Bunker Diseños S.A. c. IBM Argentina S.A.
Hechos: Una sociedad dedicada a fabricar muebles interpone demanda por daños
y perjuicios ante la ruptura intempestiva de tratativas por parte de una empresa
que por medio de correos electrónicos había confirmado un pedido que luego se
negó a pagar.
Primera instancia: Admitió parcialmente la demanda promovida, cuyo objeto
mediato era obtener el pago de los trabajos realizados, más una indemnización
por daños materiales y morales. La resolución condenó a IBM a pagarle a la
actora $14.000 en concepto de daño material con más sus intereses, rechazando
el daño moral.
La jueza tuvo por probado que constituía una costumbre entre las partes formular
los pedidos de forma verbal, previo envió de notas de pedido, con la seguridad de
que serian volcados en notas, aceptados y pagados. A su vez, les asignó a los
correos electrónicos adjuntos suficiente aptitud probatoria de las tratativas que
existieron entre las partes.
“Pese a que no medió incumplimiento contractual, si se rompieron las tratativas
después de confirmada la fabricación por medio de correos electrónicos,
configurándose un supuesto de responsabilidad precontractual.”
Consideró que el resarcimiento estaba conformado por lo que debió desembolsar
el actor para fabricarlos, y fijó la indemnización tomando como base el costo neto,
detrayéndolo en un 20% al valor unitario.
Agravios: La demandada cuestionó la atribución de responsabilidad de la primera
instancia, entendiendo que se basó en una errónea interpretación de sus
manifestaciones al contestar el traslado de prueba. Sostiene que debió acreditarse
la relación de causalidad entre el daño alegado y un hecho que le fuera imputable,
lo que no sucedió.
Negó expresamente la emisión y recepción de los correos electrónicos adjuntos,
atribuidos a su empleado. También, criticó que se hubiera tenido por acreditada la
existencia del daño y la forma en que se determinó su cuantía. “El calculo
realizado es arbitrario e injusto.”
Cámara: La presentación de la demandada no contiene critica concreta y objetiva,
que demuestre el error de la sentencia apelada.
Sobre los correos electrónicos, a partir de la vigencia de la ley 25.506 los
documentos con firma digital son equiparables en su valor probatorio a los
instrumentos privados, y su autoría e integridad del mensaje se presume,
correspondiendo a la otra parte destruir tales presunciones. Cuando en este caso
se trata de documentos sin firma digital (No puede otorgarse valor de convicción;
carecen del elemento de autenticación) no existe impedimento para que se los
ofrezca como medio de prueba, considerando el principio de prueba por escrito.
Jurisprudencia: “aunque por no estar firmados no alcancen la categoría de
documento privado es admisible su presentación en juicio para probar un contrato
siempre que emanen del adversario, hagan verosímil el hecho litigioso y que las
restantes pruebas corroboren su autenticidad.”
Es correcta la apreciación de primera instancia en cuanto existía una costumbre
de formular los trabajos en forma verbal. Se sustenta en que la demandada nunca
negó el carácter de empleado del emisor de los correos, quien envió los mismos
desde una casilla institucional. Tampoco desconoció la demandada otros
mensajes agregados por la actora, que revelan que era usual la modalidad de
tratativas contractuales. A su vez, el informe pericial dio cuenta de la existencia de
25 gabinetes metálicos en la planta de la actora.
Todos estos elementos permiten inferir que tuvo lugar una brusca ruptura de las
tratativas después de confirmada la fabricación por medio de correos electrónicos,
configurándose un supuesto de responsabilidad precontractual, por lo que
corresponde rechazar este agravio.
En cuanto al calculo de la indemnización, debe recordarse que este debe limitarse
a la reparación del daño al interés negativo en los casos de responsabilidad
precontractual. La señora juez fijó en $14.300 el resarcimiento por daño material.
Se considera que el valor y porcentaje resultan razonables.
Se resuelve desestimar el recurso de apelación de la demandada, confirmar la
sentencia apelada, e imponer costas a la apelante vencida.