El fantasma
Cuentan que un hombre vestido de negro, con una
manta de castilla y un sombrero con el que se tapaba
prácticamente toda la cara, se aparecía constantemente en el
campo de don Luis Báez y en los lugares más increíbles.
Cierta vez, cuando don Luis fue al baño, que en los
campos está instalado afuera, pozo negro, al abrir la puerta,
el hombre estaba ahí. Esto sorprendió mucho al señor Báez,
pero como él había sido carabinero, se sobrepuso a la
impresión, sacó su arma y le disparó tres o cuatro tiros, pero
al hombre no le pasó absolutamente nada, desapareciendo en
las sombras de la noche.
Don Luis dedujo entonces que era un fantasma, quizá el
alma de alguna persona que había muerto por esos lados, ya
que, también algunas otras personas que para ir a sus
campos debían pasar obligatoriamente por ese sector,
contaban que lo habían visto aparecer y desaparecer por
entre los matorrales del lugar.
Nicolás Astudillo Cruz
EL TALENTO DE UN HOMBRE, QUE SE CONVIRTIÓ EN
LEYENDA.
Don Bernardino Baigorria Cruces, fue un poblador del
Baker, hijo de pioneros colonizadores, aprendió a tocar la
guitarra desde muy pequeño, convirtiéndose en un eximio
ejecutor de este instrumento musical, llevando además su
talento a otros lugares de la región de Aisén.
Cuando todavía era un hombre joven,, como dice una
canción compuesta especialmente para él “su talento se
perdió en las aguas del río Baker, en las que falleció una tarde
en que su embarcación se volcó producto de la corriente,
cuando realizaba trabajos de exploración junto a otras
personas, para una futura central hidroeléctrica.
Su cuerpo fue encontrado mucho tiempo después y
sepultado en el cementerio local.
El talento de don “Beño”, apodo por el que era conocido,
no se perdió, continuó en algunos de sus hijos y los acordes
de su guitarra se escuchan de tarde en tarde en las aguas del
Baker, que junto al viento austral llevan sus canciones al
infinito cielo patagón.
Tema recopilado por :Nicolás Astudillo Cruz
Redactado por el profesor.
LA LEYENDA DEL ÑADIS
Allá en los años sesenta, la familia Araneda salió desde
Cochrane hacia el sector del lago Vargas, a caballo, como en
esos años se hacía, llegando al río Los Ñadis, al lugar donde
vivía el señor Quinto, con el que hablaron para que los cruzara
en bote y así poder continuar su camino.
Como en broma, el señor Quinto les dice que los va a subir
al Caleuche y los va a cruzar.
Como el bote era muy pequeño, y el río estaba muy
crecido, se quedó en tierra Araneda, para cruzar al segundo
viaje, pero nunca pudo hacerlo puesto que en medio del río el
bote se dio vuelta, ahogándose la señora, un bebé y el señor
Quinto.
A este señor y al bebé los encontraron días después. La
señora no tuvo la misma suerte. Pasaron los meses y no
daban con el cuerpo de la joven madre.
Cuenta la familia Cruces que vivía a unos 4000 metros
más abajo, que comenzaron a escuchar el llanto de una
mujer, sobre todo durante las tardes, hecho que los tenía
bastante inquietos porque no encontraban nada que pudiera
explicar ese lamento. No andaban animales que pudieran
emitir ese sonido ni viento que pudiera mover árboles
quebrados.
Cierto día el señor Cruces salió a recorrer el campo para
ver sus animales. Al pasar por la orilla del río, se sorprendió al
ver un bulto grande sobre unos troncos grandes que caían
sobre el río. Se acercó para verificar de que se trataba y se
sorprendió mucho al comprobar que era el cuerpo de la mujer,
que estaba sin cabello, pero todavía con algunas ropas.
De inmediato, al día siguiente, fue al pueblo a dar cuenta
de la situación y a los pocos días sepultaron el cuerpo.
Desde ese día nunca más se volvió a escuchar el llanto
que durante las tardes hacía enmudecer las aguas del Baker
para hacerse y escuchar por entre coigües y lengas.
Wladimir Bascuñán Cruces.
Historia entregada por su abuelo, Señor Carlos Cruces y
su madre Nancy Cruces Mansilla.
