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Purgatorio en la Pintura Barroca Venezolana

Este artículo presenta un estudio sobre la iconografía del purgatorio en la pintura venezolana del siglo XVIII como reflejo de las creencias sobre la vida después de la muerte durante el periodo colonial. Estas imágenes del purgatorio alcanzaron gran popularidad debido a que ayudaban a mantener vivo el temor a un castigo eterno y así asegurar la continuidad de las prácticas religiosas alrededor de la muerte, lo que constituía una fuente de ingresos para la Iglesia local a través de indulgencias y misas. El
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Purgatorio en la Pintura Barroca Venezolana

Este artículo presenta un estudio sobre la iconografía del purgatorio en la pintura venezolana del siglo XVIII como reflejo de las creencias sobre la vida después de la muerte durante el periodo colonial. Estas imágenes del purgatorio alcanzaron gran popularidad debido a que ayudaban a mantener vivo el temor a un castigo eterno y así asegurar la continuidad de las prácticas religiosas alrededor de la muerte, lo que constituía una fuente de ingresos para la Iglesia local a través de indulgencias y misas. El
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EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA

Escritos en arte, estética y cultura. III Etapa, Nº 21-22. Caracas, enero :- ICONOGRAFÍA
VENEZOLANA diciembre 2005:
Y 189-208
DISCURSO

EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA


VENEZOLANA: ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

Janeth Rodríguez Nóbrega


Universidad Central de Venezuela

THE PURGATORY IN THE VENEZUELAN BAROQUE PAINTING:


ICONOGRAPHY AND SPEECH

RESUMEN: Este artículo presenta un estudio ABSTRACT: This article displays a study on
sobre la iconografía del purgatorio en la the iconography of purgatory in the
pintura venezolana del siglo XVIII, como Venezuelan painting of XVIII century, as a
un reflejo del imaginario colectivo de la reflection of the imaginary group of the
época, pero sobre todo de las creencias time, but mainly of the beliefs on further
sobre el más allá que se instauran durante el on that they are restored during the period
periodo de dominación hispánica. of Hispanic domination. We will try to
Intentaremos evidenciar cómo estas demonstrate how these images reached a
imágenes alcanzaron una notable remarkable popularity in the colonial art.
popularidad en el arte colonial, debido a que Since, they were lent to maintain alive the
se prestaban para mantener vivo el temor a fear of an eternal punishment and therefore
un castigo eterno y por ende asegurar la to assure the continuity of the pious
continuidad de las prácticas piadosas en practices around the death, that they
torno a la muerte, que constituyen una constitute an authentic source of economic
auténtica fuente de ingresos económicos a income to the local Church.
la Iglesia local.

PALABRAS CLAVE: Purgatorio, Iconografía, K EY WORDS : Purgatory, Iconography,


Arte Colonial, Barroco, Muerte. Colonial Art, Baroque, Death.

189
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

En 1813 se publicó en París el libro Viaje a las islas de Trinidad, Tobago,


Margarita y a diversas partes de Venezuela en la América Meridional 1, escrito por
el agente francés Jean Joseph Dauxion Lavaysse (1774-ca.1830). En este
texto relata las impresiones de su viaje entre 1806 y 1807 por Tierra Firme
e islas, procurando legar a sus lectores europeos «un cuadro de las costumbres,
las creencias, y del nivel intelectual de los habitantes de las regiones» que había visitado
(Dauxion 1967:259).
En su relato, lleno de vivas descripciones y observaciones perspicaces,
se narra en el capítulo concerniente a su recorrido por la Capitanía General
de Venezuela, su encuentro fortuito «en una casa donde jugaban billar y juegos
de azar» con el primer oficial de la Inquisición, un viejo sacerdote español
cuyo nombre reserva, con fama de ser «el jugador más empedernido de toda la
isla» de Margarita2 (255-256). Esa tarde el sacerdote acabó su juego
informando a los presentes (pícaros lugareños, corsarios franceses y
contrabandistas ingleses) que debía marcharse a predicar su sermón de
cuaresma en la iglesia del Santísimo Cristo del Buen Viaje en el pueblo de
Pampatar. Dauxion decidió seguir al «extraño predicador» hasta el templo y
nos relata con cierta ironía el sermón pronunciado. Se trató de un discurso
sobre las penas del purgatorio, que nos permitimos citar a pesar de su
extensión, por constituirse en un testimonio único sobre el tema. Según
Dauxion la homilía cuaresmal de esa tarde consistió en lo siguiente:
Mis hermanos, cuando alguno de vosotros cae enfermo, se apresura
a enviar por un médico, y él no escatima esfuerzos para poner fin a sus
sufrimientos y obtener su curación. Y, ¿qué son los sufrimientos
corporales, aun los más temibles que podamos padecer aquí abajo en
este mundo, en comparación con los tormentos espantosos a los que
están sometidas las almas contenidas en el purgatorio? ¡Nada hermanos
míos, nada! Los escritores inspirados de la Santa Iglesia Romana, nos

*
Este artículo es una versión ampliada y corregida de una ponencia presentada en el II Simposio
Internacional Interdisciplinario de Colonialistas de las Américas, Bogotá, Pontificia Universidad Javeriana,
Georgetown University, 8 al 11 de agosto de 2005.
1
Voyage aux iles de Trinidad, de Tabago, de la Marguerite et dans diverses parties de Vénézuéla, dans l’Amérique
Méridionale, París, Imprenta de F. Schoell, 1813. Consultamos la primera edición en español de 1967.
2
Esta isla formaba parte de la provincia de Nueva Andalucía la cual dependía de la Capitanía
General de Caracas o de Venezuela creada en 1777.

