Las hadas de Cottingley
Las Hadas de Cottingley son una serie de cinco fotografías tomadas por Elsie Wright y
Frances Griffith, dos jóvenes primas que vivían en Cottingley, cerca deBradford (Inglaterra).
Estas imágenes representaban a las dos realizando actividades con supuestas hadas. En julio
de 1917, cuando se tomaron las dos primeras fotos, Elsie contaba con 16 años y Frances, 10.
En 1981 las dos mujeres admitieron haber falsificado todas las fotografías excepto una, pero
insistieron en que realmente habían visto las hadas.
La quinta y última de las fotografías de las hadas se considera a menudo la más sorprendente.
Conan Doyle incluyó en su libro La llegada de las Hadas una detallada descripción de la
imagen:
Sentada en el lado superior izquierdo con las alas desplegadas hay un hada descubierta aparentemente
considerando si es hora de levantarse. Una madrugadora de mayor edad se ve a la derecha dotada de
un pelo abundante y una alas magníficas. Su cuerpo ligeramente denso se puede alcanzar a ver dentro
de su traje de hada.
En 1981, en una entrevista realizada por Joe Cooper para la revista The Unexplained,1 las
primas declararon que las fotografías eran falsas; habían sujetado recortes con alfileres de
sombrero. Frances, sin embargo, siguió manteniendo hasta su muerte, en julio de 1986, que
habían visto hadas y que la quinta fotografía, que mostraba a las hadas tomando el sol, era
verdadera.2
En una entrevista televisiva realizada en 1982, Elsie Wright declaró que habían estado
demasiado avergonzadas para admitir la verdad después de engañar al autor de Sherlock
Holmes.
Dos chicas pueblerinas y un hombre brillante como Conan Doyle, bueno, sólo podíamos mantenerlo en
secreto.
En la misma entrevista declararon:
Nunca pensé que fuera un fraude -sólo eramos Elsie y yo divirtiéndonos un poco y al día de hoy no
puedo entender cómo les pudimos engañar – querían que les engañáramos.
En 1922, Doyle publicó "La llegada de las hadas" donde recogía la investigación relativa a las
hadas y a otros seres sobrenaturales. El escritor sostenía: "no intentaré afirmar que la prueba
sea tan arrolladora como en el caso de los fenómenos espiritualistas... pero entran en el
contexto de la Parapsicología y, aunque trataremos de encontrar más pruebas, las que ya
existen bastan para demostrar esta verdad: la gente menuda existe". Su credulidad era tal que
llegó a declarar que un brillo que aparecía en una de las fotos era un baño magnético o de sol
creado por las hadas, entre cuyas habilidades se encontraba la de restablecer "la vitalidad y el
vigor".
Arthur Conan Doyle creía que había un mundo, separado del nuestro "no por
océanos", sino por "una pequeña diferencia de vibración", poblado por hadas,
duendes y gnomos. Lo habían descubierto dos niñas en un bosque del norte de
Inglaterra en el verano de 1917, contó en el número de Navidad de 1920 de "The
Strand Magazine". Las muchachas habían fotografiado a "la gente pequeña que
parecen ser nuestros vecinos", y el novelista presentaba dos de las imágenes en la
revista literaria, cuya tirada de medio millón de ejemplares se agotó en pocos días.
En una foto se veía a Elsie Wright, de 16 años, sentada en la hierba con un gnomo
saltarín al lado; en la otra, a su prima Frances Griffiths, de 10 años, con cuatro
pequeñas hadas aladas bailando sobre un arbusto. Para preservar su anonimato, las
niñas se identificaban como Iris y Alice.
El padre de Sherlock Holmes estaba en las antípodas de su hijo de ficción. Frente al
detective guiado por la racionalidad y el método científico, era un crédulo de tomo y
lomo, y fue un devoto espiritista hasta su muerte en 1930. La creencia en los
médiums nació en 1848 en un pueblo del estado de Nueva York (EE UU) después
de que dos niñas simularon comunicarse con los muertos para gastar a su madre una
broma el 1 de abril (Día de los Inocentes anglosajón). El fenómeno se expandió
rápidamente y, para cuando nació Doyle en Edimburgo en 1859, había decenas de
miles de pícaros en América y Europa llenándose los bolsillos a costa de padres que
habían perdido a sus hijos en un mundo castigado por una altísima mortalidad
infantil.
En julio de 1887, cuatro meses antes de ver la luz 'Estudio en escarlata' –la primera
aventura de Sherlock Holmes–, el escritor decía en la revista espiritista "Light" que,
después de asistir a una sesión mediúmnica, estaba "absolutamente seguro de que la
inteligencia puede existir al margen del cuerpo". Doyle participó a lo largo de su
vida en incontables sesiones espiritistas, estudió fenómenos extraños para la
Sociedad para la Investigación Psíquica, fue vicepresidente de la Sociedad para el
Estudio de las Fotografías Sobrenaturales y en 1907, tras matar la tuberculosis a su
esposa, se casó con la médium Jean Leckie. Pero mantuvo su fe espiritista en un
segundo plano hasta la muerte, en un corto espacio de tiempo a partir de 1918, de su
hijo Kingsley, su hermano Inner, dos cuñados y dos sobrinos.
Charles Sturridge, director de la preciosa película "Un cuento de hadas" (1997), basada en esta
historia, explica la enorme repercusión que tuvieron las fotografías de Elsie y Frances
señalando que en las épocas en las que el mundo se entrega al horror y al caos de los conflictos
violentos, los seres humanos, de forma natural, buscan motivos para tener otra visión de la vida
mas alegre y esperanzada. 1917 fue un año muy amargo por las secuelas de la Primera Guerra
Mundial, una época de matanzas inconscientes que parecía no tener fin. Sturridge sostiene que
"como se ha podido observar la gente siempre se ha interesado en la magia y ese interés crece
en las épocas más negras de la historia".