Laura Pasquali, Guillermo Ríos y Cristina Viano 1: “Culturas militantes.
Desafíos y
problemas planteados desde un abordaje de historia oral”. Taller. Revista de Sociedad,
Cultura y Política. Buenos Aires, Ed. Asociación de Estudios de Cultura y Sociedad,
Vol. 8 , Nº 23, Marzo de 2006
En los últimos años los desarrollos de la historia oral en la Argentina exhiben, junto a
una notable capacidad de expansión, algunas fuertes marcas de identidad. Una de
ellas remite a un campo de problemas que ha sido y continúa siendo intensamente
transitado bajo aquel prisma: el del mundo de la militancia de los años 60 y 70 1. Es
precisamente en este campo en el cual inscribimos (principalmente) nuestra práctica y
del que derivamos las reflexiones de las páginas que siguen; aunque advirtiendo a
continuación que el ángulo de exploración está enfocado casi exclusivamente en una
etapa de la tarea de las y los historiadores orales: aquella que deviene de la
constelación de situaciones que dan origen a la entrevista.
Nuestro universo de trabajo está centrado en militantes de organizaciones políticas,
político-militares y sindicales de los años 60 y 70 en clave regional. Se trata de
mujeres y varones que han asumido definiciones identitarias específicas y diversas
pero atravesadas por un elemento común: ella está derivada de la opción de
organizarse en/desde distintos ámbitos y ello supone en el seno de una práctica como
la de la historia oral, que se halla fuertemente tramada por la relación de campo, que
nos implicamos con sujetos con fuertes marcas distintivas, donde el pasaje a lo
colectivo ha sido decisivo en la configuración de sus vidas y sus subjetividades.
El inicio de la escritura de este texto nos obligó a volver sobre nuestros propios pasos
de diversas maneras; por una parte escribir sobre nuestras prácticas nos impuso
profundizar las reflexiones habituales para ponerlas en el centro de la escena,
quebrantando la suerte de rutina en la que a veces el trabajo nos sumerge. De hecho
el objetivo fundamental de este artículo es indagar sobre la naturaleza específica de
situaciones que a lo largo de diversos trabajos han quedado relativamente subsumidas
bajo el peso de otros propósitos: cognitivos y explicativo/comprensivos principalmente.
1
Centro de Estudios de Historia Obrera (CEHO), Facultad de Humanidades y Artes, Universidad Nacional
de Rosario. Este artículo es una versión revisada de la ponencia presentada en el VII Encuentro Nacional
y I Congreso Internacional de Historia Oral de la República Argentina “Identidad, Cultura y Política”.
Buenos Aires, octubre de 2005.
Sobre entrevistar militantes. Nuestro trabajo pivotea siempre sobre historias de
militantes: de partidos políticos, de sindicatos combativos, de organizaciones armadas,
de organismos de derechos humanos. En este sentido, tenemos en común un tipo
muy particular de testimoniante. Se trata de aquellas y aquellos que han optado por
hacer oír sus voces. Es decir, aún en la subalternidad, desde segundas líneas de los
partidos y organizaciones, a pesar de las oposiciones familiares, contraviniendo los
mandatos de género, rompiendo las disposiciones culturales dominantes, estos
sujetos se han parado frente a la realidad para transformarla, para hacer y decir. En
ese sentido, hacemos historia oral con quienes han “tenido voz” y protagonismo.
Queremos decir con esto que aunque su participación en las respectivas instancias de
inserción no se haya desarrollado en la dirigencia, estos y estas militantes desde el
momento en que optaron integrar organizaciones de ese tipo, ya eligieron tomar la
palabra. Y hoy repiten ese acto frente a nosotras y nosotros, que nos interesamos en
esas experiencias. Por ello, entrevistar militantes vuelve a pararnos frente a una
mirada crítica sobre el pasado reciente, y delante de su cara humana; porque la
experiencia de la historia oral también nos enseña a buscar menos a la clase o al
partido en abstracto y más a las trabajadoras, trabajadores y militantes concretos 2.
