Legítima defensa
Enviado por yo_ale_g
1.
2.
3. Concepto
4. Naturaleza jurídica. Fundamentación
5. Bienes objeto de defensa
6. Aspecto subjetivo del tipo permisivo
7. Caracteres de la defensa de terceros
8. La defensa del Estado
9. Requisitos
10. Actualidad en la agresión
11. Legítima defensa preventiva
12. Casos específicos discutidos en doctrina
13. Conclusión
14. Bibliografía consultada
INTRODUCCIÓN.
El objetivo esencial de la llamada teoría de la antijuricidad consiste en el análisis de los
requisitos y condiciones bajo los cuales una conducta típica resulta contraria al orden
jurídico. En palabras de Maurach, "la teoría de la antijuricidad es en la praxis una teoría de
la adecuación al derecho, es decir, una exposición de aquellos hechos que a pesar de la
realización del tipo, no son antijurídicos en el caso concreto y, por lo tanto, irrelevantes
para el derecho penal".
Por tanto, una acción típica será también antijurídica si no interviene a favor del autor una
causa o fundamento de justificación.
Sabemos que las causas de justificación se encuentran en todo el ordenamiento jurídico,
algunas se hallan en la parte general del código penal, otras específicamente previstas en la
parte especial del código y otras surgen del enunciado genérico de "ejercicio de un derecho".
Entre las primeras podemos ubicar a la legítima defensa o defensa necesaria, que es
regulada en forma expresa en el art. 34 inc. 6º del C.P.
Es este tal vez uno de los institutos del derecho más polémicos, aun para el profano, el
común de la gente pretende estar informado acerca de "cuándo se puede matar aun
semejante", en qué casos el derecho otorga esta facultad. Los caracteres y elementos de la
legítima defensa han sido y son materia dedebate en la doctrina y jurisprudencia.
Particularmente controvertido resulta el requisito temporal de la legítima defensa, cuándo
la agresión es actual, cuándo es inminente, no es una cuestión sencilla, tanto es así que
aun no existe un concepto unívoco o una respuesta única al respecto.
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente dicho, trataremos mediante el
estudio breve de la estructura de la legítima defensa como causa de
justificación, puesto que un análisis más profundo excedería
los límites impuestos por este trabajo monográfico, precisar conceptualmente
sus elementos constitutivos y pronunciarnos acerca de la debatida cuestión del
requisito temporal de este tipo permisivo; sin intentar dar "la solución" al
tema, no podríamos pecar de tal soberbia, intentaremos delimitar el contenido
y alcance de dicho requisito.
CONCEPTO
En materia de dar definiciones de lo que se entiende por legítima defensa, de la variedad
que ofrece la doctrina, tomamos las siguientes:
Legítima defensa, nos enseña Fontán Balestra, puede definirse como la reacción necesaria
para evitar la agresión ilegítima y no provocada de un bien jurídico actual o
inminentemente amenazado por la acción de un ser humano.
Para Nuñez la legitima defensa es la que se lleva a cabo empleando un medio racionalmente
necesario para impedir o repeler una agresión ilegítima y sin que medie provocación
suficiente, ocasionando un perjuicio a la persona o derechos del agresor.
Finalmente, en palabras del autor Jiménez de Asúa, "la legítima defensa es repulsa de la
agresión ilegítima, actual o inminente, por el atacado o tercera persona, contra el agresor,
sin traspasar la necesidad de la defensa y dentro de la racional proporción de
los medios empleados para impedirla o repelerla."
NATURALEZA JURÍDICA. FUNDAMENTACIÓN
La legítima defensa es una causa de justificación, un tipo permisivo que elimina la
contrariedad de la conducta típica con el orden jurídico.
Respecto del fundamento de la impunidad del hecho realizado en legítima defensa, se
distinguen en la doctrina dos grupos de teorías:
a. las que sostienen que el hecho en intrínsecamente en sí mismo injusto, debiendo
buscarse en otra parte las causas que lo eximen de pena y
b. las que lo juzgan intrínsecamente justo y por lo tanto lícito. Para este grupo se está
ante una verdadera causa de justificación. Hoy se constituye en mayoría el grupo que
ve en la defensa legítima una acción lícita apoyándose en la situación de necesidad y la
colisión de derechos.
