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Es evidente que al hilo de la lectura de los textos de Briganti, para él lo barroco supone y
representa, ante todo, un soplo de libertad en un contexto fuertemente condicionado y controlado
por las circunstancias socio-político-religiosas heredadas de la Reforma Católica y el concepto de
Estado inherente a las monarquías absolutas europeas2. En un clima donde cualquier gesto,
movimiento, acción o acontecimiento se somete a controles invisibles –y a veces no tanto- pero
evidentes, impuestos por presencias intuidas -pero de ninguna manera ausentes- del devenir
cotidiano y el imaginario colectivo, lo barroco aparece como un elemento inequívoco de soterrada
1
BRIGANTI, Giuliano. “Barocco, strana parola”, Paragone, nº 1, 1950, págs. 19-24. Véanse también del
mismo autor las revisiones y matizaciones de sus propias ideas en “Barock in Uniform”, Paragone, nº 3,
1950, págs. 6-14, “Milleseicentotrenta ossia il Barocco”, Paragone, nº 13, 1951, págs. 8-17, y “Barocco:
Storia della parola e fortuna critica del concetto ad vocem Barocco”, Enciclopedia Universale dell´Arte, tº.
II, Venezia-Roma, Istituto per la Collaborazione Culturale, 1958, págs. 346-359.
2
VILLARI, Rosario (ed.). El hombre barroco. Madrid, Alianza Editorial, 1992, pág. 12.
212
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
“En tal tesitura, no cabe esperar imitar a Hércules en una nueva encrucijada.
No hay elección entre subir o bajar. No existe más alternativa que bajar y morir para
subir y poder vivir. Coyuntura que, en cualquier caso, no hace sino remitir a la misma
inflexión vital: el encuentro con el Destino, con el nuestro, con el de cada ser humano.
Con independencia de esta realidad incuestionable, de cada cual depende la
interpretación del mensaje, la hoja de ruta, el rumbo a seguir y, en última instancia, el
curso de la propia trayectoria vital. Antinomias de Muerte y Vida, de miseria y gloria, de
fracaso y triunfo, de temor y confianza, de duda y certeza. Juegos de contrastes
polivalentes que forman parte del lenguaje, el secreto y la esencia de lo barroco”. 4
Por esta causa, entre otras muchas, no sorprende que lo barroco fuese incondicionalmente
asumido, entusiásticamente aceptado, pletóricamente materializado en la totalidad del mundo
conocido sin repudiar cuanto de exótico, de híbrido, de “monstruoso”, de extravagante, de
visionario, de complejo, de irracional, de desconcertante, de maravilloso… , en definitiva, pudiese
haber en tales “experimentos”. Hablando en clave de metáfora, podría perfectamente compararse
al barroco con una piedra preciosa o, mejor, con un diamante que arroja multitud de iridiscencias
y produce infinitas intensidades cuando la luz se estalla y rompe contra su pluralidad de diedros,
perfiles y facetas hiriendo la superficie transparente y arrancándole destellos sin fin desde la
cohesión de un núcleo que, por mor de este fenómeno, es uno y múltiple al mismo tiempo. En
otras palabras, el barroco es imprevisible y poliédrico, consustancialmente fantástico e, incluso,
vocacionalmente “depravado” e “irreverente”, si suscribimos en dirección opuesta precisamente
todo lo que le reprochaban sus detractores:
3
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. “Barroco, mundus furiosus (Justicia, Violencia, Cuerpo)”, Espills de
Justicía, Valencia, Fundació Bancaixa-Universitat de València, 1998, págs. 119-159.
4
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. “Composición de lugar”, en Paradigma. Revista Universitaria de
Cultura, nº 16, 2014, págs. 4-10.
