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Tipos y ventajas de estudios observacionales

Los estudios observacionales son estudios estadísticos y demográficos que no involucran intervención del investigador. Pueden ser descriptivos u analíticos, y longitudinales u transversales. Los estudios longitudinales estudian la misma población a lo largo del tiempo, mientras que los transversales miden variables en un solo momento. Ambos tipos de estudios proveen información sobre prevalencia de factores, pero los longitudinales también permiten ver cambios a través del tiempo.

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Tipos y ventajas de estudios observacionales

Los estudios observacionales son estudios estadísticos y demográficos que no involucran intervención del investigador. Pueden ser descriptivos u analíticos, y longitudinales u transversales. Los estudios longitudinales estudian la misma población a lo largo del tiempo, mientras que los transversales miden variables en un solo momento. Ambos tipos de estudios proveen información sobre prevalencia de factores, pero los longitudinales también permiten ver cambios a través del tiempo.

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Estudio observacional

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Los estudios observacionales son estudios de carácter estadístico y demográficos, ya sean de tipo
sociológico o biológico -estudios epidemiológicos- en los que no hay intervención por parte del
investigador, y éste se limita a medir las variables que define en el estudio.

Un estudio observacional puede ser descriptivo o analítico.

Índice

1 Tipos de estudios observacionales

2 Ventajas de los estudios observacionales

3 Inconveniente de los estudios observacionales

4 Referencias

5 Véase también

Tipos de estudios observacionales

Los estudios epidemiológicos u observacionales pueden ser de dos tipos, dependiendo del
momento en que se llevan a cabo y de la información disponible en cada caso:1

Estudios longitudinales: Se desarrollan durante un "período" definido de tiempo y suponen


trabajar con dos bloques de información relativos a la misma población, la existente al comienzo
del período en estudio y la existente al final de ese período (p.e. estudios de historia demográfica
y biométrica, fecundidad, mortalidad...). Estos pueden ser a su vez:1

Estudio caso control: Son "retrospectivos".

Estudio de cohorte: Son de carácter "prospectivo".

Estudios transversales: Se desarrollan en un "momento" concreto del tiempo. Son los estudios de
prevalencia. (p.e. pirámides de población)1

Ventajas de los estudios observacionales

Los estudios observacionales,

Son más prácticos y factibles de realizar ya que la cooperación de los sujetos es menos necesaria
Sus resultados son más generalizables a poblaciones geográfica o demográficamente definidas, lo
que permite que este tipo de estudios sean apropiados para establecer metas de salud pública
orientadas a una determinada acción.

Inconveniente de los estudios observacionales

Escaso control de las influencias de los factores de confusión sobre los resultados del estudio.

Debido a la falta de control por parte del investigador, cada estudio observacional tiende a ser
único, siendo muy difícil reproducir los resultados por otro investigador.

Referencias

Desarrollo humano: estudio del ciclo vital, F. Philip Rice, pág. 20 y 21Estudio longitudinal

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Un estudio longitudinal es un tipo de estudio observacional que investiga al mismo grupo de gente
de manera repetida a lo largo de un período de años, en ocasiones décadas o incluso siglos, en
investigaciones científicas que requieren el manejo de datos estadísticos sobre varias
generaciones consecutivas de progenitores y descendientes.1

Índice

1 Estudio longitudinal frente a estudio transversal

2 Estudios longitudinales en demografía sociológica

3 Estudios longitudinales en demografía biológica

4 Referencias

5 Véase también

6 Enlaces externos

Estudio longitudinal frente a estudio transversal

El estudio longitudinal, a diferencia del estudio transversal, permiten el seguimiento de los mismos
individuos a través del tiempo y de sus generaciones precedentes y siguientes eliminando los
denominados efectos de cohorte. Por lo tanto las diferencias observadas en las personas tienen
menos probabilidades de ser el resultado de las diferencias culturales entre las generaciones y
mostrar por tanto diferencias cualitativas o cuantitativas realmente significativas. Debido a este
gran beneficio frente a los estudios transversales, los estudios longitudinales ofrecen indicadores
más precisos de los cambios en las sociedades estudiadas y además, su gran potencial permiten
que sus consecuencias puedan aplicarse en otros campos de las ciencias sociales.1
En las ciencias sociales los estudios longitudinales permiten distinguir fenómenos de corto, medio
y largo plazo, su distribución y su continuidad específica. Así, por ejemplo permite saber cómo
afecta a una sociedad la pobreza. Si la tasa de pobreza es del 10% en un punto en el tiempo, esto
puede significar que el 10% de la población son siempre pobres —siempre los mismos—, o que de
toda la población un 10% experimenta la pobreza —alternándose los individuos—. Los estudios
longitudinales nos permiten diferenciar esas situaciones y determinar con claridad cuál es la
situación. Con los estudios transversales, ésta y otras muchas situaciones no pueden conocerse.
Por tanto los estudios longitudinales sacan consecuencias más claras que influirán en otros
campos y posibilitarán, en su caso, tomar mejores decisiones.

Estudios longitudinales en demografía sociológica

Los estudios longitudinales se utilizan demografía sociológica para la investigación de


acontecimientos de la vida de los individuos y varias generaciones de individuos.

En demografía sociológica, para el tratamiento de datos demográficos, se utilizan técnicas


estadística de análisis longitudinal. Es necesaria una metodología específica para obtener
resultados satisfactorios. Por la complejidad de los datos existe varios tipos de software
estadístico.2

En el análisis demográfico histórico han sido fundamental el método de reconstitución de familias


inventado por M. Fleury y Louis Henry que muestra la gran ventaja del análisis longitudinal —
estudios de intervalos que separan dos acontecimientos demográficos—, más productivos que los
análisis transversales.3

En la publicidad, el diseño de estudios longitudinales se utiliza para identificar los cambios que la
publicidad ha producido en las actitudes y comportamientos del público objetivo que ha visto la
campaña publicitaria.

Estudios longitudinales en demografía biológica

La demografía biológica comprende estudios de aspectos médicos de los fenómenos


demográficos; incluye la epidemiología, la ecología general y humana, la biometría de la
fecundidad y la mortalidad y también la genética de las poblaciones.3

En general en medicina y psicología son muy utilizados los estudios longitudinales para
investigaciones de carácter epidemiológico; tienen por objeto estudiar tendencias y cambios que
se producen en la sociedad a lo largo de la vida de los individuos o de varias generaciones. Se
utilizan para descubrir predicciones de ciertas enfermedades.4
Referencias

Desarrollo humano: estudio del ciclo vital, F. Philip Rice, pág. 20 y 21

Véase especialista en Curso de postgrado del CSIC, análisis demográfico y estadítisco

Voz Demografía, en Diccionario de geografía, Pierre George, Akal, 1991, ISBN 84-7600-681-0, pág.
175

Tratado SET de trastornos adictivos, Ed. Panamericana, Sociedad Española de Toxicología, pág. 59

Véase también

Serie temporal

Autocorrelación

Media movil

Revolución reproductiva

Enlaces externos

En español

Estudio Longitudinal Envejecer en España 2010-2030(ELES) IMSERSO, España

Estudios longitudinales sobre envejecimiento. Implicaciones para futuros estudios, IMSERSO, CSIC,
España (enlace roto disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).

Impacto de los estudios longitudinales en la salud pública, México, 2007, Pablo Kuri (enlace roto
disponible en Internet Archive; véase el historial y la última versión).

Listado de Estudios Longitudinales

Estudios longitudinales en la investigación de los problemas de conducta, [Link] y D.P.


Farrington

En inglés

ESDS Longitudinal data service

Centre for Longitudinal Studies

Ejemplos de análisis longitudinales

Avon Longitudinal Study for Parents and Children (ALSPAC)

Busselton Health Study

Canadian Longitudinal Study

Panel Study of Belgian Households


WHO's Study on global AGEing and adult health (SAGE)

Wisconsin Longitudinal Study

Estudio transversal

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Un estudio transversal, estudio de prevalencia o estudio vertical (en inglés cross-sectional study o
cross sectional survey) es un estudio estadístico y demográfico, utilizado en ciencias sociales y
ciencias de la salud —estudio epidemiológico—. Es un tipo de estudio observacional y descriptivo,
que mide a la vez la prevalencia de la exposición y del efecto en una muestra poblacional en un
solo momento temporal; es decir, permite estimar la magnitud y distribución de una enfermedad
en un momento dado. Los estudios transversales, frente a los estudios longitudinales, confunden
los efectos de edad y de cohorte, pueden no diferenciar si la causa de un cambio está en las
diferencias de edad o en las diferencias en el momento del nacimiento.1

Índice

1 Estudios de prevalencia

2 Técnica de un estudio transversal

3 Utilidad de los estudios transversales

3.1 Ventajas de un estudio transversal

3.2 Inconvenientes de un estudio transversal

4 Estudio transversal frente a estudio longitudinal

5 Referencias

6 Véase también

Estudios de prevalencia

Los estudios de prevalencia son utilizados frecuentemente y pueden considerarse como:

Estudios descriptivos porque el objetivo no es evaluar una hipótesis de trabajo.

Estudios observacionales o no experimentales porque no existe manipulación de variables por


parte del investigador.

Estudio transversal porque no existe continuidad en el eje del tiempo.


El objetivo de un estudio transversal es conocer todos los casos de personas con una cierta
afección en un momento dado, sin importar por cuánto tiempo mantendrán esta enfermedad ni
tampoco cuándo la adquirieron.

Técnica de un estudio transversal

Selección de una muestra de población de estudio.

Medición de la variable predictora (factor de riesgo) y variable resultado (enfermedad).

Utilidad de los estudios transversales

Los estudios de prevalencia son de uso frecuente en Salud Pública, porque permiten:

La descripción de un fenómeno de salud.

La identificación de la frecuencia poblacional de un fenómeno de salud.

La generación de hipótesis de trabajo o hipótesis explicatorias.

Ventajas de un estudio transversal

Permiten estudiar varias variables resultado como enfermedad y exposición.

Buen control de la selección de los sujetos de estudio.

Poco tiempo de ejecución del estudio puesto que no hay seguimiento de los individuos y
generalmente poco costo económico.

Son un buen paso inicial en la elaboración de un estudio de cohorte.

Proporcionan estimadores de prevalencia.

Inconvenientes de un estudio transversal

Imposibilidad de determinar si la exposición precede a la enfermedad, es decir, imposibilidad para


establecer direccionalidad de asociaciones.

La información de la exposición es muy vulnerable a errores de medición, especialmente si es


recogida retrospectivamente. Existe ambigüedad temporal si se recogen exposiciones actuales.

Imposibilidad de distinguir entre factores de riesgo y factores pronósticos porque los


investigadores conocen cuántos individuos han pasado la enfermedad.

Posible sesgo de supervivencia: Los casos observados pueden tener una mayor supervivencia,
puesto que los fallecidos no suelen entrar en el estudio.

No es eficaz para estudiar enfermedades raras, letales o de corta supervivencia.

Imposibilidad de identificar relaciones causales entre los factores estudiados, puesto que mide
simultáneamente efecto (variable dependiente) y exposición (variable independiente).
Estudio transversal frente a estudio longitudinal

Artículo principal: Estudio longitudinal

En los estudios longitudinales se repiten las medidas de las variables de un grupo en un período
extendido de tiempo o en diferentes ocasiones. El factor es tiempo y la influencia de su evolución
en los hechos.

Los estudios longitudinales, frente a los transversales, diferencian los efectos de edad y de
cohorte.1

Referencias

Desarrollo humano: estudio del ciclo vital, F. Philip Rice, pág. 20 y 21

Véase también

Estudio longitudinal

La violencia. Conceptualización y elementos para su estudio

Agustín Martínez Pacheco*

* Inscrito en el Doctorado en Ciencias Sociales de la UAM-Xochimilco, México


[agustinmapa@[Link]].

RESUMEN:

Este ensayo busca realizar un doble abordaje del tema de la violencia. En primer lugar se presenta
una reflexión sobre el término, contraponiendo dos conceptualizaciones, una que la restringe al
uso de la fuerza para causar daño y otra que la amplía considerándola como la negación del otro.
Se señalan los alcances y limitaciones de cada una de estas conceptualizaciones. En segundo lugar,
se abordan algunos de los elementos importantes a tomar en cuenta para su estudio, atendiendo
las causas, características, consecuencias y valoraciones de diversas formas de violencia.

Palabras clave: violencia; relaciones sociales violentas; tipos de violencia; causas de la violencia;
espirales de violencia
ABSTRACT:

Violence. Concepts and elements for its analysis. In this essay a double approach to the concept of
violence is presented. The first approach is a reflection about the term by counterpointing two
meanings: one it is only concerned with the use of force to cause damage, while the other one
widen its meaning by considering it as a negation of the other person or group; the extents and
limitations of each concept are described. In the second approach, some important elements for
its study are presented; these consider the causes, characteristics, consequences and assessments
of diverse forms of violence.

Key words: violence; violent social relations; types of violence; causes of violence; spirals of
violence

INTRODUCCIÓN

Uno de los problemas principales del estudio de la violencia es la falta de una definición precisa
que dé cuenta de la multiplicidad de formas en las que ésta se presenta o, cuando menos, señale
sus características más importantes y comunes. Además, otra dificultad en su estudio es
precisamente esa multiplicidad, por lo que muchas veces se prefiere hablar de las violencias y no
de la violencia en singular; de esta manera, se presentan definiciones particulares para cada forma
de violencia a estudiar. Desde luego, también el hecho de que a estas violencias se les estudie
desde diversos campos de conocimiento dificulta no sólo su estudio en general, sino la aceptación
de una definición clara y unívoca. Por otra parte, este abordaje múltiple de violencias particulares
y desde diferentes campos disciplinarios ha contribuido, a la vez, tanto a mirarla en su
complejidad, como a destacar características más precisas de las causas, las formas en que se
presentan y las dinámicas o funciones que asumen las diferentes formas de violencia; este ensayo
busca situarse entre la preocupación por la generalidad como por la multiplicidad de la misma.

Se exponen algunas ideas generales en torno al concepto de violencia, problematizando las


conceptualizaciones más restringidas para tratar de realizar una propuesta que amplíe su campo.
Siendo consciente de que una ampliación demasiado grande, apresurada, descuidada del término
violencia puede llevar a hacer que ésta signifique cualquier cosa y, con eso, que pierda su utilidad
en la investigación, procuraremos estar atentos a las consecuencias que esta propuesta pueda
tener.

El ensayo se divide en dos apartados. En el primero abordamos el núcleo de la concepción más


aceptada de violencia, para pensar sus elementos y las características que propone, para luego
señalar algunas limitaciones al pensar nuevos fenómenos. Además, expresamos la propuesta de
conceptualización alterna, para luego mostrar sus alcances.

El segundo apartado se sale del problema de la definición para mencionar los usos en el análisis de
la idea de violencia, es decir, a qué preocupaciones generales atiende. Se señala primero la
manera de seccionar la preocupación en el estudio de la violencia, dividiendo aquí lo que
podríamos denominar campos de análisis (se señalan cuatro: el campo de la causalidad; el de las
formas y dinámicas que asume la violencia; el de las consecuencias, y el campo valorativo sobre la
violencia). Se atienden diversos elementos que cada uno de estos campos pueda presentar, sin
agotar la reflexión, pues algunos otros pueden no ser considerados, como la importante distinción
entre violencia y agresión, que se comentará de pasada en su momento.

Este ensayo pretende lograr una sistematización de nociones e ideas que varios estudiosos de la
violencia han ofrecido, aun cuando no sean mencionados (por razones de espacio sobre todo).

Sobre el concepto de violencia

Concepción restringida de la violencia

Pese a que efectivamente no existe una definición de violencia ampliamente aceptada por los
estudiosos, podemos encontrar algunas que han ofrecido un cierto consenso. Particularmente se
encuentra en esta línea aquella que destaca el uso de la fuerza para causar daño a alguien. Elsa
Blair1 cita algunas de estas definiciones. Retomamos tres para iniciar el análisis. La primera la
toma del investigador francés Jean Claude Chesnais, quien dice: "La violencia en sentido estricto,
la única violencia medible e incontestable es la violencia física. Es el ataque directo, corporal
contra las personas. Ella reviste un triple carácter: brutal, exterior y doloroso. Lo que la define es el
uso material de la fuerza, la rudeza voluntariamente cometida en detrimento de alguien".2 Una
segunda definición se encuentra en una cita que la autora realiza de Jean-Marie Domenach: "Yo
llamaría violencia al uso de una fuerza abierta o escondida, con el fin de obtener de un individuo o
un grupo eso que ellos no quieren consentir libremente".3 La última definición la refiere del
investigador Thomas Platt, quien habla de al menos siete acepciones del término violencia, dentro
de las cuales la que menciona como más precisa es: "fuerza física empleada para causar daño".4

En estas definiciones encontramos elementos centrales en la de más consenso: el uso de la fuerza


por parte de alguien; el daño; recibir dicho daño por una o varias personas; la intencionalidad del
daño; el propósito de obligar a la víctima a dar o hacer algo que no quiere. Pero con estos
elementos también encontramos una especificación sobre la forma de violencia de la que al
menos una definición habla: es violencia física. Sin embargo, al menos la definición de Domenach
abre las posibilidades de que la fuerza utilizada no sea física, "abierta", sino de otro tipo,
"escondida". ¿Puede ésta ser una amenaza, un constreñimiento o coacción psicológica? Pueden
ser éstas u otras, pero el hecho es que la apertura es importante. Volveremos a esto enseguida,
por el momento quisieramos destacar sintéticamente la definición: alguien hace daño a alguien
intencionalmente mediante el uso de fuerza física o de otro tipo, y la intención conlleva obligar a
la(s) persona(s) dañada(s) a algo que no quiere(n).

¿Será este el núcleo de la violencia? Sin embargo, cuando consideramos detenidamente este tipo
de definición, surgen algunos componentes que pueden ser cuestionados. Diversas
problematizaciones se pueden destacar para cada uno de los elementos como para la concepción
en su conjunto. En primer lugar, en tal definición de violencia se trata de un comportamiento o
una actuación de alguien sobre otro. Por un lado, es una acción o, cuando mucho, un
comportamiento. Por otro, se habla de dos actores (o grupos de actores): quien realiza el acto
violento y quien lo recibe, quien lo padece, es decir, agresor(es) y su(s) víctima(s). El único sujeto
activo aquí es el victimario, la víctima no es apenas sujeto, o lo es sólo en calidad pasiva, de
receptor de algo ajeno a él. Esta concepción de un acto de alguien sobre una víctima limita la
concepción de la violencia sólo al acontecimiento directo, sin vinculación con el entorno social, la
historia y con terceros sujetos, factores todos de cierta importancia, como se verá más adelante.

También la idea del uso de fuerza suele ser problematizada, no tanto para negarla, sino para
considerar que la fuerza física no da suficientemente cuenta del hecho, de diferentes hechos: las
coerciones morales (personales, grupales, culturales), las relaciones de poder (sin considerar aquí
que este término también es problemático, "amorfo" dirá Weber) -que en sí mismas estructuran y
naturalizan relaciones de violencia-, las coerciones psicológicas y hasta los chantajes, pueden ser
importantes como vehículos de la violencia. Es más, en algunas consideraciones sobre la violencia
parecería no estar presente dicha intervención de fuerza, como podría pensarse de la "violencia
simbólica" de Bourdieu,5 quien la define como la aceptación, la internalización por parte del
dominado, de los esquemas de pensamiento y valoración del dominante, haciendo precisamente
invisible la relación de dominación. Claro está que todos estos elementos se podrían reducir, en
última instancia, a consideraciones de fuerza, pero es innegable también que cada uno tiene sus
especificidades, que es necesario tener en cuenta para un mejor análisis.

La intencionalidad en la producción del daño es igualmente problematizada, pues pueden


pensarse situaciones en las que no es la producción del daño lo que importa sino la obtención de
ciertos resultados, como cuando en algunas relaciones laborales a alguien no se le reconoce o no
se le presta atención con la intención quizá de que éste abandone su trabajo, pero se produce un
daño emocional en la persona así ignorada y el dolor de no ser reconocido.

