Tipos y ventajas de estudios observacionales
Tipos y ventajas de estudios observacionales
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Los estudios observacionales son estudios de carácter estadístico y demográficos, ya sean de tipo
sociológico o biológico -estudios epidemiológicos- en los que no hay intervención por parte del
investigador, y éste se limita a medir las variables que define en el estudio.
Índice
4 Referencias
5 Véase también
Los estudios epidemiológicos u observacionales pueden ser de dos tipos, dependiendo del
momento en que se llevan a cabo y de la información disponible en cada caso:1
Estudios transversales: Se desarrollan en un "momento" concreto del tiempo. Son los estudios de
prevalencia. (p.e. pirámides de población)1
Son más prácticos y factibles de realizar ya que la cooperación de los sujetos es menos necesaria
Sus resultados son más generalizables a poblaciones geográfica o demográficamente definidas, lo
que permite que este tipo de estudios sean apropiados para establecer metas de salud pública
orientadas a una determinada acción.
Escaso control de las influencias de los factores de confusión sobre los resultados del estudio.
Debido a la falta de control por parte del investigador, cada estudio observacional tiende a ser
único, siendo muy difícil reproducir los resultados por otro investigador.
Referencias
Desarrollo humano: estudio del ciclo vital, F. Philip Rice, pág. 20 y 21Estudio longitudinal
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Un estudio longitudinal es un tipo de estudio observacional que investiga al mismo grupo de gente
de manera repetida a lo largo de un período de años, en ocasiones décadas o incluso siglos, en
investigaciones científicas que requieren el manejo de datos estadísticos sobre varias
generaciones consecutivas de progenitores y descendientes.1
Índice
4 Referencias
5 Véase también
6 Enlaces externos
El estudio longitudinal, a diferencia del estudio transversal, permiten el seguimiento de los mismos
individuos a través del tiempo y de sus generaciones precedentes y siguientes eliminando los
denominados efectos de cohorte. Por lo tanto las diferencias observadas en las personas tienen
menos probabilidades de ser el resultado de las diferencias culturales entre las generaciones y
mostrar por tanto diferencias cualitativas o cuantitativas realmente significativas. Debido a este
gran beneficio frente a los estudios transversales, los estudios longitudinales ofrecen indicadores
más precisos de los cambios en las sociedades estudiadas y además, su gran potencial permiten
que sus consecuencias puedan aplicarse en otros campos de las ciencias sociales.1
En las ciencias sociales los estudios longitudinales permiten distinguir fenómenos de corto, medio
y largo plazo, su distribución y su continuidad específica. Así, por ejemplo permite saber cómo
afecta a una sociedad la pobreza. Si la tasa de pobreza es del 10% en un punto en el tiempo, esto
puede significar que el 10% de la población son siempre pobres —siempre los mismos—, o que de
toda la población un 10% experimenta la pobreza —alternándose los individuos—. Los estudios
longitudinales nos permiten diferenciar esas situaciones y determinar con claridad cuál es la
situación. Con los estudios transversales, ésta y otras muchas situaciones no pueden conocerse.
Por tanto los estudios longitudinales sacan consecuencias más claras que influirán en otros
campos y posibilitarán, en su caso, tomar mejores decisiones.
En la publicidad, el diseño de estudios longitudinales se utiliza para identificar los cambios que la
publicidad ha producido en las actitudes y comportamientos del público objetivo que ha visto la
campaña publicitaria.
En general en medicina y psicología son muy utilizados los estudios longitudinales para
investigaciones de carácter epidemiológico; tienen por objeto estudiar tendencias y cambios que
se producen en la sociedad a lo largo de la vida de los individuos o de varias generaciones. Se
utilizan para descubrir predicciones de ciertas enfermedades.4
Referencias
Voz Demografía, en Diccionario de geografía, Pierre George, Akal, 1991, ISBN 84-7600-681-0, pág.
175
Tratado SET de trastornos adictivos, Ed. Panamericana, Sociedad Española de Toxicología, pág. 59
Véase también
Serie temporal
Autocorrelación
Media movil
Revolución reproductiva
Enlaces externos
En español
Estudios longitudinales sobre envejecimiento. Implicaciones para futuros estudios, IMSERSO, CSIC,
España (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
Impacto de los estudios longitudinales en la salud pública, México, 2007, Pablo Kuri (enlace roto
disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).
En inglés
Estudio transversal
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Un estudio transversal, estudio de prevalencia o estudio vertical (en inglés cross-sectional study o
cross sectional survey) es un estudio estadístico y demográfico, utilizado en ciencias sociales y
ciencias de la salud —estudio epidemiológico—. Es un tipo de estudio observacional y descriptivo,
que mide a la vez la prevalencia de la exposición y del efecto en una muestra poblacional en un
solo momento temporal; es decir, permite estimar la magnitud y distribución de una enfermedad
en un momento dado. Los estudios transversales, frente a los estudios longitudinales, confunden
los efectos de edad y de cohorte, pueden no diferenciar si la causa de un cambio está en las
diferencias de edad o en las diferencias en el momento del nacimiento.1
Índice
1 Estudios de prevalencia
5 Referencias
6 Véase también
Estudios de prevalencia
Los estudios de prevalencia son de uso frecuente en Salud Pública, porque permiten:
Poco tiempo de ejecución del estudio puesto que no hay seguimiento de los individuos y
generalmente poco costo económico.
Posible sesgo de supervivencia: Los casos observados pueden tener una mayor supervivencia,
puesto que los fallecidos no suelen entrar en el estudio.
Imposibilidad de identificar relaciones causales entre los factores estudiados, puesto que mide
simultáneamente efecto (variable dependiente) y exposición (variable independiente).
Estudio transversal frente a estudio longitudinal
En los estudios longitudinales se repiten las medidas de las variables de un grupo en un período
extendido de tiempo o en diferentes ocasiones. El factor es tiempo y la influencia de su evolución
en los hechos.
Los estudios longitudinales, frente a los transversales, diferencian los efectos de edad y de
cohorte.1
Referencias
Véase también
Estudio longitudinal
RESUMEN:
Este ensayo busca realizar un doble abordaje del tema de la violencia. En primer lugar se presenta
una reflexión sobre el término, contraponiendo dos conceptualizaciones, una que la restringe al
uso de la fuerza para causar daño y otra que la amplía considerándola como la negación del otro.
Se señalan los alcances y limitaciones de cada una de estas conceptualizaciones. En segundo lugar,
se abordan algunos de los elementos importantes a tomar en cuenta para su estudio, atendiendo
las causas, características, consecuencias y valoraciones de diversas formas de violencia.
Palabras clave: violencia; relaciones sociales violentas; tipos de violencia; causas de la violencia;
espirales de violencia
ABSTRACT:
Violence. Concepts and elements for its analysis. In this essay a double approach to the concept of
violence is presented. The first approach is a reflection about the term by counterpointing two
meanings: one it is only concerned with the use of force to cause damage, while the other one
widen its meaning by considering it as a negation of the other person or group; the extents and
limitations of each concept are described. In the second approach, some important elements for
its study are presented; these consider the causes, characteristics, consequences and assessments
of diverse forms of violence.
Key words: violence; violent social relations; types of violence; causes of violence; spirals of
violence
INTRODUCCIÓN
Uno de los problemas principales del estudio de la violencia es la falta de una definición precisa
que dé cuenta de la multiplicidad de formas en las que ésta se presenta o, cuando menos, señale
sus características más importantes y comunes. Además, otra dificultad en su estudio es
precisamente esa multiplicidad, por lo que muchas veces se prefiere hablar de las violencias y no
de la violencia en singular; de esta manera, se presentan definiciones particulares para cada forma
de violencia a estudiar. Desde luego, también el hecho de que a estas violencias se les estudie
desde diversos campos de conocimiento dificulta no sólo su estudio en general, sino la aceptación
de una definición clara y unívoca. Por otra parte, este abordaje múltiple de violencias particulares
y desde diferentes campos disciplinarios ha contribuido, a la vez, tanto a mirarla en su
complejidad, como a destacar características más precisas de las causas, las formas en que se
presentan y las dinámicas o funciones que asumen las diferentes formas de violencia; este ensayo
busca situarse entre la preocupación por la generalidad como por la multiplicidad de la misma.
El segundo apartado se sale del problema de la definición para mencionar los usos en el análisis de
la idea de violencia, es decir, a qué preocupaciones generales atiende. Se señala primero la
manera de seccionar la preocupación en el estudio de la violencia, dividiendo aquí lo que
podríamos denominar campos de análisis (se señalan cuatro: el campo de la causalidad; el de las
formas y dinámicas que asume la violencia; el de las consecuencias, y el campo valorativo sobre la
violencia). Se atienden diversos elementos que cada uno de estos campos pueda presentar, sin
agotar la reflexión, pues algunos otros pueden no ser considerados, como la importante distinción
entre violencia y agresión, que se comentará de pasada en su momento.
Este ensayo pretende lograr una sistematización de nociones e ideas que varios estudiosos de la
violencia han ofrecido, aun cuando no sean mencionados (por razones de espacio sobre todo).
Pese a que efectivamente no existe una definición de violencia ampliamente aceptada por los
estudiosos, podemos encontrar algunas que han ofrecido un cierto consenso. Particularmente se
encuentra en esta línea aquella que destaca el uso de la fuerza para causar daño a alguien. Elsa
Blair1 cita algunas de estas definiciones. Retomamos tres para iniciar el análisis. La primera la
toma del investigador francés Jean Claude Chesnais, quien dice: "La violencia en sentido estricto,
la única violencia medible e incontestable es la violencia física. Es el ataque directo, corporal
contra las personas. Ella reviste un triple carácter: brutal, exterior y doloroso. Lo que la define es el
uso material de la fuerza, la rudeza voluntariamente cometida en detrimento de alguien".2 Una
segunda definición se encuentra en una cita que la autora realiza de Jean-Marie Domenach: "Yo
llamaría violencia al uso de una fuerza abierta o escondida, con el fin de obtener de un individuo o
un grupo eso que ellos no quieren consentir libremente".3 La última definición la refiere del
investigador Thomas Platt, quien habla de al menos siete acepciones del término violencia, dentro
de las cuales la que menciona como más precisa es: "fuerza física empleada para causar daño".4
¿Será este el núcleo de la violencia? Sin embargo, cuando consideramos detenidamente este tipo
de definición, surgen algunos componentes que pueden ser cuestionados. Diversas
problematizaciones se pueden destacar para cada uno de los elementos como para la concepción
en su conjunto. En primer lugar, en tal definición de violencia se trata de un comportamiento o
una actuación de alguien sobre otro. Por un lado, es una acción o, cuando mucho, un
comportamiento. Por otro, se habla de dos actores (o grupos de actores): quien realiza el acto
violento y quien lo recibe, quien lo padece, es decir, agresor(es) y su(s) víctima(s). El único sujeto
activo aquí es el victimario, la víctima no es apenas sujeto, o lo es sólo en calidad pasiva, de
receptor de algo ajeno a él. Esta concepción de un acto de alguien sobre una víctima limita la
concepción de la violencia sólo al acontecimiento directo, sin vinculación con el entorno social, la
historia y con terceros sujetos, factores todos de cierta importancia, como se verá más adelante.
