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Cesacion de Pagos

Este documento define el concepto económico-jurídico de cesación de pagos. Explica que la cesación de pagos es un estado patrimonial, no un hecho aislado, y que se revela a través de varios hechos externos que demuestran la imposibilidad de un deudor de cumplir con sus obligaciones de manera normal. También analiza el proceso real que lleva a una situación de quiebra y por qué identificar la cesación de pagos solo con el incumplimiento de un pago en particular es insuficiente.
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Cesacion de Pagos

Este documento define el concepto económico-jurídico de cesación de pagos. Explica que la cesación de pagos es un estado patrimonial, no un hecho aislado, y que se revela a través de varios hechos externos que demuestran la imposibilidad de un deudor de cumplir con sus obligaciones de manera normal. También analiza el proceso real que lleva a una situación de quiebra y por qué identificar la cesación de pagos solo con el incumplimiento de un pago en particular es insuficiente.
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El verdadero concepto económico-

jurídico de la cesación de pagos (**)


Raymundo L. Fernández (*)
(De la Facultad de Derecho de Buenos Aires)

Es un estado patrimonial y no un hecho


o un conjunto de hechos

1. — LA CESACIÓN DE PAGOS EN LA VIDA REAL


Siendo el derecho, ciencia social, el reflejo de la vida,
antes de entrar a exponer nuestro concepto de la cesación de
pagos, analicemos el cuadro real y verdadero que presenta la
situación de un deudor, cuyas finanzas comienzan a resen-
tirse y terminan en la quiebra.
Mientras el giro de los negocios se desarrolla normal-
mente, vende bienes en cantidad suficiente para disponer,
en la fecha de los vencimientos, del dinero necesario para
los pagos, aparte de quedarle una ganancia equitativa; la

(*) Del libro, en prensa, Tratado teórico-práctico de la quiebra.


FUNDAMENTOS DE LA QUIEBRA.
(**) En un capítulo anterior, el autor estudia las distintas
teorías sobre el alcance de la fórmula legal cesación de pagos, clasi-
ficándolas en la siguinte forma:
a) teoría materialista: cesación de pagos como sinónimo de
incumplimiento;
b) teoría intermedia: cessación de pagos como estado patri-
monial, pero que sólo puede exteriorizarse por incumplimientos
efectivos;
— 174 —

declinación se insinúa con la desaparición de las ga-


nancias, pero aún las obligaciones se atienden con los recur-
sos normales; luego, disminuyendo éstos es necesario echar
m a n o de las reservas y más adelante conseguir dinero re-
curriendo al crédito, generalmente bancario, o vendiendo y
gravando inmuebles, etc., operaciones que no puenden con-
siderarse todavía ruinosas y menos fraudulentas; vendiendo
a precio menor que el corriente en plaza, para aumentar el
volumen de las transacciones; acentuándose el malestar, el
deudor debe recurrir a expedientes más heroicos, como por
ejemplo, vender a menos del costo, conseguir dinero en con-
diciones onerosas y hasta usurarias, y cuando, no obstante
ello, el dinero falta, obtener renovaciones de los documentos;
a fin de conseguir esperas debe otorgar garantías personales
o reales a los acreedores más exigentes, operaciones ruinosas
o fraudulentas que evidencian, sin lugar a duda, un estado
de insolvencia o imposibilidad de pagar con los recursos nor-
males; por último, ante la gravedad de la situación, el deudor
confiesa su impotencia económica, solicitando judicial o pri-
vadamente un concordato, que le permita desenvolverse, y
si no cree posible la reacción, preséntase en quiebra, cuan-
do no se fuga por considerar que ha incurrido en responsa-
bilidades criminales, en razón de haber esperado demasiado
o haber realizado ciertos hechos culpables o fraudulentos; o
busca la liberación en el suicidio. Aunque hasta ese mo-
mento no haya dejado de pagar sus deudas, el estado de
cesación de pagos es evidente.

c) teoría amplia: cesación de pagos como estado patrimonial


que puede revelarse por numerosos hechos no enumerables taxati-
vamente.
E n esta última, por la cual se decide, comprende a la conocida
en Italia con el nombre de teoría de los equivalentes.
A nuestros autores SA V I A N N A y C A R V A L H O D E M E N D O N -
CA, los incluye entre los partidarios de la teoría materialista, sos-
teniendo que nuestra ley de quiebras la sigue en su art. l.o al con-
siderar fallido al "commerciante que, sem relevante razáo de di-
reito, nao paga no vencimento obrigacáo mercantil liquida e certa".
— 175 —