213
Juan Antonio Sánchez López
ésta es la arquitectura de los que al fin del siglo XVII tenían fama y entrado el XVIII eran
la admiración de todos”.5
Por supuesto que tampoco podemos dejar de reconocer en el respaldo popular al barroco,
sin distingo de clases sociales, niveles adquisitivos, jerarquías o situaciones y en la entrega
incondicional del público a sus heterodoxias otras claves categóricas de su éxito, generando un
efecto unificador en lo estético y lo cultural que no deberíamos tener reparo en calificar de
inequívocamente “globalizador”, sin que ello suponga contradecir el sentido de lo poliédrico que,
justo es decir, también impulsa a libres y casi infinitas interpretaciones de las constantes vitales
barrocas. A tenor de esta perspectiva, Andalucía –y por extensión Sicilia- fueron y siguen siendo
sociedades “barrocas” capaces de establecer una comunión absoluta y sin fisuras con el polémico
concetto, sin dejar de generar relecturas subjetivas del mismo, con personalidad propia y
capacidad de perpetuarse en el tiempo más allá de los denominados y controvertidos “Siglos de
Oro”:
“El barroco hecho por los poseedores como arte para todos, no es extraño que
gustase, dulcificase la vida y fuese tomado por el público como el colmo del refinamiento,
el no va a más del gusto. […] Región con distintas fases, reflejo de su proteico pasado,
antes que clásica, mora, romántica y modernista, la imagen que recibimos al conocerla
es la del barroco de sus iglesias y rincones monumentales, de sus bailes y sus gestos, de
sus manifestaciones lúdicas y luctuosas, de su refinado y agudo sentido estético, tanto
para lo solemne como lo cotidiano. Sincrónica y diacrónicamente, Andalucía desde el
siglo XVII hasta nuestros días es barroca…”.6
5
LLAGUNO Y AMIROLA, Eugenio. Noticias de los arquitectos y arquitectura en España. Desde su
Restauración, Tomo IV, Madrid, Imprenta Real, 1829, págs. 102-103.
6
BONET CORREA, Antonio. Andalucía Barroca. Arquitectura y Urbanismo, Barcelona, Polígrafa, 1978,
pág. 7.
7
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. El alma de la madera. Cinco siglos de Iconografía y Escultura
procesional en Málaga. Málaga, Hermandad de la Amargura, 1996, págs. 31-33.
214
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
Sin embargo, este “cuadro clínico” del arraigo de lo barroco9 -¿del “alma barroca”?- en
las sociedades mediterráneas –andaluza y siciliana en nuestro caso- no estaría completo sin
ahondar en la perspectiva “mundanal” que constituye el campo de acción en donde el ser humano
se realiza como ser histórico y cultural, y donde cada categoría del ser y del actuar adquieren las
matizaciones y las formas de su propio proceso histórico10. Del estudio de los comportamientos
y de las mentalidades aflora un conjunto de premisas universales a las que cada pueblo da
respuesta según sus propias vivencias, circunstancias y sustratos culturales. Qué duda cabe que
uno de ellos remite a la alianza entre “lo estético” y “lo religioso”, al propiciar la sublimación de
lo segundo por la vía de lo primero en un camino sin retorno tan irreversible como plenamente
asumido:
8
RECIO MIR, Álvaro. “Génesis del ornato barroco sevillano: causas y significación”, en Actas del III
Congreso del Barroco Americano. Territorio, Arte, Espacio y Sociedad, Sevilla, Universidad Pablo de
Olavide, 2001, págs. 791-807.
9
TROYANO VIEDMA, José Manuel. “Rasgos antropológicos del andaluz del Barroco”, en El Barroco en
Andalucía, Tomo II, Córdoba, Universidad-Diputación Provincial, 1983, págs. 215-233.
10
ALONSO DEL CAMPO, Urbano. “Orígenes culturales en la vivencia y manifestación de lo religioso en
Andalucía y su función terapéutica” (I), en Gazeta de Antropología, nº 3, 1984, págs. 27-36.
11
SÁNCHEZ-MESA MARTÍN, Domingo. “Contenidos y significaciones de la imaginería barroca
andaluza”, en Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, nº 16, 1984, págs. 283-308.
