0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas2 páginas

Baile 3

Este documento narra la historia de amor entre el autor y su novia Mercedes durante la preparatoria, la cual duró 10 años a pesar de las dificultades. Aunque eventualmente tomaron caminos separados, el autor nunca olvidó a Mercedes ni el amor que compartieron.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
50 vistas2 páginas

Baile 3

Este documento narra la historia de amor entre el autor y su novia Mercedes durante la preparatoria, la cual duró 10 años a pesar de las dificultades. Aunque eventualmente tomaron caminos separados, el autor nunca olvidó a Mercedes ni el amor que compartieron.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOC, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Corte 2. “Me dijeron”. Alejandro Lerner.

Fue por un trabajo en equipo que Mercedes y yo nos comenzamos a hablar la segunda
semana de clases. Ella venía de la secundaría 2 y yo de la secundaria federal No. 1. Si
alguien me hubiera dicho cuando entré a la Prepa 1, allá por el 93, que esa chica dulce
con lentes de pasta, cabello largo y ropa holgada, viviría por tanto tiempo en la esquina
más profunda de mi corazón, jamás lo hubiera creído.

Nos hicimos novios hasta el tercer semestre, antes de eso yo creía firmemente en las
calificaciones altas, las felicitaciones por parte de los profesores y la mirada
esperanzada de mi madre. Por eso, a pesar de que todos en el salón me decían que
Mercedes estaba completamente enamorada de mí, me aparté por un tiempo de ella y
preferí refugiarme durante los recesos en la biblioteca, a fin de estudiar los temas por
adelantado. No pasaría mucho tiempo para darme cuenta que estaba en un error, porque
sin un amor, como dicen Los Panchos, la vida no se llama vida.

Yo que durante un año nunca falté a clases, que nunca tuve miedo de los profesores
malditos porque sabía las respuestas. Yo que me sentía un semidiós entre mis iguales,
confieso que fui felizmente derrotado por el amor. Bastó una tardeada en la escuela al
lado de Mercedes para saber que el amor finalmente me había partido en dos como un
rayo.
Nos dimos nuestro primer beso esa tarde enfrente de la dirección, a partir de ahí no
podría contar el número de veces que tomados de la mano, caminamos dando vueltas a
las chanchas de básquetbol, ni las horas de clase que nos volamos para besarnos en las
jardineras, ni las veces que de noche, encerrados en los salones descubrimos nuestra
sexualidad. No recuerdo cuántas canciones cantamos juntos, ni cuántas veces hicimos
felices a los parques. Ni tampoco cuántas veces discutimos. Como es natural en estos
casos de amor arrebatado, tampoco recuerdo cuántas veces presenté extras y títulos.

Una vez, mientras caminábamos por la calle sin importarnos la lluvia y con los zapatos
intercambiados, abracé por la espalda a Mercedes, le pedí que cerrara los ojos y le canté
quedito al oído: “Pero creo que no, no hay nadie que me explique tu amor, si hay algo
que en mí despertó, y quiere seguir soñando, buscando. La vida es un regalo de Dios,
hay magia en cada rayo de sol y ahora sé también que no hay nadie que me explique tu
amor”. Recuerdo que ella volteó, me miró a los ojos y me dijo: Quiero envejecer
contigo.
Duramos diez años de novios y nunca, pero nunca, aún en los peores momentos, dejé de
desearla ni mucho menos de amarla. No fue la falta de amor lo que nos separó, fue el
miedo de ambos. El tiempo pasó y terminamos la prepa. Por presión familiar intenté
estudiar Química, pero no resultó, sólo duré un semestre; después brinqué a Derecho, y
aunque concluí la licenciatura, tampoco resultó. Ella por su parte se aventó un año
sabático y luego entró a Psicología. Cuando salimos de la licenciatura le dije a
Mercedes que estaba decidido a dejarlo todo para estudiar Letras. Ella me dijo que
estaba bien, pero que no podía esperarme. No la culpo.

Lo último que supe de ella es que se había casado y que tenía un doctorado y dos hijos.

Si de algo puedo presumir es de mi mala memoria, no recuerdo el cumpleaños de mis


padres, ni el de mis hermanos, ni el de mis amigos, no puedo aprenderme mi número
telefónico ni mi curp, pero hay dos cosas que con el paso del tiempo nunca he olvidado:
la fecha de su cumpleaños y el número telefónico de la casa de su madre.

Nunca volveré amar igual a otra mujer, no lo digo porque la siga amando, sino porque
hay experiencias en la vida que solo la juventud y cierta irresponsabilidad pueden hacer
posibles. Hoy mi idea sobre el amor ha cambiado, de ser arrebatado como el de los
amantes de El beso de Munich, ha pasado a ser más introspectivo, como el de los
amantes azules de Chagal.
Uno de los regalos que Mercedes me dio aún de novios fue un cómic que ella misma
dibujó con los personajes de Mafalda. Me dijo que se había tardado más de un mes en
hacerlo y que estaba segura me iba a gustar. Cuando lo abrí, ahí estaba la muchachita de
Trino cantando a lo largo de todas las páginas cierta canción, de un tal Alejandro Lerner,
que cierto loco enamorado le cantó alguna vez, en medio de la lluvia, al primer gran
amor de su vida.

https://www.youtube.com/watch?v=ihhw1K54yVY

También podría gustarte