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P. Mario Carty - Biografía

El documento describe la vida en el barrio pobre de "El Montón" en Lima, Perú en la década de 1960. Los residentes vivían entre 7 metros de cenizas de basura y había problemas con el agua y el desagüe. Los cerdos comían desperdicios entre la basura y personas recolectaban vidrios, metales y papel para reciclar. La parroquia local ofrecía desayuno para 251 niños y atención médica básica. La práctica pastoral era conservadora en esa época y los sacramentos como el b

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Matilde Carazas
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P. Mario Carty - Biografía

El documento describe la vida en el barrio pobre de "El Montón" en Lima, Perú en la década de 1960. Los residentes vivían entre 7 metros de cenizas de basura y había problemas con el agua y el desagüe. Los cerdos comían desperdicios entre la basura y personas recolectaban vidrios, metales y papel para reciclar. La parroquia local ofrecía desayuno para 251 niños y atención médica básica. La práctica pastoral era conservadora en esa época y los sacramentos como el b

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Pág 3 y 4

Legué a Lima en el año 1960 con tres asociados para juntarnos 9 columbanos; en noviembre del año
siguientes 13 más llegaron; uno era columbano y doce eran asociados. Poco después los Columbanos
fueron pedidos, para encargarse del Sector “El Montón”, ubicado al otro lado del Rímac. Yo fui enviado ahí
con el asociado John Morrisey, en febrero 1962, como éramos pocos que hablábamos castellano,
cualquiera que podría hablar castellano fue nombrado párroco. Este sector fue protegido del Río Rímac,
por una muralla que llegó desde el lecho del Rio hasta el camino, protegido de esta forma. Fue utilizada
esta área como cantera durante 40 años; más tarde fue quemado allí la basura de la ciudad, dejando ya
profundidades de cenizas; uno tenía más o menos 7 metros de profundidad de cenizas y todo ese basural
fue llamado “El Montón”. En el año 1955, poco más de mil familias lo invadieron, después de conseguir del
gobierno un buldócer, para nivelar el espacio entre el río y la línea del ferrocarril. Allí construyeron casas
pequeñas de adobe y calles estrechas para poder meter más espacios, más hogares, más familias. Algunos
construyeron sus casas con ladrillo y cemento, donde la ceniza no tenía mucha profundidad. En los años
siguientes varias de esas casas tenían que ser demolidas porque estaban inclinadas hacia afuera, o hacia
atrás o por un costado; porque las bases eran inestables. En el centro parroquial encontramos que las
cenizas tenían casi 8 metros de profundidad. Lo medimos metiendo un fierro de construcción en el suelo.
El agua se compraba de camiones cisternas y guardado en cilindros de aceite, de una capacidad de 55
galones me dijeron. Nadie robaba el agua de vecino. El desagüe era otro problema. Algunas familias
ubicadas cerca del río, otros mandaban sus hijos para votar el producto de sus necesidades al río, pero no
todos los niños llegaban al río, y en ello el contenido líquido era tirado a la calle que no estaban
pavimentada, el resultado de eso en el aire era un olor especial; me di cuenta luego de un tiempo que había
perdido el sentido del olfato, cuando salía del Montón, el olfato se recuperaba y al volver podía notar el olor
una vez más; pero pasado dos horas ya no se sentía incomodidad, hasta la ropa y si no fuera utilizado por
unos meses tenía impregnado ese olor de ese perfume especial, pero algunas horas colgadas al sol, la
ropa se recuperaba.
El Centro Parroquial era un edificio de un solo piso, hecho de adobe y con una pequeña capilla que cabían
cien personas aproximadamente, un lugar de reuniones grandes, que en las mañanas -a las seis- se
utilizaba para dar desayuno a 251 niños también había una pequeña clínica de atención médica, donde
trabajaban dos médicos y dos enfermeras; un grupo de señoras anglicanas asistían cada sábado y ellas
pasaban al médico que atendían también, además un pequeño dormitorio y una pequeña cocina, y también
un baño que utilizábamos como área de cocina y aquí se hervía agua en un primus y para el desayuno y
para la cena tomábamos café; yo me puse como un buen cocinero para hacer sopas, si tu nombrabas la
sopa de tu preferencia y si yo tenía tenía el paquete indicado podrías tomar sopa, en El Montón era una
acumulación de cenizas y por el costado hubo casi 4000 chanchos. Se descansaba bajo techos de esteras;
ellos comían las sobras de los restaurantes y hoteles de Lima, comida mezclada con vidrio roto, latas rotas,
papel usado, cartón y objetos metálicos, todo incluido; después de que los chanchos habían comido, dos
hombres mayores recogían con sus manos todos los vidrios rotos y los separaban en dos tipos vidrio sin
color (claro) y vidrio con color (colorado).
´

