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Libro del Eclesiast�s - Wikipedia, la enciclopedia libre
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Libro del Eclesiast�s
Torah.jpg
Textos sagrados hebreos en su forma tradicional de rollos.
G�nero Literatura sapiencial Ver y modificar los datos en Wikidata
Idioma Hebreo Ver y modificar los datos en Wikidata
T�tulo original ??????? (hebreo)
Texto en espa�ol Eclesiast�s en Wikisource
Contenido
Ecclesiastes 12
Ecclesiastes 2
Ecclesiastes 1
Ecclesiastes 7
Ecclesiastes 8
Ecclesiastes 4
Ecclesiastes 6
Ecclesiastes 3
Ecclesiastes 5
Ecclesiastes 9
Ecclesiastes 10
Ecclesiastes 11
Libros sapienciales
Proverbios
Libro del Eclesiast�s
Cantar de los Cantares
[editar datos en Wikidata]
El Libro del Eclesiast�s (griego ?????s?ast??, Ekklesiast�s, hebreo ???????,
Qoh�leth, "eclesiasta", "asamble�sta" o "congregacionista"), a veces conocido como
el "Libro del Predicador", es un libro del Antiguo Testamento de la Biblia, y
tambi�n del Tanaj, perteneciente al grupo de los denominados Libros Sapienciales, o
de ense�anzas. En el Tanaj jud�o se ubica entre los Ketuvim (o los "escritos"). En
el ordenamiento de la Biblia, el Eclesiast�s sigue a los Proverbios y precede al
Cantar de los Cantares, mientras que en el Tanaj se encuentra entre estos dos
mismos libros, pero en orden inverso: le antecede el Cantar de los Cantares, y le
sucede el de Proverbios.
No debe confundirse con el Libro del Eclesi�stico, el cual es otro libro
sapiencial, de nombre similar, que forma parte del Antiguo Testamento del Canon
Amplio Oriental y Occidental, sustento de las Biblias propias de las iglesias
cristianas ortodoxas, orientales, y de la cat�lica.
Una de las caracter�sticas m�s llamativas de Eclesiast�s es que el libro tiene
referencias claras al ciclo del agua y las condiciones clim�ticas, un conocimiento
que no exist�a en ese momento.[1]?[2]?[3]?
Datos generales[editar]
Nombre del libro[editar]
El narrador se llama a s� mismo Qoh�leth (???????) que significa literalmente "el
hombre de la asamblea" o "el representante de la asamblea", el vocero, un tribuno
de la asamblea del pueblo, que cansado de las ideas dominantes, se decide a tomar
la palabra.[4]?
En el Tanaj ???????? (Qoh�leth) es el nombre que se da al libro. La Septuaginta
griega lo traduce como ?????s?ast?? (Ekklesiast�s), que significa �miembro de la
congregaci�n" o de la asamblea (eccles�a), y de ese t�tulo se deriva el t�tulo
espa�ol Eclesiast�s. Qoh�leth ha sido traducido a partir de Lutero como "el
predicador" (Der Prediger) o mejor a�n "el orador -(persona que expone un tema ante
una audiencia)". Sin embargo, una traducci�n m�s aproximada de Qoh�leth es "el
congregador", lo que tambi�n se aplica mejor a Salom�n e indicar�a con qu�
prop�sito escribi� el autor el libro.
Autor y dataci�n[editar]
Vanidad de vanidades, y todo tipo de vanidad. �leo que representa al rey Salom�n ya
anciano y meditabundo (Isaak Asknaziy, Rusia, siglo XIX).
Eclesiast�s es un libro postex�lico,[5]? cuyo autor se llama a s� mismo "hijo de
David" y "rey en Jerusal�n" (Eclesiastes 1:1), atribuido tradicionalmente, al igual
que el Libro de Proverbios, al rey Salom�n.
