PAUTA DE MANEJO PARA PACIENTES TEA
El trastorno del espectro autista (TEA) se define como una condición, en la que los
niños tiene dificultades para interactuar socialmente y presentan intereses
restringidos.
Esto se manifiesta de distintas maneras a distintas edades. En la edad escolar suelen:
– Entender las instrucciones o bromas literalmente.
– Tener dificultad para entender e interpretar los gestos de los demás.
– Interesarse mucho en un determinado tema, sin percatarse que, a veces, puede
ser inadecuado hablar sobre él.
– Tener una entonación particular al hablar.
– Tener dificultad para mirar a los ojos, guardar una adecuada distancia o
respetar turnos, al interactuar.
– Tender a ser excesivamente estructurado, rutinario; reaccionando con
emociones negativas frente a los cambios.
– Molestarse frente a estímulos que para el común de las personas no son
desagradables como: ciertos sonidos de baja a moderada intensidad, contacto
con ciertas texturas, olores, entre otros (llamadas dificultades de
procesamiento sensorial).
– Estar disgustados en actividades como la semana de aniversario del colegio, por
ser un período de menos estructura y de mayor exigencia desde el punto de
vista social, además de encontrarse expuestos a estímulos que para ellos
pueden ser desagradables, como música a más alto volumen.
¿Qué podemos hacer para ayudarlos?:
– Tengamos en cuenta que es más fácil responder en un ambiente de clase que
está ordenada y tranquila, con una atmósfera que es alentadora y no crítica.
– Es importante que el maestro tenga un enfoque positivo y de apoyo hacia el niño
con autismo, los otros niños se darán cuenta de esto y también podrán adoptar
una actitud de bienvenida.
– Comprender el problema: estas no son conductas voluntarias del niño.
– Podemos usar una combinación de texto e imágenes para apoyar a las
instrucciones verbales.
– Es importante ser explícito al dar instrucciones verbales: no asumir que el
contexto será entendido, evitar ironías y refranes; siendo exacto y evitando
aproximaciones.
– Podemos hacer un calendario escrito, reforzado con imágenes, para explicarle
la rutina diaria.
– Utilizar rutinas para que avance, incorporando tareas que le cuesta realizar en
un horario determinado y mantenido.
– Avisarle con anticipación y de manera repetida, cuando existirá un cambio en la
rutina del niño o habrá una actividad distinta a la habitual, sobre todo cuando
involucre cosas que son desagradables para el niño, como durante la semana de
aniversario del colegio.
– Tengamos cuidado con los compañeros que puedan molestar al niño, preferir
ubicarlo cerca de compañeros que puedan ser más comprensivos.
– Evitemos hacer cosas por él/ella, que en realidad pueden hacer solos o pueden
fácilmente aprender a hacer. Recordemos que un objetivo es desarrollar la
independencia.
– Aprovechemos los programas informáticos educativos disponibles. Los
programas computacionales presentan información en un formato previsible,
lógico y secuencial, perfectamente adaptado al estilo de aprendizaje del niño
con autismo. Por ejemplo, un niño con dificultad para escribir, puede usar un
dispositivo tecnológico (ejemplo ipad, notebook) para tomar apuntes y luego
imprimirlos.
– Mencionar su nombre antes de dar una instrucción.
– No asumir que puede leer nuestras intenciones a partir de nuestro
comportamiento o gestos.
– Explicar con claridad los gestos de sus compañeros que para ellos sean difíciles
de entender.
– Si el niño está teniendo dificultades de procesamiento sensorial, puede ser
necesario realizar alguna adaptación para que siga concentrado en las
actividades sin molestias.
– Permitamos que tenga períodos de soledad. Las demandas sociales de la clase
pueden ser muy exigentes y frustrantes para un niño con TEA.
– Si el niño se resiste a trabajar en grupos, puede ser inicialmente apoyado por la
maestra y empezar a trabajar de a pares, antes de conformar un grupo.
– Intentar motivarlos a través de sus intereses restringidos (ejemplo:
enseñarles a sumar usando figuras de dinosaurios, si éstos son de su interés).
– Ponerse en los zapatos de estos niños, entendiendo que no es fácil
desenvolverse en un mundo sin comprender el lenguaje no verbal y rodeado de
estímulos molestos.
– Informar sobre estas dificultades al resto de los apoderados del curso y de los
compañeros de clase, de esta forma muchos podrán comprender estas
diferencias y ayudar en vez de extrañarse y molestar.
– Las personas con TEA pueden aprender a decifrar el lenguaje no verbal,
si se les enseña explícitamente.
Las personas estructuradas y que persisten en un área de su interés
pueden ser muy hábiles en lo que hacen, por esto si se redireccionan las conductas
propias de los pacientes con TEA, los podremos ayudar a alcanzar sus objetivos,
siempre tomando en cuenta su forma de ser.
Los pacientes con TEA no sólo tienen dificultades, si no que también suelen tener
habilidades distintas como muy buena memoria, saber mucho sobre algunos temas, de
manera que también podemos aprender cosas interesantes gracias a ellos
Dra. Carolina Yáñez
Neuropediatra