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Dicumento

El documento analiza un caso de proceso de filiación natural y petición de herencia en el que un menor de edad no inició el proceso dentro de los 2 años siguientes a la muerte del padre. La sala considera que se debe hacer un nuevo estudio constitucional que pondera los derechos del menor y la carga excesiva impuesta.
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El documento analiza un caso de proceso de filiación natural y petición de herencia en el que un menor de edad no inició el proceso dentro de los 2 años siguientes a la muerte del padre. La sala considera que se debe hacer un nuevo estudio constitucional que pondera los derechos del menor y la carga excesiva impuesta.
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TUTELA

REPORTE DE CONSULTA

RELEVANTE

SALA DE CASACIÓN LABORAL


ID : 466363
M. PONENTE : LUIS GABRIEL MIRANDA BUELVAS
NÚMERO DE PROCESO : T 63423
NÚMERO DE PROVIDENCIA : STL17325-2015
PROCEDENCIA : Corte Suprema de Justicia Sala de
Casación Civil y Agraria
CLASE DE ACTUACIÓN : ACCIÓN DE TUTELA - SEGUNDA
INSTANCIA
TIPO DE PROVIDENCIA : SENTENCIA
FECHA : 10/12/2015
DECISIÓN : REVOCA CONCEDE TUTELA PARCIAL
ACCIONADO : SALA ÚNICA DEL TRIBUNAL SUPERIOR
DEL DISTRITO JUDICIAL DE YOPAL Y
JUZGADO PRIMERO PROMISCUO DE
FAMILIA
ACCIONANTE : JUAN SEBASTIÁN ARCHILA BARRERA
ACTA n.º : 44
FUENTE FORMAL : Ley 75 de 1968 art. 10

TEMA: PROCESO DE FILIACIÓN NATURAL Y PETICIÓN DE HERENCIA -


Término de caducidad de los efectos patrimoniales de la declaración de
paternidad: análisis de las sentencias de constitucionalidad efectuado por
la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional
PROCESO DE FILIACIÓN NATURAL Y PETICIÓN DE HERENCIA -
Término de caducidad de los efectos patrimoniales de la declaración de
paternidad: inoponibilidad de la caducidad a los incapaces relativos (menor
de edad)

DERECHOS DE LOS NIÑOS, LAS NIÑAS Y LOS ADOLESCENTES -


Prevalencia del interés superior del menor

Tesis:
« (...)para brindar solución al problema jurídico precisado, el Juzgado señaló
que "la jurisprudencia se ha encargado de decantar la diferencia entre la
prescripción y la caducidad, precisando que la primera tiene que ver con el
derecho, y la segunda con la acción", figuras que aunque similares, "tienen
aplicaciones y usos distintos, no se les puede juzgar con el mismo rasero,
de suerte que la suspensión de la prescripción de que trata el artículo 2530
del C. C., invocada por el actor, a favor de los incapaces, como lo era él, por
su minoridad, no se le puede aplicar a la caducidad, pues esta, a voces del
artículo 90 del C. de P. C., no se suspende, sino, que no opera, cuando se
presenta la demanda, dentro del término, y se notifica su admisión a la
demandada, dentro del plazo procesal allí previsto".

Bajo ese criterio, destacó que pese a que el contenido del artículo 10 de la
Ley 75 de 1968 no era compartido por el actor, en todo caso "la misma ha
sido demandada, en primer término, ante la Corte Suprema de Justicia, la
cual mediante la sentencia C-122 del 3 de octubre de 1991, la declaró
ajustada a la Carta de 1991. Dicha sentencia, fue confirmada
posteriormente por la Corte Constitucional, la cual, en virtud de una nueva
demanda, mediante la sentencia C-336 de 1999" declaró la cosa juzgada
constitucional.

No obstante lo anterior, el operador jurídico pasó por alto que en la sentencia


C-336 de 1999, los cargos de la acción pública no reprocharon la eventual
transgresión constitucional que podía configurarse en contra de los menores
de edad, como sería el caso de que falleciera el progenitor teniendo esa
condición y no alcanzaran a formular la queja correspondiente que declarara
los efectos patrimoniales derivados de la declaración de paternidad.

Leída cuidadosamente la referida sentencia, se observa que se estructuró en


la violación de "los principios de igualdad y de prevalencia del derecho
sustancial sobre el formal pues, ‘establece una diferenciación entre las
prerrogativas otorgadas a los hijos matrimoniales y adoptivos frente a las
conferidas a los hijos extramatrimoniales no reconocidos en vida del
presunto padre para notificar la demanda de filiación’". Se argumentó en
esa ocasión que "los hijos extramatrimoniales no reconocidos por el padre
antes de su fallecimiento ‘sólo tienen la oportunidad procesal de notificar la
demanda de filiación dentro del plazo perentorio de los dos años siguientes
a la defunción del causante ... quedando reducido el término de la acción de
petición de herencia a estos dos mismos años, cuando las demás clases de
hijos (matrimoniales y adoptivos) cuentan con la facultad legal de incoar la
acción de petición de herencia en términos máximos de veinte o diez años,
según tengan o no la posesión efectiva’". Finalmente, se sostuvo que "la
discriminación que riñe con la igualdad se da toda vez que los hijos que
disputan la filiación después de fallecido el padre, sólo disponen de dos años
para iniciar el proceso de filiación, cumplido el cual, sin que se haya
notificado la respectiva demanda, pierden sus derechos herenciales",
mientras que "los demás hijos cuentan con el término de caducidad de la
acción de petición de herencia para reclamar sus derechos sobre los bienes
sucesorales, término que suele ser diez o veinte años, según que se tenga o
no posesión efectiva de los bienes objeto de la misma".