Actualmente su autor�a se considera un misterio. Varios c�rculos de eruditos niegan
la autor�a salom�nica. Comentan que se atribu�a a Salom�n cualquier obra de tema
filos�fico eminente de la que se desconoc�a el autor y que el estilo literario y el
uso de la lengua lo ubica en tiempo de los persas de Ciro.[6]? Otro argumento es
que el autor dice expl�citamente en Eclesiastes 1:12 que en el momento de escribir
el libro ya no era rey " fui rey en Jerusal�n". Sin embargo, quienes defienden la
autor�a salom�nica sostienen que esta �ltima idea presenta oposici�n hist�rica pues
Salom�n fue el hijo de David que lleg� al trono, y que su comentario "fui" puede
ser una figura ret�rica o po�tica.
Actualmente la mayor�a de los eruditos comentan que conocer la fecha y autor�a del
libro con certeza es imposible por falta de evidencias hist�ricas.[7]? El c�rculo
de comentaristas a favor de la autor�a salom�nica lo sit�an en su vejez,[8]? cuando
su filosof�a hab�a sido enriquecida por filosof�as for�neas. (1Reyes 10:23-24)
El primero en dudar de la autor�a salom�nica del Eclesiast�s fue Hugo Grocio, en
1644, quien encontr� que en el texto hebreo hay muchas palabras que solamente se
encuentran en Daniel y Esdras.[6]? En 1875, en su comentario al Cantar de los
Cantares y Eclesiast�s, Franz Delitzsch prob� que el hebreo de este �ltimo no
corresponde a la �poca de Salom�n y es posterior al exilio.[5]?
El autor parece un hombre incuestionablemente ilustrado. Qoh�let conoce lo que pasa
fuera de las fronteras de Israel, ha viajado y ha estado en profundo y prolongado
contacto con el helenismo. Aunque esto es claro, mucho m�s dif�cil resulta
establecer con cu�l de las tres grandes corrientes de pensamiento hel�nico comulga
o simpatiza: no se sabe si fue c�nico, epic�reo o estoico.
Tanto Siegfried[9]? como Podechard[10]? sostuvieron que el libro estar�a compuesto
por una base original a la que se han ido a�adiendo diversas partes. Ya el ep�logo,
por el modo en que menciona al autor, ser�a de redacci�n posterior. Otros refranes
que echan mano de cierta m�trica muestran quiz�s la intervenci�n de otro autor. Sin
embargo, los indicios no son suficientes todav�a como para afirmar con certeza la
diversidad de autores.
La lengua del escrito es ya fuertemente arameizante, con t�rminos que provienen del
lenguaje com�n de la calle o el mercado[6]? y con algunos pr�stamos del persa (como
pardes: jard�n, huerto, parque; medina: provincia, distrito, barrio),[11]? en tanto
que las reflexiones corresponden m�s bien a un fondo hel�nico.[12]?
Canonicidad[editar]
Estaba en el canon jud�o para el siglo I d. C. y aunque se elevaron dudas en ese
�mbito, el Concilio de Jamnia los disip�. Se han encontrado fragmentos del Qoh�let
en las cuevas de Qumram. En el ambiente cristiano, solo Teodoro de Mopsuestia opuso
o minimiz� la canonicidad del libro.
Contenidos[editar]
La estructura del Eclesiast�s se presenta como difusa, o formada por una serie de
35 apartados sin conexi�n. Pero la Biblia de Jerusal�n propone, a juicio de David
Gonzalo Maeso:
I Parte (1-6):
T�tulo y pr�logo sobre el hast�o.
Cuatro decepciones:
La gran vida, realizaci�n de Salom�n.
La condici�n mortal.
El individuo en la sociedad.
S�tira del dinero y la riqueza.
II Parte (7-12):
Pr�logo sobre la risa.
Otras cuatro decepciones:
Sanci�n en esta vida.
Insatisfacci�n del amor.
Caprichos de la fortuna.
La senectud.[13]?