Los motivos generales, el para qué de la violencia, que se insinúan con la idea de obligar a las
víctimas a dar o hacer algo que no quieren, también se ve cuestionada por un doble aspecto. El
primero, sin embargo, parece no afectar tanto la importancia de la definición, sino que es un
problema del análisis, y es que el análisis de las motivaciones es en sí problemático, por cuanto es
difícil constatar cuáles son los motivos "reales" de las personas, qué tienen en mente al realizar
determinados actos. Aunque esto se podría solucionar a partir de los resultados, siempre este
análisis retrospectivo presentará algunas dudas. El segundo cuestionamiento al para qué de la
violencia parece más serio, es el que se refiere a concebirla, si no necesariamente sí de forma
predominante, como un medio para conseguir un fin. Toda una gama de apreciaciones tienden a
resaltar aspectos emotivos, impulsos que son fines en sí mismos, que no son mediación de nada
más que de sí, la frustración que conduce a la agresión, la eliminación de alguien simplemente por
temérsele, por considerársele enemigo, etcétera, hasta la valoración del simple placer que reporta
el acto violento. Quizá quepan aquí las siguientes preguntas: ¿una lucha de box es un hecho
violento?, ¿a qué se le obliga a cada uno?, ¿se puede decir que hacen algo que no quieren? En
todo caso, lo que se cuestiona aquí es la apreciación de la violencia solamente como un medio,
que siempre deba tener ese carácter instrumental que se le adjudica a la violencia.

La definición en su conjunto también presenta una serie de elementos que la problematizan. En


primer lugar, parece que el contexto en el que se presenta la violencia es un contexto restringido
espacial y temporalmente. Espacialmente, porque restringe la visión del contexto en el que se
puede observar la acción violenta. Si bien ésta puede darse en cualquier lugar, en cualquier
espacio, el escolar, el doméstico, el laboral, o bien la calle, lo que la definición resalta es el hecho
de la acción de alguien sobre otra persona, por lo que las características del contexto sólo serán
expuestas como el escenario donde se presenta dicho acto, pero no influirán en él, no se tomarán
en cuenta analíticamente para describir el fenómeno de la violencia. Una consideración, por
ejemplo, como la que presenta Carlota Guzmán6 -respecto de la idea de violencia escolar de
Francois Dubet-, en la que existe un tipo de violencia anti-escolar que, sin embargo, emana y es
generada por la propia escuela al estigmatizar, jerarquizar y relegar a ciertos alumnos no
competitivos y quienes terminan dañando a la propia escuela o atacando a profesores y
autoridades, es irrelevante para una definición de violencia como la que se ha señalado, pues para
ella el único hecho relevante es la violencia cometida por el alumno, no la generada por la propia
institución. Para dar cabida a una idea como esta, es por lo tanto importante ampliar el concepto,
ponerle los añadidos que hagan relevante el contexto.

Temporalmente es restringida también porque parece llamarnos inmediatamente al momento de


la acción, al evento suscitado de violencia. Al respecto, Fredric Wertham comenta el siguiente
adagio: "basta un loco para desatar la violencia"; también señala: "antes que alguien pueda
comenzar la violencia, muchos otros ya han preparado el terreno".7 Es precisamente esta
preparación de las condiciones para el desarrollo de la violencia lo que la definición analizada
podría terminar invisibilizando. Pareciera que el acto violento se origina y termina en el instante
en que se produce, sólo quedan los daños, quizá también el castigo y la reparación cuando se
puede, y al interesarse sólo en la situación inmediata buscará las causa de la violencia
principalmente en las características de los agresores, o aun de las víctimas, pero descuidará el
contexto histórico social.
Por esta misma característica tal concepción de violencia puede ser en buena medida ahistórica,
se limita a describir los hechos claramente manifestados, y si se interesa por la causalidad, tenderá
a encontrarla en lo más cercano, lo más a mano; así, esa postura puede ocultar las causas no
visibles, como algunas estructuras de dominación creadas social e históricamente en diversos
ámbitos -el político, el racial o el patriarcal.

Sin embargo, hay que considerar que esta conceptualización de la violencia, por ser precisamente
restringida, permite localizar claramente eventos y actores, para que aquello que se denomina
violencia objetiva -factible de medirse de alguna u otra manera-, pueda efectivamente serlo. Se
pueden contabilizar los eventos, realizar estadísticas y comparaciones cuantitativas, también
permite localizar perfectamente a las víctimas y distinguir los daños recibidos. Además, al
distinguir con claridad los sujetos actores de la violencia, permite fincar responsabilidades y
establecer culpas y penas, castigar actores y actos. En cierto modo la acción jurídica y policial
encuentra en esta definición un importante apoyo. Pero aun aquí se pueden considerar
limitaciones; por ejemplo, cuando ante el problema de la violencia en el hogar se atiende sólo a las
víctimas y se castiga al agresor en lo inmediato -según las limitaciones que se han destacado, al no
tomar en cuenta cuestiones culturales y estructurales, como el machismo y el patriarcalismo-, se
mantienen las condiciones en las que esta violencia se reproducirá. De esta manera, lo que es
positivo en términos judiciales, no lo es tanto en políticas públicas para atender el problema desde
su raíz. Por ello se necesita ir más allá de lo inmediato y ampliar las concepciones utilizadas. Lo
anterior, desde luego, puede llevar al desdibujamiento de las precisiones conseguidas con base en
la definición comentada.

Por otra parte, en una importante ampliación de esta definición, John Keane, a partir
precisamente de los elementos básicos que hemos señalado, da un giro que nos lleva a otra senda.
Según este autor:

[la violencia se entiende] como aquella interferencia física que ejerce un individuo o un grupo en
el cuerpo de un tercero, sin su consentimiento, cuyas consecuencias pueden ir desde una
conmoción, una contusión o un rasguño, una inflamación o un dolor de cabeza, a un hueso roto,
un ataque al corazón, la pérdida de un miembro e incluso la muerte [acotando más adelante que]
es siempre un acto relacional en el que su víctima, aun cuando sea involuntario, no recibe el trato
de un sujeto cuya alteridad se reconoce y se respeta, sino el de un simple objeto potencialmente
merecedor de castigo físico e incluso destrucción.8

A partir de estas ideas debemos acentuar dos aspectos: a) la violencia es un acto relacional, un
tipo de relación social; b) la subjetividad de la víctima es negada o disminuida, tratándosele de
objeto.
En una línea semejante, Michel Wieviorka opta por:

[...] una definición de la violencia a partir de la del sujeto [donde] el sujeto es la capacidad que
tiene la persona de actuar creativamente, de constituirse su propia existencia [...] El sujeto además
es el reconocimiento que le hacen a una persona otros que también son sujetos. Igualmente, es la
capacidad de estar en relación con los demás [en este caso] la violencia no es más que la
incapacidad del sujeto de convertirse en actor [es precisamente esa subjetividad negada o
disminuida].9

Esa incapacidad de convertirse en actor que marca la violencia, sin embargo, puede ser también el
impulso que lleve a algunos a manifestarla. Alguien puede ser primero víctima al negársele su
subjetividad, pero esta misma negación lo impulsará a actuar posteriormente de forma violenta,
como una contraviolencia de aquella que lo niega. Pertenecen a esta situación, por ejemplo, tanto
las manifestaciones abiertas de resistencia ante la dominación y explotación, como las agresiones
"aparentemente" espontáneas y sin sentido de los disturbios o ataques particulares de frustración
y coraje.

Exploremos ahora las posibilidades de ampliación del concepto o, quizá mejor, la concepción de la
violencia como relación social y como negación de la subjetividad -negación del otro. Esta
ampliación de sentido, desde luego, tiene su base en el campo disciplinario de las ciencias sociales,
especialmente en la mirada sociológica.10

Concepción relacional amplia sobre la violencia

Al inicio de su curso en el Collége de France titulado Seguridad, territorio, población, Michel


Foucault menciona tres ideas respecto de sus investigaciones sobre los "mecanismos de poder":
en primer lugar, que realiza tan sólo el bosquejo de una teoría del poder, pero que no se ocupa de
"lo que es el poder", sino "del poder", es decir, afirma que el poder no es "una substancia, un
flujo" o algo parecido, "sino un conjunto de mecanismos y procedimientos cuyo papel o función y
tema, aun cuando no lo logren, consiste precisamente en asegurar el poder"; en segundo lugar,
que esos procedimientos o mecanismos de poder no son "autogenéticos", "autosubsistentes". "El
poder no se funda en sí mismo y no se da a partir de sí mismo", es decir, no es que se presenten
relaciones familiares, laborales, sexuales, y al lado o sumadas a ellas, invadiéndolas, relaciones de
poder, sino que los mecanismos de poder "son una parte intrínseca de todas esas relaciones", no
obstante lo cual, dice, en el análisis del poder bajo esas relaciones es posible encontrar
"isomorfismos", "correlaciones", "analogías técnicas" por las cuales se puede reconocer el poder
en las relaciones sociales más variadas; y en tercer lugar, que el análisis de los mecanismos de
poder pueden dar pauta para un "análisis global de la sociedad", es decir, que se puede articular el
estudio de esos mecanismos de poder con las historias económicas, políticas, sociales.11 Pues
bien, a modo de símil o metáfora, nos parece que estas ideas, en líneas generales, pueden ser
pensadas también para el análisis de la violencia. Pero no se afirma con esto que el poder y la
violencia sean semejantes o intercambiables, más bien se apunta a que estas percepciones
metodológicas, de pensamiento, pueden ser pertinentes para el análisis de la violencia.

Así, consideramos que la violencia no es una sustancia o un hecho aislado, totalmente terminado y
asible en sí mismo, sino que se trata de relaciones sociales o, mejor dicho, del tinte que asumen
ciertas relaciones sociales. Desde esta perspectiva, la violencia puede ser vista como un adjetivo
que califica determinadas formas de relación. Así, por ejemplo, dentro de relaciones familiares o
laborales, cuando éstas se presentan con signos de violencia, hablamos de violencia familiar o
laboral

Sin embargo, esa coloración violenta de las relaciones sociales presenta algunos rasgos generales
por los que se le reconoce, es decir, que ésta presenta también un momento importante de
sustantividad. El principal rasgo por el que se puede hablar de violencia desde luego es la
producción de daños en, cuando menos, alguna de las partes de la relación, afectando la
integridad física, sexual, psicológica y hasta patrimonial del o los así afectados. Otro rasgo
frecuente en las relaciones violentas es la repetitividad de ciertos comportamientos o la
recurrencia de los mecanismos en la producción de violencia, esto es, que se presenten patrones
comportamentales por medio de los cuales se piense en alguna intencionalidad que marque la
relación de los actores.

Por último, si bien no podemos decir que toda relación social es violenta o encierra violencia, sí
podemos admitir que ésta siempre está presente como posibilidad dentro de las más variadas
formas de relación social, desde las familiares a las políticas o económicas, y que cuenta con
actualizaciones más o menos constantes, por lo que el análisis de la violencia nos puede mostrar
de igual modo algunos aspectos globales de la historia social.12 Pero el alcance, la globalidad o no
de la relación entre la violencia y las historias, ha de tener variaciones importantes según una serie
de contextos que se estudien, pues no es lo mismo el alcance de la violencia en las guerras,
internas o externas, en determinados países o regiones, que la violencia de género o aun la sexual
en toda una civilización a partir del desarrollo de las concepciones patriarcalistas.

En todo caso, la propuesta es que se defina la violencia como una forma de relación social
caracterizada por la negación del otro. Esta propuesta de definición amplía en muchos sentidos la
concepción de la violencia y, también, corre el riesgo de parecer que incluye cualquier forma de
relación que a alguien no le guste y que diga que se le está negando, es decir, acentúa el carácter
subjetivo de la violencia (el cual se verá más adelante). Pero analicemos primero algunos de los
rasgos positivos de una definición semejante para el estudio de la violencia.
En primer lugar, al considerar a la violencia como relación social destaca el papel participativo que
pueden tener los distintos sujetos de la relación, tanto las víctima y los espectadores, como los
agresores. Es decir, la violencia ya no queda confinada al acto de un solo agente o sujeto, en la
cual serían las características o intereses de éste solamente los elementos importantes para
entender la violencia, sino que ahora pueden atenderse también las características e intereses de
la otra parte, así como de terceros agentes en torno a esta relación directa, pues muchas veces
alguien puede realizar actos violentos sobre otra persona como mensaje para un hipotético
espectador (pensemos tan sólo en las varias formas de terrorismo, estatal o particular). Entender
las relaciones sociales en donde surge la violencia, en este caso, ayuda a una comprensión más
cabal de la misma.

También se concede relevancia al contexto de la relación, pues siempre ese contexto influye y es
influido por las relaciones que tienen lugar en él. Más allá, se puede decir que los contextos son
creados por las relaciones y que, a su vez, influyen en éstas. Por ello, entender el contexto en el
que se presentan relaciones de violencia puede ser de ayuda para comprender mejor la violencia.
Dejar de pensar el contexto sólo como el telón de fondo donde ésta ocurre, pero que no tiene
nada que ver con la misma, y considerar ese contexto como una situación temporal y espacial
significativa, marcada por relaciones sociales que crean, interpretan y utilizan los significados de la
misma, ayuda a entender características de ciertas violencias que en ocasiones parecen gratuitas y
sin sentido, como puede ser el exhibicionismo macabro de la violencia en el contexto de la guerra
contra el crimen organizado en México.

Por otra parte, hay concepciones de la violencia o, mejor dicho, de ciertas formas de violencia, que
difícilmente pueden tener cabida en la definición restringida anterior, pero que pueden encontrar
en esta otra un espacio. Por ejemplo, están las concepciones de Galtung de violencia estructural y
violencia cultural,13 la violencia simbólica de Bourdieu14 o la violencia moral de Segato,15 formas
de violencia que se caracterizan precisamente por no contar con el carácter del uso de la fuerza
física y con consecuencias inmediatas y visibles.

Sin embargo, la posibilidad de tomar en cuenta estas formas de violencia enunciadas, está en
relación con la manera de concebir la idea del "otro". Y aquí radica un poco la dificultad, pues
desplaza el problema de la precisión y localización de la idea de violencia, hacia el problema de la
definición del otro. En principio, el otro es otro respecto de alguien (y desde ahí se anuncia la
posibilidad de relación), pero a este otro, objetivo por así decirlo, se le puede tratar de diversas
maneras: reconocimiento de igualdad en cuanto expectativas, deseos, derechos, etcétera;
indiferencia, simplemente alguien diferente a mí pero separado y ajeno; como sujeto peligroso,
alguien a quien temer, un enemigo, que por lo mismo merece la muerte; un objeto, de placer,
mercancía o alguien a quien se le puede negar bienes o arrebatárselos, etcétera.
Es decir, parece que la precisión en la definición del otro tendría que estar asentada en una
concepción que se pudiera hacer común y aceptada por cualquier sujeto, y que de ahí se pudieran
establecer criterios que establezcan claramente cuándo se niega su subjetividad, cosa que no es
del todo clara, pues más bien está condicionada por las relaciones sociales y la capacidad de
establecer ideas y concepciones dominantes. En forma extrema, siempre se podrían encontrar
situaciones en las que alguien reclame que su subjetividad es negada de alguna forma, y entonces
se pierde precisión en la propia idea de las relaciones de violencia.

Por otra parte, si en la primera concepción, acotada, precisa, se pueden agregar elementos que la
amplíen, que la acomoden a situaciones precisas de análisis sobre algunos fenómenos de violencia
-como podría ser, por ejemplo, que al hablar sobre violencia de género se considere que la fuerza
utilizada no será sólo la física, sino que también están elementos psicológicos, morales o de poder,
etcétera, y que junto con el agente agresor hay que considerar también una cultura patriarcal,
machista-, es decir, si admite elementos de ampliación, en contraste, la segunda propuesta,
amplia, tal vez pida también se le agreguen elementos, pero esta vez para precisarla, para
acotarla, señalando claramente en qué consiste la relación a observar, cuál será su contexto, así
como el tipo de negación del otro que se considere, quién es ese otro y con respecto a qué se
habla de otredad.

Tenemos así dos concepciones sobre la violencia, una amplia y otra restringida. La ampliación y
restricción de estas concepciones refieren a los espacios explicativos en cuanto a las relaciones
que tocan, a la temporalidad de sus manifestaciones, a la concreción o difusión de sus
consecuencias y, desde luego, a las causas difusas o inmediatas que se consideren. Esta amplitud o
restricción de la concepción de la violencia tiene consecuencias no sólo para el alcance analítico
del observador, sino también para la posible puesta en práctica de acciones determinadas para
combatir o regular la violencia. Una decisión judicial ante un hecho de violencia necesita
especificar los hechos y los responsables, por lo que su concepción de violencia será restringida,
mientras que en la realización de ciertas políticas públicas sólo se puede permitir una concepción
restringida de la misma a riesgo de quedarse en la superficialidad y no atender de fondo los
problemas.

Así, vemos que por más precisas que puedan ser las definiciones, por sí solas no bastan para
delimitar la violencia. Pero tal vez no sea éste su cometido, su fuerza, sino que lo importante de
éstas es que nos proponen bases mentales para conducir nuestra consideración sobre la violencia,
nuestra restricción o amplitud de miradas para el análisis, porque desde estas bases serán las
posibilidades de concebir si tales o cuales fenómenos merecen ser considerados como violencia o
no, así como las posibilidades analíticas que se puedan desarrollar.

Ahora bien, se considera aquí la propuesta de Elsa Blair en el sentido de llevar la preocupación
desde la definición hacia el uso del concepto. Dice esta investigadora: "Propongo entonces, más
que una conceptualización sobre la violencia [...] hacer una aproximación al problema por otra vía:
dándole la razón a ese gran lingüista, Wittgenstein, cuando dice: sólo en el uso encuentra la
proposición su sentido. O cuando propone, no preguntes por la significación, pregunta por el
uso".16 Pues bien, intentamos hacer esto a continuación. Aclaramos que sólo se trata de un
acercamiento general, porque un análisis más o menos detallado de la cuestión rebasa con mucho
los alcances que puede tener un ensayo como el presente.

Los usos del término en la investigación sobre la violencia

Campos de investigación: causas, formas y dinámica, consecuencias, valoración

En términos generales se puede considerar, de forma más obvia e intuitiva, que el estudio de la
violencia se aborda desde cuatro principales campos de investigación: uno es el que atiende a los
orígenes y las causas de ésta; otro es el que se preocupa por las formas que asume, las
características de ésta y las dinámicas propias que desarrolla; otro más se ocupa principalmente
de las consecuencias y efectos que el despliegue de la violencia genera. Atravesando estos tres
campos o maneras de abordar su estudio se encontraría una preocupación valorativa, tendiente a
calificar las relaciones de violencia desde varias situaciones, como pueden ser algunos puntos de
vista centrados en los agentes participantes en los hechos, tanto de quienes los ejecutan y quienes
los padecen, como de quienes se encuentran en el entorno inmediato o mediato que la observan
o la estudian. O bien se califican desde situaciones de creencias y valores políticos, morales,
culturales y hasta religiosos. Por último, considerando los contextos determinados en los que se
producen los actos de violencia, por ejemplo valores escolares, familiares o sexuales. Pero en
cualquier caso estas valorizaciones son susceptibles de realizarse tanto para las causas de la
violencia, sus formas y dinámicas y, como punto más importante, sus consecuencias. A estos
cuatro puntos de preocupación analítica se les puede denominar campos de análisis sobre la
violencia. A continuación, sin pretender agotar el asunto, se enuncian algunas ideas que
consideramos importantes para estos campos.

a) Campo de la causalidad. La violencia se considera, en términos generales, multicausal. La idea


de que se pudiera tener una llave para comprender la violencia ha dado paso a otra que considera,
metafóricamente, que quizá debiera pensarse en términos de un candado, donde encontrar la
combinación adecuada de causas para fenómenos concretos de violencia implica considerar varios
factores y niveles. Lo cual es pertinente sobre todo cuando se estudian problemas de violencia
concretos, por ejemplo, el acoso escolar o bullying, la violencia familiar o alguna situación de
guerra civil de determinado país.

