolores
desaparecían a mitad del taller, durante un ejercicio, abrí los ojos y le miré... Sergio me
miró y sonrió, y con un gesto me mandó callar, indicándome que volviera a entrar en la
meditación.
Desde entonces, ambos nos nutrimos de los conocimientos y de las ganas de crecer.
Pude consolidar mis conocimientos de Tao a través de los suyos y desbloquear patrones,
limitaciones, dolores y traumas con las sesiones individuales que comencé a recibir.
Desde la primera sesión me di cuenta de que aquello era diferente a una Sanación
Tántrica; era mucho más directa y profunda, y utilizaba la medicina tradicional china en
combinación con los elementos de la energía sexual. Aquello me capturó por completo.
Como acupuntora que había estudiado en China, conecté y reconocí su trabajo, pero
Sergio le daba una vuelta más de tuerca.
Como terapeuta, sabe que lo más importante es la rapidez y la fluidez, y con la
Terapia Sexitiva conseguía desbloquear el trauma, el bloqueo o el patrón porque
―utilizando la medicina china, que dirige directamente la energía a los puntos
necesarios―, desbloqueaba físicamente meridianos, reestructuraba completamente las
posturas físicas y cambiaba tu comportamiento desde sensaciones de placer utilizando la
sanación sexual. Era un despertar a la conciencia con tu verdadero yo, para ver sin
máscaras, para ver capas por ti mismo... Para identificar qué era tuyo y qué no.
El reconocimiento de mí misma y de cuál era el origen del conflicto me permitieron
sanarlo; no desde el síntoma, sino también desde el origen, desde el patrón acción-
reacción-conflicto, y el desligamiento mente-cerebro-corazón.
La Terapia Sexitiva funciona. Es de gran ayuda para personas no sólo con
disfunciones sexuales ―nunca me traté con él ninguna disfunción sexual―, sino con
conflictos emocionales, bloqueos, patrones tóxicos y energéticos negativos, necesidad de
re-conocerse, etc.
Y ponerlo en práctica era sólo cuestión de tiempo. Y no se hizo de rogar. En cuanto
Sergio empezó a formar a terapeutas, esa puerta se abrió para mí. Desde entonces,
investigo y practico la Terapia Sexitiva.
BEATRIZ COLMAN
Creadora de la Técnica REINEN©
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Masajista Sexitiva.
Asesora en bienestar. Naturópata. M.T.C
Graduada en Psicorientología- Universidad de Laredo, Texas.
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INTRODUCCIÓN
Vivimos en una época de liberación y reivindicación de la sexualidad ―al menos en
la cultura occidental europea―. Podría decirse que a día de hoy se ha conseguido, de
forma general y en muchas sociedades, una apertura donde el ser humano puede expresar
sus gustos, preferencias y placer sin contar con la aprobación de nadie y sin ser castigado
por ello. Y esto no sólo es algo de nuestra generación, puesto que algunas personas de
generaciones anteriores se han subido también al carro de la libertad sexual. Sin embargo,
muchas personas aún tienen una relación de culpa, ansiedad y vergüenza con su
sexualidad. Les cuesta manifestar su propia energía sexual y disfrutarla.
Esto es debido al sistema de creencias patriarcales que lleva instaurado en la sociedad
desde hace aproximadamente cuatro mil años. Este sistema reprime a la mujer,
relegándola a un segundo plano y condenando su sexualidad, pero también presiona y
esclaviza al hombre para que cumpla unas expectativas que no le corresponden ni le
hacen sentirse a gusto.
En el caso de la mujer que vive bajo estas creencias, se olvida de sí misma, de su
placer y su sexualidad. Vive entregada a su pareja o a sus rutinas, convirtiéndose en una
esclava de su propia vida, y sin darse cuenta el amor hacia su pareja se hace dañino,
volviéndose también contra ella. Ahí es cuando sus ovarios, su útero, su vagina y su vulva
gritan en forma de disfunciones sexuales, problemas ginecológicos, bloqueos
emocionales... En el caso de mujeres sin pareja, estas creencias la apartan de establecer
una relación por miedo a perder su independencia y la vuelven exigente para no
comprometerse, lo que lleva a los mismos bloqueos y disfunciones.
Esta forma de vida donde la mujer ha estado siempre sometida a las decisiones del
hombre, ya se trate de una pareja, de un padre o del entorno, acallando sus propios deseos,
constriñe la energía sexual y provoca una especie de violencia interna que suele
manifestarse hacia los hijos, la pareja y ella misma ―chillar y regañar constantemente,
descuidar su salud y aspecto físico, recriminar cualquier cosa, etc..
En mayor o menor medida, estas personas viven en una constante y profunda tristeza
y en una ansiedad que nunca se calma. Y, en algunos casos, cuando sienten el impulso de
hacer realidad sus deseos más internos, se ven asediadas por la culpa o la vergüenza. Así,
con el objetivo de sentirse bien, aparecen el deseo de comprar compulsivamente, el
descontrol con la comida, la obsesión por el culto al cuerpo, el ego ―en forma de
victimismo o necesidad de ser el centro de atención―, la necesidad de entregarse a los
demás para poder recibir después favores y/o halagos... pero nada de todo esto llega a
calmar esas sensaciones durante mucho tiempo, por lo que se vuelve a empezar. También
se manifiestan algunas disfunciones sexuales como la falta de deseo, la anorgasmia o
dificultad de llegar al orgasmo, la insatisfacción, el vaginismo y la hipertonía vaginal, las
menstruaciones irregulares, la endometriosis, los pólipos, la dispareunia, la
hipersensibilidad o dolor al contacto con el clítoris, la insensibilidad o la imposibilidad de
sentir placer.
Para muchas mujeres, el orgasmo vaginal y el punto G son un misterio indescifrable
que lleva a la frustración o la resignación, pero esta imposibilidad no es otra cosa que el
rechazo inconsciente o el miedo a vivir la sexualidad libremente. El peso del temor a ser
considerada una «guarra» ―un arquetipo que todavía hace mucho daño― lleva a vivir
esa sexualidad de forma reprimida.
En el caso del hombre, aunque en un principio parezca que estas creencias le
favorecen, también le hacen olvidarse de su capacidad de sentir y disfrutar de la
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sexualidad con plenitud. Vive bajo la exigencia de conocer el placer de la mujer,
provocarle orgasmos y ser el mejor amante, y sin darse cuenta sufre un conflicto entre lo
que quiere y desea y lo que «debe hacer». Da por sentada las cosas y, cuando no salen
como «se supone que deben ser», se frustra, se encoleriza e intenta imponerse a su pareja
―adoptando el papel que le otorga la sociedad patriarcal― para no enfrentarse a sus
miedos y evitar parecer vulnerable o ignorante. Y ahí es cuando sus genitales protestan
―igual que en el caso de la mujer― en forma de problemas de erección, eyaculación
precoz o retardada, hipersensibilidad del glande, dolor en la penetración...
Esta forma de vida donde el hombre siempre ha tenido que ser el «protector» de la
mujer y la familia, sin posibilidad de error en sus decisiones unilaterales, bloquea la
energía sexual y provoca una especie de violencia interna que, en un principio, suele
manifestarse hacia sí mismo, cayendo en el alcohol, las drogas o la infidelidad a sus
creencias.
Por otro lado, estas mismas creencias le presionan para que construya una imagen de
sí mismo en base a roles preconfigurados e imposibles de alcanzar y que distan mucho de
lo que desea y siente, pero que se ve «obligado» a cumplir. La fijación por ser el «macho
alfa» bloquea la energía sexual masculina provocando una pérdida de la conciencia
emocional y sentimental y causando que se viva una sexualidad sin plenitud e
insatisfactoria.
El patriarcado ha alimentado a la sociedad con mitos, tabúes y creencias sexuales que
hasta hace poco no se cuestionaban y mucho menos importaban, lo que ha hecho que la
sexualidad se viva de modo confuso y limitado.
Liberando la energía sexual, se pueden sanar estos bloqueos emocionales y sexuales,
desencadenando una conciencia plena del propio cuerpo, la aceptación de la feminidad, el
descubrimiento de la auténtica masculinidad, el reencuentro con la verdadera esencia y el
permiso para amarse y respetarse tal como uno es.
La Terapia Sexitiva es una sanación sexual y emocional que permite esta liberación.
Su objetivo es quitarle poder a la mente y despertar la conciencia para salir del laberinto
de pensamientos en el que solemos estar sumidos.
La sanación sexual trabaja con los flujos energéticos que recorren cada centímetro de
nuestro cuerpo y nuestra piel, tanto interna como externamente, por lo que es posible
activarla, sentirla y dirigirla posando nuestras manos en cualquier parte. En la Terapia
Sexitiva, la apertura y liberación de la energía sexual hace que ésta se expanda,
desbloquee la mente y cree una conexión con las emociones y el cuerpo. Crea una
armonía entre mente, emociones y subconsciente de manera que ninguna predomine
sobre las otras y siempre estén en equilibrio. Como hemos dicho, vivimos con los ojos
tapados, programados y automatizados. Hemos de quitarnos la venda y tomar conciencia
de nosotros mismos y nuestras acciones.
La Terapia Sexitiva nace con la intención de:
1. Romper los tabúes, prejuicios, mitos y estereotipos en torno a la
sexualidad para despertar, desarrollar y expandir la energía sexual.
2. Sanar todas las memorias de sufrimiento y dolor, rememorando las
vivencias que nos bloquean.
3. Romper las barreras emocionales que impiden disfrutar la sexualidad y la
vida con conciencia, plenitud y amor incondicional.
El propósito de este libro es servir de guía y enseñar la teoría y la práctica aplicada de
la Terapia Sexitiva, explicando de la manera más sencilla y directa posible qué es la
energía sexual y cómo funciona el masaje ante las principales disfunciones sexuales y los
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bloqueos más importantes con los que me he encontrado como Sexcoach y terapeuta. Me
gustaría mostrar un camino que ayude a reconectarse con uno mismo, tomar conciencia y
cambiar todo cuanto necesitemos para disfrutar de una vida afectivo-sexual plena.
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LA TERAPIA SEXITIVA
La Terapia Sexitiva nació de la necesidad de trabajar directamente la energía sexual
sobre el cuerpo sin que hiciesen falta conocimientos de Tantra o Tao.
Después de varios años de observación, investigación y ensayos sobre los bloqueos
producidos a nivel pélvico desde un punto de vista energético, su incidencia en el resto del
cuerpo y las emociones, y relacionarlos con la sexualidad y psicología occidental, se
concluyó que la liberación de la energía sexual y su desarrollo despertaba una conciencia
plena en la persona que incidía directamente en los bloqueos emocionales y en las
disfunciones sexuales del sujeto en cuestión, eliminándolos en su totalidad y dando paso a
una nueva visión de sí mismos y de su propia sexualidad.
La energía sexual va más allá que cualquier otra. Entra en lo más profundo de nuestro
subconsciente y nos permite:
1. Ver la verdadera causa de nuestro estado.
1. Comprenderla de una forma objetiva y liberarnos de culpas y dolores
emocionales.
2. Ponernos manos a la obra para buscar una solución y sanar. Aunque el
mero hecho de tomar conciencia de nuestro bloqueo ya es una sanación en
sí misma.
La energía sexual es muy poderosa, y la más sanadora de todas las energías. La
sanación sexual es la terapia más potente y efectiva, pero antes había que conseguir darle
forma, pues entendiéndola o trabajándola únicamente a nivel interno y personal no es
suficientemente rápida, y eso, en muchas ocasiones, puede provocar que se abandone o
que no se realice de manera correcta por falta de concentración o cansancio.
Para esto nace un masaje que abarca la capacidad de sanación de la energía sexual: El
masaje sexitivo.
¿Qué es?
La Terapia Sexitiva es una sanación sexual y emocional basada en 5 principios:
1. La dualidad energética del Tao (el yin y el yang).
1. La energía sexual Kundalini del Tantra.
2. La teoría de los 5 elementos de la Medicina Tradicional China.
3. El sistema de Chacras del Reiki.
4. Las técnicas de digitopresión sexual del Tsú.
¿Para quién es y en qué consiste?
Esta terapia ha sido creada y planteada para todas aquellas personas que quieran hacer
una indagación en sí mismas tanto en el plano emocional como en el plano sexual, dos
aspectos de nuestra naturaleza que están muy unidos.
La Terapia Sexitiva trabaja, a través de la energía sexual, los bloqueos emocionales y
sexuales mediante el masaje de sanación individual, las sesiones de coaching sexual para
parejas y talleres y cursos en grupo. Charlas, juegos y ejercicios que enseñan a tomar
conciencia, a armonizar cuerpo, mente y centro emocional y a superar esas barreras, y
donde se aprende a identificar y utilizar la energía sexual para nuestro propio beneficio.
¿Qué objetivos tiene?
La terapia tiene dos objetivos fundamentales:
1. Está enfocada a ir relajando de una manera muy concreta y profunda la
mente, con el objetivo de eliminar las barreras que levantamos respecto a
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nuestro cuerpo y nuestra sexualidad.
1. Una vez relajada la mente y entregada al momento presente, se centra en
abrir el corazón de manera natural, dejar fluir los sentimientos y
sensaciones sin barreras ni miedos, sin reprimir nada, y en tomar
conciencia de uno mismo entrando en una bonita integración con el
cuerpo y alma.
La Terapia Sexitiva es un proceso realmente sanador y revelador que permite liberar
capas de sufrimiento y tensiones emocionales acumuladas durante años.
A través de ella, iremos amando nuestro cuerpo, conectando con nuestra sensualidad,
despertando nuestra energía erótica y aumentando nuestra capacidad orgásmica.
¿En qué consiste un masaje de sanación?
A lo largo de nuestra vida experimentamos frustraciones, censuras, traumas y
represiones debidas al día a día, a nuestra educación familiar, escolar, social, situación
laboral, de pareja, etc. Todo un proceso que se va acumulando en nuestros tejidos,
endureciéndolos, creando tensiones y bloqueando el libre fluir de la energía por nuestro
cuerpo.
Debido a esta coraza natural que creamos como defensa, se puede sufrir anorgasmia,
rechazo por el otro sexo, falta de deseo, culpabilidad al masturbarse, manías, vergüenza
ante el propio cuerpo, falta de confianza en las relaciones, dificultad para soltarse al
placer, miedo a entregarse y depender, miedo al rechazo, ansiedad infinita...
Los genitales, junto al sacro, tienen zonas reflejas como los pies, las manos, el
abdomen o la cabeza. A través de estos puntos reflejos, con suaves presiones,
conseguimos quitar capas y adherencias de bloqueos antiguos que, poco a poco, nos
conducen a la liberación física, mental y emocional.
La Terapia Sexitiva, mediante la presión de las distintas zonas reflejas, y después de
haber liberado la mente con el masaje del cuerpo entero para así tomar consciencia del
propio ser, puede liberar y sanar todas estas cosas.
Todo empieza por identificar, conocer y tratar bien la anatomía. Masajear suavemente
las zonas para, en primer lugar liberar las tensiones emocionales y, en segundo lugar,
sanarlas; después... después vienen el placer y el amor.
La sanación sexual
Por un lado, el masaje de sanación sexual de la Terapia Sexitiva es terapéutico y está
indicado para superar algún bloqueo o límite respecto a la sexualidad (falta de deseo,
dificultad para llegar al orgasmo, sensibilizar el punto G, trabas emocionales, etc.).
Por otro lado, es explorador, y está indicado para conocernos mejor y ver hasta dónde
podemos llegar, si somos capaces de sentir la excitación sexual a otro nivel o de otra
forma, para averiguar si nuestra capacidad e intensidad orgásmica es la adecuada, etc.
También se ha mostrado eficaz y positivo como tratamiento complementario en las
siguientes patologías y disfunciones:
Endometriosis y el posoperatorio, tanto para el alivio de los síntomas y
dolores durante la menstruación, como para el dolor provocado durante la
penetración en el coito y molestias derivadas.
Vaginismo y exceso de tono de la musculatura pélvica, que impiden la
penetración total o parcial ya sea por un pene, un juguete sexual o incluso
los dedos, provocando dolor intenso.
En el prolapso de útero, la Terapia Sexitiva ayuda a identificar las zonas
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más débiles y a concienciar de ese estado. También ayuda a reconocer las
formas y métodos propicios para seguir manteniendo relaciones sexuales
sin experimentar dolor o molestias mientras la patología es tratada por
profesionales y se subsana, ayudando también a la recuperación
emocional.
Ayuda a la reubicación y recuperación del útero (como por ejemplo
después del parto) y a su limpieza energética regulando la menstruación y
los dolores premenstruales con eficacia. En casos de problemas para
quedar embarazada, donde no hay diagnóstico médico de infertilidad ni
impedimentos físicos, ayuda a reconocer bloqueos emocionales y a
concienciar de ellos para que cada persona pueda trabajarlos.
Durante la premenopausia y menopausia, ayuda al redescubrimiento del
nuevo estado y a reequilibrar el exceso de energía que antes se utilizaba
para la ovulación y con la que ahora el cuerpo no sabe qué hacer. Este
masaje ayuda a llevar a cabo una transición placentera y a la toma de
conciencia de la sexualidad que está por llegar.
También resulta útil en casos de violaciones y abusos sexuales ya
superados y tratados por profesionales de la salud, pero que aún presentan
dificultades para disfrutar plenamente de su sexualidad.
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I PARTE
En esta primera parte, veremos cómo trabaja la energía sexual respecto a distintas
disfunciones sexuales o bloqueos que impiden disfrutar de la sexualidad, incidiendo sobre
todo en las emociones y permitiendo así tomar conciencia de dicha sexualidad y vivirla
con plenitud.
Hablaremos de las disfunciones sexuales más comunes, y las que más visitas generan
y se trabajan con el masaje sexitivo. Primero se expondrán las posibles causas ―siempre
desde un punto de vista energético― y después la forma de sanación que trabaja la
Terapia Sexitiva.
En algunos capítulos se podrán leer consejos, ejercicios o casos prácticos, y otros irán
acompañados de un testimonio real.
CAPÍTULO 1. Anorgasmia
Anorgasmia femenina
La causa más común por la que las mujeres han acudido a mi consulta ha sido la
anorgasmia o la dificultad para alcanzar el orgasmo. Algunas de ellas no eran capaces de
lograrlo de ninguna manera. Otras sólo cuando se masturbaban, pero no cuando estaban
con otra persona. Han venido mujeres que alcanzaban el orgasmo con facilidad
estimulando su clítoris, pero no a través de la vagina. Incluso he tenido casos de mujeres
que conseguían obtener el orgasmo mediante el sexo anal, pero no mediante la
penetración vaginal o la estimulación del clítoris. Hasta he conocido casos de mujeres que
sí obtenían sin dificultad orgasmos con estimulación vaginal o anal, y no conseguían
llegar al clímax con la estimulación del clítoris.
Cabe decir que el orgasmo es un reflejo que se produce en el cerebro, pero que se
puede desencadenar prácticamente en cualquier parte del cuerpo con la habilidad
necesaria. De todos modos, las llamadas zonas erógenas ―las zonas de mayor
concentración de terminaciones nerviosas y propensas a la excitabilidad― son las más
sensibles a producirlo. Aunque el número de estas terminaciones nerviosas en cada parte
de los genitales varía de una mujer a otra. Por eso, hay mujeres que tienen mayor facilidad
para conseguir el orgasmo en distintas zonas e incluso otras que pueden llegar a notar
dolor durante la estimulación por exceso de sensibilidad, en lugar de recibir placer. Y
aunque no hay que obsesionarse con la forma de obtener el orgasmo, es lícito querer
explorar los límites y la capacidad orgásmica del cuerpo. El problema llega cuando la
ausencia del orgasmo provoca conflicto en la persona.
La anorgasmia se define como la incapacidad de obtener el orgasmo. Hay varios
estadios o fases, pero no vamos a entrar en detalles porque lo que nos importa al hablar de
energía sexual son las causas que pueden producir esta disfunción, y no su clasificación.
También ocurre que, cuando una mujer no consigue un orgasmo mediante el sexo,
comienza a presentar otra disfunción muy repetida: la falta de deseo. En este caso, la falta
de deseo es una manifestación o consecuencia de la anorgasmia, y no la causa. Es por eso
que en muchas ocasiones no se logra avanzar con mujeres que presentan anorgasmia,
porque se trata la falta de deseo como causa principal del problema y se acaba entrando en
un laberinto sin salida. De ahí la importancia de una supervisión o tratamiento
multidisciplinar entre distintas especialidades y profesionales con una buena
comunicación entre sí.
