Comisión de Publicaciones
Simón Alberto Consalvi
Elías Pino Iturrieta
Pedro Cunill Graü
Inés Quintero
Germán Carrera Damas
© ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Boletín de la Academia Nacional de la Historia
enero-marzo 2009
Caracas-Venezuela
Impresión: Gráficas Franco, C.A.
DEPÓSITO LEGAL: pp191203DF132
ISSN: 0254-7325
Presentación
La historiadora y académica Inés Quintero, Vicedirectora Secretaria de la
Academia Nacional de la Historia expone en este número del Boletín un es-
tudio sobre el período 1808-1811, tiempo crucial en la historia de España
por la aguda crisis que afectó a su monarquía y que, a su vez, repercutió en
la extensa geografía de Hispanoamérica. Aquel proceso desencadenó cambios
históricos tan relevantes en aquel momento que apuntó a la disgregación del
poder en numerosas juntas provinciales y a la inexistencia de una instancia
política reconocida como autoridad legítima; aunque también el análisis del
momento demostró que no existieron movimientos importantes que tuviesen
como objetivo adelantar la independencia. Esta crisis mostró, más bien, la
coherencia y unidad del imperio español, pues las diferentes representaciones
de los cabildos y las manifestaciones y pronunciamientos se hicieron bajo el
sistema de representaciones del Antiguo Régimen.
Este número del Boletín trae también un estudio sobre el significado que
para nosotros, como hispanoamericanos, tiene el reinado de Felipe II, a pro-
pósito del cuarto centenario del fin de ese reinado. Al igual que en la época
de su padre –Carlos V– en su imperio no se ocultaba el sol y no era una
metáfora. Hoy se escribe y se estudia a Felipe II y su época, en particular la
dependencia administrativa de las Filipinas del virreinato de México, lo que
permitió la conexión de Asia con América y con Europa. Ese período fue una
época destacada de la historia de occidente, señala Dámaso de Lario, autor de
este trabajo. Se trata ahora del redescubrimiento del reinado de Felipe II y su
importancia para la historia del mundo.
El historiador e investigador Tomás Straka presenta en este boletín su es-
tudio titulado ¿Hartos de Bolívar? Que llama la atención sobre el fenómeno
socio cultural que se trasluce al debate historiográfico y político en la Vene-
zuela de este nuevo siglo. En la rebelión intelectual de los historiadores contra
BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
el culto fundacional, como subtitula su estudio, expone la presencia de una
“rebelión” intelectual que puede traer significativas consecuencias en la socie-
dad venezolana y en su historiografía de los últimos tiempos. Por primera vez
desde la década de 1840, del siglo XIX, un grupo importante de intelectuales
venezolanos se interroga seriamente acerca de las bondades del culto a Bolívar.
Este estudio hace un recorrido por la historiografía contemporánea venezola-
na, sobre todo, con sentido de buen observador y conocedor de ella y de los
autores que la escriben.
El historiador Eduardo Cobos de la Universidad Central de Venezuela pre-
senta en este boletín un estudio sobre la problemática sanitaria e higienista
que se inició bajo el primer mandato del Presidente Antonio Guzmán Blanco.
Es el momento en Venezuela cuando se empieza a considerar la teoría de las
mismas y su violenta repercusión en la salud de la población; todo ello lo ana-
liza Eduardo Cobos teniendo como referencia la polémica que genera la pre-
sencia de los cementerios en las principales urbes del país y sus consecuencias
sanitarias; polémica que, en lo sucesivo, determinó el traslado de la mayoría
de los cementerios hacia las afueras de las ciudades.
El historiador Gilberto R. Quintero Lugo, de la Universidad de Los An-
des, publica un estudio sobre Los Gobernadores y Tenientes de Gobernador en
la Provincia de Venezuela. De los Welser a Juan de Villegas (1528-1553), que
define claramente la relación intrínseca y subordinada del Gobernador y sus
tenientes. Expone Quintero Lugo en su estudio, la implantación desde los
primeros momentos de la conquista del territorio, de la autoridad de los te-
nientes y la manera cómo el Gobernador usaba a estos funcionarios para el
control político y militar de las regiones. Se trataba de vigilar y fiscalizar el
territorio, haciendo constar la presencia de las autoridades españolas en la
figura de los tenientes, lo cual, como era de suponerse, trajo como consecuen-
cia el enfrentamiento con las autoridades de los Cabildos, en tanto que veían
menoscabadas sus propias atribuciones y autoridad.
Luis Manuel Marcano Salazar, trae en este Boletín un estudio cronológico
de la política exterior desarrollada por la Junta Revolucionaria de Gobierno
1945-1948, por la defensa de la democracia continental y su promoción. Su
recorrido cronológico atraviesa los momentos ocurridos el 18 de octubre de
1945 sin olvidar que para unos fue un golpe militar con participación civil y
para otros “un golpe de Estado” sin otros adjetivos. Se trata de un análisis de
PRESENTACIÓN
la política exterior que pretendía ser de nuevo tipo, a consecuencia de la nueva
situación y, sobre todo, de los nuevos actores que habían tomado las riendas
del país. El trienio adeco pretendía, bajo esta nueva política, legitimar sus pro-
pias acciones bajo el manto del apoyo hacia las democracias continentales.
El licenciado en historia de la Universidad de los Andes Francisco Miguel
Soto Oráa, publica un análisis sobre la relevancia del papel de la familia en las
normas de sociabilidad implantadas por España en el Nuevo Mundo, entre
otras, las estructuras de poder ligadas al parentesco. Este trabajo sobre el linaje
de la familia Ximeno Bohórquez (1598-1682) en Mérida, permitirá conocer
las relaciones del poder en la ciudad en el período del dominio español pues
la estirpe, como era lógico, era de la élite, en todos los aspectos relevantes de
la ciudad.
El Bolívar de John Lynch; una obra de fácil lectura, pero lenta y laboriosa
digestión intelectual, es el título que le da a esta nota bibliográfica, el Indivi-
duo de Número de la Academia Germán Carrera Damas. Más que una nota
bibliográfica, es un estudio sobre una obra que, como dice el autor, es mucho
más que una vida de Simón Bolívar, ofrece una visión crítica estructurada de
aspectos esenciales de la República de Colombia, tanto su concepción e inte-
gración como en su desarrollo y desenlace. Carrera Damas hace una apretada
disección de la obra de Linch, en la cual delimita, lato sensu, las principales
líneas para poder comprender su obra. Considera el autor en esta nota bi-
bliográfica, que la obra analizada cubre ampliamente las expectativas de la
observación de la personalidad de Bolívar y su época y que logra sortear, efec-
tivamente, los escollos de la apología y la hagiografía de Bolívar a que estamos
tan acostumbrados los venezolanos.
ESTUDIOS
LEALTAD, SOBERANÍA Y REPRESENTATIVIDAD
EN HISPANOAMÉRICA
(1808-1811)
Inés Quintero (*)
Introducción
Existe relativo consenso en la historiografía española acerca de la trascen-
dencia que los hechos del año 1808 tuvieron para la historia de España. El
motín de Aranjuez, la renuncia de Carlos III, la invasión francesa, el estallido
popular del 2 de Mayo, las abdicaciones de Bayona, el surgimiento de Jun-
tas en las más importantes ciudades de España, el desencadenamiento de la
guerra contra Francia y el desconocimiento de las autoridades establecidas
constituyen, sin lugar a dudas, una serie de sucesos que forman parte del com-
plejo e importante estremecimiento político que afectó al sistema monárquico
español1.
Como respuesta a esta difícil coyuntura tuvo lugar un contradictorio pro-
ceso en el cual se enfrentaron los distintos factores de poder que pretendían
dar respuestas a la aguda crisis que afectaba a la monarquía y que determinaría
(*) Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia y actual Vicedirectora Secretaria.
1. El juicio del historiador Miguel Artola, frente a las abdicaciones de Bayona es ilustrativo del signifi-
cado político que tuvo este hecho para la historia española: “Tanto los monarcas como los infantes
han renunciado de manera injustificable, cualquiera que sea la teoría política a cuya luz se conside-
ren estos acontecimientos, las prerrogativas de su condición real. En la crisis más trascendental de
nuestra historia moderna; los monarcas al despojarse de sus atributos abandonan simultáneamente
la soberanía». La España de Fernando VII. La Guerra de Independencia y los orígenes del Constitucio-
nalismo, Madrid, Espasa Calpe, Tomo XXXII de la Historia de España de Ramón Menéndez Pidal,
1989, p. 37. En términos similares se expresa Carlos Seco Serrano en la “Introducción” a la obra ya
citada de Artola p. XII. Molas Ribalta comenta al respecto que lo acontecido en 1808 “…fue un
derrumbamiento de todo el armazón absolutista al fallar la clave de bóveda en la persona del rey”
10 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
el rumbo político de España en los años por venir2. La confrontación de ideas
respecto a los más diversos temas puso en evidencia la diversidad de opiniones
y posiciones respecto a sensibles asuntos políticos del momento, la resolución
de cada una de ellos jugó un importante papel en el desenlace de los aconteci-
mientos, tanto en España como en América. No podía ser de otra manera.
Inevitablemente, sucesos y debates de tal magnitud, traspasaron las fronte-
ras de la España peninsular y repercutieron en la extensa geografía del imperio
español. Las provincias americanas reaccionaron ante la crisis de la monar-
quía, se manifestaron uniformemente leales al reino, adelantaron la creación
de Juntas, participaron en los procesos eleccionarios, discutieron profusamen-
te los mismos temas y problemas que se discutían en España y, finalmente, en
gran la mayoría de ellas el desenlace condujo a la Independencia.
Las páginas que siguen tienen el propósito de conocer el impacto que
produjo en los territorios de ultramar la crisis de la monarquía española. Nos
interesa detenernos sobre dos aspectos fundamentales y estrechamente rela-
cionados entre sí: el de las discusiones sobre el tema de la soberanía lo cual
condujo a la formación de Juntas gubernativas en España y en muchas ca-
pitales americanas y el de las respuestas y argumentaciones que se dieron en
América a las convocatorias electorales, primero para formar parte de la Junta
Central y luego para asistir a las Cortes: ¿cómo reaccionaron los americanos
de ultramar frente a ambas convocatorias?; ¿qué tipo de reparos opusieron? Y,
en el caso específico venezolano, cómo se explicó el rechazo a la Regencia y
cuáles fueron los alegatos para oponerse a la convocatoria de Cortes, descono-
cer a los diputados suplentes y finalmente optar por la Independencia.
en su ensayo “El declive de la Monarquía Absoluta 1798-1808” en España a finales del siglo XVIII,
Ediciones de la Biblioteca de Tarragona, 1982, p. 63. Finalmente, Vicente Palacio Artad, emite una
opinón similar en su trabajo titulado Fin de la Sociedad del Antiguo Régimen, Ateneo de Madrid,
1952, pp. 26-27.
2. Estos cruciales años de la Historia de España han recibido profusa atención por parte de la historio-
grafía. Además de las obras ya citadas pueden consultarse: Gonzalo Anes. El Antiguo Régimen: Los
Borbones, Alianza Editorial, Madrid, 1978. Miguel Artola Antiguo Régimen y Revolución Liberal,
Madrid, Ariel, 1978; Jean Rene Aymes. La Guerra de Independencia en España 1808-1814, México,
Siglo XXI, 1974; José Luis Comellas. Historia de España Moderna y Contemporánea, Madrid, Rialp,
1968; Carlos Corona Revolución y Reacción en el reinado de Carlos IV, Madrid, ediciones Rialp, S.A.,
1957 y Federico Suárez Verdaguer. La crisis política del Antiguo Régimen en España (1800-1840),
Madrid, Rialp, 1958.
ESTUDIOS 11
1. La reasunción de la soberanía y el movimiento juntista americano
Al conocerse las noticias de España, las provincias americanas respondie-
ron lealmente a la Corona española. En todos los casos estas manifestaciones
de fidelidad fueron relativamente homogéneas, se inscribieron dentro de la
tradición ceremonial del reino y pusieron en evidencia la fortaleza, coherencia
y unidad del imperio español.
A pesar del derrumbe institucional y político de la monarquía, del va-
cío que produjo la ausencia del Rey, del desconocimiento generalizado de las
autoridades constituidas, de la disgregación del poder en numerosas juntas
provinciales y de la inexistencia de alguna instancia política que pudiese ser
reconocida como la legítima autoridad, no hubo en América ningún movi-
miento que tuviese como objetivo adelantar la independencia3.
Todos los actos en los cuales se llevó a cabo la Jura de Fernando VII, las
diferentes representaciones de los cabildos y las manifestaciones y pronuncia-
mientos a favor del monarca se hicieron bajo el sistema de representaciones
del Antiguo Régimen en defensa de la Religión, la Patria y el Rey.
Como consecuencia de esta inédita situación, en la mayoría de las provin-
cias americanas tuvo lugar un intenso debate sobre el futuro político del reino
y sobre el tema crucial de la soberanía, tal como había ocurrido en España al
quedar acéfalo el trono: ¿sobre quién recaía la soberanía, en ausencia del rey?
¿Eran legítimas las abdicaciones? ¿Debían sostenerse las autoridades constitui-
das o debían ser sustituidas por otras?
Las respuestas a estas interrogantes y la búsqueda de mecanismos que per-
mitiesen atender la emergencia política, devino en la propuesta o constitución
de Juntas en las provincias americanas, de la misma manera que sucedió en la
España peninsular.
3. Algunos detalles de estas manifestaciones de lealtad han sido trabajados por François Guerra en
su libro Modernidad e Independencias, Madrid, Mapfre, 1992. El mismo tema está desarrollado
para el caso de Caracas y otras capitales de provincia en mi trabajo La Conjura de los mantuanos:
último acto de fidelidad a la monarquía española, Caracas, Universidad Católica Andrés Bello,
2002, capítulo I.
12 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Los americanos a la hora de plantearse qué hacer frente al desmantelamiento
de las instancias de poder de la monarquía y sorprendidos respecto a lo que
consideraban una flagrante transgresión a las leyes del reino recurrieron a los
fundamentos que ofrecía el patrimonio jurídico e histórico de España, el cual
determinaba la vida de los españoles de uno y otro lado del Atlántico.
Ausente el Rey la soberanía regresaba a la nación, es ese el argumento pac-
tista que se expresa en España y se repite en América al momento de justificar
la erección de las primeras Juntas, las cuales sustituirían a las autoridades cons-
tituidas y atenderían la emergencia.
En la Nueva España, el cabildo de la ciudad de México se reunió en sesión
extraordinaria el 19 de julio y acordó dirigir una comunicación al Virrey Itu-
rrigaray en la cual recurría a las Partidas de Alfonso XII y exponía la ilegiti-
midad de las abdicaciones de Bayona4. En la misma representación establecía
que, mientras llegaba el momento en que saliera de Francia su Real Alteza o
el reino eligiese personas de la real familia para que lo gobernase, debía per-
manecer el Virrey, Gobernador y Capitán General de la Nueva España con
calidad de provisional.
La iniciativa despertó suspicacias y recelos entre los miembros de la Real
Audiencia quienes dictaminaron la nulidad de la representación del cabildo
por considerar que se arrogaba prerrogativas que no le correspondían. Sin
embargo, el cuerpo insistió en su argumento y el Virrey acordó la constitución
de una Junta Gubernativa encargada del gobierno y presidida por él, mientras
se mantenía acéfalo el trono. El 1 de septiembre se ratifica la constitución
de la Junta y se rechazan los pliegos de los enviados de las Juntas de Sevilla y
Oviedo. Quedaba así, el virreynato de la Nueva España, en posesión de la so-
beranía y con un Virrey cuya autoridad tenía su origen en una representación
de las más importantes corporaciones de la sociedad. La Junta fue disuelta por
la Audiencia, el Virrey sometido a prisión y enviado a España con su familia.
Los capitulares fueron arrestados.
4. “Acta del Cabildo de la ciudad de México, J.E. Hernández y Dávalos. Colección de documentos para
la guerra de la Independencia de Méjico desde 1808 a 1821, Méjico, José María Sandoval, impresor,
6 vols, 1877-1882. Citado por Gonzalo Bulnes, 1810. Nacimiento de las Repúblicas Americanas,
Buenos Aires, Juan Roldón y Cía, 1927, , tomo I, p. 198.
ESTUDIOS 13
En Caracas, desde el momento en que se tuvo noticia de las abdicaciones
de Bayona, se planteó la discusión respecto al tema de la soberanía. El 17 de
julio el Capitán General convocó a una reunión de las autoridades locales y
las principales corporaciones de la ciudad y allí se debatió el delicado asunto.
La decisión de la asamblea fue desconocer los despachos provenientes de Ma-
drid, ratificar la Jura de Fernando VII ocurrida la noche anterior y no hacer
cambios en el gobierno de la provincia. No obstante, dos semanas más tarde,
el Capitán General solicitó al Cabildo la redacción de un proyecto de Junta,
el Cabildo designó una comisión para que se ocupase de la materia y el 27 de
julio, luego de discutir la propuesta, se la remitió al Capitán General para su
aprobación5. El proyecto no prosperó ya que ese mismo día llegó a Venezuela
el representante de la Junta de Sevilla y la decisión de las autoridades fue reco-
nocer a esta Junta. El Cabildo no estuvo conforme con la decisión y manifes-
tó sus reservas argumentando que no podía la Junta de Sevilla adjudicarse la
condición de autoridad soberana, ya que “… no se tenían presentes ni recor-
daban las Leyes de Castilla, de Indias ni de las Partidas que fuesen aplicables
al presente caso’’6. Exactamente las mismas reservas que se habían manifestado
en España respecto a las prentensiones de la Junta sevillana.
En noviembre el debate sobre lo ocurrido en julio se volvió a plantear en la
ciudad y un grupo de principales tomó la resolución de promover nuevamen-
te la propuesta del Capitán General de constituir una Junta. El argumento de
uno los propiciadores de la iniciativa era que ni la Audiencia, ni el Cabildo ni
el Capitán General podían reconocer la autoridad de la Junta de Sevilla ya que
ausente el Rey la soberanía regresaba a la nación.
Fue redactada una representación dirigida al Capitán General en la cual le
solicitaban la erección de una Junta suprema gubernativa. El documento fue
firmado por 45 vecinos de la capital, peninsulares y criollos, aun cuando eran
mayoritarios los segundos. El texto de la representación era una declaración
de lealtad al monarca depuesto y un respaldo explícito a la constitución de las
Juntas en España, exponían que era de aboluta necesidad “…la formación de
5. Prospecto o Reglamento de la Junta, 29 de julio de 1808. José Félix Blanco y Ramón Azpúrua,
Documentos para la vida pública del Libertador, Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República,
Bicentenario del Libertador, 1977, vol II, p. 172.
6. Yánes. Compendio de la historia de Venezuela desde su descubrimiento hasta que se declaró Estado inde-
pendiente, Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1943, p. 130.
14 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
una Junta Suprema con subordinación a la Soberana de Estado, que ejerza en
esta ciudad la autoridad suprema, mientras regresa al Trono nuestro amado
Rey el Sr. Don Fernando VII’’ 7.
La propuesta ni tuvo el respaldo de las autoridades ni logró su cometido.
Sus promotores fueron perseguidos, sometidos a prisión y juzgados. Unos
meses más tarde fueron absueltos.
También en Chuquisaca se debatió sobre el tema. El 11 de noviembre de
1808 llegó a la ciudad el enviado de la Junta de Sevilla, acto seguido se reunió
una asamblea presidida por las máximas autoridades de la ciudad, el cabildo
y la Real Audiencia, a fin de estudiar los oficios y representaciones del comi-
sionado. En opinión de los Oidores, el reconocimiento de la Junta de Sevilla
estaba fuera de lo contemplado en el estatuto del Virreynato; era una “junta
tumultuaria” y de ningún modo podía ejercer actos de soberanía según lo
establecido por las leyes primordiales de la Monarquía8.
Después de un acalorado debate, la resolución de la asamblea fue no re-
conocer a la Junta de Sevilla, unos meses más tarde, el 26 de mayo de 1809,
es depuesto el gobernador y la Audiencia asume la máxima autoridad de la
provincia con el título de Audiencia Gobernadora.
La Paz se unió a la iniciativa de Chuquisaca en defensa de los “derechos de
la soberanía” y contra la posibilidad de una segregación del territorio. El 16 de
julio fue asaltado el cuartel de la ciudad, la población se reunió en la plaza y
dio vítores a Fernando VII. A petición de la concurrencia se convocó un cabil-
do abierto y se aprobó la constitución de una Junta cuidadora de los derechos
de Fernando VII, encargada de “…defender, amparar y proteger a Fernando
VII, amagado en su derecho por las pretensiones de la Corte Portuguesa9 ”.
En ambas localidades, los movimientos fueron disueltos de manera violen-
ta. En Chuquisaca fue depuesto el gobernador y desterrados los autores del
7. “Representación del 22 de noviembre de 1808” en Conjuración de 1808 en Caracas para formar una
Junta Suprema Gubernativa (Documentos Completos), Caracas, Instituto Panamericano de Geografía
e Historia, 1968, Tomo I, pp.. 111-113.
8. Gabriel René Moreno. Últimos días coloniales en el Alto Perú. La Paz, Biblioteca Boliviana, Tomo II,
pp. 28-29 y 31.
9. Bulnes. Ob. Cit, tomo I, p. 263.
ESTUDIOS 15
movimiento y en La Paz los promotores de la Junta fueron apresados, ajusti-
ciados y desterrados más de ochenta criollos.
En el caso Quito, en diciembre de 1808, un grupo de principales hace un
primer intento de organizar un gobierno provisional, son ellos los mismos
que promoverán al año siguiente la constitución de una Junta Suprema. Este
primer intento no prospera, son descubiertos y se les abre causa. El alegato de
uno de los detenidos, el abogado Manuel Rodríguez de Quiroga, criollo na-
cido en el Cuzco, da cuenta de los propósitos del proyecto y los fundamentos
que lo sostenían.
Exponía Quiroga la ilegitimidad de las abdicaciones de Bayona, recurrente
en los documentos españoles, y hacía mención a la inconsistencia, vicios y
nulidad de la cesión de los derechos a un monarca extranjero:
“No pudieron los reyes, nuestros señores abdicar a favor de un extran-
jero por propia autoridad, sin el consentimiento de los estados gene-
rales de la Nación en sus Cortes, donde debió tratarse un negocio de
tanta gravedad en que se interesaba la suerte de España y las colonias,
así es que nada contribuyen las repetidas abdicaciones y renuncias,
pues se ha enajenado una cosa en que no cabe disposición libre ni
pudo tenerla el soberano” 10.
No hace Quiroga otra cosa que recurrir a la tradición legal del reino, en los
mismos términos que lo habían hecho los criollos de Nueva España y Caracas.
El tema era particularmente sensible ya que lo que se encontraba en juego era
el principio de la soberanía, el pacto original con el soberano, el cual no podía
ser roto sin el consentimiento de la nación. Los acusados son absueltos.
Sin embargo, ocho meses más tarde insisten en su determinación. El 9 de
agosto, los mismos instigadores del movimiento de diciembre toman el con-
trol político y militar de la ciudad de Quito, someten a prisión al Capitán Ge-
neral, deponen a la Audiencia y constituyen una Junta Suprema Gubernativa.
El 10 de agosto es proclamada la Junta. El mismo Quiroga manifiesta el
propósito de la Junta de separarse del «mando de los intrusos» y hace un lla-
10. “Alegato de Quiroga”, en Bulnes, Ob. Cit, Tomo II, p. 12.
16 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
mado a los americanos para que se unan a la causa quiteña contra los franceses
en defensa de la trilogía del patriotismo hispánico: Dios, la Patria y el Rey11.
Los contenidos de los discursos y las motivaciones de los notables de Qui-
to en diciembre de 1808 y en agosto de 1809 son una expresión más de las
manifestaciones de lealtad que se dan en América así como de la búsqueda de
respuestas que permitiesen a los más representativos miembros de la sociedad
tomar las riendas de la situación para atender la emergencia que afectaba la
estabilidad del régimen español12. Al igual que los demás movimientos juntis-
tas, el de Quito fue reprimido ferozmente, la Junta fue disuelta y sus cabecillas
juzgados, condenados y ejecutados.
Las juntas americanas que se intentaron constituir durante esos meses
de incertidumbre política, no fueron movimientos preindependentistas sino
parte del proceso de agitación que conmovió a la totalidad del imperio es-
pañol, los temas que se debatieron fueron los mismos y los argumentos en
los que se sustentaron exactamente iguales a los de las Juntas españolas; no
en balde las proclamas de éstas les sirvieron de ejemplo. Sin embargo, en
todos los casos fueron interpretados como una tentativa subversiva e inde-
pendentista en franca contravención a la lealtad y fidelidad a la monarquía
y no como una expresión del espíritu pactista que los inspiró. Pero el asunto
no concluyó allí.
2. La Convocatoria de la Junta Central y la representación americana
El 22 de enero de 1809, la Junta Central emitió una resolución en la
cual declaraba a los “…vastos y preciosos dominios que la España posee
en las Indias” como una “… parte esencial e integrante de la monarquía
española”. Acto seguido establecía que se les concedería la posibilidad de
11. Manuel Rodríguez de Quiroga “Proclama a los pueblos de América”, 1809, en Pensamiento Político
de la Emancipación, Caracas, Biblioteca Ayacucho, tomo I, p. 50.
12. Coincidimos en este punto con lo afirmado por C. Büschges en su artículo “Entre el Antiguo Régi-
men y la modernidad: la nobleza quiteña y la ‘Revolución de Quito’, 1809-1812” En Colonial Latin
American Review, New México, vol 8, 1999, p. 137.
ESTUDIOS 17
tener representación nacional e inmediata para que formasen parte de la
Junta Central13.
Este llamado de la Junta Central cuyo propósito era convocar a los ameri-
canos para que eligiesen por vez primera representantes ante una instancia de
poder del reino, suscitó un importante y decisivo debate que tendría conse-
cuencias, no sólo en relación con el método establecido para definir la cuota
americana en la Junta Central sino también, y con mucha más intensidad,
cuando se lleve a cabo la convocatoria a Cortes y se discuta profusamente
sobre el tema en Cádiz y en América.
De acuerdo a la resolución de la Junta Central, en las cabezas de partido de
los Virreinatos y Capitanías Generales, los Ayuntamientos tendrían a su cargo
la selección de los representantes, electos éstos, se procedería a extenderles los
poderes e instrucciones especificando los objeto y materias que les correspon-
dería promover.
La resolución, además del método de elección, establecía unos términos de
representación para los americanos que en nada se correspondían con los que
tenían las provincias de España. Mientras el número de representantes de las
provincias de España alcanzaba la cifra de 36, por América sólo se contempla-
ba un máximo de 10 representantes, sin atender a las diferentes magnitudes
territoriales y demográficas de cada una de las provincias convocadas.
En América se dio cumplimiento al llamado de la Junta Central. Los pro-
cesos eleccionarios se realizaron y concluyeron en México, Nueva Granada,
Puerto Rico, Perú, Guatemala y Venezuela. Sin embargo, en estas provincias y
en otras en las cuales la elección no pudo concluirse, los términos de la con-
vocatoria generaron confrontaciones y objeciones de forma y de fondo14.
En la mayoría de los casos los conflictos surgieron del enfrentamiento entre
los miembros de las élites provinciales lo cual demoró y complicó la selección
13. Real orden de la Junta Central Gubernativa del Reino, 29 de enero 1809, Real Alcázar de Sevilla.
Reproducida en Blanco y Azpúrua, Ob. Cit, tomo II, pp. 230-231.
14. Estos episodios son referidos por Francois Guerra en su libro ya citado Modernidad e Independen-
cias, en el capítulo VI, pp. 177-225. El tema, tal como señala Guerra ha sido escasamente tratado
por la bibliografía, de allí que nos hallamos seguido por las referencias que aporta Guerra en su
obra.
18 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
de las ternas; otro tipo de discordias tuvo su origen en la decisión de que so-
lamente podrían seleccionar representantes las ciudades principales o cabeza
de partido. Así ocurrió en México y Venezuela: los distritos que no estaban
contemplados en el estatuto electoral reclamaron su exclusión y exigían su
derecho a participar.
El único reparo de fondo que se hizo en su momento a la convocatoria de
la Junta Central en el cual se denunciaba el tratamiento abiertamente desigual
que se daba a los americanos en contradicción flagrante con la declaración de
igualdad que el mismo documento consagraba fue escrito por el neogranadi-
no Camilo Torres a solicitud del cabildo de la ciudad, se trata del insoslayable
Memorial de Agravios con fecha 20 de noviembre de 180915.
En la representación Torres saludaba la decisión de la Junta de convocar a
las dos partes integrantes de la Monarquía, España y América, pero al mismo
tiempo manifestaba el “profundo dolor” que suscitaban “las notables diferen-
cias” establecidas en cuanto a la representación que le correspondía a cada
una de las partes. En opinión del letrado, establecer diferencias entre América
y España era “…destruir el concepto de provincias independientes y de partes
esenciales y constituyentes de la monarquía, y sería suponer un principio de
degradación”16.
Los americanos no eran extranjeros sino hijos y descendientes de aquellos
que habían derramado su sangre con el fin de incorporar a estos territorios a
los dominios de la corona española. Los americanos eran, pues, tan españoles
“…como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores por esta razón a
las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación” 17.
No se podía, en consecuencia, darles un trato diferente. Si la Junta Central
había prometido que todo se establecería sobre las bases de la justicia y si la
justicia no podía subsistir sin la igualdad, era preciso inculcar ese principio
fundamental. El llamado de Torres no daba lugar a dudas:
15. Camilo Torres, “Memorial de Agravios” en Pensamiento Político de la emancipación (1790-1825),
Caracas, Biblioteca Ayacucho, tomo I, pp. 25-42.
16. Camilo Torres “Memorial de Agravios”, Ob. Cit, p. 291.
17. Idem.
ESTUDIOS 19
“…La América y la España son los dos platos de una balanza; cuanto
se cargue en el uno, otro tanto se turba o se perjudica el equilibrio del
otro. ¡Gobernantes!, en la exactitud del fiel está la igualdad” 18.
El problema se presentaba sin ambigüedades. No serían obligantes las re-
soluciones del reino ya que no estaba América sujeta a reformas o procedi-
mientos en los cuales no se había escuchado su voz. Además, podría producir
un malestar irremediable en virtud del desconocimiento de sus derechos y de
la injuriosa condición de desigualdad a la cual se veía sometido el continente
entero.
La advertencia de Torres era premonitoria, si no se reconsideraban los tér-
minos de la representación americana y si no se adoptaban principios acordes
con las ofertas de reforma, igualdad y justicia, el desenlace podía tomar cauces
irreversibles:
“…¡Quiera el cielo que otros principios y otras ideas menos liberales,
no produzcan los funestos efectos de una separación eterna!” 19.
El Cabildo, vistas las contundentes objeciones y advertencias de Torre, se
inhibió de remitir la representación a España. Sin embargo el texto se difun-
dió y contribuyó de manera fundamental en los debates que tuvieron lugar en
América durante estos cruciales años.
En la provincia de Caracas, si bien no se produjo ningún documento de la
densidad y contundencia del Memorial de Torres, la convocatoria y los resul-
tados de la elección fueron puestos en entredicho en varias representaciones
cuyo objeto era disentir de los términos de la convocatoria y rechazar la de-
signación del representante electo por Venezuela en el sorteo realizado el 20
de junio de 1809.
Un grupo de Regidores solicitó la nulidad de la elección, alegaban los fir-
mantes que el diputado seleccionado en el sorteo había sido Joaquín Mosque-
ra y Figueroa, quien no contaba con la simpatía de los principales caraqueños.
Desde 1804 se encontraba en la ciudad como Regente Visitador de la Real
18. Ibidem, p. 35.
19. Ibidem, p. 42.
20 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Audiencia de Caracas, había sido el más ferviente opositor a la iniciativa de la
Junta de Caracas y se había encargado de dirigir la causa contra sus promoto-
res20. A ello se añadía el hecho de que ninguno de los elegidos para participar
en el sorteo final era oriundo del país, no se había, pues, prestado la menor
consideración al representante electo por el Cabildo de Caracas, siendo esta la
principal ciudad del departamento.
Otra solicitud de nulidad fue introducida por don Antonio Fernández de
León. A los argumentos expuestos por los Regidores añadía que resultaba
improcedente que sólo se hubiese convocado a los ayuntamientos de las capi-
tales de provincia, sin considerar a varias ciudades que tenían la categoría de
cabezas de partido21.
La tercera representación la firmaban varios vecinos de la ciudad. Consi-
deraban que la elección debía anularse por “…viciosa, injuriosa y perjudicial
en sus consecuencias”. Lo primero se basaba en el hecho de haber votado sólo
cinco ayuntamientos; lo segundo porque se ofendía la buena opinión de tan-
tos y tan dignos vecinos de desempeñar los derechos de aquellas provincias al
nombrar a un extraño para representante de ellas y lo tercero porque no podía
cumplir las funciones de representante de toda la provincia quien no conocía
“…sus costumbres, su agricultura, su comercio, sus necesidades y medios de
prosperidad” 22.
La decisión del Consejo de Indias fue declarar nula la elección de Mos-
quera en circular del 6 de octubre de 1809 “…por no ser Mosquera natural
de las Provincias de Venezuela”. En el mismo auto se notifica y ordena a los
habitantes de la provincia que realicen una nueva elección. El Cabidlo de la
ciudad designa a Martín Tovar Ponte e Isidoro López Méndez para que se en-
carguen de la elección y de recoger y ordenar las instrucciones del Diputado
que representaría a la provincia en sustitución de Mosquera23.
20. Resolución del Consejo de Indias, declarando nula la elección de Don Joaquín Mosquera y Figueroa,
6 de octubre de 1809, Archivo General de Indias, Caracas, Legajo 177, reproducido por Teresa
Albornoz de López, La visita de Joaquín Mosquera Figueroa a la Real Audiencia de Caracas (1804-
1809), Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1987, p. 244.
21. Ibidem, p. 245.
22. Ibidem, p. 246.
23. “Aviso al Público”, Gaceta de Caracas, 25 de febrero de 1810.
ESTUDIOS 21
Hasta aquí no hay alteraciones en el orden político de las provincias: no
será igual a partir de la instalación de la Regencia y frente a la convocatoria y
reunión de las Cortes en Cádiz.
3. El camino hacia la Independencia: ilegitimidad de la Regencia,
inequidad de representación en las Cortes
En efecto, los dos temas más sensibles del debate que se había producido en
América, el de la soberanía y el de la representación americana, se convierten
en el centro de la discordia que, finalmente, sirve de fundamento a la decisión
emancipadora. En relación con el ejercicio de la soberanía la opinión gene-
ralizada se remite a cuestionar y rechazar la legitimidad de la Regencia como
depositaria de la soberanía y, en relación con el tema de la representatividad,
será la inequidad de la representación americana en las Cortes el motivo de
los ataques y reparos que se hacen desde América a la Asamblea gaditana.
Veámoslo en el caso venezolano.
En Venezuela, durante la última semana de febrero y los primeros días de
marzo, se organiza la nueva elección del representante a la Junta Central. En
los días siguientes, el 16 de marzo de 1810, la Gaceta de Caracas publica el
anuncio sobre la reunión de Cortes y, en entregas sucesivas – el 30 de marzo
y el 6 y 13 de abril de 1810- la Instrucción que debería observarse para la
elección de diputados americanos, suplentes y propietarios. Ninguno de estos
anuncios va acompañado de algún tipo de observación respecto al tema de la
desigualdad de representación o en relación a la ilegitimidad de la convocato-
ria. Entre otras cosas porque ninguno de ellos explicita, por el momento, los
términos de la representación americana.
Mientras en Caracas se publican los anuncios y se espera la mencionada
convocatoria a elecciones, la situación en España cambia de manera sustan-
cial. El 29 de enero de 1810 la Junta Central es disuelta y se constituye la
Regencia de España. La nueva autoridad del reino, en una alocución fechada
el 14 de febrero de 1810, expone su determinación de dar continuidad a la
convocatoria a Cortes aprobada por la Junta Central el 22 de mayo de 1809.
La Regencia reitera la declaratoria de igualdad de los americanos, tal como lo
22 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
hizo la Junta Central y decreta los términos de la representación americana en
la importante reunión de las Cortes24.
Pero el decreto que estipulaba la representación de los americanos, como
se sabe, contemplaba exactamente el mismo método que había sancionado la
Junta Central y que había generado diferentes manifestaciones de rechazo en
las provincias de ultramar. Otra vez la diferencia era notable: la composición
de las Cortes contemplaba solamente 30 diputados por América y Filipinas y
más de 250 diputados por la España peninsular.
En América, los informes sobre la caída de Andalucía y la disolución de la
Junta Central generaron un ambiente de incertidumbre respecto al futuro de
España; pero también el cambio político ocurrido en la península indispuso a
los americanos frente a las nuevas autoridades lo cual determinó rápidamente
un rechazo general a la Regencia, considerada como un poder usurpador de
la soberanía. Al mismo tiempo, se cuestionaban la modalidad electoral y la
cuota de representación que se ofrecía a América, tal como se había hecho en
ocasión del llamado de la Junta.
El delicado asunto de la soberanía y el no menos espinoso de la represen-
tatividad volvían al terreno del debate, pero ahora con consecuencias políticas
diferentes. Si se les había convocado para que participasen en el gobierno del
reino en calidad de diputados de la Junta Central, proceso que, pese a los re-
paros, se había llevado a cabo en varias capitales americanas, no podían ahora
informarles que no existía la Junta y que había una nueva instancia depositaria
de la soberanía la cual gobernaba en nombre del Rey.
El conflicto no tardó en manifestarse: ¿Cómo era que la Junta Central la
cual había sido reconocida como legítima autoridad y de la cual formaban
parte unos delegados americanos, legítimamente electos o en proceso de elec-
ción, era disuelta y sustituida por otro organismo sin que hubiese mediado
participación alguna de los súbditos de esta parte del reino?
El resultado fue el desconocimiento de la autoridad de la Regencia y la
erección en América de Juntas Supremas depositarias de la soberanía y defen-
24. “Alocución del Consejo de Regencia, Isla de León, 14 de febrero de 1810”, en Blanco y Azpúrua,
Ob. Cit, tomo II, pp. 272-274.15.
ESTUDIOS 23
soras de los derechos de Fernando VII, todas ellas en el transcurso del año de
1810: Caracas fue la primera en pronunciarse, el 19 de abril de 1810; Buenos
Aires el 22 de mayo; el Alto Perú el 25; la Nueva Granada el 20 de julio;
México, el 16 de septiembre y Chile, el 18 del mismo mes. El proceso que
conduciría a las Independencias había comenzado.
El argumento era el mismo de 1808: roto el pacto entre el Rey y los súbdi-
tos, la soberanía recae en la nación, no podía entonces abrogarse tal atributo
una instancia ilegítima y, por tanto, usurpadora de la soberanía. Las Juntas
que se constituyen a partir de esta fecha no reconocen a los representantes
del poder real en América; insurgen contra la autoridad “usurpadora” de la
Regencia; defienden el derecho a reasumir la soberanía, denuncian la ruptura
del pacto por parte de las autoridades españolas y rechazan la desigual repre-
sentación que se ofrecía a los americanos para participar en la instancia que
definiría el rumbo político de la monarquía española.
En el caso específico de Caracas el tema de la ilegitimidad de la Re-
gencia se plantea sin ambigüedades en el “Acta del 19 de abril”. Dice así
el documento:
“…según las últimas o penúltimas noticias derivadas de Cádiz, pare-
ce haberse sustituido otra forma de gobierno con el título de Regencia,
sea lo que fuese la certeza o incertidumbre de este hecho, y de la nuli-
dad de su formación, no puede ejercer ningún mando ni jurisdicción
sobre estos países, porque no ha sido constituido por el voto de estos
fieles habitantes, cuando han sido ya declarados, no colonos, sino
partes integrantes de la Corona de España, y como tales han sido
llamados al ejercicio de la soberanía interina, y a la reforma de la
constitución nacional” 25.
La decisión de los firmantes fue erigir un gobierno que pudiese atender
a la seguridad y prosperidad de la provincia, vistas las circunstancias en las
cuales se encontraba la península y en atención a las flagrantes insuficiencias
de la Regencia. Al día siguiente se redacta una “Proclama” en la cual se insis-
te sobre la ilegitimidad de la Regencia ya que ésta “...ni reúne en sí el voto
general de la Nación, ni menos el de estos habitantes que tienen el legítimo e
25. “Acta del 19 de abril de 1810” ([Link]/bitblioteca/venezuela/[Link].
24 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
indispensable derecho de velar sobre su conservación y seguridad como partes
integrantes que son de la Monarquía Española”26.
Estos mismos argumentos son ampliados en la comunicación que le dirige
la Junta Suprema de Caracas a los miembros de la Regencia de España, el 5 de
mayo, en la cual insisten en su determinación de no “…tributar su obediencia
y vasallaje a las diversas corporaciones que substituyéndose indefinidamente
unas a otras solo se asemejan en atribuirse todas una delegación de la Sobera-
nía que no habiendo sido hecha ni por el Monarca reconocido, ni por la gran
comunidad de Españoles de ambos hemisferios, no puede menos de ser abso-
lutamente nula, ilegítima y contraria a los principios sancionados por nuestra
misma legislación”27.
Similares consideraciones están en la comunicación que la misma Junta de
Caracas hace a la Junta Superior de Gobierno de Cádiz en la misma fecha, y
en dos extensas y acuciosas exposiciones que se refieren directamente al tema
“legal” de la Regencia. La conclusión era que no estaba la nueva instancia
ajustada a lo que ordenaban las leyes del Reino. Las Partidas de Alfonso el
Sabio eran claras al respecto, allí se establecía con claridad el modo de suplir
la falta del Monarca reconocido cuando estuviese impedido del ejercicio de la
Soberanía28.
Exactamente los mismos argumentos que se habían esgrimido en América
y en Venezuela en ocasión de la erección de las Juntas el año de 1808 se man-
tienen a la hora de discurrir sobre la ilegitimidad de la Regencia. Sin embargo,
hay un aspecto que diferencia esta situación con la de los años 1808 y 1809.
Al someterse las Juntas y reconocerse en toda América la autoridad de la Junta
Central había quedado solventado el tema de la soberanía, no sin múltiples
reparos por parte de los cabildos y los criollos principales; sin embargo el
26. Junta Suprema de Caracas, “Proclama del 20 de abril de 1810”, Gaceta de Caracas, 27 de abril de
1810.
27. “La Junta Suprema de Caracas a los señores que componen la Regencia de España”, 5 de mayo de
1810, Gaceta de Caracas, 11 de mayo de 1810.
28. “Conducta legal de Venezuela con la Regencia de España”, Gaceta de Caracas, 22 de junio de 1810.
Las mismas ideas se exponen también en el artículo “Vicios legales de la Regencia deducidos del
acta de su instalación el 29 de Enero en la Isla de León”, Gaceta de Caracas, 29 de junio y 6 de julio
de 1810.
ESTUDIOS 25
decreto de enero de 1809 había incorporado a los americanos a la única ins-
tancia legítimamente depositaria de la soberanía en ausencia del Rey, la única
reconocida como autoridad del reino y la única que estaba compuesta, al me-
nos en la letra, por representantes electos de todo el reino. Al quedar disuelta la
Junta el debate sobre la soberanía volvía al punto en el que se encontraba en
1808, pero con varios ingredientes adicionales:
Los dos años transcurridos entre una y otra fecha habían generado un
ambiente de incertidumbre, agitación y conmoción que propició la reunión
frecuente de los vecinos principales y el debate constante sobre su propia cir-
cunstancia política, no sólo ante el inminente peligro de la pérdida definitiva
de España frente al usurpador francés, sino respecto al vacío de poder exis-
tente en España. La situación exigía elaborar propuestas viables para el futuro
inmediato de las provincias allende los mares. En estas circunstancias es razo-
nable pensar que en las reuniones y tertulias que tuvieron lugar en América
durante este agitado período confluyeron de manera contradictoria y apasio-
nada las más diversas opiniones y consideraciones sobre la situación española
y sus efectos en los territorios de ultramar, los mismos vecinos se veían en la
necesidad de resolver cómo actuar y qué tipo de iniciativas adelantar, unos
desde posiciones moderadas, otros de manera más beligerante.
En el caso de Caracas, desde julio de 1808 los vecinos principales habían
discutido hasta la saciedad el mismo tema: ausente el Rey la soberanía recae en
la Nación, si la Junta había sido disuelta y era la depositaria de la soberanía,
una vez más la soberanía regresaba a la nación y ésta debía reasumirla: era
un derecho inobjetable y la ruta más expedita y directa para la erección de un
gobierno propio y así ocurrió.
Pero a esto se sumaba el otro elemento de la discordia: el de la representa-
ción americana en la reunión de las Cortes.
En Caracas, las primeras argumentaciones explícitamente dirigidas a cues-
tionar la representación ofrecida a los americanos, ocurren después de los su-
cesos del 19 de abril. En la comunicación ya citada de la Junta Suprema de
Caracas a la Regencia de España los miembros de la Junta manifiestan su
rechazo a la convocatoria ya que ven en ellas “…una insufrible parcialidad a
favor de las desgraciadas reliquias de España y una reserva injuriosa a convi-
darla [a la América] a usar de sus derechos”; en el mismo documento se hacen
26 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
reparos a las restricciones del método electoral dispuesto para que sólo parti-
cipasen los Ayuntamientos:
“Dar a todos los habitantes de la Península el derecho de nombrar
sus representantes para las Cortes de la Nación y reducirlo en la Amé-
rica a la voz pasiva y degradada de los Ayuntamientos, establecer
una tarifa para los Diputados Europeos y otra diferentísima para los
Americanos, con la sola mira de negarles la influencia que se debe a
su actual importancia y población.¿No es manifestar claramente que
la libertad y fraternidad que tanto se nos encarecen son unas voces
insignificantes, unas promesas ilusorias, y en una palabra el artificio
trillado con que se han prolongado tres siglos nuestra infancia y nues-
tras cadenas?” 29.
Concluían su exposición diciéndole a la Regencia que una sólida unión
entre los dominios españoles de ambos hemisferios “..sin no se cimienta sobre
la igualdad de derechos, no puede tener duración ni consistencia”.
Esta posición no se modifica y se reitera, ese mismo día, en la carta que
dirige la Junta de Caracas a la Junta Suprema de Gobierno de Cádiz y, el 20
de mayo, en la respuesta de la Junta a las órdenes reservadas de la Regencia
dirigidas al Capitán General de Venezuela el 15 de febrero de 1810, añadien-
do a los argumentos anteriores sus reservas respecto a que, efectivamente, lo
resuelto en la Cortes tuviese oportunidad de ejecutarse y cumplirse fielmente
en América.
Igualmente, en ocasión de publicar las primeras entregas del reglamento
que normaría la elección para la “Representación legítima y universal de todos
los Pueblos en la Confederación de Venezuela”, los redactores del proyecto
aluden a la inequidad y parcialidad de la convocatoria a Cortes ya que “…le-
jos de ajustarse a la igualdad y confraternidad, que se nos decanta, sólo está
calculada para disminuir nuestra importancia natural y política” 30.
El mismo reglamento, en su primera entrega, dejaba clara la distancia exis-
tente entre los términos de la convocatoria que se ofrecía a los americanos
29. “La Junta Suprema de Caracas a los Señores que componen la Regencia de España”, 3 de mayo de
1810, Gaceta de Caracas, 11 de mayo de 1810.
30. “Continuación del Reglamento de Diputados”, Gaceta de Caracas, 22 de junio de 1810.
ESTUDIOS 27
y la que ellos mismos estaban dispuestos a otorgarse: “…Todas las clases de
hombres libres son llamados al primero de los goces de Ciudadano que es el
concurrir con su voto a la delegación de los derechos personales y reales que
existieron originariamente en la masa común y que le ha restituido el actual
interregno de la Monarquía”31.
Con esta declaración la Junta de Caracas daba respuesta a la oferta hecha el
mismo día de su creación en el Acta del 19 de abril de 1810: llamar a los habi-
tantes de la provincia a tener parte en la Suprema Autoridad con proporción
al mayor o menor número de individuos de cada provincia y así se sancionó.
Sin embargo la condición de elector para la elección de los diputados fue de
carácter censitario, lo cual eludía hábilmente el debate sobre las castas y los
colores que dividió a españoles y americanos en el seno de las Cortes.
Así las cosas, no había espacio alguno para aceptar, reconocer o atender el
llamado a participar en las Cortes del Reino. El 25 de diciembre de ese mismo
año, cuando se tiene noticia firme de la instalación de las Cortes, se publica
en Venezuela un extenso alegato contra la Asamblea gaditana en el cual se re-
cogen los mismos argumentos expuestos en los documentos anteriores y se les
califica como “….un nuevo fantasma de Gobierno”32, una nueva modalidad
de usurpación.
No es de extrañar, entonces, la respuesta que ofrece la Junta a la comu-
nicación que le envían los diputados suplentes por Venezuela a las Cortes,
don Esteban Palacios y Fermín de Clemente. En la carta dirigida al Ayunta-
miento, Palacios y Clemente reconocen abiertamente las insuficiencias de su
representación y solicitan instrucciones para responder por los intereses de la
Provincia mientras pudiesen viajar a España y ocupar sus puestos los Diputa-
dos legítimamente electos33.
El 31 de enero, Casiano Bezares, a petición de la Junta, contesta a Cle-
mente y Palacios “los que se dicen suplentes en las Cortes de la Isla de León”.
La respuesta es absolutamente negativa y rechaza de manera enfática la re-
presentación de ambos diputados. Cuestiona también que la comunicación
31. Reglamento de Diputados, Gaceta de Caracas, 15 de junio de 1810.
32. “Cortes en España”, Gaceta de Caracas, 25 de diciembre de 1810.
33. “Rara Misión”, Gaceta de Caracas, 29 de enero de 1811.
28 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
hubiese sido dirigida al Ayuntamiento de la Ciudad, cuando existía una Junta
Suprema encargada del gobierno de la Provincia de lo cual se tenía perfecto
conocimiento en España; éste hecho era más reprensible que haber aceptado
la condición de diputados suplentes ajenos a la voluntad general de estos Pue-
blos. La carta del cabildo insiste sobre la ilegitimidad de la Convocatoria y la
desigualdad de la representación y concluye desaprobando el nombramiento
de suplentes hecho en España, revocando y anulando todas sus actuaciones
en perjuicio de la libertad e independencia de la provincia y exigiéndoles abs-
tenerse de suplir o esperar Diputados propietarios, mientras no se verificase el
regreso al trono del Monarca reconocido34.
Un mes más tarde, el 2 de marzo de 1811, se instala en Caracas el Con-
greso General de Venezuela y se califica el hecho de manera trascendental, se
trataba de las “…primeras Cortes que ha visto la América, más libres, más
legítimas y más populares que las que se han fraguado en el otro hemisferio
para alucinar y seguir encadenando a la América” 35.
Serán esas “primeras Cortes americanas”, las responsables de sancionar la
Independencia absoluta de Venezuela de España. A partir de ese momento
lo que se dice en Venezuela respecto a las Cortes es reiterativo y tiene como
propósito fundamentar y legitimar la decisión independentista, recurriendo
siempre a los dos argumentos que ocuparon lugar de primer orden en el des-
mantelamiento del imperio español: la reasunción de la soberanía y la des-
igualdad de representación.
Estos comentarios contrastan con la aceptación de la convocatoria y la
jura de la Constitución que tiene lugar en provincias que se mantienen fieles
a la Regencia. En Maracaibo, Coro y Guayana, se acepta el gobierno de la
Regencia, se acata la convocatoria a Cortes y se procede a la Jura de la Cons-
titución. El 25 de julio, cuando se firma la capitulación que pone fin a aquel
primer gobierno republicano, una de las cláusulas del documento establecía
que, a partir de aquella fecha, los habitantes de Venezuela serían gobernados
según el sistema establecido por las cortes españolas. En qué medida tuvieron
34. “La Suprema Junta de Venezuela contestando a los que se dicen suplentes en las Cortes de la Isla de
León”, Gaceta de Caracas, 5 de febrero de 1811.
35. “Congreso General de Venezuela, Gaceta de Caracas, 5 de marzo de 1811.
ESTUDIOS 29
ocasión de ejecutarse las disposiciones gubernativas establecidas por las Cortes
en medio de la guerra es un tema que todavía no ha merecido la atención de
los historiadores36.
Comentario final
El desajuste político de la monarquía y las profusas y confusas discusiones
que se dieron durante los casi dos años transcurridos entre julio de 1808 y
abril de 1810, respecto al tema de la soberanía y el de la representación ameri-
cana, propiciaron una profunda agitación que favoreció el surgimiento de las
más diversas opiniones y las más disímiles tendencias respecto a las maneras
de dar respuesta y a las acciones que debían adelantarse para atender, de este
lado del Atlántico, la crítica situación que se vivía en España.
La contradictoria conjunción de argumentos y respuestas provenientes de
la tradición jurídica del reino con inéditas y novedosas fórmulas políticas sur-
gidas en el momento mismo de la crisis, tuvo un efecto decisivo en el desarro-
llo de los acontecimientos.
El vacío de poder creado por las abdicaciones de Bayona se resolvió me-
diante la creación de Juntas gubernativas en todo el reino, eran ellas las depo-
sitarias de la soberanía en ausencia del rey. El fundamento en el cual sostenían
su determinación provenía de la tradición jurídica del reino, así se expresaba
en los documentos constitutivos de cada una de ellas; sin embargo, el hecho
no tenía precedentes y se convirtió en un elemento disruptivo y disgregador
del poder tanto en España como en América. El asunto se resolvió, parcial-
mente, con la erección y reconocimiento de la Junta Central como depositaria
de la soberanía.
Mayores consecuencias tuvo la declaración de igualdad entre los súbditos
de uno y otro lado del Atlántico hecha por la Junta Central y ratificada por
la Regencia y la convocatoria a los americanos para que participasen por pri-
mera vez en alguna instancia de poder de la monarquía. Ambas decisiones
36. Actualmente el historiador venezolano Robinzon Meza desarrola una interesante investigación so-
bre los cabildos de las principales ciudades de Venezuela en la cual ha hecho importantes hallazgos
sobre esta materia. Sus resultados seguramente aportarán luces sobre el tema.
30 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
constituían, sin lugar a dudas, una novedad y como tales generaron una aguda
controversia en España y también en América.
En España las fuertes resistencias a admitir no solamente la condición de
igualdad de los americanos sino también los términos y calidad de la represen-
tación de aquellos súbditos en la instancia que definiría el destino de España
determinaron que se tomase una decisión que no satisfacía las expectativas
de los americanos. Mientras que en América esta contradicción entre oferta
de igualdad e inequidad de representación se convirtió, junto con el de la
soberanía, en soporte del discurso que propició finalmente la decisión eman-
cipadora.
Así vemos que, en Caracas, al conocerse la noticia de la disolución de la
Junta Central y al llegar los informes del descalabro de las armas españolas
se retoma el discurso pactista del año 1808 como fundamento del desco-
nocimiento a la Regencia, se declara la lealtad y fidelidad al rey legítimo de
España, Fernando VII y se rechaza la desigual representación que se ofrece a
los americanos para participar en las Cortes
La velocidad e intensidad de los hechos conducen directamente a la de-
claración de la Independencia: se desconoce a la Regencia, se destituye y se
expulsa a las autoridades, se nombra un nuevo gobierno, se convoca un pro-
ceso electoral, se solicita a las demás provincias que se sumen a la decisión de
Caracas, se eligen diputados, se trata de someter a los disidentes, se descom-
pone progresivamente la relación con los emisarios que envía la Regencia, se
condena la política de España y se instala el Congreso General de Venezuela,
todo en menos de un año. El 5 de julio se declara definitivamente la Indepen-
dencia.
Si bien no puede afirmarse categóricamente que el desenlace emancipa-
dor fue consecuencia directa de la usurpación de la soberanía por parte de la
Regencia y producto de la inequidad de representación americana, tal como
argumentaron sus promotores en los documentos que justificaban la ruptura
con la Metrópoli; no puede tampoco desestimarse que las enormes contradic-
ciones que suscitó la crisis política española abrieron el camino y crearon las
condiciones para que las aspiraciones de representación y la ambición por
nuevos espacios de poder de los criollos americanos tomaran el derrotero
irreversible de la Independencia, una opción política que ni estaba contem-
ESTUDIOS 31
plada de manera generalizada ni formaba parte primordial de las previsiones
y expectativas de los criollos, entusiastas defensores y principales beneficiarios
del estatuto político, social y económico que la monarquía había erigido en
América trescientos años antes.
Sólo tomando en consideración esta compleja confluencia de factores y
circunstancias, puede comprenderse El confuso y traumático proceso que co-
mienza en 1808 en medio de las más fervientes demostraciones de lealtad y
termina en 1811 con la delaración de la Independencia y la satanización de
trescientos años de historia. Satanización que, a escasos años del bicentenario
de las Independencias, no ha desaparecido ni del discurso político ni de una
parte de nuestras historiografías, tanto de las americanas como de las penin-
sulares.
33
FELIPE II DE ESPAÑA, SU CUARTO CENTENARIO
Y LAS ISLAS FILIPINAS
Dámaso de Lario (*)
El año 1998 se conmemoró el Cuarto Centenario de la muerte de Felipe
II de España (1527-1598), probablemente el monarca más importante del
siglo XVII europeo y del mundo occidental de la época. Una importancia que
no sólo se limitaba a la Península ibérica, ya que sus dominios se extendían
sobre un vasto conjunto de posesiones. Felipe II había heredado de su padre,
el emperador Carlos V, el Franco Condado –en Francia– y los Países Bajos,
un conjunto de territorios donde hoy se asientan Holanda, Bélgica y Luxem-
burgo. Controlaba también la mayor parte de la Península itálica, al haber
heredado el Estado de Milán y los Reinos de Nápoles, Sicilia y Cerdeña. Y
fue incluso, durante un breve período, rey consorte de Inglaterra (1554-58),
por su matrimonio con María Tudor. Además, dada su condición de poderoso
monarca de finales del siglo XVII, Felipe II quiso erigirse en campeón de la
Cristiandad en el conflicto que enfrentaba a esta con el Imperio Otomano,
logrando grandes triunfos en las batallas para liberar Malta (1565) y en el
éxito devastador de Lepanto (1571), la última gran batalla de galeras de la his-
toria. Pero la herencia, presencia e influencia de este monarca no se limitaba
al continente europeo.
Se ha dicho con frecuencia que Felipe II –el rey prudente– fue el primer
gobernante en cuyos dominios nunca se ponía el sol. Y no sin razón, pues
su largo reinado (1556-1598) se extendió también a una gran parte del con-
tinente americano, un conjunto de islas del Pacífico y el archipiélago de las
Islas Filipinas –al que da nombre nuestro rey–, sin olvidar que, tras heredar
el Reino de Portugal (1580), las posesiones portuguesas de Asia continental
(*) Historiador y diplomático español.
34 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
pasaron a formar parte también de la Corona española1. La dependencia ad-
ministrativa de Filipinas del Virreinato de México permitiría la conexión de
Asia con el continente americano y Europa.
De cualquier forma, la reputación, las políticas y la influencia de Felipe
II, como era de esperar, han sido objeto, en la historiografía contemporánea,
de controversia y de críticas, con frecuencia desequilibradas y de objetividad,
cuando menos, cuestionables en ambos sentidos, a favor y en contra. De ahí
que se tomara 1998 como un momento de inflexión para revisar y ampliar
nuestro conocimiento de Felipe II y su época. En ese contexto se presentaron
una serie de exposiciones, se publicaron diversos libros, y se organizaron toda
una serie de congresos, conferencias y eventos.