190
EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

aseguran que los tormentos que se sufren en ese lugar de expiación y


purificación, son en todo igual a los del infierno, con esta sola diferencia:
que en el purgatorio son los ángeles los ejecutores de la venganza divina
y que las almas que se encuentran detenidas allí tienen la certeza de que
estos tormentos tienen fin. Pero, ¿cuándo llega este fin? Para un muy
pequeño número, es al cabo de unos días; para otros, de algunos meses;
para otros, de algunos años; finalmente, se prolonga por varios siglos
según y cómo los pecados veniales se acerquen o se alejen de la naturaleza
del pecado mortal. Pero vuestra buena y tierna madre, la Santa Iglesia
Romana, augusta esposa de Jesucristo, a quien solo Él ha confiado el
cuido de vuestras almas y fuera de la cual sólo hay error y eterna condena;
esta buena y tierna madre ha conferido a todos sus ministros el poder
de las llaves; es decir, hermanos míos, la de abrir o cerrar las puertas del
purgatorio y del paraíso. Es así que por los méritos de las indulgencias
dadas por nuestro Santo Padre el Papa y por los obispos, y por los
méritos del santo sacrificio de la misa, podemos abrir a toda hora las
puertas del purgatorio y del paraíso y hacer entrar en su mansión de la
eterna felicidad las almas purificadas por el fuego sagrado.

[...] La Iglesia acaba de deciros a través de mi, que las penas del
purgatorio no son menores que las del infierno y que sólo en la eternidad
estriba la diferencia. Voy a esbozaros, hermanos míos, el cuadro de estos
sufrimientos. Allí se sienten a la vez los extremos del calor y el frío; es
decir, que mientras uno tiene, por ejemplo, los pies y las manos heladas,
las otras partes del cuerpo son presas de un fuego devorador. Horribles
culebras se introducen en los intestinos y en las entrañas de éste; mientras
su vecino está cubierto de horribles reptiles que le chupan la sangre,
mientras que asquerosos sapos echan su baba y sus orines en la cara de
aquél. ¡El hambre y la sed, el más cruel de los tormentos! Tales son,
hermanos míos, los tormentos horribles que sufren en este momento
en el purgatorio, aquellos de vuestros parientes y amigos que se
encuentran allí, tal es también la suerte que espera a casi todos, y me
atrevería a decir que a todos, a menos que imaginen tener la pureza y la
inocencia de los ángeles, en el momento en que vuestra alma se separe
del cuerpo.

Sin embargo, está en vuestro poder ponerle fin a estas crueles


penalidades y hacer gozar a estos desgraciados de la beatitud celeste.
Es, como ustedes saben, hermanos míos, comprando las indulgencias y
mandando a decir misas por su descanso. Y sin embargo, ¡cuantos de

191
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

vosotros no cumplen con este piadoso deber! ¡Ah, miserables! ¡Corazones


endurecidos! ¡la misma suerte os espera! ¡Dios hará que cuando os muráis,
vuestros hijos y vuestros parientes tengan poca piedad de vosotros, y os
olviden tan pronto como vosotros habéis tenido poca piedad de ellos y
pronto los habéis olvidado! (256-257)

Obviamente al concluir tan expresivo y verosímil sermón, según nuestro


privilegiado testigo, «no se oían sino gemidos y golpes de pecho» entre los asistentes
a la liturgia (257). Mientras tanto, los cuatro sacristanes aprovechaban el
efecto emocional para vender indulgencias3 y bulas de muertos. Hasta
Dauxion quedó vivamente impresionado y compró una bula de muertos y
otra para consumir lacticinios durante la cuaresma.
Pese a que el viajero francés no lo menciona, en una de las paredes del
templo estaba colgado un lienzo de ánimas del purgatorio [Fig. 1], pintado
por el artista caraqueño Juan Pedro López (1724-1787). El lienzo había
sido encargado en 1772 por el capitán de artillería de las milicias de blancos
de la isla, don Andrés de Berde, para la iglesia del pueblo. Una inscripción
en la parte inferior izquierda del cuadro menciona al donante y el año de
ejecución: «Hiso este reta/blo D. Andres de [Be]rde Capn D/Artilleria». En la
esquina opuesta «[A]ño de/1772». El capitán don Andrés era natural de
Galicia, y se había radicado en la isla en donde se había convertido en un
próspero comerciante de mulas y pescado, con una pequeña flota de barcos
de su propiedad. Además se había desempeñado como alcalde ordinario y
procurador general de la isla. Unos años antes, en 1769, había donado una
custodia de plata para la misma iglesia (Duarte 1996:150). Pero la donación
de este lienzo no sólo procuraba difundir el prestigio social alcanzado,
también aseguraba la continua presencia del nombre del benefactor entre
propios y extraños, que ante el lienzo invocaran una plegaria por la liberación
de las ánimas del purgatorio. Así la donación de cuadros de ánimas, como
comúnmente se denominan, era una práctica frecuente en el territorio
venezolano como prueba la presencia de inscripciones en algunas piezas,
aunque hasta la actualidad no hemos hallado retratos de donantes incluidos

3
Según el DRAE la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal correspondiente a los
pecados ya perdonados, que se obtiene por mediación de la Iglesia.

