NUEVA SOCIEDAD NRO.118 MARZO- ABRIL 1992 , PP.
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Joaquín Balaguer. El eterno retorno de
la política dominicana
Espinal, Rosario
Rosario Espinal: Socióloga dominicana, es profesora de Sociología en Temple Uni-
versity, Filadelfia. Autora de Autoritarismo y democracia en la política dominicana
(CAPEL, 1987) y de numerosos artículos en revistas especializadas sobre política
dominicana y latinoamericana.
Para comprender la larga y decisiva presencia de Joaquín
Balaguer en la vida política, dominicana, el significado y
arraigo de su figura política, acaso sea necesario entretejer un
análisis de sus características personales e ideología con el
ensamblaje institucional en el que Balaguer ha gobernado. Se
analizan tres etapas de su vida política: su colaboración con
la dictadura de Trujillo (1930-1961), su gobierno de 12 años
(1966-1978), y su retorno al poder en 1986
Es difícil condensar en pocas páginas la historia política de un hombre que ha pa-
sado más de seis décadas en la actividad política, casi siempre vinculado directa-
mente al manejo del Estado. Presidente reelecto en 1990 a los 84 años de edad, Jo-
aquín Balaguer comenzó a destacarse como escritor y orador político a mediados
de los años 20. Desde entonces comenzaron a forjarse sus ideas antioligárquicas y
populistas que encontrarían expresión, paradójicamente, en una dictadura que fue-
ra altamente excluyente como la del general Rafael L. Trujillo (1930-1961).
Balaguer nació el 1 de septiembre de 1906 en el poblado norteño de Navarrete, pro-
vincia de Santiago. Fue el único varón de la prole matrimonial de Joaquín Balaguer
Lespier, de ascendencia catalana, y Cecilia Ricardo. Obtuvo el título de Bachiller en
Filosofía y Letras en 1924 en la escuela normal de Santiago, y el de Licenciado en
Derecho en 1929 en la Universidad de Santo Domingo. Posteriormente realizó estu-
dios doctorales en la Universidad de la Soborna, París.
Sus primeras obras literarias, Psalmos Paganos y Claro de Luna, fueron publicadas
en 1922. Sus primeras obras históricas y políticas se publicaron en los años 40,
cuando ya Balaguer se perfilaba como un consumado colaborador del dictador Ra-
fael Trujillo. Sus publicaciones en el campo histórico y político continuarían por
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cuatro décadas, siendo su obra más reciente Memorias de un Cortesano de la «Era
de Trujillo» publicada en 19881.
Son muchos los cargos políticos que Balaguer ha ocupado a lo largo de sus más de
seis décadas en la vida política activa: desde miembro de la delegación diplomática
dominicana en España en los años 30, hasta Presidente de la República en seis oca-
siones distintas. Son también diversas las situaciones en que Balaguer ha llegado a
la Presidencia de la República Dominicana. Como presidente designado por el dic-
tador Trujillo en 1960 (en esas funciones le tocó mediar la transición democrática al
caer la dictadura en 1961). Como presidente electo en condiciones de dudosa legiti-
midad electoral en 1966 a raíz de una ocupación militar norteamericana. Como pre-
sidente electo sin oposición política en las cuestionadas elecciones de 1970 y 1974.
Y finalmente, como presidente electo en elecciones competitivas en 1986 y 1990 res-
pectivamente.
Quizás la pregunta más intrigante que con respecto a Balaguer podamos hacer se
refiere a las condiciones que han hecho posible su larga vida política en condicio-
nes tan disímiles de la historia política dominicana. Sus seguidores le atribuyen do-
tes especiales para explicar su larga vida política: inteligencia, capacidad de traba-
jo, honestidad. Sus adversarios enfatizan las características adversas: la frialdad en
el cálculo político, la capacidad de corromper a otros, el uso de la violencia para si-
lenciar la oposición, o los fraudes electorales.
La idea que quiero desarrollar en este trabajo es que para comprender el significa-
do y arraigo de la figura de Balaguer en la política dominicana es necesario entrete-
jer un análisis de sus características personales e ideología política con el ensambla-
je institucional en que ha gobernado.
Para fines analíticos podemos dividir la vida política de Balaguer en tres etapas.
