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La historia accidental de la sucralosa

La sucralosa se descubrió accidentalmente en 1973 cuando un químico indio añadió cloro durante un proceso de halogenación para fabricar edulcorantes sintéticos. Tras años de pruebas, fue aprobada en varios países occidentales en la década de 1990 y en la Unión Europea está aprobada como aditivo E955. Algunos estudios en ratones han encontrado que la sucralosa puede afectar su flora intestinal, pero una revisión reciente concluye que no hay evidencia sólida de que afecte a la flora

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La historia accidental de la sucralosa

La sucralosa se descubrió accidentalmente en 1973 cuando un químico indio añadió cloro durante un proceso de halogenación para fabricar edulcorantes sintéticos. Tras años de pruebas, fue aprobada en varios países occidentales en la década de 1990 y en la Unión Europea está aprobada como aditivo E955. Algunos estudios en ratones han encontrado que la sucralosa puede afectar su flora intestinal, pero una revisión reciente concluye que no hay evidencia sólida de que afecte a la flora

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La sucralosa es la historia de un accidente.

El que cometi� un qu�mico indio en


1973 en un proyecto del King's College de Londres, al a�adir cloro durante el
proceso de halogenaci�n de las mol�culas de sacarosa para fabricar edulcorantes
sint�ticos. Pero lejos de liarla parda, lo que consigui� este investigador, de
nombre Shashikant Phadnis, fue un compuesto entre 350 y 600 veces m�s dulce que el
az�car de mesa que le hizo millonario: la sucralosa.

Tras a�os de pruebas y estudios, la sucralosa fue aprobada sucesivamente en


diferentes pa�ses de Occidente, empezando por Canad� en 1993, Nueva Zelanda en
1997, y en 1998 en Estados Unidos; primero para determinadas categor�as y
posteriormente para uso cotidiano. En la Uni�n Europea est� tambi�n aprobado y
catalogado como aditivo E955.

Por su potencia edulcorante, que dobla a la sacarina y es 3,3 veces la del


aspartamo, la sucralosa se utiliza sobre todo en bebidas y refrescos dulces, as�
como en cicles sin az�car, junto con otros edulcorantes potentes. Entre sus
ventajas est� el que se precisan dosis muy bajas para conseguir el efecto dulce,
as� como que pr�cticamente no aporta calor�as, pues la mayor parte no se
metaboliza, sino que se expulsa por las heces fecales. Solo una peque�a parte se
absorbe intestinalmente, pero va a parar a la orina, salvo un 20 a 30% de esta
porci�n, que s� se metaboliza.

Por otro lado, diversos estudios y una amplia revisi�n de 2016 aseguran que la
sucralosa no tiene efectos cancer�genos, por lo que, en principio, se antoja ideal
como edulcorante para evitar las caries, el exceso de calor�as vac�as y por
descontado para personas con problemas de resistencia a la insulina y diab�ticas.
No obstante, desde su aprobaci�n en los diversos pa�ses, una cierta pol�mica a
acompa�ado a la sucralosa.

Posibles efectos sobre la flora intestinal de ratones


Dos estudios de universidades israel�es concluyeron a mediados de la presente
d�cada (2014 y 2018) que la sucralosa ten�a efectos negativos sobre la flora
bacteriana intestinal, tambi�n llamada microbiota, en el caso de ratones, llegando,
seg�n el primero de ellos, que fue publicado en la revista Nature, a disparar la
intolerancia a la glucosa, un s�ntoma t�pico de las personas prediab�ticas.

El segundo, sin ir tan lejos, s� utiliz� un m�todo de medici�n diferente al de las


pruebas realizadas por las agencias de aprobaci�n de aditivos para concluir que
efectivamente en ratones se produc�an alteraciones en las poblaciones de su flora
bacteriana. No obstante, este mismo mes ha aparecido una amplia revisi�n de estos y
otros estudios que juzga que no hay evidencias s�lidas de que la sucralosa puede
afectar la flora intestinal de los seres humanos.

La revisi�n alega que la flora intestinal de los ratones es muy distinta a la de


los seres humanos, por lo que los estudios para concluir efectos negativos en los
cambios poblaciones deber�an realizarse directamente estudiando las heces humanas o
directamente la composici�n en el intestino mediante t�cnicas de luminiscencia.

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