Según mis observaciones en consulta, una mujer que no logra obtener el orgasmo se
frustra y sufre en las relaciones sexuales. Así que, para no sentirse mal y protegerse,
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inhibe el deseo, pues para no correrse y no disfrutar, prefiere no tener sexo nunca ―la
mayoría de las veces es algo que la mente hace de forma inconsciente.
«¿Para qué tener deseo, para qué tener sexo, si sólo me lleva a la desesperación y a
la frustración?»
En ocasiones, cuando la mujer que no tiene orgasmos en pareja tampoco se masturba,
se tiende a creer que se debe a que no conoce su cuerpo, su placer, sus gustos y eso hace
muy difícil alcanzar el clímax. Y la recomendación que se le da es que se masturbe y se
toque, y a ser posible delante de un espejo para reconocer sus genitales. Incluso se tiende
a comparar con el hombre, que se masturba desde muy temprana edad, y que por eso
conoce su placer al milímetro y logra tener orgasmos sin problema. ¿Y qué ocurre cuando
hace caso, se masturba hasta la saciedad, pero sigue igual? Perdón, igual no: en ese
momento seguro que se siente peor y más bloqueada ante la nueva situación. Ni en pareja
ni sola.
Porque, muchas veces, una mujer no se masturba porque cree que quien lo hace es
tachada de viciosa, libertina y rara, incluso por otras mujeres, lo que provoca un conflicto
enorme. Por un lado, se sugiere la masturbación como solución al problema, pero, por
otro lado, la misma masturbación desencadena un rechazo y la ausencia de placer.
Lo cierto es que si esa mujer que no se masturba no ha logrado dar con la causa de su
anorgasmia y romper el bloqueo que le impide sentir el orgasmo, no debería empezar con
el autoplacer por obligación o recomendación, sino porque «el cuerpo se lo pida». Hay
que motivar la autoestimulación.
Tocarse, explorarse y conocer los propios genitales me parece algo maravilloso e
importante, pero no hacerlo no es la causa de la anorgasmia. A título personal, no creo que
lo sea en ninguno de los casos. Masturbarse ayuda a obtenerlo, recuperarlo y sentirlo
mucho antes que si no se hiciese, pero este ejercicio de autoconocimiento y autoplacer me
parece sólo una herramienta (muy eficaz, pero una herramienta más, al fin y al cabo) y no
la solución, puesto que no masturbarse no es la causa.
Y en muchos casos, cuando la mujer sí se masturba, relacionarlo con el hombre y su
forma de masturbarse ha provocado que repita el patrón del varón y se olvide de disfrutar
de su cuerpo, de su placer, de sus genitales y que se corra en un minuto. Lo que lleva a
otro tipo de anorgasmia: No lo logran con la pareja, pues están muy acostumbradas a un
tipo de fuerza, intensidad, vibración (en los casos en los que se utiliza un vibrador) y
movimientos muy concretos.
¿Quién dijo que la masturbación masculina fuera un modelo a seguir? El hombre se
masturba desde muy joven, pero la mujer también. La diferencia es que a la niña, cuando
comienza a tocarse y la ven, la censuran, como si su vulva fuera radiactiva. Y el niño,
aunque le ríen la gracia, cuando se convierte en adolescente y se masturba, aprende a
hacerlo muy deprisa, encerrado y en silencio, para que nadie lo pille ni se enteren de que
lo hace, ya que hablar de sexo, aún hoy día, sigue siendo un gran tabú en la mayoría de
familias. Por esta razón, puede conocer muy bien sus genitales ―son externos―, pero no
su verdadero placer. Lo que provoca que, cuando comience a tener relaciones sexuales, le
sea muy difícil aguantar más que al masturbarse ―al sentir, además, una excitación
mayor―. Y aunque existen teorías de que el hombre es eyaculador precoz por naturaleza
―teorías en las que no vamos a entrar porque no procede―, el condicionamiento
aprendido influye más a largo plazo.
En cambio, a la mujer, repetir patrón le provoca dificultades para llegar al orgasmo en
pareja. De algún modo, se siente observada como cuando era niña, y ese pensamiento
subconsciente le bloquea el orgasmo, que sí logra al estar a solas porque nadie puede
20
«regañarla» ni hacerle creer que está mal que se toque. Además de la creencia de que
únicamente puede llegar al orgasmo como ha aprendido, ya que nunca ha explorado otras
variantes.
También está la mujer que logra tener orgasmos sin problema a solas o en pareja,
mediante la estimulación de su clítoris, pero no mediante la penetración. Es un tema que
obsesiona a muchas mujeres debido a la presión social y mediática que sufren, como si
correrse vaginalmente fuera un objetivo que hay que conseguir sí o sí para no ser una
fracasada en la vida (social).
Es curioso cómo hablar de sexo explícitamente, y sobre todo mostrarlo, está mal visto
y castigado. Se censura hasta un pezón de mujer por considerarse obsceno (yo creo que
incluso maldito) pero, sin embargo, se utiliza para vender e impulsar a ser mejor. Pues si
no eres un símbolo sexual entre tus círculos nunca serás alguien de éxito. La sociedad
alimenta nuestros egos a través de mensajes sexuales, pero a la vez censura el sexo, lo que
provoca un gran conflicto moral en las personas y, como consecuencia de ello, una
insatisfacción perenne que impulsa a consumir esos mismos mensajes sexuales que
prometen un éxito entre los iguales que nunca se alcanzará, lo que obliga a seguir
consumiendo, cerrando así el círculo vicioso.
De todos modos, y aunque toda mujer podría tener la capacidad de conseguir el
orgasmo mediante el estímulo vaginal (siempre que no haya un impedimento orgánico o
médico), no conseguirlo no es algo que debiera influir en la satisfacción sexual y el
disfrute de la propia sexualidad.
El orgasmo se produce en el cerebro. Nuestro cerebro es el receptor del estímulo, por
lo que podría decirse que, estimulando adecuadamente cualquier parte de nuestro cuerpo
con suficientes terminaciones nerviosas, se podría producir el orgasmo. De hecho, se
consigue con sólo estimular la imaginación. Muchísimas personas han tenido en algún
momento de sus vidas un orgasmo en sueños. Y en ese momento nadie ni nada tocaba
zonas erógenas de nuestro cuerpo o nuestros genitales.
Por lo que la habilidad para tener un orgasmo de la manera que sea, en pareja o en
solitario, depende de la capacidad de desconectar la mente y sentir las sensaciones que se
producen en nosotros.
El miedo a perder el control es lo que bloquea la capacidad de tener orgasmos. Miedo
a lo que la imaginación piensa que puede ocurrir. Dolor, miedo a que la pareja se
aproveche de una, a no ser capaz de resistir el placer y desmayarse, a gritar como una
loca, a sentir vergüenza por el qué dirán y el qué pensaran. Miedo a que, si se deja llevar,
el hombre eyacule dentro y pueda quedarse embarazada; a no tener el orgasmo que se
espera que debe tener, a que le guste demasiado y se enganche a su pareja sexual, o
simplemente miedo a lo desconocido.
Cuando la mujer está bloqueada ante la sexualidad por una educación castrante, por
una religión moralista, etc., entra en conflicto con su placer y, aunque disfrute con sus
relaciones sexuales, con su pareja, justo en el momento de llegar al clímax, se frena.
Y entre el miedo y el conflicto moral, el orgasmo se hace imposible. Así, cuando se
sufre de anorgasmia, ya sea temporal o recurrente, la falta de deseo es una consecuencia
de la frustración de no obtenerlo, y el no masturbarse, un atenuante. Por eso, muchas
veces intentar avivar el deseo o comenzar con el autoplacer produce aún más frustración y
agrava el problema en lugar de ayudar a resolverlo.
Y únicamente el descontrol permite alcanzarlo.
Anorgasmia masculina
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Aunque parezca difícil de creer, sobre todo por lo bien que nuestra sociedad patriarcal
ha vendido al hombre sexual, se dan cada vez más casos de varones que no logran llegar
al orgasmo. En sexología, esta disfunción se asocia a la anaeyaculación o eyaculación
retardada, pero como la Terapia Sexitiva tiene influencia del Tantra, donde el orgasmo sin
eyaculación es algo normal, trataremos esta dificultad de llegar al orgasmo como
anorgasmia masculina, haya o no haya eyaculación. Pues, de hecho, también se dan casos
de eyaculación sin orgasmo, aunque sean pocos.
Quizás este aumento de casos de anorgasmia masculina en los últimos años no se deba
a ningún factor desencadenado de la sociedad actual, y que ahora simplemente haya más
conciencia respecto a la sexualidad y se le dé más visibilidad a las disfunciones,
naturalizándolas, por lo que también ha aumentado el número de hombres que se
preocupan por resolver ésta u otras disfunciones sin intentar disimularlas. Hasta hace poco,
reconocer ante otras personas «problemas en la cama» era como firmar la sentencia de
muerte de su hombría.
Y aunque la presión de «cumplir» y ser «un hombre» en la cama sigue existiendo,
sobre todo si no existe ninguna dificultad orgánica, la normalización de las disfunciones y
la educación sexual ―la que intentan fomentar muchos profesionales a través de talleres
privados, artículos y en sus consultas, ya que en España la educación sexual pública deja
mucho que desear―, ha provocado que cada vez menos hombres sientan vergüenza por
acudir a un profesional para tratarse, sin miedo a perder la etiqueta de «macho alfa». O
puede que ese mismo miedo a dejar de ser el «gallo del corral» sea el culpable de que
acudan, ya que los egos necesitan subsistir y seguir estando en la cresta de la ola. Sea
como fuere, cada vez hay más visitas a los profesionales.
Curiosamente, en la mayoría de las consultas recibidas por correo electrónico, la
anorgasmia en el hombre viene provocada por la presión que la libertad sexual de la
mujer está ejerciendo sobre la creencia patriarcal del «macho alfa». Ahora que se ha
reivindicado a la mujer sexual y se ha hecho visible que ella también tiene orgasmos (más
y mejores, incluso), el hombre que no es capaz de proporcionárselos es un paria, un
fracaso como hombre y el hazmerreír de sus iguales:
«Ser hombre, al menos en los términos que demanda la cultura, no es tan fácil. Esta
afirmación [...] refleja una sociedad encubierta a la que deben enfrentarse día a día miles
de varones para cumplir el papel de una masculinidad tonta, bastante superficial y
1
potencialmente suicida».
Por otro lado, como ya hemos comentado, el patrón de masturbación que los hombres
aprenden cuando son adolescentes provoca que el hombre se centre casi exclusivamente
en su pene, en que todas las sensaciones placenteras vengan de ahí y en correrse muy
rápido. Ya sea para que no le pillen en casa o por competitividad con los amigos para ver
quién tarda menos. También influye que muchos chicos se masturben viendo porno, por
lo que su estímulo sexual se dispara y esa excitación hace que eyaculen rápido.
Cuando un hombre comienza a tener sus primeras relaciones sexuales, cuando ve a su
pareja desnuda y ésta le acaricia el pene o se entrega para que éste toque su cuerpo, su
excitación se dispara igual que cuando consume porno. Su patrón de masturbación es de
eyaculación rápida, por lo que cuando logra la penetración, lo más probable es que se
corra antes de los dos minutos. En el hombre adulto, esto se ha repetido durante años
porque era «lo normal», hasta que se topa con esa presión social que hemos comentado y
con una mujer que quiere más atención y tiempo de penetración.
Es ahí cuando, queriendo darle a su pareja uno o varios orgasmos increíbles, entra en
un estado de ansiedad para poder aguantar mucho y se evade de su placer, de sus
22
sensaciones, hasta que, sin querer, se desconecta de tal manera que no logra conseguir el
orgasmo. Y en algunas ocasiones, para no frustrarse, la consecuencia es la inhibición del
deseo. El hombre prefiere pasar sin sexo que enfrentarse al problema. Antes se
solucionaba diciendo y creyendo que las mujeres que tardaban mucho eran frígidas (una
palabra horrible), por lo que ante una mujer así, cualquier hombre eyaculaba cuando
quería y listo. No existían ni problema ni presión. Pero cuando esto cambió y se comenzó
a responsabilizar a los hombres de su falta de habilidad, la situación dio un vuelco que ha
provocado que este tipo de disfunción en los hombres se haya multiplicado y aflorado.
Otro tipo de anorgasmia en los hombres es la imposibilidad de obtener el orgasmo si
no es únicamente mediante la penetración, y sólo si son ellos los que la controlan.
Normalmente no suele ser un problema para ellos, pero sí para sus parejas. De hecho, casi
todas las consultas sobre este caso han sido propuestas por las parejas, que se sienten
frustradas porque no logran hacerles eyacular con el sexo oral o masturbándoles.
La mayoría de los casos de hombres que padecen este tipo de anorgasmia se debe a los
falsos mitos sexuales con los que han crecido:
El hombre es el que sabe lo que hay que hacer en la cama.
El placer de la mujer es secundario.
El hombre es el único que sabe cómo funciona el placer.
El hombre no debe correrse en la boca de su pareja, eso sólo se hace con
prostitutas.
El hombre debe llevar el control, por lo que no debe ceder ni relajarse
nunca.
Por lo que, aunque aparentemente se dejen llevar por sus parejas, suele tratarse más
de una concesión que una entrega consciente al placer, para poder pasar a lo que han
aprendido que les da verdadero placer: la penetración desde la dominación.
En realidad, este caso no suele considerarse un problema si no lo es para el hombre.
Es más, tanto para hombres como para mujeres, la anorgasmia sólo será un problema
cuando la falta de orgasmos suponga una frustración o un malestar que afecte a sus vidas
o a sus relaciones. Hay personas que sólo consiguen llegar al orgasmo mediante una
fantasía, un fetichismo, una postura determinada, escuchando siempre la misma canción,
etc., y sin embargo son felices y no se plantean que eso esté mal o que deban hacer lo que
hacen otras personas (o lo que la sociedad dictamina como «normal»). Para estas personas
es totalmente natural y aceptable. Si realmente lo es o no, como sanadores sexuales no
entramos a valorarlo, ya que no somos ni profesionales de la psicología ni de la sexología.
Así que la energía sexual sólo logrará sanar y desbloquear los orgasmos y barreras
emocionales de las personas que sientan que lo necesitan, aquellas a las que les hagan
sentir mal o les afecten en su vida sexual. O a las personas que estén satisfechas con su
sexualidad y orgasmos, pero quieran explorar sus límites y sensaciones.
Podríamos decir que las causas de la anorgasmia en hombres y mujeres, según la
energía sexual, son contrarias. Ellos desconectan por automatismos y despreocupación, y
a ellas sus miedos les impiden conectar.
Sanando a la mujer
Como hemos explicado, la llave para sanar la anorgasmia está en la dualidad
control/descontrol. En el caso de la mujer, es necesario utilizar la energía sexual para que
llegue a desconectar por completo de su mente y surja el orgasmo. Lo primero que se
debe hacer es elevar la excitación al máximo, y después llevarla un paso más allá. La idea
es buscar todo el placer posible sin apenas genitalizar la acción. Hay que separar el
23
pensamiento de los genitales, porque, en cuanto se intenta excitar a la mujer directamente
en su vulva, la mente rápidamente trae el pensamiento de que debe correrse y de que no
puede. Dos pensamientos que frustran y convierten lo que siente el cuerpo en lo que la
mujer se obliga que debe sentir, bloqueando el placer que lleva al clímax.
La sexología suele recomendar métodos efectivos para aumentar la excitación al
máximo. Uno de ellos consiste en acostarse durante varios días con la pareja, pero sin
tocarse los genitales ni buscar el orgasmo; así, la excitación acumulada lograría provocar
el orgasmo casi de manera espontánea más adelante.
Otro método sería recurrir al masaje erótico y la sensibilización del cuerpo al placer,
con lo que se pretende el mismo objetivo, pero relajando la mente a través de la excitación
provocada por las manos.
Pero estos métodos, y otros, aparentemente de ejecución sencilla y de solución rápida,
tienen sus «peros». Y ésos son los que generan las consecuencias que se pueden dar por el
tiempo que se lleva sufriendo la anorgasmia.
Como ya hemos dicho, la frustración de no poder tener orgasmos puede llevar a
inhibir el deseo sexual a fin de huir de esos estados que con el tiempo se asocian a algo
malo e, incluso, pueden llegar a provocar dolor en las relaciones sexuales, ya que suelen
mantenerse bajo presión y sin ganas. Pero hasta cuando se tienen voluntariamente porque,
por ejemplo, se ha conocido a una nueva pareja, también resultan molestas o dolorosas.
La mente se ha acostumbrado a rechazar el placer para no llegar a la frustración del «no
orgasmo». La espiral podría aumentar dependiendo del tiempo que la mujer continuase
con esta disfunción: fingir orgasmos (que vendría acompañado de sentimientos de culpa),
resignarse y olvidarse de ella misma (que la llevaría a un descuido en los demás aspectos
de su vida), evitar las relaciones sexuales (lo que provocaría un posible vaginismo a los
pocos meses, además de problemas en sus relaciones sociales), etc.
Así que cualquiera de estos métodos o ejercicios, tan eficaces en algunos casos, en
otros fracasan y provocan aún más frustración en la mujer. Lo que parece un episodio de
anorgasmia normal, en realidad entierra varios bloqueos que impiden obtener el orgasmo
con facilidad.
Por eso es tan importante fluir, dejarse llevar. La mente es recurrente, y en cuanto se
llega a los genitales vuelven los pensamientos negativos. Entonces, las sensaciones
naturales que se están experimentado se transforman, debido a la obsesión con lo que se
debe sentir o se quiere conseguir (o por el pensamiento insistente de que no se llega al
orgasmo). Por eso necesitamos la ayuda de la energía sexual y la conciencia que otorga
trabajar con ella.
Así pues, como la sexología o el coaching sexual indican, se trata de llevar la
excitación al máximo. La diferencia está en que la Terapia Sexitiva no concibe este método
para desencadenar el orgasmo, sino para concienciar la sensibilización del cuerpo, y en que
no busca la excitación desde el primer momento. Por lo que los juegos y ejercicios
propuestos, y cualquiera que pueda recomendar un profesional, son todos válidos, pero
desde el punto de vista de la sanación sexual introduciremos matices para que la energía
sexual pueda entrar en acción.
Sea cual sea el ejercicio propuesto, se debe enfocar en romper cada uno de los
bloqueos que a veces enmascaran la verdadera causa e impiden a la mujer encontrar la
solución por sí misma, y dejar que el orgasmo se resuelva solo durante el trabajo con la
energía sexual (aunque sea la disfunción que necesita tratar la mujer).
Una manera sencilla de trabajar y activar la energía sexual es recurriendo
exclusivamente a las caricias y los besos. Y durante el proceso, tomar conciencia de que
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tocar y dejarse tocar, besar y dejarse besar es placentero. Comprender que hacerlo no
implica obligatoriamente mantener relaciones sexuales. Esta concienciación permite
sentir placer y a la vez libera la mente del miedo a tener que pasar a los genitales. Si se
continúa durante unos días, ese placer y ese desbloqueo de la mente provocará el flujo de
la energía sexual. Ahora se es consciente de que se puede sentir placer.
El siguiente paso sería utilizar el placer para entender que también se puede sentir
excitación y/o deseo y disfrutar de ese estado sin la obligación ni la presión de llegar a
más. Tomar conciencia de que existimos como cuerpo, y de que éste es capaz de sentir y
disfrutar, potencia y desarrolla esos flujos de energía sexual que hemos liberado
anteriormente, permitiendo que la energía penetre en todas y cada una de las células del
cuerpo.
Durante el proceso, hay que tener siempre presente que la finalidad nunca es el
orgasmo. Queremos eliminar la anorgasmia, pero la energía sexual nunca trabaja con el
objetivo de provocar el orgasmo. El objetivo es reencontrarse y tomar conciencia de uno,
ir desconectando la mente de todos los miedos y los «no puedo» que se han ido generando
durante meses o incluso años.
El tercer paso sería la exploración genital. No se trata de estimular, sólo de tocar y
acariciar, para identificar y percibir cada parte de la anatomía de la vulva y la vagina. Se
trata de concentrarse en cada centímetro por el que pasen los dedos y en las sensaciones
que transmiten. No se buscan sensaciones de placer, sino lo que ocurre bajo las manos:
frío o calor, si hay vello, rugosidades, zonas más lisas... lograr identificar tanto la
anatomía como las sensaciones permite tomar conciencia de que los genitales también son
capaces de sentir. Que no van aparte. Lo que provoca que las siguientes veces logremos
empezar a sentir nuevas sensaciones al explorar, llegando a un tipo de placer no
orgásmico, pero sí muy aceptable.