De entre los factores que favorecen o causan violencia se suelen destacar dos grupos que
permitirían concebir dos modalidades de violencia, una activa y otra reactiva. Las causas de la
violencia activa engloban a un grupo de factores marcados por la dominación, por el deseo de
conquista sobre otros que permita su sometimiento psicológico, sexual, físico o la extracción de
patrimonios materiales de éstos. Los victimarios entonces recurrirán a diferentes formas de
violencia como medios para lograr la dominación y expropiación simbólica y material de las
víctimas.

Un abordaje ilustrativo de esto se puede encontrar en el libro de Rita Laura Segato, Las estructuras
elementales de la violencia,17 donde aborda el problema de la violencia de género, señalando que
es precisamente la estructura de dominación patriarcal la matriz originaria de esa violencia,
funcionando de forma más o menos directa a partir de ataques físicos, sexuales o emocionales, o
de forma indirecta a partir de lo que ella llama la violencia moral, que interioriza en la víctima, la
mujer, el sistema de dominación y la hace aceptar dicha dominación. Esta violencia moral funciona
en la cotidianidad marcando no sólo el lugar que ocupa la mujer en las relaciones en el hogar (hija
y esposa dependiente, madre al servicio de los hijos) o fuera de él (como trabajadora de menor
calidad, por ejemplo), sino también el sistema de pensamiento que las determina al sometimiento
(poco racionales, emotivas, abnegadas, etcétera). Pero el conjunto de factores marcados por la
dominación también es pertinente para otras situaciones de violencia, como la política, caso de las
guerras de conquista, o hasta económicas, como con el establecimiento de la llamada
"acumulación por desposesión",18 en procesos que afectan sobre todo a países del tercer mundo
que sirven a grupos de interés económico en asuntos como los energéticos, mineros o que utilizan
mano de obra barata y hasta esclava.

Por otro lado, en cuanto a la violencia reactiva, se puede considerar que el otro grupo de factores
importantes para la producción de violencia es la percepción de dolor, tanto físico como
emocional.19 Es decir, podemos considerar dolores físicos y emocionales, entre los que se
incluyen no sólo los resultados de ataques físicos al cuerpo de alguien, sino además los que son
resultados de la exclusión, la humillación o el rechazo social. Además, podemos hablar también de
dolores individuales y sociales, es decir, los experimentados por una persona y los experimentados
por grupos de personas o grupos sociales. Entonces, la percepción del dolor puede activar, en
quienes lo padecen, respuestas agresivas y violentas contra las personas que suelen considerarse
responsables de la producción de ese dolor, aunque en ocasiones, como se comentará más
adelante, esta respuesta violenta pueda sufrir desplazamientos temporales o espaciales en su
manifestación. Esta violencia reactiva, entonces, puede verse como respuesta ante daños
percibidos, que busca la eliminación de los comportamientos que los producen o se conciben
como castigos y compensación por esos daños.

Un ejemplo ilustrativo al respecto es el trabajo de Frantz Fanon, Los condenados de la tierra,20


donde el autor reflexiona sobre la violencia de descolonización de los pueblos de África como
respuesta a la violencia del colonizador, que socialmente ha humillado y desposeído (material y
simbólicamente) a los pueblos colonizados, y donde esta violencia reactiva sirve no sólo para
liberalizar a los pueblos, sino también para que ellos recuperen su dignidad y calidad de sujetos
precisamente mediante la violencia sobre el colonizador.21 Pero el estudio de las causas de la
violencia a partir del dolor también puede realizarse en otros ámbitos, como el que realiza Candice
A. Skrapec sobre asesinos en serie,22 donde señala que entre los motivos que los propios asesinos
dan de sus crímenes está la percepción -muchas veces, es cierto, deformada- de ser víctimas
previas de actos injustificados que los lastiman, así como sentir que con el asesinato recuperan un
poder que les había sido negado.

Ahora bien, en cuanto a los niveles de causalidad, en términos sintéticos se puede considerar que
todo acto de violencia se presenta en un contexto social específico, el cual tiene, a su vez, una
historia que lo generó. Las raíces sociohistóricas y las causas contextuales específicas de la
violencia son los dos niveles principales de las preocupaciones causales de la misma. Sin embargo,
se reconoce la existencia de un tercer nivel causal más específico, lo que se ha llamado el
detonante o disparador de la violencia; quién tiró la primera piedra, quién emitió una orden, el
acontecimiento fortuito que desencadena la violencia, etcétera. El primer nivel de causalidad, por
tanto, presta atención al cuadro histórico y social en el que se ubican las relaciones de violencia,
reconoce, como lo pide Martín-Baró, esa historia que crean las condiciones de posibilidad para la
generación de violencia,23 que pueden comprender el establecimiento de ciertas ideologías y
estructuras sociales que estarán en la base de los comportamientos y los hechos de violencia. El
segundo nivel establece, más que una relación histórica, una situación de causas más inmediatas,
atendiendo las relaciones establecidas entre diferentes actores sociales y los contextos específicos
donde se desarrollaran las relaciones de violencia. El último nivel, por su parte, es el hecho más
inmediato y visible que hace explotar manifestaciones de violencia física y directa.

Sumados a estos tres niveles empíricos del estudio de la preocupación causal, encontramos otro
nivel que podría considerarse como ontológico, en el sentido de que se pregunta si la violencia es
consustancial, y en qué medida y cómo, a los individuos, a los grupos, al género humano o bien al
propio ámbito de convivencia social. Algunos ejemplos de esto son las consideraciones de la
etología, especialmente de Lorenz,24 de observar la agresión como una pulsión instintiva de los
individuos, pero moldeada a partir de la evolución biológica; otra, en el plano social, es la
consideración de Schmitt25 de que "lo político" se determina esencialmente por la oposición
amigo-enemigo y con la posibilidad siempre presente del encuentro bélico.

b) Campo de las formas, características y dinámicas de la violencia. Lo primero que se destaca en


el estudio de la violencia es la comprobación de la pluralidad de formas en que ésta puede
presentarse. Esta pluralidad de formas de relación, siempre es vista en correspondencia con otras
instancias. Así, cuando se habla de violencia se tiene que hacer referencia a esas otras instancias,
las cuales pueden ser referidas a los contextos sociales de interacción en los que se presenta,
como cuando se habla de violencia de guerra, violencia deportiva o callejera, o bien hace
referencia a los agentes involucrados en su producción, por ejemplo, violencia juvenil o violencia
masculina, o también referida a un determinado ámbito social desde el que se presenta, como la
violencia política o la económica. Sin embargo en muchos casos la división de estas instancias
puede no estar totalmente demarcada, presentándose combinaciones; así, cuando se alude, por
ejemplo, a la violencia familiar, se hace referencia a que ésta se da en ese contexto institucional y,
además, es desarrollada por uno o más miembros de la familia. Lo mismo puede ocurrir con otras
formas de violencia, como la delictiva.

Para realizar una clasificación de la violencia es conveniente considerar que ésta puede contar con
diversos tipos según los criterios que se utilicen para su observación o construcción. Para
considerar algunos de estos criterios se puede señalar, de forma general, que la violencia alude a
actos y comportamientos que se presentan insertos en entramados de relaciones o contextos
diferentes; cuenta con por lo menos tres tipos de actores que la delimitan (el agresor, la víctima y
los observadores); presenta un aspecto de sucesión con origen o causa, un desarrollo a partir de
ciertas dinámicas, reviste ciertas características e implica determinadas consecuencias; además se
puede relacionar a otras características retomadas de aspectos más generales, como la
racionalidad instrumental. Así, de estos diferentes factores enunciados, entre varios otros que
pueden postularse, se destacan aspectos que sirven como diferentes criterios clasificadores.

Los criterios pueden ser de lo más diverso pero en general hay algunos que han destacado. Por
ejemplo, a partir del criterio de los daños o afectaciones sufridas por las víctimas de la violencia, se
puede hacer la siguiente tipología: a) patrimonial o económica, que afecta la integridad
patrimonial de las personas o colectivos; b) sexual, que afecta la integridad sexual de las personas,
como en el acoso y la violación; c) psicológica, que afecta su integridad psicológica produciendo
trastornos de comportamiento y percepción; d) física, que daña la integridad corporal de las
personas, produciendo golpes, fracturas y hasta la muerte. O bien se puede tomar como criterio
de clasificación al contexto de actividades donde se desarrolla la violencia, con lo que se podría
pensar en la siguiente clasificación: a) escolar, b) en el hogar, c) en el trabajo, d) callejera, e)
deportiva, etcétera.

Sin adentrarnos en las diversas posibilidades o las probables limitaciones de diferentes


clasificaciones o tipologías que se pueden realizar al respecto de la violencia, sólo quisiéramos
puntualizar aquí la importancia de tener más o menos claros los criterios utilizados para dichas
clasificaciones, pues en ocasiones ocurre que diferentes formas de violencia parecen oponerse o
sobreponerse en diferentes estudios, pero lo que en realidad pasa es que se basan en diferentes
criterios de clasificación.

Ahora bien, cada una de las formas de violencia que se consideren, desarrollan ciertas dinámicas -
en el sentido de un discurrir entre las causas y las consecuencias con rasgos específicos- y
características propias. Pero también existen pautas de comportamiento generales y
características reconocibles en las relaciones de violencia que deben tomarse en cuenta para su
estudio. Dentro de las dinámicas que las relaciones de violencia asumen quizá la más importante
es la considerada como espiral de violencia. Al decir de MartínBaró, con esta categoría se intenta
señalar "que los actos de violencia tienen un peso autónomo que los dinamiza y los multiplica".26
Es decir, una vez que se han desatado hechos de violencia, éstos desencadenan una dinámica que
puede incrementar las manifestaciones de violencia. Proponemos aquí tres formas de espiral de
violencia que pueden denominarse como espiral de "emulación", de "reforzamiento" y de "acción-
reacción".

La espiral de emulación puede presentarse bajo situaciones en las que la violencia desarrollada
por ciertos agentes consigue sin grandes costos proporcionar fines o beneficios esperados. Cuando
esta violencia lo logra y no se ve contrastada por costos o restricciones importantes, o aun por
valores que la inhiban, puede bien ser recurrentemente utilizada por los mismos agentes o, más
importante, ser imitada por otros agentes que busquen los mismos fines o parecidos, sin grandes
restricciones o costos. En este sentido, por ejemplo, una situación social de ilegalidad que recurra
a la violencia para sus fines y se encuentre un contexto de impunidad grande, permite el
desarrollo de este tipo de espiral de violencia. Es decir, es un tipo de espiral que se ubica bajo una
consideración en la que la violencia sea utilizada como medio para fines determinados, es una
utilización puramente instrumental de la violencia.

La espiral de acción-reacción quizá sea la más sencilla de apreciar. Se refiere a la situación en la


que las acciones de violencia cometidas por algún actor, individual o grupal, sobre otro actor, su
víctima, recibirán respuesta de este último también de carácter violenta, convirtiéndose así, a su
vez, en victimario. La espiral se desarrolla entonces con cada vuelta de acción y su respuesta, con
el posible incremento de cada vez más violencia o una violencia cada vez más dañina. Desde luego
las situaciones de lucha, de guerra, tienen mucho que ver con este tipo de espiral de violencia.
Pero en éste no se trata tanto de concebir la violencia desde una perspectiva instrumental, sino la
violencia como parte del lenguaje de la relación misma de los actores considerados. En este
sentido, para seguir con el ejemplo delictivo, la militarización de la lucha contra la delincuencia
conlleva el riesgo de hacer precisamente de la estrategia militar el lenguaje de relación social de
violencia, que no sólo afectará a la lucha entre las instituciones estatales encargadas de la
violencia contra los delincuentes, sino también entre éstos y, en su extremo, de ambos tipos de
actores con la sociedad o sectores de la sociedad.

La espiral de reforzamiento es más delicada y parece más insegura en su abordaje. Consiste en


que determinada forma de manifestación de violencia puede producir ciertos resultados que
refuerzan otros tipos de manifestaciones violentas. Tal vez esta idea quede ilustrada con la
relación entre las formas de violencia objetiva y subjetiva. La primera se puede entender como
aquella fácilmente apreciable y que de alguna manera puede ser medible. Por ejemplo, el
asesinato, la violación, los golpes, pero también la afectación patrimonial como el robo, etcétera.
Por su parte, la subjetiva se entiende como aquella que es percibida por determinados agentes,
pero que en los hechos resulta difícilmente medible. La percepción de la violencia puede estar en
sintonía con la violencia objetiva, pero no necesariamente, ni de una forma lineal. Sin embargo, no
quiere decir que la subjetiva sea puramente fantasía, pues es percibida como real, es real como
percepción y tiene efectos reales. Ahora bien, en una situación de percepción social de violencia
más o menos generalizada, sucede que genera efectos que pueden muy bien alimentar la violencia
objetiva existente. La percepción de violencia no sólo cambia patrones de comportamiento
individuales, sino también sociales, aumentando los temores, las desconfianzas, restringiendo las
preocupaciones hacia sí mismos y los más allegados; es decir, alimenta una necesidad de
seguridad limitada e inmediata, pero desentendiéndose de las relaciones sociales más amplias.
Como hace notar Óscar Martínez al hablar de Los Zetas, éstos "consiguen su principal activo para
poder operar a sus anchas: el temor".27

Por último, consideraremos algunas características generales que se pueden encontrar alrededor
del tema de la violencia, como son el distanciamiento, el desplazamiento y el aprendizaje de la
violencia.

Con la idea de distanciamiento nos referimos a que en el desarrollo de la violencia al agresor le es


más fácil ejercerla cuando media cierta distancia entre él y la víctima, en buena medida por
motivos de que así desactiva los mecanismos inhibidores para su ejercicio, es decir, la posibilidad
de empatía con el otro, haciendo que su dolor o sufrimiento limite o elimine el comportamiento
violento del agresor. Esta distancia puede ser física, como cuando se ataca a lo lejos con arma de
fuego, cuando no se ve a la víctima cara a cara o bien cuando simplemente se ordena a otros sin la
necesidad de ejercer la violencia uno mismo. Pero también puede ser moral, como mayormente
ocurre. Toda forma de descalificación del otro, de desvalorización, por ser un enemigo, por ser un
extraño potencialmente dañino, etcétera, hasta alcanzar la objetivación o cosificación del otro,
convertido en medio para emitir un mensaje, en mercancía con la que se puede traficar o en mero
objeto de placer, se refieren a grados y modalidades de esta necesidad de la distancia moral. Pero
desde luego estas dos formas de distanciamiento pueden combinarse en múltiples formas.

Dicho distanciamiento, especialmente el de carácter moral -si se sigue la definición de violencia


como negación del otro-, lo podemos apreciar precisamente como uno de los elementos centrales.
Puede darse tanto en relaciones interpersonales como en entre los Estados, por ejemplo en el
caso de la retórica bélica de George W. Bush con la llamada la guerra contra "el imperio del
mal".28 De igual manera, al hablar sobre el colonialismo europeo, Aimé Césaire considera que no
sólo el europeo -al tratar a los otros pueblos como bestias- se convirtió él mismo en bestia, sino
que con ese trato se creó un distanciamiento moral que lo insensibilizaba y exime de culpa.29

Siguiendo a Joachim Bauer, por desplazamiento se entiende que los actos agresivos y de violencia
pueden cambiar el objeto y el punto temporal de su manifestación, por ejemplo que no se
desencadene una agresión hacia aquel objeto que causa un malestar en alguien, sino en otro, por
diversas razones, entre las que se encuentran el poder de quien causa el daño, la poca posibilidad
de identificarlo o creencias que lleven a desconocer la situación de agravio.
Así, un niño puede ser golpeado por su padre, pero él no reacciona violentamente hacia ese padre
-quizá por el temor que le reporta, quizá por alguna creencia de que éste lo tiene permitido por
ser el padre-, pero puede ejercer violencia contra sus compañeros escolares, más débiles que él, o
bien, ejercerla en el futuro contra sus propios hijos. Como dice Bauer, "tales desplazamientos
producen en muchos casos la impresión, comprensible pero errada, de que las acciones agresivas
son 'absurdas' y 'no fundamentadas', y por lo tanto son expresión de un deseo de violencia
profundamente arraigado en el ser humano".30 Pero este desplazamiento, como se ve, tendrá
sobre todo importancia en aquellas formas de violencia que tiendan a ser más reactivas que
activas, es decir, más expresiones de respuesta ante el dolor, que instrumentos al servicio de la
violencia activa, de dominación. Aunque este desplazamiento puede afectar también la relación
entre violencia activa y reactiva, haciendo aparecer a la segunda como activa.

Por último, con la idea del aprendizaje social de la violencia se considera que la adquisición de
comportamientos violentos es posible mediante dos tipos principales de aprendizaje. El primero es
el directo, esto es, de la acción agresiva y violenta directa ejercida por parte del individuo. Sin
embargo, se considera que este tipo de aprendizaje sólo refuerza conductas que ya existen en el
repertorio del individuo. El segundo tipo es indirecto, es simbólico, que se realiza mediante la
contemplación de modelos, es decir, observando el comportamiento agresivo de otros individuos.
Esta contemplación puede darse también de forma directa, personal, como cuando se vive en un
entorno familiar o vecinal violento, o de forma indirecta, principalmente mediante algún medio de
comunicación (cómics, películas, televisión). Este tipo de aprendizaje es considerado el más
importante, porque proporciona ese repertorio de comportamientos agresivos arriba señalados.
Así, se considera que para aprender a comportarse agresiva o violentamente no es necesario que
el individuo participe en actos de este tipo, tan sólo basta que contemple el espectáculo de la
violencia.

Pero si con la contemplación se aprenden diferentes repertorios de actos violentos, esto no basta
para que un individuo los aplique. Es necesario cierto refuerzo valorativo para que ésta se
desarrolle o no. En la observación del acto agresivo esta valoración puede darse en el hecho de
que se premie o se castigue dicho acto. Como dice Martín-Baró:

Los efectos de la observación no se limitan al modelamiento de nuevas conductas en el


observador; también producen inhibición o desinhibición de respuestas ya existentes en el
repertorio del observador o producen comportamientos emulativos frente al modelo. Por
supuesto, la inhibición o desinhibición de comportamientos agresivos dependerá de si el modelo
es castigado o premiado por su conducta agresiva. La evaluación positiva o negativa, que cada cual
hace de su proceder representa una de las principales fuentes del control del comportamiento
humano; sin embargo, los criterios y formas de autoevaluación son también aprendidos y
dependen en buena medida de las respuestas y refuerzos sociales de los demás.31
En el caso de la teoría del aprendizaje social, la situación de la inhibición o desinhibición de la
agresión se ve en estrecha relación con un refuerzo valorativo, también aprendido socialmente,
que por medio de premios o castigos de la acción violenta aprendida, directa o indirectamente, se
posibilita la violencia o su inhibición.

c) Campo de las consecuencias de la violencia. Pueden considerarse tanto individuales como


sociales, por un lado, así como ser inmediatas, de mediano y de largo plazo, por otro. Desde luego
estas consecuencias están directamente relacionadas con el tipo de violencia que se estudie y con
la perspectiva que se asuma en el estudio. Así, por ejemplo, en un estudio de violencia doméstica
que sólo se preocupe por la delimitación de hechos, por la búsqueda de culpables y las sanciones,
se tenderá a privilegiar las consecuencias y daños individuales hacia las víctimas directas, y sólo
para el plazo inmediato de los hechos. Pero este mismo tema analizado desde una perspectiva de
género, normalmente tomará en cuenta no sólo las consecuencias en el mediano y largo plazo
para la víctima directa, sino también puede resaltar las consecuencias emocionales y psicológicas
de los demás miembros de la familia, especialmente los hijos y otras personas que pueden ser
víctimas indirectas, y hasta quizá en el agresor mismo. Si lo que interesa es un estudio desde la
perspectiva de los costos políticos y económicos de lo que implica la violencia en el hogar, la
atención de las consecuencias se llevará todavía más lejos, hacia la propia institución familiar,
hacia los costos económicos en atención a la salud, jurídica, ausentismo escolar y laboral, etcétera,
pudiendo de hecho llegarse a constatar que una de las consecuencias de la violencia doméstica es
precisamente el mantenimiento de ciertas bases emocionales, psicológicas e institucionales para
la repetición del ciclo de violencia doméstica.32

Pero en cualquier caso, en su aspecto inmediato, las consecuencias más claras de la violencia son
los daños que ésta genera, especialmente a las víctimas directas y en ocasiones también a
terceros, pudiendo afectar igualmente hasta a los mismos victimarios. Entre estos daños están los
que ya se mencionaban anteriormente, la afectación a la integridad física de las personas, a su
integridad emocional y psicológica y a su integridad patrimonial. Mientras que en términos
sociales las consecuencias de ciertas relaciones de violencia pueden llevar a la desestructuración
de los lazos sociales a mediano y largo plazo, a la instauración del miedo y la desconfianza social, a
situaciones de anomia y, en último término, a la intensificación de las dinámicas de espiral de
violencia. Tal pude ser el caso de las guerras civiles o la actual guerra contra el crimen organizado,
para el ejemplo concreto de México. Esto, desde luego, también puede comprometer el futuro
desarrollo económico de mucha gente.

d) Campo valorativo. Un aspecto relevante de la valorización de la violencia es la relativización


valorativa de acuerdo con los sujetos implicados en los contextos de violencia, pues, como
consideran Robert E. Dowse y John A. Hughes, "los actos de violencia pueden juzgarse como
moralmente buenos, malos o neutros según quiénes participen en ellos, contra quién estén
dirigidos y quién realice el juicio [...] Si los miembros de un grupo o sociedad consideran los actos
de violencia como justificables en cierto modo, podremos hablar de actos legítimos".33 Es decir, la
valorización atiende no sólo al acto violento mismo, sino que también está referida a los agentes
participantes. Los intentos de justificación y de legitimación de la violencia serán también terreno
de disputa por parte de los actores participantes, así como materia para acercarse y atraer a
espectadores y aliados potenciales. Se postulan aquí tan sólo cuatro formas en las que puede
concebirse el tema de la valorización a propósito de la violencia: la calificación, la racionalización,
la justificación y la juridización.