De lo reproducido deviene diáfano que el problema jurídico constitucional


fue la presunta desigualdad de trato consagrada en la norma entre los hijos
extramatrimoniales, matrimoniales y adoptivos, ante lo cual, la Corte
Constitucional ratificó lo expuesto por la Sala de Casación Civil en las
providencias del 7 de junio de 1983, cuando estudió la constitucionalidad
de esa norma en virtud de la otrora vigente Carta de 1886, y la del 3 de
octubre de 1991, en pleno rigor la proferida en 1991 y que por expresa
regulación transitoria estuvo a su cargo el control de constitucionalidad de
la referida disposición, todo lo cual, fue igualmente dejado a salvo en la
decisión C-009 de 2001, que también desveló la cosa juzgada constitucional.

La demanda que originó la precitada sentencia del 7 de junio de 1983,


tampoco puso sobre la mesa lo atinente al término de caducidad de la acción
cuando se tratase de menores edad, pues en síntesis, se fundó "sobre el
supuesto de que no se pueden cercenar derechos antes de ser otorgados",
es decir que los derechos patrimoniales derivados de un estado civil "en vía
de ser constituido", no pueden ser abolidos "antes de que su titular pudiera
normalmente hacer uso de él", pues "el estado civil adquirido constituye
derechos y deberes, al adquirirse dicho estado, pero no antes de adquirirse
éste, se pueden cercenar aquéllos», o lo que es lo mismo, se "puede heredar
no por el acto de la notificación, sino en base (sic) a la calidad la cual le da
la declaración de ese estado".

Dicho de otro modo, la tesis de aquél entonces consistió en que la sentencia


que declaraba el estado civil de hijo del causante es constitutiva, pues
creaba una situación jurídica distinta a la que ostentaba antes de la
providencia, de allí que el término de caducidad no podía iniciar con
anterioridad a ese proveído.

Para resolver esos cuestionamientos, la Corte determinó ajustada a la


Constitución el supuesto según el cual "la sentencia declarativa de la
paternidad en los casos anteriores solamente producirá efectos
patrimoniales ‘cuando la demanda se notifique dentro de los dos años
siguientes a la defunción’" y enfatizó que la caducidad afectaba
exclusivamente los efectos patrimoniales.

Resulta bastante claro que esos precedentes no abarcaron casos tan


excepcionales como el que aquí se discute, en el que un menor de edad no
inició la investigación de la paternidad y petición de herencia dentro de los
2 años siguientes a la defunción del presunto progenitor, escenario fáctico
constitucional que ameritaba un nuevo estudio en perspectiva ius
fundamental, que ponderara los hechos que definieron el litigio con los
mandatos superiores vigentes, especialmente el artículo 44, que consagra
que "La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de asistir y
proteger al niño para garantizar su desarrollo armónico e integral y el
ejercicio pleno de sus derechos. Cualquier persona puede exigir de la
autoridad competente su cumplimiento y la sanción de los infractores", y
agrega que "Los derechos de los niños prevalecen sobre los derechos de los
demás".

Tal precepto es de una importancia capital, pues estipula que cualquier


persona puede exigir ante la autoridad competente el cumplimiento de los
derechos de los menores, supuesto que revela la debilidad del sujeto que
protege la constitución, y en consecuencia, la excesiva carga que le
impusieron los juzgadores a Juan Sebastián Archila Barrera, al extraer de
la norma la obligación legal de que su representante debía pedir por vía
judicial el reconocimiento de sus derechos, so pena de cargar con la
extinción de los eventuales derechos patrimoniales heredables, por la
configuración de la caducidad de la acción».

