100% encontró este documento útil (2 votos)
3K vistas235 páginas

Karina Halle - Serie The McGregor Brothers #2 - The Offer PDF

Cargado por

Vedoco Dominguez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
100% encontró este documento útil (2 votos)
3K vistas235 páginas

Karina Halle - Serie The McGregor Brothers #2 - The Offer PDF

Cargado por

Vedoco Dominguez
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Esta traducción fue hecha sin fines de lucro.

Es una traducción de fans para fans.


Si el libro llega a tu país, apoya al escritor comprando su libro.
También puedes apoyar al autor con una reseña, siguiéndolo en redes
sociales y ayudándolo a promocionar su libro.
¡Disfruta de la lectura!
Nota
Los autores (as) y editoriales también están en Wattpad.
Las editoriales y ciertas autoras tienen demandados a usuarios que
suben sus libros, ya que Wattpad es una página para subir tus propias
historias. Al subir libros de un autor, se toma como plagio.
Ciertas autoras han descubierto que traducimos sus libros porque
están subidos a Wattpad, pidiendo en sus páginas de Facebook y grupos
de fans las direcciones de los blogs de descarga, grupos y foros.
¡No suban nuestras traducciones a Wattpad! Es un gran problema
que enfrentan todos los foros de traducciones. Más libros saldrán si se
deja de invertir tiempo en este problema.
También, por favor, No subas CAPTURAS de los PDFs a las redes
sociales y etiquetes a las autoras, no vayas a sus páginas a pedir la
traducción de un libro cuando ninguna editorial lo ha hecho, no
vayas a sus grupos y comentes que leíste sus libros ni subas capturas
de las portadas de la traducción, porque estas tienen el logo del foro.
No continúes con ello de lo contrario: ¡Te quedarás sin Wattpad,
sin foros de traducción y sin sitios de descargas!
Staff
Julie

Ana Avila tefstyles Val_17


Lauu LR Gesi Beatrix
Vane hearts MaJo Villa Dannygonzal
Julie rihano Miry GPE
Sage Pachi Reed15 evanescita
Jadasa Joselin♡ Jeyly Carstairs
AnnyR’ Alessandra Wilde

Daliam Julie NnancyC


Karen_D Naaati Laurita PI
Pachi Reed15 AnnyR’ Gerald

Beatrix Vane Black


Indice
Sinopsis Capítulo 13
Prólogo Capítulo 14
Capítulo 1 Capítulo 15
Capítulo 2 Capítulo 16
Capítulo 3 Capítulo 17
Capítulo 4 Capítulo 18
Capítulo 5 Capítulo 19
Capítulo 6 Capítulo 20
Capítulo 7 Capítulo 21
Capítulo 8 Capítulo 22
Capítulo 9 Epílogo
Capítulo 10 The Play
Capítulo 11 Sobre la autora
Capítulo 12
Sinopsis
Ella piensa que él es un mujeriego arrogante. Él piensa que ella es
una mojigata. Pero está a punto de hacerle una oferta que ella no puede
rechazar.
Nicola Price solía tenerlo todo: Una gran carrera, el novio perfecto,
una exagerada colección de zapatos y un departamento en uno de los
mejores vecindarios de San Francisco. Pero cuando queda embarazada y
su novio idiota la abandona, el mundo perfectamente diseñado de Nicole
se cae a pedazos. Y se mantiene de esa manera.
Ahora, Nicola es la madre orgullosa de una niña de cinco años, pero
vive en una gran mentira. Apenas puede permitirse su departamento en
los barrios bajos y todos los hombres con los que sale huyen en cuanto
se enteran de que viene con una hija. Ella se encuentra luchando y
asustada; y en ninguna parte cerca de donde imagino que estaría a los
treinta y un años.
Su salvación llega con la forma del alto, guapo y adinerado escocés
Bram McGregor, el hermano mayor de su amigo, Linden. Bram entiende
una cosa o dos acerca del orgullo, así que cuando las circunstancias
trágicas ponen a Nicola en lo más fondo, le ofrece un lugar donde vivir en
el complejo de apartamentos que él posee. Es un trato bastante perfecto,
mientras a ella no le importe vivir al lado de Bram, un hombre que, a
pesar de su generosidad, parece antagonizarla en todos los sentidos.
Pero nada en la vida es gratis, y en tanto Nicola se asienta,
descubre que el enigmático mujeriego podría terminar costándole más de
lo que pensó. Podría perder su corazón. Esos hermanos McGregor no son
más que problemas...
McGregor Men, #2
Prologo
Seis meses antes…
Traducido por Vane hearts
Corregido por Daliam

—Vive sin arrepentimientos.


—¿Qué fue eso, cariño?
Lentamente levanté la mirada de la mancha en blanco en la hierba
que estuve mirando durante los últimos cinco minutos y vi la silueta alta
de un hombre que se cruzó delante de los reflectores, acercándose a mí.
Parpadeé unas cuantas veces y volví a mirar al suelo. Su cara se hallaba
oscura pero sabía quién era. Su acento escocés me decía todo lo que
necesitaba saber.
Me aclaré la garganta y terminé el vaso de vino en mi mano. Los
ruidosos sonidos de la boda disminuían y me sorprendió que Bram
McGregor estuviera todavía aquí. Era el padrino mientras que yo era la
dama de honor, pero nunca lo etiqueté de ser el tipo de quedarse por
mucho tiempo, incluso en la boda de su propio hermano. Las cejas de
Bram se menearon a cada mujer que caminaba dentro de una distancia
de cinco metros, incluida yo, y lució tan aburrido durante la ceremonia
que parecía que trataba de ahogar un bostezo permanente.
—Lo siento —dije, aclarándome la garganta—. Hablando conmigo
misma.
—Puedo ver eso —dijo, sentándose a mi lado en el banco de piedra
y trayendo consigo un olor a cigarros y sándalo.
Estábamos alrededor del lado del césped del Tiburon Yacht Club
donde tuvo lugar la boda. Me topé con el banco y el jardín, con las luces
de la ciudad cruzando la Bahía de San Francisco centelleando en el
fondo. Me hallaba lista para terminar la noche y sólo quería estar sola
antes de volver a mi apartamento para sustituir a la niñera. A pesar que
mi mejor amiga Stephanie se estaba casando con un gran tipo, el
hermano de Bram, Linden, y no me malinterpretes, no podía estar más
feliz por ella, era una boda, estaba soltera y me sentía peor cada minuto
que pasaba.
—Así que vive sin arrepentimientos —repitió, inclinándose
ligeramente hacia adelante sobre sus rodillas y entrelazando sus dedos.
Si estuviera sobria me habría sentido un poco avergonzada que me
hubiese pillado hablando conmigo misma, pero como se hallaban las
cosas no me importaba menos. Lo que Bram pensara de mí era el menor
de mis problemas.
Me encogí de hombros. —Es mi lema.
Bufó e inmediatamente lo fulminé con la mirada.
—Oye —dije, mi cara calentándose—. La mayoría de las personas
tienen lema.
La comisura de sus labios se crispó en una sonrisa. Era un hombre
guapo, tenía que darle eso. Pero después que mi ex me jodió tan lealmente
cuando me encontraba embarazada, dejándome sola para criar a nuestra
hija, los playboys se encontraban en mi lista negra y Bram McGregor
definitivamente era un playboy. Lo que significaba que era el enemigo
público número uno y nada más que un montón de problemas y
fanfarronería.
Hice mi objetivo en la vida evitar problemas. No estaba a punto de
comenzar ahora, sólo por su acento escocés, sus ojos grises, su sonrisa
de hoyuelos y su físico construido. Y, ya sabes, otros terribles atributos.
—Yo no —me informó, mientras sus ojos se deslizaron hacia los
míos, con la boca levantada—. Pero, ¿importa si otras personas tienen
lemas sobre ti?
No quería preguntarle qué quiso decir con eso, pero de alguna
manera mi boca se abrió y agarré el cebo.
—¿Las personas tienen lemas sobre ti? —pregunté.
Su sonrisa se hizo más profunda. —Las mujeres sí.
—Ya veo —dije, tratando de pensar en algo inteligente que lo
llevaría abajarle los humos—. Una vez que pasas por las manos de
Bram...
—No darás un carajo —completó. Miró al cielo oscuro e inclinó la
cabeza, considerando—. O he oído, una noche en mi cama y tus piernas
estarán separadas para siempre.
Mis labios se curvaron con leve disgusto. —Eso es terrible.
Se encogió de hombros. —No lo critiques hasta que lo pruebes,
cariño. —Hizo una pausa—. Supongo que ese es otro lema para ti.
Miró el vaso vacío en mis manos, luego a mí, y parpadeó como si
me viera por primera vez esta noche. Por un rápido segundo me alegré
que Stephanie eligiera el vestido de dama de honor más halagador de tipo
cóctel de Anthropologie. Entonces tuve que recordarme, una vez más, que
no me importaba lo que él pensara de mí.
—¿Qué? —pregunté, mi piel cosquillando por el hecho que su
mirada bordeaba mi cuerpo por un poco demasiado.
—¿Por qué estás aquí sola y sobria?
Giré el tallo de la copa de vino entre mis dedos. —No estoy sobria.
—Supongo que tampoco estás sola —dijo—. ¿Puedo traerte otra
copa?
—¿Te estás ofreciendo? —No sé por qué eso me sorprendió, pero lo
hizo.
Me miró por un momento, con las cejas oscuras juntas. Luego se
relajó, su sonrisa se ensanchó perezosamente. Me recordó a un gato
extendiéndose después de una siesta.
—Nunca dejo que una mujer hermosa pague por una bebida —dijo.
Aunque parte de mí (una pequeña parte) se emocionó con el hecho
que me llamó hermosa, especialmente después de lo áspera que mi vida
de citas había sido últimamente y cómo la única persona que me llamaba
hermosa últimamente era Ava (bien, y Steph antes de la boda, una vez
que fui transformada mágicamente a través de cabello y maquillaje), no
me encontraba a punto de dejar que sus hábiles palabras me encantaran.
Le di una mirada inmutable. —¿De verdad crees que voy a caer por
esa línea de coqueteo?
Soltó una carcajada, con los ojos brillando en la oscuridad. —
¿Línea de coqueteo? ¿El padrino no le puede conseguir a la dama una
bebida? Sabes, escuché que no eras divertida, simplemente no lo creí. No
con ese cuerpo.
Me sentía aturdida. Mi cara se ruborizó y de alguna manera
encontré mis palabras. —¿Quién te dijo que no era divertida?
Su sonrisa era más suave ahora, pero todavía parecía que estaba
teniendo el tiempo de su vida jugando conmigo. —No importa. Te di el
beneficio de la duda, pero supongo que tenían razón después de todo.
—¿Fue Linden? —pregunté, sintiéndome con náuseas. Me gustaba
mucho Linden, y aunque su propia opinión personal de mí realmente no
importa, odiaba la idea que era conocido por algo negativo, sobre todo si
era algo que temía. Solía ser divertida en algún momento, lo juro por
Dios, pero cuando la vida se pone dura, la diversión se convierte en algo
que se barre bajo la alfombra junto con manicuras, sexo de una noche y
comer en restaurantes caros.
Bram no dijo nada a eso, así que supe que fue su hermano.
—Es difícil decir, ¿tu cara se está poniendo roja? —preguntó,
mirándome de cerca. El olor suave de los cigarros volvió a mí.
—Soy divertida —le dije, alejándome de él. Era inútil, pero aún
tenía que defenderme.
—¿Y por eso estás aquí sola con una bebida vacía?
—Sólo porque no estoy extremadamente borracha y extendiendo
mis piernas en tu cama, no me convierte en una aburrida.
Oh, demonios, ¿una aburrida? Ahora hablaba como si fuera de los
años cincuenta.
—No —dijo lentamente e inclinándose más cerca—. Pero eso suena
divertido, ¿verdad? —Su aliento se hallaba caliente en mi mejilla y me
resistí a la necesidad de voltearme y mirarlo. Había algo en sus ojos que
se sentía vagamente como rayos x, como si pudiera ver a través de ti. Ya
sabía que probablemente imaginaba como lucía desnuda bajo este
vestido. No necesitaba que mire más profundamente y ver qué clase de
lío no-divertido era realmente.
—Me gusta cuando te ves avergonzada —dijo, con la voz más baja,
ese acento enfatizando cada sílaba—. Apuesto a que te ves igual cuando
estás a punto de venirte. Atrapada fuera de guardia y expuesta.
Y otra vez, me hallaba sin palabras. Mis ojos se escabulleron y casi
lo golpeé en la cara y hui, porque eso es lo que me enseñaron a hacer con
hombres como él. Evitarlos. Hacerles saber que nunca tendrán lo que
nunca se merecerán.
Pero no hice eso. Porque contra todo lo que tengo, sus palabras
hicieron esta sensual cosa en mi cerebro, deslizándose hacia abajo a mi
corazón y entre mis piernas. Me hizo querer apretar mis muslos para
mantener el calor construyéndose, aunque no tenía a dónde ir.
Aceleró un motor en el interior que intenté lo mejor para no pensar
en ello.
Tragué con dificultad y mantuve los ojos fijos en los arbustos que
tenía frente a mí. La boda sonaba aún más lejos, como si estuviera
alejándose con el fin de dejarnos solos.
Bram colocó suavemente dos dedos debajo de mi barbilla y
lentamente giró mi cabeza, así que no tuve más remedio que mirarlo. —
Si te digo que eres hermosa de nuevo —dijo, susurrando—, ¿te
ruborizarás? ¿O lo creerás?
Maldita sea. Maldición, maldición, maldición. Sería una tonta si
cayera en este pequeño acto, pero quería creerlo tanto.
Al menos no me sonrojé. No había tiempo para hacerlo.
Antes que supiera lo que pasaba, Bram se inclinó un milímetro y
me besó. Sus labios eran suaves y húmedos, con sabor intenso a tabaco
y menta. Respiré profundamente, mi cuerpo congelado y sorprendido,
exactamente lo que él quería. La parte de atrás de mi cerebro gritó: "El
padrino y la dama de honor enganchándose en una boda, ¡qué cliché!" Y
"Es un jugador y juega contigo" mientras mis labios, impulsados por el
alcohol y un dolor profundo por algo, le devolvieron el beso.
Todo fue en cámara lenta. Las voces en mi cabeza se calmaron,
convirtiéndose en un silencio nebuloso, y todo lo que quedaba era aquel
fuego avivado que ardía en el interior. Sus manos fueron a los lados de
mi cara y me sostuvo allí con dedos fuertes y calientes. Me estabilizó
cuando su lengua se deslizó contra la mía y nuestras bocas bailaron una
con la otra en perfecto ritmo. Si hubiera podido formar pensamientos,
habría considerado que esto no era en absoluto lo que pensaba que sería
besar a Bram McGregor. Esto era suave, sensual y, me atrevo a decirlo,
significativo.
Justo cuando me encontré relajándome en su cuerpo, sin embargo,
queriendo más de sus manos, queriendo deslizar las mías debajo de la
chaqueta del esmoquin y sentir la dureza de su pecho, se retiró, los ojos
cerrados y la respiración desigual.
—Eres hermosa —dijo, aclarándose la garganta. Sus ojos se
abrieron, mirándome perezosamente a través de largas y oscuras
pestañas, pestañas por las que mataría—. Todavía te estás sonrojando,
sin embargo. En realidad, pareces un poco más que ruborizada. —
Levantó una ceja, su cara todavía a centímetros de la mía—. ¿Te excité?
Dios mío, este tipo era atrevido. Sé que Linden siempre fue bastante
obsceno y definitivamente muy vocal con Steph, pero Bram lo llevaba a
otro nivel.
Mi boca se abrió mientras trataba de pensar en palabras y pasó su
pulgar por mi labio inferior. —Una boca tan hermosa. ¿Qué más puedes
hacer con ella?
Finalmente parpadeé, advirtiendo que estaba siendo bastante
crudo. Me estremecí y alejé mi cabeza.
Frunció el ceño. —Ah, no te enfades —dijo, su mano deslizándose
hacia mi brazo—. Te he estado observando toda la noche, ¿sabes?
—Bueno, eso no es difícil de hacer cuando formamos parte de la
fiesta de bodas —le dije, mi voz de repente se secó, como si besarlo
hubiera tomado mucho de mí. Supongo que al menos me quitó la
cordura.
—Te cuesta mucho tomar elogios —comentó.
Eso, sabía que era cierto. No era fea ni sencilla por ningún medio,
pero la maternidad —y ser abandonada por mi ex— cobró su precio en
mi autoestima. Hubo un tiempo en que solía entrar en la habitación y
poseerla, o al menos creer en lo que ofrecía, pero no había sentido esa
confianza en mucho tiempo.
Incluso la atención de Bram, un escocés rico y disponible, no
ayudaba. Probablemente porque conocía su reputación como donjuán y,
aunque no bebía en este exacto momento, pude probar el whisky en sus
labios.
Oh, esos malditos labios. Rápidamente arranqué los ojos de ellos,
tratando de olvidar su sensación, su sabor dulce y cautivador.
—¿El tipo surfista dijo algo que creíste?
¿Tipo surfista? Tuve que tomar un momento para darme cuenta de
lo que hablaba.
—¿Aaron? —pregunté—. Ese es el ex novio de Stephanie.
Su hombro se alzó en un encogimiento perezoso. —Ahora es una
mujer casada, estoy seguro que él está disponible. Ha coquetado contigo
toda la noche.
Eso lo sabía, aunque Aaron tenía una manera tan casual y
estúpida de hacerlo, no me molestó. —Realmente me mirabas.
Sonrió suavemente. —La más bella mujer de la boda. —Hizo una
pausa—. Aparte de la novia, por supuesto, pero tengo que decir eso. —
Puso su mano detrás de mi cabeza y traté de no estremecerme ante el
pensamiento de él desordenando mi cabello recogido—. ¿Qué tal si tú y
yo abandonamos esta escena? Creo que Stephanie y Linden se fueron
hace un rato y la noche sigue siendo joven.
Las cosas sucedían demasiado rápido. Por mucho que sus palabras
parecieron desentrañar los estrechos lazos dentro de mí, los que me
mantenían juiciosa y respetable, tanto como la áspera grava de su voz
hizo que mis vellos se pusieran de punta, tenía responsabilidades y no
implicaban tener una noche con Bram McGregor. A pesar que esa
pequeña voz, la que le gustaba lo "divertido" y se encontraba tan a
menudo enterrada, pellizcaba mis entrañas, exigiendo que viviera un
poco, no podía. Además, no es como si esto pudiera ser más que una
aventura, no con alguien como él.
Se inclinó cerca de nuevo y muy suavemente rozó sus labios contra
los míos, disparando calor en mis venas. —Vamos —murmuró—. Sé que
hay una niña salvaje en algún lugar dentro de ti. Puedo decirlo. Déjala
salir. Déjame ayudar.
Oh Dios. Si pudiera.
—No puedo —dije en voz baja—. Tengo que ir a casa.
Sonrió contra mi boca. Se sentía maravilloso. —Llévame a casa
contigo. Prometo que me comportaré. —Me besó suavemente, largo y
persistente antes de que lentamente, dolorosamente, se apartara—. En
realidad, prometo comportarme mal —dijo con voz ronca—. Pero sé que
te gustará.
Tomé el momento para poner unos centímetros de distancia entre
nuestras caras. —No lo entiendes. Tengo que pagarle a la niñera. Querrá
irse pronto.
No esperaba que se congelara como lo hizo, sólo porque asumí que
sabía que tenía una hija. Pero por la forma en que sus cejas se juntaron,
pude decir que esto era una noticia para él.
—¿Niñera? —dijo, aclarándose la garganta—. ¿Tienes un niño?
Asentí, sintiendo que mis defensas subían poco a poco como si
estuviera reconstruyendo una pared que bajó momentáneamente. —Ava.
Tiene cinco años.
—No sabía eso de ti —dijo, parpadeando unas cuantas veces. ¿Por
qué los hombres siempre tienen que asustarse cuando se enteraban que
era una madre soltera? Se podría pensar que en este llamado día
progresivo y edad del hombre por lo menos serían un poco más de mente
abierta, si no expuestos a la situación más a menudo. Además, yo tenía
treinta y un años, no era una adolescente.
No pude evitar darle una sonrisa ácida. —Hay mucho que no sabes
acerca de mí. —Cuando pensé en ello, supongo que sólo lo conocí un par
de veces antes y por lo general fueron en situaciones sociales donde lo
más que conseguí fue un apretón de manos o un guiño y eso fue todo. No
creo haber hablado con él hasta esta noche.
Miró el reloj de su muñeca, algo que noté por primera vez. Brillaba
de color plata en las luces exteriores. —Bueno, supongo que será mejor
que te vayas, Cenicienta.
—¿Es casi medianoche? —le pregunté, sintiéndome incómoda
ahora, sobre todo. Me puse lentamente de pie y éstos gritaron de dolor
por las sandalias de Ross Atwood que Steph me regaló para la boda. Eran
sexys, no eran cómodas.
Se puso de pie a mi lado e incluso en mis tacones, que añadía diez
centímetros a mi cuerpo de un metro setenta y tres, todavía era mucho
más alto que yo. Traté de no analizar cuan diabólicamente guapo se veía
en su esmoquin, lo cerca que me hallaba de sentir lo que sabía que tenía
que ser las líneas muy duras de su cuerpo. Todas las cosas que traté de
ignorar sobre él antes eran ahora todo lo que podía ver, parpadeando
como un letrero de neón que gritaba: "Follada caliente, sólo una noche".
—Sí —dijo en su acento—. ¿Puedo llamarte un taxi?
Sacudí la cabeza. —Voy a llamarlo por Uber.
Me miró por un momento como si pensara, entonces asintió. —
Lástima que no pueda convencerte que te sueltes el cabello, aunque sea
por la noche.
Le di una mirada, mis dedos apretando la copa de vino vacía. —
Soltarse el cabello no siempre es una opción para una madre soltera.
—De acuerdo —dijo—. Déjame por lo menos llevarte de vuelta a la
fiesta. —Extendió su brazo hacia mí y después de un momento de
vacilación, lo agarré. Tengo que decir que me sentí bien mientras me
llevaba fuera del jardín y a la zona de recepción como si fuera mi cita
para la noche.
Pero tan pronto como nos acercamos a la gente, dejó caer su brazo
y me dio una sonrisa rápida. —Vuelve a casa a salvo, cariño.
Así que, eso fue todo.
Lo miré mientras se deslizaba hacia la multitud de gente que se
quedaba y se dirigía hacia el bar. La fiesta seguía adelante, aunque tenía
razón de Stephanie y Linden debían haberse ido porque no los vi en
ninguna parte. Vi a los padres y a las madres tanto de la novia como del
novio, así como a Aaron, Kayla, Penny, James y algunos otros de nuestros
amigos mutuos. La mayoría bailaban y pasaban un tiempo divertido,
borrachos como el infierno, mientras que en el fondo los barcos en la
marina se balanceaban ligeramente con las olas.
A veces ser Cenicienta apestaba.
Suspirando, saqué mi teléfono y pedí un taxi Uber. Era una noche
de sábado muy concurrida, así que el conductor se encontraba a quince
minutos. Me dirigí hacia las puertas del club de yates y me senté en un
banco de hierro junto a un ancla de mármol, dando a mis pies otro
descanso. Traté de seguir viendo el camino para ver si mi Uber se
estacionaba, pero cuando oí una risita ruidosa, tuve que girar la cabeza
a la recepción.
Allí, a lo lejos, se encontraba Bram con el brazo alrededor de una
chica rubia delgada que había visto antes. Creo que una de las primas
lejanas de Steph. Parecía muy joven, muy borracha y muy agarrada a
Bram.
Por desgracia, él parecía estar de la misma manera sobre ella.
Cuando su tacón se quedó atrapado en la hierba y casi tropezó, la atrapó
y la atrajo a él. Ella se echó a reír y lo besó y la besó ansiosamente,
apretando su cuerpo y vestido. Su mano se deslizó hasta su entrepierna
y la presionó contra lo que debió ser su erección.
Él le sonrió, esa sonrisa estúpida y perversa, y la llevó hacia el
jardín del que acabábamos de salir, desapareciendo detrás de los rosales.
Sus risitas flotaron por el aire y no pude evitar imaginarlo desnudándola,
inclinándola sobre el banco, y desabrochando sus pantalones.
Miré los arbustos por un momento, viéndolos crujir, sintiéndome
enferma y extrañamente encendida.
Podría haber sido yo.
Pero no fue así. Y cuando empecé a oír sus gemidos, me recuperé.
Jesús, fue rápido para seguir adelante después de que supiera que no
iba a tener suerte conmigo.
Para cuando el coche se detuvo ante mí, todos mis sentimientos se
arremolinaron en un caldero de vergüenza y cólera. ¡Qué jodido cerdo!
Tuve la suerte de no haber terminado lanzando la precaución —o mis
bragas— al viento y haber dormido con ese asqueroso escocés idiota.
Estuve en lo cierto todo el tiempo. Era un problema, un peligro, y
necesitaba alejarme de hombres como él. Sólo que ahora desearía no
haberle devuelto el beso, y mucho menos intercambiar palabras con él.
Mientras me sentía molesta en la parte trasera del coche Uber
cuando cruzábamos el puente Golden Gate, volví a pensar en mi lema.
¿Vivir sin arrepentimientos? Definitivamente me arrepentía de haberle
dejado pensar que podría haber dormido conmigo esa noche.
También tuve otro lema: Engáñame una vez, la culpa será mía. No
me engañarás dos veces. Mi orgullo nunca, nunca me dejará caer por
algo de nuevo.
Si Bram McGregor no estaba en mi lista negra antes,
definitivamente se encontraba ahí ahora.
1
Traducido por Ana Avila
Corregido por Daliam

Nicola
—Nicola Price, estás despedida —me dice mi jefe en su expresión
más parecida a Donald Trump. Sólo que no está sonriendo como si fuera
una broma y su cofia sobresalía tanto por su cabello que pondría al Sr.
Trump en vergüenza.
Además, estoy bastante segura que en realidad dijo—: Nicola,
sentimos mucho decirte esto, pero vamos a tener que dejarte ir. —Pero,
¿cuál es la diferencia cuando casi significan lo mismo? En un maldito
segundo he perdido mi trabajo. Mis ingresos. Mi estabilidad.
Mi futuro.
Es una maravilla que no tengo un colapso como los que Ava lanza
cuando no puede encontrar su peluche favorito, Snuffy. O incluso una
sola lágrima. En lugar de eso, simplemente me siento allí como una
idiota, un fracaso congelado con la mandíbula floja, mientras que mi jefe,
Ross (ex jefe ahora, supongo), bromea sobre lo apenado que está y cómo
deseaba que me hubieran mantenido pero la empresa está reduciendo
personal y están quitando una de las tiendas blah, blah, blah.
Pero nada de eso importa ya que sé que estoy una maldita semana
de haber trabajado para ellos durante tres meses. En una semana, habría
terminado mi período de prueba y mi seguro de salud se habría activado.
Tendría un aumento. Existiría esa pieza de satisfacción en mi mente y
una carrera en el campo que he por la que me he esforzado.
Y ahora estoy enojada porque me doy cuenta que estos idiotas
sabían que nunca me ofrecerían una posición permanente, sólo querían
la puta mano de obra barata. Éste fue su plan todo el tiempo, para
encadenarme bajo falsos pretextos y luego patearme a la acera antes que
se hiciera serio.
Suena mucho como mi vida amorosa, pensándolo bien.
—¿Hay algo que podamos hacer por ti? —pregunta, mirándome
con preocupación, tal vez mirando mi rostro en busca de señales de una
inminente explosión.
Ava, siempre vuelvo a mi hija. Si no fuera por ella, probablemente
habría asentido con la cabeza al despido. Tomarlo graciosamente como
trato de hacer con todo lo que la vida lanza en mi camino, como me
habían enseñado a una edad temprana. Nunca dejes que te vean llorar;
nunca dejes que te vean como algo más que perfectamente apropiada. A
la mierda y a seguir adelante, con una nueva perspectiva.
Pero mi vida en este momento no es genial y no hay una sola cosa
apropiada al respecto. Mi alquiler en mi departamento de mierda
aumentó recientemente. Mi coche necesita una parte que no puedo
pagar, por lo que sólo se la pasa estacionado, recogiendo el polvo de la
eterna niebla de San Francisco, y Ava ha estado cada vez más enferma
últimamente. Nada de qué preocuparse, dice el médico, sólo letárgica
algunos días, pero tengo un suministro interminable de preocupación por
mi hija y no siempre el dinero suficiente para pagar la visita de un médico.
Por no hablar de un médico bastante decente. Estaba contando con ese
maldito seguro médico para ella, no para mí.
Y así, al igual que Bruce Banner cuando se convierte en Hulk,
menos la camisa rasgada, dejo que todo se desencadene en mi impróvido
ex jefe. Durante tres meses he estado “muy bien” y “sí señor”, “no señor”,
corriendo por todas las tiendas como una esclava sobrecargada de
trabajo, todo mientras mantenía una gran sonrisa en mi cara. Nunca
dejes que te vean sudar. Siempre mantén la calma.
A la mierda.
Ni siquiera sé qué decir. Es como entrar en un abismo profundo y
negro de resentimiento reprimido. Creo que incluso me desconecto por
un momento. Todo lo que sé es que cuando me doy cuenta de lo que estoy
haciendo, me encuentro de pie, mi dedo golpeando en el aire hacia mi ex-
jefe, y estoy vomitando una carga de obscenidades.
—Sabes que si me hubieras jodido sólo a mí, eso habría estado
bien. Pero lastimas a mi hija haciendo esto. ¿Cómo te atreves a echarme
una semana antes que mi seguro de salud comience? —le grito—. ¿No
tienes un maldito corazón?
Pero por el modo en que Ross toma su teléfono con calma y le pide
a su asistente, Meredith, que venga a la oficina como si tuviera que ser
escoltada, puedo ver que no tiene corazón.
Meredith nunca me ha gustado y lo último que necesito es su
regocijo, así que salgo de su oficina antes que pueda echar un vistazo a
mi rostro rojo y angustiado. Recojo rápidamente mi bolso de mi cubículo
en la sala de conferenciantes, agradecida por una vez que mientras era
estilista visual de la compañía durante los últimos tres meses, nunca
tuve un escritorio propio. Qué dolor sería desocuparlo.
Ni siquiera me despido de Priscilla, del comprador con el que me
había vuelto un poco más cercana, o de Tabby, el vendedor regional,
alguien cuyo trabajo esperaba tener un día. Estoy muy avergonzada como
para decirles lo que acaba de pasar y me siento peor cuando sospecho
que tal vez lo supieron todo el tiempo.
Cuando primero conseguí el trabajo para la cadena popular de
ropa del yoga, Rusk, pensé que lo había conseguido finalmente. Pasé
bastante tiempo dando dos pasos adelante y uno atrás. La ciudad no
siempre es fácil para ti, no importa en qué industria te encuentres. Y la
moda es definitivamente una de las más desafiantes.
Fui a la universidad con Stephanie al Instituto de Arte en el centro
de San Francisco, conectando con ella después de décadas de diferencia.
Crecí cerca de Steph en Petaluma, una ciudad al norte de la ciudad, y la
conocí en la escuela primaria hasta que mis padres se divorciaron y me
mudé con mi madre a Pacific Heights, en San Francisco, para vivir con
su nuevo y terrible esposo. Después de pasar la escuela secundaria con
los niños ricos, y ser uno de los niños ricos, me inscribí en la universidad,
queriendo hacer algo con mi pasión por la moda. Después de todo, las
prendas que diseñé y fabriqué en mi tiempo libre, aquellas con gráficos
serigrafiados y frases locas, nunca me darían un ingreso o una carrera.
Eran buenos, pero no “tan bueno” (como mi ex-padrastro había
señalado). Por lo tanto, pensé que una carrera en la comercialización de
la moda sería la mejor cosa siguiente.
Y eso fue. Quiero decir, la escuela fue increíble. Finalmente me
sentí en mi elemento, rodeada de gente que entendía mi pasión,
que me entendía. Pero encontrar trabajo después de la escuela no fue tan
fácil. Y aunque conseguí algunas pasantías en algunos lugares bastante
importantes (Banana Republic siendo uno de ellos), me esforcé por
encontrar uno que estuviera relacionado con mi campo y pagara lo
suficiente como para darle a Ava todo lo que necesitaba.
Por lo general todo eso llega directamente a una persona, mi hija.
Su llegada fue una curva para mi vida perfectamente hecha a mano, pero
la tomé con calma, decidida a amarla. Y lo hago, de todo corazón. Nunca
me arrepentí de tenerla por un segundo. Pero fue Phil, él papá de mi bebé,
quien se fue y me abandonó. Y después de eso, todo se cayó a pedazos.
Yo y Ava contra el mundo.
Un día, sin embargo, mientras todavía estaba con Phil, pensé que
mis oraciones fueron contestadas. Había conseguido un trabajo en una
joyería en línea como redactora y consumidora. Fue realmente bastante
increíble. El salario era excelente y todos los signos apuntaban a una
carrera larga y prometedora. Pero la venta al por menor en línea es una
industria cutre e inconstante, así que después de un par de años el sitio
fue a la bancarrota. Me hallaba sin trabajo. Entonces… sin novio. Luego
mi madre engañó a su nuevo esposo y, gracias a la cláusula de
indemnización, me hallaba fuera de cualquier apoyo financiero adicional,
así que reboté alrededor de la ciudad por un apartamento agradable en
un tan, tan a la decadencia distrito Tenderloin. Tratando de encontrar un
trabajo de nuevo en la industria.
Finalmente, después de una licencia de maternidad de un año de
duración como vendedora en el departamento de calzado de Nordstrom
(no en absoluto lo que quería hacer, pero pagó las facturas), me encontré
con el puesto en Rusk. Pensé que había encontrado algo que encendería
mi pasión mientras que proporcionaba el apoyo financiero que deseé para
Ava. No es que ella pidiera nada, pero quería ser capaz de darle lo que
deseaba. Haría cualquier cosa por ella, incluyendo matarme trabajando
sólo para que pudiera tener todas las oportunidades de la vida.
Rusk prometió una gran carrera en comercialización visual y un
sueldo increíble con fabulosos beneficios. A pesar que mi salario
probatorio estaba apenas por encima del salario mínimo, fui alimentada
por sus hermosas promesas. Dejé Nordstrom y salté a la oportunidad.
Realmente pensé que todo iba a cambiar.
Y lo hizo. Pero para peor. Ahora... ahora estoy corriendo más allá
de la gente en Sutter Street al borde de un ataque de pánico. La cara de
cada persona es un borrón en blanco y mi visión se nubla ocasionalmente
cuando las lágrimas llenan mis ojos, calientes y potentes. Sin embargo,
nunca caen. Eso tiene que significar algo. Que soy un soldado. Que voy
a superar esto.
Encontraré otro trabajo. Encontraré otra oportunidad.
A veces siento que la vida es sólo un episodio tras otro de intentar
encontrar otra manera. Me pregunto qué pasa cuando descubres que no
hay otra manera esta vez.
Hago mi camino hacia Leavenworth a medida que las calles se
vuelven un poco menos limpias y la gente un poco menos amigable. O
demasiado amable, dependiendo de cómo lo mires. El mismo hombre con
su sonrisa desdentada me pide limosnas fuera de una tienda de licores,
pero hoy no le doy nada. Sólo mantengo la cabeza baja y camino a través
del vulgo del barrio, un lugar que me ha ofendido desde que se convirtió
en mi única opción en esta ciudad de alto precio hasta que estoy abriendo
la puerta en el vestíbulo del edificio de apartamentos.
Haciendo una pausa, miro a la puerta justo cuando estoy a punto
de cerrarla detrás de mí. Es de cristal y hay largas barras verticales en
las ventanas, indicativas del barrio. Recuerdo cuando Phil se mudó y
perdí mi trabajo en la tienda en línea, cómo ya no podía permitirme vivir
en Noe Valley, un barrio precioso junto al Castro. Ese apartamento era
todo para mí, pero no había manera que pudiera permitirme vivir allí sola
mientras sacaba adelante a Ava. Las dos saltamos de un apartamento a
otro, los niveles de vida se resbalaban cada vez más, hasta que me
encontré mirando la fachada magullada de este edificio, con la esperanza
de conseguir un apartamento y prometiéndome que me sacaría de allí a
la primera oportunidad.
Parecía que esa oportunidad no iba a suceder durante bastante
tiempo.
Suspiro, mi corazón una piedra en mi pecho, y hago mi camino
hasta el segundo piso. Mi mamá suele hacerme de niñera los jueves y
viernes, y le pago a Lisa, mi niñera habitual, para que vea a Ava el resto
del tiempo. He estado tratando de llevarla a alguna guardería accesible,
pero esa mierda es difícil de encontrar en la ciudad. Las listas de espera
son épicas y realmente tienes que ser cuidadoso de dónde pones a tu hijo.
Antes que tuviera a Ava, no tenía idea de lo difícil que podría ser mantener
a tu hijo sano y salvo. Pensaba que la guardería, las niñeras, la educación
y el cuidado de la salud serían fáciles, tal vez porque lo tuve todo al crecer
(o tal vez como una niña, simplemente no prestas atención a esas cosas).
Pero ahora lo sé mejor.
Nadie cuida de ti o de tu hijo, excepto tú.
Deslizo mis llaves en la puerta y la abro en silencio en caso de que
Ava esté tomando una siesta. El apartamento es de una habitación, pero
de sólo unos quinientos cincuenta metros cuadrados. Lo hice lo más
hermoso posible, sin embargo, y en mi opinión, parece tan bueno como
mi lugar más lujoso en Noe Valley. Para ser honesta, es más o menos una
sala de exposiciones de Antropología. No podía permitirme comprar más,
así que me aferré a mis viejas cosas como si fueran de oro, pegando tazas
de café si las manijas se caían o coser cortinas de nuevo si Ava tiraba de
ellos demasiado fuerte (lo que ha sucedido más de una vez).
Ava y Lisa se encuentran jugando con las muñecas en la alfombra
de pelusa y en el momento en que paso, Ava esboza esa sonrisa, grande,
hermosa y brillante y se levanta corriendo hacia mí. Envuelve los brazos
alrededor de mi pierna y antes de que pueda cerrar la puerta detrás de
mí, me agacho hasta su nivel y la abrazo fuertemente. Sólo estar cerca
de mi hija eleva mi estado de ánimo y aumenta mi ritmo cardíaco. Hace
que las cosas sean duras y fáciles al mismo tiempo, algo que me cuesta
creer. A veces, cuando amas demasiado, eres mucho más consciente de
cuánto tienes que perder. Sostener a mi niña en mis brazos me trae paz,
pero me hace caer en cuenta de que voy a tener que hacer todo lo que
esté a mi alcance para asegurar que esté bien al final.
Cuando me alejo, Ava mira mi cara con curiosidad abierta. —
Mamá, ¿por qué lloras?
Ni siquiera me di cuenta. Rápidamente me limpio las lágrimas en
los hombros y le doy una sonrisa temblorosa. —Estoy bien, ángel —le
digo.
Lisa está de pie, limpiándose las manos en sus vaqueros. Me paro,
cierro la puerta detrás de mí y pongo mi mano sobre la cabeza rubia
ceniza de Ava. Normalmente mi cabello es largo y marrón oscuro, muchos
tonos más oscuro que el de Ava, pero Steph recientemente lo cortó a la
altura de mis hombros y puso luces sobre él. Le digo que cuando haya
terminado de dirigir su propio negocio, debería convertirse en peluquera.
—¿Todo bien? —pregunta Lisa, mirándome a través de sus gafas.
Es una chica alta, delgada y esbelta, lleva una cola de caballo siempre
presente, Lisa es una estudiante inteligente que parece sabia más allá de
su edad, a veces más madura que yo. Lleva dos años cuidando de Ava,
cada vez que puede ajustarse a su horario. No quiero dejarla ir y no tengo
ni idea de cómo voy a abordar el tema, pero el hecho es que no veo cómo
puedo pagarle estando sin trabajo.
Mierda, si hubiera terminado un poco mejor habría una
posibilidad de pedir por lo menos la semana pasada y conseguir más
dinero. Dudo que pueda poner a Rusk en mi currículum ahora después
de la forma en que le grité a Ross. Nadie quiere contratar a una loca.
Le doy un leve movimiento de cabeza a Lisa y le digo a Ava que
vaya a nuestro dormitorio compartido y ponga su muñeca en la cama.
Ella huye y me coloco en el sofá con una exhalación fuerte.
—¿Qué es? —pregunta Lisa, sentada en el brazo del sofá.
Muerdo mi labio inferior por un momento, evitando su mirada. —
Me han despedido hoy.
Ella respira profundamente. —¿Qué? ¿Lo dices en serio? ¿Por qué?
Me encojo de hombros. —Me dijeron todo un montón de tonterías
sobre el cierre de algunas de sus tiendas, pero no eran las tiendas en las
que trabajaba de todos modos. Creo que sólo querían mano de obra
barata.
—Amiga, eso es una mierda —dice—. ¿Qué vas a hacer?
La miro con disculpa. —Buscar otro trabajo. Pero hasta que
encuentre uno, me temo que no puedo pagarte más. El dinero será
realmente apretado por aquí.
Su cara se encoge por un momento, pero rápidamente se vuelve
simpática. Me olvido de que ella puede haber dependido de mí de la
misma manera que dependía de ella. —Entiendo. Y estoy segura que
encontrarás algo muy rápido.
—Espero que sí —le digo—. Tengo que hacerlo.
Le da a mi hombro una palmadita ligera. —Bueno, mejor me voy.
Supongo que no quieres que me pase mañana por la noche.
Le doy una mirada burlona y luego recuerdo rápidamente. —
Mierda —maldigo en voz alta, esperando que Ava no me oiga. El
cumpleaños de Linden es mañana por la noche y lo celebra en un martes
en lugar del fin de semana como cualquier ser humano normal. Miro a
Lisa—. No, supongo que no. Es mejor que me quede en casa.
Asiente y recoge su bolso del mostrador. Por un momento parece
que va a llorar.
—Te enviaré un mensaje tan pronto como tenga algo alineado —le
digo y me da una sonrisa rápida antes de que salga por la puerta y la
cierre detrás de ella.
El apartamento está en silencio por unos momentos y ni siquiera
puedo oír a Ava jugando en el dormitorio. Entonces viene su pequeña
voz—: ¿Mamá?
Me levanto, me siento extremadamente vieja de repente, y me meto
en el dormitorio. Me inclino contra la puerta y veo a Ava poniendo su
muñeca en su cama. Me mira, con las mejillas llenas y orgullosa.
—Mira, yo cuido de ella. Como tú cuidas de mí.
Se necesita todo lo que no tengo desmoronarme allí mismo.

Pasé la noche pasada en un aturdimiento, abrazando a Ava en el


sofá viendo sus programas favoritos y tratando de no pensar en nada
excepto el corte de pelo terrible de Dora la Exploradora y el sentido de la
moda. Después que Ava se fuera a la cama, terminé media botella de
vino, pasé por Vogue y Harper's Bazaar y evité textos de Steph y Kayla,
también permitiendo que una llamada de mi mamá fuera a correo de voz.
No sabían nada y quería mantenerlo así durante el mayor tiempo posible.
Mi padre, antes que mi madre lo dejara y viajara por todo el mundo a la
India para hacer trabajos de caridad (ojalá pudiera haber hecho eso
después de que Phil me abandonara) solía burlarse de mi orgullo. Mi
mamá y yo sufrimos de ello, nunca admitiendo nuestras faltas, nunca
pidiendo ayuda.
Pero ahora, en la fría y gris luz del día, puedo dormir un poco y
explicarle a Ava que su madre estará en casa con ella por un tiempo, sé
que tengo que enfrentarme a la música. Tengo que poner mi vida en
camino lo mejor que pueda. Si puedo hacerlo sin la ayuda de nadie o si
alguien siente pena de mí, entonces todo es mejor.
Paso la mañana buscando en Craigslist y un montón de otros sitios
de trabajo antes que la ansiedad se vuelva demasiado y llevo a Ava a un
parque infantil en Little Saigon. Después, conseguimos fideos y sigo
revisando mi teléfono, esperando oír sobre algo. Es enloquecedor solicitar
empleo. Cada vez que leo una descripción de trabajo que me enamora,
me obsesiono con ella. Todas mis esperanzas van montando en ella como
si el trabajo haga mi vida un millón de veces mejor, como si incluso
tuviera una oportunidad. No ser capaz de poner Rusk en mi currículum
realmente pone mi carrera un paso atrás, también.
Después que el quinto texto sea ignorado, Steph finalmente me
llama justo cuando estoy preparando a Ava para una siesta. Cierro la
puerta de la habitación, respiro profundo y contesto el teléfono.
—Hola —digo brillantemente—. Nunca llamas.
—Porque normalmente respondes a tus textos —dice
rápidamente—. ¿Dónde has estado?
—Aquí —le digo.
—¿Como en California, o en algún lugar más específico?
—Aquí mismo.
—¿Estás bien?
Por eso no quería hablar con Steph. Suele tener un sexto sentido
sobre las cosas.
—Mmmm. —Una respuesta no comprometida es la mejor.
—Todavía vendrás esta noche, ¿verdad?
—Bueno…
—¡Nicola! —dice—. No te he visto en semanas.
Eso es cierto, aunque eso es más su culpa que mía. Ha estado
muy ocupada con su nuevo negocio en línea. Solía dirigir su tienda, Fog
and Cloth, en una ubicación de ladrillos y artillería, pero se convirtió algo
en línea con el tiempo. Sin embargo, como lo fue para la empresa que
solía trabajar, no ha sido fácil. Es muy competitivo y es un espectáculo
de dos mujeres hasta ahora, con sólo una persona trabajando para ella
en el almacén. Rara vez la veo, especialmente en la temporada de verano.
—Mira —digo, empujando mi cabello detrás de mis orejas y
mirando la botella de vino en el mostrador de la cocina. Daría a mi teta
izquierda por tener una copa en este momento, pero no me atrevería con
Ava bajo mi cuidado. Algo ha surgido y no tengo a Lisa para sentarme
ahora mismo.
—¿Qué pasó?
—No quiero hablar de ello.
—Pero quiero saber.
Ruedo los ojos. —Bueno, siempre quieres saber. —Tomo una
respiración profunda—. Está bien, ¿prometes no hacer gran cosa al
respecto?
—Sí…
—¿De verdad prometes no hablar de eso? En absoluto.
Silencio. —Tal vez.
—Entonces no te lo diré.
—Oh, a la mierda, vamos.
—Guau, lenguaje, señora enojada. Tu marido te lo está pegando.
Ante eso ríe y tengo que rodar mis ojos otra vez. Creo que incluso
si la persona no puede verte rodar los ojos, pueden sentir que lo haces.
—No importa —respondo rápidamente—. Pervertidos.
—En serio —dice—. No voy a hablar de eso. Sólo dime.
Y así le suelto todo. A su favor, no dice una palabra hasta que bajo
la velocidad, sin aliento y enojada de nuevo.
—Guau —dice—. Eso... bueno, no voy a hablar de eso. ¿Pero en
serio?
—Stephanie —advierto.
Gime. —Bien, de acuerdo. Pero tienes que salir esta noche. No
puedes estar allí sola.
—Quizás no oíste la parte que no tengo una niñera.
—¡Trae a Ava!
Casi me río. —Sí claro. ¿A un bar?
—Bueno, tal vez no al bar, pero nos reuniremos en nuestro lugar
primero durante una o dos horas, para pre-bebidas. Al menos puedes
llegar a eso.
—Ni siquiera puedo pagar un taxi y mi coche sigue estropeado.
—No te preocupes por eso —dice—. Me ocuparé de ti.
—No necesito que nadie cuide de mí —le digo, sintiendo que mi
temperamento subir.
—Lo sé, pero de todas formas. Te tengo, ¿de acuerdo? Para eso
están las amigas. Mandaré un auto por ti y vendrás aquí y pasaremos un
buen rato con amigos y no hablaremos de nada que no quieras. Por favor.
No me hagas rogar.
—Pero me gusta cuando me ruegas.
—También a Linden.
—Bien, demasiada información, estoy colgando ahora.
Ríe de nuevo. —Lo siento. De acuerdo, estate lista para las seis de
la tarde. Tendremos aperitivos aquí así que no te preocupes por la cena
tampoco y arreglaré algo para Ava. Con eso me refiero a Linden, ya que
es el único que sabe cocinar. Nos vemos pronto. Vas a estar bien.
Cuelgo el teléfono sin querer estar rodeada de gente, incluso si son
mis amigos. Pero tampoco quiero tener un concurso con esa botella de
vino a medio beber y pasar la noche revolcándome en sentimientos de
pánico e insuficiencia.
Por suerte, mientras tomo una ducha rápida y me preparo para la
noche, siento que mi espíritu se anima un poco. Es probablemente
porque no he salido en un tiempo muy largo y hay algo acerca de vestirse
que me hace sentir como si estuviera en mi elemento. Sacudo las ondas
en mi cabello, me pongo un par de pantalones vaqueros ajustados y un
flutter blanco arriba del hombro, agrego un poco de lápiz labial rojo y
tengo esta sensual mirada de señorita, aunque con las pecas en mi nariz
y mi piel color rosa inglesa, soy la cosa más alejada de eso.
Ava está más que emocionada de ir a una “fiesta para adultos”.
Parece copiar mi rutina pasando mucho tiempo escogiendo un traje,
aunque al final quiere usar su funda de almohada de Bob Esponja. La
pongo un vestido púrpura en lugar de lo otro y nos dirigimos abajo para
esperar que aparezca el taxi, con el refuerzo de asiento portable.
Cuando veo un Mercedes azul marino pasar frente a la acera, me
pregunto si Stephanie ordenó el Uber más caro en la ciudad.
El coche se estaciona y yo sostengo la mano de Ava,
permaneciendo en la puerta de mi edificio hasta que sé con seguridad
que está ahí para nosotras. Cuando el lado del conductor se abre y un
caballero alto con un traje sale, sé que no puede ser para mí. Ningún
chofer de Uber se viste tan bien.
Es decir, hasta que veo su cara.
Bram. Maldito. McGregor.
Parpadeo Mis mejillas arden y deseo que esto sea todo un error
enorme. Bram no puede estar aquí por mí, ¿verdad? Quiero decir, la
última vez que vi a Bram fue en la boda de Steph y Linden, y aunque
compartimos una sesión caliente, no tardó mucho tiempo en encontrar
otro par de labios para conectarse. Y por “no mucho tiempo”, quiero decir
minutos.
—Nicola —dice con su acento escocés, luciendo increíblemente
elegante cuando se inclina sobre su elegante coche—. ¿Estás lista?
Oh, mierda. Está aquí para mí.
Casi dejo caer el asiento.
Aprieto la mano de Ava y respiro profundamente. Quiero matar a
Stephanie, aunque nunca le dije que lo hice con su cuñado, así que no
hay manera de que pueda saber que odio a Bram con pasión.
¿Recuerdas lo que dije sobre el orgullo y cómo es algo que tengo a
cuestas? Bueno, Bram magulló mucho más de lo que podría llegar a
saber.
Y ahora tengo que entrar en un auto con él, con mi hija, cuando
estoy en uno de los momentos más bajos de mi vida.
Él mira el asiento pesado en mis manos. —¿Necesitas ayuda?
Estoy tan cerca de decirle “Gracias, pero no”, y “He cambiado de
idea acerca de la fiesta”. Pero Ava me empuja hacia el coche, como si
nunca le hubiera enseñado a no confiar en extraños, y me dice—: Ven,
mami. Su coche es brillante.
Se meterá en un montón de problemas cuando sea mayor.
Mis ojos se encuentran brevemente con Bram y pone una sonrisa
de mierda, una sonrisa que hierve mi sangre.
Supongo que voy a la fiesta con Bram McGregor.
Mierda.
2
Traducido por Lauu LR & Vane hearts
Corregido por Karen_D

Nicola
Me compongo, enderezo los hombros y levanto la cabeza como solía
hacer en la preparatoria cuando era la chica nueva en los pasillos y aun
no era aceptada en las tropas de chicas pesadas con egos súper inflados.
Le lanzo a Bram una sonrisa confiada y falsa como el infierno y camino
hacia su auto, preparada para manejar la situación con calma.
Pero es rápido y da la vuelta al capó del auto justo hacia mí,
rápidamente tomando el asiento de seguridad de mis manos. Estoy
preparada para que huela a cigarros y menta de nuevo, pero esta vez es
solo algo fresco y olor a tierra como el bosque después de la lluvia.
—Puedo manejarlo —le digo. No puedo evitar espetarle, consciente
de que estoy siendo un poco perra.
No parece notarlo y antes de que pueda preguntarle si sabe lo que
está haciendo, está abriendo la puerta trasera del vehículo y colocando
el asiento como un experto.
Casi estoy impresionada. —¿Siempre les das aventones a mamás?
Levanta las cejas. —Ninguna tan hermosa como tú. —Mira a Ava y
se agacha a su nivel—. ¿Cuál es tu nombre pequeña?
—No soy pequeña —dice frunciendo el ceño—. Soy Ava y soy una
niña grande.
Asiente, su rostro sincero. Ahora viéndolo en la luz del día, luce
diferente de cómo lo recuerdo hace seis meses. Mayor, supongo, a pesar
que sabía que debe estar alrededor de los treintaicinco. Tal vez el traje y
la forma en que se ajusta a su cuerpo perfectamente lo hace lucir más
maduro. Tal vez sea el auto. Tal vez las pocas hebras de gris que puedo
ver en la cien de su gruesa cabeza de pelo oscuro. Tal vez es porque estoy
sobria al igual que él. Al menos, eso espero.
—Así que, ¿eres el conductor designado esta noche? —le pregunto,
levantando a Ava y poniéndola en su asiento—. ¿O perdiste una apuesta?
—Nunca pierdo apuestas —dice sedosamente mientras se para
detrás de mí. Rápidamente miro encima de mi hombro y lo encuentro
revisando mi trasero.
—¿Tuviste una buena mirada? —Me enderezo y me doy la vuelta.
—¿De tu culo? —pregunta, metiendo las manos en sus bolsillos en
un gesto infantil—. Si. Pero solo porque sé que te molesta demasiado. Ya
sabes, nada remotamente sexual.
Mis ojos se amplían y bajo la mirada a Ava. Ella es completamente
inconsciente y cierro la puerta. —Mira —digo rápidamente apuntándolo—
. Puede que pienses que me conoces después de nuestro
pequeño…encuentro, pero no lo haces.
Se estira y sujeta mi dedo en su mano. Su piel es cálida y
sorprendentemente suave, pero entonces de nuevo, incluso aunque
puede que tenga el cuerpo para ello, estoy segura de que Bram no obtuvo
su dinero de tirar arboles todo el día o alguna otra labor pesada.
—Oye —dice, voz ronca, aun sosteniendo mi dedo—. Sé que
realmente no nos conocemos el uno al otro y la última vez que, hablamos,
bueno, puede que haya estado un poco ido, ¿pero ¿qué tal si empezamos
de nuevo? Soy Bram McGregor.
Le da la vuelta a mi mano así que ahora la sostiene en forma de
saludo. No estoy segura de poder hacerlo así de fácil, pero me encuentro
diciendo. —Está bien, soy Nicola. Price.
—Un placer conocerte Nicola Price, ¿puedo darte un aventón?
Asiento. —Eso sería lindo. —Sé que mi voz suena firme, pero
supongo que es un comienzo. El problema con mi orgullo, sin embargo,
es que rara vez me deja olvidar cuando ha sido quemado.
Por suerte Bram es completamente genial durante el viaje al
departamento de Linden en Nob Hill. Pasa la mayor parte de este
hablándole a Ava por el espejo retrovisor, haciéndole preguntas y
tratándola como un adulto. Puedo decir que Ava lo adora y para el
momento en que estamos cerca de la casa de Steph y Linden, está
viéndolo con ojos de ciervo. Esto no es bueno. ¿No puede ser como su
madre y sospechar de los hombres que sonríen muy brillantemente y
dicen las cosas correctas?
Aunque supongo que con Bram, tiene el hábito de decir todas las
cosas incorrectas.
—Entonces Nicola —dice lentamente mientras avanzamos por el
tráfico—. Sabes, no se mucho sobre ti. Linden dice que trabajas en la
industria de la moda como Stephanie.
Lo hacía, pienso amargamente, pero me las arreglo para decir—.
Aja.
—¿Cuál es tu trabajo?
—¿Cuál es tu trabajo? —pregunto, regresándosela. Además, tengo
curiosidad. En el pasado, Linden solo describió a Bram como un jugador
(o “maldito mujeriego” creo que fueron sus palabras exactas) que hacía
poco más que salir de fiesta en Nueva York. Se mudó a San Francisco
hace casi un año, supongo que para estar cerca de Linden que tuvo un
aterrador accidente en helicóptero por ese entonces, pero no sé
exactamente que hace a excepción de mostrarle esos dientes perfectos a
las personas.
—Soy administrador de departamentos —dice y cuando ve mi
mirada de incredulidad, continúa—. En serio. Bueno, para ser más
exacto, poseo un complejo de apartamentos en SOMA. En Folsom y la
Veinteava junto a un restaurante Thai.
Me está mirando como si supiera, como si la mayoría de los recién
llegados al área de la bahía lo hicieran, como si conociéramos cada
restaurante thai en la ciudad y a cada persona llamada Dan.
—Eso no debe ser barato —digo, mirando por la ventana mientras
pasamos los autos. Hay tantos edificios maravillosos en esta ciudad,
lugares para morirse, una y otra vez no puedo evitar preguntarme quien
puede costear vivir ahí. Una vez conocí a un conductor de Uber que solía
conducir camiones a través del país, que creció en la ciudad. Él dijo en
ese entonces que San Francisco se encontraba lleno de niños. Ahora,
apenas los ves. Algunas veces me pregunto si será mejor para Ava, y para
mí, solo mudarnos a un pueblo pequeño donde pueda tener un tipo
diferente de vida. Entonces pienso en mis sueños para mi futuro, mi
carrera, y me pregunto si está bien darme por vencida con ellos. Sé que
es egoísta de mi parte no hacerlo, pero aún no puedo dejarlo ir.
—Nada en la vida es barato —dice Bram pero apenas y lo escucho.
Tengo que regresar al momento y detener mi cabeza y mis preocupaciones
antes de que se me escapen. Salí esta noche para dejar estas atrás. Dios
sabe que tendré más que suficiente tiempo para preocuparme después
de esto.
—¿Te estoy aburriendo? —pregunta y vuelvo la cabeza para
mirarlo.
—No. Lo siento, solo pensaba.
—¿En qué?
Mis cejas se elevan. —No creo que estemos en la etapa de
“digámosle al otro lo que estamos pensando”.
—Aun no.
Ni nunca, pienso. Pero no quiero responder más preguntas sobre
mí, así que le pido que me hable más del departamento y me fuerzo a
escuchar. Entre más habla de él, sin embargo, más veo que es algo que
lo estresa un poco. Quiero decir, es difícil decir si Bram esta estresado o
no porque siempre tiene esa expresión de encantador en su cara como si
siempre estuviera tratando de entrar en los pantalones de alguien,
hombre o mujer, pero hay una mirada más dura en sus ojos cuando
habla sobre la renta del edificio y cuando tiene que arreglar para hacer
su hipoteca.
—¿Entonces porque lo compraste? —pregunto.
Se encoge de hombros. —Necesitaba hacer algo.
—Bueno, no me preocuparía por eso —le digo—. La renta es
fenomenal en la ciudad incluso en SOMA. Todos predicen que será en
siguiente lugar en volverse el lugar. Demonios, apuesto a que el
Tenderloin se volverá de esa forma pronto también. Pasar el rato con
adictos al crack se volverá algo de moda y los hipsters tomaran las
esquinas. Y mi renta subirá de nuevo. —Me dispara una mirada rápida
ante la dureza que apareció en mi voz. Trato de sonar más alegre—. De
cualquier forma, estoy segura de que lo compraste en el momento
correcto.
—Tal vez —dice, pasando sus largos dedos en su rastrojo oscuro.
Tiene una barbilla muy masculina, pero rápidamente me regaño por
notarlo—. Pero cuando compre el lugar, estaba esperando… bueno, no
importa ¿o sí? Lo hecho, hecho está.
Y con suerte antes de que tenga oportunidad de preguntarme sobre
mi inexistente trabajo, llegamos frente al edificio de Steph y Linden. Justo
mientras estoy sacando a Ava del auto, las puertas se abren y Steph sale,
trastabillando un poco en sus tacones de tiras y cargando dos copas de
vino.
La vida de casada luce bien en ella. Ha ganado algo de peso, pero
ha ido a sus pechos así que no es justo. Su cabello es azul sirena
deslavado (o azul claro, para ser más específica) y siempre luce feliz y
ruborizada como si acabara de tener buen sexo. Es maravilloso que no la
odie.
—¡Nic! —grita y viene apresurada tan rápido como puede sin
derramar el vino. Me pasa una copa de tinto y dice—. Aquí, bebe esto. Te
tenemos. —Me mira profundo a los ojos y me siento momentáneamente
en calma.
Y es por lo que nunca podría odiarla. Es probablemente la mejor
amiga que una chica podría tener.
Mira hacia Bram y le da una sonrisa rápida antes de sonreírle de
oreja a oreja a Ava.
—¡Ava, pareces una princesa!
—Soy una princesa —dice—. Tu solo eres una sirena.
Steph levanta la cabeza en fingida supremacía. —Nadie es solo una
sirena.
Ava parece considerar eso por un momento y entonces ve el vino
en mi mano—. ¿Puedo tener un poco? Estoy sedienta.
—Siempre estás sedienta —le digo—. Esta es la bebida adulta de
mami. Te conseguiré algo de jugo cuando entremos ¿de acuerdo?
Asiente y se lame los labios. Siempre ha sido sedienta, pero parece
que incluso más últimamente. Eso y está casi tan hambrienta como yo
cuando no he comido. No sé dónde pone toda la comida tampoco.
Definitivamente no heredo las rodillas y muslos redondeados de mami.
Es toda piernas de pollo y brazos flacos, algo que mi doctor dice que es
totalmente normal para una niña de su edad.
Me doy la vuelta, a punto de agradecerle a Bram por el aventón.
Después de todo, no tenía que ir a recogerme, pero está de regreso en su
auto y alejándose, la estilizada forma del mercedes desapareciendo por la
colina.
—¿A dónde va? —le pregunto a Steph—. Mi asiento de seguridad
aún está en su auto.
Toma un largo trago de su vino—. A recoger a su novia de la semana
del trabajo. Volverá.
—Correcto —digo lentamente—. Déjame adivinar, ¿supermodelo?
Se encoge de hombros—. No lo sé. Probablemente. Aun no la
conozco, ¿Cuál es el punto cuando no duran demasiado?
—Pensé que ibas a mandarme un Uber.
—De hecho, se ofreció —dice, volviéndose hacia el edificio—. Es el
conductor designado esta noche.
No puedo evitar bufar—. ¿Por qué haría eso?
—Ha cambiado un montón desde que se mudó aquí. Es mucho más
cercano a Linden y desde que es su cumpleaños, supongo que solo está
tratando de ser un buen hermano y reponer el tiempo perdido. —Me
dispara una mirada seca encima de su hombro—. ¿Por qué todas las
preguntas?
¿Estaba haciendo preguntas? —Por nada.
—¿No te gusta mucho Bram verdad? —Nota mientras saca su llave
y la puerta se abre.
—Me gusta Bam —dice Ava, pronunciando mal su nombre. No me
molesto en corregirla.
—No es verdad —le digo—. Solo te gustan las cosas brillantes, como
su auto.
—Me gusta Bam —dice de nuevo, esta vez con más fuerza.
Miro a Steph que me mira con interés—. ¿Qué?
—No lo sé. Es solo que después de la boda, cada vez que mencionan
su nombre, puedo literalmente verte estremecerte. ¿Paso algo?
Niego con la cabeza, tratando de mantener mi rostro en blanco.
—Por qué. —Sigue en un tono conspirador y se acerca más a mí—
, Kayla dice que te vio con Bram saliendo de los arbustos. Estabas
sosteniéndote de su brazo.
—¿Esta Kayla aquí? —Porque voy a matarla.
—Estará en el bar más tarde —dice—. Entonces, ¿era verdad?
—Eso fue hace como seis meses. No me acuerdo. Puede que
hayamos hablado, pero eso es todo, lo juro. —Y qué forma de esperar
tanto tiempo para mencionármelo Steph, agrego en mi cabeza.
Levanta las cejas. La mayoría de las personas no son muy buenas
al leerme. Supongo que no les doy suficiente para Avanzar. Pero Steph
siempre ha sido natural en quitarme mis capas y me cuesta mucho no
alejar la mirada.
—Sólo hablaron —murmura y presiona el botón para el elevador—
. Correcto entonces. Bueno, me alegra que solo hablaran porque sabes
que él es malas noticias.
—¡Estabas hablando de cuanto ha cambiado!
—Sí, y lo ha hecho. Pero aún no dejaría a ninguna de mis amigas
salir con él. Bueno, tal vez Kayla pero tu no.
—Bueno, no tienes que preocuparte por eso. Definitivamente no es
mi persona favorita. Y sabes cómo me siento sobre chicos como él.
—Lo sé —dice—. Pero tengo que cuidar de ti, eso es todo.
¿Recuerdas cuando tuviste un enamoramiento por tu ginecólogo? Le
hubieras dicho algo si no te hubiera hecho prometerlo.
Mis mejillas se calientan ante el recuerdo—. Era tan lindo. Y tan
maduro.
—Era maduro acerca de tu vagina y porque tenía que serlo.
Momentos después, entramos a su departamento y me alegra el
cambio de tema. Música sale de las bocinas y encontramos a Linden, su
mejor amigo James y su novia Penny en la cocina bebiendo cervezas y
riendo.
—¡Dios, es ruidoso! —Se queja Steph y corre hacia el estéreo para
apagarlo. Me dispara una mirada de disculpa y al resto una de regaño.
Me pica ver lo sobreprotectora que es a veces con Ava.
—¡Lo siento! —grita Linden y entonces cuando me ve, me da un
chiflido de lobo, mirándome de arriba abajo. Por un segundo creo que es
muy parecido a su hermano, la misma sonrisa amplia con hoyuelos, las
mismas cejas oscuras, cabello grueso y barbilla masculina. Pero cuando
se acerca y me abraza, no lo siento juzgando ni con motivos ulteriores.
Así que no, para nada como Bram.
Se aleja y me sostiene a distancia de sus brazos—. Luces muy
tentadora señorita.
—¿Tentadora? —repito—. Nunca escuché eso.
—Siempre he sido original —dice con un guiño.
Entonces le dice hola a Ava que le sonríe con timidez como siempre.
Desde que aprendió que puede volar, en un helicóptero, ha sido tímida a
su alrededor como si fuera algún tipo de superhéroe.
Les digo hola a James y Penny, dándole un cumplido a Penny por
sus nuevas gafas rojas de pasta. Los dos siempre han sido un poco más
alternativos de lo que acostumbro y siempre me siento un poco anticuada
alrededor de ellos con sus tatuajes, perforaciones y vidas divertidas.
James maneja nuestro bar “local” The Burgundy Lion, y Penny
aparentemente ahora trabaja en diseño web para sitios porno. Por suerte
son muy lindos.
Rápidamente le consigo a Ava un jugo de naranja rebajado con
agua (no me gusta que consuma tanta azúcar) y paso la próxima media
hora sorbiendo mi vino lentamente y escuchando las conversaciones.
Cuando alguien comienza a hablar de trabajo, Steph cambia el tema,
sabiendo que no estoy lista para hablar de lo que paso.
Mientras que Linden le hace a mi mono hambriento pasta con
queso y me como los rollos que preparó para el resto de nosotros, mi
mente sigue preguntándose cuando volverá Bram. Es solo que quiero
saber que voy a tener mi asiento de seguridad de regreso al final de la
noche (esas cosas no son baratas), al menos que también se haya ofrecido
a llevarme a casa. No estoy segura de como su nueva novia, o quien sea,
va a tomarlo pero supongo que es un hecho cuando estas lidiando con
alguien como él.
Y como si hubiera escuchado mis pensamientos, repentinamente
se abre la puerta y entra Bram, todo sonrisas con una chica delgada en
un vestido plateado, gigantes aros en sus orejas y cabello rubio platino
apilado en lo alto de su cabeza, acomodado con pasadores. Si camina
bajo las luces en medio de la habitación, brillara como una bola de disco.
Hago lo usual y juzgo rápido. Sus tetas son falsas. Sus labios falsos
y sus dientes. Ella es falsa, punto, pienso, entonces me pregunto cuando
me volví tan amargada.
Ruedo los hombros como para sacudirme físicamente esos
pensamientos y trato de jugar lindo mientras Bram la presenta como
Astrid. Astrid dice hola, nosotros decimos hola y entonces ambos
desaparecen en la cocina.
Así que soy la única persona soltera aquí. Ni siquiera puedo
acechar a Ava porque está comiendo más comida que Linden preparo.
Steph se asegura de ocupar la mayor parte de mi tiempo, sin embargo,
hablando sobre bolsos y zapatos incluso aunque sé que esta
secretamente muriendo por hablar de los verdaderos problemas en mi
vida. Aun así, permanece fiel a su palabra y no lo menciona.
Eventualmente comienza a hacerse tarde. Ava tropieza hacia mí en
un aparente coma de comida y jala mis vaqueros.
—Mami, no puedo encontrar mi cama —dice.
—Eso es porque no estás en casa —le digo. Entonces Steph
anuncia a todos que están moviendo la fiesta a un bar en Lower Haight.
Tiempo perfecto.
—Te daré un aventón —dice Bram, saliendo de la nada. Mira a
Steph—. Esta de camino de todos modos.
No puedo evitar mirar a Astrid para ver lo que piensa pero aún está
sonriendo. Por un momento tengo envidia. No de su cuerpo tonificado y
miembros brillantes, sino porque no parece el tipo celoso y dios sabe que
yo lo soy.
—Mami, ¿Quiénes son estas personas? —pregunta Ava. Mi corazón
se salta un latido. Entonces recuerdo cuan confusas son este tipo de
reuniones para un niño.
—Los amigos de mami —explico—. Vamos a casa ahora ¿está bien?
Bram va a llevarnos en su coche brillante, ¿recuerdas? ¿Bam?
No asiente, solo me mira con expresión nublada. Pobre niña debe
estar tan cansada. También yo. Cuando una fiesta termina, no hay nada
que quieras más que tu cama, haciendo que el tiempo entre salir de
donde estas a llegar bajo tus cobijas se estire una eternidad. Es un dolor
físico.
Agradecidamente no pasa mucho antes de que estemos en el coche
de Bram. Astrid está en el asiento del pasajero y Ava, Steph y yo estamos
apretujadas atrás. No está hecho exactamente para tres personas, mucho
menos un asiento de seguridad, así que Steph está medio sentada sobre
mí y riendo.
Han sido cerca de cinco minutos de camino mientras Bram lleva
su auto deportivo arriba y debajo de las colinas cuando Ava hace un
sonido estrangulado. El distintivo olor de fruta llena el auto y miro para
ver que Ava ha vomitado.
—Jesús —digo—. Ava, ¿estás bien?
Trato de girarme en mi asiento y poner la mano en su frente. Se
siente caliente y pegajosa al mismo tiempo y sus ojos son salvajes
mientras toma cortas y agudas respiraciones.
Todo en mi interior se congela, aterrorizándome, pero no por
mucho tiempo. Lo alejo. Funciono.
—¿Qué es? —grita Steph en mi oído y Bram de inmediato apaga el
radio y comienza a orillarse.
—No lo sé —digo, mi voz temblando. Sigo peinando el cabello de
Ava y una vez que estacionamos, Bram enciende la luz del auto.
Ahora puedo ver mejor y estoy aterrada. Vomito cubre el frente de
su vestido y esta pálida. Su barbilla sigue cayendo y cuando levanta la
mirada, me mira como si no supiera quien soy.
No creo haber estado nunca tan asustada.
—¿Mami? —pregunta finalmente, sonando sin aliento.
Tomo su mano y la aprieto—. Está bien ángel, mami está aquí.
—¿Tienes un doctor? —pregunta Bram—. ¿O deberíamos ir al
hospital?
No quiero admitir que no tengo seguro—. Déjame intentar con mi
doctor —le digo, tratando de sacar mi teléfono de la bolsa sin tirarlo, mis
manos están temblando tanto.
Steph toma el mando y dice—: Vamos a llevarla a emergencias.
Niego con la cabeza—. No. Solo…
Pero sé que si trato con mi doctor no va a responder. No tengo su
teléfono de casa y la clínica está cerrada.
—Nicola, está bien —dice Steph, apretando mi pierna—. Vamos a
llevarla al hospital. Solo por si acaso. Podría ser una alergia.
—No es alérgica a nada.
—Pero aparecen todo el tiempo cuando somos niños ¿correcto?
—Es correcto —dice Bram y finalmente lo miro. Está tratando de
ser casual pero puedo ver la preocupación en su frente—. Cuando era
bebe, de repente desarrolle una alergia a las fresas. Vomite en clase frente
a todos incluida la señorita Haversham de quien tenía un
enamoramiento.
Ni siquiera puedo sonreír ante la admisión. Solo asiento, sabiendo
que tengo que hacer lo que es mejor para Ava, incluso si va a costarme
un brazo y una pierna.
—Vamos —le digo—. Cualquier hospital, no importa. Lo que sea
más cercano.
Él asiente y aceleramos por la calle. Bram está conduciendo como
un maniático absoluto, o como si estuviera tratando de recrear escenas
de "Bullet". No estoy prestando mucha atención, sin embargo. Estoy
escuchando a Ava respirar, tratando de mantenerla enfocada y tranquila,
aunque yo no lo esté.
Pronto, estamos acercándonos a la sala de emergencias y estoy
volando fuera del coche tratando de conseguir a Ava fuera de su asiento.
La levanto en mis brazos y corro hacia el hospital. Los olores del alcohol
y el plástico y la sangre llenan mis fosas nasales. De repente el costo es
lo último en mi mente. Todo lo que quiero es ver a un médico y ver uno
rápido. Mi mente gira en un millón de maneras diferentes y todas son
malas.
¿Qué le pasa? ¿Hice algo mal? ¿Va a morir? ¿Va a estar bien? ¿Qué
podría haber hecho de otra manera?
Ojalá Phil estuviera aquí.
A menudo no pienso eso. Pero estuvo allí el primer año de su vida
y es difícil olvidar que solía tener a alguien que se preocupaba tanto por
Ava como yo. De nuevo, si le importara, nunca se habría ido. A veces
pienso que habría sido mejor si él hubiera salido de la ciudad cuando se
enteró por primera vez que estaba embarazada, en lugar de estar allí para
ese primer año. Tuvo la oportunidad de conocerla, ¿por qué no la amó
como yo lo hice? Entiendo por qué me dejó. Lo descuidé, me convertí en
la madre obsesionada y obsesiva que juré que nunca llegaría a ser. ¿Pero
cómo diablos pudo dejarla?
Trago el duro bulto en mi garganta mientras recuerdos afilados
amenazan con deshacerme. Tengo que ser fuerte. Siempre tan
malditamente fuerte.
Debido a que la sala de emergencias está llena, tarda lo que parece
como siempre para que el médico nos vea. Steph le grita a la recepcionista
un montón de veces y creo que Bram y Astrid todavía están paseándose,
a pesar de que no soy realmente consciente de nada, excepto mi hija en
mis brazos. Ava sigue teniendo dificultad para respirar y es sólo cuando
vuelve a vomitar que una enfermera se apiada de nosotros y nos aleja de
las personas quejándose, vendadas, enfermas en la sala de espera.
Todo pasa en un borrón. El médico entra, pero lo único que puedo
oír es mi propio latido, no su nombre. Su cara es una mancha en blanco.
Steph me sostiene el brazo, pero todo lo que siento es Ava.
Lleva a Ava a la cama y la examina. Toma sangre. Me hace
preguntas.
—¿Qué comió?
Steph le dice pasta y queso, completo que normalmente come eso
y nunca tuvo una reacción.
—¿Qué bebió?
Le digo que le di jugo de naranja con agua.
Entonces Steph le dice que Linden le dio algo de Coca-Cola libre de
cafeína.
Esto fue una noticia para mí y ahora Steph se ve avergonzada.
Trato lo mejor de hacer que Ava coma tan sano como sea posible. Coca-
Cola es el enemigo, como cualquier refresco, de dieta o no. Pero tampoco
puedo ver cómo la Coca-Cola podría haber causado esto. No es como si
nunca haya tomado alguna en toda su vida.
El médico asiente y luego me pregunta más sobre sus hábitos
alimenticios y otras cuestiones.
—Está totalmente sana —le digo defensivamente. Entonces
recuerdo los últimos viajes al médico—. Ha estado realmente letárgica
últimamente. Cansada. Irritable.
—¿Por cuánto tiempo ha estado sucediendo esto?
—Unos pocos meses. Pero el doctor, su médico, dijo que se
encontraba bien.
—¿Siempre fue tan delgada?
—Se hizo más larguirucha desde enero —le explico—. Lo mencioné
con el médico y me dijo que era normal.
—Puede ser —dice el doctor—. Pero creo que esto es otra cosa. ¿Ha
tenido su hija sed excesiva?
Esa pregunta me golpea fuerte. Recuerdo ser una niña sedienta al
crecer, siempre optando por beber algo en lugar de comer, por lo que
nunca me pareció tan inusual que Ava sea igual.
—Sí —le digo cuidadosamente, mirando a Steph. Ella asiente.
—Señora...
—Señorita —le informo rápidamente—. No hay ningún señor en la
foto.
Su rostro duro en blanco intenta dar una mirada de simpatía. —
De acuerdo, Srta. Price. Tendremos que ver lo que dicen las pruebas, pero
parece que su hija podría tener diabetes tipo 1.
Jadeo. No puedo evitarlo. Steph tiene mi mano apretada, pero ya
estoy entumeciéndome.
Y continúa—: Y lo que está pasando ahora puede ser la cetoacidosis
diabética. ¿Sabe qué son las cetonas, señorita Price?
—Las cosas que tu cuerpo produce demasiado cuando tienes una
dieta baja en carbohidratos —dice Steph.
Él levanta una ceja. —Sí. Vamos a tener que hacer una prueba de
orina para ver sus niveles y por ahora tenemos la vía intravenosa llena
de electrolitos para rehidratarla y estabilizarla. Pero tal vez necesitemos
darle una inyección de insulina. Y si lo hacemos, va a tener que darle
inyecciones todos los días por el resto de su vida.
No puedo respirar. ¿Diabetes? —Pero nadie en mi familia la tiene
—exclamo—. Siempre comió tan bien. Debe haber algún error.
—Pronto lo sabremos —dice—. Pero el tipo 1 no tiene nada que ver
con la dieta o la historia, no siempre. Su páncreas simplemente no
produce suficiente insulina. Sólo siéntese y volveré.
No sé cuánto tiempo se va. Ava sigue respirando con dificultad,
aunque sus ojos están cerrados. Sigo hablando con ella para asegurarme
de que está despierta, pero está demasiado cansada. La enfermera me
asegura que sus signos vitales están un poco mejor y ya no está en
peligro, que la trajimos a tiempo. Pero aun así, el pánico y la culpa me
pesan como una nube oscura y húmeda.
En alguna parte en la parte posterior de mi cabeza, soy consciente
que Steph está aquí conmigo, perfectamente arreglada y está faltando a
la fiesta de cumpleaños de su marido. Pero también tengo miedo de
decirle que debería irse, temerosa de que lo haga, que estaré sola.
Así que no digo nada y se queda a mi lado.
La noche se extiende más y más. El médico vuelve.
Son malas noticias.
3
Traducido por Julie
Corregido por Pachi Reed15