La calificación básicamente se refiere a la consideración de si es buena o mala determinada


manifestación de violencia. Como se mencionó, esta calificación está en relación con el sujeto que
califica, con los hechos y la perspectiva o concepción que de la violencia tenga.

Por racionalización puede entenderse una situación en la que se busca otorgarle a la violencia
algún sentido posteriormente a su producción. Esta racionalización es necesaria tanto para las
víctimas como para los victimarios; a los primeros les ayuda a soportar los males recibidos, y a los
segundos les permite liberar culpas. Es una especie de justificación posterior y no suele ser muy
elaborada, no constituye en lo inmediato un discurso ideológico o algo parecido, sino un
acomodar lo vivido al universo de sentido de los participantes más directos en los hechos. Una
idea que estaría detrás de esto es aquella que dice que el hombre puede acostumbrarse a
cualquier cosa, menos a vivir en el sinsentido, por lo que tiene una tendencia a acomodar sus
experiencias a algún sentido y hasta hacer de ciertas experiencias un eje del sentido de su vida. En
cierta forma, es posible encontrar racionalizaciones de este tipo dentro del campo de la violencia
doméstica cuando la propia víctima llega a considerarse culpable de la violencia recibida.

La justificación podemos verla, aunque en la misma línea de otorgamiento de sentido a la


violencia, como en un punto opuesto a la racionalización, pues sirve no tanto para valorar los
hechos una vez producidos, sino antes de producirse, otorgándole un espacio de posibilidad o aun
de necesidad de la violencia, pero en todo caso, legitimándola. Por lo mismo, puede estar
asentada en un discurso ideológico (como el racismo o el nacionalismo) o hasta teórico (como la
idea de guerra justa). Pero más allá, también pueden estar asentadas aquí aquellas formas de
violencia cotidiana que naturalizan o presentan como inevitable las situaciones no tanto ya de la
violencia, sino la situación del lugar que ocupan los dominados y dominantes en un cierto orden
de dominación-sumisión, como es la violencia simbólica de Bourdieu. Desde luego entre la
racionalización y la justificación las fronteras no son tajantes y se puede pasar de una a otra de
manera continua o bien presentarse casi al mismo tiempo.

Por juridización entendemos aquellos aspectos que buscan, por medio del derecho, nombrar
situaciones, reconocer sus alcances y poder actuar, de alguna manera, para regular o combatir la
violencia. Es una forma de valorización que busca someter a un orden normativo a los agentes
participantes en los hechos de violencia. Por ello, si los anteriores aspectos de la valorización están
más relacionados con agresores y víctimas, este aspecto está más en referencia a los
observadores, principalmente a los del orden institucional y gubernamental.

En lo referente a los elementos de inhibición y desinhibición de la violencia encontramos en


primer lugar las normatividades éticas y jurídicas. Schmitt, por ejemplo, parte de la posición de
que una compresión adecuada de lo político ayuda a definir mejor el problema de la guerra y, con
ello, a que se puedan establecer regulaciones de carácter jurídico tanto para su
desencadenamiento como para su desarrollo.34 Segato considera, por su parte, que el desarrollo y
fortalecimiento de los derechos humanos ayudaría a definir, clasificar y meditar sobre todos
aquellos comportamientos difusos que sustentan el orden patriarcal y, con ello, a que se les pueda
superar.35

Pero en este aspecto la juridización puede ir más allá de establecer una valoración de "no
permitido" a ciertos actos o conductas violentas, pues en primer lugar ayuda a nombrar
precisamente los comportamientos y los actos susceptibles de ser definidos de violentos. Sin
embargo, tiene en contra la idea ya destacada en el inicio de este ensayo de que, en su
funcionamiento, su definición de violencia no puede ser sino restringida, so pena de perder su
eficacia en la sanción de dichos comportamientos, perdiendo así la posibilidad de atender las
violencias desde las raíces sociohistóricas que las generan.

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1Elsa Blair Trujillo, "Aproximación teórica al concepto de violencia: avatares de una definición",
Política y Cultura, núm. 32, otoño, 2009, México, UAM-Xochimilco, pp. 9-33.

2Ibid., p. 13.

3Ibid., p. 16.

4Ibid., p. 20.
5Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Barcelona, Anagrama, 2000.

6Carlota Guzmán Gómez, "Las lógicas de la violencia escolar: un aporte para la discusión", Rayuela.
Revista iberoamericana sobre niñez y juventud en lucha por sus derechos, núm. 6, noviembre-
mayo, México, 2012, pp. 119-126 (p. 123).

7Fredric Wertham, La señal de Caín: sobre la violencia humana, México, Siglo XXI Editores, 1971,
p. 3.

8John Keane, Reflexiones sobre la violencia, traducción de Josefa Linares de la Puerta, Madrid,
Alianza editorial, 2000, pp. 61-62 (subrayado añadido).

9Michel Wieviorka, "La violencia: destrucción y constitución del sujeto", Espacio abierto, julio-
septiembre, vol. 10, núm. 3, Cuadernos Venezolanos de Sociología, Maracaibo, Asociación
Venezolana de Sociología, pp. 337-347 (pp. 339-340).

10Es pertinente señalar la relación de los conceptos de agresión y violencia. La primera se


considera, desde disciplinas como la psiquiatría, la neurología y hasta la etología, como un
comportamiento innato, modulado evolutivamente y que el ser humano comparte con los
animales. Es decir, se considera como un factor biológico. La violencia no, ésta se considera más
como un factor social y cultural; así, por ejemplo, José Sanmartín afirma: "el ser humano es
agresivo por naturaleza, pero pacífico o violento por cultura" (La violencia y sus claves, España,
Ariel, 2006, p. 21. Véanse también David Huertas, Violencia: la gran amenaza, España, Alianza
editorial, 2007; y Adolf Tobeña, Anatomía de la agresividad humana, de la violencia infantil al
belicismo, Barcelona, Ed. Galaxia Gütemberg, 2001). Este ensayo se basa en una propuesta de
atender el estudio de la violencia en clave de la mirada sociológica, por lo que el tema de la
relación de la violencia con el comportamiento agresivo y, más allá, con las cuestiones biológicas y
aun psiquiátricas, queda por el momento fuera, en parte también por el límite del ensayo.

11Michel Foucault, Seguridad, territorio, población, traducción de Horacio Pons, Buenos Aires,
Fondo de Cultura Económica, 2011, pp. 16-17.

12Baste un ejemplo: el Estado se forma, en lo esencial y según los discursos utilizados para su
legitimación, para hacer frente a dos principales formas de violencia: la de la invasión de un
pueblo por otro y la de la invasión de la intimidad, de la privacidad de cada uno de los súbditos o
ciudadanos, por parte de actores delictivos, pero para cumplir ese objetivo cuenta como principal
medio con la violencia, el monopolio de la violencia legítima. Un fin: la paz. Un medio: la violencia.
Aquí se encierra parte de la historia sociopolítica de los Estados modernos.

13La violencia cultural como aquellos aspectos ideológicos y representacionales que justifican o
enaltecen la violencia de alguna forma, como el racismo, el sexismo, la xenofobia. La violencia
estructural como aquella forma de organización social que desprotege y condena a ciertos sujetos
a no poder desarrollar plenamente sus posibilidades. Johan Galtung, Tras la violencia, 3R:
reconstrucción, reconciliación, resolución. Afrontando los efectos visibles de la guerra y la
violencia, España, Ed. Bakeaz/Gernika Gogoratuz, 1998.

14La violencia simbólica como una forma de violencia cotidiana mediante la cual los esquemas de
percepción y valorización del carácter de una relación de dominación-sumisión son los
desarrollados desde el lado del dominador, es decir, se imponen a los sometidos naturalizando o
presentando como inevitable su propia situación. Pierre Bourdieu, La dominación masculina,
Barcelona, Anagrama, 2000.

15La violencia moral como una forma de violencia cotidiana destinada a mantener el
sometimiento de la mujer a la dominación patriarcal, por medio de la dependencia económica en
el hogar, la reiteración de las posiciones sociales de hombres y mujeres, su asignación de papeles y
la afirmación de características como emocionales e irracionales. Rita Laura Segato, Las
estructuras elementales de la violencia; ensayos sobre género entre la antropología, el
psicoanálisis y los derechos humanos, Buenos Aires, Universidad Nacional de Quilmes, 2003.

16Elsa Blair Trujillo, "Aproximación teórica al concepto de violencia...", op. cit., p. 31.

17Rita Laura Segato, Las estructuras elementales de la violencia..., op. cit. Política y Cultura, otoño
2016, núm. 46, pp. 7-31

18David Harvey, El nuevo imperialismo, Madrid, Ediciones Akal, 2003. Véase también Pablo
Dávalos, La democracia disciplinaria. El proyecto posneoliberal para América Latina, Quito, CODEU,
2010.

19Siguiendo al psiquiatra y neurobiólogo Joachim Bauer encontramos que en el funcionamiento


cerebral estas dos formas de dolor están estrechamente relacionadas. Dice este autor: "'desde el
punto de vista del cerebro', el límite del dolor no sólo se traspasa cuando se inflige a los humanos
dolor físico (es decir, corporal); los centros del dolor del cerebro reaccionan también cuando las
personas se sienten socialmente excluidas o humilladas". Joachim Bauer, La violencia cotidiana y
global; una reflexión sobre sus causas, traducción de Bernardo moreno Carrillo, Barcelona,
Plataforma editorial, 2013, p. 67.

20Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, traducción de Julieta Campos, México, Fondo de
Cultura Económica, 2007.

21Habrá que aclarar que si Fanon pinta con un carácter positivo la violencia descolonizadora
también considera que a la larga ésta no se puede mantener, pues sus efectos sociales a largo
plazo serán siempre negativos.

22Candice A. Skrapec, "Los motivos del asesino en serie", en Raine Adrian y José Sanmartín,
Violencia y psicopatía, España, Ariel, 2008, pp. 155-180.

23Ignacio Martín-Baró, "Violencia y agresión social", Poder, ideología y violencia, edición,


introducción y notas de Amalio Blanco y Luis de la Corte, Madrid, Trotta, 2003, pp. 65-137.

24Konrad Lorenz, Sobre la agresión: el pretendido mal, México, Siglo XXI Editores, 1994.

25Carl Schmitt, El concepto de lo político, Madrid, Alianza editorial, 1999.

26Ignacio Martín-Baró, "Violencia y agresión social", op. cit., p. 81.

27Óscar Martínez, Los migrantes que no importan, Oaxaca, Sur+ ediciones, 2012, p. 125.

28Véanse por ejemplo las implicaciones de esta retórica en Michael Mann, El imperio incoherente:
Estados Unidos y el nuevo orden internacional, España, Paidós, 2004.

29Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, Madrid, Akal, 2006. Política y Cultura, otoño 2016,
núm. 46, pp. 7-31.

30Joachim Bauer, La violencia cotidiana y global..., op. cit., p. 87.


31Ignacio Martín-Baró, "Violencia y agresión social", op. cit., p. 110.

32Algunas de estas líneas de preocupación se pueden consultar en Asociación Pro Derechos


Humanos, La violencia familiar: actitudes y representaciones sociales, España, Fundamentos, 1999.

33Robert Dowse y John A. Hughes, Sociología política, España, Alianza, 1999, p. 497. Política y
Cultura, otoño 2016, núm. 46, pp. 7-31

34Carl Schmitt, El concepto de lo político, op. cit.

35Rita Laura Segato, Las estructuras elementales de la violencia...,

1- La multiplicidad de las Violencias del 2017

La violencia en Venezuela durante el año 2017 estuvo asociada al notable deterioro en la calidad
de vida del venezolano y a la disolución sistemática del Estado de Derecho como el mecanismo
regulador tanto de las relaciones sociales como del acceso a los bienes materiales y al poder.

En el año 2017 se mantuvo un fuerte impacto de la violencia delincuencial expresada en


homicidios, robos, extorsión y secuestros. En este año la vida cotidiana de los ciudadanos se alteró
todavía más, restringiéndose las libertades personales y el ejercicio de los derechos, por el temor
de las personas a ser unas potenciales víctimas tanto del delito como del abuso policial. Nuevas
formas de violencia adquirieron relevancia, tanto por el incremento de su magnitud, como por las
novedosas razones que las originaron e impulsaron. Ante el incremento de la escasez de bienes de
consumo básico, en este año se notó un crecimiento de la violencia inter-ciudadana por la
agresividad expresada en la competencia por adquirir dichos bienes y por el surgimiento de
modalidades del delito asociadas a la captación de la renta económica derivada de su control y
comercialización.

De igual modo, se pudo observar un incremento de la violencia doméstica derivada de las


situaciones de hambre que se han presentado en los hogares. La carencia de alimentos en las
familias ha obligado a una administración estricta de los pocos recursos disponibles que no
siempre es acatada por sus miembros, provocándose situaciones de violencia de pareja o maltrato
infantil inéditas en el país. Finalmente en el año 2017 se pudo observar un notable incremento de
la violencia del Estado, tanto en el uso desproporcionado y extrajudicial de la fuerza para el castigo
y control del delito, como en el uso ilegítimo de la fuerza para la represión de la protesta social y
política de los ciudadanos.
La disolución del Estado de Derecho

En el año 2017 se acentuó la disolución del Estado de Derecho a partir de un conjunto de acciones
y medidas que destruyeron los mecanismos institucionales establecidos en la Constitución vigente
substituyéndolos con medidas e instancias de poder paralelas, provocando una doble
institucionalidad que ha incrementado el sentimiento de anomia de la sociedad y ha reducido la
creencia en las vías legales como el medio adecuado para la resolución de conflictos. Durante todo
el año 2017, y por casi dos años consecutivos, se prolongaron los decretos de estado de excepción
sin aprobación de la Asamblea Nacional y por un periodo muy superior a los cuatro meses máximo
como lo exige la Constitución. Las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia por las
cuales el poder judicial se arrogaba los poderes correspondientes al poder legislativo llevaron a
que la Fiscal General de la República, en tanto que guardiana de la ley, las calificara como una
ruptura del hilo constitucional. El establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente por
mecanismos de convocatoria y de elección diferentes a lo establecido por la Constitución Nacional
vigente; la posterior destitución de la Fiscal General y el nombramiento de un nuevo Fiscal por una
Asamblea Nacional Constituyente que no tiene las potestades legales y constitucionales para
hacerlo, y sus posteriores acciones de aprobación de leyes y eliminación de unidades territoriales
establecidas, actuando como un poder plenipotenciario sin haber sido derogada la anterior, ni
haber sido aprobada una nueva Constitución, han conducido al establecimiento de una peligrosa
doble institucionalidad en el país.

Un país que tiene dos Asambleas Nacionales, dos Fiscalías y dos Tribunales Supremos de Justicia,
es una sociedad que no tiene mecanismos de control civilizados de la violencia.

Crisis económica, empobrecimiento y segregación social

La crisis económica, con una contracción de dos dígitos en el Producto Interno Bruto, la reducción
a la mitad de las importaciones y la disminución de las exportaciones petroleras y no petroleras,
así como la emisión de dinero inorgánico por parte del gobierno, ha provocado una inflación que
ya da signos de hiperinflación. La caída de los precios del barril y de la producción de petróleo
venezolano, así como la baja productividad en la economía y el crecimiento de la economía
informal, han provocado un incremento de la desigualdad en la sociedad y han creado dos polos
contrastantes de extrema riqueza y extrema pobreza en el país.

En este año 2017 se ha acentuado el desabastecimiento, se ha incrementado el costo de todos los


productos de la canasta alimentaria y se ha deteriorado el ingreso familiar, generando una
progresiva pauperización de enormes sectores sociales. Los estudios realizados por las
universidades nacionales muestran que cuatro de cada cinco hogares venezolanos (82%) están en
situación de pobreza y que más de la mitad de las familias (52%) se encuentran en pobreza
extrema; es decir, que no logran cubrir sus necesidades alimentarias básicas. Cáritas ha reportado
que este año se ha incrementado en un 14,5% el número de niños con desnutrición aguda, con
muchos de ellos fallecidos por el hambre.

El lograr algún alimento para el hogar pasó a ser una proeza para millones de familias venezolanas,
las cuales se ven sometidas a largas y demoradas colas para la compra de unos pocos productos, y
en las que hay tensión y focos de violencia por la discrecionalidad y segregación en las normativas
que imponen los establecimientos o los militares encargados del cuido del orden en esos lugares.
La exigencia de un “carnet” para acceder a la compra de alimentos, medicinas y otras necesidades,
requiriendo un documento de identidad diferente del que establece la legalidad venezolana,
constituye un mecanismo de exclusión social, de sometimiento al poder y de pérdida de la
ciudadanía, pues establece dos tipos de venezolanos: unos afiliados por un registro
gubernamental para el acceso a unos pocos alimentos o medicinas y otros sin derechos a la
alimentación y la salud.

2- La metodología de la investigación en Violencia

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), que hasta el año pasado agrupaba a


investigadores de seis universidades nacionales, incorporó en el año 2017 la Universidad del Zulia
(LUZ) y en consecuencia al estado Zulia. El OVV amplía, de esta manera, la cobertura regional en el
estudio de la violencia, pues contamos ahora con cuatro estados del occidente del país (Zulia,
Táchira, Mérida y Lara), dos estados centrales (Distrito Capital y Miranda), un estado del oriente
(Sucre) y otro del sur (Bolívar), que suman un 49% de la población nacional.