Gran parte de esas actividades tuvieron lugar en España, Bélgica y el Reino
Unido, y en consecuencia los materiales y contenidos de las mismas se refi-
rieron a la Península ibérica, la América española y los territorios europeos de
Felipe II. Sin embargo, las Filipinas, la parte asiática principal del imperio de
este rey, habían quedado al margen de la reconsideración intelectual y los ac-
tos de 1998. De ahí que en diciembre de 1999 se decidiera colmar esa laguna
con la organización de un pequeño congreso, el “Simposio de Manila”, con la
colaboración de las Universidades de Santo Tomás y del Ateneo de Manila, en
la estela de las conmemoraciones de 1998 y como parte de las celebraciones
del Cuarto Centenario. No fue, desde luego, un evento de la magnitud de
los organizados en Europa, pero sí que contribuyó a colmar el vacío que había
quedado en la reconsideración histórica global hecha con motivo del Cuarto
Centenario, y, tal vez más importante, a hacer sentir a los historiadores y estu-
diosos filipinos que formaban parte del territorio intelectual hispánico2.
Ahora bien, para mejor comprender la dimensión y el alcance de esa re-
consideración de la figura de Felipe II, merece la pena dejar constancia de las
actividades realizadas en ese año simbólico de 1998.
1. Para la presencia española en el Pacífico puede verse O.H.K Spate, El Lago Español, trad. de Clara
Usón, Mallorca, Casa Asia, 2006. La edición original inglesa de esta obra, publicada por ANU
Press, Australia, es de 1979.
2. Las ponencias del Simposio de Manila pueden verse en Dámaso de Lario (ed.), Re-shaping the
World. Philip II of Spain and His Time, Quezon City, Ateneo de Manila University Press, 2008.
ESTUDIOS 35
I
En el capítulo de Exposiciones y Catálogos, y bajo el lema general de “Felipe
II. Un monarca y su época”, la Sociedad Estatal para las Conmemoración de
los Centenarios de Felipe II y Carlos V organizó tres grandes exposiciones,
que propiciaron excelentes catálogos-libros.
La primera de ellas, La Monarquía Hispánica, comisariada por Carmen
Iglesias y celebrada en el Monasterio de El Escorial (1 de junio – 10 de oc-
tubre de 1998), incluía las siguientes secciones: La Monarquía Hispánica, la
Educación del Príncipe, María de Portugal, María Tudor y las relaciones con
Inglaterra, Isabel de Valois y Francia, Ana de Austria y el eje Madrid-Viena,
Isabel I y el dominio del mar, Las hijas: Isabel Clara Eugenia y Catalina Mi-
caela, y El Rey ha muerto ¡Viva el Rey!3.
La segunda exposición, Las tierras y los hombres del Rey, a cargo de Luis
Ribot, se celebró en el Palacio de Villena de Valladolid (22 de octubre – 10 de
enero de 1999), ciudad de nacimiento del rey Prudente. La muestra estaba di-
vidida en seis secciones: Philippus Rex, La monarquía, Las formas del poder,
La defensa de los reinos, La religión, e Imágenes del conocimiento4.
La tercera y última exposición de este ciclo fue Un Príncipe del Renacimien-
to (13 de octubre de 1988-10 de enero 1999), siendo su comisario Fernando
Checa, entonces director del Museo del Prado de Madrid, lugar donde se ce-
lebró esta muestra, seguramente la más espectacular de las tres. Las secciones
que incluía eran: Protagonistas de un reinado, La formación de un príncipe
renacentista, La Antigüedad Clásica como modelo estético, Las Galerías de
retratos, La devoción de la época y la piedad del rey, Difusión de la imagen
regia – propaganda y antipropaganda, y Una época de coleccionistas5.
Por su parte, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas organizó
en el Pabellón de Villanueva del Real Jardín Botánico de Madrid la exposición
3. Varios autores, La Monarquía Hispánica, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los
Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1998.
4. Varios autores, Las tierras y los hombres del rey, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de
los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1998.
5. Varios autores, Un príncipe del Renacimiento, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de
los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1998.
36 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Felipe II. Un monarca y su época: Los ingenios y las máquinas (10 de septiembre
– 10 de noviembre de 1998), que corrió a cargo del malogrado ingeniero Ig-
nacio González Tascón y en la que se presentaron 300 objetos6.
También en el otoño del año del centenario, pero en el Palacio del Real
Sitio de Aranjuez (23 de septiembre – 23 de noviembre de 1998), se presentó
la exposición Felipe II. El rey íntimo – Jardín y naturaleza en el siglo XVI, comi-
sariada por Carmen Añón Feliú, en la que se exhibieron 261 piezas7. En ella
se mostraban las habilidades del rey antófilo y se mostraban las influencias
sobre técnicas de jardinería y naturaleza de Felipe II, diseñador de los jardines
de Valsaín y supervisor de los de otros palacios, entre ellos, el de Aranjuez.
Por su parte, los Reales Museos de Arte e Historia de Bélgica y la Universi-
dad Católica de Lovaina organizaron en Bruselas en 1998 la exposición Albert
& Isabelle, 1598-1621, que corrió a cargo de Luc Duerloo, y que comprendía
las siguientes secciones: Los archiduques ante la Historia, La Europa de los
Habsburgo, La “Joyeuse Entrée”, Soberanos en el imperio de los sentidos (tac-
to, vista, gusto, olfato), El eclipse del Sol, y Vivir después de Alberto8.
Una selección de los contenidos de la exposición de Bruselas, con algunas
adiciones de museos españoles, fue organizada más tarde en el Palacio Real de
Madrid (2 de diciembre 1999-27 de febrero 2000) bajo el título El Arte en la
Corte de los Archiduques Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia, 1598–1633:
Un Reino Imaginado9.
6. Varios autores, Felipe II, los ingenios y las máquinas: ingeniería y obras públicas en la época de Felipe
II, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V,
1998.
7. Con motivo de esa exposición se celebró también un congreso internacional, cuyas ponencias
fueron reunidas en: Autores varios, Felipe II, el rey íntimo: jardín y naturaleza en el siglo XVI, Madrid,
Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1998.
8. Junto con el catálogo de la exposición se publicó un volumen de artículos sobre la historia de los
Países Bajos españoles durante el período, vid.: Luc Duerloo et Werner Thomas, Albert & Isabelle,
1598-1621, Turnhout, Brepols, cop. 1998.
9. Autores varios, El arte en la corte de los Archiduques Alberto de Austria e Isabel Clara Eugenia (1598-
1633): un reino imaginado, Madrid, Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios
de Felipe II y Carlos V, Patrimonio Nacional, 1999.
ESTUDIOS 37
Por último, la Sociedad Estatal para la Conmemoración de los Centenarios
de Felipe II y Carlos V organizó en el Museo de América de Madrid la exposi-
ción Los siglos de oro en los virreinatos de América, 1550-1700 (23 de noviem-
bre de, 1999-12 de febrero de 2000) bajo el comisariato de Joaquín Berchez.
La muestra incluía cuatro secciones: Entre el documento y el género artístico,
La arquitectura en sus imágenes, Temas del período y centros artísticos, y De-
licadezas artísticas: Técnicas y Materiales del Nuevo Mundo10.
Sin conexión directa con las Conmemoraciones del Cuarto Centenario,
pero de especial interés para la historia hispano-filipina y la contribución es-
pañola al Centenario de la independencia de Filipinas, fueron dos exposicio-
nes más:
Manila 1571-1898, Occidente en Oriente, que corrió a cargo del arquitecto
Javier Aguilera Rojas, fue presentada en 1998 en el Convento de San Agustín
de Manila y en la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid), y se componía
de veinticinco breves secciones: Sevilla, ciudad universal; Un mundo unido
por el mar; La mayor ruta transoceánica; Navegar y navegar; Naos, galeones,
fragatas y corbetas; Defender la mar y la tierra; El virreinato de Nueva Es-
paña; La “Cuadrícula”; El camino de Oriente por el Pacífico; Filipinas, un
archipiélago asiático; Nace una ciudad ordenada; Manila intramuros; Defensa
y fortificación; Más allá de la muralla; La gran Manila; La Ciudad de Dios:
iglesias, conventos y monasterios; La Catedral: resistir y permanecer; Bahai
na kubo, Bahai na bato: Nipa, madera y piedra; Gobernar y administrar; El
río y el mar: puentes, puertos y faros; Caminos de hierro, caminos de agua,
caminos de piedra; Mercados y fábricas; Enseñar y cuidar; Filipinas no es sólo
Manila; Azahar de ida, canela de vuelta11.
El Galeón de Manila, comisariada por Marina Alfonso y Carlos Martínez
Shaw, fue presentada en 2000 en el Hospital de los Venerables de Sevilla, el
Museo Franz Meyer de México D.F., y el Museo Histórico de Acapulco Fuer-
te de San Diego, Acapulco. Esta delicada exposición, centrada en el mundo
del famoso Galeón, incluía las secciones: La Carrera de Indias, Más allá de
10. Autores varios, Los Siglos de Oro en los virreinatos de América, 1550 – 1700, Madrid, Sociedad Es-
tatal para la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999.
11. Autores varios, Manila 1571 – 1898, Occidente en Oriente, Madrid, Ministerio de Fomento, Centro
de Publicaciones, AECI y Universidad de Alcalá de Henares, 1998.
38 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Manila, Un océano de intercambios, El intento de una doble ruta – la ruta
Cádiz-Manila, y Un microcosmos: El San Diego12.
II
Por lo que se refiere a los Libros, aparte la reimpresión de su trabajo, ya
clásico, Felipe II13, Geoffrey Parker publicaba en 199814, La gran estrategia de
Felipe II, obra en la que el autor utiliza conceptos y métodos de ciencia políti-
ca para analizar la visión del rey prudente de su papel como estadista mundial,
así como el de España como gran potencia en el tablero político internacional,
particularmente el europeo. Tal vez Parker, en su denso y original estudio,
fuerce sus argumentos para hablar de una “gran estrategia” a la que el propio
Felipe II nunca se refirió. De ahí que resulten curiosos y en alguna medida
sorprendentes, aun cuando haya que admitir su originalidad, los paralelismos
que el historiador británico traza entre los problemas del monarca español y
los que afrontaron en el siglo XX algunos de los protagonistas de la gran po-
tencia del momento –los Estados Unidos de América–, tales como los presi-
dentes Johnson y J. F. Kennedy o el secretario de Estado Robert McNamara.
Otro reconocido hispanista británico, Henry Kamen, publicaba Felipe de
España15, libro que tuvo una excelente acogida entre los lectores aficionados
a la historia. Y no sin razón. Como el propio Kamen señala, lo que trata al
escribir esa biografía es “presentar a la vez una nueva visión de Felipe, basada
en documentación original, y comprender su política a través de la perspec-
12. Marina Alfonso Molina y Carlos Martínez Shaw, El Galeón de Manila, Madrid, Aldeasa, 2000. La
exposición fue celebrada en el marco del XIV Congreso Internacional de Archivos, organizado por
el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España. El libro clásico sobre el galeón es el de
William Lytle Schurtz, The Manila Galleon, New York, Dutton, 1939. Versión española, El galeón
de Manila, prólogo de Leoncio Cabrero y trad. de Pedro Ortiz Armengol, Madrid, Ediciones de
Cultura Hispánica1992.
13. Trad. Ricardo de la Huerta Ozores, Madrid, Alianza Editorial, 1978. Versión original inglesa de
1978.
14. Alianza Editorial, Madrid. Versión original inglesa, The Grand Strategy of Philip II, New Haven and
London, Yale University Press, 1998.
15. Siglo XXI de España, Madrid, 1997. Versión original inglesa, Philip of Spain, New Haven and
London, Yale University Press, 1997.
ESTUDIOS 39
tiva y las palabras de éste”. El resultado es un relato excesivamente sesgado a
favor del monarca español: no demasiado piadoso, padre amante de sus hijos,
aficionado a las damas en su juventud y esposo afectuoso…En definitiva, el
autor trata de construir una “leyenda blanca” opuesta a la tradicional “leyenda
negra” de Felipe II, pero en el intento comete una serie de errores que los his-
toriadores profesionales han señalado en sus comentarios a la obra.
Un tipo de libro diferente es Felipe II y su Tiempo, de Manuel Fernández
Álvarez16. Se trata de una completa biografía de Felipe II, en la que el histo-
riador de Salamanca y académico de la Historia hace un examen general del
período, se detiene en los principales acontecimientos del reinado de aquél y
hace una inteligente interpretación del hombre y del monarca. La obra mues-
tra sin duda el profundo conocimiento de la España de ese tiempo que el
autor tiene, así como el oficio de este veterano historiador.
El conocido hispanista francés Joseph Pérez hizo también una aportación
de interés a este Cuarto Centenario. Su obra L’Espagne de Philippe II17, aunque
se basa en un sólido conocimiento del autor de esta época, está dirigida a un
público no especializado. El libro pasa revista fundamentalmente a las dife-
rentes fases del reinado de Felipe II y los momentos destacados del periodo.
Pérez no trata de escribir un trabajo original, sino una biografía actualizada y
libre de prejuicios, útil para quienes deseen aproximarse a las complejidades
de un monarca mítico y de una época fascinante de la historia de Occidente.
Patrick Williams había concebido en el año del Cuarto Centenario su Philip
II, pero el libro no se publicaría hasta cuatro años después18. En él cuestiona la
visión tradicional de Felipe II como un “rey prudente”, y lo describe como un
monarca “prudente” en sus primeros años de reinado pero progresivamente
temerario en su madurez. Una diferencia importante entre esta biografía y las
anteriores es tal vez el tratamiento más amplio que se otorga en ella a aspectos
relacionados con los Países Bajos y la lucha con Inglaterra durante el reinado
de Felipe II.
16. Madrid, Espasa-Calpe, 1998.
17. Paris, Fayard, 1999. Versión española Felipe II de España, Barcelona, Crítica, 2000.
18. Basignstoke and New York, Palgrave Macmillan, 2001.
40 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Estos cinco libros, en conjunto, constituyen un excelente corpus que
pone de relieve el estado de la cuestión de la vida y tiempos de Felipe II de
España19.
III
Muchos fueron los congresos, seminarios y simposios organizados en 1998,
particularmente en España. En consecuencia, me referiré solamente a los más
relevantes antes de entrar en la “cuestión filipina”.
Un Simposio sobre Felipe II y su tiempo fue organizado en San Lorenzo
de El Escorial (Madrid) entre el 1 y el 5 de septiembre de 1998, corriendo F.
Javier Campos y Fernández de Sevilla con la coordinación del mismo20.
La Asociación española de Historia Moderna dedicó su V Reunión Cientí-
fica, celebrada en las ciudades gaditanas de San Fernando, Cádiz y Puerto de
Santa María, a Felipe II y su tiempo21.
Roma y Barcelona acogieron un Congreso Internacional sobre Felipe II y
el Mediterráneo, dirigido por Ernest Belenguer Cebrià (23-7 noviembre y 2-4
diciembre 1998)22. En el mismo se puso de manifiesto la importancia de la
19. Hubo muchas publicaciones más coincidiendo con ocasión del Cuarto Centenario pero he
destacado aquí las que he considerado más significativas. En ese sentido, la Sociedad Estatal para la
Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V hizo un encomiable esfuerzo publicístico.
Sirvan como ejemplo las obras de Manuel Rivero Rodríguez, Felipe II y el Gobierno de Italia, Madrid,
1999; José Javier Ruiz Ibáñez, Felipe II y Cambrai: el consenso del pueblo: la soberanía entre la práctica
y la teoría política (1595-1677), Madrid, 1999; José Luis Gonzalo Sánchez-Moreno, El aprendizaje
cortesano de Felipe II: la formación de un príncipe del Renacimiento, Madrid, 1999; Ignacio Ezquerra
Revilla, El Consejo Real de Castilla bajo Felipe II. Grupos de poder y luchas faccionales, Madrid, 2000;
Ernest Berenguer Cebrià, Un reino escondido: Mallorca, de Carlos V a Felipe II, Madrid, 2000; Ignasi
Fernández Terricabras, Felipe II y el clero secular, Madrid, 2000; y la reedición, casi medio siglo
después de su publicación en catalán, de la obra emblemática y pionera de Joan Reglà, Felipe II y
Cataluña, edición traducción y presentación de Ernest Berenguer Cebrià, Madrid, 2000.
20. Para las actas del encuentro vid. Felipe II y su época: actas del Simposium, 1[al] 5-IX-1998, 2 vols.,
San Lorenzo del Escorial]: Real Centro Universitario Escorial-Mª Cristina, 1998.
21. Para las actas de esas reuniones vid. José Luis Pereira Iglesias (coord.), Felipe II y su tiempo, Cádiz,
Publicaciones de la Universidad y Asociación Española de Historia Moderna, 1999.
22. Ernest Berenguer Cebrià (coord.), Felipe II y el Mediterráneo, 4 vols., Madrid, Sociedad Estatal para
la Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 1999.
ESTUDIOS 41
España de la época como primera potencia del Mediterráneo, ligada al centro
de la civilización y la religión del momento.
Valladolid, lugar de nacimiento del rey prudente y el centro neurálgico
de su poder, fue el lugar de encuentro de historiadores españoles, franceses
y británicos en torno a cinco mesas redondas sobre La monarquía de Felipe
II a debate (noviembre y diciembre 1998): La política internacional, El fun-
cionamiento del poder en la monarquía, Las bases materiales y los problemas
económicas, Política religiosa e Inquisición, y La imagen plástica de la mo-
narquía23.
La misma ciudad castellana fue también sede de una serie de conferencias
sobre El esplendor literario en la época de Felipe II.
Por su parte, la Asociación Española de Estudios del Pacífico organizó su
5º Congreso en Madrid (15-19 noviembre 1999) sobre España y el Pacífico.
Construcción de Imperios, Construcción de Naciones. El Congreso, sin embargo,
se centró fundamentalmente en Filipinas; de hecho, los dos volúmenes que
componen las actas del mismo, editados por Josep M. Pradera, Luis Alonso
y Mª Dolores Elizalde, y, llevan por título: La Formación de una colonia (I) y
Colonialismo e Identidad Nacional en Filipinas y Micronesia (II)24.
En el Reino Unido, bajo el título general The Re-shaping of a World, la
Oficina Cultural de la Embajada de España y los Institutos Cervantes de Lon-
dres y Manchester organizaron una serie de 25 conferencias y eventos a lo
largo y ancho del país (Londres, Plymouth, Leeds, Belfast, Norwich, Oxford,
Cambridge, Durham, Glasgow, Winchester, Bath, Manchester, Kew y Ports-
mouth). El proyecto, diseñado por María José Rodríguez-Salgado y el autor
de este artículo, se desarrolló entre enero y noviembre de 199825. Aparte de
tres conciertos de música del período, las conferencias abarcaron la historia
23. Luis A. Ribot García (coord.), La monarquía de Felipe II a debate, Madrid, Sociedad Estatal para la
Conmemoración de los Centenarios de Felipe II y Carlos V, 2000.
24. Imperios y naciones en el Pacífico. Vol. I. La formación de una colonia: Filipinas. Vol. II. Colonialismo
e Identidad Nacional en Filipinas y Micronesia, Madrid, CSIC, 2001.
25. Gracias también al patrocinio de tres Fundaciones privadas y la colaboración de The United King-
dom Historical Association, The Royal Historical Society, The Hakluyt Society, The Royal Horticultural
Society y las Universidades de Cambridge, Durham, Glasgow y Portsmouth.
42 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
anglo-española, historia política de España, ingeniería, Ciencias Naturales,
expediciones científica, jardinería, literatura y las artes en la época de Felipe
II. Asimismo se presentó en la nueva Biblioteca Británica una edición fac-
símile del primer tratado de ingeniería civil en el mundo –escrito en ese
período–, traducido al inglés, junto con una muestra de libros de ingeniería
de la época.
Al margen de ese programa, pero en el contexto conmemorativo, hubo un
acto particular y único en la Cámara Alta de Westminster. Allí el grupo de
parlamentarios de ambas Cámaras –la de los Lores y la de los Comunes– que
formaban el Grupo de Amistad Española en el Parlamento Británico, junto
con el Embajador de España en la Corte de San Jaime, se reunieron ante los
retratos de la reina María Tudor y Felipe I de Inglaterra (a la sazón Príncipe
Felipe de España y rey consorte de Inglaterra durante un breve período) para
rendir homenaje a los años en que, en el siglo XVI, España e Inglaterra eran
aliados cercanos, y para recordar el periodo posterior en el que tropas inglesas
ayudaron a España durante la invasión napoleónica. Y también para desear
que la amistad entre ambos países continuara en el presente y en el futuro.
No cabe duda de que esa serie de conferencias y eventos fue la más amplia
y completa de las que se celebraron fuera de España para conmemorar el
Cuarto Centenario.
IV
El Simposio de Manila (1999), de dos días de duración, fue, en alguna
medida, el “eslabón perdido” para cerrar el ciclo de las celebraciones26. Se ce-
lebró bajo el título general de Re-Shaping the World: Philip II of Spain and his
Time (“Dando nueva forma al mundo: Felipe II de España y su tiempo”), y
se inspiró en la serie de conferencias del Reino Unido. Sin embargo, aunque
hubo historiadores españoles y británicos presentes en el mismo, hubo tam-
bién historiadores filipinos que añadieron tres aspectos prácticamente ausen-
26. La realización del mismo fue posible gracias a la iniciativa y el apoyo de la Embajada de España
y el Instituto Cervantes de Manila, la Fundación Santiago, la Agencia Española de Cooperación
Internacional y las Universidades de Santo Tomás y del Ateneo de Manila.
ESTUDIOS 43
tes en todos los eventos anteriores: el económico, el espiritual y, por supuesto,
la aproximación histórica de las Filipinas27. No obstante, los aspectos visuales
y musicales también estuvieron presentes en Manila: la exposición Putting the
Philippines on the map, celebrada en la Biblioteca Rizal de la Universidad del
Ateneo de Manila, y un recital de Canciones del Siglo de Oro español, ofrecido
por los “Philippine Madrigal Singers” de la Universidad de Filipinas en el
Instituto Cervantes.
Ahora bien, al margen del valor intrínseco de los trabajos presentados en
Manila, tal vez lo más importante de aquellas jornadas fueron los intercam-
bios y discusiones entre historiadores filipinos y europeos, y entre los acadé-
micos y estudiantes pro y antihispánicos que asistieron a los debates.
Indudablemente no fue posible concluir, al término de los mismos, si Feli-
pe II logró darle una nueva forma al mundo de su tiempo o no, pero muchos
de los allí presentes sí logramos “dar nueva forma” a nuestros conocimientos,
o al menos tuvimos que reconocer la necesidad de mejorar nuestro conoci-
miento de la época y de las acciones del monarca español y los funcionarios
a su servicio.
Una de las principales conclusiones fue que las conmemoraciones del
Cuarto Centenario sólo se completaron – en la medida de lo posible – tras la
celebración del Simposio de Manila, simposio que no sólo era necesario sino
que también era una obligación intelectual y moral hacia la “Perla del Mar de
Oriente”: el archipiélago de las Filipinas.
Pero el simposio abrió también una “caja de Pandora”, al poner de mani-
fiesto la existencia de una serie de áreas de estudio y trabajo vírgenes todavía,
de las que cabe destacar:
(i) Los vínculos entre la arquitectura colonial hispanoamericana y la arqui-
tectura colonial filipina.
(ii) El tipo específico de colonización que tuvo lugar en Filipinas.
(iii) El acercamiento de Felipe II a la población local por la vía del referén-
dum.
27. Vid. supra, n. 2.
44 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
(iv) El papel de las Filipinas en el imperio de Felipe II.
(v) La necesidad de reescribir y, sobre todo, escribir la historia moderna de
Filipinas a la luz de lo que España fue y significó para el archipiélago, y la
necesidad de escribir la historia moderna de España tomando en conside-
ración lo que Filipinas fue y significó para España. Es importante recono-
cer, en ese contexto, el papel de la evangelización española en Filipinas y
ampliar esta área de investigación.
(vi) La necesidad de inscribir la historia económica de las Filipinas de la Edad
Moderna en el contexto más amplio de la historia colonial española.
En definitiva resultó evidente que quedaba mucho trabajo por hacer tanto
a los historiadores filipinos como a los españoles –o a los historiadores de las
Filipinas y de España– para ampliar sus horizontes y enriquecer sus puntos
de vista. Desde una perspectiva personal considero fundamental que los aca-
démicos y los estudiantes universitarios filipinos dejen de escudarse tras la
barrera de: “el pasado español no nos atañe; no queremos saber nada de aque-
llos conquistadores, ni de su idioma o su presencia de antaño entre nosotros”.
Porque esa presencia es parte sustancial de la historia filipina y ese idioma
–el español– es en el que se escribieron cuatro siglos del pasado filipino. Las
fuentes de esa historia están en los archivos filipinos y españoles, abiertos y a
disposición de todos, y todos necesitamos que los historiadores filipinos lean
e interpreten esas fuentes y aprender de sus conclusiones desde la perspectiva
de éstos. Son libres de amar u odiar ese pasado, pero tienen una obligación
moral y nacional de abrir los ojos al mismo.
Una obligación de la que no están exentos los historiadores españoles, de
estudiar también esas fuentes, ampliando sus perspectivas y corrigiendo su
consideración tradicional de la Filipinas colonial. De hecho, algo se está avan-
zando ya en ese sentido.
“Abrazar el pasado, proyectar el futuro” fue el lema que presidió la con-
tribución española a las Celebraciones del Centenario de la Independencia
de Filipinas en 1998. Un lema que no fue producto de la propaganda cul-
tural sino de un planteamiento transcultural. Para bien o para mal españoles
y filipinos tenemos una historia común. Y esto, ni podemos ignorarlo ni lo
podemos borrar. Ahí están los nombres, la cultura común, las tradiciones,
omnipresentes en el archipiélago filipino y ejemplo vivo de la mezcla de dos
culturas.
ESTUDIOS 45
La historia ha hecho a nuestros pueblos, el filipino y el español, lo que hoy
son, y todo comenzó con Felipe II. Es imposible cambiar la historia, por do-
lorosa que sea, pero está en nuestras manos revisarla y objetivarla en la medida
en que seamos capaces de estudiarla y contemplarla con un espíritu abierto
y una mirada distinta. En ese sentido son de destacar los avances realizados
en los últimos veinte años en la historiografía española de las Filipinas y del
Pacífico español, los grandes olvidados, durante demasiado tiempo, de la
historia de España.
V
Hasta fines de los años 1980 el pacifismo español, como he dado en llamar a
los especialistas en la historia del Pacífico español, fue una disciplina para ro-
mánticos y espíritus heroicos, prácticamente ausente del panorama intelectual
de España. Lo que no quiere decir que sus escasos cultores lo hicieran mal.
Ahí están los tempranos trabajos de Lourdes Díaz-Trechuelo sobre Filipinas
en 1959 y 196528, o los de Amancio Landín29 y Francisco Mellén30 sobre las
islas españolas del Pacífico en la década de los 70 y primeros 80.
La figura de Alejandro Malaspina (1754-1810) ha tenido una conside-
ración particular por la especial significación de su expedición científica al
Océano Pacífico (1789-1794). Así, a los dos catálogos pioneros que aparecen
en la primera mitad de los años 1980 sobre el tema31, se fueron agregando
28. María Lourdes Díaz-Trechuelo, Arquitectura española en Filipinas (1560-1800), Sevilla, Escuela de
Estudios Hispanoamericanos, 1959; y La Real Compañía de Filipinas, Sevilla, Escuela de Estudios
Hispanoamericanos, 1965.
29. Amancio Landín Carrasco, Mourelle de la Rua, explorador del Pacífico, Madrid, Edics. Cultura His-
pánica, 1971; e Islario español del Pacífico: identificación de los descubrimientos en el Mar del Sur,
Madrid, Edics. Cultura Hispánica, 1984.
30. Francisco Mellén Blanco, Manuscritos y documentos españoles para la historia de la isla de Pascua: la
expedición del capitán D. Felipe González de Haedo a la isla de David, Madrid, Centro de Estudios y
Experimentación de Obras Públicas, 1986; y Derrota y cartografía de la Isla de Pascua realizado por
la expedición española del Capitán González de Haedo en 1770-71, Santiago de Chile, Facultad de
Arquitectura y Urbanismo, Instituto de Estudios Isla de Pascua, 1984. Texto presentado en el 1º
Congreso Internacional sobre la Isla de Pascua y Polinesia Oriental, Hanga Roa.
31. Mª Dolores Higueras Rodríguez, Catálogo crítico de los documentos de la expedición Malaspina
(1789-1794) del Museo Naval, 2 vols., Madrid, Museo Naval, 1985; y Mercedes Palau de Iglesias,
Catálogo de los dibujos, aguadas y acuarelas de la expedición Malaspina 1789-1794 (donación Carlos
46 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
contribuciones importantes en la década de 199032, lo que ha creado un cor-
pus significativo en torno a la expedición de Malaspina33. A principios de este
siglo, y gracias a los esfuerzos conjuntos del Ministerio de Asuntos Exteriores
de España, el Museo Naval de Madrid y The Hakluyt Society de Londres, esta
Sociedad publicaba una cuidada edición inglesa de los diarios de Malaspina,
los únicos que faltaban por aparecer en este idioma, de los tres grandes ex-
ploradores del Pacífico: James Cook, Jean François Galaup de la Pérouse y
Alejandro Malaspina34.
De cualquier forma, los historiadores interesados por Filipinas y el Pa-
cífico español fueron en aumento y en 1986 puede situarse el cambio de
coyuntura en la pequeña historia del pacifismo español. Ese año se constituye
la Asociación Cultural “Islas del Pacífico”, que en noviembre de 1988 pasó a
denominarse Asociación Española de Estudios del Pacífico (AEEP). En 1986
también, con motivo de la celebración de la Exposición Internacional de Van-
couver (Canadá), el Pabellón de España publicaba un volumen pionero sobre
Sanz), Madrid, Ministerio de Cultura, 1980. En ese período también se reedita la obra de Ales-
nado Malaspina, Viaje político-científico alrededor del mundo por las corbetas Descubierta y Atrevida
al mando de los capitanes de navío Alejandro Malaspina y José de Bustamante y Guerra desde 1789 a
1794, con una introducción de Pedro Novo y Colson, Viaje político científico alrededor del mundo
por las corbetas Descubierta y Atrevida, Madrid, Imprenta de la Viuda e Hijos de Abienzo, 1885.
La reedición corrió a cargo de Mercedes Palau, Aranzazu Zabala y Blanca Saiz y fue publicada por
Edics. del Museo Universal, Madrid, 1984.
32. Así, Ricardo Cerezo Martínez (ed.), La Expedición de Malaspina (1789-1794), vol. 2, Madrid,
Museo Naval-Barcelona, Lunwerg, 1990; y Blanca Saiz, Bibliografía sobre Malaspina: y acerca de la
expedición Malaspina y de los marinos y científicos que en ella participaron, Madrid, El Museo Univer-
sal, 1992.
33. Cito solamente, a modo de ejemplo, Juan Pimentel, Malaspina y la Ilustración: pensamiento político,
utopía y realidad colonial en Alejandro Malaspina, Madrid: Ministerio de Defensa, 1989; y La física de
la monarquía: ciencia y política de Alejandro Malaspina (1754-1810), Aranjuez, Doce Calles, 1998;
Manuel Lucena Giraldo, Los “Axiomas políticos sobre la América” de Alejandro Malaspina, Madrid,
Doce Calles: Sociedad Estatal Quinto Centenario, 1991; y María Pilar de San Pío Alardeen y Mª
Dolores Higueras Rodríguez (coord.), La armonía natural: la naturaleza en la expedición marítima
de Malaspina y Bustamante (1789-1794), Barcelona, Lunwerg, 2001. Vid. también op. cit. en
supra n. 24.
34. Andrew David, Felipe Fernández-Armesto, Carlos Novi, Glyndwr Williams (eds.), The Malaspina
Expedition 1789-1794, The Hakluyt Society, London in association with The Museo Naval, Ma-
drid. Vol. I, Cadiz to Panama, London, 2001; vol. II, Panama to The Philippines, 2003; vol. III,
Manila to Cadiz, 2004.
ESTUDIOS 47
la presencia española en la costa noroccidental del continente americano y la
expedición de Juan Francisco de la Bodega y Quadra35.
En 1988, con ocasión de la Exposición Mundial de Brisbane (Australia),
el Pabellón de España publicaba una obra dedicada al Pacífico Español, co-
ordinada por Carlos Martínez Shaw, en la que participaban la casi totalidad
de los escasos especialistas de la historia española del Pacífico y dos distingui-
dos especialistas australianos36. En el Pabellón de España de esa Exposición
se exhibieron por vez primera en el mundo los mapas originales de las islas
descubiertas por Mateo Bonaechea en sus expediciones a Tahití (1772-73 y
1774-75), instigadas por el visionario virrey español del Perú, Manuel Amat
(1761-76).
También en 1988 tiene lugar el I Simposio Internacional sobre el Extremo
Oriente Ibérico; la Asociación Española de Estudios del Pacífico celebraba,
bajo el título general de “España y el Pacífico”, el primero de los siete Congre-
sos que ha realizado hasta la fecha37; y se publicaba el libro pionero sobre las
35. Francisco Morales Padrón et alia, To the Totem Shore: The Spanish Presence on the Northwest Coast,
Madrid, Edics. El Viso, 1986. Desgraciadamente el libro tendría una difusión escasa debido a un
incendió que destruyó el depósito de libros del Pabellón de España. Las investigaciones en torno
a la presencia española en Nootka Sound, al noroeste de Canadá, pieza fundamental de ese libro,
tuvieron una continuación, una década después, en Mercedes Palau, Marisa Clarés y Araceli Sán-
chez (edic. y coord.), Nootka: regreso a una historia olvidada, Barcelona, Lunwerg, 1988, texto en
español e inglés. Hay edición catalana de esa obra. Vid. asimismo Mercedes Palau et al.(eds.), Nutka
1792: viaje a la costa noroeste de la América septentrional por Juan Francisco de la Bodega y Cuadra en
las fragatas de su mando Santa Gertrudis, Aranzazu, Princesa y Goleta Activa, año de 1792, Madrid,
Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas, 1998.
36. El Pacífico español: de Magallanes a Malaspina. Sección española de la Exposición Mundial de Bris-
bane-Australia 1988, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, Dirección General de Relaciones
Culturales, y Barcelona, Lunwerg, 1988. Hay también edición inglesa de este libro. La obra incluye
artículos de Carlos Martínez Shaw, Oskar Spate, Mariano Cuesta Domingo, Lourdes Díaz-Tre-
chuelo, Roberto Ferrando, Alan Frost, Francisco Mellén Blanco, Mercedes Palau Baquero, Aranza-
zu Zabala Mouriz, Amancio Landín Carrasco y Dolores Higueras Rodríguez, junto con un prólogo
del comisario general de la Sección española de la Exposición, Dámaso de Lario.
37. Las contribuciones al Simposio internacional fueron publicadas por Francisco de Solano, Floren-
tino Rodao y Luis E. Togores (eds.), Extremo Oriente ibérico: investigaciones históricas: metodología
y estado de la cuestión, Madrid, AECI y CSIC, 1989. Las actas del primer Congreso de la AEEP
fueron publicadas un año después de su celebración por Florentino Rodao (coord.), Estudios sobre
Filipinas y las islas del Pacífico, Madrid, Asociación Española de Estudios del Pacífico, 1989.
48 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Islas Carolinas de Mª Dolores Elizalde38, una de las investigadoras que más ha
contribuido al desarrollo del pacifismo español.
Todo ello será el preludio de la eclosión de publicaciones sobre Filipinas y
el Pacífico que se produce en los años 1990, década en la que se fundan tam-
bién la Revista Española del Pacífico (1991) y la revista Iles i Imperis39 (1998).
Las temáticas sobre las que giraron esas publicaciones fueron las fuentes para
la historia de las Islas Filipinas40 y la historia económica del archipiélago41, las
islas del Pacífico42 y la presencia española en Australia occidental43. La década
38. Mª Dolores Elizalde Pérez-Grueso, Las Islas Carolinas, colonia española, 1885-1899, Madrid, Ed.
Universidad Complutense, 1988. Esta obra fue posteriormente revisada y publicada con el título:
España en el Pacífico, la colonia de las Islas Carolinas, 1885-1899: un modelo colonial en el contexto
internacional del imperialismo, Madrid, CSIC, 1992.
39. La primera, publicada en Madrid, se constituye como revista de la AEEP. Illes i Imperis. Estudis
d’història de les societats en el mon colonial i postcolonial, fundada en responde a las inquietudes en la
materia de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (España).
40. Patricio Hidalgo Nuchera (ed.), Los primeros de Filipinas: crónicas de la conquista del Archipiélago de
San Lázaro, Madrid, Miraguano-Polifemo, 1995; y Guía de fuentes manuscritas para la historia de
Filipinas conservadas en España: con una guía de instrumentos bibliográficos y de investigación, Madrid,
Fundación Histórica Tavera-Cyan, 1998; también Lourdes Díaz-Trechuelo et al., La expedición de
Juan de Cuellar a Filipinas, Barcelona, Lunwerg, 1997, y Mª Dolores Elizalde (comp.), Obras clási-
cas para la Historia de Manila. Recurso electrónico, Madrid, Fundación Histórica Tavera-Digibis,
1998.
41. Mª Dolores Elizalde Pérez-Grueso, Historia económica de Filipinas durante la etapa colonial española:
un estudio bibliográfico, Madrid, Fundación Empresa Pública, 1998. En particular, sobre la enco-
mienda, vid. Patricio Hidalgo Nuchera, Las polémicas iglesia-estado en las Filipinas: la posición de la
iglesia ante la cobranza de los tributos en las encomiendas sin doctrina y las restituciones a fines del s.
XVI, Córdoba, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1993; Encomienda, tributo y trabajo en
Filipinas (1570-1608), Madrid, Universidad Autónoma-Polifemo, 1995; y con Félix Muradás Gar-
cía, La encomienda en América y Filipinas: su impacto sobre la realidad colonial del mundo indígena:
bibliografía, Tres Cantos, 1999; hay una 2ª edic., corregida y aumentada publicada en Madrid, Li-
bris, 2001. Sobre la hacienda pública vid. el importante trabajo de Josep Maria Fradera, Filipinas, la
colonia más peculiar: la hacienda pública en la definición de la política colonial, 1762-1686, Madrid,
CSIC, 1999.
42. Máximo Rodríguez, Españoles en Tahití, edic. de Francisco Mellén, Madrid, Información y Revistas,
1992; Francisco Mellén y Carmen Zamarrón, Catálogo de armas y artefactos de las islas del Océano
Pacífico central y Australia, Madrid, Museo Naval, 1993; Patricio Hidalgo Nuchera (ed.), Redes-
cubrimiento de las Islas Palaos, Madrid, Miraguano-Polifemo, 1993. Y Antonio García Abásolo,
España y el Pacífico, Córdoba, Dirección General de Relaciones Culturales y AEEP, 1997.
43. Eugenio Pérez, La misión de los Benedictinos españoles en Australia occidental, 1846-1900. Traduc-
ción y notas de Francisco Utray y Rocío Utray, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1990; y
Eladio Ros, La música en Nueva Nursia. Introducción y apéndices de Francisco Utray; traducción y
ESTUDIOS 49
terminará con un volumen conmemorativo de 189844, año de la pérdida de
Filipinas por España, y dos importantes publicaciones, sobre las relaciones
internacionales en el Pacífico y el gobierno colonial45.
No fue ello producto del azar, sino del establecimiento y desarrollo en esos
años de grupos y proyectos de investigación sobre Asia y el Pacífico en el De-
partamento de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona,
el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Madrid, y la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, entre otras instituciones
académicas46. Así, la “asignatura pendiente “ que, desde hacía décadas, tenía
España con el estudio de su pasado colonial en el Pacífico, se había empezado
a colmar.
La primera década de este siglo se inauguró con una necesaria Historia
general de Filipinas47, a la que han seguido una serie de publicaciones de re-
lieve sobre el archipiélago y la presencia española en lo que acertadamente
describiera Oskar Spate como el “Lago Español”48. Así pues, el antes preca-
notas de Mercedes Utray, Madrid, Ministerio de Asuntos Exteriores, 1992. En 1987 el Ministerio
de Asuntos Exteriores español había publicado ya un reprint de la obra de Joaquín Martí, Historia
de las misiones católicas de Nueva-Holanda, Barcelona, Herederos de la V. Pla, 1850 (el título original
de la obra es: Historia del origen, padecimientos, progresos y porvenir de las Misiones católicas de Nueva-
Holanda: fundadas y sostenidas por los Ilmos. y Rmos. PP. Serra y Salvado, monjes españoles).
44. Miguel Luque Talaván, Juan José Pacheco Onrubia y Fernando Palanco Aguado (coords.), España y
el Pacífico: interpretación del pasado, realidad del presente. Madrid, Asociación Española de Estudios
del Pacífico, 1999. Se trata de los trabajos presentados en el 4º Congreso de la AEEP, celebrado en
Valladolid en 1997.
45. Vid. Mª Dolores Elizalde (ed.), Las relaciones internacionales en el Pacífico (siglos XVIII-XX): colo-
nización, descolonización y encuentro cultural, Madrid, CSIC, 1997. Se trata de las ponencias pre-
sentadas en la sesión dedicada al Océano Pacífico en el XVIII Congreso Internacional de Ciencias
Históricas de Montreal (1995). Para el gobierno colonial, vid. Josep Maria Fradera, Gobernar colo-
nias, Barcelona, Península, 1999.
46. Vid. Mª Dolores Elizalde Pérez-Grueso, “La investigación sobre Asia y el Pacífico en España, en el
área de las ciencias humanas y sociales” en Anuario Asia-Pacífico 2006, Barcelona, CIDOB, 2007,
pp. 495-506.
47. Leoncio Cabrera (coord.), Historia general de Filipinas, Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica,
2000.
48. Vid. supra n. 1. En cuanto a las publicaciones de la presente década, merece la pena destacar Mª
Dolores Elizalde (ed.), Las relaciones entre España y Filipinas, siglos [Link], Madrid, CSIC y Bar-
celona, Casa Asia, 2002; Economía e historia en las Filipinas españolas: memorias y bibliografía, si-
50 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
rio camino del pacifismo español parece hoy firmemente asentado. El Cuarto
Centenario de la muerte de Felipe II constituyó una excelente ocasión para
avanzar por ese sendero, en el que todavía queda mucho trecho por recorrer.
glos XVI-XX, Madrid, Fundación Mapfre Tavera, 2002; y supra, n. 24. También Patricio Hidalgo
Nuchera, Guía bibliográfica de fuentes manuscritas para la historia de Filipinas conservadas fuera de
España, Madrid, Fundación Mapfre Tavera, 2003; y Fuentes bibliográficas para la historia de América
y Filipinas, Madrid, Ollero y Ramos, 2004; Leoncio Cabrero Fernández, Miguel Luque Talaván y
Fernando Palanco Aguado (coord. y edic.), Diccionario histórico, geográfico y cultural de Filipinas y
el Pacífico, Madrid, AECID, 2008; Mª Dolores Higueras et al., Exploradores españoles olvidados de
los siglos XVI y XVII, Madrid, TF, 2000. Y Josep Maria Fradera, Colonias para después de un imperio,
Barcelona, Bellaterra, 2005.
51
¿Hartos de Bolívar?
La rebelión de los historiadores contra el culto fundacional
Tomás Straka (*)
a. Una rebelión política e historiográfica
Entre 2003 y 2007 pasó un hecho sin precedentes en la historia republi-
cana de Venezuela. Mejor dicho: sin precedentes en la historiografía que los
venezolanos hemos escrito, enseñado y aprendido desde que nos constituimos
como república independiente, de forma definitiva, en 1830. Los cuatro his-
toriadores vivos más importantes de la hora publicaron sendos ensayos para
denunciar y sobre todo deslindarse de lo que, hasta entonces, mayoritaria-
mente había entendido la sociedad venezolana como la más preciosa de las
herencias del Libertador. Es decir, se deslindaron de ese almácigo de ideas,
que desde hace siglo y medio se han mostrado susceptibles de las más varia-
das y hasta contrapuestas interpretaciones, a las que de forma general hemos
llamado bolivarianismo; ideas, ahora más que nunca, cuando república hasta
se apellida en su título oficial de “bolivariana”, proclamadas como las fuentes
nutricias de nuestro ser como nación.
No se trata de poca cosa. Se trata de una “rebelión” intelectual que puede
llegar traer importantes consecuencias, comoquiera que expresa cambios fun-
damentales en la sociedad venezolana. No tanto por el acto en sí de que cuatro
historiadores, por famosos e influyentes que sean, se hayan rebelado ante lo
que llegó a constituirse en el verdadero mito fundacional de los venezolanos:
ya, como veremos, desde mediados del siglo pasado (escribimos en 2008), con
la profesionalización y el disciplinamiento del oficio de historiador en escuelas
(*) Instituto de Investigaciones Históricas ‘‘Hermann González Oropeza, sj’’. Universidad Católica
Andrés Bello.
52 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
universitarias, así como por el clima de razonable libertad democrática que se
vivió (y que se hizo patente en aspectos tan importantes como la autonomía
de las universidades, la libertad de cátedra y una libertad de expresión que en
términos generales fueron respetados), pudo desarrollarse una nueva histo-
riografía, muy apartada de los cantos épicos y del culto a los héroes sobre los
que se había fundado la nacionalidad entre 1840 y 1930, poco más o menos;
sino porque la circunstancia política del momento, definida por la Revolución
Bolivariana, que toma muchas de la imágenes y de sus argumentos de esa vi-
sión heroica que prácticamente había desaparecido de los círculos académicos,
pero que evidentemente siguió teniendo mucha fuerza en las mayorías, inclu-
so en las opositoras, ha hecho que la revisión crítica que hasta el momento
ocupaba a un reducido grupo de investigadores y docentes, ahora sea atendida
por un espectro social bastante más amplio. O lo que es lo mismo: por prime-
ra vez desde la década de 1840, un grupo significativo de venezolanos se ha
preguntado, seriamente, sobre las bondades del culto al Libertador y su Gesta
Heroica, así como sobre su conveniencia para la construcción de un modelo
de vida colectivo.
Obviamente, con esto no negamos la posibilidad de que, al menos en mu-
chos casos, se trate de cierto tipo oposición al régimen de Hugo Chávez que
sistemáticamente contradice todos sus planteamientos, cualesquiera que sean.
Tampoco vamos a caer en el extremo de negar, sin siquiera un examen pre-
liminar, la validez de todo lo que plantea el discurso épico-revolucionario
(a partes iguales, con ingredientes de la vieja Historia Patria y de la reseman
tización hecha por los marxistas, para adecuarlo a los objetivos de su programa
revolucionario) que propugna el chavismo. O en el de presentar a la demo-
cracia de 1958 a 1998 como un dechado de virtudes que harían del todo
incomprensibles a la revolución chavista y al tremendo eco que consiguió en
vastos sectores de la sociedad. Mucho menos vamos a eludir las acusaciones
que desde la acera de enfrente se les hacen a los autores en cuestión -Germán
Carrera Damas, Elías Pino Iturrieta, Manuel Caballero y Guillermo Morón-
como simples portavoces de la oposición, militancia que, por demás, en modo
alguno ocultan; como parte de una conspiración de derechas, a la que, los
acusan, sirven con espíritu de mercenarios1; o como dolidos representantes del
1. Un caso prototípico de esta línea argumental es el que sigue: “La derecha venezolana, y los intelec-
tuales y publicistas que le sirven, ahora enemigos declarados de Bolívar, hablan de un nuevo culto
al Libertador, que Chávez estaría estimulando y promoviendo en beneficio propio. No entienden
ESTUDIOS 53
régimen caído, en el que desempeñaron cargos públicos, incluso de impor-
tancia, por mucho que las mismas sean, básicamente, acusaciones ad hominem
y callen que también fueron muy críticos entonces, así como el hecho de que
en los regímenes constitucionales y pluripartidistas el desempeño de un cargo
público no implica, necesariamente (aunque, la verdad, muchas veces fue así
en Venezuela), el compromiso sin cortapisas que suele exigírsele en las dicta-
duras y en los Estados totalitarios a sus funcionarios.
Nada de eso será escamoteado. Sin embargo, es el fenómeno sociocultural
que se trasluce detrás de estos debates historiográficos y políticos (¿políticos-
historiográficos, podríamos decir?), es el que nos interesa sondear, como ex-
presión de un problema mayor. En efecto, pocas veces se ha puesto tan de ma-
nifiesto, en textos de tan amplia audiencia como los que se analizarán en las
siguientes páginas, la importancia de la conciencia histórica en el rumbo que
una colectividad le da a su destino; la estrecha relación entre la versión que de
su devenir tenga en la misma y la escogencia de sus opciones políticas.
La aparición, en el muy agitado 2003, de El divino Bolívar, ensayo sobre
una religión republicana, de Elías Pino Iturrieta, que rápidamente agotó dos
tirajes y requirió de una segunda edición; junto a la quinta edición –¡la quinta
edición!, cosa muy poco común en un estudio historiográfico– de El culto a
Bolívar, esbozo para un estudio de la historia de las ideas en Venezuela, trabajo
precursor de Germán Carrera Damas, inicialmente publicado treinta y tres
años atrás, siendo el primero en señalar el fenómeno y denunciarlo; a los que
siguieron, en 2005, El bolivarianismo-militarismo, una ideología de reemplazo,
también de Carrera Damas, y las muy polémicas memorias de Guillermo
Morón, Memorial de agravios, donde llama a “desbolivarizar” el país; y un año
después, en el 2006, Por qué no soy bolivariano, una reflexión antipatriótica,
de Manuel Caballero, que en un mes requirió de una segunda edición; la
nada, o no quieren entender. Movidos por un rechazo apriorístico a menudo irracional, o por in-
tereses distintos a los del país, parecen haber perdido por completo no sólo la perspectiva histórica
sino la capacidad misma de entender el presente en que se mueven. Más allá de detalles menores,
de árboles que impiden ver el bosque, lo que se desarrolla hoy en Venezuela bajo la dirección de
Chávez en torno a Bolívar no es otra cosa que un intento serio y sostenido, el primero que se hace
en el país, de rescatar a Bolívar para las luchas del pueblo, para animar y fortalecer un proceso de
cambios revolucionarios continuos en los que sigue vivo el pensamiento y las luchas del gran Liber-
tador venezolano…”, Vladimir Acosta, “El ‘Bolívar’ de Marx”, en El Bolívar de Marx, 2da. edición,
Caracas, Editorial Alfadil, 2007, p. 88
54 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
aparición (y el éxito) de todos estos libros, en una sociedad (y en una histo-
riografía) que tradicionalmente se han proclamado bolivarianos, significa algo
importante. La hipótesis que esperamos delinear –pero que, por el momento
en que escribimos, no podemos redondear del todo, porque aún, sospecha-
mos, queda mucho por ver– es que se trata de un problema de envergadura:
el de la redefinición de nuestro proyecto como país, el del modelo de demo-
cracia que en cuanto tal queremos y el del rol que la memoria del Libertador
puede tener en la misma Una memoria que si bien en 1842, en 1883 o en
1910 sirvió como una especie de tabla de salvación para darle cierta cohesión
a una república que hacía aguas, y que ahora, cuando ya la nacionalidad y la
república –o al menos determinada idea de ellas– están al margen de toda
duda, algunos sectores, sobre todo los más vinculados con lo que representó el
ensayo democrático, civil y en términos generales liberal que se vivió de 1958
a 1998, ven como una amenaza para la libertad.
A esta guisa, dividiremos el trabajo en dos partes. En la primera ensayare-
mos una visión del nudo historiográfico y político que permitió rebelarse con-
tra el culto fundacional de la república. Las variables de la profesionalización
universitaria del oficio de historiador y de la democratización de la sociedad,
serán analizadas en ella. En la segunda nos detendremos brevemente en la
obra de los “rebeldes”, como representantes de este proceso, y en sus tesis
fundamentales sobre el bolivarianismo y sobre las razones por las que, alegan,
puede ser un peligro para la libertad.
b. Los contornos de la “rebelión”: historiografía, modernidad y demo-
cracia
En efecto, hemos dicho que se trata de una “rebelión historiográfica”,
cuando menos, contra lo que ellos mismos y algunos otros han definido en
los trabajos que analizarán y en otros anteriores, como la “única filosofía po-
lítica” creada por el Estado venezolano2; es decir, contra la base en la que ha
buscado (y hallado) legitimidad para ese modelo de vida que esperamos cons-
truir desde la independencia y que solamente en la república, tal es nuestra
2. Véase: Luis Castro Leiva, De la patria boba a la teología bolivariana, Caracas, Monte Ávila Editores,
1984.
ESTUDIOS 55
convicción, podemos alcanzar3; en fin: lo que el que más ha reflexionado sobre
el punto del grupo que acá traemos a colación, Germán Carrera Damas, llamó
el proyecto nacional 4. Rebelarse, pues, contra esta filosofía, algo indica de la
situación de ese Estado, de esa nación, de ese proyecto y de esos ciudadanos a
casi dos siglos de existencia.
Pero hay más: esta rebelión es producto de una “revolución historiográ-
fica” más amplia; la que se generó en nuestra visión de la historia producto
de la profesionalización y modernización del oficio de historiador que se da
a mediados del siglo XX, y que fue de la mano, retroalimentándose, con la
democracia como nuevo sentido de la vida nacional. Véase bien: quienes se
rebelan son historiadores y forman parte de una de las instituciones que por
más largo tiempo y de manera más enérgica defendió y promovió al bolivaria-
nismo, se batió en batalla contra todo aquello que pudiera mancillar el sagrado
nombre del semidiós, como lo llamó la retórica guzmancista, el Libertador
–recuérdese nomás la cruzada emprendida contra Salvador de Madariaga en
1951– y acunó a muchos de los más intensos representantes del bolivaria-
nismo venezolano, como Rufino Blanco Bombona, Mons. Eugenio Nicolás
Navarro, el Cardenal José Humberto Quintero, J.A. Cova, José Luis Salcedo
Bastardo, ¡y hasta estuvo a punto de hacerlo con el General Eleazar López
Contreras, al que eligió entre sus miembros, pero quien finalmente declinó
el honor y no se incorporó a ella! …la Academia Nacional de la Historia. O
lo que es lo mismo: que estos “rebeldes” parecían llamados a ser oficiantes de
una congregación que tuvo no poco que ver con el fomento de aquello de lo
que, espantados por los más recientes y estruendosos resultados de la prédica,
marcan distancia. ¿Se trata, entonces, de una simple disidencia, de un cisma
en el que los teólogos y predicadores más notables, pero que se han hecho más
moderados porque sus lecturas así los han vuelto, se marchan, indignados por
los excesos del resto de la feligresía embebida en las manifestaciones exteriores
del culto? ¿O se trata de algo más hondo?
3. Véase: Luis Castro Leiva, Sed buenos ciudadanos, Caracas, IUSI/Alfadil, 1999.
4. Véase: G. Carrera Damas, Una nación llamada Venezuela, 4ta. edición, Caracas, Monte Ávila Edi-
tores, 1991; “La larga marcha de la sociedad venezolana hacia la democracia: doscientos años de
esfuerzo y un balance alentador”, en: Búsqueda: nuevas rutas para la historia de Venezuela (ponencias y
conferencias), Caracas, Contraloría General de la República, 2000, pp. 33-119; y Venezuela, proyecto
nacional y poder social, 2da. edición, Mérida (Venezuela), ULA, 2006.
56 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Se trata de algo más hondo. Como dijimos, tal es nuestra hipótesis. El
bolivarianismo se va amasando a lo largo del siglo XIX como la herramienta
de un Estado y de una elite urgidos de una fuerza capaz de cohesionar a un
colectivo disperso; así como de un lenitivo susceptible de calmar las heri-
das que un balance más bien desalentador de lo que la república demostró
ser cuando finalmente se consolida la Independencia, generó entre los ve-
nezolanos ya a mediados en la década de 1830. La llamada Historia Patria,
cuya función fundamental fue justificar a la Emancipación y que tuvo en su
fase romántica (circa 1840-1890, inclusive, si somos muy amplios, aunque
sigue habiendo discursos esencialmente románticos hasta hoy) su momento
de mayor despliegue, cumplió plenamente esta labor5. Bolívar es entonces, y
lo siguió siendo por más de un siglo, una salvación. Un asidero para que una
sociedad extremadamente insatisfecha con los resultados del proyecto en el
que se embarcó, no se sintiera aventada a la desesperación. Como veremos
en el próximo capítulo, frente al “discurso del desencanto” que rápidamente
se expande entre las elites ante la distancia, que nos pocas veces parecieron
insalvables, entre lo soñado y lo obtenido6, la gesta heroica, la Edad de Oro
de los Padres de la Patria tuvo el poder de un antídoto milagroso: “seremos
porque hemos sido”, la solución del “optimismo lírico” frente al “pesimismo
sistemático”7. Por eso fue que la Historia Patria y su bolivarianismo pudieron
convertirse en la “filosofía” del Estado venezolano.
El punto es que dio resultado. En esto, como en muchas otras cosas, el
por demás justificado pesimismo a veces no nos deja ver lo que nos sale bien,
que es más de lo que suele pensarse. Es, por ejemplo, un éxito que la nación
haya sobrevivido razonablemente independiente y que la república se haya
consolidado como ideal entre sus miembros. El problema está en que lo que
sirve para una cosa no puede ser de automático usado para la otra, y el boli-
varianismo que en 1860, en 1880 o incluso en 1910, era una salvación, para
1970, por poner la fecha en la que se edita por primera vez el demoledor El
5. Cfr. Carrera Damas, “Para una caracterización general de la historiografía venezolana actual” en
Historia de la historiografía venezolana (textos para su estudio), 2da. reimpresión de la segunda edi-
ción, Caracas, 1996, Tomo I, pp. 9-18; y El culto a Bolívar. Esbozo para un estudio de la historia de
las ideas en Venezuela, 5ta. edición, Caracas, Alfadil Ediciones, 2003.
6. Véase: Jorge Bracho, El discurso de la inconformidad. Expectativas y experiencias en la modernidad
hispanoamericana, Caracas, Fundación CELARG, 1997.
7. Carrera Damas, El culto a Bolívar…, pp. 142 y 218.
ESTUDIOS 57
culto a Bolívar de Germán Carrera Damas, que pone un antes y un después en
nuestra historiografía y sobre todo en nuestra manera de relacionarnos con la
memoria del Libertador, ya no lo resulta tanto. Más aún: ahora puede ser una
amenaza para que esa nación ya consolidada se atreva a caminar sin el tutelaje
de su Padre Fundador… y en rigor sin ningún tutelaje más. Es decir, para la
construcción del nuevo proyecto: el democrático.
Bolívar había sido fundamentalmente usado por regímenes autoritarios y
militares, que es como decir todos los que tuvo Venezuela en su primer siglo
de vida independiente (bolivarianos fueron Guzmán Blanco, Gómez, López
Contreras y, en un grado algo menor, Pérez Jiménez) como pábulo para el
orden y la unidad, acaso las necesidades más urgentes de aquella república
tan joven como tambaleante; sus glorias guerreras eran presentadas como los
antecedentes de las de los generales de turno al mando, que se presentaban a
sí mismos como sus herederos en la construcción de la patria grande; su vida
castrense se enseñaba en la pedagogía cívica (mejor: cívico-militar) como el
muestrario de los valores de la nación; su épica como la cartilla del nacionalis-
mo frente a las ideologías “disolventes”, bien sea el comunismo en el siglo XX
o, como antes de que éste apareciera en escena, simplemente para que “ce-
saran los partidos”, frase que hábilmente manipulada siempre le vino bien a
cualquier dictador. Pues bien, aunque los regímenes civiles que se suceden en
el poder entre 1958 y 1998 no abandonaron el culto bolivariano, ya esencial
en la identidad de los venezolanos, ciertamente que lo mesuraron, entre otras
razones, por la ya dicha: porque lo que sirve para apuntalar a unos regímenes
autoritarios, no puede servir igual para uno que puso a la libertad entre sus
valores fundamentales. Y, también, porque los grandes retos del bolivarianis-
mo inicial ya estaban superados: la unidad de la nación y un orden meridia-
namente estable como para encaminarla en una dirección determinada, eran
ya una realidad que no requería de la epopeya para legitimarse, o eso al menos
pensó la elite. En parte la resurrección del bolivarianismo, ahora vuelto, como
ya veremos, “ideología de reemplazo”, la sorprendió tanto como su gran efi-
cacia para seguir concitando voluntades. Evidentemente, por lo menos vistas
las cosas desde esta perspectiva, la mayor parte de los venezolanos mantenían
una especie de desfase entre su conciencia histórica, que seguía funcionando
en la clave de la Historia Patria tradicional, y su realidad histórica, que ya
requería de otras herramientas conceptuales y valorativas para ser interpretada
y transformada.