Nicola
Ava tiene diabetes juvenil tipo 1. Me toma un momento poder
asimilarlo y aunque hay algo de alivio de que haya un nombre para lo
que le ocurre, me doy cuenta de que este maldito nombre —la diabetes—
posee un mundo de connotaciones.
Una enfermedad.
Sin cura.
Mi niñita.
De repente, me encuentro tan llena de rabia con mi médico actual,
de que nunca lo sospechara, de que nunca le hiciera pruebas.
—Ella es muy joven —dice el médico, para controlar el fuego en mi
cara—. Por lo general, sucede a partir de los ocho a diez años. Va a estar
bien y vivirá una larga y saludable vida, siempre y cuando reciba sus
inyecciones.
—¿Y cuánto es el costo? —No puedo creer que esté soltando eso.
Se frota la frente. —Si no tiene seguro, es alrededor de trescientos
dólares para el suministro de un mes. Eso es para la insulina. También
necesitará agujas, una pluma de insulina cuando esté de viaje, y un
dispositivo de control de azúcar en la sangre.
Ni siquiera puedo comprender lo que me va a costar la factura del
hospital, y mucho menos trescientos dólares al mes para mantener con
vida a Ava. Obviamente no hay alternativa —lo pagaré. Pero no sé cómo,
y eso, eso me asusta más que nada.
Steph tiene su brazo alrededor de mí y me dice palabras de
consuelo, que va a ayudar, pero nunca podría dejarle hacer eso. Ni
siquiera puedo comprender algo en este momento.
El médico inyecta a Ava con la insulina en su estómago,
mostrándome cómo hacerlo. Me obligo a concentrarme, a despejar la
niebla y prestar atención. Ava no parece darse cuenta, solo se retuerce
un poco, pero aún parece estar dormida. Steph presta atención también,
diciéndome que ella podría tener que hacerlo un día si no puedo.
Y entonces, tal vez por la bondad de su corazón hastiado, el médico
coloca un frasco de insulina y un paquete de agujas en mis manos y me
dice que esto le va a servir durante un mes. También escribe una receta
para Ava y me dice que todavía necesito un dispositivo de control, pero
rápidamente me muestra con el suyo cómo usarlo para asegurarme de
que sus niveles son normales. Añade que puedo tener una enfermera o
una educadora en diabetes para que me vuelva a mostrar cómo hacerlo
todo cuando, más tarde, lleguemos a casa, además de ayudar con la
reforma de su dieta.
Es demasiado para procesar y no estoy segura de cuánto asimilo.
Sé que tengo que ver al médico de Ava y decirle unas cuantas cosas, y
espero que él pueda explicarme otra vez qué diablos tengo que hacer.
Mantienen a Ava bajo observación unas cuantas horas más. El
tiempo pasa lento bajo el cielo de la noche y especialmente bajo el
resplandor de las luces fluorescentes de un hospital.
Sin embargo, Ava comienza a recuperar su aspecto sano. Continúa
durmiendo, pero su piel luce de un color normal y su respiración es
uniforme. La enfermera me dice que puede volver a casa conmigo en otra
hora.
Miro a Steph, quien luce casi pálida con la fatiga.
—Por favor, ve a casa —le digo—. Te amo tanto por estar aquí, pero
ahora lo tengo controlado.
Me da una sonrisa suave. —Bueno. Pero solo con tu sincera
bendición.
—Es sincera —le digo—. Y dile a Linden que lo siento.
—No es tu culpa —dice, levantándose de la silla y estirando los
brazos por encima de su cabeza—. Y díselo a Linden tú misma. Ha estado
aquí durante horas.
—¿Qué?
—En la sala de espera con Bram. —Frunce el ceño—. Te lo dije,
pero supongo que no me oíste… ni te diste cuenta adónde he estado
yendo cada cinco minutos.
Niego. —¿Y Bram sigue aquí? ¿Con esa rubia sueca?
—Ja —dice—. Ella duró dos minutos y luego hizo que Bram la
llevara a casa de su amigo. No es que la culpe. Sin embargo, me sorprende
que Bram regresara. Voy a ver si puede llevarnos con Linden a casa y
luego volver por ustedes.
—No —digo rápidamente, sin querer que otra persona haga algo
especial por mí—. Está bien, voy a tomar un taxi.
—Nicola —advierte, haciendo una pausa en la puerta—, el dinero
gastado en el taxi sería mejor gastado en tu hija. Además, él tiene tu
sillita de coche. Estoy segura de que no va a haber problema. Llámame
por la mañana, de acuerdo, cariño, y dile a Ava que la quiero. Voy a
pasarme para llevarle algo lindo, y nosotras dos podemos ir a buscar la
medicina de nuevo. Te llevaré a Target. Estoy segura de que tienen
buenas ofertas en su farmacia. Si no es así, por lo menos podremos
comprarnos un poco de cerveza barata.
Después de que la puerta se cierra detrás de ella, siento la frialdad
de la habitación y la fragilidad de la noche. Estoy eternamente agradecida
de que Steph estuviera aquí, pero ahora que me encuentro sola con Ava,
siento que por fin puedo ser yo misma y permitirme los sentimientos que
he enterrado profundamente durante la noche.
Pero las lágrimas no vienen. Nada viene. O me hallo en estado de
shock o simplemente demasiado cansada para caer en la enormidad e
inutilidad de la situación —esta maldita y horrible situación.
Es alrededor de las tres de la madrugada cuando entra la
enfermera, revisa a Ava y con una gran sonrisa, me dice que es hora de
ir a casa. Le quita la intravenosa y yo le vuelvo a poner su ropa, su vestido
que ya está limpio por la amable enfermera.
Recojo a Ava en mis brazos, sosteniéndola arriba y en un estado de
letargo, envuelve sus propios bracitos alrededor de mi cuello. Me tomo
un largo momento para solo respirar y dejar que mi corazón se hinche.
Cuando salgo y camino por los pasillos, me quedo impactada de
ver a Bram sentado en la sala de espera. Está durmiendo en su silla, pero
se encuentra allí cuando no tiene razón para estarlo.
Me tomo un momento para mirarlo. Sus piernas extendidas delante
de él, todavía usando ese mismo traje elegante de antes, aunque ahora
noto que tiene los calcetines más feos del mundo. En realidad, me
confunde un poco —son de color marrón y amarillo, con lo que parece
ser el monstruo del Lago Ness, y no hacen para nada juego con su traje
caro (Armani, por lo que se ve) o el hecho de que está en sus treinta y
tantos. Su cabeza se halla echada hacia atrás, su grueso cuello expuesto,
ojos cerrados. Luce como si se encontrara en la agonía del éxtasis, si no
fuera por el hecho de que lo puedo oír roncar suavemente.
Me acerco y observo su rostro. Nunca lo he mirado de esta manera,
ya que nunca quería que me notara mirándolo —su ego puede
atribuírselo a algo más de lo que es.
Aunque, supongo, tiene derecho a estar impresionado consigo
mismo. Es una buena cara. Cejas arqueadas y oscuras, esa firme y
amplia línea de su mandíbula, labios perfectos que se extienden en una
sonrisa perfecta, astutos ojos grises que siempre parecen a punto de
contarte un secreto, pero no lo hacen, simplemente para jugar contigo.
Es como un felino grande, uno muy, muy grande.
Pero los felinos grandes son peligrosos y por lo tanto son
mujeriegos. Me enderezo y aclaro mi garganta.
Sus ojos se abren de golpe y parpadea un par de veces en mi
dirección. —¿Qué hora es? —Mira a Ava—. ¿Está bien?
Mi boca se tuerce. —Está bien por el momento. —Hago una
pausa—. Lamento que hayas tenido que esperar. No tenía problemas con
tomar un taxi.
—Oye, mi cuñada me pidió que las lleve a casa y yo hago cualquier
cosa por la familia —dice, poniéndose de pie—. Me alegro de que tu
pequeña se encuentre bien.
Asiento, incapaz decir más. Salimos de la sala de emergencia y
vamos a su coche en uno de los lotes. Una vez que Ava está asegurada y
estamos en camino, quiero darle las gracias por el viaje, pero todo queda
atrapado en mi garganta.
—¿Te sientes bien? —pregunta Bram cuando me aclaro la garganta
en repetidas ocasiones.
—Gracias por traerme —me las arreglo para decir, aunque mi voz
no es más que un susurro.
—No te preocupes —dice. Su expresión se vuelve seria bajo las
luces pasajeras—. Pero, ¿te encuentras bien?
Asiento otra vez, tratando de darle una sonrisa tranquilizadora,
pero la presión detrás de mis ojos y nariz se construye, y siento todo
derrumbarse desde adentro hacia afuera. Aparto la mirada por la
ventana, y por segunda vez en dos días, sé que voy a desmoronarme por
completo.
Las lágrimas llegan primero, luego los sollozos que dificultaban mi
respiración. Quiero llorar solo por el hecho de que estoy llorando frente a
Bram de todas las personas, alguien que apenas conozco. Pero estoy
llorando por la desesperanza, la frustración, esa interminable sensación
de ¿por qué yo? Una fiesta de compasión, lo sé. Las tengo todo el tiempo.
Excepto que ahora siento miedo por mí, por Ava, más que lástima. Temo
que no voy a ser capaz de pasar por esto sin tener que adaptar
extremadamente mi vida.
Bram no dice nada, lo que supongo es algo bueno. Simplemente
me ignora y espero que pueda pretender que no estoy allí. No deja de
conducir.
Y después empiezo a hablar. En el momento en que abro la boca,
sé que es un error, pero no hay nada que pueda hacer para detenerlo.
—Me despidieron ayer —digo entre sollozos—. Voy a perder mi
seguro médico en una semana. El alquiler subió en mi maldito
apartamento de mierda. Mi coche no funciona. Ahora Ava se encuentra
enferma. Muy enferma, y no tengo ni idea de cómo voy a pagar por todo
esto, cómo voy a ayudarla a ponerse mejor, cómo voy a ser una buena
madre. Una buena madre tendría su vida organizada, pero no tengo nada.
Simplemente soy… inútil. No puedo mantener un trabajo. Tengo un título
en algo apasionado, no práctico. No tengo nada a mi favor más que ella y
no sé cómo voy a incluso mantenerla viva. Es decir, no pedí esta
responsabilidad, no pedí esto. Pero prometí que cuidaría de ella y es como
si el mundo me pusiera a prueba en cada momento. —Hago una pausa y
trato de pensar en algo positivo para detener las lágrimas, pero no hay
nada—. La insulina me va a costar trescientos dólares al mes. ¿Cómo
puedo pagar por eso cuando apenas podía pagar el alquiler antes, y
mucho menos ahora sin trabajo?
El coche queda en silencio excepto por mi respiración inestable.
Pasan unos momentos, luego Bram dice—: ¿Qué hay de tus padres?
Por supuesto él diría eso, ya que vivió del dinero de sus padres
durante mucho tiempo.
Trago y sacudo mi cabeza. —No. No, mi madre ya ayuda con lo que
puede. Cuida a Ava dos veces por semana. Pero es una jodida sirvienta.
Es decir, si la conocieras, si me hubieras conocido cuando crecía, nunca
lo creerías. Lo que ella ha hecho. Pero cometió un montón de errores y
ahora lo ha perdido todo y… no está mejor que yo.
—Lo entiendo. ¿Y tu padre?
—Es un buen tipo. —Me limpio las lágrimas con la palma de mi
mano—. Pero hablo con él una vez al mes. Hace un montón de trabajo de
caridad en la India y el sudeste asiático. Todo el dinero que tiene, lo da.
—Así que podría darte a ti.
—No es lo mismo —le digo—. Ayuda a los necesitados de verdad.
—Suena como si estuvieras necesitada.
Puedo sentir sus ojos clavados en mí. Bajo la mirada a mis manos.
—No se lo pediría. No quiero que piense que no estoy bien. —Puedo ver a
Bram asintiendo por el rabillo del ojo y el coche está en silencio de nuevo,
y me siento peor que antes.
No pasa mucho antes de que hayamos llegado en frente de mi
edificio. A través del torrente de lágrimas, puedo ver los habituales
drogadictos y vagabundos merodeando afuera. Ellos siempre empeoran
por la noche.
—Voy a acompañarte adentro —me dice Bram, y su profunda voz
rica, me dice que no discuta—. No puedo creer que vivas aquí. No
deberías vivir aquí.
Debería sentirme insultada por eso, pero no lo estoy. —No puedo
creerlo yo tampoco —le susurro. Salgo del coche y con Bram de pie
atentamente entre los drogadictos y yo, saco a Ava del asiento. Él agarra
rápidamente la dosis adicional, bloquea su coche con un alarde llamativo
de su lujoso sistema de alarma, y nos vamos adentro.
Una vez en el vestíbulo, me estiro para tomar el asiento de sus
manos, pero él se mantiene firme. Por una vez, la sonrisa arrogante se ha
ido y se encuentra muy serio.
—Te voy a llevar a tu apartamento —dice—. No confío en este
barrio, y créeme, fui a la escuela en Glasgow. Voy a asegurarme de que
estén a salvo.
—No tienes que hacer eso —digo, todavía sin soltar el asiento.
—No tengo que hacer nada —dice—. Quiero. Voy a hacerlo.
—Tu coche…
Mira por la puerta de cristal a la calle. —Mi coche está muy bien.
Les eché un buen vistazo a todos ellos, y lo saben. La alarma es fuerte.
No se atreverían.
De mala gana suelto el asiento y subo las escaleras hasta el
segundo piso. Me detengo afuera de mi apartamento y saco mis llaves.
No quiero que lo vea ni venga dentro. Es raro, pero siento como que va a
pensar que me conoce si hago eso, como si pudiera conseguir una visión
de mi alma con mis muebles, arte y fotos enmarcadas. Aunque supongo
que después de todo lo que acabo de llorarle en el coche, es probable que
me conozca lo suficiente.
—Este es mi apartamento —le digo, dándole una sonrisa rígida y la
mirada poco amigable que muestro cuando quiero que alguien me deje
en paz.
Se lame sus labios y asiente. —Está bien. —Baja el asiento contra
la puerta—. Será mejor que vuelva a casa. Pero… escucha. —Se inclina
con un brazo en la puerta y me mira tan profundamente a los ojos, que
me veo obligada a escuchar. Diablos, estoy prácticamente hipnotizada—
. Sé que probablemente no sea tu persona favorita y me parece bien. Pero,
sinceramente, creo que puedo ayudarte.
—¿Ayudarme? —digo, un poco demasiado alto. Ava mueve su
cabeza en mi hombro.
Saca una tarjeta de presentación de su billetera y me la tiende. —
Llámame. Mañana. Y hablaremos. Tengo una solución. —Mira el cuerpo
dormido de Ava y luego a mí—. Tiene una buena madre. —Luego camina
por el pasillo y baja las escaleras.
Se va antes de que pueda agradecerle de nuevo.
4
Traducido por Sage
Corregido por Karen_D

Bram
—Déjame masturbarme en tus tetas, nena —le digo a Astrid en una
voz de mendigo que no estoy muy orgulloso.
Me mira, mi polla en la mano, babea en las esquinas de sus labios
húmedos. Es jodidamente hermosa, a pesar de como su mirada vaga
puede ser espeluznante a veces. No estoy con ella por su inteligencia, eso
seguro. Pero teniendo en cuenta lo difícil que estoy tratando de alejarme
de mi pasado, espero por su bien que ella no esté encocada
—¿Soy buena? —pregunta con una voz de niña herida antes de
envolver su lengua alrededor de mi cabeza palpitante.
Es buena. Muy buena. No tengo dudas de cómo lo ha logrado. Algo
en lo que no quiero pensar, al igual que ella preferiría no pensar en cómo
mis labios y mi lengua pueden conseguir que se corra tan rápido hasta
que grite mi nombre. Pero cuando le envié un mensaje de texto esta tarde
para que viniera, contaba con follarla en el suelo. O en la cama. O en
cualquier lugar, en realidad.
Pero ella tiene su período, entones, esto tendrá que ser.
Sinceramente, no me importa el sexo incluso si una mujer tiene la regla.
Eso lo hace desordenado y un aún más caliente. Pero ella, como la
mayoría de las chicas, no puede entender la idea. Y no es que no esté
disfrutando de mi mamada —otra vez, ella es buena. Pero la posición, de
rodillas, hace que mi mente vague.
No quiero hacer eso. He estado haciendo eso un poco demasiado
últimamente. Sobre cosas que he intentado mantener enterradas, cosas
que siguen apareciendo de diferentes maneras. Afortunadamente, estoy
casi listo para venirme, así que me retiro de su boca y la volteo,
empujando hacia abajo sus hombros para que esté en el suelo. Luego me
acaricio y suelto todo por su cuello y hombros, contento de haber
terminado. —Eres un poco rudo —dice con una risa entrecortada. ¿Por
qué todo tiene que ser tan jodidamente gracioso?
—Sólo porque te gusta —le digo. A ella le encanta todo lo que hago
y creo que es por más razones que por sólo lo que puedo hacer en la
cama. El dinero habla más fuerte que muchas cosas—. Quédate quieta.
Voy a buscar una toalla de papel de la cocina y rápidamente limpio
el esperma de su espalda. Me pregunto cuál es la manera más fácil de
deshacerme de ella. En retrospectiva, ni siquiera debería haberla
invitado, pero necesitaba algo para apartar mi mente de Nicola.
La cosa es, cuando le doy a una chica mi número de teléfono,
espero que me llame. Siempre lo hacen. Y ni siquiera se lo estaba dando
con la pretensión de follarla o algo así. Realmente puedo ayudarla.
Quiero. Y ella lo necesita. Es raro que tengo todo eso que necesita.
Pero son las dos de la tarde y no ha llamado. ¿No está curiosa? ¿No
está desesperada? ¿Realmente me odia tanto?
Puedo decir cuando las mujeres "me odian". Ya sabes, como un
precursor para ponerte desnudo, una forma divertida de hacer nuestras
interacciones más emocionantes. Y luego hay mujeres que me odian,
como si quisieran morir. He recibido esa impresión de Nicola desde que
la conocí en un bar a principios del año pasado, justo después de que me
mudé aquí. En ese momento la habría culpado de tener que haber sido
un snob tenso, perO era tan amable con todos los demás y tan tacaña
conmigo, que no pude evitar tomarlo personalmente. Y, por supuesto, ser
desafiado por ella.
Me ha molestado desde entonces. La vi dos veces más después de
eso y fue lo mismo. El cabeceo frío, la mirada de muerte, como si le
hubieran hecho daño en una vida pasada. Cuando la vi en la boda de mi
hermano, pensé que quizá hubiera venido. La besé cuando no debería
haberlo hecho, pero sólo tenía que probar. Y por una fracción de segundo
pensé que quizá podría ganarla. Vi algo en sus ojos que era salvaje y libre
y sólo quería soltarlo como ese maldito peinado de culo que tenía.
Eso no sucedió. Mi polla pudo conmigo.
Ahora creo que ella realmente me odia a muerte. Estoy bastante
seguro de que me vio llevar a esa chica a los arbustos y estoy bastante
seguro de que se enfadó a un punto que no dará marcha atrás.
Sin embargo, cuando le dije anoche que podía ayudarla, no trataba
de hacerla mía, ni para compensar los errores pasados. De acuerdo, tal
vez esa última parte sea un poquito, pero realmente vengo de un buen
lugar. Pero si no me llama, nunca verá eso.
Ahora tengo a Astrid desnuda, desde la cintura para arriba y en el
piso de mi apartamento, limpiando los restos de mi semen fuera de ella
y no sé cómo sacarla de aquí.
Abrocho los pantalones y le doy un bostezo exagerado. —Sabes,
creo que voy a echar una siesta. Tengo mucho trabajo por hacer esta
tarde.
Se levanta, sus diminutos y alegres pechos se balancean delante
de mí. Por una vez no parece vaga, pero sí luce molesta. Es un cambio
agradable.
—¿Entonces, me estas invitando o me estás echando?
—No te estoy echando —le digo mientras tomo su camisa y se la
ofrezco—. Aunque, puede que quieras ponértela.
Me frunce el ceño. —Eres un cerdo —dice, rápidamente
deslizándose a través de un furor de ira.
—Más como un gran puerco —la corrijo—. Tienden a ser más
grandes.
—Primero me invitas a una fiesta y terminas pasándotela en el
hospital. —Fruncí el ceño.
—Oye, no quería que sucediera.
—Bueno, pero sucedió —dice, yendo hacia la puerta—. Y ya he
tenido suficiente. No me llames. —La puerta se cierra detrás de ella.
No me preocupa por la parte de llamar. La mayoría de las chicas
no duran más de una semana conmigo antes de que también hayan
tenido suficiente. Pueden actuar todos mudas y fáciles, pero sé que todos
tienen su límite y soy bastante bueno en arrastrarlas a él cada vez.
Algunos podrían llamar a eso una manera triste de andar por la vida,
pero cuando es sólo tu vida, aprendes a aceptarlo.
Recojo mi teléfono del mostrador y lo miro fijamente. No hay
llamadas perdidas, no hay textos. Ni siquiera tengo su número, así que
no puedo llamarla.
Puedo llamar a mi hermano, sin embargo. Si no está volando el
helicóptero para la compañía de fletamento. Eso haré.
Contesta en el tercer tono, pero la conexión es un poco difusa.
—Sí, ¿qué quieres? —grita Linden.
—No me digas que estás en el aire y que respondes a tu teléfono.
—Estaba a punto de despegar. ¿Qué pasa?
Me aclaro la garganta, preguntándome cómo expresar esto sin que
él consiga la idea equivocada. —¿Cómo está la chica? ¿La pequeña?
—¿Te refieres a la niña de Ava? —pregunta, su voz se eleva por
encima de los motores que puedo oír empezando—. Está bien. Dijeron
que es diabetes, parece que ha sufrido una conmoción. Te encontrabas
ahí.
—Lo sé, me encontraba ahí. Quiero decir, ¿cómo está ahora? ¿Y
cómo está su madre?
—Supongo que está bien o tanto como puede estarlo, no lo sé. Sé
que Steph está en su casa ahora, ayudando. Está muy preocupada. Ya
sabes cómo se preocupa por la gente.
Eso lo sé. Steph es como la madre que nunca tuvimos. No le digo a
Linden o me llevara por las implicaciones freudianas.
—¿Tienes su número de teléfono?
—¿El de Nicola? —pregunta—. No en mi teléfono. Tengo su
Facebook. ¿Por qué?
—No importa —digo, luego me detengo—. Dime algo sobre ella.
—¿Qué? ¿Por qué? Espera. No, Bram. No —ordena, como si fuera
un chucho larguirucho.
—No, no estoy preguntando por eso.
—Correcto, no estás preguntando porque no quieres meterle la
polla.
—Honestamente no lo hago —le digo—. Creo que lloraría si viera
una polla en la vida real.
—Bien —dice secamente—. De todos modos, está fuera de límites
para ti. Ya ha sufrido suficiente. No necesita que mi hermano Gilipollas
joda su vida.
—¿Gilipollas?
—Sí, Bram —dice, cansad—. Mira, tengo que irme.
Cuelga y yo murmuro un juramento al teléfono.
Sólo hay una cosa que hacer.
Pronto estaciono el coche en un garaje cerca de Union Square y
camino varios bloques en el corazón del barrio Manky Tenderloin. Aparte
de buenos lugares de música, el lugar está lleno de locos. No es tan malo
durante el día. Quiero decir, no es bonito, pero la gente realmente te
molesta hasta la muerte con su mendicidad y no son peligrosos. Pero si
estuviera en el lugar de los padres de Nicola, o incluso de sus amigos, no
querría que viviera allí. La idea de tener idiotas fuera de su apartamento
por la noche me hace sentir extrañamente enojado.
Para cuando llego a su casa, me pidieron dinero ocho personas
diferentes y uno me dijo que "huelo a tostada crujiente" a lo largo de todo
el camino con un parquímetro de estacionamiento cortado bajo el brazo.
No estoy seguro si huelo a tostada, pero hace calor. Me han advertido
cómo las estaciones de San Francisco no siguen ninguna lógica o razón.
Me quito la chaqueta del traje, paso una mano por el cabello en un
esfuerzo por parecer respetable, y presiono su número de apartamento
habiéndolo recordado de anoche. Al límite de ser acosador, lo sé.
—¿Hola? —Finalmente escucho su voz a través del distorsionado
intercomunicador.
—Nicola, soy Bram.
Más distorsión. Silencio. Tal vez ha colgado.
—De anoche —continúo—. Y de otras veces.
—Uh, hola…
—¿Puedo subir?
Puedo escuchar a Steph en el fondo. —¿Quién es?
—¡Dile que su cuñado! —grito y luego estoy desconectado.
Miro a la puerta preguntándome si me estarán diciendo que me
vaya a la mierda cuando retumba y subo.
Lo curioso de Nicola, lo que he deducido de lo poco que sé de ella,
es que si hay alguien que no debería estar en un lugar como este —barras
en las puertas, moho en las paredes de las escaleras, manchas en la
alfombra— es ella. Tal vez algunos hipsters podrían hacer que funcione,
o James y Penny, los amigos de Linden en el lado alternativo que podría
llamar a este tipo de vida como "ser real." Pero Nicola parece demasiado
rígida y remilgada para este lugar, como que debería haber nacido en un
palacio en su lugar. Por el modo en que hablaba, mejor dicho lloriqueaba,
en mi coche, me da la sensación de que mi teoría es verdad.
Justo antes de que esté a punto de llamar a la puerta, se abre y
Stephanie me mira fijamente con un suspiro en sus labios.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunta, bloqueando la puerta.
—¿Qué eres tú, su perro guardián?
—Bueno, soy una perra a veces —dice—. Guau, guau.
—¿Puedo entrar?
Sacude la cabeza, sus pendientes de calavera moviéndose. —¿Por
qué?
—Quiero saber si están bien.
Una línea se forma lentamente entre sus cejas. —Van a estar bien
—dice en un tono agotado—. Lo siento, Bram, no estoy acostumbrada a
que te preocupes por la gente.
Supongo que lo merezco. —¿Puedo hablar con Nicola? ¿A solas?
Steph se estremece. —¿Qué?
Miro por encima de su hombro y veo a Nicola aparecer justo al otro
lado de la puerta. Se ve terrible. Su cabello está grasiento y recogido hacia
atrás, su rostro pálido, sus ojos hinchados y rojos. Aparte de triste, sin
embargo, realmente no puedo leer su cara y decir si está contenta de
verme, o cabreada, o indiferente. Apuesto a que es la última.
—Hola —le digo—. Sólo quería comprobar las cosas. Nunca
llamaste —agrego.
Steph mira entre los dos. —¿Te dio su número?
—Tarjeta, en realidad —dice Nicola irónicamente.
Steph dobla los brazos sobre su pecho e intento no mirar fijamente
su escote. Maldita sea, Linden es un tipo afortunado. Lo bueno es que
pienso en ella más como una madre. —¿Qué te dije? —le susurra Steph
con dureza.
Levanto una ceja. —¿Qué le dijiste?
—No importa —dice rápidamente, fijando sus ojos en mí. Es como
una madre gallina con dientes en ese pico. —Te estoy vigilando —me dice.
Levanto mis brazos hacia arriba. —Vigila todo lo que quieras, nena,
estoy acostumbrado.
Nicola da un pequeño suspiro de resignación. —Está bien Bram,
puedes entrar. Sólo se silencioso, Ava está durmiendo.
¡Victoria! Paso dentro y echo un vistazo rápido de mi entorno.
Parece la casita de una abuela moderna. Del tipo que pone volantes y
tapetes en todo, pero también escucha a los Rolling Stones en vinilo para
recordar los días en cuando se drogaba tanto.
Nicola se acerca a su diminuta cocina, que está llena de vasos y
platos brillantes. —¿Quieres café? ¿O té?
¿Admito que bebo té con café? Infiernos. —Me encantaría una taza
de té, por favor. ¿Tienes té negro de naranja o Earl gray? ¿Con crema?
No puedo ver su rostro, pero sé que no parece demasiado
impresionada. —Tengo chai.
—Está bien —digo, consciente de que Stephanie me está mirando—
. ¿Qué? —le digo.
Sólo estrecha los ojos, me señala con el dedo como si estuviera a
punto de decir algo, luego coge su bolso. —Bien, Nic —le dice—. Me voy
a ir. Llámame más tarde, ¿de acuerdo? ¿Por favor? —Ahora, no estoy
seguro si eso de por favor es debido a la situación de Ava o el hecho de
que estoy aquí.
—Lo haré —dice Nicola—. Gracias por todo.
—¡Te amo! —Y luego Steph se va por la puerta y estoy solo con
Nicola.
De repente, se siente muy incómodo. Mientras el hervidor está en
marcha, me siento en su sofá. Es como hundirse en un malvavisco. Me
temo que no podré levantarme.
No está hablando, así que intento llenar las lagunas.
—Bonito apartamento —comento.
—Gracias —dice, todavía dando vueltas en la cocina.
—¿Has heredado todos tus muebles de tu abuela o algo así?
Me lanza una mirada asesina por encima del hombro. —Son
decorativos.
Me encojo de hombros y paso mis manos sobre los cojines del sofá.
Puedo sentir todos los hilos ásperos donde ella intentó coser cualquier
rasgón o corte. No creo que los tenga por amor, sino por necesidad.
—¿Cómo está tu pequeña? —pregunto.
No dice nada por un momento. Su voz es calma. —Creo que lo estoy
pasando peor que ella.
Oigo que vierte el agua y el “clank” de una cuchara contra la
porcelana y se acerca, colocando una taza de té en la mesa de café delante
de mí. Es negro.
—Lo siento —dice, acunando su propia taza de té y sentada en el
extremo opuesto del sofá, las piernas acurrucadas, lo más lejos posible
de mí—. No tengo leche en casa. Soy intolerante a la lactosa.
Aunque está encorvada en un rincón, no parece tan cómoda. Su
cabeza está alta, la barbilla hacia fuera y su boca se fija en una línea
firme. No puedo leer sus ojos en absoluto, así que dejo de intentarlo.
—¿Conseguiste la medicina? —pregunto.
Asiente y toma un sorbo. —Gracias a la insistencia de Steph en
pagar, sí. El médico del hospital me dio un suministro mensual de
insulina, pero Steph pagó por todo lo demás. El farmacéutico de Target
nos dio un curso intensivo de inyección de nuevo, así que no tengo que
ir a pagar a mi médico tampoco. —Exhala pesadamente—. Realmente
necesitaba ese recordatorio. Anoche parecía una horrible pesadilla. —Me
mira y tal vez veo su cara suavizándose—. Gracias de nuevo por eso.
Arruiné la noche de todos.
—La mierda ocurre—le digo moviendo mi mano—. No es gran cosa.
—Apuesto a que tu novia se encontraba molesta.
—Sí. —Asiento—. Pero no es mi novia. Especialmente no ahora. —
No digo nada más.
—Entonces, ¿de qué querías que te hablara? —Dice, sonando
cansada. Me doy cuenta de que hablar conmigo es probablemente lo
último que quiere hacer.
—Parece que necesitas una siesta —le digo. Sus ojos se ven tristes
y me doy cuenta de que es una cosa tonta para decir. Nadie quiere oír
que sus ojos parecen cansados—. Quiero decir, todavía te ves muy
caliente, pero pareces cansada como el infierno. —Y ahora lo estoy
haciendo peor.
—No me atrevo a dormir —dice. Parece encogerse ante mis ojos—.
No ahora, no cuando algo le pueda pasar.
—Podrías —digo—. Ahora mismo. Sólo toma una siesta. Me
quedaré aquí. Me levantaré, me aseguraré de que todo esté bien.
Me mira como si estuviera loco. A lo mejor si lo estoy. No tengo ni
idea de por qué me ofrecí voluntariamente para hacer eso, tal vez porque
es lo correcto, pero suena como la trampa más grande del mundo.
—No, gracias —dice, con un poco de disgusto—. Así que… —Suena
impaciente ahora—. ¿Qué es lo que quieres de mí, Bram?
Me inclino hacia adelante en mis codos y giro el reloj en mi muñeca
una y otra vez.
—Tengo una proposición para ti.
Me observa por tanto tiempo que tengo que mirar hacia arriba. No
parece curiosa, se ve preocupada.
—¿Va a ser como 'Proposición Indecente'? —pregunta—. Porque
Robert Redford pierde al final.
—A) Estoy sorprendido de que seas lo suficientemente mayor para
recordar esa película —le digo—. Y B) no, no es nada como eso. Sé que
mi reputación me precede.
—Lo hace. —Toma un sorbo rápido de su té.
—Pero, esta oferta viene de una buena intención. Una intención
honesto. —Hago una pausa—. Creo que deberías mudarte conmigo.
Casi deja caer la taza.
5
Traducido por Jadasa & AnnyR’
Corregido por Julie

Nicola
Para mi primera semana con veintinueve años y segunda semana
siendo la propietaria de una pequeña empresa, me pregunto si he
arruinado una de las mejores amistades que he tenido.
No, James y yo no, aunque él fuera la causa. ¿Lo escuché bien? Mi
mano comienza a temblar y bajo la taza de té caliente antes de que me
queme.
—Lo siento, ¿qué? —le pregunto a Bram, desconcertada—. ¿Me
pediste que me mudara contigo?
Me da una sonrisa apaciguadora. —No exactamente. Lo que quiero
decir es que el apartamento al lado del mío está desocupado. El inquilino
se mudó a principios de mes. Creo que deberías tomarlo. Puedes vivir allí
sin pagar el alquiler, hasta que consigas un buen trabajo y te estabilices.
¿Qué te parece?
¿Qué me parece? No tengo ni puta idea. ¿Por qué Bram McGregor
me ofrece un lugar donde vivir de forma gratuita? No tiene ningún sentido
y no quiero nada de ello.
—Puedes pensarlo... —continúa.
—No —digo y se ve sorprendido—. Lo siento, pero… no. ¿Mudarme
a tu apartamento vacío? ¿Por qué? ¿Por qué harías eso? ¿Por qué no
alquilarlo por miles de dólares al mes, que es lo que estoy segura que
cuesta el alquiler?
—Pero no quiero que el alquiler sea tan alto —dice.
—No importa lo que quieres —digo—. Tienes una hipoteca sobre
ese lugar y sé que cuesta una fortuna. —Y no alardea con todo lo que he
sabido sobre Bram. Ha crecido con dinero. Lo gasta como un apostador
que piensa que no tiene nada que perder. Todo acerca de Bram grita:
“¡Estoy aquí para ganar y gastar dinero!” Permitir que Ava y yo vivamos
en su edificio de apartamentos de forma gratuita, estropearía
completamente esos planes.
No tiene ningún sentido y con certeza, eso no me gusta.
—Déjame a mí preocuparme por los asuntos de dinero —dice,
enrollando las mangas de su camisa de vestir. Noto su bronceado
perpetuo, su piel con un bonito bronceado color miel que no creo que sea
falso, y hace que me pregunte en qué parte de la tierra ha conseguido ese
color. Sus antebrazos son grandes, musculosos y tonificados. Los
antebrazos son mi debilidad. Al igual que las manos. También tiene
buenas manos, grandes y fuertes.
Me atrapa mirando fijamente y sonríe, solo un poco. —Por favor,
esto no es nada extraño.
—Claro que lo es —me burlo, apartando la mirada—. Esta es una
oferta increíblemente generosa y me cuesta creer que no venga de un
lugar despreciable.
Se estremece. —Guau. ¿Tan mal piensas de mí?
—No pienso en ti en absoluto —respondo en seguida.
Articula—: Auch. —Por un momento me siento mal, pero luego lo
recuerdo llevando a esa chica en los arbustos y lo humillada que me sentí,
y ya no me siento tan mal.
—¿Qué es lo que en verdad quieres? —pregunto—. Sé honesto.
Levanta las manos. —Estoy siendo honesto. Quiero ayudarte a ti y
a tu pequeña. A veces las personas hacen cosas porque pueden ayudar y
porque quieren hacerlo.
No me lo creo. Entrecierro los ojos. —¿Qué quieres a cambio?
—Nada —dice, sonando extrañamente sincero.
—Bien. Como si no se supone que deba ser tu esclava sexual o algo
así y, como, chupártela cuando quieras. Nada es gratis. —Muchacho, lo
sé.
Sonríe. —Cariño, no sabrías qué hacer con mi pene, aunque lo
intentes.
—¡Desde luego que lo sabría! —exclamo, incapaz de contenerme.
Lamento mis palabras inmediatamente.
Pasa un segundo largo y mortificante en el que arquea lentamente
su ceja oscura, con un destello en su ojo. —Oh ¿en verdad? —reflexiona,
en tanto una sonrisa baila en sus labios.
Mierda.
Cruzo los brazos. —Sabes a lo que me refiero.
—En realidad no. Pero podrías demostrármelo.
—No creo esto en lo absoluto, lo sabes.
Pone los ojos en blanco y se levanta. En otro momento de mi vida,
una ingenua llena de sexo sin sentido e idiota, estaría completamente
enamorada de lo guapo que es este hombre. Porque, en realidad, lo es.
Pero en esta vida, la suerte que me ha tocado (no he tenido buena suerte
en mucho tiempo, si sabes a lo que me refiero), su buena apariencia y
cuerpo sexy, y trajes lisos no significan nada para mí.
—Mira —dice—, seré honesto contigo. No estoy tratando solo de ser
un buen tipo.
Y la verdad sale. Libero un suspiro de alivio puesto que finalmente
estamos llegando a algún sitio.
—Si acojo a un residente de bajos ingresos —explica—, alguien que
no puede encontrar una vivienda acorde a sus ingresos en la ciudad,
entonces obtengo un gran recorte de impuestos del gobierno.
—Bueno, ¿por qué no lo dijiste al principio?
Me da un perezoso encogimiento de hombros. —Pensé que podría
ganar algunos puntos extra de bizcocho de chocolate contigo.
—¿Y por qué querrías hacer eso?
—Supongo que no quiero vivir al lado de una perra.
De hecho me río de eso. —Me parece justo.
Mete las manos en los bolsillos y me mira. —Entonces ¿qué dices?
¿Crees que tú y Ava estarán cómodas en un bonito edificio al sur de
Market? ¿Alquiler gratis, tomarte el tiempo para conseguir un trabajo,
encargarte de las cosas?
Suena demasiado bueno para ser verdad. Dudo.
—¿Puedo pensarlo?
—Por supuesto —dice. Mira su reloj—. Será mejor que me vaya.
Tienes mi tarjeta, ¿verdad? ¿No la escupiste y tiraste a la basura?
—Todavía la tengo.
—Bueno. Porque si no tengo noticias de ti durante los próximos
días, tendré que encontrar a alguien más. No quiero tener que
presentarme aquí sin avisar otra vez. Y supongo que tampoco vas a darme
tu número de teléfono.
—Te llamaré —le digo y esta vez sé que lo haré.
Simplemente no sé qué voy a decir.
Después de que Bram se fuera, me tomo mi tiempo para pensarlo.
En realidad, no tanto. Ava se despierta de su siesta y aunque se comporta
animada y feliz como siempre, como si ni siquiera hubiese ocurrido lo de
anoche, también pregunta si tendrán que pincharla con la aguja mañana.
No puedo mentirle. Le digo que la aguja tiene medicina que la mantendrá
fuerte y saludable, para que pueda convertirse en una niña grande.
Parece entenderlo pero... aún es algo que no puedo aceptar.
Antes también fue un reto darle la inyección y si Steph no hubiese
estado conmigo, no creo que podría haberlo hecho. No parece correcto
hacerle sufrir a tu hija, a pesar de que es la única manera a partir de
ahora, incluso si es lo que le ayudará en el final.
Pero tan orgullosa como soy, tanto como quiero rechazar la oferta
de Bram, honestamente no puedo hacerlo. Por el bien de Ava, no puedo.
Debo tragar mi orgullo si va a tener una oportunidad en la vida. Al vivir
sin pagar el alquiler, ahorraría mil al mes. Si utilizo ese dinero en comida
y medicina, podríamos arreglárnosla. No sería divertido, pero podría
hacerlo. Y eso es antes de que consiga un trabajo. Sé que no puedo
permitirme ser demasiado exigente con eso, pero decidí darle otra semana
solo para ver si puedo tener una buena posibilidad con algo de mi campo
que pague bien. Es arriesgado, pero tengo que intentarlo.
Nos preparo a ambas un poco de aguacate en rodajas de pan de
grano entero (el médico dijo que la alimentación actual, baja en azúcar,
era excelente y debía mantenerla. Es bueno saber que al menos no sufría
por ello). Nos sentamos en el sofá y, entre bocados, le leo un libro
ilustrado a Ava. En algún lugar del edificio, oigo a una pareja que discute
en voz alta. El vecino por encima de mí está duchándose, así que los
tubos agitan las paredes. Pensar que podría estar fuera de este lugar, un
pie fuera del lío, un pie hacia mi futuro.
Espero que esto no se deba a nada más. Que Bram no espera nada
de mí. Realmente no pensé que sería su esclava sexual. Quería burlarme
de su actuar de mujeriego, pero aun así, me cuesta creer que al final no
estaré en deuda con él. Es espantosa la idea de deberle algo, cualquier
cosa, a un hombre como ese.
Y también odio encontrarlo algo emocionante.
Miro fijamente mi teléfono sobre la mesita de café. Podría llamar a
Steph y escuchar su opinión, pero al final, no va a cambiar nada. Ya sé
lo que hay que hacer.
Busco la tarjeta, agarro mi teléfono y disco.
—¿Hola, Bram?
—No puedo creer que estés haciendo esto —me dice Steph cuando
entra en mi apartamento casi vacío y me entrega un vaso gigante de café
que acaba de recoger de Bluebottle. Tomo un sorbo, aunque me quema
los labios y garganta en tanto examinamos el lugar.
Es sábado por la mañana y poco más de una semana después de
que le dije a Bram que aceptaba su oferta de mudarme a su edificio de
apartamentos. Mi propietario se enojó con mi breve aviso, pero ya estaba
así, por lo que no hizo mucha diferencia. Con Steph, Kayla, y a veces
Linden, pudimos empacar mi apartamento muy rápido. A pesar de que
es un lugar pequeño, me sorprendió la cantidad de basura que acumulé
a lo largo de los años. Creo que en algún lugar en mi interior, existe un
acaparador sentimental, pero fue muy liberador tirar un montón. Hacer
borrón y cuenta nueva.
Ava pasa el día con mi madre en Livermore, lo cual es maravilloso,
aunque me pone extremadamente nerviosa que le aplique correctamente
la insulina. Sé que no debería dudar de mi madre; le mostré cómo hacerlo
y tiene una vecina con diabetes por si necesita ayuda, pero creo que mi
medidor de preocupación ha sido elevado para el resto de mi vida.
Steph, Kayla, Linden y Bram me están ayudando con la mudanza.
Bram dijo que pagaría con mucho gusto el costo de una empresa de
mudanzas, pero no quiero más de su caridad, y para ser honesta, quería
verlo sudar un poco. Hemos estado en marcha desde las seis de la
mañana y trabajando como maníacos para tenerlo todo empacado. Con
unas cuantas cajas nos hallábamos de vuelta en el apartamento,
probablemente —espero— por última vez.
Reflexiono sobre lo que Steph acaba de decir. —¿En un buen o mal
sentido?
—En el buen sentido —dice, bebiendo su propio café un segundo,
dejando marcas limpias en la tapa con su brillante pintalabios magenta—
. Quiero decir, esto es increíble. Solo espero que Bram se mantenga fiel a
su palabra.
—Bueno, soy un caso de caridad, ¿recuerdas?
—Tengo que decir que también me sorprende. Porque nunca supe
que fuera de hacer actos de caridad, incluso cuando involucraba recortes
de impuestos. —Me sonríe—. Pero sabes qué, ya sea caridad o recortes
de impuestos o lo que sea, esto es increíble para ti.
—¿Ya casi terminamos? —pregunta Kayla, apareciendo en la
puerta. Su pálida piel sonrojada por el sudor, su largo cabello negro
recogido en una cola de caballo debajo de una gorra de béisbol rosada.
No está usando maquillaje y como de costumbre, se ve fantástica. Heredó
de su madre japonesa su piel perpetuamente impecable.
—Casi —le digo—. Hay una caja para ti. —Señalo con la cabeza
una enorme en la esquina.
—Oh, genial —dice sarcásticamente y se acerca, inclinándose para
levantarla—. No me digas que todos tus libros de tapa dura están aquí.
—Almohadas y cojines —digo justo cuando lo levanta con facilidad.
Se acerca y mira a su alrededor las paredes vacías. Ni siquiera
parece que viví aquí. —Guau. Sé que hiciste este lugar muy lindo, Nicola,
pero creo que todos necesitamos tomar champán esta noche para
celebrar el hecho de que no tengo que volver a este maldito vecindario ni
dejar que Hustlin Joe me pidiera cambio y una mamada cada vez que
visite.
—¿Hustlin Joe? —repito.
Se encoge de hombros. —Sus palabras, no las mías. De acuerdo,
señoras, ¿han terminado de admirar el techo manchado de agua y el
linóleo pelado? Porque los hombres quieren poner en marcha este
espectáculo. Recuerden que desempacar es tan malo como empacar.
Respiro profundo. Me encuentro lista.
Salimos y veo a mi casero, que pronto será el ex señor Stanley, de
pie junto al edificio con los brazos cortos cruzados sobre su vientre,
fumando un cigarrillo y mirando a la furgoneta en movimiento. Eso fue
lo que permití que Bram contratara para el día.
—Señor Stanley —le digo, acercándome, acunando mi caja que he
etiquetado como “Mierda de cocina”. En un segundo, Linden viene y toma
silenciosamente la caja de mis manos y la pone en la furgoneta.
—No esperes obtener una buena referencia de mí —me dice
Stanley, con el humo del cigarrillo saliendo por los lados de su boca
gorda. Frunce el ceño tanto que parece que es uniceja.
—Bueno, eso no es justo —le digo tranquilamente, aunque lo que
en verdad quiero hacer es decirle unas cuantas cosas que pienso—. Le
habría dado un aviso de un mes, pero simplemente no terminó de esa
manera. ¿No prefiere esto a que no le pague el alquiler y tenga que
desalojarme?
—Pero me gusta desalojar a la gente —dice con una sonrisa—. Y de
esta manera, no recuperas tu depósito de seguridad.
Mierda. Mierda. ¡Mierda! Me olvidé por completo de ese depósito.
En este momento, quinientos dólares es un montón de dinero para mí.
—¿Hay algún problema aquí?
De repente Bram está a mi lado y pone una mano sobre mi hombro.
Es cálida y constante en la mañana fresca y gris. Se siente bien. Tal vez
sea por eso que quiero sacarla.
Pero no me atrevo en frente del señor Stanley. Además, Bram está
poniendo un frente bastante intimidante. Por una vez no lleva un traje,
sino que viste vaqueros oscuros y una camiseta blanca que se adapta a
todos los contornos de su cuerpo y muestra sus músculos. Había estado
tratando de ignorar durante el movimiento, no el bronceado de su piel ni
la forma en que sus brazos se flexionan cuando eleva algo o la mancha
húmeda de sudor en su espalda. Pero ahora me siento agradecida de que
su volumen esté en exhibición porque no quiero por un segundo que el
señor Stanley piense que puede salirse con la suya con su idiotez.
—No hay ningún problema —dice el señor Stanley con una mueca
de desprecio. Arranca su cigarrillo de la boca y mira a Bram que lo supera
en altura, como a casi todos los demás—. Solo le informo a la chica cómo
ser un buen inquilino. Te vas como un buen inquilino. Ella, no.
—La chica —dice Bram en su acento—, se va porque ella y su hija
no quieren vivir en un infierno infestado de ratas. ¿No cree que no he
estado dentro de tu edificio y visto cuántas violaciones de códigos de
construcción ha roto? Por no hablar de las que le quitarían el puesto de
administrador de edificios.
La expresión del rostro del señor Stanley vacila por un momento.
No creo haber visto sus cejas separadas.
—También he estado sacando mierda de su apartamento todo el
día —continúa Bram y saca su teléfono, agitándolo delante de él—. Tengo
fotografías de las barreras entre pisos dañadas, diseñadas para prevenir
la propagación del fuego, un sistema roto de rociadores secos, un panel
de control del sistema de alarma contra incendios que destella
“problemas” y un plan de seguridad contra incendios desactualizado, así
mismo como excrementos de ratas en los pasillos, un ascensor que no
funciona, lo que fuerza a todas las personas, incluso los ancianos, a usar
las escaleras, y el daño de hormigas carpinteras en el vestíbulo. Asumo
su propagación por el resto del edificio.
Me quedo boquiabierta. ¿Bram se dio cuenta de todo eso?
El señor Stanley se queda pálido. El cigarrillo le tiembla en la mano.
—Una llamada al cuerpo de bomberos y le harán una multa de al
menos veinte mil dólares —le dice, con la cabeza en alto—.
Probablemente, también perderá su trabajo. O podría devolverle a la
chica su depósito de seguridad y nos pondremos en camino.
—Guau —oigo a Kayla decir detrás de mí—, Bram es el hombre.
Bram me mira brevemente y guiña un ojo. —Hay otra consigna
para ti. —Luego posa una mirada fija sobre el señor Stanley—. Entonces,
¿qué decide?
El señor Stanley no tiene que pensarlo dos veces. Saca
bruscamente su chequera del bolsillo trasero y me escribe un cheque de
quinientos. Me lo entrega, incapaz de mirarme a los ojos ahora y
rápidamente se dirige de nuevo al edificio.
—Y no se preocupe por ser su referencia —dice en voz alta Bram
detrás de él—. Me tiene para eso. —Me da un codazo en el costado—.
Vamos, salgamos de aquí.
Nos dirigimos a la furgoneta donde Steph, Kayla y Linden nos están
mirando. Rápidamente le doy a Bram una mirada de soslayo. —De verdad
quieres gustarme, ¿verdad?
Sonríe, con hoyuelos y todo. —Oh, te gusto. Todavía no lo sabes.
—Asiente hacia Linden—. Vamos, hermano, vamos.
Me acerco a Steph, que nos llevará a mí y a Kayla en su coche.
Kayla le grita en Bram—: ¿En serio notaste todas esas violaciones?
Asiente. —He aprendido algo como administrador de edificios. Y
créeme, la próxima semana, voy a llamar a los bomberos.
Las tres nos detenemos en la acera y observamos como entra en la
furgoneta y comienza a emitir un ruido sordo.
—Maldita sea —dice Kayla mientras conducen—. Eso fue algo sexy.
—Me mira—. Eres afortunada al mudarte junto a ese hombre. —Hace
una pausa, con los labios fruncidos—. ¿También te vas a mudar a su
cama?
Pongo los ojos en blanco. —Demonios no. Quiero decir, tal vez es
un poco más amable de lo que pensé al principio. —Kayla arquea las
cejas—. De acuerdo, mucho más, pero sigue siendo un idiota.
—Idiota es una palabra fuerte para ti, señorita buenos modales —
se burla—. ¿Tiene esto algo que ver con lo que pasó en la boda? —
pregunta.
—No —digo, mirándola de reojo antes de dirigirme hacia el coche
de Steph—. Y no viste nada, por lo que no vayas pensando que algo pasó
entre nosotros. No sucedió. Realmente no.
Siento a Steph y Kayla intercambiando una mirada detrás de mí.
Más tarde en el carro mientras bajamos, Kayla me golpea el hombro
desde el asiento trasero. —¿Por qué crees que es un idiota?
Soplo un poco de cabello que se soltó de mi moño. —Porque… es
un mujeriego.
—Eso no lo hace un idiota. Lo hace divertido.
Lo que me parece “nada divertido”, pienso, recordando lo que me
dijo en la boda.
—Simplemente no confío en tipos así —le digo después de un
momento.
—Pero no estás saliendo con él —dice—. Así que no tienes que
preocuparte por eso, ¿verdad?
Sacudo la cabeza. —Tienes razón. No lo estoy. —Y, no debería. Pero
esa noche se reproduce una y otra vez en mi cabeza, la dulce sensación
de sus labios, la aguda punzada del rechazo. Probablemente no ayuda
que el último hombre que besé, la última persona que me excitó y me
hizo sentir algo, en lugar de nada, fue Bram.
Una vez que vayas por Bram, no te importará una mierda. Pero sí
me importaba.
—¿Por qué todas las preguntas, Kayla? —pregunta Steph, su tono
cauteloso mientras la mira a través del espejo retrovisor.
—Puedo hacer preguntas —dice Kayla.
—Mmm hmm. Pero tienes esa mirada en tus ojos.
—¿Qué mirada? Soy asiática, tú racista.
—Cállate —dice Steph—. Sabes que mirada. La que tienes cuando
encuentras tu siguiente revolcón.
¿Oh? Me giro en mi asiento y miro a Kayla. Síp, tiene esa mirada.
—¿Estas interesada en Bram? —le pregunto. Rompió su
compromiso con su ex-novio hace un par de años y ahora estaba
perpetuamente soltera pero no por no intentarlo. Cualquier cuerpo
caliente y se le va encima. Incluso tuvo una aventura con Liden por unas
pocas semanas cuando Steph y él eran solo buenos amigos. No estoy
segura de como manejó eso Steph, pero no guarda rencor como yo.
Kayla se encoge de hombros pero puedo ver a través de ella. —No
lo sé. Es muy ardiente, es todo. Y tiene dinero. Tiene ese atractivo de
chico malo pero la apuesta como que se alza porque es un hombre, no
un niño. Digo, ese es un hombre. Si te engancharas con alguien así,
probablemente arruinaría tu vagina para todos, después.
Levanto la nariz. —Qué manera de tener clase.
—Sí, Kayla, hablas de mi cuñado —la amonesta Steph.
—Y qué —dice—, no son parientes de sangre. Me dijiste que creías
que su hermano estaba caliente.
—Así es. Pero él no es Liden.
Kayla rueda los ojos y vuelve a caer en su asiento. —Por supuesto
que no es Liden. ¿Cómo se atreve alguien a ser como Liden? —dice con
burla—. Sabes, Steph, solo porque estés casada no quiere decir que estás
ciega.
—Seguro, pero no trato de pensar en Bram como alguien sexy. Sin
embargo, tienes razón. Lo es. Y si no te importa jugar, entonces ve por
ello y diviértete —dice—. Pero no vengas llorando si no funciona y no te
atrevas a joder con la relación que tienen todos en este momento. Sabes
que ya lo hiciste una vez —agrega en voz baja.
Ah, así que Steph no ha olvidado del todo la conexión de Liden y
Kayla.
Kayla se calma. Manejamos un poco y luego dice—: Bien. Creo que
un hermano McGregor fue suficiente para mí.
Me aprieto la cabeza y veo a Kayla sonriendo maliciosamente. Las
manos de Steph son cada vez más blancas en el volante. Siento que nos
encontramos a pocos segundos de una pelea de gatas y comienzo a
preguntarme qué haré para tratar de separarlas. Tengo los brazos fuertes
por levantar a Ava y los asientos de seguridad.
Pero Kayla se echa a reír y golpea a Steph en el hombro. —¡Estoy
bromeando! Jesús, ¿ya no podemos bromear sobre el pasado?
Steph le da una mirada sucia. —Las cosas cambian cuando estás
casada.
—Y es por eso que cancelé mi compromiso —dice Kayla—. No me
encontraba lista para eso. Pero tú y Liden sí. Y no te preocupes, no me
acercaré a Bram. —Me mira—. Es todo tuyo.
—¿Mío? Primero, Bram no es nada mío, excepto un propietario, y
en segundo lugar… no sé. No aprecio exactamente que me digan que
puedo tener algo, como si no tuviera una oportunidad con Bram si Kayla
fuera tras él.
Puedo sentir los ojos de Steph lanzarse entre el camino y yo. —No
—dice Steph—. Nicola necesita un buen chico. Y aunque Bram es
generoso, es decir, ha aumentado su juego últimamente, como todos
sabemos, él la masticaría y la escupiría.
—Podría ser divertido ser masticado —dice Kayla.
Ojala ese pensamiento no hubiera cruzado por mi mente.
Por fin llegamos al edificio de apartamentos y todo es tan
surrealista. Me doy cuenta de que no he procesado que me he mudado a
este lugar. Es decir, el edificio no es nada especial. Tiene dos pisos con
ventanales típicos de la ciudad y este color rosado taupe, que Bram dice
que va a pintar de azul cobalto en unas pocas semanas. Pero, aunque
está en el lado antiguo, es limpio y renovado. El pequeño vestíbulo tiene
azulejos de estilo art deco. No hay verjas en las puertas. La gente tiene
felpudos afuera de sus puertas y hay acuarelas vivas de la ciudad en los
pasillos.
Mi apartamento es aún mejor. Está en el segundo piso y es de dos
habitaciones. Ambas alcobas son apenas lo suficientemente grandes para
una cama, pero aun así, Ava puede tener su propio espacio, algo que sé,
la emocionaría. No puedo esperar hasta más tarde esta noche, cuando
mi mamá la traiga y llegue a ver el lugar. No habíamos tenido tiempo para
mirarlo hasta ahora.
La cocina es encantadora, así con azulejos blancos del metro y
aparatos brillantes y una ventana sobre el fregadero que dan hacia las
palmeras en el patio trasero que se extiende a lo largo de la propiedad. El
horizonte de la ciudad se extiende en el fondo, desde la Pirámide de
Transamerica a la Parte Superior de la Marca. Hay pisos de madera en
todas las habitaciones y molduras de la corona en las paredes. Es
absolutamente precioso y perfectamente yo.
Sin embargo, la mudanza y el desembalaje parecen tardar más que
para empacar, tal vez porque ahora aquí, estoy tan emocionada que no
puedo esperar a decorar y poner todo en su lugar perfecto. Mis muebles
se ven un poco en mal estado, y ya no en esa manera elegante, así que
tal vez cuando me consiga un poco de dinero puedo ir a IKEA también.
Todos están cansados después de la mudanza y me gustaría poder
comprar cerveza y pizza pero Kayla está rechazando los carbohidratos
por el momento y Steph no me va a dejar gastar mi dinero. Bram
desaparece en su departamento —justo al lado, la unidad de la esquina—
y sale con una botella de champaña y un six-pack. Todos sacamos una
caja y nos sentamos, hablando, bebiendo y estirando nuestros músculos
doloridos.
Eventualmente, Steph y Liden son los últimos en irse. Somos solo
Bram y yo en mi apartamento ahora, el que supongo es su apartamento,
y falta por lo menos otra hora para que lleguen mi mamá y Ava.
—Así que… —dice, de pie y cruzando los brazos sobre su enorme
pecho. Examina la sala de estar, la cual es un desastre de cajas y
muebles—. Este va a ser tu hogar.
—Hasta que me estabilice —le recuerdo rápidamente, mientras me
inclino contra el mostrador de la cocina.
—Bien, tuve la impresión de que pagarías el alquiler en cuanto te
estabilizaras. No quiere decir que tienes que irte. Me refiero a que te gusta
aquí, ¿no?
—Acabo de llegar.
Me mira con suspicacia. —Estás teniendo problemas con esto, ¿no
es así?
—¿Qué? —pregunto, esperando verme sorprendida.
Gesticula a la habitación. —Todo este arreglo. Espero que aprendas
a confiar en mí.
—Confío en ti —digo, luego me corrijo—: Creo. Pero apenas te
conozco.
Da unos cuantos pasos hacia adelante y me encuentro
inclinándome contra la encimera. Hay una mirada caliente en sus ojos
que me preocupa. —Bueno, no te preocupes, cariño, vas a llegar a
conocerme bastante bien, te guste o no. Somos vecinos, por encima de
cualquier otra cosa. Necesitas una taza de azúcar para tu horneado, ven
a tocar mi puerta. Necesitas un rollo de papel higiénico, ven a tocar mi
puerta. Te metes con algún idiota y en el calor del momento necesitas un
condón, ven a tocar mi puerta. Tengo muchos. —Entrecierra los ojos
hacia mí—. Tienes sexo, ¿verdad?
Trago con fuerza y maldigo el calor que sube por mis mejillas. ¿Por
qué demonios tenía que tomar ese vino cuando sé que pone mi cara súper
caliente? —Por supuesto que tengo sexo —espeto—. Pero los vecinos no
necesitan saber las vidas sexuales de los demás.
—Tienes esa mirada otra vez —dice, su voz más baja ahora,
mientras baja la mirada y da otro paso adelante hasta que solo hay unos
treinta centímetros entre nosotros—. La forma en la que tus mejillas se
ponen rosadas. ¿Recuerdas lo que dije sobre eso?
Sí. Que me vería igual cuando tuviera un orgasmo. —No y por favor
no me lo recuerdes.
Se lame los labios y asiente. —Está bien. —Se da la vuelta y se
dirige a la puerta—. Voy a salir esta noche. —Me mira por encima del
hombro—. Espero que disfrutes de tu primera noche aquí. Dile hola a la
pequeña de mi parte.
Luego se ha ido y estoy sola en mi apartamento por primera vez.
Si todas nuestras interacciones van a ser una mezcla de
generosidad abierta y él siendo, bueno, él, no estoy segura de lo que va a
traer la próxima.
Todo lo que sé es que sin duda va a mantenerme en guardia.
6
Traducido por tefstyles & Gesi
Corregido por Julie