El Eclesiast�s se pregunta c�mo afrontar la vida, ya que nada en ella es seguro
excepto la muerte. Tiene un tono marcadamente existencial. Reflexiona sobre la
fugacidad de los placeres, la incertidumbre que rodea al saber humano, la
recompensa de los esfuerzos y bienes de los hombres, la caducidad de todo lo humano
y las injusticias de la vida.
La incertidumbre de la existencia es el centro de las reflexiones de Koh�let. Nos
invita a disfrutar de la vida, pues nunca podemos estar ciertos de qu� nos deparar�
y tambi�n las alegr�as de este mundo son un don de Dios. Recomienda aceptar con
serenidad las desgracias y la adversidad, pues tambi�n ellas ser�n tan pasajeras
como lo es todo en la vida del hombre. La injusticia que con frecuencia domina lo
humano, el valor de la sabidur�a a pesar de sus inevitables l�mites, lo in�til de
todo af�n del ser humano que necesariamente concluye con la muerte, son algunos de
los temas intemporales sobre los que reflexiona. Resuena la voz de Koh�let en Ecle.
12, 8 seg�n la versi�n Reina Valera:
"Vanidad de vanidades", dijo el Predicador, "todo es vanidad"
La traducci�n del ingl�s en la NVI del mismo vers�culo:
"Meaningless! Meaningless!" says the Teacher. "Everything is meaningless"
"Sin sentido! Sin sentido!" dice el Maestro. "Nada tiene sentido"
El Eclesiast�s formula varios t�picos literarios universales del desenga�o: Edad de
oro o "Cualquiera tiempo pasado fue mejor", Vanitas vanitatum, Ubi sunt?, Nihil
novum sub sole... pero la conclusi�n principal tiene que ver con el conocido carpe
diem: disfruta del d�a, disfruta del momento, aprovecha lo que la vida te ofrece
para equilibrar el dolor. Quiz�s el mejor extracto de esta propuesta
existencialista se encuentre en Ecle. 9:
Anda, come con alegr�a tu pan y bebe de buen grado tu vino, que Dios est� ya
contento con tus obras. En toda saz�n sean tus ropas blancas y no falte ung�ento
sobre tu cabeza. Vive la vida con la mujer que amas, todo el espacio de tu vana
existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en
las fatigas con que te afanas bajo el sol. Cualquier cosa que est� a tu alcance el
hacerla, hazla seg�n tus fuerzas, porque no existir� obra ni razones ni ciencia ni
sabidur�a en el she'ol a donde te encaminas�
El profesor Antonio Bonora muestra con claridad que en el Eclesiast�s ense�a que la
vida humana est� abocada sin remedio a la muerte y a finitud, y, ya que el
conocimiento a�ade dolor, el pensamiento de la muerte ense�a a vivir sin temor la
propia condici�n de criatura, esto es, de ser finito y limitado; la aut�ntica culpa
existencial consiste en la no aceptaci�n de la finitud del ser, en la desesperaci�n
que surge por no poder llegar a ser como Dios, en amargarse la existencia en la
infinitud del miedo de morir. Cuando el hombre se reconoce y se acepta, frente a
Dios, como criatura finita y mortal, conquista la libertad de disfrutar de la vida
y de sus dones sensacionales.[14]?
Se se�ala a menudo la conexi�n del Eclesiast�s con el Libro de Job. La pregunta
�tica por la justicia, o la pregunta por el sentido del sufrimiento, que Job
plantea, tiene un contexto de creencias semejante. As�, al final del Libro de Job,
�ste, al depositar su confianza en Dios, alcanza una vida larga y pr�spera y mucha
descendencia, la m�xima expectativa de un ser humano.
Cr�ticas desde el cristianismo[editar]
El Eclesiast�s ha sufrido variadas cr�ticas, que dependen exclusivamente de citar
fuera de contexto y en forma aislada algunas de sus afirmaciones. As�, se lo ha
acusado de pesimista, esc�ptico y epic�reo.
