UNIVERSIDAD CIENTÍFICA DEL PERÚ
SEDE ACADÉMICA TARAPOTO
FILOSOFÍA MEDIA: El cristianismo, la patrística (Tertuliano y San Agustín) y la escolástica
(San Anselmo, Santo Tomas y Guillermo de Ockham).
A diferencia de lo que había ocurrido con la filosofía griega, que había centrado su reflexión en torno a la
determinación del objeto, la filosofía medieval centrará su interés en Dios. La filosofía helenística había dado
una orientación práctica al saber, dirigiéndolo hacia la felicidad del hombre. Es el caso del estoicismo y del
epicureísmo, que habían colocado a la ética en el vértice del saber. A lo largo de los primeros siglos de
nuestra era, la progresiva expansión del cristianismo y otras religiones mistéricas irá provocando la aparición
de otros modelos de felicidad o "salvación individual", que competirán con los modelos filosóficos. Frente a la
inicial hostilidad hacia la filosofía manifestada por algunos de los primeros padres apologistas cristianos, sus
continuadores encontrarán en la filosofía, especialmente a partir del desarrollo del neoplatonismo de Plotino,
un instrumento útil, no sólo para combatir otras religiones o sistemas filosóficos, sino también para
comprender, o intentar comprender, los misterios revelados. Surge de ahí una asociación entre filosofía y
cristianismo o, más en general, entre filosofía y religión, que pondrá las bases de la futura filosofía medieval,
entre los cristianos, los musulmanes y los judíos. El tema fundamental de reflexión pasará a ser la divinidad,
quedando subordinada la comprensión e interpretación del mundo, del hombre, de la sociedad, etc. al
conocimiento que se pueda obtener de lo divino. La fe, que suministra las creencias a las que no se puede
renunciar, tratará de entrar en diálogo con la razón. La inicial sumisión de la razón exigida por la fe, dejará
paso a una mayor autonomía propugnada, entre otros, por Santo Tomás de Aquino, que conducirá, tras la
crisis de la Escolástica, a la reclamación de la independencia de la razón con la que se iniciará la filosofía
moderna.
ETAPAS
1. Patrística
La primera etapa en la filosofía medieval es aquella que corresponde a la articulación definitiva de los dogmas
cristianos, su defensa ante otras religiones y a la iniciación a la humanidad en la Verdad de Cristo, la única
posible. Estos primeros hombres fueron llamados Padres de la Iglesia y su estudio y difusión se denominó
Patrística a manos de autores como Hipólito de Antioquia o de San Agustín.
Si atendemos al segundo, encontraremos sus teorías encuadradas en lo que se ha dado en llamar
neoplatonismo y es que a él corresponde una reinterpretación de Platón bajo un tinte cristiano: Agustín (354-
430) es el último gran filósofo de la antigüedad y principio de la modernidad, el límite entre dos formas de
entender y pensar la filosofía. Se presenta como un buscador afanoso de la Verdad que hace del Saber una
cuestión de vida o muerte y ello lo consigue al describir, según sus escritos, la profunda vena religiosa de
Platón resumida así: no hay posibilidad de conocer sin amar porque el conocimiento es amor y sólo amando,
llegando a Dios, conocemos con certeza. Todo conocimiento de Verdad se conoce a través de la luz de Dios.
A través de la Patrística -del estudio de los padres- San Agustín recibe la oportunidad de solucionar el
problema de Fe y Razón, aunque no parte de distinguir entre la religión y la filosofía, sino que considera a las
dos como soluciones equivalentes para una necesidad vital del hombre que es la posesión de la Verdad. San
Agustín los identificó sin confundirlas, sabía que la razón religiosa se alcanza con la Fe y la razón de la
filosofía se alcanza con la razón.
Representantes
a. Tertuliano
Reacciona contra la tendencia a racionalizar el cristianismo que había surgido entre los cristianos cultos de
origen griego y combate a la filosofía como enemigo mortal de la fe. Considera que no se necesita afanarse
en buscar pruebas de la existencia del Dios único en el que creen los cristianos. Es suficiente con interrogar
al alma del hombre en la fuerza ingenua de su naturaleza para que ella atestigüe espontáneamente el
conocimiento de ese Dios: "el alma es naturalmente cristiana". Reaccionando también contra las
abstracciones idealistas de los neoplatónicos, muy en boga en la época, habla de que el alma y Dios son
realidades concretas, no ideas, que él busca materializar interpretándolas como realidades corpóreas, aunque
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de una corporeidad más sutil que la de los organismos naturales: "Todo lo que es, es cuerpo". Así, Tertuliano
trata de expresar el "realismo" cristiano en oposición al "idealismo" griego.