Nicola
—¿Mami? —me pregunta Ava, pasando por la cocina, arrastrando
su animal de peluche detrás de ella mientras descargo el lavavajillas.
—¿Sí, ángel? —le digo, mirando uno de los vasos contra la luz de
la mañana, comprobando si tiene manchas de agua.
—¿Cómo es que no tienes que inyectarte con un auchie?
Oh, mierda.
Han pasado dos meses desde que me mudé al nuevo apartamento
y cerca de tres semanas desde que comencé a darle a Ava sus inyecciones
de insulina. No le importa tanto el pinchazo del monitor de glucosa,
porque piensa que es como en la Bella Durmiente cuando Aurora se
pincha con el huso, creo que Ava piensa que su Príncipe Phillip podría
aparecer. Pero la inyección es algo más. No siempre llora, pero me doy
cuenta que le duele sin importar donde la ponga. Creo que no ayuda que
ella la llame auchie.
Pongo el vaso sobre la mesa y me agacho hasta quedar a su nivel.
Cepillo su cabello y lo acomodo detrás de sus orejas. —No me inyecto con
el auchie porque ya soy grande. Tú necesitas la medicina para asegurarte
de que vas a crecer y ser grande, al igual que tu madre. Pero no todos los
niños reciben este medicamento. Solo los especiales. Eres uno de los más
especiales, ángel.
Hace una mueca, pero luego asiente. —Está bien. —Entonces corre
hacia la sala de estar con el peluche a su lado. Mi corazón se expande
dentro de mí. A veces, ser madre es una maldición, descubrir la
capacidad de amar mucho más de lo que pensaba posible y luego estar
atado a ese amor para siempre, no importa la edad que tengan, no
importa cuánto, ya no los puedes proteger más.
Suspiro y termino de guardar el resto de los platos. Es sábado por
la mañana y sé que me he olvidado de sacar del buzón el periódico de
ayer. He estado aplicando a cada trabajo que encuentro, por lo menos
todo lo relacionado a mi campo, pero he conseguido solamente una
entrevista. Eso fue para una tienda de ropa como vendedora, y fue hace
una semana. Ya no estoy reteniendo la respiración. A pesar de que, en
estos días, sé que la mayoría de los anuncios se encuentran en línea,
aprovecho cualquier oportunidad y compruebo los clasificados también.
—Ava, mamá va a buscar el periódico, ¿de acuerdo? —le digo en
tanto me dirijo a la puerta—. Quédate aquí, ya vuelvo.
Asiente, cautivada por el dibujo animado en la televisión. Bajo la
mirada a lo que llevo puesto: unos pantalones de pijama, zapatillas y una
camiseta, pero al menos llevo un sujetador. Sé quién es mi vecino y lo
último que quiero es que mis pezones tengan un concurso de miradas
con Bram.
Lo vi ir y venir durante las últimas dos semanas y él se fijó en mí
unas cuantas veces. Tiene esa sonrisa todo el tiempo, como si estuviera
a punto de lanzar algún comentario a mi manera de vestir, pero hasta
ahora no lo ha hecho. No sé si intenta comportarse lo mejor posible o
simplemente se ha aburrido de molestarme.
Lo que sí sé es que al tipo le gusta tener sexo. Mucho. Una cantidad
ridícula. Me sorprende que a estas alturas su pene no se haya roto. Mi
habitación se halla junto a la suya y puedo oírlo cuando estoy en la sala
de estar, lo que hace que las cosas se vuelvan un poco incómodas cuando
Ava se encuentra allí. Hasta ahora ella no ha parecido notarlo, pero eso
podría ser porque inmediatamente pongo música o enciendo el televisor
cuando lo escucho. Es bastante ruidoso y la chica que lo acompaña lo es
aún más. Eso es suponiendo que hay solo una chica involucrada y no
estoy muy segura acerca de eso. Sin duda, no es Astrid. La última vez
estuvo con una modelo de piel color cacao con un trasero que hasta yo
me quedé mirando, hipnotizada.
Me doy cuenta que las chicas no están fingiendo, lo que significa
que Bram es bastante bueno en lo que hace. Sus gritos en el calor de la
pasión parecen sorprendidos, como si no pudieran creer que tal placer
les pudiera suceder. Supongo que lo que dicen acerca de él es cierto: una
noche en su cama y tus piernas se separan para siempre.
Mientras tanto, yo no estoy viendo a nadie y la última vez que tuve
un orgasmo fue en la ducha hace unos días con mi NCP; mi novio con
pilas. Es lo más parecido a una relación sexual que tengo en este
momento y está empezando a gustarme su fiabilidad.
Saco el periódico del buzón en el vestíbulo y regreso arriba.
Mientras me acerco a mi apartamento, veo la puerta de Bram abierta. Mi
corazón se detiene por un momento, no sé por qué, pero luego veo a una
chica con una salida dramática. Lleva una minifalda de cuero negro que
se nota es de cuero sintético, un crop top que parece haber sido vomitado
en todas partes por un hada y lleva sus tacones Valentino en las manos.
Tiene rímel de hace un día bajo los ojos.
Bien, el paseo de la vergüenza.
Me ve y sonríe tímidamente. —Hola.
—Hola —le digo mientras abro mi puerta—. Me gustan tus zapatos.
—Es decir, eso no es del todo cierto, pero me gustan las versiones reales.
—Oh. —Los mira, nerviosa—. Gracias.
Miro mientras camina rápidamente por el pasillo y desaparece en
la escalera, como si estuviera huyendo de la escena de un crimen.
De repente, la puerta de Bram se abre de nuevo y él saca su cabeza,
con el cabello oscuro revuelto; la definición de cabello post sexo. Mira el
pasillo vacío, luego me ve y me da una sonrisa engreída. —¿Se ha ido?
—Sí —le digo—. Como alma que lleva el diablo.
—Un álbum excelente —dice. Luego agrega—: Meatloaf. El
cantante.
—Sé quién es Meatloaf —le respondo, moviéndome para entrar en
mi propio apartamento.
—Oye —llame rápidamente, y sale de detrás de su puerta. Solo lleva
una camiseta y sus calzoncillos. Son grises. Son de David Beckham.
Están tan cerca que puedo leer la etiqueta. Y parecen de un tamaño
demasiado pequeño para toda la mercancía que está empacando allí.
—Oh, Dios mío —digo, cubriéndome los ojos y girándome—.
¿Puedes ponerte unos pantalones?
—Mojigata —replica con un resoplido—. No hay nada obsceno en
la ropa interior.
Tal vez no para el hombre promedio, pero para ti, claro que sí. Pero
no me atrevo a decir eso, para no agregar nada más a su ya
excesivamente inflado ego. No dejo de pensar en lo que tanto Steph como
Kayla han dicho acerca de lo bien dotado que está Linden y puedo deducir
que ciertamente es algo de familia.
—Solo quería preguntarte algo —continúa y suena lo bastante serio
como para darme la vuelta y mirarle, manteniendo los ojos solo arriba.
Ni siquiera estoy segura de si estoy parpadeando—. Dos cosas en
realidad.
—¿Qué? —Sueno impaciente. Pero solo quiero volver adentro.
—Espero que no hayamos sido demasiado ruidosos —dice—.
Sabes, nunca le pregunté a los inquilinos anteriores si oían mis, emm,
travesuras en el dormitorio. Y cualquier otra habitación. Sabes cómo es.
Pero puedo preguntarte.
—¿Qué te hace pensar que puedes preguntarme eso?
Se encoge de hombros. —Voy a suponer que pudiste oírme.
—Uso tapones para los oídos —le digo. Lo cual es cierto. Los uso
todas las noches y los empujo hasta el fondo. Estoy bastante segura de
que un día podrían salir por mi nariz. Tan pronto como tenga más dinero,
creo que voy a hacer un inventario en una compañía de auriculares.
—Qué pena, te estás perdiendo el espectáculo.
Le doy una mirada sucia. —¿Alguien te ha dicho lo inapropiado que
eres?
—Sí, muchas veces. —Sacude la barbilla hacia mí—. Pero al saber
que tu pared es tan delgada, no sientas que tienes que quedarte callada
si alguna vez traes a un hombre a casa. No me importa. Me gusta
escuchar.
Meneo la cabeza con incredulidad. —¿Por qué te resulta tan difícil
permanecer decente?
—Debe estar en mis genes —reflexiona, apoyado contra el marco
de la puerta, haciendo que sobresalga su pelvis. Me niego a mirar,
aunque estoy de acuerdo con su declaración.
—¿Me atrevo a preguntar qué es lo otro? —digo. Ni siquiera sé por
qué bromeo con él y no le cierro la puerta en la cara. Odiaría pensar que
encuentro divertidas nuestras pequeñas interacciones. Es como el chico
de la primaria que suele jalarte el pelo.
—Ah, sí —dice con una sonrisa perversa—. Dada la falta de
actividad sexual en tu apartamento y tu negativa a darle un solo vistazo
a mis calzoncillos, me da curiosidad saber si alguna vez has tenido
relaciones sexuales. Quiero decir, sé que tienes una hija, pero escuchas
sobre estos nacimientos virginales todo el tiempo.
—Vete a la mierda —le respondo, abriendo mi puerta y entrando
con rapidez, cerrando la puerta con fuerza detrás de mí.
Con las mejillas ardiendo, le oigo decir en el otro lado—: Ahí está
la chica que quería ver. —Luego se escucha el sonido de su propia puerta.
Qué imbécil. O sea, sé que está jugando conmigo como ese chico
en la escuela primaria, solo que jalando algo más que mi cabello. Pero
Dios, él sabe cómo irritarme. Solo porque no estoy follando todo lo que
camina —o a él— no significa que soy una mojigata virginal.
Por desgracia, también sé que tiene razón. Porque en los últimos
años, he ido en esa dirección. Aunque no soy gorda, solía ser más delgada
y tonificada. Ahora, tengo celulitis en mis muslos, un trasero que no deja
de crecer, las marcas de estiramiento y una cicatriz en forma de C en mi
estómago. Estoy segura de que, si quisiera, podría hacer que funcione
para mí, es solo que es tan difícil mirar hacia atrás a la persona que era:
más feliz, mejor; y estar bien con lo que soy ahora. Es como admitir la
derrota.
Lo último que quiero es desnudarme con un chico y es lamentable
que el último hombre con el que quise hacerlo fuera Bram.
Mierda. Tal vez debería ir a buscar algo aleatorio para sacar el
legado de Bram de mi maldita cabeza.
—Mamá.
Veo a Ava en el sofá, mirándome con curiosidad. Me doy cuenta de
que estoy apoyada contra la puerta como si Bram fuera a derribarla en
cualquier momento. Me pongo derecha y le doy una mirada tímida.
—Estoy bien —le digo.
—¿Era Bram? —Pronuncia su nombre con más cuidado, queriendo
que le salga bien la “R”.
—Sí —digo con cautela. No me gusta cómo aún se queda embobada
cuando se trata de él. No quiero tener que ser amable por ella, y como él
es el único hombre que ve, lo último que quiero es que lo vea como una
figura paterna.
—¡Bram-a-lama-ding-dong! —canta en voz alta, haciendo saltar a
su animal de peluche arriba y abajo—. ¡Bram-a-lama-ding-dong!
Ding dong queda adecuado.
—De acuerdo, eso es suficiente —le digo—. Qué tal si mantenemos
las voces tranquilas, ¿sí?
—¡Bram-a-lama-ding-dong! —grita, corriendo hacia su habitación
y riendo.
Exhalo, desplegando el periódico en la mesa de la cocina y empiezo
a buscar un trabajo.

Son alrededor de las dos de la tarde y he rodeado cada trabajo que


he visto adecuado en el periódico, incluso aquellos en los que no tengo
experiencia, como camarera. He enviado currículos, carta de
presentación y crucé los dedos un millón de veces. Ahora Ava está
corriendo alrededor del sofá, volviéndose loca por el aburrimiento y siento
que necesito una docena de expresos para pasar el resto del día. Al menos
dejó de cantar su canción de Bram.
Un golpe en la puerta. Siento que he hablado demasiado pronto.
Me levanto para responder, dándome una vez más una mirada en
el espejo vintage en la pared. No me veo mal. Supongo que ayuda que
después de nuestro encuentro anterior, tuve una ducha larga e hice un
intento para hacerme ver más bonita. Mi pelo es ondulado con la cantidad
justa de producto. He sombreado más mis cejas, (aparentemente una de
mis mejores características de acuerdo a la mayoría de las mujeres), puse
unos pocos trazos de rímel y algo de labial color ciruela. Mi piel comenzó
a volverse loca durante el embarazo, pero por fortuna se ha calmado y no
tengo que usar mucha base para maquillaje. También he omitido el rubor
y debo agradecerles a mis mejillas por eso.
Abro la puerta y no me sorprende en absoluto encontrar a Bram en
el otro lado. Una vez que me ve, sus ojos se agrandan apreciando mi cara
y luego el resto de mi cuerpo. Solo llevo leggings y una larga túnica sin
mangas, pero es un poco mejor que los pijamas.
—Bueno, hola —dice. Levanta una botella de vino—. Ofrenda de
paz.
Frunzo mis labios. —¿Ofrenda de paz?
—Sí —dice, sacudiéndome la botella—. ¿Has probado el Don
Melcher antes? Es brillante.
—Parece caro.
—Lo es —dice y sonríe—, pero parece necesario para compensarlo.
—¿Por qué? —Quiero que lo diga.
—Por ser un idiota —dice—. Y por pararme allí con mí pene en
exhibición. No debería provocarte con eso.
Mis ojos se estrechan momentáneamente.
Se da cuenta. —Lo siento, lo siento. Me comportaré de ahora en
adelante, lo prometo.
—Sí, claro.
Pone una mano sobre su corazón. —Lo juro. En el momento en que
diga lo incorrecto, puedes echarme.
—No dudes que lo haré. —Suspiro y salgo del camino, dejándolo
entrar. Ese olor fresco y maderero, que me recuerda algo que no puedo
reconocer, pero una vez me hizo feliz, pasa y no puedo detener el impulso
de cerrar los ojos brevemente y respirarlo.
Por suerte, él no se da cuenta cuando entra y coloca el vino en la
mesa de la cocina.
Por desgracia, la mesa no resiste y una pierna se rompe debajo de
ella. Bram logra agarrar el vino antes de que se caiga al suelo.
—Mierda —maldigo y Ava sale corriendo de su habitación.
—¿Qué es ese ruido? —pregunta y luego ve a Bram. Sus ojos se
iluminan—. ¡Bram! —grita y se acerca a él.
Él la mira, sonriendo, mientras cierro rápidamente la puerta y
reviso la mesa dañada.
—¡Bram, Bram, Bram! —grita Ava.
—¿Cómo estás, pequeña? —le pregunta, claramente disfrutando de
su atención.
—Te escribí una canción, Bram —dice emocionada.
Me mira. —¿Oh en serio? Ella me escribió una canción, ¿pero tú
no?
Ruedo los ojos y pongo mi atención de nuevo a la mesa. Aunque la
pierna se rompió desde el fondo, creo que puedo unirlo de nuevo.
—¡Bram-a-lama-ding-dong! —comienza Ava a cantar a todo
pulmón. La ignoro y saco la pierna, luego me dirijo al “Cajón de las
porquerías” en la cocina para encontrar el pegamento.
—Es una canción muy bonita, Ava —dice Bram—. Completamente
original.
—¡Bram-a-lama-ding-dong!
—No la animes —murmuro, luego Bram se encuentra a mi lado.
—¿Pegamento? —pregunta, mirando por encima de mi hombro—.
Necesitas una mesa nueva, cariño.
Le doy un empujón y me dirijo hacia allí; Ava continúa cantando
su canción y saltando arriba y abajo. —Si no te has dado cuenta, no
puedo pagar una mesa en este momento.
—Te conseguiré una —dice.
Me opongo —Ya has hecho bastante. —Y además necesito
mantener mi deuda con él tan bajo como sea posible. Pero me doy cuenta
de que vuelvo a sonar malhumorada, así que digo—: Una vez que consiga
un trabajo, veré lo que puedo encontrar.
—¿Cómo va eso, por cierto? —pregunta—. ¿La búsqueda de
empleo?
—Mierda —digo.
—¡Mierda! —grita Ava—. ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Bram-a-lama-ding-
dong!
—Eso parece más apropiado —comenta Bram.
—Ava, no digas esa palabra —la regaño y luego me reprendo por
maldecir otra vez cerca de ella.
—¿Bram? —pregunta.
—No... ya sabes qué, sí. Bram. No digas esa palabra. Es malo.
—Muy, muy malo —comenta Bram, su voz súbitamente ronca. No
sé por qué, pero la piel de gallina aparece repentinamente en mis brazos
y mi vientre se siente caliente.
Miro para verlo entrar en la cocina y agarrar un par de copas de
vino. Bueno, supongo que esto está sucediendo ahora. Antes de que tenga
la oportunidad de decirle que es demasiado pronto para beber, el vino ya
se encuentra abierto.
—Mamá —dice Ava mientras intento abrir el pegamento.
—¿Qué?
—¡Bram! —grita, luego corre a su habitación, cantando de nuevo
esa canción.
—Bram siempre ha sido una mala palabra en mi familia —dice,
acercándose con una copa de vino, y dándomela. A continuación, pone
su mano en mi hombro, lo aprieta por un segundo caliente, y me lleva
hasta el sofá—. Siéntate aquí. Déjame arreglar tu mesa.
—Pero… —protesto.
—¡Siéntate! —dice, señalándome—. Relájate por una vez, ¿quieres?
¿Relajarme? Se reiría de la idea si intentara vivir mi vida por un
segundo.
Pero aun así, me siento. Tomo un sorbo del vino (está malditamente
bueno). Y lo miro mientras pega el final de la pierna, levanta la mesa y la
coloca en su lugar. En realidad, estoy mirando sus músculos mientras lo
hace. Está usando unos vaqueros azules con una abertura en la rodilla
y una camiseta gris con escote V que se ve muy delgada y suave. Su estilo
casual es tan seductor como sus trajes, solo en una forma diferente.
—¿Estás revisando los bienes? —pregunta, sin mirarme—. Porque
tuviste más que una oportunidad esta mañana.
—Estoy revisando la mesa —le digo, volteándome en mi asiento y
concentrándome en el vino—. Se ve bien, gracias.
Se sienta en el sillón a mi lado. —De nada. Para eso son los buenos
vecinos.
—¿Siempre has sido así de bondadoso con ellos?
—Solo con los correctos —dice, luego su expresión se desanima—.
En Manhattan, creía que todos mis vecinos me odiaban. En realidad, sé
que todos me odiaban. Demasiadas fiestas y ninguno de ellos era
invitado.
—¿Lo extrañas?
Parece sorprendido por eso. —No lo sé. No creo. Supongo que tenía
más que una rutina allí, una escena. Sabía quiénes eran mis amigos,
aunque en el fondo sabía que no lo eran realmente. En Nueva York, es
fácil encontrar gente que te seguirá como un maldito perro, siempre y
cuando seas quien le llenes el plato.
—Suena como un dolor en el culo —le digo.
—¿Lo es? —pregunta—. Habría pensado que en alguna parte de tu
pasado, fuiste de alguna forma igual. No el perrito, sino el gran perro.
No me gusta cuán personal se está poniendo. De alguna forma
tiene razón. En la secundaria e incluso en la universidad, tuve dinero.
Tenía estilo y seguidores. Ahora parece una vida diferente. De alguna
forma, lo es. Mi vida está dividida entre el Antes de Ava y el Después de
Ava. Eso no quiere decir que estoy enojada por eso; es solo un hecho
cuando tienes un hijo. Tu vida cambia, para mejor o para peor, pero
cambia. Ya nada se ve de la misma forma.
—He tocado un nervio sensible —reflexiona cuando no digo nada.
Lo ve en mi cara, estoy segura—. Lo siento.
Me encojo de hombros, pero ocupo mi boca con más vino.
—Bueno —dice, resignado, y golpea ligeramente su pierna—, de
vuelta a la búsqueda de trabajo. ¿No está yendo bien?
—Nop —digo—. Tuve una entrevista para un negocio de ropa pero
nunca me llamaron de nuevo. Supongo que había algo en mi cara que no
les gustaba.
—Pero es una cara hermosa —dice suavemente y lo miro,
sorprendida. Sonríe gentilmente—. Es verdad.
Trago y alejo la mirada, no acostumbrada a los cumplidos. —De
cualquier forma —sigo, aclarándome la garganta—. Estoy comenzando a
perder un poco los nervios.
—¿Aplicas por determinados puestos y determinados campos?
Estás en el mundo de la moda, ¿verdad? —Asiento. Continúa—: A nadie
le gusta bajar sus estándares, créeme, pero tal vez deberías comenzar a
buscar algo que esté solo un poquito por debajo de ti.
—¿Debajo de mí?
—El orgullo puede ser una cosa peligrosa— dice—. Sé eso. Lo sé
demasiado bien.
Hay una gravedad en su voz que me hace preguntar que le sucedió
a él y a su orgullo en el pasado.
—Bueno, ¿cómo qué? Ya he comenzado a buscar para mesera.
—Bien —dice—. Aunque es un trabajo duro, también. Hay una
razón de porqué hay una tasa de rotación tan alta en la industria. No
tengo ninguna duda de que podrás manejarlo, eres una madre después
de todo, puedes manejar cualquier cosa, pero es…
—Pero el problema es que mientras más bajo vaya, es más probable
que no sea contratada por estar calificada.
—Sí —coindice, rascándose la barbilla—. Me gustaría tener algunos
contactos aquí, pero no los tengo. —Se inclina hacia atrás en su silla,
mirando al techo un momento. Entonces gira la cabeza para mirarme—.
¿Qué hay de ti?
Sacudo la cabeza en negación.
—No, sí tienes —dice—. ¿Qué hay de James? Recuerdas el amigo
con piercings que maneja el Burgundy Lion. ¿Crees que te contratará?
—¿Para que sea qué, un barman?
Se encoje de hombros. —Sé que mi hermano trabajaba allí.
También Stephanie, así es como se conocieron. ¿Qué hay de malo con ser
barman? Eres muy caliente, por lo que harás un montón de propinas. Si
muestras un poco tus tetas hermosas, puedes hacer incluso más.
Ignoro el comentario de “tetas hermosas” (incluso si una terrible
parte de mí está un poco halagada) pero todavía quiero descartar la idea
de inmediato.
—No lo creo.
—Dame una razón.
Me muerdo el labio. —No sé cómo.
—Te entrenan, aprenderás en un segundo. —Chasquea los dedos.
—Puede que no me contraten.
—Pero puede que sí. Y lo harán. Puedo ser muy persuasivo.
—No necesito que pelees mis batallas —le digo rápidamente.
—No. Pero necesitas conocer la diferencia entre pelear las batallas
de alguien más e intentar ayudarlos. James te ayudará. Todo lo que
tienes que hacer es pedirlo.
Y ese es el problema. No quiero pedirlo.
Puedo sentir los ojos de Bram en mí y sé que está leyéndome. Sé
que de alguna forma ha descifrado una forma de meterse dentro de mi
cabeza. —A veces, todo el mundo tiene que hacer su orgullo a un lado —
dice tranquilamente.
Exhalo y cierro los ojos. Tiene razón. No quiero pedirlo, porque no
quiero admitirle a alguien que conozco que necesito ayuda. Pero necesito
ayuda. Y un trabajo en el Lion, aunque es algo que nunca planeé, haría
un mundo de diferencia en mi vida. Puede que me ponga de pie.
—Está bien —digo y cuando abro los ojos, Bram tiene mi celular y
lo sostiene en mi dirección.
—Llámalo —dice.
Y lo hago. Con Bram aquí, le pregunto a James si puedo tener un
trabajo como barman en el Burgundy Lion. Apenas empiezo a explicar mi
situación y ya me dice que no me preocupe, que va a hacer que suceda
de alguna forma.
Ahora tengo un trabajo. Y mientras me vuelvo a sentar en mi sofá
hundido, tomando sorbos de un vino caro, siento que un mundo pesado
se levanta de mis hombros.
Tengo un trabajo.
Y tal vez, solo tal vez, tenga un muy buen vecino también.
7
Traducido por MaJo Villa
Corregido por Julie

Nicola
Tres semanas.
He estado trabajando en The Burgundy Lion durante tres semanas
y por fin, por fin estoy sintiendo el ritmo de las cosas.
Dicho esto, en tres semanas les he cobrado de más a cinco
personas.
Les he cobrado menos a veinte.
He servido de más el setenta por ciento del tiempo.
He servido menos el veinticinco por ciento.
Quién sabe qué pasó con ese otro cinco por ciento.
He derramado tres tragos.
Dos en la gente.
Uno sobre mí.
Me he caído una vez.
No estoy segura de cómo.
He sido golpeada en incontables ocasiones.
He hecho ochocientos dólares en propinas.
Llego a casa completamente agotada y le pago a Lisa, que se
encuentra más que feliz de estar de vuelta y vigilar a Ava cuando puede,
o dejar que mi mamá se quede a pasar la noche porque no quiero que
vuelva a casa a esa hora. Las noches son tardes ahora y mis pies tienen
ampollas, pero finalmente estoy haciendo dinero para empezar a
equilibrar las cosas. Por fin me siento un poco en control. Mi única queja
es que trabajo tres turnos por semana, pero James dice que está
trabajando para darme más. Me siento agradecida de que me haya dado
una oportunidad.
Y tengo que agradecerle a Bram por eso. Bram, el hombre. El
hombre de al lado, que aún tiene sexo ruidoso con las chicas
desconocidas y se las arregla para hacerme enojar de vez en cuando
haciendo bromas o comentarios abiertamente sexuales. Pero cuando no
lo hace, en esos días en los que no me topo con él en los pasillos o no
llama a mi puerta, odio admitirlo, pero lo extraño. Lo digo en serio. Las
bromas y la interacción. Y sí, tal vez extraño el atractivo a la vista
también.
Pero no estoy muy contenta con eso porque no tengo intención de
dejar que ese hombre se me acerque. Como vecino es genial, como algo
más que eso... es malo, malas noticias y malo para mí.
Esta noche tengo a mi madre para que vigile a Ava. Sandra, la chica
que normalmente trabaja los viernes por la noche en el bar, llamó al
trabajo diciendo que tenía algo y que no sería capaz de llegar hasta las
once. A pesar de que el cambio fue solo de ocho a once de la noche, James
me preguntó si me gustaría entrar y me pagaría por cuatro horas.
Naturalmente salté ante la oportunidad; iba a tomar todo lo que dirigiera
en mi dirección.
—Has convertido esto en un hogar —comenta mi madre,
sentándose en el sofá. Justo cuando lo hace, oigo un rasgón. Otro agujero
aparece en los cojines deshilachados. Ambas miramos el desgarro y a la
otra, y compartimos una risita. Ha tardado mucho tiempo para que
cualquiera de las dos se ría de nuestras circunstancias.
Mi madre tuvo una vida perfecta cuando era joven. Tenía a mi papá,
que, sí, parecía frívolo a veces, que no siempre se comportaba, que no era
una persona ambiciosa detrás de las cosas más finas en la vida. Pero
tenía un buen corazón y una buena alma.
Yo también habría pensado en un alma perdonadora, pero no estoy
segura de cuánto de eso es cierto. Mi madre siempre quiso más y un día
se enamoró del abogado más aburrido del mundo de ricos y famosos.
Tuvieron una aventura que duró años. Uno pensaría que yo habría sabido
lo que ocurría, pero era adolescente en ese momento, odiaba a todo el
mundo y era completamente ajena a cualquier cosa a mi alrededor que
no me involucrara.
Finalmente mi madre confesó. Mis padres se divorciaron y él
aprovechó esa oportunidad para marcharse y hallar su trayectoria en
vida. Lo llevó directamente a la India para hacer trabajos de caridad. Solía
sentirme menospreciada de que se hubiera ido con tanta facilidad, y a
veces todavía me siento así. Esa pequeña punzada de rechazo, por qué
papá se fue, por qué no pensaba que valía la pena permanece cerca de
mí.
Pero al mismo tiempo, lo entiendo. Supuso que no lo necesitaba;
que me encontraría mejor con mi madre y con Richard, en una gran casa
de lujo en uno de los barrios más ricos de San Francisco. Asumió que no
lo necesitaba porque nunca se lo dije, nunca actué como si lo requiriera.
No podría haber estado más lejos de la verdad. Algunos días creo
que una llamada telefónica a mi papá para decirle que lo necesito lo
habría traído de vuelta. Pero nunca lo intenté. No tuve las agallas.
Me pregunto si podría haber ocurrido lo mismo con Phil. Tal vez
había hecho algo mal, quizá pasé demasiado tiempo enfocada,
obsesionada, con Ava, que no noté que lo alejé. Tal vez Phil necesitaba
oír que también lo necesitaba.
Me trago los recuerdos amargos y se mueven hacia mi pecho en
donde espero que se queden, en ese espacio en blanco, oscuro detrás de
mi corazón. Creo que veo a mi mamá haciendo lo mismo. Cuando se casó
con Richard, quizás por la forma en la que se juntaron, él le hizo firmar
una cláusula de indemnización. Cuando lo engañó, seamos realistas, lo
que tenían no era amor, lo perdió todo. Ahora ella no tiene nada. Ni
educación, ni amor. Vive en una casita en medio de la nada, limpiando
las casas de otras personas para ganarse la vida. Ambas solíamos tener
tanto, y ahora tenemos tan poco. Sé que la gente debe pensar que este es
su karma, que se lo merece después de todo lo que hizo.
Pero, ¿qué hice yo para merecer esta lucha?
—Será mejor que no llegues tarde —me advierte mi madre. Me hace
darme cuenta de que debo haber estado de pie ahí en blanco como una
zombi.
—Me voy —le digo, entrando en el dormitorio para agarrar mi bolso.
Ava ya está dormida, así que rápidamente salgo por la puerta para poder
tomar mi colectivo a tiempo.
Tengo la peor y la mejor sincronización cuando se trata de chocar
con la gente en los pasillos.
Bram y su nueva novia salen de su departamento.
—Hola —le digo, inmediatamente sintiéndome incómoda mientras
estoy de pie en la puerta.
—Hola —dice Bram, sonriendo alegremente, sin parecer incómodo.
No estoy segura de haberlo visto nunca incómodo.
Silencio y una sonrisa educada de la morena alta en su brazo. Viste
de punta en blanco, muy elegante con un largo vestido negro y joyas de
oro, y Bram lleva un traje negro y una corbata. Con su cabello apartado
del rostro, luce muy apuesto, como en la boda de su hermano. Podría ser
el siguiente James Bond. Incluso su acento es el mismo que el de
Connery, quizá con un poco más de énfasis en las “Erre”.
—¿Este es Bram? —pregunta mi madre de repente y casi salto.
Miro detrás de mí y la veo asomando la cabeza por la puerta. Ya casi la
cerraba.
—¿Ha oído hablar de mí? —pregunta Bram alegremente.
—¿Quién no lo ha hecho? —digo secamente mientras se inclina
para mirar mejor a mi madre.
—Usted debe ser la madre de Nicola —dice, sonriendo con esos
hoyuelos y ofreciéndole a mi madre su mano—. Puedo ver de dónde saca
su belleza. Una rosa de una rosa.
Oh Dios. Mientras mi madre parece derretirse delante de él,
diciéndole que su nombre es Doreen y que él es demasiado amable,
intercambio una mirada con la morena silenciosa. Parece que también
quiere rodar los ojos. Me hace preguntar cómo va transcurriendo su cita.
—Bueno, me voy —digo, sabiendo que si pierdo mi autobús, estoy
jodida.
—¿A trabajar? —pregunta Bram—. Te puedo llevar.
—¿No es un amor? —dice mi madre.
—No hay problema —le digo rápidamente—. El autobús me va a
llevar.
—¿Prefieres tomar el autobús a ir conmigo?
Miro a la chica de nuevo, aunque esta vez a modo de disculpa. —
Pareces estar en una cita.
—Solo vamos a la ópera. —Oh, solo la ópera—. A Justine no le
importa, ¿verdad?
Ésta última se encoge con un hombro, llevando un mundo de
indiferencia en sus elegantes facciones.
—Ves, no le importa —dice Bram—. Vamos.
Debería haber protestado más pero para ser honesta, me alegraba
no tener que tomar el autobús por una vez. Mi coche estúpido se
encontraba en la parte trasera del edificio, Bram lo había remolcado allí
desde el Tenderloin, esperando dinero para poder comprar la parte que
necesita. Luchar contra locos en el autobús se había convertido en una
parte de mi rutina nocturna, pero sería bueno relajarse por una vez.
Sin embargo, hago cualquier cosa menos relajarme en la parte
trasera del Mercedes de Bram. Éste sigue hablando conmigo acerca de
esto y de aquello, ignorando completamente a su cita, que parece estar
aburrida por todo el asunto. Después de un rato dejo de sentirme mal
porque tengo tanto de su atención y empiezo a disfrutarlo. Puede ser
condenadamente encantador y gracioso, cuando quiere.
Después de que me dejó, fui metida de inmediato en el caos que es
trabajar en The Burgundy Lion. James es un jefe muy bueno, aunque a
veces es un perro malhumorado. Recuerdo que fue un obstáculo con
Steph y con Linden cuando se juntaron y me alegro de que Linden
finalmente haya hecho la opinión de James a un lado porque me parece
que es del tipo que se enfada con todo. Por suerte, aún no me ha lanzado
una rabieta pero eso es porque hago mi trabajo e incluso cuando cometo
un error épico (um, como olvidar cobrarles a un grupo por su factura
masiva), él ha tenido la gracia de mirar hacia otro lado. Creo que sabe
que soy mucho más dura conmigo misma de lo que él nunca lo será.
También creo que me tiene un poco de miedo. No sé por qué. Tal vez
piensa que las madres solteras son unas locas. En cierto modo, como que
lo somos.
En el momento en que mi turno corto ha terminado, llego al
apartamento, mediante el autobús esta vez, sin Bram para llevarme en
su coche. Me encuentro absolutamente agotada y es cerca de la
medianoche. Me siento terrible porque mi madre tiene que volver a su
casa tan tarde, pero tan pronto como entro en la puerta, tiene los ojos
brillantes, luce rebosante de alegría y lista para irse.
—¿Todo estuvo bien? —le pregunto.
Asiente. —Ella no se despertó, sigue soñando.
—¿Segura que no quieres quedarte a pasar la noche?
—En ese sofá, ¿me tomas el pelo? La última vez me desperté con
una espalda que pensé que tendría a los ochenta años —dice con una
sonrisa—. En serio, Nicola, querida, en la primera oportunidad que
tengas, cómprate uno nuevo. Sabes que este sofá es demasiado grande
para la mayoría de las salas de estar. ¿Qué te parecen dos silloncitos?
Apuesto a que IKEA los tiene a buen precio.
Dos silloncitos harían que el área de la sala de estar se vea mucho
más grande, pero hay tantas otras cosas en las que podría gastar dinero,
cosas importantes, que hacen que un nuevo sofá o dos parezcan frívolos.
Además, ¿cómo diablos podría comprar mis cosas en IKEA de todos
modos, y meter todas las cajas en el autobús?
—Por cierto —agrega mi madre mientras se dirige a la puerta. Por
la mirada descarada en sus ojos, tengo la sensación de que sé cuál será
el tema—, he hablado con Bram otra vez.
—¿Otra vez?
Baja la voz. —Vino a casa hace una hora. Estaba solo si eso hace
alguna diferencia para ti.
—No la hace —interpelo rápidamente.
—No obstante —continúa—, llamó a la puerta, quería ver si me
encontraba bien y si necesitaba algo. En realidad, necesitaba una taza de
té y tu hervidor no funcionaba, así que se acercó y me prestó el suyo. —
Miro por encima de mi hombro en la cocina y veo uno elegante de acero
inoxidable en el mostrador—. Dijo que podías quedártelo. Le dije que lo
apreciarías mucho.
—Mamá —digo, casi chillando—, no quiero nada más de él. Ya ha
hecho suficiente y estoy cansada de sentirme como un caso de caridad.
Su sonrisa se desvanece. Una pausa pesada se establece entre
nosotros. —Lo sé, querida. Nunca se vuelve más fácil, ¿verdad?
Suspiro, mi corazón se siente frágil, como el vidrio templado. —No.
No lo hace.
Luego, para mi sorpresa, rápidamente me abraza y me sostiene con
fuerza. No ha hecho esto desde hace siglos. Es muy parecida a mí, o tal
vez soy muy parecida a ella, nos olvidamos de ser cariñosas de vez en
cuando.
—Eres una buena madre —susurra en mi oído—. Estoy orgullosa
de ti, así de esta forma, como son las cosas ahora. Pero van a mejorar.
Para nosotras dos. Lo prometo.
Cierro los ojos, dejando que el vidrio se rompa. Solo un poco.
Entonces mi madre me suelta y el aire en el departamento es frío. Me da
una mirada amorosa y sale por la puerta.
Quitándome los zapatos, me dirijo al pobre y desaliñado sofá y me
desplazo sobre él.
La abertura se hace más grande.
El departamento casi se encuentra en silencio excepto por el débil
sonido de la música saliendo de la casa de Bram. Hago una nota mental
para hablarle sobre la insonorización. Puesto que es el dueño del edificio,
podría hacerlo realidad.
Hay algo que me da seguridad sobre el hecho de que está despierto
aunque la música suena como si se estuviera volviendo más ruidosa y
más fuerte. No es nada demasiado pesado como una batería, suena más
como Massive Attack o Portishead, con latidos lentos, perezosos.
Me pregunto qué estará haciendo. Mi madre dijo que había vuelto
a casa solo. ¿Significaba eso que no se acostó con Justine? ¿Que solo
iban a ir a una ópera? Conociendo a Bram, no me sorprendería si se
hubieran follado en un asiento privado o algo así.
Deja de pensar en él, me advierto, no es más que el señor Rogers.
Así que, en su lugar, me levanto para revisar a Ava. Me siento en el lado
de su cama y la veo inspirar y exhalar por unos momentos, su propia
respiración haciendo constante a la mía.
Mientras tanto, sigue el bajo continuo. Me voy a la cocina y veo el
hervidor. Hablaba en serio cuando dije que no quería su caridad. La
levanto, envuelvo el cordón a su alrededor y salgo al pasillo. Espero en
su puerta un segundo. Escucho la música con más claridad aquí, el
comienzo de “Strangers” de Portishead, me devuelve a la escuela
secundaria y a mi fase de viaje británico. Solía tener mucho sexo con este
tipo de música. Me gustaría decirle a Bram eso, solo para deshacerme de
mi persona mojigata.
Llamo a su puerta y espero. Ninguna respuesta. Golpeo un poco
más fuerte. La música debe estar bloqueándome. Lo correcto es volver a
mi apartamento y devolverle el hervidor mañana. Después de todo, no es
una emergencia. Puedo recuperar mi orgullo otro día.
Pero no lo hago. En vez de eso, pruebo la manija de la puerta.
No está cerrada. Gira con facilidad y en contra de mi mejor juicio,
empujo para abrir la puerta lentamente. Ahora la música es ruidosa, una
luz se halla encendida en la cocina pero todo lo demás se encuentra a
oscuras.
—¿Hola? —grito, entrando. Cierro la puerta para mantener la
música lejos del pasillo. Camino en puntillas y coloco el hervidor sobre el
mostrador de la cocina.
Es entonces que la música se calma por un ritmo de descanso y
oigo algo saliendo desde su dormitorio, como un gemido. ¿Podría mi
madre haberse equivocado y no ha vuelto a casa solo? De repente, soy
muy consciente de que me encuentro de pie en la oscuridad en el
apartamento de mi casero, invadiéndolo por completo mientras él podría
estar follando a Justine en su habitación.
Pero no escucho ningún ruido femenino y ya no escucho el suyo.
Me dirijo lentamente hacia su dormitorio, consciente de mis
pisadas, en tanto la música sube de nuevo. Su puerta está abierta a
medio camino y la luz encendida. Echo un vistazo al interior.
Mi boca se abre.
Bram está acostado en su cama y desde mi ángulo, solo puedo verlo
del pecho hacia abajo. Se encuentra acostado encima de un edredón
blanco de seda, completamente desnudo. Más que eso, tiene su pene en
la mano y la desliza lentamente de arriba hacia abajo en su eje.
Oh Dios mío.
Oh Dios mío.
Oh, Dios mío.
Me encuentro aturdida, congelada en el lugar mientras lo observo
dándose placer a sí mismo. Esto puede convertirme en una gran
pervertida, pero para mí no hay nada más sensual que mirar a un hombre
masturbándose. Tal vez eso no me convierta en una gran pervertida, pero
el hecho de que me quede para verlo hacerlo, en secreto debo añadir,
definitivamente lo hace.
Y sin embargo, no puedo evitarlo. Este es mi primer vistazo de él
totalmente desnudo y es una máquina bronceada, muscular, su cuerpo
fornido y dorado contra el edredón blanco debajo. Sus piernas son largas
y tonificadas, hay un paquete de abdominales definidos en su estómago
que brillan con su sudor, y su pecho es ancho y duro con un poco de
vello, lo que solo se añade a su virilidad pura y vibrante.
Luego está su pene. Antes obviamente tuve un vistazo de eso, pero
ahora lo vi grande y erecto. Su propia mano parecía que apenas podía
domarlo. No estaba segura de que alguien pudiera hacerlo.
Pero ahora mismo, estaría dispuesta a darle una oportunidad.
Tengo una breve fantasía acerca de entrar por la puerta. ¿Qué diría
Bram? Apuesto a que ni siquiera se detendría. Seguiría observándome
todo el tiempo. Justo antes de que se corriera, me pediría que me
arrodillara y me arrastrara hasta el borde de la cama. Con una mano
grande y tensa, envolvería mi cabello con sus dedos y me diría que deslice
mi hermosa boca por toda su longitud. Me diría, sin aliento y como una
orden, que chupara su pene.
En la fantasía lo hago. Le lamo desde las bolas hasta la punta
púrpura y veo sus ojos girándose hacia atrás por el éxtasis. Lo haría y
me encantaría.
Pero esto no es una fantasía. Esta es la realidad. Estoy espiando a
Bram mientras se masturba y me encuentro jodidamente mojada, las
palpitaciones entre mis piernas aumentando junto con la música.
Diablos, necesito tener sexo porque esto es ridículo. Esas telarañas
necesitan ser despejadas CUANTO ANTES.
Observo por unos momentos más, cada uno pareciendo estirarse
en un abismo de anhelo. Me encuentro prácticamente babeando. No
siento vergüenza en aceptarlo, en este momento no. Tal vez más tarde se
me ocurra que tengo un alma secreta y repulsiva. Pero ahora, ahora
observo y lo anhelo. Quiero poner mi boca en donde se encuentran sus
manos, sentirlo, apretarlo así. Entonces me subiría encima de él y lo
cabalgaría como nunca, lo montaría hasta que esta necesidad dentro de
mí se haya ido.
Tengo que salir de aquí.
Me retiro lentamente hasta que ya no puedo verlo, pero oigo sus
gemidos cada vez más fuertes. Los conozco tan bien porque los he oído a
menudo, pero es un animal totalmente diferente escucharlos de cerca,
poder imaginar lo que hace su cuerpo duro cuando está envuelto en la
lujuria.
Consigo salir de su apartamento, cerrando silenciosamente la
puerta detrás de mí, antes de que pueda oírlo subiendo de volumen. Si
se hubiera corrido en frente de mí, habría sido demasiado. Podría haber
perdido todo control sobre mí.
Una vez dentro de mi propia casa, cierro la puerta de mi habitación
y trato de ir a la cama. Ni siquiera me molesto en lavarme la cara. Solo
quiero dormirme y empezar de nuevo. Pero no puedo. Mi ritmo cardíaco
está acelerado y me siento enrojecida de la cabeza a los pies.
Vuelve allí, me digo. Es esa parte sucia mía, la que he tratado de
mantener enterrada. La salvaje. La que yo sé que Bram quiere ver y quiere
sacar de mí. Pero esa ya no soy yo.
Sin embargo, deslizo una mano entre mis piernas y siento cuán
empapada me encuentro. Solo me toma unos cuantos golpes en mi
clítoris para terminar y tiro la almohada sobre mi cara para evitar que
mis gemidos escapen al aire.
En algún lugar detrás de su música, detrás de la pared, creo oír a
Bram gritando, también, por fin corriéndose. Me lo imagino liberándose,
con los dedos de los pies enroscados, la cabeza echada hacia atrás, los
músculos del culo apretados. Es suficiente para correrme de nuevo, este
se me escapa por la sorpresa.
Puede que no haya realizado mi fantasía, pero lo que sea que haya
pasado fue una de las cosas más calientes que me sucedieron en mucho
tiempo.
Sé que me duermo con una sonrisa estúpida en la cara.
8
Traducido por rihan & Jadasa
Corregido por Naaati

Bram
Cuando despierto me siento extrañamente descansado, algo que no
he sentido en un tiempo. Tal vez fue bueno no traer a Justine al
apartamento después que Aida terminó. No había sido mi plan traerla de
todos modos. Quiero decir, toda la cita fue arreglada en nombre de
nuestros padres. No estoy seguro de porqué mi padre pensó que saldría
algo bien y tampoco sé porque seguí con esto, pero los viejos hábitos son
muy difíciles de perder.
Oh sí, eso era porque Justine era hermosa. Era una de esa clase
de las que se resistían en el departamento de “no me gustas”, justo como
Nicola. Esto me ponía en movimiento todas y cada una de las veces. Pero
mientras Justine olía a rosas e indiferencia, puedo decir que lentamente
estoy atravesando las defensas de Nicola.
Al menos lo espero hacer. Nunca estuve tan inseguro de una mujer
y aunque estoy levemente frustrado, esto al menos me mantiene sobre
mis pies. Siento como que cada día es un nuevo desafío y no me he
sentido de esa manera desde que dejé Nueva York. Mierda, no me he
sentido de esta manera en un tiempo muy largo.
Añadido al desconcierto que trae vivir en la puerta de al lado de
Nicola, cuando finalmente salgo de la cama y me dirijo a la cocina, estoy
sorprendido de ver la tetera sobre la encimera. Se la había dado a su
madre anoche, para que hiciera algo de té. Ahora ella era por completo
del tipo MILF, pero entonces supongo que su hija lo es también. No estoy
sorprendido de que Nicola la trajera de vuelta, supuse que lo haría, pero
me desconcierto de cómo se metió a mi casa sin que lo supiera.
¿Y por qué?
Me dirijo hacia la puerta y veo que está desbloqueada. Tengo el
hábito de hacer eso algunas veces, probablemente porque cuando al
principio compré el edificio era el único inquilino.
Así que anoche, o esta mañana entró y la puso sobre la encimera.
¿Era posible que no la escuchara, que no me despertara?
O era que…
Bueno, después de que dejé a Justine en su casa y no conseguí ni
siquiera un beso en la mejilla, traje mi frustración a casa y tuve un poco
de festival de masturbación. Tenía la música bastante alta, todo lo que
me recordaba a mi juventud escocesa; Portishead, Garbage, Massive
Attack, Faithless, Tricky, ya sabes, solo para en verdad llegar ahí.
Pero al minuto en que me acariciaba, Justine se volvió un recuerdo
distante. Su cara salía de foco cada vez que la intentaba imaginar y en
su lugar se encontraba Nicola. No importaba con cuantas otras personas
traté, Brooklyn Decker, Kate Beckinsdale, esa descarada y perra pelirroja
que le disparó a Jon Snow en Juego de Tronos, la cara de Nicola las
reemplazaba a todas.
Era lógico. Es una cara bella. Sus mejillas son hermosas y un lleno
labio superior que solo quiero tomar entre mis dientes o tenerla
deslizándolo a lo largo de la cresta de mi polla. Las pecas solo se añaden
al atractivo. Hay algo tan sano acerca de ella, sin embargo siempre tiene
este brillo travieso en sus ojos que apunta a algo salvaje debajo. Sé que
construye un tímido y mojigato frente, pero es solo una máscara. Conozco
como las mamás funcionan, cuan involucradas pueden estar con sus
niños acerca de no ser egoístas y dedicadas que se olvidan que aún son
criaturas sexuales con múltiples necesidades.
Quiero dejar a la criatura sexual libre. Fuera de su jaula. Quiero
que Nicola tenga la diversión que no ha tenido en mucho tiempo.
Pero mis tácticas usuales no funcionan. No estoy seguro de que
haré. Y para ser honesto, no sé incluso si tendré éxito, mucho menos
follarla. Lo último que necesito es estar enredado con una mamá soltera,
sin importar lo seductora que es, ni la preciosa niña.
Solo no puedo ir por ese camino.
Sé cómo termina eso.
Sin embargo, cada vez tengo menos control. Y eso es lo que me
asusta. El miedo no tiene lugar en mi vida, ya no más.
Contemplo ir a su casa y preguntar cuando dejo la tetera. En
cuestión de segundos seré capaz de decir si me atrapó en el acto o no. Ni
siquiera estaría avergonzado por eso. En realidad deseo que me haya
observado mostrando mis mercancías. Tal vez la vista de mí desnudo
sería suficiente para conseguir que me mire diferente. Quiero decir, sé
que soy bien parecido, que tengo lo que se requiere para atraer a
cualquier mujer a la cama y se lo que se necesita para satisfacerlas una
y otra y otra vez. Pero creo que su disgusto por mí puede correr un poco
más profundo que sus hormonas.
Decido obviar toda la situación de la tetera y sacarla más tarde.
Aunque, sin embargo, me desperté descansado, mi cabeza se siente
adormecida ahora así que conduzco hasta el Golden Gate Park, y voy por
una de mis carreras de los sábados antes de detenerme en el gimnasio
de boxeo. Golpear esas bolsas no es tan satisfactorio como golpear en
una mujer, preferiblemente Nicola, preferiblemente desde atrás,
preferiblemente mientras aparto su cabello. Pero funcionará.
Cuando regreso a mi edificio, todo se encuentra limpio y arreglado,
toco su puerta solo para encontrar a ese desmañado pájaro de mujer,
Lisa, ahí en su lugar.
—Ya se fue para el trabajo —dice, me mira como si estuviera a
punto de derribar la puerta y robar su virtud. Me hace preguntarme lo
que Nicola le ha dicho.
—¿Turno largo? —pregunto, revisando mi reloj. Son casi las tres de
la tarde.
Asiente, sin cambiar su expresión.
—Bueno, supongo que la alcanzaré más tarde.
La puerta se cierra en mi cara. Tan cortés.
Pero no pienso dejar que pase más tiempo en esta área. Quiero ver
a Nicola en acción. Casi a las siete consigo un taxi y me dirijo al Burgundy
Lion. No he estado ahí desde que comenzó a trabajar y es buen momento
para una visita. De vuelta en Nueva York, siempre frecuentaba los clubes
nocturnos más de moda y los bares de Martini, pero en secreto mi tipo
favorito de lugar era un garito. Hay algo tan liberador acerca de esos
lugares, la libertad de ser tú mismo, permitirte soltura, expresar deseos,
acechar en la oscuridad. Todo es igual en las sombras con una bebida
barata en mano. Ahora, el Lion no era un tugurio en absoluto, pero podía
sentirse de esa forma los fines de semana, cuando todos parecían
congregarse ahí bajo el único propósito de estar vueltos locos.
Cuando entró soy asaltado por el olor de cerveza y colonia cara.
Aunque es relativamente temprano. El lugar está casi lleno con la
mayoría de los puestos de brillante teca repletos de gente. Hay un sentido
de urgencia aquí, como que si tú no llegaras aquí a tiempo, las
oportunidades de conseguir un revolcón bajaran con el resto de tu
cerveza.
Y ahí, en todo el caos, veo a Nicola detrás de la barra. Su espalda
hacia mí, pero su cabello está recogido, exponiendo la perfecta piel
desnuda de su cuello y de la parte superior de su espalda mientras este
se sumerge en una camisa de tirantes suelta. Se mueve con eficiencia, lo
que sea que haga, mientras un grupo de tipos se inclina al otro lado del
bar, los billetes ondeando en sus manos. Observan todos sus
movimientos, justo como yo.
Algo dentro de mí quema ardiendo como el carbón y trago una
sorprendente explosión de celos. No puedo recordar la última vez que me
puse celoso, pero es como si de repente cayera en la cuenta que puede
que no sea el único que quiere meterse en sus pantalones. Y por supuesto
que no lo soy, pero parecía que antes de trabajar aquí, se encontraba
relativamente a salvo de ojos errantes.
Estoy completamente equivocado, pero aún me dirijo hacia la barra
y me meto justo al lado de los tipos, mis manos estirándose a lo largo del
borde del mostrador de la barra.
El tipo junto a mí, algún imbécil con cabello rubio engominado que
le daría a Zach Morris una buena competencia, me lanza una mirada de
piérdete pero no presto ninguna atención. Mis ojos están dirigidos a
Nicola. Ellos pueden pensar que estoy aquí para conseguir una bebida
pero ese no es el caso en absoluto.
Cuando se da la vuelta, deja caer cuatro botellas de cerveza sobre
el mostrador y le sonríe a los tipos mientras les dice el total. Quiero estar
celoso solo por esa sonrisa, incluso si es solo actuación. Entonces cuando
pagan, sus ojos revolotean hacia mí, un buen barman, siempre buscando
ese próximo cliente y cuando me ve, se sobresalta. Está sorprendida.
Esto podría ser bueno.
—Bram —dice, y entonces su sonrisa se vuelve más amplia y ya no
siento más celos. Me siento jodidamente eufórico. Porque esa no era la
sonrisa de “denme una buena propina, ustedes perdedores”, esa era una
sonrisa de “estoy muy contenta de verte”.
Por favor, Señor, deja que haya sido ese tipo de sonrisa.
—Hola —saludo, de repente me siento sin palabras. Aclaro mi
garganta—. Pensé en venir a verte en acción.
Los muchachos toman sus cervezas y se voltean. Noto que no
dejaron ninguna propina, probablemente porque tuve que meterme y
acaparar toda su atención.
Estiro mi mano y agarro el hombro de Zach Morris. —Escucha —
digo y parece como que me quiere escupir—. Solo porque no tienes
ninguna oportunidad de ir a casa con ella esta noche, no significa que no
tengas que dar propina.
—Bram —advierte Nicola tranquilamente, sus ojos grandes como
un ciervo.
—Así que. —Me dirijo al imbécil, ignorándola—. Paga si pensaste
que su servicio fue bueno. Estaba observando. Fue bueno.
El imbécil mira mi mano sobre su hombro, pero tengo la altura y
anchura, él tiene un maldito y desagradable cabello. Mira a uno de sus
amigos quien rápidamente saca uno de cinco del cambio que ella les
regresó y lo estampa sobre la mesa. Aparto mi mano y se alejan hacia
una cabina en la esquina, me disparan miradas matadoras mientras se
van. Pueden disparar todo lo que quieran. Si sobreviví a las miradas
mortales de Nicola, puedo sobrevivir a cualquier cosa.
—Bram —dice de nuevo, me advierte mientras me volteo—. Está
bien.
—No lo estuvo —digo—. Ellos te habrían dado una propina pero tu
sonrisa para mí fue mucho más hermosa que la tuya para ellos. Los celos
hacen que los imbéciles hagan cosas de imbéciles.
Voltea sus ojos y lanza un paño sobre su hombro. —He estado aquí
el tiempo suficiente para saber algunas cosas, sabes.
—También sé que trabajas a tiempo parcial y las propinas son tan
importantes como la sangre. Dije que sería un trabajo duro.
Ahora ahí había un asomo de sonrisa, solo un sutil levantamiento
de sus labios. —Era fácil hasta que llegaste.
Me inclino más hacia delante sobre el mostrador hasta que mis ojos
están a nivel con su escote. Tomó ese consejo de mí, también. Muestra
esas hermosas tetas para las propinas. Pero como el caballero que soy,
mantengo mis ojos apuntados a los suyos. Incluso en esta luz puedo
distinguir varios tonos de marrón, la manera en que serpentean en
vibrantes líneas hacia su pupila, la misma pupila que se está
ensanchando ante mis ojos, como si le gustará lo que ve.
Mejor que te guste jodidamente lo que ves, pienso para mí mismo,
deseando ahora que no estuviéramos aquí en lo absoluto, sino de regreso
en su apartamento o en el mío, compartiendo una botella de vino. Oh las
cosas que podría hacer para tratar de echar abajo esa pared. Quitaría
ladrillo por ladrillo con mis dientes hasta que grite mi nombre.
Como si pudiera ver las imágenes obscenas en mi cabeza, sus
mejillas se vuelven rosa y mira a otro lado. —Así que ahora que estás
aquí, ¿Qué será? —pregunta, su voz ahora alegre pero falsa. Está de
vuelta en el modo barman con cortés profesionalismo.
—Hazme algo —digo, me enderezo—. Cualquier cosa. Haz un Bram
McGregor.
—No creo que tengamos suficiente ego para eso —responde.
Sonrío. —Se supone que ya tengo suficiente, ¿no? Lo digo en serio
sin embargo. Hazme algo ácido.
Levanta su perfectamente formada ceja. —¿Ácido? Habría pensado
en ti como alguna clase de tipo dulce.
—No hay nada acerca de mí que sea dulce, y tú lo sabes.
Pero por la forma en que me mira, puedo decir que no está de
acuerdo con eso. —Tal vez un chupito de caramelo. —Concluye después
de buscar en mi cara como si fuera un misterio—. Pero definitivamente
el picante está ahí por cierto.
—De acuerdo, nena —digo. —Da tu mejor tiro.
Incluso aunque hay una pequeña línea formándose detrás de mí (el
otro barman es James y parece agobiado), Nicola se toma su tiempo
tratando de imaginar a que sabe Bram McGregor. Desearía que lo pudiera
averiguar por sí misma. He visto esa linda, rosada y pequeña lengua a
veces y creo que me podría dar una verdadera golpiza. Le digo que debería
añadir algo de sal ahí como un extra y juro que sus mejillas se vuelven
carmesí.
Cuando finalmente ha terminado desliza la bebida hacia mí.
—Esto es lo que llamo el Bram McGregor. Principalmente picante
con un toque de dulce y salado.
Tomo el vaso y mis dedos rozan contra los suyos cuando lo hago.
Golpeo.
—Encontré la tetera en mi cuarto esta mañana. ¿Cuándo la
regresaste y como entraste en mi apartamento?
La pregunta la toma desprevenida por completo, pero por la forma
en que se ve absolutamente avergonzada y tímida, sé que debe haberlo
hecho cuando me masturbaba.
—Justo cuando llegué a casa —dice rápidamente, atendiendo de
repente a la siguiente persona en la línea—. Pensaba que dormías así que
solo la puse en la cocina y me fui.
Mentira. Pero lo dejo seguir porque incluso si le digo sobre
atraparme en el acto, lo negaría, cualquier cosa para salir de esa
conversación.
Mientras atiende a la siguiente persona, deslizo un billete de
cincuenta en el tarro de propinas y tomo un sorbo de mi bebida. El Bram
McGregor en verdad tiene un maldito golpe. En realidad es bastante
bueno.
La dejo estar por ahora y busco un taburete vacío en la barra y
encuentro uno junto a nada más y menos que Linden, quien está al final
del bar hablando con James mientras sacude un Martini.
—Cara de mierda —dice cuando me ve, nuestro acostumbrado
término de cariño—. ¿Qué demonios haces aquí?
Me encojo de hombros. —Me aburría. —Miro a James y le paso la
bebida—. Tienes que probar esto.
Su ceja perforada se levanta mientras lo mira. — ¿Qué es?
—Tu nueva camarera lo hizo —digo—. Pruébalo.
James lo hace y luego lo aprueba con una inclinación de su cabeza.
—No está mal.
—Se llama el Bram McGregor —digo.
—Por supuesto que lo es —dice Linden con un gemido.
Sigo. —Le deberías dar a esa chica un aumento. Alguien que puede
hacer algo así de sabroso en el momento es alguien para conservar.
—Bueno estoy tratando de conseguirle más turnos —explica
James, —. Pero no es fácil cuando tenía un equipo completo para
comenzar. Le di el trabajo para ayudarla pero no estoy seguro de que más
puedo hacer.
—Despide a alguien —sugiero.
—Bram —advierte Linden—. No vengas a meterte en el negocio de
alguien más. Tienes el tuyo propio que atender, hermano.
—Bueno, Jenny no está exactamente funcionando —admite
James—. Quiero decir, es eficiente y fiable pero mientras más trabaja
aquí, más cree que los hombres son responsables por la perdición de la
civilización. No puedo tener una conversación con ella sin que alguna
extraña parte distintiva del feminismo sea sacada a relucir.
—Sin embargo Trabaja aquí. —Señala Linden—. No la puedes
culpar en realidad.
—Como dije, despídela —repito.
—Le daré tiempo —dice James—. Odio sonar como un imbécil, pero
no se cuan confiables pueden ser las madres solteras.
Por alguna razón el comentario hace que mis venas se sientan
negras y venenosas, como tinta de calamar.
—Es confiable —digo con mi voz severa—. Soy su maldito casero,
sé que lo es.
Él me da una mirada, la mirada de que no me toma en serio no
importa que. Debería estar acostumbrado a eso. —No te paga renta. Así
que en realidad no puedes comparar. Mira, me gusta Nicola y creo que es
genial, pero y que pasa si algo le pasa a su niña. Todos sabemos que se
encuentra enferma. Podría tener un problema y entonces Nicola tendría
que levantarse e irse.
—Bueno, si tú vas a mirarlo de esa forma, Jen Jen o cual sea su
nombre, podría tener una rueda desinflada en el camino al trabajo, o
comer comida envenenada, o demonios, solo hacerse la enferma por un
día. Cualquiera podría. Tener un condenado niño no te hace de ningún
modo menos confiable. ¿No crees que necesite este maldito trabajo?
—Tranquilo hermano —dice Linden, poniendo su mano sobre mi
hombro—. Solo termina tu bebida del ego y relájate. James solo especula.
Ayudará a Nicola tanto como pueda, ¿verdad James?
James asiente, viéndose un poco sobrecogido, como si pensara que
lo iba a golpear o algo así. —Por completo. Voy a ayudar. —Entonces
retrocede y desaparece alrededor del otro lado del bar.
—Se asusta fácil, ¿no es verdad? —pregunto a Linden.
—Siempre lo hace —responde con un suspiro, luego termina el
resto de su Anchor Steam. Me lanza una mirada entendida—. ¿Qué haces
aquí realmente?
Me encojo de hombros y tomo un sorbo de mi bebida, pretendiendo
que mi boca no está en fuego. Tengo una repentina idea de enfriarla con
un cubo de hielo y entonces mi mente vaga hacia Nicola, me pregunto si
se retorcería si derramo la bebida especiada sobre sus pechos y luego
frotara mi lengua helada después.
—Oh, ya veo —dice Linden y de inmediato cambio mi atención.
—¿Qué?
Hace un gesto con su barbilla hacia el bar. —Estás aquí por ella.
—Supongo que quiero ver si con el tiempo me pagará la renta.
Una lenta sonrisa se extiende a través de su cara y sacude su
cabeza con incredulidad. —No, no lo haces. Tú la dejarás vivir ahí libre
de alquiler para siempre, supongo.
—¿Cómo es eso? —Lo desafío pero me temo que podría tener razón.
—¿Qué fue lo que le pasó a mi hermano quien se mudó al oeste,
deseando invertir su dinero y hacerse de un nombre por sí mismo, para
salir de debajo de la sombra de nuestros padres?
—Aún soy el mismo, tonto —digo, odiando que tuviera el poder de
meterse bajo mi piel algunas veces. No ayuda que ambos podemos
deprimirnos el uno al otro con la sola mención de nuestros padres—. No
hay nada malo con tratar de ser un buen samaritano. Eras el que siempre
me molestaba con lo de ser un patán egoísta, haciendo nada bueno
conmigo mismo. Ahora hago algo y una de esas cosas sucede que es un
buen contrato.
—Oh, no hay nada malo con el contrato. Le quiero echar una mano
a Nicola tanto como los demás, en especial por el bien de Steph. Esas dos
son muy cercanas, aún más desde que nos unimos. Supongo que tener
bebés o casarse te lleva al siguiente paso del club de la madurez. Pero tú
no puedes pretender que no tienes motivos ulteriores. —Apunta su dedo
a mi cara—. No puedes pasar todo esto por caridad. Estás perdiendo
dinero aquí, hermano.
Lo divertido es que estoy interesado en la caridad pero no tiene
sentido decirle eso a mi hermano. No me escucha de todos modos. No
importa cuánto cambies, algunas personas siempre te verán como fuiste
en cierto momento de tu vida. No creo que Linden vaya a dejar de pensar
en mí como el ignorante mujeriego que conoció mientras crecía. No creo
que vaya a dejar de pensar en él como la molesta pequeña mierda que
solía robar mis cosas, el mismo al que solía hacer calzón chino atómico
en el patio de recreo. Y no importa cuánto nuestra madre trata de reducir
su bebida y la coraza helada de su exterior, no importa lo duro que
nuestro padre pretenda estar orgulloso de nosotros, no podemos evitar
sino verlos como ellos mismos cuando nosotros éramos más vulnerables.
—Sea como sea —explico. Suspiro. Es imposible—.Tiene lindos
pechos. —Renuncio y bebo mi elixir ardiente.
Pero Linden me observa de cerca. —¿Eso es todo?
Asiento y empiezo a toser. Desliza su agua y trago la mitad. —
Gracias —digo, limpio mis labios con la servilleta—. Y sí, eso es
todo. ¿Esperarías algo más de mí?
—Supongo que no —dice. Se retuerce en su taburete y asiente
hacia la puerta principal—. Oye, mira.
Miro por encima del hombro. Una rubia impresionante, con el
cabello largo hasta el culo y una sonrisa brillante, entra por la puerta. Se
vistió para impresionar con un top dorado sin tirantes que muestra
bastante hendidura y pantalones vaqueros jodidamente ajustados.
—Se ve como de tu tipo —dice Linden.
—¿Me tratas de distraer? —pregunto irónicamente.
Sus ojos se ponen serios. —Ya te lo dije antes, Nicola no es para
ti. Steph me asesinará por completo si ambos follaran. Nunca escucharé
el final de eso y ella continuará una y otra vez de como está arruinando
nuestra dinámica. Siempre se trata de la dinámica. Sigue mencionando
a Friends, cuando Ross y Rachel se separaron y cambió todo para los
demás. Me vuelve loco.
—No soy el maldito Ross —digo a la defensiva—. Joey, quizás.
—Bien, pero entiendes lo que quiero decir. Le preocupa que todos
sean simpáticos, se lleven bien y sabes que si follas a Nicola, eso va a
terminar mal. No solo para ella, sino para ti. ¿Cuán caritativo vas a ser
cuando incendie todo tu apartamento?
No puedo evitar sonreír. —Crees que le afectaría tan mal, ¿eh?
—Oh, eres inútil —dice Linden y chasquea sus dedos hacia
James—. Barman, necesito otro.
Me siento con Linden, mirando de reojo brevemente, hasta que
Nicola viene por la barra junto nosotros.
—¿Lo suficientemente valiente para otro? —pregunta. ¿Mis oídos
detectan un tono de coqueteo?
Puedo sentir a Linden levantarse de mi lado, lo que me trae una
pizca de alivio. Lo último que quiero es que vigile todo lo que le digo.
—Si estás sirviendo, estoy bebiendo —digo con un guiño—. Fue...
Bramtastico.
Pone sus ojos en blanco.
—Eres increíble —dice—. Quizá agregaré menos dulce esta vez,
aunque juro que no he añadido ningún queso.
—Seré lo que fuera que quieres que sea.
Suspira y comienza a tomar la copa. Hago una nota mental de los
ingredientes: tequila Patrón, jugo de limón, triple seco, licor pimienta
caliente, un chorro de jugo de naranja y una pizca de la salmuera de un
tarro de pimientos en escabeche. Ah, así que ese era el ingrediente
secreto.
Mientras está acumulando los ingredientes en el extremo de una
espada de coctel, me da una mirada que no he visto antes, no en su rostro
de todos modos. Es una especie de súplica de cachorrito. Me gusta. Me
hace sentir como si por una vez quisiera algo de mí en vez de ser quien
siempre intenta darle algo.
—Entonces —dice, con voz insegura. Me entrega la bebida—.
Entonces —comienza de nuevo—, este trago va por la casa.
—¿Y eso por qué?
—Porque necesito un favor.
Mis ojos se ensanchan. —¿Tú? ¿Estás pidiendo un favor? ¿A mí?
Parece cerrarse delante de mí. Rápidamente extendí la mano y la
coloque sobre la suya, dándole a su suave piel un apretón. Se siente
absolutamente radiante al tacto y no la quiero soltar.
Pero mira mi mano como si no perteneciera allí. La retiro, pero me
inclino para mirarla a los ojos. —Lo siento —digo—, no quise bromear.
¿Cuál es el favor? Sabes que haría cualquier cosa por ti.
Pendejo. Eso no era lo que debía salir de mi boca. Pero solo sonrío,
manteniendo la calma.
—Bueno —dice, mirando la barra—, me preguntaba si mañana en
caso de que no estés ocupado, si no te importaría llevarme a mí y a Ava
a la tienda IKEA. —Me mira y rápidamente continúa. Pareciera que le
hace sufrir pedir algo—. No tardaría mucho. Solo necesito un sofá nuevo
y no creo que pueda tomar el autobús. Quiero decir, lo puedo intentar,
pero...
—Estaría feliz de hacerlo —digo enérgicamente—. Para nada es un
problema. ¿A qué hora te gustaría ir? —No me molesto en señalar que el
Mercedes no es lo suficientemente grande para un sofá, incluso si está
desmontado en pequeñas cajas fastidiosas; pero creo que si es necesario,
puedo cambiar mi coche por el Jeep de Linden.
Sus rasgos se relajan y se las arregla para darme una sonrisa. —
¿Realmente no te importaría? No sé, cuando sea que puedas. No tengo
que trabajar, por lo que...
Todo el mundo sabe que los domingos en IKEA son una pesadilla
viviente, de manera que sugiero que vayamos tan pronto como abran y le
ganemos a las multitudes. Está de acuerdo y hay un cosquilleo raro en
mi estómago. Creo que lo quiero ahogar con mi trago.
Todavía sonrío cuando Linden golpea mi hombro.
—Bram —dice cuando me doy vuelta. Esa rubia, con el top dorado,
está de pie detrás de mí, me mira expectante—. Esta es Paige.
¿Qué diablos hace mi hermano? Nunca lo vi intentar emparejarme.
Sabe que jodidamente no lo necesito.
—Hola, Paige —digo con una inclinación de mi cabeza, porque soy
cualquier cosa menos jodidamente maleducado.
—Le hablaba de ti —continúa Linden, pero miro de nuevo la barra.
Mi bebida está sobre ella y Nicola muy cerca del otro extremo, sirviendo
a otros clientes. Mierda. Linden seguro lo arruino para mí. Pero aun así.
IKEA sigue en los planes.
Recojo mi bebida y tomo un sorbo, maldición, es aún más buena
que antes y con un suspiro interno, me doy la vuelta para enfrentarlos.
Bueno, ya que la rubia está delante de mí y se ve tan agradable como lo
hizo más temprano, supongo que en verdad no tengo nada que perder.
—Deberías probar esto, Paige —digo, ofreciéndole la bebida—. Te
desafío a hacerlo.
—Está bien —dice, todavía sonriendo aunque sonando un poco
nerviosa.
—Aquí, la beberé primero —digo, tomando otro sorbo y tratando de
ocultar la quemazón que no se ve en mi rostro—. Cariño, no necesito
meter pastillas en tu bebida para tener sexo contigo.
—De acuerdo… —dice Linden lentamente—. Me voy ahora.
Se dirige al baño y asiento hacia su asiento vacío.
—Siéntate y bebe —digo—. Pero si toses una vez, pierdes el desafío.
—Está bien —dice Paige, queriendo ser amable. Se sienta y deslizo
la bebida en su dirección. Lo huele antes de recogerlo. Justo antes de que
tome un sorbo, me mira a los ojos—. Espera, si toso, ¿qué sucede?
—Todavía no lo sabemos —digo suavemente, me inclino para que
mi rodilla roce la suya. Se siente demasiado fácil hacer esto, para
conseguir una chica. Es divertido como un buen polvo o dos. Pero al
mismo tiempo, hay algo que me molesta en el fondo de mi mente, me dice
que esto probablemente no es una buena idea. Creo que es la misma
parte de mi cerebro a la que no le gusta que tenga algo de diversión. Lo
llamo Lógica.
Observo en tanto Paige toma un sorbo de la bebida. Sin embargo,
para crédito suyo, no se estremece. Lo traga con una sonrisa. Imagino
que tragaría mi esperma de la misma manera.
Ahora, la amiga de Lógica, Culpa, decide aparecer. No estoy seguro
de por qué, no hay nada malo ni diferente en mis pensamientos. A Nicola
podía importarle una mierda lo que hago o con quién duermo. Solo soy
su vecino, su casero, y quizás, solo quizás su amigo.
Por ahora, de todos modos.
Y tal vez eso es lo que me impide ir a casa con Paige. La posibilidad
muy remota de que un día al ir por ese camino, podría estar con Nicola.
Es poco probable, pero de repente no estoy dispuesto a arriesgar, no
hasta que sepa con seguridad que ambos no tenemos ninguna
oportunidad, ni siquiera para una follada caliente.
De manera que, aunque paso el resto de la noche hablando y
coqueteando con Paige, es por pura diversión. No veo a Nicola de nuevo,
ni a Linden, entonces al final de la noche le pregunto si quiere que pida
un taxi. Está de acuerdo entusiasmadamente, hablando de cómo le debo
algo por el trago que bebió tan bien.
Pero lo único que le debo a Paige es el viaje en taxi a casa. Cuando
estamos en el compartimiento trasero, es bastante evidente por la forma
en que está frotando mi pierna lo que pensaba que hacíamos y a dónde
íbamos. Me refiero a que, ¿dije algo acerca de follarla antes?
Esta noche, quizás por una de las primeras veces, termino siendo
un provocador. Hago que el taxi la lleve a donde necesita ir; pero cuando
se baja, está aturdida porque no la sigo.
—Mañana tengo que despertarme temprano —le explico, lo cual es
completamente cierto, dado que IKEA está en los planes.
Se ve molesta y no la puedo culpar. Pero aun así, me agradece por
llevarla y dice que la debo llamar cuando esté libre. A pesar de que grabó
su número en mi teléfono antes, no tengo intención de llamarla pronto.
Cuando llego a casa, los acontecimientos del día han hecho mella
en mí. Siento un millón de diferentes toques de deseo y necesidad en mí
interior, pero más que eso, esta energía nerviosa zumbando que no tiene
salida. Comienzo a pensar que tal vez fue un error dejar de lado a Paige,
podría estar chupando mi polla en este momento y distrayéndome. Pero,
¿a quién estoy engañando? No estaría pensando en ella en lo absoluto y
sé que empeoraría las cosas.
Oigo la puerta de Nicola abrirse y una breve charla con Lisa al lado,
amortiguadas por las paredes, y me pregunto si debería seguir adelante.
Casi lo hago. Me detengo y voy a la puerta, con una mano en el mango.
Me quiero asegurar de que IKEA todavía está en los planes. Deseo
asegurarme de que está bien. De agradecerle por la bebida. Tengo ganas
de tocar su cabello, colocarlo detrás de sus orejas y perderme en sus
labios. Anhelo saber su sabor, su boca, su piel y su dulce coño. Quiero
experimentar cada última gota en mi lengua.
Me falta valor esta noche. Me detengo. Naturalmente, la noche se
convierte en un festival épico de masturbación parte dos y esta vez, esta
vez no me callo. No me contengo y no me ahogo en la música. Espero
que escuche.
Espero que le guste.
9
Traducido por AnnyR’ & Gesi
Corregido por Naaati

