GEBER. Famoso alquimista sufí árabe, nacido en Khufa, en la Arabia meridional.
Abu Djabir ibn Hayyan al-Sufi, más
conocido en Occidente por Geber, fue llamado admirativamente «rey de los árabes y príncipe de los filósofos», siendo
para muchos el más grande de los filósofos herméticos que produjo el Islam. Nombre ABU MUSA JABIR IBN-HAY-YAN
(Nombre árabe)
Nacimiento alrededor del año 721 Nacionalidad Árabe
probablemente en Al-Kúfah (actual Irak) Otros nombres Jabir ibn Hayyan
Fallecimiento alrededor del año 815 Ocupación Alquimista
probablemente en Al-Kúfah
Obras destacadas Las mil y una noches
Después de la llegada del profeta Mahoma, las tribus árabes, en una gran explosión de sus ansias de expansión, se
extendieron por Europa occidental y África del Norte. Desorganizaron, aunque sin destruirlo, el Imperio romano oriental,
que había sobrevivido al ataque de los bárbaros (que acabaron con el Imperio de Occidente). El Imperio oriental es
conocido, principalmente después de las conquistas árabes, como Imperio bizantino, por ser Bizancio su capital.
Los árabes ocuparon Siria entre los años 630 y 640, que les convirtió de esta forma en herederos de la ciencia griega, lo
cual sería de importancia e incluso beneficioso para la historia de la ciencia. El avance científico se paró por completo en
lo que quedaba del Imperio romano durante mil años. El único nombre digno de mención en la historia de Bizancio es el
de Calínico. Europa occidental atravesaba en aquellos tiempos un perìodo bastante oscuro, y los árabes eran los únicos
capaces de conservar y transmitir toda la ciencia de los antiguos.
Además de conservarla, también introdujeron novedades, especialmente en alquimia. El primero y más importante
alquimista que hubo entre los árabes fue Geber (conocido por los europeos después de que sus trabajos se tradujeran
al latín). Hizo que la ciencia avanzara bastante desde el estado en que se quedó con Zósimo.
Geber vivió durante la hegemonía del poder árabe, que hubo de perderse en el reinado de Hárún al-Rashid, el famoso
califa de Las mil y una noches.
Geber fue amigo personal de Ja'Far alSádíq, vísir de Harún, y también, según se cree, simpatizante con la secta de los
Sufis, de donde salieron los famosos asesinos (que comían hashish-de ahí el nombre- y que eran criminales
profesionales). Esta secta no fue nunca muy popular entre el pueblo, cosa no de extrañar. Para empeorar la situación,
Ja'Far cayó del poder, siendo condenado a muerte. Por estas razones, ante la inseguridad en que se hallaba, Geber se
retiró a su pueblo natal, donde murió en paz.
Mientras tanto, le dio tiempo a realizar numerosos trabajos sobre alquimia. Está en duda el que todos los trabajos que
se le atribuyen sean realmente suyos, ya que algunos alquimistas posteriores creían ganar fama y respeto atribuyendo
sus descubrimientos a alquimistas famosos de tiempos anteriores. Esta idea permaneció mientras que la publicación de
un libro representaba un tremendo trabajo, y de ahí que poquísimos eran los que alguna vez aparecían en los libros. La
costumbre de las falsas atribuciones solo pudo perderse cuando al inventarse la imprenta todo el mundo pudo ver sus
libros publicados en ediciones numerosas.
Aportes
A la ciencia
Geber adquirió muy pronto un gran renombre por su maestría y erudición en un vasto campo de disciplinas que incluían
desde la astrología y astronomía hasta la filosofía y la música, pasando por la medicina y las matemáticas.
Geber escribió tal inmensa cantidad de tratados ---si bien la extensión de los mismos no sea equiparable en muchos
casos a los de un libro normal de nuestros días que es lógico pensar que se trataba de un ser superdotado. Una de sus
obras más importantes es la Summa de la perfección, en la que se puede hallar por primera vez uno de los principios
fundamentales de la alquimia: todos los metales están compuestos de dos elementos básicos: el azufre y el mercurio de
los filósofos.
Pero tanto el uno como el otro no corresponden a los elementos químicos conocidos por estos nombres; simplemente
hacen referencia a dos elementos constitutivos de la materia, y reciben esos nombres para despistar al profano. El
azufre de los filósofos contendría la naturaleza caliente y seca, mientras que el mercurio incorporaría lo frío y húmedo.
Geber afirmaba que todos los cuerpos químicos incluyen los cuatro elementos primordiales: tierra, agua, aire y fuego, de
los que ya había hablado Aristóteles. Identificaba esos elementos en una determinada sustancia mediante sucesivas
destilaciones. Cuando éstas se verificaban sobre materias orgánicas obtenía cuatro sustancias: un líquido que para él era
equivalente al que unía, un aceite de características inflamables en el que suponía que se encontraba el elemento aire;
una sustancia combustible que equiparaba al fuego y, por último una especie de residuo mineral que equivaldría al
elemento tierra.