Estos as� llamados "errores" desaparecen cuando se contempla a Koh�let en el marco
de la sociedad, la religi�n y la filosof�a de su �poca, ya que el libro se adapta
muy bien a la doctrina hebrea de aquel tiempo y a los principios �ticos y morales
del juda�smo sin contradecirlos en nada.
No es infrecuente que desde posturas cristianas se eche en falta en el Eclesiast�s
un sentido de la trascendencia de la vida m�s all� de la muerte. Lo cierto es que
el dogma cristiano de la inmortalidad del alma no forma parte de las creencias del
juda�smo originario, aunque s� hace referencia de la trascendencia espiritual en el
cap�tulo 12:7.
El Eclesiast�s es un cl�sico libro sapiencial cuya intenci�n parece marcada en
ense�ar a vivir y acompa�ar al hombre en los vaivenes de su vida. Cobra pleno
sentido que disfrutemos cuanto podamos de esta y no nos desesperemos cuando la
fortuna nos sea contraria. Todo pasar�. Hemos de mantener nuestra confianza en
Dios, no porque nos premie con la eternidad, sino porque �l es la �nica garant�a de
justicia y sentido que en vano buscaremos en el mundo humano.
Notas[editar]
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? Ubieta, Jos� �ngel (1967) "Eclesiast�s"; Biblia de Jerusal�n: 856 n. Bilbao:
Descl�e de Brouwer.
? Saltar a: a b Delitzsch, Franz (1875) Hoheslied und Koheleth. D�rffling und
Francke. Leipzig.
? Saltar a: a b c Seow, Choon-Leong (1996) "Linguistic Evidence and the Dating
of the Qohelet"; Journal of Biblical Literature 115 (4): 643-666.
? http://isbndb.com/book/ecclesiastes_an_introduction_and_commentary.
? http://books.google.com.mx/books?
id=CkoAH9UpUUoC&printsec=frontcover&dq=Ecclesiastes:+Interpretation:
+A+Bible+Commentary+for+Teaching+and+Preaching&hl=es#v=onepage&q=Ecclesiastes%3A
%20Interpretation%3A%20A%20Bible%20Commentary%20for%20Teaching%20and
%20Preaching&f=false.
? Siegfried, Carl J.; Wilhelm Frankenberg und Wilhelm Nowack (1898) Prediger
und Hoheslied. G�ttingen: Vandenhoeck & Ruprecht.
? Podechard, Emmanuel (1912) L'Eccl�siaste. Paris: J. Gabalda.
? Garc�a-Treto, Francisco (2010) Job, Proverbios, Eclesiast�s y Cantar de los
Cantares: 89-90. Justo L. Gonz�lez, editor general. Augsburg Fortress.
? Kr�ger, Thomas; Orville Cole Dean and Klaus Baltzer (2004) Qoheleth: a
commentary. Fortress Press.
? Cf. David Gonzalo Maeso, Manual de historia de la literatura hebrea. Madrid:
Gredos, 1960.
? Cf. Antonio Bonora, Gu�a espiritual del Antiguo Testamento. El Libro de
Qoh�let, 1994.
Bibliograf�a[editar]
BLOOM, HAROLD (2005). �D�nde se encuentra la sabidur�a?. Taurus. ISBN 978-987-
04-0151-3.
CAZELLES, HENRY (1981). Introducci�n cr�tica al Antiguo Testamento. Barcelona:
Herder. ISBN 84-254-1085-1.
V�lchez L�ndez, Jos� (1994). Eclesiast�s o Qoh�let. Editorial Verbo Divino.
ISBN 978-84-7151-669-5.
KUSHNER, HAROLD S. (2000). Cuando nada te basta. Booket. ISBN 987-1144-88-1.
V�ase tambi�n[editar]
Libro de Job
Antiguo Testamento
Biblia
Epicure�smo
Escuela c�nica
Enlaces externos[editar]