Usando el título de sus memorias como referencia alegórica, se puede hablar del
Balaguer cortesano de la era de Trujillo, aquel que supo subordinarse a los dicta-
dos del temible dictador. Del Balaguer artesano de un proyecto político propio que
se inició en 1966 y que aún perdura en el balaguerismo. Y del Balaguer rezagado
de estos últimos años, cuando los avances democráticos y las presiones económicas
han hecho cada vez más insostenible su proyecto personalista y estatista de gobier-
no.
1
Joaquín Balaguer: Memorias de un cortesano de la «Era de Trujillo», Editora Corripio, Santo Do-
mingo, 1988.
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A la sombra de Trujillo
El proyecto político de Trujillo tal y como se conformó en los años 30 fue un pro-
yecto de recuperación de lo nacional a partir de un Estado tutelar-autoritario 2 .
Después de casi 100 años de proclamada la independencia, la República Dominica-
na continuaba en los años 1920 siendo un país de polarizaciones políticas y faccio-
nalismos caudillistas carente de un proyecto nacional. La ocupación militar nortea-
mericana de 1916-1924, aunque resolvió temporalmente la cuestión del orden polí-
tico, no sentó las bases para el desarrollo de un proyecto nacional. De hecho, la
ocupación produjo un gran descontento en las capas intelectuales del país que se
forjaban a principios de siglo con ideas nacionalistas. Y fue en este contexto social y
político que Balaguer llegó a la adultez. Según lo plasma en sus memorias, fue la
impresión causada por la intervención que lo llevó a incorporarse al Partido Nacio-
nalista y a la campaña cívica contra la ocupación, y que motivó en él la pasión por
la oratoria política3.
Al terminar la ocupación norteamericana en 1924 no estaba claro quién reemplaza-
ría al ejército de Estados Unidos en la dirección del Estado ni quién impulsaría las
ideas nacionalistas. La solución inicial fue restaurar en el poder al caudillo Horacio
Vázquez, que había gobernado antes de la ocupación. Pero esto produjo un movi-
miento oposicionista importante. Se estableció entonces una alianza entre sectores
que fuera de oponerse al presidente Vázquez no tenían intereses comunes. Se trata-
ba de la alianza entre sectores liberales-civilistas y el general Trujillo, jefe de la
Guardia Nacional. La unificación de estos dos sectores para desplazar a Vázquez
de la presidencia produjo la fuerza política que llevó a Trujillo al poder.
Trujillo se impuso prontamente y desplazó en pocos meses a sus colaboradores del
movimiento civilista. Se le presentó entonces a la clase intelectual del país la necesi-
dad de optar entre apoyar a Trujillo por miedo o convicción, o partir al exilio. Vale
resaltar que la postura del sector intelectual no le era indiferente a Trujillo. Militar
tosco, de origen social humilde, y sin mayor educación formal, Trujillo necesitaba
para consolidar su régimen no sólo de la violencia militar, sino también de un pro-
grama que le permitiera trascender algunas de las debilidades fundamentales de la
nación dominicana. Los puntos básicos consistían en afirmar la nacionalidad domi-
nicana, unificar regionalmente el país, e impulsar el crecimiento económico. Y fue
precisamente en torno a estos elementos que Trujillo logró concitar el apoyo de in-
telectuales importantes de la época, entre ellos, el de Balaguer.
2
Para un análisis detallado del régimen de Trujillo, V. Rosario Espinal: Autoritarismo y Democracia
en la Política Dominicana, San José de Costa Rica, CAPEL, 1987.
3
Ibid., pp. 19 y 34-35.
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En el ensayo «El principio de alternabilidad en la historia dominicana» escrito en
1952 en apoyo a Trujillo, en un ambiente internacional que se hacía cada vez más
adverso a la dictadura, Balaguer expuso los méritos del régimen dictatorial de ma-
nera clara y elocuente4 . Según Balaguer, Trujillo era una necesidad para el desarro-
llo y el bienestar del pueblo dominicano porque había terminado con el poder de la
oligarquía, había unificado la nación, había incorporado la nación al trabajo, y ha-
bía nacionalizado la economía e impulsado la industria y el crecimiento económi-
co. En este ensayo Balaguer no sólo enalteció las cualidades excepcionales de Truji-
llo, por las cuales justificó su permanencia en el poder. También planteó que el
principio de alternabilidad con frecuencia asociado a la democracia era contrario a
las leyes de la historia y de la propia naturaleza porque no todos los hombres esta-
ban dotados de las virtudes excepcionales que se necesitaban para gobernar.