También la idea del uso de fuerza suele ser problematizada, no tanto para negarla, sino para
considerar que la fuerza física no da suficientemente cuenta del hecho, de diferentes hechos: las
coerciones morales (personales, grupales, culturales), las relaciones de poder (sin considerar aquí
que este término también es problemático, "amorfo" dirá Weber) -que en sí mismas estructuran y
naturalizan relaciones de violencia-, las coerciones psicológicas y hasta los chantajes, pueden ser
importantes como vehículos de la violencia. Es más, en algunas consideraciones sobre la violencia
parecería no estar presente dicha intervención de fuerza, como podría pensarse de la "violencia
simbólica" de Bourdieu,5 quien la define como la aceptación, la internalización por parte del
dominado, de los esquemas de pensamiento y valoración del dominante, haciendo precisamente
invisible la relación de dominación. Claro está que todos estos elementos se podrían reducir, en
última instancia, a consideraciones de fuerza, pero es innegable también que cada uno tiene sus
especificidades, que es necesario tener en cuenta para un mejor análisis.
Los motivos generales, el para qué de la violencia, que se insinúan con la idea de obligar a las
víctimas a dar o hacer algo que no quieren, también se ve cuestionada por un doble aspecto. El
primero, sin embargo, parece no afectar tanto la importancia de la definición, sino que es un
problema del análisis, y es que el análisis de las motivaciones es en sí problemático, por cuanto es
difícil constatar cuáles son los motivos "reales" de las personas, qué tienen en mente al realizar
determinados actos. Aunque esto se podría solucionar a partir de los resultados, siempre este
análisis retrospectivo presentará algunas dudas. El segundo cuestionamiento al para qué de la
violencia parece más serio, es el que se refiere a concebirla, si no necesariamente sí de forma
predominante, como un medio para conseguir un fin. Toda una gama de apreciaciones tienden a
resaltar aspectos emotivos, impulsos que son fines en sí mismos, que no son mediación de nada
más que de sí, la frustración que conduce a la agresión, la eliminación de alguien simplemente por
temérsele, por considerársele enemigo, etcétera, hasta la valoración del simple placer que reporta
el acto violento. Quizá quepan aquí las siguientes preguntas: ¿una lucha de box es un hecho
violento?, ¿a qué se le obliga a cada uno?, ¿se puede decir que hacen algo que no quieren? En
todo caso, lo que se cuestiona aquí es la apreciación de la violencia solamente como un medio,
que siempre deba tener ese carácter instrumental que se le adjudica a la violencia.
Sin embargo, hay que considerar que esta conceptualización de la violencia, por ser precisamente
restringida, permite localizar claramente eventos y actores, para que aquello que se denomina
violencia objetiva -factible de medirse de alguna u otra manera-, pueda efectivamente serlo. Se
pueden contabilizar los eventos, realizar estadísticas y comparaciones cuantitativas, también
permite localizar perfectamente a las víctimas y distinguir los daños recibidos. Además, al
distinguir con claridad los sujetos actores de la violencia, permite fincar responsabilidades y
establecer culpas y penas, castigar actores y actos. En cierto modo la acción jurídica y policial
encuentra en esta definición un importante apoyo. Pero aun aquí se pueden considerar
limitaciones; por ejemplo, cuando ante el problema de la violencia en el hogar se atiende sólo a las
víctimas y se castiga al agresor en lo inmediato -según las limitaciones que se han destacado, al no
tomar en cuenta cuestiones culturales y estructurales, como el machismo y el patriarcalismo-, se
mantienen las condiciones en las que esta violencia se reproducirá. De esta manera, lo que es
positivo en términos judiciales, no lo es tanto en políticas públicas para atender el problema desde
su raíz. Por ello se necesita ir más allá de lo inmediato y ampliar las concepciones utilizadas. Lo
anterior, desde luego, puede llevar al desdibujamiento de las precisiones conseguidas con base en
la definición comentada.
Por otra parte, en una importante ampliación de esta definición, John Keane, a partir
precisamente de los elementos básicos que hemos señalado, da un giro que nos lleva a otra senda.
Según este autor:
[la violencia se entiende] como aquella interferencia física que ejerce un individuo o un grupo en
el cuerpo de un tercero, sin su consentimiento, cuyas consecuencias pueden ir desde una
conmoción, una contusión o un rasguño, una inflamación o un dolor de cabeza, a un hueso roto,
un ataque al corazón, la pérdida de un miembro e incluso la muerte [acotando más adelante que]
es siempre un acto relacional en el que su víctima, aun cuando sea involuntario, no recibe el trato
de un sujeto cuya alteridad se reconoce y se respeta, sino el de un simple objeto potencialmente
merecedor de castigo físico e incluso destrucción.8
A partir de estas ideas debemos acentuar dos aspectos: a) la violencia es un acto relacional, un
tipo de relación social; b) la subjetividad de la víctima es negada o disminuida, tratándosele de
objeto.
En una línea semejante, Michel Wieviorka opta por:
[...] una definición de la violencia a partir de la del sujeto [donde] el sujeto es la capacidad que
tiene la persona de actuar creativamente, de constituirse su propia existencia [...] El sujeto además
es el reconocimiento que le hacen a una persona otros que también son sujetos. Igualmente, es la
capacidad de estar en relación con los demás [en este caso] la violencia no es más que la
incapacidad del sujeto de convertirse en actor [es precisamente esa subjetividad negada o
disminuida].9
Esa incapacidad de convertirse en actor que marca la violencia, sin embargo, puede ser también el
impulso que lleve a algunos a manifestarla. Alguien puede ser primero víctima al negársele su
subjetividad, pero esta misma negación lo impulsará a actuar posteriormente de forma violenta,
como una contraviolencia de aquella que lo niega. Pertenecen a esta situación, por ejemplo, tanto
las manifestaciones abiertas de resistencia ante la dominación y explotación, como las agresiones
"aparentemente" espontáneas y sin sentido de los disturbios o ataques particulares de frustración
y coraje.
Exploremos ahora las posibilidades de ampliación del concepto o, quizá mejor, la concepción de la
violencia como relación social y como negación de la subjetividad -negación del otro. Esta
ampliación de sentido, desde luego, tiene su base en el campo disciplinario de las ciencias sociales,
especialmente en la mirada sociológica.10
Así, consideramos que la violencia no es una sustancia o un hecho aislado, totalmente terminado y
asible en sí mismo, sino que se trata de relaciones sociales o, mejor dicho, del tinte que asumen
ciertas relaciones sociales. Desde esta perspectiva, la violencia puede ser vista como un adjetivo
que califica determinadas formas de relación. Así, por ejemplo, dentro de relaciones familiares o
laborales, cuando éstas se presentan con signos de violencia, hablamos de violencia familiar o
laboral
Sin embargo, esa coloración violenta de las relaciones sociales presenta algunos rasgos generales
por los que se le reconoce, es decir, que ésta presenta también un momento importante de
sustantividad. El principal rasgo por el que se puede hablar de violencia desde luego es la
producción de daños en, cuando menos, alguna de las partes de la relación, afectando la
integridad física, sexual, psicológica y hasta patrimonial del o los así afectados. Otro rasgo
frecuente en las relaciones violentas es la repetitividad de ciertos comportamientos o la
recurrencia de los mecanismos en la producción de violencia, esto es, que se presenten patrones
comportamentales por medio de los cuales se piense en alguna intencionalidad que marque la
relación de los actores.
Por último, si bien no podemos decir que toda relación social es violenta o encierra violencia, sí
podemos admitir que ésta siempre está presente como posibilidad dentro de las más variadas
formas de relación social, desde las familiares a las políticas o económicas, y que cuenta con
actualizaciones más o menos constantes, por lo que el análisis de la violencia nos puede mostrar
de igual modo algunos aspectos globales de la historia social.12 Pero el alcance, la globalidad o no
de la relación entre la violencia y las historias, ha de tener variaciones importantes según una serie
de contextos que se estudien, pues no es lo mismo el alcance de la violencia en las guerras,
internas o externas, en determinados países o regiones, que la violencia de género o aun la sexual
en toda una civilización a partir del desarrollo de las concepciones patriarcalistas.
En todo caso, la propuesta es que se defina la violencia como una forma de relación social
caracterizada por la negación del otro. Esta propuesta de definición amplía en muchos sentidos la
concepción de la violencia y, también, corre el riesgo de parecer que incluye cualquier forma de
relación que a alguien no le guste y que diga que se le está negando, es decir, acentúa el carácter
subjetivo de la violencia (el cual se verá más adelante). Pero analicemos primero algunos de los
rasgos positivos de una definición semejante para el estudio de la violencia.
En primer lugar, al considerar a la violencia como relación social destaca el papel participativo que
pueden tener los distintos sujetos de la relación, tanto las víctima y los espectadores, como los
agresores. Es decir, la violencia ya no queda confinada al acto de un solo agente o sujeto, en la
cual serían las características o intereses de éste solamente los elementos importantes para
entender la violencia, sino que ahora pueden atenderse también las características e intereses de
la otra parte, así como de terceros agentes en torno a esta relación directa, pues muchas veces
alguien puede realizar actos violentos sobre otra persona como mensaje para un hipotético
espectador (pensemos tan sólo en las varias formas de terrorismo, estatal o particular). Entender
las relaciones sociales en donde surge la violencia, en este caso, ayuda a una comprensión más
cabal de la misma.
También se concede relevancia al contexto de la relación, pues siempre ese contexto influye y es
influido por las relaciones que tienen lugar en él. Más allá, se puede decir que los contextos son
creados por las relaciones y que, a su vez, influyen en éstas. Por ello, entender el contexto en el
que se presentan relaciones de violencia puede ser de ayuda para comprender mejor la violencia.
Dejar de pensar el contexto sólo como el telón de fondo donde ésta ocurre, pero que no tiene
nada que ver con la misma, y considerar ese contexto como una situación temporal y espacial
significativa, marcada por relaciones sociales que crean, interpretan y utilizan los significados de la
misma, ayuda a entender características de ciertas violencias que en ocasiones parecen gratuitas y
sin sentido, como puede ser el exhibicionismo macabro de la violencia en el contexto de la guerra
contra el crimen organizado en México.
Por otra parte, hay concepciones de la violencia o, mejor dicho, de ciertas formas de violencia, que
difícilmente pueden tener cabida en la definición restringida anterior, pero que pueden encontrar
en esta otra un espacio. Por ejemplo, están las concepciones de Galtung de violencia estructural y
violencia cultural,13 la violencia simbólica de Bourdieu14 o la violencia moral de Segato,15 formas
de violencia que se caracterizan precisamente por no contar con el carácter del uso de la fuerza
física y con consecuencias inmediatas y visibles.
