0% encontró este documento útil (0 votos)
144 vistas30 páginas

Evolución de la Protectoría de Indios

Este artículo examina la evolución del cargo de Protector de Indios en el Virreinato del Perú desde su creación a mediados del siglo XVI hasta su inclusión oficial en la Real Audiencia de Lima en el siglo XVIII. Inicialmente, el cargo estaba ligado al proceso de evangelización y supervisión de conquistadores, pero luego Francisco de Toledo lo reorganizó para optimizar la administración y control de los recursos indígenas. Para el siglo XVII, la élite criolla logró otorgarle el estatus de fiscal, aumentando su influencia

Cargado por

Emiliano Garcia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
144 vistas30 páginas

Evolución de la Protectoría de Indios

Este artículo examina la evolución del cargo de Protector de Indios en el Virreinato del Perú desde su creación a mediados del siglo XVI hasta su inclusión oficial en la Real Audiencia de Lima en el siglo XVIII. Inicialmente, el cargo estaba ligado al proceso de evangelización y supervisión de conquistadores, pero luego Francisco de Toledo lo reorganizó para optimizar la administración y control de los recursos indígenas. Para el siglo XVII, la élite criolla logró otorgarle el estatus de fiscal, aumentando su influencia

Cargado por

Emiliano Garcia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Desde el Sur | Volumen 4, número 1, Lima; pp.

27-56

La evolución de un cargo:
la Protectoría de Indios en el virreinato peruano1
Javier Iván Saravia Salazar
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
javier82_ht@[Link]

RESUMEN
El presente artículo examina el rol del protector de in-
dios en el virreinato peruano, desde su aparición, a media-
dos del siglo XVI, hasta su inclusión oficial en la Real Au-
diencia de Lima, en el siglo XVIII. Se propone un análisis
político de los cambios experimentados por la Protecto-
ría, considerando a esta como un espacio en donde podía
ejercerse «poder». La Protectoría era, además, un espacio
de interacción entre diversos actores sociales del virreina-
to (la Corona española, la Iglesia católica, clérigos, corregi-
dores, protectores, curacas y caciques, autoridades locales,
e inclusive el propio virrey), a través de la cual podían ejer-
cer presiones y satisfacer intereses muy concretos.

PALABRAS CLAVE
Virreinato, siglos XVI–XVIII, protector de indios, poder.

ABSTRACT
This article examines the role of the protector de indios
in the Peruvian Viceroyalty, since his creation, in the midd-
le of XVI century, until his official inclusion in the Real Au-
diencia of Lima, in the XVIIII century. We propose a political
analysis of the changes experimented in the Protectoría,
considering it as a space where «power» could be exer-
cised. The protectoria was a space of interaction among
different social actors of the Viceroralty (the Spanish Mo-
narchy, the Catholic Church, clergymen, corregidores,

1 Este artículo se basa en mi tesis de licenciatura en Historia: «Los miserables y el protector.


Evolución de la Protectoría de Indios en el virreinato peruano. Siglos XVI–XVIII», Universidad
Nacional Mayor de San Marcos, 2012.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 27


Javier Iván Saravia Salazar

protectores, curacas y caciques, local authorities and even


the own viceroy) through they can exercise pressure and
satisfies concrete interests.

KEYWORDS
Viceroyalty, XVI–XVIII centuries, Protector de Indios,
power.

Introducción
El cargo de protector de indios2 aparece por primera vez en 1516, a ini-
ciativa del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, y recayó en la persona
de fray Bartolomé de las Casas (1474–1566). Su creación se da en un con-
texto de reforma del gobierno en las Indias ante la crueldad con que se
desarrollaba el proceso de colonización y «evangelización» en suelo cen-
troamericano. La disminución alarmante de la población nativa, así como
el dominio absoluto que en la práctica ostentaban los conquistadores es-
pañoles, preocuparon a la Corona y a la Iglesia, que no veían con buenos
ojos la consolidación de un poder independiente en las Indias. Es así que
para salvaguardar los derechos de la población aborigen se creó la figura
de un magistrado encargado exclusivamente de velar por su protección y
de reivindicar sus derechos ante las instancias judiciales (corregidor, Au-
diencia), autoridades locales (virrey), y, de ser necesario, ante el mismo rey.
Carmen Ruigómez define al protector de indios como:
un cargo burocrático más dentro del esquema de la administración
indiana, pero con una atribución específica: tratar de que el indio vi-
viera lo mejor posible dentro del marco de la legislación, evitando a
toda costa las extorsiones que podrían venirle por parte de los penin-
sulares (Ruigómez 1988: 29).

2 Sobre el protector de indios en el virreinato peruano pueden consultarse el estudio pio-


nero de Bayle, Constantino (1945). El protector de indios. Sevilla: Consejo Superior de Investi-
gaciones Científicas; de Ruigómez, Carmen (1988). Una política indigenista de los Habsburgo:
el protector de indios en el Perú. Madrid: Ediciones de Cultura Hispánica; de Lavallé, Bernard
(1990). «Presión colonial y reivindicación indígena en Cajamarca (1785–1820), según el ar-
chivo del protector de naturales». En Allpanchis, año XII, nro. 35–36, pp. 105–137; de Óscar
Acebedo, Edberto (1991). «El protector de Indios en el Alto Perú (hacia fines del régimen es-
pañol)». En IX Congreso del Instituto Internacional del Derecho Indiano. Madrid: Editorial de la
Universidad Complutense, pp. 29–54; de Chassin, Joëlle (1992). «Protecteur d’Indiens contre
Vice–Roi: la lutte de Miguel de Eyzaguirre pour l’abolition du tribut au Pérou». En Cahiers des
Amériques Latines, nro. 13, pp. 61–74; de Puente Brunke, José de la (2005). «Notas sobre la
Audiencia de Lima y la protección de los naturales (siglo XVII)». En Scarleth O’Phelan Godoy
y Carmen Salazar Soler. Passeurs, mediadores y agentes de la primera globalización en le Perú,
pp. 231–248; en León Fernández, Dino (2005). «Un manuscrito sobre el protector de los na-
turales en la provincia de Collaguas. Siglo XVIII». En Revista de Investigaciones Históricas Uku
Pacha, año 4, nro. 5, pp. 91–107; y de Novoa, Mauricio (2003). Defensoría del Pueblo: Aproxi-
maciones a una institución constitucional. Lima: Universidad de Lima.

28 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

Ernesto García Hernán precisa que el protector de indios no era pro-


piamente un oficio, sino que estaba considerado sobre todo como un «mi-
nisterio», un servicio a los indios, pagado por los propios indios (García
Hernán, 2007).
La Protectoría de Indios experimentó cambios en su estructura inter-
na, sus funciones y en la calidad de las personas que ocuparon este cargo
durante sus casi tres siglos de vida. Estos cambios eran producto de una
constante pugna de intereses entre la Corona española y la élite india-
na3 e indígena. En un primer momento, a mediados del siglo XVI, el cargo
estuvo ligado al proceso evangelizador y se constituyó como un medio
de supervisión de la labor de conquistadores y colonos. Con la llegada
de Francisco de Toledo, el cargo se reorganizó en función de optimizar la
administración, organizando la fuerza de trabajo indígena y concentran-
do (en la práctica, despojando) los recursos naturales de las comunidades
nativas. Toledo redefinió a la Protectoría creando el cargo de protector
general de indios y un sistema de protectores de partido en las ciudades y
poblados para aglutinar los reclamos indígenas, buscando así impedirles
el acceso a la Real Audiencia. De este modo, pretendía desincentivar la
asesoría legal privada que letrados criollos y peninsulares ofrecían a los
curacas y sus comunidades. Muy a su pesar, lo que originó fue dinamizar la
llamada «litigiosidad indígena» (Pease 1990, Honores 1993), pues proveyó
a los indígenas de un sistema de asesoría legal oficial, con el que posibilitó
la interacción entre indios y protectores, y según el cual el éxito o fracaso
de sus demandas dependía de la capacidad de estos actores para entablar
alianzas y estrategias. Como bien apunta Pedro Pérez Herrero, para las so-
ciedades de Antiguo Régimen: «Las relaciones eran personales antes que
institucionales» (Pérez Herrero 2002: 132).
Para el siglo XVII, se suscitó un cambio interesante en la Protectoría, a
raíz de que se presentó en el Consejo de Indias la propuesta de otorgarle
la dignidad de fiscal, que lo equiparaba con un oidor con asiento en la
Real Audiencia. Dicha propuesta fue impulsada por miembros de la élite
indiana que buscaban afianzar y extender sus espacios de influencia en la

3 Utilizo el término élite indiana para referirme a los criollos y peninsulares que ocuparon o
tenían la capacidad material para ocupar cargos en la administración pública virreinal. Par-
tiendo del concepto de elite estratégica de Suzanne Keller (1971), empleamos dos términos:
élite indiana y élite indígena. En el primer grupo hacemos una subdivisión entre élite criolla y
española (o peninsular). Nos referimos a élite indiana como aquella minoría de criollos y pe-
ninsulares que puede acceder al servicio político–administrativo en el virreinato y que ejerce
desde fuera de la administración pública algún tipo de presión política por disponer de otro
tipo de «fuente de poder» (Mann 1991). En el segundo grupo nos referimos a los curacas y
demás autoridades civiles indígenas.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 29


Javier Iván Saravia Salazar

política virreinal4. La gestación y consecución de ello representó un triun-


fo para los intereses criollos. Ello fue posible gracias a las redes de alianzas
que la élite criolla había logrado establecer en los principales organismos
administrativos del virreinato peruano (Cabildo, Real Audiencia, Consejo
de Indias) y la receptividad del rey conde–duque de Olivares de atender
las propuestas de gobierno de los diferentes estamentos y dominios del
imperio español, a través de la retórica del arbitrismo.
Para el siglo XVIII tenemos el cargo consolidado en la Real Audiencia.
Por tal motivo, representó un espacio de ascenso para criollos aún no po-
sicionados, así como un espacio para influir en la política local. La venta
de cargos, si bien fue una constante en el virreinato, dejó ver sus conse-
cuencias negativas con mayor nitidez en este siglo. Así tenemos para el
caso del protector de indios que el cargo había sido desnaturalizado y
era controlado por terratenientes, que, valiéndose de su ayuda, anexaban
tierras de comunidad y pequeñas parcelas de la población sin ningún tipo
de sanción.

