Esquema general de la comunicación
Los elementos que intervienen en el proceso de comunicación son los siguientes:
Emisor: Aquél que transmite la información (un individuo, un grupo o una máquina).
Receptor: Aquél, individual o colectivamente, que recibe la información. Puede ser una máquina.
Código: Conjunto o sistema de signos que el emisor utiliza para codificar el mensaje.
Canal: Elemento físico por donde el emisor transmite la información y que el receptor capta por los
sentidos corporales. Se denomina canal tanto al medio natural (aire, luz) como al medio técnico
empleado (imprenta, telegrafía, radio, teléfono, televisión, ordenador, etc.) y se perciben a través de
los sentidos del receptor (oído, vista, tacto, olfato y gusto).
Mensaje: La propia información que el emisor transmite.
Contexto: Circunstancias temporales, espaciales y socioculturales que rodean el hecho o acto
comunicativo y que permiten comprender el mensaje en su justa medida.
A partir de estos elementos, distinguimos seis funciones de lenguaje:
1. Función Emotiva o expresiva: Se centra en el emisor, y en su actitud al momento de emitir un mensaje,
la cual expresa una opinión frente a lo que está diciendo, o está manifestando un estado interior (sea verdadero
o fingido). Ejemplos: "Estoy muy cansado”; "¡Que sorpresa!”; "lo siento, no te vi, estaba distraída”.
2. Función Conativa: Se centra en el receptor. Todo mensaje va dirigido a un receptor, pero en algunos casos
hay una intención explícita de producir una reacción o respuesta de su parte. Ejemplos: "¿Me alcanzas el azúcar,
por favor”; "Devuélveme mi libro".
3. Función Poética: Se centra en el mensaje y la forma en que este se construye. No se refiere exclusivamente
al uso del lenguaje en la poesía, sino que se reconoce también en tipos de comunicación cotidianos, cuando el
emisor se preocupa de hablar bien y pone cuidado a elegir y ordenar las palabras de modo que suenen bien
(normalmente hacemos de forma inconciente). Ejemplos: "Cotibín, al rojo del ojo pone fin".; "Tal para cual".;
"El que quiere celeste, que le cueste".
4. Función Metalingüística: Se centra en el lenguaje mismo. Se observa esta función cuando empleamos el
lenguaje para hablar del lenguaje, cuando necesitamos aclarar el sentido de lo que se ha dicho, el significado
de una palabra o explicar la manera en que debe decirse algo. Ejemplos: "¿Qué quiere decir ‘ambiguo’?”;
"’Ambiguo’ es sinónimo de ‘incierto’”; "Las palabras acentuadas en la última sílaba se llaman agudas".
5. Función Fáctica o fática: Se centra en el contacto. Corresponde a aquellos mensajes o usos del lenguaje
para establecer, mantener, verificar e interrumpir la comunicación; en la comunicación oral, formas de entablar
un diálogo, mantener la atención del receptor, saber si éste sigue atento y terminar la conversación, o en los
casos en que se emplea un medio de comunicación para comprobar que éste funciona. Ejemplos: "¿Alo?¿Me
escuchas?”; "Cómo decía,…”; "Hasta luego".
6. Función Referencial: Se centra en el contexto. Predomina el tema o contenido del mensaje, es decir, la
información que se transmite. Para que el receptor comprenda lo dicho, esto debe ser coherente en el contexto
o marco dentro del que se produce la comunicación, la situación en que se encuentran emisor y receptor, y el
tema del que hablan, que debe pertenecer al mundo conocido por ambos. Ejemplos: "La ballena es un animal
mamífero”; "Claudia es una niña de vestido azul, con el pelo negro trenzado".