ALVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
Magistrado ponente
SC19856-2017
Radicación n.° 11001-02-03-000-2014-01295-00
(Aprobado en Sala de tres de octubre de dos mil diecisiete)
Bogotá, D. C., veintiocho (28) de noviembre de dos mil
diecisiete (2017).-
Resuelve la Sala la demanda mediante la que Jorge Luis
Guamán Moreno pretende de que produzca efectos en la
República de Colombia la sentencia proferida el 12 de agosto
de 1998 por la Corte Superior del Distrito Judicial de
Stamford/Norwalk, Connecticut (Estados Unidos de
América), que declaró disuelto su matrimonio por divorcio
con Beatriz Lozano Caicedo, antes Beatriz Guamán.
I. ANTECEDENTES
1. Como fundamento de su aspiración, el solicitante
relató los hechos que se compendian así:
1.1. El 14 de noviembre de 1976 contrajo se celebró
dicho matrimonio por el rito católico en Guamal (Meta).
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1.2. Tiempo después viajó con su pareja a los Estados
Unidos de América, domiciliándose en Stamford Connecticut.
1.3. Dentro de la unión procrearon a Jorge Andrés y
Lilia Marcela Guamán Lozano, actualmente mayores de
edad.
1.4. Debido al resquebrajamiento de la vida marital
“se vieron precisados a poner fin a la tal situación frente a la
lejana posibilidad de una reconciliación para seguir
cohabitando”.
1.5. Por lo anterior, acudieron ante la Corte Superior
del Distrito Judicial de Stamford/Norwalk (Estados Unidos
de América), la que en fallo de 12 de agosto de 1998 disolvió
el vínculo.
1.6. El Ministerio de Relaciones Exteriores de
Colombia le respondió un derecho de petición informándole
que en sus archivos no reposa tratado alguno con los Estados
Unidos sobre el reconocimiento recíproco a las sentencias y
que la correspondencia legislativa depende de cada Estado
de esa última nación.
1.7. Igualmente, le puso en conocimiento el concepto
jurídico del Consulado de Colombia en Nueva York del 20 de
diciembre de 2012, conforme al cual “[e]n el caso de las
sentencias de divorcios emitidos (sic) por cortes extranjeras,
las cortes de Connecticut por medio de la jurisprudencias (sic)
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han reconocido su validez bajo el principio legal de ‘Comity’ o
‘reciprocidad’”, destacando que la jurisprudencia de la unión
ha reconocido que es la ley estadual la que “regula el
reconocimiento de sentencias extranjeras”, lo que se explica
porque no hay codificación porque el tema hace parte del
“common low”, es decir, las decisiones judiciales de los
tribunales.
1.8. De lo expuesto se colige que existe la
“reciprocidad legislativa”, reconocida por la Corte Suprema
de Justicia que si bien le corresponde probar, puede ser
establecida de oficio.
1.9. Ya se cumplió la legalización la providencia objeto
de esta solicitud, echada de menos en un auto anterior por
el que la Corte rechazó una demanda similar.
2. El libelo fue admitido por proveído de 7 de julio de
2014 en el que se ordenó correr traslado al Ministerio Público
y a Beatriz Lozano Caicedo (fl. 51).
3. La Procuradora Delegada para Asuntos Civiles se
pronunció sobre los hechos y tras discurrir sobre los
requisitos que de la homologación deprecada y la carga del
actor de demostrarlos, objetó las pretensiones porque la
sentencia foránea “se opone al ordenamiento jurídico
colombiano”, pues si bien éste contempla el divorcio, las
causales del mismo que contempla el artículo 154 del Código
Civil son taxativas, sin que aquella mencione alguna,
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limitándose a señalar que “[e] matrimonio entre las partes se
ha roto de forma irrecuperable sin que se esté de
reconciliación”. Además, ordena al demandado renunciar y
transferir a la contradictora todo derecho e interés sobre la
residencia marital y un apartamento en Bogotá, lo que
contempla la legislación patria y trasgrede la prohibición el
numeral 1 del artículo 694 ídem (fls. 56 al 64).