Sherwood Taylor, al referirse a este gigante de la alquimia, escribe:
«Geber pensaba que, de esta manera, el alquimista podía obtener el elemento completamente frío de su "agua", el
elemento totalmente húmedo de su "aceite", el seco de su "tierra, y el cálido de su "tintura".
Este último término parece designar a una sustancia que anuncia la Piedra, filosofale, pues la describe como un cuerpo
transparente, brillante, lustroso y rojo.
Cabe pensar que dicho elemento faltaba en los metales vulgares y estaba presente en el oro. Después de haber
obtenido esos "elementos puros", el alquimista los mezclaba según proporciones muy específicas a fin de elaborar el
elixir conveniente. Éste se aplicaba a un metal cualquiera, de una manera por demás complicada, y entonces se producía
la transmutación.»
A la filosofía
En el campo de la filosofía y de la mística Geber participó de manera intensa en el sufismo y, en consecuencia, en sus
trabajos alquímicos buscaba no tanto la transmutación de los metales como la del propio individuo.
RHAZES, (que así es su nombre latinizado), fue un médico y alquimista persa. No tuvo conexión tan estrecha con la
corte del califa como Geber, aunque, por lo menos, tuvo la notoriedad de nacer en el pueblo de Hárún al-Rashíd. Fue el
primero en introducir el uso sistemático de preparados químicos en la terapéutica. Su fama se difundió sobre todo por
su obra enciclopédica de la medicina llamada el-Hawi, Continens en su traducción latina, obra póstuma recopilada por
sus discípulos. Rhazes fue el gran clínico del Islam. Rechazó la idea de que las enfermedades podían diagnosticarse
mirando sólo la orina.
Nombre ABÍJ-BAKR MUHAMMAD IBN ZA-KARIYA' AL-RAZI (Nombre árabe)
Nacimiento hacia el año 850
Rai (actual Rhages, cerca de Teherán, en lo que hoy es Irán)
Fallecimiento hacia el año 923
Rai
Nacionalidad Persa
Ocupación Médico y alquimista
Obras destacadas Kitab-el-Mansuri, El libro de Mansur
Nacido en la localidad persa de ar-Rayy (de donde toma su nombre), la actividad de este célebre médico árabe no se
redujo al ejercicio de la medicina; sus estudios abarcaron también la alquimia, la filosofía, lasmatemáticas y la física.
Estudió primero filosofía y música, y fue un gran guitarrista. Su interés por la medicina nació de sus visitas a un amigo
farmacéutico en un hospital y con quién discutía temas médicos. Inició sus estudios médicos a los treinta años. Después,
dirigió un hospital en su ciudad natal. Su fama llegó rápidamente a Bagdad.
Trayectoria
Fue director de un hospital en su ciudad natal, pero dado su prestigió fue llamado por el califa, que lo nombró médico de
la corte y director de un hospital en Bagdad. Murió ciego y sin ninguna fortuna. Abogó por la transmisión de los
conocimientos teóricos al médico antes de acumular experiencia práctica. Logró la fama por sus excelentes diagnósticos
y descripciones de sus propias observaciones y cuadros clínicos. Tomó partido sobre cuestiones de ética médica.
Aportes
Hacia los años 880, Rhazes, en una visita que hizo a Bagdad, se cuenta que se encontró un viejo boticario que le fascinó
con sus historias de medicina y enfermedades. Rhazes decidió estudiar medicina, acabando como jefe del mayor
hospital de Bagdad. Se le atribuye al haber distinguido claramente por primera vez la viruela del sarampión.
Rhazes, como Geber, describió tan meticulosamente sus experiencias que químicos modernos pueden repetirlas
perfectamente para verificar su trabajo. Preparó lo que hoy se conoce como «escayola de París», por ejemplo,
describiendo su utilidad para escayolar huesos partidos y mantenerlos unidos.
También estudió y descubrió el antimonio metálico.
Compartió con Aristóteles el placer de clasificar y, según se cree, fue el primero en dividir la totalidad de las sustancias
en los tres reinos: animal, vegetal y mineral. También fue un importante escritor de temas médicos, describiendo
cuidadosamente enfermedades como viruela y sarampión.
Siguió la corriente de Geber sobre el mercurio y el azufre como los dos principales ingredientes de toda sustancia sólida,
a los que añadió la sal como un tercero.
