d) Analice uno de los poemas trabajados en clase de F.
Hölderlin, haciendo referencia al tema
de la naturaleza como motivo central en la poética del autor.
A diferencia de otros artistas consagrados, Hölderlin no fue tenido en cuenta en los años
de elaboración de sus poemas, y no resulta sencillo ubicarlo en un momento histórico
particular de la historia alemana. En su paso por la vida, padeció múltiples disgustos que
concluyeron en un diagnóstico severo de locura. Sin embargo, en el siglo XIX se logra
apreciar la vigencia y el continuo avance del análisis en sus poemas, debiéndose esto, a la
singularidad del autor.
De este modo, en el Estudio preliminar de Burello y Lupette, nos encontramos con una cita
de Lukács en la que se describe de qué manera se recupera al autor muchos años más tarde
de su muerte y como logra pasar, sin ni siquiera la consideración en su excelente escritura,
por la lectura de muchos autores con prestigio del momento: “Hölderlin ha fracasado en todos
los momentos de su vida. Jamás ha rebasado ese estadio de transición, entonces muy general,
que fue la existencia de los intelectuales alemanes pobres: la profesión de preceptor
doméstico; ni siquiera así logró ganarse la vida. Y como poeta, fue desconocido a pesar de la
benevolente protección de Schiller y del elogio crítico más importante de época, A. W. von
Schlegel: una existencia sin perspectiva. Su gran amor por Suzette Gontard terminó en una
trágica resignación desesperada. Su vida interna y su vida externa fueron tan
desesperadamente cerradas como muchos contemporáneos y biógrafos suyos han visto en la
locura que coronó su evolución juvenil algo obviamente necesario” (2016, pp. 19-20).
Por otro lado, se puede identificar en Fiedrich Hölderlin diferentes etapas con respecto a la
identificación del hombre con la divinidad. En la etapa temprana de su vida, a la que los
críticos suelen identificar como “el joven Hölderlin”, se nota un insistente e interesante
énfasis en querer escapar de los límites que conforman la existencia humana, y poder así,
unirse por entero a la naturaleza, que él mismo atribuye la significación de un todo; del cielo
del hombre.
Ve entonces, con detenimiento, a la época griega como el potencial anhelado. Con el
paradigmático Homero de protagonista principal del momento y con la sociedad que adquiere
el poder de la sobremedida. Asimismo, observa también a la era occidental, con la alternancia
de los dioses en la tierra. Los periodos de luz y también de oscuridad.
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En una de las diferentes etapas que se mencionan anteriormente, se logra ver a un Hölderlin
alejado del punto de vista de Empedókles. En este sentido, Blanchot postula:
Empedócles es el deseo de ir a otro mundo, deseo que ahora llama
inauténtico y cuyo sentido debe ser invertido para orientarlo a este mundo, así
como la naturaleza tan amada, tan cantada, la educadora por excelencia se
convierte en “la eterna enemiga del hombre” porque lo arrastra más allá de
este mundo (1992, p.260)
En Como cuando en día de fiesta, himno inconcluso del autor, se puede observar este
declinar de posiciones hacia la naturaleza, distanciada ya a la que fue concebida en su etapa
temprana; la que podía llegar a celebrarse como intimidad en lo divino, a la que hay que
entregarse por un movimiento de abandono ilimitado.
Sin embargo, a la idea que se niega se le impone una nueva visión de la poesía. La misma
va a ser tratada en términos educativos. El poeta sería el mediador entre la Naturaleza
educadora y los hombres, como puede analizarse en los siguientes versos:
así están bajo el propicio tempero
ellos, los que no educa ningún maestro, sino,
maravillosamente omnipresente, en leve abrazo,
la potente Naturaleza de hermosura divina.
por eso cuando ella parece dormir, en ciertos tiempos del año,
allá en el cielo o bajo las plantas o los pueblos,
también se entristece el rostro de los poetas;
parecen estar solos, pero la presienten siempre.
Pues presintiéndose reposa ella misma.
¡Pero ahora amanece! Yo esperé y lo vi venir,
y sea mi palabra lo que vi, lo sagrado.
(10-20)
En su versión original, se encuentran las partículas ‘Allgegenwärtig’ y ‘Umfangen’ en el
verso número doce. Las mismas, dan cuenta del origen omnipresente y de aluna forma
‘abrazador’ de esta Naturaleza educadora, capaz de ceñir al poeta, por ello se ejecutaría la
posibilidad de mediación, en tanto exista la palabra como espíritu poético. El poeta la
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presiente así y experimenta una posibilidad de unión. Sin embargo, no logra establecerse
objetivamente como una certeza.
La Naturaleza queda en un lugar privilegiado en el poema, por encima de los dioses. Es
lo sagrado:
Pues, ella misma, que, más antigua que los tiempos,
está sobre los dioses del occidente y del oriente,
la Naturaleza ha despertado ahora con ruido de armas,
y desde lo sumo del éter hasta lo hondo del abismo,
según firmes leyes, como otrora, engendrada en el sagrado Caos,
se siente de nuevo la exaltación,
de nuevo, la creadora de todo.
(21-27)
Bañados por la luz del sol, es decir, por la juventud, se logra una reunión afable con la
naturaleza. De esta se manera, se puede ver la pureza en la palabra en los que tienen el
corazón puro, al igual que los niños:
Porque sólo nosotros somos de corazón limpio
como los niños, y nuestras manos son inocentes;
(61-62)
Hacia el final del poema, se puede ver la idea del “rayo divino”, se trata de un rayo que no
puede quemar al poeta. Asimismo, se presenta la tarea de este último, que es la de oficiar de
mediador. Logra estar entre lo divino y los hombres. Cabe destacar que, el poema se
encuentra inconcluso y, en su original, con varias señalaciones correspondientes al autor.
El rayo del Padre, puro, no lo quema,
y sacudido en lo más hondo compartiendo las penas
de un dios, sin embargo, el corazón eterno permanece firme.
(63-65)
En conclusión, Hölderlin no deja de caer en lo trágico, de darle importancia a los que
perecedero. Por lo tanto, se podría suponer, al igual de como lo hacen muchos críticos, que
es esto lo que lo lleva a la locura.
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Bibliografía:
Argullol, R. (2008). Hölderlin: el Dios y el mendigo. En El héroe y el único. Barcelona:
Acantilado.
Blanchot, M. (1992). El itinerario de Hölderlin. En El espacio literario. Barcelona: Paidós.
Blanchot, M. (1994). La palabra sagrada de Hölderlin. En La parte del fuego. Antioquia:
Estudio de Filosofía No.9.
Burello, M. y Lupette, L. (2016). Estudio preliminar. En Hölderlin, F., Poesía última. CABA:
El hilo de Ariadna.
Chargaff, E. (2011). Belleza apocalíptica: Notas sobre los poemas tardíos de Hölderlin. En
Revista de la escuela de Letras N°13. Volumen de Estudios Literarios, UNR.