Sin embargo, la posibilidad de tomar en cuenta estas formas de violencia enunciadas, está en
relación con la manera de concebir la idea del "otro". Y aquí radica un poco la dificultad, pues
desplaza el problema de la precisión y localización de la idea de violencia, hacia el problema de la
definición del otro. En principio, el otro es otro respecto de alguien (y desde ahí se anuncia la
posibilidad de relación), pero a este otro, objetivo por así decirlo, se le puede tratar de diversas
maneras: reconocimiento de igualdad en cuanto expectativas, deseos, derechos, etcétera;
indiferencia, simplemente alguien diferente a mí pero separado y ajeno; como sujeto peligroso,
alguien a quien temer, un enemigo, que por lo mismo merece la muerte; un objeto, de placer,
mercancía o alguien a quien se le puede negar bienes o arrebatárselos, etcétera.
Es decir, parece que la precisión en la definición del otro tendría que estar asentada en una
concepción que se pudiera hacer común y aceptada por cualquier sujeto, y que de ahí se pudieran
establecer criterios que establezcan claramente cuándo se niega su subjetividad, cosa que no es
del todo clara, pues más bien está condicionada por las relaciones sociales y la capacidad de
establecer ideas y concepciones dominantes. En forma extrema, siempre se podrían encontrar
situaciones en las que alguien reclame que su subjetividad es negada de alguna forma, y entonces
se pierde precisión en la propia idea de las relaciones de violencia.
Por otra parte, si en la primera concepción, acotada, precisa, se pueden agregar elementos que la
amplíen, que la acomoden a situaciones precisas de análisis sobre algunos fenómenos de violencia
-como podría ser, por ejemplo, que al hablar sobre violencia de género se considere que la fuerza
utilizada no será sólo la física, sino que también están elementos psicológicos, morales o de poder,
etcétera, y que junto con el agente agresor hay que considerar también una cultura patriarcal,
machista-, es decir, si admite elementos de ampliación, en contraste, la segunda propuesta,
amplia, tal vez pida también se le agreguen elementos, pero esta vez para precisarla, para
acotarla, señalando claramente en qué consiste la relación a observar, cuál será su contexto, así
como el tipo de negación del otro que se considere, quién es ese otro y con respecto a qué se
habla de otredad.
Tenemos así dos concepciones sobre la violencia, una amplia y otra restringida. La ampliación y
restricción de estas concepciones refieren a los espacios explicativos en cuanto a las relaciones
que tocan, a la temporalidad de sus manifestaciones, a la concreción o difusión de sus
consecuencias y, desde luego, a las causas difusas o inmediatas que se consideren. Esta amplitud o
restricción de la concepción de la violencia tiene consecuencias no sólo para el alcance analítico
del observador, sino también para la posible puesta en práctica de acciones determinadas para
combatir o regular la violencia. Una decisión judicial ante un hecho de violencia necesita
especificar los hechos y los responsables, por lo que su concepción de violencia será restringida,
mientras que en la realización de ciertas políticas públicas sólo se puede permitir una concepción
restringida de la misma a riesgo de quedarse en la superficialidad y no atender de fondo los
problemas.
Así, vemos que por más precisas que puedan ser las definiciones, por sí solas no bastan para
delimitar la violencia. Pero tal vez no sea éste su cometido, su fuerza, sino que lo importante de
éstas es que nos proponen bases mentales para conducir nuestra consideración sobre la violencia,
nuestra restricción o amplitud de miradas para el análisis, porque desde estas bases serán las
posibilidades de concebir si tales o cuales fenómenos merecen ser considerados como violencia o
no, así como las posibilidades analíticas que se puedan desarrollar.
Ahora bien, se considera aquí la propuesta de Elsa Blair en el sentido de llevar la preocupación
desde la definición hacia el uso del concepto. Dice esta investigadora: "Propongo entonces, más
que una conceptualización sobre la violencia [...] hacer una aproximación al problema por otra vía:
dándole la razón a ese gran lingüista, Wittgenstein, cuando dice: sólo en el uso encuentra la
proposición su sentido. O cuando propone, no preguntes por la significación, pregunta por el
uso".16 Pues bien, intentamos hacer esto a continuación. Aclaramos que sólo se trata de un
acercamiento general, porque un análisis más o menos detallado de la cuestión rebasa con mucho
los alcances que puede tener un ensayo como el presente.
En términos generales se puede considerar, de forma más obvia e intuitiva, que el estudio de la
violencia se aborda desde cuatro principales campos de investigación: uno es el que atiende a los
orígenes y las causas de ésta; otro es el que se preocupa por las formas que asume, las
características de ésta y las dinámicas propias que desarrolla; otro más se ocupa principalmente
de las consecuencias y efectos que el despliegue de la violencia genera. Atravesando estos tres
campos o maneras de abordar su estudio se encontraría una preocupación valorativa, tendiente a
calificar las relaciones de violencia desde varias situaciones, como pueden ser algunos puntos de
vista centrados en los agentes participantes en los hechos, tanto de quienes los ejecutan y quienes
los padecen, como de quienes se encuentran en el entorno inmediato o mediato que la observan
o la estudian. O bien se califican desde situaciones de creencias y valores políticos, morales,
culturales y hasta religiosos. Por último, considerando los contextos determinados en los que se
producen los actos de violencia, por ejemplo valores escolares, familiares o sexuales. Pero en
cualquier caso estas valorizaciones son susceptibles de realizarse tanto para las causas de la
violencia, sus formas y dinámicas y, como punto más importante, sus consecuencias. A estos
cuatro puntos de preocupación analítica se les puede denominar campos de análisis sobre la
violencia. A continuación, sin pretender agotar el asunto, se enuncian algunas ideas que
consideramos importantes para estos campos.
De entre los factores que favorecen o causan violencia se suelen destacar dos grupos que
permitirían concebir dos modalidades de violencia, una activa y otra reactiva. Las causas de la
violencia activa engloban a un grupo de factores marcados por la dominación, por el deseo de
conquista sobre otros que permita su sometimiento psicológico, sexual, físico o la extracción de
patrimonios materiales de éstos. Los victimarios entonces recurrirán a diferentes formas de
violencia como medios para lograr la dominación y expropiación simbólica y material de las
víctimas.
Un abordaje ilustrativo de esto se puede encontrar en el libro de Rita Laura Segato, Las estructuras
elementales de la violencia,17 donde aborda el problema de la violencia de género, señalando que
es precisamente la estructura de dominación patriarcal la matriz originaria de esa violencia,
funcionando de forma más o menos directa a partir de ataques físicos, sexuales o emocionales, o
de forma indirecta a partir de lo que ella llama la violencia moral, que interioriza en la víctima, la
mujer, el sistema de dominación y la hace aceptar dicha dominación. Esta violencia moral funciona
en la cotidianidad marcando no sólo el lugar que ocupa la mujer en las relaciones en el hogar (hija
y esposa dependiente, madre al servicio de los hijos) o fuera de él (como trabajadora de menor
calidad, por ejemplo), sino también el sistema de pensamiento que las determina al sometimiento
(poco racionales, emotivas, abnegadas, etcétera). Pero el conjunto de factores marcados por la
dominación también es pertinente para otras situaciones de violencia, como la política, caso de las
guerras de conquista, o hasta económicas, como con el establecimiento de la llamada
"acumulación por desposesión",18 en procesos que afectan sobre todo a países del tercer mundo
que sirven a grupos de interés económico en asuntos como los energéticos, mineros o que utilizan
mano de obra barata y hasta esclava.
Por otro lado, en cuanto a la violencia reactiva, se puede considerar que el otro grupo de factores
importantes para la producción de violencia es la percepción de dolor, tanto físico como
emocional.19 Es decir, podemos considerar dolores físicos y emocionales, entre los que se
incluyen no sólo los resultados de ataques físicos al cuerpo de alguien, sino además los que son
resultados de la exclusión, la humillación o el rechazo social. Además, podemos hablar también de
dolores individuales y sociales, es decir, los experimentados por una persona y los experimentados
por grupos de personas o grupos sociales. Entonces, la percepción del dolor puede activar, en
quienes lo padecen, respuestas agresivas y violentas contra las personas que suelen considerarse
responsables de la producción de ese dolor, aunque en ocasiones, como se comentará más
adelante, esta respuesta violenta pueda sufrir desplazamientos temporales o espaciales en su
manifestación. Esta violencia reactiva, entonces, puede verse como respuesta ante daños
percibidos, que busca la eliminación de los comportamientos que los producen o se conciben
como castigos y compensación por esos daños.
Ahora bien, en cuanto a los niveles de causalidad, en términos sintéticos se puede considerar que
todo acto de violencia se presenta en un contexto social específico, el cual tiene, a su vez, una
historia que lo generó. Las raíces sociohistóricas y las causas contextuales específicas de la
violencia son los dos niveles principales de las preocupaciones causales de la misma. Sin embargo,
se reconoce la existencia de un tercer nivel causal más específico, lo que se ha llamado el
detonante o disparador de la violencia; quién tiró la primera piedra, quién emitió una orden, el
acontecimiento fortuito que desencadena la violencia, etcétera. El primer nivel de causalidad, por
tanto, presta atención al cuadro histórico y social en el que se ubican las relaciones de violencia,
reconoce, como lo pide Martín-Baró, esa historia que crean las condiciones de posibilidad para la
generación de violencia,23 que pueden comprender el establecimiento de ciertas ideologías y
estructuras sociales que estarán en la base de los comportamientos y los hechos de violencia. El
segundo nivel establece, más que una relación histórica, una situación de causas más inmediatas,
atendiendo las relaciones establecidas entre diferentes actores sociales y los contextos específicos
donde se desarrollaran las relaciones de violencia. El último nivel, por su parte, es el hecho más
inmediato y visible que hace explotar manifestaciones de violencia física y directa.
Sumados a estos tres niveles empíricos del estudio de la preocupación causal, encontramos otro
nivel que podría considerarse como ontológico, en el sentido de que se pregunta si la violencia es
consustancial, y en qué medida y cómo, a los individuos, a los grupos, al género humano o bien al
propio ámbito de convivencia social. Algunos ejemplos de esto son las consideraciones de la
etología, especialmente de Lorenz,24 de observar la agresión como una pulsión instintiva de los
individuos, pero moldeada a partir de la evolución biológica; otra, en el plano social, es la
consideración de Schmitt25 de que "lo político" se determina esencialmente por la oposición
amigo-enemigo y con la posibilidad siempre presente del encuentro bélico.
Para realizar una clasificación de la violencia es conveniente considerar que ésta puede contar con
diversos tipos según los criterios que se utilicen para su observación o construcción. Para
considerar algunos de estos criterios se puede señalar, de forma general, que la violencia alude a
actos y comportamientos que se presentan insertos en entramados de relaciones o contextos
diferentes; cuenta con por lo menos tres tipos de actores que la delimitan (el agresor, la víctima y
los observadores); presenta un aspecto de sucesión con origen o causa, un desarrollo a partir de
ciertas dinámicas, reviste ciertas características e implica determinadas consecuencias; además se
puede relacionar a otras características retomadas de aspectos más generales, como la
racionalidad instrumental. Así, de estos diferentes factores enunciados, entre varios otros que
pueden postularse, se destacan aspectos que sirven como diferentes criterios clasificadores.