¿Tiene esto una entidad positivamente diferente a la de otro tipo de testimoniante?
Para algunas y algunos de nosotros sí, puesto que partimos del supuesto según el
cual las y los militantes de los años ’60 y ‘70 tienen mucho para decirnos y asistir a
nuestros trabajos e investigaciones, en tanto convocamos sus memorias porque este
tipo de entrevistada/o es una materia irremplazable para la comprensión de ese
complejo período.
Acerca de los encuentros. Como se ha señalado reiteradamente3, uno de los
factores fundamentales que condicionan las posibilidades de establecer una buena (y
productiva) relación entre entrevistador/a y entrevistado/a deviene en parte de las
“conexiones” que hicieron posible que llegáramos hasta ellos/as. Generalmente somos
nosotras/os (entrevistadoras/es) quienes provenimos de un “exterior” y proponemos
establecer algún tipo de “contrato” a través del cual nos disponemos (grabador
mediante) a ir configurando un nuevo texto donde se enhebrarán nuestras preguntas y
dudas con las respuestas, silencios, vaguedades, olvidos de nuestros testimoniantes.
En el caso particular de nuestro universo de entrevistados, el camino que nos condujo
hacia ellos debió transitar por distintos momentos. En una primera instancia se trató de
unos pocos contactos que, paulatinamente, se fueron abriendo a otros que a su vez
devinieron en un abanico de nuevas voces 4. Las relaciones iniciales, de carácter más
personal, nos habilitaron a su vez la presentación de amigos, compañeros o
2
conocidos, facilitando la construcción de redes de confianza con los nuevos
testimoniantes y aunque este camino pueda parecer azaroso consignemos que la
selección obedeció a una serie de criterios ordenadores previamente establecidos y
vinculados a los objetivos investigativos5.
No queremos avanzar sin señalar que en algunos casos el gesto de abrir las puertas
de sus casas (ámbito privado por excelencia) a alguien que prácticamente no se
conoce, con el objetivo de relatar acontecimientos que han transcurrido
aproximadamente 30 años atrás y que, a la mayor parte de los entrevistados ha
dejado heridas muy profundas, tiene un altísimo valor que debe ser considerado. A
nuestro criterio ayudó mucho la “sociedad de amigos” (esa red difusa y a la vez
efectiva de “ser amigo de...” o “haber trabajado con...” o en otros casos “tener alguna
relación familiar...”), así como haber tenido la colaboración de algunos miembros de
organizaciones sindicales vigentes, quienes facilitaron contactos telefónicos,
direcciones y llamados que abrieron puertas.
En este brevísimo racconto de los avatares que nos permitieron llegar a las
situaciones de entrevistas, hemos podido constatar que, como han señalado
reiteradamente quienes han hecho de la historia oral un eje de sus producciones, la
senda de los investigadores se cruza con la de los testimoniantes en momentos
erráticos y por lo tanto las entrevistas que se realizan son el resultado de una
combinación de encuentros casuales y que por ello hay que considerarlo como un
factor de importancia a incorporar en la interpretación de ese texto que se construye
entre entrevistado y entrevistador y que llamamos testimonios orales6. Las entrevistas
y también las historias de vida fueron realizadas en un periodo de tiempo prolongado;
una década ha pasado. No es ocioso destacar entonces los ostensibles contrastes
epocales entre nuestro presente y aquellos pasados a los que intentamos
aproximarnos; también, que al interior de los años transcurridos desde el inicio de
nuestra tarea, verificamos un conjunto de transformaciones en las percepciones y
subjetividades de nuestros entrevistados como impacto directo de la cambiante
realidad social y política argentina; más aún si consideramos que se trata de mujeres y
varones para quienes la política y lo político ha ocupado y, en muchos casos, sigue
ocupando un lugar significativo7.