Obra
Las obras de Rhazes versan sobre filosofía, teología, astronomía, alquimia, matemáticas, física, química y medicina. De
entre todos se citan los siguientes: Liber continens, sobre la ciencia de los médicos griegos de la Antigüedad; Liber ad
almansorem, texto, aún hoy en día, muy usado por médicos y estudiantes; Sobre la viruela y el sarampión, donde detalla
de manera precisa estas enfermedades. Aunque conoció las enseñanzas de Galeno y de Hipocrátes, se basó en sus
propias experiencias para sanar a sus pacientes.
Famoso es su Kitab-el-Mansuri, El libro de Mansur, un conciso manual de medicina que prestó valiosos servicios en la
enseñanza. Particularmente estimada hoy es su monografía sobre la viruela y el sarampión, la primera sobre esta
materia. Es una obra clásica con excelentes descripciones de clínica y en que se diferencian por primera estas
enfermedades.
Avicena
(Abu'Ali al-Husayn ibn'abd Allah ibn Sina; Bujara, actual Irán, 980 - Hamadan, id., 1037) Médico y filósofo persa
considerado, junto a Averroes, la más destacada figura de la filosofía árabe medieval. Los trabajos de ibn Sina (Avicena
es una latinización de su nombre) abarcaron todos los campos del saber científico y artístico de su tiempo, e influyeron
en el pensamiento escolástico de la Europa medieval, especialmente en los franciscanos.
Avicena
Educado por su padre en Bujara (pasó toda su vida en las regiones del centro y el este de Irán), a los diez años ya había
memorizado el Corán y numerosos poemas árabes. Estudió medicina durante su adolescencia, hasta recibir, con sólo
dieciocho años, la protección del príncipe Nuh ibn Mansur, lo cual le permitó entrar en contacto con la biblioteca de la
corte samánida.
Su vida sufrió un brusco cambio con la muerte de su padre y la caída de la casa samánida por obra del caudillo turco
Mahmud de Ghazna. Necesitó echar mano de su gran capacidad de concentración y de su enorme fuerza intelectual
para continuar su extensa labor con una meritoria consistencia y continuidad.
Durante el siguiente período de su vida ejerció la medicina en diversas ciudades de la región de Jorasan, hasta recalar en
la corte de los príncipes Buyid, en Qazvin. En estos lugares no encontró el soporte social y económico necesario para
desarrollar su trabajo, por lo que se trasladó a Hamadan, ciudad gobernada por otro príncipe Buyid, Shams ad-Dawlah,
bajo cuya protección llegó a ocupar el cargo de visir, lo que le valió no pocas enemistades que le obligaron a abandonar
la ciudad tras la muerte del príncipe.
Fue en esta época cuando escribió sus dos obras más conocidas. El Kitab ash-shifa' (Libro de la curación) es una extensa
obra que versa sobre lógica, ciencias naturales (incluso psicología), el quadrivium (geometría, astronomía, aritmética y
música) y sobre metafísica, en la que se refleja la profunda influencia de Aristóteles y, en ciertos aspectos y a través del
neoplatonismo, de Platón.
El Al-Qanun fi at-tibb (Canon de medicina), el libro de medicina más conocido de su tiempo, es una compilación
sistematizada de los conocimientos sobre fisiología adquiridos por médicos de Grecia y Roma (fundamentalmente, los
de Hipócrates y Galeno), a los que se añadieron los aportados por antiguos eruditos árabes y, en menor medida, por sus
propias innovaciones. Por último se trasladó a la corte del príncipe 'Ala ad-Dawlah, bajo cuya tutela trabajó el resto de
sus días.
Averroes
(Abu-l Walid Muhammad ibn Rusd, Averroes en su forma latinizada; Córdoba, 1126 - Marrakech, 1198) Filósofo
hispanoárabe. De familia muy distinguida, su padre había sido cadí de Córdoba durante cierto tiempo. Su abuelo (que
llevaba el mismo nombre que él, Abu l-Walid Muhammad), había desempeñado este cargo durante largo tiempo, y
había sido luego una autoridad en derecho malikita y consejero de varios soberanos y príncipes.
Averroes
Averroes continuó la tradición jurídica de la familia y alcanzó, siendo muy joven, fama de gran jurisconsulto, apoyada en
el libro Punto de partida del jurista supremo y de llegada del jurista medio. Estudió al mismo tiempo teología y materias
literarias. Hasta este momento no había salido de los programas ordinarios escolares de su tiempo; pero no paró aquí y
se dio a conocer al mismo tiempo como médico de gran valor.
Además de medicina, estudió astronomía en el Almagesto, del que hizo un compendio, y filosofía, en la que le iniciaron,
sobre todo, las obras de Ibn Bayya, el filósofo hispanoárabe muerto en 1139, conocido en Europa con el nombre de
Avempace. Conoció, pues, todo lo conocido en su tiempo y en su ambiente, y a lo largo de su vida no dejó de
profundizar, no sólo con nuevas lecturas, sino también con reflexiones y observaciones directas; tanto, que uno de sus
biógrafos dice de él que desde la edad de la razón hasta su muerte no cesó de estudiar, salvo el día de su boda y el de la
muerte de su padre.