Nicola
Cuando llegue a anoche, me encontraba de mal humor. Supongo
que no es una gran sorpresa que me desperté de malas también. Este fue
uno de esos casos en los que el sueño no hizo nada para borrar las
preocupaciones del día anterior. Todavía está todo allí, hirviendo, y ni
siquiera entiendo por qué.
Afortunadamente Ava se levanta temprano y alegre. No tengo ni
idea de si nuestra excursión IKEA todavía será y me he arrepentido de
preguntarle desde el momento en que salió de mi boca.
Me arrepentí de eso especialmente cuando Liden le presentó a
alguna rubia caliente e inmediatamente tuvo su atención extasiada. No
sé porque me molesta tanto. Supongo que es porque por un segundo,
pensé que tal vez había algo más entre nosotros.
Y si, lo sé, algo mas es algo malo. Siempre lo será. Pero cuando sus
dedos se rozaron los míos, enviando corrientes cálidas por mis miembros
y por mi espalda, cuando sus ojos parecían concentrados en mí que casi
podía ver un rayo en esas nubes grises, no pude evitar imaginar, por un
segundo, cómo sería si fuera mío. Mío en la cama, y fuera de ella, no
importaba. Pero mis pensamientos, la lujuria, se hallaban allí.
Por desgracia, lo arruinó bastante rápido. Sé lo que Linden hacía,
queriendo que Bram se mantuviera como el infierno lejos de mí. No lo
pude culpar y tal vez lo debería haber apreciado. Pero por una vez, por
una maldita vez, quería cometer todos los errores grandes y malos.
La fea, brumosa luz de una mañana de San Francisco pone las
cosas en una perspectiva diferente. Trato de empujar esos sentimientos
de enojo y preguntarme si Bram lo quería decir cuando dijo que nos
llevaría a IKEA. Lo escuché anoche, gimiendo. En realidad salí al
vestíbulo por un segundo, casi hipnotizada por sus gritos, como si fuera
a hacer realidad mi fantasía esta vez. Pero nunca llamé a su puerta,
nunca la abrí.
Sin embargo, ahora hay un golpe en mi puerta. Tengo que
parpadear unas cuantas veces, dudando si lo imaginé. Entonces Ava me
dice, a través de su boca llena de huevos revueltos—: Es la puerta, mami.
—Sus ojos brillan—. Tal vez sea Santa.
—Oh, creo que has mezclado esas palabras allí —digo controlando
mi respiración y me levanto para contestar. Me veo una vez más en el
espejo y decido, en mis pantalones cortos de dormir y camisola, mi
cabello grasiento y mi cara aburrida, que no puedo parecer peor. Suspiro
antes de abrir.
Ahí se encuentra Satanás justo al otro lado, vestido con vaqueros
oscuros, converse y camisa de vestir blanca que es el tipo de material
delgado que no querrías usar bajo la lluvia. Bueno, no lo quiero usar bajo
la lluvia, él puede hacerlo con gusto.
Me mira de arriba abajo pero no hay juicio en sus ojos, solo esta
quemadura lenta, como una versión sutil de la mirada que obtuve
anoche. —Recuerdas que tenemos una cita, ¿verdad?
Le doy una mirada, de regreso a mis defensas. —No es una cita. Es
un favor.
—He estado en muchas citas que eran favores y muchos favores
que eran citas. —La comisura de su boca se levanta—. ¿Te importa si
entro?
Gesticulo hacia el apartamento. —Entra. Todavía no he llegado al
café.
—Debes ser superhumana —dice, pasando por delante de mí
mientras cierro la puerta. Se detiene junto a la mesa, con la palma hacia
Ava—. Choca esos cinco, pequeña.
Los chocan y se ríe mientras entra en la cocina y empieza a hacer
café como si viviera aquí. —Así que, Ava —dice, de espaldas a nosotros—
. ¿Cómo va esa canción tuya?
—Bram, no —advierto. Pero es demasiado tarde. Ava se encuentra
gritando de nuevo a todo pulmón.
—Sabes —digo, alzando mí voz para ser oída sobre su ruido—. Es
una suerte que seas al menos uno de mis vecinos. Tengo la sensación de
que el anciano a la izquierda de aquí se va a quejar de su canto un día.
—Se puede quejar todo lo que quiera, cariño, soy el único a cargo
aquí.
Mientras pone agua en el depósito, no puedo evitar preguntar—:
Entonces, ¿cómo fue todo anoche? —Trato de sonar tan despreocupada
como sea posible, pero siento que es un error decir algo. No quiero que
piense que me importa. No me importa—. Sólo tengo curiosidad —agrego,
como si eso hiciera una diferencia. Porque sólo tengo curiosidad. No hay
nada malo con eso.
—¿En el Lion? —pregunta, sacudiendo la olla y luego apoyándose
contra el fregadero para enfrentarme. Se cruza de brazos y hago lo que
puedo para no concentrarme en la mayor parte de ellos.
—Sí.
Inclina su cabeza, me inspecciona. —Estabas ahí. Tú dime.
Mojo mis labios y luego me encojo de hombros con indiferencia. —
Parecía haberlo hecho con esa chica que Linden te presentó. Los vi salir
juntos en un taxi.
—¿Lo hiciste ahora? —pregunta. Me encanta la forma en que dice
"ahora" con su acento, como un "no" pero más dulce.
—Mmm hmm —respondo, deseando no haber dicho nada.
—¿Y eso cómo te hizo sentir?
¿Qué? ¿Realmente me pregunta eso? Le doy una mirada. —No sentí
nada excepto tal vez un poco de lastima por la chica que será echada al
bordillo en unos días.
Su frente se arruga. —¿Es así eso?
—Deja de responderme con preguntas.
Deja salir una pequeña risa. —Lo suficientemente justo. Para tu
información, no llegó a ninguna parte. Se fue a casa directamente del bar.
Así que los ruidos que escuche anoche… lleno los espacios en
blanco. Eran suyos de nuevo.
—Y —dice, levantándose y volviéndose hacia mí, de repente su
presencia parece tomar todo el espacio en el apartamento—. Para tu
información, la cita con Justine terminó de la misma manera.
—Dos noches seguidas sin sexo —comento.
—Es correcto —dice con calma—. Sucede. Por lo general cuando
mi mente está preocupada. ¿Por qué follar a alguien si no puedes dejar
de pensar en otra persona?
Oh mierda. ¿Habla sobre mí?
Por supuesto que está hablando de ti, me digo rápidamente. Pero
aun así, incluso sabiendo que eso es probablemente cierto, no hay una
parte de mí que esté preparada para manejar nada de esto. ¿Bram dejó
de follar a esas chicas calientes porque pensaba en mí? ¿En la señorita
mamá soltera con cicatrices y estrías y que, por el momento, lleva la ropa
de noche más fea de todos los tiempos?
Está bromeando sin embargo. Debajo de ese ardor en su mirada,
bajo ese giro algo malicioso en su boca, todo es una broma como siempre
lo es. Bram el bromista, siempre tirando de mi pierna.
Tenía que estar bromeando.
—Mami —dice Ava repentinamente, apareciendo entre los dos. Me
toma un momento mirarla.
—¿S… sí, ángel? —pregunto, sorprendida de que mi voz tiemble.
También estoy sorprendida por todos mis otros sentimientos, los físicos
que hacen que la situación sea inapropiada.
—Dijiste que tendríamos una aventura hoy —dice—. ¿A dónde
vamos?
Correcto. IKEA. Puedo sentir los ojos de Bram y no me atrevo a
mirarlo. No creo estar preparada para la verdad, no importa que camino
tome.
—A una tienda a comprarnos un nuevo sofá —digo.
Mira al sofá, perpleja. —Pero me gusta nuestro sofá —dice con el
labio inferior temblando—. Es mi castillo.
Mi corazón se derrite y automáticamente me agacho a su nivel,
tirándola bajo mi brazo. —Sé que sí, Ava, pero a donde vamos
conseguiremos un mejor sofá. ¡Quizás dos sofás! ¿Y sabes qué?
—¿Qué? —pregunta rápidamente.
—Hay una sala mágica llamada el salón de baile —digo—.
Recuerdas cuando vimos esa película y viste a la niña escondida debajo
de todas las pelotas. —Desafortunadamente creo que estoy recordando
la película Traffic, que ella ciertamente no vio conmigo, pero no necesita
saber eso—. Es tan divertido. Cuando era niña, era casi tan bueno como
la Navidad.
Ahora me mira como si estuviera malditamente loca.
—Es verdad —dice Bram y lo mira—. Estas a punto de tener una
muy divertida aventura. ¿Estás lista, pequeña?
Porque está tan enamorada de Bram, sus ojos se iluminan y sonríe,
asintiendo vigorosamente. Estaría celosa si no estuviera sintiendo un
golpe completo de otras cosas, especialmente en mi útero. Es como si me
estuviera dando una patada, oye Nicola, es uno de los buenos, y creo que
podría tener que poner mi útero, vagina y corazón en una especie de celda
de la que sólo mi cerebro tenga la llave.
Me mira con una poco de excitación. —¿Estás lista?
Tomo una respiración profunda y manejo una sonrisa. —Déjame
ponerme algo de ropa y peinar mi cabello.
—Estas perfecta de esta manera, nena —dice—. Aunque esos
pezones tuyos parecen competir por mi atención.
Miro abajo hacia mi pecho y los veo empujar a través de mi delgada
parte superior como si se tratara de túnel de su salida. Mierda.
Pongo mis palmas contra ellos y me apresuro a ir a mi dormitorio,
deseando poder empezar la mañana y, sin embargo, extrañamente
vertiginoso sobre dónde ha ido hasta ahora.
Cuando entramos en el estacionamiento de IKEA en Emeryville, me
sorprende que no esté lleno. Por otra parte, aunque es domingo, todavía
es temprano. Echo un vistazo al reloj en el salpicadero de Mercedes y son
diez minutos hasta la apertura. Me pregunto si es así como se sentirá la
edad madura, tratando de vencer a las multitudes o enganchar un trato
de ir temprano.
Luego miro a Bram, cuya mano todavía está en la palanca de
cambios, y por un segundo me imagino más gris su cabello. Más rastrojo
en su mentón y líneas por sus ojos. Me lo imagino mayor y a una Ava
adolescente en el asiento trasero.
Mi corazón parece expandirse al pensarlo, se siente lleno, completo.
Entonces tartamudea, como si fuera algo que ni siquiera puede empezar
a comprender y me siento avergonzada de que mi mente incluso haya ido
allí por un momento. Santa mierda, ¿qué diablos se me ha metido?
—Vamos a las puertas —digo rápidamente, abriendo la puerta y
bajando del coche. Puedo decir que Bram está desconcertado por mi
repentina partida, pero necesito despejar mi cabeza y concentrarme en la
tarea que tengo en manos. Sofá, sofá, sofá. Muebles suecos. Potes de
malla llenos de bolas. Perros calientes de un dólar.
Sin embargo, en el momento en que llegamos a las puertas,
después de sacar a Ava del asiento de seguridad y asegurarme de que he
cortado las manzanas, un poco de jugo, la insulina y el monitor de
glucosa de bolígrafo por si acaso, la tienda se encuentra abierta para los
negocios. Aun así es relativamente tranquilo y tenemos suerte de que la
fosa de pelota no está llena. Ava se mide para asegurarse de que es lo
suficientemente alta para entrar y luego la dejamos allí con la guardería,
lo que nos da alrededor de una hora por nuestra cuenta, lo suficiente
para mirar alrededor de la tienda y luego recogerla para el almuerzo.
La observo durante unos minutos mientras se acerca lentamente
al borde de la fosa, observando a los niños que ya se encuentran en ella.
Nunca ha sido tan tímida con otros niños, pero tampoco la he expuesto.
Supongo que simplemente no tengo amigos que tengan hijos, algo que
sucede cuando tienes un hijo a temprana edad y fuera del matrimonio.
Un niño, de unos pocos centímetros más alto, nada a través de las
bolas y luego se detiene frente a ella. Él sonríe, desdentado y luego lanza
una pelota. Salta a la derecha en su cabeza y antes de que lo sepa, estoy
lista para correr a la fosa, recoger a Ava y llamar a esa pequeña mierda
lo que realmente es.
Pero Bram ha agarrado mi brazo y tira.
—Tranquila, mamá —murmura en mi oído. Lo dejo sostenerme y
vemos a Ava recoger la pelota y devolverla al chico. Le golpea en el pecho
y le frunce el ceño antes de caminar hacia el otro lado de la fosa donde
una chica con coletas rojas rebota.
—No es muy diferente a ti —murmuro mientras mi ritmo cardíaco
vuelve a la normalidad.
Bram todavía tiene la mano alrededor de mi bíceps y la baja por mi
brazo, sus dedos rozando mi piel hasta que estoy segura de que va a
agarrar mi mano y sostenerla. Pero entonces se retira por completo. —Y
Ava sabe cómo lidiar con chicos como yo, igual que su madre. ¿Nos
vamos?
Sé que no haremos nada si me mantengo de pie en el centro de
juego. Veo a las otras mamás llegar y dejar a sus hijos, luego se apresuran
a entrar en la tienda como si no pudieran esperar alejarse. Estoy tan
acostumbrada a estar cerca de Ava todo el tiempo que es difícil no tenerla
conmigo. Pero esto es bueno para ella y es bueno para mí. Tiene que ser.
Le doy una pequeña sonrisa a Bram y subimos la enorme escalera
hacia el resto de la tienda.
—Así que —medita Bram mientras los planos del piso nos hacen
comenzar en los conjuntos de sala de estar, justo donde tenemos que
estar—. ¿Qué tipo de sofá buscas?
Me encojo de hombros. —No lo sé, uno barato. —Miro el gigantesco
justo frente a nosotros—. Uno pequeño, y uno que no se desgarre
fácilmente.
Bram se detiene en la sección y pone sus pies sobre la mesita,
sintiéndose como en casa. —Bueno, odio decirte esto, pero IKEA no es
exactamente conocida por su calidad.
Pero ya no le escucho. En cambio, mis ojos se van a sus calcetines
en exhibición. Una vez más, son los feos marrones y amarillos con el
monstruo del lago Ness por todas partes.
—Está bien —digo, asintiendo hacia ellos—. Esta es la segunda vez
que te veo usarlos. ¿Qué pasa con los calcetines?
Mira sus tobillos, como si se sorprendiera al ver sus pies allí. —Oh
¿estos calcetines? Son de la suerte. —Pero cuando me sonríe, hay algo
duro en sus ojos. Es una mirada que no veo con demasiada frecuencia y
aunque de inmediato quiero diseccionarla y averiguar lo que significa, sé
que no debería. Soy la reina de la desviación y esa mirada me dice que
me daría una carrera por mi dinero.
En lugar de eso digo—: ¿Son de la suerte? Son las cosas más feas
que he visto, realmente no van con todo tu conjunto.
La mirada oscura pasa y me mira con burlona sinceridad. —¿Te
interesas por lo que uso?
—Solía ser mi trabajo —digo—. Quiero decir, vestía maniquíes pero
me aseguraba de que fueran los maniquíes mejor vestidos de toda la SF.
—Lo creo —dice—. Para una mujer sin mucho dinero, seguro que
te las arreglas para que parezcas de un millón de dólares. —Se levanta
del sofá y estoy un poco aturdida por el cumplido. Lo creas o no, significa
más para mí de lo que podría saber. Solía tener un blog de moda hace
años cuando era fresco y rentable, me tomaba muy en serio cómo me
vestía. Ahora, ya no parece importante.
No, tacha eso. No es que no fuera importante. Es sólo que no lo
encontré mejor que el pegamento loco sosteniendo mi mesa de la cocina
junta. Podría vestirme, pero en el fondo seguía siendo un puto desastre.
Excepto que hoy en realidad me disfracé un poco. Me puse un par
de botas Alexander McQueen de hace muchos años y temporadas,
vaqueros ajustados de Old Navy (que me vendieron por $ 4) y un Brete
Bateau Petite rayado rematado. Está un poco raído en este punto, pero
todavía hace que mi pecho se vea fantástico. Seamos realistas, es por eso
que lo uso y por la forma en que sus ojos siguen volando allí, puedo decir
que aprecia el esfuerzo.
—Gracias —digo, buscando una forma de jugar su cumplido—. Tú
tampoco estás tan mal. Ya sabes, aparte de los calcetines de popó y pis.
Se echa a reír. —¿Popó y pis? Has estado alrededor por Ava
demasiado tiempo, mi amor.
—Probablemente —admito y seguimos por el pasillo. Hasta ahora,
ninguno de los sofás que he visto son exactamente lo que busco y me
estoy cansando de sentarme y levantarme para probarlos.
Finalmente nos encontramos con una zona donde hay muchos
sillones y hay algo que me llama la atención. Es un pequeño sofá de dos
plazas con la tela amarilla brillante y las patas de metal. Me inclino y
miro el precio. Está por debajo de los cien dólares. Podría conseguir dos
de ellos, que encajan con mi decoración y se ven muy fáciles de montar
también.
—¿En serio, este? —pregunta Bram, mirando el sofá con desdén—
. ¿Cómo me tendrás alrededor? Romperé la maldita cosa si me siento ahí.
—Pruébalo. —Lo miro mientras baja su gran cuerpo sobre el sofá.
Se estremece. —El sofá más incómodo en el que he puesto mi
trasero.
Me siento a su lado. Es cómodo. Muy cómodo. Tengo la pierna
enroscada contra la suya y ese maravilloso olor masculino me está
molestando. Pero aparte de eso, tiene razón. Es bastante huesos
desnudos en el departamento de relleno.
Pero el precio es justo. —Tengo un montón de almohadas —digo,
tratando de salir del sofá—. Podría hacer que funcione.
Y estoy trabajando realmente mis abdominales tratando de salir
de la maldita cosa. Bram no es de ninguna ayuda. Coge mi cuello y me
tira hacia abajo a su lado.
—Sabes, si fuéramos una pareja —dice, deslizando su brazo por el
respaldo para colocarlo detrás de mi hombro—. Este sería el sofá perfecto
para nosotros. Nunca nos levantaríamos. Tendríamos que sentarnos
juntos en la compañía del otro.
—Gracias a Dios no tenemos que lidiar con eso —digo y ahora su
brazo está justo sobre mis hombros, su mano se acurruca y me sostiene.
—No es tan malo —dice, su voz sonando un poco arenosa—. ¿Lo
es?
—No puedo creer que hagas tus movimientos en IKEA. —Me burlo,
haciendo un intento de subir de nuevo. No llego muy lejos. Supongo que
mi intento fue bastante desagradable.
Aleja su brazo y sacude su cabeza, una mirada incrédula en su
rostro. —¿Crees que hago mis movimientos en ti? Oh, cariño, todavía no
has visto nada. Mis movimientos te ponen caliente, sudada y sin
respiración, gimiendo mi nombre. No te tienen haciendo bromas.
No me atrevo a admitir que hay algo de sin aliento en nuestra
proximidad. —Sin embargo, me haría venirme con un lema, ¿verdad?
Sonríe ampliamente y noto ese diente torcido en el fondo que le
adhiere un encanto tosco a su cara demasiada perfecta. —Aquí te pillo
aquí te mato, gracias Bram, es uno bueno.
Sacudo mi cabeza. —Eres demasiado.
—Soy demasiado —dice y se levanta—. Pero tengo fe en que me
podrás manejar. —Estira su mano y cuando coloco la mía en la suya,
admirando cuan pequeña y delicada se ve, me levanta.
—Gracias —digo, me acomodo después de que el mini sofá casi nos
mantiene cautivos—. Por cierto, siempre estás muy bronceado. ¿Es falso
o siempre consigues ir a lindos lugares calientes?
Parece un poco demasiado complacido con mi pregunta. —Nicola,
estoy halagado de que hayas notado mi tono de piel. Primero fueron mis
calcetines, ahora el color de mi piel. Estoy comenzando a creer que tal
vez estás interesada en algo más que en mis habilidades de propietario.
—Me cruzo de brazos, una pierna oblicuamente y le doy la mirada de
“¿estás bromeando?”. Él continua—: Tengo algunos lugares favoritos
donde el sol brilla incluso cuando no lo hace en la ciudad gris. —Hace
una pausa y su mirada es firme—. Y estaré más que feliz de llevarlas
algún día.
Increíble. Lo miro, acostumbrada a su generosidad y todo, pero un
viaje parece decir algo más. —¿Qué hay de Linden y Steph? —pregunto
cautelosamente.
Levanta perezosamente un hombro. —Pueden venir también. Un
poco como que interfieren en toda mi cosa seductora.
No puedo evitar reír. —¿Cosa seductora?
Me señala. —Solo espera por ello. —Entonces se dirige hacia la
tienda, consigue una tarjeta y uno de esos pequeños lápices, escribe la
información del sofá y donde encontrarlo en el almacén—. Tengo todos
los detalles de tu pequeño y horrible sofá.
—Gracias —digo y continuamos nuestro camino, incluso aunque
Bram sigue mirando por encima de su hombro hacía otro sofá. Lo empujo
juguetonamente—. Me he decidido, no me puedo permitir otra cosa y el
sillón amarillo es lindo. Y barato.
—Va a ser una verdadera mierda para montar.
—Soy una vieja profesional —aseguro—. Y tengo un vecino que
parece saber cómo manejar una herramienta. —Miro su presumido rostro
y agrego rápidamente—: No es que las llaves Allen sean tan complicadas.
Cuando nos dirigimos a los baños, Bram agarra mi mano y
rápidamente me lleva hacia un lado. —Tengo un reto para ti.
—¿Un reto? —repito. Sé que Steph y Linden tuvieron su primer
beso verdadero por un reto, pero no estoy segura de lo que Bram tiene en
mente. Los retos son peligrosos, usualmente embarazosos y, bueno, un
poco inmaduros. Creo que tenía once cuando tuve mi último reto e
involucraba volcar a una vaca en el medio de la noche.
—Si —dice, viéndose más emocionado de lo que debería—. Entra
en el baño de allí y siéntate en el inodoro, pretendiendo leer una revista.
Cuando alguien entre en el baño, grítales para que salgan y que necesitas
maldita privacidad.
—¿Qué? —exclamo, mirando hacia donde señala—. Es un baño
falso. No voy hacer eso.
—Ni siquiera tienes que bajarte los pantalones —dice, casi
riéndose—. La persona estará en shock, ni siquiera lo notará.
—Puaj, no —digo, saliendo de su agarre y me alejo.
—Realmente no eres divertida —dice, viniendo detrás de mí.
Me detengo, girando y señalando a su cara con mi dedo. Una ola
de cólera brotando desde mi pecho. —Sabes, me dijiste eso una vez y se
quedó en mi cabeza desde entonces. Soy divertida, solo no soy estúpida.
Sé divertirme, pero tampoco soy una zorra. Yo…
Levanta sus palmas en mi dirección, ojos amplios. —Guau,
tranquila. Eso definitivamente no es lo que digo. No eres una zorra y
ciertamente no eres estúpida, ¿está bien? solo era una broma. Me burlo
de ti, te burlas de mí. Ves…hay diversión allí.
Mi respiración es pesada, pero tomo una inhalación profunda y
gano nuevamente el ritmo. No sé porque reaccione de esa manera.
—Oye —dice gentilmente, poniendo sus dedos en la punta de mi
barbilla y levantando mi cabeza para poder encontrarme con sus ojos. La
última vez que me miro de esta forma fue en la noche de bodas.
Fragmentos de sentimientos vienen flotando y se siente como que estoy
allí y en el fluorescente resplandor de IKEA al mismo tiempo—. Puedo ser
insensible a veces, lo sé. No es nada personal. Eres divertida. —Intento
alejar la mirada pero sostiene mi cabeza en el lugar—. Tú eres divertida,
Nicola. Eres divertida para tener alrededor, sea que lo creas o no. Y creo
que puedes ser la cosa más dulce que he visto, escogiendo los más
pequeños, baratos sillones de mierda para tu apartamento. Si eso no es
divertido, no sé qué lo es.
Ahora está siendo demasiado amable, los cumplidos me inquietan.
Parece creerlos demasiado. —Creo que me gusta más cuando eres un
imbécil.
—Está bien —dice—. Puedo trabajar con eso, también. ¿Sabes cuál
es tu verdadero problema, cariño?
—¿Cuál? —pregunto, queriendo saber y temiendo su respuesta.
—Estás totalmente a falta de sexo —dice, su voz bajando un
registro. Se inclina más cerca—. Y soy el que puede inclinar la balanza
en la otra dirección.
Parpadeo, trago fuertemente. No tengo una respuesta para eso
porque sé que es verdad. Solo no quiero que sepa que es cierto.
Le doy una mirada torcida, intentando sacudir sus insinuaciones.
—Allí vas pensando tan bien de ti mismo. ¿No puedes mantener tu ego
bajo control?
Sacude su cabeza ligeramente, sus ojos enfocados intensamente en
los míos. —Tengo ego por una razón. Y uno de estos días descubrirás
porque es.
Calor fluye desde mi centro hasta mi cuero cabelludo. Alejo la
mirada y deja caer sus dedos de mi cara. Me siento enteramente sin
aliento, casi tambaleante, como si hubiera estado atrapada en algún tipo
de campo hipnótico en el medio del mobiliario sueco.
—En tus sueños—digo, pero sale como nada más que un chillido.
Sonríe a eso.
—Lo siento—murmuro, intentando cambiar de tema—. Por
exagerar. Obviamente tengo algunos problemas.
—¿No los tenemos todos? —pregunta. Agarra mi mano y me
conduce a lo largo del pasillo—. Vamos a rescatar a tu hija del pozo de
gérmenes.
No me suelta hasta que llegamos allí.
10
Traducido por MaJo Villa & Pachi Reed15
Corregido por Julie

Nicola
El resto de la salida de IKEA ocurre sin incidentes prácticamente y
con eso me refiero a todas las detenciones de insinuaciones sexuales,
afortunadamente, una vez que llegamos a Ava. No es que lo que Bram
estuviera diciendo se pudiera llamar insinuación. No había nada de
indirectas en eso.
Cuando volvemos a mi apartamento, me siento muy nerviosa. Creo
que necesito un momento para estar a solas con mis pensamientos, para
reunir mi fuerza y mi ingenio. Por mucho que me divirtiera, fue
desafiante. Bram me desafió. Y se siente que cuanto más tiempo pase
cerca de mi vecino guapo, se disolverá más mi resolución.
Pero qué manera de que resultara todo.
—En fin —le digo después de meter las pesadas cajas del sofá y
una vez más, intento no babearme mientras él se levanta y baja, como
un hombre de las cavernas increíblemente robusto—. Muchas gracias por
llevarnos allí.
—Cualquier cosa para mis dos chicas favoritas —dice, mirando a
Ava. Ella se ríe, luego como si fuera atacada por un caso de timidez, corre
a su habitación—. Y lo digo en serio —agrega, con sus ojos ahora en mí—
. ¿Segura que no necesitas ayuda con tus sofás de mala muerte?
—Estoy segura —le digo.
Asiente. —De acuerdo. Grita si necesitas algo. —Me da una sonrisa
antes de que salga del apartamento. Cierra la puerta detrás de él, pero
no respiro hasta que lo oigo cerrar la puerta de su casa.
Me desplomo en el sofá y, de repente, me siento triste por
deshacerme de él y cambiarlo por uno nuevo y barato. Este sofá es
cómodo, es suave, es como un cálido abrazo. Seguro que se cae a pedazos
en las costuras literales, pero ha estado conmigo todo este tiempo, allí
mientras mi vida se descompuso y me salí de la pista. Lo compré de
Anthropologie por internet y recuerdo que Phil se encontraba muy
enojado cuando un día apareció en nuestro departamento. Dijo que
nuestra casa lo estaba echando, que se volvía demasiado femenina. En
ese entonces, eso debió haber sido una señal. Quizá no era el mobiliario
que lo echaba, sino yo.
No quiero dejar el sofá. Quiero que se quede. Digo, aquí mismo, en
donde está a salvo.
—Mamá —dice Ava con su voz cantarina, subiendo al sofá a mi
lado.
—¿Qué pasa, ángel?
—¿Bram es mi padre?
Casi me ahogo. —¿Qué? No es tu padre. Cariño. No. Phil es tu
padre.
Niega con un gesto. —Pero no recuerdo a Phil. Nunca lo he visto. —
Lo dice como si su nombre tuviera un mal gusto—. Veo a Bram. Él debería
ser mi padre.
Algo en mi corazón se agrieta por eso. —Así no es cómo funciona.
—¿Por qué no? ¿No le agradamos?
Oh Jesús. Retiro el cabello de su cara. —Creo que a él le agradas.
Tal vez puedas pedirle a Santa que lo sea este año —agrego como una
broma, tratando de lograr que deje de hablar de ello.
Sonríe. —Está bien, haré eso. ¿Cuántos meses faltan para
Navidad?
Mierda. Obviamente la broma pasa desapercibida para ella. Sé que
estoy posponiendo lo inevitable, pero ahora siento que se va a convertir
en una horrible película de Hallmark estrenándose para Navidad. Me
estremezco ante la dulzura.
Oigo un bajo suave proveniente de la puerta de al lado; Bram ha
colocado algunos de sus discos británicos de los 90’s de nuevo. Casi lo
puedo ver como un adolescente en Escocia, consumiendo éxtasis y yendo
a clubes subterráneos. Apuesto a que tenía el cabello corto en puntas,
llevaba un collar con cuentas y camisetas deportivas marca Adidas. Creo
que le preguntaré cómo era en esa época.
No, me digo. Sácalo de tu maldita cabeza. Ya.
Y así, me escucho a mí misma porque rara vez me dirijo mal. Recojo
mi teléfono y le escribo a Steph.
Sé que es domingo, pero necesito una noche de chicas
URGENTEMENTE. Y no para ir a Lion.
Responde al instante. Hecho. Se lo diré a Kayla. Te pondremos
bien borracha. ¿Quién va a cuidar a Ava?
Buena pregunta.
Encontraré a alguien.
Entonces llamo a mi madre y, como no puede hacerlo porque va a
limpiar una casa mañana temprano, llamo a Lisa. Ella tiene una cena y
tampoco puede hacerlo.
Bueno, mierda. Supongo que tener a dos personas para llamar en
caso de que necesite que cuiden a mi niña no es suficiente, especialmente
si es con tan poco tiempo de aviso. Tal vez tendré que olvidarme de
relajarme, después de todo, lo cual es muy malo porque cuanto más me
imagino bailando sin que me importe nada y bebiéndome todo, más
empiezo a ansiarlo. Lo necesito, lo necesito.
No puedo encontrar a nadie, le escribo a Steph.
¿Qué hay de Bram? Es su respuesta rápida.
¿Qué hay de Bram? De inmediato quiero descartarlo. En primer
lugar, la noche se supone que es un escape de él y, si cuida a Ava, voy a
estar preocupada por ella y, por defecto, pensando en él toda la noche.
Tampoco sé si le confiaría el cuidado de un niño, especialmente la mía,
sobre todo una diabética.
Tampoco quiero pedirle otro favor. Así que ahí está eso.
No lo creo, le escribo a Steph. Encontraré a alguien más. Aunque
las dos sabemos que no hay nadie más. Quiero decir, supongo que está
Linden, pero sería incluso peor que Bram en el departamento de la
irresponsabilidad.
Me recuesto en el sofá y empiezo a revisar los contactos de mi
teléfono en tanto Ava juega con sus muñecas en el suelo. Considero a
Penny, la novia de James, y estoy a punto de enviarle un mensaje de
Facebook cuando, desde afuera, en el pasillo, oigo a Bram diciendo—:
¿Nicola?
Estupendo. Bajo el teléfono y voy a la puerta, abriéndola. Se
encuentra al otro lado con ojos ansiosos.
—¿Sí? —pregunto con suavidad.
—Acabo de enterarme por Steph —dice—. Me encantaría cuidar de
Ava esta noche.
¿Steph? ¡Esa perra!
—¿Te llamó? —pregunto incrédula. De inmediato me acerco a mi
teléfono, lista para enviarle mensajes con palabrotas y letras mayúsculas
de gritos.
—Sí —dice, apoyándose contra el marco de la puerta—. Dijo que
nunca lo preguntarías tú misma, pero que querías una noche de chicas
y no podías hallar una niñera. Así que aquí estoy.
No sé qué decir. Pero Ava lo dice por mí.
—¡Bram! —grita como si no hubiera estado aquí hace solo diez
minutos. Rodea corriendo el sofá y va justo encima de él, lanzando sus
brazos alrededor de su pierna. Es tan lindo que quiero vomitar. Y
recordando lo que había dicho antes sobre Bram, creo que podría hacerlo.
—¿Te trajo Santa? —pregunta.
Oh, Dios, pienso. Por favor, para allí.
—¡De acuerdo! —digo rápidamente. Y en voz alta. Tanto Ava como
Bram saltan un poco—. De acuerdo, eso sería estupendo, si no te
importa. —Bajo la voz—. Sé que es pedir mucho. Hay solo unas cuantas
cosas que quiero hablar contigo, acerca de su, uh, situación.
—¡Diabetes! —grita Ava, corriendo entre nosotros, sabiendo a lo
que estoy tratando de darle la vuelta—. ¡La enfermedad especial!
—Esa es la actitud positiva —le comenta Bram. Me sonríe—.
Oriéntame, mamá.
Lo miro de reojo. —Si sigues diciéndome mamá, se volverá extraño.
—Claro. —Asiente—. No quiero que ese error ocurra mientras estoy
teniendo relaciones al lado.
Suspiro y coloco mis manos sobre las orejas de Ava hasta que ella
se ríe y se aleja. —Lenguaje —le advierto.
—Cuanto más sucio, mejor —dice, encantándole—. Lo único que
sabe es que estamos hablando de alfombras. Hablando de alfombras... —
Sus ojos se deslizan hacia mis vaqueros.
—Bram —digo con severidad—, si quieres ayudar, cállate y ven
aquí.
Lo llevo a la cocina en donde guardo la insulina y los suministros
en un kit especial. —Necesito que de verdad prestes atención. Esto es
serio. ¿Entendido?
Dice que sí, pero todavía tiene esa sonrisita.
—¿Alguna vez te has encargado de un niño?
Su sonrisa desaparece. —Claro que sí.
—¿Oh en serio?
Frunce el ceño en mi dirección, sus ojos se entrecierran
ligeramente. —No soy tan incompetente como piensas. —Hay un tono en
su voz que me coge desprevenida. Es el mismo tipo de vibración que recibí
cuando le pregunté por sus estúpidos calcetines.
—Espero que hables en serio —le digo con aire alegre, tratando de
ignorar el repentino cambio en él. Pero mientras tengo toda su atención,
aunque tensa, lo pongo al tanto de las cosas básicas—. Este es el monitor
de glucosa en la sangre.
—¡El alfiler! —grita Ava, corriendo y observándonos
ansiosamente—. Ese es el alfiler en donde la Bella Durmiente pincha su
dedo.
—¿Así es? —pregunta Bram y parece que se está calmando un
poco. Dios. Creo que me gusta mucho más el bromista. Cuando Bram
McGregor se pone serio, se pone serio.
—Es un pequeño pinchazo en su dedo. —Sostengo el dispositivo y
meto la tira de prueba, encendiéndolo. Entonces tomo la mano de Ava y
le pincho la punta de los dedos, rápida y suavemente. Sacude su mano
después como si le doliera. Probablemente sí, pero ahora está tan
acostumbrada y le sonríe a Bram como una chica grande.
—Entonces —continúo, mostrándole—, miramos los resultados.
Dice que está en ciento setenta, que es por encima de lo indicado en estos
momentos. La única vez que tendrás que hacerlo será antes de irse a la
cama. Entonces debería estar entre cien y ciento ochenta. —Saco la tira
reactiva y la coloco en la basura—. Luego te deshaces de la tira.
—¿Y qué pasa si no está en ese rango?
—Ajustas su dieta —le digo—. Pero eso no es nada para que te
preocupes. Es solo algo continuo en realidad, los ajustes. Hago la prueba
unas seis veces al día, algunas veces más. Recibe inyecciones de insulina
tres veces al día, por la mañana, por la tarde y luego antes de ir a la cama.
Acabo de darle una en el baño de IKEA, pero esta noche antes de irme, le
daré la última y te enseñaré, por si acaso. —De repente, me doy cuenta
de que me quedo sin aliento y estoy agarrándome el corazón.
Bram coloca su mano en el lado de mi mejilla, mirándome
fijamente. La sensación de su piel caliente me está estabilizando, a pesar
de que empiezo a tener un ataque de pánico menor. —Está bien —dice
en un tono tranquilizante—, estaré bien.
—Lo siento —me las arreglo para decir, tratando de respirar—.
Siempre es difícil, cada vez que salgo. Siento que estoy dejando su suerte
en manos de otra persona.
—Y así es —dice, acercándose un poco más, acariciando mi
mandíbula con la palma de su mano, apartándome suavemente el cabello
de mi pómulo—. Pero me encargaré de esto. Saldrás, te divertirás y luego
volverás. Estará bien, estará dormida y voy a revisar todos tus álbumes
de fotos.
De alguna manera sonrío ante eso.

Cuando son las siete en punto, me encuentro en un vestido de


cóctel negro adecuado para un episodio de Mad Men, con un lápiz labial
rojo y cabello peinado como lo hacían en los 60’s.
—Mamá, pareces una princesa —dice Ava mientras se sienta en el
borde de mi cama, balanceando las piernas de un lado a otro mientras
doy los últimos toques a mi delineador líquido—. No, una reina.
—Muchas gracias —le digo, sonriéndole en el reflejo—. Ahora,
compórtate bien con Bram, ¿de acuerdo?
—Lo haré —dice y le creo. Una de las muchas cosas hermosas de
Ava es que nunca ha sido una niña malcriada. Siempre ha sido cortés y
considerada, e incluso cuando tiene un berrinche ocasional, lo detiene
rápidamente y aprende de ello. Yo ciertamente no era así de pequeña y,
a veces, me pregunto cómo resultó tan bien cuando nuestras
circunstancias podrían ser mucho mejores. Pero de nuevo, siempre y
cuando tenga comida en su vientre, un techo encima de su cabeza y una
madre que la ame, un niño no puede desear mucho más. Excepto tal vez
algunos de los muñecos de My Little Ponies de la nueva generación, pero
para eso está la Navidad.
Junto con otras cosas ahora, aparentemente.
No pasa mucho tiempo antes de que Bram llegue. Trae consigo un
cuenco de palomitas de maíz pre-cocinadas, que creo que es un poco
adorable, y casi lo deja caer en el momento en que me ve.
Si es mezquino haber deseado esa clase de reacción por su parte,
bueno, puedo confesarlo.
—Luces comestible, maldición —dice con esta voz ronca y áspera
que me hace querer apretar mis piernas. La palabra comestible de sus
labios evoca tantos escenarios increíbles.
—Eso es lo que buscaba —le digo, sin siquiera molestarme en
corregir su maldición.
—¿Entonces, vas a ver a alguien?
Frunzo el ceño. —Nunca dije nada acerca de ver a alguien. —¿Y por
qué te importa? Es decir, ¿te importa?
Como que quiero que le importe.
—Cariño, cuando sales luciendo como una jodida estrella de cine,
de la clase que los muchachos colocan en sus paredes y con las que se
masturban con un calcetín, vas a encontrarte a alguien. Puede que
todavía no lo sepas pero —me agita los dedos—, me estás dando la jodida
vibración.
—Dar la vibración y quererla darla son dos cosas diferentes —le
digo.
—Oh, como si no supiera eso. Pero te aviso... prepárate para ser
solicitada y mucho.
—Shhh —lo desestimo—. Si puedo manejarte a ti con que me
coquetees, puedo manejarlos a ellos.
Sonríe suavemente. —Supongo que tienes razón en eso.
Después de mostrarle cómo darle a Ava su inyección de insulina,
Dios no quiera que necesite usarla, los dejo y bajo las escaleras hacia
donde Steph y Kayla me esperan en un Uber. La última visión que tengo
de ellos es la de Bram de pie junto a la puerta y Ava rebotando de arriba
hacia abajo en el sofá de fondo. Si el sofá se rompe esta noche, parece
que estaré pasando mi lunes por la mañana en la línea de montaje de
IKEA.
—Nicola —dice Steph mientras entro en el asiento trasero de un
Prius—, estás muy sensual.
—Sí —dice Kayla, inclinándose hacia delante para mirarme. Me
muestra sus pulgares hacia arriba.
Ellas tampoco se ven mal, vistiendo vaqueros apretados, camisas
ceñidas y zapatos con tacones que podrían romperte un talón. Los de
Steph, me doy cuenta, son auténticos Rodarte, lo que me hace tener celos
por un momento.
—Estoy muy contenta de que hayas decidido hacer esto —dice
Kayla más tarde cuando nos acercamos al primer bar, Bartlett Hall, justo
a las afueras de Union Square—. He necesitado tiempo de chicas. Digo
que inventemos nombres falsos y trabajos falsos para nosotras. Yo voy a
ser Lorraine Moneypenny, una entrenadora de circo de las palomas que
se presentan en el Cirque du Soleil. Los que están en las vigas durante
los espectáculos. Entonces les pediremos a los chicos fotos de penes. Ya
sabes, acércate a los chicos desconocidos y pregúntales, para ver quién
quiere jugar. —Hace una meditación pausada, añadiendo una sonrisa
descarada—. ¿Les he dicho alguna vez que ustedes son las mejores
acompañante que una chica podría esperar?
—Oh, espera —dice Steph, colocando su mano sobre Kayla—, esta
noche es de Nicola, no tuya. Y conozco a mi mejor amiga. Si ella dice que
necesita una noche de chicas, realmente la necesita. Mamá caliente
necesita acostarse con alguien. Queremos penes, no fotos de penes.
Ambas me miran, esperando que lo niegue. Pero no lo hago.
Asiento. —Sí. Tengo que acostarme con alguien lo antes posible,
maldita sea.
El piloto de Uber está sonriendo mientras estaciona junto al bar.
—¿Tiene esto algo que ver con vivir junto a Bram? —se burla Kayla.
—Esto tiene que ver con vivir junto a Bram —gimo prácticamente
y las dos parecen sorprendidas—. Si no follo algo pronto, voy a terminar
follándomelo a él. Y todas sabemos qué tan mala idea es. Hasta nuestro
conductor Uber lo sabe. ¿Verdad?
El conductor de Uber nos mira por el espejo retrovisor. —A veces
las malas ideas son buenas ideas.
—¿Cuando el tipo en cuestión resulta ser mi vecino y mi casero?
El tipo silba. —Oh, buena suerte con eso, señorita.
Miro de nuevo a las chicas. —Y por eso tengo que acostarme con
alguien.
—¿Crees que puedes ser una mujer de ligue esta noche? —le
pregunta Steph a Kayla.
Ésta pone su cara seria, como si estuviera entrando en la batalla.
—Te conseguiremos un poco de pene, cariño.
Nuestro primer bar no es uno del tipo en donde se pueda conseguir
un pene, pero es un buen comienzo. Cada una, toma una cerveza
rápidamente y comparte algunos caramelos y, para el momento en que
he terminado con mi Kolsch, me siento borracha. Me siento muy bien, de
hecho. Solo pensé en Bram una vez, también.
En realidad le envié un mensaje de texto mientras me encontraba
en el baño, solo comprobando que Ava estuviera bien. Respondió que
dormía y que estaba viendo porno en preparación para mi regreso y que
esperaba que me estuviera divirtiendo.
Supongo que todo lo del porno fue una broma, pero parte de mí
comenzó a fantasear con la idea de que no lo fuera. Quiero decir, sé que
no tengo porno en mi televisor, solo tengo cable básico, pero ¿qué pasa si
vuelvo al departamento, toda tímida, caliente y aburrida, y él estaba allí,
listo para hacerlo? ¿Qué debería hacer?
Creo que sé la respuesta, pero es más razón para reunirme con
alguien más.
—Muy bien, muchachas —anuncio—, hora de seguir adelante.
A continuación, vamos a un bar llamado Dirty Habit, que parece
ser más moderado de lo que nos gustaría, pero aun así, nos quedamos
para tomar más cervezas y martinis antes de acabar en un lugar sin
nombre afuera de Chinatown, en donde va en aumento una multitud de
problemáticos.
Ahora las cosas se están poniendo un poco irregulares. Estamos
sentadas en una cabina que nos las arreglamos para enganchar después
de mirar a la pareja en ella como unos halcones durante una hora. Hay
mucho baile en la pista y cada vez es más difícil escuchar lo que dice
cada una, así que nos quedamos sentadas en silencio mientras la música
nos rodea. En este punto, he dejado de beber porque se está volviendo
demasiado caro, pero antes de que me dé cuenta, hay un chico de pie
delante de la mesa, susurrando algo en el oído de Kayla.
Es muy sensual. Atlético con grandes hombros redondos y de
cabello corto y rubio oscuro. Con una sonrisa bella. Ojos brillantes.
Joven. Llevando una camisa de los Giants. Cosas bastantes estándares,
pero lo que Kayla le está diciendo hace que me mire de forma apreciativa.
Habría pensado que ella no era una muy buena amiga para ligar, pero
parece interesada en el Proyecto #Penes (hashtag necesario) como
terminó llamándolo. Noté que lo decía en plural, pero supongo que
siempre podría haber uno para ella al final. Después de todo, Steph tiene
su #pene en casa.
Está bien, creo que estoy borracha. El tipo se inclina hacia adelante
y me pregunta algo, pero no puedo oírlo, así que simplemente asiento.
Luego me sostiene la mano y me lleva a la pista de baile. Miro detrás de
mi hombro a las chicas y me doy cuenta que Kayla está gritando—:
¡Penes!
—¿Cómo te llamas? —pregunta el muchacho mientras envuelve
sus brazos alrededor de mi cintura y me lleva hasta su pecho.
—Toda tuya —le digo con una sonrisa. No puedo creer que eso
saliera de mi boca.
Y lo siguiente que sé es que el tipo me está besando. Sabe a cerveza
y su lengua es demasiado descuidada pero estoy en ello. El alcohol, la
música, la sensación de anonimato en la pista de baile. Puedo ser
cualquiera, él puede ser cualquiera.
Sin embargo, por mucho que lo intente, no puede ser Bram.
Lo siguiente que sé es que estamos en un taxi. Steph está aquí. Veo
destellos de Kayla. Se está besando con un tipo, sentada en su regazo.
Me encuentro en el regazo de este fanático de los Giants.
Entonces estamos en otro bar. Woodbury o algo así. Hay dos barras
adentro. Nos acomodamos en la que es solamente para tomar cerveza y
chupitos.
Tomo muchos chupitos. Después de un rato ya no me queman. Me
beso un poco más con el tipo de los Giants y luego me lleva al baño para
minusválidos, un lugar que sé que está hecho a la medida para tener
sexo repugnante en el baño de un bar.
El tipo levanta mi vestido y me pregunta si tomo la píldora. Lo hago,
lo he hecho desde Ava, pero miento. No sé por qué. Le digo que no.
—Deberías hacerlo —dice mientras baja mi ropa interior—, no
quieres quedarte embarazada.
Miro alrededor del cuarto de baño y me detengo en mi reflejo. Ella
se parece a alguien más. Borracha y pretendiendo no tener miedo. La
chica en el espejo me rompe el corazón.
Así que miro al tipo que me sonríe y le digo—: No hace la diferencia,
ya tengo una niña. Ava. ¿Quieres ver su foto?
Eso lo detiene rápidamente. Suelta mi ropa interior y estira mi
pierna para evitar que caiga al piso sucio. La levanto mientras me mira
con ojos llenos pánico. Es joven, demasiado joven para la verdad.
—Mira, uh… —dice, pasando nerviosamente una mano por su
cabello—, no me enredo con mamás. Solo tengo veinticuatro y yo...
—Está bien —le digo, bajando mi vestido. Estoy demasiado
borracha como para tratar de suavizar las cosas, así que solo lo golpeo
torpemente en el hombro—. Sin embargo, gracias por la sesión de
besuqueo, fue divertido.
—Sí —dice, luciendo con timidez—. No tenía ni idea. Eres tan
caliente. Y joven.
Le hago un gesto de agradecimiento y luego desbloqueo la puerta,
regresando al bar.
—¿Qué pasó, obtuviste algo de acción? —pregunta Kayla mientras
camino hacia ella y Steph. Me doy cuenta de que su chico juguete no está
cerca.
—No —le digo—. Y está bien. Simplemente... mierda, vamos a beber
todo.
Inmediatamente ordenamos otra ronda de cerveza y tragos de
Jameson, y bebemos hasta que las cosas vuelvan a estar borrosas.
Cuando la realidad comienza a desvanecerse un poco, me
encuentro yendo hacia la puerta de mi edificio de apartamentos, con mis
brazos sobre Kayla y Steph. Subimos las escaleras y, quedo de pie frente
a mi puerta, tambaleándome de adelante hacia atrás, tratando de
esforzarme en lucir lo más sobria posible.
Steph toca la puerta, pero ya está abierta. Supongo que estamos
siendo muy ruidosas, riendo en el pasillo.
Bram nos mira a las tres y por Dios, es un espectáculo para mis
ojos adoloridos.
—La trajimos a casa —dice Steph, haciendo un gesto con la mano
para que se salga del camino—, tu turno ha terminado.
—No —les digo mientras me llevan adentro—, puede quedarse.
Sé que los tres están intercambiando una mirada sobre mi cabeza.
—Me aseguraré de que vaya a la cama —explica Bram—. Nada de
travesuras, lo juro.
—¿Juramento del meñique? —dice Steph y me volteo para verla
sosteniendo su meñique hacia él—. Sabes que no los rompo.
Ugh, Steph y su jodido juramento del meñique. Ni siquiera se
habría casado con Linden si no fuera por uno.
Pero Bram junta su meñique con el de ella.
—Nada de travesuras —le advierte Steph.
—¡Qué bueno que no sea traviesa! —grito mientras me caigo en el
sofá. La habitación está empezando a girar.
—Nic, eso pasó como hace cinco minutos —dice Steph. Se acerca
al sofá y me acaricia la cabeza—. ¿Quieres que te quitemos la ropa porque
Bram no lo tiene permitido?
—¡Nadie me desnuda más que yo misma! —grito, lanzando mi puño
al aire.
—Diviértete con ella —le dice Steph a Bram—. Y recuerda, es
intocable. No me hagas hacer que tu hermano te golpee en las bolas o
algo así.
Bram hace un ruido burlón. —La última vez que trató de hacer eso,
le pegué igual de fuerte. Pregúntale sobre lo que ocurrió el dieciséis de
enero del dos mil cinco y por qué nunca va a comer pudín de nuevo.
—Lo digo en serio —amenaza Steph, luego oigo que ella y Kayla se
van y la puerta se cierra.
Cierro los ojos. Alejándome por un momento. Las vueltas se han
detenido y hay una brisa maravillosamente fresca flotando sobre mi piel.
—No se supone que debo tocarte —dice la voz áspera de Bram y
cuando abro los ojos, se agacha frente a mí, un mechón de cabello oscuro
sobre su frente. Su rostro es sombrío en la oscuridad, la única luz que
ahora está encendida es la de mi dormitorio detrás de él.
—Está bien —murmuro contra el sofá—, puedes tocarme. Yo digo
que está bien.
—¿Qué tal si te traigo algo para que te pongas para dormir? ¿Tienes
una camiseta favorita? Siempre te veo con esa en el que se notan tus
pezones.
—No, la camiseta del pezón no.
Él va a levantarse. Con una mano perezosa, agarro su camisa. —
No te vayas. Estoy bien aquí.
—No puedo imaginar que estés cómoda ahí.
—Estoy borracha. Todo es cómodo. Excepto que me gustaría tener
una hamburguesa con queso. La comería y la usaría como una
almohada. O tal vez la usaría como una almohada, luego la comería.
—Ya veo.
Le levanto una ceja. —Solo quieres revisar mi ropa interior.
—Oh, ya he revisado tu ropa interior.
—Mentiras.
—Me las puse en la cabeza y bailé alrededor de tu apartamento.
—¿De verdad? —pregunto, totalmente seria.
—Vamos —dice, agarrando mis antebrazos—. Si quieres dormir
con tu ropa, está bien. Pero te llevaré a tu propia cama y te quitaré los
zapatos.
—¿Puedes cepillarme los dientes también? Necesito mis dientes
limpios. —Dejo que me levante y me tambaleo hacia la izquierda, casi
chocando contra la mesa de café. Pero estoy en sus brazos, sus brazos
capaces, y me está sujetando hacia él.
—Tienes brazos capaces.
—Tienes un culo exquisito —responde y medio me guía, medio me
arrastra fuera de la sala de estar hacia el dormitorio.
—Me gusta la forma en que dices culo —digo con una risita,
exagerando su acento—. Me gusta la forma en que dices todo.
—Me alegro, porque preveo un montón de charla sobre culos en el
futuro.
—Sí, sí. —Trato de golpearlo juguetonamente—. Solo palabras y
nada de pellizcar el culo.
—Estás demasiado borracha —me susurra al oído—. De lo
contrario, estaría sobre ti y dentro de ti. No serías capaz de caminar
durante días y apenas estaría comenzando. —Me recuesta sobre mi
espalda y luego comienza a quitarme los zapatos.
—Parece doloroso —comento, sintiendo todo mi cuerpo convertirse
en una medusa. Por un momento creo que ni siquiera tengo dedos de las
manos y de los pies o brazos o piernas, soy solo esta burbuja blanda y
nebulosa.
—¿Burbuja nebulosa? —pregunta Bram.
—¡Puedes leerme la mente! —Me siento ofendida por la violación de
mi privacidad.
—No, acabas de decir burbuja nebulosa —dice—. En voz alta.
Respiro hondo, tratando de proteger mis pensamientos de sus
habilidades de leer mentes. Entonces me explico: —Me besé con algo.
Digo, con alguien.
—De acuerdo —dice lentamente, colocando mis zapatos en el piso,
luego se sienta en el borde de la cama—. ¿Y me cuentas esto porque…?
—Porque puedes contarme las cosas que hice.
Su aliento se contrae ligeramente y volteo la cabeza hacia un lado
para mirarlo desde mi cama. —Dejé que un hombre casi tuviera sexo
conmigo en el baño. Tenía veinticuatro años y era fan de los Giants.
Su manzana de Adán se balancea mientras traga. —Suena como la
mitad de los chicos de la ciudad.
—Pero no tuve sexo con él.
—¿No? ¿Eres fan de los Oakland A?
—Soy fan de los Giants —le gruño, poniéndome a la defensiva—. Y
él no era tú.
Inclina la cabeza, estudiando la burbuja nebulosa en la cama. —
Entonces, ¿por qué casi te acostaste con él, si sabías que no era yo?
—Porque sí —digo, frustrada. Pongo la mano sobre mis ojos. Mi
mano huele a cerveza. Me da ganas de vomitar—. No quería que la última
persona que besé fueras tú. Quería borrarte de mis labios.
Un silencio pesado llena la habitación. Siento que me estoy
hundiendo más y más en la cama, y quiero entrar en pánico, pensando
que me está tragando todo. Hombre, no he estado borracha en años. Voy
a lamentar absolutamente todo en la mañana.
—¿Yo fui el último hombre que has besado? —pregunta, con la voz
ligera e incrédula.
Asiento. —Sí. En la boda.
—¿Y por qué querías borrar ese beso? —Coloca la mano en mi
pierna desnuda, justo debajo del dobladillo de mi vestido. Quiero que su
mano suba más. Quiero que la energía haga algo al respecto.
También quiero desmayarme.
Es un enigma.
—Porque sí —le digo. No hay motivo para retener algo ahora—. Te
vi con esa chica más tarde. La llevaste detrás de los arbustos, hacia donde
acabábamos de estar. Eras un maldito idiota. Un imbécil.
Lo oigo lamerse los labios. Suena tan fuerte en esta habitación. Mi
corazón tambalea ruidosamente, como un martillo contra una pared
acolchada. —Ella era la segunda opción —dice finalmente—. Me habías
excitado como nunca esa noche, cariño, no sabía qué hacer.
—Irte a casa y masturbarte como todas las personas normales —le
digo con náuseas.
—Sabes muy bien que no siempre es un buen sustituto. Y
ciertamente no para una mujer como tú. —Se inclina hacia delante y me
pone su mano cálida en mi cara, arrastrando sus dedos por el lado de mi
mejilla. Me saca un escalofrío que no puedo reprimir—. Solo tuve ojos
para ti esa noche —me dice.
Es un mentiroso. Tenía ojos para todas esa noche. Me doy una
vuelta hacia el otro lado, lejos de él, y la habitación hace este palpitante
sonido de buum buum. Creo que es mi cerebro. Lo rompí.
—Hablo en serio, Nicola —continúa, con voz sonora y suave al
mismo tiempo.
Da igual. —Solo una idiota creería una frase como esa —murmuro
en las sábanas, mientras el sueño viene hacia mí, queriéndome incluso
cuando me siento menospreciada.
Una pausa. Siento que su peso se levanta de la cama y sé que está
de pie, apoyándose sobre mí. —Incluso las chicas inteligentes pueden ser
tontas a veces. —Suena casi triste.
Puedo oírlo salir de la habitación y por un momento creo que se ha
ido y algo en mi pecho parece quebrarse. Luego regresa y coloca un vaso
de agua en mi mesa de noche y apaga la luz del dormitorio.
—Ava está dormida. Estuvo bien toda la noche. Su sangre se
encontraba normal. Estoy seguro de que te despertará temprano por la
mañana y te sentirás como una mierda total. Pero si necesitas algo, sabes
dónde estoy.
Luego sale de la habitación y del apartamento, y me arrastro en
una espiral de cerveza, vergüenza y arrepentimiento.
Ojalá tuviera el coraje de borracha para haberle pedido que se
quedara.
11
Traducido por Joselin♡ & Alessandra Wilde
Corregido por AnnyR’