4. Mediante apoderado, Beatriz Lozano Caicedo pidió
acceder a las aspiraciones del actor por cumplirse “a
cabalidad” los requisitos exigidos por la precitada norma,
especialmente la notificación al demandado. Destacó la
especial protección constitucional que tiene la familia y que
este caso afecta a una pareja que desde hace veinte años
decidió finalizar su vida conyugal sin que entonces ni ahora
hubiese posibilidad reconciliatoria, sentido en el que se
orientan todas las causales previstas en el artículo 154 del
Código Civil, de tal suerte que no se trata de que la
“…invocada en un proceso de divorcio adelantado en país
extranjero tenga exactamente la misma redacción que la
norma nacional sino que, en este caso, que los hechos
sentencia en que se funda esa demanda, involucren algunas
de las situaciones que prevé el referido artículo 154 de nuestro
Código Civil”. Aseveró que dicha decisión equivale a la
cesación de efectos civiles reconocida en nuestra legislación
para el matrimonio religioso, sin que los mismos puedan
restablecerse por el solo hecho de estimar que al fallo le faltan
requisitos de forma en una interpretación exegética. Alegó
que la Corte Constitucional C-985 de 2010 sostuvo que
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obligar a una persona a permanecer casada restringe sus
derechos fundamentales a la intimidad y libre desarrollo de
la personalidad. En su defecto, pidió darle los efectos de una
separación de cuerpos como autoriza el artículo 164 del
Código Civil (fls. 75 al 79).
4. En la etapa probatoria se tuvieron en cuenta los
documentos aportados por el demandante y el Ministerio
Público y de oficio se requirió al Ministerio de Relaciones
Exteriores para que informara sobre la exigencia de tratado
vigente con los Estados Unidos de América que reconozca
efectos recíprocos a las sentencias de divorcio y la legislación
en ese país sobre este tema, respecto de lo que se recibió
respuesta (fls. 82 al 196).
5. Durante el traslado para alegar de conclusión, las
partes pidieron acceder a lo pedido.
El demandante hizo un recuento de los
pronunciamientos de los intervinientes y de las respuestas y
documentos acopiados, relievando que el Consulado General
Central en Nueva York sostuvo que las cortes de Connecticut
han reconocido validez, efectos y posibilidad de
cumplimiento igual que uno propio a los fallos extranjeros
bajo el principio jurisprudencial de “comity” o reciprocidad,
mientras no contravenga su política pública, que es el mismo
que acá debe aplicarse toda vez que no versa sobre derechos
reales ni infringe normas de orden público nacional.
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Concluyó que en aras de proteger el núcleo familiar y los
derechos al libre desarrollo del a personalidad e intimidad,
se le deben proteger sus derechos (fls. 198 al 201).
Beatriz Lozano Caicedo se remitió a la réplica previa (fls.
202 y 203).
II.- CONSIDERACIONES
1. Preliminarmente, se advierte que la solicitud de
exequátur fue radicada el 11 de junio de 2014, en vigencia
del Código de Procedimiento Civil, por lo que así como el
trámite se siguió con apoyo ese ordenamiento también se
adopta la decisión final, toda vez que los numerales 1 a 4 del
artículo 625 del Código General del Proceso que dan pautas
especiales de tránsito legislativo se refieren a los juicios
ordinarios, abreviados, verbales de mayor y menor cuantía,
verbales sumarios y ejecutivos, mientras que en relación con
“los demás procesos” el numeral 6 previó que se “aplicará la
regla general prevista en el numeral anterior”. De acuerdo con
la misma, “5. No obstante lo previsto en los numerales
anteriores, los recursos interpuestos, la práctica de pruebas
decretadas, las audiencias convocadas, las diligencias
iniciadas, los términos que hubieren comenzado a correr, los
incidentes en curso y las notificaciones que se estén surtiendo,
se regirán por las leyes vigentes cuando se interpusieron los
recursos, se decretaron las pruebas, se iniciaron las
audiencias o diligencias, empezaron a correr los términos, se
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promovieron los incidentes o comenzaron a surtirse las
notificaciones”.
De lo que se desprende que el exequátur, al no estar
incluido dentro de los asuntos que contempla el numeral 4
citado, se enmarca dentro de los demás a que alude el 6, a
los que se aplica la regla del 5, es decir, “se regirán por las
leyes vigentes cuando se interpusieron”.
Al respecto, la Sala ha dicho que
(…) al no existir una referencia concreta al exequátur en los
numerales 1 a 4 de la norma anotada, este queda inmerso dentro
del transcrito numeral 6º, razón por la cual se tendrán en cuenta
las pautas que establecía el Código de Procedimiento Civil, para
decidir el caso bajo examen, por ser las aplicables al momento en
que se inició el presente trámite (CSJ CS10699-2016).
2. La exclusividad de la jurisdicción es una de las
manifestaciones de la soberanía del Estado, y como tal
comporta que éste se reserve la función pública de
administrar justicia, por lo que únicamente las decisiones
adoptadas por sus jueces permanentes y los particulares
habilitados transitoriamente producen consecuencias
jurídicas y son de obligatorio acatamiento dentro del
territorio nacional.