El primer califa almohade 'Abd al-Mumin (1130-1163) le confió varias misiones; su sucesor Yusuf (1163-1184) lo tuvo en
gran estima. El soberano era entendido en filosofía y planteó problemas de esta disciplina a Averroes cuando le fue
presentado por el médico de la corte Ibn Tufayl, otro filósofo hispanoárabe conocido en Occidente por la novela místico-
filosófica Hayy ibn Yaqzan.
Al principio, Averroes se mostró reticente, porque conocía (y tendría amarga experiencia de ello al fin de su vida) los
riesgos de profesar la filosofía en un ambiente que tendía a identificarla con la herejía; pero cuando vio que el mismo
califa planteaba un tema arriesgado, ya no vaciló y conquistó con su doctrina el ánimo de su interlocutor, quien le regaló
una gran suma, un suntuoso abrigo de pieles y una bella cabalgadura. Lo nombró además médico de corte y le confió, en
España y en Marruecos, una serie de misiones que culminaron en 1182 con el nombramiento de cadí de los cadíes de
Córdoba.
Bajo el reinado del sucesor de Yusuf, Yaqub al-Mansur (1184-1199), continuaron los honores; pero en 1195, el califa,
cediendo a las presiones de los teólogos y de los canonistas, que veían en las ciencias profanas, y sobre todo en la
filosofía, un peligro para la religión, publicó un decreto contra los cultivadores de estas disciplinas y confinó en Lucena,
arrabal situado a poca distancia de Córdoba, a su protegido, que había sufrido el disgusto de ver cómo se quemaban sus
obras en la plaza pública y de verse expulsado, juntamente con su amigo Ibn Zuhr (Avenzohar), de la mezquita por la
plebe fanatizada. Tres años después, en 1198, el califa revocó sus edictos y volvió a llamar junto a sí a Averroes, que
murió pocos meses después en Marrakesh.
La filosofía de Averroes
Averroes fue conocido en Occidente como "el Comentador" por haber traducido y divulgado las obras de Aristóteles. De
entre sus numerosas obras, destacan precisamente los Comentarios a Aristóteles, de los cuales existen el Comentario
mayor (1180), en el que explica frase por frase el corpus aristotélico; el Medio, en el que explica el conjunto de los
textos, y el Pequeño comentario o paráfrasis (1169-78), que resumía su significado general. También comentó La
república de Platón.
Entre las grandes inquietudes de Averroes destacó la de delimitar las relaciones entre filosofía y religión. Para Averroes,
la religión verdadera se encuentra en la revelación contenida en los libros sagrados hebreos, cristianos y musulmanes.
Pero libros como el Corán, aun siendo base de la religión verdadera, están dirigidos a todos los hombres, y no todos
tienen la misma capacidad de comprensión. La verdad auténtica sólo la alcanzan los filósofos, que basan sus
conocimientos en demostraciones rigurosas y absolutamente lógicas. Es obligación de los filósofos descubrir, más allá
del sentido literal del libro sagrado, la idea oculta bajo las imágenes y los símbolos.
Así, el Corán ofrece una religión natural, de acuerdo con las enseñanzas de la experiencia común, y capaz de ser
entendida por la mayoría de la gente que no va más allá de la imaginación en su forma de entender. En este contexto se
ubican las dos pruebas sobre la existencia de Dios propuestas en el Corán. Primera: el mundo no puede deberse al azar,
sino que es obra de un creador, porque todo él está adaptado y ordenado para mantener la vida del hombre, de los
animales y de las plantas. Todo lo que existe está orientado al servicio del hombre. La segunda: la admirable disposición
y coordinación de todas las cosas entre sí exige un creador. Esto constituye la religión natural a la cual podrían haber
llegado los hombres a través de las cosas sensibles, con la sola fuerza de su razón, aunque con mucho trabajo, después
de largo tiempo y con riesgo de muchos errores.
Pero el Corán ofrece también otras doctrinas reveladas, y su originalidad respecto a otros libros sagrados consiste en
que ha expuesto los tres principios esenciales de toda religión en un lenguaje asequible a todos los hombres; es decir, en
el nivel de la imaginación. Esos tres principios son: la creencia en Dios creador del mundo, la creencia en la existencia de
los ángeles y en la misión de los profetas, y la creencia en la vida del más allá con el premio o castigo correspondiente a
cada uno. Esta enseñanza se dirige a todos los hombres. Pero a los filósofos y científicos no les ofrece ideas concretas,
sino "sugerencias" en torno a una realidad suprasensible que deben desarrollar.
