,Fuego extraño: Servir al Señor en obediencia y santidad.
(Levítico 10:1-3)
Introducción:
Nadab y Abiú eran los dos hijos mayores Aarón. Ellos tuvieron el privilegio de subir
ante Jehová al Sinaí junto con su padre con Moisés y los setenta ancianos de Israel
(Éxodo 26:1-9).
Posteriormente fueron consagrados como sacerdotes (Éxodo 28:11 Levítico 8-9). De
ellos se esperaba una vida de santidad por cuanto se acercarían diariamente a ministrar
delante del Señor. Sin embargo, como veremos, estos hombres tuvieron en poco la
santidad del Altísimo y pagaron muy cara su irreverencia.
En el Antiguo Testamento, en el tabernáculo del desierto, era donde moraba la
presencia de Dios delante del pueblo, los sacerdotes tenían la función de interceder
ante Dios por sus hermanos delante del pueblo.
Y dentro de las funciones que Dios mando a los sacerdotes, además de ministrar y
enseñar al pueblo era la de quemar perfume o incienso el lugar santo, esto se hacía de
la siguiente manera, El sumo sacerdote tomaba en un pequeño incensario, el incienso
especial hecho con varios perfumes especiales para quemarlo delante de Dios, era una
ofrenda de olor fragante delante de Dios, el sumo sacerdote tomaba el incienso y el
fuego debía de ser tomado del Altar de bronce del atrio, el fuego no era un fuego
natural, el fuego era un fuego divino.
Ser sacerdotes ungidos para Dios es algo para tomarse muy en serio. Por un lado,
entramos en la presencia del Dios Santísimo. Por otro, lo representamos ante el mundo
a nuestro alrededor. No es cualquier cosa ser sacerdotes de Dios.
La presente historia es un claro recordatorio de que la adoración verdadera está
apegada a lo que está escrito en la Palabra de Dios. Es un llamado de atención para
tomar en cuenta que el Señor demanda de nosotros obediencia y santidad.
I- CONSAGRACIÓN Y SANTIDAD
La gloria de Jehová revelada por fuego era normalmente en la Escritura un símbolo
visible de la presencia y de las actividades misericordiosas del Señor a favor de su
pueblo.
Moisés la observó en la zarza ardiente, y los hijos de Israel en la columna de fuego que
los guiaba en el desierto.
En el día de Pentecostés, la presencia del Espíritu Santo se describe como lenguas de
fuego que se posaron sobre los apóstoles.
Aarón y sus hijos fueron consagrados como sacerdotes de Israel, los sacerdotes eran
mediadores entre Dios y su pueblo. Ellos eran los encargados de ministrar en el
tabernáculo. Presentaban diversas ofrendas y sacrificios a Jehová y presidían en
distintas ceremonias y ritos.
El sacerdocio estaba constituido por un sumo sacerdote y sacerdotes ayudantes. Ellos
tenían la responsabilidad de mantener su consagración y vivir en santidad delante de
Dios.
En los capítulos anteriores se había celebrado la consagración de Aarón y sus hijos
como sacerdotes (Levítico 8-9).
Ellos habían pasado siete días purificándose para servir. Después de ese lapso, Aarón
presentó diversos sacrificios, tanto a favor de ellos como del pueblo. Luego bendijeron
al pueblo y la gloria de Dios se hizo presente (Levítico 9:23). En esa ocasión, salió
fuego de delante de Jehová (9:24), y consumió el sacrificio.
El Señor había aprobado la ofrenda de sus siervos. De ahí en adelante, los sacerdotes
debían trabajar para mantener el fuego ardiendo todos los días.
Sólo con este fuego que representaba la presencia y santidad de Dios debían
ministrar.
La Escritura señala que todos los creyentes son linaje escogido, real sacerdocio, nación
santa (1 Pedro 2:9).
La consagración y la santidad constituyen una exigencia para todos los hijos de Dios,
pues todos tenemos la responsabilidad de servir al Señor (1 Pedro 1: 15, 16). Tal
servicio va de la mano con la santidad, y todo lo que hacemos ha de ser de acuerdo a lo
que Dios ha establecido en su Palabra, de esta forma tendremos su aprobación.
II. LA IRREVERENCIA DE LOS SACERDOTES
Él [Dios] envió su propio fuego como emblema de su presencia, y el medio para
consumir el sacrificio. Aquí encontramos a los hijos de Aarón teniendo en poco la
ordenanza divina, y ofreciendo incienso con fuego extraño, a saber, fuego común,
fuego no de origen celestial; y por lo tanto, el fuego de Dios los consumió
Pronto la alegría se convirtió en tragedia.
Cuán fácil le resulta al hombre desatender las normas divinas. Nadab y Abiú, tomaron
cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y
ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó (10:1).
¿En qué consistió su falta?