192
EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

Figura 1. Atribuido a Juan Pedro López, Las benditas ánimas del Purgatorio, 1772.
Iglesia del Santísimo Cristo del Buen Viaje, Pampatar.

entre las llamas purificadoras, como sí se presentan en la pintura


novohispana, por sólo citar un ejemplo.
En el lienzo, posiblemente encargado por el capitán de Berde durante
una visita a Caracas, puede apreciarse cerca de cuarenta figuras, que se
distribuyen alrededor de la imagen de San Miguel Arcángel, en tres planos
bien delimitados. En el plano superior se encuentra la Santísima Trinidad,
acompañada de la Virgen María. Las tres divinas personas, siguen el
prototipo de representación en la cual el Hijo aparece a la diestra del Padre,
y entre ambos el Espíritu Santo en forma de paloma. A Cristo le
corresponde decidir los destinos de las almas en su tránsito a la vida eterna
como dueño de «las llaves de la muerte y del infierno» según el Apocalipsis
(1,18). Está vestido con un manto rojo sentado sobre un trono de nubes,
mostrando los estigmas. Por su parte, Dios padre se representa como un
anciano barbado, con hábitos pontificios como jefe supremo de la Iglesia,
además del orbe y cetro como creador del mundo.

193
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

A la derecha de Cristo se presenta la Virgen María, intercesora


privilegiada que ruega por el alivio de las penas de las ánimas, vestida con
la tradicional túnica roja y manto azul. Tras ella se encuentran dos santas
no identificables y más abajo san Juan Bautista llevando la cruz de caña
con una banderola. Del lado opuesto podemos observar otros santos y
santas que comparten la visión de la beatitud celestial, entre estos podemos
reconocer a Domingo de Guzmán y Rosa de Lima.
En el centro del cuadro se destaca la figura de San Miguel Arcángel.
Porta una balanza y una espada flamígera, así como la tradicional vestimenta
militar romana. La presencia de San Miguel en el purgatorio no está referida
por ningún texto teológico y parece tomada de las imágenes que representan
el Juicio Final, en donde se ocupa de la importante tarea de pesar a las
almas de los difuntos en una balanza. Esta psicostasis o peso del espíritu
encontró su mayor auge iconográfico en el período medieval (Yarza Luaces
1987:120). En su balanza se observan las buenas obras que sacarán del
purgatorio a las almas: el rosario, las indulgencias, el cordón franciscano,
el escapulario carmelita, etc. Para Jaime Morera, historiador que se ha
ocupado de esta iconografía en la pintura novohispana, estamos ante “una
representación metafórica del poder de las oraciones de los celestiales abogados
de las ánimas y como símbolo del pronto alivio” (Morera 2001:176).
En el costado izquierdo del lienzo las ánimas son auxiliadas por San
José y numerosos ángeles. Después de la Contrarreforma la devoción al
ángel custodio se difundió con la idea de que siempre acompaña al creyente,
incluso hasta el Purgatorio, en donde lo consuela mientras purga sus
pecados, lo que explicaría la profusión de ángeles que asisten a cada ánima.
En la esquina opuesta san Francisco de Asís otorga un cíngulo a un alma,
siguiendo la tradición que aseguraba que el día de la muerte del seráfico
santo, éste había liberado varias almas del purgatorio que habían portado
en vida el cordón con sus tres nudos que aluden a la pobreza, la obediencia
y la castidad. Gracia que repite en cada aniversario (Schenone 1992:394).
Entre la multitud de ánimas que elevan sus brazos implorando la
salvación se visualizan por sus tocados un rey con su corona, un Papa con
una tiara, un cardenal con un solideo de seda roja y un obispo con su
mitra. A través de estas figuras reconocibles como representantes de los

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EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

poderes más importantes de la sociedad, se divulgaba un claro y


contundente mensaje: la igualdad después de la muerte, subrayada a su vez
por la desnudez de las figuras. Pero también la presencia de un rey era una
admonición dirigida al poder civil, según la cual la Iglesia estaba por sobre
todos los poderes temporales. A esto se unía la visualización de las diversas
razas, como blancos, indios, mestizos y negros, que compartían un destino
común después de la muerte.