El eje de la filosofía de Averroes es la diferenciación entre el conocimiento humano y el divino. El conocimiento humano,
basado en las cosas sensibles, es de los sentidos y de la imaginación; no es un conocimiento objetivo, el cual se define
como "unidad e identidad perfecta bajo todo aspecto entre el sujeto y el objeto". El conocimiento humano mantiene
necesariamente una inevitable pluralidad al no estar nunca los inteligibles totalmente desligados de las formas
imaginativas. Además es incompleto, porque no capta la esencia de las cosas, sino sólo los "accidentes" de las
sustancias.
El conocimiento divino intuitivo, por el contrario, no depende de las cosas exteriores a la mente, sino que las cosas
dependen de su conocimiento, que es la causa y razón de la existencia de ellas, y abarca la infinidad de todas juntas. No
se basa en la multiplicidad debida a la clasificación de los seres, sino en la unidad orgánica de la esencia de los seres, en
cada uno de los cuales se manifiesta la sabiduría divina, unidos entre sí según un orden y coherencia. Dios, conociéndose
a sí mismo, produce las cosas, y ese conocimiento es en sí la concreta realidad objetiva del mundo.
Al doble conocimiento corresponden dos modos en la realidad. La realidad nouménica del universo es el objeto del
conocimiento intuitivo divino. Ese conocimiento divino es a la vez idéntico a Dios, porque la actividad cognoscitiva de
Dios es la misma actividad productora del mundo. En esta realidad nouménica el mundo es una creación continua de la
fuerza inmanente en él.
El otro modo es la realidad fenoménica, objeto del conocimiento discursivo cuya mayor realización se da en la filosofía
griega con Platón y Aristóteles. Según Averroes, el mérito de estos filósofos está en haber reconocido la necesidad de la
existencia de una realidad nouménica superior (principio supremo, Dios), pero erraron al hablar de ese primer principio
en términos derivados del conocimiento empírico. No se puede pensar en la voluntad divina al modo de los agentes de
la realidad fenoménica. Averroes señala su posición al respecto en esta escueta afirmación: "Dios conoce las cosas no
porque tenga un determinado atributo, sino porque éstas son producidas por él en cuanto él las conoce". O sea, que la
actividad cognoscitiva de Dios es por sí misma creadora del mundo.
Siendo el conocimiento de Dios el origen del mundo, está claro que éste, lo mismo que su hacedor, no puede tener
principio ni fin. Es nuestra mente quien concibe el principio y el fin del mundo, al considerar la realidad bajo la categoría
subjetiva del tiempo. Averroes trata el problema de la distinción entre tiempo verdadero (tiempo-duración) y tiempo
abstracto (tiempo-medida) en su breve tratado Solución al problema: creación o eternidad del mundo. El tiempo
verdadero no se compone de momentos temporales separados por un principio y un fin. Debe ser considerado, más
bien, como una circunferencia en la que todo punto es al mismo tiempo principio y fin de un arco. El tiempo abstracto es
el tiempo abstraído de la realidad del mundo, que se le aplica como medida, y es representado como línea recta (ya sea
ésta finita o infinita).
Averrroes sostuvo además el monopsiquismo, es decir, la existencia de una sola mente (alma) supraindividual y
universal, de la que la inteligencia (psique) sería una simple y provisional manifestación. Es decir: el hombre no posee un
alma propia, sino que participa, hasta que muere, del alma colectiva. Contrariamente a las enseñanzas del cristianismo y
del islam, desde el punto de vista del individuo no existe ninguna esperanza de eternidad: el alma individual está
destinada a morir con el cuerpo.
Nociones como ésta valieron a Averroes una condena de exilio (en 1195) y suscitarían la sospecha de herejía en el
averroísmo latino, orientación filosófica difundida después de 1270 en Occidente y muy particularmente en París,
gracias a las enseñanzas de Siger de Brabante. En 1277, el arzobispo Stefano Tempier condenó 219 tesis sostenidas por
aristotélicos averroistas, empezando así una polémica filosófica que no terminaría hasta el Renacimiento.
La orientación averroísta que elevaba a Aristóteles a la categoría de auctoritas incluso por encima de la Biblia se
difundiría a partir del siglo XIII entre las magistri artium, los profesores de formación laica que controlaban en las
universidades la enseñanza de las scientiae (aritmética, música, geometría) y de la scientia prima, la metafísica
aristotélica. El choque entre estos intelectuales y la ortodoxia religiosa alcanzó su cima con el Tomismo, pero a pesar de
la influencia de Santo Tomás de Aquino (para quien Averroes había desfigurado las enseñanzas de Aristóteles), el
espíritu del Averroísmo sobrevivió en la tradición aristotélica del Renacimiento (en particular en Pietro Pomponazzi). Su
llamada a la superioridad de la razón sobre la fe, al valor de la filosofía natural (la práctica científica) en oposición a la
teología, se convirtió en un importante regulador de la mentalidad científica moderna. En Oriente, en cambio, la filosofía
de Averroes pasó prácticamente desapercibida.