En la actual fase del derecho a la legítima defensa existe una combinación de intereses
individuales y comunitarios, ambos tienen importancia para su fundamentación:
Desde la perspectiva del individuo particular: se entiende como un derecho individual a
la protección y la autodeterminación frente a agresiones.
Desde el punto de vista del Estado: aparece como la defensa que sustituye la tarea de
confirmación del derecho, la que en principio, sólo compete al Estado.
La doctrina y jurisprudencia reconocen que el fundamento de este permiso proviene de la
especial situación del autor y del bien jurídico en el momento de la acción.
En la actualidad se reconoce unánimemente la naturaleza de justificante de la legítima
defensa: la legítima defensa es una afirmación del derecho. El fundamento se ve en el
principio según el cual "el derecho no necesita ceder ante lo ilícito".
Sostiene Zaffaroni "se define el fundamento por la necesidad de conservar el orden jurídico
y de garantizar el ejercicio de los derechos." El fundamento de la legítima defensa,
reiteramos, se basa en el principio de que nadie puede ser obligado a soportar lo injusto. Se
trata de una situación conflictiva en la cual el sujeto puede actuar legítimamente porque el
derecho no tiene otra forma de garantizarle el ejercicio de sus derechos o mejor dicho la
protección de sus bienes jurídicos.
En la medida en que haya otro medio jurídico de proveer a la defensa de los bienes jurídicos
no es aplicable el tipo permisivo.
La legítima defensa tiene lugar cuando media una situación de necesidad. Cuando entre el
mal que evita quien se defiende y el que le quiere causar quien le agrede media una
desproporción inmensa, porque el primero es ínfimo comparado con el segundo, la defensa
deja de ser legítima. Esto debe quedar claro: la defensa sólo es legítima si es necesaria.
BIENES OBJETO DE DEFENSA.
La defensa puede ser propia o de terceros, regulando la propia el inc. 6º del art. 34 CP y la
de terceros el inc. 7º del mismo artículo.
La defensa "propia o de sus derechos" abarca la posibilidad de defender legítimamente
cualquier bien jurídico. En otras palabras, es suficiente con que se trate de un bien que
proteja el derecho con lo que queda absolutamente a salvo su legitimidad, sin que
imperiosamente deba resultar resguardado por el ordenamiento jurídico penal.
Históricamente, la legítima defensa nació unida a los delitos de homicidio y lesiones, y
permanece así en los códigos antiguos, pero en todas las legislaciones contemporáneas se
acepta la posibilidad de que justifique la defensa de cualquier bien jurídico, incluso aunque
no se halle penalmente tutelado. Ésta extensión y generalización es fruto del industrialismo,
es el resultado de la necesidad de asegurar la riqueza que se concentraba en las ciudades de
la amenaza de las masas miserables que también se concentraban en ellas cuando la
acumulación de capital productivo no era suficiente como para asimilar su mano de obra.
Desde entonces ha parecido normalmente aceptable la defensa de la propiedad a costa de la
vida del agresor.
Al "revaluarse" notoriamente la vida humana en los documentos de Derechos Humanos de
la post guerra que expresamente incluyen el "derecho a la vida", surge la duda acerca de si
es posible admitir en nuestro derecho positivo la defensa de la propiedad a costa de la vida
del agresor. El problema ya se planteó en Europa con motivo del art. 2 de la Convención
de Roma, que establece expresamente que sólo se admite cuando es resultado de un recurso
de fuerza absolutamente necesarios para "asegurar la defensa de cualquier persona contra
la violencia ilegal".
Los autores alemanes, se han dividido, sosteniendo unos que sólo se refiere a la acción del
estado y otros que abarca la de los particulares en la extensión del instituto de la legítima
defensa.
En nuestro derecho no tenemos una ley expresa, como es el art. 2 de la convención de
Roma, pero la Convención de San José, ley 23.054, ley interna para nuestro país, indica el
alto respeto por la vida humana.
ASPECTO SUBJETIVO DEL TIPO PERMISIVO.
En el tipo permisivo de la legítima defensa se requiere el conocimiento de la situación de
defensa, es decir, el reconocimiento de la agresión, y la finalidad de defenderse, es
innecesario el conocimiento de la legitimidad de la acción defensiva. La finalidad de
defenderse puede no alcanzarse, la legitimidad de la defensa no depende del éxito de la
misma. Aunque se fracase y no se evite la agresión igualmente habrá defensa legítima.
