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Culto Mariano a la Virgen María

Este documento describe el culto a la Santísima Virgen María en la Iglesia Católica. Explica que María merece un culto especial, diferente al de adoración que se rinde a Dios, debido a su eminente dignidad como Madre de Dios. Detalla los tres tipos de culto (latría, dulía e hiperdulía) y los elementos integrantes del culto mariano como la veneración, el amor, la invocación y la imitación de sus virtudes. También resume brevemente la historia del culto a María en la Biblia y
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Culto Mariano a la Virgen María

Este documento describe el culto a la Santísima Virgen María en la Iglesia Católica. Explica que María merece un culto especial, diferente al de adoración que se rinde a Dios, debido a su eminente dignidad como Madre de Dios. Detalla los tres tipos de culto (latría, dulía e hiperdulía) y los elementos integrantes del culto mariano como la veneración, el amor, la invocación y la imitación de sus virtudes. También resume brevemente la historia del culto a María en la Biblia y
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El Culto a la Santísima Virgen

María

Es el reconocimiento de la excelencia de la
Madre de Dios, fundamento del culto
mariano, que lleva a la piedad filial como
Madre nuestra que es.

""María, elevada por la gracia de Dios por


encima de todos los ángeles y de todos los
hombres, como Madre de Dios Santísima,
es honrada por la Iglesia con un culto
especial, que difiere esencialmente del
culto de adoración que se rinde al Verbo
Encarnado, así como al Padre y al Espíritu
Santo... Ese culto enteramente singular la
Iglesia lo aprueba y favorece." (Conc. Vat.
II, Const. dogm. Lumen gentium, nn.66 y
67).

EL CULTO EN GENERAL

Se llama culto a la reverencia que damos a


Dios y a los santos por el honor que
merecen. El culto -debido a nuestra
condición humana corporal-, lleva al
hombre a exteriorizar esa reverencia, que
se manifiesta no sólo en actos interiores
sino también en prácticas externas. La
Iglesia señala oficialmente muchas
prácticas de culto debido a Dios y a los
santos, aunque cada cristiano movido por
su piedad, pueda realizar algunos otros
libre y espontáneamente.

Clases de culto

Hay tres clases de culto, por razón de la


distinta dignidad de aquellos a quienes se
ordena nuestra reverencia:

a) De latría o de adoración, que es debido


sólo a Dios, como soberano Señor y por su
infinita excelencia.

b) De dulía o de veneración, que es debido


a los ángeles y a los santos por la
excelencia de sus virtudes. Al honrar a los
santos estamos honrando a Dios, puesto
que Él se manifiesta en ellos y por ellos
somos atraídos hacia El.

El Concilio de Trento enseña la legitimidad


de este culto, en contra de los protestantes
que han querido ver en ello un modo de
superstición (cfr. Conc. de Trento, DZ. 941,
952 y 984).

c) Por último, el culto de hiperdulía o de


veneración suprema, que es el culto debido
a la Santísima Virgen en razón de su
eminente dignidad de ser la Madre de Dios.

La Sagrada Congregación de Ritos, Decreto


del 1-VI-1884, dice: "Se debe a María un
culto superior y eminente sobre los santos,
en cuanto que es la Madre de Dios"; (cfr.
Conc. Vat. II, Const. dogin. Lumenn
gentiumi, n.66 y, S.Th., II-II, q.103, a.4.).

EL CULTO A SANTA MARIA

Si la Virgen María es la Madre de Dios y


Madre nuestra, si es nuestra intercesora y
mediadora ante la Trinidad Beatísima, es
muy justo y propio de hijos agradecidos
que le correspondamos con un entrañable
amor, que se manifestará en un culto de
especial veneración como merece la Reina
del cielo.

Elementos integrantes del culto mariano

Se consideran elementos integrantes del


culto a María los siguientes:

a) Veneración. Es el reconocimiento de la
excelencia de la Madre de Dios,
fundamento del culto mariano, que lleva a
la piedad filial como Madre nuestra que es.

b) Amor. Que se desprende del


conocimiento íntimo de lo que es María y
de lo que Ella supone en la vida cristiana
de cada hombre. Ella es la Madre amable,
la Madre del Amor Hermoso. No se puede
amar a Cristo sin amar, en Él y por Él, a
quien lo hizo nuestro hermano.

c) Invocación. Como es Ella la Madre de


misericordia, el pueblo cristiano ha tenido
siempre la firme y fundada persuasión del
valimiento universal como celestial
intercesora.

d) Imitación. Imitar a María lleva consigo,


por su influjo maternal, una configuración
con su Hijo Jesucristo (cfr. Cone. Vat. II,
Const. dogm. Lumen gentium, n.66).

Lo anterior se puede resumir en las


palabras que nos recoge el Concilio
Vaticano II: "Recuerden los fieles que la
verdadera devoción no consiste ni en un
sentimentalismo estéril y transitorio ni en
una vana credulidad, sino que procede de
la fe auténtica, que nos induce a reconocer
la excelencia de la Madre de Dios, que nos
impulsa a un amor filial hacia nuestra
Madre y a la imitación de sus virtudes"
(Ibidem, n.67).