San Alberto Magno
(Lauingen, c. 1193 - Colonia, 1280) Filósofo y teólogo alemán. Acaso descendiente de los condes de Bollstädt, Alberto
Magno estudió filosofía, matemáticas y medicina en París y en Padua y cursó teología en Bolonia. Fue profesor en
Colonia (donde tuvo como discípulo a Tomás de Aquino) y en otras ciudades.
San Alberto Magno
Rector de la Universidad de Colonia (1249), provincial de los dominicos alemanes (1254) y obispo de Ratisbona (1260),
Alberto renunció al episcopado a los dos años; en 1274 predicó en Alemania y en Bohemia la cruzada de Gregorio X y
asistió al Concilio de Lyon.
Sin su aportación enciclopédica (sirviéndose de los filósofos, teólogos, matemáticos y médicos musulmanes y judíos), la
síntesis de su discípulo Santo Tomás de Aquino hubiera sido imposible. San Alberto Magno distinguió y exigió delimitar
los ámbitos de la fe y de la razón, se dedicó a estudios experimentales y fue un gran investigador (sobre todo en
química, campo en el que se le deben descubrimientos). Conocido como Doctor universalis, es doctor de la Iglesia y fue
canonizado en 1931 por el papa Pío XI. Su festividad se celebra el 15 de noviembre.
Roger Bacon
(Tambier llamado Rogerio o Rogelio Bacon; Ilchester, c. 1220 - Oxford, 1292) Filósofo, científico y teólogo inglés cuyos
acercamientos a la ciencia desde una perspectiva experimental preludiaron la crisis que experimentaría en el siglo
siguiente la filosofía escolástica. Roger Bacon estudió en Oxford y se trasladó a París en 1236; tras hacerse franciscano,
comentó las obras de Aristóteles y, desde 1247, se dedicó a estudios científicos.
Roger Bacon
De nuevo en Oxford (1251), escribió los tratados De los espejos y De la multiplicación de las especies, y una Metafísica;
sin embargo, en 1257, se le prohibió enseñar y volvió a París. A instancias de su protector, el papa Clemente IV,
emprendió los Communia naturalium (un balance de la ciencia de su época), que abandonó para escribir el Opus
maius (1267-1268), obra que envió al papa junto con la ya citada sobre las especies y otras dos (Opus minus y Opus
tertium), y escribió también un Compendio del estudio de la filosofía.
En 1277 el general de los franciscanos, Jerónimo de Ascoli, tachó de sospechosas sus obras (sobre todo por sus ataques
a San Alberto Magno y a Santo Tomás de Aquino); condenadas sus tesis, estuvo en prisión hasta 1292. Ya en libertad, no
pudo concluir su Compendio del estudio de la teología.
Científico avanzado a su tiempo, captó los errores del calendario juliano, señaló los puntos débiles de la astronomía
de Ptolomeo, indicó en óptica las leyes de reflexión y los fenómenos de refracción, comprendió el funcionamiento de los
espejos esféricos, ideó una teoría explicativa del arco iris, describió ingenios mecánicos (barcos, coches, máquinas
voladoras) y tomó de los árabes la fórmula de la pólvora de cañón.
Difusor (en París) y luego crítico de Aristóteles, Roger Bacon adoptó una doctrina de los universales de tipo
conceptualista y propuso la «ciencia experimental» como alternativa a la dialéctica escolástica; sin embargo, todo ello se
basaba en una cosmovisión creyente, según la cual la ciencia se apoya en la teología (don divino) y la filosofía -su
servidora- procede de la revelación desde Adán.
Santo Tomás de Aquino
(Llamado Doctor Angélico; Roccaseca, actual Italia, 1224 - Fossanuova, id., 1274) Teólogo y filósofo italiano. Máximo
representante de la filosofía escolástica medieval, abordó brillantemente una profunda y perdurable reformulación de la
teología cristiana, que apenas había recibido aportaciones relevantes desde los tiempos de San Agustín de Hipona, es
decir, durante los ocho siglos anteriores.