A la vez que ocurre esto, se producirán cambios a todos los niveles (personal, laboral,
social, familiar, etc.) pues la concienciación y la sensibilización del cuerpo a través de la
energía sexual no sucede exclusivamente a nivel sexual. Estos cambios, a veces más
evidentes y otras veces más sutiles, logran que la percepción de nuestro yo, de existir, sea
más clara. Provoca que los mitos pierdan fuerza, que los conflictos internos sufridos se
deshagan; aporta claridad mental. Y una vez rotas todas esas barreras gracias a esta
concienciación, se armonizarán en la mujer el cuerpo, la mente y las emociones, dando
paso a la llegada del orgasmo sin haber pensado en ello ni haberlo buscado.
Sanando al hombre
En el caso del hombre, la solución es similar y los ejercicios y pasos explicados son
los mismos; lo único que cambia es la forma de concienciar al cuerpo. Y esa forma es
concentrándose en lo que siente al no evadirse del placer y las sensaciones que despierta
cada caricia.
Como hemos dicho, la mujer deja de sentir por miedo a perder el control, digamos
que inhibe sin querer lo que siente; está tan concentrada en el siguiente paso ―el
orgasmo―, que pierde la capacidad de sentir el proceso y lo que tanto se esfuerza por
sentir. Pero el hombre deja de sentir por evasión. Él mismo provoca la inhibición del
proceso que le lleva al orgasmo al no querer sentir ―pues cree que así logrará durar más
tiempo―, pero cuando quiere llegar al orgasmo se encuentra en un laberinto que no le
permite alcanzar el placer necesario para provocarlo, creando un patrón difícil de romper.
Y al igual que en la mujer, el paso a paso dará como resultado varios cambios que
harán tomar conciencia del cuerpo, permitiendo finalmente la llegada del orgasmo.
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Testimonio
«Antes de comenzar, quisiera decir que me considero una mujer normal, alegre,
decidida. La gente que me conoce suele tomarme cariño rápidamente y la vida, en
general, me va bien: tengo un buen trabajo, mi propia casa, amigos y amigas con quienes
viajar y compartir...
Pero siempre hay un “pero”. No puedo decir que haya tenido mucha suerte en
cuestión de hombres. He tenido muchos problemas, por suerte no muy graves, pero que
unidos unos a otros terminaron convirtiéndose en un mundo, una barrera a mi alrededor
que logró tirar a un pozo muy profundo mi alegría, mi determinación y mi autoestima.
Estaba en una espiral descendente donde no había fin, y todo me parecía tan difícil que
creía que nunca saldría de ahí.
Hasta que un día desperté y decidí que no podía seguir así. No quería sentirme así.
En mi cabeza me repetía una frase una y otra vez: “Quiero estar bien”, y decidí ponerme
en manos de una psicóloga. Y acerté. Qué buena decisión. Porque después de seis meses,
volví a la vida, o al menos regresé en gran parte. Incluso comencé a leer libros de
autoayuda y realmente fui subiendo poquito a poco. La verdad que todos esos problemas
ya no me afectaban ni podían conmigo.
Pero dentro de mí había algo, un muro que se había levantado a base de desengaños
con los hombres. Notaba que no sentía nada ―sexualmente hablando― y que todos iban
a su propio interés. Que yo era incapaz de sentir con ellos ningún tipo de placer. Y cada
vez sentía más rechazo hacia los hombres, porque no eran capaces de hacerme sentir
nada. ―¿O quizás era yo? ¿Me había vuelto tan fría, que ningún hombre era capaz de
superar ese muro?
No sentía sus besos, no sentía sus abrazos, ni siquiera cuando me tocaban. Era hielo
puro. Mis relaciones sexuales cada vez me frustraban más porque no sentía nada.
Y cuando algún hombre era un poco menos egoísta y me dedicaba algo más de
tiempo, como era incapaz de sentir, al final terminaba cansándome, sintiendo incluso
dolor y deseando que acabara de una vez para que me dejara tranquila.
Y así, como de la nada, cuando ya daba por sentado que era yo, que era algo mío y
que mis relaciones sexuales serían así toda mi vida, conocí la Terapia Sexitiva. Yo ya
conocía a Sergio, pero no sabía que él lo realizaba. Hasta que una tarde, charlando con
él, quizá me vio tan angustiada que me comentó sobre el masaje de sanación sexual. He
de admitir que a mí de este tema al principio me asustaba hasta el mero hecho de pensar
en ello; para mí era tabú, vergonzoso... ¡Uf! Era muy vergonzoso hablar de ello y, mucho
más, con un hombre.
Pero Sergio, es lo bueno que tiene, te habla con tanta naturalidad que parece que
estás hablando con tu mejor amiga ―incluso mejor.
En fin, que comenzó a comentarme qué era, para qué servía, cómo lo realizaba... y,
de repente, me encontré contándole todos mis miedos ―sí, mis miedos― con mucha
vergüenza. Sentí curiosidad y pensé: “¿Será verdad todo lo que dice? ¿Tendré la llave de
mi verdadera felicidad al alcance de mi mano? ¿Y si él es capaz de ayudarme a conseguir
eso que me falta? ¿Por qué no probar?” Y volví a pensar: “Yo sólo quiero estar bien”.
Así que, a pesar de toda mi vergüenza, decidí que si ese masaje podía ayudarme a
sentirme bien, me lo daría. Era por mi bienestar y porque me merecía ser totalmente feliz
en todos y cada uno de los aspectos de mi vida
Sentí mucha vergüenza al quedarme desnuda delante de él, pero Sergio desde el
primer momento te hace sentir bien. Al principio estaba asustada porque, aunque me lo
había explicado todo con anterioridad, no dejaba de ser un tabú para mí. Pero decidí
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dejarme llevar y me tumbé en la camilla. Entonces, cuando noté sus manos en mi cuerpo,
de golpe me sentí muy relajada, muy tranquila, ya no tenía miedo. Incluso esa sensación
me provocó una pequeña risa tonta por dentro. No entendía cómo, si no podía sentir
nada, sí me podía dar risa.
Según iba masajeándome, me relajaba más y más, hasta que de pronto noté como si
se me durmieran las manos y me asusté mucho. Se lo comenté y me tranquilizó
diciéndome que eso era la energía que estaba empezando a fluir libremente, eliminando
los estancamientos que existían en mí. Yo seguía algo asustada: “¿Cómo era posible que
esa energía me durmiera las manos?”. Pero él hizo que confiara y me dejara llevar de
nuevo.
Fue entonces cuando me vinieron a la cabeza todas mis frustraciones y mi pasado
con los hombres. Y sentí una presión muy fuerte en el pecho. No podía respirar y sentí
ganas de llorar. Sergio lo notó ―todavía no sé cómo― y, poniendo una mano sobre mi
pecho, me dijo: “Tranquila. Expúlsalo. No estás sola. Yo te acompaño”, y... ¡Boom! Entre
llantos, salió mi superfrase: “¡Soy incapaz de sentir!”.
Me dijo que eso no era verdad, que yo estaba sintiendo, pero que mi cabeza no me
dejaba darme cuenta. Me tranquilizó y continuó con el masaje. Y entonces... “Es cierto.
Siento”, me dije. Sí sentía... no me lo podía creer. Estaba sintiendo, era increíble. Esa
sensación me hizo llorar de nuevo, sólo que ahora con una diferencia enorme... Ahora
era porque sentía.
Al verme llorar, me abrazó, tan fuerte que ese abrazo fue incluso mejor. Sentí su
cariño. ¡Ya no era fría! Con su ayuda, comprobé por mí misma que sí era capaz de sentir.
Así que le di permiso para seguir adelante con el masaje y pasar a mis genitales.
Al principio, de nuevo, no sentía nada. Notaba que él estaba masajeando allí abajo,
pero era como si me tocara un brazo o cualquier otra parte del cuerpo.
Entonces pensé en lo que me había dicho. Que pensara en todo lo que me hacía,
dónde me tocaba y que pusiera toda mi atención en ello. Al rato comencé a notar más,
era más consciente de lo que hacía, pero sin llegar a sentir aún. Pensé “ahora me está
tocando aquí o allí” e intenté concentrarme en qué sentía cada vez que me tocaba en un
sitio, sólo en eso y en ver lo que pasaba.
Y de repente noté como una especie de... no sé cómo describirlo... cosquillas quizás, o
algo así. Noté algo muy intenso. No sé denominar esa sensación. Fue muy fuerte, y me
hizo encogerme. Así que puse todas mis fuerzas en intentar concentrarme en esa
sensación y me relajé. Algo muy intenso me recorrió todo el cuerpo, por dentro y por
fuera, de pies a cabeza. Por un instante quise huir de ello, me eché hacia atrás asustada,
pero de golpe me invadió una gran paz. Me quedé muy relajada, no era capaz de
moverme, pero qué sentimiento más agradable.
Después de esa sesión, sentí como si me hubieran quitado un gran peso de encima.
Tomé conciencia de que no soy yo la culpable de no llegar a sentir. Me siento liberada,
bien conmigo misma; ahora sé que sí puedo, y sé que quiero conseguirlo. Ahora sé que sí
puedo ser totalmente feliz, me siento plena.
Ahora me doy cuenta de lo que me pasaba: mi primer gran amor me hizo tanto daño
y me dejó tan mal que no me permití volver a sentir nada en la cama ni hacia nadie, en
cuestión tanto de amor como de sexo. Ahora soy consciente de que hacia el resto de
hombres que han pasado por mi vida sólo he sentido apego. Era como una necesidad de
sentir, pero sin querer sentirlo. Y así, fui enlazando una relación tras otra y sintiéndome
cada vez más frustrada.
Pero esto era el principio. Sergio me recomendó al menos otra sesión para conseguir
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reforzar lo conseguido y poder profundizar más en mis emociones. Así que de nuevo le
llamé y me puse en sus manos.
Comenzó como la vez anterior, con un masaje por todo el cuerpo, sólo que en esta
ocasión sí que sentía sus manos desde el principio. Sí sentía cada parte que me tocaba,
así que eso provocó que me relajara más fácilmente. Pero claro, yo seguía aún un poco
“dormida”, pues mi cabeza seguía sin conectar del todo con el resto de mi cuerpo.
Aunque ya era capaz de sentir sus manos, yo no dejaba de dar vueltas en mi cabeza.
En mi mente sólo había una palabra: “No”, y ese “No” era muy fuerte, muy
poderoso. Tanto que mis manos se movieron solas y, sin yo querer, lo aparté. Él se retiró
con delicadeza y me abrazó fuerte. Me dijo que pensara en cualquier cosa que a mí me
hiciera sentir, cualquier cosa que mantuviera mi cabeza distraída y sin pensar en lo que
estábamos haciendo. Comenzó de nuevo. Ese “No” era muy fuerte, pero a medida que lo
ignoraba, que iba pensando en el agua de la playa, en las olas, en la espuma que forman
en la orilla, el “No” era más y más pequeño y, al contrario, empecé a sentir algo grande
y bueno dentro de mí, y no quería que ese sentimiento se fuera. Quería que se quedara,
que permaneciera ahí siempre, porque me sentía genial, sentía cada milímetro de mi
piel... y entonces sentí una fuerza aún más grande que venía desde dentro, más poderosa
que aquel “No” que ya había desaparecido por completo. Era una sensación que no sé
cómo explicar. Fue como un calambrazo que empezó dentro de mí recorriendo cada
rincón de mi cuerpo, pies, piernas, manos... Sentí el corazón latir muy fuerte, algo así
como un estallido dentro de todo mi cuerpo, y de repente me sentí muy viva, más viva que
nunca en mi vida. Intenté mantener ese sentimiento hasta que ya no lo aguanté más... Y
entonces me vino una paz interior que jamás podré explicar. Fue algo tan bueno...
Me di cuenta de lo poderosa que es la mente, pues aunque la había vencido, intentó
manifestarse de otra manera. Y como ya no le funcionaba el “No”, se manifestó
ruborizándome, intentando que me avergonzara de aquello que había sentido. Sí, así es:
por un momento, me sentí como una niña pequeña avergonzada. Lo que provocó que me
pusiera boca abajo, tratando de esconderme de él.
Pero Sergio me volvió a abrazar y le volvió a demostrar a mi cabeza que eso ya no le
servía para nada. Me dio fuerzas, y por fin la vencí para siempre. Ahora me siento
totalmente libre, y quiero sentir esta experiencia el resto de mi vida. Me encantó.
Al acabar, él me contó lo que había sentido durante el masaje y fue precioso. Me hizo
sentirme muy especial. Me contó que, durante la sesión, él había visualizado un jardín
circular lleno de setos, pero muy blanditos, como nubes, pero vacíos, sin flores ni frutos.
Y me dijo que tenía la sensación que debía buscar algo, pero que no sabía qué. Así que
siguió buscando pacientemente mientras yo le guiaba con mi energía y mis sensaciones.
Iba abriendo los setos con cuidado, despacio, hasta que por fin la vio. Era una flor.
Estaba allí sola, escondida, tímida. Era muy blanca. Y cuando acercó su mano, la flor se
iluminó. Entonces, la cogió con mucho mimo y en ese preciso momento, cuando él tiró de
la flor, yo conseguí mi primer orgasmo. Fue realmente increíble».
CAPÍTULO 2. Deseo sexual hipoactivo
Falta de deseo o apetito sexual
Aunque, como he comentado en el capítulo anterior, en casi todas las ocasiones he
encontrado la falta de excitación y de ganas de mantener relaciones sexuales asociada a la
dificultad de obtener el orgasmo, también es una disfunción sexual en sí misma.
Porque, aun siendo pocos los casos que he tratado, sí ha habido alguno en el que la
persona llega al orgasmo sin problema cuando tiene sexo, pero no llega a sentir deseo de
28
mantener esas relaciones sexuales, y casi siempre que las mantiene es forzando la
situación, por compromiso y miedo a perder a la pareja.
En este caso, el problema es al revés que en la anorgasmia. No se trata de descontrolar
la mente para sentir lo que ocurre en el cuerpo, ya que éste no «falla» y puede llegar al
orgasmo sin dificultad. Lo que ocurre en un caso de apetito sexual bajo es que la mente
está desconectada del cuerpo y no logra sentir lo que sucede, por lo que no se estimula ni
motiva y no identifica lo que ocurre con el deseo y la excitación, aunque se repita a
menudo.
Hay que diferenciar esta desconexión de la desconexión que genera el varón para
aguantar más tiempo con la penetración, y que a la larga le supone un problema de
anorgasmia. La desconexión mente-cuerpo que sucede en la falta de deseo viene
provocada por causas externas y automáticas. En la mujer no existe problema a la hora de
diferenciar anorgasmia y deseo hipoactivo, pues se deben a causas contrarias, ya sea por
actitudes conscientes o inconscientes, y en la mayoría de los casos de bajo deseo sexual
en la mujer llegar al orgasmo no es un problema.
La Terapia Sexitiva identifica dos circunstancias como causas principales en la falta
de deseo: una es la educación castrante durante la infancia (masturbarse es malo, andar
desnudo o desnuda es malo, excitarse es malo, el sexo oral es malo, se «hace el amor»
porque «follar» es de guarras, acostarse con un desconocido o en la primera cita es ser una
fresca, etc.); la otra es cuando se tienen las primeras parejas sexuales, que en ocasiones y
por culpa de las creencias patriarcales, hacen sentir a la persona que su deseo, su
sexualidad y su forma de vivirla y verla no es normal, machacándola hasta que anula y
elimina por completo esos sentimientos (creyéndolos inapropiados) e introduciendo en la
mente lo que la sociedad admite como válido.
En ambos casos, tanto el hombre como la mujer, si no tienen una educación sexual
adecuada y una autoestima fuerte, creerán que lo que sienten es una perversión, algo
sucio, algo malísimo que deben reprimir y eliminar de su pensamiento. Y a causa de esta
autorrepresión de los sentimientos sexuales, aparece poco a poco la pérdida del deseo
sexual. Si no puedo ser yo mismo o yo misma, porque debo cumplir una serie «reglas»; si
lo que deseo está mal, porque no se corresponde con lo que desea la mayoría; si quedarme
en estado de sumisión me hace sentir mal, porque yo quiero tomar las riendas; si gritar es
malo, porque parece de personas exageradas o locas; si morder o lamer los pies, que me
hace sentir muy excitado o excitada, es de desviados o raros, ¿para qué tener sexo con
alguien? La persona termina asociando el sexo con algo desagradable o, en el mejor de los
casos, con una pérdida de tiempo, con algo inútil que ya viene predeterminado y que no
va con ella. A pesar de que si se pone a ello pueda lograr el orgasmo, debido a todo lo
anterior éste suele ser poco intenso y lo bastante insignificante como para no sentirse
motivado para mantener relaciones sexuales. Tan sólo se prestan a mantenerlas
voluntariamente para tener hijos, en caso de desearlos, porque esa circunstancia sí es
admitida y aceptada como excepción, y no como sexo y placer.
Esta disfunción también puede derivar en algo más complejo, ya que, como la
sociedad y la pareja siguen demandando ese «deber», se accede a tener relaciones
sexuales a pesar de no sentir el deseo, llevando a la vez a fingir para acabar lo antes
posible, ya que el orgasmo no es un objetivo. Y esto conlleva a perderse en un laberinto
donde la persona olvida su identidad como ser sexuado ―desde un punto de vista del
placer y el deseo.
Me gustaría aclarar que hay ocasiones en que la persona acude a consulta con la
percepción de tener bajo deseo sexual, pero no es tal, sino que se trata de que ha perdido
29
el interés por la pareja o que ésta solicita sexo con más frecuencia de la que uno o una
desea.
En el primer caso se tiene la sensación de amor y cariño, pero la pasión ha
disminuido. Esto no significa que se tenga poco deseo, pues resulta que, si otra persona
entrara en juego, el deseo se despertaría. Habría que analizar la situación y acudir a un
profesional en relaciones de pareja, puesto que, al tratarse de falta de atracción sexual por
una persona concreta, y no en general, la energía sexual no resolvería esa falta de deseo.
En el segundo caso no se trataría de un apetito sexual bajo, sino diferente al de la
pareja. Por lo que habría que trabajar la armonía en el deseo y analizar si con otras parejas
le sucedía igual o si existen bloqueos que le impidan disfrutar de la sexualidad libremente.
Aquí se trabajaría con la energía sexual para buscar y eliminar esos bloqueos a la vez que
con un profesional que ayudara a tomar conciencia de la situación a fin de encontrar las
soluciones adecuadas.
Por último, también querría aclarar que la falta de deseo sexual puede darse «de
siempre» ―antes de las primeras relaciones sexuales―, debido a la represión educacional
de la que hemos hablado, o puede darse a lo largo de la vida adulta en un momento
concreto. Todo depende de las circunstancias psicológicas, educativas, sociales,
culturales, ambientales o relacionales desencadenantes. Incluso puede existir falta de
apetito sexual con otra persona, pero no con la masturbación.
Sanando la falta de deseo sexual
La mayoría de las veces, la identidad, los gustos, los sentimientos y los deseos
sexuales chocan con lo que la sociedad, la pareja, la familia y el entorno dicen que es lo
correcto o «normal». Y aunque durante años estas preferencias se hayan reprimido y se
haya vivido según la educación recibida, no han sido eliminadas porque forman parte del
ser, y sus ecos se hacen sentir de vez en cuando llevándonos al conflicto y a la angustia.
Dejar de desear es el camino más corto para no sufrir, pero esto provoca un fuerte bloqueo
de la energía sexual, que a su vez influye en otros aspectos personales y emocionales y se
manifiesta como insatisfacción en todo lo que hacemos, a pesar de tener la sensación de
que es lo correcto y necesario, y de que todo está bien.
Para sanar la inapetencia sexual a través de la energía sexual, la Terapia Sexitiva
propone como toma de conciencia:
La evidencia de que el cuerpo siente y reacciona a cualquier estímulo.
Aunque no sea la sensación esperada o deseada.
Ver cómo el propio cuerpo genera en el pene una erección o cómo la
vagina lubrica y tiene espasmos o vibra.