Sin embargo, ese imperium jurisdiccional, y más
concretamente el axioma de la independencia de los Estados,
ha adoptado “una nueva concepción (…), más acorde con la
universalización de ciertos valores y formas de organización
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política y económica”, en razón al inacabado proceso de
globalización, “[e]l creciente flujo de bienes y personas y la
agilidad de todo tipo de comunicaciones” (CSJ SC, 16 jul.
2004, rad. 2003-00079-01).
3. Por eso, excepcionalmente se ha admitido, en
atención a exigencias prácticas de internacionalización,
cooperación y eficacia de la justicia, que las sentencias,
laudos arbitrales y proveídos análogos, dictados en un
Estado foráneo, en procesos contenciosos o de jurisdicción
voluntaria, surtan efectos en Colombia, siempre que se
respeten los postulados sustanciales y procesales
establecidos en los artículos 693 y 694 del Código de
Procedimiento Civil, de los que emana
(…) el sistema llamado de la “regularidad internacional de los
fallos extranjeros” sobre una base previa de reciprocidad, sistema
éste que consiste en aceptar por norma el cumplimiento en el país
de providencias de esa naturaleza, en la medida en que se reúnan
ciertas exigencias mínimas señaladas por la legislación con el fin
de precaver eventuales “irregularidades internacionales” de que
las ameritadas sentencias [y laudos arbitrales] puedan adolecer
(CSJ SC, 5 nov. 1996, rad. 6130).
4. Para que determinada decisión judicial pronunciada
por una autoridad de otro país produzca consecuencias en el
suelo patrio, el legislador nacional diseñó un sistema mixto
o combinado, sustentado en la reciprocidad diplomática y, a
falta de ésta, en las reciprocidades legislativas y de hecho.
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Sobre el particular, esta Corporación ha precisado:
Para que los fallos extranjeros produzcan efectos en el territorio
colombiano, necesariamente deberá acreditarse la existencia de
un tratado suscrito entre Colombia y el país que dictó la sentencia,
es decir lo que es conocido como la reciprocidad diplomática; o, en
su defecto, lo que a ese respecto prevea la ley foránea o la práctica
jurisprudencial imperante, en orden a reconocerle también
efectividad a las sentencias dictadas en Colombia, fenómenos
denominados en su orden reciprocidad legislativa y reciprocidad
de hecho (CSJ SC, exequatur, 17 jul. 2001, rad. 0012).
Por consiguiente, como lo ha sostenido la Corte en
numerosas oportunidades,
(…) en primer lugar se atiende a las estipulaciones de los tratados
que tenga celebrados Colombia con el Estado de cuyos tribunales
emane la sentencia que se pretende ejecutar en el país. Y en
segundo lugar, a falta de derecho convencional, se acogen las
normas de la respectiva ley extranjera [o su jurisprudencia
reinante] para darle a la sentencia la misma fuerza concedida por
esa ley [o la doctrina jurisprudencial] a las proferidas en
Colombia (G.J. t. LXXX, pág. 464; CLVIII, pág. 78; CLXXVI, pág.
309; CSJ SC, 18 dic. 2014, rad. 2013-02234-00).
5. En el sub examine, de entrada y de plano se descarta
la correspondencia diplomática, puesto que entre la
República de Colombia y los Estados Unidos de América no
se encuentra vigente ningún instrumento de derecho
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internacional que mutuamente reconozca efectos a las
sentencias dictadas en estos países.
Así se desprende de la certificación expedida por la
Coordinadora del Grupo Interno de Trabajo de Tratados del
Ministerio de Relaciones Exteriores, quien sobre esta
temática informó que revisado su archivo pudo establecer
que “…en el mismo no reposa información sobre la adopción
de tratados bilaterales o multilaterales sobre reconocimiento
recíproco de sentencias en los que la República de Colombia y
los Estados Unidos de América sean Estados Parte” (fl. 97).
Descartadas esta posibilidad primaria de
correspondencia, el siguiente paso es examinar si la misma
ocurre en el plano legislativo.
Fin para el que a instancia del Consulado General de
Colombia en Nueva York se acopió copia traducida del aparte
de los Estatutos Generales del Estado de Connecticut,
relativo al “Cumplimiento de los fallos matrimoniales en el
exterior”, cuyas normas fueron las mismas mencionadas al
demandante cuando la misma autoridad le dio respuesta al
derecho de petición que éste aportó con su libelo.