58 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
En todo caso, es acá donde damos con la historiografía, con la “revolución
historiográfica”, que se produce en los centros académicos durante el perío-
do y de la cual, vista bien, esta “rebelión” es una secuela. Ella fue la que se
atrevió –no en vano Carrera Damas fue de sus líderes fundamentales– a revi-
sar críticamente ese bolivarismo; y la que trazó nuevos derroteros, altamente
innovadores, para las investigaciones históricas venezolanas que a partir de la
década de 1960 se apartaron de la Gesta Heroica para encontrar problemas,
períodos y temas hasta entonces prácticamente inexplorados: la contempo-
raneidad, la historia económica, lo regional, la colonia. Es decir, la libertad
recién inaugurada en 1958, pronto refrendada por la autonomía universitaria
y por laa libertades de cátedra y de expresión, fue tal que se pudo pensar sin
restricciones; tanto, que se pudo romper con la “filosofía política” del Estado
y, en muchas ocasiones, hasta alzarse francamente contra él, promoviendo
la revolución socialista de corte marxista-leninista, sin grandes temores a ser
encarcelado, (sobre todo después de la pacificación de la guerrilla en 1968) y
sin ninguno a ser removido del cargo o censurado en sus publicaciones. Esta
historiografía no sólo esperó dar respuestas a los nuevos retos de la democra-
cia –y en muchos casos, para la construcción del socialismo, comoquiera que
muchos de sus portavoces eran marxistas– sino que era hija de dos aspectos
directamente atribuibles al proceso de modernización y democratización que
se inicia en 1936 y que hace plena eclosión entre 1945 y 1958: el de la profe-
sionalización y disciplinamiento del oficio de historiador.
Sí, en ese 1936, y como parte del vasto programa de transformaciones a los
que se lanza entonces la sociedad venezolana, se funda el Instituto Pedagógico
Nacional (hoy de Caracas). Fue uno de los primeros esfuerzos del Estado mo-
derno venezolano por promover una investigación científica alineada con los
grandes problemas del país y con la formación de profesionales específicamen-
te abocados a resolverlos; es, de hecho, uno de los primeros centros investiga-
ción autónomos fundados como tal y el primero en dictar una de las “nuevas
profesiones” de Venezuela: la de profesor, título que otorga desde entonces8.
Dentro de ese marco, es en el Pedagógico donde por primera vez se abre una
carrera superior en el área de historia: el profesorado en geografía e historia,
que inicialmente se dictaba en tres años, destinado a bachilleres y a maestros
8. Véase: T. Straka, “Setenta años del pedagógico de Caracas: notas para una historia de la cultura
venezolana”, Tierra Firme, Nº 95, julio-septiembre 2006, pp. 335-351.
ESTUDIOS 59
normalistas9. Diez años después, y esta vez de la mano de otro hito en el pro-
ceso de democratización, indistintamente de la polémica que aún suscita, la
Revolución del 18 de octubre de 1945, se abre la Facultad de Filosofía y Letras
(hoy de Humanidades y Educación) de la Universidad Central de Venezuela,
en 1946. La experiencia del Pedagógico, donde además de historia se estu-
diaba castellano y literatura, como carrera, y psicología y filosofía como parte
de todos los programas (y a partir del 46 también como una carrera), es muy
tomada en cuenta para el ensayo. Por si fuera poco, el fundador de la Facultad
fue el mismo del Pedagógico: Mariano Picón-Salas (1901-1965). Trayéndose,
entonces, a muchos de los profesores y egresados del segundo para crear la
nómina inicial de la primera, el esfuerzo de una década se proyecta a nuevos
niveles. En 1947 se abre en la Facultad el Departamento de Historia, que es
elevado a Escuela en 1958. Otro tanto pasa en la Universidad de Los Andes,
donde en 1955 se abre una sección de historia de la Escuela de Humanidades,
entonces dependiente de la Facultad de Derecho. Esta sección en 1965 es
también elevada a Escuela10.
Desde entonces y hasta la fecha en que se escribe, la fundación de peda-
gógicos, así como de centros de investigación11, de postgrados en historia y
de escuelas de educación en las que se ofrece a sus cursantes la opción de
especializarse en ciencias sociales (geografía e historia), adscritos a universi-
dades públicas y privadas, ha sido muy grande. En conjunto, aunque, claro,
acusando importantes desniveles, a lo largo de cuarenta años el esfuerzo ya
ha producido un amplio espectro profesional, en el que se cuentan varias
generaciones de egresados, que incluye desde docentes de secundaria hasta
investigadores de alto nivel, todos formados dentro de una historiografía re-
novada. Como parte de todo esto, la llegada de experiencias foráneas, tanto
9. José Hernán Albornoz, El Instituto Pedagógico: una visión retrospectiva, Caracas, Ediciones del Con-
greso de la República, 1986, p. 17. Esta sección fue elevada a Departamento de Geografía e His-
toria en 1947, véase: AAVV, 60 aniversario del Departamento de Geografía e Historia del Instituto
Pedagógico de Caracas, Caracas, UPEL, 2007.
10. Cfr. Inés Quintero, “La historiografía” en: E. Pino Iturrieta, La cultura en Venezuela. Historia mí-
nima, Caracas, Fundación de los trabajadores de Lagoven, 1996; Robinzon Meza y Yuleida Artigas
Dugarte, Los estudios históricos en la Universidad de Los Andes (1832-1955), Grupo de Investigación
sobre Historiografía de Venezuela/Cuadernos de Historiografía No.1, Mérida (Venezuela), 1998; y
María Elena González Deluca, Historia e historiadores de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX,
Caracas, Academia Nacional de la Historia, 2007.
11. Véase: Gladys Páez, “Institutos y centros de investigación histórica en Venezuela”, Tiempo y Espacio,
Caracas, Instituto Pedagógico de Caracas, Vol. XII, Nos. 23/24, pp. 101-114.
60 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
por la vía de los venezolanos que se formaron en el exilio durante la última
dictadura (1948-1958), sobre todo en México, donde se estudiaron hombres
como Germán Carrera Damas, Miguel Acosta Saignes, Eduardo Arcila Farías
y Federico Brito Figueroa; o que, a partir de la década de 1960, aprovechando
las oportunidades de becas que ofrecieron la democracia y la renta petrolera,
se formaron en los más variados rincones del planeta; o por la llegada de pro-
fesores a su vez exiliados en Venezuela, que fue un bolsón de democracia por
mucho tiempo en la región: primero, en la década de 1940, los transterrados
de la malhadada República Española, y después, en los setenta, los del Cono
Sur, por sólo nombrar dos grupos muy notables por la cantidad de sus miem-
bros y por la influencia de su obra; junto a la especie de “terremoto teórico”
que representó el marxismo a mediados del siglo XX; a la estrecha relación
con las otras ciencias sociales; a la institucionalización de la investigación en
centros y grupos; al fomento de ediciones; se propulsó un cambio fundamen-
tal en el modo de hacer y de entender la historia en el país. Una “revolución
historiográfica”, pues. Como señala la historiadora Inés Quintero:
“En las Escuelas de Historia de la Universidad Central y de la
Universidad de los Andes se comenzaron a impartir un conjunto
de conocimientos tendientes a dotar de un instrumental técnico y
metodológico relativamente uniforme a los profesionales del oficio. A
partir de allí, el estudio de la historia se convierte en una disciplina
sistemática, rigurosa y reflexiva cuya orientación no es narrativa ni
descriptiva sino comprensiva y explicativa. Se pretende que el análisis
trascienda el acopio de información y narración causal, supere deter-
minismos y se oriente al estudio más allá de los hechos.
En un primer momento, hubo un marcado ascendiente de las tenden-
cias interpretativas inspiradas en el marxismo y de la búsqueda de
respuestas a los fenómenos históricos con el auxilio de otras disciplinas
sociales. El impacto de los estudios multidisciplinarios e interdiscipli-
narios, así como la marcada influencia de esquemas generalizadores
provenientes de una aplicación mecánica del materialismo histórico,
marcaron de manera sustancial los estudios históricos desfigurando la
especificidad del análisis propiamente histórico y dando como resul-
tado un conjunto de obras donde el peso de las generalizaciones so-
ciológicas y de los determinismos económicos desvirtuaban o al menos
dificultaban la comprensión de nuestras peculiaridades.
ESTUDIOS 61
No obstante, a partir de los años ochenta, puede decirse que ha ha-
bido una tendencia continua hacia la especialización. En virtud de
ello, las investigaciones se han ido orientando hacia temas, problemas
y períodos cuyo estudio había sido desestimado con anterioridad: la
historia regional, la historia de las mentalidades, la historia social, la
historia de las ideas, la historia económica e incluso nuevas perspecti-
vas de análisis en la historia política y, mucho más recientemente, los
estudios sobre la vida cotidiana…” 12.
En el resto de las escuelas de educación, pedagógicos y postgrados se parti-
cipó en este proceso, a veces atendiendo lo que hacían las Escuelas de Historia,
que gozaban de un liderazgo indiscutible; y de forma paulatina, generando sus
propios aportes. Veamos sólo dos casos. Otra “revolución historiográfica” que,
indistintamente de aquellas observaciones que con justicia puedan hacérsele,
en amplitud antecede a la rebelión que acá planteamos, tuvo como protago-
nistas fundamentales a los pedagógicos y a las universidades del interior, que
tienen escuelas de educación: la de la historia regional. Hija, en realidad, de
la misma “revolución” de la democratización y la profesionalización, en una
década (si los tomamos desde 1977, cuando Germán Cardozo Galué, de la
Universidad del Zulia, planteó el tema de la región histórica, hasta la monu-
mental Geografía del Poblamiento Venezolano en el siglo XIX que en 1987, y
en tres buenos tomos, publicó Pedro Cumill-Grau; destaquemos entrambos
la fundación de la revista Tierra Firme, por Arístides Medina Rubio, como
portavoz del movimiento, en 1983) ya pudo rescribir la historia venezolana
“desde abajo”, desde las regiones y los pueblos.
Otro tanto podemos decir del debate que ya en 1948 tienen en la prensa
dos estudiantes del Pedagógico, Federico Brito Figueroa y Guillermo Morón,
que con los años forjarán sendas obras muy importantes, en torno al marxis-
mo y su utilidad para la comprensión de la historia. Tal debate resulta un hito
en la discusión historiográfica venezolana, aunque aún aguarda por un estudio
detenido13. De un modo u otro, lo que nos interesa es lo que este debate nos
12. Inés Quintero, Op, Cit., p. 78.
13. Véase: Reinaldo Rojas, Federico Brito Figueroa, maestro historiador, Barquisimeto, Fundación Bu-
ría/Centro de Investigaciones Históricas y Sociales “Federico Brito Figueroa” UPEL-IPB, 2007.
Hemos estudiado ambos casos, el primero con algún detenimiento, y el segundo tangencialmente,
en: T. Straka, “Federico Brito Figueroa: política y pensamiento historiográfico en Venezuela (1936-
2000)”, Tiempo y Espacio, Caracas, Instituto Pedagógico de Caracas, Vol. XVIII/No. 36, 2001, pp.
62 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
dice más allá de sus argumentos: el momento y el lugar en que fue hecho. Sólo
el clima democrático del gobierno de Rómulo Gallegos podía hacerlo posible;
ni diez años antes, bajo el régimen de López Contreras, que había proscrito al
marxismo; ni cinco después, bajo el de Pérez Jiménez, algo así hubiera tenido
lugar. Democracia, modernización e historiografía profesional son, entonces,
una tríada que han logrado configurar, al menos en ciertos sectores de la socie-
dad venezolana, una nueva conciencia de sí mismos en el tiempo.
La reaparición, por lo tanto, del bolivarianismo, de la mano de un movi-
miento de origen militar, que después de llegado al poder a penas ha mati-
zado un poco esta condición combinándose con otros actores políticos, por
lo general oriundos de la izquierda marxista-leninista; y que además, junto
al bolivarianismo, sostiene entre sus argumentos más notables una visión a
más que crítica, de franca cesura, del período democrático y civil de 1958 a
1998, exaltando por el contrario al régimen militar de Marcos Pérez Jiménez
(1948-1958), como hizo en un principio (pero que pronto hubo de dejar de
hacerlo ante el aprovechamiento que de la fecha emblemática del 23 de enero,
que conmemora su caída, hizo la oposición); o al gobierno de Cipriano Cas-
tro (1899-1908), del cual sólo destaca su altivez frente a las potencias impe
rialistas, imposible de analizar sin algo de admiración, pero del que calla todo
lo demás; le ha dado pie a muchos de los historiadores formados dentro de la
tríada señalada más arriba, para temer el simple renacer de un pensamiento
antidemocrático y militarista que, como otros, de antaño, ha echado mano de
la figura del Libertador para sus fines.
Naturalmente, al menos a los que acá nos ocupan, siempre se les puede
acusar, como en efecto se ha hecho, de que tan sólo son representantes del
establishment caído reaccionando ante cambios políticos que los han alejado
de los circuitos del poder; es decir, de que simplemente son unos reacciona-
rios, en el sentido más literal, dolidos por su desplazamiento, ya que todos
de alguna manera tuvieron figuración en el régimen caído, desempeñando
importantes cargos administrativos, universitarios o diplomáticos, cuando no
es que participaron activamente en la política. Por eso es importante detenerse
21-50; y “Geohistoria y microhistoria en Venezuela. Reflexiones en homenaje de Luis González y
González”, Tiempo y Espacio, Caracas, Instituto Pedagógico de Caracas, Vol. XXIII, No. 46, 2006,
pp. 205-234.
ESTUDIOS 63
muy bien en sus argumentos; pasarlos por el tamiz de la crítica –como se em-
peñaron en enseñarlo a sus alumnos– para atajar cualquier duda al respecto.
Negar un componente político en sus planteamientos es imposible: ellos mis-
mos se han encargado de admitirlo desde la primera página de sus trabajos;
pero no por eso dejan de tener valor histórico-historiográfico. El punto es que
esa “rebelión” no es, o no es sólo, contra el régimen de Hugo Chávez, sino,
como se dijo al principio, contra la “filosofía política” del Estado venezolano
y sus abusos, que ellos aprecian de forma especialmente intensa y amenazante
para la democracia; como una especie de muleta que usó un colectivo des-
guarnecido y que funcionó en un momento, pero que ya más bien estorba.
Es decir: se trata de un episodio más en la batalla de la nueva historiografía,
hija de la democracia y la profesionalización, por liberar a la conciencia histó-
rica de los venezolanos de ciertas ataduras que, consideran sus portavoces, les
impiden andar con libertad; pero es un episodio que, al contrario de lo que
pasaba antes, por las circunstancias del debate político actual, goza ahora de
una gran audiencia, trascendiendo los claustros universitarios a los que antes
estaba restringido. Veamos, entonces, de qué se trata.
c. Los “rebeldes”
c.1) Elías Pino Iturrieta y la “patología bolivariana”
Si alguna voz empezó a oírse con verdadera fuerza en la historiografía
venezolana, hasta desempeñar un rol de liderazgo, desde finales la década
de 1980, esa ha sido la de Elías Pino Iturrieta (Maracaibo, 1944). Autor de
obras que abrieron caminos novedosos en la disciplina y que despertaron (y
aún despiertan) verdadero entusiasmo, la agilidad de su pluma –que en sí
misma generó una renovación: forma parte de esos historiadores que salie-
ron entonces y que consideran que los libros de historia son, también, libros
para ser leídos, incluso con placer-–, su colaboraciones en la prensa, sus
apariciones televisivas, la elocuencia con que se desempeña en la cátedra, lo-
graron crearle una audiencia de discípulos en la universidad –toda una gene-
ración de egresados de la Escuela de Historia fue influida en mayor o menor
grado por él– y, lo más notable, de lectores en el resto de la sociedad.
Pero hay más: Pino Iturrieta es uno de los productos más acabados de
la democratización y profesionalización del quehacer historiográfico que se
64 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
desarrolla desde mediados del siglo XX. Egresado de la Escuela de Historia de
la UCV, donde recibió formación e influencia de las principales figuras del
momento, en especial de Eduardo Arcila Farías, con quien colaboró siendo
estudiante; forma parte de aquella cohorte de venezolanos que se formaron en
el exterior: pudo cursar su doctorado en el Colegio de México, con profesores
de la estatura de José Gaos y de Leopoldo Zea, quienes le dejaron una huella
fundamental, encaminándolo hacia el área de la historia de las ideas. Pro-
ducto de aquello es su clásico La mentalidad venezolana de la Emancipación
(1971), que abrió toda una vertiente de estudios en el país; tesis que le dirigió
nada menos que Gaos y que le prologó, en su edición, Zea.
Ya reincorporado a la Universidad, ahora profesor, en las siguientes tres
décadas siguió una muy exitosa carrera académica, que le permite anotar en
su currículo cargos como el de Decano de la Facultad de Humanidades y Edu-
cación de la UCV, el de Presidente del Centro de Estudios Latinoamericanos
Rómulo Gallegos (CELARG), institución que entre otras cosas promueve el
importante Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, plataforma
de lanzamiento de muchos de los autores fundamentales del boom: Mario
Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Fernando Del Paso, entre otros; o
el de director del Instituto de Investigaciones Históricas “Hermann Gonzá-
lez Oropeza, sj”, de la Universidad Católica Andrés Bello y de la Academia
Nacional de la Historia. Sin embargo lo que está en la base de todo esto y lo
que, como dijimos, desde finales de la década de los ochenta empezó a hacerlo
conocido en un público más amplio que el universitario, son sus libros. Por
sólo nombrar algunos de los más favorecidos por las ediciones y por el pú-
blico, tenemos: Venezuela metida en cintura (1988), Contra lujuria, castidad.
Historias de pecado en el siglo XVIII venezolano (1992); Las Ideas de los primeros
venezolanos (1993), País archipiélago. Venezuela 1830-1858 (2001), o la varias
veces agotada Historia mínima de Venezuela (1992), que coordinó. En ellos
ha radiografiado el espíritu venezolano en el período de su gestación nacional
(siglos XVIII y XIX), generalmente desde el estudio de esas cosas en aparien-
cia menudas y tradicionalmente desatendidas por el historiador, pero en las
que se manifiestan mejor que en ninguna otra instancia ese universo que es la
mentalidad de un colectivo.
El divino Bolívar, ensayo sobre una religión republicana, aparecido inicial-
mente en el catálogo de la editorial Los Libros de la Catarata, Madrid, en
2003, si bien puede inscribirse entre los ensayos deliciosamente escritos y
ampliamente aceptados por el público (acá estamos otra vez ante una obra
ESTUDIOS 65
que agotó su edición en semanas) que forman parte de su bibliografía, marca
una diferencia con el resto, básicamente, en dos sentidos: su vocación de plena
actualidad y su enfoque más bien historiográfico. Sí, fuera de la prensa, don-
de es un columnista famoso, no se había dedicado a lo que podríamos llamar
“historia inmediata” ni, mucho menos, al debate político; ni tampoco, en el
conjunto de sus estudios sobre las ideas venezolanas, se había detenido, por lo
menos no con esta amplitud, en lo específicamente historiográfico. Por eso
es un libro revelador de un tiempo y de un autor, porque une dos de las ver-
tientes de su obra pocas veces comunicadas entre sí –la política de actualidad
y la historia de la ideas, porque la historiografía es parte integral de ellas– para
entender a Venezuela, la de ayer y la de hoy. La circunstancia de una Venezue-
la en la que el bolivarianismo ha cobrado inusitado vuelo, y que además lo ha
cobrado de un modo que parece confirmarle la tesis con la que abre fuegos
desde la primera página: la de “los prejuicios que puede acarrear a la sociedad
la sobrestimación de los pasos de un héroe por la historia”14, lo enfrentó al
culto a Bolívar, senda abierta por Germán Carrera Damas hacía treinta años y
no muy transitada por otros hasta entonces.
Lo llevó, es decir, al problema teórico de cómo un mecanismo ideado por
la sociedad para sobrevivir –el culto al héroe– puede llegar a convertirse en
una amenaza para su existencia. En, retomemos la frase de Marx, una especie
de opio, que primero le calma los dolores y le amansa los pesares, para después
devorarle las entrañas, poco a poco. Pero no sólo por el interés en la inda-
gación teórica, sino también –y sobre todo– para brindar herramientas con
que revertir la situación. Porque el problema, sostiene, no es que los pueblos
tengan héroes para cohesionarse en una identidad: el problema es que sean
incapaces de caminar sin su tutela y, peor, que se cobijen bajo su sobra para
eludir sus desatinos, como esos adultos que jamás logran madurar ni deslin-
darse de la falda de su madre:
“A los franceses no les pasa por la cabeza la posibilidad de pensar que
Juana de Arco estuviera chiflada, inventando tertulias con arcángeles
y bienaventurados. Está la santa doncella en el lugar más encumbra-
do sin ninguna discusión. Un debate sobre las virtudes del Mío Cid
14. E. Pino Iturrieta, El divino Bolívar. Ensayo sobre una religión republicana, Madrid, Catarata, 2003,
p. 9.
66 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
es irrelevante para los españoles comunes y corrientes aunque tengan
material para hacerlo. El personaje forma parte de sus sentimientos
aunque estén ellos en contacto con una fantasía. Que fuera verda-
dera o falsificada la historia de la bravura contra los normandos no
les quita el sueño a los británicos. Están orgullosos de esos soldados
que probablemente no existieron. Entonces no vayamos a ponernos
rigurosos con nuestros héroes que sin duda hicieron tránsito terrenal,
que no tuvieron la pretensión de hablar con Dios, que pelearon de
veras por una causa y cumplen la misma función. Como los demás,
existen para apuntalar el ego de la república, para que les recitemos
jaculatorias y para que podamos respetar algo por unanimidad. En
consecuencia, ni siquiera cabe la sugestión de un doméstico asola-
miento de pedestales.
La posibilidad de observar con ojo crítico algunos aspectos del culto
apenas existe cuando de la manipulación de sus contenidos surge una
patología” 15.
Una patología: eso es justo lo que ve y denuncia en el muy adolorido ego
de la república venezolana, así como en los mecanismos de defensa que se
ideó. “La república naciente, convertida en desierto por la inclemencia de
la guerra, debe acudir al pasado próximo para sacar de sus hechos la fuerza
necesaria en la inauguración del camino”; sí: “en la epopeya que acaba de ter-
minar encuentra abono un sentimiento susceptible de unificar a la sociedad,
mientras se pasa de la pesadilla de los combates a la pesadilla de un contorno
agobiado por las urgencias” 16.
Hasta ahí Bolívar es una solución, una tabla de salvación. Pero la larga
lista de excesos que a partir de entonces se cometen ya hablan de algo más
morboso, más patológico. No se trata de que admiremos a una muchacha
que decía hablar con los ángeles mientras dirigía con acierto la arremetida
contra los ingleses, básicamente por esto último; sino que le creamos lo de las
plática: peor aún, ¡que nos pongamos nosotros también a tener pláticas celes-
tiales! Así, desde el primer episodio que trae a cuento, ocurrido el 19 de abril
de 1832 en San Fernando de Apure, cuando la combinación de la efeméride
15. Ibídem, pp. 22-23.
16. Ibd., p. 21.
ESTUDIOS 67
patria con la crecida de las aguas, hizo que se sacaran en procesión a la imagen
del Nazareno junto a una niña vestida como la Patria, con los retratos de Fran-
cisco de Miranda y Simón Bolívar, y el rótulo de su famosa frase atribuida en
el terremoto de 1812: “Si la naturaleza se opone”17; desde ese episodio liminar,
hasta el chavismo (de hecho, Chávez también invocó el “Si la naturaleza se
opone…”, en los deslaves de 1999), Pino va rastreando el sentido que identifi-
ca como francamente religioso del culto bolivariano. Porque, fijémonos bien,
hasta contra las fuerzas del Cosmos, Bolívar es una salvación.
Episodios así se siguen uno tras otro. Los hay del exterior –desde los
revolucionarios italianos del decimonono, hasta quienes paragonaron a
Mussolini y ¡hasta al mismísimo Franco! con el Libertador– pero sobre
todo los hay de Venezuela. Es una lista larga: Guzmán Blanco pontificando
en torno al semidiós, como lo llamaba, espíritu tutelar, como aseguró, de
su Causa Liberal; Eduardo Blanco, que en su épica logra que la sangre “sea
exhibida con elegancia, las degollinas convertidas en torneos del Amadís y
la Guerra a Muerte trocada en conflagración troyana”18, para regocijo de
una patria que ya no se sentía con fuerzas para prodigios similares y que por
eso se refugiaba en los de sus abuelos; las arremetidas casi inquisitoriales
(“los autos de Fe”, los llama) de la Academia Nacional de la Historia contra
cualquiera que discutiera la gloria inmarcesible del héroe; el rol político
e ideológico de la Sociedad Bolivariana, fundada por decreto presidencial
en 1938; los usos que Gómez –que eleva a una especie de árbol sagrado al
Samán de Güere– y López Contreras hacen de la imagen y de la memoria del
Padre para sus proyectos políticos; la admonición del Cardenal Quintero,
cuando aseguró en 1980 que los males de Venezuela, que habían sido tantos
y tan copiosos en el primer siglo, siglo y medio, de existencia, eran un
castigo prescrito por Dios para la expiación del pecado de haberse rebelado
contra el Libertador en 1830: si las cosas habían mejorado entonces –en
1980 estábamos en plena euforia petrolera y con una democracia estable–
es porque al Señor, así discurre el prelado, le parecía que ya la némesis
había sido bastante; la forma en la que esa religión oficial ha permeado a la
religiosidad popular y Bolívar es invocado en sesiones de talante chamánico;
17. Cfr. Ibd., p. 29-30.
18. Ibd., p. 60.
68 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
y finalmente Chávez, que es como la sumatoria de toda esta fe bolivariana,
con un poco de cada caso. Esto, sostiene Pino, no es, no puede ser normal. No
es una sociedad que le prende velas a Juana de Arco y se dedica a construir su
vida… ¡parece una sociedad de Juanas de Arco que permanentemente hablan
con su dios tutelar! Una sociedad de locos, en fin:
“Un joven historiador de los Estados Unidos, Cristóbal Conway,
quien se encontraba entre nosotros en 1998 investigando una tesis de
postgrado sobre Bolívar, me habló de una impresión personal que se
relaciona con esta fe (…) En las postrimerías del siglo XX, la sensibi-
lidad del investigador estadounidense vio en unas imágenes conocidas
por casualidad los corolarios en la conducta colectiva. Visitando el
Museo Sacro de Caracas le provocaron especial atracción unos bultos
de santos coloniales que tienen la cara y la parte superior del cuerpo
sostenidas por una armazón hueca. La armazón sirve para que los
fieles los vistan de acuerdo a la ocasión. Uno de los guías de la ins-
titución le dijo que el santo era engalanado con diversos atuendos,
según fuera la efemérides celebrada por la Iglesia y especialmente si
realizaban oficios en su honor.
Apenas al salir de la exposición y todavía conmovido por esas piezas
vistas por primera vez, Cristóbal Conway las asoció con el objeto de
su investigación. ‘Es lo mismo que hacen aquí con Bolívar’, asintió
de inmediato. Cuando me relataba el episodio no dudó en considerar
como un atrevimiento lo que pensaba, pero se sentía entusiasmado
con la comparación porque le explicaba muchas cosas que venía estu-
diando sobre la vigencia del personaje. Me confesó que, si algún día
publicaba un libro sobre el héroe, pediría que tuviera en la carátula
unos santos como los del Museo Sacro de Caracas. Consideraba que
tales imágenes eran la clave para entender el vínculo de los venezo-
lanos con el Padre de la Patria. ‘Ustedes lo visten distinto para cada
ceremonia y para cada necesidad’, concluyó el comentario” 19.
Pino Iturrieta le dedica casi la tercera parte del libro a Hugo Chávez
Frías. Según entiende, el comandante-presidente le ha puesto la colección
más variada y peligrosa de ropajes al santo de vestir que es el Libertador. Es
19. Ibíd., pp. 40-41.
ESTUDIOS 69
la parte del libro –las últimas setenta páginas en la edición española– más,
digamos, política. Bien pudiera reclamársele tanto espacio para una etapa que
entonces llevaba cuatro años, si el aliento del conjunto es de ciento ochen-
ta. También pudiera decirse que corre el riesgo de sobreestimar el influjo
de Chávez, o que el remate sea demasiado político para un ensayo que venía
siendo muy académico. Descontando la urgencia del autor por denunciar
una situación que considera extremadamente grave, o su franca oposición al
Comandante-presidente, una razón puede estar en que con el proceso se jun-
taron tantos fantasmas y síntomas de la “patología”, que basta reunirlos en él
para batirlos a todos a la vez. Que, visto con sentido histórico, es como una
muestra de todo lo que pasó antes.
Chávez, que le cambia el nombre a la república, apellidándola “bolivariana”;
que en su visión de la historia considera como perdido todo el siglo y medio,
los casi ciento setenta años que van desde la secesión de Colombia a su adve-
nimiento al poder, con lo cual, entre otras cosas, se desdice de los logros que
tentativamente pudo tener el ensayo civil y democrático que lo precedió; y con
lo cual, además, vuelve a depositar en la casta guerrera de los Libertadores los
valores sustanciales de la nación, como hicieron todos los gobernantes militares
(y muchas veces dictatoriales) de antes; Chávez, que es prolijo en gestos y frases
bolivarianas, que jura ante al Samán de Güere una versión libre del Juramento
del Monte Sacro, para después hacérsela recitar a sus seguidores; que lanza pa-
rrafadas, según Pino, con la entonación, pero sin el vuelo, de Eduardo Blanco,
mientras habla de socialismo; que es considerado por los espiritistas una reen-
carnación de Guaicaipuro y del Libertador; viene a ser algo así como la consu-
mación de la “patología”. Lo importante, sin embargo; lo que sin duda hará al
libro interesante en el futuro y en otras latitudes, no es el rosario de anécdotas
pintorescas del Comandante o el mentís de sus ideas, sino la forma en las in-
serta dentro de una tradición venezolana que atenta contra sus posibilidades de
pleno desarrollo democrático. Dice Pino Iturrieta:
“Páez imprimió el primer ejemplar de la biblia patriótica y la nación
terminó en guerra civil. La república recién segregada de Colombia
apenas pudo respirar con tranquilidad durante una década porque
los notables del gobierno se olvidaron a propósito del breviario de San
Simón. Guzmán edificó el Panteón Nacional para acicalar las trope-
lías de su dictadura y las ofensas de su megalomanía. Los cambios de
la sociedad, sino a las pretensiones de modernización que abrigaba
70 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
el autócrata y a sus tratativas para sosegar a los caudillos. El héroes es
una vergüenza en el misal de Gómez, mientras el país trata de abrir-
se paso porque aparecen elementos materiales, determinaciones exte-
riores y anhelos de justicia inimaginables en la época del héroe. Los
arrebatos místicos de López Contreras son la evidencia del bamboleo
presidencial en una comarca que cambia sin que el primer manda-
tario ni su estro de la Independencia sepan cómo cambia. Chávez
jura ante un árbol por el ‘hombre sideral’, lo sienta en una silleta de
confidencias y lo convida a las aglomeraciones, pero la república se
derrumba. El héroe ha sido requerido en cada etapa mientras el país
da tumbos por su lado.
Cada derrumbe tiene su explicación, pero Bolívar aparece en medio
de todos los escombros…” 20.
Tal es la esencia de la patología: esa recurrencia en una figura legendaria
para paliar los requerimientos de una sociedad que, según parece, por sí sola
no parece poder o querer marchar sola. ¿Demasiado severo Pino Iturrieta?
¿Demasiada oposición a Chávez, a cuyas ideas no parece concederle ninguna
oportunidad? Cabe la posibilidad, pero las evidencias que trae son abruma-
doras y las hipótesis que esboza con base en ellas, algo más que razonables.
Pasemos ahora a otro historiador que, después de muchos años, volvió con el
tema, ofreciendo ahora una teoría global de lo que, ideológicamente, entiende
en el chavismo.
c.2) Germán Carrera Damas y la tesis del
“bolivarianismo-militarismo” como “ideología de reemplazo”
Si Elías Pino Iturrieta se rebela contra la “patología” bolivariana pesquisán-
dola en una tradición dos veces secular, Germán Carrera Damas (Cumaná,
1930) la interpreta dentro del marco global en el que actualmente se desen-
vuelve y que, contra todo pronóstico, la hace posible.
Y lo hace en un conjunto de ensayos que redactó para las más diversas oca-
siones entre el 2000 y el 2003 (como materiales para un seminario en la Uni-
20. Ibd., pp. 244-245.
ESTUDIOS 71
versidad de Florida; otro en la Universidad de Londres; y para conferencias
en la Universidad de Brown, en la Universidad Central de Venezuela, en la
Academia Nacional de la Historia y en la Universidad Andina Simón Bolívar,
de Quito), que no vinieron a reunirse como libro hasta 2005, bajo el título
de El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo. Intentan ser un
modelo teórico para explicar al bolivarianismo como fenómeno propio del
siglo XXI, y no sólo, aunque también, como la herencia decimonónica que es.
Como un fenómeno de este siglo, lo que no significa, en modo alguno, que
eso lo haga legítimo a los ojos del autor: por el contrario, a su juicio, se trata
de una especie de renovación del pensamiento antiliberal, potencialmente an-
tidemocrático, ajustado a los nuevos tiempos.
La tesis central de Carrera Damas es que el bolivarianismo que en Vene-
zuela apenas despuntaba –o volvía a despuntar– para el momento en que
redactaba sus trabajos, responde a un fenómeno más amplio en el mundo una
vez que el socialismo entró en crisis con el derrumbe del Bloque Soviético: el
de las ideologías de reemplazo. Ante su salida de los menús ideológicos, muchas
naciones debieron echar mano de sus viejos mitos nacionales, a veces para
recombinarlos con lo que quedaba del socialismo, y a veces para simplemente
reinstalarlos. La experiencia de lo vivido en Rusia y en las repúblicas que una
vez constituyeron Yugoslavia, que observó de cerca estando en la región en
funciones diplomáticas, era elocuente. Otro tanto, asevera, lo es en nuestra
región:
“…mientras el siglo XX significó para las sociedades latinoamericanas
un sostenido esfuerzo por institucionalizar el orden sociopolítico repu-
blicano, inspirándose de manera lata en el ideario liberal, si bien car-
gado de contenidos socialistas en lo tocante sobre todo a los derechos so-
ciales y económicos, hoy parece posible percibir en América Latina una
tendencia a buscar salidas a la desorientación ideológica mediante la
adopción de las que cabría denominar ‘ideologías de reemplazo’, suerte
de confusas alternativas ideológico-políticas validas de procedimientos
que combinan el más rancio autoritarismo con la más desenfadada
demagogia, y cargadas de contenidos liberales y socialistas, si bien estos
últimos han sido hasta ahora más bien retóricos” 21.
21. G. Carrera Damas, El bolivarianismo-militarismo. Una ideología de reemplazo, Caracas, Ala de
Cuervo, 2005, p. 13.
72 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
En el caso del bolivarianismo que irrumpió en Venezuela a finales de la
década de 1990, se trata, dice, de “una ideología de reemplazo en la que se
enlaza con el militarismo y, según pretenden algunos, con el marxismo-leni-
nismo, marca la culminación de un largo proceso de utilización ideológica
y política de la figura histórica y el pensamiento de Simón Bolívar” 22. En
efecto, por una parte, sostiene el autor, estaba la búsqueda por parte de los
marxistas-leninistas de un asidero tras la caída del Muro de Berlín23; y por la
otra la presencia del bolivarianismo como, según la fórmula de Castro Leiva,
“filosofía política” del Estado venezolano; en ambos casos, sus exponentes más
radicales, a la izquierda y a la derecha, siempre fueron adversos al proyecto
democrático de 1958, y por eso en la circunstancia de su derrumbe cuarenta
años más tarde, fue relativamente fácil la unión de los dos grupos.
A colación, Carrera Damas trae una abundante cala de datos sobre el
nacimiento y desarrollo del bolivarianismo en Venezuela. En ninguno de los
dos aspectos –tanto el de la “desorientación ideológica” de los marxistas-leni-
nistas, como el del culto a Bolívar– se trató de un camino novedoso para él.
De hecho, ambos son de los vértices fundamentales de su biografía, política
y académica. Acá valen unas líneas sobre el autor24. Carrera Damas forma
parte de esa generación de venezolanos a los que su militancia en el Partido
Comunista de Venezuela (PCV) los puso en contacto con una reflexión crí-
tica y novedosa de la realidad nacional y su historia, de la mano del marxis-
mo. Después, el golpe de 1948 y la dictadura militar que entroniza por diez
22. Ibd., p. 43.
23. “La desorientación ideológica producida por la crisis del socialismo, no ya del autocrático sino
también de su más elaborada versión teórica, es decir la socialista soviética, ha obligado a los sobre-
vivientes latinoamericanos del socialismo autocrático a procurarse una salida que les permita lograr
alguna participación política sin tener que enfrentar la para ellos imposible tarea de autovaloración
crítica. Para esto han seguido la penetración y degradación de movimientos antes vistos por ellos
con desdén, si no con franca hostilidad, tales como la teología de la liberación, el ecologismo, el
indigenismo, y la antiglobalización; desdeñadas por la muy poderosa y doctrinaria razón de que no
podían ser centro de su acción la lucha de las masas lideradas por la clase obrera y, antes bien, eran
estigmatizadas como naderías de la clase media.”, Carrera Damas, Op. Cit., p. 211
24. Véase: Miguel Ángel Rodríguez Lorenzo, “Aproximación a un inventario comentado de la biblio-
grafía de Germán Carrera Damas”, Historiográfica, revista de estudios venezolanos y latinoamericanos,
No. 1, Mérida (Venezuela), ULA, 1999, pp. 105-163; Juan Carlos Contreras, “La caracterización
de la historiografía venezolana según Carrera Damas”, Dialógica, Vol. 3, No. 3, Maracay, UPEL,
2006, pp. 113-164; y “Germán Carrera Damas: su labor historiográfica”, en AAVV, Ensayos de
crítica historiográfica, Mérida (Venezuela), Grupo de Investigaciones sobre Historiografía de Vene-
zuela/ULA, 2007, pp. 78-86.
ESTUDIOS 73
años, lo llevaron a un muy fructífero exilio en México, que corona con una
maestría en historia en la Universidad Autónoma Nacional. Algo alejado del
PCV a raíz de la invasión a Hungría en 1956, cuando en 1958 regresó a Ve-
nezuela, emprendió la labor que consideró más urgente para la consolidación
de la democracia: sacudir a la historiografía tradicional –la llamada Historia
Patria– que a través de sus narrativas epopéyicas y de su culto a los héroes (a
Bolívar por sobre todos) se había convertido en el aparato ideológico de un
Estado hasta el momento esencialmente pretoriano, pero también para acusar
las manipulaciones que al mismo tiempo identificaba en la revisión que el
PCV estaba propiciando de la misma. Vale la pena hacer una cita in extenso de
lo que dice al respecto sobre la forma en la que esto definió su obra:
“Cuando volví [a Venezuela], después de diez años de exilio, en mayo
de 1958, ya había tomado la decisión de alejarme, y mantenerme ale-
jado, de toda militancia partidista. Había vivido una experiencia que
me hizo perfeccionar esa decisión, largo tiempo madurada. Topé con la
para mí inaceptable pretensión de que debía ‘dar a leer’ mis incipientes
trabajos históricos a una comisión calificadora, para su aprobación.
Por si fuera poco, no disimulaba mi desacuerdo con el dogma histo-
riográfico por cuya pureza velaba tal comisión. Fundamentales en ese
dogma eran tres ruedas de molino con las que yo debía comulgar para
contar con el beneplácito de los guardianes del dogma. La primera
estaba representada por el José Tomás Boves repartidor agrario, de clara
inspiración agrarista mexicana. La segunda estaba conformada por el
Ezequiel Zamora revolucionario avanzado, si no socialista, sin base
documental confiable y como contrapeso a la figura de Antonio Guz-
mán Blanco. La tercera era nada menos que la del Simón Bolívar de-
mócrata ejemplar. En esto último la ortodoxia pseudo marxista se daba
la mano con el bolivarianismo ultramontano, de tan triste ejecutoria.
(***)
La proposición de Simón Bolívar como símbolo de la lucha por la
democracia y aun por el socio-fidelismo, me parecía, de entrada, un
exabrupto. Este choque intelectual intensificó una preocupación na-
cida de la incongruencia que advertía entre lo bien que se habían
servido las dictaduras venezolanas de la figura y el pensamiento de
Simón Bolívar, y la propensión que mostraban los sectores democrá-
ticos a ‘rescatar’ esos valores.
74 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Mi preocupación llegó al punto de temer por el destino de la naciente
democracia institucionalizada, si tomaba el camino ideológico de las
dictaduras de Antonio Guzmán Blanco, Juan Vicente Gómez Cha-
cón, Eleazar López Contreras y Marcos Pérez Jiménez. Veía en la
invocación bolivariana acrítica un peligro para la consolidación del
poder civil en la incipiente democracia venezolana. Mis primeras in-
quietudes a este respecto las publiqué en mayo de 1960, bajo el título
Los ingenuos patricios del 19 de abril .
El considerable escándalo que suscitó el mencionado artículo me es-
timuló para emprender un estudio sistemático de la cuestión. El re-
sultado fue mi obra El culto a Bolívar, que también ha suscitado
cierta controversia” 25.
Así, tal vez estaba emprendiendo la más subversiva y fértil de las confron-
taciones posibles. Aquella que esperaba desenmarañar un discurso creado al
vivac de la guerra de Emancipación y que, si bien había logrado en siglo y me-
dio darle legitimidad a la república y solidez a la conciencia nacional, estaba a
tal punto transido de mitos e imprecisiones, que ya era más que necesario, pe-
rentorio, superar. No fue tarea fácil. Se trataba de demoler certezas, de enfren-
tarse a la filosofía política dominante. De identificar cómo se había levantado
todo eso y de ver por dónde empezar su demolición. No en vano la revisión
crítica e historiográfica ocupará sus primeros esfuerzos, conjuntamente con
la dotación, en la Escuela de Historia de la UCV, de un enramado teórico
y metodológico que elevara la cientificidad de una disciplina entendida, en
muchos casos, como una rama menor de las bellas letras.
El esfuerzo estuvo lleno de obstáculos. Había que enfrentarse a los gran-
des monumentos de la Historia Patria, a la ciclópea figura de Bolívar y a su
celosa guardiana, la Academia Nacional de la Historia, pródiga de anatemas.
Con su Historia de la historiografía venezolana, cuyo primer tomo aparece en
1961, hace el inventario de cómo y porqué se pensó y escribió la historia que
todos daban por cierta, desenmascarando sus trampas, aunque resaltando sus
virtudes; con su estudio “Sobre el significado socioeconómico de la acción de
Boves” (1964 como prólogo a una compilación documental, después saldría
individualmente como libro) revisita la Historia Patria con el armamento crí-
25. Carrera Damas, Op. Cit., pp. 80-81.
ESTUDIOS 75
tico para demostrar cómo, siquiera con una nueva lectura de un viejo tema
(incluso de las viejas fuentes), demuestra ser muy otra a la propuesta por los
convencionalismos: y cómo una de sus manipulaciones de la hora –volver a
Boves un precursor de la reforma agraria– era nomás que eso, una manipu-
lación; después, con su Historiografía marxista venezolana (1967) apunta el
arsenal hacia esas nuevas corrientes a las cuales estaba empezando a rendírsele
una pleitesía similar a la de la Historia Patria, cosa muy valiente entonces;
con la compilación que hace con una de sus primeras discípulas, Angelina
Lemmo, de los “Materiales para el estudio de la ideología realista” (1969), se
atreve todavía a más: a ver el proceso desde la perspectiva de los malvados por
antonomasia de nuestra historia, los realistas, dotando, encima, al volumen
–un número especial del boletín del Instituto de Antropología e Historia– de
un prólogo que replantea todo lo dicho sobre la Emancipación: “La crisis de
la sociedad colonial”; ese mismo año también aparece Metodología y estudio de
la historia (1969), que recoge varios textos publicados desde 1958, y en la que
sienta las tesis teóricas que ha venido trabajando en la Escuela; y finalmente,
en 1970, con su obra máxima, El Culto a Bolívar, en el que radiografía los
abusos y manipulaciones que se habían venido haciendo, con fines no siempre
nobles, de la figura del Libertador, terminaba de cimentar una reevaluación
crítica de lo que los venezolanos entendíamos por historia:
“La tesis fundamental de la obra es que el fenómeno psicosocial ini-
ciado espontáneamente como un culto del pueblo, fue convertido por
la clase dominante en un culto para el pueblo. Es decir que pasó de
ser expresión de admiración y agradecimiento a ser un instrumentos
de manipulación ideológica del pueblo, al servicio de causas dictato-
riales, despóticas o de dudosa calidad democrática” 26.
Todo este esfuerzo de análisis e interpretación historiográfica se despliega
en sólo en los diez primeros e intensos años de su obra. En la década de 1970
emprenderá la revisión del país en su conjunto y en la siguiente, en la déca-
da de 1980, ya abocado al diseño de las políticas públicas, formando parte,
sucesivamente, de la Comisión Presidencia para la Reforma del Estado (CO-
PRE) y del servicio diplomático, afinará todas estas reflexiones en función
de la construcción de unas nuevas y mejores república y ciudadanía. Con tal
26. Ibídem, p. 81.
76 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
currículo, algo tenía que decir referente a la Revolución Bolivariana. Los peo-
res fantasmas el bolivarianismo que creyó diluidos volvieron a la palestra; el
mecanismo de dominación ahora regresa bajo un manto de promesas reivin-
dicativas y de etiquetas socialistas. Pero el núcleo es el mismo: el de un pueblo
que no puede marchar sin las muletas de sus héroes, o de las de aquellos que se
dicen sus portavoces actuales (los Guzmán Blanco, los Gómez, los Chávez…).
Así ve Carrera al proceso, y por eso pide, respetuosamente, una rebelión con el
dios tutelar; si para algo sirve toda la renovación historiográfica desarrollada
desde 1958 ha de ser para eso. Cerremos, como conclusión del mensaje de su
obra, con esta cita:
“Porque ya somos históricamente adultos, y por lo mismo capaces de
comprender que la historia se compadece de los flacos de ánimo pero
sólo exalta a los que viven con entereza su destino, debemos asumir
como pueblo la responsabilidad de un pasado del cual somos herede-
ros solidarios, aunque nos empeñemos, si bien en vano, de ignorar
la condición obligante de la solidaridad. Hasta el punto de que
pareciéramos no comprender que vivimos tiempos en que pueblos de
todos los niveles de desarrollo, y venerables instituciones, asumen a
plenitud su pasado histórico, a veces cargado de delitos mayores con-
tra la humanidad.
(***)
En tiempos difíciles para los españoles, don Miguel de Unamuno
los llamó a lanzarse al rescate del sepulcro de quien justamente por
ser quijote, pudo atrapar la fibra más noble del espíritu humano y,
volviéndola tesón y valentía, la rindió al bien de la humanidad. Era
mandato quitarle ese sepulcro a quienes lo usurpaban, al tiempo que
labraban el infortunio de España; y los excitó a restablecer con aquél
que, como el Cid, también podía vencer después de la muerte, un
contacto que tonificara el espíritu colectivo en su determinación de
progresar socialmente y de instaurar la libertad.
En tiempos no menos difíciles es oportuno, por contrapartida, que los
venezolanos nos alejemos del sepulcro de Bolívar, para que él pueda
dormir en paz su alta gloria; y que nos dispongamos a montarle guar-
dia con nuestra conciencia crítica, para que la merecida admiración
que le rendimos deje de perturbar su sueño y podamos enderezar
ESTUDIOS 77
nuestro sentido histórico. También para que él mismo deje de con-
tribuir a que quienes han usurpado su sepulcro continúen labrando
el infortunio de los venezolanos, y así recobremos la confianza en el
progreso social y moral, y preservemos el disfrute de la libertad” 27.
¿Hace falta agregar más?
c.3) Guillermo Morón y la “desbolivarización” de la sociedad
Incorporar a Guillermo Morón (Carora, 1926) al grupo de estos “rebel-
des” contra el bolivarianismo, es correr con el riesgo de la polémica. Por lo
menos desde la aparición de su Historia de Venezuela, en cinco volúmenes,
en 1971, prácticamente todo lo que tenga que ver con su obra es pasto de la
misma. Tanto, que es tal vez la única obra de nuestra historiografía que ha
merecido el muy peculiar privilegio de que se le haya redactado, y además por
una historiadora de reconocida solvencia, una monografía, en específico, para
desmentirla28. A partir de entonces Morón ha vivido la contradicción –no tan
extraña después de todo, porque así suelen ser las relaciones entre lo popular y
lo académico– de ser considerado por la mayoría de los venezolanos como el
historiador de su patria, cosa refrendada hasta en un joropo, pero siendo muy,
pero muy poco popular en los círculos académicos, por mucho de que esto
haya ido cambiando en las últimas generaciones. Tanto él, entonces, como
los otros tres autores que acá se tratan, tal vez se sorprenderán de verse en un
mismo grupo.
Las razones para esto no son pocas. Aunque Morón también fue hijo
del proceso de profesionalización; se graduó en la célebre “Promoción Juan
Vicente González”, que egresa del Pedagógico Nacional (hoy de Caracas),
en 1949, el camino que siguió ha sido extremadamente personal; práctica-
mente al margen de lo que se ha hecho en los últimos cincuenta años en las
universidades. Es de destacar que en esa promoción “Juan Vicente Gonzá-
lez” también figuró Federico Brito Figueroa (1922-2000), que a pesar de las
hondas diferencias ideológicas que, como vimos, ya debaten entonces, va a
27. Ibd., p. 162.
28. Angelina Lemmo, De cómo se desmorona la historia, Caracas, UCV, 1973.
78 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
ser su amigo de toda la vida. Durante la Dictadura, aunque no precisamente
por graves desavenencias con el régimen, por lo menos no al principio; se
marcha a España, donde obtiene el doctorado el Filosofía y Letras, mención
historia; para después perfeccionarse en filosofía, estudios y leguas clásicas
en la Universidad e Gotinga, en Alemania. Producto de estos estudios, en
1954 publica Los orígenes históricos de Venezuela, que es un libro que causa
sensación, con un enfoque novedoso para el tratamiento de la etapa de la
conquista, y que después será incorporado a la Historia…que aparece dos
décadas después. El problema estalla con la Historia de Venezuela. En rigor,
los primeros tres tomos de esta obra, que revisan el pasado colonial desde la
“estructura provincial”, es decir, desde las diversas provincias que en 1777
se unen en la Capitanía General, y no sólo desde Caracas, como era común
hasta entonces, constituyen un aporte. Los tomos referentes a la Indepen-
dencia y la república, sí han abrigado siempre importantes reservas; siendo
considerados, en el mejor de los casos, como una simple ampliación de sus
manuales escolares.
Y llegamos a sus manuales escolares: tal es otra vertiente significativa de
su obra, fundamental para explicar la fama que goza. En 1956 aparece el
primero de ellos, titulado Historia de Venezuela. Éste en particular tendrá nu-
merosísimas reediciones (y con variantes pequeñas, en México, nada menos
que por el Fondo de Cultura Económica; en los Estados Unidos, traducida al
inglés, y hasta en Rumania) cosa que, junto a su constante colaboración en
la prensa (a los diecinueve años es nombrado director del importante diario
El Impulso, y hasta mediados de la década de 1990, no dejó de publicar en
diversos periódicos), a sus apariciones en la televisión y a su actividad política,
va a afianzar firmemente su imagen de ser el historiador de Venezuela: para
muchos venezolanos, lo único que han oído de historia ha sido por conducto
de algún texto suyo.
Pero el quiebre entre Morón y el resto de los historiadores de su tiempo
se dio por razones importantes. Antes que nada, desde el principio Morón
se opuso tenazmente al marxismo y, en general, a todo lo que no fuera lo
que él mismo llama una “historiografía clásica”. Desde el debate que tiene
con Brito Figueroa en el 48, hasta la actualidad, ha sido invariable en esto.
Incluso llegó a declararse discípulo de Bossuet. Al igual que Brito ensayó
una historia general de Venezuela desde el marxismo (la Historia económica y
social de Venezuela, aparecida en dos tomos en 1966, y elevada a cuatro para
ESTUDIOS 79
1987), Morón hizo lo propio, pero inspirándose en los viejos historiadores,
narrando y analizando los grandes hechos, fundamentalmente los políticos.
Su obra no acusa recibo de prácticamente ninguno de los grandes debates
que se dan en las Escuelas de Historia de las décadas de 1960 y 1970. Simple-
mente como si no hubieran existido. Pero hay más: muy identificado con la
herencia hispánica, tesis como la negación de la condición de colonia de las
provincias que después serían Venezuela –tesis que, por cierto, desde ciertas
perspectivas han sido revaloradas últimamente– le valieron la animadversión
de quienes hablaban de la dependencia y el neocolonialismo. Hispanófilo,
amigo, en parte porque se formó con ellos, de muchos de aquellos promo-
tores de la hispanidad afectos al franquismo; sin un entusiasmo especial por
los grupos indígenas –a quienes no tuvo empacho en llamar indios– ni por
su legado, lo suyo era como para dejar atónitos, como en efecto los dejó, a
quienes pugnaban por meter a la historiografía por otros senderos. Súmesele
que políticamente siempre apoyó movimientos ubicados a la derecha del es-
pectro nacional; que trabajó en la transnacional petrolera Shell, dirigiendo su
revista; que dio clases en la Universidad Católica Andrés Bello y después en la
Simón Bolívar, ambas famosas en los sesenta y setenta como conservadoras;
que a los treinta y dos años fue incorporado a la muy, para entonces, detes-
tada Academia Nacional de la Historia, vista como el núcleo que, en verdad,
era de la historia tradicional; y, para colmo, que triunfó como hombre de
negocios…súmese todo eso y tenemos al perfecto malvado para el visor de
un joven historiador de 1970.
Pero a la gente, al común, a las maestras, les gustaba y les sigue gustando
los libros de Morón. Naturalmente, puede decirse que les gusta precisamente
por tradicionalistas, porque no alteran verdades consagradas, porque no ha-
cen verdaderos retos a la conciencia histórica… pero eso es ya desdecir mucho
del conjunto de la sociedad. Ahora bien, como director de publicaciones de
la Academia Nacional de la Historia y después como su director (entre 1986 y
1995), editó un millar de títulos, rescatando incunables o publicando manus-
critos, sobre todo coloniales, que de otro modo estuvieran prácticamente fue-
ra del alcance de los investigadores. Este aporte editorial, por sí solo, esta fuera
de toda discusión. También organizó un departamento de investigaciones, en
el que encontraron trabajo muchos licenciados en historia, que desarrollaron
una obra muy ajustada a los planteamientos de la nueva historiografía. Por si
fuera poco, a partir de 1982, dirigió la publicación de una colección de treinta
y tres volúmenes de la Historia general de América, con especialistas de todos
80 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
los países, que constituyen un aporte del esfuerzo historiográfico y editorial
venezolano que no se ha reconocido aún del todo. Después del barullo des-
pertado por su Historia…, se centró en la narrativa, publicando novelas que
tuvieron verdadero éxito editorial.
A punto de cumplir ochenta años Morón sacó un libro difícil de definir.
Es algo así como unas memorias, algo inconexas en sus partes; escritas con
verdadero desenfado (“yo escribo sencillamente porque me da la gana”, espeta
al principio) y muy poca piedad para con quienes no son merecedores de su
estima. Es el libro de un hombre que siente que ya no tiene nada que perder.
De hecho, el título, Memorial de agravios (Caracas, Alfadil, 2005), no es sólo
un tributo más que le hace al viejo castellano, sino una clara señal de su espíri-
tu; del ajuste de cuentas vital que procesa. ¿Por qué traemos este texto a cola-
ción? ¿Por qué, a pesar de lo dicho, Morón viene a dar ahora a la condición de
“rebelde”? Porque, con todo, es muy decidor del momento historiográfico que
estamos delineando el que hasta él, tan clásico, tan al margen de lo que repre-
sentó el proceso de renovación historiográfica que lideró un Carrera Damas,
identifica el problema y por primera en su vida coincide con él (¡e incluso lo
cita!): el bolivarianismo se ha convertido en un peligro para la democracia. Sus
asertos, en esto, son tan severos como en lo demás. Cuando habla del proceso y
de Hugo Chávez lo hace sin cortapisas, sin deseo alguno de parecer imparcial,
de asumir la mesurada postura del historiador. Es una andanada de acusacio-
nes altisonantes lo que reserva para el Comandante. Dice, por ejemplo:
“No fue una gota la que rebasó el vaso, sino toda una tormenta la que
se tragó el vaso y a todas las aguas que servían la tradición. La ava-
lancha bolivariana que cubre todas las malhechurías de un golpista
convertido en Presidente electo por una minoría un poquito más mi-
noría que las otras minorías, pero con una mayoría del setenta por
ciento de votos que no fueron a las urnas” 29.
Pero lo importante, una vez más, es que busca un sentido histórico y ter-
mina llegando a conclusiones similares a las forjadas, con muchos datos y
reflexión, por los autores precedentes. Aunque asegura que “la República Bo-
livariana será un episodio en historia política malhumorada de la historia del
29. Guillermo Morón, Memorial de agravios, Caracas, Alfadil Editores, 2005, p. 129.
ESTUDIOS 81
pueblo que trata de respirar libertad y justicia”30; reconoce que lo que llama
el culto al “Mío Cid Libertador”, ese culto, “que historiadores de penúltima
generación tratan de desmontar -Germán Carrera Damas, Luis Castro Leiva,
Elías Pino Iturrieta, Ángel Ziems– empezó en 1813 (…) se opaca mientras
los restos se guardan en Santa Marta, resurge con Páez y el traslado a la Ca-
tedral de Caracas cuando Mío Cid retorna a su casa (…) sube la temperatura
mitológica con el Panteón, alcanza su apogeo en el Campo de Carabobo, se
envilece en las Cívicas Bolivarianas y se despacha en las turbias aguas de los
Círculos Bolivarianos.31” Es, pues, una tradición de casi dos siglos, comenzada
por el mismo Bolívar en vida.
“Así, pues, el Mío Cid Bolívar, el Mío Cid Libertador, es responsable
del marasmo chapista. Los grandes escritores españoles pidieron un
nuevo destierro para don Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador; des-
terrar su mito de la memoria del pueblo para que el pueblo español
viviera de nuevo” 32.
Por eso hay que “desbolivarizar” al país. “Si Bolívar no se ha escapado del
Panteón, horrorizado por tantos huesos falsos (…) sería conveniente (…) sa-
carlos a todos, uno a uno para un panteoncito local o para una fosa común”33.
¡Vaya! ¿Y a qué tanta severidad?