En este ensayo resumió Balaguer claramente las ideas que servirían por mucho
tiempo de base a su propio proyecto político 1) la necesidad de «voluntades cesáre-
as» para lograr el progreso; 2) la separación entre la moral y la política; 3) la políti-
ca como el arte de acomodar el derecho y la administración pública a las realidades
concretas; y 4) la democracia como proyecto irrealizable en países atrasados como
los de América Latina. Con estas ideas de fundamento, justificó Balaguer las atroci-
dades del régimen de Trujillo y las suyas propias una vez que asumió el poder en
1966. Su creencia en el continuismo, el uso de la violencia como medio para alcan-
zar fines políticos, la subordinación de los principios legales a la voluntad indivi-
dual, y el personalismo reflejan en la práctica esos principios políticos.
El gobierno de los doce años
Balaguer llegó a la Presidencia de la República en 1966 en condiciones muy difíci-
les. El golpe de Estado de 1963, la guerra civil de 1965, y la subsiguiente ocupación
militar norteamericana habían polarizado la política dominicana a tal extremo que
tornaba inviables los acuerdos entre grupos opuestos. Por otro lado, Balaguer llegó
al poder en un momento de crisis muy profunda de los poderes internos, civiles y
militares, que habían fracasado en estabilizar un régimen político durante la prime-
ra mitad de los años 60. Al llegar a la Presidencia en estas condiciones y con una fi-
losofía forjada durante la dictadura de Trujillo acerca de la necesidad de las volun-
tades cesáreas, Balaguer se erigió rápidamente en poder superior a todas las fuer-
zas políticas y sociales. El régimen adquirió rápidamente un carácter personalista
que fue aceptado por los sectores que vieron en su acceso al poder la posibilidad
4
Joaquín Balaguer: El principio de alternabilidad en la historia dominicana, Impresora Dominicana,
Ciudad Trujillo, 1952.
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de instaurar el orden político (este fue el caso de la débil burguesía dominicana,
deseosa de que el gobierno impulsara el crecimiento económico y de sectores me-
dios y populares aterrorizados con la guerra civil de 1965 y la intervención nortea-
mericana).
En la campaña electoral de 1966 Balaguer anunció su programa que denominó
«Revolución sin sangre». Lo de revolución se refería a su intención de introducir
grandes reformas, y lo de sin sangre a realizar los cambios sin violencia. Pero esto
último no pasó de ser una promesa ya que la violencia fue una característica deter-
minante del régimen, particularmente en sus primeros años.
Aunque con ciertos puntos de continuidad con el trujillismo, Balaguer definió nue-
vas estrategias políticas. A diferencia de Trujillo que monopolizó la economía, el
proyecto económico de Balaguer tuvo como uno de sus objetivos centrales desarro-
llar el sector privado. Con este propósito se introdujeron leyes de incentivo en el
campo industrial, financiero y turístico. No obstante, el proyecto de Balaguer fue
profundamente estatista y personalista. El gobierno tuvo no sólo gran incidencia
en la distribución de los beneficios al sector empresarial privado, favoreciendo so-
bre todo a élites empresariales con mayor acceso a la administración pública, sino
que Balaguer controló directamente una buena parte del presupuesto general de la
nación. Muchos de esos recursos se utilizaron para el vasto plan de construcción
del gobierno que sirvió de base al proyecto clientelista.
La corrupción pública fue otro de los fenómenos que caracterizó el gobierno de los
12 años. Para Balaguer, la corrupción en países pobres como la República Domini-
cana era un mal inevitable. Además de permitirla y justificarla, la corrupción fue
uno de esos fenómenos que le permitió a Balaguer enaltecer su propia personali-
dad política: la corrupción era el mal de los demás, no el suyo propio.
Es también interesante hacer referencia al estatus dual que tenía la ley en el proyec-
to balaguerista. Similar a Trujillo, Balaguer proclamó la ley y el respeto a ella como
mecanismo fundamental de convivencia política. En la práctica, sin embargo, la vo-
luntad cesárea del Presidente se anteponía o sobreponía al estatuto legal. Esto se
evidencia en las propias contradicciones discursivas de Balaguer, que unas veces
alababa la Constitución como mecanismo regulador de la convivencia política y
otras veces la definía como un simple pedazo de papel5.