Legítima defensa presunta.
En estos supuestos, probados los extremos que la ley menciona, se presume que hay
legítima defensa juris tantum.
CARACTERES DE LA DEFENSA DE TERCEROS.
Carácter diferencial.
El inc. 7º del art. 34 extiende el tipo permisivo de la legítima defensa a la defensa de
terceros, en los siguientes términos: "el que obrare en defensa de la persona o derechos de
otro, siempre que concurran las circunstancias a) y b) del inc. anterior y caso de haber
precedido provocación suficiente por parte del agredido, la de que no haya participado en
ella el tercero defensor".
La única diferencia que media entre la defensa propia y la de terceros es que respecto de la
provocación: en tanto que quien provocó suficientemente no puede defenderse
legítimamente, puede hacerlo un tercero a condición de que no haya participado en la
agresión. La circunstancia de que el tercero conozca la provocación no le inhabilita para
defender legítimamente al agredido.
LA DEFENSA DEL ESTADO.
El carácter de legitimidad de la defensa del Estado, no encuentra solución pacífica en la
doctrina, para algunos autores la defensa legítima del Estado es inadmisible, mientras que
para otros es viable.
Zaffaroni, por ejemplo, se inclina por la viabilidad de este tipo de defensa y explica, citando
a Blasco y Fernández de Moreda: "una cosa es la defensa del Estado en su existencia y otra
la defensa del régimen político del Estado". La inadmisibilidad de la legítima defensa de
tercero es respecto de éste último. La defensa de la existencia misma del Estado está
perfectamente justificada, así por ejemplo quien la ejerce en caso de invasión cooperando
por su cuenta con las fuerzas armadas. Por otra parte, ninguna duda cabe de que se pueden
defender legítimamente bienes del estado de la misma forma en que pueden defenderse los
de propiedad de particulares.
REQUISITOS
Para que exista defensa necesaria o legítima defensa, según el art. 34 inc. 6º y 7º es
necesario que concurran los siguientes requisitos:
a.
b. Agresión ilegítima.
c. Necesidad racional del medio empleado para impedirla o repelerla.
d. Falta de provocación suficiente por parte del que se defiende.
Cuando se trata de la defensa de terceros los requisitos a) y b) se mantienen. En cuanto a la
provocación suficiente aun habiendo mediado de parte del agredido la defensa es legitima si
no ha participado en ella quien repele la agresión.
a. Gramaticalmente significa tanto como ataque o acción de acometimiento.
Jurídicamente es amenaza actual o inminente para un bien jurídico.
Una de las características de la legítima defensa es que la situación de peligro del bien
jurídico debe ser la consecuencia de un obrar humano, es decir, conducta. Esta
conducta debe ser antijurídica sin que interese que sea típica.
La agresión es ilegítima cuando se trata de una situación a la que el autor no tiene
derecho, que el agredido no está obligado a soportar. Es el presupuesto ineludible de
la legítima defensa y premisa o antecedente de las otras dos circunstancias
requeridas. Es también presupuesto indispensable del exceso.
Problemático es saber si se puede considerar agresión la acción de un incapaz
de culpabilidad o inimputable, o del que obra por error. Un sector minoritario piensa
que en estos casos falta ya la agresión. Otro sector, piensa que en el caso de un
enfermo mental o un niño, por ejemplo, se restringe la amplitud de la defensa, en
razón de que frente a tales sujetos sólo queda un derecho individual de defensa y
carece de sentido la defensa del orden jurídico.
Tampoco hay acuerdo total en la doctrina acerca de la intencionalidad de la agresión,
algunos autores, como Bacigalupo, sostienen que puede ser tanto intencional como
provenir de una acción realizada sin la debida diligencia. Para otros, como Zaffaroni,
se requiere que la agresión sea intencional, no siendo admisible la agresión "culposa",
puesto que en tal caso es una enormidad pretender que quien se ve amenazado tenga
derecho a causar un daño sin proporción alguna con la magnitud del mal.
La agresión debe ser actual o inminente. No puede oponerse defensa legítima al
ataque futuro que aun puede ser evitado por otros medios, ni al ya cumplido cuando
el peligro ha pasado. Pero siempre que se impide la agresión se actúa ante un ataque
futuro que no puede evitarse pre otros medios.