Nicola
—¿Mami, estás muerta?
—Casi —grazno, tratando de abrir mis ojos y rodar al mismo
tiempo. Fallo en ambos. La habitación flota y mi cabeza se siente como si
estuviera llena de arena movediza. Mi estómago se revuelve. No quiero
levantarme —temo a la muerte haciendo girar la habitación si lo hago—
pero si no lo hago, voy a vomitar sobre mi hija.
No puedo creer que Ava me esté viendo así. No puedo creer lo idiota
que fui anoche.
Los recuerdos se filtran.
Bram.
Bram.
Bram arrastrando mi culo borracho a dormir.
Bram diciéndome que solo tiene ojos para mí.
Yo, que le dije que salí con otra persona para superarlo.
Mierda.
Ahora, realmente voy a vomitar.
Cubro mi boca con mi mano, bajo las sabanas y corro al baño,
haciéndolo en el inodoro justo a tiempo. En algún lugar en el fondo de mi
cabeza, detrás de las viles groserías siendo evacuadas de mi cuerpo,
espero que Bram no pueda oírme. Los baños lucen a prueba de ruidos
hasta ahora —gracias a Dios— pero esto es definitivamente algo que no
quisiera que el escuche.
Cuando termino y siento que no tengo nada en mi estómago, tiro
de la cadena unas cuantas veces y me tambaleo en mis pies. El espejo
me muestra un desastre caliente. No, no caliente —solo un desastre.
Mi cabello esta de alguna manera todavía en su peinado totalmente
recogido, pero está completamente torcido y difuso como una gigante
rasta. Mi glamuroso delineado está a medio camino de mi cien y mi labial
rojo es una mancha roja alrededor de mi boca y barbilla. Luzco como una
dama de payaso escalofriante.
Luzco como una terrible madre.
—¿Estás enferma? —pregunta Ava—. ¿Necesitas el ouchie ahora
también?
—Estaré bien dulzura —le digo, rápidamente cepillando mis
dientes y tratando de sacar mi maquillaje con crema desmaquilladora.
Paso unos cuantos minutos tratando de hacer todo bien en el mundo
pero nada funciona. Me despojo de mi ropa, tomo una ducha caliente y
luego me coloco unos vaqueros sueltos y una larga túnica
verde. Cualquier cosa apretada hoy puede solo joderlo.
Son las siete y quince de la mañana, afortunadamente no estoy
muy atrasada para el chequeo de Ava. Le pincho un dedo y suelto un
suspiro de alivio cuando veo los números en lo normal. Luego me
dispongo a conseguirle algo de huevos y aguacate, con una pequeña
porción de pan integral tostado, parte de su contenido de carbohidratos
para mantener sus niveles bajo control.
En cuanto a mí, no puedo comer y no puedo imaginar beber café,
así que me siento en el sofá y termino un cartón entero de jugo de
naranja, sintiendo pena de mí misma. Y todo el tiempo, me pregunto si
oiré un golpe en la puerta. Me pregunto si Bram vendrá. Me pregunto si
todavía le gustare —acaso algo— después de haber sido una borracha
tonta anoche.
Incluso las chicas inteligentes pueden ser tontas, oigo sus palabras
haciendo eco en mi cabeza. Sé que no es lo que quiso decir, pero
definitivamente me siento una tonta ahora.
Cuando la hora del almuerzo llega, sólo me siento mucho mejor
para tener un paquete de sopa de fideos de pollo, del tipo amarillo
fluorescente que viene en un paquete y no contiene pollo en absoluto.
Eso, además de la salsa de soja Bragg, además de salsa picante, además
de un éxito de salsa Worcestershire y un lado de tostadas, y debes
sentirte bien como la lluvia en ningún momento.
Sólo que no lo estoy. Lamento todo lo que bebí, todo lo que hice, y
cuando Bram todavía no se aparece, empiezo a molestar a Steph y Kayla
a través de mensajes de grupo.
Steph me asegura que Bram solía ser peor de lo que fui anoche y
eso era parte de su rutina nocturna. No había manera de que me
estuviera despreciando.
Kayla piensa que es una lástima que me desmayé antes de que
pudiera conseguir algo y cuando le digo que ni siquiera estaba sobre la
mesa porque estaba tan borracha, dice que Bram fue más "hombre" de lo
que pensaba.
Pero tampoco tengo respuestas y cuando finalmente tengo un poco
de fuerza, voy a su apartamento. Llamo a la puerta y espero.
Sin respuesta. Pongo mi oído en la puerta y escucho pero no puedo
oír nada dentro excepto el zumbido débil de su refrigerador.
Es completamente tonto tomar eso como una señal de rechazo,
pero de alguna manera lo hago. Regreso a mi apartamento y decido
ocuparme para distraerme de las cosas. Debido a que Ava está aburrida
y una lluvia ligera ha comenzado fuera, que es algo de alivio en una
ciudad que siempre parece que se sostiene, tratar de hacer y ensamblar
un sofá de IKEA suena como una emocionante aventura.
Se enamora de ello. Siempre lo hace. Abrimos las cajas y luego nos
ponemos a trabajar. Es sólo cuando veo las dos figuras dibujadas en las
instrucciones diciendo que este es un trabajo de dos personas que deseo
de nuevo que Bram estuviera en casa. Pero aun así, hago lo que puedo,
aunque las instrucciones me han confundido completamente y las cosas
serían mucho más fáciles con un taladro eléctrico.
Eventualmente me canso y renuncio. También lo hace Ava. Nos
retiramos a mi habitación y las dos nos quedamos en mi cama. Siempre
le encanta cuando tomamos una siesta juntas y no puedo recordar la
última vez que me traté con ese lujo. A veces son las cosas más fáciles,
más simples en la vida que te traen más alegría. La buena, pura clase de
alegría que sólo te hace sentir humano y orgulloso de ello.
Sólo debí estar dormida durante unos quince minutos cuando oí
que un golpe en la puerta rompía la niebla. Me levanto sin despertar a
Ava y cierro la puerta detrás de mí mientras atravieso el apartamento.
Aunque estoy cansada, mi corazón se aloja en la parte superior de
mi pecho, listo para estallar como el champán. ¿Realmente estoy
mareada solo por abrir una maldita puerta?
Pero sí. Lo estoy. Bram está en el pasillo, sus labios fruncidos con
preocupación.
—¿Cómo estás? —pregunta, mirándome—. Te ves como la mierda.
—Siempre el hombre encantador —digo secamente, a pesar de que
mi corazón está latiendo rápido y no puedo evitar la sonrisa en mis labios.
Se encoge de hombros. —Me dijiste que te gustaba cuando era un
idiota.
—Digo muchas cosas —digo—. Eso es lo primero que debes saber
de mí.
—Oh, ya sé muchas cosas —dice—. Después de todo, estuve aquí
anoche pasando por tus álbumes de fotos, como dije que lo haría. ¿Es
extraño que crea que habríamos sido novio y novia en la escuela
secundaria? Te vi con tu cabello corto y morado, con una camiseta de
Lovage. La chica de mis sueños. —Mira por encima de mi hombro al
apartamento—. Entonces, ¿me vas a dejar entrar o qué?
Me aparto y le hago un gesto. —Entra. Puedes ver allí el intento de
montar uno de los sofás. Hoy estoy bastante lejos de una epopeya. Una
resaca y ningún taladro inalámbrico hacen de Nicola una chica aburrida.
Levanta un dedo en el aire. —Sólo un momento. —Y luego se da la
vuelta y se dirige hacia la puerta de su apartamento. Miro su culo firme
mientras camina. Vestía de nuevo un traje, lo que me hace pensar que
ha estado haciendo cosas importantes todo el día.
Cuando regresa, tiene un juego de herramientas.
—Bueno, no eres un manitas —le digo, mientras lo abre y empieza
a sacar las herramientas y colocarlas en el suelo.
—Soy más que una cara bonita, te puedo decir eso —dice con un
guiño y pronto produce un taladro inalámbrico. Lo acelera unas cuantas
veces y me alegro de haber cerrado la puerta del dormitorio para que Ava
pueda seguir durmiendo. Aun así, no es tan ruidoso.
Pero es definitivamente caliente. Bram se quita la chaqueta gris y
la lanza sobre el sofá, luego enrolla las mangas de su camisa de vestir
negra, muestra de nuevo esos hermosos antebrazos y se pone a trabajar.
Si ver a Bram dándose placer fue la cosa más caliente que jamás había
presenciado, entonces verlo ponerse a cargo y todo hombre viril con las
herramientas es la segunda cosa más caliente. Supongo que esto dice
que soy una perra bastante básica por encontrar eso atractivo pero
diablos voy a confesarlo.
—Así que —dice Bram mientras intento mantener una parte del
marco mientras él conecta otro—. ¿Qué recuerdas de anoche?
Gimo, no queriendo revivir esto. —Todo. Al menos la última mitad
de la noche.
—Dijiste que habías salido con un fanático de los Giants. Casi
habías tenido relaciones sexuales con él.
Trago inquieta y lo miro. Su rostro es casi tan neutro como su tono,
aunque puedo ver esta oscura intensidad en sus ojos que lo traiciona.
—Casi —le recuerdo.
—¿Estás segura de que no lo hiciste antes y no te acuerdas?
—Oh, vamos —siseo y luego bajo mi voz—. No, no lo hice. No perdí
el conocimiento, completamente. Las cosas se pusieron borrosas. —Inhalo
profundamente—. Oye, mira, siento haber venido a casa tan destrozada
y siento que hayas tenido que cuidarme.
—Quería hacerlo —dice simplemente y pone el ejercicio en pausa y
me mira fijamente, con los brazos apoyados en el marco—. Quería
asegurarme de que estuvieras bien.
—Bueno. —Miro hacia otro lado, avergonzada—. Gracias por eso.
Pero siento que tuvieras que verme en tal estado. Fui a buscarte hoy y
cuando no estabas en casa, pensé que tal vez te mantenías a distancia
porque pensabas que era un desastre.
Lentamente sacude la cabeza, una sonrisa de horror extendiéndose
por su cara. —¿Estás bromeando? Eso es lo que pensabas. Cariño, en
primer lugar, tengo algunas historias que compartir contigo. Sólo que no,
porque entonces probablemente querrás mantener tu distancia de mí. Y
no puedo tener más de eso, ya me tienes a distancia. En segundo lugar,
Nicola… tanto como odias cómo fuiste anoche, tanto como lo estás
pagando ahora, eras real. Estabas salvaje. Tal vez te has llevado un poco
y en la dirección equivocada, quiero decir que podría haber sido mi lengua
envuelta alrededor de la tuya. Pero eras sincera y honesta y me alegro de
que me hayas contado todo lo que hiciste. Ahora sé por qué tienes un
palo gigante empujado por el culo. Nena, hay cosas mejores que pegar
ahí.
Tantas cosas para reflexionar, ni siquiera sé por dónde empezar.
Supongo que lo principal es que no piensa menos de mí, aunque yo lo
hago. Las otras cosas son la mención de su lengua envuelta alrededor de
la mía y la idea de él pegando cualquier cosa en mi trasero. Ambos
inundan mi cabeza y mi cuerpo con un tipo loco de anhelo.
Lo empujo a un lado.
—Entonces, ¿estamos bien? —digo despacio.
—Estamos bien —dice y mira fijamente sus manos por un
momento—. Y para futuras referencias, no es necesario golpear de
vuelta los tragos o cualquier bebida de chicas que hayas bebido, con el
fin de sentirte salvaje y libre. Créeme, lo sé. Perdí muchos años de mi
vida sin recordar las noches, todo en un intento de escapar, olvidar, ser
otra cosa. Nunca equivalía a nada más que culpa y arrepentimiento, las
mismas cosas de las que intentaba escapar. Simplemente no funciona de
esa manera. Lo que esperas que se ahogue, la bebida sólo lo alimenta, lo
hace más fuerte. Tiene branquias que ves. Por no decir que no me
divierto, pero hay una línea y la dejé en la ciudad de Nueva York. Espero
que aprendas a dejar la línea anoche.
Asiento, impresionada por esta sabia versión de Bram. Nunca
pensé que se había arrepentido de su vida de fiesta en la costa este, pensé
que tenía que dar todo eso por sus padres o algo así. No pensé que fuera
una elección consciente, ni una que estuviera contento de hacer.
—¿Es por eso que te mudaste aquí? —le pregunto—. Para poner
todo detrás de ti.
—Es una de las razones. Sólo quería empezar de nuevo. Y cuando
Linden se lastimó, pensé que podría estar cerca de la única persona en
la tierra de la que estoy realmente cerca. —Se ríe para sí mismo—. Lo
curioso es que Linden y yo ni siquiera somos tan cercanos. Pero en
comparación con mis padres, él es el que ha estado allí a través de todo.
—Pensé que eras cercano a tus padres y que Linden era el quien
no lo era.
—No —dice con un movimiento de cabeza—. Como sabes, mi padre
era un diplomático y mi madre era toda de la alta sociedad. Lo que
realmente querían era que yo siguiera sus huellas. Ni siquiera hacer un
nombre para mí en otra cosa, pero seguir sus pasos exactamente.
Cualquier otro logro fue ignorado, tal vez incluso menospreciado. Al
menos, esa es la impresión que me dio… en realidad, aún se desprende.
Pensarías que quizás ser dueño de este edificio e invertir mi dinero le
habría traído algún tipo de orgullo por su hijo, pero no.
Nunca lo había oído hablar tan francamente de su familia. Quiero
que siga y siga. Egoístamente me hace sentir mucho mejor saber que
incluso los ricos y poderosos tienen problemas. También quiero aprender
tanto sobre él como sea posible, almacenando lejos cada hecho y
revelación para dibujar sobre más adelante. Me recuerda cuando estaba
en la escuela primaria y había un niño que me gustaba llamado Joey.
Cada pequeña cosa que aprendí acerca de él —que bebía Pepsi en lugar
de Coca-Cola, que el nombre de su madre era Beth— lo mantuve como
oro.
—Supongo que, sin embargo, estoy atorando tu inversión —le digo.
—No lo estás —dice. Se muerde el labio por un momento y quiero
hacer lo mismo. Es increíble que sea capaz de pensar o sentir algo sexual
en este momento, dado lo que pasó anoche y mi estado actual de niebla,
pero todo el asunto del hombre hábil realmente me hace quererlo.
Demonios, en este punto, creo que lo querría no importa qué.
Pero mientras permanezca en ese lado del sofá, siempre y cuando
nuestra relación nunca se desvíe de ser buenos vecinos, entonces no
tengo nada de qué preocuparme.
Entonces, ¿por qué tengo miedo?
Finalmente suelta su labio, las cejas arqueadas ante el
pensamiento. —¿Puedo decirte algo y prometes no reír? —Se atrapa a sí
mismo—. Muy bien, bien puedes reír pero no reírte mucho.
—¿Qué? —pregunto con ansiedad.
—Bueno, todo el mundo piensa —asume— que compré el edificio
con el fin de ganar más dinero al final, para tener como una inversión.
Pero eso no es exactamente cierto. Es lo que quiero que piensen, pero
tengo planes más grandes. —Lo miro expectante, esperando que
continúe—. ¿Conoces a Richard Branson?
—¿El bajillionario1?
—Sí. Creo que ese es el término correcto.
—¿Qué hay de él? Dios mío, ¿vas al espacio?
Se ríe. —No. Infierno sangriento. El espacio es aterrador.
—De acuerdo. —Agrego—: Nadie puede oírte gritar.
—Correcto —dice—. De todos modos, Richard Branson, cuando
tenía sólo veinte años, estableció un negocio de venta por correo. A los

1 Bajillonario: Quiere decir que tiene una gran cantidad de dinero desconocida.
veintidós años, tenía Virgin Records. Todos sabemos lo que sucede
después de eso. Invierte, toma decisiones inteligentes, nunca deja de
probar cosas nuevas o aprender algo nuevo. Nada es imposible para este
tipo, ni siquiera el espacio al parecer.
—Así que quieres convertirte en el próximo Richard Branson —
digo—. Esa es una gran meta, pero no es exactamente una extraña.
—No es sólo eso. —Se lame los labios y mira hacia un futuro
imaginario—. Branson ha dicho, no tiene sentido iniciar tu propio negocio
a menos que lo hagas por un sentimiento de frustración. Compré este
edificio por frustración, pero no porque vi una oportunidad para mí, sino
porque vi una oportunidad para los demás, una que no estaba allí antes.
—Me mira y sus ojos son brillantes chispas de gris y azul—. Hay una
clara falta de vivienda asequible aquí en la ciudad, especialmente para
los necesitados. Nunca antes lo había visto tan mal. La gente normal ni
siquiera puede darse el lujo de vivir aquí, ¿qué pasa con los pobres, los
que luchan con las familias, los que han perdido sus puestos de trabajo,
sus ahorros, su todo? ¿A dónde van? ¿Al Tenderloin, uno de los barrios
más peligrosos de San Francisco? ¿Vivir en las calles con los pedreros,
compartir refugios con ladrones y adictos? No lo creo.
Está empezando a sonar exaltado y toma una respiración
profunda. —Quería hacer una diferencia. Es un proceso muy largo
porque necesitas apoyo de la ciudad. Necesitas inversiones de personas
que quieren ayudar a una causa de caridad. Necesitas muchas cosas.
Pero estoy aquí, tengo el edificio y nada más que tiempo.
—¿Qué le pasa a la gente que vive aquí?
Bram sonríe tímidamente. —La mayoría ya son personas
necesitadas. Nadie aquí está pagando el alquiler completo. No estoy
seguro de cuánto tiempo puedo permitirme mantener esto sin la
participación de la ciudad. Así que eso es en lo que estoy trabajando
ahora. Tuve una reunión en el ayuntamiento hoy.
—Oh. —Creo que es una de las cosas más sorprendentemente
noble que he escuchado—. ¿Y esperas que el recorte de impuestos que
recibiste por dejarme vivir aquí te permita ser capaz de hacerlo por todo
el mundo en el edificio?
—¿Recorte de impuestos? —Entonces sonríe—. Oh no, he mentido
acerca de eso.
Mis ojos fallan. —¿Qué? ¿Por qué?
Se encoge de hombros. —Porque no había manera de que me
creyeras si te dijera que quería ayudarte a salir por la bondad de mi
propio corazón. Y si te dijera la otra verdad, habrías corrido hacia otro
lado.
—¿Qué otra verdad?
—Que yo quería ganarte.
Parpadeo. —¿Es por eso que vivo aquí? ¿Quieres ganarme?
—He hecho cosas extravagantes por una chica antes, pero nada
como esto —dice, casi para sí mismo—. Pero sí. Quería ayudarte y quería
que pensaras en mí un poco diferente. Quería que conocieras al
verdadero yo.
—Pero el verdadero tú sigue siendo un hombre arrogante —señalo,
sintiendo demasiadas emociones sobre todo esto. Curiosamente, ninguna
es mala.
—Tal vez, un hombre arrogante con unas cualidades entrañables.
—Agita el taladro hacia mí—. Como, ser útil.
—Ciertamente eres útil —comento, todavía sintiéndome
desagradable. Un remolino giró alrededor. Debe ser la resaca. No puede
ser el aprendizaje de que Bram hizo todo esto por mí, por, bueno, mí—.
Todavía no sé qué tiene que ver esto con Branson.
—Es un gran humanitario. Ha sido capaz de hacer mucho con su
fortuna. Quiero eso. Quiero ambos —el dinero y los medios para ayudar.
—¿Por qué es tan secreto? Creo que tus padres estarían orgullosos
de ti por esto. Quiero decir, tu padre es un diplomático, debe tener
muchos vínculos con organizaciones caritativas.
Su boca se convierte en una sonrisa rápida. —Ni siquiera Linden
lo sabe. Nadie lo hace, excepto la ciudad y tú.
—¿Por qué no?
—Porque a la gente le gusta aferrarse a sus ideas de lo que eres y
quién eres. Te ponen en una caja y no importa cuán duro trates de
mostrarles lo que realmente eres, no pueden entenderlo. No lo
harán. Sólo quieren que seas de cierta manera, la forma en que te ven. Si
cambias ellos, harás un lío con sus cabezas. Siempre seré Bram, la
mierda, para ellos, el animal de fiestas, el playboy. No importa si les digo
mis planes o no, nunca me tomarán en serio. Podría hacer esto durante
cincuenta años, podría convertirme en el próximo Branson, y todavía me
verían en la caja en la que me pusieron.
No puedo dejar de relacionarme con cada una de sus palabras. Sé
que en el momento en que le digo a la gente que soy una madre soltera,
estoy en una caja de la que no tengo esperanza de escapar. No creo que
mucha gente me haya conocido y luego visto que soy más que mi título,
mis circunstancias.
No como Bram me ha visto. El pensamiento me golpea como una
bala.
Me está estudiando y cuando me encuentro con su mirada, mi cara
tal vez llena de sorpresa, se aclara la garganta. —El único problema con
todo esto es que Branson ha tenido quince años de ventaja. Jodí mis
veinte y treinta y tantos años en alcohol, drogas y mujeres. Aunque
obviamente lo disfruté en ese momento, como sabes, las mujeres siguen
siendo mi debilidad. Podría haber hecho tanto si solamente hubiese
encaminado mi vida en una etapa más temprana.
—Sabes que dicen que nunca es demasiado tarde —le digo.
—De alguna manera se siente así —dice—. Sabes, tuve una gran
idea hace unos años para un sitio de medios sociales compuesto de sólo
imágenes. Fotos de mí. Ya sabes, después de nadar, correr en la playa,
quitarme la camisa. Lo llamé Insta-Bram.
Miro su cara cuidadosamente, sabiendo que tiene que estar
bromeando. —¿Insta-Bram?
Pero su expresión es grave de piedra fría. —Suena bien no,
¿verdad? —Luego rompe una amplia sonrisa de mierda que lo ilumina—
. Oye, tengo que dejar que mi ego salga a jugar a veces.
Sacudo la cabeza. —Eres el peor.
—Soy el mejor. —Toca el costado del marco del sofá—. Vamos, este
sofá no se construirá solo.
Así que volvemos a trabajar en el pequeño sofá de mierda y cuando
casi hemos terminado, realmente luce como la mierda más barata que
podría haber comprado. Estoy empezando a pensar en tirarlo y mantener
mi desgarrado pero confiable sofá.
—Necesitaré tu ayuda con esto —dice Bram,
amortiguadamente. Está dentro de la gran franja de tela que se supone
se desliza sobre el marco, cubriéndolo como un fantasma amarillo de la
cabeza a la cintura—. Tengo que acomodarlo sobre las almohadillas
blancas que están por ahí.
Detecto la almohadilla detrás de mí y me sumerjo hasta que estoy
bajo el material del sofá con Bram. Es como estar dentro de una carpa
muy pequeña y apenas hay espacio suficiente para ambos aquí. Nuestras
caras están bañadas en un resplandor amarillo.
—Aquí —digo, sosteniendo el borde de la almohadilla que tiene un
tirón de cremallera. Estoy muy consciente de lo cerca que estamos y trato
de mantener mi aliento, mi voz baja. Se está poniendo caliente bajo el
dosel y todo lo que puedo oler es su piel hermosa.
Mierda, mierda, mierda, pienso para mí misma. Tengo que salir de
esta situación.
Pero no lo hago. Él tira de la cremallera dentro de la tela y sostengo
el colchón y luchamos por alcanzar la cremallera y conectarla con su
eje. Su frente está arrugada de concentración, estoy tratando de
mantener todo en su lugar y siento que ninguno de los dos respira.
De pronto la cremallera encaja y se desliza a lo largo y la
almohadilla está en su lugar. Creo que ambos exhalamos un suspiro de
alivio y luego él se agacha debajo de la almohadilla, levantándola detrás
de si por lo que todavía estamos debajo de la tienda de la tela, pero ambos
apretados el uno con el otro.
Está sonriendo. Estoy sonriendo.
Y un destello de peligro cruza sus ojos.
Tal vez sea lujuria.
Pero todo es peligro para mí.
Hermoso, delicioso peligro.
Por una vez, por una vez, estoy lista para ello.
Pero antes de que ese pensamiento incluso tenga otro pensamiento
para procesar, la mirada en sus ojos se nubla, borracho de deseo y agarra
mi cara con una mano, la otra mano detrás de mi pelo y me está besando.
Besándome.
Besándome.
Pensé que estaba lista para esto, pero no.
Su beso.
Es más de lo que recordaba. Hace más que tumbarme. Su lengua
es insaciable, explícita mientras se sumerge en mi boca con hambre, sus
labios enloquecidos y necesitados. Es húmedo y violento y hace que la
necesidad dentro de mí palpite, una y otra vez. Su mano en mi cabeza me
agarra el pelo como si estuviera luchando por su vida y cada tirón dispara
mis nervios. Cada parte de mi ser se siente vivo, empapándolo todo,
desesperada por más de su toque, más de él, más de todo.
Se retira tan solo media pulgada, sólo por un segundo, sólo el
tiempo suficiente para dejar escapar un gemido mientras su otra mano
mantiene mi cara en su lugar, cautiva. Su mirada embelesada se fija en
mis ojos, luego en mis labios, como si fuera una especie de aparición.
Luego agarro el cuello de su camisa y atraigo sus labios a los
míos. La necesidad en mí se construye y construye y me muero por
envolver mis piernas a su alrededor, sentir cada centímetro, sentir su
deseo por mí. Creo que lloriqueo. Jadeo. Lo beso con el mismo tipo de
abandono que me está besando, su boca engullendo como si quisiera
tragarme toda. No me importaría su boca en otro lugar.
Como si leyera mis pensamientos, me agarra por la cintura y
rápidamente me baja al suelo, el relleno apoyando mis hombros hacia
arriba. Tenemos suerte de que el marco del sofá o la mesa de café no
estaban en el camino, pero ni siquiera estoy segura si eso hubiera
importado. Al infierno con todos los muebles.
Con las manos ásperas y ansiosas, hace a un lado la túnica para
que mis senos queden expuestos y luego tira de mi sostén hasta que mis
pezones se endurecen en el aire.
—Sabía que serías jodidamente perfecta —dice, respirando con
dificultad. La sensación hace que mis pezones sean aún más sensibles y
un gemido bajo escapa de mi boca—. Oh, cariño, si sigues haciendo
ruidos así, me temo que me vendré encima de ti antes de que pueda estar
en tu interior.
Nuestras mitades superiores todavía están dentro de la tela y él
coloca su lengua ancha, caliente en mi estómago, dejando un rastro por
encima y sobre mi pecho hacia mi pezón. Gira su lengua alrededor antes
de lamerlo. Gimo de nuevo, incapaz de mantenerlo dentro, mis manos
agarrando su suave y grueso cabello como una cuerda de salvamento.
—Es como lamerse un jodido botón de oro —dice entre gemidos y
bajo la mirada. Mis senos, levantados y húmedos de su lengua, también
brillando de amarillo dentro de la tela.
Ahora está desabrochando mis vaqueros y deslizando sus dedos
por el frente de mi ropa interior. Quiero separar mis piernas para darle
un acceso más fácil pero él ya está tirando de mis vaqueros y
manteniendo mis muslos juntos. Su dedo empuja a través de la
hendidura y cierro mis ojos ante la sensación, sucumbiendo a él.
Cuando me encuentra empapada, estoy casi avergonzada de lo
desesperado que es mi cuerpo.
—Estás chorreando —dice, en voz baja que conecta conmigo en
este nivel primitivo, visceral—. Oh mierda, cariño, no tienes ni idea de lo
mal que necesito estar dentro de tu apretado y rosado agujero ahora
mismo. —Y con sus palabras, dos de sus dedos se deslizan dentro de mí
y jadeo, automáticamente apretándome a su alrededor.
—Dios, eres codiciosa, ¿no? —susurra—. Falta que te follen bien y
estoy a punto de cambiar todo eso para siempre.
Oh Dios. Por favor, hazlo.
Me muerde el pecho, hunde sus dedos más y mi espalda se arquea,
deseando mucho más, más duro, más largo, más profundo. Quiero estar
completamente desnuda, desnuda hasta la médula, y quiero que me tome
tan jodidamente por completo que nunca voy a necesitar algo más.
—¿Mami?
¡Maldita mierda!
—Maldita sea —grito suavemente y Bram inmediatamente
recupera su mano, cerrando mis pantalones. Intercambiamos una
mirada salvaje y tímida entre nosotros y luego, una vez que mi camisa
está puesta apropiadamente, levanta el tejido del sofá por encima de
nosotros.
Ava está de pie en la puerta de mi habitación, frotándose los ojos y
con aspecto somnoliento. Afortunadamente desde su posición, ella no
podría haber visto todo eso.
—Hola, cariño —le digo, tratando de recuperar el aliento.
Me mira a mí y a Bram. —¿Qué estás haciendo? Tu cabello está
muy desordenado.
—Solo estábamos armando el sofá —le digo, sonriendo demasiado
ampliamente—. Bram pasó para ayudarme.
—Hola, Bram. —Bosteza y luego sigue camina a lo largo de la sala
de estar y se sienta en el sofá. El sofá normal. El sofá que no
prácticamente obliga a dos vecinos a tener sexo en él.
Lo miro mientras se arregla el cabello con una sonrisa. ¿Qué
demonios acaba de pasar? Todavía estoy encendida como el infierno, mis
pechos se sienten pesados de deseo, mi clítoris palpita desde donde su
pulgar estaba presionando. Dios mío, necesito que continúe.
Pero tal vez es una buena cosa que nos detuvimos. Dejarnos llevar
habría sido una mala idea.
¿Cierto? Me doy cuenta de que me estoy preguntando a mí misma
y no tengo las respuestas. Sólo quiero que me folle este dios del sexo
escocés a mi lado.
—Bueno —le digo a Bram, aclarándome la garganta—. Gracias por
tu ayuda.
Asiente y lentamente se pone de pie, ayudándome a levantarme en
el proceso. —Por supuesto. Pero no he terminado de ayudarte,
sabes. Estaba empezando.
Sé lo que está diciendo y tanto como deseo pedir más, no estoy
segura de cómo y si debo hacerlo.
—Bueno, gracias por la ayuda que me diste. Ya sabes, con el sofá.
Me lanza una sonrisa perversa y luego pasa sus dedos, los mismos
dedos que estaban dentro de mí hace unos momentos, debajo de su nariz
y respira. —Volveré por más de esto —dice con fuerza.
Luego se da la vuelta y se va y estoy de pie junto a un pedazo de
mierda de sofá casi terminado, preguntándome si mis piernas van a dejar
de temblar.
12
Traducido por Ana Avila
Corregido por AnnyR’

Nicola
No veo a Bram por el resto de la noche y cuando me despierto por
la mañana, mi cuerpo sigue aturdido por la resaca anterior y mis
entrañas duelen por el breve momento en el que alguna parte de Bram
estuvo dentro de mí. Todo se siente como un sueño, un buen sueño
húmedo, excepto que nunca tuve la oportunidad de venirme y ahora me
siento avergonzada y sexualmente frustrada para funcionar.
Jesús, las cosas que me dijo fueron tan jodidamente calientes, no
creo que ningún tipo hubiera sido tan explícito, y apenas habíamos
empezado. Quería ver a dónde nos habría llevado esa boca sucia, en
sentido figurado y literalmente. Quería que regresara para “más de esto”.
Pero a medida que la mañana se extendía, estoy atascada con un
sofá casi terminado, otro en una caja en el que ni siquiera puedo
concentrarme ahora mismo y estoy tan cerca de tomar el objeto más
contundente que tengo, probablemente mi consolador, y destruirlos a
ambos. ¡A la mierda IKEA! Pero no es realmente culpa de la tienda (no
realmente), es mía por involucrarme tan rápido con él. Es como una
pequeña probada, un pequeño gusto, y estoy dispuesta a darle más.
Aunque, diría que ni su toque ni su sabor era pequeño. Su lengua es
fuerte y larga y sus dedos aún más.
A pesar de que es martes, Lisa no puede cubrirme hoy, ya que
comienza a las tres de la tarde, pero afortunadamente mi madre puede.
Estoy empezando a sentirme horrible por arrastrarla aquí más a menudo.
El trabajo de turnos no es tan predecible como los empleos de mi pasado;
pero ella es un soldado y le encanta pasar tiempo con su nieta, tanto
como sea posible.
—Hola, cariño —me dice cuando entra. Se detiene y de inmediato
mira la mierda de IKEA en la esquina antes de saludar a Ava que está
acostada en el sofá original, enterrada en cojines y descuidadamente
viendo la televisión.
Ava le devuelve el saludo simple, como si no pudiera reunir la
energía. Normalmente me asustaría que algo estuviera mal, pero acabo
de medir sus niveles de sangre y está en el rango perfecto. Se encuentra
un poco sosa; debe estar aprendiendo de su madre.
Sin embargo, mi madre me dice—: Te ves bien. —Como si fuera una
sorpresa, como si normalmente me paseara como una bolsa de mierda.
Hmmm. Quizás lo haga.
—Oh, gracias —le digo. Sólo estoy usando mi uniforme normal,
camiseta sin mangas y una abertura en el escote y pantalones vaqueros,
pero me está mirando como si ocultara algo.
—En serio —dice, pellizcando una de mis mejillas, algo que no ha
hecho desde que era una niña pequeña—. Lo que sea que estés haciendo,
sigue así. No olvides que todavía eres joven, ya sabes, no importa la edad
que esta alborotadora te haga sentir. —Señala con un pulgar a Ava, quien
no presta atención.
—Sí, sí —le digo. Tomo mi chaqueta de cuero que he tenido desde
la Edad Media ya que el Señor Clima decidió ser un imbécil real esta
semana y bajar las temperaturas a menos de un millón. Me estoy
preparando para salir por la puerta, cuando mi madre dice—: ¿Debería
esperar una visita de Bram?
A pesar de que la manija de la puerta está en mi mano, la suelto y
doy un paso atrás para hacerle frente.
—Mamá, escucha —le digo—. Bram es un tipo muy agradable.
—Un caballero —dice con una extraña sonrisa.
—Claro —digo—. Quiero decir, es un buen chico. Y también, no…
de todos modos, mi punto es, no me importa si te trajo una tetera o parece
mostrar interés en mí y lo que sea, es sólo mi vecino. Nunca será nada
más que eso.
—Oh, Nicola… —continúa, tirando las manos a los costados.
Tomo una de sus manos. —Te conozco y este es más o menos el
primer tipo que has conocido desde que estuve con Phil, aparte de Ben,
pero tampoco se quedó mucho, pero en realidad… ¿Bram y yo? Sólo
somos amigos. No sé lo que deparará el futuro, pero por ahora me está
haciendo un favor y trato de hacerlo más fácil sobre él. —Me detengo—.
¿Sabes a lo que me refiero? Y no hagas ninguna de tus cosas de madre
moderadora que intentas hacer generalmente. No va a funcionar, ¿de
acuerdo? Puede poner en peligro la relación arrendador-inquilina que
tenemos.
—¿Qué te hace pensar que haría algo de eso?
—Puedo verlo en tus ojos —le digo—. A veces también lo veo en mis
ojos.
Lanza sus manos en el aire y camina hacia el sofá, bajando junto
a Ava. —Está bien. Entiendo. Mamá no puede divertirse un poco. Pero te
diré que un día tu hija tendrá la edad suficiente para salir con chicos y
vas a cuidar tanto del proceso como ella. Sólo que ella no te dejará.
—Suena fabuloso.
—Es verdad. Es lo que les pasa a todas las mamás. El tiempo pasa
y todos ustedes siguen cambiando, pero el amor nunca lo hace. Siempre
serás mi angelito y ella siempre será el tuyo. Y todas las madres sólo
quieren que sus ángeles encuentren hombres dignos. Incluso más que
eso, alguien que los vea como si fueran mágicas. —Me mira, dejando caer
sus piernas en el sofá—. Si encuentras a un hombre que te mire como si
fueras magia, te aferras a él. Lo tuve con tu padre y nunca debí dejarlo
ir.
Trago con fuerza. —Pero tienes que pensar que el hombre también
es mágico. Va en ambos sentidos.
Asiente. —Sí, así es. Tiene que ser en ambos sentidos y cuando lo
encuentras, es la alquimia en su forma más pura. No lo deseches por
nada más.
No sé qué más decir. Le digo a mi mamá que llame si hay algún
problema y me voy.
No veo a Bram en los pasillos. No sé qué diría si lo hiciera.
Probablemente pediría un aventón y terminaría recibiendo más de lo que
esperaba.

Desafortunadamente no termino trabajando el turno esa noche por


mucho tiempo. La noche es lenta, y a las ocho, James me dice que puedo
irme a casa. Es genial que todavía consiga las propinas y unas horas más
en mi cheque de pago, aunque no esté allí, puede ser un buen jefe a veces.
Pero la molestia del transporte público no ayuda y también, supongo, que
sólo quería estar fuera del apartamento durante mucho tiempo. Es fácil
olvidarme de Bram cuando estoy tan lejos.
Camino por el pasillo a mi apartamento, encogiéndome de hombros
en mi chaqueta de cuero y estoy a punto de pegar la llave en la puerta
cuando oigo la risa.
La risa de mi madre.
La risa de Ava.
La risa de Bram.
Oh, diablos, no. Silenciosamente saco el polvo compacto y le doy a
mi rostro una pasada. El pelo está despeinado un poco, pero me veo
relativamente bien. Respiro profundamente y abro la puerta.
Dentro de mi apartamento están Bram, mi madre y Ava. Todos
sentados en el mismo sofá.
Sólo que no es mi viejo sofá y obviamente no es la pieza de mierda
amarilla. El pedazo amarillo de mierda y la otra caja se apilan junto a la
puerta, al lado de donde estoy parada. Los tres están en este elegante
sofá gris oscuro que nunca había visto antes.
En realidad, al cerrar la puerta detrás de mí y mirarlo más de cerca,
parece ser el mismo en el que Bram tenía sus ojos en la tienda.
Dios mío, ¿me compró un puto sofá?
Mis ojos vuelan a los suyos y por la forma en que me está
sonriendo, la punta de su lengua sostenida diabólicamente entre sus
dientes, sé que eso es exactamente lo que sucedió.
—Llegas temprano a casa —dice mi madre y se ve tímida, como si
la hubiera pillado haciendo algo que no debería hacer. Añade
rápidamente—: Bram vino con este sofá para ti, ¿no es agradable de su
parte?
—Es muy agradable —digo, caminando al sofá y amasando la parte
superior de este entre mis manos. Es suave pero robusto. Me gusta
mucho, pero Dios, cómo que su caridad está empezando a ponerme
incómoda a veces. Creo que es por eso que lo hace. Joder con las
aspiraciones de Richard Branson. Creo que el “Proyecto Nicola Price alias
Eliza Doolittle” lo disfruta mucho más porque sabe que me molesta. Se
está convirtiendo en un viejo Sugar Daddy cuando seguro como el
infierno que nunca pedí uno.
Miro a Ava, quien sonríe a Bram como si fuera su maldito héroe. —
¿Cómo te gusta el sofá, ángel?
—Me gusta mucho —dice enfáticamente.
Está bien, así que supongo que eso lo resuelve. —¿Dónde está el
viejo? —le pregunto, extrañamente triste porque nunca tuve la
oportunidad de decir adiós.
—Una organización benéfica vino a llevárselo, yendo a una casa a
mitad de camino —dice—. Así que no te preocupes, es para una buena
causa. Y mañana regresaremos los otros sofás a IKEA.
Oh, ¿tenemos planes para mañana ahora? Hago todo lo posible
para evitar mostrar una estúpida sonrisa en mis labios.
—Bueno, ahora que estás en casa, mejor me voy —dice mi madre,
apartándose del sofá. Le da a Bram una mirada coqueta—. Me alegro de
hablar contigo, Bram.
—Siempre es un placer —contesta, su acento más grueso. Extra
caliente. Maldición, tiene que dejar de mostrar su acento.
Mi mamá me da un rápido abrazo, dice adiós a Ava y justo cuando
está fuera de la puerta, me guiña un ojo.
Estoy totalmente fingiendo no verlo.
Pero una vez que la puerta se cierra, se siente como que estoy
encerrada en una tumba con Bram y de repente quiero a mi madre de
vuelta porque tengo miedo, como nada más de lo que podría pasar esta
noche.
Porque está aquí. Está sentado en mi sofá, mi nuevo sofá, y me está
mirando tan intencionalmente que mis huesos se sienten derretir. Esa
mirada sólo puede significar una cosa.
—Mami —dice Ava, haciéndome alejar mi atención—. ¿Puedo
quedarme con ustedes y ver Dora?
—No, cariño —le digo rápidamente, agradecida por la
oportunidad—. Tienes que ir a la cama ahora. ¿Qué tal si vas a cepillarte
los dientes? ¿Tu abuela usó el huso y te dio el ouchie?
Asiente y luego se va al baño.
—¿Sabes que va a ser agradable? —le digo a Bram—. Ella entrando
al jardín de niños en otoño. Estará tan sobresaltada, no hay manera de
que pueda quedarse despierta hasta tarde.
—Eso estará bien —dice—. Y más fácil para ti, especialmente si
empiezas a trabajar más días. ¿Crees que seguirás con el León?
Me encojo de hombros, contenta de que estamos hablando de otras
cosas e ignorando el elefante palpitante en la habitación. —Sólo estoy
tomando cada día como viene, para ser honesta. Pero sí, creo que debería
seguir buscando, ¿no?
Frunce los labios y tamborilea los dedos a lo largo del respaldo del
sofá. —Ya que atender bares no era tu elección profesional, siempre
puedes empezar a incorporar el trabajo de tus sueños. Ya sabes. Tu
pasión.
Asiento. —Lo intentaré. —En realidad, una de las cosas que he
estado deseando hacer últimamente es comenzar a coser de nuevo como
cuando era adolescente, pero tendré que ahorrar suficiente dinero para
conseguir una máquina de coser. Es curioso lo mucho que me siento
como una adolescente de nuevo con Bram alrededor. Quiero coser, quiero
escuchar el loco hop de los 90’s, quiero dejarme caer y ser un poco salvaje
y libre.
Por primera vez en mucho tiempo, no me importaría perder mi
corazón. Tan pronto como pueda recuperarlo. Cuando eres un
adolescente y te enamoras, piensas que nunca lo superarás una vez que
lo has perdido. Pero siempre pasa, siempre caes otra vez. Ningún
muchacho lo sostiene durante demasiado tiempo. Tu corazón joven es
una cosa salvaje, elástica. Ahora, me temo que la edad, el tiempo y la
experiencia lo extienden demasiado, demasiado lejos, y nunca se
romperá.
Pero, ¿por qué estoy pensando en el amor? Mi mente debería estar
canalizando.
—¿Odias el sofá? —pregunta Bram mientras voy a la cocina a poner
un descafeinado.
—¡No, en absoluto! —le digo. Le doy una mirada tímida por encima
de mi hombro—. Lo siento, estoy sorprendida. Como realmente
sorprendida.
Miro hacia atrás, a los granos de café que estoy tratando de medir,
y puedo oírlo levantarse del sofá. Puedo sentirlo venir hacia mí. El hombre
lleva su propio campo de fuerza y tal vez son sólo mis hormonas o mi
imaginación, pero juro que puedo sentir cada vello en mi cuerpo
levantarse con atención a medida que se acerca.
—Es un sofá muy bonito —digo mansamente, hablando por hablar.
Oh, hombre, cuando me pongo nerviosa puedo hablar con alguien—.
Creo que lo vimos en IKEA, ¿verdad? Supongo que podrías haber devuelto
el sofá amarillo antes.
—Sí —dice y ahora su voz es como un gruñido. Se detiene justo
detrás de mí y puedo sentir su aliento en mi cuello—. Podría. Pero quería
tu aprobación. Le dije a los del bazar que podrías cambiar de opinión, así
que lo tienen en alguna parte.
Trago. —Bueno. Um, bueno, no. Es por una buena causa, como
dijiste, y supongo que podemos volver a la tienda mañana o algún otro
día para el resto y…
Dejo de hablar porque sus labios están en el punto desnudo entre
mi cuello y mi hombro y su beso, tan suave, tan lento, literalmente está
robando mi aliento y mis pensamientos. Soy pura seda en sus manos y
tengo que apoyarme en el mostrador para no deslizarme hasta el suelo.
Pero él también me sostiene. Pone esas cálidas y grandes manos
alrededor de mi cintura, haciéndome sentir tan increíblemente delicada
y cien por ciento suya. Me inclino en su contra y presiona su pelvis contra
mi culo. Ya puedo sentir los contornos duros de su erección, forzándose
por mí.
—Mami. —Oigo llamar a Ava desde el baño. La niña es tan
inoportuna, lo juro.
Levanto mi hombro, encogiéndome de hombros hacia Bram. —No
quiero que se haga una idea equivocada —le digo.
Retira sus labios y manos y puedo sentir sus ojos en la parte
posterior de mi cabeza. Se aclara la garganta. —No hay idea equivocada,
Nicola. Sólo hay una correcta.
Me doy la vuelta para mirarlo pero ya está a medio camino a través
de la habitación y va hacia la puerta.
Mierda. ¿Lo he asustado tan fácilmente? La expresión en su rostro
es tensa y me pregunto si de alguna manera lo ofendí.
—Buenas noches —dice, tan rápido como sale.
Santo cielo. Miro a la puerta cerrada unos segundos hasta que Ava
se acerca a mí. —Mami, ¿puedo tener pasta de dientes que tenga sabor a
chicle? Lo vi en la televisión.
Ausentemente le alboroto el cabello. —Cuando termines este tubo
puedes.
Nunca antes había visto a Bram tan melancólico, aunque no me
sorprende. Debajo de ese exterior cómodo, a veces puedo ver la oscuridad
en sus ojos, insinuando algo debajo. Todos tenemos eso en nosotros.
Más tarde, después de poner a Ava en la cama, descubro que no
puedo dormir. Doy vueltas en la cama, mirando hacia el techo, tirando
del edredón sobre mí mientras el frío de la bahía entra en mi habitación.
Me masturbo sin hacer ruido, dándole todo el crédito a Bram, Bram en
mí, dentro de mí, alrededor de mí, pero eso no ayuda en absoluto. Sólo
empeora las cosas porque soy tan consciente de cómo no hay sustituto
para lo real.
Finalmente, me levanto y voy a la sala de estar. Me hundo en el
sofá y de repente estoy muy agradecida por ello. No sólo es elegante, es
funcional sin ser demasiado abrumador, lo que significa que ahora mis
invitados (es decir, mi madre) tienen un lugar adecuado para dormir
cuando se quedan. Y el color gris oscuro me recuerda un poco a los ojos
de Bram. Especialmente cuando se ponen oscuros, como antes, como las
nubes de tormenta.
Estoy a punto de ver que hay en la televisión y tal vez ver algo
estúpido sólo para alejar mi mente de las cosas cuando miro mi teléfono.
Es poco después de medianoche.
¿Bram estaría despierto ahora mismo? Podría ser una locura, pero
quiero ir a la puerta de al lado. Sólo para ver si está levantado. Solo para
ver…
Pero no quiero despertarlo si no lo está, sobre todo porque se
marchó tan abruptamente. Después de todo lo que ha hecho por mí, no
quiero incomodarlo. Bueno, tal vez sólo un poco, pero sólo porque es muy
divertido.
Tal vez estoy entendiendo por qué le gusta molestarme tanto.
Suspiro, mirando mi teléfono. Ese beso, un simple beso en mi
cuello y yo sólo quería entregármele, para siempre. Me sorprendió lo
ansiosa y dispuesta que estaba a dejar que me tuviera, sin tener en
cuenta mi corazón, nuestra relación o nada. Y sé, lo sé, debería estar
usando mi cabeza por encima de todo. Me ha mantenido a salvo durante
los años.
Pero sólo quiero pretender que todo saldrá bien. Que entregarme a
Bram responderá a todas mis oraciones, aunque sólo sea por una noche.
Tomo el teléfono y le envío un mensaje. ¿Estás despierto?
Espero, mirando el teléfono fijamente en mis manos que están
temblando ligeramente, deseando no haberlo enviado. Espero y no hay
respuesta. Probablemente lo verá por la mañana cuando se despierte y
tendré que encontrar algún tipo de excusa para explicar por qué le envié
un mensaje de texto.
Entonces escucho su puerta cerrarse en el pasillo y hay un golpe
tranquilo en la mía.
Me congelo, mi mano va a mi pecho y la miro por un momento,
sabiendo que si la abro, todo podría cambiar.
—Nicola. —Oigo su voz gutural susurrar.
Me levanto y voy a la puerta, abriéndola sólo un poco. Está de pie
en el vestíbulo con unos pantalones de pijama delgados y negros. Muy
delgados. No puedo dejar de mirar su entrepierna por un momento.
—Hola —le digo suavemente, alejando mis ojos, mi pulso
empezando a despertar con lujuria—. ¿Te desperté?
—He estado despierto durante mucho tiempo —dice, con la mano
apoyada en el marco de la puerta.
—¿Que has estado haciendo?
Una pausa pesada se establece entre nosotros.
Se lame los labios. —Pensando en ti.
Antes de que pueda decir algo a eso, sus ojos arden con necesidad
urgente e irrumpe en el apartamento como un hombre que ve lo que
quiere y hará cualquier cosa para conseguirlo.
Y lo que quiere soy yo.
13
Traducido por Julie
Corregido por AnnyR’

Bram
No podía esperar un segundo más. La poca paciencia que me
quedaba por Nicola se desató y quedó suelta como una banda elástica
que se ha estirado hasta el final.
Agarro su cara, esa cara perfecta y dulce y la beso con más
salvajismo, más violencia y más desesperación de la que nunca he
sentido antes. Su boca se siente como la seda cuando mi lengua embiste
dentro, con ganas de reclamar cada centímetro húmedo y su piel se siente
como el cielo, las nubes, que invitan a hacerla tuya.
Un pequeño gemido escapa de sus labios hacia mi boca y sus
manos están en mi pecho desnudo, tratando de echarme hacia atrás,
pero no puedo esperar. Mientras sigo besándola, llevo la mano a mi
espalda y cierro rápidamente la puerta detrás de mí, en silencio,
consciente de que Ava está dormida. No tengo ninguna intención de
despertarla, de tener ningún tipo de interrupciones. Voy a estar muy
dentro de Nicola esta noche y follarla tan cruda y duramente, hasta que
no tenga otra opción que ver los animales que somos.
La recojo rudamente y con un gruñido, la vuelco por encima del
hombro, como haría un hombre de las cavernas, como un cazador traería
a casa una comida, y la llevo al dormitorio donde la coloco sobre la cama.
Rebota allí, y cierro la puerta detrás de nosotros, asegurándome de que
se bloquea, a continuación, saco el condón del bolsillo y lo arrojo a la
cama antes de quitarme los pantalones.
Está sin aliento y con los ojos abiertos mientras se queda mirando
a mi gran erección desnuda por primera vez. Es justo la reacción que
quiero. En realidad, luce un poquito intimidada pero eso no es tan malo
para el ego tampoco.
—No hay tiempo para los juegos previos —le advierto bruscamente
mientras me subo a la cama y me arrastro hacia ella, con mi eje grueso
flotando entre nosotros—. Pero voy a hacer que te mojes de todos modos.
—Pongo la mano en sus hombros y la empujo hacia abajo sobre la cama
mientras me acomodo encima de ella, con mis manos a ambos lados de
su cara. Paso mi pulgar sobre sus labios, presionando hasta que lo meto
entre sus dientes.
—Esta no fue la única noche que pensamientos de ti me han
mantenido despierto —le digo, queriendo que sepa lo mucho que se ha
metido debajo de mi piel—. Son todas las noches. Es todo el tiempo. —
Aparto mi pulgar y presiono mi cuerpo hacia abajo, para que pueda sentir
lo duro, largo y listo que me encuentro. Sus ojos se abren, pero no
muestran miedo. Es como si su cuerpo hubiese sido preparado para esto
y su mente está luchando para ponerse al día.
Está deseosa, a pesar de que no sabe lo que va a ocurrir a
continuación.
Alcanzo el paquete del condón, mientras mi corazón late con fuerza,
y le abro las piernas con la rodilla. Ya se siente su aroma y lo respiro
profundamente, dulce y almizclado, más adictivo que cualquier perfume.
Rápidamente, antes de que mi cuerpo tan sensible pierda el
control, me siento sobre los talones y rasgo el condón, recubriendo con
el látex fino mi longitud. Miro la cara de Nicola, a sus ojos observándome,
y me recuerdo que incluso cuando estoy rechazando una cerveza extra y
sudando durante horas en el gimnasio, este momento hace que todo
valga la pena. Cuido de mi cuerpo lo mejor que puedo y parece que ella
no puede apartar los ojos de mí.
Una vez que está puesto, me limpio una gota de sudor de la frente
—Cristo, me estoy quemando aquí, sintiendo como si mi piel estuviera
bajo el sol—, y me recuesto sobre ella, manteniendo todo mi peso sobre
un brazo mientras mi mano libre se cuela entre sus piernas expectantes.
—Solo me aseguro de que estás lista para mí —le murmuro,
encontrando el delicado lóbulo de su oreja con los labios y los dientes, y
tirando de él. Llevo mi mano hasta su coño y sonrío contra su mejilla. No
solo se sentía igual de pesado y suave como antes, ahora se encuentra
completamente empapado. Mierda, debería abandonar mis planes y
simplemente deleitarme con la última gota decadente pero entonces sé
que estaría soltando mi liberación en el primer minuto. No hay nada tan
primitivamente atractivo, tan jodidamente crudo, que comer a una mujer,
lamiendo hasta la última gota de lo que la hace ella. Cuando combinas
eso con el placer que se le está dando, reto a cualquier hombre a no
querer perder el control. Excitarla me excita a mí.
—Mierda, estás tan mojada —le digo al tiempo que empujo dos
dedos dentro de su pequeño coño apretado. La forma en que se aprieta
alrededor de ellos, sosteniéndome, hace que mis ojos se pongan
momentáneamente en blanco. Maldita sea, y esto son solo mis dedos.
Su respiración se acelera y se arquea hacia atrás, lanzando hacia
arriba sus pechos redondos y pálidos. Paso mi lengua por sus pezones,
piedritas duras que responden a cada uno de mis toques, y gime en voz
alta. Empujo mis dedos un poco más y el gemido se profundiza. Es como
un maldito banquete, un buffet, un festín, y no tengo ni idea de por dónde
empezar, pero cada artículo está destinado a ser delicioso.
No puedo soportar mucho más. Agarro mi eje rígido y lo posiciono
en su entrada. Sus ojos revolotean de estar cerrados a abrirse mientras
poco a poco froto la cabeza hinchada de arriba abajo sobre su hendidura
brillante. Se siente demasiado increíble.
—Oh Dios —dice sin aliento—. Métete dentro de mí de una vez.
—Impaciente —comento—. Me gusta.
Hace una pausa un momento. —Es que… ha pasado un largo
tiempo. Puede que haya vuelto a ser virgen.
La sonrisa estúpida en mi cara se hace aún más amplia. —Dices
todas las cosas correctas. Voy a ir lento.
Y a pesar de que ir lento es lo último que quiero; mierda, cada
nervio de mi cuerpo se halla listo para meterse de golpe en sus
profundidades calientes y embestirla hasta que esté ubicada en contra
de la cabecera; lo hago de todos modos. Poco a poco comienzo a hacer el
camino en su interior.
No, es más como forzarlo porque está tan condenadamente
apretada, como un pequeño tornillo húmedo que agarra cada milímetro
de mi pene.
—Mierda —gruño, bajando la mirada para verme embestir en su
interior. Mi cabeza ha desaparecido en ese sueño dulce de color rosa. Tan
resbaladizo, tan surrealista—. Esta es una prueba de mi voluntad —le
digo.
—Relájate —dice a través de una exhalación temblorosa. Se
recuesta de nuevo y espero hasta que se relaja un poco más antes de
introducirme suavemente un poco más. Es tan caliente y húmeda
mientras me abro paso hacia dentro tan lentamente que empiezo a
temblar. Hago una pausa, por mí esta vez, y tomo una respiración
profunda e irregular.
»¿Te estoy haciendo daño? —pregunta en voz baja.
—Cariño —digo, con voz baja y ronca—. Solo le haces daño a mi
determinación.
Sonríe y se relaja más, pero no es suficiente.
—Ábrete —le digo—, solo llevo la mitad. Quiero que tomes todo de
mí.
Parpadea. —Mierda, pensé que ya lo había hecho.
Niego con la cabeza, mientras más gotas de sudor caen y aterrizan
en sus pechos.
Respira profundo, pero sé la forma de acelerar el proceso. Pongo mi
dedo pulgar sobre su clítoris y lo froto. La trabajo hasta que la siento
ampliarse y luego empujo más adentro. Jadea, pero pone las manos en
mi culo y presiona con sus dedos, controlando mi ritmo. Pero sigue
tirando de mí hacia adelante.
Estoy conteniendo la respiración, olvidando exhalar, tan envuelto
en esta zambullida vertiginosa, sintiéndome como un conquistador
haciéndose cargo de una nueva tierra. Se extiende por debajo de mí, tan
suave y exuberante, como el paraíso, y eleva sus rodillas más arriba,
abriéndose más amplia, y finalmente entro hasta el final, presionando
mis bolas en su contra y me siento tan cerca de perder el conocimiento.
Jadea, pero me agarra con fuerza, con una furia ardiente.
Gimo en voz alta, incapaz de guardar silencio. Por toda mi
reputación como mujeriego, sé que no seré capaz de hacer una buena
impresión de esta primera vez. La necesidad en mí es demasiado intensa,
demasiado fuerte, demasiado. Me deslizo lentamente hacia fuera y miro
mi brillante eje grueso con todo lo que ella tiene, a continuación vuelvo a
entrar. Mi cuerpo entero se estremece.
Pero incluso si voy a venirme pronto, y va a ser increíble, no voy a
hacerlo sin ella. Recobro el equilibrio y, con fuerza, agarro sus muslos y
le doy un tirón hacia arriba y hacia mí, sosteniendo firmemente con una
mano, clavando los dedos en su piel suave, mientras que la otra mano va
a por su clítoris de nuevo.
Se queja, en voz alta, y luego tiene la fuerza para colocar una
almohada sobre su cara para amortiguar los gritos. Tengo que admitir,
que es caliente cuando mira mi pene deslizarse dentro y fuera, pero
también es caliente cuando no puede ver nada en absoluto.
—No te contengas, cariño —le susurro, respirando entrecortado y
profundo—. Yo no lo hago. Esta vez no. No puedo.
Mis caderas ruedan hacia atrás y adelante y me sumerjo dentro y
fuera, desde la punta hasta el último centímetro de grosor de mi pene.
Mi ritmo se vuelve cada vez más rápido y sé que no puedo contener mi
semen durante mucho más tiempo. Su coño está tan estrecho, tan
ansioso, que me siento como si estuviera drogado, como si estuviera
metiendo el pene en algún viaje sexual del que nunca podría recuperar
la sobriedad.
Muevo mis dedos en un frenesí y sus gemidos ahogados se vuelven
cada vez más fuertes, mientras embisto en su interior cada vez más con
intensidad. Su espalda se arquea, sus pezones rosados se ponen rígidos,
y sé que se encuentra cerca.
—¡Mierda! —grita—. Oh, Jesús.
Porque estoy empezando a palpitar dentro de ella con tanta fuerza,
moviendo la cama, moviendo sus pechos, que no logro darme cuenta si
su cuerpo se está contrayendo o no, pero entonces la siento encogerse
alrededor de mí, y sé que está allí, perdida en la espiral.
Tomo una respiración profundad y la suelto en un grito ahogado y
gutural mientras mis músculos enroscados se aflojan y el orgasmo rasga
mi espina dorsal, disparándose a través de cada terminación nerviosa. La
estoy follando con tanta intensidad que creo que voy a atravesar la pared
con su cama, directo a mi apartamento y entonces me encuentro al rojo
vivo, salvaje, deshecho.
Me corro con fuerza, soltando mi liberación tan rápido y potente
que temo que podría abrir un agujero en el condón. Me estremezco tanto
que la cama sigue temblando, a pesar de que el bombeo de mi cadera se
ha ralentizado. A través de mi niebla dichosa y eléctrica, todavía puedo
escuchar a Nicola gimiendo en la almohada, jadeando y haciendo ruidos
sin sentido. Puedo estar haciendo lo mismo, es difícil saberlo cuando no
se tiene ningún control sobre tu cuerpo, ni conciencia verdadera de lo
que está pasando, excepto que te hayas a un millón de kilómetros por
encima del puto planeta y no tienes idea de cuándo vas a bajar.
Cuando mis brazos comienzan a temblar, me bajo lentamente,
quedando encima de ella, presionando mi pecho sudoroso contra el suyo.
Es tan animal, esa sensación, como si estuviéramos operando en un nivel
del instinto y el deseo, millones de años antes de que la mente entre en
juego. Es tonto decir que estamos en un nivel de alma a alma, pero no
parece muy alejado de eso.
—Lo siento —le digo mientras quito la almohada de su cara—. No
pude contenerme. Eres una jodida kriptonita.
Me mira, con su cara completamente sonrojada y brillante, con sus
ojos pesados, como si estuviera en un sueño. Nunca lució más hermosa.
La quiero así todo el maldito tiempo.
—Ni siquiera puedo… —dice, con voz despreocupada, sonriendo.
—La próxima vez, será diferente —le digo, alisándole el pelo
húmedo de la cara. Se le puso el cabello salvaje, y es un agregado a este
aspecto loco de diosa que tiene.
Niega con la cabeza una vez. —Por Dios, espero que no. Eso fue…
eso fue… no tengo palabras.
—Oh, será igual de increíble —le aseguro, besándola suavemente
en los labios. Sabe a sal. Respiro profundamente y el olor de nuestro sexo,
tanto rancio y nuevo, casi me pone duro otra vez. Si no fuera por el hecho
de que tengo que retirar el condón, no creo que alguna vez me iría.
Pero lo hago. Es por cortesía.
Me muevo un poco hacia atrás y lo saco, agarrando el condón para
asegurarme de que no se derrame encima de ella. Me levanto y dirijo
hacia el baño, cerciorándome de que me encuentro totalmente limpio
antes de volver a la cama.
Está acurrucada bajo las sábanas, la parte superior de éstas
apenas cubren sus pechos y bajo el resplandor de la lámpara de su
mesita de noche, se ve verdaderamente saciada. Perfecta.
—¿Te importa si me uno a ti? —le pregunto, sin saber si me quería
aquí solamente para un polvo o algo más. Espero que sea por algo más.
Me da una sonrisa perezosa y luego extiende la manta. Suspiro por
dentro con alivio y entro.
No soy mucho de acurrucarme pero ahora que estoy en la cama
con ella, desnudo, se siente pecaminoso no estar tocando cada
centímetro de su cuerpo suave. Es una maldita diosa con esas pecas, los
carnosos labios rosados y la piel cremosa, y sé que no tiene ni idea. Eso
es una adición al atractivo.
La jalo hacia mí y beso su hombro, todavía caliente y húmedo. Mis
dedos se pierden en el desorden de su cabello. No sé qué decir —nunca
he sido muy bueno con las charlas de pareja—, solo quiero tenerla en mis
brazos mientras duermo y, con suerte, despertar en unas pocas horas
para otra ronda.
Pero ella se siente un poco tensa, vacilante. Se está frotando los
labios como si tuviera algo en su mente y tengo la sensación de que sé de
qué se trata.
—Sabes —digo lentamente, pasando los dedos por el puente de su
linda nariz, sobre sus labios deliciosos—, contrariamente a la creencia
popular, eso significó algo para mí.
Traga saliva e inclina la cabeza para mirarme. —¿Sí?
Lo sabía. Mi reputación me seguirá a todas partes.
—Sí. —Le beso el cuello y le murmuro—: Y no tengo sexo con más
de una mujer a la vez. Ahora estoy follando contigo y voy a seguir
haciéndolo durante el tiempo que desees mi pene. Sé que dijiste que
solamente un idiota se creería esta frase, pero solo tengo ojos para ti y no
tiene sentido estar con otra persona si voy a estar pensando en ti todo el
tiempo.
Asiente. —Bueno. Pues no tienes que preocuparte por eso conmigo.
—No estés tan segura —le digo—. Te he visto en el trabajo. He visto
la manera en que los hombres te miran, tal como lo hago yo. Pero siempre
que pueda ser el único hombre que te conquiste, voy a estar feliz. Y voy
a hacer hasta lo imposible para hacerte feliz.
Sonríe suavemente. —Casi pareciste tierno con eso.
—Solo dame unos minutos más y tierno será lo último en tu mente.
Sin embargo, en unos pocos minutos más, nos quedamos
dormidos.
14
Traducido por Val_17
Corregido por AnnyR’

Nicola
—Dios, sabes deliciosa, cariño.
Escucho las palabras roncas y confusas de Bram al mismo tiempo
que siento su lengua deslizándose entre mis piernas. Salto ante el
contacto pero sus manos agarran mis caderas, manteniéndome en el
lugar. Levantando la cabeza, parpadeo con fuerza y veo su pelo grueso
mientras su lengua serpentea a lo largo de mi hendidura, lamiendo
lentamente.
—Jesús —murmuro en voz baja, hundiéndome otra vez en la
cama—. Qué manera de despertar. —Es temprano por la mañana y el
cielo fuera de mi ventana es de un color azul grisáceo, a pesar de que
parece que no hay nubes ni niebla a la vista. Me sorprende que estemos
despiertos. Me siento como si hubiésemos follado toda la noche, pero
aunque me duele y mis labios y coño se sienten sensibles, también me
siento sorprendentemente viva. Mi cerebro brilla detrás de mis ojos, mis
nervios zumban, mi piel parece que puede sentir cada átomo en el aire.
Es cien por ciento cliché decir que me siento como una mujer nueva, pero
lo hago.
Bram gime contra mí y su lengua se sumerge dentro. Arqueo mi
espalda, deseándolo más profundo, mis piernas abriéndose más y más
para él. Sus dedos agarran mis caderas con fuerza y con la otra mano
desliza un dedo a lo largo de mi clítoris, frotándolo.
Dios, me voy a correr en cualquier momento, pero también deseo
que dure para siempre. ¿Esta puede ser la manera en que despierte por
el resto de mi vida, por favor?
Anoche fue demasiado increíble para describirlo con palabras —
otro cliché, pero es cierto. Nunca estuve con un hombre que me deseara
tanto, prácticamente podía sentir la necesidad primordial y animal que
coincidía con la mía. Y desnudo, magníficamente, hermosamente,
exquisitamente desnudo, Bram era toda una bestia. Honestamente no
sabía si me iba a causar mucho dolor o no, pero por la forma en que tan
lentamente, deliciosamente, se acomodó en mí interior, no sentí nada
excepto un pinchazo y luego esta increíble sensación de estar muy llena,
como si hubiera estado extrañándolo toda mi vida.
El único problema es que ahora me siento un poco desconsolada
por la ausencia de su polla. Lo quiero dentro de mí, todo él, no sólo sus
dedos y su lengua. Quiero que vuelva a hacer temblar la cama, que mis
pechos se balanceen mientras me penetra. Quiero ese salvajismo, esa
perversidad, esa maldita sonrisa cuando se da cuenta exactamente que
puede hacerme gritar a pesar de que he estado gritando en mis
almohadas, para no despertar a Ava. Y a juzgar por el entusiasmo con el
que me lame, como a un maldito helado, estoy a punto de soltarlo. Agarro
la almohada de debajo de mi cabeza y la sostengo sobre mi cara mientras
me empuja por el borde. Todas las bobinas apretadas en mi cuerpo se
liberan y monto ola tras ola de un placer loco, mis miembros
sacudiéndose por la energía.
Santo infierno. Bang, bang, gracias, Bram.
Levanta la cabeza cuando mis espasmos comienzan a
desvanecerse. —Así es como me gusta despertar a mi mujer.
Le lanzo una mirada, mi cabeza girando, mi cuerpo flotando. —
¿Qué pasa si quiero despertarte con una mamada?
—Ni siquiera tienes que preguntar —dice mientras se arrastra
encima de mí. La longitud de hierro de su polla se frota contra mi
humedad y espero tener suficientes condones en mi velador. El idiota sólo
trajo uno anoche. No estoy segura de qué demonios pensaba.
Estoy a punto de sacar el tema —podría tomar la píldora
religiosamente, pero los condones son una absoluta necesidad,
especialmente con un jugador como Bram— cuando escucho un golpeteo
al otro lado de la puerta y luego el sonido de alguien intentando abrirla.
—¡Mami, la puerta está cerrada! —grita Ava—. Déjame entrar.
Intercambio una mirada con Bram y me doy cuenta que no está
usando mucha ropa, sólo sus bóxer. Salto de la cama, me pongo la bata
y le lanzo sus pantalones. Abro la puerta muy poco, manteniendo a Bram
fuera de la vista, y me deslizo a través del pequeño espacio.
—Hola, ángel —le digo, de espaldas a la puerta, manteniéndola
cerrada mientras bajo la mirada hacia ella—. Te levantaste temprano.
—¿Por qué la puerta estaba cerrada?
—Oh, eso fue un accidente —digo.
Entonces la puerta se abre y Bram aparece; gracias a Dios que su
erección se ha ido.
—¿Bram? —pregunta—. ¿Vives aquí ahora?
Bram me lanza una sonrisa descarada y luego se pone de cuclillas
para estar a su nivel. —No, pequeña, todavía vivo al lado. Sólo me quedé
a pasar la noche.
—Está bien —dice Ava alegremente, luego va al cuarto de baño. Sé
que Ava no tiene la edad suficiente para hacerse una idea de lo que hacen
los adultos en situaciones como esta. Afortunadamente es demasiado
inocente para esa línea de pensamiento. Pero después de Phil, he sido
muy cuidadosa con los hombres que he traído. No han sido muchos, pero
estuve con un tipo llamado Ben casi al mismo tiempo que Steph y Linden
se reunieron la primera vez. Era agradable, es por eso que estuve con él,
pero no había ninguna chispa. Pero a Ava le caía bien y cuanto más
tiempo pasaba, se puso más apegado a él. Entonces cuando rompimos,
su pequeño corazón se rompió. Ahora que he descubierto que quiere que
Bram sea su papá como regalo de Navidad, es bastante seguro decir que
ella ha puesto su corazón en él.
En cuanto a mí… no lo sé. Observo a Bram mientras entra en la
cocina, con mis ojos pegados al balanceo de sus delgadas caderas y
cintura estrecha y esa larga extensión de espalda musculosa. Me
arrepiento de no dejarle ninguna marca de uñas la noche anterior, pero
siempre habrá una próxima vez.
Oh Dios, por favor, no dejes que esto haya sido una aventura de una
noche, pienso, repentinamente asustada de que pudiera arrepentirse. Sé
que anoche dijo que sólo quería follarme a mí, pero juro por la vida que
no puedo imaginar a dónde se dirigirá esto.
Por otro lado, me dije a mí misma que no analizaría mucho esto.
Eso no es “divertido”. Eso no es salvaje y libre. Solamente iba a disfrutar
del paseo y luego preocuparme de lo que pudiera venir.
—Entonces —dice Bram mientras enciende la cafetera. Me encanta
lo cómodo que parece en mi apartamento, aunque hace semanas era
molesto como el infierno—. ¿Cuándo es tu próximo turno? ¿Tienes tiempo
para ir a IKEA hoy?
—¡IKEA! —grita Ava—. ¡Pelotas!
Me río. —Sí, Ava, pelotas.
—¡Me encantan las pelotas!
—Al igual que tu mamá —señala Bram, mordiéndose el labio para
evitar reírse.
—Oye. —Meneo un dedo hacia él—. Vamos a mantener esta
mañana en clasificación infantil.
—¡Pelotas! —grita Ava—. ¡Bram-a-lama-ding-dong! —Corre de
regreso a su habitación y la escucho rebotar en la cama.
—No sé de dónde saca su energía —digo con un suspiro, buscando
la medicina y el medidor de glucosa.
—Al menos puedes decir que ha estado muy bien desde que fue
diagnosticada —dice. Mientras paso a su lado junto a la despensa, me
agarra por la cintura y me atrae hacia él—. ¿Cómo estás? —Baja la voz—
. Parecías disfrutar de la forma en que te desperté.
No puedo contener mi sonrisa. Mantiene su agarre firme y busca
mis ojos.
—Lo hice —le digo—. Fue mejor que el café. Hablando de eso, será
mejor que te apresures o te sacaré los ojos.
—Ah —dice—. Eres una de esas enojonas que ni siquiera son
humanos hasta su tercera taza. Es bueno saberlo. Despertar a Nicola con
sexo oral e inmediatamente después el café.
—Eso suena como el cielo.
—El cielo se puede arreglar —dice y coloca un beso en mi cuello,
besando justo por debajo de la línea de mi mandíbula—. Creo que he
encontrado mi cielo justo aquí.
Mantengo la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados, el dolor entre
mis piernas se enciende, deseando lo mismo que antes. Pero de ninguna
manera puede ocurrir hoy, no con Ava a mi cuidado. A menos que IKEA
tenga una fosa sexual, vamos a tener que mantenernos lejos de las cosas
del dormitorio hasta que oscurezca.
—Entonces —continúa, abrazándome e inhalando
profundamente—. Oh, cariño, hueles tan bien. Es jodidamente
distractor.
—Entonces —digo, tratando de mantenerlo en la pista—. Sobre
hoy.
Se aleja y me mira. —Sí. ¿Estás libre?
—Hoy es un día libre —le digo—. Soy toda tuya.
—Bien —dice—. Porque incluso si no lo fueras, tenía la intención
de hacerte mía de todos modos. ¿Recuerdas todas esas cosas que dije
sobre ti siendo totalmente reprimida sexualmente? Bueno, va a tomar
mucho tiempo y un montón de práctica hasta que te tenga en el lado
correcto. Pero puedes lidiar con eso, ¿verdad, nena?
Ahora, eso suena como una oferta que no puedo rechazar.