“Mientras tanto se puede y debe recuperar la vieja Plaza Mayor de
Caracas, limpiar las aceras del Palacio de las Academias, recuperar
las escuelas integrales y restablecer el nombre de la República de Vene-
zuela monda y lironda, la República cuyo fundamento es el pueblo
con memoria y sin mito. Largo trabajo de reconstrucción para cien
años, si no se secan los ríos, si no se talan los árboles, si no se mueren
de hambre los niños de la calle, si no se termina de contaminar con
odio bolivarianos a la gente común y corriente llamada pueblo” 34.
30. Ibd., p. 128.
31. Ibd., p. 127.
32. Ibd., p. 133.
33. Idem.
34. Idem.
82 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
La República cuyo fundamento es el pueblo con memoria y sin mito: qué
forma tan monda y lironda de explicar las razones para liberarnos del tutelaje
de dos siglos del Libertador. No es poca cosa viniendo del historiador al que
atienden hasta los cantadores de joropo.
c.4) De porqué Manuel Caballero no es bolivariano
Ubicado entre el periodismo –en 1979 fue Premio Nacional en el rubro– y
la historia, que ha copado lo fundamental de sus afanes, Manuel Caballero
(Caracas, 1931) se une al corro de los rebeldes con una compilación de textos
que desde 1975 ha venido publicando sobre –mejor habría que decir, con-
tra– el bolivarianismo, sugestivamente titulada: Por qué no soy bolivariano.
Una reflexión antipatriótica, aparecida por Alfadil Editores, de Caracas, en
2006, como el número 9 de la “Colección Manuel Caballero”.
Por varias razones es un libro típico de los de Caballero –escrito con
agilidad de periodista y, de hecho, con muchos de los textos pensados ini-
cialmente para la prensa; con buenos tirajes (¡dos ediciones en un mes!), con
fina ironía espolvoreada sobre todas las páginas, con comentarios agudos y
muy eruditos– pero hay una por la que es, probablemente, el más atípico
de todos los libros de historia publicados en Venezuela desde que se separó
de Colombia: es, acaso, el primero en el que un historiador venezolano
declara tajantemente y a los cuatro vientos, que no es bolivariano. Si Elías
Pino Iturrieta y Germán Carrera Damas abonaron el terreno teórico para la
rebelión, Caballero tomó una pira y está dispuesto a quemar el Palacio de
Invierno. Veamos:
“…no soy bolivariano por la misma razón que no soy antibolivariano. Es
decir que no creo que quien pretenda escribir un análisis, llámese históri-
co, político, sociológico, filosófico o todas esas cosas unidas, deba adoptar
una actitud semejante. Y eso, ni siquiera con referencia a la más relevante
personalidad posible: se puede escribir una historia cristiana o por el con-
trario anticristiana; es también posible escribir una historia mahometana
o antimahometana. Pero en ambos casos, queda claro que (cualquiera
que sea su dimensión) se estaría escribiendo un panfleto político, filosófico
y hasta histórico, pero no se estará frente a un libro de historia. Porque la
historia es la memoria colectiva de la humanidad, es el análisis del desa-
ESTUDIOS 83
rrollo de los hombres en sociedad; y eso no puede reducirse a un solo
hombre, por influyente que haya sido” 35.
O lo que es lo mismo: que vistas así las cosas, poco de lo escrito en la
Historia Patria, tan bolivarianas como han sido, puede considerarse historia;
o que por lo menos hoy no lo sería si a alguien se le ocurriera escribirla así.
Por eso, y por otra razón más poderosa, no es bolivariano: por su oposición
al nacionalismo, que en Venezuela se ha edificado sobre la figura del grande
hombre, y “que ha sido uno de los mayores flagelos del siglo veinte con su
carga de sangre y de horror” 36. Contimás cuando es venezolano y Venezuela,
por lo menos la que república que emerge en 1830 y en la que aún vivimos,
“no es una creación de Bolívar, sino que se formó contrariando la voluntad
del Libertador” 37. Tales, afirma, “son mis razones como historiador, como
venezolano y como ciudadano de un país laico para enfrentar un fundamen-
talismo semirreligioso y harto perjudicial. Pero además, para dejar claro que
mientras mi oposición apela a la razón, el culto a Bolívar apela a lo irracional,
por ignorancia o por mala fe” 38.
De seguidas presenta un conjunto de textos de varia índole –artículos de
prensa, fundamentalmente; ponencias, reseñas y ensayos de mayor aliento, lo
que, eso sí, le da cierta desigualdad a los textos– en los que estudia de diversas
maneras al bolivarianismo. Como con Carrera Damas y Pino Iturrieta, en
este otro libro de la rebelión de los historiadores venezolanos contra el culto
bolivariano, Hugo Chávez, ocupa un lugar destacado. No, como en los otros
casos, a través de la oposición a sus ideas y políticas concretas, cosa que hace
semana a semana en uno de las columnas más leídas del país, que dominical-
mente aparece en el diario El Universal, de Caracas; sino a través de su análisis
con sentido histórico.
Primero, algo de crítica histórica. Ataca a dos de esas típicas manipulacio-
nes de las ideas del Libertador que desde hace siglo y medio se han venido
haciendo todos los gobiernos: entresacar con pinza una frase de sus escritos,
35. Manuel Caballero, Por qué no soy bolivariano. Una reflexión antipatriótica, 2da. edición, Caracas,
Alfadil, 2006, p. 12.
36. Ibd., p. 13.
37. Ibd., p. 21.
38. Ibd., p. 13.
84 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
descontextualizarsa y volverla una máxima, bajo el título de “pensamiento
del Libertador”. Para construir el socialismo (bien que bolivariano), así como
antes para combatirlo, el procedimiento ha sido el mismo, y como prueba
señala el caso de “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia
para plagar a la América de miserias en nombre de la libertad”, que ha hecho
las delicias de las izquierdas latinoamericanas; y aquello de “si mi muerte con-
tribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo
al sepulcro”, que a su vez ha hecho las delicias de las dictaduras de derechas
militares, y en función de su ataque a los partidos, generalmente socialistas…
Así es Bolívar: como lo dice Pino, un “santo de vestir”, que en cada efeméride
se cubre con el ropaje que más le convenga.
Lo del segundo caso se resuelve con relativa facilidad con una simple
crítica externa del documento: extraído de su última proclama, fecha el
10 de diciembre de 1830, es evidente que no se trata, como tantas veces se
manipuló, de los partidos modernos, que no existían, si no de las fuerzas
disolventes que, literalmente, estaban partiendo a su Colombia. Pero lo del
primero sí requirió un trabajo algo mayor. Tomado de una carta al Encarga-
do de Negocios de Su Majestad Británica, Patricio Campbell, de 5 de agosto
de 1829, Caballero la analiza en dos planos: primero, el destinatario, nada
menos que el representante de la potencia que estaba en competencia con
los Estados Unidos por ocupar un lugar privilegiado en los mercados y la
geopolítica de la que hasta hacía nada había sido la América Española, y a la
que, ostensiblemente, prefería el Libertador, entonces, y este es el segundo
punto, ya en su fase conservadora. Se trata del Bolívar de la Dictadura, del
que proscribió a Bentham y a las logias, del que tuvo entre los obispos a sus
principales aliados: generalmente no se cita el párrafo que a continuación
agrega: “por el sur encenderían los peruanos la llama de la discordia; por
el Istmo los de Guatemala y Méjico; y por las Antillas los americanos y los
liberales de todas partes” 39. Es, pues, un aserto antiliberal (lo que, sin em-
bargo, no viene necesariamente en contra del ideario marxista-leninista).
Aunque consideramos que las tirantes relaciones del último Bolívar, ese que
José Gil Fortoul dibujó tan bien a partir de 1827, merecen un análisis aún
más detenido y que no estaban, como otros testimonios confirman, del todo
exentas del temor a que el naciente imperialismo norteamericano fuera a ser,
39. Citado por Ibd., p. 50.
ESTUDIOS 85
como fue por un siglo, un problema para el libre desenvolvimiento de las
repúblicas hispanoamericanas; el análisis de Caballero va colocando algunas
cosas en su lugar.
Después viene la que tal vez es la parte más acabada y novedosa del libro:
la tercera, “Bolivarianismo y fascismo”. A través de una breve introducción
al fascismo y a la utilización que hizo Mussolini de la figura del Libertador
–por demás, muy a propósito del gusto del régimen de Juan Vicente Gó-
mez: por algo el Duce también prohijó y editó a su gran ideólogo, Laureano
Vallenilla-Lanz– como expresión suprema de la “raza latina”, como creador
latinoamericano del “Estado fuerte y unitario” (¡ah el Bolívar de 1828!),
como líder fuerte y popular (es decir como Duce), pasa “del bolivarianismo
de los fascistas, al fascismo de los bolivarianos”. Siguiendo el esclarecedor
camino seguido por Umberto Eco para definir al ur-fascismo, es decir, el de
la pesquisa de esas raíces primigenias del movimiento que, juntas o repar-
tidas en subgrupos, permiten identificar células potencialmente fascistas en
diversos pensamientos. Una sola no basta, pero la reunión de dos o tres ya
pueden prender la señal de alerta. El culto a la tradición, por ejemplo, en
nuestro caso, contra el capitalismo globalizador y neoliberal; ese culto, que
busca en héroes legendarios, guerreros, vigorosos, un asidero nacional para
colectivos desencantados con los modelos de la modernidad, sobre todo la
democracia liberal, que huele tanto al culto bolivariano; y además como
pábulo para el llamamiento a las clases medias frustradas contra la oposición
a los “podridos” gobiernos parlamentarios (“que cesen los partidos y se con-
solide la unión”), también características típicas del ur-fascismo, le permite
configurar un “fascismo bolivariano” en el movimiento de Chávez, que, al
menos como hipótesis, es atendible.
Demás está decir que Caballero cubre todo los requerimientos para ser,
como todos los de la “rebelión”, otro representante de la profesionalización
del oficio de historiador que se da a mediados del siglo XX. Proveniente del
Partido Comunista, y después de haber pasado su exilio durante la Dictadura
Militar (1948-1958) en París y Roma, una vez retornado al país, se graduó
en la Escuela de Historia de la UCV, de la que será después uno de sus más
connotados profesores; obtuvo más adelante un PhD en la Universidad de
Londres. Especializado en el tema de la historia política, a él se le deben unas
cuantas monografías fundamentales, como La Internacional comunista y la
revolución latinoamericana (1986) o Gómez, el tirano liberal (1993); en buena
86 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
medida el “descubrimiento” historiográfico de Rómulo Betancourt, de quien
en juventud fue un severo opositor, y sobre el que ha producido un precursor
Rómulo Betancourt (1977) y después una biografía política llena de propuestas
sugestivas, que deja muchos caminos abiertos (pero que no siempre, lamenta-
blemente, transita): Rómulo Betancourt, político de nación (2004). Pero de ma-
yor difusión han sido sus libros de ensayos, donde el ejercicio del periodismo
y de la militancia política se unen con la historia para presentar análisis de la
sociedad venezolana reveladores y capaces de concitar un gran y cautivo públi-
co de lectores: La pasión de comprender (1983), Ni Dios, ni Federación (1995)
o Las crisis de Venezuela contemporánea (1998), ya son compilaciones ineludi-
bles en ese género que en Venezuela ha tenido tantos cultores –Mariano Pi-
cón-Salas, Arturo Uslar Pietri– que es el ensayo libre. Súmesele a esto su labor
como un hombre que sabe moverse en los meandros del humor, con trabajos
reunidos en obras como Defensa e ilustración de la pereza (1998), y termina la
configuración de un hombre que no sólo logra hacernos pensar y cuestionar
lo que normalmente hemos pensado, sino que logra además lo hagamos con
una sonrisa40. El libro que acaba de reseñarse es un ejemplo de esto.
d. ¿Hartos de Bolívar?, a modo de conclusión
Tres cosas parecen haber quedado en claro después de este recorrido: a.)
por primera vez en la historia (y en la historiografía) venezolana se manifiesta
una “rebelión” tan amplia y franca al culto a Bolívar, al punto de que cuatro
de los historiadores vivos más importantes del país sacaron libros específi-
camente para denunciarlo: este dato, por sí solo, es revelador de un estado
muy particular en el país, de procesos fundamentales que lo han cambiado
en las últimas décadas y de la naturaleza de la coyuntura actual y sus posibles
implicaciones; pero no lo es tanto como el hecho de que su prédica haya en-
contrado tanta audiencia más allá de las universidades, adonde normalmente
se restringían estos debates. Evidentemente, b.), esta rebelión está claramente
impulsada por la Revolución Bolivariana y el temor, en estos historiadores, que
políticamente les son muy adversos, de que se trate de una simple reedición
del bolivarianismo tradicional de nuestras dictaduras militares, destinado a
40. Para una semblanza del autor, véase: Vanesa Peña Rojas, Manuel Caballero, militante de la disidencia,
Caracas, Los Libros de El Nacional, 2007.
ESTUDIOS 87
sofocar los anhelos democráticos de la sociedad. Sin embargo, el punto es que
hay mucho más. En el fondo hay mucho más.
Lo que nos lleva al tercer aspecto: c.) epistemológica e ideológicamente, el
andamiaje conceptual con el que se le enfrentan, viene de la revisión de la his-
toria venezolana llevada adelante por las escuelas de historia y otras instancias
universitarias relacionadas (escuelas de educación, postgrados, pedagógicos),
desde la segunda mitad del siglo XX. Es una revisión en la que se formaron y
a la que a su vez impulsaron. La autonomía universitaria, la libertad de cáte-
dra y el clima general que permitió, al menos en círculos académicos, pensar
al país en términos distintos a la épica de la Historia Patria, y a deslindarse
de la “filosofía de Estado”, con la que Venezuela ha venido funcionando, al
menos, desde la época de Guzmán Blanco.
Determinar que el bolivarianismo fue una solución para integrar y darle
ánimos a un colectivo disgregado y muy disconforme con los resultados inme-
diatos de la Emancipación, fue un logro fundamental, porque permitió una
comprensión crítica de lo que tradicionalmente había sido nuestra conciencia
histórica, una especie de metacognición de la forma en la que nos veíamos y
concebíamos (nos vemos y concebimos aún) a nosotros mismos, así como de
las trampas y yerros que encierra; y es un aporte que en buena medida viene
delineándose desde la década de 1960 por obra de investigadores como Ger-
mán Carrera Damas y Luis Castro Leiva. Pero entender que en cierto punto
de nuestro desarrollo histórico esa “solución” pasa a ser una amenaza; entender
que hay que aparejar la conciencia histórica con la realidad histórica; que una
conciencia constelada de héroes guerreros y santos tutelares no dispone a un
colectivo a andar con pasos propios, sino a requerir del permanente concurso
de unos oficiantes del culto y de unas encarnaciones de aquellas entidades,
como se proclamaron a sí mismos los autócratas que gobernaron a Venezuela
pos más de un siglo, que lo lleven de la mano; es un logro que, además de
esclarecedor, ya puede traducirse en algunas claves para discutir el porvenir.
Que esto ahora sea tema para lectores no especializados, es un signo de que
algo está cambiando en la conciencia histórica de los venezolanos, aunque
aún no podamos atisbar sus alcances reales.
No se trata, como muy bien advierte Pino Iturrieta, de renunciar a los hé-
roes, o de que los venezolanos desechemos a los que tenemos, como ningún
pueblo lo ha hecho; se trata de atajar esa relación “patológica” que mantene-
mos con ellos, como una especie de Doña Juana que no puede separarse del
88 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
hermoso cadáver de su amado. A su vez, la tesis de la “ideología de reempla-
zo”, esbozada por Carrera Damas, permite reconfigurar al bolivarianismo, no
ya como un sucedáneo del siglo XIX y de viejas necesidades; como un reme-
dio que empeñamos en seguir usando cuando ya no nos hace falta, sino una
actitud típica de nuestro actual momento histórico, de confusión ideológica.
La necesidad de encontrar una alternativa, una vez derrumbado el campo
socialista, llevó a los venezolanos (que a su vez estábamos en nuestro propio
derrumbe: el del sistema democrático representativo y civil de 1958 a 1998)
como a otros pueblos a buscar en la mitología patria un asidero. Que en el
fondo eso lleve una gran carga del antiliberalismo y del espíritu antidemocrá-
tico del militarismo y de los viejos marxistas-leninistas, entonces huérfanos,
es otra cosa; pero es precisamente la que preocupa. Manuel Caballero, a su
vez, ve esa glorificación de la tradición esgrimida en contra de innovaciones
liberales y de una democracia burguesa “podrida”, los componentes típicos del
ur-fascismo. Subraya, al respecto, la forma en que ya el bolivarismo fue usado
por los fascistas puros y duros de la década de 1930.
Pueden haber, naturalmente, razones para dudar del desinterés y el carácter
netamente científico de esta “rebelión”, como de hecho se han oído acusa-
ciones. Salvo Pino Iturrieta, los otros tres autores estudiados están alrededor
–dos por abajo, uno por arriba– de los ochenta años Fueron en todos los
casos hombres con una destacadísima figuración en el régimen democrático
anterior, el desplazado por la revolución de Chávez. Y parecen muy impacta-
dos, pero muy conmovidos, por el proceso bolivariano. Es decir, la tentación
de acusarlos de simples reaccionarios; de estar ejecutando el acto reflejo de
quienes son sacados de la elite conductora del país, no está fuera del abanico
de las conclusiones posibles. La forma en la que le otorgan poca o ningu-
na oportunidad a los argumentos de los afectos al proceso –aunque hay que
admitir que Pino y Carrera Damas se dieron a la tarea de leer sus principales
textos y de citarlos– pudiera ser abonado a esta tentación. No obstante, la
argumentación que elaboran sobre una base documental amplia, junto al he-
cho de que por lo menos tengan treinta años bregando en el tema, y de que
muchas de las acusaciones que formulan ya se habían configurado mucho
antes de la llegada de Chávez a la escena política, permite ver las cosas de otra
manera: el Comandante viene a confirmar para ellos unas hipótesis sobre el
bolivarianismo y no al revés; éstas no nacen de él. A lo sumo su revolución las
hizo de más urgente divulgación y de verdadero interés por un público que
hasta el momento no había reparado en las mismas. Sí se extraña, hay que
ESTUDIOS 89
admitirlo, que el debate político en algunas ocasiones los hayan sacado de una
mesura académica en las expresiones que más que quitarle, le hubiera dado
más respaldo a sus tesis.
En fin, el objetivo de estos textos, de toda esta “rebelión”, es tan histo
riográfico como político. La revisión de los textos, en términos teóricos, nos
da pistas para identificar la estrecha relación entre historiografía y política; en-
tre conciencia histórica e ideología. ¿Hartos de Bolívar? Más o menos. Hartos,
en realidad, de las amenazas a la libertad que el Culto al Libertador que a su
juicio puede suscitar. Cerremos con la frase de Guillermo Morón que resume
lo que de diversas formas todos estos historiadores parecen buscar como el
resultado final de sus prédicas: una República cuyo fundamento es el pueblo con
memoria y sin mito: Una república en la que el pueblo se dirija solo, como
un adulto, como un colectivo libre, como lo requiere la democracia. Sí, ¡qué
forma tan monda y lironda de explicar los objetivos de esta “rebelión”!
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93
Una polémica higienista y los cementerios
de Caracas en el primer guzmanato, 1870-1877
Eduardo Cobos (*)
En Venezuela la salubridad pública de fines del siglo XIX, en gran medida,
se fundamentó en los preceptos higienistas que elaboró el presidente Antonio
Guzmán Blanco, junto a sus intelectuales y propagandistas, y que comenzaron
a implementarse con base en reformas político-jurídicas durante el Septenio
(1870-1877). Esto incluyó, tangencialmente, una especie de polémica que se
suscitó en la prensa de la época en torno a los cementerios católicos ubicados
al norte de Caracas, que tuvo como apoyo la teoría miasmática y que sirvió
para apuntalar aún más las nociones generales que se querían esgrimir desde
el Estado como excusa para la clausura de estos cementerios tradicionales.
En estos preceptos se evidenciaban las características europeas que se habían
trazado, en términos más amplios, en el plan de reurbanización de la capital,
con el propósito, entre otras estrategias, de conseguir la hegemonía sobre los
espacios de la muerte que intentaba imponer el Ejecutivo para restar poder a
la Iglesia católica. Así, se favorecía la construcción de una necrópolis de carac-
terísticas laicas en las afueras de la ciudad.
Palabras clave: cementerios, salud pública, Guzmán Blanco, Caracas.
A debate over hygiene and the cemeteries of Caracas during Guzmán Blan-
co’s first presidency, 1870-1877
Venezuelan public health by the end of nineteenth century was, to a large
extent, based on ideas developed by President Antonio Guzmán Blanco, to-
(*) Licenciado en Historia. Candidato a Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Central de
Venezuela.
94 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
gether with intellectuals and publicists, and first implemented through politi-
cal and legal reforms during his rule from 1870-1877. A key aspect of Blanco’s
administration on that regard was a controversy over Catholic cemeteries in
northern Caracas, stirred up by the press and supported by contemporary
hygienist theory, giving the state an excuse to shut them down. Guzmán’s
ideas showed European influences on his re-urbanization plans for the capital,
which aimed, among other things, to gain control over cemeteries which until
then had been under the Catholic Church’s control. This led to the construc-
tion of secular graveyards in the outskirts of the city.
Keywords: public health, Guzmán Blanco, cemteries, Caracas.
En Venezuela, para las últimas décadas del siglo XIX, debido a una
concepción distinta de administración política y económica, el intento de
modernización y unificación del espacio nacional fue realizado con carac-
terísticas novedosas, lo que tuvo como resultado la formación definitiva de
un proyecto de país. En efecto, es sólo con Antonio Guzmán Blanco como
gobernante1, que se pudo instaurar una forma más práctica de poder, la cual
se propuso consolidar la administración y el control político-social sobre la
población en un periodo de adelantos sustanciales. Para poner en marcha su
plan, este mandatario recobró los bosquejos del proyecto iniciado desde los
comienzos republicanos que contemplaba la modernización de la sociedad
bajo el designio del progreso. La idea de progreso significaba cambios pro-
fundos en la sociedad concibiendo una estructuración que respondía a los
patrones culturales, y si se quiere étnicos, de los países capitalistas avanzados.
En este sentido, los productos agrícolas, base de la económica venezolana, de-
bían tener una plataforma más permanente para ser exportados a las naciones
industrializadas y así conseguir una relación más dinámica con el sistema capi-
talista mundial en expansión. Además, esto se relacionaba con la importación
de productos manufacturados de esas metrópolis, creándose un creciente mer-
cado consumidor en el país. Estas ideas eran resumidas en las condiciones de
desarrollo que sustentaba la incipiente burguesía, cuyo intento se basaba en
recuperar el espacio de poder político y económico perdido parcialmente
1. Antonio Guzmán Blanco gobernó el país en tres periodos: el Septenio (1870-1877), el Quinquenio
(1879-1884) y la Aclamación Nacional (1886-1887); entre medio hubo dos lapsos donde estuvieron
a cargo del Ejecutivo Francisco Linares Alcántara (1877-1878) y Joaquín Crespo (1884-1886).
ESTUDIOS 95
por la clase dominante, y que, a su vez, tuviera la capacidad de articular los
adelantos necesarios en la administración del Estado2.
Esta situación no fue exclusiva de Venezuela, ya que las ideas que provenían
de las urbes industrializadas habían comenzado a difundirse, aunque de mane-
ra desigual, en el resto de Latinoamérica desde mediados del siglo XIX. Estas
ideas tuvieron en el positivismo una gran posibilidad de desarrollo, con lo
cual se sustentaron los cambios que se estimaban necesarios e inevitables en
estas sociedades. De esta manera, en su conjunto, no es poco lo que aportaron
los intelectuales a la imposición de las ideas a la clase en el poder y con esto
a la manipulación ideológica de toda la sociedad, quienes realizaron un des-
pliegue considerable en favor de las medidas emprendidas por sus gobiernos.
Y estas sociedades observaron asombradas cómo se derrumbaban las tradicio-
nales edificaciones que habían levantado desde la Colonia sus antepasados, así
como se desplomaban con celeridad las concepciones cotidianas. Todas estas
inquietantes ideas, en definitiva, fueron también utilizadas como un ataque a
lo más acendrado de los vestigios de la sociedad colonial, que persistían entre
los miembros conservadores de la clase dominante y tenían a la Iglesia católica
como uno de sus baluartes y más acérrimos aliados3.
La Caracas guzmancista y la salubridad pública
En el caso venezolano, la gestión guzmancista incluyó una cohorte de in-
telectuales de distintas áreas: profesionales diversos, escritores, periodistas o
artistas, que afinan su pluma desde, sobre todo, las páginas de las publicacio-
2. Los estudios sobre las políticas de modernización impulsadas en el periodo guzmancista son abun-
dantes, entre éstos vale destacar: John V. Lombardi, Venezuela. La búsqueda del orden. El sueño del
progreso, Barcelona, Crítica, 1985; Pedro Cunill Grau, Geografía del poblamiento venezolano en el
siglo XIX, Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, t. III, 1987; Germán Carrera Da-
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Nikita Harwich Vallenilla, Guzmán Blanco y la modernización, Caracas, Historiadores SC, 1994;
Germán Yépez Colmenares, “El proceso de modernización liberal y la reafirmación del Estado laico
en Venezuela (1870-1877)” en Ensayos históricos. Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos,
Caracas, n° 10, segunda etapa, 1998, pp. 91-108; María Elena González Deluca, Negocios y política
en tiempos de Guzmán Blanco, Caracas, UCV, 2001.
3. Ángel J. Cappelletti, Positivismo y evolucionismo en Venezuela, Caracas, Monte Ávila Editores, 1994,
pp.19-25; Leopoldo Zea (Comp.), Pensamiento positivista en latinoamericano, Caracas, Biblioteca
Ayacucho, 1980, t. I, [Link]-XXXIV; José Luis Romero, Latinoamérica: las ciudades y las ideas,
Universidad de Antioquia, 1999, pp. 346-47.
96 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
nes oficialistas, y entre éstos destacan un puñado de científicos que propor-
cionan con sus artículos y estudios -donde no estuvo ausente, inclusive, el
bien intencionado consejo doméstico-, la esperada sensación de conquista de
los basamentos ineludibles para obtener civilización y progreso. Porque es a
partir de 1870, que realmente se realiza un impulso sustancial para la profe-
sionalización académica, entre los cuales, provenientes de la élite, se contaban
a los que habían hecho estudios en ciudades europeas y en Venezuela, quienes
serían los responsables de incorporar importantes modificaciones relaciona-
das, entre otras, con la educación y la salubridad pública4. Estas nociones se
vinculan, como se ha señalado, al pensamiento positivista, que tiene ejemplos
notables de investigadores y pedagogos en Adolfo Ernst, Rafael Villavicencio
o Vicente Marcano. Éstos fueron los primeros promotores de la doctrina, que,
a su vez, contemplaba algunos tintes anticlericales, y la cual en el país, pese a
su temprana incorporación por Villavicencio en 1866 (ver figura 1), no tuvo
gran originalidad y se destacó más bien por las obras del guzmanato5.
Por ello, y debido a las nuevas concepciones que pululaban en el am-
biente, las relaciones entre la Iglesia y el Estado en el Septenio fueron de
claro enfrentamiento. Sin embargo, fue un hecho, evidenciado de inme-
diato, que la beligerancia tenía como fin último la supremacía de los espacios
de poder que la Iglesia había consolidado, siendo éstos de carácter económico,
político y, cuestión no menos importante, de índole ideológica. La abrupta
embestida del Estado, al tener a su favor las herramientas jurídico-políticas,
provistas por la relativa paz social, tuvo como efecto una situación delicada
para la Iglesia, porque Guzmán Blanco firmó decretos urgentes con los cuales,
según apunta el historiador Germán Carrera Damas:
…disolvió los conventos; cerró los seminarios; estatuyó el matrimonio
civil como único válido (1873); creó el registro civil, privando con
ello a los párrocos de un importante medio de control social; limitó
4. Germán Yépez Colmenares, La salud pública en la ciudad de Caracas durante el primer gobierno del
General Antonio Guzmán Blanco, 1870-1877. Trabajo de ascenso para optar a la categoría de Asisten-
te, Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Universidad Central de Venezuela, 1996, p.64. Para la
relación de los intelectuales con el mandatario, ver: J. J. Martín Frechilla, Cartas a Guzmán Blanco,
1864-1887, Caracas, UCV, 1999, pp. 163-218.
5. Ángel J. Cappelletti, Ob. Cit., p. 25.
ESTUDIOS 97
el derecho de la Iglesia a tener bienes y demolió y reasignó iglesias.
Como contrapartida auspició el culto masón. Estas medidas, entre
otras, no sólo desintegraron el poder económico, social y político de la
Iglesia, sino que contribuyeron a la modernización de la sociedad 6.
Así mismo, esta relación de fuerzas tuvo otros escenarios, entre los que
se incluyó a los espacios de la muerte. En este sentido, las acciones oficiales
del guzmanato en torno al asunto no se hicieron esperar. Éstas se centraron
en imponer el diagnóstico científico para las defunciones, que dio cabida
al Código Médico Forense y a la implementación de la primera sala de
autopsias en la Universidad Central; la instrumentalización de instancias
legales: Código Civil, Código Penal y el Reglamento de Cementerios, que
permitió el registro civil de las defunciones, establecer los parámetros de los
nuevos cementerios públicos, reglamentar las exhumaciones e inhumaciones
y las prácticas testamentarias; la construcción de cementerios fue llevada
a cabo con el propósito de hacer comprender a la Iglesia que el control
que había ejercido sobre los actos mortuorios carecía de bases legales o
doctrinarias; así como la utilización política del significado de la muerte7,
que fue aprovechado con un gran despliegue propagandístico por parte del
gobierno al crear el Panteón Nacional (1875-76), con lo cual se impulsó la
religión civil y patriótica, que no eludía en ningún momento los principios
doctrinarios que auspiciaba el Ejecutivo.
Por otra parte, el proyecto urbano que llevaba a cabo Guzmán Blanco,
y que se basaba de igual modo en modelos provenientes de los países in-
dustrializados, fue completado al proporcionar a la administración munici-
pal las herramientas jurídicas funcionales para llevar adelante parcialmente
los cambios que requería la modernización de la ciudad. Así, se recobraban
ciertos aspectos de la “policía urbana”, en la cual se incluían, entre otras, la
reglamentación y fiscalización del funcionamiento de la arquitectura civil y
ordenamiento de las calles. Igualmente, la salubridad pública asumió una im-
portancia destacada en estas disposiciones, donde, bajo la supervisión de la
6. Germán Carrera Damas, Ob. Cit., p.40. Para los detalles del conflicto entre la Iglesia y el Estado, ver:
Herminia Méndez S., “La Iglesia católica en tiempos de Guzmán Blanco” en Tierra Firme, Caracas,
N° 35, julio-septiembre de 1991, pp. 235-244.
7. Alberta Zucchi, “Polvo eres y en polvo te convertirás: la muerte y su entorno en Venezuela hasta
1940” en Antropológica, Caracas, Fundación La Salle, n° 93-94, 2000, pp. 78-79.
98 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
policía, se tuvieron en cuenta la solución de los problemas de agua potable,
los brotes de enfermedades contagiosas, el estado de la comida en los merca-
dos públicos, las condiciones higiénicas de los hospitales; lo que no dejó de
lado, además, el traslado hacia las afueras de la ciudad de basureros, fábricas
y mataderos; y la prohibición de inhumaciones urbanas en las iglesias y el uso
de los cementerios en el perímetro urbano8.
En este sentido, al mismo tiempo que se difundían los anuncios festivos del
día 5 de julio de 18769, el gobierno aprovechó para dar a conocer el decreto
donde se ponía en funcionamiento la nueva necrópolis de la ciudad, cuestión
que se realizaría desde el 10 de julio. La ocasión también fue propicia para
despejar dudas sobre los camposantos en ejercicio10, ya que en un artículo del
decreto se señalaba que las inhumaciones sólo podrían efectuarse en el nuevo
Cementerio General del Sur ubicado a extramuros de la ciudad en el Rincón
del Valle en el sitio Tierra de Jugo (ver figura 2).
Esta prohibición incluía a los templos, capillas, lugares de culto o cualquier
otro espacio utilizado hasta ese momento11. El encargado de la nota anónima
8. Arturo Almandoz Marte, Urbanismo europeo en Caracas (1870-1940), Caracas, Fundarte/Equinoc-
cio, 1997, pp. 104-106.
9. El 5 de julio se conmemora la Independencia definitiva de Venezuela. Las fechas patrias, junto a otras
conmemoraciones oficiales que incluyeron a la gesta guzmancista, fueron momento oportuno para la
inauguración de obras públicas en el periodo, las cuales contaron con un impresionante despliegue
propagandístico, Pedro E. Calzadilla, “El olor de la pólvora. Fiestas patrias, memoria y Nación en
la Venezuela guzmancista, 1870-1877” en Caravelle. Cahiers du monde hispanique et Luso-Bresilien.
Toulouse, Nº 73, 1999, pp. 111-130.
10. Los cementerios clausurados fueron: “…‘Canónigos’, ‘Hijos de Dios’, el del Este, el de ‘las Mercedes’
y ‘San Simón’”, Enrique Bernardo Núñez, La ciudad de los techos rojos, Caracas, Monte Ávila Edi-
tores, 1988, p.244. A éstos hay que agregar los cementerios de extranjeros: el inglés inaugurado en
1834 y el alemán de 1853, Manuel Landaeta Rosales, Los cementerios de Caracas, Caracas, Fundarte,
1994, p. 18.
11. Para un estudio comparado en Latinoamérica de la implementación de medidas higienistas y la
posterior erección de las necrópolis extramuros, ver otros ejemplos en: Marco Antonio León León,
Sepultura sagrada, tumba profana. Los espacios de la muerte en Santiago de Chile, 1883-1932, Santiago
de Chile, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos/Lom Ediciones, 1997; Oscar Iván Calvo
Isaza, El Cementerio Central. Bogotá, la vida urbana y la muerte, Bogotá, Observatorio de Cultura
Urbana/Tercer Mundo Editores, 1998; José Pedro Barrán, Historia de la sensibilidad en el Uruguay,
Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 1998, t. II; Adriana Corral Bustos et alter, “El
cementerio del Saucito en San Luis Potosí y sus monumentos a finales del siglo XIX” en Relaciones,
San Luis Potosí, Nº 94, 2004, pp. 126-158; Miguel Ángel Cuenya, “Los espacios de la muerte. De
panteones, camposantos y cementerios en la ciudad de Puebla. De la Colonia a la Revolución”,
Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Coloquios, 2008, [En línea], Puesto en línea el 03 janvier 2008.
URL: [Link] Consultado el 22 de noviembre 2008.
ESTUDIOS 99
que acompaña la disposición oficial, elogia el emplazamiento de la nueva obra
en desmedro de los otros cementerios, exponiendo uno de los argumentos
más solicitados:
Lejos de estar ya ese foco de emanaciones y de corrientes deletéreas
en la parte alta de la ciudad, que nos ha obligado a recibirlas por
ministerio de la inclinación del terreno y de los vientos que barren
aquella parte de la población, de hoi (sic) más se hallará al Sur, es
decir en la parte más baja del valle, y con un cerro en medio, pequeño
pero suficiente para ponernos a cubierto de toda trasmisión aérea por
las brisas12.
La clausura de los camposantos tradicionales de Caracas había sido pro-
puesta enérgicamente desde hacía tiempo por los más cercanos al gobierno,
lo que dio cabida a un debate de índole especializado en la prensa, que no es-
catimaba argumentos científicos, los cuales contemplaban posiciones encon-
tradas o bien contradictorias. Lo medular de esta discusión se apoyaba en los
argumentos de higiene pública, que se explicaba por la teoría miasmática, la
cual tenía plena vigencia para la época13, e implicaba una revisión exhaustiva
no sólo de las leyes que reglamentaban la policía urbana, sino que incluía la
injerencia del Estado en las costumbres más arraigadas de lo cotidiano, rela-
cionadas con el aseo y la salubridad.
Todas estas medidas y concepciones fueron apoyadas casi incondicio
nalmente por los intelectuales cercanos al poder. Uno de los promotores de
12. “Nuevo Cementerio”, La Opinión Nacional, Caracas, lunes 3 de julio de 1876. En relación con la
distribución geográfica de la ciudad, Manuel Beroes P., “Caracas”, Diccionario Multimedia de His-
toria de Venezuela, Caracas, Fundación Polar, 1999, nos señala: “Caracas fue fundada en el cuerpo
principal de un valle (…) alargado y estrecho, extendiéndose en sentido O-E por 25 km entre los
puntos de Catia y Petare; lo limitan al N el cerro Ávila y al S el río Guaire, con una distancia de 4 km
entre ambos, mientras que de N a S lo cruzan los cauces de las quebradas Caroata, Catuche, Anauco,
Chacaíto, Chacao, Blandín y Petare. Hacia el S y el SO del cuerpo principal existen 3 valles menores,
rodeados de colinas pronunciadas cercanas y paralelas al Guaire”. El Rincón del Valle era uno de estos
valles, el cual, en ese momento, no pertenecía a los límites naturales de la ciudad y era considerado
un suburbio, Pedro Cunill Grau, Ob. Cit., p.1655; también Margarita López Maya, Los suburbios
caraqueños del siglo XIX, Caracas, ANH, 1986, p. 72.
13. Esta teoría de origen europeo se basaba en la importancia que se le comienza a dar a fines del siglo
XVIII a la sensibilidad olfativa, y con esto creer que al ser expandidas por la atmósfera las emanacio-
nes putrefactas de los cadáveres, éstas acarreaban enfermedades contagiosas, al igual que otras sus-
tancias descompuestas provenientes del subsuelo, Alain Corbin, El perfume o el miasma. El olfato y lo
imaginario social. Siglos XVIII y XIX, México, FCE, 2002, pp. 20-21.
100 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
estos preceptos sanitarios había sido el médico José Manuel de los Ríos, que
en su Tratado elemental de higiene (ver figura 3), de finales de 1874, intentaba
orientar a la ciudadanía sobre ciertas reglas y hábitos en torno al tema, que
ayudarían a la prevención de enfermedades.
El opúsculo, a diferencia de un tratado a la usanza de su modelo europeo, se
acercaba más bien a los manuales de urbanidad que ya habían sido ampliamente
utilizados por las élites desde los comienzos mismos de la vida republicana,
porque estos criterios higienistas coincidían, a su vez, con las nociones generales
de comportamiento público propugnadas por el guzmanato14.
El tono empleado por De los Ríos en el Tratado… es, sin desmerecer el
postulado científico, eminentemente divulgativo y no desdeña la posibilidad
aleccionadora y doctrinaria. Este médico considera que el aire sería uno de
los mayores portadores de enfermedades debido, sobre todo, a su posibili-
dad de trasladar elementos contagiosos que ocasionan endemias y pandemias,
porque los miasmas se transportarían a grandes distancias por medio de los
vientos. En este sentido, la putrefacción se produciría cuando las condiciones
de aire, calor y humedad son óptimas para ello. Así mismo ocurriría con la
exhumación de cadáveres y la abertura de las sepulturas, ya que los miasmas
se conservan indefinidamente siendo causa frecuente de enfermedades conta-
giosas, cuestión que sucedía en templos y cementerios. También el higienista
aprovecha de sugerir ciertas precauciones y soluciones que tendrían que to-
marse en casas, hospitales, cárceles y sitios de reclusión, los cuales deberían
estar alejados de los pantanos15. En cuanto al agua en el escrito se advierte:
“La inmediación a los cementerios altera la salubridad de las aguas por las in-
filtraciones que pueden tener lugar, produciendo como consecuencia la fiebre
tifoidea y otras enfermedades de mal carácter”16.
14. Mirla Alcibíades, La heroica aventura de construir una república. Familia-nación en el ochocientos vene-
zolano (1830-1865), Caracas, Monte Ávila Editores/Celarg, 2004,pp.103-108; Arturo Almandoz
Marte, “The Shaping of Venezuelan Urbanism in the Hygiene Debate of Caracas, 1880-1910” en
Urban Studies, Vol. 37, n° 11, 2000, p.2.077; Marianela Tovar, “Disciplina y control: los manuales
de urbanidad y la construcción de la masculinidad hegemónica a finales del siglo XIX en Venezuela”
en Revista venezolana de economía y ciencias sociales, Caracas, vol. 12, n° 3, septiembre-noviembre de
2006, pp.180-181.
15. José Miguel de los Ríos, Tratado elemental de higiene, Caracas, Imprenta de Espinal e hijos, 1874,
pp.8-25.
16. Ibídem, pp.41-42.
ESTUDIOS 101
De los Ríos, se vincula, como se ha señalado, al ambiente de época que
fue precepto fundamental en relación con la clausura de los cementerios y la
construcción de uno nuevo en el Rincón del Valle, hacia el sur en las afueras
de Caracas. En este sentido, el cementerio para católicos Los Hijos de Dios,
emplazado en la parte norte de la ciudad, fue uno de los centros de la polémi-
ca, en desmedro de otros de menor importancia, ya que éste contaba con el
aprecio de los citadinos, pero no cumplía, en apariencia, con los atributos
que sostenía el “modelo civilizatorio” del guzmancismo y de sus obcecados
intelectuales partidarios.
Los cadáveres insepultos
Hacia mediados del siglo XIX, en los cementerios católicos era usual ob-
servar cadáveres insepultos o bien cerdos pastando libremente en las depen-
dencias como en el del Este, que tenía muros caídos, siendo su espacio ya
insuficiente para la inhumación, y debido a este hacinamiento de cadáveres
se le atribuyó la causa de la epidemia de sarampión y tos ferina, que diezmó
notoriamente a la población infantil en 1851. Por ello fue clausurado por el
municipio, que abrió, en palabras de un viajero de la época,
…uno nuevo en la ciudad alta, más allá del lugar llamado Trinidad
(…) [el cual], situado en un terreno sin cercado, repugna tanto a
las clases mejores de la sociedad que allá no mandan a los cadáveres
de sus parientes y prefieren, con perjuicio para la salud pública, em-
balsamarlos mal para poderlos depositar en el interior de las iglesias
[cursivas de Lisboa]17.
Para mediados de la década, el cólera cobra cerca de 2.000 vidas en la capi-
tal, y detrás del que sería el cementerio de San Simón (1857) se abre una zanja
para enterrar a los muertos por la peste. Esta eventualidad obliga a pensar con
urgencia en una medida más permanente, y es cuando se plantea la construc-
ción del cementerio de Los Hijos de Dios18. La primera idea de ubicación del
17. Manuel María Lisboa, Relación de un viaje a Venezuela, Nueva Granada y Ecuador, Caracas, Biblio-
teca Ayacucho, 1992, p.54.
18. Germán Yépez Colmenares, “Aseo urbano, olor y miasmas en la ciudad de Caracas 1870-1877”, en
Ensayos históricos. Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Caracas, n° 9, segunda etapa,
1997, p.152.
102 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
camposanto es invalidada por el ingeniero Olegario Meneses, quien prueba
que en la cercanía de la calle Dos Pilitas, lugar de la propuesta, las vertientes
desembocan en la quebrada Catuche, lo que hacía insalubre allí su posición,
porque el agua que descendía era aprovechada por los habitantes de la ciudad.
Así, luego de un estudio de pendientes, se decide el lugar llamado sabana del
Blanco para Los Hijos de Dios, encargándosele a Meneses el plano, cuya inau-
guración se celebrará con gran algarabía a fines de 1856 en una “…vistosísima
planicie que orilla la gran quebrada a las faldas del Ávila y desde donde se goza
de una admirable perspectiva del valle de Caracas”19. El viajero Eastwick, al
recorrer los cementerios de Caracas, en 1864, también pudo disfrutar de la
privilegiada vista que se apreciaba desde la planicie, y catalogó este cementerio
como el más bello de Suramérica20 (ver figura 4).
Sin embargo, pese a haberse convertido en paseo obligatorio para visitan-
tes despreocupados, y entre éstos no faltó el que cuestionara la intolerancia
religiosa del criollo21, desde mediados de los sesenta del siglo XIX los habi-
tantes de la urbe comienzan a criticar severamente el funcionamiento del
camposanto ante las autoridades. La controversia se centraba en el descuido
del ornato y el abandono en que se encontraban las dependencias; e incluían,
sobre todo, el cumplimiento deficiente de las medidas higiénicas que deberían
respetarse para las inhumaciones, las cuales contemplaban una profundidad
de por lo menos dos metros, que se hacía imprescindible debido a la permea-
bilidad del terreno y se sugería, además, la construcción de bóvedas especiales
que estuvieran selladas con un sistema de entrabe de ladrillos para los casos de
muerte por fiebres contagiosas22.
19. Enrique Bernardo Núñez, Ob. Cit., pp.228-229.
20. Edward B. Eastwick, Venezuela o apuntes sobre la vida en una república sudamericana con la historia
del empréstito de 1864, Caracas, BCV, 1959, pp.39-40.
21. Carl Geldner, Anotaciones de un viajero por Venezuela 1865-1868, Caracas, Asociación Cultural
Humboldt, 1998, p.110, señala: “…el criollo, como buen católico romano, no admite que un judío
-como él llama a cualquiera otra fe- comparta su muerte con él, en el mismo trozo de tierra. Caridad
cristiana, tolerancia y humildad son también aquí el lado débil de la iglesia católica romana”.
22. Para lo del ornato, Leszek Zawisza, Arquitectura y obras públicas en Venezuela, siglo XIX, Caracas,
Ediciones de la Presidencia de la República, 1989, t. II, p.91; los razonamientos de salubridad son de
la nota “Higiene pública”, El Federalista, Caracas, 9 de noviembre de 1868.
ESTUDIOS 103
Por otra parte, el aprecio por el sentido olfativo cobraba cada vez mayor
relevancia, por esto también se discute el entierro en las iglesias, cuestión que
es asumida por el Tribunal de la Facultad Médica de Caracas en una nota al
Ministerio de Fomento en 1867, donde se lo increpaba a tomar cartas en el
asunto:
Demostrado como está que la secuestración de los muertos, su sepul-
tura y demás prácticas análogas tienen por único fin librar a los vivos
del horrible espectáculo de la putrefacción, y sobre todo del mortífero
influjo de sus productos. (…) interminable sería esta nota si este Tri-
bunal entrase a exponer en ella todos los motivos que han tenido los
legisladores para prohibir bajo severas penas los entierros en los tem-
plos y sólo le bastará hacer notar a Ud. que en su construcción jamás
se han tenido en cuenta ninguna regla de higiene (…) [ya que] en
ellos está el aire necesariamente viciado por la respiración y por la
combustión de las luces y de las aromas23.
La polémica higienista
En ninguno de estos airados reclamos se ponía en duda la ubicación de
Los Hijos de Dios. En todo caso, la sugerencia planteada por la Facultad no
tuvo que esperar mucho tiempo más con Guzmán Blanco en el poder. En
1871, como ya hemos advertido, se prohibía inhumar definitivamente en las
iglesias urbanas, y se impedía el uso de los antiguos cementerios cercanos
en el perímetro de la ciudad, en nombre de una Ordenanza emitida por la
Diputación Provincial de Caracas, siendo ésta una avanzada de los nuevos
conceptos municipales, que se proponían, a su vez, como un instrumento
eficaz para la salubridad pública24. Y que servirían, igualmente, de basamento
jurídico a las normas que resumiría, entre otros, como hemos apuntado, el
esmerado médico De los Ríos, convirtiéndose en sustento de la propaganda
23. Blas Bruni Celli, Historia de la Facultad Médica de Caracas, Caracas, UCV, 1957, p.227; Germán
Yépez Colmenares, “Aseo urbano, olor y miasmas en la ciudad de Caracas 1870-1877”, en Ensayos
históricos. Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Caracas, n° 9, segunda etapa, 1997,
pp.152-153.
24. Arturo Almandoz Marte, Urbanismo europeo en Caracas (1870-1940), Caracas, Fundarte/Equinoc-
cio, 1997, p.106. Es de hacer notar que ya se había intentado en Venezuela este tipo de medidas a
principios del siglo XIX por motivos de salubridad pública, “Cementerios”, Diccionario Multimedia
de Historia de Venezuela, Caracas, Fundación Polar, 1999.
104 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
laica defendida por los divulgadores de la salubridad, para quienes las causas
de las enfermedades, o buena parte de ellas, provenían de los vientos mefíticos
trasladados desde la parte alta de la ciudad, donde se encontraban los tres ce-
menterios en uso y el consumo de aguas contaminadas que eran conducidas
también de ese sitio; así como de las aglomeraciones, fueran éstas de personas,
de desperdicios o bien de organismos invisibles que acechaban la vida y propi-
ciaban la muerte fulminante.
De esta manera, si bien Los Hijos de Dios no era el único cementerio
que seguía en ejercicio después de la citada Ordenanza, éste cobró especial
relevancia por continuar siendo un cementerio apto para realizar inhuma
ciones, después de ciertas modificaciones. Los dedos acusadores, desde allí en
adelante, no cejarán de pedir su cierre, proponiéndose, en cambio, el traslado
a extramuros de la ciudad. Por lo visto, además de las medidas de profilaxis
social, que eran expuestas con convicción genuina y de manera ineludible, se
encubría también el deseo fundacional cónsono con la modernización de toda
índole a la cual se aspiraba. Así, entonces, se erigía la idea de una necrópolis
para Caracas.
En julio de 1874, desde La Opinión Nacional, comienzan a aparecer una
serie de artículos que intentan dar explicaciones, bajo la perspectiva higienista,
de las causas de las enfermedades que afectan visiblemente a la población. Los
escritos tienen la particularidad de ser divulgativos y estar apoyados en la
experimentación científica, cuestión que se desarrolla en algunos casos, o se
enuncian de manera virulenta como supuestos verdaderos e indiscutibles en
torno a las causas de las enfermedades25. En uno de estos alegatos se adjudica
la alta mortalidad del momento, al cambio de clima y a las malas condiciones
sanitarias, las cuales incluyen a los depósitos de basura del centro de la
urbe y a los desechos arrojados en los márgenes de los riachuelos, así como
a la adulteración de alimentos, la matanza de ganado vacuno y los cerdos
diseminados por la ciudad. Y se hace énfasis en la situación de los cementerios
sobre la parte alta de la ciudad, ya que
…las filtraciones de las aguas en busca de su cauce arrastran
indudablemente una cantidad de la materia descompuesta de los
cadáveres que están dentro de la tierra; y los vientos del Norte,
25. Buenos ejemplos de esto se pueden apreciar en el artículo “Cementerios”, La Opinión Nacional,
Caracas, lunes 5 de abril de 1875.
ESTUDIOS 105
tan frecuentes, y los más saludables en todas partes, arrojan sobre
la ciudad los miasmas que, no obstante toda precaución, se exha-
lan de las bóvedas funerarias26.
Hacia fines de mes, en la introducción a los artículos periodísticos que se
destacan diariamente, se señala la especial atención que se le debe prestar a los
consejos, debido a que “…propenden a ilustrar a los ciudadanos en la manera
de combatir por medio de prescripciones higiénicas, el mal estado de nuestra
salud urbana, que tantos y tantos fatales sucesos lleva ya registrados en brevísi-
mo espacio de tiempo”27; de igual forma a las precauciones en el interior de
las casas donde tendría que prevalecer “…el código de su policía doméstica,
como quiera que la muerte vive con el hombre, que de todo lo que de él se
desprende se convierte en veneno de su propia existencia y que los miasmas
mortales viven tan invisibles como los elementos de la vida…”28. Por su parte,
el conocido botánico y divulgador científico de origen alemán Adolfo Ernst
agrega, en las mismas páginas, que es en la ropa sucia donde se encuentra el
foco miasmático y de enfermedades. Estos hongos, que se forman de manera
microscópica siendo una especie de semillas que habitan en lugares enmohe-
cidos, al menor desperdigamiento de aire se trasladan a cualquier otro punto.
Sin embargo, como toda medida de aseo, el remedio es sencillo, aunque es
de extrañar que “…casas, que más allá de la sala con su primorosa nitidez,
parecen más bien establos que habitaciones de seres racionales” [subrayado
de Ernst]29. Por ello, se sugieren, en otro artículo, algunas medidas de aseo al
interior de las casas, que contemplan lavar los suelos semanalmente, las camas,
los muebles, también airear colchones y almohadas, y usar cal viva para las
cloacas, entre otras prevenciones30.
En cambio, el autor del artículo “La quebrada de los muertos”, Manuel
Antonio Diez, quiere ser mucho más específico con relación a las lluvias que
26. La Opinión Nacional, Caracas, viernes 3 de julio de 1874.
27. “Salubridad pública”, La Opinión Nacional, Caracas, martes 28 de julio de 1874.
28. Ídem.
29. Adolfo Ernst, “Dos palabras sobre el gran tema del día”, La Opinión Nacional, Caracas, martes 28 de
julio de 1874. La preocupación por la higiene en las casas cobró sumo interés para los propagandistas
y científicos de la época, incluso Guzmán Blanco fue objeto de estas recomendaciones preventivas, J.
J. Martín Frechilla, Ob. Cit., pp. 189-190.
30. Arturo Koscicki, “La insalubridad en Caracas”, La Opinión Nacional, Caracas, martes 28 de julio de
1874.
106 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
provienen de los cementerios del norte y se dirigen hacia la ciudad, asegu-
rando la peligrosidad de sus emanaciones. En este sentido, Diez señala que
pese a los tiempos de sequía las tierras de todas maneras permanecen húmedas
por la cercanía de la cordillera, y al llegar la temporada lluviosa las corrientes
recogen sus emanaciones pútridas, descargándolas en la quebrada ubicada en
las inmediaciones del río Anauco, lo cual las contaminaría y, a su vez, de norte
a sur una parte de las lluvias desemboca en el Catuche31. En consecuencia, las
aguas del Anauco y el Catuche modificadas por la quebrada y las filtraciones
de los cementerios puede ser la causa de la mala salubridad pública, porque el
primero sirve para lavar la vestimenta y el otro río proporciona el agua potable
de los caraqueños. La solución para todos estos males le es proporcionada a
Diez por Michel Lévi, a través de su Tratado de higiene pública y privada, de
quien cita: “Es necesario establecer los cementerios lejos de los pozos, de las
fuentes, quebradas y de los ríos que sirven a las necesidades domésticas. Im-
porta que los lugares de inhumación estén bastante lejos de las corrientes de
agua para estar al abrigo de las inundaciones”32.
Ante todas estas manifestaciones de desagrado por los cementerios del norte
de Caracas, se distingue la postura del experimentado ingeniero Luis Mario
Montero, Presidente de la Comisión de Cementerios, quien también revisa,
en un informe dirigido a la Facultad Médica de Caracas 33, los tratados de
higiene para dar su parecer acerca de las condiciones de los camposantos cues-
tionados. De entrada, resalta que estos últimos cumplirían a cabalidad con los
requerimientos mínimos exigidos, porque la ubicación de los tres, a mucha
distancia del poblado, se escogió después de realizados estudios concienzudos
por hombres capaces; pero sería censurable su aspecto exterior y el estado de
abandono en el que se encuentran, así como ciertas prácticas que pudieran
generar detrimentos a la salud. La composición geológica de los suelos es
de arcilla (llamada de alfarero), y están desprovistos de árboles y arbustos,
31. Manuel Antonio Diez, “La quebrada de los muertos”, La Opinión Nacional, Caracas, martes 28 de
julio de 1874.
32. Ídem. Por otra parte, el Tratado de higiene… de Michel Lévi (o Lévy), de 1856, fue de gran influencia
entre los intelectuales guzmancistas, incluso el mismo De los Ríos, en su opúsculo ya citado, difunde
ideas provenientes de este higienista francés. Sobre Lévy ver: Alain Corbin, Ob. Cit., pp. 157 y 180.
33. Luis Mario Montero, “Informe que presenta a la comisión central de redacción de la Facultad Médi-
ca de Caracas el presidente de la comisión de cementerios”, La Opinión Nacional, Caracas, jueves 23
de abril de 1875.
ESTUDIOS 107
levantándose una paja pequeña formando un verde colchón. Igualmente, los
vientos de esta sabana serían los adecuados para este tipo de emplazamiento,
ya que soplan sobre ella a distinta hora los del este y el oeste; incluso, en el
caso de que se dirigieran hacia la población, los aires agitados se tornarían
menos densos, elevándose, debido a los efectos producidos por el calor, lo que
los haría inofensivos por la distancia en que se localizan los cementerios, en un
terreno inclinado, seco, bastante elevado, ubicado en la sabana
…que se estiende (sic) al Norte hasta la falda del Ávila una gran
porción de terreno limitado por los riachuelos de Anauco y Cotiza al
Noreste, el Anauco también al Este y la quebrada llamada Punceles
al Oeste y Sur. Todas las aguas pluviales son recibidas por esta que-
brada, que en la misma sabana nace por tres zanjones, notables en
los espacios que separan los cimenterios (sic); dichas aguas son con-
ducidas al Catuche donde ella desemboca, mui (sic) abajo, es decir
entre los puentes de Punceles y Ña Romualda; sin que Anauco, ni
Cotiza puedan recibir ninguna, en virtud de la forma del terreno y
de su inclinación al 4 y 5 por ciento con dirección al Sur, ni mucho
menos Catuche por encima del punto en que esta quebrada desem-
boca; quedando así libertadas las aguas del consumo de la población
de la incorporación con las que corren por estas sabanas cuando cae
la lluvia34.
Finalmente, el cementerio de la Concepción (Los Hijos de Dios), asegura
Montero, sería el más apto para las inhumaciones, ya que se ubicaba a 2.000
mt. del centro de Caracas (Plaza Bolívar), y a 600 mt. de los linderos de ésta,
con lo cual cumpliría con las condiciones mínimas necesarias para su empla
zamiento y también su estado de conservación sería el más óptimo35.
Por otra parte, el notable químico Vicente Marcano elabora, en abril de
1876, debido a los temores que se han suscitado en la población por un brote
epidémico de origen desconocido, un prolijo estudio sobre las aguas que son
consumidas en Caracas. Las sospechas, una vez más, recaen en las aguas que
34. Ídem. Entre 1874 y 1896, Los Hijos de Dios aparece como cementerio de la Concepción en los
mapas de Caracas, Irma de Sola Ricardo, Contribución al estudio de los planos de Caracas, Caracas,
Ediciones del Comité de Obras Culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1967, pp. 75-96.
35. Ídem.
108 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
provienen de la parte norte de la ciudad, e incluso se llega a temer por la
pureza de las que filtra el recién inaugurado acueducto de Caracas. Marcano
hace énfasis en lo “Importante y trascendental [que] es para la higiene pública,
la determinación de la naturaleza y sobre todo de la cantidad de sustancias,
disueltas en las aguas que alimentan una población”36. Por ello, con los instru-
mentos que le son afines, hace una medición de la pureza de las posibles fuen-
tes de enfermedades, que incluyen las aguas del Catuche, llegando a aseverar:
“…las aguas que alimentan la población de Caracas son intachables bajo to-
dos respectos, y en ningún caso puede atribuírseles acción nociva sobre el
estado sanitario de la ciudad”37.