Por otro lado, el carácter antijurídico de la agresión excluye la posibilidad de una
legítima defensa contra una legítima defensa.
Como dijimos anteriormente, se trata el ejercicio de la defensa necesaria, de repeler la
amenaza de un bien jurídicamente protegido por una conducta humana, si bien esto
parece una obviedad puede despertar algún interés en el caso de las personas
jurídicas.
En contra de una opinión extendida en el derecho privado, de la misma manera en
el derecho penal anglosajón, que acepta la responsabilidadcriminal de estos entes, la
mayoría de la doctrina entiende la incapacidad de las personas jurídicas para actuar
en el derecho penal societas delinquere non potest.
En referencia a la tentativa inidónea, en función a la ausencia de necesidad de
protección, podemos decir que no constituye agresión.
La antijuricidad de la agresión debe suponer necesariamente tanto un desvalor de
acción como de resultado, por lo que si la agresión resulta amparada por una
justificante no estará presente ni el desvalor de acción ni el desvalor de resultado.
b) NECESIDAD RACIONAL DEL MEDIO EMPLEADO.
Con las palabras necesidad racional del medio empleado para impedir o repeler la
agresión el Código Penal argentino caracteriza la acción de defensa propiamente
dicha. De ello resultan dos premisas: a) que se haya creado una situación de necesidad
para el que se defiende, b) que el medio empleado sea el racionalmente adecuado para
evitar el peligro.
La necesidad debe resultar de la agresión que pone en peligro un bien jurídico:
necesidad de defensa, la necesidad es exigencia sin la cual la defensa no es legítima.
La necesidad supone oportunidad del empleo de la defensa e imposibilidad de usar
otros medios menos drásticos, inevitabilidad del peligro por otros recursos, pero todo
ello en directa relación y subordinación al peligro que nos amenaza o la utilidad del
bien jurídico que violentamente amparamos y a la figura típica que surge de la
reacción.
La ley requiere que el medio con que se impide o repele la agresión sea el
racionalmente necesario para lo cual ha de tomarse en cuenta todas las circunstancias
del caso concreto.
Al calificarse la necesidad de racional se hace un distingo entre necesidad y
proporcionalidad que tiene por consecuencia por una parte determinar una cierta
proporción en los medios y por la otra que la proporción entre el daño que se evita y el
que se causa no sea absoluta.
Proporción en los medios no es lo mismo que igualdad de lesión jurídica o igualdad de
mal. Los autores argentinos señalan a este requisito el efecto de permitir
una interpretación institucionalizada, es decir que tome en cuenta las circunstancias
concretas de cada caso con el criterio común a las personas en condición semejante o
la del atacado o bien desde el punto de vista de un agredido razonable en el momento
de la agresión.
El sistema de la ley argentina determina un criterio flexible para apreciar la
proporcionalidad. Esta no debe ser absoluta sino racional, no debe ser apreciada en
abstracto sino para cada caso concreto. El medio es racional cuando ha sido el
necesario dentro de las posibilidades de que el autor dispone.
La consecuencia del empleo de medios que no sean razonables torna a la defensa
imperfecta y la acción antijurídica.
b. AGRESIÓN ILEGÍTIMA.
c. FALTA DE PROVOCACIÓN SUFICIENTE
La tercera exigencia impuesta por la ley es que no haya mediado provocación suficiente por
parte de quien se defiende. Al calificarse la provocación de suficiente queda entendido que
no toda provocación torna ilegítima la defensa y que la provocación insuficiente la mantiene
en el ámbito de lo lícito.
Provocar significa tanto como causar pero también excitar, incitar a una cosa.
La provocación es suficiente cuando en el caso concreto es adecuada para provocar la
agresión pero no basta para justificarla.
En primer lugar es claro que al calificarse la provocación se hace una diferencia de la que
resulta que no toda provocación torna ilícita la defensa sino sólo la que es suficiente. La
palabra suficiente da una idea de cantidad lo que en el aspecto que nos interesa se traduce
en cierta gravedad.
Cuando la provocación alcanza la cuantía de una agresión ilegítima es lícito oponer contra
ella legítima defensa. De tal suerte que el caso quede reducido a agresión y defensa.