DE ÁNIMAS PENITENTES Y OTROS ESPANTOS

El purgatorio, según la doctrina católica, es un lugar en donde las


almas de los que fallecieron sin estar enteramente libres de pecados, se
purifican antes de su entrada al paraíso. La noción del purgatorio surgió a
finales del siglo XII, para superar la simplista oposición Infierno-Gloria
que caracterizó hasta entonces a la escatología cristiana, la cual no
contemplaba la salvación del alma que no había alcanzado la santidad,
pero que tampoco estaba irremediablemente condenada (Le Goff 1985).
El concilio de Trento, en una de sus últimas sesiones en 1563, se limitó a
declarar la existencia del purgatorio y “que las almas allí detenidas son ayudadas
por los sufragios de los fieles y particularmente por el aceptable sacrificio del
altar” (Dezinger 1959:277); siguiendo de esta manera la tradición de los
concilios, y de los Padres y Doctores de la Iglesia, al tiempo de solicitar a
los obispos difundir su creencia. Para lograr este fin a Venezuela llegaron
tratados como los Sermones funerales y de ánimas del purgatorio del jesuita Diego
Baeza, publicado en Valladolid en 1645 (Rey Fajardo 1999:99); la edición
madrileña del Thesoro escondido que hallará quien hiciere donación de todas sus
obras buenas a las benditas ánimas del purgatorio, del también jesuita José María
Genovese (Ibidem 1999:157); y un par de textos anónimos como los
Sermones de las almas del purgatorio, publicado en Gerona en 1767 y los Sermones
del Juicio Final, publicado en Madrid en 1678.4 A través de estos textos se

4
En el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional se conservan: Sermones de las almas del purgatorio,
sacados de diversos y graves autores, por un sacerdote devoto de las mismas almas. Obra utilísima para el desempeño
de los predicadores y aprovechamiento de los fieles, Gerona, Joseph Bro, 1767; y Sermones del Juicio Final,
Madrid, Martin Cavallero de Isla, 1678.

195
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

divulgó buena parte del discurso doctrinal, como la naturaleza de sus


tormentos y hasta la cantidad exacta de días necesarios para redimir a las
almas en función de la naturaleza de cada pecado. Aunque no podemos
soslayar que el medio más contundente para arraigar este dogma en la
mente de los cristianos haya sido la imagen. Es ya un tópico afirmar que la
imagen se constituía en el medio gráfico para la prédica, el complemento
ideal del sermón que desde los púlpitos se exponía o que desde la intimidad
del confesionario se susurraba al oído del creyente. En virtud de lo cual no
sorprende cuando Dauxion Lavaysse afirma que,
Se ve en todas las iglesias de este país, un cuadro representando el
cielo y el purgatorio. En un rincón del cuadro hay un sacerdote diciendo
misa; al lado están las personas representadas dando el dinero para las
misas, y las almas que salen de las llamas del purgatorio tan pronto se
dice misa por ellas. Son recibidas por el Arcángel San Miguel, quien está
representado teniendo un par de balanzas en la mano. Uno de los platillos
está lleno con el dinero de la misas; se le ve inclinado e inmediatamente,
unas almas rojas como camarones hervidos ¡saltan al otro platillo de
donde vuelan al cielo! (1967:261)

Sus palabras nos describen, con cierto sarcasmo, una iconografía de


larga tradición en el arte occidental: se trata de una variante de la Misa de
San Gregorio Magno. Escena en la cual el Santo Padre se representa
oficiando la liturgia, mientras un alma penitente es liberada del purgatorio
gracias a treinta misas efectuadas a beneficio de las ánimas. Pero hasta el
presente no hemos hallado alguna pieza en territorio venezolano con esta
temática en particular. Aunque sí podemos confirmar la presencia de
cuadros de ánimas en una parte considerable de las iglesias venezolanas,
como lo afirmaba nuestro viajero francés. Un simple escrutinio en los
inventarios elaborados por mandato del obispo Mariano Martí (act. 1770-
1792), durante su visita pastoral a la diócesis de Caracas entre 1771 y 1784,
nos revela la existencia de abundantes altares dedicados a las ánimas del
purgatorio. Según los documentos, los altares consistían en cuadros de
gran tamaño, entre 3 y 4 varas de alto como medida promedio, aunque
también hemos hallado la referencia documental de un enorme cuadro de
ánimas de 8 varas de largo, que se encontraba en 1772 en la iglesia de la
Divina Pastora en la ciudad de Caracas (Martí t.3, 1998:180). Al tratarse de

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EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

composiciones con cierta complejidad en función de la cantidad de


personajes representados, por regla general consistían en pinturas sobre
lienzo o tabla, salvo el caso de la iglesia parroquial de San Felipe, en donde
el altar estaba conformado por un “nicho grande cuadrado en que están
colocadas las benditas ánimas, obra de escultura y las imágenes del Padre,
Hijo y Espíritu Santo, y la del arcángel San Miguel, todas también en
escultura” (Martí t.3, 1998:317). Acaso uno de los pocos ejemplares
escultóricos de esta iconografía de los que tengamos noticias.
Un caso particular es el cuadro en relieve de la iglesia parroquial de
Nuestra Señora de Altagracia, 5 en la ciudad de Caracas [Fig. 2].
Lastimosamente la obra ha sufrido una cuestionable restauración,
perdiéndose con ello su apariencia original que imposibilita datarla
adecuadamente, aunque puede observarse la riqueza en los escorzos de las
ánimas y la liberación de un alma gracias a su devoción al escapulario carmelita.

Figura 2. Anónimo, La Virgen del Carmen auxiliando a las ánimas del Purgatorio, s.f.
Iglesia parroquial de Nuestra Señora de Altagracia, Caracas. Fotografía Verónica Leyba.