C o m o vemos, el proceso del malestar económico que ter-


mina con la quiebra, es prolongado y complejo. Si se enten-
diera que mientras no deje de pagar una obligación no puede
haber quiebra, resultaría que no obstante todos los hechos
expuestos, la falencia no sería posible en tiempo oportuno,
con lo cual el instituto perdería su carácter preventivo, y lue-
go, declarada, la cesación de pagos no podría fijarse en una
fecha lo suficientemente anterior, como para permitir la nu-
lidad (Je los actos realizados por el deudor en perjuicio de
sus acreedores; el período de sospecha sería siempre redu-
cidísimo y sin utilidad práctica, perdiendo así el instituto
su carácter reparativo.
Analizando esa situación, surge sin esfuerzo, en forma
clara y lógica, que si la quiebra tiene por objeto liquidar un
patrimonio impotente para el cumplimiento de las obliga-
ciones que sobre él gravitan, y en la época oportuna para
que los acreedores no sufran una pérdida considerable, debe
poder ella declararse cuando, sin necesidad de que existan
obligaciones vencidas impagas, se revelan hechos demostra-
tivos <Je que el deudor se halla en estado de cesación de pagos,
como por ejemplo, cuando se presenta solicitando concorda-
to, confiesa en circulares a sus acreedores su imposibilidad
de cumplir, cierra sus almacenes, se fuga o se suicida.
E n cambio, observemos la situación inversa, del deudor
que no puede momentáneamente cumplir, por razones im-
previstas, como la quiebra del banco en que tiene depositado
su dinero o del deudor con cuyo pago contaba para, a su vez,
afrontar sus compromisos; o la, m u y corriente por cierto, del
comerciante que se ve privado en forma transitoria del cré-
dito bancario, por circunstancias que no le son imputables
(resoluciones de carácter general del banco en que opera)
o por una situación especial cualquiera (por ejemplo, el con-
trato social venció en esos días y no ha podido ser renovado
por ausencia de uno de los socios) (1).

(1) E n un caso así nos correspondió intervenir profesional-


mente. Para evitar la quiebra, los deudores, comerciantes matricu-
— 176 —

Aún cuando alguna obligación quede impaga, es indu-


dable que, subsanados los inconvenientes, en pocos días, el
deudor, cuyo giro es perfectamente normal y equilibrado,
continuará haciendo honor a su firma.
En tales condiciones, no es posible sostener que ese deu-
dor se encuentra en cesación de pagos. Declararlo en quiebra
importaría, del punto de vista humano y jurídico, una evi-
dente injusticia, y del punto de vista económico, un grave
error.
D e los ejemplos expuestos, fluye el repudio de la teoría
que identifica a la cesación de pagos con el simple incumpli-
miento de una obligación.
Lo mismo cabe decir si la falta de pago obedece a un
olvido, siempre posible, al cual, aunque criticable no puede
aplicarse como sanción una declaratoria de quiebra; y aún
cuando media u m capricho del deudor, porque la quiebra
no es un castigo como se consideraba antiguamente sino un
fenómeno económico, generalmente casual, y una institución
jurídica cuya finalidad no es otra que atenuar en lo posible
los efectos de la insolvencia.
En la primera parte de este trabajo hemos estudiado lo
concerniente a la quiebra del punto de vista económico y
jurídico, antecedentes históricos, derecho comparado, presu-
puestos, etc.; a cuyo estudio nos remitimos para no repe-
tirnos.
2. — L A CESACIÓN D E P A G O S C O M O
ESTADO PATRIMONIAL
Desarrollaremos ahora nuestro concepto sobre la cesa-
ción de pagos, en forma doctrinaria general; más adelante
nos ocuparemos de ella dentro del derecho argentino y de la
economía de nuestra ley de quiebras, n.° 11.719.

lados, tuvieron que presentarse en convocatoria, en la que, por for-


tuna, obtuvieron un concordato. La convocatoria (que también
importa grave desconcepto y cierra al comerciante el crédito, espe-
cialmente el bancario), no habría sido necesaria si nuestros magis-
trados profesaran un concepto amplio de la cesación de pagos.
— 177 —

Ya hemos dicho que adherimos a la teoría amplia, ex-


puesta en el n.° 139.
Para nosotros, pues, económica y jurídicamente, la ce-
sación de pagos es el estado de un patrimonio que se revela
impotente para hacer frente a los compromisos que sobre él
gravitan.
No es un hecho, sino un estado de hecho (2), que por
ser tal abarca un período de tiempo más o menos largo;
comienza generalmente con ciertos actos de significado am-
biguo, cuya realización no permite por lo común afirmar,
en ese momento, que realmente el deudor haya caído en
insolvencia, para luego irse acentuando hasta que se revela
por hechos cuya interpretación no deja ya lugar a dudas.
La cesación de pagos no es otra cosa que el estado eco-
nómico de insolvencia o de quiebra, que torna indispensable
el procedimiento colectivo de liquidación, en beneficio de
los acreedores, de la economía general y del deudor mismo.
Este estado económico complejo, para que pueda dar
lugar a una declaratoria judicial de quiebra, debe revelarse
por hechos exteriores, de relativamente fácil constatación,
como por ejemplo, el incumplimiento de las obligaciones (el
más frecuente de todos), la confesión expresa del deudor o
su confesión tácita, como la fuga, el cierre de sus oficinas
o almacenes, etc. Existen otros hechos de significado menos
preciso, que no podrían originar de inmediato una declara-
ción de quiebra y que tampoco podrían servir por sí solos
para fundarla más adelante, pero que una vez declarada la
falencia y constatados acontecimientos posteriores, pueden
revelarse como los primeros síntomas del malestar económi-
co general y permanente del deudor y servir de base para