Santo Tomás de Aquino
Hijo de una de las familias aristócratas más influyentes de la Italia meridional, estudió en Montecassino, en cuyo
monasterio benedictino sus padres quisieron que siguiera la carrera eclesiástica. Posteriormente se trasladó a Nápoles,
donde cursó estudios de artes y teología y entró en contacto con la Orden de los Hermanos Predicadores. En 1243
manifestó su deseo de ingresar en dicha Orden, pero su familia se opuso firmemente, e incluso su madre consiguió el
permiso de Federico II para que sus dos hermanos, miembros del ejército imperial, detuvieran a Tomás. Ello ocurrió en
Acquapendente en mayo de 1244, y el santo permaneció retenido en el castillo de Santo Giovanni durante un año. Tras
una queja de Juan el Teutónico, general de los dominicos, a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto en
libertad. Luego se le permitió trasladarse a París, donde permaneció desde 1245 hasta 1256, fecha en que obtuvo el
título de maestro en teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de San Alberto Magno, con quien entabló una duradera amistad. Les unía -además
del hecho de pertenecer ambos a la Orden dominica- una visión abierta y tolerante, aunque no exenta de crítica, del
nuevo saber grecoárabe, que por aquellas fechas llegaba masivamente a las universidades y centros de cultura
occidentales. Tras doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los dominicos, tarea que compatibilizó con la
redacción de sus primeras obras, en las cuales empezó a alejarse de la corriente teológica mayoritaria, derivada de las
enseñanzas de San Agustín de Hipona.
En 1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta 1268 al servicio de la corte pontificia en calidad de instructor y
consultor del Papa, a quien acompañaba en sus viajes. Durante estos años redactó varios comentarios al Pseudo-
Dionisio y a Aristóteles, finalizó la Suma contra los gentiles, obra en la cual repasaba críticamente las filosofías y
teologías presentes a lo largo de la historia, e inició la redacción de su obra capital, la Suma Teológica, en la que estuvo
ocupado entre 1267 y 1274 y que representa el compendio último de todo su pensamiento.
Tomás de Aquino supo resolver la crisis producida en el pensamiento cristiano por el averroísmo, interpretación del
pensamiento aristotélico que arranca del filósofo árabe Averroes (1126-1198). El averroísmo resaltaba la independencia
del entendimiento guiado por los sentidos y planteaba el problema de la doble verdad, es decir, la contradicción de las
verdades del entendimiento y las de la revelación.
En oposición a esta tesis, defendida en la Universidad de París por Siger de Brabante, afirmó la necesidad de que ambas
fueran compatibles, pues, procediendo de Dios, no podrían entrar en contradicción; ambas verdades debían ser,
además, complementarias, de modo que las de orden sobrenatural debían ser conocidas por revelación, mientras que
las de orden natural serían accesibles por el entendimiento; filosofía y teología son, por tanto, distintas y
complementarias, siendo ambas racionales, pues la teología deduce racionalmente a partir de las premisas reveladas.
A medio camino entre el espiritualismo agustiniano y el naturalismo emergente del averroísmo, defendió un realismo
moderado, para el cual los universales (los conceptos abstractos) existen fundamentalmente in re (en las cosas) y sólo
formalmente post rem (en el entendimiento). En último término, Tomás de Aquino encontró una vía para conciliar la
revalorización del mundo material que se vivía en Occidente con los dogmas del cristianismo, a través de una inteligente
y bien trabada interpretación de Aristóteles.
RAMÓN LLUL
Datos biográficos
Orden religiosa: Franciscano
Nacimiento: 25-I-1235
Fallecimiento: 29-VI-1315
Biografía
Ramon Llull, predicando
Ramón Llul (Raimundo Lulio), fue el hombre en quien se hizo carne y sangre el espíritu aventurero, teosófico y visionario
del s. XIV, junto con el saber enciclopédico del s. XIII. En el beato mallorquín, artista de vocación ingenua y nativa, se
confunden la teología y la filosofía, la contemplación y la vida activa, y toman forma plástica en viajes y peregrinaciones,
en proyectos y en obras de la más diversa envergadura. Dentro del cuadro general del Medioevo cristiano es la suya una
de las figuras de mayor relieve, y, en todo caso, es la más destacada y ecuménica que produjo el espíritu catalán en el
momento de su mayor pujanza creadora. Su vida fue potenciada por un inextinguible amor hacia Dios, a cuya
contribución puso su desbordante actividad y unos conocimientos vastísimos, los cuales, adoptando en parte el
pensamiento científico y filosófico de los árabes, que era ya del acerbo común de la cultura europea de la época,
arrancan directamente de San Agustín y se amplían en la afinidad espiritual de San Buenaventura.
Se ha escrito que su biografía es una novela. Hijo de uno de los caballeros catalanes que acompañaron a Jaime I en la
conquista de Mallorca, Ramón Lull nació en esta ciudad hoy Palma entre 1232 y 1235 (la fecha tradicional es la de 25-I-
1235. Su juventud fue un continuo tejer en devaneos. Por lo ilustre de su cuna ocupó los cargos de senescal y
mayordomo del rey Jaime II de Mallorca. Pero ni la responsabilidad del oficio palatino ni la del matrimonio con Blanca
Picany (1256) le hicieron sentar la cabeza. Continuó en su liviana vida hasta que a los treinta años de edad —quizá a
consecuencia de sus desamores con Ambrosia de Castelló, según pretende la tradición—, Ramón renunció a las
vanaglorias del mundo para ofrecer el amor de su gran alma al señor.
