0% encontró este documento útil (0 votos)
170 vistas9 páginas

Evolución Narrativa del Siglo XVI

Este documento resume las principales tendencias narrativas en la segunda mitad del siglo XVI en España. Se desarrollaron dos tendencias: la novela idealista, que incluye los libros de caballería y la novela pastoril, y la novela realista, que incluye la novela morisca, la novela sentimental, la novela bizantina y la novela corta. Los libros de caballería, encabezados por el Amadís de Gaula, gozaron de gran popularidad a pesar de la crítica. También surgieron nuevos géneros como la
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
170 vistas9 páginas

Evolución Narrativa del Siglo XVI

Este documento resume las principales tendencias narrativas en la segunda mitad del siglo XVI en España. Se desarrollaron dos tendencias: la novela idealista, que incluye los libros de caballería y la novela pastoril, y la novela realista, que incluye la novela morisca, la novela sentimental, la novela bizantina y la novela corta. Los libros de caballería, encabezados por el Amadís de Gaula, gozaron de gran popularidad a pesar de la crítica. También surgieron nuevos géneros como la
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

PANORAMA NARRATIVO EN LA SEGUNDA MITAD DEL XVI

En el siglo XVI, la narrativa adquiere gran auge debido al desarrollo de la imprenta y al


incremento de lectores. Se mantienen y modifican diversas formas del relato del siglo XV
(los libros de caballería, los de ficción sentimental y de aventuras) pero nacen además
otros géneros. A lo largo del XVI, se desarrollan dos tendencias narrativas, una de ellas
de carácter idealista y otra de carácter realista.

NOVELA IDEALISTA
Los libros de caballería
Surgidos ya en España desde el XIV por influencia del roman courtais francés
penetraron con fuerza en el siglo XVI; durante esa centuria se publicaron muchísimos, y
gozaron del favor del público pese a que los intelectuales y los moralistas se mostraran
hostiles a ellos acusándolos de enseñar falsedades y de excitar perniciosamente la
imaginación. De hecho, la constitución definitiva de este género se produce ahora debido
a la recreación que del Amadís de Gaula (anónimo del XIV) realizó Garci Rodríguez de
Montalvo, publicada en 1508, y de las continuación del mismo autor Las sergas de
Esplandián (en la que se narran las aventuras del hijo de Amadís y de otros caballeros
nuevos). En la obra se crean una ficción peculiar y una estructura y técnicas narrativas
propias, así como la configuración del protagonista como el paradigma de los caballeros
andantes que vive una serie de aventuras desmesuradas e inverosímiles que suceden en
lugares exóticos. La obra supone la adaptación de la materia artúrica a España, hasta el
punto de que, como afirma Martín de Riquer, la obra de Montalvo sería inexplicable sin
el Lancelot o el Tristán.
Como acabamos de decir, el Amadís pone las bases fundamentales de las estructuras y las
técnicas narrativas de las novelas de caballería posteriores: desarrollo simétrico de
aventuras, creación de suspense por el procedimiento de retrasar el cumplimiento de los
deseos del héroe mediante la inserción de aventuras; narrador omnisciente (con
frecuencia, un historiador ficticio) aunque se introduce también el punto de vista de
algunos personajes cuando se encargan de narrar ciertos episodios; y, especialmente, la
configuración del protagonista como héroe de la caballería andante: extraordinario valor
físico al que sólo afectan las penas de amor.
El Amadís que se imprimió más de 30 veces entre 1508 y 1589 fue el inicio de una ola de
libros de caballerías (del Amadís hay 8 continuaciones más) cada vez más inverosímiles
y de estilo más vulgar y su enorme éxito provocó también la creación de otros ciclos
como el de Palmerín
Como anécdota y demostración de la enorme popularidad de que gozaban está el hecho
de que llegara a prohibirse su exportación a las colonias americanas mediante decreto de
1530, que pronto quedó sin efecto, o que llegaran a prohibirse en la misma España en las
Cortes de Valladolid de 1555.
La novela pastoril
El género bucólico o pastoril es una manifestación literaria del Renacimiento y
representaba una más de las resurrecciones renacentistas de la Antigüedad clásica, que
había creado el género y le había dado con Teócrito y Virgilio (Las bucólicas) los
modelos supremos.
En los primeros años del XVI, el italiano Jacopo Sannazaro publicó la más famosa novela
pastoril, La Arcadia, que amplía y fija el género en todos sus rasgos esenciales y que fue
el modelo más estrecho y próximo para la primera novela del género en España, Los
siete libros de Diana (1559) de Jorge de Montemayor, a la que siguen La Diana
enamorada (1564) de Gil Polo y la Galatea (1585) de Miguel de Cervantes, de la que
después hablaremos.
La novela bucólica tal como queda constituida por Sannazaro, es un género paralelo en
prosa a la poesía pastoril italianizante. Se trata de un tipo de novela poética
refinadamente literaria. Los pastores, que son sus protagonistas, no están pintados de
forma realista, sino que son cultos y delicados, seres idealizados, entregados a devanar
sus cuitas de amor, generalmente frustrado o no correspondido.