PROCESO DE FILIACIÓN NATURAL Y PETICIÓN DE HERENCIA -


Sentencia que declara la paternidad: no es constitutiva de una nueva
situación jurídica

DERECHO A LA IGUALDAD - Igualdad de derechos y obligaciones entre los


hijos - Principio de igualdad de derechos entre los hijos matrimoniales y
extramatrimoniales

PROCESO DE FILIACIÓN VOLUNTARIA Y DECLARACIÓN DE


PATERNIDAD - Término de caducidad de los efectos patrimoniales:
cómputo del término a partir de que el interesado cumple la mayoría de edad
(alcance de la norma armonizado con la Constitución)

DERECHO AL DEBIDO PROCESO - Proceso de filiación natural y petición


de herencia - Vulneración: carga desproporcionada al exigir del menor de
edad la obligación de su representante legal de solicitar judicialmente el
reconocimiento de los derechos de aquél, para evitar su extinción
PROCESO DE FILIACIÓN NATURAL Y PETICIÓN DE HERENCIA -
Término de caducidad de los efectos patrimoniales de la declaración de
paternidad - Procedencia de la suspensión cuando los hechos que
coadyuvan su consumación no son imputables al interesado

Tesis:
« (...)vale resaltar que se tiene sentado de manera pacífica, que la sentencia
que declara la paternidad no es constitutiva, pues el ordenamiento jurídico
se limita a declarar la realidad material, es decir la calidad de hijo, que se
presume tenerla, por simple naturaleza, desde que nació, y es por ello que
en estricto sentido no se crea o "constituye" una nueva situación jurídica.

Con esa lógica y bajo la proposición constitucional de que "Los hijos habidos
en el matrimonio o fuera de él, adoptados o procreados naturalmente o con
asistencia científica, tienen iguales derechos y deberes", si una persona por
las condiciones externas de su nacimiento no ha logrado formalmente la
declaración de paternidad, aun cuando la sentencia que así lo decida solo
revelará la realidad material, resulta contrario a la Carta, por no decir más,
atribuir la extinción de los eventuales derechos patrimoniales porque otra
persona no adelantó el proceso correspondiente cuando era menor de edad,
pero que al cumplir 18 años procura hacerlo en nombre propio, e incluso,
en los términos tempestivos consagrados en la norma, para que tales efectos
patrimoniales no desaparezcan.

Esa intención de hacer valer sus derechos civiles no puede ser obstaculizada
por el ordenamiento jurídico, so pretexto de obtener una consecuencia
jurídica absurda, derivada de una interpretación exegética de la norma que
no atiende el contorno especial que subyace en el escenario fáctico concreto.

Precisa la Corte que no se trata en este específico evento de inaplicar el


supuesto temporal consagrado en el artículo 10º de la Ley 75 de 1968, sino
de brindar un alcance que se avenga a los mandatos constitucionales, como
sería contabilizar la caducidad de la acción desde que el interesado cumplió
la mayoría de edad.

Por lo demás, si se sujetara el caso a las consideraciones de la sentencia del


7 de junio de 1983, los juzgadores hubieran encontrado una solución afín
con los preceptos superiores, pues allí se advirtió que "de conformidad con
la jurisprudencia de la Sala de Casación Civil de la Corte, si la notificación
no se realiza por causas no imputables a quien ha ejercido la acción de
investigación de la paternidad, sino imputables a los funcionarios o la parte
demandada, el tiempo de caducidad se suspende" (negrillas afuera del
texto), de donde surge aún más notorio el defecto de la decisión cuestionada,
que le imputaron al menor la omisión de ejercer en tiempo la demanda
respectiva.
Por lo anterior, estima la Corte que el Tribunal debe estudiar nuevamente
la excepción de caducidad de la acción, por lo que se revocará el fallo
impugnado, y en su lugar, se amparará el derecho fundamental al debido
proceso que le asiste a Juan Sebastián Archila Barrera; en consecuencia, se
dejará sin efecto la decisión proferida el 27 de julio de 2015 por el Tribunal
Superior del Distrito Judicial de Yopal, para que en el término de 48 horas
siguientes a la notificación de esta providencia, profiera una nueva que se
ajuste a lo aquí indicado ».

ACCIÓN DE TUTELA CONTRA PROVIDENCIA JUDICIAL - Improcedencia


de la acción para obtener la ejecución de los acuerdos celebrados con las
demandadas sobre los derechos patrimoniales

Tesis:
«Ahora bien, en cuanto al supuesto yerro cometido por el Tribunal al no
tener en cuenta varios acuerdos que a su juicio plasman un reconocimiento
por parte de las demandadas respecto de los derechos patrimoniales que le
asisten, y que además interrumpen la caducidad de la acción, la Corte
advierte que lo que realmente aspira el accionante es crear una nueva
controversia judicial debido al resultado desfavorable obtenido en cuanto a
la petición de herencia, pues revisada la documental, se advierte que en
principio la delimitó al margen de tales convenios, a los que incluso se opuso
al descorrer el traslado de las excepciones previas formuladas por la parte
pasiva, pero que ahora estima convenientes y manifiesta que hacen tránsito
a cosa juzgada.

Dicho de otro modo, el accionante pretende que en esta sede constitucional


se declaren las consecuencias jurídicas que originan la suscripción de tales
convenios, como una manera de obtener su ejecución a través de este
mecanismo excepcional, lo que en realidad es abiertamente improcedente
pues para tales efectos el legislador dispuso las competencias respectivas
que no pueden ser sustituidas por el juez de tutela, al tenor de lo dispuesto
en el artículo 6º del Decreto 2591 de 1991».

JURISPRUDENCIA RELACIONADA: CC C-336/99

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