b. San Agustín
Es el padre de la Patrística, perteneció en primer lugar a la secta maniquea formada dentro del movimiento
gnóstico, más tarde profesó su escepticismo académico que abandonó para convertirse al cristianismo en el
386, gracias al influjo personal de San Ambrosio y al conocimiento de la filosofía neoplatónica. En el año 391
fue ordenado presbítero y posteriormente elegido obispo de Hipona. San Agustín fundó un convento e
instituyó una orden religiosa. Se dedicó principalmente a luchar en defensa de la fe, sin embargo, no descuidó
su formación intelectual que le llevó a sobresalir como metafísico, historiador, teólogo, músico y moralista.
Punto de partida de su filosofía
El fin de la filosofía de San Agustín apunta a la consecución de la felicidad. El único camino para obtener la
felicidad es ascender progresivamente hasta el Ser supremo partiendo de la interioridad del hombre.
De esta forma los objetos de su filosofía van a ser el alma del hombre y Dios. Puede concluirse que la
filosofía de San Agustín está subordinada a la religión: la filosofía y la razón necesitan de la religión y la
fe. Luego la razón y la fe van unidas y se complementan: la fe es el elemento que consolida y enriquece la
actividad de la razón. Su filosofía ha sido llamada metafísica de la experiencia interior puesto que la estudia
desde el interior del hombre.
Naturaleza del hombre: el alma
San Agustín, al igual que Platón, considera que el hombre está formado de cuerpo y alma que se han unido
accidentalmente. El alma, que es el principio vital del hombre, está destinada a regir al cuerpo. De esta
manera se mantiene la superioridad del alma con respecto al cuerpo.
San Agustín, al plantearse la cuestión del origen del alma, al principio sostiene la doctrina generacionista (el
alma es engendrada por el alma de los padres, al igual que el cuerpo), posteriormente, sin embargo, se
inclinaría por el creacionismo (el alma es individualmente creada por Dios para cada cuerpo).
El conocimiento: la verdad
A San Agustín le preocupa el tema del conocimiento, concretamente la búsqueda de la verdad y su
justificación. Parte del hecho de que existe la verdad y hay posibilidad de encontrarla. De esta forma llega a
una serie de verdades de evidencia inmediata. Una de estas verdades es la verdad de la propia existencia
que se revela en la actitud pensante y puede resumirse de esta forma: si dudo, si sueño, si me engaño,
además de ser verdad mi duda, mi sueño y mi engaño, es también verdad que existo; si no existiera no podría
dudar, ni soñar, ni engañarme.
Ahora la verdad que busca San Agustín es una verdad total y única, eterna e inmutable, por la que son
verdaderas las cosas que lo son. Esta verdad es Dios, como ser, como luz y como bien. Dios es la guía de la
conducta del hombre y objetivo de sus aspiraciones.
Dios en la Patrística
San Agustín afirma que el fin último del hombre es Dios. Con Dios, se alcanza la felicidad.
Bajo este supuesto, San Agustín se propone demostrar racionalmente la existencia de Dios y determinar su
esencia.
– Existencia
Existen dos vías para demostrar la existencia de Dios:
– Observación de la contingencia y mutabilidad del mundo. El mundo, los seres nacen y mueren, por lo tanto
son contingentes, es decir, no pueden existir por sí mismos. Necesitan de un ser supremo que les haga ser
contingentes y este ser es Dios.
– Prueba de la verdad. Existen en el entendimiento ciertas verdades que por ser eternas y necesarias están
sobre el hombre y sobre su razón. Estas verdades sólo pueden proceder de Dios que es la Verdad eterna.
Luego queda demostrada la existencia de Dios.
– Esencia.
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El conocimiento de la esencia de Dios se adquiere a través del estudio de las propiedades del mundo, que es
obra creada por él.
Creación del mundo
Dios ha creado el mundo por medio del Verbo divino, segunda persona de la Santa Trinidad. Lo creó
libremente de la nada, sin materia preexistente y conforme a las ideas eternas que existían en su mente
(ejemplarismo), de esta forma el mundo es un reflejo de las ideas divinas.