La novela morisca

Es una forma novelística nueva, característica del XVI, propia de países mediterráneos en
contacto con el mundo árabe, fue, sin embargo en España donde surgió. Estas novelas
responden a la corriente de simpatía y atracción que se va desarrollando a lo largo del
siglo XV por la vida, arte y costumbres de los árabes del reino de Granada. El lujo, forma
de vestir, elegancia y la destreza en la equitación producen admiración entre los
castellanos y así la actitud defensiva y hostil que en otros tiempos se mantenía hacia ellos
se torna ahora que la Reconquista ya está casi acabada, en seducción e imitación.
Así, en esta novela se da entrada al tema morisco y pondrán de moda la figura del moro
galante, modelo de caballeros y enamorado. Son novelas sencillas, con final feliz, con un
gran equilibrio entre temas y estilo. Su vocabulario es renacentista pero con matices
arabistas que dan a las obras una ambientación especial. Tienen gusto por lo decorativo,
por los escenarios vistosos, casi siempre andaluces: fiestas, juegos, torneos…
Se inaugura con la Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa (1551) de autor
desconocido. Cuenta la historia del noble moro Abindarráez que es apresado por el
alcalde de Antequera cuando iba a casarse con Jarifa. El protagonista pide al alacalde que
lo libere y promete volver tras casarse, lo que ocurre de este modo. El alcalde ante esto y
viendo el amor de ambos y la belleza de la joven se compadece y los libera.
Otra obra importante de este género es Historia de los bandos de zegríes y abencerrajes
o Guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita, que funda así la novela histórica ,
género que tendrá después un gran desarrollo durante el Romanticismo. Relata la vida de
los últimos árabes hasta la caída de Granada.

(Miguel de Cervantes utilizó también el tema morisco. Es el caso de la novela del cautivo
de la primera parte del Quijote y la historia del morisco Ricote de la segunda.)

Novela sentimental
La novela sentimental había alcanzado un gran éxito en el siglo XV, popularidad que
continúa durante el siglo XVI. La novela sentimental se demora en el análisis de los
sentimientos amorosos, con un tono de lamento y a veces un cierto sentimiento trágico.
La acción se sitúa en lugares lejanos y el estilo es culto y artificioso.
Sigue habiendo ediciones de “Grisel y Mirabella” (Juan de Flores) y “Cárcel de amor”
(Diego de San Pedro), ambas del siglo XV. Pero no se publica muchas obras nuevas.

