LA LEGITIMA DEFENSA
Históricamente, la legítima defensa nació unida a los delitos de homicidio y
lesiones, y permanece así en los códigos antiguos, pero en todas las legislaciones
contemporáneas se acepta la posibilidad de que justifique la defensa de cualquier bien
jurídico, incluso aunque no se halle penalmente tutelado. Ésta extensión y generalización es
fruto del industrialismo, es el resultado de la necesidad de asegurar la riqueza que se
concentraba en las ciudades de la amenaza de las masas miserables que también se
concentraban en ellas cuando la acumulación de capital productivo no era suficiente como
para asimilar su mano de obra. Desde entonces ha parecido normalmente aceptable la
defensa de la propiedad a costa de la vida del agresor.
El objetivo esencial de la llamada teoría de la antijuricidad consiste en el análisis de
los requisitos y condiciones bajo los cuales una conducta típica resulta contraria al orden
jurídico. En palabras de Maurach, "la teoría de la antijuricidad es en la praxis una teoría de
la adecuación al derecho, es decir, una exposición de aquellos hechos que a pesar de la
realización del tipo, no son antijurídicos en el caso concreto y, por lo tanto, irrelevantes
para el derecho penal".
Por tanto, una acción típica será también antijurídica si no interviene a favor del
autor una causa o fundamento de justificación.
Sabemos que las causas de justificación se encuentran en todo el ordenamiento
jurídico, algunas se hallan en la parte general del código penal, otras específicamente
previstas en la parte especial del código y otras surgen del enunciado genérico de "ejercicio
de un derecho".
Entre las primeras podemos ubicar a la legítima defensa o defensa necesaria, que es
regulada en forma expresa en el art. 65 del Código Penal Venezolano.
Es este tal vez uno de los institutos del derecho más polémicos, aun para el profano,
el común de la gente pretende estar informado acerca de "cuándo se puede matar a un
semejante", en qué casos el derecho otorga esta facultad. Los caracteres y elementos de la
legítima defensa han sido y son materia de debate en la doctrina y jurisprudencia.
Particularmente controvertido resulta el requisito temporal de la legítima defensa,
cuándo la agresión es actual, cuándo es inminente, no es una cuestión sencilla, tanto es así
que aun no existe un concepto unívoco o una respuesta única al respecto.
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente dicho, trataremos mediante el estudio
breve de la estructura de la legítima defensa como causa de justificación, puesto que un
análisis más profundo excedería los límites impuestos por este trabajo monográfico,
precisar conceptualmente sus elementos constitutivos y pronunciarnos acerca de la debatida
cuestión del requisito temporal de este tipo permisivo; sin intentar dar "la solución" al tema,
no podríamos pecar de tal soberbia, intentaremos delimitar el contenido y alcance de dicho
requisito.
En materia de dar definiciones de lo que se entiende por legítima defensa, de la
variedad que ofrece la doctrina, tomamos las siguientes:
Legítima defensa, nos enseña Fontán Balestra, puede definirse como la reacción
necesaria para evitar la agresión ilegítima y no provocada de un bien jurídico actual
o inminentemente amenazado por la acción de un ser humano.
Para Nuñez la legítima defensa es la que se lleva a cabo empleando un medio
racionalmente necesario para impedir o repeler una agresión ilegítima y sin que
medie provocación suficiente, ocasionando un perjuicio a la persona o derechos del
agresor.
Finalmente, en palabras del autor Jiménez de Asúa, "la legítima defensa es repulsa
de la agresión ilegítima, actual o inminente, por el atacado o tercera persona, contra
el agresor, sin traspasar la necesidad de la defensa y dentro de la racional proporción
de los medios empleados para impedirla o repelerla."
NATURALEZA JURÍDICA. FUNDAMENTACIÓN
La legítima defensa es una causa de justificación, un tipo permisivo que elimina la
contrariedad de la conducta típica con el orden jurídico.