A manera de conclusiones
El gobierno en el Septenio, ante la insistencia de la propuesta emanada
desde las tribunas públicas, o valiéndose más bien de ella, formuló la prescin-
dencia de tener otro cementerio en la capital que poseyera las mismas carac-
terísticas de los criticados. Así, lo que se hacía indispensable, para el criterio
europeizante de moda, era una necrópolis o ciudad de los muertos, lo que
implicaba elaborar un discurso en torno a las inhumaciones y sus aspectos
simbólicos. Los intelectuales y propagandistas cercanos al gobierno procla-
maron un enjundioso discurso, que tuvo a la salubridad pública como estan-
darte, cuyo basamento contemplaba la teoría miasmática, la cual desdeñaba
las inhumaciones en la ciudad por ser causa, en apariencia, de enfermedades
contagiosas. La arremetida se produjo por medio de una suerte de manuales
de urbanidad, artículos divulgativos o bien concienzudos estudios científi-
cos en la prensa oficialista. En estos escritos, que contenían una elaborada
normativa de conducta civil relacionada con la higiene, había un propósito
aleccionador en torno a estas inquietudes, ya que no se desdeñó el adoc-
trinamiento sustentado en argumentos científicos que estaban dirigidos a
la opinión pública ilustrada, la cual podía tener acceso a este tipo de publi-
caciones. Allí, se justificó, además, desde diversas aristas, la clausura de los
cementerios tradicionales para instaurar uno nuevo fuera de la ciudad. Pero
36. Vicente Marcano, “Estudio químico. Sobre las aguas potables de la ciudad de Caracas”, La Opinión
Nacional, Caracas, sábado 29 de abril de 1876.
37. Ídem.
ESTUDIOS 109
este parapeto publicista, que incluso tenía contradicciones en su concepción,
no pudo demostrar del todo la inconveniencia de seguir inhumando en los
cementerios católicos del norte de la ciudad. Más bien quedó en evidencia que
ese discurso era aprovechado para imponer las nuevas concepciones moderni-
zantes, proporcionando al Estado la argumentación necesaria para debilitar
aún más a la Iglesia, cuestión que fue reforzada con severas legislaciones que
impedían la injerencia eclesiástica en estos asuntos. Las autoridades eclesiásti-
cas se vieron obligadas a permitir que se instalara en el Rincón del Valle la
necrópolis de inspiración laica, lo que en la práctica restó aún más poder sim-
bólico a la Iglesia católica, ya que esta institución había tenido plena potestad
sobre los actos de inhumación desde la Colonia.
111
Gobernadores y Tenientes de Gobernador
en la Provincia de Venezuela.
De los Welser a Juan de Villegas (1528-1553)
Gilberto R. Quintero L. (*)
Es bien conocido que para el gobierno y explotación económica de sus
Colonias de ultramar, España creó una estructura institucional que los
especialistas han denominado Estado Indiano. Este aparato institucional
comprendió organismos centrales, ubicados en la propia metrópoli (Casa
de Contratación, Consejo de Indias, Secretaría del Despacho Universal de
Indias), organismos provinciales en América (Vicerreinatos, Presidencias,
Gobernaciones, Audiencias, Intendencias y otros) y organismos de carácter
local (Ayuntamiento, Corregidores, Alcaldes mayores, Tenientes de Gober-
nador, etc.). Los organismos de carácter provincial y local fueron transplan-
tados de la Península al llamado Nuevo Mundo por aplicación del principio
de accesión1, adquiriendo en América fisonomía particular. Tal implantación
de instituciones y de los correspondientes funcionarios se operó fundamen-
talmente en el transcurso del proceso de conquista y colonización de los
diversos territorios americanos (conocidos inicialmente con el nombre de
las Indias Occidentales)2.
(*) Investigador de historiografía en Venezuela. Historiador de la Universidad de los Andes,
Departamento de Historia de América y Venezuela.
1. Vid. Juan Manzano Manzano: La Incorporación de las Indias a la Corona de Castilla. Madrid,
Cultura Hispánica, 1948, p. 353.
2. Sobre el transplante de las instituciones hispanas a América, véase: Mario Góngora: El Estado en el
Derecho Indiano. Época de Fundación (1492-1570). Santiago de Chile, Instituto de Investigaciones
Historiográfico-Culturales de la Universidad de Chile, 1951, pp. 36-40; Clarence H. Haring: El
Imperio Hispánico en América. Buenos Aires, Solar-Hachete, 1966, pp. 18-35; Horacio López
Guédez: La Formación Histórica del Derecho Indiano (1492-1517). Mérida (Venezuela), Universidad
de los Andes, 1971, pp. 13-23; Horacio López Guédez: Los Reyes Católicos y América (1492-
112 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Una de las primeras instituciones que España implantó en sus territorios
de América fue la figura del Gobernador y Capitán General, especialmente en
las llamadas provincias menores: esto es, aquellos territorios considerados por
la Corona como de poca importancia económica (aunque sí desde el punto
de vista estratégico y geopolítico), razón por la cual no las incluyó ni dentro
de las jurisdicciones de los vicerreinatos ni instaló en ellas reales audiencias.
Particularmente en la etapa de la gran expansión colonial, como expresión
concreta de la tendencia al establecimiento permanente, que se desarrolla en-
tre 1518 y 1570, se crean numerosas provincias al frente de las cuales hay un
Gobernador, con o sin título de Adelantado. Conforme al Derecho Castella-
no y a la práctica hasta entonces seguida en las Indias, estos Gobernadores
pueden nombrar tanto Tenientes de Gobernador como Alcaldes Mayores, con
funciones delegadas gubernativas y judiciales los primeros, y propias judiciales
los segundo.
Hubo tres clases de Tenientes de Gobernador: El Teniente Letrado el Te-
niente General y el Teniente Territorial o Particular. El primero era un abogado
o perito en Derecho que actuaba al lado del Gobernador en calidad de asesor
en las materias de gobierno y justicia3. El segundo, por su parte, recibía los
poderes que le concedía el Gobernador aunque por lo común éste le conce-
día un mandato amplio. Cuando el Teniente General era letrado, asesoraba
a aquél en el ejercicio de sus atribuciones judiciales y en los asuntos de go-
bierno. Cuando no lo era, por lo general desempeñaba funciones de mando
militar o las de gobierno y justicia que les fueran encomendadas. Reempla-
zaba al Gobernador en caso de muerte o ausencia hasta que llegara un nuevo
designado por el Monarca, el Virrey o la Audiencia respectiva, según el caso4.
Se estableció, además, que si era letrado, debía ser examinado por el Consejo
de Indias o por la Audiencia del distrito respectivo5. Por su parte, los Tenien-
tes de Gobernador particulares o territoriales representaban la autoridad del
1517). Mérida (Venezuela), Universidad de los Andes, 1976, pp. 25-32; Ricardo Zorraquín Becú:
La Organización Política Argentina en el Período Hispánico. Buenos Aires, Emecé Editores, 1959,
pp. 11-23; Alfonso García Gallo: “Alcaldes Mayores y Corregidores en Indias”. Memoria del Primer
Congreso Venezolano de Historia (del 28 de junio al 4 de julio de 1971). Caracas, Academia Nacional
de la Historia, 1972, T.I, pp. 302-324: Richard Konetzke: América Latina. La Época Colonial.
(Pedro Scaron, trad.). 8va. de. México, Siglo XXI Editores, 1979, pp. 34-40 y 99-152.
3. Vid. Alfonso García Gallo: “Alcaldes Mayores...”, p. 322.
4. Vid. Recopilación de Leyes de los Reinos de las Indias. 5ta. de. Madrid, Doix Editor, 1841: Ley
12, Tit. 3, Lib. 5.
5. Ibid. Ley 39, Tit. 2, Lib. 5.
ESTUDIOS 113
Gobernador en las poblaciones o comarcas donde eran puestos por éste En
general, eran funcionarios que ejercían las atribuciones del Gobernador en
virtud de una delegación siempre revocable6.
Estos tenientes, puestos y quitados por el Gobernador a su arbitrio, en la
práctica se estabilizan en la ciudad o provincia donde se establecen: en Cuz-
co en 1534 y en Arcena y Quimbaya, en 1540, por Pizarro; en Cubagua en
1536, en Cartagena en 1551, etc. Contra el abuso de estas lugarteniencias,
que multiplican innecesariamente el número de oficiales, se prohibe al Gober-
nador nombrarlos donde él se instale (Real Cédula del 22 de enero de 1556,
dirigida al Gobernador de Popayán). Su número total no se puede calcular,
dada su inestabilidad en la segunda mitad del siglo XVI, más estabilizado el
sistema Colonial Español, es grande el número de ellos en varias provincias7.
En realidad, los Tenientes de Gobernador se establecieron fundamental-
mente en las provincias donde no era costumbre colocar Alcaldes Mayores y
Corregidores para las poblaciones de españoles. Tal es el caso, por ejemplo, de
las provincias de Buenos Aires, Tucumán y Venezuela.
En Río de la Plata, a fines del siglo XVII y principios del siglo XVIII, los
gobernadores acostumbraban nombrar como Teniente General al Alcalde de
Primer Voto de Buenos Aires. Pero esta acumulación de oficio fue prohibido
en 1707 por la Audiencia de Charcas, a pesar de lo cual continuaron estas de-
signaciones durante algún tiempo. En el siglo XVIII, apareció un nuevo fun-
cionario que sustituyó a los Tenientes Generales. Se trata del Teniente del Rey,
oficio principalmente de guerra, cuyo primer titular se presentó en Buenos Ai-
res en 1716 y en Tucumán en 1743; y que pasó a ser el reemplazante legal del
Gobernador en caso de muerte, ausencia o enfermedad de este funcionario8.
Por cierto, en la Provincia Venezuela, el establecimiento del Teniente del Rey
también vino a resolver el problema de la sucesión interina del Gobernador
titular cuando éste fallecía o se ausentaba por algún otro motivo9.
6. Ibid. Ley 56, Tit. 2, Lib. 3. Cfr. Ricardo Zorraquín Becú: La Organización Política... [Link]., pp.
176-178.
7. Vid. Alfonso García Gallo: “Alcaldes Mayores...”, pp. 323-324.
8. Vid. Ricardo Zorraquín Becún: La Organización Política..., pp. 175-176.
9. Vid. Héctor García Chuecos: La Capitanía General de Venezuela. Apuntes para una Exposición del
Derecho Político Colonial Venezolano. Caracas, C.A. Artes Gráficas, 1945, pp. 1-6 y 27-54.
114 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Los Tenientes de Gobernador territoriales o particulares eran magistrados
en los que el Gobernador delegaba su autoridad para ejercer el mando en cada
uno de las poblaciones subalternas donde residían. Estos funcionarios nor-
malmente ostentaron el título de Teniente de Gobernador (o Lugarteniente),
Capitán o Cabo Principal a Guerra y Justicia Mayor. A veces, también se les
agregaba los títulos de Corregidor de Naturales y de Juez de Comisos. Su nom-
bramiento era privativo del Gobernador, que al principio lo elegía con entera
libertad. Pero ya a fines del siglo XVI comenzaron a establecerse restricciones.
Así, por ejemplo, los candidatos al cargo no debían ser parientes ni criados del
mandatario que lo designaban. Esta prohibición quedó plasmada en una Real
Cédula de fecha 12 de diciembre de 1619. Por ésta se prohibía expresamente
dar oficios a los parientes comprendidos dentro del cuarto grado, así como a
los criados de los Virreyes, Oidores y Gobernadores. También ordenaba que
se prefiriera a los naturales de América, y de entre éstos, a los hijos y nietos de
los primeros colonizadores10. Quedó también prohibido acumular los cargos
de Oficial Real y Teniente de Gobernador, según mandato contenido en Real
Cédula de 14 de diciembre de 160611. Se dispuso, además, que éstos no fueran
naturales del lugar en donde debían ejercer sus funciones12; aunque no siempre
se cumplió ésta disposición. Los nombramientos de Tenientes debían recibir
confirmación del Consejo de Indias o, en su defecto, de la Audiencia del dis-
trito, sin cuyo requisito caducaban después de cierto plazo. Posteriormente se
dispuso que esa confirmación debían obtenerla antes de asumir el cargo13. Al
igual que los Gobernadores, Corregidores y Alcaldes Mayores, los Tenientes
debían presentar sus títulos al Cabildo de la población donde iban a recibir,
presentar juramento y ofrecer fianza para asegurar su buen desempeño14. Tam-
poco podían tratar ni contratar mientras ejercieran su oficio15.
Las facultades del Teniente de Gobernador territorial o particular
derivaban de los poderes concedidos en los títulos. Abarcaban atribuciones
gubernativas, judiciales y militares. En este sentido, entre otras tareas y atri-
buciones, le correspondía presidir el Cabildo, vigilaban la vida económica del
10. Recopilación de 1680: Ley 45, Tit. 5, Lib. 2.
11. Ibid.: Ley 40, Tit. 5, Lib. 2.
12. Ibid.: Ley 45, Tit. 5, Lib. 2.
13. Ibid.: Ley 7, Tit. 2, Lib. 5
14. Ibid.: Ley 9, Tit. 2, Lib. 5
15. Ibid.: Ley 47, Tit. 2, Lib. 5.
ESTUDIOS 115
Municipio, atendía la defensa del territorio y era juez de primera instancia en
los asuntos ordinarios, o de segunda instancia por apelación de sentencias dic-
tadas por los Alcaldes Ordinarios. Estas atribuciones tan amplias quedaban,
sin embargo, subordinadas a la autoridad y vigilancia del Gobernador respec-
tivo, el cual desde luego podía impartirle órdenes y aún revocar sus decisio-
nes. No obstante esta subordinación, la distancia entre las poblaciones con
Tenientes y la capital provincial, así como el ejercicio de tantas atribuciones,
convertían al Teniente en un verdadero régulo de la localidad donde actuaba,
cuyo desenvolvimiento dirigía con amplio discrecionalismo y autonomía de
los funcionarios provinciales16.
La figura del Teniente de Gobernador se conoció en la Provincia y Gober-
nación de Venezuela prácticamente desde el mismo inicio de la conquista y
colonización efectiva de su territorio (tendencia al desarrollo de poblaciones
permanentes de españoles). Así tenemos que bajo los Gobernadores alemanes
(los Welser), varios individuos ejercieron este oficio. En 1529, al salir en expe-
dición, Ambrosio Alfínger dejó como su Teniente General a Luis Sarmiento.
El 18 de abril de 1530 llegó a Coro Juan de Seissenhoffer, quien es recono-
cido por nuevo Gobernador en lugar de Alfínger, a quien se creía muerto.
Seissenhoffer, mejor conocido como Juan Alemán, nombró como su Teniente
a Nicolás Federman. Cuando Alfínger retorna a Coro en mayo de 1530, rea-
sume el Gobierno y ratifica a Federman como Teniente de Gobernador. El 1º
de agosto de 1530 se embarcó Alfínger para Santo Domingo, dejando como
Tenientes a Luis González de Leiva en la ranchería que había fundado en la
Costa del Lago de Maracaibo (llamada entonces por los conquistadores “La-
guna de Maracaibo”) y a Federman en Coro, con la facultad para cambiar a
Leiva si lo creyese conveniente.
Como se ve, en este caso Federman actúa en calidad de Teniente de Gober-
nador general y Leiva como Teniente de Gobernador territorial o particular.
Alfínger regresa a Coro en enero de 1531. Federman estaba afuera, reali-
zando una expedición no autorizada. En Coro estaba encargado Bartolomé
16. Sobre las atribuciones de los Tenientes de Gobernador territoriales, llamados después genéricamente
Tenientes de Justicia Mayor, véase mi trabajo: El Teniente Justicia Mayor en la Administración
Colonial Venezolana. Aproximación a su Estudio Histórico Jurídico. Caracas, Academia Nacional de
la Historia, 1986 (Biblioteca de la A.N.H. Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 231),
pp. 221.
116 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
de Santillana y en Maracaibo Gómez de Anaya. Alfínger parte nuevamente
con destino a Maracaibo, dejando encargo a Bartolomé de Santillana, quien
ejerció como Teniente General desde junio de 1531 hasta noviembre de 1533,
cuando fue depuesto por los Alcalde Ordinarios. Estos ejercen plenamente el
poder hasta junio de 1534, cuando llega el Gobernador interino, nombrado
por la Real Audiencia de Santo Domingo, Rodrigo de Bastidas, primer Obis-
po de la Diócesis de Venezuela17.
En enero de 1535 Bastidas regresa a Santo Domingo, dejando encarga-
do del Gobierno a Alonso Vázquez de Acuña, quien como Teniente General
lo ejerce hasta la llegada del segundo Gobernador alemán, Jorge Hohermut
(llamado por los españoles de Coro Jorge de Spira), en febrero de ese año.
Este nombra como su Teniente a Federman y parte para Santo Domingo en
busca de nuevos recursos y hombres. Por cierto, uno de los primeros actos de
Spira fue escribir una carta a la Audiencia de Santo Domingo, de fecha 27 de
febrero de 1535, en la que decía, entre otras cosas, que los Oficiales Reales de
Coro con otros individuos quitaron las varas a Bartolomé Sailler (Bartolomé
de Santillana), Teniente de Gobernador que fue, y cuyo proceso lo envió el
Obispo a la Audiencia. Esta ordenó a Spira investigar como fue que sucedie-
ron los hechos y una relación de los delitos que hubiese cometido Santillana
o sus subalternos18.
Cabe destacar que por Real Cédula dada en Madrid el 5 de octubre de
1535, Federman fue nombrado Gobernador y Capitán general de Venezuela,
en lugar de Spira, cargo que nunca llegó a ejercer efectivamente, ya que los
Alcaldes Ordinarios de Coro le ocultaron tanto la Cédula como su título.
En todo caso se le autorizaba para nombrar Lugarteniente que lo ayudara en las
17. Vid. Antonio Arellano Moreno: Breve Historia de Venezuela (1492-1958). 2da. de. Caracas,
Italgráfica, 1974, pp. 50-57; Guillermo Morón: Historia de Venezuela. Caracas, Italgráfica, 1971,
[Link], pp. 326-333. En el tomo I, pp. 326-333, el autor da cuenta de la presencia de varios Tenientes
de Gobernador en el Cabo de la Vela.
18. Vid. Enrique OTTE (comp.): Cedulación de la Monarquía Española Relativos a la Provincia de
Venezuela (1529-1552). Caracas, Fundaciones John Boulton y Eugenio Mendoza, 1959, T. II,
pp. 1-2; Fray Pedro de Aguado: Recopilación Historial de Venezuela. (Guillermo Morón, estudio
preliminar). 2da. de. Caracas, Academia Nacional de la Historia, 1987 (Biblioteca de la A.N.H.
Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 62), T.I, pp. 19-125; Fray Pedro Simón; Noticia
Historiales de Venezuela. (Demetrio Ramos Pérez, estudio preliminares). Caracas, Academia Nacional
de la Historia, 1663 (Biblioteca de la A.N.H.- Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 66),
T.I, pp. 103-131 y 229-233.
ESTUDIOS 117
tareas de gobierno y administración de justicia19. Este privilegio fue ratifi-
cado por otra Real Cédula fechada en Madrid a 16 de diciembre de 1535,
donde se ordenaba que en caso de fallecer el gobernador Federman durante
el ejercicio de su gobierno, lo reemplazara su Teniente de Gobernador, hasta
que los factores Bartolomé y Antonio Welser proveyeran nueva persona para
Gobernador de Venezuela. El Teniente tenía que ser español y, en este caso, lo
fue Pedro de Limpiezas20.
Estando ausente Spira y sin saber que había sido nombrado Gobernador,
Federman salió en busca del mítico Dorado. Deja en Coro a Francisco Ve-
negas como su Teniente. Este muere a mediados de 1537 y le sucede Pedro
Cueva, quien, a su vez, es reemplazado por el Obispo Bastidas, enviado nue-
vamente en calidad de Gobernador interino por la Audiencia dominicana21.
Para 1538 gobierna en Coro como Alcalde Mayor, en lugar del Obispo
Bastidas, el doctor Antonio Navarro, Juez de Residencia enviado por la Au-
diencia de Santo Domingo. En ese momento retorna Spira a Coro, quien es
suspendido por Navarro para juzgarlo. Cuando recupera el gobierno (Real
Cédula, fechada en Toledo, a 18 de abril de 1539) y se prepara para emprender
otra expedición, después de viajar a Santo Domingo, lo sorprende la muerte
en julio de 1540. Los sustituye como interino Juan de Villegas, nombrado
Alcalde Mayor de Coro por voluntad del propio Spira. Villegas gobierna hasta
el 7 de diciembre de ese año, cuando toma posesión el interino nombrado por
la Audiencia de Santo Domingo, que lo es de nuevo el Obispo Bastidas. En
ese momento, el capitán Felipe Hutten estaba en los Valles de Barquisimeto,
a donde había sido enviado por Spira al frente de la vanguardia de su segunda
expedición. cuando retornó a Coro, Bastidas lo nombró como su Teniente con
el rango de Capitán General, a objeto de que prosiguiera la explotación22.
19. Enrique OTTE (comp.): Ibid., [Link], pp. 3-8. Cfr. Fray Pedro de Aguado: ibid., T.I, 127-133; Fray
Pedro Simón: Ibid., T.I, pp. 229-233.
20. Vid. Enrique OTTe (comp.): Ibid., [Link], pp. 27-28 y 52-53.
21. Vid. Guillermo Morón: Ob. Cit., [Link], pp. 36-40. Cfr. Fray Pedro de Aguado: Ibid., T.I, pp.
135-215; Fray Pedro Simón: Ibid., T.I, pp. 233-298. Cfr. Guillermo Morón: Ob. Cit., T. III, pp.
35-43.
22. Vid. Guillermo Morón: Ibid., [Link], pp. 43-50. Cfr. Fray Pedro de Aguado: Ibid., T.I, pp. 217-
256.
118 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Bastidas retorna a Santo Domingo, de donde vuelve a Coro en diciembre
en 1541. Ejerce el cargo hasta principio de 1542, cuando es promovido al
Obispado de Puerto Rico. En esta etapa autorizó Hutten a realizar una nueva
expedición hacia el interior de la Provincia. Hutten recibiría luego el título de
Gobernador interino y 1544, el de Gobernador efectivo23.
Al ser promovido al Obispo de Puerto Rico, Bastidas dejó el gobierno
de la Provincia interinamente en manos del portugués Diego de Boica, por
hallarse entonces fuera Hutten. Boica ejerció la interinaria durante unos diez
meses, pues la Audiencia dominicana despachó título de Alcalde Mayor y
Gobernador interino para Enrique Remboldt, factor de los Welser en Coro
(noviembre de 1542). Tuvo de Teniente a Juan de Villegas, quien marchó a la
isla de Margarita en busca de nuevos pobladores, regresando en septiembre de
1544. Se encontró con que Remboldt había fallecido, por lo que el gobierno
de la Provincia lo estaban ejerciendo los Alcaldes Ordinarios de Coro. A fines
de diciembre llegó Juan de Carvajal, quien asumió el gobierno en su carácter
de Teniente del licenciado Juan Frías, nombrado Gobernador interino y Juez
de Residencia de Remboldt por la Audiencia de Santo Domingo. Frías es sus-
tituido por Juan Pérez de Tolosa, nombrado Juez de Residencia y Gobernador
interino de la Provincia de Venezuela por Real Cédula del 12 de septiembre
de 1545. Tolosa, que ejerce el gobierno entre 1546 y 1549, nombró como su
Teniente y Capitán General a Juan de Villegas el 6 de abril de 1547. A raíz
de su expedición al Cabo de la Vela, trasladó a Villegas para El Tocuyo y dejó
por Teniente en la ciudad de Coro a su hermano Alonso Pérez de Tolosa. Ya
muerto Pérez de Tolosa, Villegas se encargo del gobierno como interino. La
Audiencia de Santo Domingo le ratifica la interinaria el 14 de junio de 1549
como Gobernador, Capitán General y Alcalde Mayor; poderes que ejercerá
hasta su muerte acaecida en 1553. Durante su mandato tuvo por Tenientes
a Alonso Pérez de Tolosa, Pedro Alvarez, Bartolomé García y Martín de
Arteaga24.
23. Vid. Fray Pedro de Aguado: Ibid., T.I, pp. 257-272. Cfr. “Diario y Cartas de Felipe de Hutten”.
En: Academia Nacional de la Historia: Descubrimiento y Conquista de Venezuela (Textos históricos
contemporáneos y documentos fundamentales). (Joaquín Gabaldón Márquez, compilador). Caracas,
Academia Nacional de la Historia, 1962 (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia-Fuentes
para la Historia Colonial de Venezuela, 55), [Link], pp. 339-397.
24. Vid. Guillermo Morón: Ob. Cit., [Link], pp. 50 y ss. Cfr. Fray Pedro de Aguado: Ob. Cit., T., pp.
253-256 y 273-321.
ESTUDIOS 119
Como se ve, fue cosa normal que los Gobernadores de la primitiva Provincia
de Venezuela contaran con el auxilio de Teniente: bien de carácter general;
bien de carácter particular o territorial. Hasta el punto de que los sucesores
de Villegas los continuaron nombrando, tanto para proseguir el proceso de
establecimiento permanente como ampliación del dominio hispano en el te-
rritorio objeto de colonización, como para mantener el control político de los
Cabildos, no siempre dispuestos a acatar los mandatos de la Corona y de los
órganos metropolitanos de gobierno, y atajar en lo posible su tendencia a una
creciente autonomía25. Lo que se tradujo, durante la segunda mitad del siglo
XVI y todo el siglo XVII, en continuos enfrentamientos entre los Cabildos
de la Provincia y los Gobernadores, por causa del nombramiento que estos
hacían de aquellos funcionarios. Lo que habla a las claras de la importancia
estratégica que tuvo este funcionario en lo relativo a control de las poblacio-
nes donde eran colocados y al efectivo cumplimiento de las directrices de la
política metropolitana en sus territorios de ultramar. De ahí las amplícimas
facultades con que se dotó el cargo y su papel relevante en la administración
colonial de las primitivas provincias venezolanas.
25. Vid. Gilberto Quintero. Op. cit., pp. 118-138.
121
Dinámica de la Junta Revolucionaria
de Gobierno en el contexto internacional
1945-1948: Defensa y promoción
de la democracia.
Documentos para la contribución metodológica al estudio
de la historia diplomática de Venezuela siglo XX
Luis Manuel Marcano Salazar (*)
Resumen: El presente trabajo representa un estudio cronológico de la
dinámica internacional y la política exterior desarrollada por la Junta
Revolucionaria de Gobierno 1945-1948, fundamentándose sobre una
idea principal: la defensa de la democracia continental y mundial como
instrumento político.
Palabras claves: Trienio adeco. Política exterior. Defensa de la Demo-
cracia. Diplomacia multilateral.
A manera de introducción
El presente trabajo constituye una cronología analítica de la dinámica in-
ternacional desarrollada por Venezuela durante el Trienio adeco 1945-1948,
construida sobre fuentes primarias y otras segundarias que aportaron datos de
primera mano. Cuando hablamos de “dinámica internacional”, nos referimos
al movimiento gubernamental que se realiza en diversos escenarios y que desa-
rrolla una política exterior encaminada al logro de ciertos objetivos. En virtud
de ello, nuestro discurso parte de la hipótesis que considera que la promoción
(*) Diplomático de Carrera. Lic en Historia y Abogado. Cursante del Doctorado en Historia UCAB.
122 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
de la democracia como agenda en la política exterior pretendió el logro de la
estabilidad del sistema doméstico y fue utilizada para alcanzar otros objetivos
de protagonismo internacional. Entonces, la lucha por la estabilidad del siste-
ma democrático fue librada también en diversos escenarios internacionales y a
través de otras formas de democratización, como lo fue la solicitud liderizada
por la delegación venezolana para la eliminación del veto, cuyo objetivo era,
democratizar el sistema de relaciones de los pueblos en la nueva Organización
Internacional. Dos ideas principales abordamos para la realización del traba-
jo: 1- El estudio de los hechos del 18 de octubre de 1945, el reconocimiento
internacional y 2- la promoción de la democracia a nivel continental y mun-
dial. Nuestro recorrido cronológico atraviesa los momentos ocurridos el 18
de octubre de 1945 y el proceso de reconocimiento internacional que se va a
establecer desde el 23 de octubre hasta entrado el mes de noviembre de 1945.
Estudiaremos cómo, luego de haberse reconocido el gobierno de la Junta, Ve-
nezuela encabezará un movimiento latinoamericano en defensa y promoción
de la democracia, que años más tarde sería conocido por la historiografía de
la política exterior como la “Doctrina Betancourt”. Revisaremos la dinámica
internacional desarrollada por el gobierno contra las dictaduras continentales
y mundiales como las de Rafael Leonidas Trujillo en República Dominicana
y Francisco Franco en España y comprenderemos, que parte de ésta política
estuvo condimentada por una postura particular de Betancourt como Presi-
dente de la Junta de Gobierno y como Jefe de la delegación venezolana en la
IX Conferencia Interamericana realizada en Bogota entre el 30 de marzo y el
31 de abril de 1948, en momentos en los que ocurre el homicidio de Jorge
Eliécer Gaitán. Revisaremos la cronología de la gira realizada por Betancourt
como Presidente de la Junta por algunos países latinoamericanos, en donde
por primera vez expuso los fundamentos de la doctrina en defensa de la de-
mocracia continental y mundial.
Finalmente, del estudio de las fuentes, podremos llegar a algunas conside-
raciones que dicen de la distancia entre las aspiraciones en materia internacio-
nal y las políticas desarrolladas, un tanto inconsistentes y (des)coordinadas.
ESTUDIOS 123
Los hechos del 18 de octubre de 1945 y el reconocimiento
internacional: promoción de la democracia
Una revisión de las fuentes primarias1 indica con claridad lo ocurrido el
día 18 de octubre de 1945, denominado por unos como “la revolución de
octubre”2 y por otros como un simple y común “golpe de Estado”3. No será
nuestra función juzgar sobre la categorización histórica de esos hechos; nos
limitaremos a describir e interpretar a la luz de fuentes de primera mano lo
ocurrido y la dinámica internacional desarrollada por la denominada Junta
Revolucionaria de Gobierno.
La importancia de conocer sobre los aspectos domésticos, es que estos diri-
gen el actuar internacional de un Estado-nación, toda vez que el país es como
una moneda, tiene dos caras: la política exterior y la política interna4.
Las escaramuzas se inician en la Escuela Militar5 y un día después el 19
de octubre, el Presidente Medina Angarita se entrega. El comunicado a las
Embajadas, horas después de los hechos, indicó:
“Movimiento revolucionario de oficiales jóvenes del Ejército Nacio-
nal, en combinación con el partido Acción Democrática inspirado en
1. La mayoría de las fuentes utilizadas en este papel de trabajo son primarias recopiladas del Archivo
del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, del Centro de Documentación de la
Organización de Naciones Unidas en Nueva York, Documentos de los Archivos Nacionales del
Departamento de Estado Norteamericano en ocasión de la Invasión de Nicaragua a Costa Rica y
entrevistas realizadas.
2. La historiografía venezolana recoge esta categoría fundamentalmente de quienes han realizado una
apología de los hechos del 18 de octubre de 1945.
3. Historiadores revisionistas han otorgado esta categoría a la luz de paradigmas de las ciencias políticas
mediante los cuales el derrocamiento de un gobierno constituye en su esencia inmediata un Golpe
de Estado.
4. Esta relación la expuso el Canciller José Alberto Zambrano Velasco al referirse al impacto que el
sistema doméstico tiene sobre el sistema internacional y la política exterior de un Estado-nación.
5. Entrevista realizada el 30 de Junio de 2008 al Coronel del ejercito (r) Alberto Miliani Balza, cadete
del segundo año de la Escuela Militar el 18 de octubre de 1945 quien participó en los hechos
que son objeto de estudio. Relata el Coronel Miliani que estaba muy tranquilo ese día hasta que
un oficial llegó y alertó a los cadetes indicándoles que “la patria estaba en peligro”. Tal situación
movilizó al cuerpo de cadetes, algunos de los cuales fallecieron ese día, y quienes lograron salvarse
recibieron el grado de subteniente.
124 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
el propósito de establecer el voto directo, secreto, y universal para la
elección de Presidente de la República, derrocó el día 19 de octubre
al Gobierno del General Isaías Medina Angarita y se constituyó la
Junta Revolucionaria de Gobierno conforme acta levantada el mis-
mo día en la sala presidencial del Palacio de Miraflores formada
por las siguientes personas: Rómulo Betancourt, Mayor Carlos Del-
gado Chalbaud, Doctor Raúl Leoni, Capitán Mario Vargas, Doctor
Gonzalo Barrios, Doctor Luis Beltrán Prieto F. y Doctor Edmundo
Fernández’’ 6.
Consideramos que este comunicado se orientó inicialmente a dar a cono-
cer al cuerpo diplomático venezolano acreditado en el exterior lo ocurrido en
Caracas, para determinar con cuantos funcionarios contaría el nuevo gobier-
no en miras de cumplir las funciones de gran importancia que seguirían. En
efecto, como respuesta inmediata el cónsul en Bonaire aclaró en radiograma
de fecha 22 de octubre su carácter independiente al indicar “…yo no perte-
nezco al P.D.V….”7. Casi de inmediato de instalada la Junta Revolucionaria
de Gobierno, se pone en movimiento el aparato de política exterior, toda vez,
que los mandos medios de su estructura funcionarial no fue suplantada de
inmediato, constituyéndose en obedientes cumplidores de las instrucciones
emanadas desde Caracas8. En el comunicado de fecha 23 de octubre de 19459,
enviado a la embajada de Venezuela en Londres, se manifiestan dos caracterís-
ticas de una agresiva acción exterior: 1- la orden de solicitar el reconocimiento
ante los gobiernos respectivos y 2- la expresa mención del riguroso cumpli-
miento por parte del nuevo gobierno de las obligaciones contraídas por la
República antes y después de los hechos de octubre:
6. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. (Sin Foliatura). Comunicado de fecha
22 de octubre de 1945 enviado a las embajadas de Los Estados Unidos de Venezuela ente los gobiernos
de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Inglaterra, México, Panamá, Perú, Unión
de Repúblicas Socialistas Soviéticas, Cuba, España, Francia, Guatemala, Haití, Paraguay, Portugal,
República Dominicana, Santa Sede, Italia, Uruguay, Consta Rica, Canadá, Trinidad, Curazao.
7. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Radiograma de fecha 22 de octubre
de 1945, signado por el cónsul Delgado en Bonaire.
8. Se evidencia en el Registro de Personal Diplomático llevado por la oficina de personal de la Cancillería
durante el día y los meses posteriores al 18 de octubre que el personal diplomático permaneció casi
inmutable. Tal consideración concuerda con las instrucciones emanadas del Despacho del Canciller,
según se acota en documento del 23 de octubre de 1945 que citamos en este papel de trabajo.
9. Cuyas copias fueron enviadas a todas las embajadas y legaciones de Venezuela en Europa, con
expresa excepción de la embajada en Madrid.
ESTUDIOS 125
“Dominada la situación en todo el territorio del país por la Junta
Revolucionaria de Gobierno y normalizada la vida pública y demás
actividades de la nación, con el absoluto respaldo del pueblo y de
acuerdo con los ideales democráticos que animan el movimiento re-
volucionario, la Junta de Gobierno aspira a que uno de sus primeros
actos sea la reanudación de las cordiales relaciones que Venezuela ha
mantenido siempre con las naciones amigas, entre las cuales princi-
palmente se encuentra ese país. En consecuencia, sírvase proceder con
la eficacia y a la brevedad posible a gestionar ante ese Gobierno el
reconocimiento del nuevo Gobierno de Venezuela, gestiones que esta
cancillería espera serán coronadas por el más completo éxito, dados
los tradicionales vínculos que unen a la República con esa nación y
que la Junta Revolucionaria de Gobierno desea estrechar más. Al
efectuar usted estas gestiones haga hincapié en que el Gobierno está
dispuesto a cumplir todos los compromisos internacionales contraídos
por la República” 10.
Como se puede leer y así lo interpretamos, las instrucciones estaban res-
paldadas por un poder moral que pretendía desdibujar el origen del gobier-
no, fundamentándose en el respaldo popular y la necesidad de establecer un
sistema democrático. Es lógico pensar que las pretensiones de la Junta, da-
das las condiciones internacionales que dieron la victoria a las democracias
occidentales apoyada por la Unión Soviética contra los regímenes fascistas,
buscaba alinear la acción exterior del gobierno, con las potencias democráti-
cas occidentales, además de desarrollar con ese objetivo, una política contra
los regímenes totalitarios militaristas surgidos de un golpe de Estado, como
fueron los casos que revisaremos de Franco y Trujillo. Estas circunstancias
estaban amparadas en el contenido de la doctrina Stimson11, apoyada por el
gobierno de los Estados Unidos de Norte América.
10. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Comunicado enviado a la embajada
de Venezuela en Londres, firmado por el canciller Morales, con instrucciones de ser enviado a las
demás embajadas y legaciones de Venezuela en Europa con excepción de Madrid.
11. Apunta Jorge Valero en su trabajo “La diplomacia internacional y el golpe de Estado de 1945” citando
a Raquel Gamus Gallegos: “Elementos para el estudio de la política exterior de la dictadura y la
democracia. Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt 1952-1964” en: Anuario 1990, 2da etapa, número
2, Instituto de Estudios Hispanoamericanos, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1990 p
143” lo siguiente: “…Henry Lewis Stimson, Secretario de Estado estadounidense, declaró que el
reconocimiento diplomático de los nuevos gobiernos de Bolivia, Perú, Argentina, Brasil y Panamá,
surgidos todos de golpes de Estado, se habían producido tan pronto sus representantes diplomáticos
126 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
El mismo Presidente de la Junta Revolucionaria Rómulo Betancourt, en
comunicado oficial al pueblo de Venezuela, hace clara mención de los casos
de Franco y Trujillo, repudiándolos y planteando la necesidad de crear un cor-
dón sanitario que facilitara el aislamiento de sus regímenes de la comunidad
internacional.
“El único incidente diplomático confrontado hasta ahora ha sido el
de la brusca salida del país del representante del gobierno dominica-
no, (…) este proceder del personero de la dictadura del señor Trujillo
nos ha impedido tener la satisfacción de romper públicamente las
relaciones con un régimen en torno del cual debe tender América un
riguroso cerco profiláctico. Los gobiernos libres no pueden mantener
relaciones diplomáticas con los victimarios de la libertad” 12.
En el mismo ámbito y para ratificar la defensa de la democracia y el
desarrollo de una postura internacional frente a los gobiernos que consideraba
despóticos, no sólo se desestimó mantener relaciones con ellos, sino que se
reconoció a la democracia española en el exilio presidida por José Giral13. Así
se expuso en la Memoria que da cuenta del año 1945:
“Entre los primeros actos de trascendencia realizados por el gobier-
no revolucionario en la esfera de los asuntos internacionales, mere-
ce destacarse el reconocimiento oficial del la República Española, al
que se hizo la participación correspondiente en mensaje de fecha 10
de noviembre dirigido por el Ministerio de Relaciones Exteriores al
Excelentísimo señor Fernando de los Ríos, Ministro de Estado del
régimen constituido en la capital mexicana.
En esa ocasión manifestó la cancillería que la Junta Revolucionaria
tenía el firme propósito de estrechar aún más los lazos de amistad y
habían informado que dichos gobiernos...controlaban la maquinaria administrativa del Estado,
contaban con la aceptación aparente del pueblo y tenían voluntad y también aparente capacidad
para dar cumplimiento a sus obligaciones internacionales y convencionales…”
12. Pensamiento político venezolano del siglo XX. “Alocución que dirigiera al país el Presidente de la
Junta Revolucionaria de Gobierno, Rómulo Betancourt, el 30 de octubre de 1945. Congreso Nacional
de Venezuela. Tomo Junta Revolucionaria de Gobierno 1945-1948, número 5. p. 171.
13. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 129. “Documento por medio del cual se
reconoce al gobierno Republicano español en el exilio presidido por José Giral con sede en México”.
ESTUDIOS 127
confraternidad que han unido a los pueblos venezolano y español
inspirada especialmente en los comunes sentimientos de libertad y
democracia que forman parte de la base principal de las gestiones
políticas de ambos gobiernos....” 14.
La disputa política internacional entre los gobiernos de Venezuela y Re-
pública Dominicana se inició casi de inmediato de instalada la Junta, cuando
el gobierno del General Trujillo solicitó a las demás Repúblicas Latinoame-
ricanas que gestionaran ante la Junta Revolucionaria la liberación de los Ge-
nerales Isaías Medina Angarita y López Contreras, además de recomendarles
“prudencia y demora” para reconocer al gobierno revolucionario15.
Este hecho, sumado al atentado que planificó el dictador dominicano con-
tra el Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno16 hacía inconsistente
cualquier tipo de relación bilateral.
La cronología del proceso de reconocimiento da un indicio de cierta pla-
nificación política encaminada por el aparato burocrático de la Junta para
alcanzar legalidad internacional17 Dependía del pueblo venezolano y de la
posterior conducta democrática, dentro y fuera de las fronteras, el margen
amplio o estrecho de legitimidad popular internacional. Esta relación de in-
terdependencia entre lo interno y lo externo, explica lo dicho por el canciller
venezolano Carlos Morales al momento de la presentación de la memoria que
dio cuenta de los actos de reconocimiento:
14. Estados Unidos de Venezuela. “Libro amarillo correspondiente al año 1945- 1946”. pag XV.
15. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. “Radiograma de fecha 27 de octubre
de 1945, firmado por Perazzo, mediante el cual informa que el gobierno de Trujillo se había dirigido a
los demás gobiernos latinoamericanos sugiriendo gestionar ante la Junta Revolucionaria la libertad de los
Generales Medina y López y demorar prudencialmente su reconocimiento”.
16. En una nota de pie de página inserta en el trabajo de Jorge Valero “la diplomacia internacional y
el golpe de 1945” pag 23, edición de febrero de 2001, Monte Ávila Editores Latinoamericana, se
hace mención de las pesquisas realizadas por el FBI en donde es implicado Leonidas Trujillo en un
atentado para asesinar a Rómulo Betancourt en 1946.
17. En efecto desde el 23 de octubre de 1945 hasta el mes de noviembre de ese año la cancillería
venezolana seguía recibiendo los comunicados de los gobiernos mediante los cuales era reconocido
el gobierno de la Junta. Dichos comunicados fueron enviados a la Consultoría Jurídica de la
Cancillería, para solicitar opinión jurídica respecto a la solidez jurídica del reconocimiento del
gobierno.
128 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
“...La Cancillería se abstuvo de dirigirse a los regímenes que detentan
el poder en España y en la República Dominicana, pues consideró
improcedente que el Gobierno revolucionario recién constituido en-
trara en relaciones diplomáticas con gobiernos cuya autoridad no está
respaldada por la opinión democrática de las mayorías…” 18.
El problema radicaba, según la óptica de la Junta, y especialmente la de
Betancourt y su partido, no en el origen del gobierno si no en su desarrollo,
que debía atender a las necesidades políticas de la mayoría, entre las cuales, la
libertad, era un logro aspirado por los venezolanos. La democracia y su defen-
sa se convertiría en una política pública planificada y aplicada durante todo
el trienio, incluyendo el corto gobierno del escritor Rómulo Gallegos, primer
presidente venezolano electo por el voto secreto, directo y universal, bandera
de los revolucionarios de octubre de 1945.
Por otra parte, se destaca el tema petrolero como instrumento para promo-
cionar la democracia y el logro de la legalidad y legitimidad internacional. Es
un lugar común citar que desde el inicio de la Venezuela Petrolera, el petróleo
ha servido de instrumento político para el logro de metas internacionales. No
fue diferente durante el período de la Junta Revolucionaria que se instaura en
1945.
Dentro de las obligaciones internacionales y convencionales a que aludía
el contenido de la doctrina Stimson se incluían los temas petroleros y su im-
pacto en las relaciones bilaterales de Venezuela con Estados Unidos y la Gran
Bretaña e Irlanda del Norte. En fecha 30 de octubre de 1945, el embajador
de su majestad británica en Venezuela Geroge Ogilvie Forbes, comunica al
gobierno de la Junta Revolucionaria el reconocimiento en los siguientes tér-
minos:
“…Me es grato comunicarle que el gobierno de su majestad en el
Reino Unido reconoce a la Junta de Gobierno como el gobierno de los
Estados Unidos de Venezuela…” 19.
18. Estados Unidos de Venezuela. “Libro Amarillo”. M.R.E. 1946, pag V
19. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. “Reconocimiento de la Junta
Revolucionaria de Gobierno realizado por el gobierno Británico”. Octubre 30 de 1945.
ESTUDIOS 129
Debe acotarse, que entre la solicitud de reconocimiento realizada el 23 de
octubre por el gobierno de Venezuela y la citada nota, transcurrieron siete
días. Hecho éste que nos da a suponer que a pesar de no haberse efectuado de
inmediato, no existía ningún impedimento más allá de la demora burocrática
para realizarlo. En la misma fecha el embajador de los Estados Unidos de Nor-
te América, Frank Corrigan, responde a la solicitud del gobierno venezolano
de la siguiente manera:
“…in reply, I take pleasure in informing Your Excellency that I have
been instructued by my Goberment to extend recognition to the Revo-
lucionary Junta of Goberment on its behalf ” 21.
Como puede observarse en ambas notas no se evidencia ningún inconve-
niente ni condicionamiento, para la realización del acto unilateral de derecho;
esto significa que el reconocimiento se originó dentro de los parámetros y
canales diplomáticos regulares. Sin embargo, documentos del Departamento
de Estado estadounidense y del Foreing Office británico recabados y citados
por el investigador Jorge Valero22, dicen de una variable que condicionó tal
proceder diplomático: el tema petrolero. Cita Valero lo siguiente:
“La Foreing Office exigía, como una condición preliminar al recono-
cimiento, que la Junta debía dar satisfactorias garantías de que los
intereses petroleros no serían en modo alguno perjudicados” 23.
No era de sorprender la preocupación manifestada por el Foreing Office
en el documento citado, ya que, el 6 de octubre de 1945, a propósito de la
ausencia del tema petrolero en el discurso del candidato Biaggini, Rómulo
Betancourt escribiera:
20. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. “Solicitud de reconocimiento según la
nota numero 3197 de fecha 23-10-45”.
21. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. “Reconocimiento de la Junta
Revolucionaria de Gobierno realizado por el gobierno estadounidense”. Octubre 30 de 1945.
22. Cf. De la Foreing Office para el departamento de Estado norteamericano, 26 de octubre de 1945.
FO 371-45153. En: Valero Jorge. (2001). La diplomacia internacional y el golpe de [Link].
Monte Ávila Editores Latinoamericana. Pag 154.
23. Idem.
130 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
“La opinión pública se ha sorprendido sobre el silencio del candidato
Biaggini sobre el petróleo. Y lo interpreta en las peores formas: como
manifestación de solidaridad absoluta con la reforma practicada en
la ley y convenios por el actual gobierno y como actitud temerosa ante
los poderosos trust que operan en tierra venezolana” 24.
Las empresas petroleras británicas y estadounidenses temían de la vulnera-
bilidad de sus intereses económicos en Venezuela, luego de los hechos del 18
de octubre. Por eso la cautela y la consulta entre los gobiernos británico y
norteamericanos a la hora del reconocimiento de la Junta Revolucionaria que
estaba presidida por el mismo autor de tal declaración. No sólo durante los
días que transcurren desde la solicitud del reconocimiento el 23 de octubre
hasta que este se realizó; sino desde el mismo 19 de octubre, la burocracia
estadounidense y británica mantuvo una estrecha consulta e intercambio de
ideas, para identificar los riegos eventuales que se suscitarían con el nuevo
gobierno a la cabeza de Venezuela.
Compartimos la reflexión de Valero, cuando al cotejarla con las palabras
del propio Betancourt, dan cuenta de los riegos reales que avizoraban las po-
tencias petroleras. Además como informa el historiador Jose Luis Salcedo Bas-
tardo, dentro del desarrollo de la política económica, estaban insertos cambios
fundamentales en materia petrolera:
“Fue empeño nacional después del 18 de octubre, compartido am-
pliamente, que en vez de más concesiones y de mayor extracción de
hidrocarburos, atendiendo al carácter no renovable de esos recur-
sos. El Estado debía encaminarse en conseguir un aumento en los
proventos” 25.
Se corrobora tal afirmación de las palabras del arquitecto de la política
petrolera durante el trienio J. P. Pérez Alfonso, en lo relacionado a las
concesiones:
“…Venezuela no debe otorgar más contratos petroleros bajo el siste-
ma colonial de la concesión; (…) el ritmo exploratorio de reservas
24. Betancourt, Rómulo. (1945). El petróleo en el programa del candidato Biaggini. En: Betancourt,
Rómulo. (1979). El 18 de octubre de 1945. Génesis y realizaciones de una revolución democrática.
Barcelona. Siex Barral. Segunda edición. Pag 210.
25. Salcedo Bastardo, José Luis. (1978) El cambio social. En: Salcedo Bastardo, Jose Luis, et al. 1958:
tránsito de la dictadura a la democracia en Venezuela. Barcelona, Ariel. Pág. 36.
ESTUDIOS 131
probadas había podido mantenerse a niveles satisfactorios, bajo una
situación que ya databa, para entonces de una década” 26.
De cierto, esta idea sobre el petróleo que elogiaba Betancourt se convirtió
en política y en Ley cuando, una vez instalada la Asamblea Nacional Consti-
tuyente, se concretó la reforma parcial de la ley de Impuesto sobre la Renta
que aumentó la tasa de un 12 a un 28.5 por ciento27. En torno a esto Betan-
court declaró:
“Sin ignorar que la facultad de imponer impuestos constituye un
atributo esencial de la Soberanía Nacional, la reforma que presenta-
mos a la consideración de la Asamblea Constituyente Nacional, es
capaz de asegurar por largo plazo la participación equitativa del
Estado y la Nación en las ganancias obtenidas por las industrias ex-
tractivas” 28.
Los hechos posteriores ocurridos en el año 1948 en el reparto de las ganan-
cias petroleras del 50 y 50 generarían otro tipo de fricción y relación entre el
gobierno y las compañías petroleras, sin dejar de utilizarse el petróleo como
instrumento político. Dicho en otras palabras, el gobierno venezolano utilizó
el reparto de las ganancias petroleras para insertarse en el concierto de las na-
ciones democráticas de occidente, exigiendo nuevos tratos pero sin dejar de
cumplir con los compromisos contraídos, en especial con los estadounidenses
y británicos, potencias democráticas con las cuales convenía mantener las más
estrechas relaciones.
Algunas consideraciones particulares sobre el proceso de reconocimiento
dicen de la necesidad que poseía la Junta de Gobierno de la aceptación inter-
nacional, ya que ello impactaría sobre su participación en el Nuevo Orden
Mundial dentro del cual coexistía el sistema de Derecho Internacional Pú-
blico que se había iniciado con la Organización de Naciones Unidas; razón
por la cual, tal reconocimiento dotaría al gobierno de autoridad para inter-
26. Pérez Alfonso, J.P. (S-F). Monografía inédita: nuevas concesiones de petróleo. En: Betancourt, Rómulo.
(1969).Venezuela, Política y Petróleo. Colombia. Editorial Senderos. Pág. 787.
27. Estados Unidos de Venezuela. (1946). Diario de debates de la Asamblea Nacional Constituyente.
28. El País. “Declaraciones de Rómulo Betancourt, presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno el 28
de diciembre de 1946”. La Habana.
132 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
venir en los foros mundiales. De ello da cuenta la memoria de 1945, que
ilustra también sobre el tema comentado al inicio: la continuidad del personal
diplomático, antes y después del reconocimiento. Así se expuso:
“Los detalles de la labor cumplida con la eficacísima colaboración de
los funcionarios del Despacho especializados en las respectivas y más
importantes materias de la competencia de éste, los encontrareis en las
páginas del presente “Libro Amarillo” y prolijo sería, por consiguiente,
daros en esta breve introducción un resumen de las realizaciones que
considero esenciales(….)la ratificación por parte de Venezuela de la
Carta de las Naciones Unidas y del Estatuto de la Corte Permanente
de Justicia Internacional, mediante los cuales quedó jurídicamente
incorporada la República en el grupo de las Naciones Unidas…” 29.
Consideramos que existían tres aspectos subyacentes a la necesidad del
reconocimiento internacional en torno a lo que jerarquizamos como la legali-
dad y legitimidad mundial: 1- relaciones fluidas con los gobiernos democráti-
cos del mundo, especialmente Estados Unidos y La Gran Bretaña e Irlanda
del Norte 2- aceptación de las grandes masas populares de las naciones y 3-
participación dinámica en el foro jurídico y político mundial dentro del cual
estos aspectos eran fundamentales y posibilitaban el liderazgo del gobierno a
nivel multilateral en diversos temas.
En este sentido, el representante permanente de Venezuela ante las Nacio-
nes Unidas, Carlos Eduardo Stolk, remitió el 24 de octubre de 1946, un año
después de reconocido el gobierno de la Junta la siguiente información:
“No 2 Doctor Bonilla Atiles diciéndose miembro agrupación reivin-
dicadora dominicana del exilio, visitome y basado palabras pronun-
ciadas por presidente Betancourt el 18 de octubre relativas a cordón
sanitario contra Franco y Trujillo manifestome deseo de que nuestra
delegación proponga inclusión en agenda de punto adicional sobre
situación dominicana. Afirmó que en todo caso presentarían solici-
tud directamente ante secretario General” 30.
29. Estados Unidos de Venezuela. “Libro Amarillo 1946”. M.R.E. pag f.
30. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 199. “Radiograma, traducción Fecha 24
de octubre de 1946”.
ESTUDIOS 133
La delegación venezolana encabezó una campaña en la Asamblea General
de las Naciones Unidas a pesar de la prudencia sugerida por Stolk para tratar
este asunto.31 Días después, el mismo representante informó:
“N. 4 Cumplo comunicarle Secretario General en su informe y
delegados Bélgica, Noruega, Checoslovaquia iniciativa de Venezuela,
han señalando necesidad medida Naciones Unidas contra Régimen
Franco y Trujillo en discursos inaugurales pronunciados hasta
ahora. Chile también apoyo idea indirecta pero categóricamente
por conversaciones con delegaciones Francia, Polonia, Guatemala,
Filipinas, determinar (sic) saber si tienen propósitos semejantes.
Conviene considerar que conforme Carta la Asamblea no puede
adoptar decisión alguna sobre asunto español mientras Consejo
Seguridad no se desprenda de su conocimiento pero sí discutirlo
entretanto. Delegado de Polonia manifestó que no retiraría asunto
de dicho Consejo hasta no tenga certeza Asamblea podría llegar
decisión favorable. Criterios países mencionados orientan Asamblea
recomiende miembro de Naciones Unidas ruptura de relaciones” 32.
Puede observarse una dinámica secuencial existente entre la solicitud de
reconocimiento, el factor petrolero, la aceptación de los gobiernos democráti-
cos del mundo y el inicio de una ofensiva en defensa de la democracia a nivel
multilateral. Esto coexistió con la política de reciprocidad asumida por el
gobierno de la Junta al reconocer el nuevo régimen de Bolivia dirigido por
Néstor Guillen, con la salvedad expresa que contaran con el apoyo popular y
orientara sus políticas democráticas a la elección de un Presidente producto
de la voluntad del pueblo, aspectos normativos de la doctrina Stimson. En
este sentido el comunicado dirigido por la Junta Revolucionaria de gobierno
y suscrito por Gonzalo Barrios expuso lo siguiente:
“En respuesta, compláceme participar a vuestra excelencia que la
Junta Revolucionaria de Gobierno de los Estados Unidos de Vene-
31. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 199. “Radiograma, traducido de fecha
24 de Octubre de 1946”. En el cual Stolk expuso: “…artículo segundo, parágrafo 7 de la Carta,
impide intervención asuntos internos de otros Estados salvo cuando constituya amenaza para la
paz mundial. Políticamente tampoco conviene suscitar tal asunto en Asamblea porque delegación
dominicana podría presentar caso juicio responsabilidad como represalia y se verán coartadas
nuestros argumentos de defensa.”
32. ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 199. “Radiograma, traducción. Fecha 24
de octubre de 1946”.
134 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
zuela en la sesión de gabinete celebrada hoy, resolvió reconocer al
nuevo gobierno provisorio de Bolivia considerando que dicho régi-
men representa al sentir democrático del pueblo Boliviano, unido
al de Venezuela por aspiraciones comunes de superación y libertad y
por lazos históricos que son imperecederos. Así pues, Venezuela con-
tinuará manteniendo con el gobierno recientemente instaurado y con
el nuevo que sea electo, paz y fraternales relaciones existentes entre
ambos pueblos....” 33.
La política de defensa de la democracia en el ámbito bilateral y multilateral,
estuvo condimentada por una transitoria campaña en los sectores sociales,
económicos y políticos en el exterior en ocasión de la gira que realizara el
presidente de la Junta y una nutrida comitiva a varios países latinoamericanos.
Ello nos deja presumir que existió inicialmente una tendencia para crear una
estrategia que pretendía desdibujar la imagen del origen –violento34 y anti-
democrático– del nuevo gobierno, resaltando los objetivos populares (bien-
estar social, democracia, libertad) que propició el derrocamiento del General
Isaías Medina Angarita.
Así, el 11 de Julio de 1946 se produce una resolución conjunta de los
Ministerios de Interior, Relaciones Exteriores y Defensa Nacional mediante la
cual la Junta Revolucionaria de Gobierno acepta la invitación realizada por el
gobierno de los Estados Unidos Mexicanos para asistir a la “inauguración” de
la estatua del Libertador Simón Bolívar en la capital mexicana35.
33. ACMRE. Dirección de Política Internacional. País, Bolivia. Expediente 199. “Radiograma de fecha
noviembre de 1946: Reconocimiento al gobierno del Presidente provisorio de Bolivia Nestor Guillén”.
34. Según la entrevista realizada al Coronel (r) Alberto Miliani Balza, para entonces cadete de la
escuela militar, el 18 de octubre de 1945 fue un golpe violento que generó muchas muertes civiles
y militares, no como se ha comentado en diversas fuentes secundarias y hemorográficas. Logró el
grado de subteniente de inmediato instalado el nuevo gobierno.
35. ACMRE. Dirección del Despacho del Ministro. Expediente 159. “Resolución conjunta Ministerios
Exteriores, Interior y Defensa Nacional en donde se autoriza que acompañen al Presidente de la Junta a
los siguientes ciudadanos: Carlos Morales, encargado del Ministerio de Relaciones Exteriores, Edmundo
Fernández, encargado del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, Doctor Jacinto Bombona Pachano,
miembro de la Academia de la Historia, Doctor Andrés Eloy Blanco, Presidente de la comisión preparatoria
de la Asamblea Nacional Constituyente, Doctor Juan Oropeza, Rector de la Universidad Central, Doctor
Diego Córdoba, Encargado de Negocios de Venezuela en el Paraguay, Alejandro Oropeza Castillo,
Presidente de la Corporación Venezolana de Fomento, Señor Julio de Armas, Presidente de la Asociación
de ganaderos, Señor Domingo Navarro Méndez, Presidente de la Federación de Cámaras de Comercio,
Augusto Malavé Villalba, Presidente de la Federación Sindical de Trabajadores, Capitán Horacio López
Conde, Director Gerente Línea Aeropostal Venezolana, Luis Arroyo Parejo, Introductor de Embajadores
ESTUDIOS 135
La única escala antes de llegar a México fue la ciudad de La Habana, en
donde el 20 de Julio de 1946 el Presidente de la Junta sostuvo una corta
entrevista en el aeropuerto con periodistas de la prensa local. Betancourt no
perdió la oportunidad para, a la vez de fustigar los regímenes dictatoriales, per-
filar los principios fundamentales de su doctrina en defensa de la democracia:
“Periodista: ¿Quiere usted anunciarnos los motivos fundamentales
de su gobierno para romper relaciones diplomáticas con el gobierno
Dominicano, que según tenemos entendido fue una de sus primeras
medidas ejecutivas?
Betancourt:...se trata de extender un cordón de profilaxia alrededor
de Venezuela contra todos los reflejos de dictaduras...
Periodista: ¿esas mismas razones fueron las que abundaron para
romper relaciones con Franco?
Betancourt: -exactamente,... y serán también las que sirvan de fun-
damento para romper con todas las dictaduras..