La novela bizantina
Con la denominación novela bizantina designamos un tipo de relato surgido en la
literatura griega y cuya estructura y argumento responden a un esquema común: dos
jóvenes amantes, que desean casarse, encuentran graves obstáculos que se lo impiden:
forzada separación, viajes peligrosos, naufragios, cautiverio, etc. hasta que, finalmente,
consiguen la realización de sus anhelos al encontrarse y comprobar, con satisfacción, que
su amor ha permanecido fiel y se ha fortalecido en medio de tantas pruebas y
contratiempos arriesgados.
Se trata, pues, de un género de estirpe clásica. Los valores descubiertos en cuanto a la
técnica narrativa: verosimilitud de la acción y descripción de espacios, verdad psicológica
de los personajes, ingenio de la composición, comienzo in medias res (como en la poesía
heroica), etc. y, sobre todo, en el contenido: visión moralizadora de la vida, exaltación del
amor casto y de los afectos puros promotores de felicidad, castigo del amor ilícito,
abundancia de máximas y sentencias, etc., convierten a estas obras en el modelo ideal de
Lectura humanista frente a la invasión de la literatura caballeresca.
Los orígenes de la novela bizantina se remontan a la Grecia helenística de principios del
siglo III d. C., en que el escritor griego Heliodoro compuso la obra clásica del género,
Las Etiópicas o Teágenes y Cariclea. Este y otros autores de su tiempo como Aquiles
Tacio y su Leucipa y Clitofonte fueron traducidos en Europa durante el Renacimiento y
sirvieron de modelo para que se recrease el género en los siglos Siglo XVI y Siglo XVI
Aunque la literatura española había tenido ya un ejemplo cercano a este tipo de ficción en
El libro de Apolonio (mester de clerecía del XIII), debemos considerar que el primer
español en crear una novela bizantina fue Alonso Núñez de Reinoso con su Historia de
los amores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ventura Isea (1552), bastante
influida por la novela de Aquiles Tacio, que pretende imitar.
Siguió luego la Selva de aventuras, de Jerónimo de Contreras (1565) y El peregrino en su
patria (1604), de Lope de Vega, que se singulariza por nacionalizar el género haciendo
que casi todos los viajes y aventuras transcurran dentro de la misma España e incluir
poemas y autos sacramentales.
(También Miguel de Cervantes sintió el encanto del género y lo cultivó en dos de sus
Novelas ejemplares, La española inglesa y El amante liberal, e incluso la última novela
que llegó a componer, Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617), pertenece a este
género )

Novela corta
Durante la Edad Media, muchos de las anécdotas imaginadas o reales que se contaban en
las veladas invernales en cortes y castillos, pasaron a la literatura más o menos
transformados. Así los encontramos en Francia en sus Fabliaux, en Italia, recogidos por
Bocaccio y en España en “La disputa del Ase”
El humanismo intentó dar forma literaria a estas espontaneidades. Su redacción se hizo
tanto en prosa como en verso y circularon en pliegos de cordel.
Estos relatos picantes, depurados de la anécdota y con ciertos rasgos estilísticos, dieron
lugar a la novela corta renacentista. Castiglione la favorece al incluir entre las habilidades
del cortesano el saber narrar anécdotas.
Una de las primeras colecciones de novelas cortas, que el autor llama “patrañas”es El
Patrañuelo de Joan Timoneda. Consta de 22 patrañas independientes de cuentos de
enmarañada intriga y temas trágicos o burlescos de que, aun sin ninguna novela marco,
del tipo de Decamerón o El Conde Lucanor poseen una cierta relación de unidad,
llegando a formar un todo narrativo por su estructura, intencionalidad y recursos
estilísticos.
En el siglo XVII será adaptada genialmente por Cervantes en las Novelas ejemplares
como veremos.
NOVELA REALISTA
Novela picaresca

Surgimiento del género

Frente a todo este mundo idealizado y heroico, va a aparecer en 1554 “ Vida de Lazarillo
de Tormes y de sus fortunas y adversidades” que va inaugurar una tendencia narrativa
bien distinta. Como señalan críticos como Lázaro Carreter, el género nace cuando el
Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán incorpora rasgos del Lazarillo, ya que es
fundamental que una novela tenga una continuación, establezca un diálogo con otras para
que pueda hablarse de género.