5
Agradezco a Verónica Leyba el compartir conmigo información y fotografía sobre esta imagen.

197
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

La mayoría de las piezas que hemos registrado hasta el presente siguen


de cerca la estructura compositiva que observamos en la primera imagen,
con un espacio dividido en dos niveles: el mundo celestial con la Santísima
Trinidad acompañada de otros personajes divinos en la parte superior, y el
purgatorio en la parte inferior, repleto de ánimas que resignadas se purifican
entre las llamas. Así se describe una pieza que se encontraba en un altar de
ánimas de la iglesia parroquial de Carora en 1776:
Un cuadro de tres varas y medio de alto y dos y media de ancho, y en lo
superior de él pintada una imagen pequeña de Jesucristo Señor Nuestro, y a
su derecha otra de María Santísima Señora Nuestra, y a su izquierda otra
imagen de San Juan Bautista con otras efigies de varios santos a ambos
lados, en la medianía del cuadro se halla pintada una imagen del arcángel
San Miguel que tendrá una vara poco más de alto, y a sus pies algunas
efigies en representación de las Benditas Ánimas (Martí t.4, 1998:215).

Pero revisemos la presencia de cada uno de estos personajes en las


piezas que hemos podido catalogar hasta el presente. Entre los diversos
personajes intercesores la Virgen María ocupa el papel principal,
representándose habitualmente bajo la advocación carmelita, como lo
testimonia la obra atribuida al pintor merideño José Lorenzo de Alvarado
(act. 1793-1816) en la Galería de Arte Nacional [Fig. 3]. En esta pieza la
Virgen del Carmen distribuye el escapulario carmelita que contaba con
importantes privilegios prometidos por la propia Madre de Dios en una
aparición a San Simón Stock (?-1265), durante la cual la Virgen prometía
liberar del purgatorio el sábado inmediato a su muerte a los carmelitas que
fallecieran portando el escapulario bendito. El papa Juan XXII (1316)
concedió a la orden carmelita las indulgencias de la Bula Sabatina y el papa
Benedicto XIII extendió este privilegio a toda la feligresía católica. Debido
a las controversias que suscitaba semejante privilegio entre las otras órdenes
religiosas, al no encontrarse el documento original en los archivos vaticanos,
se cuestionó la veracidad de la bula. De acuerdo a ello, el Tribunal de la
Inquisición de Cartagena de Indias en 1789 envió a Caracas un edicto
ordenando suprimir la “palabra sábado inmediato” en todos los libros de
devoción carmelita (Navarrete 1993:150) Pese a esto, la Virgen del Carmen
fue una de las advocaciones más populares de la Venezuela colonial y sus
escapularios se consideraban un importante salvoconducto para liberar a

198
EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

las ánimas o aliviar sus sufrimientos, como se observa en numerosas


imágenes, entre las que podemos citar un óleo de la iglesia de San Blas en
Valencia, Estado Carababo (Reproducido por Duarte 1996:242). No
obstante, para ganar esta bula los devotos no podían limitarse a llevar
vestido el escapulario, además debían ayunar los miércoles y sábados,
guardar castidad y rezar el oficio parvo de la Virgen (Navarrete 1993:172)
Por otro lado, la proliferación del culto a esta advocación en Venezuela no
es proporcional a la presencia de misiones carmelitas en el territorio. La
institución carmelita más importante fue el convento de monjas de Santa
Teresa de Jesús, fundado en Caracas en 1725, las cuales por su voto de
estricta clausura no desarrollaron una pública actividad pastoral. Sin
embargo, en su regla se hallaba la aplicación de disciplinas todos los viernes
por “el aumento de la fe, vida y estado del rey, por los bienhechores y por
las ánimas del purgatorio” (Morera 2001:145).

Figura 3. Atribuido a José Lorenzo de Alvarado, Nuestra Señora del Carmen intercediendo por las
ánimas del Purgatorio ante la Santísima Trinidad, s. XVIII. Galería de Arte Nacional.

199
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

Por lo demás en muy pocas piezas encontramos a la Virgen del Rosario


como intercesora, como es el caso de una pintura anónima fechada en
1784, en la iglesia parroquial de Santa Ana, isla de Margarita (Reproducido
en Duarte y Gasparini 1985:281). En esta pieza la Madre de Dios obsequia
un rosario y un escapulario a las ánimas, mientras los ángeles reparten los
mismos objetos. A su vez resulta peculiar la nutrida corte celestial de santos
y mártires, entre quienes pueden identificarse a san Juan Bautista, san Pedro
y san Pablo, los cuales actúan como intercesores.
Esta creencia en el auxilio otorgado por los santos, a través de su
intercesión o de su asistencia directa a las ánimas, se manifiesta en
numerosas imágenes. Los santos más frecuentes son Francisco de Asís y
Domingo de Guzmán, quienes se representan ofreciendo cordones y
rosarios a las ánimas respectivamente. Pero también hallamos santos menos
comunes como el profeta Elías (1 Re. 17,6), quien en un anónimo lienzo
conservado en la iglesia parroquial de Baruta [Fig. 4] intercede ante Nuestra
Señora del Carmen.6 En este cuadro se destaca también la presentación a
la Virgen de un alma redimida, la cual porta una túnica o mortaja blanca y
un largo escapulario castaño.

Figura 4. Anónimo, Nuestra Señora del Carmen auxiliando a las ánimas del Purgatorio, s. XVIII.
Iglesia parroquial de Baruta, Caracas. Fotografía María Angélica García.