Ver cómo la piel se eriza o los pezones se ponen erectos ―haciéndonos
conscientes de que no hay disfunción orgánica.
Aunque no se sienta placer ante los estímulos, es un primer paso para hacer que la
mente conecte de nuevo con el cuerpo.
La mayoría de las personas que acuden a mi consulta no son conscientes de que su
pérdida de deseo se haya dado por una causa psicológica. Normalmente creen que es de
siempre y que ellos o ellas son así de nacimiento. Piensan que son insensibles. Pero a
pesar de ello sienten una angustia ante la situación que les hace acudir a terapia para saber
si tiene solución o deberían resignarse. Por eso, enseñarles que su cuerpo sí reacciona a
los estímulos externos ayuda, aunque al principio no crean que sea algo significativo.
El siguiente paso es identificar cada sensación. Al bloquearse los mecanismos de
placer, cualquier caricia en cualquier parte del cuerpo la identifican como «no siento
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nada», ya que esperan directamente sensaciones placenteras u orgásmicas sin siquiera, en
algunos casos, haberlas experimentado. Es ahí donde de nuevo entra en juego la
conciencia. Se pide poner la concentración en las sensaciones de frío, calor, si es un dedo
o la palma de la mano la que acaricia, etc. Se trata de estar presente en el proceso e
identificar en voz alta lo sentido, y enseguida se aprende que sí se siente ―se enseña a
percibir y a no negar lo percibido―. De momento, no se trata de placer ni de sensaciones
intensas, pero cuando la persona es tocada o acariciada y tiene sensaciones, aparece la
conciencia de haber roto la barrera que desconectaba la mente del cuerpo y se produce
una satisfacción que ayuda a que el siguiente movimiento se desarrolle sin freno.
El último paso es desarrollar la energía sexual en nuestro cuerpo, poco a poco, a través
del automasaje o recibiendo masaje de otra persona. Pero de forma sensual, sensitiva, sin
concentrarse en los genitales, tan sólo se tocan el tiempo necesario para aumentar la
excitación del cuerpo, pues como la persona aún no identifica esa sensación con la libido y el
deseo, se deben concentrar los esfuerzos en provocar piel de gallina y placer en el contacto.
Que las caricias resulten agradables en cualquier parte. Y una vez embadurnado todo el
cuerpo de crema o aceite, parar hasta el día siguiente. Para volver a repetir la misma pauta
hasta que el juego de acariciarse y darse aceite por el cuerpo impulse a seguir jugando y
tocarse los genitales ―existen otros juegos en el Tantra o el Tao, e incluso juegos diseñados
por la sexología que pueden servir para lo mismo. Se trataría de escoger el que más llame a
cada persona, siempre que sigan estas filosofías de vida, o utilizar el recomendado por un
profesional que esté supervisando cada caso concreto.
Resumiendo: lo principal es despertar la conciencia de que la caricia y el tacto sí
despiertan sensaciones en el cuerpo, aunque no se identifiquen en un principio como algo
placentero. Eliminar la idea de que «no se siente nada». Una vez rota esa barrera, la
energía sexual tiene vía libre para circular por el cuerpo, por lo que despertarla y
expandirla a través del masaje es la mejor forma de lograr el desbloqueo total y sentir y
descubrir el deseo sexual. De ahí al placer y el orgasmo, a la sensación de querer más y a
la excitación ante estímulos tanto externos como propios, es sólo cuestión de poco
tiempo.
La controvertida «Asexualidad»
Según Wikipedia, la asexualidad es «la falta de atracción sexual, o el bajo o nulo
interés en la actividad sexual humana». Asimismo, algunos autores la consideran una falta
d e orientación sexual y otros, la cuarta orientación, junto con la heterosexualidad, la
homosexualidad y la bisexualidad. De todos modos, hasta el concepto «asexual» es
motivo de debate. También están los que opinan que es una causa endocrina y genética,
en contraposición de los que creen que se trata de un trastorno psicológico.
La Terapia Sexitiva, lejos de querer etiquetar a las personas «asexuales», lo que
intenta es diferenciarlas de las que tienen deseo sexual hipoactivo. Y esta diferencia no es
otra que la angustia que se genera en la persona con bajo deseo. Alguien «asexual» no
sufre por no querer tener relaciones sexuales. No siente la necesidad de acostarse con
alguien o sentir un orgasmo. De hecho, si el sexo no existiera en el mundo, no notaría la
diferencia. Tampoco cree que deba curarse de nada ni tratarse, pues para esta persona es
una situación normal y totalmente aceptable. Quien no suele aceptar esta condición o
busca el porqué es la sociedad. Las mismas preguntas y debates que en su día generaron
la homosexualidad, la bisexualidad y, más recientemente, la transexualidad.
Sin embargo, la energía sexual, lejos de lo que se pueda creer, no es una energía
exclusiva para desarrollar la sexualidad o mejorarla. Ni sólo se utiliza para sanar bloqueos
31
sexuales.
La energía sexual es una energía creadora y creativa, útil para el trabajo, potenciadora
de la expresión artística y plástica, buena para el deporte y para crear nuevas ideas, para
emprender proyectos, mejorar el desarrollo personal y emocional o trabajar la
espiritualidad.
Es por eso que una persona «asexual» no es alguien que no tiene energía sexual o que
la tenga bloqueada, simplemente la utiliza para otros campos de su vida. Y si estas
personas se sienten satisfechas con su vida, con su «asexualidad», todo es correcto. Pues
el bloqueo se manifiesta únicamente cuando existe una insatisfacción o angustia, un
pensamiento o ansiedad recurrente, aunque se crea que todo es perfecto. Y en este caso no
se da nada de eso. Aunque también podría darse el caso de que la persona utilizara esta
condición como escudo, pero ya no hablaríamos de un sentimiento natural.
El único inconveniente suele darse a la hora de tener pareja, cuando se les reclaman
sexo. Pero las personas asexuales pueden tener relaciones emocionales o románticas. E
incluso si desean tener hijos, mantienen sexo, pero sólo con el propósito de procrear, y no
por la búsqueda de placer o satisfacción de algún sentimiento sexual.
Por otro lado, según la Terapia Sexitiva, las personas «asexuales», al tener energía
sexual y no existir bloqueos de ningún tipo, si así lo desearan, podrían aprender a utilizar
su energía para disfrutar del sexo y sentir placer. Al igual que las personas con deseo
sexual hipoactivo, logran el orgasmo cuando mantienen relaciones sexuales, sólo que no
lo consideran motivante.
Caso práctico
Tuve el caso de una mujer casada y con cuatro hijos, y muy enamorada de su pareja,
para la que el sexo era un suplicio. Según sus propias palabras, «si no existiera el sexo,
sería feliz». Su mente sí le permitía tener sexo para tener hijos, pues una familia numerosa
era algo que deseaba con todas sus fuerzas, y lo veía correcto y natural.
El problema aparecía cuando su marido quería acostarse con ella porque simplemente
la deseaba. Eso le provocaba un conflicto enorme, pues rechazaba el sexo, pero tampoco
quería perder a su pareja por no acostarse con él, así que se forzaba a hacerlo alguna vez,
pero todo era tan frío que para el marido era casi peor que no hacerlo.
Sabía que esta situación tarde o temprano provocaría un divorcio, pues, aunque ambos
estaban muy enamorados, las discusiones se hacían muy frecuentes; y también desecharon
la posibilidad de mantener una relación abierta donde él tuviera sexo con otras mujeres.
Así que esta mujer acudió a mí a través de una amiga terapeuta que intentaba tratar su
deseo sexual. El problema principal era que no había nada que tratar, ya que ella estaba
feliz y a gusto con su condición. No sufría deseo sexual hipoactivo (porque para que haya
hipoactividad o hiperactividad antes debería haber existido actividad con la que
compararla ―ya que la Terapia Sexitiva compara siempre con uno mismo, no con los
demás―). Tampoco había tenido una educación sexual reprimida. Y no recordaba ningún
trauma relacionado con su sexualidad. Simplemente, nunca había sentido curiosidad ni
necesidad de tener sexo, de masturbarse, de acostarse con alguien. La excitación que
pudiera sentir en algún momento nunca fue motivadora para ella.
Sin embargo, su vida laboral era muy satisfactoria. Era una mujer emprendedora y
exitosa, siempre estaba creando proyectos novedosos y productivos. Así que estaba claro
adónde iba toda su energía sexual ―una energía enormemente creadora y creativa―.
Sencillamente, y desde el punto de vista de la Terapia Sexitiva, tenía limitada la
perspectiva de su energía sexual. Desde joven había enfocado toda su energía a forjarse
32
un futuro profesional y esta obsesión por su carrera la había llevado a dejar su sexualidad
un lado.
Así que fuimos trabajando, poco a poco, la manera de convertir el sexo, para ella algo
aburrido e innecesario, en algo divertido y motivante. Pasar de verlo como un sufrimiento
a verlo como un reto, como uno de sus proyectos de trabajo. Asociarlo a algo que sí la
satisficiera; pues cuando cedía a acostarse con su marido, llegaba al orgasmo sin
problema, sólo que para ella eso no era especial ni suficientemente placentero como para
querer repetir.
Con ejercicios enfocados a ella y no a la relación, ni a lograr hacer el amor sin ganas,
y entendiendo que no había nada que curar, sino únicamente aprender, logró disfrutar del
sexo y mantener relaciones sexuales con la frecuencia suficiente para que su marido se
sintiera deseado, sin sentirse ella fuera de lugar o a disgusto con lo que hacía.
Esto sucedió, evidentemente, porque ella accedió por voluntad propia a experimentar
con su energía sexual y a descubrir un aspecto de su vida que no consideraba esencial ni
placentero. Así que una persona «asexual» que no sienta curiosidad por el sexo siempre
estará bien y feliz con su vida. Sencillamente, buscará personas afines a ella para
mantener relaciones sentimentales o vivirá sola rodeada de muchos amigos. Sea como
fuere, la elección sexual o actitud hacia la sexualidad es personal y, mientras nos haga
sentir felices y satisfechos, será siempre correcta.
Para quien desee profundizar en este tema, quisiera recomendar un artículo muy
interesante de la psicóloga y sexóloga Martina González Veiga: «La cara B de la
visibilidad, ¿asexualfobia?».
33
CAPÍTULO 3. Deseo sexual hiperactivo
De nuevo hay que aclarar que el deseo sexual se considera hiperactivo, y una
disfunción, cuando la persona se siente incómoda con la situación, que le produce
malestar físico y/o mental y desasosiego. Cuando por culpa de su deseo sexual no puede
llevar una vida tranquila.
No creo que exista una medida desde la cual poder comparar. La medida justa
siempre será la que se adapte a las necesidades de cada persona en cada etapa de su vida.
Siempre que nos sintamos a gusto será lo adecuado, sin importar la edad o el género.
Erróneamente, siempre se ha considerado hiperactiva sexualmente a la mujer que
sobrepasa el apetito sexual del hombre, a la cual se la etiqueta despectivamente como
ninfómana, algo que provoca bloqueos y malestar emocional a las mujeres que disfrutan
de su sexualidad.
¿Y por qué nunca se ha tachado al hombre de «ninfómano» y ni tan siquiera existe la
palabra equivalente en masculino? Porque, aunque las creencias patriarcales otorguen al
hombre una actividad sexual alta como parte de su condición de macho, realmente no es
así.
¿Y por qué escuchamos y vemos a los hombres pedir y querer sexo constantemente?
Porque, hasta hace relativamente poco tiempo, las mujeres tenían su sexualidad en un
segundo o, incluso, tercer plano, sobre todo cuando se casaban y tenían hijos. La sociedad
siempre les había enseñado que lo primero eran el marido y los hijos, luego el hogar ―y
cuando se incorporaron al mundo laboral, el trabajo y el hogar― y por último, sus
necesidades. Necesidades que desaparecían en el cansancio y en la creencia cultural de
que la mujer no podía obtener placer ni disfrutar del sexo, pues incluso se afirmaba que
dichas necesidades sexuales eran una enfermedad, como, por ejemplo, la histeria.
En esas circunstancias, la mujer apenas pensaba en el sexo y las pocas veces que lo
hacía, era como parte de sus «deberes conyugales». Además, el hombre, debido a que el
esperma está en continuo desarrollo creando testosterona, y a que existe la necesidad
orgánica del cuerpo de expulsar cada cierto tiempo ese esperma, aparenta unas ganas
insaciables de tener relaciones sexuales.
Pero con la actual autonomía laboral, económica y sexual de la mujer, eso ha
cambiado. En igualdad de condiciones, la mujer tiene un deseo sexual tan alto o mayor
que un hombre. Y es aquí cuando esa necesidad arquetípica del hombre, al ser saciada con
una mujer igual de activa que él, deja de ser una necesidad como tal. Desaparecen las
ganas que el cuerpo provocaba en el cerebro para que se expulsara el esperma, con lo que
desaparece esa supuesta actividad sexual tan alta que se otorga al hombre. Y entonces,
como la mujer sigue manteniendo su deseo sexual al mismo nivel, se la tacha de tener un
deseo descontrolado o de querer demasiado.
El deseo sexual no tiene medida ni puede saberse cuál es el nivel correcto ―ni creo
que sea importante―, pues cada persona es un mundo y las circunstancias de cada
momento influyen en él. Sin embargo, el deseo de la mujer sí se ha medido siempre, y
siempre comparándolo con el del hombre. Si es menor, es hipoactivo; y si es mayor, es
hiperactivo. Pero nunca se ha dado importancia a la comparación entre personas del
mismo sexo, por ejemplo.
El deseo sexual, según la Terapia Sexitiva, aunque no se pueda medir, puede
observarse por la sensibilidad de la persona, su sensualidad y sus flujos de energía sexual.
Y mientras este deseo sexual no impida desarrollar una actividad diaria normal, ni
angustie a la persona porque no pueda pensar en otra cosa, en ningún caso se podrá tildar
de deseo sexual hiperactivo.
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No debe confundirse el síndrome de la excitación sexual persistente (PGAD en
inglés) ― considerado disfunción sexual desde 2003, y del que pueden leerse
innumerables artículos en Internet―, con la hipersexualidad, ya que en este síndrome no
existe deseo de ningún tipo ni excitación previa, sino orgasmos desencadenados
espontáneamente, sin control y sin la sensación de relajación posterior, lo que provoca
una angustia constante. De momento no se conoce ningún caso en hombres, pero al
tratarse de una reacción incontrolada de los genitales, existe la teoría de que podría
tratarse de la misma reacción que provoca las erecciones involuntarias. Como no he
podido investigar ni experimentar la sanación sexual con la Terapia Sexitiva en mujeres
con este síndrome, me es totalmente imposible dar más datos al respecto.
«Sanando» el deseo sexual hiperactivo
He entrecomillado la palabra «sanando» porque desde el punto de vista de la Terapia
Sexitiva no es una disfunción ni un bloqueo, sino un desconocimiento del cuerpo
energético y del uso que se puede hacer de la energía sexual.
Es por eso que hay casos en los que ese impulso sexual, ese deseo incontrolable que
siente la persona se debe a un «exceso» de energía sexual. Resulta que hay momentos en
nuestra vida en los que la energía sexual puede canalizarse en mayor medida de la que
viene siendo lo normal en cada uno, como por ejemplo, cuando redescubrimos nuestra
sexualidad, mejoramos el placer recibido y potenciamos nuestros orgasmos. También hay
circunstancias, como la menopausia en las mujeres, donde hay un exceso de energía
sexual. En este caso no se trata de un aumento, sino de un ahorro de energía debido a que
se deja de ovular, ya que este proceso se lleva una gran reserva de la energía diaria de la
mujer.
2
Y como la energía sexual nace en los genitales, tanto hombres como mujeres pueden
experimentar la sensación de un alto deseo, de querer masturbarse o mantener relaciones
casi constantemente, porque no saben qué hacer con esa energía sexual rebosante. De
hecho, esto ocurre por no ser conscientes de que tenemos un exceso de energía
recorriendo el cuerpo.
Es necesario que tengamos en cuenta que la energía sexual es una energía creativa muy
poderosa. Así que dedicar tiempo a pintar, a hacer puzles, a diseñar, a estudiar o a cualquier
actividad que requiera de nuestro intelecto e intuición, a acciones que nos relajen y a la vez
nos permitan crear algo nuevo, hará que ese exceso de energía sexual que sentimos en
forma de deseo se vaya armonizando con nuestro ritmo de vida y aprendamos a utilizarla
cuando la necesitemos.
Ser conscientes de la energía sexual, de su recorrido y de su vibración, necesita de un
trabajo más específico y controlado por nuestra parte. Pero es bueno saber que, dedicando
tiempo a actividades creativas, la intranquilidad que a veces pudiéramos sentir con el
impulso sexual se atenúa, hasta lograr despertarla sólo cuando la necesitemos.
CAPÍTULO 4. Dolor coital
Una de las causas más frecuentes por las que las mujeres vienen a mi consulta es
porque sienten dolor a la hora de mantener relaciones sexuales con penetración
(dispareunia).
Este dolor puede ser desde una leve molestia durante la propia penetración hasta un
dolor grave, de manera que la penetración resulte imposible (vaginismo). Entre medias
tenemos la posibilidad de introducir los dedos, por ejemplo, pero no el pene;
imposibilidad de que la pareja introduzca el pene o los dedos, pero ella misma sí pueda
introducirse un dedo o dos; también hay casos de aparición de dolor según la postura
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adoptada a la hora de la práctica sexual.
Normalmente, aunque la penetración sea dolorosa, esto no impide la satisfacción
sexual estimulando el clítoris manualmente, con vibrador o con sexo oral. Incluso es
posible la penetración anal ―siempre con cuidado, por si existiese hipertonía vaginal.
El dolor en la penetración puede darse por distintas causas, así que se debe acudir
siempre a un especialista para diagnosticar si éstas son orgánicas, psicológicas o
funcionales.
Aunque la mayoría de las veces esta disfunción es debida a causas emocionales. Una
de las razones principales es el rechazo soterrado a vivir la sexualidad libremente y el
miedo a ser una misma sexualmente, debido al peso del arquetipo patriarcal de «puta».
Cuando no es la familia la que reprime la sexualidad en la infancia, es la sociedad, al crecer,
la que transmite el mensaje que transforma lo natural en algo malo. Todo esto provoca que
la sexualidad se viva con culpa y vergüenza y no se disfrute. Lo que se manifiesta en forma
de dolor. El cuerpo siente y reacciona ante estímulos eróticos y sexuales, y el impulso nos
empuja a tocarnos o a mantener relaciones sexuales con la pareja por la cual sentimos
atracción, pero el mensaje está grabado tan profundo en la mente que entra en conflicto con
el deseo.
Así que, según el grado de conflicto y de las partes de nuestro yo que estén
implicadas, podemos desarrollar distintas disfunciones dentro del dolor coital.
Sanando el dolor coital
En estos casos, el trabajo con la energía sexual es complementario a los tratamientos
médicos y fisioterapéuticos (sobre todo cuando no logran atajar el problema o se alargan
en el tiempo provocando ansiedad y desesperación en la mujer) porque a veces las causas
aparentes de ese dolor coital son, en realidad, las consecuencias, y la Terapia Sexitiva
logra destapar esa diferencia a través de la sanación sexual, llegando a la verdadera causa
del dolor y permitiendo así sanar de forma rápida.
Por eso, a pesar de los masajes para eliminar las contracturas, el uso de dilatadores, el
trabajo a nivel erótico y de pareja, el tratamiento farmacológico, etc., no se consigue
eliminar el dolor del todo. En un principio todo es correcto, pero el dolor persiste, y esto
produce aún mayor sentimiento de culpa en la mujer.
El trabajo con la energía sexual produce una conciencia plena del propio placer y del
propio cuerpo que, poco a poco y de forma natural, va quitando las capas de bloqueos
hasta que el dolor desaparece por completo. Sencillamente, todos los tratamientos
aplicados (sobre todo los que se refieren a la erótica) deben trabajarse con la intención de
despertar la energía sexual alojada en los genitales, distribuirla por todo el cuerpo y, como
en la anorgasmia, aumentar la excitación al máximo posible para ir después un poquito
más allá. Ese aumento de la energía sexual será el que dé conciencia de la causa del dolor
y, en cuestión de pocos días, se logrará resolver el problema.