Aunque es tarde cuando volvemos a Emeryville, es un día laborable


e IKEA no está tan ocupado como pensé que estaría. Para ser honesta,
realmente me emociona estar de vuelta. Es como cuando estuvimos aquí
antes que de que fuéramos una Nicola y un Bram totalmente diferentes.
Ahora nos encontramos aquí y aunque no estemos juntos juntos, esta
vez sé cómo se siente su polla en mí interior —ya no tengo que
preguntármelo.
Por desgracia, debido a que no somos los primeros en llegar, hay
que esperar para ingresar a Ava en la guardería de entretenimiento, así
que aprovechamos al máximo nuestro tiempo y hacemos la temida fila de
servicio al cliente para devolver los sofás. Al parecer, no tienen ningún
problema en aceptarlos de vuelta y estoy segura de que el sofá
ensamblado se encontrará en la sección de “tal cual”, donde las almas
desesperadas y afortunadas van con la esperanza de encontrar ese santo
grial de todos los muebles, el artículo de IKEA que ya ha sido ensamblado.
Finalmente, cuando llega el momento de que Ava entre en la
guardería, estamos casi listos para regresar a casa. Pero Bram señala lo
emocionada que parece Ava por ir y no puedo decirle que no al cuidado
infantil gratuito, por lo que concordamos en echar un vistazo alrededor
de la tienda de nuevo mientras ella se divierte por una hora.
Después de que nos despedimos de Ava, Bram me acerca, sus
dedos firmes contra mi muñeca, su pulgar acaricia delicadamente la piel
allí. Susurra en mi oído—: ¿Recuerdas el reto de la última vez? —
pregunta.
Le doy una mirada severa. —Fue hace unos días, así que sí. Y aún
es no. Puedes llamarme aburrida de nuevo, pero no voy a sentarme en
un inodoro en exhibición y fingir que hago caca.
Sonríe. —No, no era eso. Pero es un reto. Uno que disfrutarás si
eres lo suficientemente valiente para creerme.
Estrecho los ojos. —No lo sé…
—Ven conmigo —dice, me lleva al segundo piso y de regreso a la
zona de exposición. Avanzamos por los pasillos, más allá de las parejas
dejándose caer en los sofás y las mujeres detallistas revisando la
suavidad de los cajones.
Bram tira de la falda de tul que estoy usando. —Me alegro que
lleves puesto esto.
Bajo la mirada y veo el contraste con mis botas de motorista Zara.
—Gracias, creo que es un estilo de bailarina punk.
—No, me refiero a que me alegra que estés usando una falda.
—¿Por qué? —pregunto y de repente nos dirige a uno de los
apartamentos de exhibición. Me lleva por la esquina de una puerta
corredera de madera y estamos en uno de los baños.
—No —le digo, pisoteando firmemente—. ¿Qué te acabo de decir?
—Relájate, no es lo que piensas —dice, y con un rápido
movimiento, me agarra por las caderas y me levanta sobre el lavamanos.
Me estremezco a pesar de que estoy escondida de la mayoría de los
compradores. Si alguien explorara este apartamento falso y doblara la
esquina, me podrían ver totalmente.
Pero Bram sólo sube mi falda hasta que se agrupa alrededor de mi
cintura y empuja mi ropa interior hacia un lado. El repentino estallido de
aire y la exposición hacen que me congele, al igual que el frío mármol
falso en mi culo. Se posiciona entre mis piernas, sonriéndome todo el
tiempo.
—En serio, no —le digo—. Nos van a atrapar y nos echarán.
—Pero qué manera de irnos —dice y luego siento el cosquilleo de
su pelo en mí y el pinchazo caliente de su lengua.
Ni siquiera sé cómo va a resultar esto. ¿Cómo puedo relajarme y
disfrutarlo sabiendo que podríamos ser descubiertos en cualquier
momento? Esto no es placentero en absoluto, es estresante y peligroso.
Jesús, se siente bien.
Agarro su pelo y me recuesto, con la cabeza contra el espejo
mientras su lengua y sus labios se llenan de mí.
Un gemido se me escapa, pero no me importa. El sonido es
amortiguado por el zumbido de la tienda. A sólo unos metros, hay gente
mirando este apartamento, examinando los muebles para sus hogares,
ignorando que detrás de una simple pared removible, mi coño está en
exhibición para que todos lo vean.
Sin embargo, Bram no se está tomando su tiempo como esta
mañana. Su boca es caliente y ferviente mientras su lengua serpentea en
mi interior, y gimo de nuevo, de un modo gutural esta vez, sintiéndome
como una chica muy mala, muy salvaje. Cuando mete un dedo en mí
interior, acariciando mi punto G, mientras que sus labios chupan mi
clítoris, me corro.
—Mierda —grito, demasiado fuerte. Pero Bram continúa hasta que
mis miembros dejan de temblar. Durante unos segundos gloriosos, creo
que estoy por encima del tiempo y el espacio, la séptima dimensión a
donde te envían los orgasmos impulsados por Bram.
—Vaya —logro decir, levantando la cabeza. Espero ver sólo a Bram
pero eso no es todo lo que veo. Mientras se encuentra entre mis piernas
y me mira con preocupación, probablemente porque parece que acabo de
ver a un fantasma, hay una pareja de ancianos detrás de él con la boca
abierta.
La mujer grita, el hombre le cubre los ojos y la tira a un lado para
sacarla de nuestra vista. Bram se levanta rápidamente, bajándome de la
encimera y asegurándose de que estoy cubierta.
—Oh mierda, oh mierda, oh mierda —maldigo, ajustándome la
falda. Agarro la camiseta de Bram—. ¿Qué hacemos?
—Parece que llamarán a seguridad —dice, y aunque estoy
enloqueciendo, hay un toque de diversión en sus ojos. No estoy segura
de que me guste. No quiero fomentar este tipo de diversión otra vez—.
Supongo que será mejor que corramos.
Me doy la vuelta y golpeo la pared falsa del cuarto de baño detrás
de nosotros. —¿No puedes romper esto para salir por un túnel? No quiero
salir por ahí —suplico.
Agarra mi mano y besa el dorso. —A la cuenta de tres, corremos.
¿Entiendes? ¡Uno, dos, tres!
De alguna manera mis piernas se mueven, él me empuja y salimos
del cuarto de baño y el apartamento falso. Algunas personas nos miran,
preguntándose qué está pasando, pero lo más aterrador es que la pareja
de ancianos están hablando con un trabajador de Ikea y apuntando hacia
nosotros.
—¡Sigue corriendo! —grita Bram y mis piernas siguen en
movimiento a pesar de que el resto de mí parece congelado por el pánico,
salimos del apartamento y vamos por el pasillo hacia las escaleras en el
extremo posterior.
Escucho a alguien detrás de nosotros, gritando—: ¡Oigan! —Pero
no nos atrevemos a mirar o detenernos. Seguimos andando, bajando las
escaleras de dos en dos y corriendo a la guardería.
No ha pasado una hora, pero Ava está corriendo cerca de la
entrada. La llamo, agitando frenéticamente los brazos mientras intento
no parecer una loca, y ella es lo bastante buena para correr directamente
hacia nosotros sin ningún tipo de persuasión.
—¿Ya volvieron? —pregunta.
—Cariño, tenemos que irnos ahora mismo. ¿Quieres correr con
nosotros? ¿Fingir que estamos siendo perseguidos por dinosaurios?
Asiente, siempre lista para cualquier tipo de aventura relacionada
con dinosaurios.
—¿Qué tipo de dinosaurios?
—Los malos. —La agarro de la mano y los tres salimos corriendo
de la tienda, alejándonos de cualquiera que pudiera querer retenernos.
Por supuesto que terminamos perdiéndonos en el laberinto que es el
estacionamiento, pero una vez que encontramos el Mercedes, saltamos
dentro y aceleramos.
Sigo mirando hacia el edificio amarillo y azul mientras nos
alejamos, imaginando que los trabajadores enojados de IKEA persiguen
nuestro auto en fuga con horcas y antorchas. No es hasta que estamos
en la autopista que estallo en carcajadas. No puedo evitarlo. Las lágrimas
se escapan de mis ojos y me sacudo incontrolablemente, aullando como
una lunática.
Bram me mira con conmoción, como si pensara que me he vuelto
loca, pero luego comienza a reír. Pronto Ava también se ríe, aunque no
sabe por qué. Tal vez no ha visto reír a su mamá en un tiempo muy largo.
Tal vez ha sido infectada por la cepa de locura que nos hemos contagiado
Bram y yo. Tal vez sólo está feliz de que su madre se vea salvaje y libre.
Nos reímos todo el camino de regreso al apartamento.
15
´ Traducido por AnnyR & rihano
Corregido por Julie

Nicola
El problema sobre dormir con el cuñado de tu mejor amiga es que
no estás exactamente segura sobre cómo abordar el tema, o si deberías
decir cualquier cosa. Pero porque soy yo y es Bram, es casi imposible no
derramar los frijoles. Estoy a punto de estallar por decirle a alguien.
Cuando regresamos de Ikea, Bram me cocinó un pollo increíble y
unas verduras asadas para la cena que, a ambas, Ava y a mí, nos
encanta, luego los tres pasamos la noche viendo la película Bichos: una
aventura en miniatura. Cuando era hora de que Ava se fuera a la cama,
entonces Bram y yo tuvimos un montón de sexo toda la noche. Aunque
lo había conseguido en Ikea —y por fin hice realidad mi sueño secreto de
tener sexo en público—, estuve tan excitada por él, todo de él, incluso
más que antes.
Pero ahora es el día después y Bram está en reuniones y Lisa viene
a cuidar de Ava mientras trabajo. Si no le cuento a alguien, incluso a
Steph, lo que ha estado pasando en las últimas cuarenta y ocho horas,
voy a perder la cordura.
No sé, dice el texto de Steph, después de que le he rogado que nos
reunamos. Estoy un poco cansada y tengo planes con mi pijama y
Netflix esta noche.
Necesito hablar contigo le respondo, tienes que escuchar quién
tuvo sexo en IKEA.
Hay una pausa.
Entonces: ¿Qué demonios? ¿Quién tuvo sexo en IKEA? ¿¿La
tienda??
Ven al bar esta noche y te lo diré. Y sí, la tienda.
OhPorDios. ¿Fuiste tú? OHPORDIOS. ¿FUE BRAM?
Te veo en la noche.
Bien. ¡¡¡¡¡¡¡¡Aah tú, perra!!!!!!!! Cuentameeeeeeeeeee.
Más tarde.
MIERDA.
Y así es como convencí a Steph de salir conmigo mientras hacía mi
turno en Lion. Por fortuna, fue una noche tranquila, pero no tanto como
para ser enviada a casa, así que Steph se sentó en el bar y yo me abrí
paso para decirle la gran noticia.
—Dilo todo —dijo, tomando la cerveza número dos. Hasta aquí el
querer estar en casa y ver Netflix.
—Está bien —digo y, puedo sentir que me ruborizo.
—Espera —dice Steph, alzando una mano—. Ya lo sé. Ya lo sé. Mira
tu cara. ¡Eres un tomate gigante! Eso siempre te delata.
Suspiro y me inclino, bajando la voz. Aunque no hay alguien cerca,
no quiero que esto caiga en los oídos equivocados. No soy exactamente
ese tipo de chica que besa y cuenta, a pesar de que eso es lo que estoy
por hacer. —Me acosté con Bram.
—¿Qué? —grita y, James mira desde el otro lado del bar.
—Steph, ¡cállate! —le advierto, apoyándome en la barra para
golpear su brazo—. Creí que lo habías deducido gracias a mi cara de
tomate.
—¡Sí, pero oírte decirlo! —exclama. Se menea en su asiento—. Está
bien, está bien, detalles. Todos los detalles. Cuéntame todo. ¿Tiene un
pene grande? ¿Es como Liden?
—Cálmate —le digo, sabiendo que traería a Liden a la conversación
en algún momento—. Está bien, supongo que todo comenzó con IKEA.
—¡IKEA! —dice Steph con una sonrisa, poniendo su puño en la
barra como si IKEA fuera el nombre de un buen amigo nuestro.
—Sí, bien, me llevó allí, ya sabes te lo dije, para buscar un nuevo
sofá.
—Sí… ¡y tuvieron sexo en el sofá!
—No. Espera. Está bien, entonces todo estaba genial. Flirteaba
conmigo, sabes cómo es, tan malditamente directo.
—Tal cual a Liden —dice ensoñadoramente, apoyando la barbilla
en su mano.
—No —le digo—. Como sea, así que más tarde, en casa, vino a
ayudarme a instalar el sofá. No puedo recordar si se lo pedí o no. Oh sí,
¡necesitaba un taladro! De cualquier forma, Ava duerme la siesta en mi
cuarto y estamos hablando… y… ya sabes, no es como yo pensaba en
absoluto. —No quiero divulgar ninguna de las cosas privadas que
compartió conmigo sobre la caridad, pero digo—: Y creo que no es para
nada como tú piensas. O incluso, Liden. Es mucho más profundo que
eso.
Bufa. —¿Bram? ¿Profundo? Por favor, solo se pone profundo
cuando trata de calcular todas las mujeres con las que ha estado.
Tengo que admitir, me estoy poniendo un poco a la defensiva. —No
es del todo cierto. Quiero decir, sí, hay mujeres. O había.
—¿Había?
—Pero me estoy adelantando…
—Te estás adelantando demasiado.
—Como sea, estábamos hablando y… Dios, no lo sé.
Simplemente… sé que es estúpido pero, hombre, sabes, todo este tiempo
con el flirteo y las insinuaciones, solo quería ver cómo era estar con él.
¿Sabes? Se convirtió en lo único en lo que pensaba, solo mirándolo,
escuchando ese maldito acento…
Suspira ruidosamente. —Sí, ese acento.
—Me hacía sentir cosas que no había sentido en mucho tiempo.
Me mira fijamente, haciendo una mueca con sus labios. —¿Cómo
es que nunca me hablaste acerca de esto? Creí que odiabas a Bram.
—¡Así era! Pero, como que me ganó. Y supongo que imaginé que
era estúpido que me gustara alguien como él.
—Oh, cariño, vamos. ¿A quién no le gusta Bram? Es Bramtastico.
—Oh por Dios —exclamo—. Eres tan mala como él.
Se encoge de hombros.
—Mira —apunto—, lo amenazabas para que ni siquiera me mirara,
nos amenazabas a Kayla y a mí para que no rompiéramos el equilibrio
del grupo. Hubo muchas amenazas. No quería que te enojaras conmigo
o, Dios me libre, me dieras un sermón.
—Sé que dije esas cosas —dice—, pero solo fue porque me importa
y porque quería advertirte. Pero honestamente, estás toda radiante y esas
cosas. No te he visto así en mucho tiempo. Sé que tienes cuidado con él…
¿verdad?
Asiento. —Pues, no me estoy enamorando, si eso es a lo que te
refieres.
—Bien —dice—. No es que no quiera que te enamores, pero tendría
extra cuidado con un hombre que parece bastante bueno en romper
corazones. —Hace una pausa, viendo mi expresión caer—. Pero aparte de
eso… dormiste con Bram. Mi cuñado.
—Sip.
—Así que, instalaban el sofá y él solamente, que, ¿te tomo justo
ahí?
Me rio. —Eso no se desvía tanto. Nos encontrábamos debajo de la
tela del sofá. Sabes cómo es IKEA, tienes que unir todo. Cerrábamos esta
cosa de espuma en el revestimiento y… no lo sé. Algún tipo de mirada
pasó entre nosotros y lo siguiente que supe, era que me besó, con sus
manos en todas partes. Me llevó de nuevo al suelo, levantó mi camisa y
él estaba… fue muy caliente.
—¿Y? ¿Y…?
Me encojo de hombros. —Y Ava nos interrumpió.
—¡Aguafiestas!
—Steph —le advierto—, hablas de mi hija. Y sí, es una aguafiestas.
—Pero al menos dime que llegaste a sentir su paquete.
—Te dije que nos acostamos. Obviamente su pene estuvo
involucrado.
—Pene.
—Y bien, cuando jugábamos allí debajo, lo hizo, ya sabes, puso
unos cuantos dedos dentro de mí.
—Esto es tan increíble. Dame otra cerveza.
Saco una cerveza Anchor Steam, la destapo y la deslizo sobre la
mesa. Le cuento el resto, incluyendo la parte en la que le mandé un
mensaje, preguntando si se encontraba despierto.
—Así que tomaste el control —reflexiona—. Creo que nunca te he
visto hacer eso. Ya sabes, con un hombre.
Tenía razón. —Bueno, lo inicié. Una vez que él llegó, estuvo en
control todo el tiempo. Y fue bueno. Es un poco rudo, sabes, un hablador
sucio. Al menos con lo que tengo experiencia. No creo que sea tan vulgar
como Liden.
—Dale tiempo.
—Como sea.
—¿Y te salió bien?
—Maldición, sí. Y todas las veces después de esa.
—Y, ¿cuándo entra IKEA en esto otra vez?
No puedo evitar sonreír con sorna, mirando a otro lado. El recuerdo
de ese momento está grabado en mi cabeza hasta el punto en que es
imposible olvidarlo. —Regresamos los sofás. Cuando Ava estaba en la
guardería, me llevó a uno de los baños de la sala de exposición.
—No… —dice, con los ojos amplios.
Asiento. —Sí. Me puso en el lavabo y me dio sexo oral.
—¡En la tienda!
—Sip.
—¿Y había gente cerca?
—Había, sí. No vi a ninguno hasta después. Luego nos atraparon.
—¿Los atraparon? —grita. Fuerte. Lo suficiente para que James
empiece a caminar hacia nosotras.
—Steph, ¡estás haciendo mucho ruido! —le siseo.
—¿Qué pasa, señoritas? —pregunta James, siempre curioso.
—Nada —digo rápidamente.
—Nada —agrega Steph—. Excepto que Nicola aquí, es una
exhibicionista en secreto.
—¡Steph!
James me mira de arriba abajo. —¿Estás segura de eso?
—Ella podría empezar a bailar sobre la barra —agrega.
—Puedes hacer lo que quieras —dice él—, siempre y cuando me
traiga clientes.
Nos mira a las dos por un momento, tratando de averiguar qué es
lo que ocurre, pero cuando no le damos nada, se va.
—Y con eso —le digo—, por favor no le digas a nadie lo que pasó.
—Mantendré mis labios cerrados —dice—. Pero obviamente le
contaré a Linden.
—¡No! —Golpeo su brazo—. ¡De todas las personas, no puedes
decirle a él! No quiero que Bram piense que estoy hablando de más.
—Oh, ¿y no crees que está haciendo lo mismo? ¿Al haber tenido
sexo con la impenetrable reina de hielo?
—¿Reina de hielo? —Suena tan bien como “para nada divertida”.
—Ya sabes, así es como llaman a cualquier chica que no les da su
vagina en la primera cita. Eres como su ballena blanca.
—Genial, una ballena.
—Moby Dick, tonta. De cualquier forma, Linden ya sabrá para
cuando yo llegue a casa, te lo garantizo. Y no será por mi culpa. —Me
mira—. Y sabes que es divertido compartir. Es bueno para ti. Me refiero
a que no me ves ocultando lo que Linden hace en la cama.
—Lo sé —me quejo—. Y no necesito otro resumen de lo que hicieron
con los tapones de chispa que compraron en el Castro, tampoco.
Se encoge de hombros. —Apuesto a que Bram le gusta esa mierda
rara. Y cuando empuje su pene en tu coño y un tapón en tu culo, te
garantizo que me llamarás y vas a contar todo.
—En serio espero que no estés siendo literal —comento con
sequedad.
Steph no se queda mucho tiempo después de eso. Tiene esa mirada
en su cara, cuando se encuentra achispada y necesitada de un polvo.
Desearía no saber qué significa esa mirada pero la he visto tantas veces
antes cuando está pensando en Linden.
Estoy a unos diez minutos de terminar mi turno, cuando recibo un
mensaje de texto de Bram
¿Sigues en el trabajo?
No puedo evitar sentir emoción solo por un simple mensaje. Me
siento como si estuviera en la secundaria de nuevo.
Síp, a punto de terminar.
Iré a recogerte. No puedo esperar más. He estado pensando en
ti todo el día.
Ahora estoy sonriendo de oreja a oreja. Olvidé lo divertido que era
flirtear por mensajes de texto.
Está bien, si quieres.
Te veo pronto.
No pasa mucho tiempo hasta que estoy saliendo a la niebla,
ajustándome un poco más mi chaqueta, mientras Bram se detiene en su
Mercedes.
—Entra, belleza —me dice, después de bajar la ventana. Se ve tan
apuesto en su traje, que casi tengo que pellizcarme para creer que vino
para recogerme.
Me deslizo dentro del Mercedes. —Brrrr, hace tanto frío —digo,
frotando mis brazos.
Se inclina y pone la calefacción. —Sabes, pensarías que al crecer
en Escocia, con la llovizna, la humedad y tener la entrepierna mojada
todo el tiempo me prepararía para San Francisco, pero no sé cómo lo
hacen ustedes. Sus estaciones no tienen sentido.
—Dímelo a mí —digo, aún sintiendo frío. Usar falda no ayuda, pero
él pone su ancha y cálida mano sobre mi muslo y, lo presiona.
—Estás fría como el hielo. —Nota—. Deberías haber tomado
algunos tragos de whiskey mientras me esperabas.
Le digo que no esperé mucho tiempo. Luego el auto sale de la
Avenida Van Ness y comienza a dirigirse hacia el parque Golden Gate. —
¿Adónde vamos?
No dice nada. Lo miro, está sonriendo en la oscuridad y su mano
se desliza más arriba en mis muslos.
Me retuerzo mientras los pelos de su brazo cosquillean mi piel
sensible. Al mismo tiempo, no puedo evitar separar mis piernas,
queriendo darle un acceso más fácil.
—¿A dónde vamos? —pregunto nuevamente, jadeando cuando sus
dedos hacen a un lado mis bragas y se meten entre mis pliegues. Sé que
ya estoy húmeda. Mi cuerpo le da a este hombre la reacción más
inmediata. Incluso la forma en la que dice “joder” me hace venir.
—Voy a darte un pequeño paseo —dice. Hay un tono ronco en su
voz que dirige el mensaje a casa.
Todo esto todavía es nuevo para mí. Trato de no concentrarme en
mis inseguridades: ¿mi aliento apesta después del turno? ¿Estoy usando
un sostén y bragas a juego? ¿Voy a hacerlo bien? El auto gira, las
vibraciones pasan a través de mí, por lo que me recuesto en mi asiento y
cierro los ojos.
Estoy muy cerca de correrme —sus dedos son hábiles y mi cuerpo
no tiene paciencia, no con él— pero estaciona el auto a un lado de la
carretera que atraviesa el parque. En cualquier otra circunstancia,
pensaría que me trajo para asesinarme. O habría tenido miedo de las
personas desagradables y la sociedad secreta que se oye en el parque en
la oscuridad. Pero sé que Bram no me heriría y sé que estoy a salvo en
cualquier lugar con él. Sabe cómo cuidarse bastante bien.
—Esto es un poco espeluznante —le digo—. Un buen lugar para
esconder un cuerpo.
—Un buen lugar para follar un cuerpo —dice, apagando el auto y
las luces, hasta que estamos envueltos en la oscuridad y girando en su
asiento. Oigo como desabrocha su cinturón de seguridad—. No me voy a
arriesgar después de lo que pasó en IKEA. Ahora, voy a entrar al asiento
trasero y vas a entrar justo después.
No hago ningún intento de discutir. Sale de su asiento y camina a
la parte de atrás. Abre la puerta y se sienta, abre su cinturón y
cremallera. Bajo la luz tenue de la farola cercana puedo ver la longitud
de su pene duro mientras lo saca.
Jesús. Está jodidamente listo para esto en cualquier momento.
—¿Vas a venir aquí y chuparme o qué?
Guau. Está bien. Primero su pene hace una aparición, luego su
boca sucia.
—Iré enseguida —le digo, tratando de evitar que mi voz tiemble. A
pesar de que es divertido, sigue siendo espeluznante. Me siento tan tonta
jugando el papel de la chica sexy y descarada, y aparentemente eso es
exactamente lo que quiere de mí.
Abro la puerta del pasajero, salgo al aire frío y, entonces abro la
puerta trasera. Estoy a punto de deslizarme dentro cuando dice—:
Desnúdate.
—¿Qué? —digo, mirándolo fijamente en el auto. Sus ojos brillan
con deseo y control.
—Dije que te desnudes. Quítatelo todo, ahora. Luego entra al auto
y pon mi pene en tu boca.
Parpadeo. No puedo deducir si es un juego de roles o no, pero suena
oscuro y dominante, y para nada como el feliz y sonriente Bram que me
había recogido. Para ser honesta, esto hace que mis nervios se pongan
de punta.
—Bram —le digo.
—Haz lo que te digo.
Suspiro y luego empiezo a quitarme la chaqueta.
—Despacio —dice.
—Está congelando aquí afuera.
—Hazlo despacio —rechina—. Y te prometo que lo tomaré con
calma contigo.
Bien, por lo menos no puedo desdeñar la recompensa.
Muy lentamente me quito la chaqueta, tirándola en el piso del
asiento trasero. Luego mi camiseta sin mangas hasta que llevo
únicamente mi sujetador.
—Hermosas tetas —casi gruñe—, ahora la falda.
Me quito las botas y los calcetines, luego deslizo mi falda de
vaquero hasta que llevo puesto solo mi sujetador y bragas, de pie al lado
de la carretera. Nadie ha conducido por aquí, pero eso no significa que
no lo harán. El aire está pellizcando mi piel, haciéndola zumbar y la
hierba bajo mis pies se siente fría y húmeda. Me siento como si estuviera
volviendo a la vida lentamente.
Entonces bajo la mirada. Mi sujetador y mis bragas no coinciden
para nada. Uno pensaría que habría recordado la regla cardinal que solía
seguir cuando era más joven; cuando estás acostándote con un chico,
asegúrate siempre de que tu sujetador y bragas estén a juego. Eso y
siempre llevar mentas o goma de mascar contigo, no uses labial
demasiado pegajoso y asegúrate de exfoliar cada centímetro de ti, incluso
cuando no piensas que tendrás suerte porque esos son los días en que
usualmente la tendrás.
—Eres una maldita diosa, ¿sabes eso? —dice. Su voz es tan rica y
profunda que me podría ordenar que vaya a la calle en este momento y
probablemente lo haría—. Quítate el sujetador.
Alcanzo detrás de mí y hago lo que dice, liberando mis pechos que
se sienten absolutamente pesados con lujuria y necesidad. Una brisa los
atraviesa, haciendo que mis pezones se aprieten aún más. Es como si la
propia naturaleza estuviera ayudando a excitarme.
—Ahora, tus bragas —dice.
Las deslizo abajo por mis piernas pero mis caderas se mueven de
un lado a otro en un baile un poco atractivo, como si estuviera
disfrutando esto. Empiezo a pensar que mi cuerpo tiene mente propia y
quiere el pene de Bram todo el tiempo.
—Eso es —susurra—. Esa es mi chica. Ahora entra al auto.
Despacio.
Es un buen momento también porque puedo ver unas farolas que
vienen bajando la carretera. Me agacho, cubriendo mis pechos hasta que
el auto pasa y cuando se ha ido, intercambio una mirada tímida con
Bram.
—Se han ido. Pon tu lindo trasero aquí.
Me deslizo adentro; los asientos se sienten calientes contra mis
nalgas y cierro la puerta. La parte trasera de su auto es pequeña y él
ocupa la mayor parte de éste. En realidad, su pene lo ocupa. Puedo ver
el resplandor de su pre-semen en la punta y por alguna razón se me hace
agua la boca.
Él frota con su pulgar la cabeza hinchada hasta que está brillante
y luego se inclina hacia atrás, sosteniendo su pene apretada alrededor de
la base.
—Solo lame —dice—, solo tu lengua. De abajo hacia arriba.
Despacio. Finge que eres melaza.
Me puse tan cómoda como pude estando desnuda en ese asiento
trasero, consciente por completo de mis cicatrices, celulitis y cualquier
rollito incluso a pesar de que estamos principalmente en las sombras, y
bajo más mi cabeza sobre él. Subo mi lengua desde la base, solo tocando
donde está su mano, luego la arrastro hacia arriba por su longitud dura.
Siento cada palpitación, cada vena, cada cresta. Él está caliente al toque
y sabe a limpio, como a jabón. Cuando alcanzo la punta, ese golpe de sal
de la pre-eyaculación se hunde en mi boca y me encuentro amándolo. Ni
siquiera me doy cuenta de que esto causó tal respuesta de mí hasta que
me encuentro en mitad de un gemido.
—Te gusta eso, ¿verdad, cariño? ¿Te gusta el sabor de mi semen?
Asiento y lo lamo de nuevo, siguiendo este camino de regreso abajo.
Ahora él está gimiendo y empujando su pene contra mi lengua. —
Sabes lo que dicen, mientras peor sea algo para ti, mejor sabe.
Le lanzo una mirada astuta, deteniéndome para decir—: Y yo sé
que tú eres malo para mí.
—Muy malo, y sin embargo, oh, tan bueno.
Lo lamo de lleno y completamente, hasta el fondo.
—Ahora pon tus labios sobre la cabeza y solo chupa la punta.
Lentamente. —Hago como dice, pero su mano va a mi cabello y él lo
agarra duro, inclinando mi cabeza ligeramente—. No tengas miedo de
mirarme mientras lo haces.
Mierda. El contacto visual nunca ha sido lo mío, en especial
durante el sexo, pero si esto lo excita entonces quiero verlo en su cara.
Lo miro con ojos lujuriosos y él me observa. Su mirada es intensa,
primaria, consumidora.
Al final rompe el contacto visual, cerrando los ojos e inclinando su
cabeza hacia atrás contra el asiento. —Mierda, eres tan malditamente
buena.
Me detengo, limpiando mis labios con el dorso de mi mano. —
¿Quieres que siga?
Él niega con la cabeza, respirando pesadamente. —No —dice
roncamente—. Quiero que te des la vuelta, así te pones en cuatro.
Bueno, está bien. Dudo pero él levanta su barbilla y me mira, con
esos ojos que brillan con tanto deseo que me encuentro poniéndome toda
mojada de nuevo. Solo una mirada, solo una sugerencia y soy toda suya.
—Mierda, tan perfecta —dice. Su voz es tan gutural que casi puedo
sentir sus vibraciones. Soy una bola de nervios y tentación cuando lo
siento moverse detrás de mí y colocar sus manos en cada mejilla—. Tan
preparada.
—¡Ay! —grito. ¿Acaba de morderme el trasero?
—Lo siento —dice, aunque no suena apenado—. Me está costando
mucho no comerte entera. Pero no puedo contenerme por mucho más
tiempo.
Él comienza a masajear y agarrar mi piel, entonces siento el largo,
cálido y húmedo serpenteo de su lengua cuando la desliza arriba y abajo
en cada mejilla. Me estremezco por la sensación, deseando
desesperadamente que vaya más abajo.
En su lugar, separa mis mejillas y yo brinco, sin estar preparada
para eso.
—Relájate —murmura—. Lograste que algo bueno pase aquí.
Para él, tal vez. Pero no puedo relajarme, no cuando siento un dedo
húmedo deslizarse por mi raja, hurgando en un lugar que nunca debería
ser hurgado.
—Relájate, Nicola —dice de nuevo—. Confía en mí.
Trago, no estoy segura de si soy lo suficientemente valiente para
jugar con el culo, incluso aunque él habla de eso todo el maldito tiempo.
Pero entonces sus dedos van más abajo y se deslizan entre mis pliegues,
acariciándolos.
—Tan mojada —dice, jugando brevemente con mi clítoris antes de
hundir sus dedos dentro de mí—. Tan lista.
Lo oigo moverse y el sonido de un paquete de condón siendo
desgarrado. Entonces la cabeza hinchada de su pene se desliza arriba y
abajo por mi trasero. Empuja brevemente en el sitio equivocado pero
antes de que pueda decirle que salga, se mueve más abajo y escucho un
gruñido divertido de él. Probándome.
Sus manos regresan a agarrar mis caderas y me mueve por encima
un centímetro y atrás hacia él. Acomoda la punta de su pene dentro de
mí y entonces empuja una mano entre mis omoplatos, así mi trasero está
levantado; un mejor ángulo.
Bram deja salir un gemido animal cuando se hunde dentro y no
puedo evitar sino responder de la misma manera. Desde este ángulo, él
me hace sentir tan llena, que puedo sentirme estirándome hermosamente
alrededor de su espesor, empapándome cada segundo que está dentro de
mí.
Lentamente comienza a deslizarse fuera y luego empuja de nuevo
dentro, sosteniéndome en el lugar hasta que comienzo a resbalar.
Entonces mis manos están arriba contra la puerta del coche, mi cara
presionada contra la ventana nublada mientras él golpea en mí una y
otra vez.
Una mano suya va a mi clítoris, frotando salvaje y
desordenadamente, volviéndome loca y la otra regresa a las mejillas de
mi culo.
Brevemente frota entre la raja, luego posiciona su pulgar en mi
trasero y lentamente empuja dentro.
Casi me congelo por la intromisión, pero de forma automática me
aprieto alrededor de él. Esto es definitivamente sucio, es prohibido, pero
mi cuerpo está tan excitado que esto solo empeora el asunto. Mientras
más empuja su pulgar dentro de mí, todo el tiempo que su pene duro
está extendiéndome debajo, más salvaje me siento, más libre.
Finalmente podía liberarme, ser algo, alguien. Y yo quería ser un
animal. Él me convertía en uno.
Gruño en voz alta. Quiero rugir. Quiero exigir que me folle aún más
duro.
—¿Te gusta eso, no? —gruñe—. Te estás poniendo más mojada y
ya estás tan apretada. —Empuja su pulgar hasta el fondo y yo jadeo. Esto
es tan erróneo y tan correcto al mismo tiempo, y malditamente caliente
como el infierno.
—Te sientes cremosa alrededor de mi pene, nena —murmura,
haciendo un grueso y primitivo sonido desde algún lugar profundo—.
Estás lista para venirte.
Y así, su dedo presiona hacia abajo en un movimiento deslizante y
puedo sentir cuan mojada estoy, y como cada centímetro de mí se siente
tan malditamente llena y me estoy viniendo. Me estoy viniendo con
fuerza.
El orgasmo desgarra a través de mí, y sé que estoy tratando de
aferrarme a la puerta del coche o tal vez solo trato de aferrarme en
general, porque me siento como que estoy siendo arrojada en algún lugar
muy lejos donde hay estrellas y música, y mi piel se está ampollando
mientras la necesidad se derrite. Me siento reducida a nada más que una
luz brillante y desde luego Bram todavía sigue, aún trabajándome incluso
aunque mis músculos se mecen con espasmos, apretándose alrededor de
él.
—Estoy demasiado sensible. —Trato de decir esto y tomar aliento
al mismo tiempo pero él no se detiene y parece que está operando a puro
instinto ahora, llevado a follar, a venirse.
Y de algún modo, no sé cómo, pero mi sensibilidad se desvanece e
incluso aunque sigo llena e hinchada, me corro de nuevo por segunda
vez.
Esta vez Bram se viene también. Parece violento, surrealista, más
grande que nosotros. Sus sonidos, esos hermosos y locos sonidos, llenan
el coche y cuando bajo desde ese otro pico —el pico más grande—, él está
sosteniendo mi espalda sudorosa contra su pecho empapado. Sus besos
bajan por mi columna mientras trata de controlar su respiración.
—Mierda —maldice, tratando de aclarar su garganta—. Eso fue
increíble.
—Dímelo a mí —le digo, mi propio pecho agitado. Me separo de la
puerta del coche y casi colapso en el asiento—. Nunca me he venido dos
veces así en fila.
—Entonces la próxima vez tendremos que apuntar a tres —dice,
sonriendo contra mi piel. Coloca su mano alrededor de mi cintura y luego
lentamente se sale. Automáticamente me siento vacía sin él.
Nos sentamos uno junto al otro en el asiento trasero, el aire lleno
con el calor y el aroma almizclado de nuestro sexo. Estoy desnuda y
empapada por completo. Él parece resbaladizo y desaliñado al mismo
tiempo.
—Hazme saber si quieres una cabalgada la próxima vez —me dice
mientras abre su puerta.
—Lo haré. —Rápidamente me pongo mi ropa y él nos conduce el
resto del camino a casa, no más paradas estratégicas.
Cuando llegamos ahí, como siempre, desaparecemos en su
apartamento para un rapidito. Lo sé, lo sé. Acabamos de tener sexo
increíble y debería dejarlo así. Somos muy codiciosos, que puedo decir. Y
es malo para mí ya que Lisa está en su hora, pero no puedo evitarlo.
Incluso al dejar su coche, sus manos estaban todas sobre mí mientras
subíamos las escaleras y aunque el sexo en el carro fue tan erótico, y
estremecedor, como nada, había algo acerca de la comodidad de una
cama que me aclamaba.
Además, saben, el hombre me volvía insaciable. Cuando estaba con
Phil, rara vez sentía esta excitación todo el tiempo. Aún cuando
empezamos a salir al principio, todo era tan controlado y, vamos a
enfrentarlo, mi atracción física hacia Phil nunca estuvo fuera de los
registros. Él era lindo, si bien delgado, pero creo que yo estaba más
atraída hacia su indiferencia y cerebro que a algo más. Y no es como que
me hiciera sentir como la mujer más atractiva del planeta. Si ganaba un
poco de peso, y esto era sostenido cuando yo era tan delgada, él lo
comentaba y eso me molestaba por días.
Así que donde el sexo con Phil había sido adecuado, quiero decir,
tuvimos a Ava, nunca fue ese tipo de sexo de derretir huesos, y de debo
tener orgasmos toda la noche. No como es con Bram. Me pregunto si esto
es lo que se supone que sea el sexo en general o solo me saqué la lotería
con Bram. Voy a asumir que es en su mayoría lo último.
Finalmente sin embargo, es hora de regresar a mi apartamento.
Bram dice que va a refrescarse, y luego vendrá a dormir una vez que Lisa
se vaya y yo esté lista para dormir.
—Lo siento por llegar tarde —le digo a Lisa cuando entro—. Perdí
mi autobús.
Ella parece un poquito enfadada pero dice—: Está bien. —Se
levanta del sofá—. Ava fue un ángel, como siempre. Sus niveles
estuvieron bien, también.
—Eso es genial, gracias.
Me pasa dirigiéndose a la puerta pero se detiene y me da con una
mirada conocedora. —Te ves diferente.
—¿Sí? —pregunto. Revisé mi cabello y maquillaje en el coche de
regreso de nuestro “lugar de revolcón” y después del rapidito, así que no
creo que parezca en particular que acababa de tener sexo o hecho algo
malo.
—Estás toda sonrojada —nota.
—Debe haber sido la caminata desde la parada del autobús —le
digo, deseando añadir que está frío afuera pero no quiero seguir hablando
y hacerla sospechar. No es que trate de mantenernos como un secreto,
es solo que no se aún que es lo que somos. Y follar a tu casero no se ve
muy bien para el forastero.
Abre la puerta y entonces señala con su cabeza hacia el
apartamento de Bram. —Sabes, tu vecino tiene algo de sexo bastante
ruidoso.
Casi me ahogo. —¿Oh, sí?
Asiente con seriedad. —Sí. No sé cómo duermes con ese alboroto.
Tengo que admitirlo, él contribuye con un buen espectáculo. Y sea cual
sea la mujer con la que está.
Siento mis mejillas incendiarse. —Qué pases una buena noche,
Lisa. Y gracias de nuevo.
No tengo ni idea ahora de si ella sospecha acerca de Bram y de mí,
pero sé que en algún punto va a sumar dos más dos. Hago una nota
mental de que solo porque estamos en el apartamento de Bram, no
significa que no puedo gritar su nombre a todo pulmón. Debería pedirle
que me amordace la próxima vez y luego, ese solo pensamiento me excita.
Pero cuando Bram entra en mi habitación más tarde, estoy
cansada y parece que él también. No me presiona por sexo, solo envuelve
sus gruesos brazos a mi alrededor y me aferra a él. Es agradable. Es tan
agradable, solo ser abrazada, ser querida.
—¿Estás cómoda? —susurra en mi oído.
—Mucho —le digo—. Estoy acostumbrada a que Ava se arrastre
sobre mí o solo se duerma encima como un saco de papas. Pero esto, esto
es muy agradable.
—Bien —dice—, porque no planeo soltarte.
—No tenía idea de que fuera de los que abrazan, señor McGregor.
—Oh, probablemente hay unas pocas cosas que no sabes acerca
de mí, cariño —murmura—. Pero las sabrás, con el tiempo. —Besa mi
lóbulo de la oreja—. Además, es difícil no abrazarse a ti. Me temo que si
me aparto de ti por un minuto, podrías solo deslizarte a través de mis
dedos. ¿Y entonces donde estaría?
—¿Masturbándote?
—Sí —dice—, pero no puedes hacer eso por siempre.
—¿En verdad? He tratado.
—En realidad necesitas mostrarme tu colección de vibradores un
día.
—Solo si prometes comportarte con ellos.
—Nicola —dice con indignación fingida—, no puedo creer que
pienses que yo haría algo que pondría en peligro tu considerable belleza
virginal.
Suelto unas risitas. —Cállate. ¿Quién hubiera sabido que eras tan
tonto?
—No muchos, así que por favor mantenlo entre nosotros y no voy
a decirle a nadie acerca de tu colección de vibradores.
—Son solo unos pocos juguetes —digo, golpeando su brazo
juguetonamente y recostándome en el colchón. Se siente tan, tan bien
solo estar en sus brazos—. Además, creo que todos los que conozco tienen
una idea. Steph dice que los hombres piensan en mí como una reina de
hielo. Las reinas de hielo no tienen sexo.
—Mmmm, eso no es verdad. Ellas tienen sexo. Es solo que en sus
propios términos. Esto fue en tus términos, Nicola, y sabes eso. Tal vez
debo agradecerte por meterme entre tus piernas. O quizá deba felicitarme
por decir todas las cosas correctas, aunque por mi vida que no sé cuales
fueron.
—Solo voy a decir, que lo que sea que estás haciendo…
—Que es a ti —interrumpe—, una y otra vez.
—… sigue haciéndolo.
—¿Y esta noche?
Ahora me siento un poco culpable. —En verdad estoy algo cansada.
—Igual —dice él, apoyándose en su almohada—. Pero eso no
significa que no voy a despertarte en el medio de la noche de la única
manera en que sé cómo.
Sonrío ante eso y dejo que esta absoluta sensación de paz se instale
sobre mí. El momento, tan simple como es, es bastante perfecto. Es
perfecto. Tengo a mi hija en su propia habitación, respondiendo bien a la
insulina y las inyecciones, llevando todo el asunto como el soldado que
es. He obtenido un maravilloso apartamento, más que solo un techo
sobre mi cabeza. Tengo la oportunidad de en verdad poner mi vida en
carril, empezando y terminando fuerte, y estoy haciendo justo eso. Ahora
tengo a Bram, esta maravillosa bestia de hombre que mantiene mi
cerebro adivinando y a mi cuerpo viniéndose.
Me quedo atrapada en ese último pensamiento. Porque así como lo
tengo en el momento, así como sus brazos están alrededor mío,
manteniéndome en calma y cálida cuando el aire frío de la noche sopla
desde la ventana abierta, y así como lo tuve más temprano anoche, en
realidad no sé lo que traerá el futuro. No sé siquiera qué somos. Él dijo
que no saldría o follaría con nadie más y creo eso, justo como tampoco lo
pensaría para mí misma.
Pero, ¿qué significa? ¿Estamos en una relación? ¿Él tiene
relaciones, como novio y novia, o soy solo algún tipo de amiga para follar
monógama? Quiero decir que no me importa ser solo una aventura,
especialmente si soy la única que tiene. Pero la verdad, la maldita
aterradora verdad, es que me estoy enamorando de él. No es amor, lo sé.
Esto no me está golpeando la cabeza, no se roba mi corazón.
Pero él se está robando mis pensamientos. Entrena mi cuerpo para
desearlo solo a él y todo el tiempo. Hace que mi corazón lata más rápido
con su cercanía, me hace sonreír como una idiota cuando escucho su
nombre. Me hace esperar con ilusión cada uno de los días porque sé que
estará en este y cuando imagino un día sin ver su cara guapa, hay una
sensación extraña en mi pecho, como si mi corazón estuviera desolado.
Mi corazón, sin embargo, no puede involucrarse, es demasiado
riesgoso, demasiado pronto. No quiero que el amor ataque por sorpresa
mi vida y la desordene, no ahora cuando todo empieza a ir bien. En mi
experiencia, el amor es una fuerza destructiva, desgarrando corazones en
trozos y obligando a la gente a recoger los pedazos. Incluso las mejores
historias de amor son cuentos violentos.
Tengo que preguntarme si Bram ha estado alguna vez enamorado.
Si en realidad ha llegado a esa distancia y despedido su corazón. Si ha
ido en serio con alguien más para compartir una parte de su vida,
viviendo juntos, teniendo algo que lleve una etiqueta pegada. Me
pregunto si ha estado en este camino y si es algo a lo que se encuentra
abierto.
—¿Has estado alguna vez enamorado? —pregunto, mi voz sonando
lejana, como en un sueño. No puedo creer que en realidad diga esas
palabras en voz alta, pero ahí lo tienen. Si mi cerebro no se apaga, algo
al final saldrá de mi boca.
Puedo sentirlo estremecerse junto a mí, así que cancelo cualquier
esperanza de que ya estuviera dormido. Algunas veces no tengo ni idea
de cuánto tiempo llevo perdida en mis pensamientos. ¿Son momentos?
¿Minutos? Inclino la cabeza para ver su aguda mirada en la confusa
oscuridad. —No te preocupes —sigo—. No estoy enamorada de ti —le
aseguro.
—Oh —dice, aclarándose la garganta—, eso es una pena. —Traga
y entonces rueda sobre su espalda así mira hacia el techo—. Sí. Estuve
enamorado. Solo una vez. Fue bastante malo pero… yo era joven.
Vinieron los problemas. Me entró el pánico y la jodí. La jodí en grande.
Era solo un maldito idiota. Es en verdad una maldita vergüenza, ¿sabes?
Porque creo que el amor es el tipo de cosa acerca de lo que debes
reflexionar y sentirte bien. Eso es el amor, ¿no es verdad? ¿Algo bueno?
Pero no puedo mirar atrás, a lo que pasó con ella, y no sentir nada más
que vergüenza. —Su pecho se levanta y cae con una respiración
profunda—. Lo que no daría algunas veces por esa oportunidad de nuevo
solo para arreglar las cosas… hacerlas bien. Pero rara vez conseguimos
una segunda oportunidad, ¿verdad?
Sé que no debería importarme, pero la forma en que habla acerca
de esta mujer hace que mi corazón se encoja, como si una helada
temprana lo hubiera asaltado. —¿Cuál es su nombre? —pregunto.
Duda por un momento, luego dice—: Taylor.
Así que, Taylor tuvo un verdadero efecto sobre él. Esperaba que lo
que sea que fuéramos, lo que sea que pudiéramos ser, sería suficiente
para borrarla de su mente.
—Es un nombre bonito —le digo, sintiéndome estúpida mientras
tanto.
—Era una buena chica —dice—. Pero eso está todo en el pasado y
ahí es donde se quedará. ¿Qué hay de ti? ¿Del papá de tu bebé?
Mastico mi labio por un momento. —¿Si estaba enamorada de Phil?
¿Sabes qué? No lo sé. Supongo que sí. ¿Tal vez solo era
encaprichamiento? ¿Testarudez? Qué tal si me había vuelto tan
determinada a amarlo que pensé que lo hacía. ¿Es eso posible? De
cualquier forma, lo que sea que tuvimos, esto aún me arruinó al final así
que tal vez era amor o quizás solo era privación. No lo sé.
—Tal vez era amor o quizás solo era privación —repite lentamente—
. Me gusta. Tiene sentido para mí. Porque algunas veces no sabes, solo
eres consciente que lo que tuviste se ha ido y sabes cómo eso te hace
sentir.
—Sí —digo a través de un pesado suspiro, recordando cuán inferior
me sentí cuando Phil me dejó. Cuán asustada. Ahora, no sé si mi corazón
se rompió porque el amor se perdió o si era porque lo que Phil fue para
mí se había ido—. Supongo que sabes si es así.
—Eso es verdad —dice. Sus brazos se aprietan a mi alrededor—.
Ahora, ¿por qué estás poniéndote toda filosófica en la oscuridad, eh?
¿Necesitas una nalgada para acomodarte?
Suelto unas risitas y aparto su cara de mi cuello mientras él intenta
besarme. —No, soy buena.
—Eres lo opuesto a buena y vas a ser castigada.
De repente él me voltea y trepa encima de mí, cacheteando el
costado de mi cadera con su mano, su boca toda sobre mi cuello y
hombros. No puedo evitar reír mientras aleja mis preocupaciones con
besos.
16
Traducido por AnnyR’ & Julie
Corregido por NnancyC

Nicola
Tres semanas pasan en un borrón. Tres gloriosas, hermosas
semanas. Hay más turnos en el trabajo, he comprado una máquina de
coser y un poco de tela con el dinero extra, el clima se está volviendo más
cálido y Ava se ha obsesionado con los bichos (gracias Bichos: una
aventura en miniatura). Pero en su mayoría, estas tres semanas han sido
un festival de sexo desnudo, brumoso, sudoroso.
Bram es insaciable y cuanto más me folla en todas las formas, más
insaciable me he convertido. Cada momento en que estamos solos, está
en mi interior —su polla, lengua, dedos— y me estoy empezando a sentir
como la diosa sexual que sigue diciéndome que soy. Me hace preguntar
cómo he podido sobrevivir por tanto tiempo sin esto. Ahora entiendo
porque el sexo es tan malditamente importante para las personas: nos da
vida, nos hace sentir más vivos.
Y nos trae una conexión. No es solo una follada o un polvo. No son
solo orgasmos y explorar el cuerpo del otro. Exploramos el alma del otro
también. Se que es una forma cursi de pensar las cosas, pero es verdad.
Cuanto más duermo con Bram, cuanto más hablamos, menos
necesitamos hablar. Solo nos sentimos el uno al otro en este otro nivel,
esta corriente de intimidad que asusta como el infierno, pero es adictiva
de todos modos.
Naturalmente, no sé si se siente de la misma forma en que yo lo
hago. Que estoy comenzando a enamorarme. Poco a poco. Que siento que
lo entiendo en niveles que no creí posibles. Pero al menos sé que a veces
lo veo mirándome y es como si él pensara que soy mágica.
Sigo recordando lo que dijo mi mamá sobre eso, de nunca dejarlo
ir una vez que lo has encontrado. Dios prohíba cualquier cosa de intentar
descarrilar lo que somos y hacia dónde podemos dirigirnos, pero no tengo
ninguna intención de dejarlo ir.
El único problema en las últimas semanas es que mientras he
estado más ocupada con más turnos, Bram ha estado más ocupado con
más reuniones con la ciudad, organizaciones e inversores. Es genial que
su idea esté avanzando a toda velocidad, pero significa que no nos vemos
tanto como solíamos hacerlo. Por lo general son sólo las noches y eso es
probablemente por qué nos aferramos el uno al otro en la niebla
empapada de sexo como lo hacemos.
Sin embargo, hoy es lunes y no tengo que ir a trabajar. Bram está
libre esta noche, así que va a traer algo de comida tailandesa para
nosotras. A pesar de que la comida para llevar es lo peor para Ava, se
esfuerza para asegurarse de que tiene arroz al vapor y verduras sin
glutamato monosódico y nada más que un poco de salsa de soja, para
que ella no se sienta excluida.
Los tres estamos sentados alrededor de mi mesa de la cocina y
estoy actualmente ventilando mi boca con mi mano porque creo que
tengo una carga de chiles en mi bocado de Pad Thai. Bram me mira con
diversión, quizás más divertido de lo normal.
—Lo siento, no tengo lengua de acero —le digo, sorbiendo un poco
de vino blanco para enfriar la quemadura.
Deja salir una pequeña risa. —Es caliente incluso para mí. —Mira
a Ava, luego a mí—. Ustedes chicas, ¿quieren oír algo gracioso?
—¡Si! —dice Ava con entusiasmo.
Desde que nos incluyó a las dos en esa pregunta, supongo que no
puede ser pervertido. Por lo tanto, estoy intrigada.
—¿Qué? —pregunto, bajando mis palillos.
Ahora sonríe para sí mismo, como si estuviera a punto de decir un
chiste y ya se está riendo de la frase clave.
—Bram —le recuerdo—, ¿qué es lo gracioso?
—Está bien, está bien —dice, mordiéndose el labio. Es tan
malditamente guapo que algunas veces olvido mi propio nombre. Sigue—
: ¿Les gustaría ir a una pequeña aventura?
—¿Vamos a IKEA? —pregunta Ava.
—Nunca vamos a ir a IKEA de nuevo —le digo—. Esa es una mala
palabra en esta casa.
Hace un mohín, pero mira a Bram expectante.
—Definitivamente no vamos allí —dice—. Pero iremos a un lugar
con el que probablemente Ava ha soñado ir. Sin embargo, debo advertirte,
pequeña, debes ser valiente.
Sus ojos se ensanchan, pero asiente, seria. —Puedo ser valiente.
Resisto los ouchies, soy valiente.
Se inclina acercándose a ella y susurra—: Hay bichos gigantes allí.
—¡Bichos! —grita—. Oh, quiero ver los bichos gigantes.
Bien, no tengo idea de qué está hablando, pero definitivamente no
quiero ver ningún bicho gigante.
—¿Vamos a acampar? —le pregunto, tratando de no estremecerme.
—No —dice—. Pero antes que digas algo, tienes que saber que te
he pedido libre los próximos cuatro días del trabajo.
—¿Hiciste qué?
—No te preocupes —intenta calmarme—, ya hablé con James, no
es un problema.
—Sí, ¡pero aún es dinero perdido!
—Dije que no te preocupes. —Me alcanza y pone su mano en la
mía, dándome un apretón—. Por favor. Mereces este viaje, ambas lo
hacen.
—No estoy segura de que alguien merece un viaje a la tierra de los
bichos gigantes.
—Incluso si está localizado en —Pausa dramática— ¿Disneylandia?
Oh Dios mío. ¿Se atrevió a decir Disneylandia cerca de Ava? Eso es
como conjurar un Jugo de Escarabajo, excepto que en lugar de aparecer
Michael Keaton, Ava se convierte en la niña cohete, como si estuviera
llena de un millón de toneladas de azúcar.
—¡Disneylandia! —chilla. Es una perforación en el oído—.
¡Disneylandia!
Miro a Bram, quien está claramente satisfecho consigo mismo. —
Por favor dime que hablas en serio, porque si no la llevas a Disneylandia
ahora…
—Es completamente en serio. Y me alegra que estés de acuerdo.
—Bueno, por supuesto, lo estoy. ¿Quién no quiere ir a
Disneylandia?
Se encoge de hombros. —Estoy seguro que la mayoría de los
adultos no. ¿No has visto el esquema de Luise CK? Personalmente, creo
que esos adultos no son divertidos, pero tengo que decir, cariño, me
alegra que no seas uno de ellos. —Mira a Ava, quien prácticamente rebota
en su silla—. Y no puedo imaginar un lugar mejor para que Ava tenga
algo de diversión también.
Trato de seguir comiendo pero no puedo. Estoy tan abrumada.
Mareada. Tal vez tan emocionada como mi hija. Más tarde, cuando Ava
juega en su cuarto y nosotros estamos en la cocina dejando los platos,
me giro a él, tomándolo por las muñecas y acercándolo.
—No tenías que hacer eso —le digo, mi culpa filtrándose.
—Sé que no tengo que hacer nada. —Besa mi frente—. Quiero
hacerlo. No puedo esperar a verte actuar como una niña.
Y yo no puedo esperar a tenerlo allí conmigo. —¿Cómo sabías que
siempre he querido ir a Diseylandia con alguien del que estoy… ahora?
—Eep, casi digo algo diferente, tengo que seguir—: La última vez que
estuve allí creo que tenía dieciocho años y con una amiga y en todas
partes había parejas besuqueándose. Siempre he querido ser una de esas
parejas molestas.
—Podemos molestar mucho por todo el parque —murmura,
besándome suavemente los labios—. Pero, quizás, necesito algo de
práctica primero.
Me entrego al beso, dejando que me alimente, sintiendo la
necesidad arremolinarse en mis huesos. Casi olvido que está siendo
cursi. Me separo, colocando las manos sobre su pecho, sintiendo sus
músculos duros debajo. —Gracias —le digo suavemente—. Ava siempre
ha querido ir… nunca he sido capaz de llevarla.
Asiente. Lo sabe. —Lo bueno es que, al esperar, no sólo lo recordará
más, sino que lo disfrutará más.
—Entonces, ¿cuándo nos vamos?
—Mañana en la mañana —dice—. Brillante y temprano. Así que
mueve el culo y empaca. —Coloca una mano ancha en mi culo y lo
aprieta—. O voy a tener tu culo azotado.
Le sonrío. —¿Tal vez pueda tener las dos?
Me agarra por las nalgas y me levanta en el aire hasta que mis
piernas se envuelven a su alrededor. Luego me lleva al dormitorio y
cerramos la puerta con la esperanza de que al menos podamos robarnos
unos minutos el uno con el otro.