5
En un discurso en el que se opone a la eliminación del derecho a la reelección, Balaguer se refiere a
la Constitución como un simple pedazo de papel. Joaquín Balaguer: Listín Diario, 6/12/1966.
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En la dirección personalista del Estado, Balaguer se asignó como objetivo de su go-
bierno el obtener la disciplina laboral y política. Al asumir la presidencia impuso
un programa de austeridad salarial y reprimió violentamente a la clase obrera or-
ganizada y a la oposición política. Estabilidad, orden y progreso eran los emblemas
del proyecto balaguerista. Y así como Trujillo se había propuesto en los años 30 re-
organizar el país después de un siglo de luchas caudillistas e inestabilidad política,
Balaguer hizo otro tanto después del corto pero intenso período de inestabilidad
política que caracterizó los años inmediatamente posteriores a la caída de Trujillo.
En su ambigüedad con respecto a la demarcación entre la ley y la violencia, Bala-
guer retomó una vieja tradición de la política dominicana y latinoamericana. El
planteamiento de que en una política de voluntades omnipotentes (caudillos) la ley
tiene un lugar y espacio restringido, no importa cuánto se la alabe como el meca-
nismo más efectivo de gobierno en la nación moderna.
A partir de 1966 Balaguer fue resignificando y sintetizando los temas de ordena-
miento, pacificación y progreso social que se habían trastocado al caer la dictadura
de Trujillo. Para Balaguer, la democracia era un objetivo que pertenecía quizás al
futuro lejano pero no al presente. Su visión sobre el tema la había plasmado en su
ensayo «El principio de alternabilidad en la historia dominicana» de 1952 al decir:
«La Democracia, aun en los países latinoamericanos que se precian neciamente de
poseer un buen régimen de gobierno, no es más que una palabra vacía que se tras-
lada con frecuencia al papel, pero que no existe en hecho porque no puede haber
justicia ni libertad en pueblos donde los hombres viven todavía como en plena
Edad Media».6
La vuelta de Balaguer al poder en 1966 significó para la sociedad dominicana una
vez más la estabilidad política impuesta desde arriba en detrimento del libre ejerci-
cio de los derechos civiles y políticos. De esta forma se coartó por buen tiempo el
brote de espontaneidad y disidencia política que habían caracterizado los años sub-
siguientes a la caída de Trujillo.
Para mediados de los años 70 el personalismo verticalista de Balaguer entró en cri-
sis. Tres factores contribuyeron decididamente a producir y profundizar la crisis: 1)
La ampliación de los sectores medios y burgueses, quienes demandaban mayor ac-
ceso a los mecanismos de decisión política; 2) la incapacidad del Partido Reformis-
ta de modernizarse e integrar sectores medios y burgueses emergentes a sus filas
6
Ibid., pp. 17-18.
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(el Partido Reformista continuó siendo un brazo clientelista del gobierno); y 3) el
auge del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) que se identificaba con ideales
y proyectos de reforma democrática.
Con una Constitución que permitía la reelección, Balaguer manipuló los procesos
electorales de 1970 y 1974 para asegurarse en ambas ocasiones la vuelta a la presi-
dencia. Las condiciones, sin embargo, se presentaron adversas para 1978. Las de-
mandas sociales de apertura, la reorganización del oposicionista PRD, y un contex-
to internacional favorable a la democratización, facilitaron un proceso electoral
competitivo en que Balaguer perdió.
El triunfo del PRD en las elecciones de 1978 con un 52% de los votos y el intento de
golpe de Estado orquestado por colaboradores del gobierno le presentó una gran
disyuntiva a Balaguer: imponerse por la fuerza o reconocer la victoria del PRD y
acceder a la transición. La elección no fue fácil para quien había justificado por mu-
cho tiempo el continuismo. Finalmente el acuerdo que permitió la transición se lo-
gró en base a una manipulación de los resultados electorales en cuatro provincias
que benefició al Partido Reformista con una mayoría en el Senado.