Hipertonía vaginal
Desde hace un tiempo se le está dando mucha visibilidad a la importancia de
mantener un suelo pélvico fuerte. Tanta, que ya parece una moda. Se ha dejado de incidir
en las verdaderas razones para mantener un tono muscular correcto, para pasar a vender la
idea de que una vagina fuerte permite tener mejores orgasmos y «atrapar» el pene del
hombre de forma que lo vuelva loco de placer.
Y a todo este marketing de las fabulosas ventajas de tener una vagina fuerte, se suma
el aumento de las recomendaciones del uso de las bolas chinas, que han pasado de casi no
poder conseguirse (sólo en alguna tienda especializada), a encontrarse en todas las tiendas
eróticas, farmacias y parafarmacias. Se hace un uso indiscriminado de estos «juguetes»
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sin pasar por el ginecólogo o fisioterapeuta especializado que evalúe el estado del suelo
pélvico. Con lo que muchas mujeres que no necesitan ejercitar su musculatura vaginal se
obsesionan con fortalecerla porque, quizá, sus orgasmos no son muy intensos o porque
quieren sentir un orgasmo vaginal y creen que así lo lograrán. Otras mujeres simplemente
las usan porque creen que, al llegar a una edad, tienen que empezar a usarlas sin evaluar
antes su suelo pélvico. Aparte de que, según cada caso, su utilización tiene unas
recomendaciones diferentes en pesos y en tiempo de uso.
Así que, a pesar de que en algunos casos la utilización de bolas chinas o huevos de
jade ―junto con ejercicios de Kegel― es más que recomendable, si la musculatura
vaginal es óptima lo que se consigue es desarrollar esa musculatura como el que trabaja
los bíceps con mancuernas. Esto conlleva excederse en el tono de la musculatura de la
vagina (hipertonificación), de tal manera que se consigue un resultado contrario al que se
perseguía.
Tener un tono muscular del suelo pélvico correcto no es lo mismo que tener una
musculatura vaginal fuerte y desarrollada. Al final, la hipertonía vaginal puede impedir la
penetración parcial o total en las relaciones sexuales, producir dolor o impedir llegar al
orgasmo (lo que a su vez podría producir el abuso de las bolas u otros dispositivos de
fortalecimiento, porque en la mente permanece la idea de que es lo mejor para mejorar el
orgasmo). También puede provocar dolores menstruales que antes no se sufrían y en casos
de mujeres que se quedaran embarazadas, estrechar el canal de parto impidiendo un
expulsivo más fisiológico o incluso el parto natural del bebé.
E incluso, al estimular el clítoris, aunque sea muy placentero al haber contracciones
de las paredes de la vagina durante el orgasmo, se produce un dolor como si hubiera
penetración, y esto desespera y provoca que la mujer deje de tener cualquier tipo de
encuentro sexual, agravando el problema. Porque ni el miedo a perder a la pareja por no
querer tener relaciones sexuales es más fuerte que el dolor que se siente.
Así que, muchas veces, la hipertonía vaginal y las contracturas vaginales se deben al
uso indebido de las bolas chinas y el fortalecimiento del suelo pélvico sin recomendación
médica, sexológica o fisioterapéutica; lo que suele venir precedido por una sexualidad
insatisfactoria, que a su vez crea la idea de que la culpa es del tono muscular de la vagina.
Sanando la hipertonía vaginal
Además del uso inadecuado de métodos y dispositivos que fortalecen en exceso la
musculatura de la vagina, existen otras causas que pueden provocar esta hipertonía:
El estrés a la hora de mantener relaciones sexuales y la tensión ejercida en
la vagina, útero y abdomen, de forma inconsciente, debido al miedo al
dolor sufrido anteriormente.
El miedo a sentir dolor por tener una pareja con un pene muy grande.
Traumas obstétricos.
Mantener relaciones sexuales con molestias y/o en posturas forzadas.
Esa tensión mantenida y repetida puede provocar contracturas, dando lugar a la
sensación de que el dolor lo produce la penetración y a caer así en un círculo vicioso sin
posibilidad de curarse por sí mismo.
Por eso, para sanar la hipertonía vaginal, además de parar de hacer cualquier tipo de
ejercicio enfocado a fortalecer el suelo pélvico y de acudir a un profesional a darse
masajes que relajen toda la musculatura vaginal ―como un fisioterapeuta especializado
en suelo pélvico―, es recomendable estimular el placer y llegar al orgasmo desde la
quietud y la relajación. Se trata de enseñar que se puede obtener el orgasmo sin problema
37
y sin temer el dolor. Y esto se consigue relajando de manera consciente los esfínteres y el
abdomen cuando el orgasmo se acerca. Normalmente se contrae la pelvis para atraer el
orgasmo y conseguir que «llegue», pero para relajar hay dejar que suceda solo, sin
provocarlo, y de esa manera se evita el dolor. Al principio, es recomendable la ayuda de
otra persona que detecte cuándo se contrae, pero a medida que se aprende se puede hacer
en soledad. El hecho de eliminar el dolor al tener un orgasmo provoca la relajación de la
mente, la eliminación de la culpa y las ganas de vivir la sexualidad de otra manera, porque
queda demostrado que depende de una misma. Y esto ayuda a que la hipertonía vaya
desapareciendo paulatinamente y permita la introducción en la vagina de un pene, un
juguete o unos dedos de manera satisfactoria, sin que vuelva el dolor.
Dispareunia
El dolor en la dispareunia, además de en la penetración, también puede darse en los
labios o el clítoris, en conjunto o por sí mismos, pues esta disfunción abarca el dolor en
toda el área genital. La dispareunia, a la larga, también podría desencadenar en vaginismo,
por lo que a veces se puede confundir, enmascarar y realizar un tratamiento incompleto.
También es interesante saber que no es dispareunia si esta molestia o dolor aparece un
rato después de estimular la vulva o la vagina, y antes de aparecer había placer. Se trataría
de bloqueos que la Terapia Sexitiva identifica por separado. En la dispareunia las
molestias se dan desde el primer momento.
Sanando la dispareunia
El dolor en la dispareunia está muy relacionado con el dolor por hipersensibilidad o
por puntos concretos dolorosos debidos a un exceso de tensiones que se forman dentro de
las fibras musculares. Estos puntos dan una sensación de molestia de tipo calambre. Si la
dispareunia no deriva en vaginismo, su sanación es relativamente fácil, pues esta
hipersensibilidad suele provocarla la vergüenza ante el sexo.
Con un poco de confianza en la propia sexualidad y un trabajo de autoestima, en
cuanto la energía sexual se activa mediante la excitación y el placer, dando paso a la
relajación de la zona, la vergüenza por disfrutar desaparece y aparece la aceptación; la
hipersensibilidad y la tensión se eliminan y el dolor deja de sentirse, en la mayoría de los
casos, en muy poco tiempo.
Vaginismo
El vaginismo es una contracción espasmódica de los músculos que rodean la entrada
de la vagina, que provoca dolor durante la penetración y, en algunos casos, la hace
imposible.
Aunque existen factores orgánicos (inflamación pélvica, tumores, lesiones,
hemorroides, sequedad vaginal, endometriosis, etc.) que pueden desencadenarlo, en la
mayoría de los casos con los que me he encontrado y desde mi experiencia, los que lo han
provocado han sido los factores psicológicos (ansiedad, experiencias traumáticas, miedo
al coito, frustración por no obtener el orgasmo, altruismo excesivo, educación sexual
equivocada o reprimida, etc.). Porque incluso los factores orgánicos, más que producir el
vaginismo, lo que hacen es condicionarlo.
Sanando el vaginismo
En el vaginismo es donde la culpa, la vergüenza y el miedo a vivir la sexualidad como
realmente se siente se manifiestan con más fuerza. El trabajo para conseguir eliminarlo
debe consistir en una correcta educación sexual, en derribar mitos y prejuicios, conocer sin
pudor el propio cuerpo y el propio placer, y trabajar con masaje descontracturante la
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musculatura de la vagina. Trabajaremos también con la energía sexual para tomar
conciencia de las sensaciones placenteras y para aprender a diferenciar entre el dolor físico
real y el que la mente proyecta. Muchas sensaciones dolorosas son en realidad ilusiones
creadas por el miedo y el rechazo a disfrutar de la sexualidad.
A través de la Terapia Sexitiva, el masaje consigue desenmascarar y entender ese
dolor ficticio, y la sanación elimina la memoria dolorosa que provocaba esa situación,
generando nuevas sensaciones placenteras en el espacio donde se guardaba.
Testimonio
«“No. Porque Sergio me ha vuelto a dar la vida”.
Eso es lo que respondo cada vez que me preguntan si no me da vergüenza, o incluso
un poco de aversión que un desconocido me trate de la manera en la que lo hace él. Es
cierto que el primer día que vas a su consulta acudes con ciertas reservas, pero es tal la
tranquilidad que te da y lo bien que te hace sentir, que a los dos minutos te has olvidado
de que estás desnuda y de que un desconocido te está masajeando de la cabeza a los pies.
Tengo 37 años y, desde hacía once, experimentaba dolor en mis relaciones sexuales; a
consecuencia de ello sentía rechazo hacia el sexo, sobre todo con penetración. No sabía muy
bien qué pasaba, los ginecólogos sólo se limitaban a decir que tenía una vagina más
pequeña de lo normal para una mujer de mi edad o que mi pareja de entonces, tenía un pene
muy grande y me daba «miedo».
Hace tres años, este dolor se hizo insoportable y comencé un periplo por distintos
especialistas, con sus correspondientes pruebas médicas, casi siempre dolorosas;
ginecológicas, urológicas, rehabilitadoras y neurológicas.
Finalmente, dieron con la causa del dolor: era muscular. Diversas contracturas en la
vagina e hipertonía de suelo pélvico. Estuve un tiempo en rehabilitación, con masajes y
sondas vaginales e incluso punción seca. Remitía unos días, pero enseguida volvía.
Llegaron a plantearse daño neurológico y me recetaron opiáceos, que me resistí a tomar.
Este proceso duró más de dos años. Durante el último, una buena amiga no dejaba
de insistir en que probara a conocer a Sergio Fosela, que él me iba a ayudar, pero yo me
resistía por vergüenza.
Hasta que pensé: «¿Y por qué no?». Afortunadamente, lo hice, y el 4 de febrero de
2016, comenzó a cambiar mi vida. Con tan sólo una primera sesión de acercamiento,
donde me explicó cómo me podía ayudar, y dos sesiones más de masajes que deshicieron
casi completamente mis contracturas, empecé a ver el sexo con otros ojos, como lo veía
antes de la lesión.
Estas contracturas se producen como cualquier otra: estrés, nervios, problemas
emocionales, malas posturas... por lo tanto, hay que curarlas y cuidarlas de la misma
manera que el resto, con el hándicap de que no puedes utilizar antiinflamatorios locales y
que cualquier fisioterapeuta no sabe tratarlas.
Ahora estoy disfrutando sin reservas de mi sexo, con seguridad, sin miedos, buscando
y encontrando el placer que me he negado durante tantos años. Pensaba que ya jamás
podría tener relaciones sexuales tan plenas y satisfactorias como las que estoy
experimentando en estos meses. Y no me cansaré de decirle: “Gracias Sergio”».
En el caso de esta mujer no sólo se trataron las contracturas, sino que, además, se
trabajó con la energía sexual para llevarla a un punto de excitación en el que su mente
fuera capaz de asumir y desear el orgasmo eliminando el miedo al dolor. Y desde ese
punto, se la acompañó al clímax con la voz, dándole instrucciones para que relajara los
esfínteres y el abdomen.
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La sensación que produce un orgasmo, además de relajar la musculatura pélvica de
forma consciente, provoca un efecto descontracturante de toda la pared vaginal. Esto hizo
que esta mujer tuviera, por primera vez, un orgasmo sin sentir dolor; logró desbloquear el
miedo a intentarlo, tanto sola como en pareja, y rompió ese rechazo que había creado
hacia el sexo. Y en las sesiones posteriores se le enseñó a controlar su relajación ante el
orgasmo, para no necesitar más tratamiento ni guía y poder disfrutar de una vida sexual
plena.
CAPÍTULO 5. Molestias y dolor en la zona genital
Además de las disfunciones sexuales descritas en el capítulo anterior, existen, en
ambos sexos, bloqueos emocionales que provocan molestias o dolor en alguna parte de
los genitales y que pueden confundirse con dichas disfunciones. Hay que pensar que, si el
hombre puede sentir molestias o dolor en su pene, o incluso en los testículos o en la zona
perianal sin que exista lesión ni disfunción sexual, en la mujer también puede darse este
caso. Por eso es fundamental plantearse que, si una molestia o dolor persiste y no mejora
con ningún tratamiento, se trate de un bloqueo emocional.
La molestia que se da con más frecuencia es el dolor o hipersensibilidad en el clítoris
y/o en los labios internos, en la mujer, y en el glande, en el caso del hombre, tanto al
comienzo de la estimulación como justo antes de llegar al orgasmo.
En el caso de la mujer, las molestias en el clítoris se deben a sentimientos de
culpabilidad, rabia contenida o ira hacia una situación. Están relacionadas siempre con la
propia sexualidad, pero en ocasiones pueden venir acompañadas de la frustración de
intentar aparentar ser quien los demás esperan que una sea, cuando el sentimiento interno
es distinto.
Cuando la hipersensibilidad se da en los labios menores, el bloqueo tiene que ver con
el miedo al placer y con no creerse capaz de aguantar esa sensación ―que curiosamente
desconoce―. Por lo tanto, en cuanto aparece, huye mentalmente y se aparta convencida
de que no puede continuar recibiendo estimulación. También puede deberse a un
sentimiento leve de vergüenza relacionado con la forma de disfrutar la sexualidad, al
sentir que puede ser juzgada, y que en ocasiones está relacionada con la primera causa.
En el caso del hombre, las molestias en el glande tienen que ver con la inflexibilidad
de pensamiento (testarudez) y el conflicto interno que se genera a raíz de ello cuando se
es consciente de la verdad, pero se es incapaz de ceder y reconocer el error.
Sanando el dolor
Ambos casos se logran solucionar con masaje suave en las zonas hipersensibles e
insistiendo a pesar del dolor. En el caso de la mujer se trata de sacar esa rabia en forma de
grito, de llanto o de las dos cosas mientras se sigue estimulando el clítoris, hasta que las
molestias se transforman poco a poco en placer y se obtiene el orgasmo.
Cuando la hipersensibilidad se da en los labios internos, debe ponerse concentración
en la sensación producida ―ya que esa hipersensibilidad no provoca dolor, sino más bien
algo parecido a una corriente eléctrica― y dejarse llevar a pesar de la intensidad inicial y
de la dificultad para no apartarse. También es importante recibir la confianza de la pareja
sexual. Porque sólo así, y tan sólo al cabo de unos instantes, la extraña sensación pasa a
ser reconocida como placer.
En el caso del hombre, se trata de «claudicar» ante el dolor, abrazarlo, reconocerlo
como tal y a partir de ahí, sentir cómo el dolor se transforma en placer. Hay que hacer un
trabajo de concienciación de lo que se siente, dejar salir las imágenes y pensamientos que
surjan en la mente y permitir que se vayan. Puede aparecer el llanto desconsolado, para
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convertirse después en llanto de alivio.
Con el masaje sensitivo, lento y de escucha, se logran derribar los bloqueos
emocionales que producen todas estas molestias y dolores, que nada tienen que ver con
una disfunción sexual. Y el trabajo de la energía sexual durante el masaje afianza la
sanación, dando conciencia a la persona de lo que le ocurre internamente y evitando que
los bloqueos se reproduzcan.
Caso práctico
Tuve una vez la visita de una mujer que no soportaba tocarse el clítoris, y mucho
menos que nadie se lo acariciara. No conseguía hacerlo ni con la mano, ni con juguetes ni
con una lengua ―a pesar de ser blandas y húmedas, ideales para clítoris sensibles.
La charla previa al masaje de sanación no reveló nada importante que indicara la
causa de esa circunstancia, así que pasamos directamente a trabajar su cuerpo. Y fue ahí
donde comenzamos a descubrir lo que le ocurría.
Esta mujer se excitaba de forma muy rápida e intensa con tan sólo acariciar su piel
―prácticamente en cualquier zona, sin necesidad de rozar sus genitales― por lo que
podría pensarse que sería muy sencillo llegar al orgasmo y disfrutar de un gran placer al
masajear su vulva. Y ahí estaba el bloqueo. Ella temía que, si todo era tan intenso y
apenas podía controlar sus jadeos y movimientos sin siquiera tocarse el clítoris, al
conseguir el orgasmo, sus gritos asustaran a su pareja sexual del momento, ya que había
escuchado y leído que el orgasmo era una sensación de placer muy extremo. Pero,
además, se sentía culpable de sentir tanto placer sin llegar al orgasmo ni tocarse los
genitales. Creía firmemente que su sexualidad era «rara». De hecho, ni tan siquiera había
probado a estimularse introduciéndose un dildo ―un juguete sexual diseñado para la
penetración―, y cuando había mantenido relaciones sexuales con un hombre, al ser
penetrada estaba tan pendiente de que no le rozaran el clítoris, que no sentía placer.
Así que, efectivamente, al tocarle el clítoris, saltaba como un resorte e intentaba
apartar mis manos. Entonces paré un momento y le expliqué lo que le sucedía. Aunque no
contestaba, asentía despacio y comprendía cómo funcionaba el bloqueo que tenía.
También le expliqué cómo íbamos a trabajar y lo que tenía que hacer.
A ella le pareció una eternidad el tiempo que tuvo que aguantar esa hipersensibilidad
y dolor que sentía cuando estimulé su clítoris intentando que no cerrara las piernas ni se
apartara, pero realmente tan sólo tuve que acariciarla durante treinta segundos hasta que
esas sensaciones se convirtieron en un orgasmo.
A partir de ahí, pude volver a tocarle el clítoris sin problema. Incluso ella probó a
tocarse y consiguió otro orgasmo. Y no sólo desbloqueó esa hipersensibilidad
desagradable y comprendió que no debía sentirse mal por excitarse tanto ni obtener tanto
placer, sino que, a partir de ahí, al poder centrarse en el placer que le producía la
penetración y no tener más miedo al dolor, descubrió que también podía tener orgasmos
vaginales.
CAPÍTULO 6. Disfunción eréctil
La disfunción eréctil tiene más de una definición en la sexología, todas muy
parecidas, pero con matices que las diferencian. La descripción básica y la que trabaja la
Terapia Sexitiva es que se trata de una incapacidad para tener o mantener la erección del
pene ante estímulos eróticos.
Las causas pueden ser orgánicas ―tabaco, alcohol, drogas, alteraciones hormonales,
diabetes, problemas vasculares―, psicológicas ―ansiedad, depresión, traumas― o
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mixtas ―una diabetes puede producir una disfunción eréctil en un determinado momento,
y eso llevar a una depresión por no conseguir la erección, que, a su vez, incide en la
disfunción.
La Terapia Sexitiva puede ayudar a corregir la disfunción sólo en los bloqueos de
origen mental y emocional. En las causas mixtas, puede ayudar a paliar la parte
psicológica para que el tratamiento de las causas orgánicas sea más efectivo.
De todos modos, es aconsejable iniciar sesiones de sanación sexual sólo cuando la
disfunción eréctil haya sido determinada y diagnosticada por un médico especialista.
Los bloqueos más comunes son el estrés, el miedo a no conseguir la erección ―suele
aparecer después de sufrir un «gatillazo»― y la ansiedad por cumplir las expectativas que
los condicionantes externos han creado respecto a la sexualidad del hombre ―el tamaño
del pene, la duración durante el coito, hacer que la mujer tenga el mejor orgasmo....
También suele influir la baja autoestima, que suele aparecer cuando el encuentro
sexual es con una mujer segura de lo que quiere y sin trabas ni disfunciones sexuales. Por
eso, la Terapia Sexitiva propone la construcción de una nueva forma de masculinidad a
través de sus masajes y cursos.
Pero, en definitiva, cualquier acción o pensamiento que aleje al hombre de la
aceptación de su cuerpo, su sexualidad y su forma de verla y experimentarla, va a crear
ansiedad, estrés y miedos que derivarán en problemas de erección.
Sanando la disfunción eréctil
Debido a la presión que el hombre sufre respecto a la «liberación sexual de la mujer»
―en la que quizás haya más de marketing que de realidad, ya que es algo que sigue en
proceso―, en cuanto éste tiene la erección, quiere pasar a la penetración por miedo a
perderla. Además, suele conllevar problemas con la pareja por su aparente egoísmo ―al
querer penetrar enseguida, desatiende las necesidades y deseos de la pareja―, lo que
acarrea ansiedad en cada encuentro, olvidándose de disfrutar él mismo.