Los criterios pueden ser de lo más diverso pero en general hay algunos que han destacado. Por
ejemplo, a partir del criterio de los daños o afectaciones sufridas por las víctimas de la violencia, se
puede hacer la siguiente tipología: a) patrimonial o económica, que afecta la integridad
patrimonial de las personas o colectivos; b) sexual, que afecta la integridad sexual de las personas,
como en el acoso y la violación; c) psicológica, que afecta su integridad psicológica produciendo
trastornos de comportamiento y percepción; d) física, que daña la integridad corporal de las
personas, produciendo golpes, fracturas y hasta la muerte. O bien se puede tomar como criterio
de clasificación al contexto de actividades donde se desarrolla la violencia, con lo que se podría
pensar en la siguiente clasificación: a) escolar, b) en el hogar, c) en el trabajo, d) callejera, e)
deportiva, etcétera.
Ahora bien, cada una de las formas de violencia que se consideren, desarrollan ciertas dinámicas -
en el sentido de un discurrir entre las causas y las consecuencias con rasgos específicos- y
características propias. Pero también existen pautas de comportamiento generales y
características reconocibles en las relaciones de violencia que deben tomarse en cuenta para su
estudio. Dentro de las dinámicas que las relaciones de violencia asumen quizá la más importante
es la considerada como espiral de violencia. Al decir de MartínBaró, con esta categoría se intenta
señalar "que los actos de violencia tienen un peso autónomo que los dinamiza y los multiplica".26
Es decir, una vez que se han desatado hechos de violencia, éstos desencadenan una dinámica que
puede incrementar las manifestaciones de violencia. Proponemos aquí tres formas de espiral de
violencia que pueden denominarse como espiral de "emulación", de "reforzamiento" y de "acción-
reacción".
La espiral de emulación puede presentarse bajo situaciones en las que la violencia desarrollada
por ciertos agentes consigue sin grandes costos proporcionar fines o beneficios esperados. Cuando
esta violencia lo logra y no se ve contrastada por costos o restricciones importantes, o aun por
valores que la inhiban, puede bien ser recurrentemente utilizada por los mismos agentes o, más
importante, ser imitada por otros agentes que busquen los mismos fines o parecidos, sin grandes
restricciones o costos. En este sentido, por ejemplo, una situación social de ilegalidad que recurra
a la violencia para sus fines y se encuentre un contexto de impunidad grande, permite el
desarrollo de este tipo de espiral de violencia. Es decir, es un tipo de espiral que se ubica bajo una
consideración en la que la violencia sea utilizada como medio para fines determinados, es una
utilización puramente instrumental de la violencia.
Por último, consideraremos algunas características generales que se pueden encontrar alrededor
del tema de la violencia, como son el distanciamiento, el desplazamiento y el aprendizaje de la
violencia.
Siguiendo a Joachim Bauer, por desplazamiento se entiende que los actos agresivos y de violencia
pueden cambiar el objeto y el punto temporal de su manifestación, por ejemplo que no se
desencadene una agresión hacia aquel objeto que causa un malestar en alguien, sino en otro, por
diversas razones, entre las que se encuentran el poder de quien causa el daño, la poca posibilidad
de identificarlo o creencias que lleven a desconocer la situación de agravio.
Así, un niño puede ser golpeado por su padre, pero él no reacciona violentamente hacia ese padre
-quizá por el temor que le reporta, quizá por alguna creencia de que éste lo tiene permitido por
ser el padre-, pero puede ejercer violencia contra sus compañeros escolares, más débiles que él, o
bien, ejercerla en el futuro contra sus propios hijos. Como dice Bauer, "tales desplazamientos
producen en muchos casos la impresión, comprensible pero errada, de que las acciones agresivas
son 'absurdas' y 'no fundamentadas', y por lo tanto son expresión de un deseo de violencia
profundamente arraigado en el ser humano".30 Pero este desplazamiento, como se ve, tendrá
sobre todo importancia en aquellas formas de violencia que tiendan a ser más reactivas que
activas, es decir, más expresiones de respuesta ante el dolor, que instrumentos al servicio de la
violencia activa, de dominación. Aunque este desplazamiento puede afectar también la relación
entre violencia activa y reactiva, haciendo aparecer a la segunda como activa.
Por último, con la idea del aprendizaje social de la violencia se considera que la adquisición de
comportamientos violentos es posible mediante dos tipos principales de aprendizaje. El primero es
el directo, esto es, de la acción agresiva y violenta directa ejercida por parte del individuo. Sin
embargo, se considera que este tipo de aprendizaje sólo refuerza conductas que ya existen en el
repertorio del individuo. El segundo tipo es indirecto, es simbólico, que se realiza mediante la
contemplación de modelos, es decir, observando el comportamiento agresivo de otros individuos.
Esta contemplación puede darse también de forma directa, personal, como cuando se vive en un
entorno familiar o vecinal violento, o de forma indirecta, principalmente mediante algún medio de
comunicación (cómics, películas, televisión). Este tipo de aprendizaje es considerado el más
importante, porque proporciona ese repertorio de comportamientos agresivos arriba señalados.
Así, se considera que para aprender a comportarse agresiva o violentamente no es necesario que
el individuo participe en actos de este tipo, tan sólo basta que contemple el espectáculo de la
violencia.
Pero si con la contemplación se aprenden diferentes repertorios de actos violentos, esto no basta
para que un individuo los aplique. Es necesario cierto refuerzo valorativo para que ésta se
desarrolle o no. En la observación del acto agresivo esta valoración puede darse en el hecho de
que se premie o se castigue dicho acto. Como dice Martín-Baró:
Pero en cualquier caso, en su aspecto inmediato, las consecuencias más claras de la violencia son
los daños que ésta genera, especialmente a las víctimas directas y en ocasiones también a
terceros, pudiendo afectar igualmente hasta a los mismos victimarios. Entre estos daños están los
que ya se mencionaban anteriormente, la afectación a la integridad física de las personas, a su
integridad emocional y psicológica y a su integridad patrimonial. Mientras que en términos
sociales las consecuencias de ciertas relaciones de violencia pueden llevar a la desestructuración
de los lazos sociales a mediano y largo plazo, a la instauración del miedo y la desconfianza social, a
situaciones de anomia y, en último término, a la intensificación de las dinámicas de espiral de
violencia. Tal pude ser el caso de las guerras civiles o la actual guerra contra el crimen organizado,
para el ejemplo concreto de México. Esto, desde luego, también puede comprometer el futuro
desarrollo económico de mucha gente.
Por racionalización puede entenderse una situación en la que se busca otorgarle a la violencia
algún sentido posteriormente a su producción. Esta racionalización es necesaria tanto para las
víctimas como para los victimarios; a los primeros les ayuda a soportar los males recibidos, y a los
segundos les permite liberar culpas. Es una especie de justificación posterior y no suele ser muy
elaborada, no constituye en lo inmediato un discurso ideológico o algo parecido, sino un
acomodar lo vivido al universo de sentido de los participantes más directos en los hechos. Una
idea que estaría detrás de esto es aquella que dice que el hombre puede acostumbrarse a
cualquier cosa, menos a vivir en el sinsentido, por lo que tiene una tendencia a acomodar sus
experiencias a algún sentido y hasta hacer de ciertas experiencias un eje del sentido de su vida. En
cierta forma, es posible encontrar racionalizaciones de este tipo dentro del campo de la violencia
doméstica cuando la propia víctima llega a considerarse culpable de la violencia recibida.
Por juridización entendemos aquellos aspectos que buscan, por medio del derecho, nombrar
situaciones, reconocer sus alcances y poder actuar, de alguna manera, para regular o combatir la
violencia. Es una forma de valorización que busca someter a un orden normativo a los agentes
participantes en los hechos de violencia. Por ello, si los anteriores aspectos de la valorización están
más relacionados con agresores y víctimas, este aspecto está más en referencia a los
observadores, principalmente a los del orden institucional y gubernamental.
Pero en este aspecto la juridización puede ir más allá de establecer una valoración de "no
permitido" a ciertos actos o conductas violentas, pues en primer lugar ayuda a nombrar
precisamente los comportamientos y los actos susceptibles de ser definidos de violentos. Sin
embargo, tiene en contra la idea ya destacada en el inicio de este ensayo de que, en su
funcionamiento, su definición de violencia no puede ser sino restringida, so pena de perder su
eficacia en la sanción de dichos comportamientos, perdiendo así la posibilidad de atender las
violencias desde las raíces sociohistóricas que las generan.
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1Elsa Blair Trujillo, "Aproximación teórica al concepto de violencia: avatares de una definición",
Política y Cultura, núm. 32, otoño, 2009, México, UAM-Xochimilco, pp. 9-33.
2Ibid., p. 13.
3Ibid., p. 16.
4Ibid., p. 20.
5Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Barcelona, Anagrama, 2000.
6Carlota Guzmán Gómez, "Las lógicas de la violencia escolar: un aporte para la discusión", Rayuela.
Revista iberoamericana sobre niñez y juventud en lucha por sus derechos, núm. 6, noviembre-
mayo, México, 2012, pp. 119-126 (p. 123).
7Fredric Wertham, La señal de Caín: sobre la violencia humana, México, Siglo XXI Editores, 1971,
p. 3.
8John Keane, Reflexiones sobre la violencia, traducción de Josefa Linares de la Puerta, Madrid,
Alianza editorial, 2000, pp. 61-62 (subrayado añadido).
9Michel Wieviorka, "La violencia: destrucción y constitución del sujeto", Espacio abierto, julio-
septiembre, vol. 10, núm. 3, Cuadernos Venezolanos de Sociología, Maracaibo, Asociación
Venezolana de Sociología, pp. 337-347 (pp. 339-340).
11Michel Foucault, Seguridad, territorio, población, traducción de Horacio Pons, Buenos Aires,
Fondo de Cultura Económica, 2011, pp. 16-17.
12Baste un ejemplo: el Estado se forma, en lo esencial y según los discursos utilizados para su
legitimación, para hacer frente a dos principales formas de violencia: la de la invasión de un
pueblo por otro y la de la invasión de la intimidad, de la privacidad de cada uno de los súbditos o
ciudadanos, por parte de actores delictivos, pero para cumplir ese objetivo cuenta como principal
medio con la violencia, el monopolio de la violencia legítima. Un fin: la paz. Un medio: la violencia.
Aquí se encierra parte de la historia sociopolítica de los Estados modernos.
13La violencia cultural como aquellos aspectos ideológicos y representacionales que justifican o
enaltecen la violencia de alguna forma, como el racismo, el sexismo, la xenofobia. La violencia
estructural como aquella forma de organización social que desprotege y condena a ciertos sujetos
a no poder desarrollar plenamente sus posibilidades. Johan Galtung, Tras la violencia, 3R:
reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles de la guerra y la
violencia, España, Ed. Bakeaz/Gernika Gogoratuz, 1998.