La segunda hipótesis excluida es la de quien provoca la agresión para provocarse en
aparente situación de necesidad. Este supuesto conocido en doctrina con el nombre de
pretexto o simulación de legítima defensa no tiene carácter de provocación. Es más no
existe necesidad real, la crea en apariencia y maliciosamente el propio agredido. Tampoco
hay voluntad de defensa.
Entre la agresión ilegítima y la provocación sin relevancia jurídica, insuficiente, hay un
grupo de situaciones entre las que debe situarse la provocación suficiente.
La provocación debe reunir a demás otros requisitos en cuanto al tiempo y en cuanto a la
persona de quien parte y hacia quien se dirige.
El factor tiempo debe ser tomado en consideración en cuanto sirva de elemento de juicio
para denotar la extensión del nexo causal entre la provocación y el ataque.
No siendo la provocación una agresión ilegítima no rige para ella el requisito de la
actualidad. Al contrario la provocación debe haberse cumplido para ser causal de ataque.
Para que la defensa deje de ser legítima la provocación debe partir de quien lleva la acción
de defensa y ser dirigida hacia el agresor. La provocación a un tercero distinto del agresor
no resta en principio legitimidad a la defensa. Tampoco perjudica la licitud la provocación
de persona distinta de quien lleva la acción de defensa. En la defensa de terceros la
provocación del agredido no hace incurrir en exceso al tercer defensor si éste no ha
participado en ella, es decir, si ha sido también el provocador.
La provocación suficiente tiene la consecuencia de tornar antijurídica la defensa. La acción
cumplida en esas condiciones cae en la previsión del exceso y la escala penal aplicable es la
que corresponde al delito cometido por culpa es este el llamado exceso de la causa
constitutivo de una forma de defensa imperfecta que resulta específicamente del tercer
requisito contenido en la ley.
ACTUALIDAD EN LA AGRESIÓN.
En doctrina penal es tema de discusión la determinación del momento en que debe
considerarse que comenzó la agresión y cuando culminó. Existen distintas posturas en la
doctrina que intentan dar solución a este problema, entre ellas podemos nombrar las
siguientes:
a. Algunos equiparan la actualidad de la agresión con el comienzo de la tentativa, entre
ellos podemos citar a:
Jacobs. Pretende determinar la inminencia inmediata precisamente en forma
análoga a la determinación de la tentativa; y sostiene "habrá lesión cuando la
conducta revista el carácter de comienzo de la ejecución del delito". Para la ley penal
argentina: el que con el fin de cometer un delito determinado comienza su ejecución.
Ludwing. Se fija en el comienzo de la tentativa, pero afirma que en caso de actos
preparatorios próximos a la tentativa existe un derecho a la defensa preventiva.
Críticas
Gran parte de la doctrina la rechaza considerándola desde el punto de vista de su
finalidad equivocada; ya que la frontera de la tentativa, debe situarse lo más próxima
posible a la consumación. Dice Roxin entonces no tendría sentido esperar para la
defensa hasta que sea demasiado tarde o casi para tomar una medida defensiva. Para
defenderse el agredido "no está obligado a esperar ser golpeado".
En la doctrina nacional, Pessoa explica los inconvenientes que presenta este criterio.
Afirma el catedrático: en primer lugar, la equiparación con la tentativa reduce
considerablemente el derecho de defensa. Por ejemplo si alguien saca un arma de su
bolso o de sus ropas para efectuar el disparo, ese acto no encuadra en la tentativa,
pero es un acto agresivo sin dudas, porque ya genera peligro para el bien jurídico vida,
pero según esta teoría la otra persona no podría ejercer un acto de defensa.
Por otro lado, este criterio, es inidóneo para aquellos casos en que la agresión no
reviste la forma de acto típìco doloso, que son los únicos que admiten tentativa. No
habría un criterio útil en caso de agresiones imprudentes y actos penalmente atípicos.
b. CRITERIO DE LA SIMILITUD CON LA TENTATIVA
Otros autores sostienen que una agresión es inmediatamente inminente cuando
posteriormente ya no se la podría repeler o sólo sería posible en condiciones más
graves. Entre ellos citamos a:
Schmidhäuser. Una agresión ya es actual siempre que el agresor la prepare de tal
modo que ya no sea posible una defensa posterior.
La agresión puede existir antes de la tentativa y después de la consumación, esto sería
correcto. Por ejemplo: una agresión anunciada para el día siguiente si la misma sólo
podría ser impedida ahora con seguridad y posteriormente, si se pudiera impedir,
sería con mayor dificultad.