UN SERVIDOR PERDIDO
Esta es la historia de Pancho Lagos, un obrero que llegó a
estos lugares trabajando en la apertura del camino Cochrane
a Guadal. Se quedó a vivir en este pueblo, donde se le veía
siempre acompañado de su perro y montado en su caballo
oscuro, al que tiempo después le enganchó un carro en el que
acarreaba leña.
Un día ensilló su caballo y junto a su fiel perro se fue
rumbo al lago Cochrane, al sector conocido como Laguna
Maldonado, según se cuenta, a buscar una manta que por
esos rumbos había pedido. Entre la laguna grande y el lago
Chico, en un pampa, dejó su caballo amarrado a un árbol y
seguramente fue a tratar de encontrar su manta perdida. Uno
de los jóvenes que lo había visto pasar desde las casas y veía
al caballa atado, fue a ver qué pasaba y después de mucho
buscar y llamar a don Pancho que no aparecía por ningín lado,
decidió dar cuenta del hecho a carabineros.
Salieron todos a buscarlo o a campiarlo, como se dice
acá cuando se busca algo perdido en el campo, carabineros
bomberos y otras personas voluntarias. Recorrieron y
volvieron a recorrer el lugar o los lugares donde pudo haberse
extraviado, pero todo fue en vano, nunca apareció, ni vivo ni
muerto.
Así se fue don Pancho Lagos, en silencio, tal como habían
sido sus días, callados y tranquilos.
Sebastián Brellenthein Vergara.
EL JINETE MISTERIOSO
Dicen que el sector del Río Maitén a unos 40 kilómetros
de Cochrane, se suele ver a un jinete montado en un caballo
gateado.
Mucha gente lo ha visto, pero lo extraño es que cuando
lo han seguido, nunca han podido alcanzarlo, porque se pierde
entre medio de un fachinal.
Tampoco han podido seguirle el rastro, por que su caballo
no deja huellas.
La aparición de este jinete misterioso ocurre en la época
de repunte de animales vacunos y siempre al mediodía,
situación muy rara, porque generalmente los fantasmas
aparecen de noche.
El lugar donde se pierde es un sector mallinoso y
pantanoso, por lo que no se puede andar a caballo por ahí sin
correr el riesgo de quedar empantanado. Por esto mismo
nunca se ha podido sorprender al jinete.
¿Cómo lo hace el jinete para andar por esos lugares?
Este es el gran misterio.
Yesenia Rivera Cruces.
Historia contada por don Marcos Cruces Meza.
LA GRAN LUZ DEL LAGO BROWN
Hace como veinte años, una tarde de junio a eso de las
siete, cuando en invierno ya está todo oscuro y frío, la familia
Pizarro observó el siguiente fenómeno:
Cerca de las casas, hacia el sector del lago, vieron una
luz, que se transformó luego en una fogata pequeña y
después crecía muy, pero muy alto.
Todos fueron a ver, por miedo a que algo se estuviera
quemando o por si había alguien acampando, porque de la
familia nadie había andado ese día por ahí.
Al llegar, no encontraron absolutamente nada, ni señas
de que algo se estuviera quemando.
Al día siguiente a la misma hora volvió a ocurrir el hecho.
Ellos hicieron lo mismo, fueron a ver y...nada.
Después nunca más se volvió a ver.
CRISTOPHER MACÍAS PIZARRO
EL BOTE NEGRO
Cuenta la gente que vive en el sector del Lago Cochrane,
que en días de tormenta, cuando el lago está alborotado por
el mal tiempo aparece, a quienes por casualidad navegan por
el lugar, un bote negro que arrincona a las otras
embarcaciones en contra de los roqueríos, haciendo que
naufraguen.
En una oportunidad, contó don Sergio Torres Balochi,
exdirector de esta escuela, venía en bote por el lago,
acompañado del Juez de la época, 1986, Karl Koik, desde el
campo del señor Mondelo, se desató una tormenta y como no
podían seguir por el gran oleaje, se refugiaron a la orilla entre
unas rocas. De pronto apareció un bote que venía con su proa
directamente hacia ellos con el firme propósito de
embestirlos.