(2) Siendo la cesación de pagos un estado de mayor o menor


duración en el tiempo, debe hablarse de la fecha en que comienza
y no de la fecha de la cesación de pagos, que al presentar a ésta
como un hecho ocurrido en determinada fecha, induce en error,
haciéndola confundir con los incumplimientos (Conf.: RAMELLA,
I, n.° 139, p. 237; BRAVARD-VEYRIÉRES, V, 195; W A H L , n.° 2203).

12 — R. F. DIREITO
— 178 —

determinar la fecha inicial del estado de cesación o lo que


es igual, del período de sospecha: pedidos de espera, reno-
vación de documentos, otorgamiento de garantías a ciertos
acreedores exigentes, contratación de empréstitos a interés
elevado, enajenación de inmuebles, venta de mercaderías a
precio menor del costo, devolución de las mismas al vende-
dor impago, pago de deudas en otra forma que en dinero,
etc. (3).

3. — UNIDAD DEL ESTADO DE CESACIÓN DE PAGOS


Lo que decimos en el número anterior no significa que
el estado de cesación de pagos que debe tenerse en cuenta
para la declaración de la quiebra sea distinto al que puede
servir para fijar la fecha de su comienzo. Teórica y doctri-
nariamente su naturaleza es la misma; no hay más que un
estado de cesación de pagos, único; varían sólo en el hecho
el valor de los actos del deudor como demostrativos de su
insolvencia, la que puede no exteriorizarse en el momento de
la realización de aquellos, sino después, comparándolos y
complementándolos con los hechos posteriores, cada vez más
concretos y categóricos y que terminan con el incumplimien-
to de las obligaciones, o la presentación en quiebra o pidien-
do concordato, la fuga, etc.
N o pueden ser distintos los hechos reveladores, ni el cri-
terio judicial para apreciarlos, en uno y otro caso, pues el
estado de cesación de pagos es único y general, existe o no
existe respecto de todos y contra todos: erga omnes; por con-
siguiente, no se concibe que pueda existir para fijar la fecha
inicial del estado de quiebra del deudor y no para declarar
la falencia. Jurídica y lógicamente no puede sostenerse tal
cosa.

(3) Conforme con el concepto de la cesación de pagos como


estado patrimonial, que puede revelarse por infinitos hechos, cuyo
alcance queda librado a la apreciación judicial, véase todos los auto-
res partidarios de la teoría amplia.
— 179 —

Este es el criterio seguido por la mayor parte de la doctri-


na y la jurisprudencia modernas (4).
La diferencia es sólo de hecho; de orden práctico. Si el
deudor pide una renovación u otorga una hipoteca a deter-
minado acreedor o rescinde un contrato de compraventa de-

(4) Francia: AIAUZET, VII, n.° 2407: Para este autor en


ambos casos deben mediar incumplimientos efectivos; no acepta
que se tome en cuenta los expedientes ficticios, ruinosos o fraudu-
lentos, con que el deudor ha conseguido recursos para continuar
en forma material los pagos, aparentando una solvencia que en rea-
lidad no existe; BRAVARn-VEYRiÉREs, I, 22 y ss.; L Y O N - C A E N y R E -
N A U L T , VII, n.° 54; id., n.° 118: "Del punto de vista de la fijación
de la fecha de la cesación de pagos, ésta no debe, según nosotros,
ser apreciada distintamente que cuando se trata de saber si hay
lugar a la declaración de quiebra. El tribunal no podría, pues, re-
montar la cesación de pagos a una época en que la situación del
deudor no fuera tal que su quiebra hubiera podido ser declarada
si ella se hubiera pedido. La misma expresión (cesación de pagos)
empleada por el art. 437 relativa a la declaración de quiebra y por
el art. 441, cód. de comercio, concerniente a la fijación de la fecha
de la cesación de pagos no puede tener dos sentidos diferentes en
las dos disposiciones. Si fuera en otra forma, el legislador habría
expresado bien mal su pensamiento"; P E R C E R O U , I, ns. 183 y ss., y
361 a 363, y en Ann. de dr. comm., 1900, 322; W A H L , n.° 2203;
LACOUR, Y BOUTEON, II, ns. 1670 y 1698. THALLER, Traite, ns.
1731 y 1752, se limita a exponer las dos teorías con su respectivos
fundamentos, sin abrir opinión al respecto.
Italia: B O N E L L I , I, n.° 38: "La cesación de pagos es la impo-
tencia para pagar manifestada por el comerciante con hechos o
actos idóneos para generar esta convicción cuando son conocidos.
A falta de hechos de esta naturaleza no hay cesación de pagos para
ningún efecto y frente a ninguno. Y reciprocamente, en presencia
de tales hechos hay cesación de pagos para todos los efetos y frente
a todos. E n suma, hay un solo estado de cesación, el cual o existe
y es motivo legal (hecho generador) de quiebra, o no existe, y no
puede ni siquiera calificarse retroactivamente como período de sos-
pecha. El estado de cesación es el estado de hecho de la quiebra"
Agrega que durante la vigencia del cód. de com. de 1865 no existia
controversia al respecto, la que nació con la sanción del cód. de
1883, en razón de que en éste se agregó el art. 705, cuya colocación
alejada del 683, hace crer a algunos autores y magistrados que se
— 180 —