Esta falta de conciencia del propio placer y de lo que su cuerpo es capaz es la que
ocasiona que le sea imposible comprender y poner solución a la disfunción eréctil cuando
aparece.
La Terapia Sexitiva, a través del masaje y de la energía sexual, pretende siempre
enseñar y concienciar al hombre de que puede tener todas las erecciones que quiera,
incluso después de que la erección baje. Siempre que ponga atención a las caricias y
estímulos eróticos, puede tener una erección, perderla, volverla a tener, volver a perderla y
recuperarla de nuevo hasta que la penetración se consuma. Y sin que se genere ningún
tipo de problema, pues realmente es la misma acción que sucede durante el sueño: varias
erecciones con su correspondiente periodo refractario.
Cuando se trata del miedo a no conseguir la erección, miedo a no poder cumplir si «se le
baja» después de tenerla, o incluso de estrés y cansancio, basta con tomar conciencia del
cuerpo, de sus reacciones y de lo que necesita en ese momento ―como descansar y no
cumplir ninguna expectativa―, para lograr tener erecciones cuando lo desee, o de
comprender por qué no la ha tenido sin sufrir ansiedad ni obsesionarse.
Ejercicio práctico
Existe un ejercicio milenario, cuya práctica data de la antigua China, que ayuda a
superar la disfunción eréctil y a tener relaciones sexuales con penetración satisfactorias.
Se trata de introducir el pene flácido en la vagina. Esto es relativamente fácil si la
mujer está previamente excitada y lubricada, sea de forma natural o usando lubricantes
artificiales. En casos de parejas homosexuales, no he probado nunca esta técnica, por lo
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que no puedo decir si es posible hacerlo, aunque de ser así, la segunda parte sería quizá
más estimulante que con la vagina. Una vez introducido el pene, la mujer deberá contraer
rítmicamente la vagina ―o el ano en el caso de un hombre― mientras se besan y se
acarician.
Este ejercicio provocará que el hombre despeje su mente y se centre en lo que siente,
teniendo así una erección.
La efectividad del ejercicio dependerá de la entrega del hombre y del tiempo que
tarde en abandonarse al placer, pero en todos los casos se ha mostrado cien por cien
efectivo junto a las sesiones de Terapia Sexitiva.
CAPÍTULO 7. Eyaculación precoz
En sexología existen muchas definiciones de la eyaculación precoz, pero casi todas
están relacionadas con el control del impulso eyaculatorio, por lo que decantarse por una
es difícil y tampoco vamos a entrar en los distintos aspectos que derivan de cada caso.
Además, los tratamientos que propone son muy parecidos a los de la disfunción eréctil.
Sin embargo, la Terapia Sexitiva tiene su propia teoría, que define la eyaculación
precoz como un descontrol de los desencadenantes de la excitación, y no tanto como un
descontrol del impulso eyaculatorio. Es decir, la falta de conciencia sobre los estímulos
eróticos que provocan la eyaculación.
Desde que comienza a descubrir su sexualidad y, en concreto, la masturbación, el
hombre aprende a eyacular muy rápido. En unos casos porque se masturba a escondidas
en casa y tiende a hacerlo lo más rápido que puede. En otros, porque compite con el grupo
de amigos para saber quién eyacula antes.
Y si a esta práctica masturbatoria le añadimos estímulos eróticos altos, como ver
películas o revistas pornográficas, la respuesta eyaculatoria será aún más rápida.
Es por esto que, cuando el hombre comienza tener sus primeras relaciones sexuales,
eyacula antes de lo que le gustaría, lo que, unido a los condicionantes externos, hace que
se obsesione y crea que sufre de eyaculación precoz, reforzando esa sensación hasta
convertirla en una disfunción real.
En el caso de hombres que nunca se hayan masturbado cabe destacar que el hombre es
de eyaculación rápida por naturaleza ―ya que está controlada por el sistema
parasimpático― y al desconocer su cuerpo y su excitación, este hecho puede llevarle a la
disfunción. Pero la sanación que propone la Terapia Sexitiva es igual en todos los casos.
Sanando la eyaculación precoz
La eyaculación precoz se debe a la costumbre de centrar todo el placer en el pene para
obtener una rápida respuesta eyaculatoria. Esto significa que la energía sexual del hombre
se concentra y acumula en la zona genital, sin lograr expandirse ni reciclarse, que es otra
de las razones por las que, después de eyacular, el hombre siente el deseo de dormir y de
apartarse de caricias y abrazos. Las emociones se alimentan de la energía sexual y si ésta
explota sin llegar al centro emocional ni alimentarlo, la reacción siempre será la de
aislarse o comportarse como si no hubiera ocurrido nada.
La Terapia Sexitiva recomienda el masaje a fin de extender la energía sexual desde
los genitales hacia las distintas partes del cuerpo. Se trata de sensibilizar y dar conciencia
del placer en otras partes del cuerpo, pero con el añadido de que en la eyaculación precoz
se deben trabajar los genitales.
Tocar, acariciar, chupar y masajear el pene durante pocos segundos para luego pasar a
otra parte del cuerpo, irá dando conciencia al hombre de que disfrutar y durar van de la
mano. No se trata de alargar la eyaculación porque sí o de tomar el control del impulso
eyaculatorio, sino de despertar la conciencia de la propia energía sexual, de que sienta
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cómo se expande por el resto del cuerpo y de permitirle salir de la zona genital,
excitándose poco a poco, y no «de golpe», como era su costumbre.
La sanación sexual muestra el camino para disfrutar del resto de la piel y para perder el
miedo a eyacular «demasiado pronto». Ayuda a tomar conciencia de la pareja sexual y a
disfrutar de ella sin pensar en el pene, a desdramatizar si alguna vez ocurre y a identificar
esos superestímulos para no utilizarlos desde el principio y avanzar despacio.
Utilizar un antifaz o una venda para los ojos suele resultar útil en la sensibilización
del cuerpo y para lograr concentrarse en lo que transmiten el masaje, las caricias o los
besos recibidos. También es recomendable avisar cuando cualquier estimulo dispare las
ganas de eyacular, para detenerse y realizar respiraciones abdominales hasta calmar el
reflejo.
La respiración, poner la atención en lo que se siente y no dejar a la imaginación tomar
el control sirven, en todos los casos, para comprender y controlar los desencadenantes de
la eyaculación precoz, resolviendo el problema al cabo de poco tiempo.
CAPÍTULO 8. Orgasmo y dolor de cabeza
Seguramente, hayas oído decir aquello de que «el mejor remedio para el dolor de
cabeza es un orgasmo». Un dicho acertado debido al efecto vasodilatador que tiene hacer
el amor y por la segregación de endorfinas y serotonina que genera el cerebro cuando se
obtiene el orgasmo.
Pero ¿qué ocurre cuando es el orgasmo el que provoca el dolor de cabeza?
La mayoría de las personas seguramente no sepan lo que es. Habrá otras que
posiblemente lo hayan sufrido una o dos veces en su vida y no se hayan cuestionado lo
ocurrido. Pero existen unas pocas personas que presentan dolor de cabeza al tener un
orgasmo, o después de tener varios, si son multiorgásmicas. La medicina lo denomina
«cefalea coital».
Por lo que he podido investigar consultando distintos artículos de neurólogos a través
de internet, si no se sufre ningún tipo de problema vascular o aneurisma que provoque
esas cefaleas, se las considera de tipo esencial ―es decir, no tienen causa orgánica―, y se
pueden dar en hombres y en mujeres de cualquier edad.
En consulta, las personas que han acudido con esta patología han sido mujeres de
mediana edad con una actividad sexual frecuente. Y a pesar de los pocos casos conocidos
y tratados, la Terapia Sexitiva ha dado con una causa energética sencilla de remediar sin
tener que rebajar o dejar la actividad sexual.
Sanando el dolor de cabeza
La principal causa del dolor de cabeza después de tener un orgasmo es la falta de
conciencia de uno mismo. Y esta falta de conciencia tiene como variantes otras dos causas:
una pasajera y otra constante.
Hay veces que nuestra mente no está preparada para mantener una relación sexual
―por ejemplo, a causa de una alta carga de estrés― o incluso para la masturbación. Pero
como nuestra energía sexual está activa y nuestro deseo se manifiesta, forzamos el
orgasmo sin darnos cuenta. Además, si, por ejemplo, estamos acostumbrados a hacerlo a
diario, nos solemos dejar llevar por la rutina sexual creada. Y es entonces cuando el
orgasmo no es tan bueno como otras veces, aunque sea satisfactorio.
Esto es algo que, seguramente, la mayoría de las personas sí ha experimentado. Pero
cuando el cansancio mental es continuo y los altos niveles de estrés perduran, al
producirse el orgasmo se desencadena un dolor de cabeza agudo que elimina todo tipo de
satisfacción, por muy pronto que éste desaparezca. Con descanso y eliminando el proceso
estresante que provoca la fatiga mental (como un aumento repentino de trabajo o
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responsabilidad, pasar muchas horas delante de una pantalla, etc.), el dolor de cabeza no
debería repetirse en mucho tiempo.
La otra causa, y la más importante, ya que el dolor de cabeza se repite prácticamente
cada vez que se tiene el orgasmo, es el desgaste y deterioro de nuestro cuerpo. Aunque
nuestro deseo sexual pueda permanecer durante años igual de fuerte, no pasa lo mismo
con nuestro cuerpo. Así que el desgaste físico que requiere el coito y la resistencia física
que es necesaria para soportar las descargas eléctricas del cerebro al producirse un
orgasmo van disminuyendo con el paso de los años.
Es como si un corredor de maratón intentara mantener sus tiempos durante muchos
años. Seguramente ese sobreesfuerzo le pasaría factura y el tiempo de recuperación se
alargaría muchísimo. Sin embargo, si toma conciencia de su capacidad física y adapta la
zancada y la velocidad al ritmo que le marca su cuerpo, y no su mente, podrá no sólo
correr maratones toda su vida, sino también correr con más frecuencia los mismos
kilómetros sin resentirse ni lesionarse.
Así pues, nuestra energía sexual nos dice que adelante, nuestra mente nos anima a
mantener relaciones sexuales o masturbarnos todos los días ―ya que es lo que siempre
hemos hecho―, o incluso a tener ocho orgasmos seguidos. Pero dicha actividad requiere de
un esfuerzo físico que no se corresponde con nuestro cuerpo. Así que, si armonizamos
cuerpo, mente y energía sexual, seremos capaces de adaptarnos al ritmo que realmente
necesitamos, sin caer en la obsesión ni la frustración. Para ello, debemos calmar la mente
con conciencia, conociendo y aceptando nuestros cambios y nuestros límites, y redirigiendo
la energía sexual sobrante tal y como hemos visto en el capítulo 3.
De todas formas, manteniendo una dieta equilibrada y haciendo ejercicio moderado a
diario, podemos alargar nuestras capacidades sexuales y evitar los dolores de cabeza.
Lo que sí debemos tener en cuenta es que sufrir un dolor de cabeza después de un
orgasmo significa que estamos sobrepasando la capacidad de nuestro cuerpo o nuestra
mente. Es probable que no podamos mantener relaciones sexuales todos los días y
debamos espaciarlas, o tenerlas a diario durante periodos cortos y descansar.
En cualquiera de los casos, también se puede disfrutar del sexo de forma satisfactoria,
de las caricias y del placer sin llegar al orgasmo todos los días. Esto nos permitiría
recuperarnos e ir tomando conciencia de si es algo pasajero, o de si necesitamos readaptar
nuestras capacidades.
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II PARTE
En esta segunda parte, aprenderemos cómo trabajar la energía sexual y las emociones
para eliminar los bloqueos que nos impiden ser conscientes de lo que realmente sentimos,
y que son debidos a la influencia de condicionantes externos a los que estamos sometidos,
prácticamente, desde que nacemos.
Veremos los principales bloqueos emocionales que reconoce la Terapia Sexitiva y de
los que derivan otras emociones secundarias, los procesos de desconexión emocional y
sexual que sufrimos con dichos bloqueos y los estados en los que a veces nos sumergirnos
sin ser conscientes, y que nos impiden disfrutar plenamente de nuestras relaciones
afectivo-sexuales.
CAPÍTULO 1. Energía sexual y emociones
La energía sexual no sólo ayuda a romper los bloqueos emocionales. También, en
ocasiones, si no utilizamos la conciencia o la tenemos nublada por las circunstancias,
puede reforzar esos bloqueos. Por eso, a veces, cuesta tanto superar alguna disfunción
sexual. Y esto pasa porque todas las emociones se nutren de la energía sexual. Tanto las
que nos permiten abrirnos a los demás y proporcionarnos bienestar, como las que nos
encierran en nosotros mismos sin darnos cuenta y nos frustran y amargan.
Por ejemplo, cuando se hace el amor sin ganas, nuestra energía sexual alimentará esa
inapetencia, expandiendo la sensación de desgana de tal manera que, la siguiente vez,
estará más presente y provocará un conflicto interno todavía mayor. Esto lleva
irremediablemente a un rechazo absoluto por el sexo y a hacernos sentir y creer que no
nos gusta mantener relaciones sexuales.
La Terapia Sexitiva se centra en las emociones antes que en las creencias, prejuicios y
cualquier otro bloqueo mental ―ya que para trabajarlos existen otras terapias más
profesionalizadas―, puesto que son más fáciles de manejar mediante el tacto, otorgando
conciencia sobre cada una de las emociones que nos limitan.
Se reconocen cuatro fases emocionales principales, de las cuales pueden derivar otras
secundarias y periféricas, y que repercuten directamente en el disfrute pleno y consciente
de las relaciones afectivo-sexuales: El dolor, el miedo, la rabia/culpabilidad y la
vergüenza.
Debido a los condicionantes sociales (educacionales ―familiares, escolares―,
culturales, religiosos, etc.) negamos la expresión natural del sexo, lo que a la larga se
convierte en un veneno: inconscientemente suprimimos el placer, frenamos los
sentimientos y deseos sexuales e instalamos recuerdos de culpabilidad y vergüenza.
Por otro lado, y a pesar de los condicionantes externos ―que en algunas personas
tendrán más influencia que en otras―, tenemos las sensaciones naturales que nuestro
cuerpo percibe, de las cuales se puede ser más o menos consciente, pero que están ahí.
Esta dualidad genera un conflicto interno de donde surgen la ansiedad y la necesidad
de obtener respuestas, pero donde las creencias provocan un gran miedo a hacer frente a
la propia sexualidad. Y cuanta más confusión y más conflicto se produce, más dolor
interno se siente.
Algunas personas desechan estos nuevos sentimientos cuando los perciben, aferrándose
a sus creencias con tal de seguir siendo «infelizmente felices». Prefieren negarlo y no
enfrentarse al dolor que produce el conflicto interno, pero, por otro lado, no son tan críticos
ante los comportamientos, deseos y gustos que se salen de lo «normativo».
Otras personas ni tan siquiera llegan a experimentar este conflicto, pues están
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aferradas a sus creencias y verdades externas, que hacen propias sin cuestionarlas,
bloqueando cualquier tipo de emoción, deseo o fantasía que se salga del camino que les
han marcado. Estas personas son las más «ciegas» y las que más duramente critican
cualquier comportamiento fuera de lo establecido por la sociedad en la que habitan.
Y, por último, están las personas que, a pesar del dolor, del miedo, del sentimiento de
culpa y de la vergüenza, quieren despertar su conciencia porque no pueden convivir con
la ansiedad que las domina. Quieren descubrir qué hay detrás de todos esos
condicionantes que ya no consideran propios. No saben qué se van a encontrar, pero
saben que no serán felices si se quedan paradas sin atender a lo que les dice su interior.
La energía sexual actúa positivamente sólo en este último caso ―como ya hemos
comentado, esta energía alimenta todas las emociones y, sin predisposición y
determinación, bloquearía aún más la conciencia―,sanando las heridas sexuales, los
bloqueos emocionales y abriendo un sendero hacia las relaciones afectivo-sexuales
plenas.
Trabajando con la Terapia Sexitiva
La Terapia Sexitiva ayuda a hacer frente a nuestras sombras, bloqueos y miedos para
poder conectar con nuestro verdadero yo, despertar la conciencia y armonizar cuerpo,
mente y emociones.
La terapia mediante el tacto, durante el masaje, ayuda a descubrir el cuerpo, a
descubrir el placer, a liberar el deseo y a aprender a dejarse llevar sin miedo a
descontrolarse, para, sin embargo, conseguir el control absoluto de lo que somos.
Para conseguir estos objetivos es necesario trabajar, uno a uno, los cuatro bloqueos
emocionales, a la vez que nos centramos en desarrollar la sensibilidad, la sensualidad, en
sentir y dirigir los flujos de energía, en conectar con el centro emocional y sanar las heridas
sexuales.
El masaje de sanación sexual que emplea la Terapia Sexitiva trabaja cada fase de
bloqueo emocional en un orden establecido. Aunque no todas las personas presentan un
bloqueo en las cuatro fases emocionales ―ya sea porque hayan acudido a sesiones de
masaje anteriormente, ya sea porque no están demasiado influenciadas por los
condicionantes sociales―, igualmente tienen que trabajarse todas las fases con el fin de
lograr una mejor compresión de la evolución de la toma de conciencia y desbloqueo, y
para asegurarse de que desaparecen todos los bloqueos y límites que comprenden cada
emoción.
Evidentemente, las personas que presenten un bloqueo de sólo una o dos fases
emocionales bloqueantes sanarán las otras fases de forma más rápida al trabajarlas, pero la
influencia de la energía sexual ―tanto en tiempo como en efectos― es igual para todas las
personas. La única diferencia consistirá en cuántas sesiones serán necesarias para alcanzar
ese despertar de la conciencia que busca la Terapia Sexitiva. De todos modos, el número
mínimo de sesiones recomendables es de tres. En principio, la energía terapéutica se
sostiene entre el séptimo y el décimo día, disipándose progresivamente desde el quinto día.
Hasta llegar a la tercera sesión, que es donde se ancla el efecto sanador de la energía. El
problema consiste en que, al trabajar los bloqueos emocionales con la energía sexual, surge
un conflicto en las primeras sesiones, lo que convierte, para muchas de esas personas, en
una auténtica odisea el acudir a una tercera sesión pues se llega a la línea donde hay que
decidir si avanzar y enfrentarse a los miedos y a uno mismo o dar marcha atrás y hacer
como que no ha pasado nada.
En la primera sesión, aparte del nerviosismo y la vergüenza por la novedad y la
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exposición tan íntima, suele aparecer el miedo ante lo desconocido y lo que se sentirá.
También aparece la vulnerabilidad, y con ella, la incapacidad para abandonarse a la
terapia y relajarse ―sensaciones comprensibles y esperadas―, ya que, por mucho que se
trate de personas que se expongan sin temor en otras situaciones, las zonas que se trabajan
en terapia son muy privadas.
Esto crea un estado de alerta casi continuo y un intento de controlar la situación, que a
su vez genera un torrente de pensamientos. Pero, al ser una consecuencia del masaje,
resulta positivo, ya que se consigue una primera conexión con la conciencia y surgen
muchas preguntas que despiertan la curiosidad de la persona.
En la primera sesión, se consigue ver o sentir el origen del conflicto, o incluso, en
algunos casos, la solución al mismo. La persona siente qué posicionamiento debe adoptar
o qué debe eliminar para mejorar. Se puede lograr durante la misma sesión o en el
transcurso de los cinco días siguientes.
Tras esta sesión, si no se continúa en un plazo de diez días, se puede experimentar la
sensación de navegar entre el «yo antiguo» y el «yo modificado». Es aquí cuando la
persona debe decidir entre avanzar y descubrir qué hay detrás y adónde puede llegar ―a
pesar de las emociones encontradas, la confusión, el dolor, el llanto, etc.― o dejarlo pasar
y esperar a que esa sensación desaparezca.
En la segunda sesión, aunque aún puedan surgir expectativas y nervios ante el masaje,
el abandono es mayor, el permiso a fluir y a conectar es inmediato y, desde el primer
minuto, se está en disposición de recibir.
La energía sexual generada durante la terapia reconecta rápidamente y los cambios se
precipitan. Se enlaza con el desbloqueo y la energía despertada durante la primera sesión
y la toma de conciencia es más nítida. La claridad mental ante el conflicto es más patente
y todo comienza a ser más coherente.