Respecto del fundamento de la impunidad del hecho realizado en legítima defensa,
se distinguen en la doctrina dos grupos de teorías:
a. las que sostienen que el hecho en intrínsecamente en sí mismo injusto, debiendo buscarse
en otra parte las causas que lo eximen de pena y,
b. las que lo juzgan intrínsecamente justo y por lo tanto lícito. Para este grupo se está ante
una verdadera causa de justificación. Hoy se constituye en mayoría el grupo que ve en la
defensa legítima una acción lícita apoyándose en la situación de necesidad y la colisión de
derechos.
En la actual fase del derecho a la legítima defensa existe una combinación de
intereses individuales y comunitarios, ambos tienen importancia para su fundamentación:
Desde la perspectiva del individuo particular: se entiende como un derecho
individual a la protección y la autodeterminación frente a agresiones.
Desde el punto de vista del Estado: aparece como la defensa que sustituye la tarea
de confirmación del derecho, la que en principio, sólo compete al Estado.
La doctrina y jurisprudencia reconocen que el fundamento de este permiso proviene
de la especial situación del autor y del bien jurídico en el momento de la acción.
En la actualidad se reconoce unánimemente la naturaleza de justificante de la
legítima defensa: la legítima defensa es una afirmación del derecho. El fundamento se ve en
el principio según el cual "el derecho no necesita ceder ante lo ilícito".
Sostiene Zaffaroni "se define el fundamento por la necesidad de conservar el orden
jurídico y de garantizar el ejercicio de los derechos." El fundamento de la legítima defensa,
reiteramos, se basa en el principio de que nadie puede ser obligado a soportar lo injusto. Se
trata de una situación conflictiva en la cual el sujeto puede actuar legítimamente porque el
derecho no tiene otra forma de garantizarle el ejercicio de sus derechos o mejor dicho la
protección de sus bienes jurídicos.
En la medida en que haya otro medio jurídico de proveer a la defensa de los bienes
jurídicos no es aplicable el tipo permisivo.
La legítima defensa tiene lugar cuando media una situación de necesidad. Cuando
entre el mal que evita quien se defiende y el que le quiere causar quien le agrede media una
desproporción inmensa, porque el primero es ínfimo comparado con el segundo, la defensa
deja de ser legítima. Esto debe quedar claro: la defensa sólo es legítima si es necesaria.
La defensa "propia o de sus derechos" abarca la posibilidad de defender
legítimamente cualquier bien jurídico. En otras palabras, es suficiente con que se trate de un
bien que proteja el derecho con lo que queda absolutamente a salvo su legitimidad, sin que
imperiosamente deba resultar resguardado por el ordenamiento jurídico penal.
Al "revaluarse" notoriamente la vida humana en los documentos de Derechos
Humanos de la post guerra que expresamente incluyen el "derecho a la vida", surge la duda
acerca de si es posible admitir en nuestro derecho positivo la defensa de la propiedad a
costa de la vida del agresor. El problema ya se planteó en Europa con motivo del art. 2 de
la Convención de Roma, que establece expresamente que sólo se admite cuando es
resultado de un recurso de fuerza absolutamente necesarios para "asegurar la defensa de
cualquier persona contra la violencia ilegal".
Los autores alemanes, se han dividido, sosteniendo unos que sólo se refiere a la
acción del estado y otros que abarca la de los particulares en la extensión del instituto de la
legítima defensa.
ASPECTO SUBJETIVO DEL TIPO PERMISIVO
En el tipo permisivo de la legítima defensa se requiere el conocimiento de la
situación de defensa, es decir, el reconocimiento de la agresión, y la finalidad de
defenderse, es innecesario el conocimiento de la legitimidad de la acción defensiva.
La finalidad de defenderse puede no alcanzarse, la legitimidad de la defensa no
depende del éxito de la misma. Aunque se fracase y no se evite la agresión
igualmente habrá defensa legítima.
FUNDAMENTACIÓN DOCTRINAL DE LA LEGÍTIMA DEFENSA:
Todos los autores están de acuerdo en afirmar la irresponsabilidad penal de la
persona que obra en legítima defensa.