El OVV ha trabajado con tres tipos de fuentes de información diferentes: datos que se publican en
la prensa nacional, archivos oficiales y encuestas de victimización aplicadas en los hogares. Para la
recopilación y procesamiento de los datos que se publican en la prensa nacional, el OVV, a través
de los Observatorios Regionales de Violencia (ORV) y de sus respectivos Observatorios de Prensa
(OP), registra y contabiliza sucesos de violencia difundidos en medios de comunicación regionales
y nacionales. Adicionalmente, el OVV, por medio de la red de Observatorios Regionales, recibe
datos oficiales de manera no-oficial. Estos archivos reportan delitos conocidos por las autoridades
policiales, en aquellos casos en los que se presenta una denuncia o se realiza una actuación
policial. Hay que precisar que esta información no siempre es completa y presenta en general
inconsistencias de diversos tipos, que demandan de un minucioso trabajo de revisión y de
validación, en la medida que lo posibilitan los archivos. La tercera fuente de información es la que
proviene de las encuestas de victimización, una de ellas es la Encuesta sobre Condiciones de Vida,
ENCOVI, que llevan a cabo anualmente la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Simón
Bolívar y la Universidad Central de Venezuela. El OVV se alimenta, además, de un programa de
investigación con encuestas ad-hoc sobre la misma temática, pero estudiando su vinculación con
problemas sociales diversos como, por ejemplo, la desigualdad, que llevan a cabo los centros de
investigación que lo integran.
En este año se aplicaron de manera sistemática otras dos técnicas de recolección de información:
los grupos focales y las entrevistas a profundidad. En siete ciudades del país se realizaron grupos
focales con los grupos sociales y ocupacionales más afectados por la violencia y se aplicaron
entrevistas con líderes sindicales y comunitarios, así como con trabajadores de la salud y la
seguridad, para tener mayor profundidad y detalle de las situaciones vividas, así como para
comprender la construcción subjetiva de la violencia.

En esta oportunidad cabe destacar un estudio de particular importancia para determinar la cifra
negra en materia de mortalidad violenta, que está llevando a cabo el OVV en cinco parroquias del
Distrito Capital. En esta investigación se está realizando una enumeración exhaustiva de casos de
mortalidad violenta por medio de una encuesta a hogares, que en una etapa posterior se podrá
cotejar con los registros oficiales disponibles sobre homicidios y muertes por resistencia a la
autoridad. Este ejercicio permitirá, con el empleo de una metodología conocida como de
estimación por sistemas múltiples (ESM), una aproximación novedosa a la cuantía de la cifra negra
letal en nuestro país.

El concepto de muertes violentas que utilizamos en este informe se define como la suma de las
muertes ocurridas bajo cada una de las tres categorías siguientes:homicidios legalmente
establecidos, averiguaciones de muerte y resistencia a la autoridad. La estadística oficial utiliza la
categoría homicidios sólo para los casos (de una o varias víctimas) donde existe la apertura de un
expediente judicial por asesinato. Muchos otros casos, de miles de muertes violentas, por
ejemplo, de personas fallecidas a causa de un disparo de arma de fuego, quedan fuera de esa
categoría por tener una intención “indeterminada”, por lo que se denominarían averiguaciones de
muerte. En otros casos, miles también, donde la muerte ocurre a consecuencia de una acción del
Estado, policial o militar, se clasifican y archivan como resistencia a la autoridad. Ciertamente, no
todo caso de enfrentamiento con la autoridad termina en homicidio, ni toda muerte en
averiguación tiene por qué ser el resultado de un acto violento, pero es imposible saber con
certeza cuántos lo son, y esto, entre otras razones, por la aparente falta de sistematicidad en los
procedimientos de registro de los organismos oficiales encargados de esta materia. En opinión del
OVV, aun cuando la muerte sea el resultado de una acción legal ajustada al protocolo de uso
proporcional de la fuerza, es una muerte violenta que debe ser contabilizada como tal, pues es el
resultado del nivel de violencia existente en la sociedad.

Ante el silencio informativo habitualmente practicado por el Gobierno con relación a la mortalidad
violenta y la dificultad de poder disponer de fuentes completas de datos confiables, el OVV ha
venido empleando proyecciones estadísticas de las muertes violentas ocurridas en el país en un
año calendario específico. Para ello, hemos utilizado datos parciales aportados por diversas
fuentes de información regional y nacional, en combinación con series estadísticas de muertes
violentas del país desde el año 1990.
El ejercicio de predicción estadística en el año 2017 se llevó a cabo estimando modelos de series
temporales de los casos conocidos de homicidios y casos de resistencia a la autoridad de manera
conjunta, registrados para los nueve primeros meses del año 2017, y de las averiguaciones de
muerte compiladas por la antigua Policía Técnica Judicial (PTJ) y el actual Cuerpo de
Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC), desde 1990 hasta el año 2010.

El procedimiento de búsqueda de los mejores modelos de predicción consideró la clase de los


modelos de suavizamiento exponencial y los modelos autoregresivos de promedios móviles
integrados (ARIMA), resultando un modelo de suavizado exponencial simple para la serie conjunta
de homicidios y muertes de casos de resistencia a la autoridad, y el modelo ARIMA (0,1, 0) para la
serie de casos de averiguaciones de muertes.

Hay que advertir que aun cuando los modelos ajustados son los “mejores” desde el punto de vista
estadístico, es decir, aquellos que proporcionan el mejor ajuste a los datos y además aseguran el
menor error de predicción, tal ejercicio se realiza asumiendo unceteris paribus, es decir, que las
condiciones determinantes del comportamiento pasado no han cambiado y se mantienen
constantes. Se comprende, por lo tanto, que en la medida en que el horizonte de predicción se
alarga, el ejercicio de predicción es más incierto. De cualquier manera, reconocemos que las cifras
se mueven en la incertidumbre de unos intervalos amplios que pueden ubicar las tasas “reales” en
magnitudes algo menores o algo mayores de las que resultan del ejercicio predictivo, expresado
normalmente en afirmaciones que se declaran con un 95% de confianza.

3- La situación de Violencia en 2017

Este año se cumplen catorce años consecutivos de censura sobre la estadística oficial de
criminalidad y violencia. Por ello, calculando en medio de la opacidad informativa con fuentes
primarias nacionales y estadales, y con las informaciones de terreno a las cuales hemos tenido
acceso a través de los siete Observatorios Regionales de Violencia, para finalizar este año 2017
estimamos una tasa de 89 muertes violentas por cada 100 mil habitantes y un total de 26.616
fallecidos en todo el territorio nacional. Esta cifra incluye la suma de los homicidios legalmente
aceptados como tales, que estimamos en 16.046 casos; más las víctimas de los actos clasificados
como resistencia a la autoridad, que alcanzaron 5.535 muertos; y los 5.035 fallecidos considerados
como muertes violentas en averiguación.

Esta tasa representa una disminución de 3 puntos en relación al año anterior. Los homicidios
considerados como tales por las autoridades disminuyeron en su magnitud, pero se
incrementaron otras formas de violencia, en particular la violencia del Estado expresada en el
incremento de las personas víctimas que fueron clasificadas como fallecidos por “resistirse a la
autoridad”. En promedio, en el año 2017, cada semana fallecieron 106 personas por acciones de
funcionarios policiales o militares; cada día del año murieron 15 personas por resistencia a la
autoridad.

En el año 2017 se observó un incremento de las personas fallecidas como consecuencia de un


linchamiento. Si bien las cifras de linchamientos incluyen casos que no concluyeron en muerte de
la víctima, a veces clasificados como intentos de linchamiento, en los casos que tuvieron
consecuencias fatales se pudo establecer que cada semana del año hubo al menos un promedio
de 2,4 personas muertas por linchamiento. El mayor número se presentó en los estados Miranda,
Monagas, Carabobo, Zulia y Bolívar.

De igual modo, se observó un incremento de las muertes por encargo o sicariato en el país. Si bien
establecer cifras confiables es una tarea muy difícil, por la complejidad que este tipo de móvil
representa para la investigación criminalística, especialmente en las situaciones de censura y
oscuridad en los datos, desde el OVV podemos afirmar que en cada semana del año se cometieron
al menos 6,4 homicidios que deben ser considerados como sicariato. La zona con mayor número
de este tipo de actos fue el estado Zulia, que agrupó cuatro de cada cinco casos registrados con
esa clasificación, siguiéndole los estados Amazonas, Táchira y Falcón.

En cuanto al número de funcionarios policiales víctimas de muertes violentas, se pudo observar


una disminución en Caracas y un incremento en otras zonas del país, y aunque resulta muy difícil
establecer cuándo mueren en cumplimiento de sus funciones y cuándo simplemente son víctimas
del delito como cualquier otro ciudadano, el estimado que podemos establecer es de al menos 1
policía asesinado cada día del año.

Una nueva dimensión de la violencia en el año 2017 es el hallazgo en varias zonas del país de un
incremento en los suicidios. Aunque estos eventos no han sido un foco de estudio del OVV, sí
forman parte de la violencia. En investigaciones realizadas en las universidades nacionales desde
los años noventa, se incluía el suicidio como una forma de violencia “contra uno mismo”. Ésa es la
misma definición que posteriormente adoptó la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año
2000. Sin embargo, no había adquirido una relevancia social sino hasta fecha reciente, cuando se
ha observado un incremento de los casos en diversas zonas del país. En el estado Mérida, entre
enero y noviembre de 2017 se quintuplicó la cifra de homicidios registrada en todo el año 2016.
Ese incremento es de tal magnitud que supera la sumatoria de suicidios en Mérida durante en los
últimos cuatro años, y arroja una tasa de 19 por cada 100 mil habitantes. Ese es valor muy alto si
tenemos en cuenta que para la OMS sólo 20 países del mundo alcanzan una tasa superior a la que
está registrando Mérida en el 2017. Es un dato significativo al que debe hacerse seguimiento,
porque podría revelar una causa de mortalidad derivada del contexto social y político del país que
debe ser cuidadosamente atendida.
También en el año 2017, entre los meses de abril y julio, se presentaron un conjunto de
situaciones de violencia vinculadas a la protesta social y política de los ciudadanos, y la represión
ejercida por los cuerpos policiales y militares. Algunas organizaciones de la sociedad civil
estimaron en 163 el número de fallecidos en estas protestas y en el informe del Alto Comisionado
de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos se afirma que hubo 124 muertos por
confrontaciones, uso desproporcionado o con la intención de hacer daño de la fuerza pública.

Las víctimas fatales de la violencia en el año 2017 fueron fundamentalmente jóvenes: un 60% de
las víctimas tenía entre 12 y 29 años de edad; una de cada tres víctimas (34%) tenía entre 18 y 24
años. El 95% de las víctimas fatales eran hombres, los cuales en el 88% de los casos recibieron
heridas múltiples y en un 90% murieron por armas de fuego.

El análisis estadístico de los Observatorios Regionales de Violencia reveló que el 84% de las
víctimas eran trabajadores formales o informales.

Los victimarios mostraron unos rasgos muy similares a sus víctimas, conformando lo que en otros
momentos hemos llamado una imagen de espejo: en un 61% tenían entre 12 y 29 años de edad,
un tercio de ellos (35%) tenía entre 18 y 24 años y en un 98% eran hombres. El 60% de los
victimarios se catalogaba como trabajador informal.

La violencia se ha extendido de una manera similar a lo largo de todos los días del año, no hubo
casi diferencias entre los días de la semana, lo que sí se pudo notar fue un incremento de las
muertes violentas al día siguiente de la fecha de pago quincenal, observándose un mayor número
de víctimas los días 1º y 16 de cada mes.

Aunque la violencia es un fenómeno generalizado que tiene rasgos de epidemia en todas las
entidades federales del país, hay un grupo de cinco estados con unas tasas superiores a la de 100
muertes violentas por cada 100 mil habitantes (100m/h) que concentran el 65% de las víctimas.
Los estados más violentos del país son: Aragua, con una tasa de155 fallecidos por cada 100m/h;
Miranda con una tasa de 153 por cada 100m/h;Amazonas con 146 por cada 100m/h; Bolívar con
113 y el Distrito Capital con109 por cada 100m/h.

Otras dos entidades con una alta tasa fueron Carabobo con 91 y Sucre con 81 víctimaspor cada
100m/h. Caracas como ciudad, que reúne el Distrito Capital y cuatro municipios del estado
Miranda, arrojó una tasa de 104 muertes violentas por cada 100m/h.
Los estados con la menor tasa fueron Mérida y Nueva Esparta con 26 fallecidos por cada 100m/h,
tasa que, sin embargo, es muy alta, pues resulta superior a la de Colombia como país.

Los diez municipios más violentos del país tuvieron una tasa de muertes violentas por encima de
los 300 fallecidos por cada 100 m/h. Destacan en particular, el municipio El Callao del estado
Bolívar, con una tasa de 816 víctimas por cada 100 m/h, seguido por el municipio Andrés Bello del
estado Trujillo, con una tasa de 429 muertos por cada 100 m/h. Luego continúan en orden
decreciente, los municipios Acevedo (377) y Camatagua (355) del estado Aragua; Buroz (324) y
Andrés Bello (318) de Miranda; el municipio José Rafael Revenga (307) de Aragua, Roscio (306) de
Bolívar y en décimo lugar el municipio La Ceiba (305) de Trujillo. Son municipios pequeños donde
la violencia adquiere unas magnitudes notables por la poca población que allí habita y que se ve
afectada tanto por el crimen como por la acción violenta de la policía.

Lo que se puede observar es que hay un patrón de distribución territorial de los municipios más
violentos que asocia la ocupación territorial de delito con rutas de transporte de la droga,
producción y contrabando de la minería, y con las zonas de dominio de las bandas dedicadas a la
extorsión y el secuestro. En el estado Bolívar los tres municipios con mayores tasas de muertes
violentas se corresponden a la zona minera El Callao con 816 víctimas por cada 100 m/h, Roscio
(capital Guasipati) con 306 por cada 100 m/h; y Sifontes (capital Tumeremo) con 274 por cada 100
m/h.

En el estado Trujillo los municipios más violentos, medidos en tasas por 100m/h, se localizan en la
zona plana del estado que comunica la carretera Panamericana con el sur del lago de Maracaibo.
Encontramos allí, los municipios Andrés Bello con 429 por cada 100 m/h, La Ceiba, donde se
encuentra el puerto sobre el lago de Maracaibo, con 305 por cada 100 m/h; Miranda (Dividive) con
191 por cada 100 m/h; Motatán con 187 y Sucre (Sabana de Mendoza) con 165 por cada 100 m/h.

El estado Aragua tiene siete municipios con tasas superiores a las 200 muertes por cada 100m/h y
están ubicados en el eje que comunica la zona de los llanos con el puerto de Ocumare en el
municipio Costa de Oro (con 244 muertes por cada 100m/h). Son los municipios Santo Michelena
(Tejerías, 355); J. R. Revenga (El Consejo, 307); Zamora (Villa de Cura, 244); J.F. Rivas (La Victoria,
208); Bolívar (San Mateo, 266); Libertador (Palo Negro, 155) con el sur Camatagua (346) y
Urdaneta (Barbacoas, 147).

En el estado Miranda la violencia se acentúa en los alrededores de Caracas hacia la zona de


Barlovento y hacia los Valles del Tuy, llegando a tener unos de estos municipios el doble o el triple
de la tasa de homicidios que Petare. Los cuatro municipios más violentos del estado se encuentran
en la región de Barlovento, y son: Acevedo (Caucagua, 377); Buroz (Mamporal, 324); Andrés Bello
(San José de Barlovento, 318) y Brión (Higuerote, 296). Los otros corresponden a los Valles de Tuy
como son los municipios Independencia (Santa Teresa, 280), Paz Castillo (Santa Lucía, 250), Bolívar
(Yare, 210), Cristóbal Rojas (Charallave, 192) y Lander (Ocumare, 191).

En el estado Zulia los municipios más violentos se encuentran al sur del lago de Maracaibo. El
municipio Baralt (San Timoteo, 194) que se encuentra entre la carretera Panamericana y el lago, y
que es fronterizo con los municipios más violentos del estado Trujillo y los municipios Jesús M.
Semprum (Casigua, 176) y Catatumbo (Encontrados, 115), los cuales conectan la frontera
colombiana con los puertos del lago de Maracaibo por carreteras y ríos.

En el estado Carabobo los tres municipios más violentos están alrededor del lago de Valencia y son
fronterizos con el estado Aragua: Diego Ibarra (Mariara, 234); Carlos Arvelo (Guigüe, 127) y Los
Guayos (122). Y el cuarto es el municipio Juan José Mora que se corresponde a la ciudad de Morón
(114), intersección de la autopista central del país hacia Puerto Cabello.

En ese contexto general Venezuela permanece en el año 2017 como el segundo país más violento
del mundo, sólo superado por El Salvador, quien mantiene sus altas tasa de asesinatos. En
Centroamérica, el otro país con alta criminalidad ha sido Honduras y en este año ha mostrado una
reducción. Y aunque Costa Rica ha tenido un incremento en el delito y la violencia, la tasa
estimada de 14 homicidios por cada 100 m/h, la coloca en una posición muy distante de
Venezuela.

En Colombia se tendrá la tasa más baja de los últimos 42 años con 10.871 muertes y una tasa de
23 por 100 m/h. La evolución de la situación de violencia con posterioridad a los Acuerdos de Paz
tendrá que seguirse observando, pues aunque la tendencia a la disminución de la violencia se ha
sostenido por varios años no se descarta que los grupos guerrilleros que no se acojan al proyecto
político pueden derivar a otras formas de criminalidad y violencia. Brasil, por el contrario, ha
tenido un incremento y se estima que el año podrá concluir con una tasa de 29,9 homicidios por
cada 100m/h. Un caso similar es el de México que mostrará la tasa más alta en una década con
16,9 homicidios, pero aun así tienen una situación de criminalidad y unas tasas muy inferiores a las
de Venezuela.

Es muy difícil interpretar unívocamente la leve disminución que ha tenido la tasa nacional de
muertes violentas en el año 2017. En el pasado, han ocurrido disminuciones similares sin que
hayan sido el resultado de políticas públicas eficientes, y muestra de ello es que no han podido
sostenerse como tendencia en los años siguientes. Sin embargo, hay algunas hipótesis que se
pueden adelantar para la interpretación de estos datos.
La primera y más fuerte es que en el país hay menos homicidios porque hay menos homicidas. La
disminución de los criminales sería una resultante del plan de exterminio de los homicidas llevado
adelante por las acciones gubernamentales como las Operaciones de Liberación del Pueblo y que
se encuentran reflejadas en las altas cifras de fallecidos por resistencia a la autoridad en los años
2016 y 2017. Si éste ha sido el propósito de este tipo de acciones se puede entonces pensar que
han sido eficientes, pero en los estudios que hemos llevado a cabo en comunidades populares del
país se evidencia que hay un doble sentimiento: unos afirman que bajaron los homicidios porque
ya mataron a los delincuentes y otros se quejan de los abusos y de las personas inocentes que han
perecido en medio de tales acciones, que en cualquier caso son siempre ilegales y extrajudiciales.

El problema con este tipo de acciones no es solo que son violatorias de los derechos
fundamentales de la población y de la ley, sino que representan una destrucción de la
institucionalidad y su éxito será transitorio, pues mientras existan espacios para los negocios
ilegales y una renta que captar, otros vendrán a substituir a los que fueron eliminados. Permanece
entonces el problema, con el agravante que se habrá debilitado el pacto social, pues la policía y el
Estado se percibirán como violadores de la ley y no como quienes tienen la responsabilidad de
cumplirla y hacerla cumplir.

Una segunda hipótesis está vinculada a las protestas sociales y políticas que durante al menos
cuatro meses del año mantuvieron el país con una tensión provocada por la prohibición de las
fuerzas de seguridad del derecho a la manifestación pacífica de los ciudadanos y por la violencia
de algunos manifestantes y las respuestas violentas de algunos cuerpos policiales y militares ante
tales situaciones. Ciertamente el año 2017 fue un año muy particular pues se mantuvo en el país
un amplio despliegue militar y policial, con alta movilidad territorial y alta rotación de personal,
que hacía muy dificultosas las operaciones del crimen organizado. Si bien el pequeño delito o los
agentes libres del crimen podían aprovechar las oportunidades que brindaba la confusión o el
descuido de algunas zonas por los cuerpos policiales, para el delito de mayor complejidad y las
bandas de crimen organizado, les resultaba más difícil la actuación por el despliegue militar y
policial en las calles y por la parálisis en actividades laborales, educativas o recreacionales que
vivió el país.