Periodista: ¿Qué opinión tiene …de la reiterada suspensión de la
reunión de Río de Janeiro?
Betancourt: -Esta reunión de Río...podría ser aprovechada para
hacer un pronunciamiento conjunto de los países hemisféricos contra
todas las dictaduras...” 36.
Al finalizar su breve visita a Cuba en la cual compartió con el Presiden-
te Grau San Martín y demás autoridades gubernamentales, se reunió con el
pueblo y representantes estudiantiles cubanos, recibiendo de manos de Manuel
Castro, representante de la FEU (Federación de Estudiantes Universitarios) un
y Ministros, Doctor Raúl Nass, Director de Secretaria de la Junta Revolucionaria, Doctor Santiago
Pérez Pérez, Jefe de la sección de Relaciones Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores,
Señor Miguel Otero Silva, redactor-jefe del diario El Nacional, Marco Aurelio Rodríguez, Redactor
de la Esfera, Pascual Venegas Filardo, redactor de “El Universal”, Teniente Coronel Julio Cesar Vargas,
Inspector General de las Fuerzas Armadas, Teniente Coronel Francisco Hernández Peña, Contralor de
las Fuerzas Armadas, Mayor Miguel Nucete Paoli, Jefe de la Casa Militar, Mayor Raúl Castro Gómez,
Director de la Escuela Militar, Mayores Marcelino Rancel, Felix Román Moreno y Roberto Casanova,
Capitanes J.M Pérez Morales, Vicente Marchelli, Francisco Gutiérrez, Teniente de Navío Antonio Ferrer,
Teniente de Fragata, Rafael Álvarez, Tenientes, Roberto Morean Soto y Oscar Zamora Conde”.
36. Diario el Crisol. “Entrevista de periodista cubano a Rómulo Betancourt en su camino a México para
acudir a los actos de develamiento de la estatua del Libertador Simón Bolívar.” La Habana, Cuba. 20
de julio de 1946.
136 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
pergamino dirigido a los estudiantes venezolanos37. Betancourt, no perdió la
oportunidad para generar a través de esta iniciativa un vínculo que fortalecería
las bases de los movimientos sociales de ambos pueblos en favor y defensa de
la democracia. Apunta el periodista testigo del encuentro38 que el Presidente
de la Junta prestó especial importancia a su diálogo con los estudiantes y
representantes sociales.
En México, la visita estuvo adornada por condecoraciones y votos de felici-
dad mutua para las naciones y sus pueblos. En el discurso pronunciado el 24
de julio de 1946, durante la ceremonia en la que fue descubierta la estatua del
Libertador, Rómulo Betancourt expresó los parámetros generales de lo que
significaba la política exterior en defensa de la democracia:
“…Debemos solicitar en su odio irreconciliable a los regímenes dic-
tatoriales, asidero y soporte a la tesis de que no puede hablarse hon-
radamente de quiebra del fascismo mientras en España, y en tantas
otras dolorosas patrias de América, pervivan gobiernos que humillan
y oprimen a los pueblos…” 39.
La defensa de la democracia fue una constante en el discurso de Betancourt
durante el viaje, enfocando sus argumentos contra los regímenes de Franco y
Trujillo.
Asimismo, como hemos reiterado, la atención a las masas populares entró
en la agenda política llevada por Betancourt a México y a los demás países
latinoamericanos que visitó. La justificación de los hechos del 18 de octubre
de 1945 en Venezuela fue otro de los elementos del discurso del Presidente de
la Junta, utilizando la defensa de la democracia como una bandera y elogiando
la función de las Fuerzas Armadas en la construcción y defensa de un régimen
de libertades, así expresó a su llegada a Guatemala:
37. Diario el Crisol. “Entrevista de periodista cubano a Rómulo Betancourt”. La Habana, 22 de Julio de
1946.
38. Idem.
39. ACMRE. Dirección de Política Internacional. País México. Expediente 139. “Discurso del Presidente
de la Junta Revolucionaria de Venezuela en la ceremonia de entrega de la Estatua del Libertador Simón
Bolívar en la ciudad de México, el 24 de Julio de 1946”.
ESTUDIOS 137
“..en las pseudos revoluciones de América se veía a los militares actuar
en la forma clásica del pronunciamiento español: tomando el poder
por la violencia para luego saltarse la Constitución a la torera y esta-
blecer una dictadura castrense. En Guatemala y Venezuela se rompió
ese esquema clásico de golpe de Estado latinoamericano. Realizado
el movimiento revolucionario, el ejército no ha devenido en facción
armada con beligerancia política. Sus conductores en vuestra patria y
en la mía han regresado a sus cuarteles, cumplida con éxito la heroica
peripecia de echar por tierra lo que carecía de título para persistir. Y
empeñados están, allá y aquí, en tecnificar y remodelar las fuerzas
armadas, transformándolas en instrumento eficaz de la nación para
salvaguardar el orden público y para defender la soberanía nacio-
nal...” 40.
La comparación realizada entre los movimientos revolucionarios venezola-
no y guatemalteco, no aspiraba otra cosa que generar una imagen de cofradía
en pro y defensa de la democracia latinoamericana. Este símil no fue producto
de un hecho aislado, significaba una cabeza de playa en la lucha contra las
dictaduras que emergían en Centro América, hacia las cuales también tuvo
palabras desafortunadas y despectivas41, incluidas dentro del mismo cordón
de profilaxia política para preservar a los pueblos libres de los despotismos de
Estado42. Enfatizando el espíritu democrático que gobernaba a los miembros
de la Junta en funciones de Estado, Betancourt ratificó al Presidente Juan José
Arévalo en independencia de criterio, su desprecio a las dictaduras:
“…no estamos esperando consignas foráneas para trazar nuestro pro-
pio rumbo en la política internacional, por eso junto con México y
Panamá somos los gobiernos de América que rompieron relaciones con
el espúreo, antidemocrático y fascista de Franco, que desgobierna a
España….nuestro gobierno no mantiene relaciones con la dictadura
que oprime a Santo Domingo, y dispuestos estamos en sostener en la
conferencia interamericana de Río de Janeiro que debe establecerse un
40. El Imparcial. “Declaraciones de Rómulo Betancourt.” Guatemala, 27 de Julio de 1946.
41. Nos referimos en particular al caso de la Nicaragua de Somoza, nación con la cual no tendría el
gobierno relaciones y a la que denunciaría en la IX Conferencia Interamericana de 1948 como jefe
de la delegación venezolana en representación del gobierno del Presidente Rómulo Gallegos.
42. El Imparcial. “Declaraciones de Rómulo Betancourt.” Guatemala, 27 de Julio de 1946.
138 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
cordón profiláctico contra los gobiernos antidemocráticos, entre ellos,
algunos geográficamente ubicados en tierra de Centro América…”.
Como hemos podido constatar en la revisión de fuentes primarias y
hemerográficas, fue reiterativo en Betancourt el discurso político en defensa
de las democracias latinoamericanas y duro ataque a los regímenes de facto.
Ello nos lleva a construir la hipótesis que considera que Betancourt supeditó
la estabilidad del nuevo régimen democrático venezolano a la estabilidad de
las democracias latinoamericanas. El uso de tal discurso, acompañado con
acciones multilaterales delineaba cada día más la construcción de una política
exterior muy particular en defensa de las democracias y agresiva contra
gobiernos dictatoriales.
En este sentido, en Costa Rica, magnificó la importancia de la democracia
en una dimensión histórica y política para Venezuela:
“lo importante para esta hora histórica de Venezuela es que vamos a
entrar rectamente por los rumbos de la democracia efectiva, a base de
libertad absoluta y que existe un sentido cabal de las responsabilidades
de los dirigentes políticos en cuanto a buscar la solución de los problemas
que han situado al país en una posición regresiva, simicolonial” 43.
Finalmente en Panamá reiteró la denuncia permanente contra las dictadu-
ras de Franco y Trujillo exaltando el protagonismo de Venezuela en su lucha
por la defensa de la democracia continental con un sesgo pro-norteamericano
y con la recurrente idea de conformar un cordón profiláctico:
“”... es incompatible con el triunfo resonante de las armas aliadas
contra las potencias del eje, la persistencia en Europa de un régimen
que como el de España, es la ex creencia del fascismo. Por eso pueblos
pequeños como México, Panamá, Venezuela y Guatemala, no man-
tienen relaciones con el régimen de España. Varios son los pequeños
pueblos americanos -Venezuela entre ellos y en sitio de vanguardia-
que están empeñados en hacer triunfar la tesis de que entorno de
gobiernos anti-democráticos del continente se establezca un riguroso
condón profiláctico. Mientras haya en América un solo gobierno que
43. Diario de Costa Rica. “Declaraciones de Rómulo Betancourt.” 30 de Julio e 1946. Durante la
estadía de Betancourt de tres horas en Costa Rica, a su regreso de México y luego de pasar por
Guatemala.
ESTUDIOS 139
no garantice el libre juego de los partido políticos, que no garantice la
libertad de prensa, la expresión oral y escrita, de todas las corrientes
ideológicas mientras haya un gobierno que no garantice las cuatro
libertades roosevelianas (sic) estará amenazada la libertad de todo el
continente...” 44.
Se perfilaba en su discurso lo que sería la política de crear un cuerpo ho-
mogéneo de naciones contra las dictaduras. Todas las denuncias, encontrarían
una tribuna multilateral efectiva en los escenarios de la Organización de las
Naciones Unidas y en la conferencia de Río de Janeiro de 1946. A finales de
ese año el canciller Carlos Morales a la hora de la presentación de la Memoria,
advirtió los primeros resultados de la campaña venezolana contra las dictadu-
ras en el continente:
“La Asamblea General aprobó por cuarenta y cinco votos favorables
un proyecto de resolución presentado por la delegación de Panamá y
enmendado por la de Noruega, en que recomienda a los Miembros
de las Naciones Unidas actuar de acuerdo con la letra y el espíritu de
las declaraciones de las conferencias de San Francisco y de Postdam
respecto al actual Gobierno de España. La delegación de Venezuela
tanto en la Comisión General como en la Asamblea, expresó su apoyo
total y entusiasta a la resolución en referencia: pronunciaron tam-
bién discursos asociándose a la moción panameña, las delegaciones
de Francia, Checoslovaquia, México, Uruguay, Bielorrusia, Reino
Unido, Yugoslavia y Noruega” 45.
Ciertamente, el 18 de octubre tuvo un origen violento. Fue el desplazamiento
forzoso del poder a quien había resultado electo democráticamente. Esta
circunstancia daba poca fortaleza a las bases del discurso en pro y defensa
de las democracias latinoamericanas si no se satanizaba la gestión de Medina
Angarita mediante la imposición de responsabilidad administrativa a sus
jerarcas, difundiendo en lo interno como en lo internacional, los esfuerzos del
nuevo gobierno por generar los cambios democráticos que propugnaban.
44. La Nación. “Discurso del 28 de Julio de 1946 en respuesta a las palabras del presidente de Panamá
Enrique Jiménez”. Panamá 29 de Julio de 1946.
45. Estados Unidos de Venezuela. “Libro amarillo 1947. Resolución relativa al gobierno de España”. Pág.
XXVI.
140 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Corta presidencia de Rómulo Gallegos: febrero-noviembre de 1948
Los objetivos perfilados por los revolucionarios de octubre de 1945,
vieron su luz con la avasallante elección popular del escritor Rómulo Gallegos
candidato del partido Acción Democrática en las elecciones de diciembre de
1947 como Presidente de la República para el período 1948-1952. Además
en la declaración preliminar de la nueva constitución de 1947 se consagraron
los principios fundamentales de la lucha democrática que había defendido la
Junta Revolucionaria de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt:
“…La sustentación de las democracias como único e irrenunciable
sistema de gobernar su conducta interior, y la colaboración pacífica
en el designio de auspiciar ese mismo sistema en el gobierno y las
relaciones de todos los pueblos de la tierra…” 47.
El estilo particular de Betancourt, aguerrido y severo contra las dictaduras,
se diferenciaba de la postura sobria y serena del presidente Gallegos. Sin em-
bargo, al momento de asumir éste último las riendas del gobierno mantuvo
los parámetros dentro de los cuales se había delineado la política exterior en
defensa de la democracia:
“Serán fortalecidos los lazos de amistad de Venezuela con aquellas
naciones cuyos gobiernos descansen sobre el consenso de sus goberna-
dos, siendo esta condición nada más que la inevitable consecuencia
de la prudencia que demanda el reciente logro de la democracia en
Venezuela…el gobierno no participará en ningún intento de pertur-
bar el orden público de otros países” 48.
Se diferenciaban, no en la expresión del contenido de la doctrina con-
tinental de defensa de la democracia, sino, en cierta omisión personal a la
46. Diario El Nacional. “El escritor Rómulo Gallegos logra imponerse con un total de 871.752 votos sobre
su principal oponente el Dr. Rafael Caldera candidato de COPEI con 262.204 votos.”Caracas, enero 6
de 1948.
47. Estados Unidos de Venezuela. “Constitución de 1947. Declaración preliminar.” Caracas. Imprenta
Nacional. Pag 6
48. Pensamiento político venezolano del siglo XX. “Alocución de Don Rómulo Gallegos como Presidente
constitucional de Venezuela el 15 de febrero de 1948”. Congreso Nacional de Venezuela. Tomo,
Gobierno de Rómulo Gallegos.
ESTUDIOS 141
hora de la denuncia recurrente contra los gobiernos de facto que fue bandera
durante la Junta revolucionaria. Su temperamento respetuoso y legalista le
impedía a Gallegos asumir un discurso contumaz que permitiera suponer que
existía algún tipo de intromisión en los asuntos internos de otros Estados. Por
ello delegó esa función al ex presidente de la Junta Revolucionaria Rómulo
Betancourt, quien en la IX Conferencia Interamericana49 como jefe de la
delegación que viajó a Bogotá, logró consolidar una resolución de defensa de
la democracia contra tácticas de hegemonía totalitarias y contra la acción del
comunismo internacional50. Esta última postura nos permite suponer que ya
Venezuela había decidido alinear su política exterior a los enunciados antico-
munistas que emanaban de Washington en ocasión del inicio de la Guerra
Fría. Lo dicho, no significa que el gobierno de Gallegos abandonara la defensa
de la democracia, por el contrario se enfatizó el mismo espíritu pero con un
leguaje menos caluroso y explosivo. Efectivamente, durante los años 45,46 y
47 el respaldo de los norteamericanos no evidenciaba mayor preocupación
por el crecimiento de los comunistas, pues, hasta ese momento el verdadero
enemigo era el fascismo y el nazismo51.
A manera de conclusiones
El desarrollo de la cronología analítica relativa a la dinámica internacio-
nal desarrollada por Venezuela durante el Trienio adeco 1945-1948, resultó
ser un ejercicio de (re) construcción de la historia. Como estudio empírico
hemos podido desarrollar una visión particular sobre los hechos y el conjunto
de relaciones de interdependencia que condicionó cada uno de los procesos
revisados.
Como lo advertimos en la introducción, la política desarrollada tanto para
lograr el reconocimiento internacional como para imprimir un liderazgo re-
gional en la defensa de la democracia, aspiraba alcanzar un clima de estabili-
49. En la cual fue aprobada la Carta de la Organización de Estados Americanos.
50. Mensajes Presidenciales. Mensaje que el ciudadano Rómulo Gallegos, Presidente de los Estados Unidos
de Venezuela presenta al Congreso Nacional el 29 de abril 1948. Tomo V. Imprenta Nacional.
51. Marcano Salazar, Luis Manuel, (1998). “Política Exterior durante el gobierno de Rómulo Betancourt
1959-1964”. Caracas. Nuevas Letras-Sypal. Pág. 48-49.
142 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
dad en el constructo de la estructura de poder interno nacional. En efecto, al
estudiar el proceso de reconocimiento pudimos apreciar que el tema petrolero
en vez de constituirse en un instrumento a favor para agilizar los actos uni-
laterales de derecho, se constituyó en un elemento de conflicto frente a las
potencias democráticas vencedoras de la Segunda Guerra Mundial.
En relación a la defensa de la democracia, a pesar de haberse efectuado
una campaña internacional acompañada de visitas y encuentros con pueblo y
estudiantes y propulsar una resolución en la IX Conferencia Interamericana,
no generó los efectos deseados, toda vez que al poco tiempo tanto América
Central como Sur América se enfrentó a una ola de regímenes militares, in-
cluyendo el que desplazó del poder a Rómulo Gallegos.
A nivel multilateral, tanto en el seno de las Naciones Unidas como en la
Conferencia Interamericana de Bogotá de 1948, el tema central de la agenda
diplomática fue la defensa de la democracia acompañada por una intensa cam-
paña para presidir el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas. Con
respecto a esto, identificamos serias debilidades en el relacionamiento interno
de la burocracia diplomática en cuanto a la inconsistencia en la solicitud de
compromisos y la (des) coordinación en el desarrollo de las estrategias.
Pudimos advertir una ligera diferencia en el ejercicio del poder ejecutivo
entre Rómulo Betancourt y Rómulo Gallegos, dibujada por una manera dife-
rente de promocionar los valores democráticos que aspiraban resaltar, pro-
ducto de dos personalidades distintas, la primera de vanguardia retórica y
acciones agresivas y la otra conservadora y legalista. Sin embargo, contrario a
lo que dicen otros analistas, consideramos que fue durante “el trienio adeco”
cuando se construyó, fortaleció y desarrolló por primera vez la denominada
“Doctrina Betancourt” con resultados evidentes como fue la “Resolución de
Defensa de la Democracia” que se produjo en el seno de la IX Conferencia
Interamericana de Bogotá en 1948.
Al final ratificamos lo dicho en la introducción, pudimos observar una
distancia entre las amplias aspiraciones que se buscaban en los diversos temas
tratados y los resultados que se lograron para el beneficio del sistema político
que se intentaba establecer con bases sólidas y profundas. A pesar de ello el
legado quedó y pudo ser disfrutado por los venezolanos a partir de 1958,
con las lecciones aprendidas en el denominado experimento democrático de
1945-1948.
ESTUDIOS 143
Fuentes primarias y secundarias
Fuentes secundarias consultadas
Betancourt, Rómulo (1979): El 18 de octubre de 1945. Génesis y realizacio-
nes de una revolución democrática. Barcelona. Siex Barral. Segunda edición.
__________________ (1969) Venezuela, Política y Petróleo. Colombia. Edi-
torial Senderos.
Consalvi, Simón Alberto. (2008): Betancourt en la Conferencia de Bogotá,
1948. Caracas. Fundación Rómulo Betancourt.
Estados Unidos de Venezuela. (1946): Diario de debates de la Asamblea
Nacional Constituyente.
____________________________ (1947): Constitución de 1947. Declara-
ción preliminar. Caracas. Imprenta Nacional.
Gamus Gallegos, Raquel: Elementos para el estudio de la política exterior de
la dictadura y la democracia. Pérez Jiménez y Rómulo Betancourt 1952-1964.
En: Anuario 1990, 2da etapa, número 2, Instituto de Estudios Hispano-
americanos, Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1990.
Marcano Salazar, Luis Manuel, (1998): Política Exterior durante el gobierno
de Rómulo Betancourt 1959-1964. Caracas. Nuevas Letras-Sypal.
Ministerio de Relaciones Exteriores (1946): Libro Amarillo de los Esta-
dos Unidos de Venezuela. Memoria de 1948. Caracas. Imprenta Nacional.
__________________________________ (1947): Libro Amarillo de los Es-
tados Unidos de Venezuela. Memoria de 1948. Caracas. Imprenta Nacional.
___________________________________ (1948): Libro Amarillo de los Es-
tados Unidos de Venezuela. Memoria de 1948. Caracas. Imprenta Nacional.
Salcedo Bastardo, José Luis. (1978): ‘‘El cambio social’’. En: Salcedo Bas-
tardo, Jose Luis, et al. 1958: Tránsito de la dictadura a la democracia en
Venezuela. Barcelona, Ariel.
144 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Romero, María Teresa (2005): Venezuela en Defensa de la Democracia. El caso
de la Doctrina Betancourt. Caracas. Fundación de la Cultura Urbana.
Valero, Jorge. (2001): La diplomacia internacional y el golpe de 1945. Cara-
cas. Monte Ávila Editores Latinoamericana.
Fuentes primarias
Mensajes presidenciales y discursos
Pensamiento político venezolano del siglo XX: “Alocución que di-
rigiera al país el Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, Rómulo
Betancourt, el 30 de octubre de 1945.” Congreso Nacional de Venezuela.
Tomo Junta Revolucionaria de Gobierno 1945-1948, número 5.
___________________________________________: Alocución de Don
Rómulo Gallegos como Presidente constitucional de Venezuela el 15 de febrero
de 1948. Congreso Nacional de Venezuela. Tomo, Gobierno de Rómulo
Gallegos.
Mensajes Presidenciales. Mensaje que el ciudadano Rómulo Gallegos, Presi-
dente de los Estados Unidos de Venezuela presenta al Congreso Nacional el 29
de abril 1948. Tomo V. Imprenta Nacional.
Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Comunicado de
fecha 22 de octubre de 1945 enviado a las embajadas de Los Estados Unidos
de Venezuela ente los gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Chile,
Ecuador, Inglaterra, México, Panamá, Perú, Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas, Cuba, España, Francia, Guatemala, Haití, Paraguay, Portugal,
República Dominicana, Santa Sede, Italia, Uruguay, Consta Rica, Canadá,
Trinidad, Curazao.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Radiograma de
fecha 22 de octubre de 1945, signado por el cónsul Delgado en Bonaire.
ESTUDIOS 145
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Comunicado en-
viado a la embajada de Venezuela en Londres, firmado por el canciller Mo-
rales, con instrucciones de ser enviado a las demás embajadas y legaciones de
Venezuela en Europa con excepción de Madrid.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 129. “ocumento por
medio del cual se reconoce al gobierno Republicano español en el exilio presi-
dido por José Giral con sede en México.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Radiograma de
fecha 27 de octubre de 1945, firmado por Perazzo, mediante el cual informa
que el gobierno de Trujillo se había dirigido a los demás gobiernos latino-
americanos sugiriendo gestionar ante la Junta Revolucionaria la libertad de los
Generales Medina y López y demorar prudencialmente su reconocimiento.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Reconocimiento
de la Junta Revolucionaria de Gobierno realizado por el gobierno Británico.
Octubre 30 de 1945.
ACMRE.. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Solicitud de
reconocimiento según la nota numero 3197 de fecha 23-10-45.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 299. Reconocimiento
de la Junta Revolucionaria de Gobierno realizado por el gobierno estadounidense.
Octubre 30 de 1945.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 199. Radiograma,
traducción. Fecha 24 de octubre de 1946.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. País, Bolivia. Expediente 199.
Radiograma de fecha noviembre de 1946: Reconocimiento al gobierno del
Presidente provisorio de Bolivia Nestor Guillén.
ACMRE. Dirección del Despacho del Ministro. Expediente 159. Resolución
conjunta Ministerios Exteriores, Interior y Defensa Nacional en donde se au-
toriza que acompañen al Presidente de la Junta a un grupo de ciudadanos.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. País México. Expediente 139.
Discurso del Presidente de la Junta Revolucionaria de Venezuela en la ceremo-
146 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
nia de entrega de la Estatua del Libertador Simón Bolívar en la ciudad de
México, el 24 de Julio de 1946.
ACMRE. Documentos relativos a la inauguración de la Organización de Nacio-
nes Unidas. (1945). Intervención del Ministro de Relaciones Exteriores de los
Estados Unidos de Venezuela Dr. Caracciolo Parra Pérez, el primero de Mayo
de 1945.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente 109. Naciones Unidas.
(1947). Intervención realizada por el representante permanente de Venezuela
en Naciones Unidas Carlos Eduardo Stolk.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Expediente [Link] 307
cifrado de fecha 26 de Julio de 1946.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Documento 101, expediente rela-
tivo al ECOSOC.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Exp 199. Esta consideración la
compartió el embajador Stolk en comunicación a cancillería, días después de
la negativa estadounidense.
ACMRE. Dirección de Política Internacional. Documento 199, expediente
ECOSOC .
ACMRE.. Expediente 208. Despacho de Personal Diplomático. Registro de Per-
sonal Diplomático llevado por la oficina de personal de la Cancillería durante
el día y los meses posteriores al 18 de octubre que el personal diplomático per-
maneció casi inmutable.
ACMRE. Política Internacional. Radiograma de fecha 1 de Noviembre de 1946.
ACMRE. Política Internacional. Radiograma 309 de fecha 10 de noviembre de
1946.
ACMRE. Política Internacional. Radiograma 309 de fecha 14 de noviembre de
1946.
ACMRE. Política Internacional. Expediente 109. Radiograma 19 de fecha 14 de
noviembre de 1946.
ESTUDIOS 147
ACMRE. Política Internacional. Expediente 109. Radiograma 19 de fecha 15 de
noviembre de 1946.
ACMRE. Política Internacional. Expediente 109. Radiograma 19 de fecha 17 de
noviembre de 1946.
Centro de Documentación de la Organización de Naciones Unidas.
CDNU. Documento 005-98 de Naciones Unidas. 1946. En intercambio de notas
de la delegación estadounidense en Naciones Unidas se deja mostrar la preo-
cupación de que la delegación venezolana lograse un puesto en el Consejo e
impulsara resoluciones en materia petrolera con impacto social contraria a los
intereses norteamericanos.
CDNU. Minuta de la reunión del grula (grupo latinoamericano) en sesión de 30
de octubre de 1946. Naciones Unidas, Nueva York.
CDNU. N.A- 818,0016-2749 del 27 de junio de 1949: Informe del embajador
Nataniel Davis al Departamento de Estado.
CDNU. N-A. 81800-4 1948, 16 de abril 1948: informe del embajador Berbaum
en Managua al Departamento de Estado.
Fuentes hemerográficas
El País: Declaraciones de Rómulo Betancourt, presidente de la Junta Revolucio-
naria de Gobierno el 28 de diciembre de 1946. La Habana.
Diario el Crisol: Entrevista de periodista cubano a Rómulo Betancourt. La
Habana, 22 de Julio de 1946.
El Imparcial: Declaraciones de Rómulo Betancourt. Guatemala, 27 de julio
de 1946.
Diario de Costa Rica: Declaraciones de Rómulo Betancourt. 30 de julio de
1946. Durante la estadía de Betancourt de tres horas en Costa Rica, a su
regreso de México y luego de pasar por Guatemala.
La Nación: Discurso del 28 de Julio de 1946 en respuesta a las palabras del
presidente de Panamá Enrique Jiménez. Panamá 29 de Julio de 1946.
148 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Diario El Nacional: El escritor Rómulo Gallegos logra imponerse con un total
de 871.752 votos sobre su principal oponente el Dr. Rafael Caldera candidato
de COPEI con 262.204 votos. Caracas, enero 6 de 1948.
El País 13 de abril de 1947.
El Nacional, julio 20 de 1946.
El País, La Habana, 22 de julio de 1946.
El Nacional, 19 de octubre de 1948.
Resoluciones y actas
Acta Final de la Novena Conferencia Internacional de Estados Americanos,
“Resolución XXXII”, Conf, Int. Am, 1945-1954,
Entrevistas
Entrevista realizada el 30 de Junio de 2008 al Coronel del ejercito (r) Alberto
Miliani Balza, cadete del segundo año de la Escuela Militar el 18 de octubre
de 1945 quien participó en los hechos que son objeto de estudio.
149
UN LINAJE ILUSTRE EN MÉRIDA.
LA FAMILIA XIMENO DE BOHÓRQUEZ
(1598-1682)
Francisco Miguel Soto Oráa (*)
Introducción
La familia es una categoría de análisis de especial relevancia para la com-
prensión de los procesos históricos. Ella nos permite entender, a partir de
la readaptación de las normas de sociabilidad implantadas por España en el
Nuevo Mundo, entre otras cosas, las estructuras de poder ligadas al parentes-
co; el entramado de las relaciones entre los individuos de una misma familia
y con el conjunto social en el que está inserta; las nociones de religiosidad;
las estrategias socioeconómicas; en fin, aspectos de la vida familiar que nos
aproximan a entender las dinámicas políticas, económicas, sociales, culturales
y religiosas del devenir del ser humano.
En Venezuela, los trabajos referidos a las familias no son muy numerosos;
en principio, encontramos importantes obras de referencia que abordan las
genealogías de las familias más importantes desde el período colonial, algunas
utilizan fuentes documentales de archivos nacionales y extranjeros. En las últi-
mas dos décadas los trabajos realizados en Venezuela sobre familias han tenido
un incremento, de éstos se destaca el estudio de Juan Almécija (1992): La
familia en la Provincia de Venezuela, por la profundidad de esta investigación
y la concepción teórico-metodológica que emplea, así como la utilización de
las fuentes documentales. También hay que destacar los trabajos de la historia-
dora Mercedes Ruiz Tirado, quien ha sido una de las pocas investigadoras que
ha profundizado en el estudio de las familias en Venezuela, particularmente
sus estudios sobre linajes merideños y barineses y su relación con el comercio
(*) Licenciado en Historia. Universidad de Los Andes.
150 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
del tabaco durante el período colonial. También, existen otras investigaciones
importantes enfocadas al plano regional, que han abordado temas significa-
tivos de las familias y la sociedad, permitiendo desde la Historia Regional
adentrarnos en la vida cotidiana, así mismo han tratado de dar a conocer las
actividades económicas, políticas, religiosas, sociales, entre otras1.
Los trabajos sobre familias coloniales en el caso específico de la ciudad de
Mérida se han acercado al estudio y la reconstrucción de los parentescos de
los linajes más importantes que hicieron vida en la ciudad durante los siglos
XVII y XVIII, sobre la base de la documentación dejada por estas familias,
nos acercan así al entramado social de la ciudad de Mérida; y procuran aproxi-
marse al estudio de las redes que dominaban el poder político y económico
en la ciudad. De igual manera, se interesan por el estudio de sus cualidades
y comportamientos, es decir, sus relaciones con los miembros de su familia
y el resto de su comunidad, el parentesco, su afectividad, su posición ante la
muerte y la conservación del honor y la riqueza familiar2.
Dada la importancia señalada, nos hemos planteado en esta investigación
estudiar a una de las familias de la élite colonial merideña, tomando en cuenta
las especificidades de la región. En particular, nos acercaremos al estudio del
linaje Ximeno de Bohórquez y su actuación en la dinámica económica y po-
lítica de la ciudad de Mérida en sus primeros años de formación y consolida-
ción, es decir, la primera mitad del siglo XVII. Para ello, la categoría familia3
juega un papel fundamental, ya que permite reconstruir y comprender las
1. Para conocer más sobre los estudios de familias realizados en Venezuela revísese el trabajo de
Dora Dávila: “El Tema familia en los estudios históricos venezolanos (Un balance historiográfico
necesario, 1990-2000).” Montalbán, 34 (Caracas, 2001); pp. 275-296 y Yuleida Artigas: Familia,
Poder y Cotidianidad en Mérida. Siglo XVII. Caracas, Universidad Católica Andrés Bello, 2003.
[Trabajo Inédito].
2. Sobre los estudios de familias coloniales en Mérida hallamos los de Teresa Albornoz de López:
Linaje, Matrimonio y Poder en Mérida Colonial: La Familia Cerrada. Mérida, Universidad de Los
Andes. Grupo de Investigación sobre Historiográfia de Venezuela, 1998. Yuleida Artigas y Robert
Darío Castillo: Linajes de la Élite Colonial Merideña: Gavirias y Avendaños (Siglos XVI – XVII).
Mérida, Universidad de Los Andes. Grupo de Investigación sobre Historiográfia de Venezuela,
1998. Mailyn Lira: Los Briceño de Mérida: conformación de una familia de poder económico, político
y social en el siglo XVIII. Mérida, Facultad de Humanidades y Educación, 2004. [Trabajo Inédito]
y María Vergara: Familia Rangel-Carrillo de Cuellar, linaje de la elite merideña. Siglo XVII Mérida,
Facultad de Humanidades y Educación, 2003 [Trabajo Inédito].
3. Para profundizar en los trabajos sobre familias revisar: Mercedes Ruiz Tirado: “La Familia como
categoría analítica en la historia social”, en Presente y Pasado, 5. (Mérida, Enero - Junio de 1998),
ESTUDIOS 151
relaciones socioeconómicas y políticas que se desarrollaban en la vida colonial
de Mérida, tomando en cuenta que en este período las alianzas matrimoniales
servían de estrategia para el dominio del poder, determinando así las formas
de sociabilidad en la colonia. Por lo tanto, la reconstrucción de la estirpe Xi-
meno de Bohórquez podrá permitirnos conocer el desenvolvimiento de parte
de la sociedad merideña del siglo XVII.
El estudio en concreto de la familia Ximeno de Bohórquez en el contexto
de Mérida en el siglo XVII, nos permitirá conocer las relaciones del poder en
la ciudad en el período colonial, tomando en cuenta que esta estirpe pertene-
cía a la élite que dominaba todos los aspectos de relevancia de la ciudad. Nos
acercaremos a las vinculaciones que tuvo con otras familias, por medio del
estudio de las alianzas matrimoniales con las cuales pretendieron incrementar
su preponderancia económica y preservar o “mejorar” su linaje, estableciendo
así una red de lazos con las demás estirpes que mantuvieron el dominio del
poder en la ciudad. Para la realización de esta investigación partiremos de
fuentes bibliográficas y documentales, utilizaremos para ello algunos docu-
mentos que reposan en el Archivo General de Indias, en el Archivo General
del Estado Mérida y en la Biblioteca Nacional-Biblioteca Febres Cordero, de
esta misma entidad andina.
1. El origen de los Ximeno de Bohórquez en Mérida
El linaje Ximeno de Bohórquez se estableció en la ciudad de Mérida a
finales del siglo XVI. El fundador de esta estirpe en Mérida fue Juan Félix Xi-
meno de Bohórquez, nacido en la ciudad de Bogotá, hijo primogénito de los
españoles Pedro Ximeno de Bohórquez, natural de Utrera, y de Doña Beatriz
de Martos y Castillo, natural de Alcalá de Guadaira. De este matrimonio tam-
bién nacieron Francisco Ximeno de Bohórquez y Doña Juana de Bohórquez
Barrera4.
pp. 7-21; Jean Louis Fladrín: Orígenes de la familia moderna. Barcelona (España), Editorial Crítica,
1979; Juan Almécija: La Familia en la Provincia de Venezuela. Madrid, MAPFRE, 1992; Richard
Konetzke: América Latina. La época colonial. Madrid, Siglo XXI Editores S. A., 1971. tomo II.
4. Roberto Picón Parra: Fundadores, Primeros Moradores y Familias Coloniales de Mérida (1558-1810).
Caracas, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, 1988, III, pp. 59 – 60.
152 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Los Ximeno de Bohórquez pertenecían a un linaje ilustre e hidalgo. Pedro
Ximeno de Bohórquez arribó al Nuevo Continente en 1566 y participó en la
conquista de las Provincias de La Palma y Santa Agueda de Gualí5. Además,
en la documentación se le designa como Caballero Hijosdalgo de Sangre6. Mu-
rió en la ciudad de Santa Fe y fue enterrado en el Convento de San Agustín.
Su padre Pedro Ximénez obtuvo la carta de Ejecutoría de Nobleza7 en 1519,
también fue Alcalde de la villa de Utrera por el estado Hijosdalgo. Así mismo,
Juan Ximénez Huste, bisabuelo de Pedro Ximeno de Bohórquez, obtuvo la
Ejecutoria de Nobleza en 13898.
Juan Félix Ximeno de Bohórquez se casó con Doña Luisa de Velasco y
Monsalve, nacida en Cuéllar, quien pertenecía a un linaje benemérito, ya que
era hija del Gobernador Juan Velásquez de Velasco y de Doña Francisca de
Monsalve, además era nieta de Don Hortún Velásquez de Velasco, funda-
dor de Pamplona. De igual manera, sus abuelos maternos fueron Francisco
de Monsalve y Catalina de Pineda, primeros pobladores y vecinos de Tunja.
Según Roberto Picón Parra en Fundadores, Primeros Moradores y Familias Co-
loniales de Mérida (1558-1810), los Ximeno de Bohórquez se avecindaron en
la ciudad de Mérida en 1599, al obtener Juan Félix las encomiendas de Santo
Domingo, Las Acequias, Lagunillas y Aricagua por una Real Cédula concedi-
da el 19 de abril de 1589. Este aspecto es importante resaltarlo, ya que la po-
sesión de encomiendas tenía gran importancia en la sociedad colonial, debido
a que ésta generaba la riqueza básica, y a partir de su efecto multiplicador se
resolvía la producción que no dependía directamente de ella9.
En el asentamiento de los Ximeno de Bohórquez en Mérida es de consi-
derar fue la compra del oficio de Alférez Mayor del Cabildo de Mérida por
5. Ídem.
6. a) “Hijosdalgo: se llama también algunas personas que en los lugares gozan de la exención y
privilegio de Hidalgos, por tener algún título honorífico”; b) “persona noble que viene de casa
y solar conocido, y como tal está exento de los pechos y derechos que pagan los villanos”, en
Diccionario de Autoridades. Edición facsímil. Madrid, Gredos, 1990, p. 150.
7. “Carta de Executoría: se llama la de hidalguía, que tiene el que es hidalgo, por haber litigado y falido
con ella”, en Diccionario de Autoridades…, p. 678.
8. BNBFC. Documentos Históricos: Cabildos – Encomiendas. Caja 9. doc. 1 (1685), Fols. 26 – 27.
“Auto y Pedimento de la encomienda de Alonso Ximeno de Bohórquez”. Mérida, 2 de junio de
1685.
9. Eduardo Osorio: Historia de Mérida: Conformación de la Sociedad Colonial Merideña (1558-1602).
Mérida, Consejo de Publicaciones - Universidad de Los Andes, 2005, p. 42.
ESTUDIOS 153
parte de Juan Félix por la cantidad de 1.500 ducados en el año 1601. El
Alférez Mayor o Real era, por lo tanto, un funcionario protocolar dentro del
Cabildo, que se encargaba de portar el estandarte del Rey en los días de acla-
mación a los monarcas. En principio, las celebraciones eran costeadas por él,
pero luego el Cabildo tuvo la obligación de correr con estos gastos, incluso el
Alférez Mayor o Real podía hacerse acompañar por cuatro criados en dichas
festividades10.
El Alférez Mayor o Real era un cargo del Cabildo eminentemente honorí-
fico, pero tenía destacada importancia dentro de la sociedad colonial, por el
prestigio que daba a quien lo poseía. Hay que tomar en cuenta, que era una
sociedad en la que el honor, el prestigio y la ostentación tenían una enorme
estimación, y el hecho de portar los símbolos y emblemas del Rey confería
una formidable notabilidad entre los miembros de la élite.
En el caso del Alferazgo Mayor en Mérida, Juan Félix Ximeno de Bohór-
quez en el año 1596 compró el oficio por 305 pesos de oro, el cual renunció
en 1598. En el año 1601 obtuvo otra vez el oficio pagando 1.500 ducados.
Sin embargo, en 1606 Juan de Carvajal pidió ante el Cabildo que se le re-
cibiera el título de Alférez Mayor, además dijo haber dado las fianzas por el
mencionado oficio11.
Contrariamente a lo señalado, encontramos en la documentación de ese
mismo año cómo adquirió Juan Félix Ximeno de Bohórquez por 1.000 duca-
dos el oficio de Alférez Mayor, pero este le fue denegado por la Real Audien-
cia y puesto nuevamente a pregón, siendo adquirido por Francisco Ximeno
de Bohórquez, en nombre de su hermano Juan Félix por la suma de 1.200
ducados de once reales, pagados 500 que tenía en la Alcázar y 700 restantes
pagados a la mitad en dos años y la otra mitad dos años después. Con ello
Juan Félix Ximeno de Bohórquez consiguió el Alferazgo Mayor de Mérida,
con todos sus usos y ejercicios, se le entregaron los tambores y los demás
instrumentos del oficio; así como todas las preeminencias y ascensiones que
10. Constantino Bayle: Los Cabildos seculares en América española. Madrid, Sapientia, S.A. ediciones,
1952, pp. 175 -196.
11. BNBFC. Documentos Históricos: Cabildo – Acuerdos. Caja 05. Doc. 01 (1600 – 1606), Fol. 106v.
“Petición que hace Juan de Carvajal ante el Cabildo de Mérida sobre el oficio de Alférez Mayor”.
Mérida, 15 de marzo de 1606.
154 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
confería ser el Alférez Mayor12. De igual manera, los miembros del Cabildo se
comprometieron y acataron esta Real Provisión y Título de Alférez Mayor13.
Juan Félix también se desempeñó como Alcalde Ordinario suplente y el Ca-
bildo de Mérida le encargó diversas funciones como la pacificación de unos
indígenas alzados y el cobro a nombre de los propios de la ciudad14.
2. Relacionamiento familiar con la élite local
La familia Ximeno de Bohórquez se relacionó rápidamente con la sociedad
merideña de finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, ya que se encon-
traba al mismo nivel de la élite constituida en la ciudad desde su fundación.
Los Ximeno de Bohórquez eran descendientes de un linaje prestigioso, lo
que se demostró al obtener Juan Félix el oficio de Alférez Mayor del Cabildo
de Mérida en 1601; relevante en un momento en que los funcionarios re-
presentantes de la monarquía lograban ser aceptados por una sociedad en la
que pronto la nobleza fue galardón de burócratas, más que de soldados de las
huestes conquistadoras15. Esto los ubicó en un lugar privilegiado en la ciudad,
permitiéndole tener una destacada actuación en el poder político, económico,
religioso y social en Mérida.
Nos parece importante señalar que Juan Félix Ximeno de Bohórquez estre-
chó su vinculación con la élite merideña ya establecida y con la que se agregó
décadas después a través de las uniones matrimoniales, sus hijas contrajeron
nupcias con personajes pertenecientes a las familias más relevantes de esta
sociedad. Francisca de Bohórquez y Velasco se casó con Fernando López de
Arriete quien llegó a la ciudad de Mérida en 1615 a cumplir funciones como
Corregidor. Beatriz de Bohórquez y Velasco se unió con Francisco de Gaviria
12. BNBFC. Documentos Históricos: Cabildo – Acuerdos. Caja 05. Doc. 01 (1600 – 1606), Fols. 113v.
– 114v. “Título de Alférez Mayor de Juan Félix Ximeno de Bohórquez”. Mérida, 19 de junio de
1606.
13. Ibíd. Fol. 114.
14. BNBFC. Documentos Históricos: Cabildo – Acuerdos. Caja 05. Doc. 01 (1600 – 1606), Fols. 59v.
– 60. “Encargo del Cabildo algunos vecinos para que averiguaran sobre el alzamiento de unos
indígenas”. Mérida, 26 de agosto de 1603 y BNBFC. Documentos Históricos: Cabildo – Acuerdos.
Caja 05. Doc. 01 (1600 – 1606), Fols. 92 – 92v. “Comisión del Cabildo para cobrar en nombre de
los Propios de la Ciudad”. Mérida, 13 de septiembre de 1600.
15. Pilar Gonzalbo: Familia y Orden Colonial. México, Colegio de México, 1998, pp. 127 – 128.
ESTUDIOS 155
y Quesada, descendiente de Pedro García de Gaviria, uno de los conquistado-
res y fundadores de Mérida. Por su parte, Leonor de Bohórquez, hija de Juan
Félix contrajo nupcias con Pedro Dávila y Gaviria, descendiente de una fami-
lia que se avecindó en Mérida en 1602, tuvo cargos en el Cabildo y distintas
encomiendas en la ciudad.
Es pertinente considerar la riqueza y el poder económico que poseía Juan
Félix Ximeno de Bohórquez dentro de la sociedad merideña de las primeras
décadas del siglo XVII, ya que se trasladó entre 1625 y 1626 hasta el Real
Consejo de Indias en Madrid, por una causa y condenación impuesta contra
él por el Juez de Residencia Gerónimo Serrano Dávila y por una apelación
contra la sentencia que dio Francisco de Sosa, Oidor en la Real Audiencia de
Santa Fe en la causa de Residencia y Litigio que tuvo con el Juez Visitador
Alonso Vásquez de Cisneros16. Por tal motivo, los gastos del viaje y estadía en
España eran muy costosos y sólo unos pocos podían realizarlo, lo que nos da
una muestra del capital del cual disponía Juan Félix Ximeno de Bohórquez
en este período. Sin embargo, Juan Félix no pudo finiquitar las causas en su
contra en el Real Consejo de Indias, ya que enfermó y dictó su testamento en
Utrera el 6 de enero de 1626, murió ese mismo año en la ciudad de Sevilla
adonde lo habían trasladado para curarlo17.
3. Consolidación de la familia y poder social
Al fallecer Juan Félix Ximeno de Bohórquez, su hijo Joseph se hizo cargo
de la familia, sin embargo él también falleció meses después. La administra-
ción de los bienes de la familia y la tutoría de los hijos menores de Juan Félix
quedó a cargo de su esposa Luisa de Velasco. Todo esto se realizó mediante un
poder otorgado por el Capitán y Sargento Mayor Francisco Sanz de Graterol,
Alcalde Ordinario de la ciudad, quien hizo el juramento y otorgó la fianza en
16. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo IX (1624 - 1627), Fols. 216 – 219. “Poder que otorga Luisa de
Velasco a Juan Martínez Calvo y Pedro Sánchez Páez para que concluyan un pleito en el Consejo
de Indias”. Mérida, 17 de junio de 1626 y AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XI (1625 - 1630),
Fols. 67 – 68v. “Poder que otorga Francisco de Gaviria a Juan Martínez Calvo y a Juan de Salazar
para que sigan las causas de Juan Félix Ximeno de Bohórquez en el Consejo de Indias”. Mérida, 23
de abril 1628.
17. Roberto Picón Parra: Fundadores, Primeros Moradores…, III, p.60.
156 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
la que se encargaba la tutoría y curaduría18. Asimismo, se le dio poder para
administrar los derechos, acciones, pesos de plata, oro, maravedíes que per-
tenezcan a sus hijos menores y para tomar posesión de ellos, así como para
poder representarlos en todos los pleitos y causas19.
No obstante, en el año 1627 murió Luisa de Velasco, siendo nombrado tu-
tor y curador de sus hijos, por el Cabildo de la ciudad de Mérida20, el capitán
Francisco de Gaviria, esposo de Beatriz de Bohórquez, tal como se desprende
del poder otorgado por el Cabildo de Mérida en el año 162721. Cabe destacar
que Francisco de Gaviria sólo se convirtió en tutor y curador de las personas y
los bienes de Juan y Ximeno, menores de catorce años, y en el caso de Leonor
de Bohórquez, curador de sus bienes, ya que ella era aún doncella22.
Hacia la década de los años treinta del siglo XVII, Juan de Bohórquez y
Ximeno de Bohórquez comenzaron a destacarse dentro de la ciudad de Méri-
da, ya que ejercieron su dominio de las posesiones heredadas por sus padres y
otorgando poderes; de igual manera, iniciaban su participación política en el
Cabildo. Esto nos parece muy importante, debido a que después que esta fa-
18. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo IX (1624 - 1627), Fols. 216 – 219. “Poder a Luisa de Velasco
para que asuma la tutoría y curaduría de sus hijos tras la muerte de Juan Félix Ximeno de Bohórquez”.
Mérida, 17 de junio de 1626.
19. Ídem.
20. El Cabildo de Mérida ordenó se les comunicara a través del escribano Juan de Paredes a los hijos
de Juan Félix Ximeno de Bohórquez y Luisa de Velasco el auto y la designación de su tutor y
curador. El escribano le notificó, en la casa donde vivía Doña Luisa de Velasco, a Doña Leonor de
Bohórquez el auto donde se le nombraba a su cuñado para que fuera curador de ella y sus hermanos.
Según la documentación, Leonor entendió y aceptó de buena manera, agregando lo siguiente:
“…dijo que por la satisfacion que tenia y de su mucha caridad y Xpristianidad de El caPitan francisco
de gaviria…”, en AGEM. Protocolos Notariales. Tomo IX (1624 - 1627), Fol. 307. “Notificación
a Leonor de Bohórquez del nombramiento de Francisco de Gaviria como su curador y tutor y
curador de sus hermanos”. Mérida, 17 de marzo de 1627.
21. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo IX (1624 - 1627), Fols. 307-312. “Poder para que Francisco
de Gaviria asuma la tutoría y curaduría de los hijos de Juan Félix Ximeno de Bohórquez y Luisa de
Velasco”. Mérida, 17 de marzo de 1627.
22. “…la mujer en edad adolescente que se preparaba para el matrimonio – desde los doce hasta los veinticinco
años, aproximadamente – se la llamaba doncella…”. Tomado de: Carlos Gómez-Centurión Jiménez:
“La Familia, la mujer y el niño”, en La vida cotidiana en la España de Velázquez. Madrid, Ediciones
Temas de Hoy, 1989. p. 174.
ESTUDIOS 157
milia había perdido a sus principales dirigentes, ellos lograron ocupar espacios
de poder relevantes en la ciudad.
Por medio de los documentos notariales podemos considerar el proceso a
través del cual dos personas contraen matrimonio legal, civil y canónico, y de
su revisión se comprenderá la estrategia familiar que utilizaron los Ximeno
de Bohórquez y los Dávila y Rojas para unirse a través de matrimonios sobre
la base de dos objetivos: preservar intactas o aumentar las propiedades y es-
tablecer alianzas políticas y económicas útiles, creando así redes de influencia
en esos ámbitos23. La unión de estas familias nos parece resaltante reseñarlas,
porque observamos a dos linajes importantes en la política y la economía de
la ciudad incrementar su poderío y su importancia dentro de la sociedad. Los
hijos del matrimonio de Juan de Bohórquez y Luisa Dávila y Rojas fueron:
Juan, María Magdalena, Juana, Alonso, Luisa Cecilia, Bartolomé Nicolás, Pe-
dro, Joseph, Andrés y Antonio Domingo24.
Tenemos que señalar que Juan de Bohórquez extendió la importancia de su
apellido y de su linaje con los matrimonios de sus hijas Luisa Cecilia y María
Magdalena con Fernando Rangel de Cuéllar y Andrés Cortéz de Meza, miem-
bros de familias pertenecientes a la élite del Nuevo Reino de Granada. Los
bienes materiales y simbólicos eran intercambiables en la escala de promoción
social y cotizados en el mercado de los matrimonios. Por tal motivo, fue gene-
ral la ambición de contraer enlaces ventajosos, con los que se pretendía sacar el
mejor provecho a la propia fama y a los particulares, con ello se consolidarían
linajes que trataban de emular los de la nobleza peninsular25. Esto lo podemos
notar en las cartas de dote de las hijas de Juan de Bohórquez en la que la suma
entregada a los futuros consortes ascienden a más de 18.000 pesos de plata de
ocho reales castellanos, lo que representaba una suma muy significativa para
la época y demostraba la riqueza que poseía la familia y ostentación que hacía
de ésta los Ximeno de Bohórquez26.
23. Francisco Núñez Roldán: La vida cotidiana en la Sevilla del Siglo de Oro. Madrid, Silex, 2004. (Col.
Biblioteca de Sevilla, 3). pp. 86-87.
24. Roberto Picón Parra: Fundadores, Primeros Moradores…, III, pp. 61-64.
25. Pilar Gonzalbo: Familia y Orden…, p. 118.
26. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XXI (1651 - 1652), Fols. 44-47. “Carta de dote de María
Magdalena de Bohórquez”. Mérida, 16 de agosto de 1651 y AGEM. Protocolos Notariales. Tomo
XXIII (1656 - 1657), Fols.166-167. “Carta de dote de Luisa Cecilia de Bohórquez”. Mérida, 18 de
noviembre de 1657.
158 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Ahora bien, hay que destacar que durante este período las mujeres de la
élite sólo tenían dos caminos en sus vidas: el matrimonio o el convento; en
consecuencia, tener una hija se convertía para los padres en un problema
económico, ya que ambas opciones exigían el desprendimiento de parte del
capital familiar en concepto de dote. A cambio de ésta, el esposo o el conven-
to asumían la continuidad de la custodia de la honra femenina, que hasta el
momento de la entrega era responsabilidad paterna27. Así mismo, el que uno
de los miembros de la familia perteneciera a una orden religiosa incrementaba
el prestigio de un linaje. Además, la religiosidad era fundamental dentro de
la sociedad colonial, tal como lo expresa el historiador Eduardo Osorio: “…
Se era un buen ciudadano en la medida en que se era buen cristiano, porque la
exclusión social tenía como punto de partida el desacato de lo establecido por la
religión…” 28.
Por tal motivo, no es extraño que uno de los miembros de la familia Xi-
meno de Bohórquez ingresara a una orden religiosa. Así lo encontramos en
un documento fechado en 1654 en el que Juan de Bohórquez otorga dote de
2.400 pesos para que su hija Juana Concepción de Bohórquez ingresara al
Convento de San Juan Bautista de las monjas de Santa Clara29, se entregaron
2.000 pesos por la dote y los restantes 400 por el ajuar, conforme a los esta-
tutos de fundación del convento que sus monjas debían llevar30. Del mismo
modo, el ingreso al convento de Juana Concepción de Bohórquez se hizo por
su propio parecer y no por una imposición de su padre, “…por aver sido su
libre y espontanea boluntad estado sirva a dios nuestro señor…” 31.
Por otro lado, los descendientes de Juan Félix Ximeno de Bohórquez incre-
mentaron sus posesiones económicas de manera significativa, ya que tuvieron
27. Francisco Núñez Roldán: La vida cotidiana en la Sevilla…, p. 104.
28. Eduardo Osorio: Historia de Mérida…, p. 157.
29. Para profundizar sobre el tema véase el trabajo de Neyra Zambrano: Fundación del Convento de
San Juan Bautista de la Orden de Santa Clara de Mérida y su función financiera a través de los Censos
(1651-1670). Mérida, Facultad de Humanidades y Educación, Universidad de Los Andes, 1980,
[Trabajo Inédito] y Gloria Caldera de Osorio: El Convento de Santa Clara de Mérida. Evolución
institucional y función económico-social. Época colonial. Mérida, Escuela de Historia, Facultad de
Humanidades y Educación, Universidad de Los Andes, 1981. [Trabajo Inédito].
30. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XXII (1654 - 1658), Fols. 178v. - 180. “Dote al Convento
Juana Concepción de Bohórquez”. Mérida, 26 de octubre de 1654.
31. Ídem.
ESTUDIOS 159
propiedades territoriales y urbanas no sólo dentro de la ciudad de Mérida y sus
alrededores sino en otras regiones del Nuevo Reino de Granada y la Goberna-
ción de Venezuela32, aumentando así la riqueza de los Ximeno de Bohórquez
y el prestigio de este linaje dentro de la sociedad merideña del siglo XVII.
En lo que corresponde al poder político, Juan de Bohórquez y su hermano
Ximeno de Bohórquez consolidaron el poder de esta familia al ocupar cargos
en el gobierno local de la ciudad y en la Provincia de Mérida. En el Cabildo
de Mérida desempeñaron cargos de gran relevancia. En 1640 por mandato de
la Real Audiencia de Santa Fe se le confirmó a Juan de Bohórquez el título de
Alférez Mayor del Cabildo de Mérida33. Este sería uno de los primeros oficios
que tendrían los miembros de la familia Ximeno de Bohórquez, los cuales
ampliarían en los años siguientes.
En las décadas de los años cuarenta y sesenta Juan de Bohórquez ocupó el
cargo de Alcalde Ordinario del Cabildo de la ciudad de Mérida. Sobre su ejer-
cicio encontramos en la documentación un poder fechado en 1646 en el que
Juan de Bohórquez otorga a su hermano Ximeno de Bohórquez y a Pedro de
Torrealba, vecinos de Mérida, para que lo defiendan y presenten pruebas ante
32. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XII (1628 - 1635), Fol. 22-22v. “Poder que otorga Juan de
Bohórquez a Bartolomé Carrero Presbítero en la Grita y Antón de los Ríos por unas tierras en la
Grita”. Mérida 09 de mayo de 1635; AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XIV (1636-1638), Fols.
66v. – 68. “Venta de estancias y casas que realiza Ana Martín viuda de Joan Martín de Zerpa a Juan
de Bohórquez”. Mérida, 16 de junio de 1637; AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XXX (1673-
1676), Fols. 136-139. “Compra hecha por Juan de Bohórquez sobre unas estancias en Pueblo
Llano”. Mérida, 30 de marzo de 1672; AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XVII (1642), Fols.
48-49. “Venta que hace Juan de Bohórquez de una estancia en la Grita”. Mérida, 14 de febrero de
1642; AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XIV (1636 - 1638), Fols. 209 - 211. “Censo de Juan
de Bohórquez y otros con una Capellanía hipotecando tierras de cacao”. Mérida, 25 de septiembre
de 1637; AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XXII (1654-1658), Fol. 107-107v. “Venta de Juan
de Bohórquez de medio solar y una casa de paja a Juana Muñoz”. Mérida, 19 de junio de 1654
y AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XXXII (1679 - 1680), Fol. 299v-302v. “Censo del capitán
Juan de Bohórquez y Alonso Ximeno de Bohórquez se constituyen en fiadores de Andrés Ximeno
de Bohórquez”. Mérida, 14 de noviembre de 1680.
33. Hermano Nectario María: Catálogo de los documentos referentes a la antigua Provincia de Maracaibo,
existentes en el Archivo General de Sevilla. Caracas, UCAB. Instituto de Investigaciones Históricas.
1973, p. 262.
160 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
el nuevo Gobernador sobre su gestión como Alcalde Ordinario de la ciudad34.
De igual manera, en los años sesenta del siglo XVII, Juan de Bohórquez se
desempeñó como Teniente General de Gobernador y Capitán General de la
Provincia de Mérida35.
Los Ximeno de Bohórquez también participaron en acciones militares de
defensa en contra de los ataques de los piratas y corsarios. Juan de Bohórquez
participó en dos ocasiones en acciones militares, en el año 1642 acudió como
Capitán de Infantería española al socorro del puerto de Gibraltar, con 30
hombres financiados por él contra los invasores corsarios y en 1666 partió
nuevamente a defender el puerto de Gibraltar y el Lago de Maracaibo contra
los franceses, junto a su hijo Alonso de Bohórquez y otros familiares36.
Podemos puntualizar que en la incursión militar de 1666 Juan de Bohór-
quez, junto a su hijo Alonso, acudió a la defensa de Gibraltar contra el ataque
de los franceses, costeando con sus propios medios las provisiones necesarias
para cada hombre en dicha acción militar. En la operación se encontraban
bajo las órdenes de Gabriel Guerrero de Sandoval, Gobernador de Mérida,
quien resultó muerto en batalla, por lo cual se replegaron los defensores al
Castillo hasta que quedaron sin municiones y se rindieron. Luego fueron eje-
cutados Don Pedro Dávila y Rojas, Luis Dávila y Rojas e Ignacio Dávila y
Rojas, familiares por afinidad de Juan de Bohórquez37.
Por su parte, Juan de Bohórquez, además de resultar herido y lisiado, que-
dó prisionero junto a su hijo Alonso y Pedro Dávila y Rojas. Durante sus
presidios fueron sometidos a varias penurias y les fueron robadas todas sus
34. AGEM. Protocolos Notariales. Tomo XIX (1646 - 1647), Fol. 3 – 3v. “Poder que otorga Juan de
Bohórquez a Ximeno de Bohórquez y a Pedro de Torrealba para que presente pruebas sobre su
gestión como Alcalde Ordinario”. Mérida, 08 de febrero de 1646.
35. BNBFC. Documentos Históricos: Cabildos – Encomiendas. Caja 9. doc. 1 (1685), Fol. 24. “Auto y
Pedimento de la encomienda de Alonso Ximeno de Bohórquez”. Mérida, 2 de junio de 1685.