2. La Escolástica
La denominación "escolástica" procede del latín scholasticus, el que enseña
o estudia en la escuela. En sentido estricto -y limitando la cuestión al
occidente cristiano- se llama «Escolástica» a la filosofía y la teología que se
enseñó durante el período de la Edad Media, a la denominada filosofía
medieval; propiamente, la «ciencia que se enseñaba en la escuela»: primero
las artes liberales y luego la filosofía y la teología. El nombre proviene del
término latino schola, escuela, y de aquí scholasticus, aplicado en un
principio a los que frecuentaban determinado tipo de escuela, como maestros
o como alumnos, y luego a los que se caracterizaban definidamente por
utilizar en sus enseñanzas e investigaciones el método con que se
desarrollaba la filosofía medieval.
Toda la filosofía Escolástica se caracteriza por un doble, y problemático,
recurso a la autoridad, representada por los textos sagrados de la Biblia y la
tradición de los Padres de la Iglesia (a la fe, en definitiva), y a la razón, que
de manera creciente se aplica a la interpretación de la autoridad y hasta al libre juego de la reflexión propia. A
lo largo de toda la filosofía medieval se mantuvo el lema, enunciado por Agustín de Hipona y Anselmo de
Canterbury de «la fe que busca comprender».
La temática de que se ocupa la Escolástica se puede precisar materialmente recordando los contenidos de
las colecciones de sentencias o manuales, cuya lectura y comentario debían emprender aquellos que querían
ser lectores o licenciados (de «licencia» para enseñar) en teología. La temática general, sin embargo,
quedaba determinada por los encuentros problemáticos entre fe y razón a que aquella temática en
concreto obligaba. Los estudios eran, claro está, de índole teológica, pero no únicamente, y la mayoría de
cuestiones manifiestamente religiosas encerraban en su explicación y exposición cuestiones epistemológicas,
lógicas, antropológicas, cosmológicas, éticas o psicológicas. Si el hombre es, para el escolástico, imagen de
Dios, nada impide que, al abordar problemas teológicos sobre la Trinidad, por ejemplo, se trataran también
cuestiones psicológicas del espíritu humano.
Representantes
a. San Anselmo
El argumento ontológico es una demostración de la existencia de Dios cuya originalidad consiste en que
establece la existencia del Ser Absoluto al encontrar en el concepto mismo de Dios la existencia como un
componente inseparable de su esencia. Fue formulado por primera vez por San Anselmo de Canterbury en el
año 1078, pero el nombre de argumento ontológico se lo atribuyó Immanuel Kant siete siglos después al
afirmar que una prueba ontológica es aquella que infiere completamente a priori la existencia de una causa
suprema.
El argumento ontológico es una demostración de la existencia de Dios cuya originalidad consiste en que
establece la existencia del Ser Absoluto a partir de la sola consideración de su esencia, al encontrar en el
concepto mismo de Dios la existencia como un componente inseparable de su esencia. Fue formulado por
primera vez en el Proslogion de San Anselmo de Canterbury (1033-1109) en el año 1078, pero el nombre de
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argumento ontológico se lo atribuyó Immanuel Kant (1724-1804) siete siglos después al afirmar en su Crítica
de la Razón Pura de 1781 que una prueba ontológica es aquella que prescinde de toda experiencia e infiere,
completamente a priori, partiendo de simples conceptos, la existencia de una causa suprema. A lo largo de la
historia de la filosofía ha sido defendida por autores de la talla de Descartes, Leibniz, y Hegel, pero también
criticada por otros no menos importantes como Santo Tomás de Aquino y el ya mencionado Immanuel Kant.
Originalmente, el argumento ontológico era conocido como prueba a simultáneo. Esto se debe a que no es
una demostración estrictamente a priori (y menos a posteriori) sino que tiene como punto de partida la idea
misma de Dios y en ella halla su existencia. El argumento no parte de algo anterior (a priori) ni de algo
posterior (a posteriori) a la esencia divina, sino que considerando la idea de Dios conoce -simultáneamente,
como un componente de ella- su existencia. Por esto, algunos autores lo llaman argumento lógico, por
considerar como punto de partida a la idea o concepto de Dios. Sin embargo, otros advierten que el punto de
partida no es el concepto de Dios, sino el conocimiento humano de la esencia divina (Rovira 1991, 28),
dándole así al argumento un tinte más platónico.
b. Santo Tomás
Para Santo Tomás, la distinción filosofía/teología descansa en la separación entre orden natural y sobre-
natural: el orden de conocimiento natural procede de la razón humana, da lugar a la filosofía y tiene
carácter demostrativo; el orden sobrenatural procede de la revelación y de la fe y es un conocimiento
oscuro; algunas de sus verdades están al alcance de la razón, y otras la exceden. Ambos
conocimientos provienen, en último término, de Dios, por lo que entre ellos no puede haber contradicción.