6
Agradezco a María Angélica García la fotografía de esta pieza.

200
EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

Pero no son únicamente los santos representados en los cuadros


quienes median por las ánimas. No debemos olvidar que algunas de estas
pinturas formaban parte de retablos, o estaban rodeadas de nichos con
esculturas de santos que también se consideraban mediadores.
Precisamente, en los inventarios elaborados durante la visita pastoral del
obispo Martí, los altares de ánimas se describen por lo general compuestos
por un cuadro de ánimas en el nicho central del retablo, acompañado de
una escultura de bulto de un santo intercesor. Es común la referencia a
tallas de San José, quien concedía a sus devotos “una buena muerte y la
fortaleza para vencer en aquella última hora el poder de los demonios”
(Navarrete 1993:366). Otros santos relacionados con estos altares eran
Santa Bárbara (invocada contra la muerte súbita), San Judas Tadeo (abogado
de las causas desesperadas), San Felipe Neri y San Juan Nepomuceno (mártir
de la confesión).
Por su parte, las ánimas se representan desnudas, aunque honestamente
cubiertas por las llamas, con la mirada dirigida hacia el cielo en señal de
súplica, o con la mirada baja como indicio de arrepentimiento. Sus rostros
denotan el sufrimiento o la serenidad que otorga la esperanza de saberse
salvadas, mientras extienden sus brazos para recibir los auxilios en forma
de rosarios, escapularios y cordones franciscanos que los ángeles les
distribuyen, tal como lo representa el artista caraqueño Juan Pedro López
en un lienzo anterior a 1769, atribuido a su pincel, en la iglesia conventual
de San Francisco en Caracas (Reproducida en Duarte 1996:152). Algunos
ángeles brindan consuelo simplemente señalando a las almas penitentes la
gloria celestial que les aguarda. Las ánimas se representan de treinta y tres
años, la misma edad de Cristo al ser crucificado, en plenitud física y juventud,
pese al accidente que les ocasionó la muerte. En la parte baja del marco se
lee una inscripción en latín acompañada de una calavera con dos tibias,
que refuerza el mensaje de la imagen: “Santo y saludable es orar por los
difuntos para que se vean libres de sus pecados”, tomado del Segundo
Libro de los Macabeos (2 Mac. 12), texto bíblico en el cual se basa el
dogma de la existencia del purgatorio.
Hasta el presente son escasos los cuadros que representan sólo a las
ánimas en el fuego sin la presencia de otros personajes celestiales, ya que

201
J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

en la pintura venezolana se acostumbra a representar al menos un ángel


consolador, como es el caso de una pequeña tabla atribuida por Carlos
Duarte a Juan Pedro López en una colección privada (Reproducida en
Duarte, 1996:67).7 Otra excepción la encontramos en la iglesia del Dulce
Nombre de Jesús en Petare, en la cual se preservan dos altorrelieves
anónimos fechados a finales del siglo XVIII, en donde las ánimas se
encuentran sumidas entre las llamas sin ninguna otra alusión a entidades
celestiales (Reproducida en Duarte y Gasparini, 1974:150).
Sobre el purgatorio como espacio físico nuestros artistas optaron en
su mayoría por representar un espacio indeterminado, sin referencias
precisas a su ubicación. Así por lo general las ánimas afloran entre las
llamas con una fuente de luz frontal, mientras el resto del espacio está
sumido en la más completa oscuridad. En un solo caso, en el cuadro de la
iglesia parroquial de Baruta, encontramos un purgatorio subterráneo con
ánimas hundidas en una especie de foso abierto en medio de un paisaje.
Mientras en la pieza atribuida a Juan Pedro López de la iglesia de Pampatar,
se observa una difuminada arcada a modo de puerta a través de la cual
ingresan al cielo las ánimas liberadas.
Según la doctrina católica en el purgatorio se encuentran las ánimas
que necesitan purificarse de sus pecados veniales para ascender al paraíso,
por lo que ya su salvación es segura. Al respecto en La Leyenda Dorada se
explicaba que “en las penalidades purificatorias que tales almas padecen
no intervienen para nada los espíritus malos, sino los castigos que sufren
han sido dispuestos por la divina justicia y proceden de una determinación
equitativa de Dios” (Vorágine 1989:707). Otro tanto afirmaba el fraile
mercedario Juan Interián de Ayala en su tratado El pintor christiano y erudito,
quien pese a reconocer la diversidad de opiniones sobre la naturaleza de
los tormentos padecidos en el purgatorio, recomendaba no pintar a las
ánimas atormentadas por espíritus malignos, porque “se confundirían las
llamas del purgatorio con las de los réprobos y condenados” (Citado por
Morera, 2001:115). Sin embargo, en dos obras atribuidas al Pintor del Tocuyo

7
Duarte la titula equivocadamente: Un arcángel y el purgatorio con un Santo mercedario. Pero los santos
no se representan sumidos en las llamas del purgatorio, ya que carecen de pecados a purificar. Por lo
que la figura que porta un escapulario ¿mercedario? no es un santo sino un ánima devota.