volviendo al vendedor sus mercaderías, tales hechos no po-


drán por sí solos fundar un pedido de quiebra; si así fuera el
ejercicio del comercio sería imposible; esos hechos pueden
constituir operaciones normales y obedecer a cualquier es-
casez momentánea de fondos o a un mejor ajuste de los ne-

refiere sólo al caso de fijación de la fecha inicial de la cesación de


pagos, una vez declarada la quiebra y no es aplicable cuando se
trata de declarar la falencia, id., n.° 354: "En la jurisprudencia
no es fácil encontrar ejemplos de quiebras declaradas en base a
hechos de esta categoría (expedientes ruinosos o fraudulentos) y se
comprende: los expedientes tiene su razón de ser precisamente en
la mira de ocultar el estado de cesación y ordinariamente por algún
tiempo este fin se consigue; los acreedores, o no saben o no tienen
medios de probarlo. Esto reduce a términos mínimos el interés
práctico de la cuestión"; id., en Foro it., 1898.1.731; VITA-LEVI, en
Rass. di dir. comm., 1883.182; CUZZERI, n.° 14; S C A L A M A N D R É , IV, n.°
8; VIDARI, VIII, ns. 7405 y 7472;ERRERA., en Temí ven., 1894.600 y
en Dir. comm., 1898.725; B E N S A , en Dir. comm., 1885.65; R A M E L L A ,
I, n." 91; id., n.° 139: "Surge de lo expuesto que los criterios di-
rectivos de la declaración de quiebra y de la determinación de la
fecha de cesación de pagos, no son diversos, en el sentido de que el
hecho de la cesación de pagos cambie de naturaleza o asuma cara-
cteres distintos en uno y otro caso; por el contrario, mantiene inal-
terada su índole constitutiva y quedan idénticas en ambos casos las
hipótesis, y por consiguiente no puede decirse que la cesación de
pagos se entienda en m o d o inverso según que se aprecie a los
efectos de la declaración de quiebra o para establecer la existencia
del período de sospecha. La diferencia es, en cambió, totalmente
subjetiva refiriéndose al momento probatorio de la cesación de
pagos, la cual, existiendo jurídicamente y revelándose con poste-
rioridad, aunque no denunciada por el deudor, da origen al periodo
de sospecha, productor de ciertos efectos legales respecto de sus
actos en fraude a la ley y contra la masa de acreedores"; SACERDO-
TI, en Encicl. giur., v.° Fállimento, 117 y 133; LUCIANI, n.° 138;
Rocco, 13; B E N S A , en Dir. comm., 1885.65; C A N D Í A N , en Riv. di dir.
comm., 1919.1.45; PIPÍA, n.° 62: "Es evidente lo absurdo e ilógico
de dos nociones e interpretaciones diversas de un hecho único. Por
otra parte la determinación de la fecha de la cesación de pagos se
hace, aunque en m o d o provisorio, con la misma sentencia de declara-
ción de quiebra: de ahí la consecuencia racional de que el concepto
y la extensión de la cessación de pagos sólo pueden ser únicos para
— 181 —

gocios; si con posterioridad el giro del deudor continúa en


forma normal, afrontando sus compromisos, no podría con-
siderárselos como hechos reveladores de un estado de cesa-
ción de pagos que en realidad no existiría. Práticamente los
acreedores no pueden conocer los antecedentes de tales
actos, y aún conociéndolos, no son ellos precisamente
los que determinarán su significado, sino los que oc-
curran con posterioridad, al ir acentuando el malestar
económico del deudor y transformando las dificultades
del momento en un desequilibrio económico de cará-
cter general y permanente. Mientras no se produzca un hecho
de significación precisa, de gravedad tal como para producir
la convicción de que el estado de cesación de pagos existe,
la quiebra no podría ser declarada, ya que toda investiga-
ción en los negocios, libros y papeles del comerciante no es
posible mientras aquélla no se decrete. Todo es también
aquí cuestión de circunstancias y de apreciación judicial;