Como el lugar en donde estaban guarecidos era rocoso,
pudieron parapetarse detrás de unas piedras grandes que
formaban una especie de pequeña caverna. El bote insistía en
chocarlos y muy asustados comenzaron a rezar y pusieron los
remos en forma de cruz. Nunca lograron ver quien o quienes
estaban en el bote y mucho menos se podían explicar por qué
trataba de atacarlos.
Permanecieron sin dormir durante toda la noche siendo
amenazados constantemente por el bote negro. Al amanecer
todo estaba en calma, despejado y con un lindo sol y no había
señales del misterioso bote.
Ellos habían escuchado antes esta historia y nunca la
creyeron, pues eran hombres que estaban acostumbrados a
recorrer el lago y río pescando, que esa era su afición, y
nunca habían visto ni oído algo extraño o que no tuviera una
explicación lógica.
Lo que nunca imaginaron fue que les pudiera ocurrir a
ellos.
Emmanuel Valdés Cea.
LA ABUELA CHALÍA Y EL ABUELO NACHO
A orillas del arroyo Tamango vivía hace años un
matrimonio formado por don Ignasio Vargas y doña Rosalía
Gallardo, que por apodo y cariño le decían la abuela Chalía.
Ella se dedicaba a mejorar a los niños de empacho,
enfermedad que no es conocida por los médicos, al igual que
el mal de ojo, que si no es curado a tiempo por alguien que
sepa, puede causar la muerte del niño o niña. Además la
abuela Chalía daba remedios para muchas otras
enfermedades.
Mucha gente mal intencionada comenzó a decir que ellos
eran brujos.
A pesar de los comentarios, mucha gente acudía a ellos y
los respetaba mucho.
Ellos vivían siempre solos. El abuelo Nacho siempre
silencioso y la abuela Chalía recorría el pueblo con sus pies
descalzos, como había aprendido a hacerlo allá en Chilóé, su
tierra natal y que ella llamaba Chile Grande.
Van a pasar muchos años y mucha gente por este pueblo
y siempre alguien va a recordar a estos dos seres que son
parte de la historia de Cochrane.
Andrés Bahamondes Levipani.
LA LUZ DEL VALLE
Cuentan que en el Valle Castillo, desde un cerro aparece
una gran luz y si alguien le hace señales con linterna, esa luz
se empieza a acercar y a aumentar y achicar de tamaño,
pasando por entre árboles y arbustos.
Cierta vez a unos amigos que andaban cazando liebres,
se les apareció y dijeron que eso era mentira que
seguramente era la luz de alguna casa que había por ahí
cerca.
Poco a poco se fueron acercando y comenzaron a hacerle
señas con la linterna y a reírse porque no creían, cuando de
repente vieron que la luz comenzó a acercarse muy rápido y
que ya se les venía encima. Entonces, muy asustados
escaparon metiéndose a un bosquecito donde se escondieron
hasta que la luz desapareció yéndose otra vez hacia el cerro.
Desde ese día, nunca más quisieron reírse de las
historias extrañas que la gente cuenta.
Pablo Cruces Pizarro.
EL TERNERO CON DOS CABEZAS
Un día de septiembre un campesino y su mujer salieron
al campo a buscar las vacas. Después de mucho caminar, las
encontraron en un valle que quedaba cerca de las más altas
cordilleras, casi al final del fundo.
Contaron a los animales y vieron que faltaba una,
comenzando a campearla por los alrededores. De pronto
escucharon unos quejidos que salían de unos matorrales y al
acercarse comprobaron que era la vaca que faltaba y que en
ese mismo instante estaba pariendo con mucho esfuerzo,
pues el ternero venía de pie.
Como hacen los campesinos cuando ocurre una cosa así
ya sea con vacas o yeguas, amarraron el ternero con un lazo y
ayudaron a la vaca cinchando la cría para que salga rápido y
así salvar a ambos. Cuando lo lograron, la sorpresa fue más
grande que el trabajo, pues el ternero que nació era algo
extraordinario, algo que ellos jamás habían visto. El pequeño
animalito tenía dos cabezas.
Ellos se asustaron un poco y después de conversar el
tema, decidieron dejarlo vivir.