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EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

[Fig. 5] de principios del siglo XVIII (conservadas en el Museo Lisandro


Alvarado, Estado Lara, y en la colección Samorán Curiel en Caracas, esta última
reproducida en Boulton 1975:93), el fuego purificador es compartido por almas
condenadas, que son arrastradas hacia el infierno por demonios mediante unas
tenazas. Mientras ubicado a la esquina inferior, un Leviatán con sus fauces
abiertas se está tragando a los condenados. Desde el siglo XII la figura del
bíblico Leviatán (Job, 41) es símbolo de la puerta del infierno y por ello se
acostumbraba representarlo en las escenas del Juicio final a la izquierda de
Cristo. Creemos que en estos cuadros del Pintor del Tocuyo se representa el
destino del cristiano común al morir: su juicio en la balanza de San Miguel y su
correspondiente sentencia, purgatorio o infierno. Lugar en el cual sólo podría
disfrutar de un día de alivio en sus tormentos, cada 15 de agosto, en la
conmemoración de la Asunción de la Virgen María. Según Santa Brígida, ese
día los demonios no atormentan a las almas condenadas, creencia que en Caracas
divulgaba el franciscano Juan Antonio Navarrete (1993:194), quien pese a no
admitir del todo la presencia de demonios atormentadores en el purgatorio,
sí extendía tal refrigerio de los condenados a las ánimas purgantes.

Figura 5. El Pintor del Tocuyo, Las Benditas ánimas del Purgatorio, s. XVIII.
Museo Lisandro Alvarado.

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J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

A su vez resulta interesante referir que a diferencia de la pintura


altoperuana o de la novohispana, en el arte venezolano no hay vestigios
documentales de la existencia de series sobre las postrimerías, conformadas
por cuadros de la Muerte, Infierno, Gloria y Juicio Final. Podríamos
especular que la complejidad de tales escenas limitó su representación.
A las grandes imágenes procedentes de los altares y destinadas al culto
público, debemos agregar las piezas domésticas, pequeñas tablas, cobres o
lienzos, que abundan como prueba de la devoción. En estas obras la
intención particular del devoto es la que marca la presencia de algún santo
intercesor o una advocación mariana en particular, por lo general una Virgen
del Carmen o una Virgen del Rosario, como puede apreciarse en las
imágenes de colecciones privadas reproducidas por Carlos Duarte en Pintura
e iconografía popular en Venezuela (1978:45 y 50).
Algunas de estas piezas poseían el privilegio de otorgar indulgencias a
los devotos que ante ellas invocaran determinadas plegarias. Así el obispo
Mariano Martí concedió el 2 de abril de 1772, cuarenta días de indulgencias
a quien rezase un Padre Nuestro frente a un cuadro de ánimas que se
exhibía en la hoy destruida iglesia del Hospital de san Lázaro (Martí t.3,
1998:147). Otro tanto concedió ese mismo año, por un Credo dedicado a
las imágenes de Santa Bárbara y a las ánimas en la iglesia de Santa Rosalía
en Caracas (Ibidem t.3, 1998:139). Por lo que la imagen también se convertía
en un vehículo dispensador de la gracia necesaria para alcanzar la pronta
liberación, aunque el medio estimado como más eficaz era la compra de
bulas de difuntos. Éstas eran descritas por el viajero francés Dauxion
Lavaysse, como un
verdadero pasaporte, por virtud del cual se va derecho al cielo, sin
haber sido purificado por el fuego y los otros tormentos del purgatorio.
En cuanto muere un hombre, un pariente o un amigo va a casa del
sacerdote y compra una bula, en la que se escribe el nombre del difunto,
y al instante, su alma vuela pura como un ángel hacia la morada de los
bienaventurados (1967:260).

Tal documento, era expedido en el territorio hispanoamericano gracias


a la concesión del papa Sixto V en 1592. Clemente VII prorrogó tal

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VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

concesión en 1605. La bula de muertos se expendía a distintos precios en


función del poder adquisitivo del comprador, por lo que variaban entre 6
reales y dos y medio. Esto aseguraba la posibilidad de ofrecer una reducida
estancia en el purgatorio a todos los estratos sociales. Una vez comprada
la bula se inscribía el nombre del difunto por quien se aplica, por lo cual su
efecto era personal e intransferible. Tal cualidad hacía de este documento
un ambicionado salvoconducto, por el cual Dauxion Lavaysse aseguraba que:
Más de una vez oí a pobres gentes de este país lamentarse, dar gritos
espantosos a la muerte de sus parientes: el dolor de esta pérdida era
poca cosa comparada con la de saberlos en el purgatorio, por faltarle
esta módica suma para librarlos. Corren por todos lados y piden limosna
llorando para procurarse el dinero, a fin de comprar las bulas que librarán
las almas de sus parientes. He tenido, en más de una ocasión, la suerte
de calmar su aflicción, de hacer salir un alma del purgatorio; de contribuir
al bienestar de un sacerdote español y hacerme colmar de bendiciones
por un cuarto de piastra (1967:260).

A diferencia de lo que ocurre en la pintura novohispana8 no hemos


hallado en Venezuela cuadros de ánimas en donde se represente a los
santos distribuyendo bulas de muertos, pese a la importancia que tales
bulas poseían en nuestra sociedad colonial. Pero no sólo la bula de muertos
aseguraba una corta estadía en el purgatorio. A las bulas se sumaban otros
medios de alivio como el sacrificio de la Misa, las oraciones y méritos de
los santos, las limosnas y los ayunos. Como bien advertía Dauxion,
No se crea que estas bulas e indulgencias dispensan el tener que
mandar a decir misas para los muertos. ¡Hay grandes pecados veniales
que se parecen mucho a los mortales! Solamente misas y por centenares,
pueden, en ese caso, ablandar la cólera del Gran Juez quien, enternecido
por esos numerosos sacrificios, consiente en tratar un pecado equívoco
como un pecado venial (1967:260).