36. En un documento fechado en 1685, se relata que en 1642 Juan de Bohórquez partió con varios
soldados a la defensa de Gibraltar y que los gastos de esta operación fueron costeados por él. En
BNBFC. Documentos Históricos: Cabildos – Encomiendas. Caja 9. doc. 1 (1685), Fol. 24. “Auto y
Pedimento de la encomienda de Alonso Ximeno de Bohórquez”. Mérida, 2 de junio de 1685.
37. AGEM. Encomiendas y Tierras de los Resguardos Indígenas. Tomo IV, Fols. 208 – 209v. “Vacante de
la encomienda de los indios de los pueblos de Mucuño, de apellido Mucufez y Santo Domingo,
por muerte del encomendero capitán Don Alonso Ximeno de Bohórquez”. Mérida, 12 de abril de
1666.
ESTUDIOS 161
pertenencias y pertrechos por los franceses38. Juan de Bohórquez también par-
ticipó en la pacificación de los indios de Pedraza y otros lugares de los llanos,
cumpliendo de esta forma con su servicio a la Corona y a su Majestad39.
Conclusiones
Pudimos constatar que la familia Ximeno de Bohórquez ocupó un lugar de
gran relevancia dentro la sociedad merideña del siglo XVII, fungiendo como
una de las principales de la ciudad en el período. Observamos cómo la estirpe
logró poseer distintas propiedades territoriales y disfrutar de las encomiendas
de Santo Domingo, Las Acequias, Lagunillas y Aricagua, siendo ambos los
principales medios de producción, generadores de riqueza en una sociedad
agrícola y económicamente humilde como la merideña del siglo XVII.
El control del poder económico les permitió obtener cargos de importancia
en el Cabildo merideño, teniendo una destacada actuación por la relevancia
de los oficios que ocuparon, tales como Alférez Mayor y Alcaldes Ordinarios.
El dominio de estos poderes le permitió a la familia Ximeno de Bohórquez
ostentar un lugar privilegiado en la ciudad, lo que incrementó su prestigio y le
permitió unirse con miembros pertenecientes a los linajes más destacados de
Mérida y otras regiones del Nuevo Reino de Granada en el siglo XVII.
Al analizar las particularidades del poder en la ciudad de Mérida conclui-
mos que tanto el dominio de los elementos principales de la economía, como
lo eran las posesiones territoriales, las encomiendas y tenencia de mano de
obra esclava y la adquisición de cargos en el Cabildo, eran factores fundamen-
tales para controlar el poder y obtener notoriedad dentro de la sociedad, ello
permitía consolidar una hegemonía que ejercía su dominio y se hacía notar en
todos los aspectos de la vida cotidiana de estas familias.
Con el dominio del poder económico y la riqueza que generaba, las fami-
lias de la élite podían comprar oficios de gran honorabilidad dentro del Ca-
38. Ídem.
39. Ídem.
162 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
bildo, como alferazgos y regidurías o ser distinguidos en las elecciones anuales
con el cargo de Alcalde Ordinario, logrando así obtener el control del poder
político. Todo otorgaba notabilidad y prestigio que permitiría que las familias
más importantes buscaran emparentarse con ellas, para incrementar su rique-
za y su honorabilidad dentro de una comunidad en la que dichas cualidades
eran de vital importancia.
Documentos
165
GACETA MUNICIPAL Nº 3.061
DEL MUNICIPIO BOLIVARIANO LIBERTADOR,
DEL 24-09-08, QUE CONTIENE EL DECRETO RELATIVO
A LA DECLARATORIA COMO PATRIMONIO DE CARACAS
AL ARCHIVO HISTÓRICO DE LA CIUDAD
166 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
DOCUMENTOS 167
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
171
EL BOLIVAR DE JOHN LYNCH:
UNA OBRA DE FACIL LECTURA,
PERO DE LENTA Y LABORIOSA
DIGESTION INTELECTUAL
Germán Carrera Damas (*)
La obra de John Lynch Simón Bolívar, a Life (Yale University Press. New
Haven and London, 2006), es una bien concebida oferta para los lectores que
no están familiarizados con la vida del grande hombre que simboliza, en su
momento y en su proyección, la mayor parte de la historia de la Venezuela
republicana. Pero es, igualmente, un bien tramado discurso, histórico e histo-
riográfico, muy apropiado para hacer reflexionar a quienes estamos familiari-
zados profesionalmente con esa historia. Para los primeros, el planteamiento
circunstanciado y crítico de acontecimientos e ideas, correlacionándolos en
la acción política y militar del biografiado, e incluso en su conformación y
desenvolvimiento como personalidad. Para los segundos, concisos ensayos de
interpretación, y sugerentes preguntas “de cierre y apertura interpretativa”,
que se combinan para ayudar a la comprensión de cuestiones particularmente
complejas. En suma, se trata de una obra que lleva a un alto nivel de novedad
y lucidez interpretativas una vida abrumada por el uso y abuso que de ella
han hecho los historiadores bolivarianos y los aventureros del poder, quienes
se han arropado con el prestigio de Simón Bolívar para intentar dignificar
sus designios de opresión y lucro. Consciente de esta realidad, al romper el
texto, su autor da prueba de su acreditada condición de historiador cabal,
cuyo riguroso desempeño científico le lleva a honrar el compromiso, –sin
cuyo cumplimiento la comprensión e interpretación del sujeto histórico que-
(*) Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia y miembro de la Comisión de Publi-
caciones.
172 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
daría trunca–, con la obligación de censurar la grotesca falsificación de la
historia de que es víctima su biografiado. Y lo hace en términos inequívocos:
‘‘Se lo han apropiado partidarios y ha sido cooptado por gobiernos: su actual
encarnación en Venezuela como modelo de populismo autoritario proyecta
una interpretación más de su liderazgo y conmina al historiador a enderezar
las cosas.” Sin pregonarlo, a contribuir a esta labor de enmienda se dedicó el
autor con gran destreza.
Pero, antes de proseguir me permito consignar mi convicción de que al
aceptar el encargo de redactar esta nota bibliográfica, he acometido una em-
presa que me es tan grata como ardua. Es una empresa, porque me obliga a
comprimir observaciones y reflexiones que merecerían extenso desarrollo. Es
difícil la empresa porque obliga a escoger tópicos de una manera que resulta,
inevitablemente, poco menos que arbitraria. Y es gratificante la empresa por-
que el realizarla se inscribe en una conversación, oral y escrita, que mantengo
con el autor y su obra toda desde hace unas cuatro décadas.
* * *
El marco de la acción histórica de Simón Bolívar es calificada por el au-
tor, desde el inicio mismo de la obra, como “su revolución” (p. 2); si bien
el actor estrella de tal revolución “reflejó la época en que vivió, de manera
que advertimos en él pruebas de Ilustración y democracia, de absolutismo
e incluso de contrarrevolución” (p. 28), lo que lleva a la conclusión de que
“su propia revolución fue única” (p. 29). Por estas razones considera el autor
que insistir excesivamente en “los orígenes intelectuales de la revolución de
Bolívar y subrayar la influencia del pasado significa ensombrecer su auténtica
originalidad” (p. 29). Por consiguiente el autor, si bien hace extensas y básicas
consideraciones sobre la formación intelectual de Simón Bolívar, parece llegar
a una conclusión que, a mi juicio, es lo más relevante y sin embargo no lo
más desarrollado de su mensaje, y tal es la creatividad, unida al coraje, tanto
intelectual como político y militar, de expresarla y ponerla por obra. Es pre-
cisamente esta suerte de acervo individual lo que no han podido usurpar los
saqueadores de su gloria.
Pero cabe preguntarse, acerca de las razones aducidas en abono de la espe-
cificidad de la revolución personificada por Simón Bolívar, sobre la circuns-
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 173
tancia de que “concibió la revolución americana como más que la lucha por
la independencia política” (p. 151), y que la promovió como una revolución
continental que lo llevó al Perú (p. 484). La unicidad de esta revolución hace
que “no se parezca a los movimientos revolucionarios europeos y del Atlántico
Norte” (p. 286). Pero esta revolución política “estuvo acompañada de reforma
social, no más” (p. 292). A lo largo de la obra se expresan y evalúan las ideas
y propósitos de esa reforma, tales como la abolición de la esclavitud –que ca-
bría considerar el más relevante propósito revolucionario, en acuerdo con los
criterios del materialismo histórico–; la emancipación de los indios y la consi-
guiente generalización de la propiedad privada; y la separación entre el Estado
republicano y la Iglesia, simultáneamente la subordinación institucional de
esta última. Todo esto en pugna con una vaga tendencia a la democracia, -si
bien más supuesta que real-, y con el liberalismo doctrinario y su expresión
federalista, al igual que con las proyecciones de estos últimos en el ejercicio de
la libertad y la vigencia de la igualdad resultante de la guerra.
Lo que llevaría a concluir que se trató de una revolución política que, a la
postre, se vio condicionada, en sus proyecciones sociales, por la necesidad y la
urgencia de restablecer la estructura de poder interna de la sociedad, arraigada
en el pasado colonial; situación esta última ventilada por el autor (p. 290).
En suma, consideraciones de este género exonerarían al autor de plantearse un
punto muy debatido por la historiografía venezolana, en términos de si la de
Independencia fue una guerra internacional. La formulación y consolidación
del proyecto nacional venezolano requería que lo fuese. La historia nacional
no sólo proveyó lo necesario sino que buscó salvar así tal contienda de haber
sido una guerra civil, lo que le habría contagiado el descrédito de la post In-
dependencia. En cambio, mal puede concebirse una revolución política, con
proyección de reforma social, que no resultase una guerra civil. El desenlace de
esta confrontación entre ideas y propósitos reformistas, y realidades renuentes
al cambio, no pudo ser más trágico: “En el mundo de Bolívar, Sucre [general
Antonio José de] fue su heredero espiritual y político. Su muerte significó el
fin de la revolución” (p. 275).
Pero, utilizando un recurso muy del gusto del autor, cabe preguntarse so-
bre cuál revolución había muerto. Para acercarnos al fundamento de tal con-
clusión, cabe destacar algunas cuestiones representativas, partiendo de la afir-
mación de que en la Carta de Jamaica, de 1815, “Bolívar, a plena conciencia,
174 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
se vio a sí mismo ubicado del lado del cambio contra la tradición, a favor de
la revolución contra el conservatismo” (p. 94). La Independencia representaba
ese cambio de la manera más visible, pero probablemente tal cambio frente a
la tradición tocaba sobre todo al propósito de reforma social que acompañó
esa lucha, y tal propósito chocaba con los intereses del componente criollo
que, combinado con el componente metropolitano, se conjugaban en el po-
der colonial que regía la sociedad monárquica colonial.
En este orden de ideas, el autor destaca el fenómeno social que fue deno-
minado pardocracia, entendida ésta como la exacerbación de la ancestral aspi-
ración igualitaria de los pardos; el destino de la esclavitud como institución, y
la propiedad excluyente de la tierra como criterio de la estructura social. Sobre
cada una de estas cuestiones la obra entrega extensas y pertinentes considera-
ciones, cuyo apropiado comentario desbordaría el espacio de esta nota.
Me limitaré a apuntar que en relación con la pardocracia, vista como un
peligro (p. 107), el autor la relaciona con la tragedia del general Manuel Piar,
dándole fe a la acusación, muy teñida de la disputa por la jefatura militar,
que le formuló Simón Bolívar: “Piar representaba el regionalismo, el perso-
nalismo y la revolución de los negros. Bolívar estaba por el centralismo, el
constitucionalismo y la armonía social” (p. 107). La pardocracia y el general
Francisco de Paula Santander eran “dos de las primordiales susceptibilidades
de Simón Bolívar” (p. 237). En cuanto a los pardos el saldo no pudo ser más
desalentador: “Para la masa de los pardos la Independencia significó, si algo,
una regresión” (p. 289).
La cuestión representada por el destino institucional de la esclavitud mues-
tra dos posiciones extremas. Mientras Simón Bolívar evolucionó hacia una
convicción abolicionista genuina, que le llevó a liberar sus propios esclavos,
los esclavistas hacendados no siguieron su ejemplo porque “no era esa su idea
de una revolución republicana” (p. 109). Es más, en el vasto y diverso escena-
rio de la República de Colombia, y particularmente en Bolivia, cuyo proyecto
de Constitución redactado y propuesto por Simón Bolívar contemplaba la
inmediata y plena abolición de la esclavitud, tal política fue impopular (p.
207) porque chocaba con el derecho de propiedad, cuyo restablecimiento se
procuraba como factor necesario de la recuperación de la estructura de poder
interna de la sociedad. Por ello “la esclavitud sobrevivió a la Independen-
cia virtualmente intacta” (p. 210), si bien conceptual e incluso jurídicamente
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 175
condenada a desaparecer, quedando así comprobado que “Bolívar nunca tuvo
el poder requerido para actuar a su gusto”, pues al mismo tiempo que sus ad-
versarios liberales lo calificaban de tirano, eran más que obvias las limitaciones
de su poder, al ver rechazadas por ellos sus políticas liberales (p. 288).
No eran menores las dificultades y la complejidad de las repercusiones
de las medidas que, si bien indirectamente, guardaban relación con la
cuestión de la propiedad excluyente de la tierra, pues ésta y los esclavos
constituían el núcleo de la propiedad como factor primordial del ordena-
miento social que se buscaba restablecer y estabilizar, para promoverlo como
una sociedad republicana moderna liberal. Cabe observar, de entrada, que
el autor no parece haberle concedido suficiente atención a la conveniencia
de precisar la motivación real de lo decretado y lo actuado en esta materia.
Es posible alegar que el propósito de lo resuelto y actuado no fue repartir
la tierra sino pagar las tropas y funcionarios independentistas, y que esto
se hizo con los bienes confiscados y secuestrados a los enemigos, -ya fuesen
ganados, tierras o bienes raíces–, según las circunstancias y una vez vista la
imposibilidad de venderlos. Sólo en caso de insuficiencia de tales medios se
resolvió recurrir a bienes nacionales y, en alguna ocasión, a la adquisición de
ganados, para su adjudicación. Esta política, denominada pago de haberes
militares, fue común a ambos contendores. No obstante, el autor parece
considerar esta práctica sobre todo como una disposición de que se distri-
buyese a las tropas independentistas tierras de propiedad nacional (114).
Es más, el autor señala a “Jefes como Páez. que adquirieron propiedades
que en muchos casos habrían debido ser asignadas a las tropas, frustrando
así el propósito de Bolívar de distribuir la tierra confiscada y nacional a los
simples soldados” (p. 147).
El autor saca una conclusión respecto de estos aspectos, que considera
esenciales, de la acción histórica de Simón Bolívar, y lo hace en términos
muy claros: “Bolívar no promovió una revolución social, y nunca preten-
dió hacerla. La distribución de la tierra, la igualdad social, la abolición de
la esclavitud, los decretos a favor de los indios, fueron políticas de carácter
reformista –no de un revolucionario.” La razón de este limitado alcance no
deja lugar a dudas: “Era demasiado realista para creer que podía cambiar
la estructura social de América por medio de la legislación e imponiendo
políticas inaceptables para los grandes grupos de interés” (p. 287). En suma,
la de Bolívar habría sido una revolución política que abrigó propósitos de
176 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
reforma social, algunos de cuyos aspectos perduraron como aspiraciones en
los episodios de la misma revolución política que se desarrollaron luego de
la desintegración de la República de Colombia, en 1830; es decir cuando ya
la controvertida sombra del gran revolucionario político y reformador social
no opacaba los méritos de tales reformas.
La comprobación de esta imposibilidad requiere, para ser rectamente en-
tendida, referirla a las herramientas conceptuales utilizadas por el revolucio-
nario político y reformador social. Pero parece que un intento en este sentido
debe partir de la comprobación primaria de que se trató, como veremos, de
las peripecias enfrentadas por un político realista y creativo; conjunción de
aptitudes que le permitieron formular una teoría de la independencia de His-
panoamérica, siguiendo un desarrollo ideológico en el que le fue necesario
dilucidar posiciones, y deslindar espacios, respecto de principios generales ati-
nentes al liberalismo doctrinario, al absolutismo y a la democracia, en sus ex-
presiones más en boga: el desacreditado federalismo, la detestada monarquía
y la temida anarquía.
Según John Lynch, si bien Simón Bolívar “no fue el primer estadista en
construir una teoría de la emancipación colonial” (p. 92), ya en 1815 su elo-
cuencia “llevó la revolución hispanoamericana a la cima de la historia mun-
dial, y su propio papel al liderazgo tanto intelectual como político” (p. 92).
Para conseguirlo “Tuvo que diseñar su propia teoría de la liberación nacional,
y esta fue una contribución a las ideas de la Ilustración, no una imitación”
(p. 92).
En este esfuerzo creativo, en el cual se conjugaron el balance cultural crí-
ticamente adquirido, y las enseñanzas brotadas de la acción política y militar,
fue necesario repensar nociones entonces reinantes en relación con el libera-
lismo doctrinario, lo que resultó particularmente significativo en la constancia
de su política en lo concerniente a las relaciones entre el Estado y la religión,
diferenciándolas de las seguidas con la Iglesia (p. 244). Pero si bien esta área
de confrontación con los imperativos sociales tuvo una notable importancia,
donde tal confrontación llegó a su más alto grado fue en lo concerniente a la
democracia y el federalismo, como expresión primaria de la soberanía popular
la primera, y como ejercicio de la soberanía nacional el segundo; ambos facto-
res enmarcados en la organización del Estado y en el grado de cohesión y efi-
cacia del Gobierno. No son pocas en esta obra las expresiones de desconfianza,
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 177
de parte de Simón Bolívar, acerca de las posibilidades de la democracia en las
nacientes repúblicas dotadas de sociedades coloniales, al igual que acerca de la
inherente fragilidad política del federalismo.
* * *
Las circunstancias que formaron el escenario de la acción histórica de Si-
món Bolívar, y los instrumentos conceptuales empleados por él para desenvol-
verse, de manera realista y con aptitud creativa, en tan diverso y vasto escena-
rio, reclaman la mesurada valoración del actor como hombre, atendiendo a su
personalidad, a los principios asumidos en el desarrollo de su acción histórica,
y a las cualidades que dieron sustento o apoyo a la observancia de esos princi-
pios, llevando el conjunto a confluir en el alto prestigio de que gozó.
Dice John Lynch que “Bolívar fue un hombre de ideas, pero también un
realista”. Al decir esto señala su capacidad de relacionar ideas con la práctica,
en el sentido de que fuese esta última el criterio de validación de las primeras.
Por ello, “El liberalismo de Bolívar se basó no sólo en los valores sino tam-
bién en el cálculo. Al tomar decisiones políticas no miraba automáticamente
hacia el modelo político de la Ilustración sino hacia situaciones específicas”
(p. 144).
En lo concerniente a la creatividad, no es fácil correlacionar dos afirmacio-
nes sucesivas del autor. Luego de asentar que “En la Constitución Boliviana
y el mensaje que la acompañó Bolívar alcanzó la cresta de su creatividad”
(p.250), sostiene que “Fue Bolívar, el intelectual, el teórico político, quien dio
a la independencia de Hispanoamérica su apuntalamiento intelectual, en tra-
bajos cuyo estilo y elocuencia todavía resuenan” (p. 284). Pero dicho esto úl-
timo el autor introduce el correctivo: “Pero Bolívar no fue tan idealista como
para imaginar que América estaba dispuesta para la democracia pura, en que
la ley podía anular instantáneamente las desigualdades de la naturaleza y la
sociedad” (pp. 285-286).
La historiografía bolivariana, en su conjunto, ha llegado al exceso de
pretender que de las buenas cualidades y aptitudes, Simón Bolívar apenas
las reunía todas, pero, eso sí, en el más alto grado. John Lynch destaca tres,
interrelacionadas. En primer lugar, “La capacidad de Bolívar como líder era
178 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
innata, no aprendida; incrementada por la experiencia pero no adquirida de
otros” (p.296). A lo que se añadía el hecho de que “Fue también un hombre
de acción, aunque él mismo parece haber sido indiferente ante la cualidad que
lo diferenciaba de los demás: su resistencia y su tenacidad” (p. 296). A lo que
se añadía, como estímulo a su amplitud de miras, pues “no fue un esclavista y
nunca un racista” (p. 152).
Como corresponde a una biografía bien orientada desde el punto de vista
historiográfico, no cabía omitir la cara de la personalidad que algunos moji-
gatos, de ayer y de hoy, han considerado menos relevante, pero en este caso
bien ubicada respecto de lo fundamental de la obra, guardando también la
proporción entre los rasgos a ser historiados. Así, la muy importante partici-
pación de Manuel Sáenz en el último tranco de la vida plena de Simón Bolí-
var, y el record amatorio de un Libertador que disfrutaba del baile y gustaba
de preparar sus propias ensaladas (p. 285). En suma: “nacionalista venezolano,
héroe americano, macho male, Bolívar se corresponde con todos los papeles”
(p. 301).
Con gran acierto, John Lynch destaca en su obra la importancia de la que
denomina la pureza de los principios, refiriéndose a los practicados por Simón
Bolívar, y atendiendo a la dificultad de su observancia en razón de su hacer
histórico. Como consecuencia de la invasión del Virreinato del Perú, y de su
desmembración, el fondo de principios de Simón Bolívar se vio sometido a
una severa prueba. Si bien, según el autor, se vio inmerso en un mundo de
“codicia y desigualdad que él carecía de fuerzas para cambiarlo, el Libertador
se mantuvo incorruptible” (p. 210), las circunstancias fueron tales que “Perú
hizo aflorar lo peor de Bolívar, a la vez halagando y frustrando su gusto por la
gloria y el liderazgo” (p. 211), hasta el punto de que su fiel Daniel Florencio
O’Leary dice de esos tiempos que fueron “los días de la pérdida de la pureza
y la inocencia de sus principios” (p. 211). Pero fue la suerte de la República
de Colombia la que definitivamente retó la perseverancia de Simón Bolívar
en la observancia de principios fundamentales, al planteársele la cuestión del
alcance que podía reconocérsele a la libertad, en presencia de opositores que
buscaban “subvertir el mismo Estado que garantizaba su existencia”, tratándo-
se de un poder público legítimamente constituido (p. 253). Cobraba con ello
plena vigencia el planteamiento de la constante inclinación de Simón Bolívar
hacia la instauración de un Estado firme, lo que se compadecía con su per-
sonal preferencia por un gobierno fuerte, que consideraba necesario no sólo
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 179
para la acción militar, sino también en la instauración y el funcionamiento del
Estado mismo (p. 204); hacia el ejercicio de una suerte de despotismo ilustra-
do, como el que quiso instaurar Sucre en Bolivia (p. 204); y hacia la dictadura,
establecida mediante una suerte de poder absoluto otorgado por aclamación,
como variante de la dictadura comisoria “o provisional”, que era, de hecho,
una acentuación de los poderes extraordinarios que le fueran reiteradamente
conferidos por los congresos de Colombia. Concluye John Lynch que puesto
Simón Bolívar en este trance, “El hombre que denunció la tiranía de España
nunca consideró seriamente la adopción de la monarquía; en todo caso, la
monarquía constitucional no era para él suficientemente fuerte. Básicamente,
procuraba una especie de monocracia. Todo retornaba a la presidencia vitali-
cia, propuesta en su Constitución para Bolivia” (p. 245”.
Las acciones, como la observancia de los principios, contaban con una base
persistente, pues el “Irreductible hecho seguía siendo que la fuente de la legiti-
midad del Libertador eran sus propias cualidades personales” (p. 252). Entre
éstas sobresalía la creatividad, manifiesta en la invasión de Nueva Granada, la
anexión de Quito a la República de Colombia y la invasión, y la consiguiente
desmembración, del Virreinato del Perú; como también en su continuada
labor de constitucionalista, como crítico y como redactor de constituciones.
En estas actividades se manifestó lo que John Lynch denomina “un sistema de
pensamiento y acción” (p. 119); apoyado, a su vez, en una constante ideoló-
gica, subrayada por el biógrafo (p. 71), como perceptible desde Cartagena, en
1812, y desarrollada en Jamaica, en 1815, que tuvo a su servicio el “obligante
poder de su oratoria” (p. 297), y una “prosa única, una mezcla singular de
estilos, clara, alusiva, rica en metáforas y en ocasiones lírica” (p. 297). Coro-
naba estas cualidades un sentido de la gloria, que “era una pasión dominante,
un constante tema de su autoestima, y a veces pareció desear la gloria tanto, e
incluso más, que el poder” (p. 292). Todo confluía en el prestigio que respaldó
un liderazgo, comprobadamente firme, que le permitía ejercer su autoridad
como soldado, político y estadista, haciendo que le siguieran incluso califi-
cados recalcitrantes (p. 142). Pero esta capacidad de atracción iba unida a la
severidad, pues, según el autor, “no era fácilmente propenso a la piedad” (p.
282). Su determinación reposaba en la confianza que derivaba de su postura
moral (p. 282), revelada en la convicción de que “La guerra de liberación era
una justa guerra. De lo que no tenía la menor duda” (p. 282). No menos efec-
tiva era, en este sentido, su disposición a asumir las responsabilidades tanto de
sus fracasos como de sus éxitos (p. 298). John Lynch asienta, en síntesis, que
180 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
de esta manera quedaba demostrado que “Las revoluciones requieren quien
dirija y quien siga. Los pueblos siempre seguirán a quien tenga las ideas más
claras y la más clara noción de propósito. Estas fueron las cualidades que per-
mitieron a Bolívar dominar las élites y dirigir las hordas” (p. 211).
* * *
Dejo de lado muchos aspectos de esta obra, aún reconociendo que desde
puntos de vista diversos del adoptado para componer esta nota bibliográfica,
ellos tienen, separadamente y más aún en conjunto, una relevancia hasta equi-
parable a la de los aquí comentados, –me refiero, por ejemplo, a cuestiones
como la crítica a la Primera República venezolana, la conquista del liderazgo
político y militar en 1817-1819 y la formulación y promoción de las organi-
zaciones multinacionales–, sólo que he optado por concentrar mi atención en
la personalidad histórica e individual del biografiado.
Por ello me parece razonable intentar un balance, distinguiendo entre los
resultados de esta aproximación al personaje biografiado los que, guiándonos
por los criterios del autor, podrían ser calificados de positivos, y los que lo
serían de negativos. Entre los primeros cabe mencionar algunos que el autor
considera aciertos, tales como la consagración de Simón Bolívar en la calidad
de Padre de la Patria, su legado histórico, y el efecto que tiene, en quien la
estudia, lo que denomino el poder de seducción de su personalidad histórica
y privada. En el rubro de lo negativo, que representa sobre todo el resultado
del saqueo padecido por su legado, cabe mencionar el culto erigido mediante
la tergiversación de su memoria, la conformación de una suerte de segunda re-
ligión al convertir ese culto de un culto del pueblo en un culto para el pueblo,
y, recientemente, el uso perverso de ese fenómeno sociocultural para servir
propósitos que ninguna relación válida guardan con el objeto torpemente
sacralizado.
Son muchos los casos y las acciones en que la participación de Simón
Bolívar ha suscitado controversia sobre su acierto y desacierto. En este gru-
po figuran la prisión y entrega de Francisco de Miranda a las fuerzas del
Rey, la declaración de guerra a muerte, el proceso y ejecución del general
Manuel Piar, la convalidación del surgente caudillismo del general José An-
tonio Páez, la insistencia en que la Constitución que redactó para Bolivia
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 181
fuese adoptada por las repúblicas de Perú y Colombia, y hasta el ejercicio de
la dictadura comisoria en esta última. En otros casos se asocia la noción de
desacierto con la no bien entendida de fracaso, como sucede con la creación
de la República de Colombia, que fue básica para el logro de la indepen-
dencia; y con la invasión y la desmembración del Virreinato del Perú, que
consolidó la independencia de la América hispana. Pero el autor subraya, en
materia de aciertos, dos altamente significativos y muy personales. Uno fue
la selección de Antonio José de Sucre como el más capaz de sus generales y
posible heredero, la que considera una decisión inspirada que dice mucho
“tanto de los valores de Bolívar como de las cualidades de Sucre” (p. 282).
El otro gran acierto consistió en comprender que si bien, como lo sostuvo,
la libertad es el único objeto que merece que un hombre le sacrifique su
vida, la “libertad en sí no es la clave de su sistema político. Desconfiaba de
los conceptos teóricos de libertad, y su odio a la tiranía no le indujo a la
glorificación de la anarquía” (p. 284).
Los aciertos, tanto militares como políticos, hicieron que el Congreso de
Colombia le proclamase Padre de la Patria, reconociendo su decisiva partici-
pación en el logro de la Independencia, pero consagrándolo igualmente como
guardián de la permanencia, la estabilidad y el florecimiento de la República
(p. 299).
En cuanto al legado histórico de Simón Bolívar, es necesario apuntar que
si bien el haber formulado la teoría más comprensible sobre la independencia
de Hispanoamérica, y el haberla vinculado con una práctica política y militar
difícilmente comparable con la otros luchadores independentistas, en la suma
de los rasgos de su personalidad es su acción histórica la que llega al punto de
generar una suerte de poder de seducción, que le atrae la admiración incluso
de mentes profesionalmente críticas, como la de John Lynch. El capítulo 12
de su obra, intitulado “El legado”, es probablemente uno de los más razo-
nados, densos, críticos, y sin embargo entusiastas, elogios de Simón Bolívar,
y no sólo de El Libertador, lo que explica que el impacto de ese poder en el
historiador (p. 280) le llevó a afirmar, marcando el ocaso del héroe, que “a me-
dida que Simón Bolívar perdía sus fuerzas físicas y sus poderes de líder, seguía
siendo la figura sobresaliente en una galería de mediocridades” (p. 271); entre
las cuales sobresalía, pero en sentido inverso, el general Francisco de Paula
Santander (p. 222).
182 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
El rubro de los aspectos negativos del legado histórico de Simón Bolívar
está compuesto por las demostraciones de la falsificación de su pensamiento
y acción, valida del culto de que es objeto su memoria, si bien esta última ha
sido convertida en un producto más historiográfico, -por ser obra de los cul-
tores bolivarianos-, que histórico, por cuanto muy poco tiene que ver ese cul-
to con una valoración genuinamente histórica crítica del personaje y su obra.
John Lynch dedica el pasaje final del mencionado capítulo a la descripción y
discusión de tal culto, comenzando por su origen (p. 299), y siguiéndolo hasta
su conversión en una suerte de segunda religión, que ha reunido a Simón Bo-
lívar “con su nativa Venezuela, un país que no se distingue por su prehistoria o
por una sobresaliente experiencia colonial, y grande sólo en la independencia
que él le conquistó” (p. 301). El precepto básico de este artificio ideológico es
de una aterradora simpleza: “Escuchen su palabra y Venezuela puede salvarse
del abismo” (p. 301).
Al comentar la conmemoración del bicentenario del nacimiento de Simón
Bolívar, en 1983, en medio de un conjunto de actos de diversa índole, John
Lynch se pregunta sobre si no fue ése el último año del culto (p. 304), y ob-
serva “que aún quedaba tiempo para un nuevo giro del asunto, una perversión
moderna del culto” (304). Esta perversión ha consistido en la explotación de
la tendencia autoritaria que ciertamente hubo en el pensamiento y la acción
de Simón Bolívar, al ser proclamado por los regímenes de Cuba y Venezuela
como santo patrono de sus políticas, distorsionando sus ideas y acomodando
su memoria histórica a su necesidad de legitimarlas (p. 304).
* * *
Para cerrar esta nota bibliográfica, estimo pertinente consignar algún co-
mentario sobre dos instrumentos metódicos, –quizás valdría decir dos recur-
sos–, que el autor emplea para hacer de su obra no una biografía, en el sentido
más o menos usual, sino una demostración global de alta comprensión y ex-
plicación del personaje histórico cuya vida mueve su sentido histórico y esti-
mula su espíritu crítico. Un instrumento, muy eficaz, es la inserción de breves
y densos ensayos. El otro consiste en incitar al lector a la reflexión mediante
preguntas que deja abiertas.
El autor justifica su recurso a la inserción de los mencionados breves en-
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 183
sayos, al decirnos, si bien al finalizar la obra, que “La historia de Bolívar debe
seguir una línea narrativa, con rupturas para el análisis e interpretación, y una
pausa final para su valoración” (p.281). Efectivamente, todo el mencionado
Capítulo 12, está formado por luminosos y breves ensayos, pero en otras par-
tes de la obra, ensayos semejantes ayudan a comprender el desenvolvimiento
vital integral del personaje, al insertarse cómoda y oportunamente en la que el
autor denomina la línea narrativa.
El otro recurso metódico está constituido por las preguntas con que el
autor cierra y abre, al mismo tiempo, pasajes esencialmente complejos, por la
carga de cuestiones que suscitan, de la vida histórica del biografiado. El juego
de tales preguntas consiste en exponer hechos, ideas y circunstancias, infor-
mando debidamente al lector, para luego formular una interrogante que, al
dejarla sin respuesta, sugiere al lector que la controversia sobre lo informado
y comentado no sólo es legítima sino que queda abierta, y tácitamente se le
invita a participar de ella. Tal cosa hace en relación con la primaria adopción
de la forma estatal federal, en 1811 (p. 68). Igualmente al suscitar interés
sobre si los pardos estaban políticamente convencidos acerca de la causa de
la Independencia (p.108); y sobre lo que tenían que ganar los esclavos con
la Independencia (p. 109), etc., hasta culminar con una pregunta con la que
finaliza la obra, refiriéndose al uso perverso del culto a Bolívar para legitimar
el régimen político en la actual Venezuela: “Quién puede decir que será el
último?”.
* * *
En suma, esta obra es mucho más que una vida de Simón Bolívar, o quizás
por serlo plenamente ofrece una visión crítica estructurada de aspectos esen-
ciales de la historia de los momentos culminantes de la República de Colom-
bia, tanto en su concepción e integración como en su desarrollo y desenlace.
El autor lo hace con propiedad, pues no incurre en la que he denominado la
piedad latinoamericanista, que suele afectar a los latinoamericanistas. La alta
valoración de ideas, acontecimiento y personajes, incluyendo las muestras de
la admiración despertada por el biografiado, corren pareja con la ironía, siem-
pre reveladora y sugerente. En suma, es una obra de fácil lectura, pero de lenta
y laboriosa digestión intelectual.
Caracas, mayo de 2007.
VIDA DE LA ACADEMIA
187
VIDA DE LA ACADEMIA PRIMER TRIMESTRE 2009
• En Junta Ordinaria del 15 de enero el Miembro Correspondiente Eduardo
Hernández Carstens, donó a la Biblioteca de la Academia un ejemplar de
su libro Vida y obra del Libertador, también recordó la efeméride de los
189 años de la Batalla de Mata de la Miel.
• En Junta Ordinaria del 15 de enero el Numerario Héctor Bencomo Ba-
rrios recordó que el 13 de enero se cumplieron los primeros diez años
de vida del Archivo Libertador, en manos de la Academia Nacional de la
Historia.
• El Numerario Pedro Cunill Graü participó en calidad de conferencista en
las III Jornadas de Investigación de Estudiantes de Historia: La Memo-
ria de Grado y la Investigación estudiantil. Entre los días 20,21 y 22 de
enero. Lugar: Mérida
• El Individuo de Numero Germán Cardozo Galue fue invitado como pro-
fesor de la asignatura Historia Regional del programa Doctorado en Ar-
quitectura de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad
del Zulia. Del 21 de enero al 30 de marzo. Los días miércoles de 5:00
a 9:00 p.m.
• En Junta Ordinaria del 22 de enero el Miembro Correspondiente Eduardo
Hernández Cartens recordó que el próximo 28 de enero se cumple un ani-
versario más de la Batalla de Mucuritas, librada en la Sabana del mismo
nombre, por el Gral. Páez.
• El Director de la Academia Elías Pino Iturrieta, la Vicedirectora Secretaria
Inés Quintero, la Vicedirectora Bibliotecaria-Archivera Marianela Ponce,
los numerarios Rafael Fernández Heres, Pedro Cunill Graü, Manuel Caba-
llero, Héctor Bencomo Barrios y los Miembros Correspondientes Eduardo
188 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Hernández Cartens y Ramón Urdaneta, asistieron al acto organizado por
las Academias Nacionales y la Universidad Central de Venezuela con mo-
tivo de la develación de la placa conmemorativa al Orfeón Universitario
de esa casa de estudio. El día 29 de enero. Lugar: Palacio de las Academias.
Hora: 12:00 m.
• En Junta Ordinaria del 29 de enero el Numerario Santos Rodulfo
Cortés, recordó la efeméride de los 179 años de la disolución de la Gran
Colombia.
• En Junta Ordinaria del 5 de febrero el Miembro Correspondiente Eduardo
Hernández Cartens, recordó que el 6 de febrero se cumple otro aniversario
de la toma de las flecheras, hecho histórico de suma importancia.
• El Numerario Pedro Cunill Graü participó en la reunión de trabajo del
Comité Nacional del Centenario del Natalicio del Dr. Miguel Acosta Saig-
nes. El 05 de febrero.
• El Director de la Academia Dr. Elías Pino Iturrieta, la Vicedirectora Ar-
chivera-Bibliotecaria Lic. Marianela Ponce, el Vicedirector de Publicacio-
nes Simón Alberto Consalvi y los Numerarios Germán Carrera Damas y
Carrillo Batalla, asistieron al acto de la Academia Nacional de Ciencias
Económicas con motivo de la Toma de Posesión de su nueva Junta Directiva.
El 17 de febrero. Lugar: El Paraninfo del Palacio de las Academias. Hora:
11:00 a.m.
• En Junta Ordinaria del 26 de febrero el Director de la Academia Elías
Pino Iturrieta informó sobre la visita del Dr. Carlos Hernández Delfino,
Presidente de la Fundación Bancaribe, quien informó sobre la marcha del
Premio Rafael María Baralt, convocado por esa Fundación y por la Acade-
mia Nacional de la Historia.
• En Junta Ordinaria del 05 de marzo el Director de la Academia informó
la culminación de la digitalización del Diario El Federalista.
• En Junta Ordinaria del 05 de marzo el Numerario Héctor Bencomo Ba-
rrios recordó que el 2 de marzo se cumplieron 198 años de la creación del
Primer Congreso de Venezuela, producto del proceso anterior que culminó
el 19 de abril y que está precedido por la cantidad de sucesos formativos.
VIDA DE LA ACADEMIA 189
• La Academia Nacional de la Historia recibió la visita de la Dra. Antonia
Heredia de Herrera, Exdirectora del Archivo General de Andalucía y espe-
cialista en Archivo. La Dra. Heredia Herrera hizo un diagnóstico sobre los
repositorios de esta Corporación, especialmente del Archivo Libertador.
El 13 de marzo.
• La Academia Nacional de la Historia prestó su colaboración a un grupo de
jóvenes estudiantes del último año de Comunicación Social de la Univer-
sidad Monteávila, para la realización de una grabación en la Sala Capitular
para su proyecto de grado. El 27 de marzo.
• Durante el Primer trimestre del año el Numerario Germán Cardozo Galue,
recibió la distinción Clasificado Nivel Emérito del Programa de Promoción al
Investigador por parte del Observatorio Nacional de Ciencias y Tecnología.
También participó en los siguientes seminarios:
* Seminario sobre Formación del Estado Nacional en la asignatura Historia de
Venezuela de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad
del Zulia.
* Seminario sobre Introducción a la Historia en la mención Ciencias Sociales
de la Escuela de Educación de la Facultad de Humanidades y Educación
de la Universidad del Zulia.
• Durante el Primer trimestre del año el Numerario Pedro Cunill Graü cola-
boró con la diagramación de los Tomos I y II de su obra Historia de la Geo-
grafía de Venezuela, la cual será editada por el Ministerio para la Educación
Superior, Oficina de Planificación del Sector Universitario. También el Dr.
Pedro Cunill Graü redactó y entregó a la Fundación Bancaribe el ensayo
sobre Andrés Bello en su devenir caraqueño.
índice
193
INDICE INDICE
Presentación ............................................................................................. 3
ESTUDIOS 9
Lealtad, soberanía y representatividad en Hispanoamérica (1808-1811). 9
Inés Quintero ............................................................................................ 9
Felipe II de España, su cuarto centenario y las Islas Filipinas. Dámaso de 33
Lario ........................................................................................................ 33
¿Hartos de Bolívar? La rebelión de los historiadores contra el culto 51
fundacional. Tomás Straka ........................................................................ 51
Una polémica higienista y los cementerios de Caracas en el primer 93
guzmanato, 1870-1877. Eduardo Cobos ................................................... 93
Gobernadores y Tenientes de Gobernador en la Provincia de Venezuela. 111
De los Welser a Juan de Villegas (1528-1553). Gilberto R. Quintero L. ... 111
Dinámica de la Junta Revolucionaria de Gobierno en el contexto 121
internacional 1945-1948: defensa y promoción de la democracia. 121
Documentos para la contribución metodológica al estudio de la historia 121
diplomática de Venezuela siglo XX. Luis Manuel Marcano Salazar ........... 121
Un linaje ilustre en Mérida. La familia Ximeno de Bohórquez (1598- 149
1682). Francisco Miguel Soto Oráa ........................................................... 149
DOCUMENTOS 165
1165
Gaceta Municipal del Nº 361 del Municipio Bolivariano Libertador, del 24- 165
09-08, que contiene el decreto relativo a la declaratoria como patrimonio 165
de Caracas al Archivo Histórico de la Ciudad ...................................... 165
194 BOLETÍN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS 1171
171
El Bolívar de John Lynch: una obra de fácil lectura, pero de lenta y laboriosa 171
digestión intelectual. Germán Carrera Damas ........................................... 171
VIDA DE LA ACADEMIA 187
Vida de la Academia ................................................................................ 187
aviso
BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela
Distribución: Palacio de las Academias
Bolsa a San Francisco, planta baja.
Distribuidora: Telf.: 482.27.06
Librería: Telf.: 482.73.22
De venta en la Academia Nacional de la Historia, Coordinación de Publicaciones,
Palacio de las Academias, Bolsa a San Francisco, Teléfono 483.59.02 y en las librerías.
Vol. 54: Descubrimiento y conquista de Venezuela. Tomo I, Estudio preliminar de
Joaquín Gabaldón Márquez.
Vol. 55: Descubrimiento y conquista de Venezuela. Tomo II. Advertencia del compi‑
lador: Joaquín Gabaldón Márquez.
Vol. 56: Tratado de Indias y el doctor Sepúlveda. Fray Bartolomé de las Casas. Estu‑
dio preliminar de Manuel Giménez Fernández.
Vol. 57: Elegías de varones ilustres de Indias. Juan de Castellanos. Estudio preliminar
de Isaac J. Pardo.
Vol. 58: Venezuela en los cronistas generales de Indias, Tomo I. Estudio preliminar de
Carlos Felice Cardot.
Vol. 59: Venezuela en los cronistas generales de Indias. Tomo II.
Vol. 60: Arca de letras y teatro universal. Juan Antonio Navarrete. Estudio preliminar
de José Antonio Calcaño.
Vol. 61. Libro de la razón general de la Real Hacienda del departamento de Caracas.
José de Limonta. Estudio preliminar de Mario Briceño Perozo.
Vol. 62: Recopilación historial de Venezuela. Fray Pedro de Aguado. Tomo I. Estudio
preliminar de Guillermo Morón.
Vol. 63: Recopilación historial de Venezuela. Fray Pedro de Aguado. Tomo II.
Vol. 64: Actas del cabildo eclesiástico de Caracas. Tomo I. (1580‑1770). Estudio pre‑
liminar de Manuel Pérez Vila.
Vol. 65: Actas del cabildo eclesiástico de Caracas. Tomo II (1771‑1808).
Vol. 66: Noticias Historiales de Venezuela. Fray Pedro Simón. Edición restablecida
en su texto original, por vez primera por Demetrio Ramos Pérez, con Es‑
tudio preliminar y notas. Tomo I.
Vol. 67: Noticias Historiales de Venezuela. Fray Pedro Simón. Tomo II. Idem, tam‑
bién anotado por Demetrio Ramos Pérez.
Vol. 68: El Orinoco ilustrado. José Gumilla. Comentario preliminar de José Nucete
Sardi y Estudio bibliográfico de Demetrio Ramos Pérez.
Vol. 69: Los primeros historiadores de las misiones capuchinas en Venezuela. Presenta‑
ción y estudios preliminares sobre cada autor de P. Buenaventura de Carro‑
cera, O.F.M.
Vol. 70: Relaciones geográficas de Venezuela durante los siglos XVI, XVII y XVIII. Es‑
tudio preliminar y notas de Antonio Arellano Moreno.
Vol. 71: Ensayo de historia americana. Felipe Salvador Gilij. Tomo I. Traducción y
estudio preliminar de Antonio Tovar.
Vol. 72: Ensayo de historia americana. Felipe Salvador Gilij. Tomo II.
Vol. 73: Ensayo de historia americana. Felipe Salvador Gilij. Tomo III.
Vol. 74: Documentos para la historia de la Iglesia colonial en Venezuela. Tomo I. Es‑
tudio preliminar y selección del Padre Guillermo Figuera.
Vol. 75: Documentos para la historia de la Iglesia colonial en Venezuela. Tomo II.
Vol. 76: Instrucción general y particular del estado presente de la provincia de Vene‑
zuela en los años de 1720 y 1721. Pedro José de Olavarriaga. Estudio pre
liminar de Mario Briceño Perozo.
Vol. 77: Relato de las misiones de los padres de la Compañía de Jesús en las islas y en
Tierra Firme de América Meridional. P. Pierre Pellaprat, S.J. Estudio preli
minar del Padre José del Rey.
Vol. 78: Conversión de Píritu. P. Matías Ruiz Blanco. Tratado histórico. P. Ramón
Bueno. Estudio preliminar y notas de P. Fidel de Lejarza, O.F.M.
Vol. 79: Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Vene‑
zuela. Estudio preliminar del P. José del Rey S.J.
Vol. 80: Protocolo del siglo XVI. Estudio preliminar de Agustín Millares Carlo.
Vol. 81: Historia de la Nueva Andalucía. Fray Antonio Caulín. Tomo I. Estudio
preliminar y edición crítica de P. Pablo Ojer, S.J.
Vol. 82: Estudio de la Nueva Andalucía. Fray Antonio Caulín. Tomo II. (Texto y
Notas).
Vol. 83: Las Misiones de Píritu. Documentos para su historia. Selección y estudio
preliminar de Lino Gómez Canedo, O.F.M. Tomo I.
Vol. 84: Las Misiones de Píritu. Documentos para su historia. Tomo II.
Vol. 85: Historia de la provincia de la Compañía de Jesús del Nuevo Reyno de Granada
en la América. P. Joseph Cassani. S.J. Estudio preliminar y anotaciones al
texto del P. José del Rey, S.J.
Vol. 86: La historia del Mundo Nuevo. M. Girolano Benzoni. Traducción y Notas de
Marisa Vannini de Gerulewicz. Estudio preliminar de León Croizat.
Vol. 87: Documentos para la historia de la educación en Venezuela. Estudio prelimi
nar y compilación de Ildefonso Leal.
Vol. 88‑89‑90: Misión de los capuchinos en Cumaná. Estudio preliminar y documen
tación seleccionada por el R.P. Fray Buenaventura de Carrocera, O.F.M.,
Cap. Caracas, 1968, 3 tomos.
Vol. 91: Historia documentada de los agustinos en Venezuela durante la época colonial.
Estudio preliminar de Fernando Campo del Pozo, Agust.
Vol. 92: Las instituciones militares venezolanas del período hispánico en los archivos.
Selección y estudio preliminar de Santiago‑Gerardo Suárez.
Vol. 93: Documentos para la historia económica en la época colonial, viajes e informes.
Selección y estudio preliminar de Antonio Arellano Moreno.
Vol. 94: Escritos Varios. José Gumilla. Selección y estudio preliminar de José del
Rey, S.J.
Vol. 95: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Libro personal. Tomo I. Estudio preliminar de
Lino Gómez Canedo, O.F.M.
Vol. 96: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Libro personal. Tomo II.
Vol. 97: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Libro de inventarios. Tomo III.
Vol. 98: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Libro de inventarios. Tomo IV.
Vol. 99: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Libro de Providencias. Tomo V.
Vol.100: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Compendio de Juan José Guzmán. Tomo VI.
Vol. 101: Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas (1771‑1784).
Obispo Mariano Martí. Compendio de Juan José Guzmán, Tomo VII.
Vol. 102: La Gobernación de Venezuela en el siglo XVII. José Llavador Mira.
Vol. 103: Documentos para el estudio de los esclavos negros en Venezuela. Selección y
estudio preliminar de Ermila Troconis de Veracoechea.
Vol. 104: Materiales para la historia de las artes decorativas en Venezuela. Carlos E.
Duarte.
Vol. 105: Las obras pías en la Iglesia colonial venezolana. Selección y estudio pre
liminar de Ermila Troconis de Veracoechea.
Vol. 106: El real consulado de Caracas (1793‑ 1810). Manuel Nunes Días.
Vol. 107: El ordenamiento militar de Indias. Selección y estudio preliminar de San
tiago‑Gerardo Suárez.
Vol. 108: Crónica de la provincia franciscana de Santa Cruz de la Española y Caracas.
Estudio preliminar y notas de Odilio Gómez Parente, O.F.M.
Vol. 109: Trinidad, Provincia de Venezuela. Jesse A. Noel.
Vol. 110: Colón descubrió América del Sur en 1494. Juan Manzano Manzano.
Vol. 111: Misión de los Capuchinos en los Llanos de Caracas: Introducción y resumen
histórico documentos (1657‑1699) de R.P. Fray Buenaventura de Carrocera.
O.F.M. Capuchino. Tomo I.
Vol. 112: Misión de los Capuchinos en los Llanos de Caracas: Documentos
(1700‑1750) de R. P. Fray Buenaventura de Carrocera. O.F.M. Capu‑
chino. Tomo II.
Vol. 113: Misión de los Capuchinos en los Llanos de Caracas: Documentos (1750-
1820) de R. P. Fray Buenaventura de Carrocera. O.F.M. Capuchino.
Tomo III.
Vol. 114: Población de origen europeo de Coro en la época colonial. Pedro M. Arcaya.
Vol. 115: Curazao hispánico (Antagonismo flamenco-español). Carlos Felice Cardot.
Vol. 116: El mito de El Dorado. Su génesis y proceso. Demetrio Ramos Pérez.
Vol. 117: Seis primeros obispos de la Iglesia venezolana en la época hispánica (1532-
1600). Mons. Francisco Armando Maldonado.
Vol. 118: Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Vene‑
zuela (Tomo II). José del Rey Fajardo, S.J.
Vol. 119: Documentos jesuíticos relativos a la historia de la Compañía de Jesús en Vene‑
zuela (Tomo III). José del Rey Fajardo, S.J.
Vol. 120: Hernández de Serpa y su “Hueste” de l569 con destino a la Nueva Andalucía.
Jesús María G. López Ruiz.
Vol. 121: La Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas. Cuerpo de documentos
para su historia (1513‑1837). Selección, estudio preliminar, introducciones
especiales, edición y notas de Lino Gómez Canedo.
Vol. 122: La Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas. Cuerpo de documentos
para su historia. Consolidación y expansión (1593‑1696). Selección, estudio
preliminar, introducciones especiales, edición y notas de Lino Gómez Ca‑
nedo.
Vol. 123: La Provincia Franciscana de Santa Cruz de Caracas. Cuerpo de documentos
para su historia. Florecimiento, crisis y extinción (1703‑1837). Selección,
estudio preliminar, introducciones especiales, edición y notas de Lino Gó‑
mez Canedo.
Vol. 124: El sínodo diocesano de Santiago de León de Caracas de 1687. Valoración
canónica del regio placet a las constituciones sinodales indianas. Tomo I.
Manuel Gutiérrez de Arce.
Vol. 125: Apéndices a el sínodo diocesano de Santiago de León de Caracas de 1687. Va‑
loración canónica del regio placet a las constituciones sinodales indianas.
Tomo II. Manuel Gutiérrez de Arce.
Vol. 126: Estudios de historia venezolana. Demetrio Ramos Pérez.
Vol. 127: Los orígenes venezolanos (Ensayo sobre la colonización española en Venezuela).
Jules Humbert.
Vol. 128: Materiales para la Historia Provincial de Aragua. Lucas Guillermo Castillo
Lara.
Vol. 129: El Oriente venezolano a mediados del siglo XVIII, a través de la visita del
Gobernador Diguja. Alfonso F. González González.
Vol. 130: Juicios de Residencia en la provincia de Venezuela. I. Los Welser. Estudio pre‑
liminar de Marianela Ponce de Behrens, Diana Rengifo y Letizia Vaccari
de Venturini.
Vol. 131: Fortificación y Defensa. Santiago‑Gerardo Suárez.
Vol. 132: Libros y Bibliotecas en Venezuela Colonial (1633‑1767) Siglo XVII
(1633‑1699). Tomo I. Ildefonso Leal.
Vol. 133: Libros y Bibliotecas en Venezuela Colonial (1633‑1767). Siglo XVII
(1727‑1767). Tomo II. Ildefonso Leal.
Vol. 134: Las acciones militares del Gobernador Ruy Fernández de Fuenmayor
(1637‑1644). Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 135: El Régimen de “Las Gracias al Sacar” en Venezuela durante el período hispá
nico. Tomo I. Santos Rodulfo Cortés.
Vol. 136: El Régimen de “Las Gracias al Sacar” en Venezuela durante el período hispá
nico. (Documentos anexos). Tomo II. Santos Rodulfo Cortés.
Vol. 137: Las Fuerzas Armadas Venezolanas en la Colonia. Santiago-Gerardo Suárez.
Vol. 138: La Pedagogía Jesuítica en la Venezuela Hispánica. José del Rey Fajardo S.J.
Vol. 139: Misión de los Capuchinos en Guayana. Introducción y resumen histórico. Do‑
cumentos, (1682‑1785). Tomo I. R.P. Fray Buenaventura de Carrocera,
O.F.M. Capuchino.
Vol. 140: Misión de los Capuchinos en Guayana. Documentos (1760‑1785). Tomo II.
R.P. Fray Buenaventura de Carrocera, O.F.M. Capuchino.
Vol. 141: Misión de los Capuchinos en Guayana. Documentos (1785‑1819). Tomo III.
R.P. Fray Buenaventura de Carrocera, O.F.M. Capuchino.
Vol. 142: La defensa de la integridad territorial de Guayana en tiempos de Carlos III.
María Consuelo Cal Martínez.
Vol. 143: Los Mercedarios y la política y social de Caracas en los siglos XVII y XVIII.
Tomo I. Lucas G. Castillo Lara.
Vol. 144: Los Mercedarios y la vida política y social de Caracas en los siglos XVII y
XVIII. Tomo II. Lucas G. Castillo Lara.
Vol. 145: Juicios de Residencia en la Provincia de Venezuela. II. Juan Pérez de Tolosa y
Juan de Villegas. Recopilación y estudio preliminar de Marianela Ponce y
Letizia Vaccari de Venturini.
Vol. 146: Las salinas de Araya y el origen de la Armada de Barlovento. Jesús Varela
Marcos.
Vol. 147: Los extranjeros con carta de naturaleza de las Indias, durante la segunda mitad
del siglo XVIII. Juan M. Morales Alvarez.
Vol. 148: Fray Pedro de Aguado: Lengua y Etnografía. María T. Vaquero de Ramírez.
Vol. 149: Descripción exacta de la Provincia de Venezuela de Joseph Luis de Cisneros.
Estudio preliminar de Pedro Grases.
Vol. 150: Temas de Historia Colonial Venezolana. Mario Briceño Perozo.
Vol. 151: Apuntes para la Historia Colonial de Barlovento. Lucas Guillermo Castillo
Lara.
Vol. 152: Los comuneros de Mérida (Estudio). Tomo I, Edición conmemorativa del
bicentenario del movimiento comunero.
Vol. 153: Los censos en la Iglesia Colonial Venezolana (Sistema de préstamos a interés).
Tomo I. Estudio preliminar y recopilación de Ermila Troconis de Vera‑
coechea.
Vol. 154: Los censos en la iglesia Colonial Venezolana (Sistema de préstamos a interés).
Tomo II. Recopilación de Gladis Veracoechea y Euclides Fuguett.
Vol. 155: Los censos en la iglesia Colonial Venezolana (Sistema de préstamos a interés).
Tomo III. Recopilación de Euclides Fuguett.
Vol. 156: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Tomo I. (A‑C). Ismael Silva
Montañés.
Vol. 157: La ocupación alemana de Venezuela en el siglo XVI. Período llamado de los
Welser (1528‑1536) de Jules Humbert. Traducción y presentación de Ro
berto Gabaldón.
Vol. 158: Historia del periodismo y de la imprenta en Venezuela. Tulio Febres Cor‑
dero G.
Vol. 159: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Tomo II. (CH‑K). Ismael Silva
Montañés.
Vol. 160: Juicios de Residencia en la Provincia de Venezuela. I) Don Francisco Dávila
Orejón Gastón (1673‑1677). Estudio introductorio, recopilación y selec‑
ción documental de Letizia Vaccari S.M.
Vol. 161: Juicios de Residencia en la Provincia de Venezuela. II) Don Francisco Dávila
Orejón Gastón (1673‑1677). Estudio introductorio, recopilación y selec‑
ción documental, de Letizia Vaccari S.M.
Vol. 162: Juicios de Residencia en la Provincia de Venezuela. III) Don Francisco Dávila
Orejón Gastón (1673‑1677). Estudio introductorio, recopilación y selec‑
ción documental de Letizia Vaccari S.M.
Vol. 163: La aventura fundacional de los isleños. Panaquire y Juan Francisco de León.
Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 164: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Tomo III (L‑P). Ismael Silva
Montañés.
Vol. 165: La unidad regional. Caracas‑La Guaira‑ Valles, de 1775 a 1825. Diana Ren‑
gifo.
Vol. 166: Hombres y mujeres del siglo XVI venezolano. Tomo IV (Q‑Z). Ismael Silva
Montañés.
Vol. 167: Materiales para el estudio de las relaciones inter‑étnicas en la Guajira, siglo
XVIII. Documentos y mapas de P. Josefina Moreno y Alberto Tarazona.
Vol. 168: El contrabando holandés en el Caribe durante la primera mitad del siglo
XVIII. Tomo I. Celestino Andrés Araúz Monfante.
Vol. 169: El contrabando holandés en el Caribe durante la primera mitad del siglo
XVIII. Tomo II. Celestino Andrés Araúz Monfante.
Vol. 170: Guayana y el Gobernador Centurión(1766-1776). María Isabel Martínez
del Campo.
Vol. 171: Las Milicias: Instituciones militares hispanoamericanas. Santiago‑Gerardo
Suárez.
Vol. 172: San Sebastián de los Reyes. La ciudad trashumante. Tomo I. Lucas Guillermo
Castillo Lara.
Vol. 173: San Sebastián de los Reyes. La ciudad raigal. Tomo II. Lucas Guillermo
Castillo Lara.
Vol. 174: Los Ministros de la Audiencia de Caracas (1786‑1776). Caracterización de
una élite burocrática del poder español en Venezuela. Alí Enrique López Bo‑
horquez.
Vol. 175: El control de la gestión administrativa en el juicio de Residencia al
Gobernador Manuel González Torres de Navarra. Tomo I. Marianela
Ponce.
Vol. 176: El control de la gestión administrativa en el juicio de Residencia al
Gobernador Manuel González Torres de Navarra. Tomo II. Marianela
Ponce.
Vol. 177: El control de la gestión administrativa en el juicio de Residencia al
Gobernador Manuel González Torres de Navarra. Tomo III. Marianela
Ponce.
Vol. 178: Historia de Colombia y de Venezuela. Desde sus orígenes hasta nuestros días.