Entre las dos esferas de conocimiento cabe la colaboración, dando lugar a la teología: la revelación puede
orientar a la razón y le permite evitar errores; la razón le sirve a la fe para aclarar y defender los misterios de
la revelación. Algunas creencias nunca podrán ser demostradas por la razón y otras sí, como los preámbulos
de la fe (existencia de Dios e inmortalidad del alma). Habrá dos tipos de teología: la racional o natural, que
llega a Dios utilizando una capacidad ligada a la naturaleza humana, la razón; y la teología cristiana o
sobrenatural: su fundamento es la doctrina revelada y la fe, pero usa también de la razón para conseguir un
orden científico y como arma dialéctica.
Existencia de Dios.
El problema de su demostración. Podríamos pensar que Dios puede ser perceptible directamente por la
razón, al modo como vemos las verdades del tipo "los triángulos tienen tres lados"; a estas proposiciones las
denomina Sto. Tomás evidentes en sí mismas; en ellas el predicado se incluye en el sujeto pues en la
esencia de sus objetos se encuentra la propiedad referida en la proposición. Son, además, evidentes para
nosotros cuando las vemos como verdaderas con solo comprender el concepto sujeto. Si la existencia de
Dios se incluyese en su esencia, entonces podríamos captar la verdad de la proposición “Dios existe” con la
mera comprensión del término "Dios"; algunos filósofos (S. Anselmo p. ej.) creerán que se puede mostrar la
existencia de Dios basándose en ese supuesto (el "argumento ontológico"). Sto Tomás mantendrá, por el
contrario, que no cabe una argumentación de ese género porque la esencia de Dios no nos es dada con la
misma claridad que por ejemplo, la esencia del triángulo. Ello quiere decir que la proposición "Dios existe" no
es evidente para nosotros, aunque sea evidente en sí misma (pues es verdad que la existencia se incluye en
la esencia de Dios).
c. Guillermo de Ockham
La posición que adoptará Occam respecto al tema de la relación entre la razón y la fe supondrá no ya la
distinción entre ambas y la concesión a cada una de un espacio particular de aplicación, como había
defendido santo Tomás, sino su radical distinción e independencia. La razón no está ya al servicio de la fe, ni
la fe necesita de la razón para esclarecer sus propios dictados. La fe depende estrictamente de la revelación,
por lo que la razón no tiene nada que decir, no tiene nada que añadir ni quitar, nada que aclarar a la palabra
divina. La razón, por su parte, siendo una facultad otorgada por Dios al hombre, para ordenarse en este
mundo, no tiene nada que tomar de la fe: ha de recurrir a las otras facultades naturales y, exclusivamente con
ellas, obtener los conocimientos necesarios para la vida más perfecta posible del hombre.
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La distinción entre la razón y la fe se convierte, por lo tanto, en separación, y aún en oposición, entre ambas,
lo que conducirá a Occam a una posición mística y "anti-teológica" en los temas de la fe (el voluntarismo,
caracterizado por la afirmación de la preeminencia de la voluntad sobre el entendimiento), y a una posición
radicalmente empirista en lo concerniente a los temas de la razón. La autonomía de la razón con respecto a la
fe proclamada por santo Tomás se convierte en una independencia absoluta, lo que tiene importantes
consecuencias en el campo filosófico y teológico en el que se moverá Occam.
¿Conocemos directamente, pues, la realidad individual o conocemos sólo las esencias universales? La
intuición no es, para Occam, la captación directa por parte del sujeto de una esencia, de una idea de tipo
platónico, sino la relación directa del sujeto que conoce con el objeto conocido, con la cosa. En este sentido,
el conocimiento es algo que se ofrece de modo directo e inmediato al individuo (no el resultado de una
abstracción, de una elaboración del entendimiento que culmina en un concepto); es algo, por lo tanto,
presente, que queda garantizado por la inmediatez, por la presencia de la cosa que es la causa inmediata de
dicho conocimiento, por el que se afirma en consecuencia la existencia de la cosa y del que dependen
también las relaciones entre las cosas.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
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http://mundodelafilosofiamedieval.blogspot.com/p/filosofia-patristica.html
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