Evolución de la Protectoría de Indios en el virreinato peruano


En la historia de la Protectoría de Indios tradicionalmente se han seña-
lado dos etapas bien marcadas: una eclesiástica y una laica (Bayle 1945,
Lohmann 1957 [1994], Olmedo 1990, Ruigómez 1998). Sin ánimo de cues-
tionar esta periodificación, hemos optado por identificar sus procesos de
cambio en función del contexto en que sus funcionarios ejercieron el car-
go, a las facultades que la normativa les permitía y a la realidad material
del cargo en un periodo específico, con el fin de notar los aspectos políti-
cos y legales que esta institución presentó del siglo XVI al XVIII.
El concepto de poder que empleamos a lo largo de esta exposición es
el propuesto por el sociólogo Michael Mann, en su sentido más general.
Para este autor poder es: «la capacidad para perseguir y alcanzar el domi-
nio del medio en el que habita uno» (Mann 1991: 21). A nuestro entender,
la Protectoría constituye un espacio en donde pueden conseguirse inte-
reses muy concretos: la consecución de justicia por parte de los indíge-
nas en el primer plano, por los indios del común y las comunidades de
indígenas. Pero, además de ello, confluyen en esta institución los propios
intereses de los protectores, de los curacas, de otras autoridades civiles y
representantes de los sectores productivos de la economía virreinal. Para

4 Sobre el particular nos hemos referido en «El fiscal protector de indios en la Audiencia de
Lima siglo XVII. Espacios de poder y arbitrismo». En Actas del Quinto Congreso Nacional de
Historia 2012. En [Link]
[Link]. También pueden consultarse: Cuena 1998b y 1998c, Novoa 2003 y Suárez 1995,
citados en la bibliografía.

30 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

los protectores el cargo es funcional respecto a sus intereses profesiona-


les, pero también les es funcional a fin de entablar alianzas para conseguir
ser un medio de presión en la política virreinal

Los protectores y la conquista


A partir de 1531 se invistió automáticamente a los obispos como pro-
tectores de indios. El rey otorgó al episcopado la misión de la defensa,
protección y conversión de los indios. Se les nombraba como tales en la
misma cédula de designación episcopal o en otra adjunta. De esta ma-
nera, la Protectoría se convirtió en una misión anexa al fuero eclesiástico
contra los excesos cometidos contra los indígenas, tanto en tiempo de
guerra como de paz. Se pretendió, al otorgar a los obispos la Protectoría,
que su acción fuera más efectiva en provecho de los naturales (Ruigómez
1988: 57–58).
En el virreinato peruano el cargo de protector de indios estuvo ausen-
te a la llegada de la hueste perulera, pese a que el cargo ya funcionaba en
tierras mayas y disponía de amplias facultades. Posiblemente esta omi-
sión se debió a las constantes fricciones suscitadas entre protectores obis-
pos y conquistadores. Las reales cédulas de 1526 y 1528 que, en lo formal,
protegían a los naturales estuvieron ausentes del paquete de poderes y
disposiciones que Francisco Pizarro traía consigo cuando emprendió via-
je a América en 1530. Por ello, ni siquiera alcanzó a tomar a bordo a los
funcionarios reales. Los funcionarios que se unirían a él en 1532 tampoco
llevaban los documentos referidos. Solo en mayo de 1534 la Corona se dio
cuenta de que aquellos documentos nunca habían sido transmitidos a las
autoridades de las provincias de «Tumbez» y «Pirú»5.
Antoni Macierewicz sostiene que la falta de aquellas cédulas reales se
produjo a consecuencia de una acción consciente relacionada con las dis-
putas acerca de la política colonial. La cédula de 1526 no precisaba prerro-
gativas y contenía recomendaciones muy generales de cuidar del bien, la
libertad y la cristianización de los naturales. Tan solo en 1528, a raíz de los
reclamos de Zumárraga, obispo de México, este documento fue provisto
de actos ejecutivos que precisaban las competencias del protector de in-
dios. Sin embargo, el documento expedido a Hernando de Luque careció
de aquellas cláusulas y abarcaba solamente cuestiones de carácter muy
general. Además de ello, los firmantes del nombramiento fueron la reina y
el conde de Osorno, García Fernández Manrique, quien estaba relaciona-
do con varios conquistadores6. El emperador y el presidente del Consejo

5 Porras Barrenechea, Raúl (1944). Cedulario del Perú. Lima: Departamento de Relaciones
Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores del Peru, tomo I, pp. 20–21.
6 Ibíd., p. 132.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 31


Javier Iván Saravia Salazar

de Indias fray, García Loayza, se encontraban en Barcelona (Macierewicz


1989: 117–118).
Hernando de Luque, el socio «capitalista» de Pizarro y Almagro en la
empresa de la conquista, fue nombrado como protector el 26 de julio de
1529. En la Capitulación de Toledo se pidió para él el Obispado de Tum-
bes y, mientras se le despachaban las cedulas, se le dio el nombramiento
de protector de los indios. Pero Hernando de Luque se retrasó en ir a su
nuevo territorio, por lo que en su lugar se nombró a fray Reginaldo de Pe-
draza, prior de los frailes de la Orden de Santo Domingo, como protector
de indios, por Real Cedula del 4 de abril de 1531.
Desde que se destituyó del cargo a Hernando de Luque (4 de abril de
1532), quien ejerció este cargo (en el papel, ya que nunca llegó a pisar
territorio peruano) fue fray Reginaldo de Pedraza. Su nombramiento, ex-
pedido en Ocaña, es una copia literal del de Hernando de Luque, excepto
en un punto7. Al final de la cedula se le brindan unas instrucciones, que De
Luque no había tenido. Estas, por una parte, clarifican su misión; por otra,
aunque parezca paradójico, la limitan bastante, siempre dentro de cierta
ambigüedad. Leuridan Huys ha destacado las siguientes:
a) se autoriza al protector, cuando no pueda visitar personalmente a los
indios de la Gobernación, a enviar visitadores en su lugar, pero con
la condición de que tales personas sean vistas y aprobadas por el
gobernador y oficiales y de otra manera ninguna persona puede ir a
visitar.
b) se permite al protector y a los visitadores por él nombrados hacer solo
pesquisas e informaciones referentes al trato a que se somete a los
indios [...]. El protector y sus visitadores solo pueden aplicar penas
pecuniarias de 50 pesos para abajo o menores de 10 días de cárcel.
c) se permite hacer informaciones aun contra el gobernador y sus ofi-
ciales, con el fin de enviarlas al Consejo de Indias, pero se advierte
expresamente que por esto no es su intención ni voluntad que los
protectores tengan superioridad alguna sobre las dichas nuestras
justicias.
d) se establece que los pleitos entre los mismos indios pertenecen a
la jurisdicción del gobernador y no a la del protector [las cursivas y
negritas son nuestras] (Leuridan 1997: 24–25).
Estas instrucciones se van a repetir a partir de esta fecha en las cédulas
de los religiosos designados como protectores.

7 El texto completo del nombramiento de Pedraza puede consultarse en Ruigómez 1988:


184–186.

32 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

Para 1532 ya eran conocidos por los conquistadores el establecimien-


to del oficio de protector de indios; la real cédula de 2 de mayo de 1530
prohibía esclavizar a los naturales incluso en guerra justa, comerciar con
esclavos y recibirlos de los gobernantes indios. Estas decisiones fueron
notificadas por los funcionarios reales que se unieron a la hueste perulera
en la isla de Puna, a mediados de 1542. Además, llegaron notificando que
Pizarro no había recibido autorización de repartir encomiendas, sino tan
solo promesa de otorgársela en el futuro. Todo ello causó un bullicio en
el campamento, que trajo consigo una abierta disputa entre el tesorero
Riquelme y Hernando Pizarro, con claros indicios de estallar una rebelión
abierta (Macierewicz 1989: 119). Esta peligrosa situación fue superada por
la casi inmediata repartición del botín recogido hasta ese momento. Fue
enviado a España Rodrigo Mazuelos, quien en nombre del gobernador y
los conquistadores iba a solicitar: 1) que se despache la decisión de garan-
tizar el derecho de repartir encomiendas, 2) que se suprimiese la prohibi-
ción de recibir esclavos y comerciar con ellos, y 3) que se reestableciese
la ley de convertir en esclavos a los naturales hechos esclavos en guerra
justa. En marzo de 1533 el conde Osorno aceptó los reclamos de Mazuelos
(Macierewicz 1989).
Antes de que fray Vicente de Valverde fuera nombrado protector de in-
dios (1538), le antecedió Gabriel de Rojas (153?), nombrado por Francisco
Pizarro, ya como gobernador, quien le otorgó el cargo en agradecimiento
por su brillante actuación en la batalla de las Salinas (Ruigómez 1988: 56).
Sobre el particular sabemos que:
Al capitán Gabriel de Rojas le hizo merced el marqués de que protec-
tor general de los indios del Cusco y sus términos por lo bien que lo
hizo en la batalla de las Salinas. Y porque su majestad le había dado
título de protector general de los indios de todo el Perú al obispo P.
Fr. Vicente de Valverde, por cédula dada en Valladolid á 14 de julio
de este año, con poder de visitar las partes donde están encomen-
dados ver cómo los tratan porque no se acaben como en las islas
Barlovento; aunque presentó este título en el Cabildo del Cusco, á 22
de diciembre de este año [de 1538] se suspendió obedecer la real cé-
dula por el marqués, hasta tener que dar al capitán Gabriel de Rojas
(Montesinos 1906, Torres 1932).
El informe de Fray Tomás de Berlanga
Poco después de iniciada la conquista y mucho antes del estableci-
miento de la capital española en Lima, o de la toma de posesión de la
primera sede eclesiástica, la Corona decidió, con buen tino, poner en mar-
cha lo que puede considerarse la «primera visita oficial» efectuada al go-
bernador Pizarro y a los funcionarios de la Real Hacienda. Para dicho fin se