215
Juan Antonio Sánchez López
constriñen-, la propia noción del barroco “histórico”. No en balde, lo barroco pasa además a
manifestarse en ciertos gestos, actitudes y consignas rituales y en numerosos testimonios
expresivos del sentir popular que oscilan desde las formas de cortesía a las relaciones familiares,
el sentido del exorno, la puesta en escena de los acontecimientos profanos y religiosos, la
domesticación operada sobre lo dramático por lo bello o las intuiciones estéticas que se proyectan
sobre un variopinto elenco de elementos y/o situaciones susceptibles de englobar, ya sea de
manera aislada o simultánea, lo luctuoso y lo festivo, lo lúdico y lo trágico, lo complementario y
lo antitético, lo rural y lo urbano, lo racional y lo visceral, lo distendido y lo solemne. Ya en la
magistral introducción a su libro Andalucía Barroca, el profesor Antonio Bonet Correa se
percataba de ello –por lo demás en pura evidencia de la ley del contraste- al ofrecer una
perspectiva analítica y una propuesta metodológica que se antojan absolutamente válidas y
clarividentes para toda aproximación que aspire a ser rigurosa, integral e incisiva en relación al
estudio del “alma barroca” de los territorios objeto del presente trabajo:
Palermo barroco
Como casi en todas las grandes ciudades italianas, el organigrama social palermitano no
difiere demasiado del que también se detecta en las españolas, visto sobre todo en su proyección
al ámbito de la comitencia artística13. Junto al poder real y el Comune -el autoproclamado
“Senado” de la Urbs Felix et Regni Caput al ostentar, por concesión regia y con legítimo orgullo,
las siglas S.P.Q.P. (Senatus Populusque Panormitanus)14 cual hará en Andalucía el Consistorio
12
BONET CORREA, Antonio. Andalucía Barroca…, op. cit., pág. 7.
13
BLUNT, Anthony. Sicilian Baroque, London, Weidenfeld & Nicolson eds., 1968; COMANDÈ,
Giovanni Battista. Alcuni aspetti del barocco in Palermo dal suo nascere alla fine del secolo XVIII,
“Quaderni dell´Istituto di Storia dell´Architettura”, Roma, Tipografia Centenari, 1968; BONANNO,
Giovanni. Palermo Sacra, Ila Palma, Palermo, 1981; ID. Il Barocco a Palermo, Palermo, Giada, 1985;
BOSCARINO, Salvatore. Sicilia Barocca. Architettura e città 1610-1760, Roma, Officina Edizioni ,1981
(reedición en 1997 a cargo de M.R. NOBILE).
14
RAUCH, Andrea y SINNI, Gianni (eds.). Disegnare la cittá. Grafica per le pubbliche istituzioni in Italia.
Firenze, LCD Edizioni, 2009, pág. 115
216
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
sevillano15-, la aristocracia y las Órdenes Religiosas pasan por ser las grandes promotoras de las
empresas arquitectónicas de Palermo durante los siglos XVII y XVIII. Distintos autores
consideran que, hasta cierto punto, no puede hablarse de la existencia de un “barroco” palermitano
absoluto y propiamente dicho, a no ser que nos refiramos estrictamente a la decoración interior
de los edificios y, especialmente, a los de carácter religioso, por cuanto la tipología y planimetría
de los mismos no viene a ser sino una fiel trasposición de los esquemas y modelos del Manierismo
romano del que, justo es decir, Palermo es susceptible de considerarse su segunda capital16. La
justificación de este aserto viene de la mano de determinados arquitectos –profesos casi todos
ellos de las referidas Órdenes- que se formaron en Roma con los grandes referentes del panorama
arquitectónico local y, consecuentemente, exportaron a Sicilia tan carismáticos como
sobradamente conocidos patrones. Por recordar, aunque sea brevemente, una somera nómina de
ellos basta mencionar al crocífero Giacomo Amato, al teatino Giacomo Besio, a los jesuitas
Andrea Giganti, Lorenzo Cipri y Angelo Italia o los dominicos Tommaso María Napoli, Andrea
Cirrincione y Benedetto María Castrone, cuyos nombres están unidos de manera indisoluble a las
fábricas de las grandiosas empresas arquitectónicas que sus respectivas Religiones levantaron en
el territorio siciliano y palermitano, en particular.