ambos efectos, el de la cesación de pagos y el de la determinación


de su fecha" E n nota, agrega: "Adhiriendo a tales conceptos
el proyecto de nuevo código suprime el actual art. 705. considerán-
dolo supérfluo, frente al párrafo del art. 695, según el cual: el esta-
do de insolvencia resulta del incumplimiento o de otros hechos
exteriores que prueben que el comerciante no se encuentra en grado
de satisfacer sus obligaciones"; NAVARRINI, Tratt., I, n.° 241. —
Lucca, 19 mayo 1862, Giur. comm., 1862.2.166. — Cas. R o m a , 14
set. 1877, Ann. della giur. it., 1877.461. — Cas. Turín, 3 feb. 1885,
La giurisp., 1885.138. — id., 12 m a y o 1898, Foro it, 1898.568. —
id., 7 set. 1899, La giurisp., 1899.1409. — Brescía, 16 jun. 1897,
Monit. trib., 1897.750. — Milán, 6 jun. 1899, Monit, trib. 1900.513.
— Genova, 21 jun. 1897, Foro it., 1897.888. — Lucca, 27 nov. 1913,
Giur. tose, 1914.169. — Roma, 27 dic. 1913, Giur. it, 1914.1215. —
Milán, 26 marzo 1915, Temi lomb., 1915.529. — Ñapóles. 7 jul. 1916,
Trib. giud., 1916.161. — Genova, 27 nov. 1917, Dz'r. comm., 1917.74.
— Catania, 12 ag. 1918, Giur. cat, 1918.158. — Cásale, 23 ab. 1919,
Foro it, 1920.27. — Trani, 4 ab. 1922, Foro it, 1922.112. — Roma,
30 en. 1926, Dir. fallim., 1926.1036.
Almanta: P E T E R S E N y K L E I N F E L L E R , 147.
— 182 —

una renovación o el otorgamiento de una hipoteca nada gra-


ve dicen en contra del deudor, pero una serie constante de
renovaciones o la realización simultánea o posterior de otros
hechos tendientes a evitar los incumplimientos y a demorar
el momento de la quiebra, demonstrará que aquellos hechos
primeros fueron el comienzo del período de malestar y de
desequilibrio económico, por lo cual pueden ser tenidos en
cuenta para determinar el punto de partida del período de
sospecha, cuestión tan importante por sus resultados prác-
ticos (5).
Empero, algunos autores discrepan con el criterio ex-
puesto, y conceptúan que los hechos que exteriorizan el es-
tado de cesación de pagos y el criterio judicial para apre-
ciarlo son distintos, según que se trate de declarar la quiebra
o de fijar la fecha inicial de dicho estado; para el primer
caso sólo podrían tomarse en cuenta hechos precisos y cate-
góricos, como por ejemplo, los incumplimientos, la fuga del
deudor, el cierre de sus almacenes u oficinas; en tanto que
para el segundo, podría hacerse mérito de otros hechos tam-
bién reveladores del malestar económico del deudor aunque

(5) R A M E L L A , I, n.° 139, in fine, P E R C E R O U , I n.° 183 bis; L Y O N -


C A E N Y R E N A U L T , VII, n.° 118: ".. es necesario, sin embargo* re-
conocer que en el hecho, una vez declarada la quiebra, es posible
darse cuenta mejor de la situación del deudor en una época dada,
del carácter que podía tener tal o tal negativa de pago. ". "Esto
explica que ciertos fallos puedan aparecer como usando de una
apreciación m á s amplia de las condiciones de la cesación de pagos,
cuando se trata de fijar la fecha de ésta, tomando, por ejemplo, en
consideración ciertos hechos que en sí mismos, no conociéndose su
alcance exacto, podrían parecer ineficaces para hacer declarar la
quiebra, como la renovación de documentos o los protestos no se-
guidos de ejecución. Pero no resulta en forma alguna que haya
lugar a reconocer al tribunal el poder de apreciar m á s ampliamen-
te los hechos cuando se trata de fijar la fecha de la cesación de
pagos, que cuando debe decidir si hay cesación de pagos como para
permitir declarar la quiebra".
— 183 —

en forma menos precisa y cuyo alcance sólo resultará de la


investigación que el síndico realice en los negocios de aquel:
como por ej., las primeras renovaciones de documentos con
posterioridad no pagados, el otorgamiento de garantías a de-
terminados acreedores, las ventas a precio irrisorio, etc.; es
decir, que estos últimos hechos en ningún caso podrían fun-
dar un pedido o una declaración de quiebra (6). Sobre todo
profesan este doble criterio los partidarios de las teorías ma-

(6) E n este sentido puede verse:


Doctrina y jurisprudencia francesa: BEDARRIDE, I, n.° 62: "El
tribunal puede, posteriormente a la sentencia declarativa, remontar
la fecha por un auto posterior; los elementos de esta segunda sen-
tencia varían esencialmente de los que exige la primera"; id., n.°
•63: Algunos protestos, dijimos antes, no bastarían para constatar
la cesación de pagos. E n el primer momento, en efecto, es difícil
apreciar si los protestos obedecen a un apuro momentáneo, pasaje-
ro, m á s bien que a una insolvencia completa. Más tarde, sin em-
bargo, la inspección de los libros puede conducir a una certeza
sobre este punto, haciendo resaltar las causas que le han dado naci-
miento"; en los números siguientes enumera muchos hechos que
pueden revelar el estado de quiebra del deudor a los efectos de de-
terminar la fecha inicial del período de sospecha; B O U R C A T , en S.,
1911.1.274; B E S S O N , en D., 1933.1.121: Este autor sigue la teoría
intermedia, es decir, que para él no hay cesación de pagos a los
efectos de declarar la quiebra, si no ha habido detención efectiva
de los pagos (cierre de la caja). — París, 23 set. 1858, Journ. trib.
comm., 1859.57. — id., 3 en. 1863, ibid., 1863.422. — Ruán, 1 dic.
1879, D., 1880.2.93. — Clermont, 23 nov. 1892, Journ. faill.,
1893.332: "Para dictar u m auto declarativo, los jueces no deben,
en principio, preocupar-se de los medios con ayuda de los cuales
el deudor consigue mantener su crédito y deben rehusarse a pro-
nunciar tal sentencia, en tanto que el deudor hace frente a sus
compromisos, cualesquiera que sean, por otra parte, los medios a
que recurre para satisfacerlos; no ocurre lo mismo una vez declara-
da la quiebra cuando sólo se trata de fijar el punto de partida del
período de sospecha" Según L Y O N - C A E N Y R E N A U L T , n.° 118, n.°
1, "esta doctrina no debe ser aceptada y ella no ha sido nunca
aceptada por la Corte de Casación"; v., empero, supra, n.° 142, n.°
— 184 —

terialista e intermedia (supra, ns. 123 y 130) a quienes se


lo impone el concepto que tienen de la cesación de pagos,
considerando que necesariamente debe exteriorizarse por in-
cumplimientos efectivos, pues por la fuerza de las cosas tie-
nen que admitir, cuando se trata de determinar la fecha ini-
cial del período de sospecha, que los incumplimientos dis-

101. — Argel, 6 dic. 1899, Le Droit del 9 de mayo 1900 y Ann. dr.
comm., 1900.322,
Doctrina y jurisprudencia italianas: BOLAFFIO, I, n.° 85: "Son,.
pues (la declaración de quiebra y la determinación de la fecha
inicial de la cesación de pagos), dos fases distintas. E n la pri-
mera el juez no hace m á s que constatar la efectiva cesación de
pagos (art. 683). N o puede avanzar sus indagaciones sobre la con-
dición económica del comerciante, el cual, si bien con un pasivo
superior al activo, podría todavía apuntalarse con los recursos del
crédito. U n a investigación no sólo le está prohibida por la leyr
que se detiene en el hecho exterior y material de la cesación de
pagos, sino que podría constituir una desgracia irreparable para el
comerciante, a quien trastornaría la marcha regular de los negocios.
E n la segunda fase, en vez, y cuando la quiebra ha sido declara-
da, "la vida comercial del negociante ya está expuesta a la más do-
lorosa publicidad; el juez ha examinado ya toda la historia de los
negocios que lo arrastraron a la ruina, y en este momento puede
tener en cuenta todos los expedientes ruinosos y fraudulentos que
escaparon a su indagación cuando fué declarada la quiebra. Ahora,
sin turbar con su intervención el secreto de la economía privada,
el juez puede decirle al fallido: la ley no puede respetar una acti-
vidad comercial continuada, en fraude de los acreedores, con m e -
dios ilegítimos, mientras debía preservar sus derechos provocando
la declaración de quiebra (VIVANTE, Temí Ven., 1885, n.° 22); id.,
en Temí bologn., 1901.18; C A L A M A N D R E I , ns. 5 y s., n.° 174; V I -
V A N T E , La cessazione dei pagamenti, en Ann. di dir. c o m m . 1885.206;
id., en Temí veneti, 1885, n.° 22 (v. la cita anterior de BOLAFFIO);
P A G A N I , en Dig. It, v.° Fállimento, n.° 12; COLLARIZZI, en Giur. it,
1891.4.360; P A R O D I , I, 154; CAVO, 12 y 33; N A V A R R I N I , en Dir.
comm., 1897.533; BORSARI, n.a 1729; P A V O N I , en Dir. comm., 1912-
1.188 y s. — Roma, 17 feb. 1882, Giur. it, 1892.1.436; La legge,
1892.1397; Ann. giur., XXVI. 1.233; Monit. trib., XXXIII, 443; Temí
— 185 —