14La violencia simbólica como una forma de violencia cotidiana mediante la cual los esquemas de
percepción y valorización del carácter de una relación de dominación-sumisión son los
desarrollados desde el lado del dominador, es decir, se imponen a los sometidos naturalizando o
presentando como inevitable su propia situación. Pierre Bourdieu, La dominación masculina,
Barcelona, Anagrama, 2000.
15La violencia moral como una forma de violencia cotidiana destinada a mantener el
sometimiento de la mujer a la dominación patriarcal, por medio de la dependencia económica en
el hogar, la reiteración de las posiciones sociales de hombres y mujeres, su asignación de papeles y
la afirmación de características como emocionales e irracionales. Rita Laura Segato, Las
estructuras elementales de la violencia; ensayos sobre género entre la antropología, el
psicoanálisis y los derechos humanos, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2003.
16Elsa Blair Trujillo, "Aproximación teórica al concepto de violencia...", op. cit., p. 31.
17Rita Laura Segato, Las estructuras elementales de la violencia..., op. cit. Política y Cultura, otoño
2016, núm. 46, pp. 7-31
18David Harvey, El nuevo imperialismo, Madrid, Ediciones Akal, 2003. Véase también Pablo
Dávalos, La democracia disciplinaria. El proyecto posneoliberal para América Latina, Quito, CODEU,
2010.
20Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, traducción de Julieta Campos, México, Fondo de
Cultura Económica, 2007.
21Habrá que aclarar que si Fanon pinta con un carácter positivo la violencia descolonizadora
también considera que a la larga ésta no se puede mantener, pues sus efectos sociales a largo
plazo serán siempre negativos.
22Candice A. Skrapec, "Los motivos del asesino en serie", en Raine Adrian y José Sanmartín,
Violencia y psicopatía, España, Ariel, 2008, pp. 155-180.
24Konrad Lorenz, Sobre la agresión: el pretendido mal, México, Siglo XXI Editores, 1994.
27Óscar Martínez, Los migrantes que no importan, Oaxaca, Sur+ ediciones, 2012, p. 125.
28Véanse por ejemplo las implicaciones de esta retórica en Michael Mann, El imperio incoherente:
Estados Unidos y el nuevo orden internacional, España, Paidós, 2004.
29Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, Madrid, Akal, 2006. Política y Cultura, otoño 2016,
núm. 46, pp. 7-31.
33Robert Dowse y John A. Hughes, Sociología política, España, Alianza, 1999, p. 497. Política y
Cultura, otoño 2016, núm. 46, pp. 7-31
La violencia en Venezuela durante el año 2017 estuvo asociada al notable deterioro en la calidad
de vida del venezolano y a la disolución sistemática del Estado de Derecho como el mecanismo
regulador tanto de las relaciones sociales como del acceso a los bienes materiales y al poder.
En el año 2017 se acentuó la disolución del Estado de Derecho a partir de un conjunto de acciones
y medidas que destruyeron los mecanismos institucionales establecidos en la Constitución vigente
substituyéndolos con medidas e instancias de poder paralelas, provocando una doble
institucionalidad que ha incrementado el sentimiento de anomia de la sociedad y ha reducido la
creencia en las vías legales como el medio adecuado para la resolución de conflictos. Durante todo
el año 2017, y por casi dos años consecutivos, se prolongaron los decretos de estado de excepción
sin aprobación de la Asamblea Nacional y por un periodo muy superior a los cuatro meses máximo
como lo exige la Constitución. Las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia por las
cuales el poder judicial se arrogaba los poderes correspondientes al poder legislativo llevaron a
que la Fiscal General de la República, en tanto que guardiana de la ley, las calificara como una
ruptura del hilo constitucional. El establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente por
mecanismos de convocatoria y de elección diferentes a lo establecido por la Constitución Nacional
vigente; la posterior destitución de la Fiscal General y el nombramiento de un nuevo Fiscal por una
Asamblea Nacional Constituyente que no tiene las potestades legales y constitucionales para
hacerlo, y sus posteriores acciones de aprobación de leyes y eliminación de unidades territoriales
establecidas, actuando como un poder plenipotenciario sin haber sido derogada la anterior, ni
haber sido aprobada una nueva Constitución, han conducido al establecimiento de una peligrosa
doble institucionalidad en el país.
Un país que tiene dos Asambleas Nacionales, dos Fiscalías y dos Tribunales Supremos de Justicia,
es una sociedad que no tiene mecanismos de control civilizados de la violencia.
La crisis económica, con una contracción de dos dígitos en el Producto Interno Bruto, la reducción
a la mitad de las importaciones y la disminución de las exportaciones petroleras y no petroleras,
así como la emisión de dinero inorgánico por parte del gobierno, ha provocado una inflación que
ya da signos de hiperinflación. La caída de los precios del barril y de la producción de petróleo
venezolano, así como la baja productividad en la economía y el crecimiento de la economía
informal, han provocado un incremento de la desigualdad en la sociedad y han creado dos polos
contrastantes de extrema riqueza y extrema pobreza en el país.
El lograr algún alimento para el hogar pasó a ser una proeza para millones de familias venezolanas,
las cuales se ven sometidas a largas y demoradas colas para la compra de unos pocos productos, y
en las que hay tensión y focos de violencia por la discrecionalidad y segregación en las normativas
que imponen los establecimientos o los militares encargados del cuido del orden en esos lugares.
La exigencia de un “carnet” para acceder a la compra de alimentos, medicinas y otras necesidades,
requiriendo un documento de identidad diferente del que establece la legalidad venezolana,
constituye un mecanismo de exclusión social, de sometimiento al poder y de pérdida de la
ciudadanía, pues establece dos tipos de venezolanos: unos afiliados por un registro
gubernamental para el acceso a unos pocos alimentos o medicinas y otros sin derechos a la
alimentación y la salud.
El OVV ha trabajado con tres tipos de fuentes de información diferentes: datos que se publican en
la prensa nacional, archivos oficiales y encuestas de victimización aplicadas en los hogares. Para la
recopilación y procesamiento de los datos que se publican en la prensa nacional, el OVV, a través
de los Observatorios Regionales de Violencia (ORV) y de sus respectivos Observatorios de Prensa
(OP), registra y contabiliza sucesos de violencia difundidos en medios de comunicación regionales
y nacionales. Adicionalmente, el OVV, por medio de la red de Observatorios Regionales, recibe
datos oficiales de manera no-oficial. Estos archivos reportan delitos conocidos por las autoridades
policiales, en aquellos casos en los que se presenta una denuncia o se realiza una actuación
policial. Hay que precisar que esta información no siempre es completa y presenta en general
inconsistencias de diversos tipos, que demandan de un minucioso trabajo de revisión y de
validación, en la medida que lo posibilitan los archivos. La tercera fuente de información es la que
proviene de las encuestas de victimización, una de ellas es la Encuesta sobre Condiciones de Vida,
ENCOVI, que llevan a cabo anualmente la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Simón
Bolívar y la Universidad Central de Venezuela. El OVV se alimenta, además, de un programa de
investigación con encuestas ad-hoc sobre la misma temática, pero estudiando su vinculación con
problemas sociales diversos como, por ejemplo, la desigualdad, que llevan a cabo los centros de
investigación que lo integran.
En este año se aplicaron de manera sistemática otras dos técnicas de recolección de información:
los grupos focales y las entrevistas a profundidad. En siete ciudades del país se realizaron grupos
focales con los grupos sociales y ocupacionales más afectados por la violencia y se aplicaron
entrevistas con líderes sindicales y comunitarios, así como con trabajadores de la salud y la
seguridad, para tener mayor profundidad y detalle de las situaciones vividas, así como para
comprender la construcción subjetiva de la violencia.
En esta oportunidad cabe destacar un estudio de particular importancia para determinar la cifra
negra en materia de mortalidad violenta, que está llevando a cabo el OVV en cinco parroquias del
Distrito Capital. En esta investigación se está realizando una enumeración exhaustiva de casos de
mortalidad violenta por medio de una encuesta a hogares, que en una etapa posterior se podrá
cotejar con los registros oficiales disponibles sobre homicidios y muertes por resistencia a la
autoridad. Este ejercicio permitirá, con el empleo de una metodología conocida como de
estimación por sistemas múltiples (ESM), una aproximación novedosa a la cuantía de la cifra negra
letal en nuestro país.
El concepto de muertes violentas que utilizamos en este informe se define como la suma de las
muertes ocurridas bajo cada una de las tres categorías siguientes:homicidios legalmente
establecidos, averiguaciones de muerte y resistencia a la autoridad. La estadística oficial utiliza la
categoría homicidios sólo para los casos (de una o varias víctimas) donde existe la apertura de un
expediente judicial por asesinato. Muchos otros casos, de miles de muertes violentas, por
ejemplo, de personas fallecidas a causa de un disparo de arma de fuego, quedan fuera de esa
categoría por tener una intención “indeterminada”, por lo que se denominarían averiguaciones de
muerte. En otros casos, miles también, donde la muerte ocurre a consecuencia de una acción del
Estado, policial o militar, se clasifican y archivan como resistencia a la autoridad. Ciertamente, no
todo caso de enfrentamiento con la autoridad termina en homicidio, ni toda muerte en
averiguación tiene por qué ser el resultado de un acto violento, pero es imposible saber con
certeza cuántos lo son, y esto, entre otras razones, por la aparente falta de sistematicidad en los
procedimientos de registro de los organismos oficiales encargados de esta materia. En opinión del
OVV, aun cuando la muerte sea el resultado de una acción legal ajustada al protocolo de uso
proporcional de la fuerza, es una muerte violenta que debe ser contabilizada como tal, pues es el
resultado del nivel de violencia existente en la sociedad.
Ante el silencio informativo habitualmente practicado por el Gobierno con relación a la mortalidad
violenta y la dificultad de poder disponer de fuentes completas de datos confiables, el OVV ha
venido empleando proyecciones estadísticas de las muertes violentas ocurridas en el país en un
año calendario específico. Para ello, hemos utilizado datos parciales aportados por diversas
fuentes de información regional y nacional, en combinación con series estadísticas de muertes
violentas del país desde el año 1990.
El ejercicio de predicción estadística en el año 2017 se llevó a cabo estimando modelos de series
temporales de los casos conocidos de homicidios y casos de resistencia a la autoridad de manera
conjunta, registrados para los nueve primeros meses del año 2017, y de las averiguaciones de
muerte compiladas por la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ) y el actual Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), desde 1990 hasta el año 2010.