15
S. P. Q. H. (Senatus Populusque Hispalensis). Vid. LLEÓ CAÑAL, Vicente. Nueva Roma. Mitología y
Humanismo en el Renacimiento sevillano. Sevilla, Diputación Provincial, 1979.
16
EPIFANIO, Luigi. Schemi compositivi dell´architettura sacra palermitana del Seicento e del Settecento.
Palermo, Ed. Palumbo, 1950; SIMONE, Margherita de. Manierismo architettonico nel Cinquecento
palermitano. Palermo, Lo Monaco, 1968; SPATRISANO, Giuseppe. Architettura del Cinquecento in
Palermo. Palermo, Flaccovio Editore, 1961; GIUFFRÉ, María. “Architettura e decorazione in Sicilia tra
Rinascimento, Manierismo e Barocco 1463-1650”, Storia dell´Architettura. Architettura di Sicilia, Tomo
9, nº 1-2, 1986, págs. 11-40; SESSA, Ettore “Le chiese della capitale vicereale tra Barocco e tardo
barocco”, SESSA, Ettore (ed.). Le chiese a Palermo, Palermo, Ugo La Rosa Editore, 2003, págs. 35-54.
217
Juan Antonio Sánchez López
17
PALAZZOLO DRAGO, Francesco. Famiglie nobili siciliane. Palermo, Ed. Arnaldo Forni, 1927.
18
BENJAMIN, Walter. El origen del drama barroco alemán (1928). Disponible en:
[Link] págs. 75-76.
Consultado el 24/09/2014. Publicado en BENJAMIN, Walter. Obras completas, lib. 1, tº 1. Madrid, Abada
Editores, 2006.
218
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
Ese “genio y figura”, nunca mejor dicho, que invita a detectar actitudes ya sean
aparentemente incompatibles o flagrantemente contradictorias en el mismo individuo no sería
sino un síntoma más de esa “conflictividad” barroca que impresionó y sigue impresionando a los
historiadores hasta el día de hoy:
En efecto, al triunfo del fachadismo que proyecta hacia la vía pública lo que uno es,
significa, representa y quiere que los demás piensen y hablen de él, el barroco palermitano suma
un sentido acumulativo y singular de la ornamentación, aunque apostando por el rotundo triunfo
de la escultura, como ente artístico con personalidad propia e integrado en una arquitectura con
la que dialoga y a la que complementa y, como tal, puesto en valor en toda su rotundidad plástica,
estética y discursiva. En este punto y aunque, insistimos, trataremos sobre el tema más adelante
al tratar de los oratorios, conviene señalar la distinción entre dos modi operandi, bien diferentes
en función del objetivo perseguido.
En primer lugar tendríamos, a nuestro entender, lo que podríamos denominar una maniera
apparente que apuesta, preferentemente, por el estuco y su efectismo escenográfico y visual como
material base de los grandes programas decorativos asociados a los templos y a las empresas
arquitectónicas ligadas con la religiosidad popular, los oratorios en particular. En segundo lugar,
asistiríamos a una maniera sontuosa, basada en el empleo de suntuosos y costosísimos materiales
pétreos y resuelta fundamentalmente a base de integrar la escultura y la intarsia marmórea en los
entornos arquitectónicos, rompiendo con la tradición del ornamento geométrico y plano para
rentabilizar al máximo las posibilidades del volumen; y todo ello, sin dejar de hacer gala de un
sentido peculiar del horror vacui y unas características originales netamente “sicilianas” que,
justo es decir, también consagran en la isla el fusionismo de las tradiciones florentina, genovesa
19
VILLARI, Rosario (ed.). El hombre barroco, págs. 13-14.