En la tercera sesión, se llega a trabajar en lo más profundo, ya que en las anteriores
sesiones se han ido eliminando todas las capas. Se consolida el libre flujo de energía sexual,
el conflicto se desbloquea definitivamente y la conexión entre la mente, el centro emocional y
el centro sexual se restablece y se armoniza. La reconexión al YO queda enraizada.
A partir de esta sesión, puede que algunas personas no hayan logrado desbloquearse
completamente o sientan que deban seguir trabajando su energía sexual para conseguir
otros objetivos ―gracias a la toma de conciencia conseguida―, por lo que será necesario
que realicen varias sesiones más, pero ya seguiremos el ritmo marcado por ellas y sus
necesidades.
Método de trabajo con la sanación sexual
El orden del trabajo con cada fase que da mejores resultados a la hora de utilizar la
energía sexual viene establecido por la necesidad de, primero, vaciar para, después,
rellenar.
Normalmente, en otras terapias donde se utiliza la sanación sexual, se trabaja
directamente con la intención de desbloquear la energía Kundalini y hacer que ésta
ascienda desde el centro sexual hasta la mente pasando por el centro emocional, sanando
y rompiendo los bloqueos energéticos. Sin embargo, la Terapia Sexitiva cree que este
método intenta desatascar la energía bloqueada en un punto del recorrido metiendo más
energía en el canal, lo que provoca un tapón mayor, en lugar de deshacer el existente. Esta
forma de trabajar puede resultar efectiva cuando el bloqueo energético es pequeño, ya que
resulta fácil que la energía nueva que se genera y mueve consiga arrastrar y liberar la
energía estancada.
Pero cuando el estancamiento de energía que bloquea el recorrido es grande, utilizar
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la energía para desbloquearla sólo conseguirá acumularla y estancarla más, provocando
una mayor presión y una ansiedad que se sumarían a las emociones bloqueantes.
Por esta razón, la Terapia Sexitiva propone un método de sanación a la inversa. Los
pensamientos derivados de las creencias y prejuicios y las dudas que generan conflictos
internos, y que a su vez liberan los miedos y el dolor, se forman en la mente. Y es la
mente la que impide sentir placer, deseo y confianza y conectar con el resto de emociones
que proporcionan bienestar. Al trabajarse con el masaje, ese bloqueo provoca que, poco a
poco, el dolor desaparezca, pues en realidad no es un dolor físico, sino un dolor generado
por el enfrentamiento de los condicionantes sociales contra las sensaciones naturales. Al
aumentar esas sensaciones placenteras mediante el tacto, inclinamos la balanza de esa
batalla, logrando que el dolor desaparezca y deje paso a una sensación de alivio y de
apertura.
Y al no haber dolor, resulta más fácil enfrentarse al miedo. Este miedo puede variar en
las formas, pero al poder concentrarse en el placer y saber que ya no habrá más dolor,
termina por desaparecer. Se va tomando conciencia de por qué se sufría y de dónde
provenían esos temores. Y esta toma de conciencia permite despejar el bloqueo energético
desde la cabeza.
De esta manera queda libre el camino para que el bloqueo en el centro emocional se
deshaga sin oposición ni muro en la mente. Mediante el tacto y el placer, ya
desbloqueado, se libera la rabia por haber permitido llegar a la situación actual, y así se
libera el sentimiento de culpabilidad. Se toma conciencia de uno mismo y se comprende
lo vivido y lo ocurrido, y aparece el perdón. Entenderse, soltar y lograr una claridad
mental que otorga tranquilidad emocional. Aquí se rompe el segundo estancamiento.
Por último, toca trabajar el estancamiento de las tres fuentes, donde se genera la energía
sexual y donde nace la energía Kundalini. Ahora el tacto del masaje se hace más sensible a
la persona, el placer aumenta y se busca el abandono. Y, desde ese descontrol, se consigue
desbloquear el flujo de energía sexual y despertar la energía Kundalini.
Al haberse deshecho anteriormente los otros estancamientos, ahora la energía puede
fluir de forma ascendente y recorrer el cuerpo sin oposición ni barreras que impidan su
libre avance, introduciéndose en cada célula del cuerpo y reforzando la sanación allá
donde sea necesario, a todos los niveles.
Como hemos dicho, no todas las personas acuden con un bloqueo total, pero el
trabajo de las cuatro fases en los tres centros asegura una sanación completa.
CAPÍTULO 2. Las cuatro fases emocionales de bloqueo
Dolor
Cuando se comienza a masajear a la persona, antes de que la energía sexual despierte,
comienza a aparecer la excitación sexual. Y si el masaje de sanación se concentrara en esa
excitación, podría alcanzarse el orgasmo fácilmente, como cuando se está con una pareja.
Es por esto que cuando hacemos el amor con otra persona, en la mayoría de los casos, no
somos conscientes de tener ningún tipo de bloqueo.
Ésta es la razón por la que la Terapia Sexitiva no usa la excitación para conseguir
placer, sino que se concentra en la energía sexual que ha generado dicha excitación. Y, a
partir de ahí, comienza una exploración de distintos puntos reflejos genitales que se
corresponden con diferentes órganos, emociones, instintos y sentimientos. El dolor
aparece durante la exploración y masaje de estos puntos reflejos. Al principio resulta
confuso, ya que se pasa del placer al dolor como si hubiera dejado de gustar el tacto
recibido hasta el momento. En un principio, se percibe como un dolor físico, el cual,
normalmente, provocaría el rechazo inmediato. Pero si se abraza ese dolor, se acepta y
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uno se concentra en cómo es, se comienza a sentir de modo diferente, más real y más
profundo. Incluso, a pesar de producirse en los genitales, se refleja y duele en el pecho,
que es el centro emocional. Se siente algo parecido a una punzada muy profunda, que lo
atraviesa de lado a lado.
Este dolor libera el llanto, y con el mismo llanto se deshace. Comienza siendo
desconsolado para, finalmente, pasar a ser un llanto liberador que otorga una visión del
conflicto y el bloqueo.
Al visualizar y comprender el origen del dolor, el miedo a sufrir desaparece, por lo
que también lo hace el propio dolor, dando paso al placer y al disfrute. Las mismas
presiones y el mismo masaje en los puntos reflejos que antes desencadenaban ese dolor,
dan paso a sensaciones muy agradables, a otro tipo de excitación y, si procede, a un
orgasmo distinto de los experimentados anteriormente.
La eliminación del dolor emocional da paso al permiso para sentir, lo que produce un
aumento de la sensibilización del cuerpo, que es lo que se trabaja paralelamente al
bloqueo.
Este desbloqueo produce una sensación de estar «entre dos aguas», ya que se ha
sentido bienestar y placer pero aún se tienen pensamientos contradictorios. Es el principio
del despertar de la conciencia, que comienza a levantar el velo que la mente lleva puesto.
Culpa
Una vez que el dolor ha desaparecido y, por lo tanto, ya no sirve de justificación para
lo que nos pasa, sentimos o experimentamos en nuestra vida en general y en nuestra
sexualidad en particular, surge la culpa. Al no poder aferrarnos al dolor para rechazar el
placer, aparece la culpabilidad. Nos culpamos por todo lo que no logramos sentir. Los
condicionantes sociales, que nos impulsan a imitar un modelo imposible de cumplir,
aumentan esa culpabilidad. Esto ocurre porque en lugar de habernos concentrado en
nosotros, en trabajar nuestros sentimientos de dentro a afuera ―es decir, primero saber
qué queremos y, luego, transformarlo― hemos trabajado lo que los demás esperaban de
nosotros y hemos intentado que nuestros sentimientos se amoldaran a esas exigencias, lo
que conlleva una frustración tan alta que terminamos por resignarnos para no sufrir ni
colapsarnos ―ya que el cuerpo tiene una capacidad limitada para asimilar el dolor y el
estrés―. Y tras esa resignación, está la culpabilidad: nosotros somos los responsables.
Esa responsabilidad tampoco ayuda cuando no somos capaces de llegar al orgasmo,
por ejemplo, o de conseguir aguantar más tiempo sin eyacular. Escuchamos muchas veces
que el placer es responsabilidad de cada uno, no de la pareja sexual de ese momento. Y
aunque es así, lo único que conseguimos es seguir condicionándonos, presionarnos y
sentirnos más y más culpables.
Aquí es donde el trabajo con el masaje en los puntos adecuados, y si la culpabilidad
es uno de los bloqueos que nos tienen en un estado de ansiedad infinita o de tristeza
profunda, hace aparecer la rabia. Rabia hacia nosotros mismos por no ser capaces de
conseguir lo que queremos, rabia por permitir algo o por no permitirlo, rabia hacia casi
todo. Pero desencadenar esa rabia y permitir que salga produce un sentimiento liberador
que, poco a poco, durante el masaje, dará conciencia de su origen. Y acompañando a la
liberación de la energía sexual, del placer y, si procede, del orgasmo llegan la conciencia y
la comprensión de que no somos culpables de nada, sólo víctimas de los condicionantes,
la educación y las influencias externas que nos han ido cegando sin que nos diésemos
cuenta. Se cae el velo y entendemos lo que queremos, lo que somos y lo que sentimos de
verdad. Se asume la responsabilidad de cambiar lo que no corresponde y convertirlo en lo
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que debe ser.
Al liberar la rabia y desaparecer la culpabilidad, desaparecen a su vez la resignación y
la frustración y se derriban e incluso se superan algunas pequeñas disfunciones sexuales
que estaban en la mente.
Se consigue sentir y comprender que, por lo tanto, no tiene sentido seguir
alimentando la culpa. Ahí comienza la sensualización del cuerpo.
Miedo
Cuando el dolor y la culpa desaparecen, toma protagonismo el miedo. Al desaparecer
las barreras que impedían salir al exterior los pensamientos y sentimientos naturales que
estaban en el interior, éstos toman el control y generan un conflicto, ya que la mente aún
tiene fuerza. Los recuerdos de lo que éramos, sentíamos o hacíamos aún están ahí. Y
chocan con lo que queremos ser, lo que ahora sentimos y lo que nos gustaría hacer a partir
de este momento. Sabemos que lo anterior nos perjudicaba, pero era conocido. Aunque lo
sentimos como algo bueno, lo que está por venir asusta, porque es desconocido. Ahora es
el momento de enfrentarse a lo que realmente somos y de salir de la tan famosa zona de
confort, y eso produce mucho miedo.
Durante el masaje se pretende dar más calidez al contacto e ir trabajando cada miedo
―del que ya se es consciente y no cuesta reconocer― a fin de que la mente tome
conciencia de que lo que sentíamos antes sólo eran fantasmas que no tienen presencia.
Hay que mostrar a la mente que lo nuevo es bueno y produce bienestar y placer. Que
avanzar y evolucionar es sencillo si logramos abrirnos a la sensibilidad y la sensualidad
desarrollada con anterioridad.
La emoción que suele desatarse en esta fase de la Terapia Sexitiva es la risa. Una risa
descontrolada que, a la vez, libera los miedos y los pensamientos que estaban unidos a
esos miedos y permite a la mente conectar con nuestras emociones, dando paso a una
comprensión de todas y cada una de ellas. Ya no sólo sabemos que estamos tristes, o
furiosos, o excitados, ahora podemos saber por qué nos sentimos así y de dónde viene. Se
comprende cada emoción, así que ya no nos afectará de manera intensa ni nos controlará.
Vergüenza
Una vez superados los bloqueos de dolor, culpa y miedo, puede alcanzarse un estado
de alegría y bienestar debido a los cambios experimentados. Este estado es real y
permanente, ya que la mente, el centro emocional y el centro sexual han sido
desbloqueados.
Pero ahora queda por hacer el recorrido inverso. Es necesario dirigir los flujos de
energía sexual por el canal donde ya no hay bloqueos, desde los genitales hasta la
coronilla, para que, desde ahí, nos bañe como una ducha continua de energía y penetre en
cada célula del cuerpo.
Se podría pensar que, al no existir ya estancamientos y desarrollarse sin limites la
energía sexual, ésta fluye por el cuerpo sanándolo sin que sea necesario más trabajo. Pero
lo que ocurre es que, aunque la energía sexual fluye libremente, lo hace sin dirección.
Y la dirección se consigue eliminando la vergüenza. Con este fin, el masaje trabaja de
manera que la persona debe interactuar hablando de lo que quiere y, sobre todo, de lo que
no quiere. Ya no basta con esperar un momento más placentero cuando una parte del
masaje no es agradable. Y tampoco importa que, aunque haya momentos de pequeños
dolores o momentos donde no se siente placer, se llegue al orgasmo sin problema. Porque
esto se traslada a la vida diaria y no basta con tomar conciencia, sino que también hay
tomar el control.
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Decir lo que no gusta, lo que no se quiere sentir en ese instante, permite conocerse,
relajarse, confiar y, sobre todo, dejarse llevar, porque con el descontrol aparece el control.
Y desde ahí, se llega al placer absoluto y a la sanación de heridas sexuales pasadas.
Así que, una vez superados los cuatro bloqueos y los límites y estancamientos
derivados, se despierta la conciencia plena sobre uno mismo, otorgando una visión
ampliada del orgasmo, el sexo, las relaciones, el placer, la autoaceptación, la sensibilidad,
la sensualidad y la creatividad.
Éste es el orden de trabajo más común, pero a veces es necesario trabajar antes el
miedo que la culpa. Lo que no varía es que siempre se trabaja el dolor en primer lugar y
en último, la vergüenza. De todos modos, al trabajar con la energía sexual, es muy
importante tener intuición y dejarse guiar por lo que se percibe al dar el masaje de
sanación, además de tener en cuenta todos los factores secundarios que influyen en el
estado de la persona.
Tampoco se trabaja siempre cada bloqueo de uno en uno, o en una sola sesión. Por
ejemplo, se puede dar el caso de hacer tres masajes seguidos para desbloquear el miedo, o
desbloquear la culpabilidad y la vergüenza en un solo masaje.
Esta forma de trabajo es sólo una guía para comprender cómo influye la energía
sexual en nuestras emociones, nuestro cuerpo y nuestra conciencia. En ocasiones, además
de los bloqueos emocionales, hay que añadir alguna disfunción sexual.
Testimonio 1
«Mi experiencia con la Terapia Sexitiva fue muy heavy, y muy bonita a la vez. Yo fui
de nuevo para trabajar la vergüenza, pues con el miedo y la culpa había sentido muy
buenos resultados. Todo empezó bien. Como profesional, Sergio transmite una calma
exquisita difícil de imaginar en un contexto así.
Una vez empezado el masaje, de repente, hubo un momento en el que, al sentir mi
excitación, le pedí que me introdujera los dedos en la vagina, pero comencé a sentir
dolor. Quería que parase, pero no sabía cómo decirlo. Sentí en mi cuerpo que la
vergüenza iba a convertirse en bloqueo, pero inmediatamente recordé sus palabras y me
dejé sentir, tal y como él me había indicado al inicio de la sesión, y le dije: “No sigas con
los dedos, juega con mi clítoris”. ¡Y ―literalmente―, en ese instante, se me abrió el
pecho! Luego seguí: “Juega con mi cara... juega con mis pechos...”, y ahí, tras un rato de
nueva excitación, le pedí que volviera a jugar con los dedos en mi vagina. Y entonces fue
todo fluir hasta un orgasmo expansivo y precioso.
Era tanta la ternura que sentía, que le pedí que colocase la cabeza sobre mi vientre y
me permitiera acariciarle el pelo.
También brotaron las lágrimas de goce y acogimiento. Me sentí nutrida con calidez y
placer. Me ha ayudado muchísimo.
Sentí y comprendí que lo pasaba muy mal al decir lo que NO quiero, pero que al
permitirme decir NO con amabilidad, y expresar lo que sí quiero, todo comienza a fluir.
Ésta es una lección de vida para siempre: quiero y puedo escoger mi propia energía.
Muchas gracias de corazón».
LORENLAY FRAILE
Psicóloga clínica. Terapeuta de Pareja y familia.
Testimonio 2
«No es nada fácil describir la experiencia que viví durante las sesiones de terapia
sexitiva con Sergio Fosela. Llegué hasta él sin buscarlo, y sin lugar a dudas, conocerle ha
cambiado mi vida.
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Cuando aparecí el primer día, no tenía mucha idea de cómo funcionaba la terapia, ni
de lo que haríamos allí. Pensaba que se trataba de sexología, pero con el paso de las
sesiones se convirtió en mucho más.
¿Cómo explicarlo de forma sencilla? Creo que no hay forma sencilla de explicarlo.
Durante las sesiones, apenas podía comprender lo que estaba pasando. Lo único que
sabía es que no podía dejar de ir, porque había algo dentro de mí que me decía que no
había terminado el trabajo que había empezado con él.
Racionalmente podría hablar de sus masajes. Pero eso no tiene mucho interés.
Emocional y energéticamente se dio una transformación que lo ha cambiado todo. Ha
cambiado mi forma de pensar, de sentir, de vivir, de experimentar, de andar por el
mundo... Una transformación mucho más potente que la que he vivido durante dos años
de búsqueda personal y de terapias y cursos variados.
Para mí, en la Terapia Sexitiva no podemos hablar de la mente. Ni siquiera puedo
hablar del cuerpo. Hablamos de algo que no se puede tocar, que no se puede pensar, que
no podemos ver ni comprender. Sólo podemos sentir y dejarnos llevar. Afrontar el miedo,
o mejor dicho, el pánico... y soltar.
Lo que soy capaz de recordar es que pasé por muchas fases durante la terapia. Las
primeras sesiones fueron un auténtico calvario. Sentía tal dolor y tal pánico que yo
misma me preguntaba por qué volvía allí. Pero volvía, porque sentía que todo eso estaba
dentro de mí. Que era mío, que yo lo estaba creando y manteniendo. Y que ninguna
terapia sería capaz de hacerlo desaparecer, a menos que yo misma lo atravesara y lo
disolviera.
En mis años de búsqueda y de experimentación, loca por encontrar algo que me
liberase al fin, no he conocido ninguna otra terapia en la que pudiera atravesar todos mis
demonios de una forma tan rápida y tan eficaz. Eso sí, hay que encontrar el valor para
hacerlo.
Y ese valor va y viene. En una sesión das un paso, en la siguiente retrocedes tres
pasos. Pero siempre está Sergio acompañándote en el camino. Sin forzar, sin meter prisa.
Trabajando sólo con lo que hay, con lo que tú llevas. Con una ternura que te acoge y te
permite andar cada vez un poquito más.
En las primeras sesiones sentí un dolor tremendo. Físico. Como si me clavasen mil
cuchillos afilados en las entrañas. ¿Cómo es posible? No tengo ni la más remota idea.
Porque Sergio nunca hizo nada que me produjese dolor. Pero ese dolor estaba ahí. Y mi
papel sólo fue dejar que saliera, enfrentarme a él, verlo, mirarlo y, poco a poco, darme
cuenta de que podía traspasar ese dolor. De que yo lo estaba inventando. De que si
aguantaba mirándolo un poco más, desaparecería.
Después del dolor, llegó el miedo. Un día, ya no sentí ni una pizca de dolor. La misma
persona, el mismo cuerpo, el mismo masaje, pero yo no sentía dolor. Lo que comenzó a
aparecer fue el miedo, que cada día fue más intenso, hasta que llegué a tener un ataque
de pánico en la sesión. Y el aprendizaje fue el mismo. Ver que si lo miraba de frente un
poco más, desaparecería. Hacerme amiga de mi miedo, conocerlo y dejarlo respirar.
Hasta que también se fue.
Ya no había dolor, ya no había miedo. Las barreras que yo misma había construido a
mi alrededor se iban desvaneciendo. Cada vez había menos cosas que me separaran de
mí misma. Cada día podía verme más, acercarme más, conocerme más...
Entonces llegaron las sensaciones positivas y placenteras. Y pasé por múltiples fases
desconocidas para mí. El dejarme llevar, la confianza, el autoconocimiento, aprender a
poner límites, aprender a pedir, a dar, a compartir... Y aunque no lo parezca, sigo sin
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hablar de sexo. Hablo de mi energía, de mi esencia, de mi fuerza y de mi poder.
Durante el proceso, aparecieron ante mí todos mis dolores, sufrimientos, miedos,
creencias, prejuicios, todo lo que me limita, lo que estrechaba mi mente, mi corazón, mi
campo energético, hasta hacerme pequeña y condensarme en un espacio muy pequeño.