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 33


Javier Iván Saravia Salazar

nombró a fray Tomás de Berlanga8, obispo de Tierra Firme, para que seña-
lara la jurisdicción de los encomenderos y tasaran los tributos que paga-
rían a estos9 (Málaga 1993: 268). Su estadía en Lima se extendió desde el
20 de agosto hasta el 13 de noviembre de 1535, tiempo en que se efectuó
su llamado «informe secreto».
En sus instrucciones de 1534, con referencia a los pueblos de indios se
señalaba lo siguiente:
Asy mesmo os ynformad que poblaciones de yndiso hay en dha tie-
rra, y que manera tienen en su población y governación y policía y
que ritos y costumbres y que artes de cajes y como tratan sus fami-
liares y de que viven y de su manera de granjerías y sí son ricos y que
manera de haziendas tienen y de sus ritos, crimonias y crehencias y
de su capacidad y que heredado con las que tienen (2v) que cosas
han ocupado hasta aquí y se deben ocupar adelante para vivir en
pulicía según su habilidad10 (Málaga 1993: 268).
Las condiciones del proceso de conquista y la subsiguiente guerra ci-
vil entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro contribuyeron a afianzar
una alianza entre el clero y la Corona para frenar a los conquistadores.
Berlanga, entre otras cosas, fue comisionado con amplias facultades para
limitar el poder de los conquistadores e incluso privárselos. Dentro de sus
muchas observaciones, Berlanga incidió mucho en la irregularidad de los
repartimientos efectuados por Pizarro; se acusaba al gobernador de no
haber reservado suficientes tributarios. A lo largo de su estadía en suelo
americano, Berlanga testimoniará la animadversión de Pizarro hacia él y
sus intentos de soborno y amedrentación (Macierewicz 1998 y Varón Ga-
bai 1992).

8 Fray Tomás de Berlanga había recibido el nombramiento del decaído obispado de Tierra
Firme, con sede en Panamá. Aprovechando su viaje, la Corona consideró oportuno encar-
garle la elaboración de una detallada «Información del Perú», que tendría como finalidad
evaluar los numerosos problemas que se habían suscitado entre los españoles. Por tal moti-
vo, en Valladolid, el 19 de junio de 1534, Carlos V firmó las cartas, provisiones e instrucciones
que le serían necesarias al prelado para cumplir su misión. Quedaba claro, en opinión de
Varón Gabai, que Berlanga debía tomar posesión de su sede y pasar al Perú en persona y sin
pérdida de tiempo, dada la urgencia de las circunstancias. Simultáneamente se emitieron co-
municaciones para Pizarro y los oficiales reales del Perú, haciéndoles saber el nombramiento
y ordenándoles prestarle todo el apoyo necesario para el buen cumplimiento de su misión,
como queda testimoniado en las cartas recopiladas por Porras Barrenechea, op. cit., tomo II,
pp. 177–195, y Varón Gabai 1992: 118–119, nota 25).
9 Torres Saldamando, Enrique. Libro primero de Cabildos de Lima, tomo II, pp. 96 y ss.
10 Instrucciones dadas a Fray Tomás de Berlanga, Valladolid, 19 de julio de 1534, AGI, Audien-
cia de Lima, Leg. 565, libro 2, folios del 1–5. También existen instrucciones similares para
Reginaldo de Pedraza en Instrucciones para la protección de los naturales del Perú, otorgadas
a fray Reginaldo de Pedraza, Ocaña, 4 de abril de 1531. AGI, Lima 565, libro I, folio 91 y ss. El
documento puede ser consultado íntegramente en Ruigómez 1988: 184–186, documento 3.

34 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

La presencia de religiosos desde las primeras expediciones de con-


quista y a lo largo del proceso colonizador obedecía a la necesidad de
proveer de un sustento ideológico, pero además de ello los religiosos se
constituyeron en informantes y fiscalizadores a favor de la Corona11. Des-
pués de su estadía (1534–1536) se nombrará a Vicente de Valverde como
protector de naturales, y se le dotó de amplias facultades y prerrogativas.
La apreciación de James Lockhart resulta esclarecedora al afirmar que: «el
Consejo de Indias esperó encontrar en Valverde un brazo independiente
que controlase a los Pizarro, además de convertirlo en una fuente de in-
formación alternativa al mismo Pizarro» (Lockhart 1979: 204; Varón Gabai
1992: 117). Ante la ausencia de funcionarios de la Corona en suelo ameri-
cano, se valieron para monitorear a los díscolos conquistadores de repre-
sentantes del ente más organizado de la época: la Iglesia católica.
Los representantes de la llamada etapa eclesiástica de la Protectoría
fueron: fray Vicente de Valverde (1536), fray Jerónimo de Loayza (1543) y
fray Juan Solano (1546). De Valverde se dispone de documentación sobre
dos sentencias emitidas como protector de naturales y ha quedado debi-
damente testimoniada su disputa con conquistadores y encomenderos
en el ejercicio de sus funciones como protector de naturales. La documen-
tación sobre Loayza y Solano es más esquiva; no obstante ello, existe in-
formación sobre su participación y vinculación con los demás estamentos
de la Corona (encomenderos, curas doctrineros) y sus posiciones político–
administrativas12.
Durante los años 1532 a 1550, los encomenderos fueron los que tuvie-
ron mayor participación en la repartición de las ganancias de la empresa
conquistadora y la implantación de la administración virreinal. Gozaron
del usufructo ilimitado de las riquezas del Nuevo Mundo. La economía
encomendera marcará la pauta de la política en Indias; debido a ello, la

11 Horst Piteschmann nos dice que durante la epata de colonización de los territorios, las
órdenes religiosas, que aportaron casi la totalidad del clero en los primeros momentos de
la conquista, se convirtieron en el aliado natural de la Corona en sus enfrentamiento a los
encomenderos. Por un lado, las órdenes precisaban de un alto grado de autoridad para llevar
a cabo con éxito su labor evangelizadora, para lo cual se encontraban en una desagradable
relación de dependencia con los encomenderos. Por otro, las órdenes y los encomenderos
se encontraban compitiendo por la fuerza de trabajo indígena. Esta alianza inicial entre las
órdenes religiosas y la Corona, dentro del marco del patronato real, permitió que el Estado
colonial emplease a los sacerdotes como fiscalizadores de las expediciones de conquista, y
luego de los gobiernos embrionarios surgidos de estos (Piteschmann 1989: 108–109 y Varón
Gabai 1992: 111).
12 Jerónimo de Loayza fue encomendero y Juan Solano manifestó abiertamente la inconve-
niencia de la aplicación de las Leyes Nuevas que eliminaban a la encomienda. Las disputas
entre Loayza, obispo de Lima, y Solano, obispo de Cusco, fueron un reflejo de la pugna por
la preeminencia de sus respectivas diócesis, que terminó con la renuncia del segundo a su
diócesis y opacó la labor de protección de los naturales de ambos obispos, pues el tema
central de sus preocupaciones fue el cobro del diezmo en sus respectivas diócesis.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 35


Javier Iván Saravia Salazar

Protectoría de Indios fue inoperante no solo por la ambigua y poco clara


legislación sobre las competencias, facultades y jurisdicción de los pro-
tectores de indios, sino porque, además, los que desempeñaban esta
función estaban involucrados activamente en la economía encomendera
y la institución misma estaba sustentada en ella. La supervivencia de la
institución dependía en buena cuenta que los protectores obispos am-
pliaran su influencia, la Protectoría y la defensa de los indios era el medio
disponible para conseguir dicho fin. En última instancia, lo que se discutía
en las constantes enfrentamientos jurisdiccionales entre obispos y auto-
ridades civiles era el espacio de poder que la Iglesia y sus representantes
ocupaban en el Virreinato.

La Audiencia y los fiscales


A partir de la década de 1560, los obispos fueron relevados de la Pro-
tectoría. La defensa de los indígenas pasaría a recaer bajo responsabili-
dad de los fiscales de la Audiencia. Para el caso peruano, ocurrió desde
1554 (1557, según Solórzano). En este proceso se presentan los primeros
comentarios negativos sobre la tendencia litigiosa de los indígenas. Pero
esto no es de extrañar, debido a que existía una constante pugna entre
los estamentos privilegiados del virreinato (clero, autoridades locales,
encomenderos) por la apropiación de la mano de obra y recursos de los
indígenas, la apertura del sistema jurídico, y principalmente por el proce-
so de composición de tierras. Los comentarios negativos de este cambio
resonaron en todas las audiencias del Imperio español en Indias.
Para 1550 los juicios de los caciques (y/o curacas) inundaban la Au-
diencia de Lima. En 1567, la Corona quiso detener el aumento de repre-
sentantes legales, e informó al presidente y a los oidores de la Audiencia
de Quito sobre «protectores de indios» pagados por ellos mismos y que
causaban notables daños a sus patrocinados. De modo que para evitar
que esta situación se prolongara, y en vista de «muchas causas y razones
de consideración», se ordenó la eliminación y prohibición de estos letra-
dos (Novoa 2003: 53).

El protector general de indios toledano


Con el virrey Francisco de Toledo aparecerá la figura del protector ge-
neral de los indios, quien actuará a modo de procurador de los indíge-
nas en los pleitos en que estos fuesen parte y que hubieran de ventilarse
en segunda instancia ante la Real Audiencia13. Las ordenanzas sobre el

13 Para las obligaciones de dicho funcionario, consúltese: Bayle 1945, Ruigómez 1988 (capí-
tulos V a VII), así como el nutrido cúmulo de disposiciones contenidas en la Recopilación de
1680 que le atañen.