219
Juan Antonio Sánchez López
20
MARAFON PECORARO, Massimiliano. “Barocco e Controriforma nella Sicilia del XVII secolo. La
ricca decorazione marmorea nelle chiese di Palermo durante il dominio spagnolo”, RAMALLO ASENSIO,
Germán (coord.). La Catedral guía mental y espiritual de la Europa Barroca Católica. Murcia,
Universidad, 2010, págs. 395-438, cita pág. 398.
21
GARTSANG, Donald. “Origin and early development of marbling in Palermo”, Antologia delle Belle
Arti, nºs 52-55, 1996, págs. 80-99; HILLS, Helen. “Centri e periferie: decorazioni ecclesiastiche in marmi
intarsiati nella Palermo del XVII secolo”, en Arte Cristiana, tº 84, nºs 11-12, 1996, págs. 405-419;
PIAZZA, Stefano. I Marmi mischi delle chiese di Palermo. Palermo, Sellerio Editore, 1992; ID. Marble
Architectural Decoration in Sicily, Fifteenth to Eighteenth Century, Bulletin of the Detroit Institute of Arts,
Tomo 73, nºs 1-2, 1999, págs. 42-54; ID. I colori del Barocco: architettura e decorazione in marmi
policromi nella Sicilia del Seicento. Palermo, Flaccovio Editore, 2007.
22
HERRERA GARCÍA, Francisco Javier. “De mármoles mixtos coloreados. El proyecto de retablo mayor
para la Capilla Real de Sevilla (1683-1694) y su debate internacional”, en Anuario del Departamento de
Historia y Teoría del Arte, nº 24, 2012, págs. 49-68. El autor estudia la iniciativa del arzobispo hispalense
Juan de Palafox y Cardona, quien anteriormente había sido arzobispo de Palermo entre 1677-1684, a la
hora de dotar a la Capilla Real de la Catedral de un vistoso retablo de mármoles coloreados, para el que fue
seleccionado un diseño de Bernardo Simón de Pineda, solicitándose informes al respecto tanto a Giovanni
Battista Contini, en Roma, como al arquitecto Angelo Italia y al ingeniero Scipione Basta, en la propia
Palermo. El mismo eclesiástico fue el introductor en Sevilla del culto a Santa Rosalía, cuyo soberbio busto-
relicario de plata -debido al artífice napolitano Antonino Lorenzo Castro y fiel contraste del palermitano
Vicenzo de Napoli- donó a la Catedral hispalense en 1688. Vid. PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel.
“La platería en la Catedral de Sevilla”, en [Link]. La Catedral de Sevilla. Sevilla, Ed. Guadalquivir, 1991
págs. 575-645, cit. págs. 602-603 y SANZ SERRANO, María Jesús. “Orfebrería italiana en Sevilla (I)”, en
Laboratorio de Arte, nº 7, 1994, págs. 97-113, cit. págs. 102-103.
23
Así se constata en los manuscritos del canónigo de la Catedral de Palermo, Antonino MONGITORE
(1663-1743), conservados en la Biblioteca Comunale di Palermo (B.C.P.): Sacro Teatro Palermitano (Ms.
Qq D 11-15), Chiese e Conventi (Ms. Qq E 4), Dell´IIstoria Sagra di tutte le Chiese, Conventi, Monasterj,
Spedali et altri luoghi pii della cittá di Palermo, le Chiese e le Case dei Regolari. Parte Prima (Ms. Qq E
5) y Le Chiese e Case dí Regolari (Ms. Qq E 5-6).