Pág. 4 y 5
Otros dos hombres recogían en costales todo el papel y cartulina que encontraban y dos más recogían las
latas y cualquier metal encontrado, las latas se tiraban a la pista para ser aplastados por los camiones y
ómnibus que pasaban de vez en cuando, esos veteranos del negocio del reciclaje sorteaban lo que
encontraban en la tierra solida al lado de la línea del ferrocarril; a veces dormían sobre el suelo para proteger
los materiales que habían recogido y cuando el camión no venía para llevar a la fábrica (los vidrios rotos,
los metales y papel), tomé unas fotos de una perra durmiendo con los chanchos, y una foto de una perra
dando de amamantar a dos chanchitos, y una vez dos norteamericanos me visitaron y los llevé a visitar el
sector, y al ver la foto me preguntaban si los perros y los chanchos se apareaban, me preguntaban si los
perros y las chanchas se apareaban, yo les aseguré que sí y les mostré la foto y me preguntaban cómo se
llamaban estos críos, yo dije que se llaman “chancho perra” o perro chancha”, según los procreadores.
Años después, alguien me envió de los Estados Unidos una copia … imprimió ese cuento; también el Padre
Borson y yo íbamos a nuestra pequeña parroquia en Reynoso al lado del aeropuerto que estaba en plena
construcción y el camino que corría al lado del río había un sendero no asfaltado, y pasado unos meses
encontramos unas llantas bien pinchadas, en esa época se reparaban las llantas con pequeños tarugos de
jebe; cuando regresé al mecánico vulcanizador, me presentó en la mano dos clavos, cuando regresé al
mecánico vulcanizador me presentó en la mano 14 clavos, era imposible repararlo, el día que fue asesinado
John Kennedy, en los [Link]; varias personas me llamaron para ofrecerles sus pésames; y nosotros
decíamos que no éramos norteamericanos, pero me contestaban “no pero medio irlandés”, no hubo luz
eléctrica en el área, algunos ya tenían pequeños generadores y nosotros también en la parroquia teníamos
generadores y dábamos luz cada noche a la escuela nocturna; también teníamos un pequeño televisor y lo
pudimos en una pequeña ventana que daba a la casa; cada noche entre 20 y 30 niños se sentaban sobre
ladrillos, hasta las 10 de la noche, ellos regresaban a sus casas sin que sus padres los llamen; regresaban
a sus casas sin que sus padres los llamaran, ese televisor era el único entretenimiento que hubo, de vez
en cuando se escuchaban gritos ¡Padre!, ¡Padre! y sabíamos que se había apagado el televisor.

Pág. 10 y 11
En los años 60 y 70, los columbanos estábamos muy polarizados. Al inicio el Concilio Vaticano II estaba
seccionando y hubo un ambiente de expectativa que la Iglesia iba a cambiar. Cuando llegué a Lima en el
año 1960, hubo 3 parroquias; la primera la Parroquia “Beato Martín de Porres” y habían 2 parroquias más,
se ubicaban en la avenida Perú que no estaba asfaltada, era el lecho del Río Rímac; y los camiones y
ómnibus pasaban por medio de esas rocas del tamaño de una persona o más grandes todavía; los
omnibuses y camiones habían hecho dos surcos y si uno no seguía esos surcos no podía avanzar; en
cambio un carro era imposible llevarlo hay porque era demasiado bajo. En esa época también se celebraba
la misa y los sacramentos en Latín, de modo que los recién llegados con sus asociados de otras Diócesis
en Irlanda, algunos de Inglaterra, se podía hacer la Misa en Latín sin saber nada de Castellano; con el
Concilio Vaticano II todo cambió; y esos asociados que salían del seminario tanto en Inglaterra como en
Irlanda tenían opiniones de intereses muy diferentes y experiencia pastoral distinta; en esa época la práctica
pastoral en Lima era muy conservadora, según nuestro parecer, los sacerdotes de la diócesis celebraban
Misas cada mañana, como no se permitían celebrar una misa, iban de parroquia en parroquia haciendo
misas solemnes: un sacerdote, un diácono y un subdiácono. Entonces, yo celebrada la misa como
celebrante principal y otro tomaba el turno de diácono y subdiácono, y todo esto fue indicado en una
publicación que se hizo en Lima, … que había realizado el Cardenal Landázuri, indicando cuál sacerdote
principal, diácono y subdiácono, esto fue indicado. En esta época se pedían los bautizos -no hubo ninguna
preparación para los padres y padrinos-, y a cualquier hora un grupo de personas se presentaban en la
parroquia por la mañana, por la tarde, por la noche; cuando un niño pedía que lo bauticen, el niño podía
tener cualquier edad, a veces hasta los 15 años de edad; en la casa estaba preparándose una buena
comida que decía para los padres y padrinos, esa es la práctica en los pueblos de la Sierra, la ceremonia
fue realizado en Latín pero los detalles para el registro bautismal era en Español y a veces para registrar
los nombres y apellidos era muy importante porque en la práctica era si aceptaba una partida de bautismo
como documento de identidad, ya no era necesario poner los nombres correctamente, porque al
matricularse en los colegios se ponían lo que decía el documento y uno letra equivocaba, o escribirla sin
cuidado causaban muchos problemas burocráticos y a veces cuando se presentaban una Partida de
bautizo, partida de nacimiento y cuando se equivocaban en el nombre y el apellido, es necesario seguir lo
que está escrito en la partida de nacimiento, en esos años muchos de los fieles de la parroquia hablaban
Quechua o algunos que no sabían escribir y con apellidos incaicos. Siempre se buscaba agua bendita y
venían con un valde de agua acompañado con medio kilo de sal de peña, antes o después de la Misa, o
en cualquier momento en el día, lo buscaban para bautizar en casa un niño enfermo, agua de socorro o
también para proteger al niño, o lo bautizaban en casa para protegerle del mal de ojo o también se utilizaba
el agua bendita para proteger la casa de los ladrones, para calmar a un niño que no dormía, o también para
hacer las paces entre una pareja que estaba peleando; a veces yo me preguntaba, si no estábamos
animando las supersticiones; a cualquier hora podía llegar a la casa parroquial para que se bendiga una
estampita o medallas, o rosarios, o imágenes. Una vez me pidieron a mí un poquito de los santos óleos y
al insistir para qué, dijo que era para poner el aceite en la espuela del gallo de carrera, porque con los
santos óleos es para cuando esa persona se muere, porque existe entre la gente que a una persona
enferma se le daba los santos óleos, y esta práctica está ganando terreno.

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