36 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

protector general de indios trazan las líneas maestras de lo que va a ser


el cargo en el Virreinato del Perú. Son instrucciones en las que se detallan
las funciones, prerrogativas, las obligaciones, derechos, etc., de los nuevos
protectores14. Concebida originalmente como una institución indepen-
diente, la Protectoría se convierte, desde el momento en que los nombra-
mientos se atribuyen a los virreyes y gobernadores, en dependientes de
las autoridades provinciales.
Estas ordenanzas serán fundamentales en la historia de la Protectoría,
puesto que un siglo después aparecerán en la Recopilación de las leyes de
los Reinos de las Indias de 1680 sin mayores cambios:
Ley II. Que en el Perú se dan las instrucciones, conforme a las orde-
nanzas, del virrey don Francisco de Toledo. […]
En los Reinos del Perú se han de dar las instrucciones a los procura-
dores, conforme a las ordenanzas, que hizo el virrey don Francisco
de Toledo, añadiendo lo que conforme a la diferencia de los tiempos
conviene al amparo y defensa de los indios15.
Se ha señalado que una dificultad para que las ordenanzas pudieran
cumplir sus fines era que no exigían que el protector fuera letrado, sino
—con expresión muy propia de la época— «mero laico y de capa y es-
pada» (Suárez 1995, Cuena Boy 1998c, Novoa 2003). La intención del vi-
rrey Francisco de Toledo al establecer esta previsión fue la de liberarlo de
cualquier otra ocupación que no fuera el cuidado de los naturales, pero
acabó dando un protagonismo preponderante al abogado general de in-
dios16, de cuyo consejo dependía el protector prácticamente para todo
lo relacionado con su actuación. De este modo, el abogado venía a ser el
auténtico protector mientras que el nombrado para tal oficio, necesitado
él mismo de un abogado o letrado. Sin embargo, el dato no es del todo
cierto, pues muchos protectores generales fueron letrados.
Para el caso de la Audiencia del Lima, en el periodo posterior a las or-
denanzas de Toledo tenemos información de dos protectores de indios,
Baltazar de la Cruz de Azpeitia (aproximadamente desempeñó el cargo
entre 1575 y 1577) y Juan Martínez Rengifo (1577–1582). Del primero solo
tenemos las referencias que nos proporciona Carmen Ruigómez en su

14 Ordenanzas del virrey don Francisco de Toledo relativas al defensor general de los indios, Are-
quipa, 10–IX–157, en Ruigómez 1988: 188–197.
15 Recopilación, libro VI, título VI, ley II [1681] 1943.
16 Este oficio tuvo su origen en el sistema de «asesoría legal pública» creado por el virrey
Toledo de 1574 a 1575 (Honores 2007). Este abogado se encargaba de la asesoría jurídica de
los curacas y sus comunidades en los litigios presentados ante la Real Audiencia de Lima.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 37


Javier Iván Saravia Salazar

listado de protectores de indios (Ruigómez 1988: 224); sobre el segundo,


en cambio, sí disponemos de mayor información17.
Con Juan Martínez Rengifo18 se hace evidente el cambio en la política
en Indias, al incentivar la Corona a un tipo diferente de colono tras la de-
rrota de los encomenderos a uno más ligado a los intereses de la Corona
y con ambición de integrar el aparato burocrático del Imperio español en
Indias (Rodríguez 2005). Martínez, formado en leyes al llegar a la Protec-
toría, representó a los verdaderos intereses de la Corona, y se encargó de
la organización y administración de las tierras de indios, así como de las
transacciones de tierras; trató de evitar que estas conllevaran un perjuicio
para los indígenas y estaba a cargo de efectuar visitas para controlar el
número de mitayos para las diferentes actividades. Desempeñó el cargo
hasta su supresión en 1582.
Al reaparecer la Protectoría en la última década del XVI, tenemos como
protector de indios a Alberto de Acuña19, quien también era letrado y un
importante oidor de la Audiencia de Lima (Moreyra 1957 y 1994). Por lo
general, los protectores generales de indios eran letrados debido a que el
cargo era de asesoría legal a los indígenas y también un cargo con algún
tipo de influencia política. Son los protectores partidarios a los que no se
les exigirá que sean letrados y los que habitualmente fueron denunciados
por los indígenas por el incumplimiento de sus obligaciones.

17 Sobre dicho personaje puede consultarse Rodríguez Quispe, David (2005). Por un lugar en
el cielo: Juan Martínez Rengifo y su legado a los jesuitas 1560–1592. Lima: Fondo Editorial de la
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
18 Juan Martínez Rengifo nació en 1531, hijo de Alonso Muñoz Martínez Rengifo y Francisca
Lozano Pinel. Además de él, la pareja tuvo tres hijas: María, Ursula y Gracia y un hijo, Diego.
De María y Gracia se sabe que contrajeron nupcias con importantes miembros de la adminis-
tración virreinal y cuyos matrimonios fueron supervisados por él mismo. Desde su llegada,
Juan Martínez Rengifo se dedicaría a la carrera pública aprovechando sus estudios en leyes,
lo cual le permitió el ingreso al Cabildo limeño a fines de 1555. Fue teniente de alguacil
mayor (1566), fiscal de la Audiencia (1568), administrador general de los Censos de Indios,
depositario general y protector de indios (1577–1582), y asesor del octavo virrey García Hur-
tado de Mendoza, marqués de Cañete.
19 Nació en Jaén, aproximadamente en 1565. Fue hijo legítimo del licenciado don Gabriel
Núñez y de doña Juana de Acuña. Fue asesor del virrey conde de Villardompardo (1584) con
quien pasó al Perú, oidor de la Audiencia de Panamá (1595), oidor de la Audiencia de Quito
(1602), alcalde del crimen de la Audiencia de Lima (1603), oidor de la Audiencia de Lima
(1607), presidente de la Audiencia de Guadalajara (1625), promoción que declinó, por lo que
fue nuevamente nombrado oidor de la Audiencia de Lima (1628). Falleció el 30 de abril de
1630 (Lohmann 1974: 151–152). Guillermo Lohmann no menciona en su estudio Los minis-
tros de la Audiencia de Lima (1700–1821) que Alberto de Acuña haya sido protector de indios.
Sin embargo, las fuentes a las que se remite son los apuntes biográficos que sobre Acuña nos
proporciona Manuel Moreyra Paz Soldán, quien sí señala que fue protector de indios durante
la última década del siglo XVI (Moreyra 1954 y 1994).

38 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

El fiscal protector
Hasta 1620 no se produjeron cambios en el cargo tras su reincorpo-
ración al ordenamiento jurídico virreinal. Continuó siendo norma básica
las instrucciones del virrey Toledo. A partir de este año, a los protectores
generales de los indios se les otorgó el título de fiscales protectores, de
modo que se les equiparó con el fiscal civil y el crimen de las demás reales
audiencias del virreinato. Esta equiparación afectó, fundamentalmente, la
consideración social de los protectores. Por real cédula, y en ese mismo
año, en el deseo de dar estabilidad al cargo y de garantizar alguna auto-
nomía a sus titulares, el rey ordenó a virreyes y a gobernadores que, una
vez elegidos, no los removieran ni quitaran, si no fuere con causa legítima
cierta y examinada por la Real Audiencia respectiva. En 1622 por Real Cé-
dula de 17 de marzo se trata de armonizar las relaciones entre los protec-
tores y las autoridades provinciales. El rey encarga y manda a los virreyes
y gobernadores que:
den grata audiencia á los protectores y defensores de Indios; y quan-
do fueren a darles cuenta de sus negocios, y causas, y pidieren el
cumplimiento de las leyes, y cédulas dadas a su favor, los oygan con
mucha atención, y de tal forma que mediante el agrado con que les
recibieren, y oyeren, se animen a su defensa y amparo (Suárez 1995:
288).
En el virreinato peruano fue a partir de 1643 cuando se instituyó en
la Audiencia de Lima el cargo de fiscal protector de los indios, con carác-
ter autónomo y como magistrado independiente, y que podía vestir toga
como los demás integrantes de dicho tribunal. Su misión consistía en ac-
tuar de defensor nato de los indígenas de todo el distrito de la Audiencia,
no solo en calidad de procurador de sus pleitos sustanciados ante ella,
sino, sobre todo, amparándolos en caso de queja contra sus corregido-
res, acogiendo sus demandas para reducción del monto de los tributos, y
en resolución, tendiendo su manto protector sobre los nativos para evitar
toda ofensa o agravio que se pretendiere inferirles. El tema de la defensa
de la propiedad agraria y los efectos de las composición de tierras deter-
minaron, según Santiago Gerardo Suárez, que por real cédula del 30 de
junio de 1646 se ordenara que en los casos en que españoles hubieran
adquirido tierras de indios de modo ilícito, los fiscales protectores debían
pedir en nombre de ellos la nulidad de dichas adquisiciones (Suárez 1995:
302).
Se dotó al fiscal protector de asiento en los estrados. Dentro del len-
guaje forense y en la legislación indiana, la expresión estrados en plural
se refiere a la sala en la que el presidente y los oidores de la Audiencia
administran justicia y también el tiempo destinado a oír a los litigantes,

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 39


Javier Iván Saravia Salazar

juzgar las causas y dar sentencia (Bravo 1989: 255). Es muy significativo e
ilustrativo que tanto Francisco de Alfaro20 como Juan de Solórzano des-
taquen este derecho a sentarse en los estrados concedida al fiscal como
una de sus preeminencias. Al tratar del asiento que corresponde al fiscal,
Solórzano contrapone el sitial de los oidores en el tribunal y el escaño de
los abogados, situado en las gradas de este. Recuerda que antes los fisca-
les no se sentaban en el tribunal con los oidores, sino debajo de las gradas
de él, en el primer lugar del escaño de los abogados21. Por ende, el hecho
de que el fiscal protector haya sido equiparado a un oidor de la Audiencia
lo dotaba de un gran peso político en el seno de la Audiencia.
Además, los fiscales protectores podían usar la garnacha22, vestidura
propia de los oidores consistente en:
una toga talar, es decir, que llegaba hasta los talones, con mangas y
una vuelta que desde los hombros caía sobre la espalda. Era de color
negro y en el siglo XVII la acompañó la golilla, adorno hecho de car-
tón forrado en tela que rodeaba el cuello y llevaba unido por delante,
en la parte superior, un pedazo que caía por debajo de la barba, con
esquinas a los dos lados, sobre el cual se ponía una tela de gasa engo-
mada o almidonada. El uso de la garnacha se reservó a los oidores y
al fiscal de las Audiencias de Indias, con prohibición de que pudieran
vestirla otras personas de cualquiera calidad, estado y condición por
Real Cédula de 22 de mayo de 1581. Con ellos se pretendía que estos
magistrados se distinguieran en el hábito de todas las demás per-
sonas, para que todo sea claro y por él sean conocidos y respetados
como conviene (Bravo Lira 1989: 258).
Según el Tesoro de la lengua española, la garnacha era una vestimenta
de personajes graves «Con vueltas a las espaldas y una manga de rocade-
ro».Esta indumentaria tenía todo un simbolismo; al respecto, Juan Carlos
Talavera23 nos dice que:

20 Tractatus de Officio Fiscalis, deque Fiscalibus Privilegiis. Madrid, 1780, glossa 31, 7. Citado en
Bravo 1989: 257 y 263.
21 Política Indiana, libro V, capítulo 4, 13, nota 31.
22 Se trata ante todo de una expresión externa de la dignidad de estos magistrados judicia-
les. Así lo entendía Francisco Alfaro (Bravo Lira 1989: 259). En una Real Cédula fechada el 20
de agosto de 1620, el monarca pide al virrey de Esquilache le informe si «convendrá» que los
protectores generales que residían en las ciudades donde existían audiencias fuesen letra-
dos, y se les diera garnacha, asiento en los Estados como a los oidores (Política Indiana, libro
2, capítulo 28, nota 47, y Suárez 1995: 287).
23 Comunicación personal con el autor. Agradezco a Juan Carlos Talavera Velezmoro por sus
valiosos apuntes sobre el simbolismo de la «garnacha» en la sociedad virreinal. Sobre Juan
Carlos Talavera Velezmoro, consúltese la ponencia «Indumentaria académica sanmarquina:
una introducción histórica sobre el antecedente y evolución del traje académico protocolar
en el Perú» en el XI Coloquio de la Historia de Lima (2009).

40 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

aparece en el siglo XIII y es considerada como parte del conjunto de


ropajes de corte talar. Con el tiempo, magistrados y jueces la vistieron
en el fuero jurídico. La palabra viene de guarnir, pues el vestido no
solo protegía a quien lo usaba contra el frío, sino que simbolizaba la
defensa y amparo, por ser vestimenta reservada a quienes represen-
taban la ley para infundir respeto en la gente. Se atribuye al rey Feli-
pe II el haber decidido que todos sus consejos, oidores, cancillerías y
fiscales llevasen esta ropa, pero es durante el reinado de Carlos V que
dicha «toga» será portada por los altos funcionarios de la administra-
ción virreinal (Talavera, 2009).
Sobre la garnacha y los estrados ha quedado un testimonio iconográ-
fico en la crónica de Guamán Poma de Ayala, en el dibujo La Audiencia
de Lima: presidente, oidores, alcaldes, que retrata claramente a siete letra-
dos usando garnachas, por lo que podemos ver ya a esta vestimenta talar
como un símbolo de poder de las altas autoridades virreinales, como lo ha
hecho notar Juan Carlos Talavera (Talavera 2009).

FIGURA 1 | La Audiencia de Lima: presidente, oidores, alcaldes, fiscal y alguacil mayor de este reino.

Guamán Poma de Ayala, Felipe (2001 [1615]). El primer nveva corónica


i Bven Gobierno conpuesto por don Phelipe Gvaman Poma de Aiala. «Dibujo
197». Consultado el 7 de mayo de 2012 de [Link]
link/2006/poma/info/es/[Link]

La institución tuvo una corta vida, de 1643 a 1648 aproximadamente.


Una real cédula enviada al virrey conde de Salvatierra informaba que, a
pesar de las numerosas disposiciones para el buen tratamiento y alivio
de los indios, todavía continuaban las molestias de parte de los gober-
nantes y de los habitantes en general. Esto se debía a que los protectores

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 41


Javier Iván Saravia Salazar

nombrados no cumplían con sus obligaciones. El incumplimiento trajo


como consecuencia, mientras continuaba la cédula, la disminución del
número de individuos y el desmedro de las arcas reales. La elevación a la
categoría de fiscales que tuvieron los protectores solo había servido para
empeorar la situación y el cargo, en virtud de la posición social que traía
consigo, había sido materia de compra. Además, debido a su capacidad
de representar las causas indígenas, existieron serias denuncias de sobor-
nos en su contra (Stern 1982: 195). Se resolvió, entonces, que el oficio de
protector regresara a «su antiguo instituto» y se otorgaran a personas que
procedieran sin interés (real cédula de 1648 en Madrid a 28 de agosto, ci-
tado en Ruigómez 1988: 216). Esta misma cédula ordenaba la devolución
de los dineros que se dieran por el cargo, pero sin que estos provinieran
de la Real Hacienda.
El virrey Alba de Liste, en una real cédula de febrero de 1657, casi una
década después de que se decretara el fin de los fiscales protectores, le
manifestaba al rey que el conde de Salvatierra había escrito, en 1650 y
en 1652, que la cantidad de dinero requerida para resarcir a aquellos que
habían obtenido el oficio de protector era «considerable» y forzosamente
debía provenir de la Real Hacienda, por no haber otros medios. No sabe-
mos con certeza si la institución se mantuvo ante la incertidumbre de la
devolución de los pagos. Francisco de Valenzuela, fiscal protector de la
Audiencia de Lima, escribió al rey suplicándole otra magistratura, en vista
del tenor de la real cédula de 1648. El rey no emitiría la aprobación de
usar los fondos de la Real Hacienda hasta 1657. El costo ya no era tan alar-
mante, puesto que los fiscales protectores de Lima y Quito habían muerto.
Solo quedaba vivo el fiscal protector de Charcas.
En este interregno de tiempo existe información sobre Francisco de
Valenzuela en el cargo de fiscal protector. Posteriormente, en 1657, se le
concedió a Diego de León Pinelo el mismo título, en virtud de su prestigio-
sa trayectoria como jurista. Ocupó el cargo hasta su muerte, en 1671, año
en que fue nombrado oidor de la Audiencia, nombramiento que no llegó
a ejercer24. De él ha quedado documentación sobre los procesos judiciales
llevados a favor de los indígenas y las composiciones de tierras25, además

24 Sobre Diego de León Pinelo puede consultarse Pizarro Baumann, Jimena (1993). Los León
Pinelo. Una familia de cristianos nuevos en el siglo XVII peruano. Tesis para optar por el grado
académico de bachiller en Humanidades con mención en Historia. Lima: Pontificia Universi-
dad Católica de Perú. En este texto se propone que la tardía llegada a la Audiencia de Diego
León Pinelo, aunque cumplía desde hace mucho antes con los requisitos, fue producto de su
ascendencia judía.
25 Ver al respecto Hosting, Reiner; Palomino Dongo, Ciro, y Decoster, Jean–Jacques (2002).
Proceso de composición y titulación de tierras en Apurímac, Perú. Siglos XVI–XX. Tomo I. Cusco:
Instituto de Investigaciones Jurídicas y Asesoramiento.

42 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

de su famoso Memorial de 1661, en respuesta a las críticas de Juan de


Padilla26. Sobre el fiscal protector de naturales, existen interesantes me-
moriales27 que nos aproximan a la importancia del cargo o al menos a las
expectativas que depositaban en ellas los criollos desde 1620.

El protector de la Recopilación de 1680


En la Recopilación se aclaró la inconstancia que había existido en años
anteriores respecto a la figura del protector de indios, al señalarse que
en último término deben ser proveídos y nombrados por el virrey o los
presidentes gobernadores en las provincias. La supervisión de sus actos
quedaba a cargo de los jueces de visitas y residencias, así como de otras
justicias28. Otras precisiones adicionales sobre el cargo fueron que debía
acompañarlo un abogado y un procurador de indios, para que le asistan y
sigan los procesos; debían ser asalariados y, por ello, no debían cobrar por
sus servicios a sus representados29. No podían encargar sus funciones a
sustitutos y debían acudir personalmente al cuidado de sus obligaciones
de vigilancia.
La normativa ha sido entendida por algunos investigadores como una
respuesta a los memoriales enviados por los criollos sobre el oficio de
protector de indios, que denunciaban una falta de enlace e incluso
displicencia de las autoridades coloniales respecto a las actividades de la
Protectoría (Ruigómez 1988, Novoa 2003: 66). Sin embargo, debido a la

26 Sobre la polémica entre Juan Padilla y Diego de León Pinelo puede consultarse Torre Villar,
Ernesto de la (1979). Los pareceres de don Juan de Padilla y Diego de León Pinelo acerca de la
enseñanza y buen tratamiento de los indios. México D. F.: Universidad Nacional Autónoma de
México. El autor hace un interesante estudio preliminar de los documentos e incluye sus
transcripciones. Para un análisis de la polémica en lo referente al estado de la evangeliza-
ción en el Virreinato del Perú, ver Marzal, Manuel (1988). La transformación religiosa peruana.
Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, pp. 119–169. Encontra-
mos un análisis de los aspectos políticos de esta polémica en el contexto de la visita general
de 1664–1690 en Andrien, Kenneth J. (2011). Crisis y decadencia. El Virreinato del Perú en el si-
glo XVII. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, pp. 134–165. Sobre el posible «discurso criollo»
presente en estos memoriales, consúltese Torres Arancivia, Eduardo (2006). Corte de virreyes.
El entorno del poder en el Perú en el siglo XVII. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad
Católica del Perú.
27 Podemos destacar los siguientes: Memorial al Rey N. S. Don Felipe IIII. En favor de los indios
del Piru. Sobre el oficio de Protector General en la ciudad de Lima, corte y cabeza del Piru (1622),
de Cristóbal Cacho de Santillana; Memorial discursivo sobre el oficio. De protector general de
los indios del Piru, de Juan de la Rynaga Salazar (1626), y el Memorial histórico y jurídico, que
refiere el origen del oficio de protector general de los indios del Perú en su gentilidad, causas y
utilidades de su continuación, por nuestros gloriosos reyes de Castilla, nuevo lustre y autoridad
que le comunicaron, haziéndole uno de sus magistrados con toga, y motivos que persuaden su
conservación (1671), de Nicolás Matías del Campo y Larrinaga. Además de los mencionados,
se sabe de un memorial presentando por el protector Domingo de Luna, mencionado en el
folio 5 del Memorial de Matías del Campo.
28 Recopilación 6.6.1.
29 Recopilación 6.6.3.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 43


Javier Iván Saravia Salazar

naturaleza del cargo en el siglo XVII, creemos que la normativa buscaba


crear mecanismos de contacto real y ayuda mutua entre los funcionarios
virreinales, así como subordinar el cargo a las autoridades virreinales, eli-
minando su influencia política, a fin de poner freno a las disputas entre la
Protectoría y las demás justicias civiles. La normativa reglamentó el oficio
de protector general de indios en un virreinato maduro, que experimen-
taba el cese de la influencia criolla en la administración virreinal y en el
que los intereses de las autoridades virreinales estaban más ligados a los
de la Corona.
Los hombres que desempeñaron el cargo de protector general de in-
dios tras la supresión del cargo de fiscal protector y la implementación de
la Recopilación de 1680 y de los que disponemos de alguna información
son: doctor don Gregorio de Rojas y Acebedo (1672), Lucas Segura (1673),
capitán Francisco de Torres (1674), Alonso Hurtado de Mendoza (1678),
Marcos López (1685), licenciado Pedro de Figueroa Dávila (1685) y Mel-
chor Pacheco. Los casos en los que se vieron involucrados fueron general-
mente litigios de tierras.