Cuando Bram dice temprano, para nosotros significa realmente el


amanecer. Son solo las seis y media de la mañana cuando llama a mi
puerta. Ava se halla en el baño cepillándose los dientes con su nueva
pasta dental de chicle después de que me tomó unos diez minutos
despertarla. Sólo se animó cuando mencioné la palabra "Disneylandia".
No obstante, no puedo culparla. Conoces esos viejos comerciales de
Disneylandia con los niños saltando alrededor en pijama en medio de la
noche, gritando: "¡Estoy demasiado emocionado para dormir!". Bueno,
eso fue prácticamente anoche en pocas palabras. El sueño cero fue tenido
en la casa Price.
Me doblo el pelo húmedo detrás de mis orejas y abro la puerta
esperando ver a Bram.
Quedo boquiabierta.
Sí es Bram, vestido con vaqueros, botas y una sencilla camiseta
con una elegante bolsa de cuero a sus pies. Pero es lo que tiene en sus
manos lo que me hace prácticamente desmayar.
Está bien, estoy totalmente desmayada.
—¿Es para Ava? —pregunto, casi sin aliento.
Asiente con orgullo, tal vez incluso un poco tímidamente. En sus
manos hay un vestido de princesa de tamaño infantil, el rosa de la Bella
Durmiente que Aurora lleva al final de la película. Incluso tiene la corona
y el velo unidos. Creo que podría morir justo aquí.
—Espero que le quede —dice—. Es difícil encontrar esas tiendas de
Disney.
—No puedo creer que hicieras eso —le digo, mi corazón palpitando
fuerte en mi pecho—. Esa es la cosa más bonita, más linda, más dulce
que creo que alguien ha hecho por ella.
—Bueno —dice, frotándose las manos a lo largo de la mandíbula—
. Lo hice por ella y por ti.
Trago con fuerza, sorprendida por el ardor en mis ojos. No miento,
estoy tan cerca de llorar. Es una locura cómo un gesto tan simple y de
alguna manera ridículamente romántico me deshace. Nadie ha pensado
nunca en mi chica con tal consideración.
Y ahí va una lágrima, rodando por mi mejilla.
—Oh, cariño —murmura Bram, entrando en el apartamento y
envolviéndome en un abrazo—. No llores. No fue nada. Sólo pensé que le
gustaría vestirse como una princesa en el viaje.
—Pero te acordaste de la Bella Durmiente, del huso y de la aguja, y
es taaaaan lindo. —Soy un desastre incoherente, mientras lloro en sus
brazos.
Me pone la mano en la nuca y me sostiene allí. —Bueno, me alegro
de que te guste. —Sé que suena tan despreocupado sobre todo el asunto
pero, de nuevo, ¿cómo puede entender lo que esto significa para mí?
Muchos años y nadie ha hecho algo como esto, nadie ha pensado nunca
en mí y Ava así de mucho. Es entonces que me doy cuenta de lo cansada
que estoy, lo mucho que he sido empujada a un lado, lo mucho que me
he empujado a un lado. Se siente tan jodidamente bien que alguien se
preocupe por nosotras.
Justo entonces, Ava sale del baño. Camina lentamente hacia
nosotros, con la cabeza inclinada. Señala el vestido.
—¿Qué es eso? —pregunta, la esperanza chispeando en sus ojos.
Bram se agacha hasta su nivel. —¿Quién es tu princesa favorita?
—Aurora —dice con inteligencia—. Ella pinchó su dedo en el huso,
igual que yo.
—Eso es porque eres una princesa —dice, mostrando el vestido
delante de ella en una cascada de magenta, rosa y oro—. Y este es tu
vestido de princesa.
Su boca hace una O y sus ojos se agrandan cómicamente. —¿Qué?
—Me mira, casi suplicando que sea verdad. Limpio una lágrima con mi
mano y asiento.
—Todo tuyo, ángel.
Toma cuidadosamente el vestido de las manos de Bram y lo
examina. —Debe estar hecho de algodón de azúcar —reflexiona,
absolutamente deslumbrada.
—¿Puedes intentarlo tú misma o necesitas mi ayuda? —le
pregunto, sabiendo perfectamente que necesita mi ayuda.
—¡Lo puedo hacer! —Corre a su dormitorio.
—¡Di gracias a Bram! —grito.
—¡Gracias, Bram! —le oigo decir desde la otra habitación.
Una media hora más tarde, los tres —con Ava vestida como una
princesa— estamos en el coche de Bram y hacemos nuestro camino por
el 101, afortunados de que el atasco de tráfico se encuentra en el otro
lado. Los tres no podemos dejar de sonreír y el día está lleno de una
promesa tal que casi me marea.
Seis horas más tarde, después de innumerables paradas de retrete
y paradas en boxes y la interminable "¿Ya llegamos?", salimos de la
autopista y entramos en la avenida Katella. Esta es la primera vista de
Ava en Disneylandia y estoy señalando la parte superior del Matterhorn
y Space Mountain, Monorail y el Ferris Wheel y el California Screaming
Coaster en la distancia. Se ve absolutamente aterrorizada de esos paseos,
pero le aseguro que hay muchos que le encantarán y comienza dar saltos
en su asiento.
Bram no ahorró en nada y nos consiguió una suite en el Disney
Grand Californian Lodge, ubicado en el parque Disney de Aventura en
California. Cuando yo era joven el parque ni siquiera existía, así que fue
tan divertido para mí, como lo era para Ava entrar al hotel y ver todo
nuevo. Y hagámosle frente, incluso si el parque estaba aquí cuando yo
era más joven, no había manera que podríamos haber podido pagar por
quedarnos allí. Lo mismo ocurre con el Hotel Disneyland. A pesar de que
es anticuado ahora, una habitación sigue costando un brazo y una pierna
y cuando yo era joven, mis padres creían en gastar tan poco en los hoteles
como fuera posible. A quién le importa si dormías en un Super 8, siempre
y cuando estuvieras pasando todo el día y la noche en el parque.
Pero a Bram le importa, y a su vez, me importa. Las camas son
limpias, frescas y cómodas, la habitación decorada con buen gusto en el
estilo de algunos Grand Lodge cerca de Yosemite o Mammoth Lakes y
tenemos una vista a través de pino ponderosa y sobre el pico de roca en
forma de oso de los Rápidos Grizzly River.
Estoy bastante agotada porque he estado en un viaje por carretera
de seis horas que me ha agotado como nunca, pero Ava durmió durante
un montón en el viaje y ahora está saltando por la habitación, perdiendo
su maldita mente.
—No hay descanso para los cansados —le digo a Bram,
sintiéndome mal ya que tuvo que conducir todo el camino.
—No sé si lo has notado, cariño, pero tengo resistencia por días.
Eso lo hace. Voy a hacer un paquete de día para Ava, incluyendo
los aperitivos adecuados, agua, su kit de insulina, sombrero flexible, un
par de zapatos de repuesto y, por supuesto, protector solar. Luego nos
dirigimos hacia fuera para disfrutar del parque.
Debido a que estamos cansados, planeamos sólo pasar el día en
California Adventure. Ava no sabe la diferencia entre los dos parques,
además allí, ella llega a la tierra de los Bichos y se vuelve loca por horas.
Mientras hace precisamente eso, Bram y yo nos tomamos las
manos y miramos como juega en las diferentes áreas, fingiendo ser del
tamaño de un bicho, lanzando dentro y fuera de fuentes de agua. Cuando
es hora de ir en un paseo, agarra mi mano y me tira en una caja para
llevar de comida china que aumenta alrededor en un círculo. Aunque
éstos no son los paseos que soñé siempre montar, ella está teniendo el
momento de su vida. Si dependiera de mí, por supuesto, estaríamos
yendo al California Screaming y La Torre del Terror, pero ver todo a través
de los ojos de mi niña hace que sea mucho más divertido.
Terminamos el día con Bram y yo tomando una cerveza y vino en
el viñedo falso antes de que saltemos en el tractor del Cars Mater (que,
en retrospectiva, no es la mejor idea después de una bebida). Bram y yo
hemos estado tomando turnos y montando con Ava y aunque es menos
probable gritar como un alma en pena alrededor de él, todavía se puede
decir que se está divirtiendo mucho. Tacha eso, ella está teniendo el
momento de su vida.
Los dos primeros días en Disneylandia y California Adventure son
casi iguales. Nos levantamos temprano y nos dirigimos a los parques,
respirando el olor a churros, palomitas de maíz y patas de pavo mientras
la música tintineante llena el aire. Llegamos a todos los paseos para
niños, por alguna razón tienen las líneas más largas, y luego nos
atiborramos de cualquier comida que podamos encontrar. De alguna
manera nos las arreglamos para convencer a Ava para montar los
Rápidos Grizzly River con nosotros y todos terminamos tan
completamente empapados que ella fue la única que terminó amándolo.
Afortunadamente, el calor de SoCal nos secó en minutos.
Y por supuesto ella conoce a todos sus personajes favoritos
incluyendo Eyeore y la Bella Durmiente. Bram y yo posamos en algunas
de las fotos con ella, aunque eso no fue mi obra. Él se ofreció como
voluntario para estar en las fotos y Ava parecía que estaba sobre la luna
sobre su deseo de ser parte de ellas.
La verdad es que todavía estoy un poco incómoda acerca de todo
esto y me alegro de que haya fotos de ella por su cuenta también. Por
mucho que me estoy enamorando de Bram —y sé que lo estoy, quiero
decir, ¿cómo puede cualquier mujer que valga la pena su sal no amar a
este hombre?— no sé lo que trae el futuro. Odiaría tener que disolvernos,
separarnos, o lo que se llame, y luego quedarme con estas fotografías. Por
lo menos ahora si eso sucede, puedo quemarlas, fingir que él nunca
existió, y todavía tener fotos de Ava que sobraron.
Creo que Bram puede sentir mis pensamientos, porque está siendo
muy atento y distante al mismo tiempo. No quiero traer todo el tema de:
“¿qué es esto, qué somos?” porque eso tiende a arruinar lo muy
despreocupado y divertido que tienes, así que no lo hago.
Pero esa noche, cuando estamos acostados juntos en la cama
después de hacer el amor lenta y apasionadamente, Bram dice—: Sé por
qué estás vacilante conmigo.
Me paralizo, ya que no sé qué dirección va a tomar. —¿Qué quieres
decir?
—Oh, vamos —dice—. Crees que no he notado la forma en que
prácticamente te retrajiste cuando pedí estar en las fotos.
Respiro profundamente, deseando que no lo mencionara. —Mira,
no significa nada, así que no lo tomes personalmente.
—Bueno, voy a tomarlo personalmente —dice. Se vuelve para
mirarme, apoyando la cabeza en la mano—. No me quieres en las fotos
porque todavía piensas que voy a dejarte, que esto es solo una maldita
aventura.
—No, no exactamente —digo débilmente—. Es solo que... bueno,
tal vez hay un poco de eso. Pero tienes que entender que hemos sido Ava
y yo desde hace mucho tiempo.
—Steph había dicho que saliste con alguien por un tiempo entre
Phil y. bueno, esto.
¿Le dijo? Me preguntaba cuán a menudo hablaban Steph y él.
Suspiro. —Su nombre era Ben. Era un buen tipo y eso fue todo.
Ninguno de los dos estábamos interesados en la relación.
—Pero a Ava le agradaba, ¿verdad?
Le doy una mirada firme. —¿Qué te hace decir eso?
Se encoge con un hombro. —Porque pareces asustada de que
vuelva a ocurrir lo mismo. Que Ava me tome cariño, que incluso tú, tú
misma, con tu maldito corazón en esa jaula, me tomes cariño también.
Siento que mi piel se calienta. —Mi corazón no está en una jaula
—digo, a la defensiva—. Y Ava te ha tomado cariño desde ese momento
en que fuimos en tu coche. Ya está hecho el daño con ella.
—Pero, ¿y el daño contigo? —me pregunta bruscamente,
observándome incluso más cerca—. ¿Y cómo es que lo que tenemos se
acerca a algo dañino?
Realmente no lo entiende, ¿verdad?
—Porque... —Me esfuerzo para hallar las palabras—. Porque,
cuando invitas a alguien y se van, se llevan una parte de ti con ellos.
Destruye los cimientos. ¿No lo ves? Es dañino cuando tiras de los ladrillos
y todo el edificio se derrumba.
Se pasa una mano con rabia sobre su rostro, soltando un suspiro
inmensamente fuerte. —¡Los corazones no son malditos edificios, Nicola!
—Se quita las sábanas y se levanta de la cama, paseándose de un lado a
otro. Está desnudo, pero por una vez, mis ojos se sienten atraídos por la
tensión en su rostro. Ni siquiera pienso en mirar su pene.
—Lo siento —le siseo, sentada en la cama—. Sé que no lo son, pero,
Dios, deseo que supieras lo que era ser yo. Solo para que sepas los
problemas con los que tuve que lidiar.
Se detiene y me mira, incrédulo. Me arrepiento de decir algo. Es
esa mirada con los ojos muy abiertos, y el ceño fruncido con ira. —¿Crees
que eres la única que ha tenido problemas en la vida? —Se inclina hacia
adelante con las manos en el colchón, mirándome directo a los ojos—. Mi
madre nunca me dijo que me amaba mientras crecía. Mi padre nunca
estaba orgulloso de mí, no importaba lo que yo hiciera. Tuve que vivir con
eso, lidiar con eso. Me enviaron a internados casi siempre porque nadie
en mi familia sabía qué hacer conmigo. Quieres hablar de problemas,
bueno lo entiendo. No fui un niño deseado. Y sí, tenía dinero y todo lo
demás en mis manos. Pero eso no significa una mierda cuando no tienes
a alguien que te diga que te ama.
Mi aliento se atasca en mis pulmones. Puedo ver su pulso
palpitando en la garganta, la desesperación en sus ojos que desean tanto
que yo lo vea, al verdadero él, para que entienda. Y lo entiendo. No es
exactamente de la misma manera, pero lo entiendo.
Traga saliva y mira lejos un momento. —Oye —dice, con voz baja.
Se sube al colchón para acercarse a mí y me recuerda la primera vez que
hicimos el amor. Pero en lugar de ese deseo carnal cuando se me acercó,
hay algo más. Ese nivel de conexión extra que yo creía podría haber
estado solo en mi cabeza.
—Nicola —dice, poniendo las manos a ambos lados de mi cara,
mirando a mis ojos con un enfoque tan profundo—. Sé que has sido
quemada. Pero yo también. Quizás nuestras cenizas pueden hacer algo
hermoso juntas.
Me besa entonces con tanta intensidad, tanta pasión, que siento
como si me hubiesen succionado el aire literalmente. No quiero nada más
que algo hermoso surgiendo de lo nuestro. Tengo mis demonios y,
aparentemente, él tiene los suyos.
Perdemos poco tiempo en llegar a la intimidad. Él está dentro de
mí y en lugar del revolcón perezoso y lujurioso que tuvimos justo antes,
esto es loco y desesperado. Es como si se estuviera entregando a mí,
temiendo que si no lo acepto, me perdería para siempre.
Pero no me va a perder.
Porque estoy absolutamente enamorada de este hombre.
Y esa comprensión es aterradora. Porque él estaba tan, tan
equivocado acerca de que los corazones y los edificios son diferentes. Son
lo mismo. Son estructuras que nos mantienen a salvo, que nos protegen
de los elementos. Y en el momento en que comienzan a vacilar, todo lo
demás se pone en riesgo.
Un corazón puede ser condenado, como puede serlo un edificio.
Un corazón puede ser destruido por un mazo disfrazado de
rechazo, por una topadora enmascarada con una palabra descuidada.
Un corazón puede ser partido en pedazos y arruinado hasta los cimientos.
Pero aun sabiendo todo eso, necesito seguir adelante. Necesito
arriesgarme. Necesito confiar en Bram y confiar en mí misma al
entregarme a él, abrirme al amor y permitirme enamorar por primera vez
en toda mi vida, y no tiene que terminar en escombros.
Puede alcanzar las nubes, perforar el cielo. Puede ser ese puente
de la vida que tenía antes, de esa persona que conocí antes, a algo mucho
mejor.
Sin embargo, no le digo esto. No me atrevo. Mantengo estos
sentimientos: te amo, te necesito, te deseo; y los miedos: me romperás, me
destrozarás, me condenarás, todo para mí misma. Pero lo dejo entrar esa
noche. Lo dejo entrar hasta el fondo. Quiero que descubra estas partes
por su cuenta, sin la fanfarria, sin las expectativas.
Y cuando él se corre, sus ojos sostienen tanta magia, que creo que
tal vez lo sabe.
Tal vez finalmente sabe lo que él es para mí.
17
Traducido por Beatrix & Gesi
Corregido por AnnyR’

Bram
—Hola, imbécil —dice Linden cuando contesto el teléfono.
—Hola, Linden —digo cortésmente. Estoy en medio de una reunión
con la junta directiva de Inner City Iniciativa de San Francisco y aunque
se ha llamado un descanso para el café, no hay manera en el infierno de
saludar a mi hermano como lo hago habitualmente.
—¿Te he pillado en un mal momento, eh hermano? —dice—.
Volveré a llamar más tarde.
—¿Qué quieres?
—Solo quería hablar contigo —dice, sonando a la defensiva—. Por
Dios, tu propia familia no puede ver cómo estás. No he hablado contigo
desde que regresaste de tu excursión a Disneylandia. Que, por cierto,
muchas gracias. Ahora Steph me está acosando preguntándome por qué
no la han llevado al lugar más feliz de la tierra. No sé cómo lo hiciste con
un niño real.
Su comentario me hace estremecerme, como suele ocurrir con la
mayoría de esos tipos de comentarios. —Lo hice por Ava —digo—, así
como por Nicola.
—Bien, bien —dice—. Sólo digo que eres un santo. Y nunca pensé
que te llamaría así. Ella debe estar realmente bajo tu piel. No me digas
que vas a marcarte un Jerry Maguire y pasar todo detrás de un niño. No
puedo imaginar a Ava diciéndote cuánto pesa la cabeza humana.
No, pero me diría los nombres de muchos de los dinosaurios del
período Jurásico. Pero no le digo eso a Linden. No quiero darle ninguna
munición.
—Si te hace sentir mejor —le digo, bajando mi voz para que la gente
al final de la mesa bebiendo su agua y charlando, no oiga—. Estoy detrás
de Nicola. Siempre tiene ganas de sexo aunque tú no lo creerías. —Tuve
que soltar esa parte allí, o Linden podría acusarme de ser una víctima de
un agresor del cuerpo.
—Apuesto a que lo es. ¿Por qué más estarías todavía alrededor?
Exhalo lentamente por la nariz, tratando de no dejar que me llegue.
Sabía que mi hermano nunca entendería nada de esto, nada de lo que
siento y nada de lo que he pasado antes. Hay tanto que no sabe de mí,
tanto que nadie sabe, y últimamente he estado sintiendo que todo está
hirviendo demasiado cerca de la superficie.
—Tú solo ten cuidado, Linden —le digo—. Muy pronto, Steph va a
empezar a acosarte para tener bebés y entonces, ¿dónde diablos vas a
estar? Vas a estar llevando a las pequeñas mierdas a Disneylandia y voy
a ser el último en reír. —Me detengo—. Y sí, serán pequeñas mierdas,
porque eras una mierda épica cuando eras joven y ese será tu maldito
karma.
Está en silencio para variar. —Te diría lo mismo —dice
finalmente—, aunque sé que ninguna chica en su sano juicio alguna vez
querría que fueras el padre de su bebé.
Y otra vez, directamente en el intestino. Tomo otra respiración
profunda y me recuerdo que Linden no tiene ni idea.
Ni idea.
—¿Eso es todo lo que querías hacer? —le pregunto, tratando de
sonar sin afecto y aburrido—. ¿Comentarios despiadados conmigo?
—¿Dónde estás de todos modos?
—Ocupado —le digo, no estoy a punto de entrar en los detalles. Él
y mi familia todavía no saben sobre el trabajo potencial de la caridad,
sobre mi edificio y las ideas. Nadie además de Nicola lo sabe y lo prefiero
de esa manera. Aunque esta noche hay una gala de etiqueta para una
recaudación de fondos que atrae a algunas personas locales bastante
importantes. Si Linden siguiese las noticias o la política local en absoluto,
podría tener una idea.
Gracias a Dios que sólo atiende a los helicópteros volando, aunque
eso obviamente no es pequeña hazaña por su cuenta.
—Ya veo —reflexiona—. Bueno, siempre que no estés ocupado y no
estés teniendo sexo con la mamá soltera, pasa y podemos tomar algunas
cervezas. —Hay un silencio—. A veces te echo de menos, hermano. Pero
esta vez no.
—Bien —le digo. Susurro en el teléfono, añadiendo—: Imbécil.
Cuelgo y luego me doy cuenta de que la gente al final de la mesa,
el señor Arterton y el señor Bayswater, han oído lo que he dicho.
Les doy una sonrisa de disculpa. —Número equivocado.
Afortunadamente el resto de la reunión va bien. Todo el mundo está
a bordo con mi idea. Solo que nadie tiene el dinero. Es la misma historia
por todas partes a las que voy. Supongo que las cosas son un poco más
fáciles para mí porque el dinero ya ha sido puesto abajo, he comprado el
edificio y eso es un gran pedazo de recaudación de fondos y no tengo que
preguntar a nadie más que hacer. Pero necesito tener ingresos para pagar
la hipoteca y ahí es donde la gente siempre se acerca. Creen en ello,
simplemente no tienen los medios para ayudar.
Les dejo sentirse particularmente desanimados por todo el asunto.
Cuando llego a casa sin embargo y veo a la Sra. Williams en el pasillo, la
anciana y la mujer con discapacidad con demasiado corazón y no la
fuerza suficiente, me recuerda por qué estoy haciendo esto. Quiero
ayudar, sentirme como si estuviera de una puta vez sirviendo para algo.
Quizás sea en parte egoísta, no creo que puedas ganar dinero a menos
que lo tengas, pero eso significa renunciar a todo propósito.
Y Nicola también. No está trabajando hoy, ya que tenemos la gala
de esta noche, así que antes de que incluso me dirija a mi apartamento,
hago lo que suelo hacer y voy al suyo primero. Tengo una llave ahora,
bueno, siempre he tenido una, pero ahora la uso porque soy su amante
y no su casero.
Amante. No es exactamente el término que quiero usar para
describir lo que soy para ella, pero no estoy seguro de qué más va a hacer.
Es curioso cómo el amante es visto como más apropiado que el novio
cuando amante tiene, bueno, connotaciones más profundas. Pero Nicola
ha parecido un poco cautelosa desde Disneyland, que fue hace una
semana, y no quiero presionarla.
La verdad es que considero que estamos juntos. La considero mi
novia, aunque no me atrevería a decirlo en caso de que la asuste. Sin
embargo, tiene que venir alrededor tarde o temprano. Sé que no he sido
completamente sincero con ella y sé que tengo unos cuantos esqueletos
en mi armario que podrían morderme en el culo. Se esto. Sólo imagino
que todo saldrá a tiempo, y cuando esté listo. Quiero establecer la
confianza en primer lugar, una capa fuerte, que no se romperá cuando
realmente llegue a conocerme.
Eso está cerca. Ella está cerca. No estoy seguro de qué puedo hacer
para que se vaya conmigo. Ha llegado tan lejos, se ha vuelto tan abierta
y libre y, joder, tan sexualmente despierta. Pero hasta que realmente
consiga sus defensas y sus miedos, no creo que confíe en mí cien por
ciento.
Sin embargo, cuando abro la puerta y entro en su apartamento,
respirando ese olor familiar, esa combinación de juguetes de café y
plástico y su dulce piel, espero que la confianza esté ahí. Que este sea el
día que se suelte y se entregue completamente a mí. Y no estoy hablando
de cuerpo, lo he tenido todo el tiempo. Me refiero a su corazón y su alma,
la cosa más rara de todas.
—Hola —dice brillantemente cuando me ve. Está vestida sólo con
una toalla, aunque su cabello está hecho y apilado encima de su cabeza
y su maquillaje aplicado perfectamente. Lástima que todo lo que hace es
hacerme querer tirarla en la cama, abrir esa toalla y proceder a estropear
todo ese tiempo y esfuerzo.
Pero no lo hago. Ignoro la contracción de mi polla en mis
pantalones y paso hacia ella, agarrándola por los hombros. Esa delicada
piel suave de la ducha, tan embriagadora bajo mis manos, luego le beso
en el cuello. Huele como un sueño. Podría ser enterrado aquí.
—Hueles increíble —le digo.
Se ríe, retorciéndose un poco. Sé que mi barba le hace cosquillas,
pero eso es siempre la mitad de la diversión.
—No te emociones —advierte—. Me costó una hora conseguir que
mi cara y mi cabello estuvieran bien.
Doy un paso atrás para inspeccionarla. —¿No siempre te ves así?
—Ja, ja —dice—. Necesito vestirme y poner mis pendientes. Pero
estaré lista en unos veinte minutos. Ava acaba de tomar una siesta y Lisa
debería estar aquí pronto.
—¿Te lleva veinte minutos vestirte? —le pregunto mientras me
siento en la mesa de la cocina y cojo un plátano del bol.
Desaparece en el dormitorio, su voz flotando. —Ya sabes como soy.
Y sabes que quiero lucir bien para esto. Creo que nunca he estado en un
evento de etiqueta antes.
—Eso no es cierto —le digo la mitad de la mordida—. La había en
la boda de Linden. Y sé que conseguirás impactar, pero ¿adivina dónde
es la gala?
—¿Dónde?
—Ese mismo club náutico al otro lado del puente. Igual que la
boda.
Subo la mirada y la veo detenerse en el umbral de la habitación,
con un largo vestido verde oliva en sus manos.
—Me estás tomando el pelo —dice.
—Nop.
Se ve impresionada mientras lo considera. —Guau. Es como si
hubiéramos completado el círculo.
Lo veremos, pienso para mí mismo cuando desaparece en la
habitación.
Treinta minutos más tarde, no veinte, estamos en la parte trasera
de un coche negro y camino al puente Golden Gate. El sol se está
poniendo sobre el pacífico, iluminando los remiendos parásitos de la
niebla y la nube baja que se aferra a los edificios céntricos. Es
absolutamente hermoso.
Y Nicola también. Lleva un vestido rojo de flores con detalle de oro.
Tiene un escote bajo de la espalda que sólo me ruega lamerla de arriba
abajo por su columna vertebral, pero un frente recatado. El material se
siente mejor que la seda y más delgado que un condón entre mis dedos y
deduzco que no está usando bragas tampoco. Puedo ver el contorno de
sus pechos y no es de extrañar que este duro todo el viaje. Ella solía
lamentar que no podía ir sin un sujetador porque tenía los senos de
maternidad, pero se ha convertido en un poco más libre en ese
departamento y estoy agradecido por ello. En mi opinión tiene unas tetas
increíbles.
En realidad, tiene todo increíble. A medida que salimos del coche y
entramos en la gala, todos allí vestidos de etiqueta, los camareros en
esmoquin que circulan y entregan canapés y cócteles de camarón y foie
gras y trufas, no hay duda de que es la mujer más hermosa alrededor.
Y pensar, jodidamente pensar, que no tiene ni idea.
—Eres tan hermosa que debería ser ilegal —le digo después de que
tomamos dos copas de champán de un servidor y caminamos lentamente
por los terrenos.
—Eres tan guapo, eso hace que las chicas se vuelvan estúpidas —
dice y luego se señala con el pulgar—. Yo incluida.
Sé que está bromeando, pero es algo que ella solía decir y creía con
tanta frecuencia, antes de que conectáramos, que es un poco inteligente.
Pero lo dejo a un lado y seguimos haciendo las rondas. La verdad
es que situaciones como esta siempre me han puesto un poco nervioso.
Estoy bien una vez que conozco a alguien, pero aquí no conozco un alma.
Pagué para que ambos estuviéramos aquí y ahora que lo estamos, no
estoy seguro de a quién acercarme. He hecho mi investigación y reunido
con un montón de gente hasta el momento, pero nadie parece familiar.
No es hasta un poco más tarde, cuando algunos discursos se
empiezan a hacer acerca de la recaudación de fondos y la necesidad de
seguir desarrollando San Francisco en una ciudad que es complaciente
a todas las personas con el énfasis puesto en puestos de trabajo, que veo
al Sr. Bayswater. Él no fue el que me invitó y no tenía ni idea de que
estaría aquí, pero de nuevo, estaba hablando extraoficialmente de que
sus oídos antes de mis planes que probablemente no escuchaba.
Sin embargo, para mi sorpresa, al final del discurso, menciona mi
nombre. Tengo que hacer una doble-toma y Nicola me empuja en el lado.
Trago, enderezando mi corbata y me levanto para mostrarme cuando el
señor Bayswater me ha preguntado.
Afortunadamente, no tengo que decir nada, sólo menciona mi
proyecto y lo que estoy tratando de lograr y luego sigue adelante. Pero
cuando los discursos se han hecho, me encuentro siendo abordado por
un reportero y un cámara.
—¿Eres Bram McGregor? —pregunta la mujer con maquillaje
encrespado y resplandeciente en la oscuridad. Cuando le digo que lo soy,
y que soy el hombre que el Sr. Bayswater mencionó antes, me empuja el
micrófono en la cara y comienza a entrevistarme.
No recuerdo darle permiso para hacerlo, pero esta es una gran
oportunidad y uso cada segundo de ella. En realidad, se siente realmente
bien discutirlo con el potencial de que realmente se mete en los oídos de
la gente, todo mientras Nicola mira con orgullo en el fondo.
Toda la entrevista toma unos cinco minutos y la reportera, Chelsea
Chain, un nombre tan falso, dice que probablemente lo reducirá en una
cita rápida para la sección que están haciendo. No me importa.
Finalmente siento que estoy detrás de algo que podría tener piernas.
—Eso fue muy caliente —me susurra Nicola una vez que la
reportera pasa a otra persona.
Bajo la mirada mientras desliza sus delicadas manos debajo de las
solapas de mi esmoquin. —¿Lo fue?
—Oh sí —dice, pareciendo con hambre y no de comida, sino de
polla, la mejor clase de hambre.
Sé que es probablemente un riesgo pedirle esto, no sea que evoque
algunos malos recuerdos, pero le digo—: ¿Qué tal si volvemos al pasado
y terminamos lo que comenzamos?
La vacilación atraviesa su cara por un segundo, sus brillantes
labios se sostienen en un puchero, luego una sonrisa astuta tira de ellos.
—Por supuesto.
La tomo de la mano y la guío a través de la multitud, recordando el
camino que nos llevó alrededor del edificio y al jardín.
Por supuesto, no hay nadie aquí y los sonidos de la gala están
apagados, sonando muy lejos. Jodidamente brillante, el banco de piedra
sigue aquí.
—Ponte cómoda —le digo, sentándola en el banco—. Y por cómoda,
quiero decir acércate hasta el final aquí y ponte a cuatro patas.
—Espera —dice, levantando un dedo—. ¿Te follaste a esa rubia
aquí?
—No —le digo, sabiendo que lo preguntaría—. Fue en los arbustos.
Y no fue muy divertido para ser honesto. Nadie quiere una espina
clavada en su trasero. Al menos, yo no. —Me detengo, dándole una
sonrisa deliciosa—. Pero tal vez estés jugando por algo mucho más
grande que una espina. —Muevo mi pulgar hacia ella.
Rueda los ojos y sé que probablemente no acabará aplastando mi
pulgar durante mucho tiempo.
Todavía no se mueve, así que le digo de nuevo y finalmente se pone
de cuatro patas y se apoya hasta que está al final del banco. Me paro
detrás de ella y levanto su vestido por lo que está recogido alrededor de
su cintura. Su culo parece tan increíble, no puedo evitar tomar sus
cachetes en mis manos, mis dedos clavándose en su carne suave. Mi
necesidad es desenfrenada, provocada y real. Los aprieto y me arrodillo
un poco antes de que mi polla empiece a doler en mis pantalones,
pidiendo atención. Luego me desabrocho y saco un condón del bolsillo de
mi chaqueta.
—Siempre preparado —comenta y retuerce ese culo decadente
frente a mí.
—Deja de molestarme —le advierto, golpeándola ligeramente en el
cachete—. Prefiero no venirme por todo tu vestido. —La veo sacudir la
cabeza ligeramente—. Muy bien, me encantaría disparar mi semen por
todo ese costoso pedazo de tela que llevas y cubrirte en él desde la cabeza
a los pies. Pero no lo haré.
—Porque eres un caballero.
—Oh, eso es correcto. —Golpeo su otro cachete—. El mejor tipo.
Así que la tengo allí en ese banco de piedra, como debí haberla
tenido en su último año en la boda. La tomo áspero y duro y salvaje y no
nos importa quién diablos nos oye porque no podemos ser filtrados.
Pero la verdad es que me alegro de que no sucediera así, que no
tuviéramos relaciones sexuales en la boda. Nunca habría llegado a
conocerla y conocerme, habría sido otra follada. Claro, habría visto algo
desafiante en ella, tal vez habría sido obligado a dejar salir a ese niño
salvaje. Pero fue su resistencia a mí, su devoción y dedicación a su hija,
a todo menos a sí misma, lo que me hizo obsesionarme con ella, para
empezar. Puede que haya tomado tiempo para que nuestros caminos se
crucen de nuevo, pero estoy eternamente contento de que lo hiciera.
—Todo a su debido tiempo —le digo después de que nos hayamos
venido y estamos recuperando el aliento. Abrocho mis pantalones y tiro
el condón en la papelera más cercana.
—¿Qué? —pregunta, su voz soñadora mientras se endereza el
vestido. Se ve tan increíblemente hermosa después del sexo que a
menudo tengo que pellizcarme. O a ella misma. Y luego pellizcar sólo
conduce a más sexo y el círculo continúa.
Le sonrío. —Ese es mi lema. Te dije la última vez que estuvimos
aquí que no tenía uno, y bueno, ahora lo hago. Todo a su debido tiempo.
—Hago una pausa—. Y el tuyo es vivir sin arrepentimientos.
Asiente y camina hacia mí. —¿Qué quieres decir con todo a su
debido tiempo? —Hay esperanza en sus ojos, algo que no estaba allí
antes.
—Quiero decir —digo mientras envuelve sus brazos alrededor de
mí. Bajo la mirada hacia ella, perdido en su encanto, en su alma—, que
si nos hubiéramos liado entonces, no estaríamos donde estamos ahora.
De alguna manera, estábamos destinados a estar juntos. Que teníamos
la intención de separarnos y luego reunirnos de nuevo. Tal vez ambos
tuvimos que cambiar en el más pequeño de los modos para este trabajo.
—Bueno, me despidieron. No diría que el cambio estaba en mis
manos —dice. Su tono es de broma, pero hay una profundidad en su
mirada, una nostalgia en su frente.
—A su debido tiempo, todo saldrá bien —le digo—. Esto está
funcionando, ¿no?
Por un segundo, tengo miedo de que me diga que no funciona. Mi
corazón parece sonar en mi pecho.
Pero entonces sonríe, tan suavemente, y coloca su mano alrededor
de mi cuello. Se lame los labios, nerviosa. —Está más que funcionando,
Bram —susurra. Traga y traza mi rostro con sus delicadas yemas. Cierro
los ojos a su toque, a ella, a todo lo que me hace sentir.
—Bram —dice, sonando calladamente—. Estoy enamorada de ti.
Está enamorada de mí.
Enamorada.
De mí.
Mi pecho malditamente duele. No es lo que está diciendo. Lo que
dice hace que mi alma quiera cantar, tal vez gritar un poco. Decirle a todo
el mundo que por alguna maldita razón, Nicola Price está enamorada de
mí.
Es demasiado, tan pesado, tan… malditamente inmerecido.
Pero mi pecho duele y mis entrañas se sienten pesadas,
ponderadas, porque sé que no puedo decir las palabras de regreso.
Porque solo no estoy allí, aún. Estoy casi allí, pero no le mentiré. No
mentiría sobre algo tan raro y complicado como el amor.
A su debido tiempo, quiero decirlo de regreso, me sentiré de la
misma forma.
Pero no puedo decir eso tampoco. Las cosas son muy, demasiado
más complejas de lo que incluso ella sabe y si supiera que estoy
guardándole cosas, las cosas que le he ocultado a todos, probablemente
lo retiraría.
—¿Bram? —pregunta, estudiando mi cara—. ¿Dije la cosa
equivocada?
Me aclaro la garganta gentilmente. —¿Lo crees?
Parpadea, sorprendida. —Por supuesto que lo creo. Yo… yo te amo.
Sacudo la cabeza una vez. —Entonces no dijiste la cosa
equivocada. Solo estoy sorprendido, eso es todo. Sorprendido pero
agradecido. Es un honor que me digas esas palabras.
—¿Un honor? —repite, soltando mi cuello—. ¿Por qué estás
hablando como si necesitaras una espada y un caballo?
Me encojo de hombros, intentando ser juguetón pero puedo decir
que está herida, rechazada como nada.
—Escucha —le digo, intentando traerla hacia mí pero se aleja de
mi agarre y se aleja unos pasos. La sigo, poniendo un fuerte agarre en su
brazo y sosteniéndola en el lugar—. No te alejes. Esto no es nada por lo
que molestarse.
—¡Acabo de decirte que te amo! —grita, su expresión dolida—. Y no
dijiste nada de regreso.
—Nicola, por favor. —Suavizo su cabello detrás de sus orejas y
sostengo su cara en mis manos—. Te adoro. Quiero pasar cada minuto
contigo. Quiero pasar mi futuro contigo. Pero soy un hombre con un
pasado que aún tengo que sacudir, incluso si estoy trabajando en eso.
Tú me estas sacando del pasado y llevándome al futuro, a donde
pertenezco.
Intento besarla pero saca su cara del camino. —Es esa mujer,
Taylor —susurra e intento no congelarme a la mención de su nombre—.
Es ella, ¿verdad? Con la que jodiste todo.
—No realmente —le digo y estoy siendo honesto aquí—. No. No es
así. Honestamente, no estoy enamorado de ella, te lo juro, y eso fue hace
muchos, muchos años atrás.
La lata de gusanos se está volcando. Debería limpiarme ahora. Ser
sincero y explicar, y si me ama, si realmente me ama, entenderá. No es
nada que no podamos superar, para nada. En todo caso, podría
conectarse conmigo incluso más.
Pero no digo nada porque soy más cobarde de lo que me gustaría
admitir. Soy demasiado malditamente orgulloso y estoy demasiado
malditamente asustado de joder esto mucho más, incluso si se siente
como que ya lo he hecho.
—Nicola —le digo de nuevo, mi voz dura—, por favor créeme cuando
digo que no estoy enamorado de nadie pero te juro que serás tú y pronto.
Solo necesito tiempo para acomodarme y cuando lo haga, va a ser mágico.
—Mágico —repite.
—Por favor —digo—, no puedes culparme por ser honesto contigo.
Siempre lo he sido y no me detendré ahora. Estoy honrado más allá de la
creencia de que en realidad me ames, yo el perpetuo jodido, y voy a
sostenerme de tu amor como si fuera oro. —La beso suavemente,
dulcemente, y para mi mayor alivio, me besa de regreso—. Nunca te voy
a dejar ir, tampoco. Estás atascada conmigo, cariño. Para siempre.
Asiente pero aún puedo ver ese rechazo rompedor de corazones en
sus ojos. Lo he visto antes y en una escala mucho mayor.
Regresamos a la fiesta y no la dejo ir ni por un segundo, incluso
cuando intenta irse. Sigo sosteniéndola porque siento que estoy tan cerca
de perderla y no puedo dejar que eso suceda.
No puedo.
No lo hare.
Pero tampoco puedo evitar preguntarme qué va a suceder, todo a
su debido tiempo.
18
Traducido por Dannygonzal & Ana Avila
Corregido por NnancyC

Nicola
—Nicola, ¿puedo verte un momento en mi oficina? —Es jueves en
la noche y aunque la multitud que se espera aún no se encuentra aquí
en su totalidad, todavía me sorprende que James me esté llamando lejos
del bar. Tengo que admitir, que no me gusta esto ni un poco, y mientras
lo sigo a las habitaciones de atrás donde queda su oficina, mis manos
están húmedas. La última vez que fui llamada a un lugar como este, fui
despedida.
No me sorprendería si eso sucede. Ha sido una semana rara hasta
ahora. Primero, le dije a Bram que lo amaba y él ni siquiera respondió en
el mismo modo, lo que, aunque aprecio su honestidad, estaría mintiendo
si dijera que no me arruinó absolutamente. Es en todo lo que he sido
capaz de pensar, aunque ahora esté siendo extra atento conmigo. Y antes
era muy atento.
También, la entrevista que dio en la gala fue presentada en las
noticias y ahora todo el mundo sabe sobre su pequeño proyecto, bueno,
al menos California, desde que aparentemente se volvió una historia
sobre la falta de viviendas asequibles en todo el estado. Al minuto en que
estuvo en vivo, Steph me llamó, luego Linden llamó a Bram y unos días
después, lo hicieron sus padres, teniendo que oír sobre el asunto por
parte de sus amigos.
Y como predijo, nadie en su familia lo está tomando en serio, al
menos así es como él lo dice. Pero el otro día salí a almorzar con Steph y
Kayla y puedo ver que la imagen que tenían de Bram ha cambiado
dramáticamente, y en la mejor forma.
Por supuesto, tuve que decirles sobre mi épico rechazo y por la
forma en que se encogieron de dolor, es como si también lo hubieran
sentido. Nadie pide un amor no correspondido.
Tampoco nadie pide ser despedido en la misma semana. Me siento
al otro lado de James, mis ojos se mueven a las paredes detrás de su
escritorio donde solía tener un afiche del concierto en The Warfield de
Faith No More de 1995, pero ahora solo tiene uno con un discurso
motivacional. Ya sabes, con puestas de sol sensibleras. Va a comenzar a
convertirse en Murray de Flight of the Conchords si no es cuidadoso.
—Hazlo —le digo a James, colocando la cara en mis manos—. Como
una bandita, ¡de una sola vez!
—¿Qué? —pregunta—. No. Nicola. No voy a despedirte.
Lo miro entre mis dedos. —¿No?
Sacude la cabeza y me da una sonrisa apaciguadora. —No. Voy a
promoverte.
—¿Qué? —Ahora realmente presto atención—. ¿Por qué? —En
serio, no he hecho nada más que derramar bebidas toda la semana.
—Porque has probado que eres responsable —dice—, más
responsable que muchas de las personas aquí. Creo que puedo confiar
en ti y eres buena en lo que haces.
James nunca antes ha sido tan agradable conmigo. Ya sabes,
aparte de darme el trabajo, para empezar.
—¿De verdad? —pregunto, para asegurarme que no es alguna
broma.
—Totalmente en serio. —Suspira y se recuesta en su silla—. Pronto
entraremos en la temporada de verano. Junio es la próxima semana, y
este lugar va a volverse más ocupado, todo mientras más de mi gente
querrá días libres. A parte del viaje a Disneylandia, nunca pides días
libres. E incluso entonces, no fuiste tú quien los pidió. Fue tu hombre
caritativo.
—Entonces, ¿supongo que también viste las noticias?
Asiente. —Tengo que admitir, el hermano de Linden es la última
persona que habría esperado que tuviera un corazón de oro pero
aparentemente lo tiene. Pero, creo que no tengo que decirte eso.
Manejo una sonrisa pequeña, sin embargo, eso me recuerda que
aún vivo sin pagar una renta.
—Y con el ascenso, ahora serás capaz de pagar tu propio lugar —
añade, como si pudiera leer mi mente—. Eso es, si lo quieres. No voy a
mentir, ser la subadministradora no es un paseo en el parque.
—¿Subadministradora?
Asiente. —Son muchas más horas y más responsabilidad. Ya no
solo servirás bebidas. Sin embargo, creo que aprenderás muy rápido.
Probablemente soy una persona terrible por pensar esto, pero no
estoy segura de estar lista para tomar este trabajo. Me había
acostumbrado a pasar mi tiempo con Ava durante los días y cuando ella
toma su siesta, consigo trabajar en la máquina de coser. Demonios,
incluso tengo puesta una camisa que cosí el otro día. No es perfecta pero,
estoy volviendo a mi rutina, y más importante, está volviendo mi pasión.
Tener eso en mi vida me recuerda que hay más en ella que solo conseguir
un cheque de pago.
Ahora con un trabajo a tiempo completo, no estoy segura de tener
ya ese tiempo para mí misma, y dejar sola a Ava. Pero sé que lo correcto
y lo responsable para hacer sería aceptarlo sin duda.
Aun así, me encuentro diciéndole a James—: ¿Te importa si tengo
un día para pensarlo?
Parece agarrarlo fuera de guardia. —Está bien, seguro. Tómate
toda la semana. Solo… bueno, no es mi asunto…
Y lo que sea que iba a decir, puedo notar que no es su asunto.
De todas formas lo incito. —¿Qué?
James se encoge de hombros, su cara de niño lindo indiferente. —
Creo que podrías tener una carrera lucrativa aquí. Y sé que en este
momento las cosas están fáciles para ti, pero en algún momento… eso
podría cambiar.
Básicamente da a entender que no puedo tener un aventón gratis
para siempre y odio admitir que tiene razón, porque tiene una forma
molesta de ofrecer su opinión cuando no es necesaria, pero tiene razón.
Aunque no se lo digo.
—Bueno, mejor me voy a servir alcohol en las gargantas de las
personas —le digo, saliendo de mi asiento—. Y gracias. De verdad. Te
avisaré mañana.
Esa noche no termina siendo tan ocupada como se anticipó. Steph
y Linden llegan justo antes de que James diga que puedo ir a casa, pero
estoy muy cansada para quedarme. Hay demasiado en mi mente.
Llego a casa justo después de la medianoche a un apartamento
vacío. Ava va a pasar las dos noches siguientes con mi madre en
Livermore porque era más fácil de esa forma. Una parte de mí se
sorprende de que Bram no esté allí esperándome como generalmente lo
hace, pero podría ser que él me quiera allí para variar.
Con eso en mente, me sirvo un vaso de vino, disfrutando ese primer
trago frío. Nada podría ser más dulce. Luego, una vez recuerdo respirar
un poco, algo que creo hago un poco menos últimamente, voy a la
habitación y me cambio. Tiro mi camisa hecha en casa y mis pantalones
ajustados a un lado y me pongo un camisón rojo de encaje con unos
pantalones cortos a juego. Desde que voy allí a follar, ¿por qué vestirme?
Regreso a la cocina y mientras termino mi copa de vino, oigo el
sonido más extraño viniendo del apartamento de Bram.
Gritos.
Luego llanto.
Dos voces, una que debe ser la de Bram y la otra es femenina.
Mi sangre se detiene y mi corazón disminuye algo su velocidad.
¿Qué demonios está pasando?
Me dirijo hacia el pasillo y ahora puedo oírlo más claramente.
Una mujer grita—: ¡No me eches eso en cara! ¡Pudiste haber estado
allí!
Entonces Bram grita en respuesta—: ¡Traté jodidamente de estar
allí!
—Bueno, era demasiado tarde. —Una pausa y suena como que ella
está llorando—. Dios, Matthew no necesita escuchar eso.
¿Quién demonios es Matthew?
Intento tragar el ladrillo en mi garganta. Las cosas parecen seguras
aquí afuera en el pasillo. Si golpeo su puerta, todo va a cambiar.
Simplemente lo sé. Esta mujer, esa voz… todo significa algo, todo significa
demasiado.
Una parte de mí solo quiere alejarse. Y debería. Regresar al
apartamento y ahogar las voces de la forma en que solía ahogar a Bram
al principio cuando me mudé.
Pero no lo hago. En vez de eso toco su puerta.
—Joder —gruñe Bram.
Contengo la respiración.
La puerta se abre.
La cara de Bran cae al verme. En sus ojos puedo leer todo. Puedo
leer el cambio.
Puedo leer el final.
—¿Qué está pasando? —pregunto, apenas capaz de hablar.
Atrás, veo aparecer a una mujer con cabello oscuro ondulado. Es
alta, curvilínea, tal vez un poco más grande que yo, y linda, con piel suave
y dorada. Sus ojos oscuros teñidos de rojo.
Taylor.
En un instante, sé que es ella.
Y ella sabe algo sobre mí. Probablemente ayuda que estoy usando
lencería.
—Nicola —dice Bram—. Este no es un buen momento.
Inclino la cabeza hacia la mujer. —¿Quién es ella? —Intento
realmente duro no sonar como una perra celosa pero fallo por completo.
La cara de Bram cae incluso más. —Es la mujer de la que te hablé.
Taylor.
Cruzo los brazos, tratando de actuar más fuerte de lo que soy,
tratando de fingir que el nombre no me destroza. —¿La que se fue?
La mujer frunce el ceño y luego da un paso adelante.
—Hola —dice, mirándome de arriba a abajo—. ¿Eres su novia?
Miro a Bram. ¿Soy su novia?
¿Lo era?
—Vivo al lado —digo como explicación—. Y oí gritar así que pensé
en venir.
—Siento mucho eso —dice Bram—. Te hablaré después.
Lo miro por un momento y siento el mundo pasar entre nosotros.
Tal vez el tiempo acelera o quizás ralentiza, pero me siento aferrar a la
idea de lo que éramos juntos.
Te amo, pienso. ¿Qué estás haciendo? ¿Qué es esto? Por favor deja
que haya una explicación perfectamente racional para todo. Hazme creerlo.
—Mamá —dice la voz de un niño, y antes de que pueda realmente
registrarlo, un niñito de seis o siete años en pantalones cortos y camiseta
aparece entre Taylor y Bram.
—Está bien, Matthew —dice ella, colocando una mano en su
cabeza. El niño me mira con ojos cansados y bosteza grande y fuerte.
Hay algo malditamente familiar sobre este niño que siento apenas
me sostengo en la realidad. Aunque su piel es más oscura, sus ojos, sus
cejas, la forma de su mandíbula, incluso tan joven, es todo demasiado
familiar. Incluso ha conseguido las mismas medias de Bram. Amarillas y
marrones. El monstruo del Lago Ness.
Miro a Bram y la realización lentamente me llega, como esas
primeras piedras cayendo de un desprendimiento de rocas inminente.
—Este es Matthew —me dice Taylor—. El hijo de Bram.
Y ahora el resto de la tierra cede.
Caigo por dentro, abajo, abajo, abajo, enterrada por la verdad.
Por fuera soy un sólido congelado.
Tomo aire abruptamente y parece que no puedo dejarlo salir. Se
congela en mis pulmones, quemando nitrógeno líquido.
—Iba a decirte —dice Bram, pasándose una mano sobre la cara, su
voz forzada—. Pero no sabía cuándo. Es demasiado complicado.
—Bram —le advierte Taylor—. No delante de él.
Ni siquiera puedo formar palabras. Mi boca se abre y se cierra como
un estúpido pez hasta que finalmente estallo. —¿Tienes un hijo?
—Nicola —dice, disparándole a Taylor y a Matthew una mirada de
disculpa antes de salir al pasillo y cerrar la puerta a medias—. Puedo
explicarlo.
¿Cuántas rupturas han comenzado con “Puedo explicarlo”?
¿Cuántas veces la explicación nunca realmente ha importado?
—¿Por qué mentiste? —grazno, temblando, sintiendo como si
estuviera siendo fileteada.
—No mentí —dice—. Solo no te lo dije… no lo traje a colación, iba
a hacerlo pero…
—¿Pero qué?
Traga duro y baja la voz. —Porque le hice a Taylor y a Matthew lo
que Phil te hizo a ti y a Ava. Porque quería que confiaras en mí antes de
que supieras las cosas que he hecho y la persona que era.
Contengo la respiración, tratando de encontrar un gramo de fuerza
para darme la vuelta.
—Confié en ti —le digo. Las palabras salen temblorosas de mi
boca—. Pero ya no.
Doy un paso atrás y él me toma la mano y me salgo de su agarre.
Corro a mi apartamento y cierro de golpe la puerta, bloqueándola. Bram
golpea agresivamente, llamándome, pero no quiero verlo, no puedo verlo.
Y no puedo estar aquí.
Me pongo un pantalón y una camiseta, agarro mi bolso y abro la
puerta. Bram está allí de pie, un rostro grabado con pánico, dolor, y lo
quito del camino.
—¡No, Nicola! —me grita.
Pero estoy corriendo.
Ya me he ido.

No tengo a donde ir.


Estoy en la calle, caminando rápido, tratando de llegar a la parada
de bus más cercana mientras le envío un mensaje a Steph con manos
temblorosas.
Necesito hablar contigo ahora. Pasó algo.
¿Qué? Su respuesta es inmediata. Aún estoy en Lion.
Iré allí. Estoy tomando el bus.
Iría a encontrarte pero tomé demasiadas cervezas. ¿Es sobre
Bram?
No respondo y en el minuto que entro al bar, ella lo ve en mi cara.
Aunque no he llorado. Ni siquiera estoy segura exactamente qué sentir
excepto esta terrible y espantosa realización de que tu vida, la que
comenzabas a amar, nunca será la misma.
Todo de ella, eliminada.
—Oh, cariño —dice Steph, saliendo de su taburete y envolviendo
los brazos alrededor de mí—. Estás temblando, ¿qué pasó?
A su lado, sentado, se encuentra Linden, mirándome con
curiosidad. Algunas veces se ve igual a su hermano.
De repente una ola de ira me arrasa.
Lo señalo con un dedo. —¿Sabías?
Linden se ve confundido. —¿Qué? ¿Saber qué? —Mira a Steph por
ayuda pero ella está igual de confundida.
—¿Sabías sobre Bram?
Sus ojos se entrecierran. —¿Qué sobre Bram? ¿Qué hizo?
—Ya sabes, ¡que tiene un jodido hijo! —Prácticamente escupo las
palabras. Suenan venenosas saliendo de mi boca, como si pudieran
envenenarme—. Es padre.
Los ojos de Linden se amplían. Steph parece a punto de caer de
cabeza.
—Entonces, ¿sabías? —continúo, sintiéndome más enojada a cada
segundo—. ¿Era la única en la ignorancia?
—Espera, espera —interrumpe Steph, colocando una mano frente
a mí—. ¿Hijo? ¿Padre? ¿Estás embarazada de nuevo?
La fulmino con la mirada. —¡No! Quiero decir que Bram tiene un
hijo, un jodido niño, con alguien más. Su nombre es Matthew. Se parece
a él. Lo acabo de malditamente conocer en su apartamento, en tiempo de
visita con su mamá o no sé qué demonios. ¿Qué diablos?
Linden sacude la cabeza con lentitud. —No, eso no es posible. Él
no lo tiene. Lo sabría. —Mira a Steph—. Lo habríamos sabido.
—¿Lo sabrías? —replico—. ¿Alguien tiene alguna idea qué clase de
pasado tuvo Bram?
—¿Su hijo y la mamá del bebé estaban en su apartamento? —repite
Steph, luciendo como loca—. ¿Por qué?
Lanzo las manos al aire. —¿Cómo lo sabría? Pensé que tal vez
Linden lo hacía.
—No —dice Linden categóricamente—. Si Bram tuvo un hijo todo
este tiempo, yo habría sabido. ¿Estás segura que él no sabía? Podría
acabarse de enterar.
Quiero colapsar sobre el suelo, pero me las arreglo para apoyarme
contra el asiento. Entonces noto que nosotros tres somos las únicas
personas en el bar aparte de James quien habla con otra bartender,
Sandra, en la esquina.
—Él lo sabía. Oh, él lo sabía. Se refirió a ello antes. Ha hablado
sobre esta chica, esta Taylor, como la única chica a la que ha amado, una
chica con quien cometió un gran error. Supongo que ese error era
Matthew… —Mi corazón duele—. O el error pudo haber sido dejarla. —
Cierro los ojos y tomo una profunda respiración a través de la nariz—.
Esas malditas estúpidas medias.
—¿Te refieres a las de Nessie? —dice Linden.
Asiento. —No tenía idea por qué las usaba, solo dijo que eran de la
suerte.
—Eso fue lo que me dijo cuando me burlé de ellas.
—¿Se puso a la defensiva?
—Sí, algo así. Pero algunas veces se pone así cuando realmente no
lo esperas.
Dejo salir una respiración desigual y me siento en el banco. Mis
piernas no dejarán de temblar. Nada de mí lo hará. Mi propia sangre se
siente agitada. —Ese es Bram, ¿no? Hace lo que menos esperas que haga.
Vi esas medias en Matthew. No hay forma de que sea una coincidencia.
Sabía sobre Matthew desde el principio. —Sus palabras corren por mi
cabeza—. Dijo que les hizo lo que Phil nos hizo a Ava y a mí.
—Qué maldito —dice Steph, colocando una mano sobre mi
hombro—. Lo siento mucho, ¿qué vas a hacer?
Me encojo de hombros. —No lo sé. No lo sé. Solo corrí. No podía
estar allí.
—No te culpo —dice justo cuando James viene.
—¿Qué está pasando? —pregunta.
—Nada —dice Steph—. Pero Nicola necesita un poco de whiskey y
rápido.
—Haz dos —dice Linden rápidamente. Parece un poco
conmocionado. Supongo que no puede ser fácil saber que siempre has
sido tío, simplemente sin saberlo.
—Y, James —agrego—, si todavía me ofreces esa posición de
subadministradora, la quiero.
Me sonríe mientras sirve el chupito. —Es bueno escuchar eso. —
Pero no sonrío de vuelta.
—Supongo que deberíamos decir felicidades —dice Steph
suavemente—. Pero no parece correcto ahora mismo. Lo siento, Nicola.
—Busca mis ojos y estos se vuelven más tristes a cada segundo—. Sé lo
mucho que lo amas.
Y eso es lo que realmente escoce. Que lo amo. Que él no me ama.
Y que esto sucedió. El amor de una persona no es suficiente para
mantener a dos personas juntas, ya sabía eso.
James me entrega el chupito y Linden y yo tomamos al mismo
tiempo. Quema pero no lo suficiente. Quiero que queme borrando esta
noche.
—Necesito otro —le digo a James y luego Linden y Steph expresan
sus pedidos.
De repente, llaman a la puerta del bar y todos nos volvemos para
ver a Bram parado del otro lado, luciendo lamentable.
—No abras —siseo a James —. Dile que está cerrado.
James mira a Linden. —¿Que está pasando?
—Nada de qué preocuparse —dice y asiente a la puerta—. Déjalo
entrar. Quiero charlar un poco.
—Mierda, no va a ser una de esas noches aquí, ¿las que nunca
terminan? —pregunta James—. Porque cuando terminan, termino
llamando a la policía.
Pero Steph ya está de pie y cruzando el bar. Se detiene en la puerta,
mira a Bram con furia a través del cristal y luego la abre.
—¿Qué quieres? —le pregunta, abriéndola una grieta.
—Necesito hablar con Nicola —dice. Me mira por encima del
hombro—. Por favor.
Linden me da un golpecito en el brazo. —Ve —dice—. Háblale. Yo
lo haré después.
Hablar con Bram es lo último que quiero hacer. La situación no
puede ser mejor. Sus palabras tienen el poder de hacerlo aún peor. Y no
importa lo que suceda, lo que está hecho está hecho y sé que las cosas
van apestar durante bastante tiempo.
—Está bien, Steph —le digo. Me acerco a la puerta y ella a
regañadientes se aleja, sus ojos nunca salen de Bram.
—Estoy bastante seguro de que blasfemamos algo —se queja y
luego se une a Linden en el bar.
—Nicola —dice Bram. Sus ojos rojos, llenos de preocupación, la
boca retorcida amargamente. Se ve como la mierda, como si hubiera sido
devastado por algo terrible. Pero no me hace sentir nada, ni siquiera
feliz—. Tengo que explicarte. —Sus ojos se mueven a una cabina—.
¿Deberíamos hablar adentro?
—No —le digo y salgo, con un gran dolor por no rozarme contra él
de ninguna manera. Qué extraño que un cuerpo vaya de ser un imán,
algo de lo que no podías alejarte, a ser algo que no puedes imaginar tocar
nunca más.
Pensé que estando afuera sería capaz de respirar, pero es una
noche extrañamente húmeda y la niebla parece ahogarme. Empujo las
manos en los bolsillos de mis pantalones, los brazos rígidos y cerca de mi
cuerpo mientras miro al suelo.
—Así que me encontraste aquí —le digo—. Explícate, entonces.
—Te lo habría dicho...
—No —digo bruscamente—. Olvida las cosas que deberías haber
hecho. No lo hiciste, ¿de acuerdo? No lo hiciste, y es demasiado tarde
para eso. Así que empieza desde el principio. Tienes un hijo. —Qué
irónico es que bajo cualquier otra circunstancia, eso hubiera sonado
hermoso.
Él exhala, largo y duro. —Sí. Matthew es mi hijo. Hace siete años
conocí a Taylor. Me atrajo rápidamente y me enamoré duro.
—Qué maravilloso. —No puedo evitar comentar.
—Por favor, escucha —susurra y luego se aclara la garganta—. Me
enamoré de ella porque era algo bueno. Es una buena mujer, sé que no
quieres oír eso, pero es verdad. Me trajo una sensación de normalidad y
propósito durante un tiempo en el que no tenía ninguno. Era un maldito
naufragio en ese entonces, tienes que entender. Todas las drogas, las
fiestas. Estaba completamente ido. Metí todo lo que pude por mi nariz,
bebí todo lo que vi. Liquidé dinero. Hice muchos enemigos y compré unos
cuantos amigos. Nunca me habrías dado la hora del día. Era la peor
basura caminando por las calles.
Traga con fuerza. —Pero Taylor vio algo en mí que yo no sabía que
estaba allí. Y durante un período de tiempo estuve enamorado y en mi
mejor comportamiento, cualquier cosa para estar con ella, la mujer que
me hizo sentir que no era un pedazo de mierda inútil, a pesar de que en
ese momento con toda seguridad lo era. Pensé que el amor lo conquistaba
todo, Nicola. Pero pensé mal. Porque terminó embarazada y mi primer
instinto, mi primer pensamiento fue que tenía que huir. Necesitaba
alejarme, dejarla con la responsabilidad.
Mis venas empiezan a palpitar con rabia. Me estoy relacionando a
Taylor más de lo que me gustaría.
—No podía ser padre. Realmente era una mierda sin valor. Y
empecé a pensar que ella era una loca por creer en mí. La amaba,
realmente lo hacía, pero no era suficiente para hacerme quedar. No fue
suficiente para no engañarla.
Jadeo. —¿Joder, engañaste a tu novia embarazada?
Mira el suelo, con los hombros sesgados. —No estoy orgulloso de
ello. Pero lo hice. Así es como lo jodí. Y jodí mucho.
Estoy empezando a sentirme enferma. —¿Cómo pudiste ser tan
cerdo? Dios, ¿te conozco en lo absoluto?
Alza sus ojos para encontrarse con los míos y lo suyos destellan
vergüenza. —Ese era un diferente yo. Te he dicho cómo era.
—No sabía que eras tan horrible. —Puedo sentir mis labios torcerse
con asco.
—¡Bueno, lo era, bien! —grita—. ¿Ahora entiendes por qué la gente
nunca puede darme una oportunidad, por qué nunca me dejan
convertirme en algo más de lo que era? Era una persona horrible e hice
cosas terribles. Tal vez no violaba mujeres, robaba bancos ni vendía
drogas, pero era horrible de otras maneras. Herí a Taylor de una forma
que nunca podría reparar y herí mi relación con Matthew desde el
principio. Porque en el momento en que empecé a mejorar, para cuando
empecé a componerme, ya era demasiado tarde. Taylor no quería tener
nada que ver conmigo.
—Mujer inteligente —murmuro.
—Y mantuvo a Matthew alejado. Intenté, intenté e intenté meterlos
en mi vida pero ella no lo aceptaría. Así que hice lo que pude, que era
enviar dinero cada mes. Pagué manutención y algo más. Me aseguré de
que Taylor y Matthew tuvieran la mejor vida posible.
—Pero nunca le diste un papá.
—Lo intenté —dice otra vez, su acento cada vez más pronunciado
cuando se entristece—. Pero era un poco demasiado tarde. Y no culpo a
Taylor en absoluto. Todo lo que pude hacer fue enviar los pagos y los
regalos, y esperar que de alguna manera podrían facilitar su vida un
poco.
Tengo estas malas cosquillas enfermas en la parte posterior de mi
garganta. Mi cerebro quiere que piense en algo horrible y lo empujo a un
lado por ahora mientras Bram está hablando, suplicando.
Sigue, pasándose la mano por el pelo. —Cerca de tres meses antes
de venir aquí, Taylor y Matthew se mudaron. Vivían en Jersey y de
repente todo se devolvía al remitente. Hizo que mi mudanza aquí fuera
un poco más fácil, supongo. Pero nunca dejé de poner dinero, con la
esperanza de que un día ella me contactaría de nuevo y yo podría seguir
tratando de hacer las cosas bien. Ese día pasó hoy. Ha estado viviendo
en San Bernardino con su tía y me vio en las noticias.
—Así que solo quiere su dinero.
—No sé lo que quiere, para ser honesto. Pero no puedo mentir y
decir que no me alegro de que esté aquí. Estar cerca de ti y de Ava me ha
hecho dar cuenta de cuánto más hay en mí para dar.
Ese sentimiento enfermo está de vuelta. —¿Qué quieres decir?
—Quiero decir, ayudarte... —se desvanece.
Puedo sentir mi mentón temblar. —Espera. Aguanta ahí. —Tomo
una respiración temblorosa—. ¿Es por eso que me querías a mí y Ava?
¿Por eso te interesaste tanto por mí, por ella, por ayudarnos de todas las
maneras posibles? ¿Para apaciguar tu jodida culpa?
Luce como si le hubiera dado una bofetada en la cara. —No, no es
así.
—Lo es —digo, sintiéndome absolutamente humillada—. Solo era
un caso de caridad. Las dos lo fuimos. Nunca te importamos, querías
librarte de tus pecados, querías sentirte mejor contigo mismo. ¡No me
extraña que nunca me hayas amado! ¡Nunca fue por eso!
Todo se está uniendo en un momento de ruptura.
Siento que mi corazón ha sido condenado.
—¡No! —grita, agarrándome del brazo y tirándome hacia él. Sus
ojos aterrados, desorbitados—. No es así en lo absoluto, no es así. ¡No lo
es! Nicola. Yo... yo... te...
—¡Ves, ni siquiera puedes decirlo! —le grito, encarándolo—. Porque
no lo sientes y nunca lo harás. Solo quieres amarme porque piensas que
eso lo haría mucho más fácil.
—No, por favor, tú eres el mundo para mí. Tú eres mi mundo entero
—suplica.
Me libero de su agarre. —Bueno, aparentemente todo tu mundo
tiene mucha más gente de lo que anticipé.
—No hagas esto —dice—. No te alejes de mí, de nosotros. Somos
tan buenos juntos, tan jodidamente buenos.
Le respondo. —¡Todo era una maldita mentira! ¡No había nada real
o bueno en ello! —Empiezo a regresar al bar.
—¡Por favor! —grita más fuerte—. Nunca hubo una mentira, solo la
verdad. Lo que tenemos es la verdad. No puedo hacer esto sin ti. —Su
rostro parece hacerse añicos ante mis ojos—. Pensé que quizás
entenderías —añade con una voz pequeña.
Me detengo en la puerta, sintiendo la amargura serpenteando por
mi garganta. —Lo único que entiendo es lo que es estar en sus zapatos y
lo que es ser un caso de caridad. Y eso es suficiente para mí. —Abro la
puerta y me detengo, dándome cuenta de que estoy a punto de hacer lo
más difícil y doloroso.
Pero lo correcto.
—Lo siento, Bram. —Lágrimas calientes escocen mis ojos e intento
mantener mi voz estable—. Esto romperá el corazón de Ava. Pero nos
mudaremos mañana. Así que ya no seremos tu caso de caridad.
Entro al bar y cierro la puerta sin mirar atrás.
19
Traducido por Miry GPE
Corregido por Laurita PI

Nicola
Ava no dejaba de llorar.
Debí mentir. Debí decirle que nos íbamos por un corto tiempo. Debí
decirle que volveríamos a ver a Bram.
Pero no pode. La mentira me haría daño al decirla, incluso pensar
sobre eso, y con el tiempo la arruinaría.
Era mejor que ambas estuviéramos arruinadas por adelantado.
Después de regresar a casa desde Lion, mi corazón era un lío
sangrante en mis manos; condenado, inseguro, inestable. La vista de mi
propio apartamento —de la caridad de Bram— era suficiente para
hacerme enfermar, así que inmediatamente empecé a hacer las maletas.
Empaqué todo durante la noche, con la música a todo volumen.
Nunca contesté las llamadas o los golpes a mi puerta. Si Bram me gritaba,
no lo escuché. Si él se reunió con la mujer y su hijo —su hijo— no lo
supe. Continué como un demonio, hasta que el amanecer rompió en el
paisaje urbano y todo el apartamento se encontraba empaquetado en
cada caja, maleta y bolsa de basura que tenía disponible.
Había un montón de bolsas de basura.
Lo que realmente quería hacer era encontrar un lugar para
mudarme mientras Ava se encontraba fuera. Deliraba. No sé por qué
pensé que pasaría eso, por qué tuve la idea de que tal vez mi madre podría
dejarla en una nueva vida. Ella nunca volvería a ver nuestro viejo lugar.
Pero tenía todo empacado, sin lugar al cual ir y sin auto que me
llevara ahí incluso si lo tuviera.
Llamé a mi mamá. Le expliqué lo que pasó.
Lo hice sin llorar. Pensé que yo era tan valiente.
Mi madre vino y en cuanto vi el rostro de Ava, comprendí que no
era valiente en absoluto.
Era un desastre.
Miró alrededor del apartamento confundida. No entendía y no
importaba cómo tratara de explicárselo, no había una respuesta correcta
a lo que sucedía.
No quería echarle la culpa a Bram. No quería que lo odiara a pesar
de que empezaba a creer que yo lo hacía.
Ava no odia. No lo tiene en ella. Solo se rompe, como una muñeca
de porcelana.
Para empeorar las cosas, todas las emociones que sentía, el
rechazo, la incomodidad y el dolor de perder las cosas que amaba, la
hicieron sentirse mareada.
Enferma.
Vomitó y sus niveles de sangre se encontraban descontrolados.
Nunca me sentí tan sola, ni siquiera con mi madre ahí, tratando de
conseguirle la comida adecuada, el agua, la insulina, el equilibrio. Sabía
que Bram se hallaba al lado. Podía escucharlo, pero nunca pediría su
ayuda de nuevo.
Por suerte, justo cuando estábamos a punto de llevarla al hospital,
ella se recuperó.
Entonces llegaron las lágrimas.
No se detuvieron.
Me encuentro en casa de mi madre, sentada en su sofá con las
piernas encogidas debajo de mí, bebiendo té. Es la imagen perfecta pero
soy un torrente furioso por dentro.
Ava se halla a mi lado resoplando, limpiándose la nariz en su brazo,
en mí.
Solo puedo abrazarla. Sólo puedo decirle que todo irá bien, aunque
no lo crea. Se siente tan en vano, tan inútil, pero sigo diciéndolo de todos
modos.
Kayla nos ofreció su apartamento a ambas. Lo mismo ocurre con
mi madre. Pero todavía tengo trabajo —y una promoción— así que me
quedaré con Kayla en la ciudad. Ava y yo estaremos apretadas en la
guarida de Kayla, pero es temporal y creo que Kayla necesita algo de
ayuda con sus costos de alquiler. Linden y Steph también ofrecieron su
casa, pero no puedo mirar a Linden ahora mismo. Me recuerda
demasiado a su hermano. Él se ofreció a mover mis muebles fuera del
apartamento y ponerlos directamente en almacenamiento hasta que
encontremos un lugar propio y ponernos en marcha. Ese acto generoso,
bueno, eso también me recuerda a su hermano.
Ava se desplaza en mis brazos, me mira con grandes ojos húmedos
y hay tanta esperanza en ellos que me hace querer llorar. Porque oro para
que la esperanza no sea engañosa.
Perdió a Bram que se convirtió en su figura paterna ya sea que yo
lo quisiera o no así.
Perdí mi corazón.
Amaba a Bram.
Lo amaba.
Su sonrisa, sus bromas, su generosidad. Sus labios, sus ojos, su
mandíbula. Su actitud, su buena naturaleza, su humor. Su calma, su
altura, su cuerpo. Su ambición. Su adoración. Su devoción.
Me miró como si fuera mágica.
Empecé a creerlo.
Fuimos mágicos juntos.
Y todavía lo amaba.
Después de todo, ¿cómo no podría?
¿Cómo puedo parar?
Pero este amor es lo que me hace colapsar por dentro.
Segundo por vacío segundo.
Ladrillo por pesado ladrillo.
20
Seis semanas después…
Traducido por evanescita & Julie
Corregido por Gerald

Bram
—Sabes, no creo que te dijera cuanto lo siento.
Escucho la voz de Taylor desde el otro lado de la mesa, pero
realmente no la estoy escuchando. Hay una canción sonando aquí en la
cafetería de San Bernardino del strip-mall, el volumen es demasiado bajo
y me está molestando que pueda reconocer el ritmo, pero no puedo
escuchar las letra.
—Bram —dice ella suavemente y finalmente la miro.
—¿Hmmm?
—Siento la forma en que sucedieron las cosas con Nicola —dice y
ese nombre se siente como un puño en mi corazón—. No debí aparecer
en tu puerta así. No pensé que...
—No pensaste que tendría a alguien significativo en mi vida —
termino distraídamente. Giro el reloj alrededor de mi muñeca y le doy un
melancólico encogimiento de hombros—. No te culpo. Y por favor, no hay
necesidad de que lo lamentes. Estoy seguro que me lo merecía. El karma
tiene un ojo agudo, sabes.
Asiente.
—Lo sé. Pero han pasado tantos años y... realmente no tenía el
derecho a aparecer como lo hice.
Suspiro. Dice esto, pero sé que ella piensa que es justificado y
probablemente tiene razón. Cuando alguien ha sido agraviado, cuando
alguien más la ha jodido tanto que su deuda nunca terminará, en
realidad no hay nada que puedan hacer para no pagar por ello, nunca
sería suficiente.
No culpo a Taylor en absoluto. Estaba viendo las noticias y de
repente allí estaba, el papá de su bebé a quien tanto trataba de olvidar.
No me dice eso, pero apuesto que quiso tirarle piedras a su televisor, tal
vez quemarlo. Al menos gritó y maldijo, lo sé.
Entonces el instinto maternal tomó el control y acomodó a Matthew
en el auto y se condujo hasta San Francisco para ver al hombre que
intentaba fingir que nunca existió.
Sé que sólo vino por el dinero, aunque me dijo que no era el caso.
Dijo que se trataba de verme a través de nuevos ojos. Ahora era exitoso,
ambicioso y, más que eso, era virtuoso. Era lo contrario al hombre que
odiaba. Había demostrado que podía encarrilar mi vida y realmente hacer
una diferencia en la vida de otras personas, no sólo la mía.
Y tal vez eso es cierto. Pero por el momento, no estoy haciendo
mucha diferencia. Todavía tengo los mismos inquilinos en mi edificio, los
mismos que no pueden permitirse vivir en ningún otro lugar, los que me
necesitan. Tengo a todos menos a dos... las más importantes.
Nicola se mudó al día siguiente, fiel a su palabra. Traté de
detenerla. Lo intenté todo. Sin embargo, no cedería ante nada. Nunca la
había visto tan obstinada, tan rencorosa, y sé que lo merecía, pero dolió
más que cualquier otra cosa. Estaba protegiendo a Ava más de lo que
estaba protegiéndose a sí misma y cuando vislumbré a esa niña llorando
en los pasillos, bueno... Lo perdí ese día.
Perdí tanto ese día.
Y la pérdida todavía está conmigo. Construyéndose, sin ceder.
Cada mañana, me despierto en una cama vacía y es como si otro maldito
ladrillo negro se estuviera cementando en mi pecho. Nicola no tiene
absolutamente ni idea de lo que significaba para mí, lo que todavía
significa para mí, y lo que más duele es que nunca verá mi dolor.
Necesito que lo vea, lo sienta, lo conozca.
He perdido la magia en mi vida.
—Eres un buen hombre, Bram —dice Taylor.
Dejo escapar una risa desganada y levanto mi ceño hacia ella.
—¿Estás segura que no hay un poco de alcohol en tu café?
Me da una rápida sonrisa.
—Ahora eres un buen hombre. Y tal vez lo eras entonces, muy en
el fondo. Ciertamente lo pensaba. Sabes que estaba locamente
enamorada de ti, Bram. Locamente. Es por eso que dolió tanto.
Asiento.
—Como dije. Karma. —Hago una pausa—. También te amaba,
sabes.
Sacude su cabeza.
—No. Eso no era amor Bram. Tú no... haces cosas como esa a
alguien a quien amas. No tengo ninguna duda que sentías lo que
pensabas que era amor, pero cuando tienes amor, no te deshaces de él.
No renuncias a él. No huyes, incluso cuando te asusta. Y si lo haces,
entonces no era amor.
Muerdo mi labio por un momento.
—No creo que sea así de simple.
—Es así de simple. Los seres humanos son complicados. El amor
es simple.
—Bueno —digo, teniendo dificultades para discutir con eso. Bebo
mi té, que está enfriándose—. Sea lo que sea que sentía por ti, pensé que
era amor. Y lo creí durante mucho tiempo.
—Hasta que la conociste.
Encuentro sus ojos, pero no puedo esconder la mueca de dolor.
—Sí. Hasta ella.
—Así que ahora ya lo sabes. Lo que sentías por mí y lo que sientes
por ella, no son lo mismo.
No puedo dejar de notar su uso del tiempo presente.
Me da una sonrisa conocedora.
—No sirve de nada fingir que no estás todavía locamente
enamorado de ella, Bram.
—Bueno —empecé, sin estar seguro si debía decirle que ni siquiera
sabía que había estado enamorado de Nicola hasta ahora.
Pero tiene razón.
Porque durante todo el tiempo, estuve enamorado de ella. Era
demasiado simple para saberlo. Esperaba algo más agotador y
complicado de lo que ya era. Cuando en realidad, ella tenía mi corazón
desde hace un rato.
Sólo es realización por sí misma es suficiente para tirarme de la
silla.
Y pensar, que cuando me dijo que me amaba, podría haberlo dicho
de vuelta. Podría haberle dicho algo, cualquier cosa, en vez de lo que hice.
No tenía que haber roto su corazón antes de antes de romperlo de nuevo.
—Escucha —me dice Taylor—. Cuando te vi en las noticias, no fui
ahí para complicar tu vida. No quería que me dijeras que aún me amabas,
porque sé que amos hemos seguido adelante. Y has sido más que amable
en ocuparte de nosotros dos durante este último mes. No podríamos
haber estado mejor sincronizados, conmigo estando entre trabajos y
Matthew realmente necesitando una figura paterna en este momento.
Todo lo que quería de ti era que te conociera y que lo conocieras y hasta
ahora, eso es lo que ha conseguido. Ahora conoce al hombre detrás de
los calcetines. —Sonríe para sí misma y gira la taza de café en sus
manos—. Lo último que quiero es arruinar lo que tenías. Si todavía la
amas, debes ir tras ella. Tienes que decírselo y tienes que luchar por ella.
Trago la miseria por mi garganta.
—Es demasiado tarde para eso.
Parpadea hacia mí, sorprendida.
—Nunca es demasiado tarde —dice con firmeza—. ¿Qué acabo de
decir sobre el amor? Es sencillo. No simplemente desaparece. Si estaba
enamorada de ti antes, y a juzgar por dolor en el rostro de esa pobre
chica, lo estaba profundamente, entonces todavía está enamorada de ti
ahora. Créeme, por favor, he estado allí. La ira no borra el amor. El dolor
no borra el amor. El llanto no borra el amor. Sólo el tiempo lo hace.
Mucho y mucho y mucho tiempo. —Mueve un dedo hacia mí—. Y escucha
lo que te digo, el tiempo apenas ha avanzado para los dos. Ha pasado
poco más de un mes. Va a amarte durante mucho más tiempo que eso.
Odio admitirlo, pero hasta hace tres años, si hubieras aparecido en mi
puerta de nuevo, con un intento más de ganarme, habría funcionado.
—Y nuestras vidas serían completamente diferentes —hago notar,
recostándome en mi silla. El volumen de la canción sube y reconozco "The
Trick is to Keep Breathing" de Garbage, y creo que Shirley Manson2 tiene
razón sobre muchas cosas.
—Diferente, sí —dice Taylor—. Pero sabes que, no me arrepiento de
nada.
La miro rápidamente.
—¿Qué dijiste?
—Dije que no me arrepiento. No creo en los arrepentimientos de
todos modos. No es manera de vivir la vida. Lo que sea que suceda,
sucederá y nos lleva a todos al aquí y el ahora, donde se supone que
debemos estar.
El lema de Nicola. Esto demasiado.
Taylor se acerca y toca mi mano.
—No se suponía que estuviéramos juntos, Bram. Y Matthew no
tenía que conocer a su padre hasta ahora. Porque hemos estado bien, él
y yo. Somos un equipo. Gracias a ti, a los cheques, nunca ha querido
más. Y me ha hecho más fuerte. Me ha hecho darme cuenta de lo que
quiero. Claro, nadie pide ser una madre soltera, pero tampoco es el fin
del mundo. Es sólo la vida. Lidias con ello y sigues adelante.
—¿Qué el amor?
Me da una sonrisa coqueta.
—Hay un hombre sabes. Irving. Está en el ejército, así que no lo
veo muy a menudo y sólo somos amigos de todos modos. Pero le gusta

2 Cantante de la banda Garbage


mucho Matthew y a Matthew le gusta. Y sé que es amor. Pequeño amor
en camino hacia el gran amor. Sólo no he tenido el valor de decírselo
todavía. Pero lo haré, en cuanto regrese.
Logro una sonrisa.
—Eso es genial. Es bueno escucharlo.
Hace un pequeño baile en su asiento y la forma en que se sonroja
me recuerda a Nicola.
—Así que ya ves, hay esperanza para mí. Y hay mucha esperanza
para ti, Bram.
Absorbo sus palabras como al oxígeno. Esperanza ha parecido ser
una palabra muy peligrosa últimamente.
—Bueno —dijo ella, alejando su café—. Debería volver a la casa.
Sé que esto es un adiós por ahora. Después que Taylor y Matthew
llegaran a mi puerta, me aseguré que pudieran quedarse en la ciudad
todo el tiempo que quisieran. Luego, hace una semana, regresaron a San
Bernardino y viaje con ellos para ver dónde vive Matthew, para estar más
involucrado.
Me he estado quedando en un hotel local pero ahora es tiempo de
volar de vuelta a San Francisco. Tengo a un primo viniendo de Edimburgo
esta noche, lo que significa que estaré distraído durante los siguientes
días, algo que realmente necesito.
—¿Estás seguro que estás bien tomando un taxi al aeropuerto? —
pregunta—. Puedo llevarte.
Acaricio la maleta a mi lado.
—Estoy bien, ve a rescatar a Matthew de su tía. —Me levanto de mi
silla y aunque mi primer instinto es estrecharle su mano, termino tirando
de ella hacia un abrazo de oso—. Gracias por ser tan indulgente.
Me abraza, acariciándome ligeramente.
—Gracias por ser tan fácil de perdonar —dice—. Una vez
encantador, siempre encantador. —Ambos nos alejamos y pone sus
manos a cada lado de mi rostro y me mira fijamente—. Vivo sin
arrepentimientos. También necesitas hacerlo. Ve y asegúrate de no tener
ninguno.
—Lo haré —le aseguro. Mientras camina hacia la puerta, grito:
—Y dile a ese muchacho que la próxima vez que los Dodgers
jueguen contra los Gigantes, lo llamaré para regocijarme.
Rueda sus ojos y sigue caminando. Naturalmente, no tengo mucho
interés en el béisbol, pero Matthew está obsesionado con los Dodgers de
Los Ángeles y estoy tratando de relacionarme con él en tantos niveles
como pueda. Definitivamente no es fácil pasar de ser una figura lejana a
alguien real en la vida de Matthew. Es una curva de aprendizaje tanto
para él como para mí. Todavía no tenemos una relación entre nosotros y
dudo que alguna vez llegue al nivel donde comenzará a llamarme papá,
pero uno nunca sabe. Ciertamente estaré trabajando en ello cada vez que
pueda.
Pero Taylor ha dejado muy en claro que ellos tienen su propia vida
y aunque quiere que yo sea parte de ella, también tengo mi propia vida.
Si sólo mi vida tuviera a Nicola en ella.
Exhalo, esos ladrillos moviéndose en mi pecho, pero nunca
levantándose. Termino mi té, luego tomo mi maleta y me dirijo de vuelta
a casa.