En resumen, los resultados de la gestión de Balaguer en sus doce años de gobierno
(1966-1978) son ambiguos. Del lado positivo habría que señalar el crecimiento eco-
nómico y el empuje a la industrialización que se produjo en esos años, el creci-
miento de los sectores medios, y la decisión última de Balaguer de acceder a una
transición democrática. Del lado negativo se puede señalar la represión que carac-
terizó el régimen, los sacrificios económicos impuestos a los sectores trabajadores
en favor de la acumulación de capital, y la reafirmación del liderazgo personaliza-
do, vertical, y autoritario.
El retorno de Balaguer
Cuando dejó la presidencia en 1978, el sentido común de los dominicanos indicaba
que con la derrota electoral Balaguer había llegado al fin de su carrera política. El
PRD se proyectaba como un partido con amplias posibilidades de gobernar por
mucho tiempo y Balaguer ya alcanzaba la edad de 72 años. Pero contrario a esas
predicciones, la pobre gestión gubernativa del PRD en dos períodos consecutivos
(1978-82 y 1982-86) creó las condiciones para un retorno balaguerista a la Presiden-
cia de la República en 1986. Con un 41% de los votos Balaguer ganó las elecciones
nacionales, lo cual le permitiría investirse por quinta vez como Presidente de la Re-
pública y, por primera vez, producto de unas elecciones libres y competitivas.
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Si bien un tanto inesperada, su victoria no tomó muy de sorpresa a los dominica-
nos. Visto desde fuera asombraba que Balaguer, ciego y a los casi 80 años de edad,
obtuviera una mayoría de los votos. Pero si bien su salud y edad preocupaban, ha-
bía otros factores que daban cuenta de su triunfo electoral. Vale la pena enumerar
tres. Uno fue, como ya se mencionó, la pobre gestión gubernativa del PRD. En vez
de gestar consensos y atender las demandas sociales y necesidades de amplios sec-
tores de la población dominicana, el PRD se consumió en luchas internas que frag-
mentaron el partido y obstaculizaron una gestión gubernativa mínimamente efecti-
va. Otro fue la consistencia del voto balaguerista que se había hecho evidente des-
de las elecciones de 1982. Contrario a la idea de que una vez fuera del poder Bala-
guer perdería su apoyo electoral, las elecciones de 1982 reflejaron que la base de
apoyo electoral balaguerista era estable y abarcaba alrededor de un tercio del elec-
torado (con un PRD todavía robusto y Balaguer haciendo poca campaña electoral,
un 39% del electorado votó a su favor en las elecciones de 1982). Finalmente, el
auge electoral de Juan Bosch y su Partido de Liberación Dominicana (PLD) que en
un balance general favorecía a Balaguer porque los votos que ganaba el PLD pro-
venían básicamente del electorado descontento con el PRD, y porque el paso de un
sistema bipartidista a uno tripartidista beneficiaba a la fuerza pública capaz de ase-
gurar por sí sola una mayoría relativa de los votos; en este caso el balaguerismo.
La campaña electoral de Balaguer en 1986 tuvo dos componentes esenciales. Por un
lado se enfatizaron los logros del gobierno de los 12 años. Y ante una crisis econó-
mica que se agudizaba y un faccionalismo brutal en el PRD, la nostalgia por el cre-
cimiento económico y el liderazgo unificado favorecía ciertamente a Balaguer. Por
otro lado, éste enfatizó su intención de hacer un gobierno distinto a los anteriores.
Con términos hasta poéticos, Balaguer declaraba que en una nueva gestión realiza-
ría el gobierno de sus sueños que condiciones adversas le habían impedido realizar
en el pasado. Así aseguró un 41% de los votos para lograr su victoria electoral (el
PRD obtuvo un 39% y el PLD un 18%).
Al pasar los años resultó claro que el sueño de Balaguer no era muy distinto al re-
cetario del pasado. Para reactivar la economía impulsó la construcción. Por otra
parte, su estilo de gobernar se caracterizó rápidamente por el personalismo y el
verticalismo que había aprendido a la sombra de Trujillo y que reafirmó en su ges-
tión de los 12 años. Pero ante una sociedad más organizada y compleja, y sumida
en una terrible crisis económica, ese estilo de gobernar y estrategia económica ge-
neraría fuertes tensiones con diversos grupos sociales, incluyendo sectores empre-
sariales.