El protector de indios en el siglo XVIII


La Protectoría de Indios era ya una institución consolidada dentro del
seno de la Audiencia. La Recopilación de Leyes de Indias de 1680 constituía
a la planta de la Audiencia con ocho oidores, cuatro alcaldes del crimen,
dos fiscales (uno en lo civil y otro en lo criminal) y un protector de indios.
Aunque la institución original y formalmente había sido limitada al fue-
ro civil, en la práctica, desde las primeras décadas del siglo XVII, atendía
causas criminales, y en el siglo XVIII atendía de manera más evidente las
causas criminales ante el contexto convulsionado de esa centuria.
En este siglo ocurrieron importantes cambios en el plano político vi-
rreinal. La élite criolla dominó el ambiente de la Audiencia la mayor parte
del siglo, pero con la aplicación de las reformas borbónicas gradualmen-
te perdieron protagonismo en la escena política virreinal hacia el último
cuarto de siglo. El cargo de protector general de indios se mantuvo como
un puesto importante o puesto trampolín para ascender a algún oficio de
mayor jerarquía en la administración virreinal. Estuvo en manos de la élite
indiana, que lo adquirió por nombramiento de la administración y com-
prándolo. El cargo por breves e intermitentes periodos tuvo la dignidad
de fiscal a lo largo del siglo XVIII.

44 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

Los inconvenientes de la venta de oficios públicos30 por parte de la


Corona se hicieron más evidentes en esta centuria. En el caso de la Pro-
tectoría, sucedieron los más sonados casos de clientelismo y «corrupción»
propiamente dichos. Presentamos a los protectores de los que dispone-
mos información en este periodo en el cuadro31 subsiguiente:

GRÁFICO 1
Protectores del siglo XVIII32 Periodo
Isidro de Eceiza (c), protector general fiscal 1708
Tomás de Brun (e), protector fiscal general 1720
Francisco Ruiz de Berecero (c) 1723
José Martínez de España (e) 1728
Pedro José Rafael de Concha y Roldán (c), protector fiscal general 1730
Pedro de León y Escandón (e), protector general 1735
Pedro José Bravo de Lagunas (c), protector interino 1736
García José Lasso de la Vega e Hijar y Mendoza (c), protector general fiscal 1741
Tomás Azúa (¿?) 1749
Joaquín de Galdeano (e), protector fiscal 1767
Juan de Peralta y Sanabria (c) 1771
Felipe Santiago de Barrientos (c), protector general ¿?
Manuel de Mansilla y Arias de Saavedra (c), protector general ¿?
Cosme Antonio de Mier y Trespalacios (e) ¿?
José Javier Leandro Baquijano y Carrillo (c), protector general interino de los 1776, 1781
indios
Gerónimo de Ruedas Morales (c)33 1778

Un caso emblemático es el del fiscal protector Pedro de la Concha y


Roldán. José de Santiago–Concha, oidor de la Audiencia de Lima, compró
para su hijo Pedro José Rafael de Concha y Roldán el cargo de protector

30 Una muy buena recopilación de artículos sobre este tema aparece en Ruiz Rivera, Julián y
Sanz Tapia, Ángel (2007). La venta de cargos y el ejercicio del poder en Indias. León: Secretaria-
do de Publicaciones de la Universidad de León.
31 Para la elaboración del cuadro tomamos los datos proporcionados en el estudio de Loh-
mann Villena, Guillermo (1974). Los ministros de la Audiencia de Lima en el reinado de los Bor-
bones (1700–1821). Sevilla: Escuela de Estudios Hispano–Americanos de Sevilla.
32 Especificamos en cada caso el título de protector de cada uno de los magistrados nombra-
dos. Entre las denominaciones tenemos: protector fiscal general y protector general fiscal.
Señalamos también si ostentaron el cargo de manera interina. Añadimos una (c) para desig-
nar criollo y una (e) para español.
33 Cuñado de Baquijano y Carrillo.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 45


Javier Iván Saravia Salazar

de indios. Según Tord y Lazo, el oidor desembolsó la suma de veinte mil


pesos (Tord y Lazo 1985 [1980]: 25), cifra bastante elevada. El caso llegó
al Consejo de Indias y se le revocó del cargo. No obstante ello, Concha y
Roldan se incorporaría a la administración pública como gobernador de
Huancavelica y consejero del virrey. Sobre su padre han quedado testimo-
niados, a través de pasquines y sátiras de la época, serios cuestionamien-
tos a su honradez como funcionario público (Lohmann 1972 y 1974). Por
el caso de don Pedro de la Concha y Roldán podemos apreciar la nueva
dinámica del poder en la Real Audiencia y la desnaturalización de la Pro-
tectoría de Indios34.
Al visitar el virreinato, Jorge Juan y Antonio de Ulloa se topan con la
destitución de este protector. Sobre el respecto nos dicen:
Hallándonos en aquellas provincias fue privado del empleo de pro-
tector de los indios en la Audiencia de Lima D. José de la Concha, por-
que llegaron a noticias de su majestad y de sus ministros las quejas
de lo mal que cumplía con la obligación de su ministerio. Es cierto que
las quejas fueron justas, pero los que estábamos observando la con-
ducta de otros que se hallaban en iguales empleos, y veíamos que no
hacían lo mismo con ellos, siendo tan dignos de deposición, conocía-
mos hasta dónde llega el poder de las grandes distancias, pues por
causalidad dejó correr aquellas quejas hasta llegar al trono, siendo
general quedarse en su principio y desaparecer (Juan y Ulloa 1953:
237) [las cursivas son nuestras].
Al referirse Jorge Juan y Antonio de Ulloa a «iguales empleos», presu-
mimos que se refieren a los procuradores y abogados de indios, quienes
desempeñaban sus funciones en la Audiencia. También podrían referirse
a los protectores de partido, aunque eso es algo más lejano, porque cree-
mos que se refieren a igualdad de funciones en la Audiencia.
Son muy interesantes los datos que nos aportan en un contexto en
que ya estaba en España Vicente de Mora Chimo, nombrado procurador
general de los indios en 1721 y que tenía un pleito junto con su comu-
nidad en la Audiencia contra el corregidor de Trujillo, Pedro Alzamora y
Ursino, cuñado del oidor decano de la Audiencia Concha–Salvatierra y tío
del fiscal protector general Pedro de la Concha y Roldán. Los apuntes de
Sophie Mathis nos hacen pensar que Pedro de la Concha ocupó previa-
mente el cargo de protector de naturales antes de comprarlo con la dig-
nidad de fiscal protector. Mathis analiza la faceta de procurador general
de los indios de Mora Chimo en la Corte, motivado por un litigio de

34 Sobre el caso pueden consultarse: Konetzke (1958), Tord y Lazo (2007), Lohmann (1972) y
Saravia (2012, capítulo V) citados en la bibliografía.

46 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

apropiación de tierras iniciado por Alzamora bajo la protección de sus


poderosos parientes. Aunque no precisa fecha, pone mucho énfasis en
la vinculación familiar con Concha y Roldán de 1715 a 1721. Según Loh-
mann Villena, el hijo del oidor adquirió el cargo en 1730. Por el monto
desembolsado, es poco factible que se hubiera adquirido el cargo si no
ofrecía algún tipo de poder efectivo y utilidad práctica. El cargo de fiscal
protector feneció de manera oficial en 1648. Sin embargo, durante el siglo
XVIII tuvo una vida intermitente, pues el cargo de protector general apa-
reció acompañado de la dignidad de fiscal hasta 1750.

Nuevas legitimidades para los curacas


Los indígenas formaron parte del sistema de la Protectoría, como lo
ejemplifica el caso de don Lorenzo Paxiguana Alay Quiroz, cacique prin-
cipal del pueblo de Yanque, nombrado protector de naturales de partido
en la provincia de Collaguas, mediante una real provisión del marqués
de Castelfuerte del 17 de junio de 1735 (León Fernández 2003). Se debe
circunscribir este nombramiento a dos contextos específicos. En primer
lugar, hubo un esfuerzo estatal por nombrar un mayor número de pro-
tectores «letrados», especialmente en los poblados sin audiencia (Cutter
1986: 50). En segundo lugar, cada vez era más generalizada la idea de que
los indígenas eran los idóneos para responder a sus propias necesidades y
que constituían un sector más leal a la Corona que los criollos (Ulloa 1953).
La consolidación de los cabildos indígenas determinó una nueva fisono-
mía de relaciones político–administrativas, que dejaron de circunscribirse
a la esfera del grupo étnico y el parentesco.
Los curacas o caciques indígenas eran hábiles litigantes. En el siglo
XVIII hicieron sentir cada vez más su presencia como un grupo con inte-
reses políticos bien definidos. Existía un clima positivo, al menos teórico
e ilustrado, para que los naturales pudieran acceder a puestos adminis-
trativos como el de protector de partido, que era el caso de don Lorenzo
Paxiguana, y el de procurador general de los indios en la Corte, que era el
caso de Vicente de Mora Chimo. Los temas de conflicto fueron en esen-
cia los mismos de siempre: el trabajo en las minas, la propiedad agrícola
y la tributación. Este último fue el de mayor conflictividad, tanto así que
desencadenó el gran movimiento insurreccional del siglo XVIII, que corro-
boró los temores de la Corona hacia los indígenas, y terminó por cortar
drásticamente los privilegios y facultades de la élite indígena.