frazados y otros hechos, demuestran también, ya con pleno


conocimiento de la marcha que tuvieron los negocios y fi-
nanzas del deudor, la existencia de un estado de quiebra, an-
terior a los incumplimientos efectivos (7).
A primera vista podría parecer que la diferencia entre
ambas opiniones es sólo teórica y que en la práctica los re-
sultados son casi los mismos (8); pero no es asi, porque una
cosa es que existan dos criterios para apreciar los hechos
reveladores de un estado económico que es único e indivisi-
ble y otra m u y distinta que, por existir dificultades para com-
probar los hechos reveladores y sobre todo para determinar
en una época en que no son posibles las investigaciones en
la hacienda del deudor, el alcance de ciertos actos del m i s m o ,
realizados en la sombra y precisamente con el fin de disimu-
lar su situación de insolvencia, en los casos concretos el juez,
generalmente, sólo pueda tener en cuenta para declarar la
quiebra, los hechos m á s ostensibles e inequívocos, ya que no
podría dictar una medida de tal gravedad fundada en meras
presunciones deducidas de hechos ambiguos. Esto último
no impide que si el juez constata la existencia de tales he-
chos semi-ocultos y puede precisar su alcance, en razón de las
circunstancias especiales que los rodean, pueda declarar la
quiebra basándose en el estado de cesación de pagos que
revelan.
El sistema que sustentamos es m u c h o m á s lógico, cientí-
fico y sistemático que el contrario; precisado el concepto

rom., XII, 97; Foro it, XVII. 1.359. — Venecia, 22 ab. 1892, Temí
ven., 1892.291; Giurista, II, 278. — Cas. Turin, 31 mayo 1893, La
giurisp., 1893.681 — id., 22 mayo 1905, ibid., 1905.1187. — Ap.
Palermo, 28 ag. 1899, Monit. trib., 1900.425. — Ap. Bolonia, 13 ab.
1900, Temí bolog., 1901.18 — Cas. Florencia, 18 feb. 1915, Foro ven.y
1915.137. — Ap. Ñapóles, 28 feb. 1915, Dir. e giur., 1915.739.
(7) V. la crítica de esta doctrina en BONELLI, I, n.° 354 y R A -
*IELLA, I, n.° 91.
(8) Así lo sostienen algunos autores: BESSON, en D., 1933.
1.121.
— 186 —

económico-jurídico de la cesación de pagos, no tiene que en-


trar en distingos como ocurre con éste.

4. — DIFERENCIA ENTRE CESACIÓN DE PAGOS E


INCUMPLIMIENTO

La cesación de pagos no debe confundirse con el incum-


plimiento de una o varias obligaciones.
La cesación de pagos es un estado del patrimonio, en
tanto que el incumplimiento de la obligación es un hecho
jurídico; el incumplimiento no origina el estado de cesación
de pagos, sino que, por el contrario, es éste el generador de
aquél, ya que si el deudor no paga se debe a la circunstan-
cia de encontrarse en estado de insolvencia; en este caso es
un hecho revelador de tal estado, pero no el único, pues otros
pueden exteriorizarlo con más fuerza y en forma más ine-
quívoca.
La quiebra es una institución económico-jurídica creada
como defensa contra la insolvencia y no contra el incumpli-
miento de las obligaciones; es un procedimiento de ejecución
coletiva para asegurar la igualdad entre los acreedores y
evitar en lo posible los perjuicios inherentes a la insolvencia
del deudor (9); es un error sostener que todo acreedor no
pagado tiene contra su deudor una doble acción: la ejecución
individual con embargo y subasta de bienes, y la quiebra (10).
E n tanto que el deudor no se encuentre realmente en es-
tado de insolvencia o cesación de pagos (para nosotros, am-

(9) Conf. B O N E L L I , I, ns 42; YADAROLA, en Rev. crit. de jurisp.,


1934.433.
(10) E n este error incurre un autor de tanta autoridad como
BOLAFFIO: "El acreedor contra cuyo crédito no se deducen excepcio-
nes, tiene derecho a recurrir a los medios de ejecución ordinarios
para obtener lo que le es debido, o bien a ese medio de ejecución
más eficaz que la ley atribuye a los créditos comerciales frente a un
comerciante, esto es, a la declaración de quiebra" (I, n.° 6, p. 15).
— 187 —