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Presidente ciego a los 85 años de edad, en uno de los momentos más oscuros de la
vida económica de la República Dominicana, Balaguer se refugia una vez más en la
solitud que ha sido su compañera de vida. Sordo ante las demandas por cambios,
Balaguer ha llevado últimamente a los más altos cargos en la administración públi-
ca a sus más cercanos colaboradores, diestros ejecutores de sus órdenes.
En resumen
En sus más de 60 años en la actividad política, Balaguer se ha caracterizado por
consistencias y contradicciones. En su concepción de la política la noción de orden
ha superado siempre la de libertad. De ahí su capacidad de usar cualquier recurso,
incluso la violencia y represión, para instaurar el orden político por él definido.
Aquí radica su concepción autoritaria de la política. Por otra parte, el progreso
nunca le ha sido ajeno. Precisamente, su justificación por las voluntades cesáreas
en el ejercicio del poder público se ha fundamentado en la necesidad de alcanzar el
progreso social y económico. Populista y conservador, Balaguer se ha caracterizado
por su personalismo y el clientelismo en la producción y distribución del creci-
miento económico.
Entre las contradicciones habría que destacar que si bien el interés por la oratoria y
la participación política fue producto de su oposición a la intervención norteameri-
cana de 1916, Balaguer ascendió a la Presidencia de la República en 1966 ayudado
por una intervención norteamericana (la de 1965). Por otro lado, mientras ha justifi-
cado los regímenes autoritarios como una necesidad para alcanzar un progreso que
el mismo contenido autoritario de esos regímenes (encabezados por él o por Truji-
llo) ha impedido que se logre, pues los frutos del crecimiento económico no han
sido democráticamente distribuidos.
Su base social de apoyo es heterogénea. Incluye sectores campesinos atraídos por
la noción de orden jerárquico. Sectores urbanos pobres que han generado depen-
dencia del clientelismo estatal. Algunos sectores medios que se beneficiaron del
proceso de expansión económica que caracterizó el gobierno de los 12 años. Y élites
empresariales a quienes Balaguer les ha garantizado el orden político y económico
necesarios para la acumulación. Y ha sido con el apoyo explícito o implícito de es-
tos sectores que Balaguer ha gobernado en la República Dominicana 17 de los últi-
mos 25 años.
Hombre aparentemente afable, de estatura baja, ojos distantes, figura física frágil, e
inclinación poética, Balaguer ha sido también. paradójicamente, intérprete y expre-
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sión misma de la voluntad política autoritaria. Honrado y de reputación honorable
dentro de un enjambre de corrupción que él mismo ha contribuido a consolidar.
Dedicado inconmoviblemente al trabajo en una sociedad de desempleados y su-
bempleados que deambulan por las calles. De sólida formación académica y dedi-
cación a las letras en un país donde muchos no alcanzan a completar la educación
primaria. De esta forma Balaguer ha logrado definir para sí el lugar que ha soñado.
En sus propias palabras, el de ser uno de los pocos dominicanos desprendidos con
su Patria y dedicados a construir la Nación.
Su gestión gubernamental a partir de 1986 no ha variado en mucho su récord. Ad-
verso a las reformas institucionales y apegado al estilo de gobierno personalista y
clientelista, Balaguer ha desperdiciado la oportunidad de finalizar su carrera políti-
ca democratizando el sistema político dominicano con una reforma constitucional
importante. Por el contrario, parece concluirla atrapado dentro de los cambios y re-
zagado en su capacidad de dar nuevas respuestas a los viejos problemas de la so-
ciedad dominicana.
Referencias
*Balaguer, Joaquín, MEMORIAS DE UN CORTESANO DE LA «ERA DE TRUJILLO». - Santo Do-
mingo, Editora Corripio. 1988;
*Espinal, Rosario, AUTORITARISMO Y DEMOCRACIA EN LA POLITICA DOMINICANA. p19,
34-35 - San José de Costa Rica, CAPEL. 1987;
*Balaguer, Joaquín, EL PRINCIPIO DE ALTERNABILIDAD EN LA HISTORIA DOMINICANA. -
Ciudad Trujillo, Impresora Dominicana. 1952;
*Balaguer, Joaquín, LISTIN DIARIO-PRENSA. 6/12. p17-18 – 1966.
Este artículo es copia fiel del publicado en la revista Nueva Sociedad Nº 118 Mar-
zo- Abril de 1992, ISSN: 0251-3552, <[Link]>.