Efectivamente, la elite venezolana acostumbraba a fundar capellanías,


o legar cuantiosas sumas de dinero o bienes muebles a obras pías y cofradías
8
En la Catedral metropolitana de México se exhibe un cuadro de ánimas atribuido a Juan Correa
(fechado en 1704), en el cual San Pedro, en todo el centro de la composición, muestra una bula de
difuntos.

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para asegurar la realización de ilimitadas misas de difuntos. Entre las


numerosas obras pías de ánimas del purgatorio, podemos citar la creada en
la villa de San Juan Bautista del Pao, que contaba con licencia del obispo Juan
José Escalona y Calatayud desde 1731. Ésta tenía como obligación “una misa
rezada con procesión cantada todos los lunes, un aniversario en el mes de
noviembre de cada año y una misa cantada cuando muere algún hermano, los
cuales dan por su asiento 6 pesos y los cofrades 4 reales” (Martí, t.7, 1998:135).
Por su parte, las cofradías se sustentaban en la limosna pública, en el
aporte de sus propios cofrades y en los legados testamentarios. Así la
cofradía de ánimas radicada en la Catedral de Caracas ostentaba hacia 1772
un capital de 12.730 pesos, constituyéndose en una de las más ricas de la
diócesis de Caracas (Martí, t.7, 1998:12).9 Otras cofradías en Coro, Guanare,
Araure, Mérida, La Grita y San Carlos eran destinatarias de importantes
sumas de dinero o de un número determinado de reses, para costear las
misas de difuntos. (Rodríguez Nóbrega 1993:176) Tales medios constituyen
a su vez un poderoso motor de la economía colonial, y por ello no es de
extrañar que para 1784 en la diócesis de Caracas existieran 188 cofradías y
obras pías, entre las cuales abundaban las de ánimas. A su vez, las cofradías
establecían un fuerte lazo de solidaridad entre vivos y muertos, al
comprometer a los cofrades en la salvación eterna de los miembros difuntos.
Las cofradías se hacían cargo de la organización de las misas, novenarios,
entierros y velaciones; al tiempo que participaban en procesiones y
festividades que prometían abundantes indulgencias. Poseían además la
logística necesaria para brindar los adecuados cuidados del alma y del
cuerpo, al poseer entre sus bienes: andas de difuntos, ataúdes, frontales
negros, mesas para armar el féretro, pisones, palas, etc. que a veces
arrendaban a personas ajenas a la hermandad. Así la cofradía de ánimas en
la iglesia parroquial de Coro contaba con una “tumba cubierta de madera
con representación del purgatorio en fondo negro” (Martí, t.3, 1998:328)
para el uso de todos los cofrades y benefactores. Una buena parte de las
cofradías de ánimas sobrevivieron las luchas de independencia y
continuaron su labor hasta bien avanzado el período republicano.

9
La cofradía de ánimas en la Catedral estaba conformada por «principales», es decir, por blancos de la
elite. En bienes sólo era superada por la de San Pedro con un capital de 15.486 pesos para 1772.

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EL PURGATORIO EN LA PINTURA BARROCA
VENEZOLANA : ICONOGRAFÍA Y DISCURSO

Esta activa participación en los rituales, cofradías y creencias no


implicaba necesariamente una profunda fe entre los devotos venezolanos.
Como apunta Dauxion Lavaysse, “todas estas gentes creen firmemente
que su devoción por la Virgen María y la absolución del cura les redime de
sus pecados; hasta del robo y del asesinato” (1967:255). Tal actitud, no
parece ser producto de una crítica mordaz del viajero francés, otro tanto
advertía el franciscano venezolano Juan Antonio Navarrete cuando
reprochaba el interés desmedido de los devotos por adquirir alguna
indulgencia plenaria, bajo la convicción de que una sola de estas indulgencias
ya implicaba el perdón absoluto de todos los pecados y por ello descuidaban
el ganar otros frutos: “Lo cierto es que es temeridad querer que la pena
debida a innumerables y gravísimos pecados los perdone la llave de la
Iglesia, por sola una corta diligencia, tal vez de una fácil visita de Iglesia”
(1993:364). La cultura del disimulo, del “se acata pero no se cumple”
favorecía esa tibia fe, que sólo se incrementaba con desesperación al
momento de la muerte o cuando alguna aterradora visión sacudía las
conciencias. No en balde, en la ciudad de Caracas durante el período colonial
se relataba la aparición fantasmal de una legión de ánimas penitentes vestidas
de túnicas blancas (muy semejantes a nuestras imágenes), que en procesión
por las calles de la ciudad rezaban el rosario en las altas horas de la noche.
En memoria de aquella espectral visión aún se conserva el nombre de
Esquina de las ánimas, para designar el lugar en el cual las almas salían a
hacer su pública penitencia para escarmiento de los pecadores (Clemente
Travieso 2002:176).

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J ANETH RODRÍGUEZ NÓBREGA

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