Cuando un vecino supo lo del ternero con dos cabezas,
les contó que cierta vez había sucedido lo mismo en el campo
de unos amigos de él y que desde ese momento la mala
suerte había perseguido a esa familia, quedando tiempo
después en la ruina, ya que sus animales se fueron muriendo
de a poco y los que se salvaron tuvieron que venderlos para
sobrevivir, hasta que finalmente tuvieron que vender el
campo e irse lejos.
Ellos no creyeron mucho esa historia y siguieron
cuidando al ternero como a los demás.
Cuando había pasado un mes, uno de sus hijos enfermó y
no hubo manera de salvarle la vida. Luego empezaron a morir
unos animales y las cosas empezaron a andar mal. Se
acordaron de la historia que le contó el vecino y se
convencieron de que podía ser el ternero con dos cabezas el
que traía la mala suerte.
Al día siguiente, con mucha pena, porque l animal era
muy lindo, lo sacrificaron y lo fueron a enterrar lejos de las
casas, seguros de que con eso, enterraban también la mala
suerte.
Este relato nos cuenta como, UN HECHO NATURAL
PUEDE CONVERTIRSE EN SUPERSTICIÓN, CUANDO A LAS
COSAS NO SE LES ENCUENTRA UNA BUENA
EXPLICACIÓN.
Maximiliano Rivera Tejeda.
LA MUJER DEL CERRO NEGRO
El cerro Negro queda en el sector Colonia sur.
Cuentan que en ese lugar se escucha llorar una guagua y
se escucha también el canto de una mujer que la consuela.
Muchas personas que han pasado por el lugar son
testigos de este hecho.
Muy cerca hay un arroyo y a medida que se acercan a él
para cruzarlo, el llanto de la guagua se hace cada vez más
fuerte al igual que la voz y el canto de la mujer que trata de
hacerla callar, pero que no puede lograrlo.
El llanto sólo desaparece cuando las personas se van
alejando del arroyo, que es bastante caudaloso.
JACINTA PIZARRO CASANOVA.
DON RENÉ MONEVA Y SU NOCHE A LA INTEMPERIE.
Este hecho ocurrió una tarde en que don René Moneva
junto a su yerno se dirigió al sector Tres Lagos a buscar una
camionada de leña.
Cuando llegaron encontraron el portón de acceso al
campo, con llave y don René decidió ir a pie hasta la casa del
dueño, que queda bastante alejada del camino principal,
bajando hacia el Lago Chacabuco por entre una montaña.
Después de hablar con el dueño regresó al lugar en que
lo esperaban y media hora más tarde lo hizo Don Pedro, pero
al llegar al camino principal se dio cuenta que don René no
había llegado aún.
Comenzaron a buscarlo sin resultado alguno, hasta que
se hizo de noche, momento en que su yerno tomó la
resolución de venir al pueblo a avisar a carabineros y demás
familiares..
Al día siguiente, ya con carabineros y bomberos en el
lugar, intensificaron la búsqueda, hasta cerca del mediodía.
.................
Sin darse cuenta don René tomó otro camino y en vez
de subir fue internándose hacia el bajo orillando el lago.
Cuando se dio cuenta que estaba extraviado, no se quedó
quieto, siguió caminando y moviéndose, pues era una noche
bastante fría y parece que hasta con lluvia. Al amanecer se
cobijó bajo unos arbustos, donde fue encontrado. Gracias a su
estado físico, este señor fue capaz de soportar la larga noche
al frío, ya que, es de avanzada edad.
Un joven, hijo de un matrimonio del campo colindante,
salió muy temprano a ver los animales. Por esos lados andaba
una punta de ovejas y como las vio muy nerviosas fue a ver
que ocurría y pudo a un hombre que caminaba y hacía
gimnasia para mantenerse en calor. Al acercarse lo reconoció
y don René le refirió lo que había sucedido. El muchacho lo
subió al caballo y lo llevó a su casa, donde la señora le sirvió
algo caliente, luego se acostó y pusieron a secar su ropa,
manteniéndolo ahí hasta que llegaron a buscarlo, pues ya
habían dado aviso de su hallazgo.
El campo a veces nos puede jugar malas pasadas
cuando no se conoce bien.
Carlos Troncoso Troncoso.