El proceso que significa llegar, finalmente, a la situación de entrevista donde las partes
establecen un tipo de relación que habilite la transmisión, la escucha y el diálogo da
lugar a otras cuestiones que nos trascienden y que ocurren por afuera de nuestro lugar
3
de “investigadores/entrevistadores”. Vayamos al punto. En primer lugar debemos
recordar que estamos entrevistando a personas que en algunos casos formaron parte
de una misma organización, que además habitaban un mismo territorio (una ciudad,
una región, un barrio) pero que hoy (en su mayoría) están dispersos política y/o
territorialmente8. En este sentido vamos al encuentro de personas que en algún
momento formaron parte de un colectivo y al cual estamos proponiendo que retornen,
invitándolos (esta vez mediatizados por la palabra) a que se vuelvan a inscribir allí
estructurando algún tipo de relato9. En muchos casos constituyen voces que,
actualmente, se encuentran dispersas en un territorio mas amplio que el original ¿En
qué sentido estamos afirmando que se trata de voces dispersas? Porque en la
mayoría de los casos han pertenecido a organizaciones políticas y sindicales que ya
no existen, o que han mutado profundamente, por lo tanto, estamos frente a actores
que provienen de experiencias compartidas pero que hoy no tienen un presente
organizacional que los articule o aglutine. Es decir una estructura básica donde sus
biografías tengan un presente en común o sus identidades una trama colectiva donde
desplegarse. Pero también la dispersión a la que estamos haciendo referencia partió
del “divorcio” que algunos entrevistados habían producido con su propio pasado que
devino, en algunos casos, en la revisión del tipo de militancia que llevaron adelante en
los ’60 y ‘70, así como de la crítica a las organizaciones a las que habían pertenecido.
Primerizos y avezados. Una situación específica está planteada por el hecho de que
nuestro campo de investigación ha sido transitado, no solamente por historiadores
orales, sino desde un conjunto diverso de aproximaciones. Ello supone que no es
infrecuente encontrarnos con personas que han sido entrevistadas una y otra vez; por
tanto el interrogante sobre si podemos establecer algunos patrones entre quienes
habitualmente conceden entrevistas y quienes son entrevistados por primera vez
surge inmediatamente.
El ser reiteradamente entrevistados ¿guarda una relación directa con el lugar que
ocuparon en la estructura de sus organizaciones, según hayan sido dirigentes o
cuadros con cierto nivel de proyección y reconocimiento?, ¿existe una relación con la
continuidad en la militancia?, ¿o bien adquirieron relevancia en la militancia posterior?,
¿existen diferencias substanciales con quienes fueron y continúan siendo militantes de
base o con quienes abandonaron la militancia?.
Tomemos el caso de militantes que han sido entrevistados una y otra vez. “XX siempre
dice lo mismo” advirtió una integrante muy joven de nuestro equipo de investigación 10
4
refiriéndose a un activo militante de los años ’60 y 70 y que aún conserva parte de esa
reputación entre un sector del activismo de Rosario. Es que en reiteradas ocasiones
los que hacemos historia oral sobre ese periodo recurrimos en primer lugar a quienes
han sido figuras significativas, dirigentes sindicales de sindicatos combativos,
miembros de las conducciones de organizaciones armadas, partidos de izquierda o
activistas de derechos humanos, en suma, personajes de primera línea en sus
respectivos ámbitos de militancia. Y esos testimonios han sido requeridos
insistentemente.