Causas de la aparición del género

En el nacimiento del género influyen diversas circunstancias:


a) El ambiente social de la época, con cambios demográficos y movilidad de individuos
que sin trabajo, llenan las ciudades y viven de la mendicidad y el pillaje. Con este género
se denuncia la problemática social y se desenmascara una verdad incómoda.
b) La creciente discriminación por cuestiones de limpieza de sangre que sufren los
cristianos nuevos que rompe la convivencia y favorece la crítica. Recordemos que la
honra está unida a la limpieza de sangre. Si la honra comporta valores positivos unos,
hipócritas y negativos otros, la novela picaresca es antihonrosa, critica la honra como
valor moral y social.
c) La apertura ideológica iniciada por Carlos I y la aparición de las ideas erasmistas que
critican el carácter inverosímil de las novelas idealistas y extienden la visión de un
mundo sin caridad.
d) La reacción literaria que surge contra los libros de caballerías, ante los que la
picaresca opone un mundo al revés, un antihéroe que se mueve por estímulos inmediatos.

El término pícaro queda asociado con la miseria, las tareas humildes, las argucias y las
tretas. El pícaro es una creación literaria y un personaje de novela. Comenzó a ser
llamado así el protagonista de Guzmán de Alfarache, aunque ya en el Lazarillo están
esbozados los rasgos típicos del personaje y del género. Lázaro no es, efectivamente, un
pícaro sino un desdichado. Sus picardías son raterías de poca monta: nada comparables a
las “hazañas” de los pícaros posteriores. Sin embargo, estos no hacen sino acentuar
rasgos de maldad que, en el de Tormes, estaban en un esbozo.
El pícaro propiamente dicho será un personaje sin oficio conocido, entre cuyas
actividades entran las de mendigar y robar; sin ninguna conciencia moral, vive a costa de
los demás, pero suele ser víctima de sus propios ardides.

Rasgos del género


- Forma autobiográfica. Este pícaro antihéroe sin ideales y con el código de honor
deformado se convierte en el narrador de sus peripecias.
- Este narrador en 1ª persona se dirige a una segunda persona, puede ser un tú concreto o
un receptor genérico.
- El relato picaresco sigue una evolución temporal, típica de una narración ab ovo, es
decir, abarca desde la infancia a edad adulta del protagonista por ello empiezan siempre
explicándonos con ironía su origen genealógico bajo que le condiciona y determina.
- La historia es una sucesión de episodios, a través de los cuales el pícaro nos cuenta su
vida al servicio de diferentes amos, lo que permite al narrador hacer una sátira de
diversos estamentos sociales
- Importancia del viaje. Las novelas esbozan la vida itinerante del pícaro por un recorrido
bastante amplio, lo que amplía, como en el anterior caso, la crítica social.
- Doble temporalidad. El pícaro aparece en la novela desde una doble perspectiva: como
autor y como actor. Como autor se sitúa en un tiempo presente que mira hacia su pasado
y narra una acción, cuyo desenlace conoce de antemano. Existen pues confluencias
temporales pues se intercalan visiones del narrador adulto y del narrador niño.
- En la biografías del pícaro hay una serie de secuencias que se repiten y pueden verse
como parodia de otros fragmentos similares que aparecían en los libros de caballería, por
ejemplo en los libros de caballería el héroe abandona el lugar familiar y emprende el
viaje, cualquier motivo es bueno menos el económico.
- El pícaro además actúa por móviles inmediatos, esencialmente el hambre
- Sufre con estoica resignación todo tipo de adversidades, buscando ascender en la escala
social, objetivo para el que empleará todos los medios. Por ejemplo, el Buscón quiere ser
un caballero persigue honra pero va por el camino de la continua deshonra.
- Estructura abierta. El pluralismo de aventuras que se narran podrían continuarse; no hay
nada que lo impida, porque las distintas aventuras no tienen entre sí más trabazón
argumental que la que da el protagonista.
Evolución de la novela picaresca
El género picaresco se desarrolla en la segunda mitad del siglo XVI, durante el siglo
XVII y hasta en el siglo XVIII, con la Vida de Diego Torres Villarroel, aunque durante
la segunda mitad del XVI en realidad sólo se editó el Lazarillo de Tormes. Así, la
auténtica iniciación y consagración de la picaresca, en el sentido de serie de novelas
publicadas sin interrupción, se produce tras la publicación del Guzmán de Alfarache de
Mateo Alemán en 1599, un año después de la muerte de Felipe II, cuando los ideales
imperiales renacentistas habían muerto o estaban muriendo y la crisis económica y social
se estaba profundizando. Esta obra pone las bases de un nuevo tipo de picaresca que se
caracteriza por:
- La amargura provocada por el pesimismo abrumador y el desencanto, a tono con
la época.
- Una actitud social crítica que expresa una visión más subjetiva de la realidad. En
estas obras se ofrece una visión parcial, aparece la realidad más negativa, triste,
turbulenta, aventurera, como la que nos ofrece Mateo Alemán, en una obra
pesimista, negativa, amarga, en definitiva, unilateral.
- La conciencia que el pícaro tiene de su existencia como tipo social. Además el
protagonista ya no es un pobre muchacho que intenta ganarse la vida como puede,
sino un holgazán que aprovecha la buena fe del prójimo para timarle y vivir a su
costa.
- La intención moralizadora (aparecen ahora largas reflexiones morales)
- El naturalismo como recurso de la narración, el deseo de exagerar la tendencia
realista les llevará a insistir en los más repugnantes detalles y a
- Deformar la realidad, convirtiendo a veces los retratos en verdaderas caricaturas.
- Un lenguaje aderezado con las nuevas orientaciones retóricas.