bos términos equivalen al mismo estado económico), el acre-


edor insatisfecho no posee contra el mismo más que una
acción individual; la falencia existe económicamente y puede
declararse por la justicia solamente cuando el deudor se en-
cuentra en aquel estado de impotencia patrimonial, en este
último supuesto no sólo puede pedir la quiebra el acreedor
impago sino cualquier otro que no podría invocar su situa-
ción personal para hacerlo; bastándole probar que el deudor
se encuentra en estado de cesación de pagos es lo que ocurre
con el acreedor cuyo crédito no es exigible, por estar sujeto
a plazo o condición, o (en algunas leyes, entre otras, la ar-
gentina) aquel cuya acreencia es de naturaleza civil.
El incumplimiento de una obligación es el hecho de-
monstrativo más típico y corriente de la impotencia patri-
monial del deudor, pero de ahí no puede seguirse que incum-
plimiento y cesación de pagos, sean la misma cosa, que no
pueda haber cesación de pagos sin incumplimientos efectivos,
como lo entiende la teoría intermedia y que todo incumpli-
miento necesariamente importa cesación de pagos, como sos-
tienen aquellos que restringen aún más su concepto (teoría
materialista).
Del desarrollo precedente surge:
1.° que puede haber cesación de pagos sin incumpli-
miento, como quando otros hechos demuestran en forma ine-
quívoca la calidad de cesante del deudor: su confesión ex-
presa (presentándose en quiebra o pidiendo convocatoria de
acreedores para obtener un concordato, solicitando en forma
privada a los acreedores un concordato amigable, etc.) o
tácita (su fuga, cierre de sus almacenes, etc.);
2.° que puede haber incumplimientos sin cesación de
pagos, como cuando no revelan un estado de impotencia pa-
trimonial, general y permanente: incumplimientos debidos
a circunstancias imprevistas rápidamente subsanables (por
ej., la quiebra del banco en que el deudor tenía depositados
los fondos con que iba a afrontar sus obligaciones), o a un
olvido y hasta a un capricho de este.
— 188 —

N o siendo la fórmula cesación de pagos sinónimo de


incumplimiento, sino por el contrario envolviendo un con-
cepto distinto, es un error considerar que uno o varios incum-
plimientos importen necesariamente cesación de pagos, o que
sin ellos ésta no puede existir, o sostener que en ningún caso
uno o varios incumplimientos constituyen tal estado.
Los incumplimientos sólo son un síntoma o hecho re-
velador. E n la apreciación de su significado todo es cuestión
de circunstancias. Una sola deuda impaga, según el caso
(por obedecer a imposibilidad general y permanente de pa-
gar, por su importancia y hasta por su pequenez, por el gé-
nero de actividades del deudor, etc.), puede constituir un
indicio revelador del estado de cesación; en cambio, varios
incumplimientos pueden no tener ese significado, cuando no
reúnen los caracteres necesarios para evidenciar un estado
de impotencia patrimonial (11).
Al referirnos a los incumplimientos como hechos revela-
dores del estado de cesación de pagos, indicamos las circuns-
tancias que deben rodearlos para que tengan esa eficacia, y
cuando carecen de ella (obligaciones civiles o litigiosas, ol-
vido o mala voluntad del deudor, etc.).

5. — DIFERENCIA ENTRE CESACIÓN DE PAGOS Y


DESEQUILIBRIO ARITMÉTICO E N T R E E L ACTIVO Y
E L PASSIVO

Tampoco debe confundirse el estado de cesación de


pagos (imposibilidad de pagar las deudas a su vencimiento)
con la insuficiencia del activo para cubrir al pasivo o dese-
quilibrio aritmético entre uno y otro; son dos estados econó-
micos distintos, el último de los cuales es completamente se-

(11) Como enseña BONELLIS I, n." 43, n.° 1, en este caso "el
basta es inexato como el no basta; debe decirse: puede bastar"
— 189 —

cundario cuando se trata de apreciar la solvencia del comer-


ciante y determinar si se encuentra o no en estado de quiebra.
Habiendo tratado in extenso este punto en los ns. 92 y
siguientes, a ellos nos remitimos.

BIBLIOGRAFÍA DE LAS OBRAS CITADAS

ALAUZET, I., Commentaire du code de commerce, 3.a ed., París, 1879.


BEDARRIDE, J., Traite des faillites et banqueroutes, 5.a ed., París,
1874.
BOLAFFIO, L. y MASÉ-DARI, E., Del fallimento, Turín, 1892/95.
BONELLI, G., Del fallimento, 2.a ed., Milán, 1923.
BORSARI, II códice di commercio italiano commentato.
BRAVARD-VEYRIÉRES, M., Traite de droit commercial, anotado por
CH. D E M A N G E A T , 2.a ed., París, 1888/92.
CALAMANDREI, ¿7 fallimento, 2.a ed., Florencia, 1893/4.
CUZZERI, E. y Cicu, A., Del fallimento, 5." ed., Turin, 1927.
LACOUR y BOUTERON, Précis de droit commercial, 2., ed., París, 1921.
LUCIANI, V.j Trattato sul fallimento, Roma, 1898, t. I, único publi-
cado.
LYON-CAEN, C H . y RENAULT, L., Traite de droit commercial. 5.a ed.,
ts. VII y VIII, París, 1935/6.
NAVARRINI, U., Trattato di diritto fallimentare, Bologna, 1934.
PARODI, Lezioni di diritto commerciale, Genova, 1854.
PERCEROU, J., Des faillites et banqueroutes et des liquidations judi-
ciaires, 2.a ed., París, 1935/7.
PETERSEN y KLEINFELLER, Konkursordnung fürs Deutsche Reich, 4.a
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PIPÍA, U.,DeZ fallimento, Turín, 1932.
RAMELLA, A., Trattato del fallimento, 2." ed., Milán, 1915.
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1931.
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W A H L , A., Précis théorique et pratique de droit commercial, París,
1922.

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