Si bien todos/as tenemos una narrativa formal sobre nosotros/as mismos/as, en los y
las militantes que han ocupado cargos dirigenciales encontramos mayor tendencia a
reproducir una “historia oficial”; que resulta en una historia que se torna repetitiva. En
un trabajo anterior11 apuntábamos que con frecuencia esos relatos están absorbidos
por la totalidad de las líneas de los acontecimientos de los cuales se "sienten parte" o
formaron parte y asumen las cadencias y las formulaciones de una épica. La narración
de sus experiencias no puede escindirse de la construcción de un mito sobre sí
mismos, mito alimentado fuertemente a su vez en su(s) grupo(s) de referencia. Es muy
difícil que estas figuras “mitológicas” salgan del relato circunscripto, convirtiéndose la
entrevista en una larga y detallada descripción que evidencia el intento de ejercer un
“monopolio” sobre ciertos hechos del pasado a los que vuelven reiteradamente. Esta
asunción de un rol de actores centrales abona en la construcción de una especie de
"historia oficial" que repiten monolíticamente sin dejar espacio para las fisuras o las
filtraciones12. Consignemos aquí que en estos casos se trata no de entrevistados
"desprevenidos", sino de militantes políticos con experiencia, que comprenden el valor
de las entrevistas y el papel que juega el/la historiador/a, por tanto la relación que se
construye entre ambos está fuertemente mediada por la preocupación del entrevistado
por “dejar su(s) huella(s)” en su paso por la historia y fijar el sentido de la
interpretación. Posteriores experiencias nos advierten sobre otra situación: la de
aquellos que se han proyectado como figuras relevantes con posterioridad a los
acontecimientos que narran una y otra vez. No hay, en estos casos una relación
directa entre protagonismo pasado y presente. También registramos el empeño
voluntario de algunos militantes que se han dado a si mismos la misión de hacer
visibles algunas experiencias mucho menos conocidas y de difundir una narrativa en
torno a ellas por medio de diversos “emprendimientos” 13, producciones escritas o
charlas en fechas conmemorativas, intentando así que “no se pierdan” y a su vez con
un explícito propósito político-pedagógico para los tiempos presentes.
5
Si bien es cierto que la primera intención en general estuvo puesta en el testimonio de
figuras más o menos representativas, al poco andar ello se reveló insuficiente. Los
testimonios de militantes de segundas y terceras líneas, de base, incluso de aquellos
que han circulado por diversas organizaciones, apuntan en otras direcciones, son
menos homogéneos, presentan un cúmulo de contradicciones y también temas,
problemas y preocupaciones distintas y, por momentos resultan mas iluminadores de
otros aspectos de sus vidas militantes. Estos testimonios suelen revelar menos sobre
tácticas y estrategias de las organizaciones de las que formaron parte; la contracara
de esta situación es que con frecuencia presentan menos dificultades para abrirse
hacia aspectos “más humanos”, asimismo se trata de relatos menos autocentrados, en
los cuales percibimos una preocupación importante por inscribirlos en un proceso de
carácter colectivo y menos individual.
En un sentido similar, el sobredimensionamiento de lo personal es aún menos visible
en los relatos de mujeres militantes y esto admite claramente una lectura de género.
Nuestra investigación está atravesada por la intención de explorar el modo en que las
militantes reconstruyen su pasado y las imágenes que generan acerca de su propia
historia ya que asumimos que un análisis que no introduzca esta perspectiva quedará
siempre en deuda con una parte de los sujetos de la historia que queremos construir a
partir de ellos (además de tomar una parcialidad de la realidad social que se intenta
explicar). Por ello, es necesario revisar algunos interrogantes que se presentan ante
los testimonios de mujeres. Partimos del supuesto según el cual en la conformación de
las experiencias narradas en las entrevistas, confluyen tanto el género como la
ubicación socioeconómica y la generación, además de los innumerables factores
individuales que constituyen la personalidad de un sujeto. El modo en que nuestras y
nuestros testimoniantes viven su militancia, la pareja, la maternidad y la paternidad es
también el resultado de su inserción en circunstancias y momentos históricos
determinados. El género tanto como la situación económico-social, debe ser
vislumbrado como constituyente central de las múltiples aristas que arman las
experiencias humanas y, al hacerlo las van conformando según el momento en que
ocurren.14 De todos modos, las experiencias de las mujeres tienen una historia propia,
que aunque no es independiente de la de los varones, debe ser valorada como una
historia propia. Basta reflexionar sobre el modo en que la mayoría ingresa a la
militancia, los muchas veces conflictivos vínculos con la familia y la pareja, los
obstáculos para el acceso a roles dirigentes, etc. Para centrarnos especialmente en la
entrevista y el texto que produce atendemos la perspectiva según la cual narrar desde
6
el propio género también aporta a los relatos orales una suposición socializada de
cómo deberíamos comportarnos.