Finalmente, es posible también hipotetizar que el incremento del delito organizado en el país y su
mayor control territorial de amplias zonas urbanas y rurales, puede haber conducido a una
disminución de los homicidios. Se trataría de una paz criminal que no reduce el delito, pero sí logra
hacerlo con la violencia, bien sea por acuerdos de cooperación criminal o porque algunas bandas
logran imponerse sobre otras, disminuyendo el nivel de conflictividad y aumentando la
racionalidad en la administración criminal de la violencia.
4. El empobrecimiento y la violencia

El desabastecimiento de importantes alimentos de la dieta básica, la carestía y escasez de


medicinas, equipos y repuestos indispensables para servicios tan básicos como el transporte, la
electricidad, el gas doméstico, o la gasolina, generan ansiedad, frustración y originan conflictos
que hacen aparecer formas inéditas de violencia y de delitos.

La violencia y el delito provocados por la escasez

El empobrecimiento, la inflación y la escasez de los alimentos ha llegado a situaciones muy


extremas y dolorosas, que no habían sido imaginadas ni en los momentos más difíciles de la
economía nacional: se ha extendido a todos los centros urbanos del país la presencia de niños,
jóvenes y familias enteras buscando algo que comer en la basura; también se incrementa el hurto
de comida en los lugares de abastecimiento; el asalto a las bolsas de comida que llevan las
personas mayores, y son frecuentes también los robos a vehículos que transportan alimentos en
las vías públicas.

En los lugares que venden alimentos son frecuentes los conflictos con quienes pretenden ocupar o
invadir un lugar en la fila, o por corrupción o decisiones discrecionales sobre cuánto y a quien
vender los alimentos. Las cajeras y los vigilantes en los supermercados son blanco frecuente de
acusaciones y agresiones.

En las “colas” suelen aparecer personas armadas que se imponen y ocupan los primeros lugares
para adquirir los productos desplazando a los demás y generando conflictos o sometimiento por el
uso de la fuerza. En algunos casos esto ha ocasionado lesiones y hasta la muerte, como fue el caso
de una mujer asesinada de un disparo en la cara, ante cerca de 500 personas que estaban en las
filas para la compra de alimentos en Barquisimeto.

Una situación del mismo origen ha ocurrido con los robos colectivos y saqueos de los
supermercados o el asalto y saqueo de los vehículos que transportan comida que han ocurrido en
distintos lugares del país.

El delito amateur se generaliza

El incremento de los precios que ha hecho inaccesibles los alimentos y medicinas a una parte
mayoritaria de la población, ha llevado a que personas sin trayectoria delincuencial sustraigan
productos en los anaqueles de los comercios, al robo de productos en los lugares de trabajo y
hasta al despojo de las loncheras de los niños más pequeños en las escuelas.
El riesgo del robo se extiende en todos los espacios, lo que acrecienta la desconfianza mutua,
todos están bajo sospecha y ningún espacio público es seguro, por lo que toda persona debe estar
no sólo alerta, sino a la defensiva, cuidando sus pertenencias. En los grupos focales, los choferes
de transporte público se quejaban de ser acusados de complicidad con quienes les asaltan, pero
también ellos mismos declaraban su temor a ser víctimas de sus usuarios pues no tienen control
de quien aborda su vehículo.

La violencia doméstica: entre la solidaridad y la violencia familiar por alimentos

Los hogares en pobreza han visto muy reducida la disponibilidad de los alimentos y aunque en los
estudios las familias informan que deben dedicar la casi totalidad de sus ingresos a la compra de
comida, la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI, 2017) mostró que el 32,5 % de los
venezolanos (9,6 millones de personas) sólo comen dos o menos veces al día. Esto genera
dificultades en la convivencia familiar, pues los pocos productos que pueden comprar son
racionados o reservados para determinados miembros de la familia (los más pequeños o los
enfermos) y cuando alguno incumple esas reglas, se producen situaciones de conflicto y violencia,
como los casos de una madre que le quemó las manos a su hija por tomarse el tetero de su
hermana u otra que quemó los labios a un hijo por comerse durante la noche el poco alimento
guardado para toda la familia. Al contrario, también debemos destacar que hay múltiples
expresiones de solidaridad como el de una niña en Antímano, Caracas, quien contaba cómo ella se
iba a dormir más temprano para que no le diera hambre y así su hermanita menor pudiera comer.

Las bandas criminales y el reclutamiento de niños en pobreza extrema

Las investigaciones que realizan los equipos del OVV han encontrado que en esos contextos de
penuria económica, escasez y sin oportunidades educativas o laborales, las bandas delictivas
brindan apoyo material a quienes identifican como pobres o vulnerables, regalándoles comida,
prestándoles dinero, lo que les permite la captación de muchachos para quienes estos jóvenes
armados son “buenas” personas a quienes les “gusta ayudar” y hasta aconsejar en casos de
necesidades y problemas. Las técnicas de reclutamiento, los señuelos que en el pasado solían ser
objetos de moda o lujo, se han substituido por la oferta de alimentos básicos.

Los grupos delictivos están avanzando con la conquista de miles de jóvenes que incursionan en la
violencia y cuyo destino está siendo la muerte, la cárcel y la frustración de tantos sueños y
esperanzas forjados por sus familias y comunidades. Las tres cuartas partes de las víctimas que
mueren por la violencia tienen menos de 30 años, y por eso también las tres cuartas partes de los
que asesinan tienen también 29 años o menos.

La violencia del transporte público


Las encuestas y los grupos focales realizados este año 2017 por los Observatorios Regionales, han
registrado el miedo generalizado de la población a ser víctima del delito y la violencia, en
particular cuando se movilizan en el transporte público. Ocho de cada diez venezolanos tiene
miedo de ser víctima del delito en los autobuses en las ciudades o en las carreteras interurbanas.
La violencia crece en un servicio de transporte cada vez más precario.

Las unidades de transporte se han reducido en número por el alto costo de los repuestos y la
imposibilidad de conseguirlos debido a la escasez. Los choferes denuncian nuevas modalidades
delictivas que incluyen el secuestro de choferes y de las unidades, con mucha frecuencia para
robar los repuestos del vehículo cada vez más escasos.

Las peleas e insultos entre los usuarios y los conductores del transporte público son frecuentes y
se agravan en los casos de violencia delincuencial en los que impera la desconfianza mutua entre
usuarios y transportistas. Cada uno de los Observatorios Regionales del OVV realizó una campaña
de sensibilización sobre la violencia, colocando calcomanías en las unidades de transporte público
para mejorar la percepción de los usuarios sobre la convivencia en las rutas de transporte.
Después de la campaña se hizo un post test para verificar los resultados de esta labor
promocional, lo que permitió valorar lo apropiado de esta iniciativa y la necesidad que tenemos
como sociedad de mejorar las relaciones de respeto y confianza entre los usuarios y choferes de
este servicio público. Por otra parte, los OVV regionales lograron construir mapas de riesgos, en
los que, con participación de los choferes, fue posible identificar los sitios de mayor vulnerabilidad
y los tipos de delitos asociados, información que hemos ofrecido a las autoridades públicas locales
para apoyar los programas de seguridad en la movilidad de los usuarios de rutas urbanas e
interurbanas.

Las calles de las ciudades se vacían al anochecer, el transporte público se reduce y las personas en
las ciudades parecen sometidas a toques de queda impuestos por los grupos delictivos, no sólo en
los barrios y urbanizaciones, sino en las avenidas y autopistas del país.

Robos de vehículos

La violencia asociada al robo de vehículos parece haber disminuido, pues los delitos denunciados a
la policía disminuyeron en este año. Es muy difícil poder establecer con certeza la explicación de
este fenómeno, pudiera ser el resultado de unas políticas públicas adecuadas, puede ser también
que no se redujo el delito, o al menos no en esa magnitud, sino lo que se redujo fue la denuncia
del delito.

En Venezuela los diversos estudios realizados, tanto por las universidades como en las encuestas
de victimización del gobierno nacional, han mostrado que entre el 62% y el 66% de los delitos no
son denunciados a la policía. Esta cifra era sin embargo menor en el caso del robo de vehículos y la
razón fundamental era que las personas querían protegerse de la responsabilidad penal que podía
derivarse de un daño provocado por el vehículo de su propiedad, y la segunda, y más importante,
que ésa era la única manera de poder cobrar el seguro que tenían para el vehículo.

Dos circunstancias han cambiado en el país y que se deben tomar en cuenta para una posible
explicación. La primera es que ha ocurrido un descenso notable del porcentaje de vehículos
asegurados por los altos costos de la prima y porque la inflación desactualiza el monto de la
cobertura y no permite la reposición del bien. La segunda es que gran parte del robo de vehículos
pasó a convertirse en un “secuestro de vehículos”, es decir, el ladrón no quiere quedarse con el
carro sino que a las pocas horas contacta al propietario y le solicita un monto en dinero para
devolverle su vehículo. En esa modalidad las víctimas deciden no denunciar, sino esperar y
negociar con los delincuentes y los casos de robo de vehículos disminuyen en su notificación, no
en su ejecución.

5- La Violencia de Estado

En el año 2017 se pudo observar un incremento en la violencia ejercida por el Estado para la
represión de los presuntos delincuentes, así como para la represión de la protesta social y política.

El aumento de las víctimas que las autoridades calificaron como “dados de baja” por resistir a la
autoridad y que según las denuncias de muchas familias y de la Fiscal General de la República
pueden ser interpretadas como ejecuciones extrajudiciales de las fuerzas policiales y militares, y
no como uso legítimo de la fuerza, constituyen un aspecto preocupante de la violencia en el país.
Este tipo de acciones, destinadas no a la contención del delito ni a la aplicación de la ley, sino al
aniquilamiento de los presuntos delincuentes, se convierten en un factor que socava la legitimidad
de la fuerza pública y concreta la destrucción del pacto social. Estas operaciones pueden gozar de
la simpatía de una parte de la población e incluso tener un relativo éxito en el corto plazo, pero la
experiencia histórica ha demostrado que no son sostenibles, pues destruyen la institucionalidad y
se transforman luego en más violencia para la sociedad.

De igual manera se pudo observar un uso desproporcionado de la fuerza e incluso la intención de


hacer daño por parte de las autoridades para contener las protestas sociales y las manifestaciones
políticas. Los reportes de la Fiscal General de la República y del Alto Comisionado de las Naciones
Unidas para los Derechos Humanos afirman que la violencia utilizada excedía la legítima utilización
de acuerdo a los “Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los
funcionarios encargados de hacer cumplir la Ley”, establecidos por las Naciones Unidas en 1990 y
suscritos por Venezuela en 1990, que señalan claramente que “no se podrán invocar
circunstancias excepcionales tales como la inestabilidad política interna o cualquier otra situación
pública de emergencia para justificar el quebrantamiento de estos Principios Básicos”. Esta
violencia desproporcionada e ilegítima del Estado puede igualmente tener una eficacia temporal,
pero al no ofrecer caminos para la resolución pacífica y democrática de las diferencias políticas, se
convierte en una fuente de más violencia en el futuro.

6- El desmoronamiento del Sistema de Justicia Penal

Los tres componentes del sistema de justicia penal, que constituyen el freno formal para la
contención del delito y la violencia, las policías, los tribunales y fiscalía, y las cárceles, sufrieron
serios deterioros en el año 2017.

Los cuerpos policiales vivieron un importante retroceso por la pérdida de su personal. Durante
todo el año fueron continuas las renuncias de los funcionarios policiales quienes abandonaron sus
puestos de trabajo para buscar empleo y mejores salarios en el sector privado o para emigrar del
país. Eso ha llevado a una reducción del pie de fuerza de las policías que limita las funciones
preventivas y el servicio a la ciudadanía. Su sustitución por nuevas promociones de policías
seleccionadas y formadas de manera express, no pueden garantizar ni el personal idóneo, ni su
capacitación adecuada para cumplir las importantes funciones que se les encomiendan.

Las intervenciones de las policías municipales y regionales con una clara motivación político
partidista que ocurrieron durante el año y después de las elecciones regionales, crearon una
imagen negativa y parcializada de los policías ante la población y una desmoralización entre los
propios funcionarios; nuestros estudios muestran que se sienten fichas del juego político y no
servidores de toda la comunidad.

El involucramiento de los funcionarios policiales y militares en la comisión de robos, secuestros,


tráfico de drogas y homicidios constituye una grave pérdida para la sociedad. La denuncia pública
de la Fiscal General de la República que el 20% de los homicidios en el país, uno de cada cinco, son
cometidos por funcionarios policiales es de suma gravedad. De nuestra parte, los estudios
realizados por los Observatorios Regionales han reportado que el 19,5 de todos los delitos
violentos conocidos por la sociedad durante el año 2017 tuvieron como autores a funcionarios
policiales o militares.

Finalmente de las cárceles, que en lugar de ser espacios de castigo e incapacitación de los
delincuentes para cometer nuevas fechorías, se conviertan en clubes sociales del crimen y centros
para la planificación y ejecución de delitos fuera del recinto penitenciario, constituye la mayor
afrenta posible al sistema de justicia penal, pues es claro para la sociedad que eso no es posible
que ocurra sin complicidad o al menos la pasividad de las autoridades. La violencia endémica de
las cárceles se trasladó a los centros de detención, los cuales, según estimaciones, albergan
alrededor del 30% de los privados de libertad, algunos por meses o año, en lugares que no están
preparados para estos fines y que obligan a distraer una parte importante del pie de fuerza policial
que se debe dedicar a vigilar presos en lugar de cuidar a los ciudadanos.

La transformación del sistema de justicia penal que ha existido en el país, de precario y deficiente
en la administración de justicia, en una herramienta de la política para la aplicación del derecho
penal del enemigo, no permite augurar una pacificación de la sociedad, sino todo lo contrario.

7- Llamado Final

Las Universidades Nacionales que integramos el Observatorio Venezolano de Violencia reiteramos


nuestra convicción sobre la capacidad de la sociedad venezolana para superar y revertir esta
situación de violencia que nos afecta. La escalada de la criminalidad es el resultado de un notorio
deterioro del pacto social, de las reglas de convivencia y de resolución de conflictos sociales y
políticos, y del desmoronamiento del sistema de justicia penal. Es la consecuencia de políticas
equivocadas que, con una óptica belicista, asumen la seguridad pública como el aniquilamiento de
enemigos, generando más muertes y fortaleciendo a los grupos delictivos.

El Estado es el responsable de ejecutar políticas adecuadas y planes eficaces para la prevención del
delito y ofrecerle seguridad a las personas y a sus bienes. Es obligación del Estado implementar las
medidas y acciones orientadas a defender la vida y detener y castigar a los delincuentes, y hacer
efectiva la protección especial y preferente que demandan las víctimas. Las Universidades
Nacionales expresamos nuestra voluntad de contribuir con nuestros saberes y destrezas a la
pacificación del país y al restablecimiento del Estado de Derecho.

Conforme a lo establecido en la normativa internacional de Derechos Humanos y lo expresamente


consagrado en la Constitución Nacional vigente, corresponde al Estado la obligación primordial de
respetar y no violar los derechos humanos, por lo que sus instituciones y funcionarios deben
aplicar normativas y procedimientos garantistas de los derechos a la vida, la integridad personal, la
justicia y de cumplimiento del debido proceso. Estas garantías, consagradas en los Tratados
Universales de Derechos Humanos, son condiciones y requisitos para revertir las manifestaciones
de violencia que hoy nos agobian y son principios que todos los sectores del país debemos
promover y exigir tanto a otros como a nosotros mismos, entendiendo que se trata de valores
universales que, afirmados por las familias, la sociedad civil, las fuerzas políticas y por el Estado,
sustentarán la paz y la convivencia democrática.
PREVENCION DE LA VIOLENCIA Y EL DELITO
M ED I AN T E EL D ISEÑO AM B IENT AL EN
L AT IN O AM ÉR IC A Y EL C AR I B E:

Estrategias Urbanas de Cohesión Social e Integración Ciudadana

Macarena Rau Vargas Directora ICA LAC (1)


Paulina Castillo Fajardo Directora Corporación CPTED Región (2)

1 Arquitecta. Directora International CPTED Association (ICA), Región de


Latinoamérica y El Caribe (LAC). Correo Electrónico: mrau@[Link]
2 Arquitecta. Directora Corporación CPTED Región

Resumen:

El presente texto describe estrategias de Prevención de Violencia y Delito por medio


del diseño ambiental destacables en Latinoamérica y el Caribe desde el año 2000.
En un primer acápite se describe lo que es la Prevención Situacional y la metodología
CPTED desde sus líneas teóricas y urbanas. En una segunda parte se describe como
se han aplicado en diversos países de Latino y Centroamérica estrategias integrales
de Prevención de Violencia y Delito que incorporan estas miradas espaciales
poniendo énfasis en la participación de variadas agencias y actores en la intervención
y en los espacios destinados para esta participación.
Finalmente se profundiza en la problemática y oportunidad que representa la escuela
como institución social, pilar de un barrio y espacio arquitectónico para sembrar una
Cultura de la Prevención a largo plazo.

I. PREVENCION SITUACIONAL y CPTED: APROXIMACIONES TEÓRICAS

1.1. Definición de Prevención Situacional

El Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas plantea que “hay indicios
claros de que las estrategias de prevención del delito bien planificadas no solo
previenen el delito y la victimización, sino que también promueven la seguridad de la
comunidad y contribuyen al desarrollo sostenible de los países. Las políticas
responsables y eficaces de prevención del delito mejoran la calidad de la vida de
todos los ciudadanos. Producen beneficios a largo plazo al reducir los costos
relacionados con el sistema formal de justicia penal, así como otros costos sociales
resultantes de la delincuencia. La prevención del delito ofrece oportunidades para
aplicar un enfoque más económico a los problemas de la delincuencia.”
El concepto de “prevención del delito” se consagró en pronunciamientos como la
“Declaración del Milenio” del año 2000 y a partir de este concepto se impulsan
medidas preventivas que abordan las causas profundas y factores de riesgo
relacionados con la delincuencia y sus víctimas, que lentamente demuestran mayor
eficacia que la represión, aun cuando sus efectos puedan evidenciarse más en el
mediano plazo. Las nuevas medidas plantean estrategias o modelos que equilibran
la prevención y represión del delito con un componente de desarrollo social,
promoviendo iniciativas que se inclinan por modelos de mayor integralidad y
complejidad con el uso de estrategias que incorpora diferentes enfoques (3):
a) prevención situacional, para reducir las oportunidades de delitos contra potenciales
víctimas, aumentando el riesgo para los infractores de ser detenidos.
b) prevención social, con acciones para atender factores personales, familiares y
sociales que predisponen a una persona a cometer delitos o actos violentos
(desarrollo social y económico, servicios de salud y educación, con énfasis en la
situación de niños y jóvenes).
c) prevención para la integración o reintegración (rehabilitación), con acciones
destinadas tanto a la víctima - para evitar su reincidencia - como al victimario.
d) prevención comunitaria, creando mejores condiciones de seguridad en los
vecindarios para influir sobre la delincuencia, la victimización y la inseguridad.

La Prevención Situacional engloba estrategias y medidas encaminadas a reducir el


riesgo de que se produzcan delitos y sus posibles efectos perjudiciales para las
personas y la sociedad, incluido el temor a la delincuencia, y a intervenir para influir en
sus múltiples causas. La participación de la comunidad, la cooperación y las
asociaciones representan elementos importantes del concepto de prevención del
delito, si bien el término "comunidad" puede definirse de diferentes maneras, en el
presente contexto se refiere esencialmente a la participación de la sociedad civil a
nivel local.
Su enfoque está orientado a prevenir los delitos reduciendo la oportunidad de
cometerlos, aumentando para los delincuentes el riesgo de ser detectados y detenidos
y reduciendo al mínimo los beneficios potenciales del robo incluso mediante el diseño
ambiental, y proporcionando asistencia e información a víctimas reales y potenciales
(prevención de situaciones propicias al delito); para esto busca modificar las
condiciones existentes en los vecindarios que influyen en la delincuencia, la
victimización y la inseguridad resultantes del delito mediante el fomento de iniciativas,
la aportación de experiencia y la decisión de los miembros de la comunidad
(prevención de la delincuencia basada en la localidad).
La prevención situacional se ha transformado en un eje protagónico en política pública
e investigación desde comienzos de los años 80. Esta condición coincidió con una
coyuntura favorable política y académica tanto en el Reino Unido, Estados Unidos
como en Australia.
En términos criminológicos la prevención situacional representa un camino hacia:

a. La priorización de la prevención del crimen ante el control mediante políticas


orientadas de manera práctica y menos académicas.
b. Un énfasis en alteraciones del medio ambiente físico.
c. La relevancia del proceso de control social informal.
d. La agresión más que el agresor como el primer foco de atención, y situada en un
contexto espacial.