Conclusiones
La realidad material de un sistema basado en la explotación com-
pulsiva de la mano de obra indígena hacía imposible la eficacia de una
institución como la Protectoría de Indios. No obstante, la presencia de

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 47


Javier Iván Saravia Salazar

funcionarios y leyes protectoras permitieron a los indígenas poner cierto


freno al atropello de sus derechos y obtener justicia en los tribunales.
Los intereses cambiantes de la Corona, desde el descubrimiento y con-
quista hasta el asentamiento definitivo de su dominio, requirieron que
esta llevara a cabo una serie de alianzas y tolerancias para impedir la con-
solidación de grupos independientes de su poder. Desde esta perspecti-
va, la Protectoría permitió contribuir a dicho fin. Esto lo podemos apreciar
al tomar en consideración los cambios en la calidad de los funcionarios
designados para el cargo, las competencias otorgadas y las limitaciones
contenidas expresadas en los diferentes cuerpos normativos, el constante
roce jurisdiccional entre la Iglesia y las autoridades locales (corregidores).
La Protectoría, al tener bajo su competencia exclusiva la supervisión
del buen trato a los indígenas, tenía la obligación tácita de velar y garan-
tizar el usufructo equilibrado de la fuerza de trabajo indígena, verdadero
motor de la economía. Esto suscitó que los protectores y la élite indígena
entablaran alianzas y estrategias no solo con el objeto de poner freno al
abuso cruel y real que ejercían los criollos y peninsulares dueños de los
medios de producción (obrajes, estancias, latifundios, minas). Ello no es-
taba necesariamente en contradicción con la defensa de intereses perso-
nales ajenos a los procesos judiciales que planteaban los indígenas y que
defendían apasionadamente protectores en su afán de hacerse de mayor
prestigio y escalar en la carrera administrativa virreinal.

Anexo
Evolución de la Protectoría de Indios35
Siglo XVI
1. El modelo lascasiano
1516
Nombramiento de Bartolomé de las Casas como protector de indios.
Sus poderes y prerrogativas eran prácticamente ilimitados en lo referen-
te a la vigilancia del tratamiento que recibían los indios. Debía viajar por
todo el territorio de las Indias, e informar a los gobernadores y sus comi-
sarios de cuanto estimase conveniente sobre los indígenas y la Corona.
Cumplía una función de consejero real en asuntos indígenas, y enviaba
información periódica sobre las acciones necesarias de tomar en Indias
para salvaguardar la integridad de la población nativa. Convergían entre
sus funciones las de ser procurador de los indígenas ante los tribunales,

35 Elaboración propia.

48 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

así como la de ser un inspector general del tratamiento que recibían.


Contaba con amplia libertad de movimiento y capacidad de fiscalización
y jurisdicción para juzgar la conducta de conquistadores y colonizadores.
2. Los protectores obispos
1530
Se restringieron las prerrogativas de los protectores. Podían intervenir
únicamente en casos menores y ejecutar penas pecuniarias inferiores a 50
pesos o penas de cárcel de menos de diez días.
1531–1554
Se invistió automáticamente a los obispos destacados a las diferentes
diócesis como protectores de indios. Los obispos mantuvieron su labor
de informantes reales y mantuvieron una fluida correspondencia con la
Corona y el Consejo de Indias.
3. Los fiscales de la Audiencia como protectores de indios
1554
La defensa de los indígenas pasó a recaer bajo responsabilidad de los
fiscales de la Audiencia, para el caso peruano, de 1554 a 1557, según So-
lórzano.
1567
Por una real cédula enviada a la Audiencia de Quito, se ordenaba des-
aparecer el cargo el 1 de febrero de 1567 (Encinas 1945: 333). Sin embar-
go, la cédula no fue acatada y el cargo siguió existiendo en el virreinato
peruano.
4. El protector general de indios toledano.
1575
El 10 de setiembre, en Arequipa, el virrey Francisco de Toledo dictami-
nó las ordenanzas sobre el defensor general de los indios. Con estas or-
denanzas se institucionalizó la Protectoría como un cargo administrativo
dependiente del virrey. Se le confirió una mayor organicidad, pues creó
paralelamente cargos dependientes, como los protectores de partido, los
procuradores de indios y los defensores de indios, para restringir el acceso
de los litigios a la Real Audiencia de Lima. De esta manera, se intentó or-
ganizar el aparato judicial del virreinato, al convertir el cargo de protector
en una suerte de ente catalizador y de filtro de las reclamaciones de los
indígenas, en especial de los curacas y las comunidades indígenas. Veía en
apelación las causas seguidas en los juzgados inferiores (corregimientos).

1582
Desactivación de la Protectoría de Indios. Por real cédula del 27 de
mayo de 1582, dirigida al presidente de la Real Audiencia de México, se

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 49


Javier Iván Saravia Salazar

ordenó la eliminación del oficio, aduciendo que el defensor de indios


dañaba y perjudicaba notablemente a los naturales, contrariando la vo-
luntad del rey. Se dispuso que en adelante fueran las audiencias las que
tomaran el cuidado y amparo de los indios. La cédula era una circular, de
modo que la abolición del cargo tuvo carácter general para todos los rei-
nos del Imperio español.

1589
Por real cédula del 10 de enero de 1589, dirigida al virrey Villar Don Par-
do, se restituyó al defensor general y a los defensores de indios de parti-
do, en vista que la eliminación del cargo había traído más inconvenientes
que ventajas. Todo debía ceñirse a las ordenanzas sobre el oficio del virrey
Francisco de Toledo.

1590
El virrey García de Mendoza, cuarto marqués de Cañete (gobierno de
1590–1596), sucesor de Villar Don Pardo, acusaba recibo de la cédula y
procedió a su obediencia. El modelo de la Protectoría de Indios diseñado
por el virrey Toledo fue el que rigió hasta 1643.

Siglo XVII

5. El protector fiscal
1614
Se discute por primera vez en el Consejo de Indias, a petición del mo-
narca, la conveniencia o no de dotar al oficio de protector de indios de
igual dignidad que un fiscal u oidor de la audiencia. El Consejo de Indias
concluyó que convenía que el virrey nombrase a personas de máxima ga-
rantía, sin ánimo de lucro, pero sin garnacha.

1615
Felipe III consulta al virrey Esquilache si convendría «proveer por pla-
za de asiento la Protectoría» en Lima, es decir, si convendría dotar al pro-
tector general de los indios de igual dignidad que un fiscal u oidor de la
audiencia.

1640
El Consejo de Indias discutió la cuestión titulándola: Sobre los incon-
venientes que tiene el beneficien los oficios de protectores de los indios y par-
ticularmente el que se les conceda que puedan traer garnacha. La Junta de
Vestir la Casa propuso en 1640 que el nombramiento del protector lo hi-
ciera directamente el rey y que tuviera algunas atribuciones. En concreto,
que pudieran vestir la garnacha o toga, que fueran letrados, que contaran

50 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

con asiento en las audiencias después de los fiscales y que, al mismo tiem-
po, fueran fiscales de la bula de la cruzada.

1643–1648
A partir de 1643 se instituyó en el virreinato peruano, en la Audiencia
de Lima, el cargo de fiscal protector de los indios, con carácter autóno-
mo y como magistrado independiente. Podía vestir toga como los demás
integrantes de dicho tribunal. Su misión consistió en actuar de defensor
nato de los indígenas de todo el distrito de la audiencia, no solo en cali-
dad de procurador de sus pleitos sustanciados ante ella, sino, sobre todo,
amparándolos en caso de queja contra sus corregidores y acogiendo sus
demandas para reducción del monto de los tributos. En resolución, ten-
diendo su manto protector sobre los nativos, para evitar toda ofensa o
agravio que se pretendiere inferirles.

1646
Por real cédula del 30 de junio se ordenó que en los casos en que los
españoles hubieran adquirido tierras de indios de modo ilícito, los fiscales
protectores debían pedir en nombre de ellos la nulidad de dichas adqui-
siciones (Suárez 1995: 302).

1648–1686
Durante este interregno de tiempo se regresó al sistema de protec-
toría toledano, mientras gradualmente se desactivaba el cargo de fiscal
protector en los virreinatos americanos.
6. La Recopilación de Leyes de Indias
1680
Promulgación de la Recopilación de Leyes de Indias. El título VI de su
libro VI señala todas las funciones, instrucciones y actividades procesales
que de ahí en adelante debían regir las competencias y funciones de los
protectores de indios. La Recopilación aportó tres elementos importantes
en la evolución de la Protectoría. Señaló enfáticamente la dependencia
del protector general de indios a la administración virreinal (Ley I, II, VI,
XII), se ocupó de las relaciones de los protectores con las autoridades su-
periores del virreinato (Ley X, XIV) y, frente a la dependencia del cargo a las
autoridades virreinales, trató de darle cierta estabilidad al cargo exigiendo
que los protectores no fuesen destituidos sin causa legítima; además, se
exhortó a la Audiencia a pronunciarse sobre la legitimidad y certeza de las
causas por las que se destituía al protector (Ley V). En lo referente a la ac-
ción legal de los protectores en defensa de los indígenas en los tribunales,
se mantuvo, en esencia, lo estipulado en las ordenanzas de Toledo.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 51


Javier Iván Saravia Salazar

1684
Los primeros ejemplares de la flamante legislación se embarcaron en
Sevilla en setiembre hacia los reyes.

1685
Llegada a Lima de la Recopilación, según carta de Pedro Frasso al virrey
el 30 de abril de 1686.

1686–1690
La aplicación de la legislación de la Recopilación fue intermitente y di-
ficultosa. Hasta 1686 aún se sometía a evaluación la conveniencia de su
aplicación para la realidad del virreinato peruano.