Las discrepancias surgen cuando se trata de establecer el motivo de esa
irresponsabilidad penal; en lo que toca a la fundamentación doctrinal de la legítima defensa,
podemos clasificar las teorías que se han formulados para explicarla en dos grupos
diferentes:
En primer lugar el grupo de teorías que entiende que la legítima defensa es
intrínsecamente injusta, intrínsecamente antijurídica, y que sin embargo, el acto
realizado en legítima defensa debe quedar impune.
En segundo lugar, el grupo de teorías que estiman que el acto realizado en legítima
defensa no es meramente un acto impune sino algo mucho más trascendental; es un
acto intrínsecamente justo, un acto secundum jus, un acto total y absolutamente
adecuado a derecho.
Ahora bien; dentro del primer grupo podeos encontrar:
Teoría de la retribución del mal por el mal: esta teoría fundamentalmente por Geyer, se
formula de la siguiente manera:”Existen dos males; un mal, el de la agresión ilegitima, y
otro mal, el de la reacción defensiva y entre ellos existe, además, una perfecta adecuación;
una total proporcionalidad. Si esto es real, se ha operado de facto la restauración del
ordenamiento jurídico y el Estado no debe intervenir para imponer una pena a la persona
que se ha defendido privadamente o legítimamente, porque la pena seria un nuevo mal que
no encontraría en el principio de retribución su razón de existir.
Se objeta, con razón a la teoría de Geyer, en primer lugar, que no siempre exista igualdad ni
tan siquiera proporcionalidad entre el mal y la agresión ilegitima y el mal de la reacción
defensiva, y en segundo lugar, si el agredido resulta lesionado a raíz de la reacción
defensiva de la persona agredida, el agresor lesionado no podría ser castigado, debería
quedar también impune, y esto es absolutamente absurdo.
1. Teoría de la perturbación anímica: en cuanto a esta teoría defendida por
Pufendorf, hay que advertir que la legítima defensa o la defensa privada no se considera
como una causa de justificación, sino como una causa de inimputabilidad.
Esta teoría se formula en los siguientes términos: sostiene Pufendorf que el instinto de
conservación está tan hondamente enraizado en el hombre , esta tan enrraigado en la
naturaleza humana, que la persona que es victima de un agresión ilegítima actual o
inminente, sufre una perturbación anímica, una especie de trastorno mental transitorio , que
convierte a esa persona atacada en inimputable, y por tanto es penalmente irresponsable.
Por ello, aun cuando conforme a la teoría de Pufendorf, el acto realizado en legitima
defensa o defensa privada es intrínsecamente injusto, éste no se le puede atribuir a la
persona que lo realizó, para hacerla sufrir las consecuencias penales de tal acto, porque esa
persona es inimputable, ya que sufrió a raíz de la agresión ilegítima, una coacción síquica,
una perturbación anímica, que la convierte en penalmente irresponsable.
Se objeta con razón a esta teoría: en primer lugar que ella sólo sirve para explicar la
legítima defensa de la vida, y cuando más la legítima defensa de la integridad personal o
corporal, cuando en realidad todo bien jurídico es legítimamente defendible, siempre, claro
esta, que se satisfagan los requisitos de esta eximente de responsabilidad peal, de esta causa
de justificación.
Pero, fundamentalmente, se le objeta a la teoría de Pufendorf que, si bien es cierto que la
mayoría de las personas, sufren, ante la inminencia o ante la actualidad del peligro
engendrado por una agresión ilegitima, la perturbación anímica de la que habla Pufendorf,
y es según este autor el fundamente de la excesión de la responsabilidad penal; no es menos
cierto, que hay persona de un temple excepcional, de una particular sangre fría que, aún
ante la eminencia o actualidad del peligro, conservan su tranquilidad, su calma, su
serenidad. Pues bien, estas personas deberían ser consideradas penalmente imputables;
penalmente responsables, si aplicásemos la teoría de Pufendorf ¿Por qué?: porque, según
Pufendrof, el motivo de exención de responsabilidad penal es la perturbación anímica y por
tanto allí donde no se de esta perturbación anímica tampoco debe darse la exención de
responsabilidad penal: llegaríamos entonces a la conclusión absurda de que, si la persona,
ante la situación de peligro engendrada por la agresión ilegitima actual o inminente, ha
conservado su calma, como no ha sufrido la perturbación anímica, que según Pufendrof es
la base de la exención de la responsabilidad penal, esa persona es penalmente imputable y
en consecuencia penalmente responsable.