Existen aspectos emocionales que no suelen estar incluidos en los testimonios, y que
cuando aparecen (o cuando los historiadores orales tenemos la habilidad de “hacer
aparecer”) resignifican el relato y le otorgan un valor que potencia sustancialmente su
riqueza narrativa, pero también la significación histórica y social de los procesos que
intentamos explicar15. Si trabajar a partir de testimonios recabados en entrevistas nos
permite, desde lo formal, rescatar de la riqueza de los relatos los elementos del
lenguaje que no están contenidos en el segmento de la escritura (volumen, puntuación
y ritmo como portadores de significado 16, la velocidad del habla, los cambios durante
la entrevista y los silencios) y que nos informan sobre las experiencias, memorias y
sentimientos de las/os narradores, esto se torna más significativo en el caso de las
experiencias de mujeres. La aproximación a las mujeres militantes a partir de la
oralidad y desde una perspectiva de género, es una tarea que recién está
comenzando a desarrollarse y en la medida en que aquellas no pueden disociarse de
los procesos históricos mas generales, nos desafían a una construcción compleja que
incorpore necesariamente dispositivos comprensivos y dimensiones específicas que
exceden a las tradicionalmente usadas por las y los historiadores. Y si no somos
capaces de escuchar, leer e incorporar a nuestros análisis estas nuevas esferas, nos
arriesgamos a destruir nuestras propias fuentes; en suma, a no hacer una buena
historia.
Así detectamos que los relatos sobre la participación de mujeres en política,
especialmente en las organizaciones armadas, ha sido silenciada en parte porque
quienes construyeron esas historias son los cuadros dirigentes, y es sabido que en los
lugares de mayor resolutividad la presencia femenina era escasa o nula. Además las
propias mujeres minimizan su participación política, en virtud de considerar que su
militancia no fue significativa; lo primero que suelen decir es “en realidad, yo no
militaba, militaba mi compañero”, o “mi militancia no fue tan importante”, “es mi
compañero (o ex) quien te puede decir”. Por eso es primordial recordar que estamos
hablando de militantes de base, mujeres de distintas extracciones y experiencias
políticas y personales pero sin cargos de responsabilidad directiva. Estas entrevistas
presentaron una serie de dificultades; la primera de ellas fue vencer, en algunas
ocasiones, una resistencia inicial a hablar, lo que supuso que la entrevista no pudiera
ser grabada y solo pudiéramos acudir a un conjunto de notas sobre la conversación.
En los casos de aquellas que decidieron contarnos sus historias, sus relatos
7
comparten parecidas connotaciones a las de los militantes de base: a la vez que
relevan otros aspectos de los mapas del pasado, el retrato de lo cotidiano está mucho
menos impregnado de consideraciones políticas generales y si bien lo político está
presente, aparece con una carga mucho menor17. Señalemos que nos hemos
encontrado con situaciones donde el estereotipo no parece cumplirse; en general se
trata de mujeres que entraron por si mismas a una militancia ya política, ya sindical, ya
en el movimiento de derechos humanos y que tienen actualmente un fuerte
protagonismo18. En este punto nos resulta imprescindible señalar que es notable la
cantidad de mujeres que han podido rescatar la importancia de su propia militancia en
o a partir de la experiencia de la entrevista, del intercambio que esta produce y que se
constituye en un nuevo tipo de reflexión sobre la propia actividad 19.