Siglo XVIII
7. Cargo institucionalizado en la Real Audiencia
1700
La Recopilación de Leyes de Indias de 1680 constituía a la planta de la
Audiencia con ocho oidores, cuatro alcaldes del crimen, dos fiscales (uno
en lo civil y otro en lo criminal) y un protector de indios. La Protectoría
como cargo afincado en la Real Audiencia se asemejará en funciones al
fiscal del crimen. Durante todo el siglo el cargo fue un requisito para acce-
der a oficios de mayor jerarquía en la administración colonial, pues crio-
llos y peninsulares pasarán por este cargo antes de ser destacados como
fiscales u oidores en la Audiencia de Lima o en otra audiencia del Imperio
español en América.

1700–1770
Intermitentemente el cargo gozó de la dignidad de fiscal. Esta prerro-
gativa se concedía cuando el cargo era adquirido onerosamente.

1750–1780
Con posteridad a 1750 se hizo más común el destacamiento de los
funcionarios de la audiencia interinamente en el cargo.

52 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ACEBEDO, Edberto Óscar (1991). «El protector de Indios en el Alto Perú


(hacia fines del régimen español)». En IX Congreso del Instituto Internacio-
nal del Derecho Indiano. Madrid: Editorial de la Universidad Complutense.
ÁLVAREZ PERCA, Guillermo (2010). «Fray Jerónimo de Loayza, primer arzo-
bispo de Lima». En Revista de Historia Eclesiástica, nro. 12, pp. 7–28.
ANDRIEN, Kenneth J. (2011). Crisis y decadencia. El Virreinato del Perú en el
siglo XVII. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.
AMADORI, Arrigo (2009). «Que se de diferente modo al gobierno de las
indias, que se van perdiendo muy aprisa. Arbitrismo y administración a
principios del siglo XVII». En Anuario de Estudios Americanos, nro. 66, vol.
2, pp. 147–169.
BARRIGA, P. Víctor M. (1939). Documentos para la historia de Arequipa.
1534–1558. Documentos inéditos de los Archivos de Arequipa. Arequipa:
Editorial La Colmena
BAYLE, Constantino (1945). El protector de indios. Sevilla: Consejo Superior
de Investigaciones Científicas.
BENITO RODRÍGUEZ, José Antonio (2007). «P. Vicente Valverde, pionero
de la evangelización del Perú». En Revista Peruana de Historia Eclesiástica,
nro 10.
BURKHOLDER, Mark A. y D. S. CHANDLER (1984 [1977]). De la impotencia
a la autoridad. La Corona española y las Audiencias en América 1687–1808.
México D. F.: Fondo de Cultura Económica.
CHASSIN, Joëlle (1992). «Protecteur d’Indiens contre Vice–Roi: la lutte de
Miguel de Eyzaguirre pour l’abolition du tribut au Pérou». En Cahiers des
Amériques Latines, nro. 13, pp. 61–74
CUENA BOY, Francisco José (1998a). «El defensor civitatis y el protector de
indios: breve ilustración en paralelo». En Ius Fugit. Revista Interdisciplinar
de Estudios Histórico–Jurídicos, nro. 7, pp. 179–196.
_______________ (1998b). «El protector de indios en clave romanística:
una propuesta del siglo XVII». En César Rascón García (coordinador). III
Congreso Iberoamericano de Derecho Romano. León: Asociación Iberoame-
ricana de Derecho Romano.
_______________ (1998c). «Utilización pragmática del derecho romano
en dos memoriales indianos del siglo XVII sobre el protector de indios». En
Ius Fugit. Revista de Estudios Históricos–Jurídicos, nro. 20.
CUNILL, Caroline (2011). «El indio miserable: nacimiento de la teoría legal
en la América colonial del siglo XVI». En Cuadernos interCAmbio, año 8, nro.
9, pp. 229–248.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 53


Javier Iván Saravia Salazar

GARCÍA HERNÁN, Enrique (2007). Consejero de ambos mundos. Vida y obra


de Juan de Solórzano y Pereira (1575–1655). Madrid: Fundación Mapfre.
HIDALGO NUCHERA, Patricio (1998). «Origen y desactivación de la Protec-
toría de Indios en la Presidencia–Gobernación de las Islas Filipinas». En
Revista Española del Pacífico, nro. 8.
HONORES, Renzo (1993). Litigiosidad indígena ante la Real Audiencia,
1552–1598. Tesis para optar por el título de abogado. Lima: Pontificia Uni-
versidad Católica de Perú.
_______________ (2007). Una sociedad legalista: Abogados, procuradores
de causa y la creación de una cultura legal colonial en Lima y Potosí, 1540–
1670. Tesis. Florida: Department of History, International University.
JUAN, Jorge y ULLOA, Antonio de (1953). Noticias secretas de América. Bue-
nos Aires: Mar Océano.
KELLER, Suzanne (1971). Más allá de la clase dirigente. Élites estratégicas en
la sociedad moderna. Madrid:Tecnos.
KONETZKE, Richard (1953–1958). Colección de documentos para la historia
de la formación social de Hispanoamérica. 1493–1810. Madrid: Consejo Su-
perior de Investigaciones Científicas.
LAZO GARCÍA, Carlos y TORD NICOLINI, Javier (2007). Obras escogidas de
Carlos Lazo García. Historia de la economía colonial. Hacienda, comercio, fis-
calidad y luchas sociales. Lima: Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos.
LEÓN FERNÁNDEZ, Dino (2003a). «Un manuscrito sobre el protector de los
naturales en la provincia de Collaguas. Siglo XVIII». En Revista de Investiga-
ciones Históricas Uku Pacha, año 4, nro. 5, pp. 91–107.
LEURIDAN HUYS, Johan (1997). José de Acosta y el origen de la idea de mi-
sión. Perú, siglo XVI. Cusco: Centro de Estudios Regionales Andinos Barto-
lomé de las Casas y Universidad de San Martín de Porres.
LOHMANN VILLENA, Guillermo (1972). «La poesía satírico–política durante
el virreinato». En Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, nro. 7, pp.
37–108.
_______________ (1999 [1948]). Las minas de Huancavelica en los siglos
XVI y XVII. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del
Perú.
_______________ (2001 [1957]). El corregidor de indios en el Perú bajo los
Austrias. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del
Perú.
LONGO, Carlo (1996). «Juan Solano, O. P. (¿1505?–1580), segundo obispo
de Cusco, y la fundación del Colegium S. Thomae de Urbe». En Revista An-
dina, nro. 26, año 14, pp. 509–524.

54 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2


La evolución de un cargo: la Protectoría de Indios en el virreinato peruano

MACIEREWICZ, Antoni (1989). «Los primeros programas coloniales: la Igle-


sia frente a la conquista del Perú (1529–1541). En Iglesia, religión y sociedad
en la historia latinoamericana. Szeged: Jate Kiadó.
MARTIRÉ Eduardo (s/f ). «El dominio de las Indias: la tolerancia como regla
de gobierno de la monarquía». Consultado el 7 de diciembre de 2011 en
[Link]
MORA MÉRIDA, José Luis (1981). «Fray Juan Solano, obispo del Cusco». En
Primeras Jornadas de Andalucía y América: La Rábida, vol. 2, pp. 79–94.
MATHIS, Sophie (2008). «Vicente Mora Chimo, de indio principal a procu-
rador general de indios del Perú: cambio de legitimidad del poder autóc-
tono a principios del siglo XVII». En Bulletin de l’Institut Français d’Études
Andines, nro. 37, vol. 1, pp. 199–215.
MORALES PADRÓN, Francisco (1979). Teoría y leyes de la Conquista. Madrid:
Ediciones Cultura Hispánica del Comité Iberoamericano de Cooperación.
MOREYRA PAZ SOLDÁN, Manuel (1994). «El doctor Alberto de Acuña, oi-
dor en Lima, nominado presidente en Guadalajara». En Estudios históricos.
Oidores y virreyes. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Cató-
lica del Perú.
NOVOA, Mauricio (2003). Defensoría del pueblo: Aproximaciones a una ins-
titución constitucional. Lima: Universidad de Lima.
_______________ (2006). «La práctica judicial y su influencia en Solórza-
no: la Audiencia de Lima y los privilegios de indios a inicios del siglo XVII».
En Juan de Solórzano y Pereira. Pensar la colonia desde la colonia. Bogotá:
Universidad de los Andes.
OLMEDO JIMÉNEZ, Manuel (1990). Fray Jerónimo de Loaysa, pacificador de
los españoles y protector de los indios. Granada: Universidad de Granada y
Editorial San Esteban.
PEASE, Franklin (1990). «¿Por qué los andinos son acusados de litigiosos?».
En Los derechos culturales. Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universi-
dad Católica del Perú.
RUIGÓMEZ GÓMEZ, Carmen (1988). Una política indigenista de los Habs-
burgo: el protector de indios en el Perú. Madrid: Superior de Investigaciones
Científicas.
SUÁREZ, Santiago–Gerardo (1995). Los fiscales indianos. Origen y evolución
del Ministerio Público. Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la
Historia.
TALAVERA VELEZMORO, Juan Carlos (2009). «Indumentaria académica
sanmarquina: una introducción histórica sobre el antecedente y evolu-
ción del traje académico protocolar en el Perú». Ponencia en el XI Coloquio
de la Historia de Lima. Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Desde el Sur | Volumen 4, Número 1 55


Javier Iván Saravia Salazar

VARÓN GABAI, Rafael (1997). La ilusión del poder. Apogeo y decadencia de


los Pizarro en la conquista del Perú. Lima: Instituto de Estudio Peruanos e
Instituto Francés de Estudios Andinos.
SARAVIA SALAZAR, Javier Iván (2012a). Los miserables y el protector. Evo-
lución de la protectoria de indios en el virreinato peruano. Siglos XVI–XVIII.
Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
_______________ (2012b). «El fiscal protector de indios en la Audiencia
de Lima, siglo XVII. Espacios de poder y arbitrismo». En Actas del Quinto
Congreso Nacional de Historia. Lima: Universidad Nacional Mayor de San
Marcos.

Recibido: Noviembre de 2011.


Aceptado: Febrero de 2012.

56 Desde el Sur | Volumen 4, Número 2

También podría gustarte