Todas las características apuntadas alejan a las novelas picarescas del XVII de su primera
creación en tal género, el Lazarillo, de una mayor objetividad, naturalidad y desenfado
(vitalismo renacentista dicen algunos), aunque sea con transfondo de amargura. Ello ha
llevado incluso a dudar de que el Lazarillo sea auténticamente una obra picaresca. Sin
embargo, no podemos dejar de ver que todas estas características existían como gérmenes
ya en esta obra y fructificarían en la picaresca del siglo siguiente que los exageraría y
retorcería bajo la visión barroca del mundo.
Como hemos dicho, la novela que reanudó el género picaresco, tras el Lazarillo, y acabó
configurando el género fue el Guzmán de Alfarache (1599) de Mateo Alemán. En este
extenso relato se nos cuenta la salida de Guzmán de casa de sus padres y sus sucesivas
aventuras, trabajos, robos, estafas…En Madrid, Italia y Sevilla donde, condenado a
galeras, recobra casualmente la libertad.
Posteriormente irán apareciendo:
- La pícara Justina (1605) de Francisco López de Úbeda
- La hija de Celestina (1612) del también dramaturgo Alonso Jerónimo de Salas
Barbadillo
- La vida del escudero Marcos de Obregón (1618) del poeta y músico Vicente
Espinel
- El Bachiller Trapaza (1637) de Alonso Castillo Solórzano.
- La Vida de Estabanillo González, hombre de buen humor, compuesta por él
mismo (1646) obra que durante un tiempo se consideró autobiográfica y escrita
así por un bufón del mismo nombre que estaba al servicio del duque de Amalfi,
sin embargo hoy se sabe que no es del mismo Estabanillo González sino de
Gabriel de la Vega.

En este listado de obras, una mención especial habría que hacer a la obra La
historia del buscón llamado don Pablo, ejemplo de vagabundos y espejo de
tacaños (1626) del genial y prolífico Francisco de Quevedo. En ella, Quevedo
nos describe la estancia del protagonista en Segovia y Alcalá, donde sirve al
estudiante don Diego Coronel, y más tarde su vida de pícaro en Madrid y Sevilla.
Las figuras que le rodean, tal el grotesco Dómine Cabra, en cuya pensión pasa un
hambre atroz, las sucias bromas estudiantiles de que es objeto, o sus actividades
como cómico y fullero, sirven al autor para presentarnos un cuadro repulsivo de la
sociedad de la época bajo una visión grotesca, caricaturesca y deformante de la
que no se salvan ni los momentos más trágicos como la muerte del padre del
Buscón en la horca. Por todo ello, la obra puede considerarse como la más tétrica
y pesimista de nuestras novelas picarescas. Por otro lado, su estilo, típicamente
conceptista por sus audaces y retorcidas imágenes y sus aceradas y rápidas frases
de doble sentido, es un prodigio de expresividad e ingenio barrocos.
 

También podría gustarte