Hay que advertir que aun cuando los modelos ajustados son los “mejores” desde el punto de vista
estadístico, es decir, aquellos que proporcionan el mejor ajuste a los datos y además aseguran el
menor error de predicción, tal ejercicio se realiza asumiendo unceteris paribus, es decir, que las
condiciones determinantes del comportamiento pasado no han cambiado y se mantienen
constantes. Se comprende, por lo tanto, que en la medida en que el horizonte de predicción se
alarga, el ejercicio de predicción es más incierto. De cualquier manera, reconocemos que las cifras
se mueven en la incertidumbre de unos intervalos amplios que pueden ubicar las tasas “reales” en
magnitudes algo menores o algo mayores de las que resultan del ejercicio predictivo, expresado
normalmente en afirmaciones que se declaran con un 95% de confianza.
Este año se cumplen catorce años consecutivos de censura sobre la estadística oficial de
criminalidad y violencia. Por ello, calculando en medio de la opacidad informativa con fuentes
primarias nacionales y estadales, y con las informaciones de terreno a las cuales hemos tenido
acceso a través de los siete Observatorios Regionales de Violencia, para finalizar este año 2017
estimamos una tasa de 89 muertes violentas por cada 100 mil habitantes y un total de 26.616
fallecidos en todo el territorio nacional. Esta cifra incluye la suma de los homicidios legalmente
aceptados como tales, que estimamos en 16.046 casos; más las víctimas de los actos clasificados
como resistencia a la autoridad, que alcanzaron 5.535 muertos; y los 5.035 fallecidos considerados
como muertes violentas en averiguación.
Esta tasa representa una disminución de 3 puntos en relación al año anterior. Los homicidios
considerados como tales por las autoridades disminuyeron en su magnitud, pero se
incrementaron otras formas de violencia, en particular la violencia del Estado expresada en el
incremento de las personas víctimas que fueron clasificadas como fallecidos por “resistirse a la
autoridad”. En promedio, en el año 2017, cada semana fallecieron 106 personas por acciones de
funcionarios policiales o militares; cada día del año murieron 15 personas por resistencia a la
autoridad.
De igual modo, se observó un incremento de las muertes por encargo o sicariato en el país. Si bien
establecer cifras confiables es una tarea muy difícil, por la complejidad que este tipo de móvil
representa para la investigación criminalística, especialmente en las situaciones de censura y
oscuridad en los datos, desde el OVV podemos afirmar que en cada semana del año se cometieron
al menos 6,4 homicidios que deben ser considerados como sicariato. La zona con mayor número
de este tipo de actos fue el estado Zulia, que agrupó cuatro de cada cinco casos registrados con
esa clasificación, siguiéndole los estados Amazonas, Táchira y Falcón.
Una nueva dimensión de la violencia en el año 2017 es el hallazgo en varias zonas del país de un
incremento en los suicidios. Aunque estos eventos no han sido un foco de estudio del OVV, sí
forman parte de la violencia. En investigaciones realizadas en las universidades nacionales desde
los años noventa, se incluía el suicidio como una forma de violencia “contra uno mismo”. Ésa es la
misma definición que posteriormente adoptó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año
2000. Sin embargo, no había adquirido una relevancia social sino hasta fecha reciente, cuando se
ha observado un incremento de los casos en diversas zonas del país. En el estado Mérida, entre
enero y noviembre de 2017 se quintuplicó la cifra de homicidios registrada en todo el año 2016.
Ese incremento es de tal magnitud que supera la sumatoria de suicidios en Mérida durante en los
últimos cuatro años, y arroja una tasa de 19 por cada 100 mil habitantes. Ese es valor muy alto si
tenemos en cuenta que para la OMS sólo 20 países del mundo alcanzan una tasa superior a la que
está registrando Mérida en el 2017. Es un dato significativo al que debe hacerse seguimiento,
porque podría revelar una causa de mortalidad derivada del contexto social y político del país que
debe ser cuidadosamente atendida.
También en el año 2017, entre los meses de abril y julio, se presentaron un conjunto de
situaciones de violencia vinculadas a la protesta social y política de los ciudadanos, y la represión
ejercida por los cuerpos policiales y militares. Algunas organizaciones de la sociedad civil
estimaron en 163 el número de fallecidos en estas protestas y en el informe del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos se afirma que hubo 124 muertos por
confrontaciones, uso desproporcionado o con la intención de hacer daño de la fuerza pública.
Las víctimas fatales de la violencia en el año 2017 fueron fundamentalmente jóvenes: un 60% de
las víctimas tenía entre 12 y 29 años de edad; una de cada tres víctimas (34%) tenía entre 18 y 24
años. El 95% de las víctimas fatales eran hombres, los cuales en el 88% de los casos recibieron
heridas múltiples y en un 90% murieron por armas de fuego.
El análisis estadístico de los Observatorios Regionales de Violencia reveló que el 84% de las
víctimas eran trabajadores formales o informales.
Los victimarios mostraron unos rasgos muy similares a sus víctimas, conformando lo que en otros
momentos hemos llamado una imagen de espejo: en un 61% tenían entre 12 y 29 años de edad,
un tercio de ellos (35%) tenía entre 18 y 24 años y en un 98% eran hombres. El 60% de los
victimarios se catalogaba como trabajador informal.
La violencia se ha extendido de una manera similar a lo largo de todos los días del año, no hubo
casi diferencias entre los días de la semana, lo que sí se pudo notar fue un incremento de las
muertes violentas al día siguiente de la fecha de pago quincenal, observándose un mayor número
de víctimas los días 1º y 16 de cada mes.
Aunque la violencia es un fenómeno generalizado que tiene rasgos de epidemia en todas las
entidades federales del país, hay un grupo de cinco estados con unas tasas superiores a la de 100
muertes violentas por cada 100 mil habitantes (100m/h) que concentran el 65% de las víctimas.
Los estados más violentos del país son: Aragua, con una tasa de155 fallecidos por cada 100m/h;
Miranda con una tasa de 153 por cada 100m/h;Amazonas con 146 por cada 100m/h; Bolívar con
113 y el Distrito Capital con109 por cada 100m/h.
Otras dos entidades con una alta tasa fueron Carabobo con 91 y Sucre con 81 víctimaspor cada
100m/h. Caracas como ciudad, que reúne el Distrito Capital y cuatro municipios del estado
Miranda, arrojó una tasa de 104 muertes violentas por cada 100m/h.
Los estados con la menor tasa fueron Mérida y Nueva Esparta con 26 fallecidos por cada 100m/h,
tasa que, sin embargo, es muy alta, pues resulta superior a la de Colombia como país.
Los diez municipios más violentos del país tuvieron una tasa de muertes violentas por encima de
los 300 fallecidos por cada 100 m/h. Destacan en particular, el municipio El Callao del estado
Bolívar, con una tasa de 816 víctimas por cada 100 m/h, seguido por el municipio Andrés Bello del
estado Trujillo, con una tasa de 429 muertos por cada 100 m/h. Luego continúan en orden
decreciente, los municipios Acevedo (377) y Camatagua (355) del estado Aragua; Buroz (324) y
Andrés Bello (318) de Miranda; el municipio José Rafael Revenga (307) de Aragua, Roscio (306) de
Bolívar y en décimo lugar el municipio La Ceiba (305) de Trujillo. Son municipios pequeños donde
la violencia adquiere unas magnitudes notables por la poca población que allí habita y que se ve
afectada tanto por el crimen como por la acción violenta de la policía.
Lo que se puede observar es que hay un patrón de distribución territorial de los municipios más
violentos que asocia la ocupación territorial de delito con rutas de transporte de la droga,
producción y contrabando de la minería, y con las zonas de dominio de las bandas dedicadas a la
extorsión y el secuestro. En el estado Bolívar los tres municipios con mayores tasas de muertes
violentas se corresponden a la zona minera El Callao con 816 víctimas por cada 100 m/h, Roscio
(capital Guasipati) con 306 por cada 100 m/h; y Sifontes (capital Tumeremo) con 274 por cada 100
m/h.
En el estado Trujillo los municipios más violentos, medidos en tasas por 100m/h, se localizan en la
zona plana del estado que comunica la carretera Panamericana con el sur del lago de Maracaibo.
Encontramos allí, los municipios Andrés Bello con 429 por cada 100 m/h, La Ceiba, donde se
encuentra el puerto sobre el lago de Maracaibo, con 305 por cada 100 m/h; Miranda (Dividive) con
191 por cada 100 m/h; Motatán con 187 y Sucre (Sabana de Mendoza) con 165 por cada 100 m/h.
El estado Aragua tiene siete municipios con tasas superiores a las 200 muertes por cada 100m/h y
están ubicados en el eje que comunica la zona de los llanos con el puerto de Ocumare en el
municipio Costa de Oro (con 244 muertes por cada 100m/h). Son los municipios Santo Michelena
(Tejerías, 355); J. R. Revenga (El Consejo, 307); Zamora (Villa de Cura, 244); J.F. Rivas (La Victoria,
208); Bolívar (San Mateo, 266); Libertador (Palo Negro, 155) con el sur Camatagua (346) y
Urdaneta (Barbacoas, 147).
En el estado Zulia los municipios más violentos se encuentran al sur del lago de Maracaibo. El
municipio Baralt (San Timoteo, 194) que se encuentra entre la carretera Panamericana y el lago, y
que es fronterizo con los municipios más violentos del estado Trujillo y los municipios Jesús M.
Semprum (Casigua, 176) y Catatumbo (Encontrados, 115), los cuales conectan la frontera
colombiana con los puertos del lago de Maracaibo por carreteras y ríos.
En el estado Carabobo los tres municipios más violentos están alrededor del lago de Valencia y son
fronterizos con el estado Aragua: Diego Ibarra (Mariara, 234); Carlos Arvelo (Guigüe, 127) y Los
Guayos (122). Y el cuarto es el municipio Juan José Mora que se corresponde a la ciudad de Morón
(114), intersección de la autopista central del país hacia Puerto Cabello.
En ese contexto general Venezuela permanece en el año 2017 como el segundo país más violento
del mundo, sólo superado por El Salvador, quien mantiene sus altas tasa de asesinatos. En
Centroamérica, el otro país con alta criminalidad ha sido Honduras y en este año ha mostrado una
reducción. Y aunque Costa Rica ha tenido un incremento en el delito y la violencia, la tasa
estimada de 14 homicidios por cada 100 m/h, la coloca en una posición muy distante de
Venezuela.
En Colombia se tendrá la tasa más baja de los últimos 42 años con 10.871 muertes y una tasa de
23 por 100 m/h. La evolución de la situación de violencia con posterioridad a los Acuerdos de Paz
tendrá que seguirse observando, pues aunque la tendencia a la disminución de la violencia se ha
sostenido por varios años no se descarta que los grupos guerrilleros que no se acojan al proyecto
político pueden derivar a otras formas de criminalidad y violencia. Brasil, por el contrario, ha
tenido un incremento y se estima que el año podrá concluir con una tasa de 29,9 homicidios por
cada 100m/h. Un caso similar es el de México que mostrará la tasa más alta en una década con
16,9 homicidios, pero aun así tienen una situación de criminalidad y unas tasas muy inferiores a las
de Venezuela.