Samson. Sostiene que no es necesario que el acto llegue a la etapa ejecutiva o de
tentativa, sino que lo importante es saber si la demora del acto defensivo agravaría la
situación del atacado.
Críticas
Para Roxin tampoco puede ser correcta ésta solución ya que una agresión sólo
planeada o preparada no sólo no es actual sino que ni siquiera constituye una
agresión. A demás sería reconocer la legítima defensa para fines preventivos, la que
contradice el orden social pacífico y el monopolio estatal de la violencia. Por eso una
agresión solamente planeada o en fase de preparación que aún no está próxima a la
tentativa nunca puede fundamentar legítima defensa.
En la jurisprudencia, con razón fue rechazada la legítima defensa en un caso en el que
el propietario de la vivienda había disparado a un intruso que ya se había presentado
varias veces en su casa en actitud de "ladrón", para hacerlo desistir de volver, ante el
temor de que pudiera regresar de noche o en otro momento. Otro caso en que carece
de legítima defensa es el campesino frente al trabajador que lo amenazó con prender
fuego a la casa en la próxima oportunidad.
c. CRITERIO DE LA EFICIENCIA
Para Roxin, la delimitación correcta es situarla entre a ambos extremos de las dos
primeras posiciones: en la agresión actual sólo podría incluir junto a la tentativa la
estrecha fase final de los actos preparatorios que es inmediatamente previa a la fase
de la tentativa. Significa que por ejemplo el sujeto que se acerca a otro portando un
arma contundente de modo amenazante, ya se le puede disparar en defensa a la
pierna, aunque haya sólo tentativa de lesiones cuando la víctima está al alcance del
agresor y éste levante la mano para golpear.
Así la jurisprudencia alemana considera que "hay agresión actual en una conducta
que, aunque aún no lesiona ningún derecho, puede transformarse inmediatamente en
una lesión, de tal manera que al aplazar la acción defensiva también podría hacer
peligrar el éxito de ésta".
Jescheck. Es actual la agrsión que amenaza de forma inmediata, tiene lugar
efectivamente o todavía continúa. Es la misma idea de Maurach-Zipf,
Stratenwerth, Wessels.
Casos
Primero: El agresor había hecho un movimiento con la mano hacia el bolsillo en el
que se encontraba su revolver cargado; eso todavía no constituía tentativa de
homicidio (que sólo se habría dado si sacaba el revolver) pero sí constituía una
agresión actual, entonces el disparo del amenazado para defenderse estaba amparado
en la legítima defensa.
Segundo. Se consideró con razón que el hecho de aproximarse tres hombres, que
decían que "ahora va a correr sangre" portando uno de ellos en su mano un
destornillador, era una agresión actual, aunque no se había alcanzado la tentativa. el
amenazado podía lícitamente impedir la aproximación inmediatamente peligrosa
mediante un disparo de advertencia y, al no tener éxito, mediante otro disparo a dar.
d. CRITERIO DE LA INMEDIATEZ ANTERIOR, INMEDIATA INMINENCIA O
INMINENCIA
e. CRITERIO DE LA RELACIÓN DE PRODUCCIÓN RAZONABLEMENTE
ELEVADA
Es este el criterio propuesto por Pessoa. Propone este autor definir la inmediatez o
inminencia de la siguiente forma: el acto anterior a la afectación del bien jurídico, que va a
ser calificado como agresivo, debe estar conectado con el acto creador de la lesión, o puesto
en peligro mediante una "relación de producción razonablemente elevada", que consiste en
una conexión de carácter instrumental el acto anterior con respecto al acto que afecta al
bien jurídico.
Además, comparte la idea de Maurach-Zipf en el sentido de que no es suficiente la simple
voluntad del autor de lesionar un bien protegido jurídicamente, sino que es fundamental
tener en cuenta una real objetivización en el mundo de esa voluntad.
POSTURA DE ZAFFARONI
Apela a la idea de amenaza inmediata como momento inicial de la agresión. Dice: "la
agresión es inminente cuando es susceptible de percibirse como amenaza manifiesta,
dependiendo su realización sólo de la voluntad del agresor".
Admite que es posible realizar actos de defensa inclusive contra actos preparatorios.