Esto no puede ser así, porque, aun cuando la persona ilegítimamente atacada conserve su
calma ante esa situación de peligro actual o inminente , aun cuando no sufra perturbación
anímica alguna, si están satisfechas las condiciones de la legítima defensa, esta causa de
justificación ampara a la persona ilegítimamente agredida o acatada.
De igual manera, se objeta también, que ella no sirve para explicar la legítima defensa de
terceros (parientes o extraños), porque es obvio que mi instinto de conservación no se
despierta si es otro el que esta en peligro. En última instancia, el fundamento de la
irresponsabilidad penal en la legitima defensa o en la defensa privada para Pufendorf es el
instinto de conservación, el cual da lugar a la perturbación anímica; entonces si es otra
persona que esta en peligro no se puede despertar nuestro instinto de conservación y en
consecuencia esa teoría no alcanza explicar la legitima defensa de terceros.
2. Teoría de la inutilidad práctica de la pena o de la represión: esta teoría
defendida fundamentalmente por Manuel Kant se formula de la siguiente manera: si una
persona se encuentra entre dos males: un mal presente, inmediato: el mal de la agresión
ilegitima actual o inminente, y un mal futuro: el mal de la pene que se pudiese establecer en
la Ley penal para aplicarla a la persona que obrase en defensa privada o en legitima defensa
, preferiría en todo caso salvarse, como es lógico, delmal presente, del mal que actualmente
la amenaza, sin importarle el mal posterior; es decir, sin importarle el mal que se le aplique
el mal de la pena establecida en la Ley penal (en el caso de que la estableciese, que no la
establece) para la persona que obra en legitima defensa.
Es decir, Kant sostiene: que aun cuando se establezca la Ley penal una pena, (aun cuando
esta fuera la pena de muerte) para aplicarla a la persona que obra en legitima defensa o en
defensa privada, esa pena sería absolutamente inútil, no aplicara su efecto intimidante, no
lograría impedir que la persona que se encuentre actualmente ante una agresión ilegítima se
defendiera, y una pena inútil es una pena que no se debe mantener en la Ley penal.
Se objeta con razón a la teoría de Kant lo siguiente:
Que al sostenerla, Kant se pone en contradicción consigo mismo, con principios
que él ha preconizado anteriormente. En efecto, Kant sostuvo que la pena es un
imperativo categórico de justicia, que se debe aplicar independientemente de su
utilidad o inutilidad práctica; sin embargo, en materia de legítima defensa , esgrime
el argumento de la inutilidad práctica de la pena, para establecer, para defender, que
el acto realizado en legítima defensa es una acto injusto, antijurídico, que sin
embargo debe quedar impune, por que, si se consagra una pena en la Ley penal, esa
pena sería inútil ya que no cumpliría su efecto intimidante, su efecto preventivo, ni
aún cuando fuese la pena capital, porque no lograría impedir que la persona
actualmente en peligro de morir se defendiese.
Que ella solo alcanza a explicar la legítima defensa de la vida, y cuando más la
legítima defensa de la integridad personal, cuando en realidad todo bien jurídico es
legítimamente defendible siempre que se cumplan los requisitos de esta causa de
esta causa de justificación.
Dentro del segundo grupo podemos enumerar:
1. La Teoría de la escuela clásica o teoría de la ineficacia momentánea de la defensa
pública: esta teoría se formula de la siguiente manera: no es posible concebir que
en la Ley Natural haya una contradicción como la siguiente: que por una parte, la
Ley Natural imponga al hombre el deber de conservar y defender su vida y sus
derechos, y que, por otra parte, la misma Ley natural castigue al hombre o
establezca una pena para el caso de que el hombre cumpla con ese deber de
conservar y defender su vida y sus derechos.
Además y fundamentalmente, sostiene la escuela clásica, que la defensa
pública es decir la defensa que ejerce el Estado, es suficiente para ampararme, para
defender mi persona y mis bienes, no se justifica, no está legitimada la defensa
privada, la cual constituiría en esta caso un delito contra la administración de
justicia llamado ejercicio arbitrario de la propia razón (en Venezuela, delito de
ejercer justicia por si mismo).
