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María: Testigo de la Infancia de Jesús

Lucas presenta a María como la principal testigo de la vida de Jesús. María guardó todos los eventos de la infancia de Jesús en su corazón. Lucas basó su evangelio en los testimonios de testigos oculares como María. El gozo fue un signo importante del Espíritu Santo tanto para María como para Jesús.

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María: Testigo de la Infancia de Jesús

Lucas presenta a María como la principal testigo de la vida de Jesús. María guardó todos los eventos de la infancia de Jesús en su corazón. Lucas basó su evangelio en los testimonios de testigos oculares como María. El gozo fue un signo importante del Espíritu Santo tanto para María como para Jesús.

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María como testigo

Y ese testigo de la infancia de Jesús es María. A Lucas debemos una serie de rasgos
de María, un enriquecimiento de detalles de su figura que proviene precisamente de
un interés por ella como testigo privilegiado no solo de la vida de Jesús, sino también
del significado teológico de esa vida.

Si todo el evangelio de Lucas se funda en un testimonio de testigos oculares y si


Lucas se atreve hablar de la infancia de Jesús es porque cuenta con el testimonio de
María a cerca de ella. Lucas evoca por dos veces en su narración de la infancia los
recuerdos de María: "María por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba
en su corazón" (2, 19); "Su Madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su
corazón" (2, 51). Estas fórmulas recuerdan la manera como san Juan invoca su
propio testimonio en su evangelio y los términos análogos usados por el mismo Lucas
cuando parece referirse al testimonio de vecinos y parientes:

"Invadió el temor a todos sus vecinos (viendo lo sucedido a Zacarías)

y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los


que las oían las guardaban en su corazón" (1, 66).

"Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran


misericordia" (1, 58).

"Se volvieron glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído" (2, 20).

Midrásh Pésher

(Sofonías 3, 14-17) (Lc 1, 28ss)

Alégrate, Alégrate, María,

Hija de Sión, objeto del favor de Dios.

Yahvé es el rey de Israel El Señor (está)

en ti. Contigo.

No temas, Jerusalén; No temas, María.

Yahvé tu Dios Concebirás en tu seno

está dentro de ti, y darás a luz un hijo

valiente salvador, y le llamarás:

rey de Israel en ti. Yahvé Salva.


El reinará

El signo del Espíritu = el gozo

Gabriel la invita al gozo y la alegría, y en el Magníficat María exulta. Detengámonos a


mirar ese rostro de María que se alegra y se enciende de gozo. Veámosla prorrumpir
en un cántico. No nos detengamos en las palabras, que pueden desviarnos o
distraernos hacia una curiosa arqueología bíblica. Contemplemos el gozo en las
facciones que Lucas nos dibuja.

Es el principal testimonio que Lucas se detiene a registrar. Porque en esa primigenia


alegría ve la fuente del gozo que invade a las comunidades cristianas cuando cantan
su fe en el Señor. Dichosos también ellos por haber creído.

El único pasaje evangélico que nos registra un estremecimiento de gozo en el Señor


es aquél en que Cristo se goza. ¿Por qué? Porque el Padre lo ha revelado a sus
creyentes. El episodio se conserva en Mateo y en Lucas. Pero mientras Mateo se
limita sobriamente a decir que Jesús tomó la palabra Lucas nos precisa que en aquél
momento se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo y dijo:

"Yo te bendigo, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas
cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre,
porque te has complacido en esto. Todo me ha sido entregado por mi Padre
y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el
Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar". (Lc 10, 21-22; Mt 11, 25-
27).

"Y volviendo a los discípulos, les dijo aparte: ‘¡Dichosos los ojos que ven lo
que veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que
vosotros veis, pero no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, pero no lo
oyeron!". (Lc 10, 23-24; Mt 13, 16-17).

Si alguien siente la alegría de creer, si se regocija y exulta por la pura y gozosa


alegría de su vivir creyente, sepa que esa es una voz angélica en su interior, y que
está oyendo el lenguaje de los ángeles. Sepa que esa es la sombra protectora del
Espíritu sobre él y dentro de él. Es la nube del Espíritu y la presencia divina en su
interior. Es el esplendor de la manifestación de la Gloria y la manifestación gloriosa
del Espíritu en la Iglesia. La que llamó la atención del ilustre Teófilo. La que Lucas
quiere explicarle, remontándose a su origen en María, en Jesús, en los discípulos.

Y si alguien no siente en sí esa alegría, mire el rostro iluminado de gozo de María


creyente y oiga la exultación de su Magníficat; y deje que esa alegría le inspire y le
contagie.
Ella es para Lucas la garantía de solidez de las cosas que Teófilo ha escuchado.

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