Con mayor precisión aun este autor sostiene: "la situación de defensa se extiende desde que
hay una amenaza inmediata al bien jurídico, correctamente apreciada por el agredido, hasta
que ha cesado la actividad lesiva o la posibilidad de retrotraer o neutralizar sus efectos."
En el supuesto de que la conducta agresiva sea típica, no deben identificarse
necesariamente estos momentos con la tentativa y la consumación. La legítima defensa no
persigue evitar delitos sino proteger bienes jurídicos
Acerca del momento a partir del cual puede ejercerse la legítima defensa, Zaffaroni explica:
se puede impedir la agresión ("legítima defensa anticipada") desde que el agresor hace
manifiesta su voluntad de agredir y dado que dispone de todos los medios idóneos para ello,
puede hacerlo en cualquier momento, provocando así un peligro inmediato par los bienes
jurídicos. Ese es el momento en que comienza el peligro y con él la situación defensa.
LEGÍTIMA DEFENSA PREVENTIVA
Se trata de una cuestión debatida en la doctrina alemana, como los actos anteriores al acto
ilícito propiamente dicho.
Los casos que se plantean bajo este nombre o figura son, por ejemplo: la lesión o muerte de
un familiar que ejerce violencia en forma permanente contra sus parientes, o el caso de
quien se ha convertido en una presencia molesta permanente para una mujer, etcétera.
La discusión está en cuanto a si el acto llevado a cabo para impedir nuevos hechos similares
puede o no ser encuadrado en la legítima defensa.
En Alemania, Suppert Hartmut ha hecho la siguiente propuesta: la legítima defensa
preventiva extiende la aplicación a agresiones futuras que posteriormente ya no se podrán
impedir o sólo se podrán impedir con un medio sustancialmente más duro.
Se crea una nueva causal de justificación por vía e analogía a la legítima defensa.
La situación objetiva que da origen a ello es el peligro ilícito "futuro", que debe darse
objetivamente y no ser solo producto de la imaginación del autor.
Que el acto defensivo sea realmente necesario y haya racionalidad entre el ataque y la
defensa.
Roxin critica esta posición diciendo estos son casos totalmente distintos a la legítima
defensa ya que en esos casos se puede pedir ayuda a la autoridad, esquivar la agresión, etc.,
y sólo se puede proceder preventivamente en casos externos.
Para Pessoa el tema central pasa por el requisito del peligro futuro. No comparte
dicha construcción y su argumento central para rechazarlo consiste en lo siguiente: el
núcleo del tema de la actualidad del peligro proveniente de la agresión reside en determinar
cuándo estamos frente a una conducta que autoriza reaccionar en función no solamente de
la lesión o puesta en peligro de un bien jurídico, sino también de la inminencia de que ello
suceda.
Este autor critica la propuesta de Suppert, en definitiva, por considerar que crea para
resolver este tipo de situaciones un instituto que no existe, y dice lo que corresponde es
elaborar un riguroso concepto de actualidad y sobre la base del mismo resolver este tipo de
casos.
CASOS ESPECÍFICOS DISCUTIDOS EN DOCTRINA.
DELITOS PERMANENTES: Es posible actuar en legítima defensa contra una agresión
que aún continúe y aunque esté formalmente consumada, aún no esté materialmente
agotada. Ejemplo: en el caso de allanamiento de morada y la detención ilegal que ya
sean consumado con las accionesde entrar y encerrar pero la agresión sigue siendo
actual mientras el intruso permanece en la casa o mientras la víctima está encerrada;
por eso están justificadas las conductas de expulsar al intruso o de volar la puerta del
calabozo, para liberarse.
DELITO DE HURTO: A pesar de la consumación formal del delito, la agresión sigue
siendo actual hasta la consumación material. Cuando el ladrón huye con el botín; ya hay
hurto consumado, pero la agresión a la propiedad del robado continúa siendo actual,
mientras aquel no haya puesto a bien recaudo el botín, entonces si el propietario
recupera la posesión de sus cosas impidiendo al ladrón que escape de un tiro en la
pierna está amparado por la legítima defensa.