La entrevista es siempre el resultado de una interacción entre entrevistada/o y
entrevistador/a. Es frecuente la observación acerca de que la calidad de las
entrevistas depende en gran medida de la relación que se establece con las/os
entrevistadas/os. Sobre esta relación, intensamente explorada por historiadores
orales, sociólogos y antropólogos sociales, mucho se ha insistido en términos tales
como posiciones de sujeto, jerarquía, desigualdad, luchas por el sentido, empatía o
diferencias varias (de género, de edad, de capital cultural, de ideología etc.) entre
otros tópicos; no obstante lo cual cada situación investigativa requiere de
especificaciones particulares, ya que en algún sentido se trata de una situación única,
que condensa el valor de lo particular y lo general.
La práctica de la historia oral comporta una dimensión personal, subjetiva, afectiva,
que se despliega en el trabajo de campo y que puede suponer un intercambio
constante y un constante movimiento de roles entre las/os sujetos involucrados en él,
que lo diferencian cualitativamente del trabajo de archivo20.
No es una novedad por tanto plantear que la relación entre el/la historiador/a y sus
entrevistadas/os con frecuencia está además cargada de tensiones 21, que remiten a
distintos planos. Permítasenos volver a nuestra experiencia, para señalar dos
actitudes reiteradas en la relación que se entabla: la desconfianza y la asignación de
roles. Supuestamente, quienes aceptan realizar una entrevista están dispuestos a
“hablar de todo”, sin embargo –y sin considerar aquí los olvidos involuntarios- nos
encontramos con quienes retacean aspectos importantes de su propia historia o,
incluso, el acceso a algún tipo de material documental, porque pretenden escribir la/su
historia –descubriendo un implícito que indica que los únicos que pueden entender y
escribir lo que pasó son ellos mismos-; mientras por otro lado encontramos a los que
8
deciden ubicarnos en un determinado lugar, por ejemplo el de “sus“ historiadores, esto
es los que quieren que escribamos no sólo "su" versión de la historia sino, más aún,
su(s) biografía(s). Aquí, las preguntas del entrevistador que apuntan a precisar algunos
hechos son recibidas con una cierta hostilidad porque “desvían” el relato de su cauce,
entablándose un conflicto –en general, silencioso- por el curso de la entrevista pero
también por la interpretación de esos hechos.
Como se trata de mujeres y varones que han pasado por situaciones traumáticas
como la cárcel, la persecución, el exilio, que han sufrido en sus cuerpos la tortura o
han sido testigos de la desaparición de compañeros/as, tuvimos especial cuidado en el
modo de abordar el tratamiento de esas experiencias. En las situaciones en que la
propuesta de poner en palabra un período tan fuerte para sus vidas implicaba también
“pasar” por esas experiencias traumáticas que han signado nuestro pasado reciente,
nos encontramos con frecuentes solicitudes de apagar el grabador (o haciéndolo sin
que mediara el pedido), acompañar los silencios o el llanto que se producían; aunque
en algunos casos esto implicaba la finalización del encuentro y la imposibilidad
concreta de volver a entrevistarlos, en otros esta situación pudo ser superada
retomándose el curso de la entrevista. Vaya como aclaración que nuestras propias
franjas etáreas se convirtieron tanto en facilitadoras como obstaculizadoras 22. Lo
primero, porque no podía producirse ninguna asociación directa con las
organizaciones del pasado pero a la vez se deslizaba la sospecha que nuestra
comprensión estaba limitada por no “haber vivido” esos acontecimientos23. Finalmente,
señalamos que en los últimos años de nuestra investigación no se nos presentaron
casos que nos remitieran a una negativa a ser entrevistadas/os. Esta situación es
inédita, y contrasta fuertemente con los momentos iniciales, donde las resistencias a
vencer fueron múltiples.
Nuestra propuesta transitó el camino de la reflexión en relación a las implicancias que
para nosotras/os cientistas sociales tiene la práctica de la historia oral en un campo de
trabajo específico, el de las y los militantes de los años 60 y 70. Así intentamos poner
en debate tanto situaciones y problemas como argumentos y perspectivas elaborados
a partir de nuestra experiencia de investigación, centrándonos en la situación de
entrevista. Teniendo presente la advertencia de Alessandro Portelli 24, según la cual
quienes trabajamos con fuentes orales debemos trabajar el triple: salir al campo con el
grabador al hombro, caminar para llegar a nuestros/as testimoniantes, pasar por la
situación de la entrevista y luego procesarla. Es decir nos hemos detenido en el punto
preciso donde nuestro trabajo está comenzando.