UN ENTIERRO
Mucho se ha escuchado decir que en el lugar donde está
el matadero, hay un entierro, justo en un cerrito, en medio de
una pampa, porque estos eran los lugares que los tehuelches
elegían para enterrar a sus muertos. Estos eran sepultados
con todas sus pertenencias, especialmente con sus aperos
que estaban ornamentados con plata pura.
La primera vez que se supo de este entierro fue cuando
vieron a un hombre salir de ese lugar y desaparecer luego por
ahí mismo.
La persona que lo vio, andaba a caballo y al acercarse,
su cabalgadura se asustó, comenzó a saltar y huyó tan
despavorido que el jinete no lo pudo dominar.
Desde entonces, quedó rondando la idea de que ahí
penaban o que había un entierro.
MARIO OLIVARES OLIVARES.
OTRO SUCESO EN EL CAMPO DE DON LUIS BÁEZ
Hace muchos años se escuchó decir que en el cerro
conocido como Cerro Báez, por quedar en ese campo, había
un puesto de palos en medio de la montaña en lo alto del
cerro y que allí habrían mandado desterrada a una mujer que
iba a ser madre soltera. El padre de la guagua era el novio de
una hermana de la mujer y muy pronto se casarían.
Por esta razón la joven fue enviada en secreto a ese
lugar y como en esos tiempos no había por estos lados
policías ni nada, todo quedaba oculto. Así que se cuenta que
ahí esta mujer al llegar el momento de dar a luz, sola y
abandonada a su suerte, murió de hambre junto a su bebé.
Quizá por esa razón es que algunas personas han
escuchado el llanto de una guagua y los gritos de una mujer,
pidiendo auxilio, pero jamás han podido comprobar el hecho.
JOSELIN SÁNCHEZ MANSILLA.
CABALLOS
Esto sucedía en el campo de mi abuelo.
Todas las noches, como a eso de las once, se oía un
galope de caballos, que comenzaba muy suave o a lo lejos y
al acercarse a los corrales se hacía mucho más fuerte, como si
fueran cientos de caballos.
A esa hora en los campos la gente ya está descansando,
porque al día siguiente se levantan de madrugada para salir a
trabajar, a ver los animales. Entonces, al despertarse muy
rápido s levantaban y salían a ver, pero al llegar a los corrales
no había nada de nada, sólo los caballos que tenían
encerrados para ocuparlos al otro día, que relinchaban
bastante asustados.
Cuando mi abuelo compró el campo, algunos le decían
que ese lugar estaba maldito, que la gente no duraba mucho
ahí, que se iban por las cosas extrañas que sucedían, que
incluso habían desaparecido algunas personas y se suponía
que los caballos se las llevaban, porque eran caballos del
diablo.
Mi abuelo, nunca les hizo caso. Siguió viviendo en el
campo y jamás comentó la situación.
¿Fue sólo imaginación de la gente?
CONSUELO AROS BASTIDAS
DESAPARECIDOS
Cuando los carabineros hacían patrullajes a lugares
apartados, escuchaban muchas historias extraordinarias que
le contaba la gente.
Esa vez debían ir al Mayer a caballo, pues en se tiempo
no había caminos, lo que dificultaba el viaje, sobre todo se
hacía muy lento. Ellos debían atravesar una montaña muy
espesa y oscura y era muy difícil encontrar el camino o huella.
Se les hizo de noche y caminaban casi por instinto. De pronto
los caballos comenzaron a relinchar asustados, porque ellos
perciben las cosas sobrenaturales antes que las personas, y
no querían avanzar. Se detuvieron y escucharon en el bosque,
muy cerca de ellos, cortar leña, con hachazos muy fuertes.
Obligaron a los caballos a seguir y al avanzar los hachazos
también lo hacían, era como si los persiguiera.
Pasó un rato largo y ya no escuchaban la voz de uno de
ellos. Lo llamaron, pero no respondió. Luego fue el segundo
que no respondía y como la noche estaba muy oscura, no
podían verse. El tercero apuró como pudo a su caballo y siguió
caminando, trotando o galopando cuando el lugar se lo
permitía, porque los caballos ven muy bien en la oscuridad.