Para mí, la Terapia Sexitiva ha supuesto romper las barreras, mis propios límites,
descubrir a una nueva persona dentro de mi cuerpo. Darme cuenta de que nada de lo que
yo creía era real. Expandirme. Abrir mi corazón. Saltar al vacío.
Y cuando das ese paso, toda tu vida se empieza a transformar. Literalmente se
transforma. Tu entorno cambia, las personas que te rodean cambian, lo que ves,
escuchas, sientes cambia. Porque tu energía ha cambiado, y ese cambio se mantiene.
Descubres que todos los límites que vives en tu vida son los que tú mismo te impones. Y
aprendes a confiar en tu propia naturaleza, en tu instinto, en tu intuición, en tu cuerpo. Se
abre un mundo nuevo para descubrir y experimentar, desde la plena confianza en ti
mismo.
Para mí, el cambio ha sido drástico. El mundo pasó de ser un lugar hostil que me
asustaba y me producía mucho sufrimiento, culpa, lucha, pelea, a un espacio donde
encontrarme a mí misma en cada rincón. Donde jugar, sorprenderme y disfrutar de todo
lo que me ofrece la vida.
¡Gracias Sergio!».
ELSA BONAFONTE
MARKETING Y COMUNICACIÓN. ESTUDIANTE DE TERAPIA GESTALT.
CAPÍTULO 3. Desconexión sexual
Éste es un bloqueo emocional que cada día trato más. Sobre todo en mujeres que han
pasado por relaciones de pareja estables y duraderas. Se trata de un bloqueo provocado
por la sociedad actual y los condicionantes culturales tan agresivos a los que estamos
expuestos. Lo que «debemos ser» choca con lo que «sentimos ser».
Es una desconexión entre mente y cuerpo que lleva a la persona a dejar de excitarse,
ya sea con una caricia, un beso, una película pornográfica o una novela erótica y,
seguidamente, a perder la habilidad de sentir placer, deseo y orgasmos. Ésta es la razón de
que lo haya llamado desconexión sexual, pues aúna síntomas de varias disfunciones
sexuales con un componente emocional grande, pero sin corresponderse a ninguna
disfunción real en concreto.
Las personas que sufren este tipo de bloqueo, aunque anteriormente hayan llevado
una vida sexual activa, aceptable y más o menos satisfactoria, dejan de tenerla sin causa
aparente. De repente, un día, comienzan a no llegar al orgasmo, a no excitarse con los
estímulos habituales ni con otros estímulos a los que se lanzan creyendo la falta de deseo
y de placer es debida a la rutina sexual. Algunas de ellas, incluso, han llegado a afirmar
que tocarles los genitales les produce la misma sensación que si les tocaran un codo. Otras
personas sí sienten el deseo sexual inicial y tienen ganas de tocarse o acostarse con
alguien, pero, después, sufren y se obsesionan al no sentir que su excitación aumenta, al
no llegar a ningún tipo de placer y, sobre todo, al no saber qué les ocurre y por qué. Y si
esa persona llegaba anteriormente al orgasmo con mucha facilidad, la angustia que se
genera es todavía mayor. La consecuencia es la inhibición del deseo de manera absoluta.
Pasan a la resignación para lograr seguir adelante con sus vidas. Pero la ansiedad continúa
presionando la mente como un ruido de fondo y se acentúa la desesperación por volver a
ser como antes.
Además de las causas psicológicas, que siempre tienen que ser tratadas por un
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profesional, la Terapia Sexitiva puede trabajar el bloqueo emocional que también se ha
generado a través de la energía sexual
Sanando la desconexión sexual
El factor común en este tipo de bloqueo es la conexión que ha creado la persona entre
lo emocional y lo sexual, sin diferenciar entre estos dos planos. Es decir, se trata de un
condicionamiento entre la sexualidad y el encuentro erótico con otra persona y los
sentimientos de amor, cariño y compromiso afectivo. Incluso llegan a pensar que
únicamente estando enamoradas pueden lograr la satisfacción sexual. Y en cuanto se
sienten emocionalmente traicionadas, sufren una decepción que las entristece demasiado
o pierden la confianza en la pareja, el deseo sexual se les apaga.
El problema comienza cuando no se resuelven esas sensaciones y se siguen
manteniendo relaciones sexuales. La angustia se apodera de la persona, porque
sentimentalmente no está bien y, al considerarlo unido, el sexo deja de ser placentero. Y
tener sexo con la pareja porque se cree que eso puede rellenar el afecto perdido provoca la
caída en una espiral sin control.
Como consecuencia, al tener sexo sin placer, enseguida aflora el malestar emocional y
se relaciona ese momento de sexo a los conflictos sufridos, por lo que el dolor y la ira se
agrandan, generando más tristeza, ansiedad y un bloqueo creciente de la propia energía
sexual.
Ahí es donde el cuerpo bloquea e inhibe el placer y el deseo a fin de no sufrir. La
mente toma el control y relega el sexo y las emociones a un segundo plano, viciándose
con pensamientos negativos.
Es así como se entra en un laberinto difícil de salir levantado por la propia persona. Y
los bloqueos llegan a todos los niveles: energéticos, sexuales, emocionales y mentales.
Al final, o bien se rompe la relación de pareja, lo que conlleva un sentimiento de
fracaso absoluto, o bien se mantiene esa relación sin vivirla, lo que provoca una sensación
de vacío, también muy dolorosa.
La conclusión que saca la persona es que no merece la pena enamorarse o encariñarse
de nadie. Y ese bloqueo afectivo influye en el placer sexual, ya que, como hemos dicho,
inconscientemente se mantiene la creencia de que los dos son uno ―no existe sexo sin
amor ni amor sin sexo―, y, al mantener relaciones sexuales esporádicas, no se consigue
placer, ni el orgasmo, ni disfrutar.
La mente se obsesiona, porque nunca antes le había ocurrido. E intenta la
masturbación y el coito desde la ansiedad, obteniendo siempre el mismo resultado y
bloqueándose aún más.
En personas con este tipo de bloqueo, la Terapia Sexitiva trabaja, en primer lugar, el
descontrol del plano mental. Después, trabaja en la falsa creencia de la unión entre sexo y
emociones. El sexo nunca podrá suplir las carencias sentimentales ni sustituirlas. El sexo
puede reforzar los lazos con otra persona a través de la energía sexual, pero el amor, el
cariño y la afectividad, aunque puedan ir de la mano del sexo, también se pueden dar
aparte. Si no, el amor entre padres e hijos, hermanos o amigos no existiría. Si se
comprende esto, se puede empezar a tomar conciencia de la independencia de ambos
planos.
Una vez conseguidas esa concienciación y la calma de la mente, se trata de que la
persona se concentre en escuchar al cuerpo. En ir recuperando las sensaciones de la piel a
través del masaje y de ejercicios en casa. De quitarle importancia a los orgasmos y a lo
que sentía anteriormente. Se trata de recuperar la capacidad sexual de antes, pero sin
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pensar en ella ni querer alcanzarla de un día para otro. Se trata ir aprendiendo, poco a
poco, a erotizarse de nuevo y a sentir el placer. Hasta ser capaces de sentir placer y
recuperar lo que estaba dormido.
Según vayamos derribando muros y bloqueos, la energía sexual fluirá restaurando y
mejorando cada parte de nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro centro emocional.
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CAPÍTULO 4. Tristeza profunda o ansiedad infinita
Hay momentos en nuestra vida en los que, aunque hayamos alcanzado las metas y
deseos que nos habíamos propuesto, se presentan sensaciones de desazón, de apatía, de
tristeza profunda o incluso de agitación y ansiedad infinita, que no desaparecen con nada.
Y por mucho que hagamos para tratar de eliminar esta insatisfacción permanente
―yoga, pasear, ir de compras, conseguir el último modelo de móvil, un coche nuevo y
caro, vacaciones alucinantes, etc.―, y aunque nos aferremos a nuestra «vida perfecta» y
creamos que todo está correcto, esta insatisfacción desaparece durante unos días para
enseguida volver a golpearnos con más fuerza.
Esto es debido a un gran bloqueo de la energía sexual que impide que ésta recorra el
cuerpo libremente y alimente al centro emocional. Lo que embota la mente dejándola
expuesta a la influencia de los condicionantes externos y a la incapacidad de discernir qué
es lo que sentimos, y si lo que sentimos es lo correcto.
Y a su vez, estas manifestaciones ―la tristeza profunda y la ansiedad infinita― se
deben al conflicto que se crea entre los condicionantes sociales, que nos dicen lo que
debemos hacer y tomamos como verdad, y las sensaciones naturales que sentimos y que
nos dicen lo que realmente nos gustaría hacer.
Curiosamente, los condicionantes más fuertes y que más chocan con nuestra
naturaleza son los relacionados con la sexualidad: el cuerpo, el placer, la sensualidad, la
erótica, las preferencias sexuales, etc., generando siempre algún miedo, prejuicio o
aprensión ante el sexo y todo lo relacionado con él.
Este conflicto es el que produce esa amargura que no sabemos de dónde viene.
Sanando la tristeza profunda y la ansiedad infinita
Aunque ambos bloqueos de la energía sexual tienen orígenes diferentes, la causa y la
sanación son las mismas. Por lo que hablaremos de una única forma de tratarlos.
Las consecuencias más comunes del bloqueo de la energía sexual, que dan como
resultado la tristeza profunda y la ansiedad infinita, son: insatisfacción continua en uno o
varios aspectos de la vida personal, falta de autoestima, culpabilidad, resistencia a los
cambios, pérdida de sensibilidad, ansiedad ante el orgasmo, poco interés en las relaciones
de pareja, ira, frustración e infelicidad.
Las personas que lo sufren, normalmente, no están de acuerdo con la realidad de su
vida. Sienten y creen que nunca van a poder cambiar la situación y que cada vez irá a
más.
La Terapia Sexitiva trabaja con la energía sexual enfocada a la toma de conciencia, a
fin de derribar los condicionantes sociales, como, por ejemplo, la creencia de que el placer
y el deseo deben ser espontáneos y que no se deben planificar ni hablar de ellos. Así que,
a través del masaje y la activación de la energía sexual, se muestra que el placer se trabaja
y se provoca. Esto, a su vez, otorga la conciencia de saber que podemos controlar nuestras
circunstancias y nuestra vida y que, si quisiéramos, con sólo escuchar y sentir, podríamos
cambiarlas. A través de la sanación sexual, tratamos de responsabilizarnos de lo que nos
ocurre para poner solución.
Esta toma de conciencia libera el bloqueo de la energía sexual. Las siguientes
sesiones desarrollan aún más la energía sexual, dado que ya no tiene problema en
expandirse, y esto, a su vez, despierta aún más la conciencia. No sólo se es capaz de
controlar el deseo y el placer, sino de sentir y comprender lo que se quiere y eliminar el
condicionante que impedía vivirlo. Poco a poco, vamos rompiendo más condicionantes,
límites y nos responsabilizamos de lo que nos ocurre sin dejarlo en manos de nadie ni de
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nada. Hasta que se llega a un estado de conciencia plena y de desbloqueo total que
elimina el estado de tristeza profunda y de ansiedad infinita, y se pasa a un estado de
tranquilidad absoluta.
Testimonio
«Cuando me hablaron de la terapia de Sergio, llevaba ya varios años con una
inquietud y una tristeza que se habían hecho profundas, y a pesar de mis esfuerzos
buscando la razón de tanta inquietud, no lograba encontrar una forma más fluida de
vivir.
Siempre sentía que algo se me ponía por delante, frenándome, un nudo emocional
demasiado fuerte para afrontarlo. Tenía, además, una sensación muy clara de que mi
desarrollo sexual se había parado en algún punto de mi vida y de mi mente. Mi
sexualidad se había vuelto muy genital y demasiado solitaria.
Soy una mujer muy consciente, en un sentido teórico, de la influencia que la cultura y
la educación tienen sobre la sexualidad. Sin embargo, me sentía siempre entre el martillo
de la presión por la idea de ser una mujer sexualmente libre y estéticamente perfecta, con
un síndrome del patito feo que me hacía sentir incomoda con los hombres, y el yunque de
una educación católica muy rígida.
Empecé, entonces, a leer la página donde Sergio explica qué es la Terapia Sexitiva y
escuché una entrevista suya en la radio, y de repente me di cuenta que lo que yo sentía
encajaba casi totalmente con los bloqueos emocionales de los cuales estaba hablando.
Así que decidí concertar una cita.
La primera vez que nos vimos, me preguntó qué estaba buscando con esta terapia.
Me explicó que mediante el masaje iba a acompañarme en un proceso que yo misma
tenía que protagonizar, liberándome poco a poco de mis bloqueos emocionales y sexuales
y de mis temores. Me pidió que me desnudara y empezó a practicarme un masaje para
que el cuerpo se «tranquilizase». Debido a las tensiones que me dominaban desde hacía
años, y también, a la falta de costumbre de entregarme, me llevó un buen rato relajarme.
Pero poco a poco, mi cuerpo empezó a «reflexionar» sobre la experiencia que estaba
viviendo.
Mientras las manos de Sergio se deslizaban sobre mí, ya no era sólo mi mente la que
observaba lo que sucedía, como normalmente me pasaba. También las partes de mi
cuerpo que se habían vuelto insensibles, o que yo ya no permitía que me tocaran, estaban
observando un cambio.
Lo que me sorprendió mucho es que justo cuando Sergio pasaba las manos por las
zonas que se supone que te procuran más placer, las sensaciones más fuertes que sentí
fueron rabia y ganas de llorar. Y a pesar de que estas sensaciones me estaban
descolocando, de repente se produjo un clic en mi cerebro que, de forma muy rápida,
comenzó a liberarme de algo. Me daba cuenta de que el masaje estaba moviendo algo
por dentro, algo que yo necesitaba cambiar para disfrutar de mi cuerpo y para no tenerle
miedo a las emociones. Y así ha sido.
Desde la primera sesión, he podido liberarme de mi tendencia a los apegos. Apegos a
ideas preconcebidas sobre mí y sobre mi cuerpo. Apegos a personas. Apegos a
situaciones tóxicas. En cada sesión ha pasado algo diferente. He podido sentir cómo se
disolvían nudos emocionales. Y en la última, he podido, por fin, disfrutar del masaje. Mis
pechos, que hasta comenzar la terapia eran mis «enemigos», por las molestias que sentía
cuando me los tocaban, han retomado su justa sensibilidad.
En este proceso he abandonado la forma obstinadamente genital que tenía mi
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sexualidad desde hacía mucho tiempo, y he podido sentir placer por todo el cuerpo.
Gracias a las manos de Sergio, poco a poco, mi piel ha aprendido una forma más
positiva de sentir y vivir el sexo.
Lo que puedo decir es que esta terapia ha sido el medio que me ha permitido romper
un molde y adoptar una forma diferente de habitar mi cuerpo. En poco tiempo, he roto
limites mentales y prejuicios sobre mí misma. Ahora no me siento presionada por una
idea de belleza o de comportamiento. Me relaciono de forma más sana conmigo misma y
con los demás y, sobre todo, me relaciono de forma natural con los hombres. Puedo
permitirme sentir, sin culpa ni temor.
Creo que el cambio que ha ocurrido ha sido el comienzo de un camino de liberación.
Estoy muy agradecida a la persona que me dio a conocer la Terapia Sexitiva y muy, pero
muy agradecida a Sergio. A sus manos. Y a su terapia, que en tan poco tiempo ha
cambiado mi forma de ser».
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EPÍLOGO
La Terapia Sexitiva aboga por una educación afectivo-sexual responsable y completa,
adecuada a cada edad e impartida por profesionales desde edades muy tempranas.
También aboga por idéntica educación afectivo-sexual para padres, con la intención
de «desdemonizarla» y que puedan comprender la importancia de que sus hijos la
aprendan, sin sentir por ello que se menoscaba su responsabilidad, y de formarlos para
futuras conversaciones sobre sexualidad.
La Terapia Sexitiva también aconseja a las personas que se acercan a trabajar su
energía sexual que acudan a profesionales especializados ―psicólogos, ginecólogos,
fisioterapeutas de suelo pélvico, urólogos, sexólogos― para cada caso concreto, a fin de
descartar causas funcionales, orgánicas o patologías que requieran de tratamiento médico
o psiquiátrico, y a que consideren la sanación sexual ―aunque se presente como una
terapia efectiva― como un tratamiento complementario, cuando se traten de disfunciones
sexuales.
El conocimiento de la energía sexual, el trabajo sobre ella, su desbloqueo y posterior
desarrollo sirven para despertar la conciencia interior y lograr así la armonía y equilibrio
entre cuerpo, mente y emociones.
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BIBLIOGRAFÍA
FRANCISCO CABELLO SANTAMARÍA, Manual de sexología y terapia sexual,
Editorial Síntesis, Madrid, 2010.
ALEXANDER LOWEN, Amor y orgasmo, Editorial Kairós, Barcelona, 2000 (3.ª
edición, 2008).
DAVID BUSS Y CINDY MESTON, Why women have sex: Los secretos de la sexualidad
femenina. Ediciones B, Barcelona, 2010.
MANTAK CHIA Y MANEEWAN CHIA, Amor curativo a través del Tao. Cultivando la
energía sexual femenina. Editorial Mirach, Madrid, 1993.
DANIEL REID, El Tao de la salud, el sexo y la larga vida, Editorial Urano, Barcelona,
1989.
KALYANA MALLA, Ananga Ranga. Secretos desvelados para el arte del amor.
Editorial Dilema, Madrid, 2009.
MANTAK CHIA Y WILLIAM U. WEI, Reflexología sexual: activando los puntos
taoístas del amor. Editorial Neo Person, Madrid, 2002.
61
Notas
[←1]
WALTER RISO, La afectividad masculina. Lo que toda mujer debe saber de los
hombres, Editorial Planeta, Barcelona, 2008.
62
[←2]
La energía sexual nace en lo que en sanación sexual se denomina las tres fuentes:
1. Clítoris, 2. Vagina y 3. Ano, en las mujeres; 1. Ano, 2. Perineo y 3. Testículos
y pene, en el hombre. Y se crea a través de la circulación de la energía vital por
estas zonas, generando ese movimiento dicha energía sexual –igual que la fuerza
del agua produce electricidad en las centrales hidroeléctricas–.
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Table of Contents
Índice 4
Sobre el autor 7
Agradecimientos 9
Advertencia 10
Prólogo 11
Introducción 13
La Terapia Sexitiva 16
¿Qué es? 16
¿Para quién es y en qué consiste? 16
¿Qué objetivos tiene? 16
¿En qué consiste un masaje de sanación? 17
La sanación sexual 17
I PARTE 19
Capítulo 1. Anorgasmia 19
Anorgasmia femenina 19
Anorgasmia masculina 21
Sanando a la mujer 23
Sanando al hombre 25
Testimonio 26
Capítulo 2. Deseo sexual hipoactivo 28
Falta de deseo o apetito sexual 28
Sanando la falta de deseo sexual 30
La controvertida «Asexualidad» 31
Caso práctico 32
Capítulo 3. Deseo sexual hiperactivo 34
«Sanando» el deseo sexual hiperactivo 35
Capítulo 4. Dolor coital 35
Sanando el dolor coital 36
Hipertonía vaginal 36
Sanando la hipertonía vaginal 37
Dispareunia 38
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Sanando la dispareunia 38
Vaginismo 38
Sanando el vaginismo 38
Testimonio 39
Capítulo 5. Molestias y dolor en la zona genital 40
Sanando el dolor 40
Caso práctico 41
Capítulo 6. Disfunción eréctil 41
Sanando la disfunción eréctil 42
Ejercicio práctico 42
Capítulo 7. Eyaculación precoz 43
Sanando la eyaculación precoz 43
Capítulo 8. Orgasmo y dolor de cabeza 44
Sanando el dolor de cabeza 44
II PARTE 46
Capítulo 1. Energía sexual y emociones 46
Trabajando con la Terapia Sexitiva 47
Método de trabajo con la sanación sexual 48
Capítulo 2. Las cuatro fases emocionales de bloqueo 49
Dolor 49
Culpa 50
Miedo 51
Vergüenza 51
Testimonio 1 52
Testimonio 2 52
Capítulo 3. Desconexión sexual 54
Sanando la desconexión sexual 55
Capítulo 4. Tristeza profunda o ansiedad infinita 57
Sanando la tristeza profunda y la ansiedad infinita 57
Testimonio 58
Epílogo 60
Bibliografía 61
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