9
10
1
NOTAS:
En sucesivos proyectos de investigación y con distintos énfasis hemos involucrado un complejo universo: el de
las/los militantes políticos, sociales y sindicales en el Gran Rosario, cuyas prácticas se expresaron en distintos
planos en un período amplio que se extiende entre mediados del siglo pasado y la actualidad, con el propósito
de recuperar la trama sociopolítica del espacio local urbano desde las voces y los recuerdos de mujeres y
varones específicos, a través de entrevistas en profundidad y de historias de vida. Las principales líneas
apuntan a analizar la construcción y desarrollo de diversas culturas políticas a través de las experiencias de
distintas generaciones de militantes y las perspectivas político-ideológicas que desplegaron y despliegan;
aclaremos que nos hemos abocado exclusivamente al estudio de grupos y organizaciones de izquierda marxista
y peronista.
2
Esta idea está presente en Alessandro Portelli, "Memoria y resistencia. Una historia (y celebración) del Circolo
Gianni Bosio", en Taller. Revista de Sociedad, Cultura y Política, vol. 4, Nº 10. Buenos Aires, julio de 1999.
3
Entre otros Philippe Joutard. Esas voces que nos llegan del pasado. Buenos Aires, Fondo de Cultura
Económica, 1999, [pág. 249].
4
En nuestro caso esta instancia no fue menor ya que nos permitió implicarnos en una red de relaciones que
fueron configurando una secuencia de entrevistas (que supusieron un tiempo cronológico y espacios donde
fueron llevadas a cabo), así como también explorar el campo temático y reajustar preguntas (de las indiciales a
las más profundas y complejas).
5
Mas de cuarenta entrevistas en profundidad (en algunos casos con repregunta posterior) y tres historias de
vida constituyen el acervo del equipo de investigación en la actualidad. La selección de los/las entrevistados/as,
en su mayoría militantes de distintas organizaciones de la izquierda marxista y peronista en los años '60/'70,
consideró los siguientes segmentos: mujeres y varones; distintos grupos generacionales; obreros, sindicalistas,
estudiantes, profesionales y militantes sociales; militantes de base y dirigentes con distintos niveles de
relevancia a nivel regional; quienes participaron de la lucha armada y quienes no participaron.
6
Al respecto ver Alessandro Portelli, "'El tiempo de mi vida': Las funciones del tiempo en la historia oral", en
Jorge Aceves Lozano (comp.), Historia Oral, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, México,
1993.
7
En este sentido, el “presente” se colaba por todas partes, ya sea que remitiera a críticas o adhesiones con
respecto al momento histórico (los ’90 y el menemismo luego los acontecimientos del 2001 y los procesos
abiertos a posteriori, el kirchnerismo etc.), a las conducciones actuales de los sindicatos a las que alguna vez
habían pertenecido (como el caso de los entrevistados que pertenecen a gremios docentes). Al respecto ver
Guillermo Ríos, Identidad y protesta docente. El caso del Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario
(1971/76). Tesis de Maestría, Santa Fe, 2005.
8
Para nosotros esto significó un desplazamiento, un viaje a otras ciudades para encontrarnos con esas voces
que estaban dispersas.
9
En el marco de nuestra investigación se produjeron situaciones que nos llamaron poderosamente la atención
ya que las entrevistas provocaron encuentros también entre los entrevistados, así como llamados telefónicos
destinados a destacar el hecho de que “alguien de afuera” se dedicara a relevar “esa parte de sus historias”,
cuestión que ellos “nunca habían podido hacer” pero que en muchos casos constituye un propósito siempre
presente.