En ella, sección 46b-70, al ocuparse de la “Definición del
fallo matrimonial en el exterior”, se puede leer:
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Según se emplea en las secciones 46b-70 a 46b-75 inclusive, el
fallo matrimonial en el exterior significa cualquier fallo,
sentencia u orden emitida por tribunal de cualquier Estado
de los Estados Unidos de una acción de divorcio, proceso de
separación legal, anulación o disolución de matrimonio con
respecto a custodia, cuidado, educación, régimen de visitas,
sostenimiento o apoyo económico al menor o por concepto de
alimentos, apoyo disposición de propiedad entre las partes, en
relación con un matrimonio existente o terminado, en el cual ambas
partes han comparecido ante la corte (se destaca).
Y enseguida, efectivamente se ocupa de regular estos
aspectos.
Como puede apreciarse, semejante expresión legislativa
no tiene el alcance requerido en esta índole de asuntos, por
la sencilla razón que los fallos matrimoniales en el exterior a
que alude son exclusivamente los proferidos en los demás
estados de la unión americana, lo que descarta que tenga en
cuenta los de otros países, en este caso Colombia.
Conforme se dijo, el accionante tuvo a la vista dicha
normatividad, lo que seguramente lo condujo a aducir desde
un comienzo que en la legislación de Connecticut “…no hay
codificación al respecto, ni texto alguno, ya que el tema hace
parte del derecho común (common low), sic, es decir,
fundada sobre la base de todas las decisiones judiciales
emitidas por los tribunales -motivo por el cual- el cónsul se
limitó a exponer las reglas que han desarrollado los tribunales
de Connecticut en los casos planteados” (hecho 8 de la
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demanda), argumentación que mantiene al alegar de
conclusión (fls. 44 y 198 al 201).
Lo anterior para fundamentar su posición en el sentido
que en atención al sistema judicial imperante en los Estados
Unidos de América, common law, es por virtud del principio
de creación jurisprudencial denominado “comity” es que las
autoridades judiciales del mentado Estado de la Unión
adoptan fallos extranjeros, en particular en temas de
divorcio.
Y efectivamente, se observa que haciendo eco de lo
señalado por “la firma asesora jurídica” que apoya sus
labores, la autoridad diplomática responde que “en el caso de
sentencias de divorcios emitidos por cortes extranjeras, las
cortes de Connecticut por medio de la jurisprudencia han
reconocido su validez bajo el principio legal de “comity” o
reciprocidad”, y enseguida explica las bases sobre las que
hace (fls. 39 y 40).
El concepto invocado, que literalmente se traduce al
castellano como “cortesía”, modera el de territorialidad
absoluta y permite que por razones de justicia y fundado en
la reciprocidad recibida, se dé aplicabilidad a sentencias
foráneas, sobre lo que la Corte dijo en relación como es
aplicado en los Estados Unidos de América
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El caso Hilton vs. Guyot determinó la vía exclusiva por la cual un
país puede hacer valer sus sentencias en Estados Unidos,
conocida como figura de cortesía entre las naciones -comity of
nations-, la cual es “la expresión de entendimiento que hace una
nación a otra, pero teniendo la debida consideración a los derechos
de sus propios ciudadanos y a otras personas que se encuentren
bajo la protección de sus leyes”. La sencillez y amplitud de este
fundamento hace que los jueces del sistema common law,
observen también los requisitos establecidos en el Uniform Foreign
Money-Judgments Recognition Act. (CSJ SC, 18 dic. 2012. Exp.
2008-00775-00).
Sin embargo, dicha figura no es de recibo en este caso
particular, por no avenirse a los requisitos para su
demostración, toda vez que en lo relativo a la ley extranjera
no escrita, el inciso final del artículo 188 del Código de
Procedimiento Civil, precisa que “…ésta podrá probarse con
el testimonio de dos o más abogados del país de origen”, de
tal suerte que el aludido documento diplomático no colma
ese requisito ni se observa en el plenario otro que lo haga.
Al respecto, en un asunto de divorcio del Estado de
Michigan, donde tampoco se arrimaron textos normativos
que dieran cuenta de la reciprocidad e igualmente se
contempló una argumentación respaldada en un material
similar, la Corte dijo que
Téngase en cuenta que aun cuando el Cónsul de Colombia en
Washington rindió un informe en el que manifiesta que tal materia
se rige por el principio denominado comity según el cual existe ‘una
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presunción a favor del cumplimiento de una sentencia extranjera
que surge de la intención de los Estados Unidos de demostrar su
buena voluntad con otros países miembros de la comunidad
internacional’ (fl. 125), lo cierto es que no se dan los presupuestos
jurídicos para otorgarle fuerza probatoria de ley extranjera no
escrita a dicha afirmación, por cuanto no se ajusta a lo previsto en
el inciso final del artículo 188 del Código de Procedimiento Civil, el
cual demanda que se allegue ‘el testimonio de dos o más abogados
del país de origen’.