BREVE EXPOSICION HIS TORICA DEL


CULTO A MARIA

Una breve exposición histórica del culto a


María dará una mayor visión de la gran
incidencia que la veneración a María ha
tenido en el Pueblo cristiano.

En la Sagrada Escritura

a) El primer momento de veneración a


María lo registra San Lucas. Es del
Arcángel Gabriel cuando la saluda con re-
verencia diciéndole: "Dios te salve, María,
llena eres de gracia" (Lc. 1,28).

b) Más adelante, Santa Isabel alaba a


María cuando exclama: "Bendita tú entre
las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.
¿De dónde a mí que la Madre de mi señor
venga a visitarme? “ (Lc. 1,42 ss).

c) La misma virgen María profetiza, llena


de humildad y de gozo: "He aquí que me
llamarán bienaventurada todas las
generaciones, porque el Todopoderoso ha
hecho maravillas en mí" (Lc. 1,47).

d) Luego, años más tarde, cuando Jesús


hablaba, inesperadamente una mujer del
pueblo grita con toda su alma:
¡Bienaventurado el vientre que te llevó y
los pechos que te alimentaron!" (Lc.
11,27).

e) Después de la Ascención del Señor a los


cielos, los Apóstoles perseveraban en unión
con María, la Madre de Jesús (cfr. Hechos
1,4).

En el culto de la Iglesia

a) Durante los tres primeros siglos, ante la


imposibilidad de un culto externo y público
--debido a las persecuciones-, los
cristianos veneran a María en las pinturas
que se plasman en los murales de las
catacumbas. Con la paz constantiniana (en
el siglo IV), que permite el culto público, y
con el Concilio de Efeso (en el siglo V), que
define la divina Maternidad, el culto
mariano se extiende y propaga por todas
partes.

b) Desde el siglo IV y hasta nuestros días


se construye Iglesias dedicadas a la
Santísima Virgen, Basílicas, Santuario y
ermitas esparcidos por toda la tierra, como
lugares de especial encuentro con María, la
Señora del dulce Nombre.

c) Hace muchos siglos en la Iglesia se reza


o se canta el Oficio divino en honor a María
y, en todo el mundo, se celebran Misas
propias para honrarla.

d) De las oraciones litúrgicas que existen


para alabarla e invocar su protección y
auxilio maternales son tan, abundantes
que, sería interminable su enumeración
(cfr. Apéndice l).

e) En el Calendario litúrgico, tanto


universal como particular de países o
regiones, existen muchas celebraciones de
fiestas marianas, tales como la de la
Maternidad, la Anunciación, la Asunción, la
Natividad, la Inmaculada Concepción,
Nuestra Señora de Fátima, de Lourdes, del
Carmen y la solemnidad de Santa María de
Guadalupe, etcétera.

Plegarias marianas

a) La más antigua de las oraciones


marianas es la siguiente: "Bajo tu amparo
nos acogemos, Santa Madre de Dios; no
desprecies las súplicas que te dirigimos en
nuestras necesidades, antes bien, líbranos
de todos los peligros, oh Virgen gloriosa y
bendita".

b) La plegaria más universal y conocida en


todo el mundo es, sin lugar a dudas, el
Avemaría, iniciada en la liturgia oriental
hacia el siglo V y definitivamente fijada,
como la conocemos hoy, en el siglo XVI. El
Acordaos, cuya inspiración se atribuye a
San Bernardo. La Salve, que proviene del
siglo XI. El Angelus, que surge hacia el
siglo XIII y en el XVI adquiere su forma
definitiva etc.

c) Los Himnos en honor de María, como el


"Stabat Mater", "Ave Maris Stella", "Alma
Redemptoris Mater", etc.
d) La oración más difundida y más
recomendada por los Sumos Pontífices es
el Santo Rosario. Su origen y estructura se
remonta a las 150 Avemarías que los fieles
decían a imitación de los 150 salmos que
los monjes y clérigos recitaban en el Oficio
divino. Más tarde Santo Domingo de
Guzmán, por especial revelación -en el
siglo XIII-, le dio un notable impulso y
difusión. Desde entonces la Iglesia no ha
dejado de recomendarlo encarecidamente
a todos sus hijos.

En el rezo del Rosario se incluyen las


Letanías Lauretanas, cuya composición fue
progresiva. Se iniciaron desde los primeros
siglos, y se cantaban en el Santuario de
N.S. de Loreto: de ahí su nombre. El Papa
Clemente VIII (año de 1601) decretó que
se incluyeran en el rezo del Santo Rosario.

e) Las prácticas de piedad

Finalmente, las prácticas de piedad


surgidas en la Iglesia -de todo el Pueblo de
Dios- como manifestación espontánea del
culto a la Santísima Virgen, son
innumerables. Estas, por lo extenso y
detallado de cada una de ellas merecen ser
tratadas en capítulo aparte (cfr. Capítulo
14).

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