En cambio, si en determinado momento la defensa pública, o sea, la defensa
que ejerce el Estado a través de sus órganos competentes, es momentáneamente
ineficaz para defenderme a mi, entonces, ante esa circunstancia, la defensa privada
(lo que llamamos la legítima defensa) recupera toda su vigencia. Es decir, si es
Estado me puede defender, bien esta que me defienda, y no se justifica entonces la
defensa privada; pero, si el Estado aquí y ahora no me puede amparar, si
momentáneamente es ineficaz la defensa pública para ampararme, tampoco me
puede exigir que yo permanezca inerme, que yo permanezca con los brazos
cruzados hasta ver como me lesionan, me matan; sin hacer nada para defenderme, y
por tanto, es perfectamente legitimo que yo asuma ante esa circunstancia mi
defensa.
2. Teoría de la absoluta nulidad de la justicia: está teoría defendida por Guillermo
Federico Hegel, se formula así: la agresión ilegítima es una negación del derecho,
orque la persona que perpetra una agresión ilegítima niega normas consagradas en
el ordenamiento jurídico; ahora bien, la legitima defensa implica una negación, o
sea, es una negación de la negación del derecho, en cuanto que la legítima defensa
tiene lugar para tratar de obstaculizar la agresión ilegítima; y como dos negaciones
afirman (incluso matemáticamente menos por menos es igual a mas); se llega a la
conclusión de que la legitima defensa es la afirmación del derecho.
Llegando a la conclusión, la legitima defensa es una causa de justificación,
con lo que se quiere decir que el acto realizado en legítima defensa no es
meramente un acto impune, sino un acto perfecta o intrínsecamente justificado un
acto secun jus, es decir perfectamente adecuado al ordenamiento jurídico; por dos
motivos: en primer lugar porque, como ha dicho la Escuela Clásica, con razón, si el
Estado no me puede amparar a mi en un momento determinado, tampoco e puede
exigir, ni es lógico que me exija, que yo sucumba ante la agresión ilegítima sin saber
nada para defender mi persona; por tanto, la legítima defensa retoma toda su
vigencia, todo su imperio. En segundo lugar, porque la persona que se defiende
legítimamente, la persona que reacciona ante una agresión ilegitima, no solamente
se esta defendiendo así misma, sino que en gran medida, esta también defendiendo
a toda la colectividad, en el sentido de que esta impidiendo que un ser peligroso para
la colectividad logre el cometido que se propuso.
EXTENSIÓN DE LA LEGÍTIMA DEFENSA
La extensión de la legítima defensa se debe examinar desde dos puntos de vista
diferente: en primer lugar, desde el punto de vista de los bienes jurídicos legítimamente
defendibles, y en segundo lugar, desde el punto de vista de las personas legítimamente
defendibles.
1. Extensión de la legítima defensa desde el punto de vista de los bienes jurídicos
legítimamente defendibles: hay que afirmar que todo bien jurídico es legítimamente
defendible; porque conceder la titularidad de un bien jurídico, sin conceder el
derecho de defender tal bien jurídico del cual se es titular, sería otorgar una
titularidad puramente irrisoria de un bien jurídico. Por eso, la titularidad de un bien
jurídico es ratificada por el derecho de defender legítimamente ese bien jurídico,
cuando es injustamente atacado o agredido.
El problema no consiste por tanto seleccionar determinados bienes jurídicos,
para afirmar a continuación que solo esos bienes jurídicos son legítimamente
defendibles, el problema es de otra índole, lo que importa es determinar si, en el
caso concreto, se han satisfechos o no los requisitos, las condiciones de la legítima
defensa , es decir, que el problema radica en determinar si la defensa se ha ejercido
o no dentro de los limites de la proporcionalidad, de racionalidad, que legitiman la
defensa (proporcionalidad no matemática, sino humanamente racional), teniendo en
cuenta , por una parte, la importancia, la gravedad de la acción ilegítima, y por otra
parte, la entidad de la reacción defensiva. Cuando se satisfagan los requisitos de la
legítima defensa, esta causa de justificación procede, con efecto eximente de
responsabilidad penal, cualquiera que sea el bien jurídico atacado; y por tanto, cual
quiera que sea el bien jurídico defendido.