(…)
Desde tal perspectiva, esto es, ante la ausencia de prueba de la
reciprocidad, ya diplomática, ora legislativa, necesaria para la
prosperidad de la pretensión convalidatoria de la sentencia
extranjera dictada el 6 de octubre de 1998 por la Corte del Circuito
del Condado de Oakland, Michigan, Estados Unidos, resulta
forzoso concluir que ese extremo no se acreditó, y que en
consecuencia no puede abrirse paso la homologación solicitada
(CSJ SC, 19 nov. 2012, exp. 2006-00344-00, reiterado SC15495-
2015).
6. Por otra parte, el numeral 1 del artículo 694 del
Código de Procedimiento Civil prevé que “[p]ara que la
sentencia o el laudo extranjero surta efectos en el país, deberá
reunir los siguientes requisitos: 1. Que no verse sobre derechos
reales constituidos en bienes que se encontraban en territorio
colombiano en el momento de iniciarse el proceso en que la
sentencia se profirió.”
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Visto el contenido del fallo, se observa que “ordena que
el demandado deberá inmediatamente renunciar y transferir
a nombre de la demanda ante todo el derecho, título interés
que tiene sobre su apartamento y para que ubicadas gracias
de Bogotá Colombia actualmente es propiedad del
demandado” (sic).
De lo que nítidamente se desprende que tampoco
satisface la exigencia normativa reseñada, sobre lo que la
Corte ha predicado que
En tal sentido, el numeral 1 de dicho precepto expresa que la
sentencia no debe versar “sobre derechos reales constituidos en
bienes que se encontraban en territorio colombiano en el momento
de iniciarse el proceso en que la sentencia se profirió” y examinado
el fallo objeto de homologación se observa que allí se ordenó al
señor Rivera Vega firmar escritura pública para transferir el
dominio del bien inmueble ubicado en la carrera 28A No. 49A-39,
apto 403, de la ciudad de Bogotá, a la señora Stella Cruz Romero,
circunstancia que impide dar trámite a la demanda respecto de
este punto (fl. 72), CSJ AC, 30 ag. 2010, exp. 1426-00). En el
mismo sentido, AC, 28 nov. 2011, exp. 02463-00)
Y más recientemente,
La sentencia del 17 de julio de 2009 da cuenta que los
contrayentes, en vigencia de su comunidad de vida, adquirieron
derechos reales sobre dos (2) inmuebles ubicados en Colombia (f.
25), los cuales se adjudicaron al señor León Valencia (f. 33), con la
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advertencia que las partes debían suscribir los documentos
requeridos para el efecto y, en todo caso, “…una copia certificada
de Esta Sentencia y Decreto o una copia certificada de la Sentencia
Sumaria de Disposición de Inmuebles y la Sentencia servirán para
transferir la propiedad…” (f. 37).
Estas determinaciones ponen en evidencia que el pronunciamiento
judicial afectará derechos reales de los cónyuges sobre predios
localizados en el territorio nacional, estableciendo deberes para su
transferencia o renuncia, así como el título que serviría de base a
cualquiera de estas actuaciones.
Se trata, entonces, de un fallo que versa sobre derechos de bienes
ubicados en Colombia, lo que impone su rechazo (CSJ AC4909-
2016).
9. Siendo que la sola ausencia de uno de los requisitos
legales enerva la prosperidad de la solicitud de exequátur, y
que acá se demostró que la ausencia de dos de ellos, es razón
suficiente para negar el reconocimiento de efectos jurídicos a
la decisión jurisdiccional sometida al presente trámite.
III. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,
en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre
de la República y por autoridad de la ley,
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RESUELVE
PRIMERO: NEGAR el exequátur de la providencia
dictada 12 de agosto de 1998 por la Corte Superior del
Distrito Judicial de Stamford/Norwalk, Connecticut (Estados
Unidos de América), que declaró disuelto su matrimonio por
divorcio con Beatriz Lozano Caicedo, antes Beatriz Guamán.
SEGUNDO: No condenar en costas en este trámite, por
no aparecer causadas.
LUIS ALONSO RICO PUERTA
Presidente de Sala
MARGARITA CABELLO BLANCO
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
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AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
ARIEL SALAZAR RAMÍREZ
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
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