50% encontró este documento útil (2 votos)
898 vistas1 página

Fabula

El asno se negó a ayudar al perro cuando este le pidió que se agachara para que pudiera comer de la bolsa de comida, a pesar de las repetidas súplicas del perro. Más tarde, cuando un lobo amenazó al asno, este pidió ayuda al perro, pero este se negó a ayudar al asno recordándole sus propias palabras. El asno terminó siendo la comida del lobo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
50% encontró este documento útil (2 votos)
898 vistas1 página

Fabula

El asno se negó a ayudar al perro cuando este le pidió que se agachara para que pudiera comer de la bolsa de comida, a pesar de las repetidas súplicas del perro. Más tarde, cuando un lobo amenazó al asno, este pidió ayuda al perro, pero este se negó a ayudar al asno recordándole sus propias palabras. El asno terminó siendo la comida del lobo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

UNA GRAN FÁBULA SOBRE LA COOPERACIÓN Y LA EMPATÍA: EL ASNO Y EL

PERRO

Salió de paseo un campesino con su asno y su perro, pero a mitad de camino se sintió cansado
y decidió dormir un poco a la sombra de un árbol.
Los dos animales quedaron entonces libres y decidieron buscar algo para comer.
El asno pronto comenzó a degustar la hierba de un enormes campo de pasto, mientras el perro
iba de un lado a otro en busca de algún hueso que roer.
Al cabo de un rato, el perro se acercó al asno y le dijo:
– Amigo asno, no encuentro nada para comer. ¿Te importaría agacharte un poco para que pueda
llegar a la bolsa donde el amo guarda mi comida y poder comer un poco?
El asno, que estaba feliz en su campo, no quería perder ni un minuto en nada y decidió
hacerse el sordo. El perro insistió una y otra vez.
– Qué pesado es el perro– pensó el asno- Va listo si piensa que voy a hacerle caso. No pienso
pararme para que él pueda comer tranquilo.
Y como el perro no se daba por vencido, el asno al fin le dijo:
– Mira, perro, no voy a agacharme ni hacer lo que me dices. Lo mejor será que esperes en el
camino a que el amo se despierte y te de la comida como hace siempre.
El perro, decepcionado, se echó a un lado del camino y esperó.
De pronto, llegó un lobo hambriento, al que se le iluminaron los ojos al ver a lo lejos al asno.
El animal, al ver el peligro, comenzó a gritar:
– ¡Socorro! ¡Amigo perro, ayúdame! ¡Un lobo quiere comerme!
Y el perro, sin apenas inmutarse, dijo:
– Vaya, espera a que el amo se despierte y te ayude, como hace siempre.
Y el asno terminó convertido en almuerzo del lobo.
Moraleja: ‘Si no ayudas a otros ellos no te ayudarán a ti cuando lo necesites’

También podría gustarte