Cuando aclaró, vio que afortunadamente estaba muy
cerca del retén de Mayer. Ahí contó a la pareja de carabineros
lo que había sucedido y salieron al rato a buscar a los
desaparecidos.
Después de mucho caminar, y bastante lejos de la
huella, subiendo hacia la cordillera, los encontraron en un
puesto abandonado, que según contaba la gente había sido
de un hombre solitario que se había adentrado hacia esos
lugares y que nunca más había regresado ni habían sabido de
él.
Ellos nunca supieron como habían llegado a ese lugar, ni
tampoco recordaban como se habían desmontado, amarrado
los caballos en un árbol y entrado al puesto. Sólo se vieron en
el lugar al amanecer.
¿Qué sucedió realmente?
Nadie supo explicarlo.
Quizás el alma del solitario hombre deambula por el
lugar y seguramente por alguna razón.
ÓSCAR ÁGUILA ESPINOZA.
LA MUJER DEL LAGO
Esto ocurrió en Puerto Guadal, Lago General Carrera.
Una mujer vivía feliz con su esposo y sus dos hijos.
Por razones de trabajo, su esposo tenía que ausentarse
por lagos períodos. Seis meses o a veces hasta un año o más.
Esto entristecía mucho a la mujer, que esperaba y esperaba a
que vuelva su marido.
En cierta ocasión, cuando el tiempo de ausencia se hizo
más largo, la joven esposa tomó una decisión, quizá
trastornada por sus pensamientos.
Una mañana la vieron tomar rumbo al lago y perderse en
la playa por un recodo de esta. Como nunca regresó se
supone que se tiró a las aguas del lago, porque lo único que
se encontró fue un pañuelo y una mantilla, sobre unas rocas.
El caso de esta mujer, que dejó sola a su familia, quizás
para ir en busca de su amor, es hasta hoy un misterio.
YANELA RIVERA MÁRQUEZ.
EL GLOBO LUMINOSO
En el año 1989 cuando se celebraba un aniversario más
de la fundación de Cochrane, un día 17 de marzo como a las
cuatro de la tarde, se observó en los cielos un fenómeno
asombroso, pues casi todo el pueblo es testigo de ello.
Por la cordillera del campo de los Ampuero, al otro lado
del río Baker, apareció una especie de globo muy grande,
angosto abajo y ancho arriba, era todo luminoso. Avanzó por
encima del pueblo lentamente y se perdió por el lado Este,
por encima de la cordillera, hacia Argentina.
Nadie supo dar una explicación a este fenómeno.
Algunos dijeron que era una nube alumbrada por el sol, otros
que era una bengala y finalmente muchos creyeron que se
trató de un OVNI.
La noticia se dio por radio Santa María de Coyhaique.
MARTA SÁEZ BASCUÑÁN.
LOS PODERES DE DON JUAN
Se cuenta que hace muchos años, vivía de allegado en
un fundo vecino un viejito al que todos respetaban y temían
por sus poderes extraños.
En la noches de luna llena, hacía una gran fogata en el
puesto donde vivía. Cuando las llamas estaban muy altas,
lanzaba unas argollas que saltaban entre las llamas como si
tuvieran vida propia. Luego comenzaban a juntarse y
formaban una gran nube de humo.
Cuando las argollas estaban al rojo vivo, don Juan las
tomaba con las manos sin sufrir daño alguno y con gran
certeza nombraba a la persona que moriría en esos días.
Los vaticinios de este señor se cumplían al pie de la letra,
por lo que la gente, como se dijo al principio, le respetaba y
temía.
CATALINA FOITZICK SEPÚLVEDA
LA MUJER DE BLANCO
(Una leyenda de la región)
En el túnel “Farellones”, en el camino de Coyhaique a
Puerto Aisén, después de las 24 horas, ronda una mujer
vestida de blanco, a la espera de un conductor solitario.
Cuando esto sucede, la mujer se aferra al automóvil en
marcha, tratando de ingresar a él. Si no lo logra, muchas
veces ha sucedido que el vehículo cae al río que pasa a unos
100 metros más abajo.
Por esta razón es que, quienes viajan de noche a Puerto
Aisén, lo hacen con mucha precaución, manteniendo las
ventanillas de su vehículo muy bien cerradas.
JESSICA SILVA SCHOENFFELDT