Es muy difícil interpretar unívocamente la leve disminución que ha tenido la tasa nacional de
muertes violentas en el año 2017. En el pasado, han ocurrido disminuciones similares sin que
hayan sido el resultado de políticas públicas eficientes, y muestra de ello es que no han podido
sostenerse como tendencia en los años siguientes. Sin embargo, hay algunas hipótesis que se
pueden adelantar para la interpretación de estos datos.
La primera y más fuerte es que en el país hay menos homicidios porque hay menos homicidas. La
disminución de los criminales sería una resultante del plan de exterminio de los homicidas llevado
adelante por las acciones gubernamentales como las Operaciones de Liberación del Pueblo y que
se encuentran reflejadas en las altas cifras de fallecidos por resistencia a la autoridad en los años
2016 y 2017. Si éste ha sido el propósito de este tipo de acciones se puede entonces pensar que
han sido eficientes, pero en los estudios que hemos llevado a cabo en comunidades populares del
país se evidencia que hay un doble sentimiento: unos afirman que bajaron los homicidios porque
ya mataron a los delincuentes y otros se quejan de los abusos y de las personas inocentes que han
perecido en medio de tales acciones, que en cualquier caso son siempre ilegales y extrajudiciales.
El problema con este tipo de acciones no es solo que son violatorias de los derechos
fundamentales de la población y de la ley, sino que representan una destrucción de la
institucionalidad y su éxito será transitorio, pues mientras existan espacios para los negocios
ilegales y una renta que captar, otros vendrán a substituir a los que fueron eliminados. Permanece
entonces el problema, con el agravante que se habrá debilitado el pacto social, pues la policía y el
Estado se percibirán como violadores de la ley y no como quienes tienen la responsabilidad de
cumplirla y hacerla cumplir.
Una segunda hipótesis está vinculada a las protestas sociales y políticas que durante al menos
cuatro meses del año mantuvieron el país con una tensión provocada por la prohibición de las
fuerzas de seguridad del derecho a la manifestación pacífica de los ciudadanos y por la violencia
de algunos manifestantes y las respuestas violentas de algunos cuerpos policiales y militares ante
tales situaciones. Ciertamente el año 2017 fue un año muy particular pues se mantuvo en el país
un amplio despliegue militar y policial, con alta movilidad territorial y alta rotación de personal,
que hacía muy dificultosas las operaciones del crimen organizado. Si bien el pequeño delito o los
agentes libres del crimen podían aprovechar las oportunidades que brindaba la confusión o el
descuido de algunas zonas por los cuerpos policiales, para el delito de mayor complejidad y las
bandas de crimen organizado, les resultaba más difícil la actuación por el despliegue militar y
policial en las calles y por la parálisis en actividades laborales, educativas o recreacionales que
vivió el país.
Finalmente, es posible también hipotetizar que el incremento del delito organizado en el país y su
mayor control territorial de amplias zonas urbanas y rurales, puede haber conducido a una
disminución de los homicidios. Se trataría de una paz criminal que no reduce el delito, pero sí logra
hacerlo con la violencia, bien sea por acuerdos de cooperación criminal o porque algunas bandas
logran imponerse sobre otras, disminuyendo el nivel de conflictividad y aumentando la
racionalidad en la administración criminal de la violencia.
4. El empobrecimiento y la violencia
En los lugares que venden alimentos son frecuentes los conflictos con quienes pretenden ocupar o
invadir un lugar en la fila, o por corrupción o decisiones discrecionales sobre cuánto y a quien
vender los alimentos. Las cajeras y los vigilantes en los supermercados son blanco frecuente de
acusaciones y agresiones.
En las “colas” suelen aparecer personas armadas que se imponen y ocupan los primeros lugares
para adquirir los productos desplazando a los demás y generando conflictos o sometimiento por el
uso de la fuerza. En algunos casos esto ha ocasionado lesiones y hasta la muerte, como fue el caso
de una mujer asesinada de un disparo en la cara, ante cerca de 500 personas que estaban en las
filas para la compra de alimentos en Barquisimeto.
Una situación del mismo origen ha ocurrido con los robos colectivos y saqueos de los
supermercados o el asalto y saqueo de los vehículos que transportan comida que han ocurrido en
distintos lugares del país.
El incremento de los precios que ha hecho inaccesibles los alimentos y medicinas a una parte
mayoritaria de la población, ha llevado a que personas sin trayectoria delincuencial sustraigan
productos en los anaqueles de los comercios, al robo de productos en los lugares de trabajo y
hasta al despojo de las loncheras de los niños más pequeños en las escuelas.
El riesgo del robo se extiende en todos los espacios, lo que acrecienta la desconfianza mutua,
todos están bajo sospecha y ningún espacio público es seguro, por lo que toda persona debe estar
no sólo alerta, sino a la defensiva, cuidando sus pertenencias. En los grupos focales, los choferes
de transporte público se quejaban de ser acusados de complicidad con quienes les asaltan, pero
también ellos mismos declaraban su temor a ser víctimas de sus usuarios pues no tienen control
de quien aborda su vehículo.
Los hogares en pobreza han visto muy reducida la disponibilidad de los alimentos y aunque en los
estudios las familias informan que deben dedicar la casi totalidad de sus ingresos a la compra de
comida, la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI, 2017) mostró que el 32,5 % de los
venezolanos (9,6 millones de personas) sólo comen dos o menos veces al día. Esto genera
dificultades en la convivencia familiar, pues los pocos productos que pueden comprar son
racionados o reservados para determinados miembros de la familia (los más pequeños o los
enfermos) y cuando alguno incumple esas reglas, se producen situaciones de conflicto y violencia,
como los casos de una madre que le quemó las manos a su hija por tomarse el tetero de su
hermana u otra que quemó los labios a un hijo por comerse durante la noche el poco alimento
guardado para toda la familia. Al contrario, también debemos destacar que hay múltiples
expresiones de solidaridad como el de una niña en Antímano, Caracas, quien contaba cómo ella se
iba a dormir más temprano para que no le diera hambre y así su hermanita menor pudiera comer.
Las investigaciones que realizan los equipos del OVV han encontrado que en esos contextos de
penuria económica, escasez y sin oportunidades educativas o laborales, las bandas delictivas
brindan apoyo material a quienes identifican como pobres o vulnerables, regalándoles comida,
prestándoles dinero, lo que les permite la captación de muchachos para quienes estos jóvenes
armados son “buenas” personas a quienes les “gusta ayudar” y hasta aconsejar en casos de
necesidades y problemas. Las técnicas de reclutamiento, los señuelos que en el pasado solían ser
objetos de moda o lujo, se han substituido por la oferta de alimentos básicos.
Los grupos delictivos están avanzando con la conquista de miles de jóvenes que incursionan en la
violencia y cuyo destino está siendo la muerte, la cárcel y la frustración de tantos sueños y
esperanzas forjados por sus familias y comunidades. Las tres cuartas partes de las víctimas que
mueren por la violencia tienen menos de 30 años, y por eso también las tres cuartas partes de los
que asesinan tienen también 29 años o menos.
Las unidades de transporte se han reducido en número por el alto costo de los repuestos y la
imposibilidad de conseguirlos debido a la escasez. Los choferes denuncian nuevas modalidades
delictivas que incluyen el secuestro de choferes y de las unidades, con mucha frecuencia para
robar los repuestos del vehículo cada vez más escasos.
Las peleas e insultos entre los usuarios y los conductores del transporte público son frecuentes y
se agravan en los casos de violencia delincuencial en los que impera la desconfianza mutua entre
usuarios y transportistas. Cada uno de los Observatorios Regionales del OVV realizó una campaña
de sensibilización sobre la violencia, colocando calcomanías en las unidades de transporte público
para mejorar la percepción de los usuarios sobre la convivencia en las rutas de transporte.
Después de la campaña se hizo un post test para verificar los resultados de esta labor
promocional, lo que permitió valorar lo apropiado de esta iniciativa y la necesidad que tenemos
como sociedad de mejorar las relaciones de respeto y confianza entre los usuarios y choferes de
este servicio público. Por otra parte, los OVV regionales lograron construir mapas de riesgos, en
los que, con participación de los choferes, fue posible identificar los sitios de mayor vulnerabilidad
y los tipos de delitos asociados, información que hemos ofrecido a las autoridades públicas locales
para apoyar los programas de seguridad en la movilidad de los usuarios de rutas urbanas e
interurbanas.
Las calles de las ciudades se vacían al anochecer, el transporte público se reduce y las personas en
las ciudades parecen sometidas a toques de queda impuestos por los grupos delictivos, no sólo en
los barrios y urbanizaciones, sino en las avenidas y autopistas del país.
Robos de vehículos
La violencia asociada al robo de vehículos parece haber disminuido, pues los delitos denunciados a
la policía disminuyeron en este año. Es muy difícil poder establecer con certeza la explicación de
este fenómeno, pudiera ser el resultado de unas políticas públicas adecuadas, puede ser también
que no se redujo el delito, o al menos no en esa magnitud, sino lo que se redujo fue la denuncia
del delito.
En Venezuela los diversos estudios realizados, tanto por las universidades como en las encuestas
de victimización del gobierno nacional, han mostrado que entre el 62% y el 66% de los delitos no
son denunciados a la policía. Esta cifra era sin embargo menor en el caso del robo de vehículos y la
razón fundamental era que las personas querían protegerse de la responsabilidad penal que podía
derivarse de un daño provocado por el vehículo de su propiedad, y la segunda, y más importante,
que ésa era la única manera de poder cobrar el seguro que tenían para el vehículo.
Dos circunstancias han cambiado en el país y que se deben tomar en cuenta para una posible
explicación. La primera es que ha ocurrido un descenso notable del porcentaje de vehículos
asegurados por los altos costos de la prima y porque la inflación desactualiza el monto de la
cobertura y no permite la reposición del bien. La segunda es que gran parte del robo de vehículos
pasó a convertirse en un “secuestro de vehículos”, es decir, el ladrón no quiere quedarse con el
carro sino que a las pocas horas contacta al propietario y le solicita un monto en dinero para
devolverle su vehículo. En esa modalidad las víctimas deciden no denunciar, sino esperar y
negociar con los delincuentes y los casos de robo de vehículos disminuyen en su notificación, no
en su ejecución.
5- La Violencia de Estado
En el año 2017 se pudo observar un incremento en la violencia ejercida por el Estado para la
represión de los presuntos delincuentes, así como para la represión de la protesta social y política.
El aumento de las víctimas que las autoridades calificaron como “dados de baja” por resistir a la
autoridad y que según las denuncias de muchas familias y de la Fiscal General de la República
pueden ser interpretadas como ejecuciones extrajudiciales de las fuerzas policiales y militares, y
no como uso legítimo de la fuerza, constituyen un aspecto preocupante de la violencia en el país.