Jules Humbert. Traductor Roberto Gabaldón.
Vol. 179: Noticias historiales de Nueva Barcelona de Fernando del Bastardo y Loayza.
Estudio preliminar y notas, de Constantino Maradei Donato.
Vol. 180: La implantación del impuesto del papel Sellado en Indias. María Luisa Mar‑
tínez de Salinas.
Vol. 181: Raíces pobladoras del Táchira: Táriba, Guásimos (Palmira), Capacho. Lucas
Guillermo Castillo Lara.
Vol. 182: Temas de Historia Colonial Venezolana. Tomo II. Mario Briceño Perozo.
Vol. 183: Historia de Barinas (1577‑1800). Tomo I. Virgilio Tosta.
Vol. 184: El Regente Heredia o la piedad heroica. Mario Briceño-Iragorry. Presenta‑
ción de Tomás Polanco Alcántara.
Vol. 185: La esclavitud indígena en Venezuela (siglo XVI). Morella A. Jiménez G.
Vol. 186: Memorias del Regente Heredia. José Francisco Heredia. Prólogo de Blas
Bruni Celli.
Vol. 187: La Real Audiencia de Caracas en la Historiografía Venezolana (Mate‑
riales para su estudio). Presentación y selección de Alí Enrique López
Bohorquez.
Vol. 188: Familias coloniales de San Carlos, Tomo I (A‑H). Diego Jorge Herrera-
Vegas.
Vol. 189: Familias coloniales de San Carlos, Tomo II (I‑Z). Diego Jorge Herrera-
Vegas.
Vol. 190: Lenguas indígenas e indigenismos - Italia e Iberoamérica. 1492‑1866. Ana
Cecilia Peña Vargas.
Vol. 191: Evolución histórica de la cartografía en Guayana y su significación en los dere‑
chos venezolanos sobre el Esequibo. Manuel Alberto Donis Ríos.
Vol. 192: Elementos historiales del San Cristóbal Colonial. El proceso formativo. Lucas
Guillermo Castillo Lara.
Vol. 193: La formación del latifundio ganadero en los Llanos de Apure: 1750‑1800.
Adelina C. Rodríguez Mirabal.
Vol. 194: Historia de Barinas (1800‑1863). Tomo II. Virgilio Tosta.
Vol. 195: La visita de Joaquín Mosquera y Figueroa a la Real Audiencia de Caracas
(1804‑1809). Conflictos internos y corrupción en la administración de justi‑
cia. Teresa Albornoz de López.
Vol. 196: Ideología, desarrollo e interferencias del comercio caribeño durante el siglo
XVII. Rafael Cartaya A.
Vol. 197: Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1538‑1810).
Tomo I ‑Los Fundadores: Juan Maldonado y sus compañeros (1559). Roberto
Picón‑Parra.
Vol. 198: Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1538‑1810).
Tomo II ‑Los fundadores: Juan Rodríguez Suárez y sus compañeros (1558).
Roberto Picón‑Parra.
Vol. 199: Historia de Barinas(1864‑1892). Tomo III. Virgilio Tosta.
Vol. 200: Las Reales Audiencias Indianas. Fuentes y Bibliografía. Santiago-Gerardo
Suárez.
Vol. 201: San Cristóbal, Siglo XVII. Tiempo de aleudar. Lucas Guillermo Castillo
Lara.
Vol. 202: Las Encomiendas de Nueva Andalucía en el siglo XVII. 1688. Tomo I (Tras‑
lado y estudio preliminar). Antoinette Da Prato‑Perelli.
Vol. 203: Las Encomiendas de Nueva Andalucía en el siglo XVII. 1688. Tomo II (Tras‑
lado y estudio preliminar). Antoinette Da Prato‑Perelli.
Vol. 204: Las Encomiendas de Nueva Andalucía en el siglo XVII. 1688. Tomo III (Tras‑
lado y estudio preliminar). Antoinette Da Prato‑Perelli.
Vol. 205: Las Encomiendas de Nueva Andalucía en el siglo XVII. 1688. Tomo IV (Tras‑
lado y estudio preliminar). Antoinette Da Prato‑Perelli.
Vol. 206: Simón Rodríguez maestro de escuela de primeras letras. Gustavo Adolfo
Ruiz.
Vol. 207: Linajes calaboceños. Jesús Loreto Loreto.
Vol. 208: El discurso de la fidelidad. Construcción social del espacio como símbolo del
poder regio (Venezuela siglo XVIII). Carole Leal Curiel.
Vol. 209: Contribución al estudio de la “aristocracia territorial” en Venezuela colonial.
La familia Xerez de Aristeguieta. Siglo XVIII. Elizabeth Ladera de Diez.
Vol. 210: Capacho. Un pueblo de indios en la Jurisdicción de la Villa de San Cristóbal.
Inés Cecilia Ferrero Kelleroff.
Vol. 211: Juan de Castellanos. Estudios de las Elegías de Varones Ilustres. Isaac J.
Pardo.
Vol. 212: Historia de Barinas(1893‑1910). Tomo IV. Virgilio Tosta.
Vol. 213: La Nueva Segovia de Barquisimeto. Tomo I. Nieves Avellán de Tamayo.
Vol. 214: La Nueva Segovia de Barquisimeto. Tomo II. Nieves Avellán de Tamayo.
Vol. 215: El Régimen de la Encomienda en Barquisimeto colonial, 1530‑1810. Reinal‑
do Rojas.
Vol. 216: Crítica y descolonización. El sujeto colonial en la cultura latinoamericana.
Beatriz González Stephan y Lucía Helena Costigan (Coordinadoras).
Vol. 217: Sobre Gobernadores y Residencias en la Provincia de Venezuela. (Siglos
XVI, XVII, XVIII). Letizia Vaccari.
Vol. 218: Paleografía Práctica (su aplicación en el estudio de los documentos históricos
venezolanos). Antonio José González Antías y Guillermo Durand Gonzá‑
lez.
Vol. 219: Tierra, gobierno local y actividad misionera en la comunidad indígena del
Oriente venezolano: La visita a la Provincia de Cumaná de don Luis de
Chávez y Mendoza (1783-1784). Antonio Ignacio Laserna Gaitán.
Vol. 220: Miguel José Sanz. La realidad entre el mito y la leyenda. Lenín Molina Peña‑
loza.
Vol. 221: Historia de Barinas (1911‑1928). Tomo V. Virgilio Tosta.
Vol. 222: Curazao y la Costa de Caracas: Introducción al estudio del contrabando en la
Provincia de Venezuela en tiempos de la Compañía Guipuzcoana 1730‑1780.
Ramón Aizpúrua.
Vol. 223: Configuración textual de la recopilación historial de Venezuela de Pedro Ague‑
do. José María Navarro.
Vol. 224: Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1558-1810).
Roberto Picón Parra (Tomo III).
Vol. 225: Fundadores, primeros moradores y familias coloniales de Mérida (1558-1810).
Roberto Picón Parra (Tomo IV).
Vol. 226: El ordenamiento jurídico y el ejercicio del derecho de libertad de los esclavos en
la provincia de Venezuela 1730-1768. Marianela Ponce.
Vol. 227: Los fiscales indianos origen y evolución del Ministerio Público. Santiago-Ge‑
rardo Suárez.
Vol. 228: Misiones capuchinas en Perijá. Documentos para su Historia 1682‑1819.
Tomo I. Ana Cecilia Peña Vargas.
Vol. 229: Historia social de la región de Barquisimeto en el tiempo histórico colonial
1530‑1810. Reinaldo Rojas.
Vol. 230: Misiones capuchinas en Perijá. Documentos para su historia 1682‑1819.
Tomo II. Ana Cecilia Peña Vargas.
Vol. 231: El Teniente Justicia Mayor en la Administración colonial venezolana. Gilber‑
to Quintero.
Vol. 232: En la ciudad de El Tocuyo. Tomo I. Nieves Avellán de Tamayo.
Vol. 233: En la ciudad de El Tocuyo. Tomo II. Nieves Avellán de Tamayo.
Vol. 234: La conspiración de Gual y España y el ideario de la Independencia. Pedro
Grases.
Vol. 235: Juan Picornell y la conspiración de Gual y España. Casto Fulgencio López.
Vol. 236: Aportes documentales a la historia de la arquitectura del período hispánico
venezolano. Carlos F. Duarte.
Vol. 237: El mayorazgo de los Cornieles. Zulay Rojo.
Vol. 238: La Venezuela que conoció Juan de Castellanos ([Link]). Marco Aurelio Vila.
Vol. 239: Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su historia. Tomo I.
Ana Cecilia Peña Vargas.
Vol. 240: Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su historia. Tomo II.
Ana Cecilia Peña Vargas.
Vol. 241: Nuestra Señora del Rosario de Perijá. Documentos para su historia. Tomo III.
Ana Cecilia Peña Vargas.
Vol. 242: Testimonios de la visita de los oficiales franceses a Venezuela en 1783. Carlos
Duarte.
Vol. 243: Dos pueblos del sur de Aragua: La Purísima Concepción de Camatagua y
Nuestra Señora del Carmen de Cura. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 244: Conquista espiritual de Tierra Firme. Rafael Fernández Heres.
Vol. 245: El Mayorazgo del Padre Aristiguieta. Primera herencia del Libertador. Juan
M. Morales.
Vol. 246: De la soltería a la viudez. La condición jurídica de la mujer en la provincia de
Venezuela en razón de su estado civil. Estudio preliminar y selección de textos
legales. Marianela Ponce.
Vol. 247: Las bibliotecas jesuíticas en la Venezuela colonial. Tomo I. José del Rey Fajar‑
do, S.J.
Vol. 248: Las bibliotecas jesuíticas en la Venezuela colonial. Tomo II. José del Rey Fa‑
jardo, S.J.
Vol. 249: Catecismos católicos de Venezuela hispana (Siglos XVI-XVIII), Tomo I.
Compilación de los textos, notas y estudio preliminar de Rafael Fernán‑
dez Heres.
Vol. 250: Catecismos católicos de Venezuela hispana (Siglos XVI-XVIII), Tomo II.
Compilación de los textos, notas y estudio preliminar de Rafael Fernán‑
dez Heres.
Vol. 251: Catecismos católicos de Venezuela hispana (Siglos XVI-XVIII), Tomo III.
Compilación de los textos, notas y estudio preliminar de Rafael Fernández
Heres.
Vol. 252: Aristócratas, honor y subversión en la Venezuela del Siglo XVIII. Frédérique
Langue.
Vol. 253: Noticia del principio y progreso del establecimiento de las misiones de gentiles
en río Orinoco, por la Compañía de Jesús. Agustín de Vega. Estudio intro‑
ductorio de José del Rey Fajardo, s.j. y Daniel Barandiarán.
Vol. 254: Patrimonio hispánico venezolano perdido (con un apéndice sobre el arte de la
sastrería). Carlos F. Duarte.
Vol. 255: Nortemar Aragüeño. Las querencias de Azul y Oro. Noticias coloniales de Cho‑
roní, Chuao y Zepe. Tomo I. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 256: Nortemar Aragüeño. Las querencias de Azul y Oro. Noticias coloniales de Cho‑
roní, Chuao y Zepe. Tomo II. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 257: Separación matrimonial y su proceso en la época colonial. Antonietta Josefina
De Rogatis Restaino.
Vol. 258: Niebla en las sierras. Los aborígenes de la región centro-norte de Venezuela
1550-1625. Horacio Biord.
Vol. 259: Asentamiento español y articulación interétnica en Cumaná (1560-1620).
Ricardo Ignacio Castillo Hidalgo.
Vol. 260: Francisco de Miranda y su ruptura con España. Manuel Hernández Gonzá‑
lez.
Vol. 261: De la Ermita de Ntra. Sra. Del Pilar de Zaragoza al convento de San Francis‑
co. Edda Samudio.
Vol. 262: La República de las Letras en la Venezuela Colonial (la enseñanza de las Hu‑
manidades en los colegios jesuíticos). José del Rey Fajardo s.j.
Vol. 263-264: La estirpe de las Rojas. Antonio Herrera Vaillant B.
Vol. 265: La artesanía colonial en Mérida (1556-1700). Luis Alberto Ramírez Mén‑
dez.
Vol. 266: El Cabildo de Caracas. Período de la colonia (1568-1810). Pedro Manuel
Arcaya.
Vol. 267: Nuevos aportes documentales a la historia de las artes en la provincia de Vene‑
zuela (período hispánico). Carlos R. Duarte.
BIBLIOTECA DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Serie Fuentes para la Historia Republicana de Venezuela
Vol. 1 y 2: Autobiografía del general José Antonio Páez. Tomos I y II
Vol. 3 y 4: Archivo del general José Antonio Páez. Tomos I y II
Vol. 5: Biografía del general José Antonio Páez. R.B. Cunningham.
Vol. 6: Resumen de la vida militar y política del “ciudadano Esclarecido”, general José
Antonio Páez. Tomás Michelena.
Vol. 7: Memorias de Carmelo Fernández.
Vol. 8: Escenas rústicas en Sur América o la vida en los Llanos de Venezuela. Ramón
Páez.
Vol. 9: Memorias de un oficial de la legión Británica. Campañas y Cruceros duran‑
te la Guerra de Emancipación Hispanoamericana. Richard Vowell.
Vol. 10: Las sabanas de Barinas. Richard Vowell.
Vol. 11: Las estadísticas de las provincias, en la época de Páez. Recopilación y prólogo
de Antonio Arellano Moreno.
Vol. 12: Las comadres de Caracas. John G. A. Willianson.
Vol. 13: 20 discursos sobre el general José Antonio Páez.
Vol. 14: Páez visto por cinco historiadores.
Vol. 15: Código Civil de 28 de octubre de 1862. Estudio preliminar de Gonzalo
Parra Aranguren.
Vol. 16: La Codificación de Páez. (Códigos de Comercio, Penal, de Enjuiciamiento
y Procedimiento – 1862-63).
Vol. 17: Juicios sobre la personalidad del general José Antonio Páez.
Vol. 18: Historia Político-Eclesiástica de Venezuela (1830-1847). Tomo I. Gustavo
Ocando Yamarte.
Vol. 19: Historia Político-Eclesiástica de Venezuela (1830-1847). Tomo II. Gustavo
Ocando Yamarte.
Vol. 20: Páez, peregrino y proscripto (1848-1851). Rafael Ramón Castellanos.
Vol. 21: Documentos para la historia de la vida de José Antonio Páez. Compilación,
selección y notas de Manuel Pinto.
Vol. 22: Estudios y discursos sobre el general Carlos Soublette.
Vol. 23: Soublette y la prensa de su época. Estudio preliminar y compilación de Juan
Bautista Querales.
Vol. 24: Carlos Soublette: Correspondencia. Tomo I. Recopilación, introducción y
notas de Ligia Delgado y Magaly Burguera.
Vol. 25: Carlos Soublette: Correspondencia. Tomo II. Recopilación, introducción y
notas de Ligia Delgado y Magaly Burguera.
Vol. 26: Carlos Soublette: Correspondencia. Tomo III. Recopilación, introducción y
notas de Ligia Delgado y Magaly Burguera.
Vol. 27: La oposición Liberal en Oriente (Editoriales de “El Republicano”, 1844-
1846): Compilación, introducción y notas de Manuel Pérez Vila.
Vol. 28: Repertorio histórico-biográfico del general José Tadeo Monagas (1784-1868).
Tomo I. Estudio introductorio, recopilación y selección documental de
Juan Bautista Querales D.
Vol. 29: Repertorio histórico-biográfico del general José Tadeo Monagas (1784-1868).
Tomo II. Estudio introductorio, recopilación y selección documental de
Juan Bautista Querales D.
Vol. 30: Repertorio histórico-biográfico del general José Tadeo Monagas (1784-1868).
Tomo III. Estudio introductorio, recopilación y selección documental de
Juan Bautista Querales D.
Vol. 31: Repertorio histórico-biográfico del general José Tadeo Monagas (1784-1868).
Tomo IV. Estudio introductorio, recopilación y selección documental de
Juan Bautista Querales D.
Vol. 32: Opúsculo histórico de la revolución, desde el año 1858 a 1859. Prólogo de
Joaquín Gabaldón Márquez.
Vol. 33: La economía americana del primer cuarto del siglo XIX, vista a través de las
memorias escritas por don Vicente Basadre, último Intendente de Venezuela.
Manuel Lucena Salmoral.
Vol. 34: El café y las ciudades en los Andes Venezolanos (1870-1930). Alicia Ardao.
Vol. 35: La diplomacia de José María Rojas / 1873-1883. William Lane Harris. Tra‑
ducción: Rodolfo Kammann Willson.
Vol. 36: Instituciones de Comunidad (provincia de Cumaná, 1700-1828). Estudio y
documentación de Magaly Burguera.
Vol. 37: Nuevas Crónicas de Historia de Venezuela. Tomo I. Ildefonso Leal.
Vol. 38: Nuevas Crónicas de Historia de Venezuela. Tomo II. Ildefonso Leal.
Vol. 39: Convicciones y conversiones de un republicano: El expediente de José Félix
Blanco. Carole Leal Curiel.
Vol. 40: Las elecciones presidenciales de 1835 (La elección del Dr. José María Vargas).
Eleonora Gabaldón.
Vol. 41: El proceso de la inmigración en Venezuela. Ermila Troconis de Veracoechea.
Vol. 42: Monteverde: Cuatro años de historia patria, 1812-1816. Tomo I. Gabriel E.
Muñoz.
Vol. 43: Monteverde: Cuatro años de historia patria, 1812-1816. Tomo II. Gabriel E.
Muñoz.
Vol. 44: Producción bibliográfica y política en la época de Guzmán Blanco (1870-
1887). Cira Naranjo de Castillo y Carmen G. Sotillo.
Vol. 45: Dionisio Cisneros el último realista. Oscar Palacios Herrera.
Vol. 46: La libranza del sudor. El drama de la inmigración canaria entre 1830 y 1859.
Manuel Rodríguez Campos.
Vol. 47: El capital comercial en La Guaira y Caracas (1821-1848). Catalina Banko.
Vol. 48: General Antonio Valero de Bernabé y su aventura de libertad: De Puerto Rico
a San Sebastián. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 49: Los negocios de Román Delgado Chalbaud. Ruth Capriles Méndez.
Vol. 50: El inicio del juego democrático en Venezuela: Un análisis de las elecciones
1946-1947. Clara Marina Rojas.
Vol. 51: Los mercados exteriores de Caracas a comienzos de la Independencia. Manuel
Lucena Salmoral.
Vol. 52: Archivo del general Carlos Soublette. Tomo I. Catalogación por Naibe
Burgos.
Vol. 53: Archivo del general Carlos Soublette. Tomo II. Catalogación por Naibe
Burgos.
Vol. 54: Archivo del general Carlos Soublette. Tomo III. Catalogación por Naibe
Burgos.
Vol. 55: Las elecciones presidenciales en Venezuela del siglo XIX, 1830-1854. Alberto
Navas Blanco.
Vol. 56: Los olvidados próceres de Aragua. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 57: La educación venezolana bajo el signo del positivismo. Rafael Fernández
Heres.
Vol. 58: La enseñanza de la física en la Universidad Central de Venezuela, 1827-1880.
Henry Leal.
Vol. 59: Francisco Antonio Zea y su proyecto de integración Ibero-Americana. Lautaro
Ovalles.
Vol. 60: Los comerciantes financistas y sus relaciones con el gobierno guzmancista
(1870-1888). Carmen Elena Flores.
Vol. 61: Para acercarnos a don Francisco Tomás Morales Mariscal de Campo, último
Capitán General en Tierra Firme y a José Tomás Boves Coronel, Primera Lan‑
za del Rey. Tomás Pérez Tenreiro.
Vol. 62: La Iglesia Católica en tiempos de Guzmán Blanco. Herminia Cristina Mén‑
dez Sereno.
Vol. 63: Raíces hispánicas de don Gaspar Zapata de Mendoza y su descendencia vene‑
zolana. Julio Báez Meneses.
Vol. 64: La familia Río Branco y la fijación de las fronteras entre Venezuela y Brasil.
Dos momentos definitorios en las relaciones entre Venezuela y Brasil. El tratado
de límites de 1859 y la gestión del barón de Río Branco (1902-1912). Alejan‑
dro Mendible Zurita.
Vol. 65: La educación venezolana bajo el signo de la ilustración 1770-1870. Rafael
Fernández Heres.
Vol. 66: José Antonio Páez, repertorio documental. Compilación, transcripción y estu‑
dio introductorio. Marjorie Acevedo Gómez.
Vol. 67: La educación venezolana bajo el signo de la Escuela Nueva. Rafael Fernández
Heres.
Vol. 68: Imprenta y periodismo en el estado Barinas. Virgilio Tosta.
Vol. 69: Los papeles de Alejo Fortique. Armando Rojas.
Vol. 70: Personajes y sucesos venezolanos en el Archivo Secreto Vaticano. Tomo I. Reco‑
pilación y Estudio Preliminar. Lucas Guillermo Castillo.
Vol. 71: Personajes y sucesos venezolanos en el Archivo Secreto Vaticano. Tomo II. Re‑
copilación y Estudio Preliminar. Lucas Guillermo Castillo.
Vol. 72: Diario de navegación. Caracciolo Parra Pérez.
Vol. 73: Antonio José de Sucre, biografía política. Inés Quintero.
Vol. 74: Historia del pensamiento económico de Fermín Toro. Tomás Enrique Carrillo
Batalla.
Vol. 75: Apuntes para una historia documental de la Iglesia venezolana en el Archivo
Secreto Vaticano (1900-1922, Castro y Gómez). Tomo I. Lucas Guillermo
Castillo Lara.
Vol. 76: Apuntes para una historia documental de la Iglesia venezolana en el Archivo
Secreto Vaticano (1900-1922, Castro y Gómez). Tomo II. Apéndice docu‑
mental. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 77: Apuntes para una historia documental de la Iglesia venezolana en el Archivo
Secreto Vaticano (1900-1922, Castro y Gómez). Tomo III. Apéndice docu‑
mental. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 78: Apuntes para una historia documental de la Iglesia venezolana en el Archivo
Secreto Vaticano (1900-1922, Castro y Gómez). Tomo IV. Apéndice docu‑
mental. Lucas Guillermo Castillo Lara.
Vol. 79: El Cuartel San Carlos y el Ejército de Caracas 1771-1884. Carmen Brunilde
Liendo.
Vol. 80: Hemerografía económica venezolana del siglo XIX. Tomo I. Tomás Enrique
Carrillo Batalla.
Vol. 81: Hemerografía económica venezolana del siglo XIX. Tomo II. Tomás Enrique
Carrillo Batalla.
Vol. 82: La Provincia de Guayana en la independencia de Venezuela. Tomás Surroca
y De Montó.
Vol. 83: Páez visto por los ingleses. Edgardo Mondolfi Gudat.
Vol. 84: Tiempo de agravios. Manuel Rafael Rivero.
Vol. 85: La obra pedagógica de Guillermo Todd. Rafael Fernández Heres.
Vol. 86: Política, crédito e institutos financieros en Venezuela 1830-1940. Catalina
Banko.
Vol. 87: De leales monárquicos a ciudadanos republicanos. Coro 1810-1858. Elina
Lovera Reyes.
Vol. 88: Clío frente al espejo: La concepción de la historia en la historiografía venezola‑
na. 1830-1865. Lucía Raynero.
Vol. 89: El almirantazgo republicano. Archivo de Francisco Javier Yánez. Herminia
Méndez. En imprenta.
Vol. 90: Evolución político-constitucional de Venezuela. El período fundacional 1810-
1830. Enrique Azpúrua Ayala.
Vol. 91. José de la Cruz Carrillo. Una vida en tres tiempos. Silvio Villegas.
Vol. 92. Tiempos de federación en el Zulia. Construir la Nación en Venezuela. Arlene
Urdaneta Quintero.
Vol. 93. El régimen del General Eleazar López Contreras. Tomás Enrique Carillo Ba‑
talla.
Vol. 94. Sociopolítica y censos de población en Venezuela. Del Censo ‘‘Guzmán Blanco’’
al Censo ‘‘Bolivariano’’. Miguel Bolívar Chollett.
Vol. 95. Historia de los Frailes Dominicos en Venezuela durante los siglos XIX y XX. La
Extinción y la Restauración. Fr. Oswaldo Montilla Perdomo, O. P.
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Serie Estudios, Monografías y Ensayos
Vol. 1: El Coloniaje, la formación societaria de nuestro continente. Edgar Gabaldón
Márquez.
Vol. 2: Páginas biográficas y críticas. Carlos Felice Cardot.
Vol. 3: Tratados de Confirmaciones Reales. Antonio Rodríguez de León Pinelo. Es‑
tudio preliminar de Eduardo Arcila Farías.
Vol. 4: Datos para la historia de la educación en el Oriente de Venezuela. Manuel
Peñalver Gómez.
Vol. 5: La tradición saladoide del Oriente de Venezuela. La fase cuartel. Iraida Vargas
Arenas.
Vol. 6: Las culturas formativas del Oriente de Venezuela. La Tradición Barrancas del
Bajo Orinoco. Mario Sanoja Obediente.
Vol. 7: Organizaciones políticas de 1936. Su importancia en la socialización política
del venezolano. Silvia Mijares.
Vol. 8: Estudios en antropología, sociología, historia y folclor. Miguel Acosta
Saignes.
Vol. 9: Angel S. Domínguez, escritor de nítida arcilla criolla. Luis Arturo
Domínguez.
Vol. 10: Estudios sobre las instituciones locales hispanoamericanas. Francisco Domín‑
guez Compañy.
Vol. 11: Los Héroes y la Historia. Ramón J. Velásquez.
Vol. 12: Ensayos sobre Historia Política de Venezuela. Amalio Belmonte Guzmán,
Dimitri Briceño Reyes y Henry Urbano Taylor.
Vol. 13: Rusia e Inglaterra en Asia Central. M. F. Martens. Traducción y estudio
preliminar de Héctor Gros Espiell.
Vol. 14: 5 procesos históricos. Raúl Díaz Legórburu.
Vol. 15: Individuos de Número. Ramón J. Velásquez.
Vol. 16: Los presidentes de Venezuela y su actuación militar (Esbozo). Tomás Pérez
Tenreiro.
Vol. 17: Semblanzas, Testimonios y Apólogos. J.A. de Armas Chitty.
Vol. 18: Impresiones de la América Española (1904-1906). M. de Oliveira Lima.
Vol. 19: Obras Públicas, Fiestas y Mensajes (Un puntal del régimen gomecista). Ciro
Caraballo Perichi.
Vol. 20: Investigaciones Arqueológicas en Parmana. Los sitios de la Gruta y Ronquín.
Estado Guárico, Venezuela. Iraida Vargas Arenas.
Vol. 21: La consolidación del régimen de Juan Vicente Gómez. Yolanda Segnini.
Vol. 22: El proyecto universitario de Andrés Bello (1843). Rafael Fernández Heres.
Vol. 23: Guía para el estudio de la historia de Venezuela. R.J. Lovera De-Sola.
Vol. 24: Miranda y sus circunstancias. Josefina Rodríguez de Alonso.
Vol. 25: Michelena y José Amando Pérez. El sembrador y su sueño. Lucas Guillermo
Castillo Lara.
Vol. 26: Chejendé. Historia y canto. Emigdio Cañizales Guédez.
Vol. 27: Los conflictos de soberanía sobre Isla de Aves. Juan Raúl Gil S.
Vol. 28: Historia de las cárceles en Venezuela. (1600-1890). Ermila Troconis de
Veracoechea.
Vol. 29: Esbozo de las Academias. Héctor Parra Márquez.
Vol. 30: La poesía y el derecho. Mario Briceño Perozo.
Vol. 31: Biografía del almirante Luis Brión. Johan Hartog.
Vol. 32: Don Pedro Gual. El estadista grancolombiano. Abel Cruz Santos.
Vol. 33: Caracas 1883 (Centenario del natalicio del Libertador). Tomo I. Rafael
Ramón Castellanos.
Vol. 34: Caracas 1883 (Centenario del natalicio del Libertador). Tomo II. Rafael
Ramón Castellanos.
Vol. 35: Hilachas de historia patria. Manuel Rafael Rivero.
Vol. 36: Estudio y antología de la revista Bolívar. Velia Bosch. Indices: Fernando
Villarraga.
Vol. 37: Ideas del Libertador como gobernante a través de sus escritos (1813-1821).
Aurelio Ferrero Tamayo.
Vol. 38: Zaraza, biografía de un pueblo. J.A. De Armas Chitty.
Vol. 39: Cartel de citación (Ensayos). Juandemaro Querales.
Vol. 40: La toponimia venezolana en las fuentes cartográficas del Archivo General de
Indias. Adolfo Salazar-Quijada.
Vol. 41: Primeros monumentos en Venezuela a Simón Bolívar. Juan Carlos
Palenzuela.
Vol. 42: El pensamiento filosófico y político de Francisco de Miranda. Antonio Egea
López.
Vol. 43: Bolívar en la historia del pensamiento económico y fiscal. Tomás Enrique
Carrillo Batalla.
Vol. 44: Chacao: un pueblo en la época de Bolívar (1768-1880). Antonio González
Antías.
Vol. 45: Médicos, cirujanos y practicantes próceres de la nacionalidad. Francisco
Alejandro Vargas.
Vol. 46: Simón Bolívar. Su pensamiento político. Enrique de Gandía.
Vol. 47: Vivencia de un rito ayamán en las Turas. Luis Arturo Domínguez.
Vol. 48: La Razón filosófica-jurídica de la Indepencencia. Pompeyo Ramis.
Vol. 49: Tiempo y presencia de Bolívar en Lara. Carlos Felice Cardot.
Vol. 50: Los papeles de Francisco de Miranda. Gloria Henríquez Uzcátegui.
Vol. 51: La Guayana Esequiba. Los testimonios cartográficos de los geógrafos. Marco A.
Osorio Jiménez
Vol. 52: El gran majadero. R.J. Lovera De-Sola.
Vol. 53: Aproximación al sentido de la historia de Oviedo y Baños como un hecho del
Lenguaje. Susana Romero de Febres.
Vol. 54: El diario “El Pregonero”. Su importancia en el periodismo venezolano. María
Antonieta Delgado Ramírez.
Vol. 55: Historia del Estado Trujillo. Mario Briceño Perozo.
Vol. 56: Las eras imaginarias de Lezama Lima. Cesia Ziona Hirshbein.
Vol. 57: La educación primaria en Caracas en la época de Bolívar. Aureo Yépez
Castillo.
Vol. 58: Contribución al estudio del ensayo en Hispanoamérica. Clara Rey de Guido.
Vol. 59: Contribución al estudio de la historiografía literaria Hispanoamericana.
Beatriz González Stephan,
Vol. 60: Situación médico-sanitaria de Venezuela durante la época del Libertador.
Alberto Sila Alvarez.
Vol. 61: La formación de la vanguardia literaria en Venezuela (Antecedentes y
documentos). Nelson Osorio T.
Vol. 62: Muro de dudas. Tomo I. Ignacio Burk.
Vol. 63: Muro de dudas. Tomo II. Ignacio Burk.
Vol. 64: Rómulo Gallegos: la realidad, la ficción, el símbolo (Un estudio del momento
primero de la escritura galleguiana). Rafael Fauquié Bescós.
Vol. 65: Flor y canto. 25 años de la poesía venezolana (1958-1983). Elena Vera.
Vol. 66: Las diabluras del Arcediano (Vida del Padre Antonio José de Sucre). Mario
Fernán Romero.
Vol. 67: La historia como elemento creador de la cultura. Mario Briceño Iragorry.
Vol. 68: El cuento folklórico en Venezuela. Antología, clasificación y estudio. Yolanda
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Vol. 69: Las ganaderías en los llanos centro-occidentales venezolanos, 1910-1935.
Tarcila Briceño.
Vol. 70: La república de las Floridas, 1817-1817. Tulio Arends.
Vol. 71: Una discusión historiográfica en torno de “Hacia la democracia”. Antonio
Mieres.
Vol. 72: Rafael Villavicencio: Del positivismo al espiritualismo. Luisa M. Poleo
Pérez.
Vol. 73: Aportes a la historia documental y crítica. Manuel Pérez Vila.
Vol. 74: Procerato caroreño. José María Zubillaga Perera.
Vol. 75: Los días de Cipriano Castro (Historia Venezolana del 900). Mariano Picón
Salas.
Vol. 76: Nueva historia de América. Las épocas de libertad y antilibertad desde la
Independencia. Enrique de Gandía.
Vol. 77: El enfoque geohistórico. Ramón Tovar L.
Vol. 78: Los suburbios caraqueños del siglo XIX. Margarita López Maya.
Vol. 79: Del antiguo al nuevo régimen en España. Alberto Gil Novales.
Vol. 80: Anotaciones sobre el amor y el deseo. Alejandro Varderi.
Vol. 81: Andrés Bello filósofo. Arturo Ardao.
Vol. 82: Los paisajes geohistóricos cañeros en Venezuela. José Angel Rodríguez.
Vol. 83: Ser y ver. Carlos Silva.
Vol. 84: La relación hombre-vegetación en la ciudad de Caracas (Aporte de estudio de
arquitectura paisajista de Caracas) Giovanna Mérola Rosciano.
Vol. 85: El Libertador en la historia italiana: ilustración, “risorgimento”, fascismo.
Alberto Filippi.
Vol. 86: La medicina popular en Venezuela. Angelina Pollak-Eltz.
Vol. 87: Protágoras: Naturaleza y cultura. Angel J. Cappelletti.
Vol. 88: Filosofía de la ociosidad. Ludovico Silva.
Vol. 89: La espada de Cervantes. Mario Briceño Perozo.
Vol. 90: Una tribuna para los godos. El periodismo contrarrevolucionario de Miguel
José Sanz y José Domingo Díaz. Julio Barroeta Lara.
Vol. 91: La presidencia de Sucre en Bolivia. William Lee Lofstrom.
Vol. 92: El discurso literario destinado a niños. Griselda Navas.
Vol. 93: Etnicidad, clase y nación en la cultura política del Caribe de habla inglesa.
Andrés Serbin.
Vol. 94: Huellas en el agua (Artículos periodísticos 1933-1961). Enrique Bernardo
Núñez.
Vol. 95: La instrucción pública en el proyecto político de Guzmán Blanco: Ideas y
hechos. Rafael Fernández Heres.
Vol. 96: De revoluciones y contra-revoluciones. Carlos Pérez Jurado.
Vol. 97: Chamanismo, mito y religión en cuatro naciones éticas de América aborigen.
Ronny Velásquez.
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Vol. 99: Escritos de Plá y Beltrán. Selección y prólogo de Juan Manuel Castañón.
Vol. 100: La ideología federal en la Convención de Valencia (1858). Tiempo y debate.
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Vol. 101: Vida de Don Quijote de Libertad (España en el legado del Libertador).
Alberto Baeza Flores.
Vol. 102: Varia académica bolivariana. José Rodríguez IIturbe.
Vol. 103: De la muerte a la vida -Testimonio de Henrique Soublette. Carmen Elena
Alemán.
Vol. 104: Referencia para el estudio de las ideas educativas en Venezuela. Rafael
Fernández Heres.
Vol. 105: Aspectos económicos de la época de Bolívar. I - La Colonia (1776-1810).
Miguel A. Martínez G.
Vol. 106: Aspectos económicos de la época de Bolívar. II - La República (1811-1930).
Miguel A. Martínez G.
Vol. 107: Doble verdad y la nariz de Cleopatra. Juan Nuño.
Vol. 108: Metamorfosis de la utopía (Problemas del cambio democrático). Carlos Raúl
Hernández.
Vol. 109: José Gil Fortoul. (1861-1943). Los nuevos caminos de la razón. La historia
como ciencia. Elena Plaza.
Vol. 110: Tejer y destejer. Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Vol. 111: Conversaciones sobre un joven que fue sabio (Semblanza del Dr. Caracciolo
Parra León). Tomás Polanco Alcántara.
Vol. 112: La educación básica en Venezuela. Proyectos, realidad y perspectivas. Nacarid
Rodríguez T.
Vol. 113: Crónicas médicas de la Independencia venezolana. José Rafael Fortique.
Vol. 114: Los Generales en jefe de la Independencia (Apuntes Biográficos). Tomás Pérez
Tenreiro.
Vol. 115: Los gobiernos de facto en América Latina. 1930-1980. Krystian Complak.
Vol. 116: Arte, educación y museología. Estudios y polémicas, 1948-1988. Miguel G.
Arroyo C.
Vol. 117: La vida perdurable (Ensayos dispersos). Tomo I. Efraín Subero.
Vol. 118: La vida perdurable (Ensayos dispersos). Tomo II. Efraín Subero.
Vol. 119: Notas históricas. Marcos Falcón Briceño.
Vol. 120: Seis ensayos sobre estética prehispánica en Venezuela. Lelia Delgado R.
Vol. 121: Reynaldo Hahn, caraqueño. Contribución a la biografía caraqueña de
Reynaldo Hahn Echenagucia. Mario Milanca Guzmán.
Vol. 122: De las dos orillas. Alfonso Armas Ayala.
Vol. 123: Rafael Villavicencio más allá del positivismo. Rafael Fernández Heres.
Vol. 124: Del tiempo heroíco. Rafael María Rosales.
Vol. 125: Para la memoria venezolana. Maríanela Ponce.
Vol. 126: Educación popular y formación docente de la Independencia al 23 de enero de
1958. Duilia Govea de Carpio.
Vol. 127: Folklore y cultura en la península de Paria (Sucre) Venezuela. Angelina
Pollak-Eltz y Cecilia Istúriz.
Vol. 128: La historia, memoria y esperanza. Armando Rojas.
Vol. 129: La Guayana Esequiba. Dos etapas en la aplicación del Acuerdo de Ginebra.
Rafael Sureda Delgado.
Vol. 130: De hoy hacia ayer... Ricardo Azpúrua Ayala.
Vol. 131: 21 Prólogos y un mismo autor. Juan Liscano.
Vol. 132: Cultura y Política. Carlos Canache Mata.
Vol. 133: Los actos administrativos de las personas privadas y otros temas de derecho
administrativo. Carlos Felice Castillo.
Vol. 134: Los procesos económicos y su perspectiva. D.F. Maza Zavala.
Vol. 135: Temas lingüísticos y literarios. José María Navarro.
Vol. 136: Voz de amante. Luis Miguel Isava Briceño.
Vol. 137: Mariano Talavera y Garcés: una vida paradigmática. Francisco Cañizales
Verde.
Vol. 138: Venezuela es un invento. Homero Arellano.
Vol. 139: Espejismos (Prosas dispersas). Pastor Cortés V.
Vol. 140: Ildefonso Riera Aguinagalde. Ideas democristianas y luchas del escritor. Luis
Oropeza Vásquez.
Vol. 141: Asalto a la modernidad (López, Medina y Betancourt: del mito al hecho).
Elizabeth Tinoco.
Vol. 142: Para elogio y memoria. Tomás Pérez Tenreiro.
Vol. 143: La huella del sabio: El Municipio Foráneo Alejandro de Humboldt. Luisa
Veracoechea de Castillo.
Vol. 144: Pistas para quedar mirando. Fragmentos sobre arte. María Elena Ramos.
Vol. 145: Miranda. Por J. G. Lavretski (Traducción de Alberto E. Olivares).
Vol. 146: Un Soldado de Simón Bolívar: Carlos Luis Castelli. Máximo Mendoza
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Vol. 147: Una docencia enjuiciada: La docencia superior (Bases andragógicas). Eduardo
J. Zuleta R.
Vol. 148: País de Latófagos (ensayos). Domingo Miliani.
Vol. 149: Narradores en acción (Problemas epistemológicos, consideraciones teóricas y
observaciones de campo en Venezuela). Daniel Mato.
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Vol. 151: Esa otra Historia. Miguel A. Martínez.
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Vol. 153: Una mujer de dos siglos. Margot Boulton de Bottome.
Vol. 154: La duda del escorpión: La tradición hetorodoxa de la narrativa latinoamericana.
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Vol. 156: El historicismo político. Fulvio Tessitore.
Vol. 157: Clavimandora. Ludovico Silva.
Vol. 158: Biografía de Juan Liscano. Nicolasa Martínez Bello, Sonia del Valle Moreno,
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Vol. 159: El régimen de tenencia de la tierra en Upata, una Villa en la Guayana
venezolana. Marcos Ramón Andrade Jaramillo.
Vol. 160: La Conferencia de París sobre la Banda Oriental. Víctor Sanz López.
Vol. 161: Liceo Andrés Bello, un forjador de valores. Guillermo Cabrera Domínguez.
Vol. 162: El paisaje del riel en Trujillo (1880-1945). José Angel Rodríguez.
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(el fenómeno del americanismo y el fordismo). Michel Mujica Ricardo.
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Vol. 165: De Nicaragua a Cuba. Angel Sanjuan.
Vol. 166: El Amor en Unamuno y sus contemporáneos. Luis Frayle Delgado.
Vol. 167: La raigambre salesiana en Venezuela. Cien años de la primera siembra. Lucas
Guillermo Castillo Lara.
Vol. 168: Armando Zuloaga Blanco, Voces de una Caracas patricia. Ignacia Fombona
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Vol. 169: Ciencia, educación y positivismo en el siglo XIX Venezolano. Luis Antonio
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Vol. 170: El liceo Simón Bolívar y su promoción cincuentenaria. 1940-1945. Gonzalo
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Vol. 171: El universo en la palabra (Lectura estético-ideológica de Abrapalabra).
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Vol. 172: Introducción a Homero. Primer Poeta de Europa. Alfonso Ortega Carmona.
Vol. 173: Gremio de poetas. Mario Briceño Perozo.
Vol. 174: El conocimiento sensorial en Aristóteles. Angel J. Cappelletti.
Vol. 175: La Salle en Venezuela. Enrique Eyrich S.
Vol. 176: Razón y empeño de unidad. Bolívar por América Latina. J.L. Salcedo-
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Sanoja Obediente, Iraida Vargas A., Gabriel Alvarado y Milene Montilla.
Vol. 178: Arqueología de Caracas, San Pablo. Teatro Municipal. Vol. II. Iraida Vargas
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Vol. 179: Ideas y mentalidades de Venezuela. Elías Pino Iturrieta.
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Estados Unidos en la controversia de límites entre Venezuea y Gran Bretaña.
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Fernández Heres.
Vol. 184: Orígenes de la pobreza en Venezuela. Ermila Troconis de Veracoechea.
Vol. 185: Humanismo y educación en Venezuela (Siglo XX). Rafael Fernández Heres.
Vol. 186: El proceso penal en la administración de justicia en Venezuela 1700-1821.
Antonio González Antías.
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y sus anexas (1781-1804). Eulides María Ortega Rincones.
Vol. 188: 18 de octubre de 1945. Legitimidad y ruptura del hilo constitucional. Corina
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Vol. 189: Vida y Obra de Pedro Castillo(1790-1858). Roldán Esteva-Grillet.
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político-territorial de Venezuela (1525-1935). Manuel Alberto Donís Ríos.
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Vol. 2: Rebeliones, motines y movimientos de masas en el siglo XVIII venezolano
(1730-1781). Carlos Felice Cirdot.
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Vol. 4: Modernismo y modernistas. Luis Beltrán Guerrero.
Vol. 5: Historia de los estudios bibliográficos humanísticos latinoamericanos. Libio
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Vol. 6: Para la historia de la comunicación social (ensayo). Manuel Rafael Rivero.
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Vol. 10: Familias, cabildos y vecinos de la antigua Barinas. Virgilio Tosta.
Vol. 11: El nombre de O’Higgins en la historia de Venezuela. Nicolás Perazzo.
Vol. 12: La respuesta de Gallegos (ensayos sobre nuestra situación cultural). Rafael To‑
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Vol. 15: Breve historia de Bulgaria. Vasil A. Vasilev.
Vol. 16: Historia de la Universidad de San Marcos (1551-1980). Carlos Daniel Val‑
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Vol. 18: De Caracas hispana y América insurgente. Manuel Alfredo Rodríguez.
Vol. 19: Simón Rodríguez, pensador para América. Juan David García Bacca.
Vol. 20: La poética de Andrés Bello y sus seguidores. Lubio Cardozo.
Vol. 21: El magisterio americano de Bolívar. Luis Beltrán Prieto Figueroa.
Vol. 22: La historia fea de Caracas y otras historias criminológicas. Elio Gómez
Grillo.
Vol. 23: Breve historia de Rumania. Mihnea Gheorghiu, N. S. Tanasoca, Dan Brin‑
dei, Florin Constantiniu y Gheorghe Buzatu.
Vol. 24: Ensayos a contrarreloj. René De Sola.
Vol. 25: Andrés Bello Americano -y otras luces sobre la Independencia. J.L. Salcedo-
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Vol. 26: Viaje al interior de un cofre de cuentos (Julio Garmendia entre líneas). Julio
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Vol. 27: Julio Garmendia y José Rafael Pocaterra. Dos modalidades del cuento en Vene‑
zuela. Italo Tedesco.
Vol. 28: Luchas e insurrecciones en la Venezuela Colonial. Manuel Vicente
Magallanes.
Vol. 29: Panorámica de un período crucial en la historia venezolana. Estudio de los
años 1840-1847. Antonio García Ponce.
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Vol. 31: Músicos y compositores del Estado Falcón. Luis Arturo Domínguez.
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Vol. 35: La academia errante y tres retratos. Mario Briceño Perozo.
Vol. 36: Tiempo de hablar. Miguel Otero Silva.
Vol. 37: Transición (Política y realidad en Venezuela). Ramón Díaz Sánchez.
Vol 38: Eponomía larense. Francisco Cañizales Verde.
Vol. 39: Reescrituras. Juan Carlos Santaella.
Vol. 40: La memoria perdida. Raúl Agudo Freites.
Vol. 41: Carriel número cinco (Un homenaje al costumbrismo). Elisa Lerner.
Vol. 42: Espacio disperso. Rafael Fauquié Bescos.
Vol. 43: Lo bello / Lo feo. Antonieta Madrid.
Vol. 44: Cronicario. Oscar Guaramato.
Vol. 45: Ensayos temporales. Poesia y teoría social. Ludovico Silva.
Vol. 46: Costumbre de leer. José Santos Urriola.
Vol. 47: Cecilio Acosta, un signo en el tiempo. Manuel Bermúdez.
Vol. 48: Leoncio Martínez, crítico de arte (1912-1918). Juan Carlos Palenzuela.
Vol. 49: La maldición del fraile y otras evocaciones históricas. Luis Oropeza Vásquez.
Vol. 50: Explicación y elogio de la ciudad creadora. Pedro Francisco Lizardo.
Vol. 51: Crónicas sobre Guayana (1946-1968). Luz Machado
Vol. 52: “Rómulo Gallegos”. Paul Alexandru Georgescu.
Vol. 53: Diálogos con la página. Gabriel Jiménez Emán
Vol. 54: El poeta del fuego y otras escrituras. Mario Torrealba Lossi.
Vol. 55: Invocaciones (notas literarias). Antonio Crespo Meléndez.
Vol. 56: Desierto para un “Oasis”. Ana Cecilia Guerrero.
Vol. 57: Borradores. Enrique Castellanos.
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Vol. 59: La lengua nuestra de cada día. Iraset Páez Urdaneta.
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Vol. 63: Incidencia de la colonización en el subdesarrollo de América Latina. Raúl
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Vol. 64: Lector de Poesía. José Antonio Escalona-Escalona.
Vol. 65: Ante el bicentenario de Bolívar. El general José Antonio Páez y la memoria del
Libertador. Nicolás Perazzo.
Vol. 66: Diccionario general de la bibliografía caroreña. Alfredo Herrera Alvarez.
Vol. 67: Breve historia de Bolivia. Valentín Abecia Baldivieso.
Vol. 68: Breve historia de Canadá. J. C. M. Ogelsby. Traductor: Roberto Gabal‑
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Vol. 69: La lengua de Francisco de Miranda en su Diario. Francisco Belda.
Vol. 70: Breve historia del Perú. Carlos Daniel Valcárcel.
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Vol. 81: Cuaderno de prueba y error. Ramón Escovar Salom
Vol. 82: Ensayos. Oscar Beaujon.
Vol. 83: Acción y pasión en los personajes de Miguel Otero Silva y otros ensayos. Alexis
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Vol. 127: Táriba, historia y crónica. L. A. Pacheco M.
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Vol. 129: Simbolistas y modernistas en Venezuela. Eduardo Arroyo Alvarez.
Vol. 130: Relatos de mi andar viajero. Tomás Pérez Tenreiro.
Vol. 131: Breve historia de la Argentina. José Luis Romero.
Vol. 132: La Embajada que llegó del exilio. Rafael José Neri.
Vol. 133: El orgullo de leer. Manuel Caballero.
Vol. 134: Vida y letra en el tiempo (Ocho Prólogos y dos discursos). José Ramón
Medina.
Vol. 135: La pasión literaria (1959-1985). Alfredo Chacón.
Vol. 136: Una Inocente historia (Con Relatos de Inocente Palacios). María Matilde
Suárez.
Vol. 137: El fiero (y dulce) instinto terrestre / Ejercicios y ensayos José Balza.
Vol. 138: La leyenda es la poesía de la historia. Pedro Gómez Valderrama.
Vol. 139: Angustia de expresar. René De Sola.
Vol. 140: Todo lo contrario. Roberto Hernández Montoya.
Vol. 141: Evocaciones de Cumaná, Puerto Cabello y Maracaibo. Lucas Guillermo Cas‑
tillo Lara.
Vol. 142: Cantos de Sirena. Mercedes Franco.
Vol. 143: La Patria y más allá. Francisco Salazar.
Vol. 144: Leyendo América Latina. Poesía, ficción, cultura. J.G. Cobo Borda.
Vol. 145: Historias de la noche. Otrova Gomas.
Vol. 146: Salomniana. Asdrúbal González.
Vol. 147: Croniquillas españolas y de mi amor por lo venezolano. José Manuel
Castañón.
Vol. 148: Lo pasajero y lo perdurable. Nicolás Cócaro.
Vol. 149: Palabras abiertas. Rubén Loza Aguerrebere.
Vol. 150: Son españoles. Guillermo Morón.
Vol. 151: Historia del periodismo en el Estado Guárico. Blas Loreto Loreto.
Vol. 152: Balza: el cuerpo fluvial. Milagros Mata Gil.
Vol. 153: ¿Por qué escribir? (Juvenalias). Hugo Garbati Paolini.
Vol. 154: Festejos (Aproximación crítica a la narrativa de Guillermo Morón). Juande‑
maro Querales.
Vol. 155: Breve historia de Colombia. Javier Ocampo López.
Vol. 156: El libro de las Notas. Eduardo Avilés Ramírez.
Vol. 157: Grabados. Rafael Arráiz Lucca.
Vol. 158: Mi último delito. Crónicas de un boconés (1936-1989). Aureliano
González.
Vol. 159: El viento en las Lomas. Horacio Cárdenas.
Vol. 160: Un libro de cristal (Otras maneras de ser venezolano). Tomás Polanco Alcán‑
tara.
Vol. 161: El paisaje anterior. Bárbara Piano.
Vol. 162: Sobre la unidad y la identidad latinoamericana. Angel Lombardi.
Vol. 163: La gran confusión. J.J. Castellanos.
Vol. 164: Bolívar y su experiencia antillana. Una etapa decisiva para su línea política.
Demetrio Ramos Pérez.
Vol. 165: Cristóbal Mendoza, el sabio que no muere nunca. Mario Briceño Perozo.
Vol. 166: Lecturas antillanas. Michaelle Ascensio.
Vol. 167: El color humano. 20 pintores venezolanos. José Abinadé.
Vol. 168: Cara a cara con los periodistas. Miriam Freilich.
Vol. 169: Discursos de ocasión. Felipe Montilla.
Vol. 170: Crónicas de la vigilia (Notas para una poética de los ’80). Leonardo Padrón.
Vol. 171: Sermones laicos. Luis Pastori.
Vol. 172: Cardumen. Relatos de tierra caliente. J.A. de Armas Chitty.
Vol. 173: El peor de los oficios. Gustavo Pereira.
Vol. 174: Las aventuras imaginarias (Lectura intratextual de la poesía de Arnaldo Acos‑
ta Bello). Julio E. Miranda.
Vol. 175: La desmemoria. Eduardo Zambrano Colmenares.
Vol. 176: Pascual Venegas Filardo: Una vocación por la cultura. José Hernán
Albornoz.
Vol. 177: Escritores en su tinta (Entrevistas, reseñas, ensayos). Eloi Yagüe Jarque.
Vol. 178: El día que Bolívar... (44 crónicas sobre temas poco conocidos, desconocidos o
inéditos de la vida de Simón Bolívar). Paul Verna.
Vol. 179: Vocabulario del hato. J.A. de Armas Chitty.
Vol. 180: Por los callejones del viento. Leonel Vivas.
Vol. 181: Rulfo y el Dios de la memoria. Abel Ibarra.
Vol. 182: Boves a través de sus biógrafos. J. A. de Armas Chitty.
Vol. 183: La Plaza Mayor de Mérida. Historia de un tema urbano. Christian Páez
Rivadeneira.
Vol. 184: Territorios del verbo. Sabas Martín.
Vol. 185: El símbolo y sus enigmas. Cuatro ensayos de interpretación. Susana Benko.
Vol. 186: Los pájaros de Majay. Efraín Inaudy Bolívar.
Vol. 187: Blas Perozo Naveda: La insularidad de una poesía. Juan Hildemaro
Querales.
Vol. 188: Breve historia del Ecuador. Alfredo Pareja Diezcanseco.
Vol. 189: Orinoco, irónico y onírico. Régulo Pérez.
Vol. 190: La pasión divina, la pasión inútil. Edilio Peña.
Vol. 191: Cuaderno venezolano para viajar (leer) con los hijos. Ramón Guillermo Ave‑
ledo.
Vol. 192: Pessoa, la respuesta de la palabra. Teódulo López Meléndez.
Vol. 193: Breve historia de los pueblos árabes. Juan Bosch.
Vol. 194: Pensando en voz alta. Tomás Polanco Alcántara.
Vol. 195: Una historia para contar. Rafael Dum.
Vol. 196: La saga de los Pulido. José León Tapia.
Vol. 197: San Sebastián de los Reyes y sus ilustres próceres. Lucas G. Castillo Lara.
Vol. 198: Iniciación del ojo. Ensayo sobre los valores y la evolución de la pintura. Joaquín
González-Joaca.
Vol. 199: Notas y estudios literarios. Pascual Venegas Filardo.
Vol. 200: Pueblos, aldeas y ciudades. Guillermo Morón.
Vol. 201: Zoognosis: el sentido secreto de los animales en la mitología. Daniel
Medvedov.
Vol. 202: Los Estados Unidos y el bloqueo de 1902. Deuda externa: agresión de los nue‑
vos tiempos. Armando Rojas Sardi.
Vol. 203: Mundo abierto (Crónicas dispersas). Efraín Subero.
Vol. 204: El ojo que lee. R.J. Lovera De-Sola.
Vol. 205: La Capilla del Calvario de Carora. Hermann González Oropeza, S.J.
Vol. 206: El dios salvaje. Un ensayo sobre “El corazón de las tinieblas”. Edgardo Mon‑
dolfi.
Vol. 207: Breve historia del Japón. Taraõ Sakamoto.
Vol. 208: La mirada, la palabra. Rafael Fauquié.
Vol. 209: José Antonio Anzoátegui. Jóvito Franco Brizuela.
Vol. 210: El fin de la nostalgia. Antonio Crespo Meléndez.
Vol. 211: Sin halagar al diablo, sin ofender a Dios. Ramón Gutiérrez.
Vol. 212: Lecturas. Francisco Pérez Perdomo.
Vol. 213: Sobre Ramón Pompilio. Alberto Alvarez Gutiérrez.
Vol. 214: Anécdotas de mi tierra. Miguel Dorante López.
Vol. 215: Pensar a Venezuela. Juan Liscano.
Vol. 216: Crónicas irregulares. Iván Urbina Ortiz.
Vol. 217: Lecturas guayanesas. Manuel Alfredo Rodríguez.
Vol. 218: Conversaciones de memoria. José Luis Izaguirre Tosta.
Vol. 219: El viejo sembrador. Ramón Pompilio Oropeza.
Vol. 220: Crónicas. Agustín Oropeza.
Vol. 221: Para una poética de la novela “Viaje Inverso”. Haydée Parima.
Vol. 222: Enseñanza de la historia e integración regional. Rafael Fernández Heres.
Vol. 223: Breve historia del Caribe. Oruno D. Lara.
Vol. 224: Miguel Sagarzazu, héroe y médico. Máximo Mendoza Alemán.
Vol. 225: Tucacas. Desde el umbral histórico de Venezuela. Manuel Vicente Magalla‑
nes.
Vol. 226: Los Cumbes. Visión panorámica de esta modalidad de rebeldía negra en las
colonias americanas de España y Portugal. Edmundo Marcano Jiménez.
Vol. 227: 11 Tipos. Juan Carlos Palenzuela.
Vol. 228: Venezuela en la época de transición. John V. Lombardi.
Vol. 229: El primer periódico de Venezuela y el panorama de la cultura en el siglo XVIII.
Ildefonso Leal.
Vol. 230: Los 9 de Bolívar. J.L. Salcedo-Bastardo.
Vol. 231: Andrés Bello y la Historia. Mariano Picón-Salas.
Vol. 232: La evolución política de Venezuela 1810-1960. Augusto Mijares.
Vol. 233: Evolución de la Economía en Venezuela. Eduardo Arcila Farías.
Vol. 234: Positivismo y gomecismo. Elías Pino Iturrieta.
Vol. 235: Cerámica venezolanista y otros textos sobre el tema. Compilación y prólogo
de José Rafael Lovera.
Vol. 236: Páez y Arte Militar. Héctor Bencomo Barrios.
Vol. 237: Historia territorial de la provincia de Mérida-Maracaibo (1573-1820). Ma‑
nuel Alberto Donis Ríos.
Vol. 238: La curiosidad compartida. Estrategias de la descripción de la naturaleza de los
historiadores antiguos y crónica de India. Mariano Nava Contreras.
Vol. 239: Historia e historiadores de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX. María
Elena González Deluca
Vol. 240: El diablo suelto en Carora. Memoria de un crimen. Juan Carlos Reyes.
Serie Libro Breve
Vol. 231: Bello y la historia. Mariano Picón-Salas.
Vol. 232: La evolución política de Venezuela (1810-1960). Augusto Mijares.
Vol. 233: Evolución de la economía en Venezuela. Eduardo Arcila Farías.
Vol. 234: Positivismo y Gomecismo. Elías Pino Iturrieta.
Vol. 235: Cerámica venezolanista y otros textos sobre el tema. Compilación
y Prólogo de José Rafael Lovera.
Vol. 236: Páez y el arte militar. Héctor Bencomo Barrios.
Vol. 237: Historia territorial de la provincia de Mérida-Maracaibo (1573-1820). Ma‑
nuel Alberto Donís Ríos.
Vol. 238: La curiosidad compartida. Estrategias de la descripción de la naturaleza en los
historiadores antiguos y en la Crónica de Indias. Mariano Nava Contreras.
Vol. 239: Historia e historiadores de Venezuela en la segunda mitad del siglo XX. María
Elena González Deluca.
Vol. 240: El diablo suelto en Carora. Memoria de un crimen. Juan Carlos Reyes.
Vol. 241. Las visitas pastorales de Monseñor Antonio Ramón Silva. Jesús Rondón
Nucete.
Editado por la
ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA
Impreso en los talleres litográficos
de GRAFICAS FRANCO, c.a.
Agosto de 2009
teléfonos: (0212) 483.2574 - 3396 - fax: (0212) 481.3549
email: johnfrancog@[Link]
Caracas-Venezuela
Se utilizó papel Tamcreamy 55 grs
500 ejemplares