Desde hace un tiempo, criminólogos asociados a la escuela de Chicago (1920) y


posteriormente otros vinculados a investigaciones británicas, han identificado la
importancia del control informal y del medio ambiente en el estudio de los patrones de
crimen.
Hough define la prevención situacional así:

a. Estrategias dirigidas a enfrentar un patrón específico de crimen.


b. Estas involucran el manejo, diseño y manipulación del medio ambiente inmediato
en el que estos crímenes ocurren.
c. El objetivo de estas estrategias es reducir la oportunidad de que ocurran estos
crímenes.

Dentro de este esquema, la reducción de la oportunidad criminal puede presentar tres


formas interrelacionadas y superpuestas:

a. Aumentar el esfuerzo vinculado a la comisión de un delito dificultando la


obtención del blanco criminal.
b. Aumentando el riesgo, real o percibido, de detección o aprehensión del
delincuente.
c. Reduciendo la recompensa de cometer el delito. En algunos casos esto implicará
remover los blancos criminales todos juntos.

La metodología CPTED como una parte de la Prevención Situacional, también está


vinculada al fortalecimiento de procesos comunitarios de control social informal. En
este sentido las estrategias situacionales deben tener un énfasis comunitario. Por
ejemplo, los ambientes residenciales deben ser diseñados para que permitan
fortalecer el proceso informal de control social entre residentes para facilitar la
vigilancia natural.
Una de las principales atracciones de una estrategia CPTED es su aparente
simplicidad y su capacidad de proveer lo que parecen soluciones reales a tipos
específicos de crímenes en una variada gama de contextos. Estas estrategias están
orientadas a la reducción de oportunidades delictivas en lugares y tiempo específico.
La metodología CPTED es entendida como una respuesta pragmática al problema
delictivo ya que se basa en que el espacio, el diseño y el medio ambiente son factores
que pueden ser más fácilmente modificados que el agresor. Sin embargo, dado lo
anterior, se puede decir que es una visión limitada del problema delictivo, que es
multivariado y multicausal y que debe sumarse a otras, ya que no se hace cargo de
las causas del crimen.
La tesis de que una gran cantidad de crimen es oportunístico y susceptible de variar
en sus oportunidades, creció en la década de los 70. Está visión fue apoyada por
investigaciones especialmente basadas en entrevistas a delincuentes residenciales
realizadas en 1975 (4). Los autores Brantingham and Brantingham y Bennett and
Wright, sugirieron que el evitar el riesgo de ser aprehendido por la policía juega una
parte importante en el proceso de toma de decisiones del delincuente frente a una
situación delictiva.
Todo lo anterior se enmarca en la metodología CPTED ("Crime Prevention Through
Enviromental Design" o "Prevención de la Delincuencia Mediante el Diseño
Ambiental"), que pudiera ser vista como el brazo operativo de la Prevención
Situacional, dado su énfasis en dos variables que son claves para el desarrollo de
estas estrategias en la región:

a. Percepción de Temor: como un eje clave en la conformación urbana de nuestras


ciudades y muy vinculado a temas de segregación urbana y marginalidad social.
b. Co-Producción de Ciudad: la metodología CPTED considera al habitante urbano
como experto de su propia sensación de inseguridad por lo que él es un actor clave
en todo el proceso de toma de decisiones respecto a su medio ambiente. Por ello toda
la metodología CPTED incorpora la participación activa del habitante urbano.

1.2. CPTED (Crime Prevention Through Environmental Design)

Uno de los ámbitos donde se ha demostrado el valor de la teoría de la oportunidad es


el de la planificación urbana y diseño arquitectónico. En Canadá, Estados Unidos y
otros países del mundo, este enfoque es conocido bajo el nombre de "Prevención de
la Delincuencia Mediante el Diseño Ambiental" ("Crime Prevention Through
Enviromental Design" o CPTED).
El concepto de CPTED (5) , acuñado en 1972 por [Link] Jeffery, se basa en la idea
de que ocurren delitos en determinados espacios debido a las oportunidades de
localización que ofrece el entorno físico. Esto permite plantear que es posible alterar
el entorno físico de manera que se disminuya la probabilidad de que ocurran delitos.

De acuerdo a Jeffrey:

"El medio ambiente urbano puede influir en el comportamiento criminal en particular y


en el comportamiento en general de dos maneras; físicamente, proporcionando el
entorno físico al que los individuos responden; socialmente, proveyendo las relaciones
sociales a la que responden los individuos. Las características físicas del medio
ambiente urbano más negativas son ruido, polución y sobrepoblación. Las
características sociales son alineación, soledad, ansiedad y deshumanización".
(Jeffrey,1972)

CPTED propone cinco conceptos: control natural de accesos, vigilancia natural,


mantención y reforzamiento territorial.

1. Control natural de los accesos


El control natural de los accesos es una estrategia de diseño que apunta a reducir la
oportunidad criminal. Promueve el diseño de elementos arquitectónicos a modo de
umbrales para crear en los potenciales asaltantes la percepción de que hay un riesgo
en elegir esa área porque tiene un usuario específico.

Las principales recomendaciones físicas que considera son: conectar accesos


directos con áreas observables, prevenir la colocación de accesos en áreas no
observadas, diseñar espacios que orienten a los usuarios, dando indicación natural de
salida o de entrada, y proveer un número limitado de rutas de acceso.

2. Vigilancia natural

La vigilancia natural es una estrategia de diseño que busca incrementar la visibilidad


sobre un espacio, a través de una apropiada ubicación, diseño de ventanas,
iluminación y diseño de paisaje. Se busca aumentar la capacidad de los habitantes
urbanos de observar la actividad que ocurre en el entorno, lo que provee la
oportunidad de modificar comportamientos inadecuados o reportarlos a la policía o al
dueño de la propiedad. Cuando la vigilancia natural es utilizada en su máximo
potencial, aumenta la posibilidad de inhibir el crimen, al hacer que el comportamiento
del agresor sea fácilmente notable.

3. Mantención

El concepto de mantención de espacios urbanos se refiere a la necesidad de tener


planes de manejo, de limpieza y jardinería, de los espacios públicos. Según el
programa CPTED es muy importante que el espacio urbano sea percibido por los
usuarios como un espacio cuidado. En este sentido, se asocia el concepto de
mantención de espacio urbano con la teoría conocida como de "las ventanas rotas",
que supone que un espacio deteriorado localiza mayor delitos de oportunidad que uno
en buen estado de mantención.

4. Reforzamiento territorial

El concepto de reforzamiento territorial alude al sentido de afecto que establece el


habitante con su entorno inmediato y que por lo cual, cuida.
El diseño de espacios que buscan aumentar un sentido de afecto en sus usuarios usa
muchas técnicas. Ubicar deliberadamente actividades seguras en áreas
potencialmente inseguras puede lograr este efecto. De esa manera se aumenta no
sólo el uso sino también la mantención del área.

5. Participación Comunitaria

Uno de los aspectos claves abordados por la metodología CPTED es el diagnóstico y


diseño de estrategias ambientales que aborden el problema de la percepción de temor
a ser víctima de la delincuencia en el ambiente urbano con metodologías
participativas.

El temor, como emoción básica que nos alerta en caso de peligro, es universal al ser
humano. Existen códigos ambientales que nos gatilla la emoción del temor, como un
espacio oscuro, acumulación de basura, graffiti, y falta de información ambiental entre
otras.
Existen encuestas de percepción de inseguridad en diversos países de la región, y
estas demuestran que la percepción de inseguridad frente a la posibilidad de ser
víctimas de un delito es en algunas oportunidades más alta que la ocurrencia efectiva
de delitos. Otras investigaciones han demostrado también que desde un punto de
vista espacial la ubicación de áreas de concentración de temor no se corresponden
necesariamente con las áreas de concentración de delitos.
En base a lo anterior, es que la metodología CPTED cubre un espectro clave del
problema delictivo en nuestras ciudades y es el ámbito de la percepción de
inseguridad. Esto en base al principio de que el habitante urbano es EXPERTO en el
conocimiento de su propia sensación de seguridad ambiental, ya que es él el que
transita por el espacio urbano y percibe umbrales de temor asociados a diversas
variables ambientales (una esquina oscura, un sitio urbano eriazo, un paradero de
micro aislado, etc).

En este sentido la metodología CPTED introduce diversos instrumentos de medición


de umbrales de sensación de temor asociados a variables específicas del medio
ambiente construido. En estas mediciones el actor principal es el propio habitante
urbano. De lo anterior, se desprende que la aplicación de una estrategia integral de
Prevención de Violencia y Delito requiere la incorporación de estrategias situacionales
y de CPTED que tengan como objetivo tanto la reducción del delito de oportunidad
como de la percepción de inseguridad urbana.

[Link] de la Prevención Situacional y CPTED

Es muy importante destacar que a nivel mundial y de diversas corrientes de opinión


existen también detractores respecto a las estrategias de Prevención Situacional y
CPTED. Estas críticas están basadas principalmente cuando la estrategia en cuestión
se aplica de manera aislada sin ser parte de una intervención amplia de Prevención
de Violencia y Delito en el territorio. En este sentido cabe resaltar que es la clave del
éxito de uns estrategia situacional y de CPTED que no se aplique de manera aislada
respecto a otros planes y programas de seguridad pública o ciudadana a diversas
escalas, especialmente la escala local.
Otra crítica hacia estas estrategias proviene del efecto de desplazamiento que
sostiene que al intervenir el espacio vulnerable el delito de oportunidad se desplaza y
no se elimina. Respecto a esta crítica es importante resaltar que el éxito de cada
estrategia es local y debe evaluarse caso a caso para poder efectivamente establecer
si hubo un patrón de desplazamiento delictivo ambiental.
Finalmente otra crítica específica a la metodología CPTED se realiza cuando se aplica
el CPTED de primera generación, es decir basado netamente en el triangulo de
decisión racional del delincuente. En LAC, la Corporación CPTED Región promueve el
CPTED de segunda generación que pone énfasis además de la oportunidad delictiva
al manejo del temor y al aumento de cohesión comunitaria incorporando dos principios
más a los tres iniciales que son manutención ambiental y participación comunitaria.
Un estrategia de Prevención de Violencia y Delito está lejos de ser perfecta pero lo
que uno puedo lograr es que sea la más adecuada al territorio deonde se aplica y a la
comunidad local que la necesita.

II. PROGRAMAS DE PREVENCION DE LA VIOLENCIA Y EL DELITO MEDIANTE


EL DISEÑO AMBIENTAL EN AMERICA LATINA Y EL CARIBE

La Prevención Situacional y la metodología CPTED se han aplicado de diversas


formas en países de Latinoamérica y El Caribe aportando al avance en la
construcción del conocimiento empírico respecto a estas dos disciplinas.
Destacan los siguientes casos realizados en los últimos 8 años en la región:

a. Comunidades Justas y Seguras (Argentina) aplicado en la ciudad de Rosario.


Esta es una iniciativa de prevención comunitaria de la violencia de carácter no
gubernamental, basada en la adaptación e implementación del Modelo Foros de
Convivencia. En estos foros se discuten todas las variables que afectan a la
comunidad en su barrio respecto a los problemas de inseguridad. Es en este espacio
donde se discuten también estrategias ambientales en conjuntos con otras de
prevención. Es un acierto del proyecto su carácter de horizontal, siendo una iniciativa
básicamente de la sociedad civil. Una característica central del proyecto es que éste
no está supeditado a la administración pública o al gobierno, sino que se relaciona
con el gobierno y otras instancias de manera horizontal en la búsqueda e
implementación de soluciones a los problemas de inseguridad, a través de la
construcción de redes colaborativas.
b. Colonias Urbanas (Chile) desarrollado por la Vicaría zona-centro en la cuidad de
Santiago, hizo una apuesta por la seguridad a través del fortalecimiento de la
capacidad de los jóvenes de construir sus espacios, destinados a la protección y
prevención comunitaria. Se beneficiaron alrededor de 250 jóvenes y niños y, gracias a
ello, las Colonias Urbanas aparecen como un espacio de protección que amplía sus
vínculos hacia otros grupos. El proyecto tuvo un impacto en seguridad en la medida
que los jóvenes se constituyeron en actores de la comunidad, que conjugan su
accionar para generar espacios donde se devuelve la confianza en las personas y se
pierde el miedo a estar en la calle
c. Centro Deportivo Unidad Vecinal 18, (Chile) Se intervino en la Unidad Vecinal 18
de la comuna de Lo Prado utilizando la metodología CPTED con la instalación de
equipamiento deportivo reduciendo los delitos de robo con fuerza asociado a la
locomoción pública y aumentado la confianza comunitaria. (Revista CAVE n8
Chilectra 2008) Con este proyecto se logró aumentar significativamente la cohesión
comunitaria así como reducir la sensación de inseguridad de los vecinos de la unidad
18 como producto de la intervención y del plan de actividades deportivas asociado al
uso del espacio. Cabe destacar que se realizó con la intervención de Chilectra en una
innovadora alianza público privada.
d. Comisiones Civiles Comunitarias (Brasil) El programa busca descentralizar la
política de seguridad ciudadana en Sao Paulo cuya población es de cerca de 11
millones de habitantes e incluir canales de participación para mejorar la gestión
compartida de actores locales de prevención de violencia y criminalidad, por medio de
la implementación de comisiones civiles de seguridad en distintos distritos de la
ciudad. En dos años de funcionamiento del programa, fueron creadas seis comisiones
civiles comunitarias con un total de 3987 personas que formularon 879 demandas
puntuales principalmente en iluminación, seguridad escolar y corte de vegetación para
mejora de campos visuales, de las cuales el 75% fueron ejecutadas. En enero de
2005, la nueva administración municipal elegida en las elecciones, extinguió el
programa de Comisiones Civiles Comunitarias
e. Culturas Juveniles y Comunidad en Quito (Ecuador) La pandilla es un espacio de
organización social de adolescentes y jóvenes que satisfacen un conjunto de
necesidades afectivas y de seguridad, están cargadas de capacidades Y
oportunidades que deben ser aprovechadas para prevenir y resolver los riesgos que
viven los adolescentes y jóvenes y así aportar a la construcción de una identidad
positiva que potencie su desarrollo como personas y ciudadanos. En los espacios
institucionales y comunitarios se desarrollan organizaciones y vínculos naturales entre
niños y niñas que no son potenciados hacia una cultura de no violencia.
f. Educación para la Convivencia y Seguridad Ciudadana: Una Experiencia de la
Administración Civil de Bogotá, D.C. con la Policía Metropolitana. (Colombia) En la
experiencia de Educación para la Convivencia y Seguridad Ciudadana, por parte de la
Administración Civil hacia la Policía Metropolitana se utilizaron diversas estrategias
metodológicas con el fin de desarrollar un proceso de capacitación complementaria de
la Policía. Estas estrategias fueron:

1. El curso-taller. Esta modalidad permite la congregación de un grupo para abordar la


reflexión de su experiencia y apropiarse de nuevos elementos conceptuales a partir de
la realización de ejercicios y acciones didácticas, dentro de la dinámica del aprender-
haciendo.
2. Estudio de casos. Los policías participantes de la capacitación son personas
portadores de un amplio saber derivado de su hacer cotidiano en la atención,
investigación y prevención de diversos asuntos relacionados con la convivencia y
seguridad ciudadana, propiciados tanto en el Espacio Público y privado en el cual se
desarrolla su acción. Este saber, de corte principalmente empírico, se constituye en la
materia particular para referir y reflexionar los objetivos pedagógicos de la
capacitación.
3. Acciones Demostrativas. Es una estrategia didáctica orientada al logro de una
mayor articulación entre conocimiento teórico -conceptual y conocimiento práctico por
parte de los policías. Es una iniciativa implementada desde el año 1996 que se
desarrolla de manera alterna a los desarrollos temáticos, objeto de cada programa o
proyecto educativo.
Objetivo General: Contribuir a los procesos de capacitación y actualización de los
miembros de la policía metropolitana, orientados a cualificar su saber y saber-hacer
como personas, miembros de una familia, ciudadanos y servidores públicos
responsables de la formación de ciudadanos.
Objetivos Específicas: a) Fortalecer la autoestima de los participantes, b) Mejorar el
desarrollo de las habilidades comunicativas: escuchar, hablar, leer, escribir,
argumentar, c) Promover la reflexión ética de la acción policial, d) Aportar elementos
teóricos, conceptuales y metodológicos para comprender la seguridad y convivencia
como servicio público y como construcción social en contextos específicos.

Resultados: Los principales resultados de este proceso, los cuales son una síntesis de
las evaluaciones realizadas por la Policía, las universidades y consultores externos,
se resumen:

1. Logros:
• Mejoramiento de autoestima de participantes.
• Mejoramiento de habilidades comunicativas de participantes.
• Mayor interacción entre policía y juventud.
• Incorporación de temas de Seguridad y convivencia en las universidades.
• Producción de materiales didácticos de calidad.
• Diseño de un sistema de seguimiento y evaluación.
• Apertura de la Universidad hacia los escenarios de la Seguridad y la convivencia
• Configuración de metodologías apropiadas para los servidores públicos.
• Cualificación del saber- hacer de la seguridad y convivencia.
• Aumento de oferta académica.
• Desarrollo de programas: Investigación, intervención, evaluación que han
conllevado al desplazamiento de la Universidad a los espacios de la Acción Policial.
• Apertura de espacios de conocimiento y acción conjunta de los funcionarios de la
Administración Civil y de la Policía con responsabilidades en asuntos de Convivencia
y Seguridad.

2. Vacíos:
• Predominio de métodos de educación regular.
• Conocimiento insuficiente del contexto de los campos de acción de los policías.
• Material didáctico genérico, no específico.
• Desarticulación entre oferta regular y capacitación para el trabajo (según contextos
y necesidades y características de participantes).
• Organización de equipos por horas
• Manejo de presupuestos
• Escaso compromiso social de la universidad.

3. Retos:
• Rediseño de las Políticas de incorporación, formación de la Policía y de los
mecanismos de promoción y gestión humana.
• Elaboración de un plan a largo plazo para la profesionalización de la Policía.
• Diseño y ejecución de estrategias para el fortalecimiento del compromiso ciudadano
orientado al respaldo y acción conjunta con la Policía.

La evaluación del efecto e impacto de la capacitación complementaria de la Policía en


el mejoramiento de la Convivencia y Seguridad Ciudadana, es un reto para la actual
administración. Para ello se dispone del Sistema de Seguimiento y Evaluación
diseñado para tal objetivo.
Como se ha observado en los diversos programas descritos de intervención en
CPTED y prevención Situacional anteriormente es muy relevante respetar la
creatividad y carácter local, así como la promoción de vínculos entre diversas
agencias del estado así como de los gobiernos locales para que la intervención sea
exitosa.
La forma de acercarse al territorio siempre es de una manera integrada, no solo con
estrategias situacionales o de CPTED sino que de la mano de estrategias de
prevención social de la violencia y el delito así como de estrategias de control
dependiendo del problema delictivo a resolver.
Del listado de proyectos y programas descritos es importante señalar que tienen
especial relevancia aquellos que le ponen un acento marcado a la participación de
niños y jóvenes en sus estrategias. Estos grupos son los que en 10 años más nos
mostrarán si tuvimos éxito en prevenir violencia y delito por lo que no se deben
escatimar esfuerzos en crear espacios de participación donde tanto los niños como
los jóvenes puedan expresar sus necesidades tanto desde el punto de vista ambiental
como social.
Es en esta perspectiva que la institución escolar cobra una alta relevancia como
espacio articulador de la formación preventiva y asume un rol de motor de una
estrategia e prevención de violencia y delito que busque vincularse al barrio. A
continuación se profundiza sobre el tema de la mirada de prevención de violencia y
delito ambiental respecto a los espacios escolares.