2. Extensión de la legítima defensa desde el punto de vista de las personas
legítimamente defendibles: en esta materia hay que indicar que lamentablemente, el
Código Penal Vigente solo consagra en materia de legitima defensa, como eximente
de responsabilidad penal, la legítima defensa propia (la autodefensa); en cambio,
inexplicablemente omite consagrar la legítima defensa de terceros (parientes y
extraños), como eximente de responsabilidad penal.
Ahora bien, esta omisión en que incurre el Código Penal Venezolano Vigente, al no
consagrar la legítima defensa de terceros (parientes o extraños), es injustificable, tanto
desde el punto de vista doctrinal, como en el punto de vista histórico. Es injustificables
desde el punto de vista doctrinal, porque, como lo ha dicho Alimena: “La legítima defensa
de terceros es la más hermosa, la más bella de todas la legítimas defensas, porque es la más
altruista, la más noble, la más abnegada, ya que en ella, una persona llega incluso hasta
exponer su propia vida para salvar la vida de otra persona que se encuentra en peligro”
REQUISITOS EXIGIDOS POR EL LEGISLADOR VENEZOLANO PARA QUE
PROCEDA LA LEGITIMA DEFENSA COMO EXIMENTE DE RESPONSABILIDAD
PENAL:
Tales requisitos están consagrados en el ordinal 3ero del artículo 65 del Código
Penal vigente en los siguientes términos: ¨No es punible, el que obra en defensa de su
propia persona o derecho, siempre que concurran las circunstancias siguientes:
Artículo 65:
3. El que obra en defensa de su propia persona o derecho, siempre que concurran las
circunstancias siguientes:
a. Agresión ilegítima por parte del que resulta ofendido por el hecho.
b. Necesidad del medio empleado para impedirla o repelerla.
c. Falta de provocación, suficiente de parte del que pretenda haber obrado en defensa
propia.
1. AGRESIÓN ILEGITIMA POR PARTE DEL QUE
RESULTA OFENDIDO POR EL HECHO:
Se dice que la agresión es ilegítima cuando no tiene fundamente jurídico, cuando se
trata de una agresión antijurídica, es decir, contraria a derecho.
Una de las características de la legítima defensa es que la situación de peligro del
bien jurídico debe ser la consecuencia de un obrar humano, es decir, conducta. Esta
conducta debe ser antijurídica.
La agresión es ilegítima cuando se trata de una situación a la que el autor no tiene
derecho, que el agredido no está obligado a soportar. Es el presupuesto ineludible de la
legítima defensa y premisa o antecedente de las otras dos circunstancias requeridas. Es
también presupuesto indispensable del exceso.
La agresión debe ser actual o inminente, actual que existe aquí y ahora, es decir, que
ya se ha iniciado; o inminente: que si bien no ha comenzado todavía esta a punto de
iniciarse, es decir que ya se va a dar. O sea, que la agresión además de actual, puede ser
inminente y la legítima defensa procede frente a ellas.
Nuestro código penal vigente no indica formalmente que la agresión debe ser actual
o inminente, solo apunta que debe ser ilegítima pero basta interpretar la circunstancia
segunda del ordinal 3ro del artículo 65 del Código Penal que expresa: necesidad del medio
empleado para impedirla o repelerla, y es obvio, que la agresión ilegítima inminente se
impide y la agresión actual se repele.
En cambio la legítima defensa no procede frente al ataque futuro que aun puede ser
evitado por otros medios, ni al ya cumplido cuando el peligro ha pasado, es decir, frente a
agresiones pasadas que han sido neutralizadas y que actualmente no tienen potencia
ofensiva alguna, puesto que la legítima defensa sólo cubre reacciones defensivas y no
reacciones coléricas y vengativas.