CASOS DE CHANTAJE: Es una cuestión polémica acerca de que si hay agresión actual
cuando la amenaza concluye (ejemplo: revelaciones comprometedoras) y el chantajeado
puede ejercer contra el chantajista legítima defensa. Para un sector de la doctrina no hay
agresión actual porque con la amenaza concluyó la agresión a la libertad de actuación de
la voluntad y la lesión al patrimonio no comienza hasta que se paga. Pero otro sector
opina que la agresión existe porque sigue perturbando la libertad de actuación de la
víctima. La cuestión de que si existe legítima defensa o no en la conducta del
chantajeado, no es problema de actualidad de la agresión, sino de la necesidad de la
defensa y de que esté requerido o indicada.
COLOCACIÓN DE ARMAS QUE DISPARAN AUTOMÁTICAMENTE (cepos u otros
objetos defensivos similares): Se discute si son casos amparados por la legítima defensa
o no, pero en ellos no falta actualidad de la agresión, aunque ellos se instalen mucho
antes de la misma, con tal de que la defensa se ponga un marcha en el momento de la
agresión; pero otra es la cuestión de que hasta qué punto son necesarias semejantes
medidas de protección.
CASOS DE RIÑA: La regla es que ante personas que se agreden mutuamente, ninguno
de ellos actúan en legítima defensa, salvo que manifiesten en forma expresa su voluntad
de concluir la lucha.
CASO POLÉMICO DE LA JURISPRUDENCIA. En el caso un guarda dispara a las
piernas a un cazador furtivo cuando éste pese a que el guarda le conminó e hizo un
disparo de advertencia, no arrojó al suelo su escopeta cargada, sino que salió huyendo
con ella. La admisión de la legítima defensa es correcta si el cazador tenía la intención de
darse la vuelta en cuanto llegara a una posición de tiro favorable y disparar contra el
guardia. Pero si en realidad el cazador sólo quería huir, y no disparar la suposición
contraria del guarda solo puede fundamentar una legítima defensa putativa.
CONCLUSIÓN
La legítima defensa es una causa de justificación, un permiso, constituye un ejercicio de
derechos. Se traduce en un medio adecuado para lograr la convivencia social, fin que el
Estado regula.
Pero este derecho no se concede ilimitadamente, su existencia como derecho está sujeta a la
concurrencia de requisitos objetivos y subjetivos.
Particularmente, en referencia al requisito temporal de la legítima defensa, podemos
afirmar: es una cuestión que aun no ha sido debidamente precisada. No hay acuerdo
unánime en cuanto a su determinación, y prueba de lo ello son las diferentes posturas y
teorías que se han esgrimido en la doctrina científica sobre el tema.
No obstante lo dicho precedentemente, hemos llegado a las siguientes conclusiones:
En nuestro derecho el acto de la legítima defensa está sujeto a dos límites temporales:
1. Impedir la afectación jurídica del bien que aun no se concretó pero que es de
inminente realización, y
2. Repeler la afectación al bien jurídico ya existente, que puede asumir la forma de
peligro o lesión.
Desaparece el derecho de defensa cuando desaparece la agresión Con respecto al peligro
ya pasado, es unánime la doctrina en negar carácter lícito de defensa a la acción
cumplida en esa oportunidad.
Una agresión antijurídica es actual cuando crea un estado de afectación del bien jurídico
que ya se ha concretado en lesión o puesta en peligro del bien jurídico, sin haber
concluido tal afectación, o crea un estado que procede a esa afectación.
La jurisprudencia y doctrina nacional requieren la inminencia, pero nuestro texto legal
no emplea la voz inminente.
La inminencia, refiere la cercanía respecto del momento en que da comienzo la acción.
Debe entenderse como inmediato signo de peligro para el bien jurídico.
No debe identificarse inminencia con inmediatez en el tiempo cronológico
Existe peligro inminente cuando la afectación aun no se produjo pero es de inmediata
producción. La afectación del bien jurídico puede darse bajo la forma de lesión o puesta
en peligro.
Finalmente, manifestando nuestra opinión personal, concluimos este trabajo
diciendo: al ser la legítima defensa un tipo permisivo abierto, el juez deberá
evaluar en el caso concreto la legitimidad del acto de defensa, teniendo en
cuenta las diversas circunstancias que rodearon el hecho, especialmente las
referidas al arma utilizada, el lugar, características personales del agresor y de
quien se defiende. El concepto de actualidad no puede aplicarse severamente
como una regla invariable para todos los casos. No es posible solucionar los
diversos casos que presenta la realidad con una línea de razonamiento
uniforme.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
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