220
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
En su primitiva configuración, la iglesia del Gesú fue construida entre 1564-1577 por los
hermanos de la Compañía, Nicolò Frinio, Francesco Costa y Alfio Vinci, según la traza dada por
el jesuita ferrarense Giovanni Tristano. A partir de 1591 y hasta 1633, el templo experimentó una
reforma radical –esta vez de la mano de los arquitectos jesuitas Natale Masuccio y Tommaso
Blandino di Mineo- al derribarse los muros divisorios de las capillas –inicialmente configurado
conforme al clásico esquema planimétrico del Gesú romano de Giacomo Vignola- para
transformarla en una iglesia de tres naves, que también vería ampliadas sus dimensiones
prístinas26. Es evidente que con dicho replanteamiento los jesuitas pensaban presentar ante los
24
CIOTTA, Gianluigi. “Mariano Smiriglio, architetto del Senato palermitano (1606-1636)”, SPAGNESI,
Gianfranco (cur.). La Architettura en Roma e in Italia (1580- 1621). Atti del XXII Congresso di Storia
dell´Architettura. Roma, 1988, Roma, 1989, tº 2, págs. 387-399 y pp. 573-576.
25
BASILE, Nino. La Cattedrale di Palermo: l´opera di Ferdinando Fuga e la verità sulla distruzione della
tribuna di Antonello Gagini. Firenze, R. Bemporad & Figlio, 1926. RIZZUTI, Salvatore (cur.). La Tribuna
di Antonello Gagini nella Cattedrale di Palermo. Ricostruzione plastica ad opera di…e degli allievi della
Cattedra di Scultura dell´Accademia di Belle Arti di Palermo 1988-2000. Palermo, Accademia di Belle
Arti, c. 2003. NOBILE, Marco Rosario. Antonello Gagini architetto, 1478 ca.-1536, Palermo, Flaccovio
Editore, 2010.
26
GIANNINO, A. (S.I.) La Chiesa del Gesú’ a Casa Professa. Palermo. Palermo, Officine Tipographiche
Aiello & Provenzano, 2003.
221
Juan Antonio Sánchez López
ojos atónitos de una ciudad tan populosa y poderosa un impresionante “Teatro Sacro”, acorde a
la importancia histórica que la propia comunidad palermitana se atribuía como una de las más
antiguas en el contexto de la propia Compañía. No en balde, había sido el propio fundador, San
Ignacio de Loyola, quien envió a Palermo los primeros jesuitas en 1549 para iniciar la fundación
de un Colegio, siendo éste el comienzo de la intensa trayectoria detentada por la Casa Profesa
hasta el momento presente27.
27
NOBILE, Marco Rosario. “La provincia di Sicilia”, ÁLVARO ZAMORA, Mª Isabel; IBÁÑEZ
FERNÁNDEZ, Javier y CRIADO MAINAR Jesús (coords.). La arquitectura jesuítica. Actas del Simposio
Internacional. Zaragoza, Institución “Fernando el Católico” (CSIC)-Diputación Provincial, 2012, págs. 91-
139.
28
LO JACONO, Giorgio (S.I.), “I marmi mischi siciliani nella Chiesa di Casa Professa a Palermo”,
Palladio, nº 3, 1939, págs. 113-122 y GARTSANG, Donald. “Marmi mischi a Palermo: dalla nascita del
Vernacolo all´abside di Casa Professa”, en NATALE, María Concetta di. (cur.). Splendore di Sicilia. Arti
decorative dal Rinascimento al Barocco, Milano, Charta Editore, 2001, págs. 152-169.
29
SERPOTTA, Giacomo. Le sculture e gli stucchi di Giacomo Serpotta / pubblicati per cura di Rocco
Lentini, con la monografia dell'artista scritta da Ernesto Basile ; e prefazione di Corrado Ricci. Torino,
Società Italiana di Edizioni Artistiche C. Crudo &C., 1911.
222
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
Giacomo Serpotta es una figura casi intrínseca del imaginario cultural palermitano30.