Los próximos días pasan rápidamente, en vez de la lenta y dolorosa


rutina. No hay nada como la angustia para hacer que cada día dure un
millón de años, hacer que cada respiración se sienta como la última. Pero
tener a tu primo, a quien no has visto en siglos, pasando la noche contigo,
hace que el reloj se ponga en marcha. Lo habría instalado en el viejo
apartamento de Nicola y Ava, pero parece que no pude seguir adelante
con eso. Está vacío y quiero que permanezca así, sólo en caso que alguna
vez regresen.
Decir que estoy delirando es un eufemismo.
Es innecesario decir que Lachlan McGregor es un personaje como
compañero de cuarto. El hombre realmente se abre cuando está
borracho, de lo contrario es extremadamente serio y rara vez sonríe.
Normalmente eso estaría bien porque, seamos realistas, no puedo lidiar
con más drama. Pero también soy del tipo que hace chistes para ganarse
a la gente y con Lach se siente como si estuviera hablando con una pared
de ladrillos. No ayuda que se parezca a una.
De regreso a su casa en Edimburgo, Lach es un jugador de rugby,
un ala3, para el equipo principal de la ciudad, pero un reciente desgarro
en su talón de Aquiles lo ha puesto en la banca por el momento. He sabido
por algo de tiempo que Lach está bastante bien abastecido, no sólo por el
deporte, sino porque en realidad es un hombre extremadamente
inteligente que ha estado haciendo muchas inversiones clave a lo largo
de los años. Si hay alguien que refutaría el estereotipo que todos los
jugadores de rugby son tontos desagradables, bueno, ese sería Lach.
A pesar que charlamos en Facebook de vez en cuando, comentando
en imágenes o cualquier otra cosa ("oh, ganaste el juego de nuevo, que
bueno gorila tonto" y a pesar que es inteligente, no quiero que piense que

3Posición de juego en el Rugby, que integra al grupo de delanteros. son los jugadores
más rápidos del equipo, independientemente de su peso o talla.
lo sé) nuestra relación realmente nunca fue más allá de eso. Sabes cómo
es con los primos, especialmente cuando vienes de una familia jodida.
Sin embargo, con las noticias presentándome y después de un
artículo de opinión en el San Francisco Chronicle que establecía que mi
financiamiento, todo mi proyecto de vivienda de bajos ingresos se había
estancado. No tengo mucho dinero, pago mi hipoteca con mis ahorros y
no hay ningún dinero entrando. Si todo esto continúa, perderé mi
proyecto y mi sueño y estaré jodido por ello. Después de perder a Nicola
y Ava, me niego a permitir que eso suceda.
Así que, me tragué mi maldito orgullo y lo llamé. No es fácil pedirle
ayuda a tu primo, quien es mucho más exitoso que tú y tres años más
joven. Pero lo hice. Porque, a la mierda, no voy a fallar de nuevo.
Para mi sorpresa, Lachlan estaba aburrido esperando en el
banquillo, y aunque deberían estar regresando al deporte para cuando
comience la nueva temporada, dijo que al menos vendría por la mayor
parte del verano. A pesar de colmarlo de información sobre mi idea de
antemano, ahora está al corriente y realmente nos hemos puesto a pensar
juntos, tratando de encontrar la mejor manera de seguir adelante. Si las
cosas van bien y si puede encontrar un respaldo por su cuenta, dice que
estaría dispuesto a unirse a mí, hacer una corporación sin fines de lucro
y conseguir que este asunto despegue.
—¡Justine! —digo de repente con un chasquido de mis dedos.
Lach levanta la vista de su cerveza, su rostro cansado de nuestro
día de monótonas lluvias de ideas.
—¿Qué?
Tomo mi cerveza del mostrador de la cocina y me siento frente a él
en mi sala de estar.
—Justine es una mujer con la que fui a la ópera una vez.
—La ópera —resopla, dándome una extraña sonrisa. Tan contento
que sea a mis expensas.
—Sí, la ópera. Ella viene de una familia con dinero. Mucho dinero.
De hecho, fue mi padre quien nos juntó. Todavía cree que se supone que
salgas con alguien de dinero para lograr salir adelante, y por lo que
entendí, su familia tiene mucho dinero y poder. Es una chica preciosa y
no eres un hombre tan feo, así que quizá puedas llevarla a cenar y tomar
vino y ver si podemos conseguir una inversión de su parte.
Lo considera.
—¿Qué clase de dinero y poder?
Me encojo de hombros y tomo un sorbo de mi cerveza.
—No tengo idea. No pregunté.
—Sí, ya veo. Estabas demasiado ocupado acosándola.
—En realidad, no —remarco y siento esa maldita presión en mi
corazón—. No, no estaba interesado en ella.
—¿Es hermosa y tiene dinero y no estabas interesado? —
pregunta—. ¿Qué te hace pensar que yo lo estaré?
—Porque —le digo. Exhalando audiblemente—, yo estaba con
Nicola en ese momento.
—Ah —dice, ya sabiendo demasiado sobre ella. Realmente no me
he callado nada para ser honesto. Tal vez por eso siempre parece que
quiere asesinarme.
—En realidad —continúo—, no estábamos saliendo en ese
momento, pero... pero ahí fue cuando realmente empezó a meterse bajo
mi piel, sabes. Todo el tiempo que estuve con Justine, sólo estaba
pensando en Nicola. Recordando ese día, puedo ver que ya estaba
perdido. Sólo que fui demasiado testarudo en ese momento para verlo.
—¿Cuál es tu excusa ahora?
—¿Qué?
—Nunca dejarás de hablar sobre esa maldita chica. Si no estás
hablando del edificio es de ella y lo siento, pero en mi opinión profesional,
tienes que jodidamente dejarlo ir o dejar de ser un culo obstinado y hacer
algo al respecto. Deja de ser tan marica.
—¿Tu opinión profesional? —repito.
Me da una mirada.
—Oye, juego rugby, ¿cierto? Y además de algunas de estas
cicatrices —toca algunas pálidas en su pómulo—, no me veo tan mal. Lo
que significa que tengo más coños de los que probablemente tienes tú.
El viejo yo habría desafiado eso, pero tener un concurso de meadas
con mi primo no parece correcto.
No en este momento, de todos modos.
Volveré a ello después.
—Y —agrega—, como con todos los coños vienen todos los
problemas. Ve a ordenar tu mierda pronto o voy a empezar a usar tu
cabeza como pelota de rugby. Necesito malditamente practicar.
Frunzo mi ceño hacia él.
—Tan bruto. —Pero no lo presiono. Podemos tener la misma altura
y casi tengo la misma cantidad de músculo que tiene él, pero no parece
importarle una mierda si algún imbécil arruina su rostro, mientras que
a mí sí me importa.
Lo único que me detiene de lo que sugiere, de lo que Taylor sugirió,
es la misma vieja historia de siempre. Mi maldito orgullo. Mi maldito
miedo.
¿Qué pasa si voy tras Nicola y ella se da la vuelta? Puede que no
quiera volver a verme. Puede que nunca vuelva a confiar en mí. Aun
cuado en este momento no me queda nada salvo este dolor sordo y vacío
en el interior, como si alguna parte vital mía hubiera sido removida.
También tengo lo desconocido de mi lado y ese peligroso dejo de
esperanza. En el aquí y ahora, puedo quejarme y gemir como una niñita,
siempre y cuando no haga nada al respecto. Puedo imaginarme que tal
vez algún día, a su debido tiempo, todo saldrá bien.
Pero no quiero escuchar mi lema. No esta vez. No voy a dejar que
esto se resuelva a su debido tiempo, para tener esa oportunidad para que
las cosas salgan bien.
Nicola vale mucho más que una oportunidad.
No necesito tener arrepentimientos.
21
Traducido por Jeyly Carstairs
Corregido por Gerald

Nicola
Conoces esa parte de la película cuando el héroe es arrastrado por
el barro o expulsado del equipo o capturado por el crimen organizado y
toda la esperanza se pierde y aun así sabes que no importa que, de alguna
manera todo se va a resolver y el héroe va a obtener su muy grande final
feliz. Y mientras está siendo torturado o la ciudad se vuelve en su contra
o su esposa se aleja de él, lo sientes por él, pero de alguna manera sigues
adelante sabiendo que todo se resolverá al final. Simplemente tiene que
hacerlo.
Bueno, me gustaría poder decir que lo mismo podría aplicarse a mi
vida. Porque me siento como si hubiera caído de un acantilado, hubiera
sido pateada a través del barro y hubiera sido torturada y no hay alguna
sensación de esperanza o un final feliz a la vista.
Por supuesto, todos estos golpes que estoy recibiendo, bueno, son
directamente contra mi corazón. Pero ahí es donde cuentan, ahí es donde
más daño hacen. Y es un poco ridículo, aquí estoy, casi dos meses
después y todavía sigo teniendo está herida en carne viva y abierta
cuando se trata de Bram. El resto de mi vida tiene algunos altibajos.
Todavía vivo con Kayla mientras constantemente estoy en busca de un
apartamento asequible. En realidad, no es tan malo y aunque sé que
Kayla realmente aprecia el alquiler que pago, sé que también estoy
obstaculizado su estilo. Quiero decir, a Kayla le gusta divertirse y cada
vez más y más se queda fuera en el departamento de cualquiera sea tipo
que esté viendo.
Así que sé que tenerme a mí y a una niña de cinco años en su
departamento no es exactamente ideal, pero sabe que estoy trabajando
en ello. Mi trabajo en el Lion ha ido bastante bien. Quiero decir, es un
montón de trabajo en el que normalmente no estoy interesada, y James
puede ser una verdadera perra como jefe a veces. Pero me da dinero y mi
cuenta de ahorros ha crecido y crecido. Incluso si todo dentro de mí
todavía se siente como que constantemente está colapsando y
reconstruyéndose, he conseguido algo de seguridad para ambas.
También me he estado concentrando en diseñar más y más. Pasaré
horas en la máquina de coser en las mañanas y en la noche. Ser creativa
es un gran combustible y tengo que admitir que se siente estar
placenteramente distraída. Algunas veces es la única manera de evitar
pensar en Bram.
Algo que hago. Todo el tiempo. Y me da vergüenza admitirlo,
incluso a mí. No hablo de él con Steph o Kayla y cuando veo a Linden,
me doy cuenta que tiene cuidado de tampoco hablar de él. Sin embargo,
ha habido algunas llamadas cercanas. Una vez escuché que venía al Lion
con Linden, así que fui y me escondí en la oficina de James durante una
hora, fingiendo trabajar en algo. Todo muy maduro, lo sé, pero en este
momento me preocupo tanto por mantener mi corazón vivo que lo estoy
protegiendo de todo lo que esté a la vista.
Sólo quiero dejar de sentir este profundo y frío agujero dentro de
mí cuando me despierto y me doy cuenta que estoy sola. Quiero dejar de
imaginar lo que es tener a Bram sosteniéndome en sus brazos cuando
estoy triste o el movimiento de sus manos sobre mi cuerpo cuando no lo
estoy. Quiero fingir que nunca tuve esa conexión con un hombre que me
hizo sentir salvaje y libre y llena de vida. Quiero tanto lo que no puedo
tener.
Y así que, me arrastro hacia adelante, como ese héroe en la
historia, aunque no haya hecho nada valiente. Sólo soy otra persona con
el alma rota en este planeta, esperando que pase al tiempo. No creo en
esa idea de “todo estará bien.” No veo cómo puedo tener un vivieron feliz
para siempre, eso significaría que las cosas tienen que volver a la forma
en que estaban y, ¿cómo puedo olvidar el dolor que me sigue a todas
partes?
—Animo, botón de oro —me dice Steph. No puedo evitar
estremecerme ante la palabra. Me recuerda demasiado ese maldito sofá
amarillo.
Estamos sentadas en una cabina en el Lion. Ava está frente a
nosotras y colorea un libro. Lisa llamó para decir que estaba enferma y
tuve que trabajar, así que no tuve más remedio que traer a Ava.
Afortunadamente, James es bastante bueno con eso y normalmente sólo
pasa el rato en la parte de atrás de la oficina conmigo. Steph está en su
hora de almuerzo y quería tomar una copa. Últimamente me había
apoyado mucho en mi amiga, así que pensé que le debía una.
—Lo siento —me disculpo con ella.
—No lo sientas —dice, quitándole la etiqueta a su cerveza—. Sólo
es que odio verte tan triste. Tú sabes, ahora. Y todo el tiempo.
—Estoy bien —le digo, y veo como arranca la etiqueta hasta el final
y comienza a recoger los pedazos pegajosos que quedan—. ¿Tú y Linden
tienen problemas?
Se detiene y me mira.
—¿Eh?
—Frustración sexual —digo, asintiendo hacia la botella—. Es por
eso que estás arrancando la etiqueta.
—Oh —dice. Empuja su cerveza lejos, mirándola con sorpresa—.
No. No, Linden es Linden, ¿sabes? Si hay una cosa en la que es bueno,
es…
Levanto mi mano.
—Por favor. Sólo detente.
Se encoge de hombros y luego toma su posavasos, empieza a girarlo
alrededor. Y alrededor. Y alrededor.
—¿Estás bien? —le pregunto, notando que su pie también está
golpeando el suelo.
—¿Ehhh? —Me mira. Lo dice bastante distraída, pero está
demasiado distraída.
—Estás actuando como un manojo de nervios.
—Mami —dice Ava con rítmica voz—. Te dibujé un bugosaurio.
Exhibe orgullosamente su libro para colorear. Ni siquiera ha
coloreado en las imágenes como se supone que debe hacerlo, sólo dibujó
unas manchas verdes y marrones en todo el espacio en blanco. Manchas
con piernas. Bugosaurios, supongo.
—Gracias, cariño —le digo y vuelve a lo suyo, su lengua colgando
fuera por el costado de su boca.
—Nicola —dice Steph con inquietud.
Le doy una mirada.
—¿Qué es?
—¿Todavía estás enamorada de Bram?
¿De dónde diablos vino eso? Puedo sentir mi rostro palidecer
mientras me pregunto si antes estuve diciendo todos mis pensamientos
en voz alta.
—¿Qué? —No puedo evitar jadear. Miro hacia Ava y ella me
observa, frunciendo el ceño y haciendo un puchero a la mera mención de
su nombre.
—¿Lo amas?
Parpadeo hacia ella. Mi corazón golpetea contra mis costillas, como
para recordarme que todavía está latiendo.
—Oh, Steph —empiezo a decir, buscando palabras, por una
manera de desviar la atención—. No es tan simple.
—Es así de simple —dice, sus ojos haciendo agujeros en los míos—
. Es la más simple de las preguntas. O bien lo amas. O no lo haces. No
hay tal vez en el amor.
Vaya. Steph está siendo profunda. Ni siquiera sé lo que eso
significa. No quiero profundizar. No quiero sumergirme ahí y sacar lo que
queda de él desde muy dentro de mí.
—Yo…
Ella me está mirando. Ava me está mirando.
Y no puedo mentir.
Suspiro, lentamente, suavemente.
—Sí. Lo amo.
Sólo decir esas palabras hace que mi corazón exhale.
—Bien —dice Steph, sonriendo con aire de satisfacción para sí
misma.
—¿Bien? —Mis ojos casi saltan— ¿Por qué está bien? Está mal. Es
terrible. No quiero amarlo. Quiero ser libre de todo eso y seguir adelante.
Menea sus cejas hacia mí, esa estúpida sonrisa todavía en su
rostro.
—El amor es bueno, amiga mía, el amor es bueno.
—¿Qué está mal contigo? —le doy un ligero puñetazo en el brazo—
. ¿Por qué me preguntaste eso?
Toma un largo trago de su cerveza y dice:
—¿Sabes cuál es la peor manera de comenzar una oración?
—¡Me tiré un pedo! —grita Ava con una gran sonrisa—. Esa es la
peor manera.
Steph asiente con aprobación hacia Ava y luego me mira.
—¿Sabes cuál es la segunda peor manera?
—¿Cuál?
—Por favor, no me odies —responde y por un momento su sonrisa
se desvanece y se estremece, como si estuviera a punto de darle un
puñetazo en la cara—. Y en serio, Nicola, por favor, no me odies.
Mira hacia la puerta del Lion y mis ojos la siguen. Allí, afuera bajo
el sol, está la conocida silueta de un hombre. Abre la puerta y entra.
Siento como si me hundiera y me levantara al mismo tiempo.
Siento que definitivamente odio a Stephanie en este momento.
Es Bram y está caminando hacia nosotras y estoy agarrando el
borde de la mesa con tanta fuerza, que podría romperla en dos.
Ella se inclina hacia mí, susurrando en mi oído:
—Lo siento. Él tenía que verte y sabía que, si te lo decía, no te
reunirías con él. —Entonces rápidamente sale de la cabina, intercambia
una rápida mirada con Bram cuando pasa junto a él y sale por la puerta.
—Nicola —dice Bram, su gutural acento sacudiéndome hasta mi
mismo centro. Está parado ahí en un ajusto traje azul marino apenas a
algunos centímetros de la mesa, sus manos a sus costados. Su rostro,
ese hermoso y apuesto rostro, es el más serio que alguna vez haya visto
en él.
—¿Bram? —dice Ava suavemente y la miro, sus ojos muy abiertos
con asombro—. ¿Bram? —repite más alto.
—Hola, pequeña —dice, sonriéndole y ella inmediatamente se
levanta de su asiento, agitando sus brazos arriba y abajo. Sería lo más
lindo que haya visto alguna vez, si no fuera por las circunstancias. Tal
vez acabo de decir que todavía estoy enamorada de Bram, pero eso no
significaba que quisiera verlo. No significaba que cambiaría el pasado.
Puedes amar a alguien y no hacer nada al respecto.
Pero a Ava no le importa. Corre hasta el final de la cabina y
prácticamente se lanza hacia él. La envuelve en un gran abrazo,
levantándola del suelo y estoy dividida entre estar enojada y querer
romperme y llorar. Hay demasiadas cosas grandes dentro de mí,
compitiendo en mí para tomar una decisión, prestarles toda la atención
y al final sólo soy un lío gigante.
Bram cuidadosamente la coloca de regreso en el suelo, pero Ava
sigue saltando alrededor, volviéndose loca. Sonríe tan ampliamente, sus
ojos están tan abiertos, su respiración tan brusca y superficial.
Su respiración no debería estar así.
Mientras Bram ahora me está mirando, estoy mirando fijamente a
Ava con preocupación, observándola cuidadosamente, tratando de
escuchar.
—Bram-a-lama… —empieza a cantar, pero se detiene e intenta
tomar una profunda respiración. Su rostro se pone blanco ante mis ojos
y se balancea sobre sus pies de un lado a otro.
—Oh, mierda —grito, saliendo de la cabina justo cuando se inclina
hacia el suelo. Bram está allí, atrapándola a tiempo y caigo de rodillas
junto a ella mientras él la sostiene.
—¿Qué pasa? —pregunta él.
Agarro la mano de ella y la aprieto. Está fría y húmeda. Sus ojos
están desenfocados, vidriosos y ese familiar olor a fruta impregna su
aliento.
—Oh, mierda, no, no ahora —digo mientras empieza a perder la
consciencia justo allí frente a mí—. ¡Ava! —le grito y sus ojos se abren
brevemente antes de cerrarse.
Bram la baja suavemente al suelo mientras me arrastro sobre ella,
palmeando su rostro. Él saca su teléfono.
—Voy a llamando a la ambulancia —Lo escucho hacer la llamada
y no discuto sobre eso.
—Creo que es una Cetoacidosis diabética. Un shock diabético.
—¿Lo mismo que tuvo antes? —pregunta, su voz elevada.
Asiento y luego él retransmite la información al agente. Ava ha
estado genial últimamente, muy bien. La dieta, las lecturas, todo ha
estado funcionando bien. Pero la última vez que se puso así fue cuando
Bram se fue y ahora que está aquí, las emociones son demasiado.
—Creo que puede ser provocado por el estrés y la agitación
emocional —le digo sin mirarlo. Estoy haciendo todo lo posible por
mantenerla despierta y conservar la tranquilidad. He aprendido mucho.
Puedo hacer esto. Puedo sacarla de esto.
Pero no puedo hacerlo sola ahora mismo. Finalmente encuentro los
ojos de Bram y veo que parece a punto de romperse.
—Necesito que consigas mi bolso, el grande color purpura en la
cabina y me lo traigas aquí —le digo.
Asiente y rápidamente hace lo que le pido. Ahora la gente está
reunida a nuestro alrededor y James me pregunta si necesito algo y no
sé qué decir, sólo sé qué hacer. Le inyecto la insulina, directamente en
su estómago y ni siquiera se estremece.
—Eso funcionará, ¿cierto? —me pregunta.
—Eso espero —le digo, sin querer pensar en lo que pasaría si no lo
hiciera. La última vez, no perdió la conciencia, no tenía ese aliento
afrutado. La última vez la inyección la hizo reaccionar, pero esta vez…
esta vez tengo tanto miedo que no lo haga.
Afortunadamente no pasa mucho tiempo antes que la ambulancia
suene en las puertas, aunque lo sentí como si fueran horas, y colocan a
Ava en la camilla y en la ambulancia. Los paramédicos me están haciendo
preguntas y estoy repitiendo todo acerca de su enfermedad y nuestra
rutina, como si fuera una fórmula de un libro de texto.
Pero cuando trato de entrar en la parte trasera de la ambulancia,
me dicen que no puedo estar allí con ella. Es entonces cuando me rompo,
cuando enloquezco. Grito y lloro, mientras me dicen que es su política
cuando las sirenas suenan.
Bram me retiene, sus manos sobre mis dos brazos, impidiéndome
atacarlos con ira. Me siento loca y salvaje, la preocupación y el pánico y
la injusticia de todo rasgándome hasta la medula. Finalmente, la
ambulancia se aleja y siento que toda mi esperanza se va con ella.
Me inclino contra Bram y trato de recuperar mi aliento, recobrar
mi control. Desearía que no fuera él quien me abrazara y al mismo tiempo
me alegro de que esté aquí.
La única persona quien realmente parecía preocuparse tanto por
las dos.
Eres un caso de caridad, me dice una malvada voz dentro de mi
cabeza y la ignoro porque lo que paso entre nosotros no tiene nada que
ver ahora, no mientras mi niña está a punto de morir. Nada más importa.
Bram me lleva a su auto y luego nos movemos detrás de la
ambulancia y hacia el hospital, la misma que la última vez. Con un poco
de suerte, tendré el mismo médico y ese pensamiento, ese pedazo de
familiaridad, me trae un pequeño fragmento de calma.
Esta vez no hay que esperar en la sala de emergencias. Bram y yo
somos conducidos por el pasillo hacia la habitación en la que está Ava y
cuando una enfermera pregunta si somos sus padres, me siento
asintiendo. Bram parece dispuesto a irse pero la verdad es demasiado
pegajosa para explicar y en este momento necesito a alguien como él aquí
para sostener mi mano cuando necesito estar sosteniendo la de Ava.
Es el mismo médico que antes, pero la noticia no es la misma. Dice
que sus niveles de insulina están tan fuera de lo normal que se está
volviendo difícil mantenerlos donde deben estar. Sus palabras cavan
profundamente y ahora realmente tengo mucho miedo de que no haya
un final feliz. No habrá salida. Será uno de esos irónicos finales del tipo
de película de cine negro donde la madre pierde a la hija, pero gana un
marido. Pero la perdida que siente es una que nunca, nunca, nunca,
nunca será reemplazada.
El médico quiere privacidad y ha traído a alguien más, así que
Bram y yo esperamos en el vestíbulo, atrapados en incómodas sillas y me
balanceo en ella de un lado a otro, mi cerebro queriendo aferrarse a lo
horriblemente imposible. Sigo imaginando lo que sentiría si salieran con
malas noticias y luce como una caída libre hacia el infierno. Es tan brutal
e insoportable que me mareo incluso pensando en ello.
Bram frota mi espalda mientras me doblo como una pelota y trato
de respirar y de permanecer en el momento y dejar de entrar en pánico.
Es tan malditamente difícil. Pero su presencia, su consuelo, es incesante.
Y todo este tiempo, no dice nada. No se disculpa, no intenta
ganarme de vuelta, ni siquiera me dice que todo va a estar bien. Porque
sabe, tanto como yo, que no está bien. Ella está ahí y no está bien y
ninguna cantidad de decirlo va a hacer que sea cierto.
Todo lo que hace Bram es estar allí. Es simple.
Simplemente está ahí.
Y es todo lo que necesito para seguir adelante.
Sólo espero que Ava, dondequiera que esté en su cabeza, su mente
encerrada por su cuerpo traidor, también pueda sentirlo.
—Nicola. —La voz de Bram rompe a través de la neblina—. Te traje
un café.
Abro mis ojos y lo veo sosteniendo una astillada taza de espuma de
poliestireno llena con un líquido marrón.
—Sabe a maldita gasolina —dice disculpándose—. Pero ayudará.
Me enderezo en mi asiento y lo tomo con cuidado de él, lanzándole
una rápida sonrisa de agradecimiento. Miro a Ava que está acostada en
la cama del hospital, con intravenosas por todas partes y sus ojos
cerrados. Luce más angelical que nunca.
—¿Cómo está?
Se sienta junto a mí con un agotado suspiro.
—No se ha despertado. Creo que tuvo un sueño divertido porque
estaba sonriendo en un punto. Las enfermeras dicen que es mejor dejarla
dormir. Su pequeño sistema ha pasado por demasiado.
Eso es. Era alrededor de la una de la madrugada cuando los
doctores finalmente pudieron sacar a Ava de su cuasi-coma. No se
encontraba completamente consiente en ese momento, pero me reconoció
y a Bram y gracias a Dios estaba tan drogada que no pudo ponerse toda
emocional por él de nuevo.
Después de eso, he permanecido en vigilia a su lado, inventando
historias y contándoselas mientras dormía. Finalmente, debo haberme
quedado dormida en la silla, completamente agotada.
Todo el tiempo, Bram estuvo aquí, igual que la primera vez, cuando
no lo conocía en absoluto.
Estuvo allí para nosotras entonces.
Está allí para nosotras ahora.
Pero, aun así, hay tanto tiempo, espacio y distancia entre nosotros,
todo ese desastroso pasado reteniéndonos, que no estoy muy segura de
cómo arreglar las cosas de nuevo.
Simplemente pienso que quiero hacerlo.
—Bram —digo suavemente.
Pasa su mano sobre su rostro y me mira. Su camisa blanca de
vestir tiene las mangas enrolladas y una mancha de café cerca de los
botones. Su cabello luce desaliñado. Sus ojos están muy abiertos pero
rojos, su piel cansada y gris. Parece que no ha dormido nada y sé que no
lo ha hecho debido a ella.
Y tal vez debido a mí.
—Sí —dice.
Respiro para darme coraje.
—Sé que probablemente éste no sea el momento adecuado para
mencionar esto, pero... todavía estoy enojada contigo.
Una pequeña sonrisa triste aparece en su rostro.
—Lo sé. Y tienes todo el derecho de estar enojada conmigo por tanto
tiempo como quieras.
—Pero no quiero estarlo —digo y miro mis manos porque es más
fácil—. Estar enojada me quita mucha energía. Es incapacitante... No
quiero arrepentirme de ti. No es así como quiero vivir, con
arrepentimientos, aunque me duela.
—Tampoco quiero que te arrepientas de mí —dice y pone su mano
sobre mi brazo. Puedo sentir sus ojos en mí, buscando mi rostro,
buscando respuestas que tal vez ni yo misma sepa—. Cariño. Lo siento.
Como no te imaginas. Sé que no hay nada que pueda decir o hacer para
que me creas, pero sólo escúchame. Sólo sé consciente que es verdad.
Nunca quise ocultarte a Taylor y Matthew, quería decirte... fui un cobarde
y tenía tanto maldito miedo que me dejarías. Nadie quiere admitirle a
alguien que alguna vez fue una persona horrible que hizo cosas horribles.
Tenía miedo que, si te mostraba esa verdad, te ahuyentaría para siempre.
Te olvidarías de la persona en la que me convertí, la persona que soy.
Asiento, preguntándome qué habría hecho si me lo hubiera
contado a su propio tiempo. Es imposible saberlo. Podría haber estado
bien con ello. O podría no haberlo estado. Podríamos haber sido lo
suficientemente fuertes para manejarlo. O tal vez no.
Pienso en lo que me había dicho cuando le dije que lo amaba. Cómo
todo sucede a su debido tiempo. Pero creo que se trata más sobre el
momento adecuado.
—Por favor, escúchame cuando te digo que nunca fuiste un caso
de caridad, ¿está bien?
Ugh. Esa parte todavía duele.
—Por favor —repite y puedo sentir su convicción—. Todo lo que
hice por ti y por Ava es porque quería hacerlo. Porque me agradaban...
mucho. Ambas. Simplemente quería estar con ustedes. Tal vez
inconscientemente trataba de enmendar las cosas que he hecho o tal vez
era el asunto de ayudar adecuadamente a alguien cuando finalmente
tenía los medios para hacerlo. Sólo quería hacerte sonreír. Eso es todo.
Eso es realmente todo lo que alguna vez fue. Quería hacerte sonreír
porque parecía algo tan difícil de hacer. Y si podía cuidar de ustedes dos,
dos chicas que se lo merecían más que cualquier que conociera, también
haría eso.
—Nos cuidaste muy bien —le digo, sonando pequeña.
—Y espero que te haya hecho sonreír.
Por supuesto que tengo que sonreír ante eso.
—También lo hiciste. Siempre.
Un confuso y cálido silencio se establece entre nosotros y no puedo
dejar de comparar el antes y el ahora, y que tanto y tan poco ha cambiado
al mismo tiempo.
—Nicola —susurra y su voz derrite mis huesos. No puedo evitar
encontrar sus ojos y en ellos veo todo lo que siempre he querido ver y no
porque quiera, sino porque está ahí—. Te amo —dice y en ese momento
sé que es verdad.
Porque puedo sentirlo. Porque mi corazón está tratando de volar. Y
quiero dejarlo irse. Porque sé que va a volver directo hasta él.
—Simplemente estoy enamorado de ti —dice, acariciando mi
mandíbula con sus dedos, bajando por mi barbilla—. Y no hay mucho
más que pueda decir que eso. Espero que las palabras sean suficientes
porque las conozco aquí. —Pone su mano en su pecho—. Y tenía que
saberlo primero.
Mis ojos se humedecen justo cuando creo que ya no pueden
quedarme más lágrimas. Mi corazón se hincha, se hincha y se hincha,
amenazando con derramarse, ahogarme, lavarme.
Le doy la bienvenida. Porque tener un corazón lleno de su amor y
de mi amor por él, es el mejor sentimiento en el mundo.
—Aún te amo —logro decirle, mi voz quebrándose—. No pude dejar
de hacerlo aun cuando lo intenté. Y lo intenté. No paraba de desear
olvidarte, pero permanecías conmigo, sin importar lo que hiciera. —Trago
con fuerza y él se inclina hacia delante, besándome mientras las lágrimas
se deslizan por mis mejillas.
Había soñado con estos labios una y otra vez. Incluso cuando no
quería hacerlo, incluso cuando dolía más de lo que me hacía bien. Soñaba
con ellos.
Ahora, estaban aquí, besándome, arrancando mi piel, haciéndome
salvaje y libre.
Haciéndole el amor a mi alma.
De repente, la cama cruje sobresaltándome fuera del cálido abrazo
de Bram y nos separamos para ver a Ava mirándonos con confusión. Por
un momento, creo que va a volver a enloquecer de nuevo, aunque quién
sabe de qué manera esta vez.
Pero sólo sonríe, más brillante que el sol que entra por su ventana.
—¿Ahora son novio y novia? —pregunta, con su voz un poco
atontada pero optimista.
Bram aprieta mi brazo.
—¿Te gustaría eso? —le pregunta.
Asiente lentamente.
—Sí. Porque me llevarás a Disneylandia de nuevo.
Me río y miro a Bram.
—Bueno, parece que le debes a esta niña otro viaje.
—Le debo a esta niña otro viaje. —Apunta su pulgar hacia sí
mismo. Su sonrisa se vuelve anhelante cuando me mira—. Vamos a estar
bien —me dice—. Lo prometo. Tú, ella, yo. Estaremos muy bien.
—Genial —dice Ava suavemente.
Beso a Bram en la frente y me levanto, acercándome a Ava.
—¿Cómo te sientes? —le pregunto, poniendo mi mano sobre la
suya imposiblemente pequeña.
—Cansada —dice—. Soñolienta.
—¿No te duele nada? ¿Sabes dónde estás?
Asiente una vez.
—En el hospital. Algo salió mal con mi enfermedad especial,
¿cierto?
Aprieto su mano.
—Sí. Te emocionaste un poco cuando volviste a ver a Bram. A veces,
si te emocionas mucho, se vuelve demasiado. Pero los doctores fueron
capaces de ayudarte, y de ahora en adelante, tengo que vigilarte un poco
más cerca, quizás vamos a probar algunos nuevos medicamentos. Pero
estarás bien.
—Estaré muy bien —dice soñolienta—. Justo como Bram y tú.
Cierra los ojos y vuelve a quedarse dormida.
Bram viene detrás de mí, poniendo su fuerte y solidario brazo
alrededor de mi cintura y los dos miramos a Ava mientras duerme.
22
Traducido por Julie
Corregido por Laurita PI

Nicola
Los siguientes días pasan a la velocidad de un cohete. Mientras que
antes todo en mi vida parecía que pasar en cámara lenta, ahora estaba
volando hacia adelante. Ha habido algunos baches en el camino, pero eso
es de esperar cuando todo a tu alrededor hace un giro de ciento ochenta
grados, incluso si es para mejor.
Lo mejor, por supuesto, es tener a Bram de nuevo en nuestras
vidas. Lo peor es que le está tomando un poco más a Ava recuperarse de
su episodio. Ya han pasado tres días y ella pasó uno completo en el
hospital, recuperándose. Por suerte, James fue proactivo y puso en
marcha mi seguro de salud en el momento en que me ascendieron, por
lo que en esta ocasión no hubo sustos financieros.
Continúo en casa de Kayla, lo cual está bien. Ava y yo estamos
acostumbradas a ella. Estar de vuelta con Bram es todavía tan nuevo y
fresco, y las cosas han cambiado en los últimos dos meses así que está
tomando un tiempo para nosotros acostumbramos el uno al otro de
nuevo. De hecho, ni siquiera he dormido con él después de que me dijo
que me amaba. Sé que es un poco chocante, pero no se ha sentido bien.
Todavía no, de todos modos.
Honestamente, no he estado realmente a solas con Bram. Aparte
de estar en el hospital juntos, sigo trabajando mucho en el Lion,
negándome a relajarme, incluso si él está de vuelta en mi vida.
Esta noche, sin embargo, está tranquilo. Es un sábado por la
noche, pero la ciudad pasa por una ola de calor rara, con el sol verdadero,
así que supongo que todo el mundo acapara todo el espacio del patio
privilegiado en las calles y junto a la bahía. Un pub irlandés cerrado es
el último lugar donde la gente quiere estar.
—Hola, preciosa. —Escucho, y ese hermoso acento escocés me saca
de mis pensamientos.
Me enderezo de la organización de cerveza en la nevera y miro por
encima de la barra para ver a Bram acercándose hacia mí. Está llevando
un traje, por supuesto, pero es de un color piedra claro y no tiene corbata,
solo su camisa de vestir blanca un poco desabrochada, mostrando el
atractivo de su garganta y el bronceado de verano. En sus manos hay un
ramo de rosas de color rosa y azul.
—¿Son para mí? —pregunto, totalmente encantada por las flores y
el hombre con ellas.
—Por supuesto —dice, de pie al otro lado de la barra y me las
entrega—. Me di cuenta de que todo este tiempo, nunca he tenido la
oportunidad de llevarte a cenar como es debido. Ya sabes, como lo haría
un caballero. Todo mi cortejo pasó por mis pantalones.
Me sonrojo y sonrío. —Bueno, no puedo decir que me opuse al
estilo de cortejo particular de Bram McGregor.
—A pesar de ello —prosigue—, puesto que vamos a empezar de
nuevo de una manera u otra, me gustaría invitarte a salir en una cita.
—¿Ahora?
Asiente. —Sí. Llamé a Kayla y está de acuerdo en seguir cuidando
Ava, siempre y cuando te trate bien. En realidad, fue mucho más, eh,
brutal que eso.
Kayla, que Dios la bendiga.
—Entonces ¿estás lista? Parece un poco muerto aquí. —Observa el
lugar, mordiéndose los labios, como si todo esto de la cita lo tuviera un
poco nervioso. Qué lindo.
Miro a James, que ha estado fingiendo que no escuchó, pero en
realidad lo ha hecho.
—¿James? —pregunto.
Él agita una mano con desdén. —Ve.
Así que lo hago. Por supuesto, el único problema con ir desde el
bar a la cita es el hecho de que no tengo ropa bonita conmigo.
Agarro mi bolso, con la esperanza de que al menos mi maquillaje y
el cabello estén soportando después del turno, y engancho el brazo
alrededor del de Bram.
—Espero que no me lleves a un lugar de lujo, porque no tengo
puesto nada de ropa linda.
—¿Ropa? —dice, levantando las cejas y haciendo su mejor
imitación de Doc Brown—. A dónde vamos no necesitamos ropa.
Me rio. —Muy bien, bicho raro. A un restaurante desnudista será.
—Ya verás —es todo lo que dice, con voz ronca, y de repente todo
lo que quiero es que nos olvidemos de la cita y solo tener sexo con él hasta
el cansancio. Ha sido demasiado tiempo y se siente muy, muy bien
también.
Me introduce en la noche calurosa y sofocante, hacia su Mercedes.
Nos dirigimos a través de la ciudad y me da la impresión de que estamos
solo merodeando un poco. No me puedo quejar. Con las ventanas
abiertas, la brisa en mi pelo y la cálida mano de Bram en mi muslo, puedo
presagiar que es una noche perfecta con solo cosas buenas delante de
nosotros.
—¿Cómo lo está llevando Matthew? —le pregunto. No pretendía
mencionarlo, pero Bram solamente hablaba de él, de paso, aquí y allá. Sé
que Matthew y su madre viven en el sur de California y tienen su propia
pequeña vida allá. Ahora las cosas parecen maravillosamente sencillas,
pero aun así, quiero que Bram sepa que está bien hablar de él. No me
molesta.
—Está bien —dice, con los ojos brillantes bajo las farolas que pasan
a medida que empezamos a meternos entra la famosa calle Lombard, la
más torcida del mundo. Por lo general ir por esta calle me marea pero
esta noche me siento nada más que viva. Bram continúa—: No hablo con
él a menudo, sabes. Es todavía un poco extraño para los dos. Sobre todo
porque los dos sabíamos acerca del otro, pero no tenemos esa relación.
Cree que soy solo un amigo de su madre, a pesar de que sabe que soy su
padre. Creo que la palabra simplemente no se aplica, salvo en términos
técnicos. Pero me parece bien... estas cosas llevan tiempo y no tengo
necesidad de entrometerme en su pequeña unidad, ¿sabes?
No puedo evitar sonreírme suavemente. —Creo que entrometerte
en mi pequeña unidad con Ava fue lo mejor que nos pudo haber pasado.
Aparta los ojos de la carretera para mírame. —¿De verdad?
—Por supuesto —le digo—. Cambiaste nuestras vidas. Y sí, tal vez
fue un poco turbulento, un tiempo. Pero creo que se adaptó solo.
Suspira, agarrando y soltando el volante. —Sabes, sigo queriendo
disculparme. Todos los días.
—No lo hagas. Lo has hecho lo suficiente.
—Lo sé —dice enfáticamente—. Pero se siente que no es suficiente.
Eres demasiado buena para mí, Nicola.
—No —le digo—. No lo soy. Y no eres demasiado bueno para mí.
Creo que estamos bien juntos y eso es suficiente. Es más que suficiente.
Bram no dice nada a eso y viajamos a través de un hermoso silencio
cómodo. Nos dirigimos por el puente Golden Gate y los destellos de la
ciudad en los espejos laterales, son un fantasma en la noche. Por fin estoy
a punto de preguntar adónde vamos, pero él saca el coche a un lado y
subimos las colinas escarpadas hasta un mirador con vistas a la ciudad.
Hay un par de coches allí, turistas, locales o románticos,
aprovechando la vista del puente resplandeciente. Pero avanzamos por el
estacionamiento y aparca al final, así que estamos completamente solos.
—Esto no se parece a un restaurante —le digo.
Me mira como si fuera a devorarme y entonces sé lo que hay en
realidad en el menú.
Mueve de golpe la cabeza hacia el asiento trasero y estiro el cuello
para mirar mientras él enciende la luz interior.
Hay una cesta de picnic allí. No me había dado cuenta antes. Se
inclina hacia atrás, girando en su asiento, y ese olor fresco
maravillosamente varonil suyo me hace hormiguear por todas partes. No
me atrevo a decirle que solía dormir con una camisa vieja suya
simplemente para mantener su aroma mientras me quedaba dormida en
la noche, fingiendo que él estaba allí.
—Ta-da —dice, levantando la canasta. Veo una botella de vino tinto
y un montón de aperitivos en contenedores de colores: antipasto,
aceitunas, pan, queso, fruta, ensalada griega, quinua. Todo se ve
absolutamente fabuloso—. Pensé que podríamos tener nuestra primera
cita aquí. No se puede obtener una vista mejor que esto.
Tomamos una manta que tiene en el maletero y la colocamos sobre
el pasto al pie del coche. Él pone a Lovage desde los altavoces de su
iPhone e ilumina la escena con unas pocas velas eléctricas. Hemos
extendido la comida y el vino, y tenemos un hermoso festín. Es solo
nosotros y la ciudad a nuestros pies. No creía que era posible enamorarse
de Bram McGregor de nuevo, pero lo es.
Mierda, es tan posible.
Y después de que terminamos y las frambuesas cubiertas de
chocolate blanco son lamidas de los dedos del otro, empezamos, bueno,
empezamos a lamer más que eso. Y descubro que mi amor por él va más
allá.
Hacemos el amor en esa manta, como los exhibicionistas que
somos. Los otros presentes en el aparcamiento están demasiado lejos
para vernos, y de todos modos, no podrían desde su ángulo, pero no
importaría. Bajo este raro cielo nocturno abierto y estas estrellas
cegadoras que la niebla esconde con tanta frecuencia, nos
compenetramos más uno en el otro de lo que nunca hemos hecho antes.
Cuando embiste dentro de mí, me siento tan completa que me trae
lágrimas a los ojos y cuando me vengo, suavemente, gimiendo en su
cuello empapado de sudor, esas lágrimas se liberan.
—¿Por qué lloras, cariño? —susurra, con voz lenta y saciada.
—Porque te amo —le digo—. Y no puedo imaginarme nada mejor.
Me limpia las lágrimas y no se retira, aunque ambos ya hemos
encontrado la liberación. Se queda dentro de mí hasta que ya no puede
más.
Más tarde, cuando llegamos al apartamento de Kayla, aparca el
coche y luego se retuerce en su asiento para enfrentarme.
—Nicola —dice, sonando serio.
Trago, de repente en alerta. —¿Qué?
Me coge las manos y las aprieta. Se aclara la garganta y mira mis
manos. —Voy a preguntarte algo. Y luego voy a preguntárselo a Ava. Y si
las dos dicen que sí, entonces podría ser el hijo de puta más afortunado
del mundo entero. —Hace una pausa, sus ojos vuelan hacia los míos—.
¿Querrían mudarse conmigo?
—¿Estás bromeando? —digo, con ganas de reír—. Por supuesto que
nos mudaremos contigo.
—No en mi edificio de apartamentos, me refiero al apartamento de
verdad. Lo compartirías conmigo.
—Bueno, tú lo compartirías conmigo. Y una niña de cinco años.
—¿Pero eso es un sí?
Rompo en una sonrisa estúpida. —Eso es un sí.
Me besa, rápido, profundo y hermoso. Luego nos dirigimos hacia
arriba, a mi futuro ex apartamento.
Por suerte —o por malas habilidades de niñera—, Ava sigue
despierta, jugando con Kayla.
—¡Bram! —dice sorprendida, y se acerca a él. La recoge y le da un
gran abrazo de oso.
—¿Qué haces levantada, pequeña? Ha pasado la hora de acostarse.
—Mira a Kayla—. ¿Has estado dando problemas a la tía Kayla?
Sonrío por su naturalidad con ella. La deja de nuevo en el suelo y
ella lo mira con timidez.
—No podía dormir —dice.
—No quería dormir —explica Kayla.
Bram sonríe a las dos y luego se agacha hasta el nivel de Ava. —
Oye, Ava. Tengo una pregunta importante para ti. ¿Estás lista?
Asiente, con la boca ensombrecida y pareciendo demasiado seria.
—Estoy lista.
—¿Te gustaría mudarte conmigo? Tu madre también estará allí.
Sus ojos se ensanchan y ella esboza en una sonrisa. Levanta la
vista hacia mí.
—¿Es esto cierto?
—Sí, ángel. Si dices que sí, podemos vivir con Bram.
—¿Qué dices? —pregunta Bram.
Ava parece que va a llorar. Lanza sus bracitos alrededor del cuello
de Bram y dice, con voz ahogada—: Sí.
Mi corazón, mi alma, mis ovarios están simultáneamente ardiendo.
Este hombre.
Este maldito hombre.
Oigo un resoplido a mi lado y Kayla está llorando. Nunca llora.
—Kayla —digo, con sorpresa burlona—, después de todo, no eres
desalmada.
Me fulmina y, con rabia, se limpia una lágrima. —Estoy feliz de que
ustedes al fin se vayan. —Pero entonces se va resoplando hasta la cocina
y grita sobre el hombro—: ¡Esto requiere champán!
Requiere muchas cosas.
Pero sobre todo, requiere que sea agradecida. Porque aquí de pie,
rodeada de la gente que más amo, me doy cuenta de que tengo un
montón.
—Bram —dice Ava, tirando de su manga—, cuando nos mudemos,
¿puedo tener un trampolín?
Ruedo los ojos. Ha estado pidiendo uno por todo el tiempo que ha
aprendido a pronunciarlo correctamente.
—Veremos —dijo Bram con buen humor.
—¿Puedo también tener un pony? Mamá no me dejaba tenerlo.
Me mira y sonríe. —Tendremos que ver también sobre eso. Creo
que tu mamá va a estar a cargo de muchas cosas.
Se detiene, pensando.
Entonces—: Bram, ¿puedo tener un bichosaurio?
—Ni siquiera sé qué es eso.
Me río. —Ava, si quieres, puedes tener un bichosaurio.
—¡Viva! —grita y luego corre a nuestro dormitorio. Gracias a Dios
por las criaturas ficticias.
Kayla trae el champán y cada uno toma una copa. Las levantamos
en el aire para brindar.
—Por los nuevos comienzos —dice Kayla—. Y recuperar mi
apartamento.
—Por el amor —digo—. Y no renunciar a él.
—Por el culo de Nicola —dice Bram—, y el hecho de que lo veré
más.
Ruedo los ojos pero de todos modos brindo por eso.
Terminamos las bebidas y luego es hora de que Bram regrese a
casa. Me quedo afuera en el pasillo con él, intercambiando un beso largo
y dulce, con sus manos envueltas alrededor de mi cintura, mis dedos en
su pelo grueso y suave.
—Mañana —dice, murmurando en mi cuello—, vendrás a vivir
conmigo.
—Mañana, seré toda tuya.
Y al día siguiente.
Y al día siguiente.
Seré suya para siempre.
Epilogo
Seis meses después…
Traducido por Miry GPE
Corregido por Laurita PI

Nicola
—¡Bram-a-lama-ding-dong! —grita Ava a todo pulmón.
Matthew no puede dejar de unirse. —¡Bram-a-lama-ding-dong!
Los dos corren por delante mientras Taylor les grita—: Regresen,
¿dónde creen que están, Disneylandia?
Porque por supuesto, sí, estamos en Disneylandia. Intentamos ir
cada vez que hacemos el viaje para visitar a Taylor, Irving y Matthew.
—¿No te parece mal que los niños sigan usando la palabra dong?
—susurra Bram mientras nos abrimos paso entre las multitudes.
Me río. —Eres un pervertido.
—Lo digo en serio. Y también estás en el Equipo Perv, señorita.
Es época de Navidad y Disneylandia se encuentra en pleno apogeo
con las decoraciones, festividades y los rayos de sol del sur de California
es un respiro bienvenido a todo lo gris de San Francisco. Entre más
visitamos a Matthew y al equipo, más me apego a la zona. Puede que no
quiera vivir en San Bernardino, pero en cualquier parte de la costa estaría
bien, y no más caro que San Francisco.
Pero Bram hace algo de progreso real con su edificio, así que
probablemente nos quedemos en la ciudad por el momento. Gracias al
respaldo de Lachlan, su primo jugador de rugby y aspirante a magnate,
y su cortejo temporal hacia una heredera local, fueron capaces de poner
en marcha una organización sin fines de lucro y tener dinero rodando no
solo en pagar la hipoteca y proporcionar vivienda a los necesitados, sino
también tener el potencial para abrir otro desarrollo.
Ahora, Lachlan se encuentra de regreso en Escocia y se llevó a
Kayla con él. Es una historia larga y loca de cómo se juntaron, y una que
no vi venir, pero parece que Kayla al final encontró su pareja en ese
macho escocés. Sigo pensando que ella llegará a casa llorando, queriendo
hablar conmigo y Steph sobre su drama, pero hasta ahora todo bien.
Obviamente me mudé del apartamento de Kayla, así que al menos
sé que ella no huía del país por mi causa. Ava y yo estamos felices
viviendo con Bram mientras mi vieja casa es alquilada a un precio bajo a
alguien que en verdad lo necesita.
Y ahora, ahora las cosas se encuentran finalmente de regreso en
curso. Se siente bien. Todo cae en su lugar. Tan cursi cómo es decir eso,
y sí, tal vez es un poco presuntuoso también, empezamos a sentirnos
como una familia. Cuando no estoy en casa, Bram por lo general, sí, así
que tomamos turnos cuidando a Ava. Ella no ha tenido un incidente
desde entonces y ha sido realmente bueno. Sé que su enfermedad es algo
que siempre tendremos que vigilar y monitorear, al menos hasta que
tenga edad suficiente para hacerlo ella misma.
He vuelto a trabajar solo las noches en el Lion. Realicé el cargo de
asistente de gerente por el tiempo suficiente, pero cuanto más trabajaba,
menos tiempo tenía de llevar mis diseños al siguiente nivel. Bram notó
mi frustración y me dijo que si hacía mi objetivo de concentrar el cien por
ciento en mi línea de ropa, podría dejar el bar y él se haría cargo de mí.
Naturalmente, a mi orgullo no le gustaba eso, así que nos
comprometimos. Aún trabajo ahí como camarera pero solo tres noches a
la semana. El resto del tiempo, trabajando en mi carrera.
Creo que mi próximo salto sucederá pronto. Involucra alquilar un
espacio en un almacén durante una semana, pero Stephanie garantizó
que si puedo conseguir una colección camisetas, las llevará a su tienda
en línea y también me ayudará a encontrar otros distribuidores.
Es todo un paso para nosotros, pero está sucediendo.
A su debido tiempo, como diría Bram.
Bram también diría, es Bramtástico.
—Ustedes son la pareja más lenta que he conocido —nos grita
Taylor, agitando la mano para que pongamos nuestras piernas en
movimiento y nos damos prisa. Caminamos por la calle falsa de
Hollywood en California Adventure, Ava y Matthew han visto a Mike y
Sully de Monster's Inc. de Disney caminando por ahí. Aunque hay dos
años entre Ava y Matthew, se llevan bien y su único amor en común son
los dinosaurios (bueno, en realidad ahora son monstruos, es por eso que
se vuelven locos con las pobres personas acaloradas atrapadas en los
trajes).
Todos tomamos fotos e Irving, el nuevo novio de Taylor, toma una
buena de esta loca familia mixta. Mientras que los niños aún adulaban a
los personajes como si fueran celebridades, los gritos de tono divertido y
cariñoso abstraen mi atención del resto del parque.
Cada vez que venimos aquí siempre terminamos en los paseos para
niños y nunca parecemos tener el tiempo o la oportunidad de ir a los de
los niños grandes. Ya sabes, los que son en verdad divertidos.
—¿Sabes qué? —le digo a Bram—. No dejaré este parque hasta
que...
—... nos liemos detrás del lote trasero de Hollywood —sugiere
rápidamente, y sé que es completamente serio.
—No —digo, dándole un codazo en el costado—. Por última vez, el
sexo en la casa de decoración fue el límite para mí. Al menos
traumatizamos a una pareja de ancianos, no les haré eso a los niños. —
Rodé los ojos—. Lo que iba a decir fue que no dejaré este parque hasta
que me suba a un paseo que me haga gritar hasta quedar afónica.
Inclina la cabeza y me da esa sonrisa infame. —Justo conozco el
paseo.
—Bram, si dices que es tu polla, te asesinaré —siseo, contenta de
que nos encontramos fuera del alcance de los oídos de los niños. Y de
Taylor e Irving también. Estoy segura de que tampoco quieren escuchar
nada de nuestra plática de polla.
Bram sigue sonriéndome, así que lo actualizo. —Lo digo en serio.
Un paseo real que hace con gente. Como la Torre del Terror. O Gritos
California.
—Creo que Gritos California —dice—. Por la palabra gritos.
—Entonces, decidido. —Aprieto su mano y después saludo a la
pandilla—. Oigan todos, pensé en dejarles saber a todos que Bram y yo
iremos a la montaña rusa y no pueden hacer nada al respecto.
Matthew pisotea con su pie. —¡Quiero ir a la montaña rusa!
Es tan alto como su padre era probablemente a su edad, así que
hay una posibilidad de que podría ser capaz de montar en la montaña.
Pero no esta vez. Esta vez es solo para nosotros.
—Oh, Matthew —lo amonesta Taylor—. Deja que se diviertan.
Así que nosotros seis nos dirigimos a través de Cars Land y al falso
San Francisco hasta que nos hallamos en el perpetuamente alegre
Paradise Pier. Permanecemos ahí un poco, viendo los coches de la
montaña pasar por la épica Gritos California, un paseo que parece hacer
lo que el nombre sugiere: te hace gritar.
—¿Estás segura de esto? —pregunta Bram antes de entrar en la
fila.
—No me digas que eres un gatito —bromeo.
Me empuja hacia él, enterrando sus cálidos labios en mi cuello. —
Hablando de gatitos, o mejor dicho, coños, ¿qué te parece si enviamos a
Ava con Matthew y Taylor después de que volvamos al hotel?
—Oh, sería tan obvia la razón.
Se encoge de hombros, sin preocuparse. —¿Entonces? Creo que ya
es demasiado tarde para fingir que no tenemos sexo. —Ambos miramos
a Ava y Matthew que se persiguen en el falso camino. Tiene razón al
respecto.
Así que nos ponemos en la fila para el paseo, pasando el tiempo
jugando en nuestros iPhone y averiguando quién puede decir las bromas
más estúpidas (Bram gana en eso, obviamente). Sin embargo, es
agradable estar solo con él. Aunque estamos rodeados de gente —y
ambos locamente celosos de la pareja delante de nosotros que tuvo la
inteligencia de traer dos margaritas para la espera— se siente como si
estuviéramos en nuestro pequeño mundo. Me recuerda simplemente por
qué me encanta tanto este escocés sexy.
Finalmente es hora de entrar. Me siento mareada y Bram parece
un poco nervioso, lo cual me parece adorable. Las barras bajan
automáticamente desde arriba de nosotros, asegurándonos en nuestro
lugar para que no podamos caer.
Música feliz y tintineante llega desde los altavoces y poco a poco
avanzamos, rodeando la esquina hasta que llegamos a nuestro lugar de
parada donde esperamos con la anticipación construyéndose hasta que
seamos disparados hacia adelante y directamente a la primera colina.
—¡Mamá! —Elevo la mirada para ver a Ava saludándome. Todo el
mundo se ha reunido a lo largo de la barandilla por encima de las vías,
listos para que despeguemos.
—¡Diviértanse! —grita Mateo.
Mi corazón se acelera y de repente me siento nerviosa. Esa dulce e
intensa anticipación. Tal como el sexo. Agarro la barra sobre mí mientras
el trino de la cuenta regresiva continúa, comenzando en tres.
—Sin remordimientos, ¿cierto? —me pregunta Bram con una
sonrisa arrebatadora.
Dos.
—Sin remordimientos. —Le sonrío en respuesta—. No en esta vida.
Uno.
Avanzamos hacia el futuro.

Fin
The play
Un jugador de rugby escocés y problemático que
no sigue las reglas.
Una vivaz devoradora de hombres que ha
renunciado al amor.
Cuando se trata de Lachlan y Kayla, los opuestos
no solo se atraen, sino que explotan.
De la autora bestseller del The New York Times,
Wall Street Journal y USA Today, llega The Play,
un romance contemporáneo sobre cómo
arriesgarse y rescatar corazones.
Kayla Moore siempre se ha sentido cómoda con
su reputación de luchadora y devoradora de
hombres. Al menos estuvo bien hasta que llegó a
los treinta años y vio a sus mejores amigas Stephanie y Nicola
establecerse con Linden y Bram McGregor, dejando a Kayla como la
intrusa. Cansada de ser la tercera rueda con nada más que aventuras de
una noche y citas sin salida en San Francisco, Kayla decide tomar un
voto de celibato y poner a los hombres en segundo plano.
Eso es hasta que pone sus ojos en el primo de Linden y Bram, el
sexy escocés Lachlan McGregor. Lachlan es su fantasía sexual hecho
realidad: alto, tatuado y construido como un camión Mack. Con una
mirada de acero y una exitosa carrera de rugby en Edimburgo, él es el
tipo de hombre que hace que ella quiera tirar su voto por la ventana. Pero
el comportamiento tranquilo e intenso de Lachlan lo hace un hombre
difícil de conocer, y mucho más acercarse a él.
No es hasta que los dos son lanzados juntos una noche larga e
inolvidable que Kayla se da cuenta de que hay mucho más en este
hombre melancólico de lo que se ve a simple vista. Pero incluso con
chispas entre los dos, Lachlan no puede quedarse en Estados Unidos
para siempre. Ahora, Kayla tiene que decidir si desarraigar toda su vida
y arriesgarlo todo por alguien a quien apenas conoce o correr el riesgo de
ser quemada una vez más.
A veces el amor es un juego que solo necesita ser jugado.
Sobre la autora
Karina Halle es una ex cronista de viajes y
periodista musical. Vive en una isla frente a la
costa de Columbia Británica con su esposo y
su cachorro de rescate, donde bebe mucho
vino, pasea por muchos senderos y devora
muchos libros.
Halle es representada por la agencia Waxman
Leavell y es tanto auto-publicada como
publicada por Atria Books / Simon & Schuster
y Hachette en Norteamérica y en el Reino
Unido.
La encuentras en Instagram en @authorHalle
En Twitter en @MetalBlonde y en Facebook.
También puedes visitar www.authorkarinahalle.com y suscribirte
al boletín de noticias, extractos, avances, ventas privadas de firmas de
libros y más.

También podría gustarte