Ingresó en la orden tercera de San Francisco, y se propuso la cruzada a Tierra Santa, la predicación del evangelio a los
infieles y la elaboración de un método pedagógico nuevo para convencer a los musulmanes y judíos, de modo racional,
sobre la verdad de los dogmas de la fe católica. En este sentido respondía a las corrientes religiosas unificadoras de la
política catalana contemporánea. Después de una peregrinación de santuario en santuario, Lull dedicó nueve años a
dominar el latín y el árabe. Fruto de este periodo fueron el Libre de contemplació y el Ars compendiosa, el primero,
relato de sus experiencias místicas, el segundo, exposición de los principios esquemáticos de todo saber (1277).
Completadas sus armas de propaganda, logró que Jaime I de Mallorca obtuviera del papa Juan XXI la fundación de un
colegio de lenguas orientales en Miramar para que se instruyeran en él los religiosos franciscanos que se propusieran
convertir a los infieles (1276). Desde entonces no cejó en sus propósitos, los cuales le llevaron por todos los caminos de
Europa y los rumbos del Mediterráneo.
Las ideas básicas de su programa las expuso por esta época en el Blanquerna (1283), la primera novela autobiográfica de
contenido filosófico o social. Después de un viaje por Tierra Santa, Egipto y los principales países cristianos, se dirigió con
sus propósitos a los papas Nicolás III y Honorio IV, al rey Felipe el Hermoso de Francia y a la Universidad de París. Aquí
explicó en 1287 y aquí compuso otra de sus obras famosas: Félix de les meravelles del món.
Después de instar de Nicolás IV que convocara a los pueblos cristianos a una cruzada general contra el Islam, Ramón se
embarca solo para Túnez (1292), donde evangeliza con peligro de su propia vida. Apaleado y apedreado, regresa a
Europa. De nuevo apremia a los papas —Celestino V y Bonifacio VIII— para que no demoren sus proyectos. Pero no se
le escucha (1292). Escribe el Desconori, donde da rienda suelta a su amargura (1295).
Pero pasado este momento de pesimismo, vuelve a animarse y escribe y predica con más fuerza que nunca. En 1297, en
París, arremete con vigor contra los averroístas, insiste cerca de Felipe el Hermoso de Francia, busca en todas partes
apoyo a su política oriental. En aquella Europa entregada a los conflictos personales más insignificantes, Lull eleva su
figura de gigante e indica a todos la misión inaplazable: la destrucción de los turcos, aunque sea aliándose con los
tártaros. Con este propósito visita Chipre (1299), Rodas y Malta. De regreso, reanuda sus gestiones en las cortes de
Montpellier y Barcelona, insiste cerca de Clemente V (1305), y, por último emprende otra misión a las costa de África.
Logra salvarse, de milagro, en Bugía (1306), donde es encarcelado y azotado. Tantas calamidades no abaten su espíritu
sobrehumano. Rescatado por los comerciantes catalanes y genoveses, pasa a Francia.
En Aviñón visita al papa Clemente V, al que ofrece uno de sus tratados (1309); en París reanuda su lucha contra el
averroísmo en unas lecciones sensacionales (1309-1311); en Viena de Francia, con motivo de la celebración de un
concilio, consigue de él que decrete la institución de enseñanza de lenguas semítica en la universidades de Europa
(1311). En cambio, no obtiene la fusión de las órdenes militares en una sola ni la prohibición del averroísmo.
En contacto con el rey Federico o Fadrique de Sicilia, Ramón Lull, ya octogenario, se embarca para Túnez en 1314,
probablemente del puerto de Palma de Mallorca, o quizá del de Mesina. En la ciudad africana es de nuevo perseguido y
martirizado. Agonizante, es recogido por unos mercaderes genoveses y conducido a Europa. La tradición quiera que Lull
expire frente a las costas de su isla natal el 29-VI-1315. Así murió aquel ser extraordinario, orgullo imperecedero de una
nación, quien pese a su vida activísima, aun tuvo tiempo para componer más de quinientos libros —algunos de
atribución dudosa—. En sus obras de filosofía medieval habló por primera vez en lengua romance.
Basilio Valentín
(Alsacia, c. 1394) Alquimista centroeuropeo. Fue monje benedictino en Erfurt (Prusia). Estudió medicina y utilizó el
antimonio como medicamento. Realizó interesantes investigaciones sobre metalurgia y amalgamas y describió la forma
de preparar el ácido clorhídrico. De entre sus obras, publicadas en 1600, destacan El carro triunfal del
antimonio y Tratado quimicofilosófico de los metales y de los minerales.