Ejemplo: una persona “A” ataca a otra persona “B” con un revólver, y en un
momento de descuido de “A”, “B” logra desarmarlo, logra neutralizar esa agresión
ilegítima, por lo que “A” ya no representa ningún peligro para “B”, pero “B”, una vez que
tiene a “A” a su merced, desarmándolo, toma el revólver que le quito a “A” y le dispara
lesionándolo o matándolo, en este caso “B” no esta ampara por la legítima defensa, por que
la misma no cubre la reacción frente ataque pasado, frente a una situación que ya ha sido
neutralizada y “B” ya había neutralizado la agresión de “A”, el cual estaba en sus manos,
por lo que no tenía que haberle disparado.
Además, la agresión ilegítima actual o inminente, debe ser un acto en sentido penal,
es decir, una manifestación de voluntad que mediante acción u omisión, determine un
cambio en el mundo exterior y como el único ser que posee voluntad es el hombre, la
agresión debe provenir del hombre; solo él puede manifestar esa voluntad y realizar actos
en sentido penal, y solo él puede agredir en sentido jurídico.
En resumen se puede determinar que la agresión ilegítima será una acción humana
y dolosa que ponga en peligro bienes jurídicos personales, propios, además que la agresión
puede ser actual o inminente y frente a ellas procede la legitima defensa.
2. NECESIDAD DEL MEDIO EMPLEADO PARA IMPEDIRLA O REPELERLA.
Este requisito implica a su vez dos condiciones:
a. La existencia de una proporcionalidad (no matemática sino racional humana),
entre la agresión ilegitima y la reacción defensiva. Corresponde al juez
competente observar si ha existido o no tal proporcionalidad entre la legítima
defensa y la reacción defensiva, tomando en cuenta todas las circunstancias
involucradas en el caso concreto. El medio empleado no ha de ser
matemáticamente igual, sino simplemente necesario y razonable; el instante de la
defensa es rápido, imprevisto, de segundos, y es imposible pensar con calma la
manera de repeler la agresión.
b. La inevitabilidad del peligro: Esto elude a la fuga, la cual no es jurídicamente
obligatoria como medio para eludir la agresión ilegítima. Pero hay casos en los
que excepcionalmente si lo es: cuando se dan las siguientes condiciones.
I. Que la fuga no represente, para la persona agredida, u peligro mayor que el
que representa para ella quedarse en el sitio de los hechos y responder
violentamente a la agresión ilegítima.
II. Que la fuga no sea deshonrosa. Por ejemplo eludir con la fuga el ataque de
un demente o de un ebrio no representa para la persona agredida un peligro
mayor que el que representa para ella quedase en el sitio y reaccionar
violentamente contra la agresión, ni tampoco es deshonrosa, la fuga en este
caso jurídicamente es obligatoria.
3. FALTA DE PROVOCACIÓN SUFICIENTE DE PARTE DEL QUE PRETENDA
HABER OBRADO EN DEFENSA PROPIA.
Para que haya legítima defensa es menester que la persona que invoque esta causa
de justificación, no haya provocado en absoluto, o al menos suficientemente la agresión.
Corresponde al juez determinar si ha habido o no provocación, y en el caso que haya
habido provocación, corresponde al juez determinar si ella fue suficiente o insuficiente, si
fue suficiente no procede la legítima defensa y la persona no ésta exenta de responsabilidad
penal, ¿cuando es suficiente?: la provocación es suficiente cuando explique de una manera
cumplida y satisfactoria, el ataque mismo, cuando sea adecuada y proporcionada a la
agresión nacida de ella.
Si no habido provocación, o si la hubo y ésta no fue suficiente, entonces la persona
si está amparada por la legitima defensa y por lo tanto exenta de responsabilidad penal.
Podemos resumir que la tercera exigencia impuesta por la ley es que no haya
mediado provocación suficiente por parte de quien se defiende. Al calificarse la
provocación de suficiente queda entendido que no toda provocación torna ilegítima la
defensa y que la provocación insuficiente la mantiene en el ámbito de lo lícito.
Provocar significa tanto como causar pero también excitar, incitar a una cosa.
La provocación es suficiente cuando en el caso concreto es adecuada para provocar
la agresión pero no basta para justificarla.