Para ofrecer incienso, los sacerdotes debían tomar carbones encendidos del altar de
bronce. Al parecer. Estos hombres tomaron fuego de otro lugar. Por eso se dice que
ofrecieron fuego extraño, que él nunca les mandó (10:1).
Es posible también que el incienso que ofrecieron no se había elaborado según las
órdenes divinas (Éxodo 30:34-38).
A la luz de la ordenanza de Levítico l0:8-10, es probable que se hubieran embriagado
antes de entrar al tabernáculo.
Fallaron terriblemente. Tanto en los elementos como en el procedimiento que
siguieron. Y salió fuego de delante de Jehová y los quemó, y murieron delante de
Jehová (10:2).
Dios no pasó por alto la irreverencia de estos sacerdotes. Antes había descendido
fuego sobre el sacrificio como muestra de la aprobación divina. Esta vez el fuego
venía a causa del juicio divino. Nadab y Abiú fueron fulminados al instante.
¿Por qué un castigo tan severo? Ministrar según la prescripción divina significaba
respetar a Dios honrar sus mandatos y reconocer su santidad.
Además, los hijos de Aarón recién habían sido investidos de su dignidad sacerdotal, se
les dieron instrucciones claras por lo que no podían acusar ignorancia.
Era necesario que desde el principio entendieran la seriedad de su investidura.
De esta manera, el Señor dejó la advertencia de que la rebeldía trae consecuencias
funestas.
Moisés le recuerda a su hermano lo que ya había dicho Jehová con respecto a los que
se allegan a él. El propósito permanente de todos los que se acercan al Señor para
servirle será siempre darle toda la gloria.
Los hijos de Aarón hicieron todo lo contrario: glorificaron su ego y su orgullo. Por lo
que Dios se manifestó a su pueblo, trayendo su justo juicio en contra de los rebeldes.
Ministrar en la casa de Dios no es un juego. Sin importar el área en la que sirvamos,
tenemos una gran responsabilidad de parte del Señor. Todo el que adora y sirve al
Señor. Debe honrar siempre su santidad: Como santo seré tratado por los que se
acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado (10:3 LBLA).
Esto es posible cuando lo hacemos de la forma correcta. Es decir. Tal como él lo ha
establecido en su Palabra. Debemos acercarnos a Dios según sus reglas.
CONCLUSIÓN
El presentar fuego extraño no es cuestión de equivocarse o de cometer un descuido es
un problema de Corazón, Nadab y Abiu, conocían a Dios, deseaban el privilegio de su
padre aún vivo, despreciaron la santidad de Jehová, y sobre pusieron sus intereses
sobre los de Dios.
El Corazón es lo que cuenta ante Dios, la Biblia menciona muchos ejemplos de fuego
extraño delante de Dios, el fuego extraño es un corazón con espíritu malo delante de
Dios, por ejemplo, Ananías y Safira dieron una ofrenda con engaño, ellos deseaban
obtener el privilegio de Bernabé, por medio de una ofrenda engañosa y fueron
muertos, Caín no recibió la respuesta esperada a su ofrenda porque tenía un corazón
malo para su hermano Abel, su ofrenda era motivada por competencia en lugar de
buscar el ser agradable a Dios.
Y hay errores que se presentaron en ignorancia en el lugar santo, que se cometieron
con un corazón bueno y una actitud correcta delante de Dios, Samuel de niño ofrecido
por su madre a Jehová, se duerme en el piso del lugar santísimo bajo la misma arca.
David pone el arca en el atrio de su casa y deja el tabernáculo abierto, y ninguno de
los dos murieron.
No es la forma, es el corazón, Dios perdona la ignorancia, pero castiga la actitud
soberbia y el corazón malo y rebelde.
Más sin embargo hay una enseñanza más profunda, ya no existe el tabernáculo ni el
templo de Jerusalén, el Arca ya no está en la tierra, el ultimo Sacrificio fue el de
Nuestro Señor Jesucristo, fue el último y definitivo.
La gloria y la presencia de Dios se manifiestan cuando hay un ambiente de obediencia
a las normas santas que él ha dejado en su Palabra para su pueblo. Los que sirven y
adoran al Señor deben buscar la gloria del que los llamó y no seguir su propia
voluntad. Honremos al Padre viviendo en obediencia y santidad.
Lo que Dios nos ha dado en su Palabra es suficiente para rendirle un culto aceptable.
No necesitamos ir en busca de fuego extraño para ministrar al Señor. Tenemos a Cristo
la presencia del Espíritu está con nosotros.
Contamos con la Palabra nuestra única regla de fe, conducta y adoración. Caminemos
en ella en obediencia y el fuego de la presencia de Dios estará siempre con nosotros.
Por lo tanto no debemos dar:
Énfasis en adoración sin énfasis en "Santificación".
Énfasis en "mi experiencia" y no en "Su Palabra".
Énfasis en el hombre y no en Jesús.