Este tipo de acciones, destinadas no a la contención del delito ni a la aplicación de la ley, sino al
aniquilamiento de los presuntos delincuentes, se convierten en un factor que socava la legitimidad
de la fuerza pública y concreta la destrucción del pacto social. Estas operaciones pueden gozar de
la simpatía de una parte de la población e incluso tener un relativo éxito en el corto plazo, pero la
experiencia histórica ha demostrado que no son sostenibles, pues destruyen la institucionalidad y
se transforman luego en más violencia para la sociedad.
Los tres componentes del sistema de justicia penal, que constituyen el freno formal para la
contención del delito y la violencia, las policías, los tribunales y fiscalía, y las cárceles, sufrieron
serios deterioros en el año 2017.
Los cuerpos policiales vivieron un importante retroceso por la pérdida de su personal. Durante
todo el año fueron continuas las renuncias de los funcionarios policiales quienes abandonaron sus
puestos de trabajo para buscar empleo y mejores salarios en el sector privado o para emigrar del
país. Eso ha llevado a una reducción del pie de fuerza de las policías que limita las funciones
preventivas y el servicio a la ciudadanía. Su sustitución por nuevas promociones de policías
seleccionadas y formadas de manera express, no pueden garantizar ni el personal idóneo, ni su
capacitación adecuada para cumplir las importantes funciones que se les encomiendan.
Las intervenciones de las policías municipales y regionales con una clara motivación político
partidista que ocurrieron durante el año y después de las elecciones regionales, crearon una
imagen negativa y parcializada de los policías ante la población y una desmoralización entre los
propios funcionarios; nuestros estudios muestran que se sienten fichas del juego político y no
servidores de toda la comunidad.
Finalmente de las cárceles, que en lugar de ser espacios de castigo e incapacitación de los
delincuentes para cometer nuevas fechorías, se conviertan en clubes sociales del crimen y centros
para la planificación y ejecución de delitos fuera del recinto penitenciario, constituye la mayor
afrenta posible al sistema de justicia penal, pues es claro para la sociedad que eso no es posible
que ocurra sin complicidad o al menos la pasividad de las autoridades. La violencia endémica de
las cárceles se trasladó a los centros de detención, los cuales, según estimaciones, albergan
alrededor del 30% de los privados de libertad, algunos por meses o año, en lugares que no están
preparados para estos fines y que obligan a distraer una parte importante del pie de fuerza policial
que se debe dedicar a vigilar presos en lugar de cuidar a los ciudadanos.
La transformación del sistema de justicia penal que ha existido en el país, de precario y deficiente
en la administración de justicia, en una herramienta de la política para la aplicación del derecho
penal del enemigo, no permite augurar una pacificación de la sociedad, sino todo lo contrario.
7- Llamado Final
El Estado es el responsable de ejecutar políticas adecuadas y planes eficaces para la prevención del
delito y ofrecerle seguridad a las personas y a sus bienes. Es obligación del Estado implementar las
medidas y acciones orientadas a defender la vida y detener y castigar a los delincuentes, y hacer
efectiva la protección especial y preferente que demandan las víctimas. Las Universidades
Nacionales expresamos nuestra voluntad de contribuir con nuestros saberes y destrezas a la
pacificación del país y al restablecimiento del Estado de Derecho.
Resumen:
El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas plantea que “hay indicios
claros de que las estrategias de prevención del delito bien planificadas no solo
previenen el delito y la victimización, sino que también promueven la seguridad de la
comunidad y contribuyen al desarrollo sostenible de los países. Las políticas
responsables y eficaces de prevención del delito mejoran la calidad de la vida de
todos los ciudadanos. Producen beneficios a largo plazo al reducir los costos
relacionados con el sistema formal de justicia penal, así como otros costos sociales
resultantes de la delincuencia. La prevención del delito ofrece oportunidades para
aplicar un enfoque más económico a los problemas de la delincuencia.”
El concepto de “prevención del delito” se consagró en pronunciamientos como la
“Declaración del Milenio” del año 2000 y a partir de este concepto se impulsan
medidas preventivas que abordan las causas profundas y factores de riesgo
relacionados con la delincuencia y sus víctimas, que lentamente demuestran mayor
eficacia que la represión, aun cuando sus efectos puedan evidenciarse más en el
mediano plazo. Las nuevas medidas plantean estrategias o modelos que equilibran
la prevención y represión del delito con un componente de desarrollo social,
promoviendo iniciativas que se inclinan por modelos de mayor integralidad y
complejidad con el uso de estrategias que incorpora diferentes enfoques (3):
a) prevención situacional, para reducir las oportunidades de delitos contra potenciales
víctimas, aumentando el riesgo para los infractores de ser detenidos.
b) prevención social, con acciones para atender factores personales, familiares y
sociales que predisponen a una persona a cometer delitos o actos violentos
(desarrollo social y económico, servicios de salud y educación, con énfasis en la
situación de niños y jóvenes).
c) prevención para la integración o reintegración (rehabilitación), con acciones
destinadas tanto a la víctima - para evitar su reincidencia - como al victimario.
d) prevención comunitaria, creando mejores condiciones de seguridad en los
vecindarios para influir sobre la delincuencia, la victimización y la inseguridad.
De acuerdo a Jeffrey:
2. Vigilancia natural
3. Mantención
4. Reforzamiento territorial
5. Participación Comunitaria
El temor, como emoción básica que nos alerta en caso de peligro, es universal al ser
humano. Existen códigos ambientales que nos gatilla la emoción del temor, como un
espacio oscuro, acumulación de basura, graffiti, y falta de información ambiental entre
otras.
Existen encuestas de percepción de inseguridad en diversos países de la región, y
estas demuestran que la percepción de inseguridad frente a la posibilidad de ser
víctimas de un delito es en algunas oportunidades más alta que la ocurrencia efectiva
de delitos. Otras investigaciones han demostrado también que desde un punto de
vista espacial la ubicación de áreas de concentración de temor no se corresponden
necesariamente con las áreas de concentración de delitos.
En base a lo anterior, es que la metodología CPTED cubre un espectro clave del
problema delictivo en nuestras ciudades y es el ámbito de la percepción de
inseguridad. Esto en base al principio de que el habitante urbano es EXPERTO en el
conocimiento de su propia sensación de seguridad ambiental, ya que es él el que
transita por el espacio urbano y percibe umbrales de temor asociados a diversas
variables ambientales (una esquina oscura, un sitio urbano eriazo, un paradero de
micro aislado, etc).
Resultados: Los principales resultados de este proceso, los cuales son una síntesis de
las evaluaciones realizadas por la Policía, las universidades y consultores externos,
se resumen:
1. Logros:
• Mejoramiento de autoestima de participantes.
• Mejoramiento de habilidades comunicativas de participantes.
• Mayor interacción entre policía y juventud.
• Incorporación de temas de Seguridad y convivencia en las universidades.
• Producción de materiales didácticos de calidad.
• Diseño de un sistema de seguimiento y evaluación.
• Apertura de la Universidad hacia los escenarios de la Seguridad y la convivencia
• Configuración de metodologías apropiadas para los servidores públicos.
• Cualificación del saber- hacer de la seguridad y convivencia.
• Aumento de oferta académica.
• Desarrollo de programas: Investigación, intervención, evaluación que han
conllevado al desplazamiento de la Universidad a los espacios de la Acción Policial.
• Apertura de espacios de conocimiento y acción conjunta de los funcionarios de la
Administración Civil y de la Policía con responsabilidades en asuntos de Convivencia
y Seguridad.
2. Vacíos:
• Predominio de métodos de educación regular.
• Conocimiento insuficiente del contexto de los campos de acción de los policías.
• Material didáctico genérico, no específico.
• Desarticulación entre oferta regular y capacitación para el trabajo (según contextos
y necesidades y características de participantes).
• Organización de equipos por horas
• Manejo de presupuestos
• Escaso compromiso social de la universidad.
3. Retos:
• Rediseño de las Políticas de incorporación, formación de la Policía y de los
mecanismos de promoción y gestión humana.
• Elaboración de un plan a largo plazo para la profesionalización de la Policía.
• Diseño y ejecución de estrategias para el fortalecimiento del compromiso ciudadano
orientado al respaldo y acción conjunta con la Policía.
Se debe velar por distinguir la problemática vinculada a una dimensión espacial del
medio ambiente escolar, especialmente si posteriormente la intervención contempla
modificación del entorno físico escolar.
Para levantar información cuantitativa y cualitativa del problema delictivo del espacio
escolar se deben utilizar las herramientas de diagnóstico ya descritas anteriormente:
Taller de diagnóstico en seguridad educacional, Marchas Exploratorias de Seguridad
(MES), Entrevistas en profundidad o conversaciones informales, Grupos focales,
Encuestas de temor y victimización, Taller de Dibujos, Maquetas Participativas y
Asamblea con papelógrafos.
La decisión de que herramienta utilizar debe ser tomada por el equipo de gestión y es
importante que se establezcan con claridad los criterios por los cuales se escogieron
dichas herramientas.
Se sugiere la utilización de un par de herramientas al menos para levantar diversa
información del problema de vulnerabilidad ambiental a definir y resolver. Se debe
cubrir además con las diversas herramientas las problemáticas de vulnerabilidad de
día y de noche, así como de diversos días de la semana.
Una vez levantada toda la información se requiere analizarla detectando cual es la
problemática delictiva, de temor o de violencia escolar que más se repite y en que
espacio se localiza.
Una vez detectadas esas dos variables, problema delictivo y su espacio vinculante, se
debe describir detalladamente las características físicas y de uso de dicho espacio.
Se recomienda que una vez finalizada la etapa de diagnóstico, los resultados del
mismo sean expuestos a la comunidad escolar para lograr consensos.
b. Diseño del Plan: una vez terminada la etapa de diagnóstico y validado el principal
problema con la comunidad escolar, el equipo de gestión debe concentrarse en la
elaboración del diseño de la intervención. Para ello es recomendable recordar los
principios de CPTED (Vigilancia Natural, Control Natural de Accesos, Reforzamiento
Territorial, Mantención, Participación Comunitaria) y velar por que la estrategia de
intervención física se oriente según ellos.
La ejecución misma de la obra piloto requiere de mucha atención y cuidado por parte
del equipo de gestión ya que esta obra, además de producir un impacto general en el
Plan de Seguridad Escolar, buscar crear un efecto de demostración hacia la
comunidad escolar para que esta apoye ampliamente la concreción del plan en su
conjunto.
Existen diversas maneras de ejecutar la obra, por contratación de equipos externos
solamente o equipos externos más mano de obra de miembros de la comunidad
escolar que tengan experiencia en edificación. Esta última fórmula es la más
aconsejable por el grado de involucramiento que puede existir finalmente al
terminarse la obra.
c. Evaluación:
Una vez terminada la ejecución del plan es muy importante proceder a evaluar su
impacto levantando información cualitativa y cuantitativa que pueda ser comprada con
aquella utilizada para la elaboración del diagnóstico. El capítulo 4 de este manual
profundiza en el método de evaluación y construcción de indicadores que midan el
impacto de la intervención.
V. BIBLIOGRAFIA
- [Link]
- [Link]
- [Link]
NOTAS