10
La pertinente observación se produjo con posterioridad a la lectura de dos entrevistas realizadas por distintos
miembros del equipo y otra editada en un libro sobre el periodo.
11
Ver Gabriela Aguila y Cristina Viano “Sobre la historia oral y el pasado reciente. Algunas reflexiones a partir
de una experiencia de trabajo” en CD Historia y memoria. Perspectivas para el abordaje de la historia reciente.
La Plata, 2003.
12
En el campo de la izquierda peronista cuando se interroga sobre las relaciones con Perón esto se advierte
con mucha claridad, el planteo de uno de los fundadores de la JP repetido una y otra vez respecto de que
“nunca tuvimos diferencias con Perón” puede ser ilustrativo al respecto.
13
Al respecto puede consultarse Débora Cerio “El sindicalismo antiburocrático en un cruce de miradas.
Experiencia y memoria de los trabajadores de Petroquímica Argentina Sociedad Anónima”. Ponencia
presentada en 3eras Jornadas de Trabajo sobre Historia Reciente, Universidad Nacional de La Plata, La Plata,
Octubre de 2005.
14
En ese recorrido, no hay que perder de vista que el género, la clase social, y la generación son abstracciones
que permiten aislar y clasificar diversos aspectos de la vida humana para el análisis. Ver Gabriela Cano y
Verena Radkau; “Libertad condicionada o tres maneras de ser mujer en tiempos de cambio (1920-1940)”. En
Secuencia, Nº 13, enero-abril de 1989.
15
Jo Stanley. “Incluir los sentimientos: darse a conocer a uno mismo a través del testimonio político personal”.
En Taller. Revista de Sociedad, Cultura y Política, Vol. 6, Nº 18. Buenos Aires, abril de 2002.
16
Alessandro Portelli, “Lo que hace diferente a la historia oral”, en Dora Schwarzstein, (Comp) La historia oral.
CEAL, Buenos Aires, 1991.
17
Muy lejos de realizar una generalización al respecto, en aquellas que mostraron menos disposición tal vez
haya que considerar como un elemento común el hecho de que todas tenían compañeros que militaban en la
misma vertiente y que ninguna de ellas continuó militando, después de haber pasado por la cárcel o por
situaciones de exilio interno ("el exilio de los pobres", como valoraba una entrevistada) o externo durante la
última dictadura militar.
18
Al respecto ver Cristina Viano “Trabajadora, militante y Madre: una historia de vida” Ponencia presentada a X
Jornadas Interescuelas de Historia de las Universidades Nacionales, Rosario, 2005.
19
Este aspecto ha sido desarrollado por Laura Pasquali en “Mujeres y militantes. Un acercamiento a las
organizaciones armadas revolucionarias desde la historia oral” en Zona Franca, Centro de Estudios
Interdisciplinarios sobre las mujeres. Año Xlll, Nº 14, Rosario, Mayo de 2005.
20
Algunos de estos problemas han sido recorridos en Aguila Gabriela y Cristina Viano “Las voces del conflicto:
en defensa de la historia oral” en Cristina Godoy (editora) Historiografía y Memoria Colectiva. Tiempos y
Territorios, Miño y Dávila, Buenos Aires, 2002.
21
Alessandro Portelli “Lo que hace diferente a la historia oral”, en Dora Schwarzstein, La Historia Oral, op.cit.
22
Consignemos que otra situación la comporta aquellas entrevistas muy pobres, que en líneas generales están
afectadas tanto por un vínculo que no logra articularse como por el escaso compromiso con la situación de
entrevista.
23
Según esto, también puede interferir en el resultado la situación del encuentro la posición de sujeto del
entrevistador: mujer o varón, estudiante, graduado reciente o historiador experimentado, reconocimiento en el
ámbito, etc.
24
Alessandro Portelli, “El uso de la entrevista en la historia oral”. Anuario Nº 20. Historia, memoria y pasado
reciente. Homo Sapiens Ediciones/ Escuela de Historia. UNR. Rosario 2005.