III. APLICACIÓN DE CPTED EN ESPACIOS ESCOLARES SEGUROS

En las diversas intervenciones tanto situacionales como de CPTED, que se han


realizado en la región descritas anteriormente, el espacio para la participación
ciudadana de diversas maneras ha sido clave para el éxito de la estrategia.
Cuando hablamos de prevención de violencia y delito además de confianza y
cohesión comunitaria estamos aludiendo además a la raíz institucional donde se
deben sembrar estos énfasis y formar en una cultura de la prevención como lo ha
demostrado con éxito el caso colombiano.
La escuela en un barrio es el espacio donde sembrar las bases de una cultura de la
prevención. Es con el trabajo de la comunidad escolar, niños, adolescentes, padres y
docentes que uno puede trabajar en un sentido realmente preventivo a largo plazo.
Además, la influencia ambiental de una escuela en relación a su barrio es enorme, si
esta está bien diseñada tendrá un impacto positivo sobre el resto del barrio.

3.1. Inseguridad Escolar


En un estudio realizado hace 10 años en Estados Unidos por la Liga Nacional de
Ciudades (National League of Cities), el 89% de los encuestados en 700 ciudades y
pueblos analizados dijeron que la violencia en las escuelas era un problema en su
comunidad. Por su parte, el libro publicado recientemente por Torrego y Moreno
señala que “los crecientes problemas de disciplina en los centros escolares, y en
particular la violencia escolar, se perciben como una suerte de epidemia transnacional
que se mueve y extiende de país en país, cambiando por completo el paisaje de
nuestros sistemas escolares y la identidad de la profesión docente”.
América Latina no escapa a este fenómeno, aumentando la violencia en los centros
educativos, lo que influye negativamente no solo en la convivencia escolar sino
también y fundamentalmente en el proceso de aprendizaje. La inseguridad, la
violencia y la delincuencia en el entorno escolar de Latinoamérica y Centroamérica es
un tema cada vez más frecuente. Una Escuela Segura, hoy en día ya no es solo un
concepto arquitectónico, donde la escuela debe brindar confort y prevenir riesgos
(siniestros), sino que abarca un concepto mucho más amplio.
Una escuela no solo debe ser confortable, brindar bienestar a sus ocupantes e
intervenir directamente en el concepto de salud: condiciones de temperatura
ambiental ideales y constantes, ventilación e iluminación óptimas, espacios
adecuados a las tareas y número de individuos que la ocupan, sumándose a ellos
aspectos estéticos. Lo anterior corresponde solo a condiciones normativas
arquitectónicas, pero además debe proporcionar a los alumnos las mejores
condiciones de seguridad durante su permanencia en la escuela, disminuyendo la
percepción de temor y evitando posibles espacios inseguros que promuevan eventos
de violencia o delincuencia. Esta es una de las preocupaciones fundamentales que
debe estar presente desde los mismos comienzos del proyecto de edificación escolar.
Todos estos factores de bienestar favorecen el desarrollo de las tareas que realiza
cualquier integrante dentro de la escuela, el proceso de enseñanza –aprendizaje, el
rendimiento escolar, la comunicación. Una escuela es segura cuando es planificada y
construida de acuerdo a normativas y condiciones ambientalmente adecuadas, que
promueva la seguridad ambiental, con una comunidad escolar informada y sea
conocedor de las fortalezas y debilidades que pueda contar la institución para actuar
sobre ellas.
En Latinoamérica y el Caribe, algunos centros escolares y su entorno, sobre todo en
zonas de alta peligrosidad, se han convertido en espacios inseguros que ponen en
riesgo tanto los procesos educativos como la salud y la integridad física de los
alumnos. Este tipo de situaciones, si bien no son generalizadas, han suscitado
preocupación entre las autoridades educativas y la necesidad de adoptar una serie de
medidas preventivas con un enfoque formativo.
El tema de la seguridad escolar encuentra su razón de ser en la necesidad de brindar
protección a los alumnos de las escuelas primarias y secundarias. La seguridad es un
derecho del cual dependen otros derechos; sin seguridad, no se puede garantizar, en
este caso, el derecho a la educación con equidad y justicia. La seguridad tiene su
origen en el valor de la solidaridad y se expresa cuando las personas se preocupan
tanto por su bienestar, como por el bienestar de los demás.
Se ha hecho necesario establecer en los centros escolares las condiciones que
permitan identificar y atender necesidades inmediatas de seguridad, al mismo tiempo
que instituir mecanismos de prevención que posibiliten garantizar mejores condiciones
en el futuro. Lo anterior exige reconocer que la seguridad escolar no puede ser
construida exclusivamente desde los ámbitos de autoridad, sino que requiere contar
con la participación de toda la comunidad escolar en las acciones tendientes a
lograrla, por lo tanto, la seguridad escolar es resultado de las acciones emprendidas
por la escuela y permite al colectivo contar con las condiciones necesarias para el
desarrollo de procesos encaminados a la formación integral de los alumnos. Involucra,
además de las condiciones básicas de seguridad, un estado de tranquilidad que
permite que los procesos escolares se desarrollen armónicamente.
Al mismo tiempo, genera mecanismos que permiten desarrollar en la comunidad
educativa una visión amplia de la prevención, la cual le provee de medios para
anticipar situaciones de riesgo en el interior y exterior de los centros educativos, así
como la formación de los alumnos para la vida. En este sentido, contribuir a la
prevención es un elemento fundamental en la seguridad escolar.
La seguridad escolar requiere de condiciones ambientales internas de la escuela, al
tiempo que las del entorno inmediato, tanto del barrio como de la ciudad en la que se
inserta. Por lo tanto, su promoción implica el establecimiento de procesos de
evaluación de aspectos como las relaciones personales, las historias de vida, la
historia institucional, la ubicación geográfica de la escuela, los índices de
delincuencia, violencia y adicciones en la comunidad circundante, etc.
La seguridad escolar debe ser el resultado de las acciones colectivas y coordinadas
por la comunidad escolar para atender situaciones de riesgo ambiental en su interior y
en el entorno inmediato; identificar a la delincuencia, la violencia y las adicciones
como elementos que la vulneran; y establecer medidas preventivas a corto, mediano y
largo plazo para garantizar la integridad física y la formación de los alumnos.

3.2. Cultura de la Prevención

La cultura de la prevención dentro de la escuela va más allá del estricto cumplimiento


de la normatividad, exige el desarrollo de competencias encaminadas al conocimiento
y cuidado de sí mismos, la participación responsable en la conformación de espacios
seguros, la solución no violenta de los conflictos, la identificación y manejo de
situaciones de riesgo y la actuación con apego a la legalidad y sentido de justicia. Así,
las actividades escolares se transforman en conocimientos, habilidades, actitudes y
valores que trascienden los límites de la escuela y se integran a la vida diaria de los
alumnos para mejorar su forma de vivir, lo que redunda en la construcción de una
cultura de la prevención y en la existencia de sociedades seguras.
La cultura de la prevención es el conjunto de actitudes, creencias y valores positivos
compartidos por la mayoría de los miembros de una sociedad sobre la seguridad, las
situaciones de riesgo, la educación para la prevención y la participación. Esto implica
reconocer que el camino para construir una cultura de la prevención no es
competencia exclusiva de la escuela, requiere de la contribución de diferentes actores
e instituciones sociales. Construir una cultura de la prevención requiere de las
acciones de los alumnos, las autoridades educativas, los responsables de la
seguridad pública, las instituciones de salud, los maestros y trabajadores de la
educación, los padres y madres de familia, las diferentes instancias de gobierno,
organismos nacionales e internacionales, las organizaciones no gubernamentales y
todas aquellas personas que reconocen a la prevención como la forma de construir
comunidades escolares seguras.

3.3. La Comunidad y la Seguridad Escolar

Uno de los principios fundamentales debiese ser el hecho de que la seguridad al


interior de la escuela y su entorno no puede ser entendida como tarea exclusiva de las
autoridades escolares. Por tal motivo uno de los ejes de trabajo propuestos debe ser
la colaboración de toda la comunidad en la conformación de las escuelas como
espacios seguros.
En ese sentido, se debe promover el trabajo permanente de “Consejos Escolares de
Participación Social”, sin embargo, la participación de la comunidad en la seguridad
escolar, puede asumir formas diferentes que respondan a las necesidades de
organización de las entidades, los municipios y las escuela.
El objetivo general del diseño y creación de Escuelas Seguras debiera ser:
”Que los espacios educacionales de latino-américa y el Caribe conformen Escuelas
Seguras, es decir, que se constituyan en espacios libres de violencia y delincuencia,
donde los niños y jóvenes aprendan dentro de un ambiente que favorezca su
desarrollo integral.”
Objetivos Particulares de Escuelas Seguras:

• Impulsar y fortalecer una cultura de la prevención situacional (CPTED) en las


escuelas.
• Impulsar acciones y propuestas que contribuyan a prevenir situaciones de
violencia y delincuencia para los alumnos, favoreciendo el desarrollo de actitudes y
valores entre la comunidad escolar, orientados a la conformación de un espacio
ambientalmente seguro en la escuela, el entorno escolar y entre los alumnos.
• Favorecer la conformación de espacios educacionales ambientalmente seguros en
la escuela, el entorno escolar y entre los alumnos.
• Fomentar la colaboración entre las autoridades y las organizaciones de la
sociedad civil en la prevención de la violencia y la delincuencia en los espacios
educativos.

3.4. Plan Integral de Seguridad Escolar

A continuación se describen las etapas que debiera tener un plan de seguridad


escolar:
Para llevar a cabo las etapas de un plan de seguridad escolar se requiere la
constitución del equipo de gestión con miembros de la comunidad escolar que
ejecute las diversas etapas del plan. Los miembros de este equipo de gestión deben
ser elegidos pensando en aquellos que mayor representatividad tengan de la
comunidad y aquellos con perfil idóneo para llevar adelante las diversas etapas.
Un plan integral de Seguridad Escolar requiere de la constitución de las siguientes
etapas:

a. Diagnóstico Ambiental Escolar: para el desarrollo exitoso de cualquier plan de


Seguridad Escolar se requiere de la realización de un diagnóstico de la vulnerabilidad
espacial delictiva de la escuela y su entorno cercano. Se debe buscar la detección de
variables sociales y físicas específicas que permitan al equipo de gestión del plan
determinar y focalizar el problema a intervenir.

Se debe velar por distinguir la problemática vinculada a una dimensión espacial del
medio ambiente escolar, especialmente si posteriormente la intervención contempla
modificación del entorno físico escolar.
Para levantar información cuantitativa y cualitativa del problema delictivo del espacio
escolar se deben utilizar las herramientas de diagnóstico ya descritas anteriormente:
Taller de diagnóstico en seguridad educacional, Marchas Exploratorias de Seguridad
(MES), Entrevistas en profundidad o conversaciones informales, Grupos focales,
Encuestas de temor y victimización, Taller de Dibujos, Maquetas Participativas y
Asamblea con papelógrafos.
La decisión de que herramienta utilizar debe ser tomada por el equipo de gestión y es
importante que se establezcan con claridad los criterios por los cuales se escogieron
dichas herramientas.
Se sugiere la utilización de un par de herramientas al menos para levantar diversa
información del problema de vulnerabilidad ambiental a definir y resolver. Se debe
cubrir además con las diversas herramientas las problemáticas de vulnerabilidad de
día y de noche, así como de diversos días de la semana.
Una vez levantada toda la información se requiere analizarla detectando cual es la
problemática delictiva, de temor o de violencia escolar que más se repite y en que
espacio se localiza.
Una vez detectadas esas dos variables, problema delictivo y su espacio vinculante, se
debe describir detalladamente las características físicas y de uso de dicho espacio.
Se recomienda que una vez finalizada la etapa de diagnóstico, los resultados del
mismo sean expuestos a la comunidad escolar para lograr consensos.

b. Diseño del Plan: una vez terminada la etapa de diagnóstico y validado el principal
problema con la comunidad escolar, el equipo de gestión debe concentrarse en la
elaboración del diseño de la intervención. Para ello es recomendable recordar los
principios de CPTED (Vigilancia Natural, Control Natural de Accesos, Reforzamiento
Territorial, Mantención, Participación Comunitaria) y velar por que la estrategia de
intervención física se oriente según ellos.

A modo de ejemplo, si en un espacio se observó en el diagnóstico que el problema de


vandalismo e inseguridad se da en la escuela por falta de uso de un espacio o por que
solamente es usado a ciertas horas y en otras permanece deshabitado es importante
fortalecer el principio de vigilancia natural y de reforzamiento territorial.
Estos se pueden activar ya sea colocando actividades que aumenten la cantidad de
vigilantes naturales, un kiosko, un diario mural y marcas territoriales que comuniquen
que ese espacio no está abandonado y que alguien está pendiente. Una marca
territorial positiva son murales pintados por los mismo alumnos, basureros con el logo
del colegio, asientos, el nombre del colegio en destacado entre otros.
Usando otro ejemplo, si en el diagnóstico se detectó que el principal problema de
inseguridad radicaba en el perímetro de la escuela, se requiere fortalecer, bajo el
principio de control natural de accesos, los puntos de entrada a esta con actividades
que atraigan a los vigilantes naturales, con un espacio adecuado para la espera de los
estudiantes por sus padres para ser recogidos y con iluminación de ser necesario.
Otro espacio que puede ser vulnerable es el de los baños y los camarines de
gimnasia. Si este está ubicado en un área del colegio con baja visibilidad, poca
frecuencia de uso es fundamental mantenerlo siempre limpio e impecable y con
información actualizada. Nuevamente se requiere dar la señal de que alguien está a
cargo no importa lo lejano que esté el espacio en relación a todo el establecimiento
escolar.
Además de estos ejemplos puntuales es importante destacar que el diseño del plan
debe considerar coherencia entre las diversas partes de la intervención. En
estrategias CPTED no sirve hacer islas seguras, se requiere tener circuitos seguros
que posibiliten al usuario del espacio recorrer el ambiente escolar de manera integral
y de forma segura.
Otro aspecto a considerar es la aplicación del diseño del plan por etapa. No siempre
se pueden realizar obras físicas de una sola vez, ya que existen limitantes
económicas o de gestión. Es en ese caso que se requiere planificar intervenciones
continuas y coherentes y comunicarles estas etapas a los miembros de la comunidad
escolar.
Finalmente la participación de la comunidad escolar en el diseño es muy relevante. No
sólo debe mostrársele el plan sino que se sugiere diseñar el plan en conjunto. Para
ello el uso de maquetas participativas de diseño ofrece posibilidades concretas de
visualización de los actores de las posibilidades y resultados de la intervención física.

c. Ejecución del Plan: la ejecución de un plan de Seguridad Escolar requiere de


mucha programación y planificación por parte del equipo de gestión de la escuela.
Una vez consensuado y difundido el diseño del plan se requiere planificar las etapas
de construcción las que pueden organizarse en:

[Link] de Ejecución obra piloto:

Cuando el plan de Seguridad Escolar contempla más de una intervención física, se


recomienda hacer una parte del de manera piloto para probar de manera práctica a
los actores involucrados, tiempos de ejecución y diversas variables difícil de predecir
antes de comenzar las obras.
Una parte clave del éxito de la obra piloto es el equipo que la lidere. Es muy
importante que los acuerdos queden claramente definidos por escrito en actas por
sesión.
Ocurre que desde la definición del proyecto hasta la materialización de las obras
pueden ocurrir distintas percepciones por parte del equipo, no siempre lo que se
imaginó en papel o en maqueta se percibe de la misma manera una vez concretado
(pintura, luminaria, pavimentos) por lo tanto es muy importante dejar los acuerdos por
escrito y si se deciden hacer cambios en etapas posteriores que corrijan ciertos
efectos estos también deben quedar por escrito.
En esta obra piloto se pueden ensayar los roles de los diversos actores en base a sus
habilidades y conocimientos. También se descubrirá de que manera organizar la
participación de la comunidad escolar para que colabore de manera más eficiente con
el Plan de Seguridad Escolar.

c.2. Obra piloto

La ejecución misma de la obra piloto requiere de mucha atención y cuidado por parte
del equipo de gestión ya que esta obra, además de producir un impacto general en el
Plan de Seguridad Escolar, buscar crear un efecto de demostración hacia la
comunidad escolar para que esta apoye ampliamente la concreción del plan en su
conjunto.
Existen diversas maneras de ejecutar la obra, por contratación de equipos externos
solamente o equipos externos más mano de obra de miembros de la comunidad
escolar que tengan experiencia en edificación. Esta última fórmula es la más
aconsejable por el grado de involucramiento que puede existir finalmente al
terminarse la obra.

[Link]ón obra piloto

Para la evaluación de la obra piloto se recomienda crear una pauta de entrevistas de


mayor o menor grado de satisfacción respecto a la obra para los mismos actores del
equipo de gestión así como de la comunidad escolar. Esta información colaborará
significativamente a la puesta en marcha posterior de todo el plan de Seguridad
Escolar.

[Link]ón de equipos de la obra general

Una vez conocidos los resultados de la evaluación de la obra piloto se requiere


organizar los equipos que ejecutarán las diversas obras en el recinto escolar. Dada la
envergadura que estas pueden representar para la escuela y el óptimo
funcionamiento de la comunidad escolar se sugiere que todas las acciones sean
suficientemente difundidas para evitar disgustos y accidentes.

c. Evaluación:

Una vez terminada la ejecución del plan es muy importante proceder a evaluar su
impacto levantando información cualitativa y cuantitativa que pueda ser comprada con
aquella utilizada para la elaboración del diagnóstico. El capítulo 4 de este manual
profundiza en el método de evaluación y construcción de indicadores que midan el
impacto de la intervención.

IV. REFLEXIONES FINALES

1. La Prevención Situacional y CPTED son estrategias validas para ser aplicadas en


conjunto con estrategias integrales de Prevención de Violencia y Delito en barrios de
nuestra región.
2. Existen intervenciones situacionales y CPTED en diversos países de la región
con diferentes énfasis lo que genera una masa crítica interesante y la posibilidad de
establecer redes de intercambio de buenas prácticas entre las ciudades donde se han
aplicado.
3. El financiamiento para una intervención CPTED es un factor importante en el
éxito de la estrategia ya que generalmente involucra la construcción de proyectos o
modificación de obras existentes.
4. El desarrollo de estrategias de CPTED para escuelas no es un ámbito
extensamente difundido en la región, no obstante los beneficios que acarrea para un
barrio.
5. La intervención CPTED en una escuela requiere de la participación de toda la
comunidad escolar en el diseño e implementación de la estrategia socio ambiental.
6. Debe velarse por tener evaluaciones de cada intervención con datos cualitativos y
cuantitativos para lo cual el establecimiento de indicadores desde el comienzo de la
estrategia que permitan construir una línea base es fundamental. En nuestra región
cuesta encontrar evaluaciones serias que demuestren el impacto de intervenciones
tanto en el ámbito situacional como de CPTED, lo que deja un espacio abierto a la
construcción de instrumentos que sirvan para ello.

V. BIBLIOGRAFIA

A. Documentos y Libros consultados:

- Brantingham Paul y Patricia. “Environmental Criminology: from Theory to Urban


Planning Practice”. Estudios de prevención del crimen, 1998.
- Crawford, Adam. “Crime Prevention and Community Safety: Politics, Policies &
Practices”. Longman Criminology, 1989.
- Hillier, Bill. “Space is the Machine”. Cambridge, 1974.
- Jacobs, Jane. “Death and Life of Great American Cities”. Vintage Books, 1962.
- Jeffery, Clarence Ray. “Crime Prevention Through Environmental Design”. Sage
Publications, 1977.
- Newman, Oscar. “Defendible Space”. Londres, 1972.
- Ramsay, M. “City-centre crime: The scope for situational prevention”. Londres,
1982.
- Crawford, Adam. Crime Prevention and Community Safety, Politics, Policies &
Practices, 1989.
B. Páginas web consultadas:

- [Link]
- [Link]
- [Link]

NOTAS

3 NACIONES UNIDAS. Resolución 2002/13.


4 Brantingham, Paul; Brantingham, Patricia. 1998.
5 Jeffrey, C. Ray, 1977.

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