Aunque su actividad artística suele gozar de inestimable consideración por parte de los
especialistas y su nombre suele aparecer en prácticamente todas las grandes Historias del Arte
universales, lo cierto es que todavía suele ser un gran desconocido a nivel general. Máxime,
cuando parece existir una cierta resistencia historiográfica, fuera de Italia, a concederle ese lugar
preeminente en el contexto de la escultura barroca europea que su extraordinaria calidad y
excelencia plástica demandan y que, justo es decir, lo equiparan, sin duda, a los nombres de
siempre que acaparan los juicios de valor emitidos por los de siempre. Quizás la circunstancia de
haber desarrollado la mayor parte de su obra en un material “pobre” como el estuco y que su
producción suela adoptar una configuración coral que antepone a la pieza individualizada y
“personalizada” la integración de los elementos escultóricos en deslumbrantes programas
decorativos diseñados para edificios sacros, puedan tener algo o más bien mucho que decir al
respecto. Es indiscutible que su gran aportación fue convencer al público y, en especial, hacerle
“ver” cómo el estuco también podía ser un elemento plástico “sublime”, confiriéndole un estatus
de “nobleza” que lo exaltaba, y a la postre lo “redimía”, de esa ingenua “humildad” que
secularmente había venido atribuyéndosele en su condición de mera materia prima de cornisas y
decoraciones más o menos logradas. Dignidad, luminosidad, delicadeza, audacia, elegancia,
potencia y grandiosidad son algunos de los apelativos que, a partir de Giacomo Serpotta, pasaron
a interiorizar y categorizar, estéticamente hablando, la idoneidad escultórica del estuco.
Con independencia de las reflexiones que irán sucediéndose desde ahora mismo, una
visión que se pretenda objetiva de la significación de Giacomo Serpotta (1656-1732) no estaría
completa sin aunar su extraordinaria habilidad como escultor, escenógrafo y productor de
modelos con una sabia orquestación del trabajo en equipo, en virtud del consabido e
imprescindible papel jugado por el círculo de sus más estrechos colaboradores y, para ser más
exactos, por sus familiares más cercanos: su padre Gaspare (1634-1670), su hermano Giuseppe
(1653-1719), su hijo Procopio (1679-1756) y su nieto Giovanni Maria (1737-1760). Liderados
por Giacomo, los Serpotta configuran -con toda la rotundidad “militar” del término a efectos de
disciplina, competencia profesional y organización-, toda una “compañía” de stuccatori, además
de una acreditada dinastía31 que eleva a insospechados timbres de relevancia artística la escultura
30
PITINI, Vincenzo. L' arte di Giacomo Serpotta. Roma, Nuova Antologia, 1909. PAOLINI, Maria Grazia.
Giacomo Serpotta. Palermo, Novecento, 1983. MELI, Filippo. Giacomo Serpotta : uno scultore siciliano.
Milano,Touring Club Italiano, 1956.
31
GARSTANG, Donald. Giacomo Serpotta e gli stuccatori di Palermo. Palermo, Sellerio Editore, 1990.
ID. Giacomo Serpotta e i serpottiani: Stuccatori a Palermo 1656-1790. Palermo, Flaccovio Editore, 2006.
ID. Giacomo Serpotta, Palermo, Flaccovio Editore, 2006. FAVARA Giuseppina Favara y MAURO, Eliana
(cur.). Giacomo Serpotta e la sua scuola. Palermo, Grafill, 2009; LETO, Filippo. Giacomo Isidoro Niccolò
Serpotta “Magister Stuccator, Scultor e Architettor”. L’arte dello stucco a Palermo. Palermo, La Palermo
Ritrovata, 2005.
223
Juan Antonio Sánchez López
en estuco que el perugino Orazio Alfani32 introdujo entre 1539-1544, durante su estancia en
Sicilia, en la decoración del ábside de la Catedral de Palermo que volteaba la destruida Tribuna
de Antonello Gagini. A su vez, los Serpotta emparentaron con los Firriolo, otra familia de
estucadores palermitanos presentes desde la mitad del Setecientos a las primeras décadas del
XIX33.
En este sentido, si en el caso andaluz las parroquias, las Hermandades Sacramentales, las
corporaciones letíficas y las Cofradías de penitencia encarnan aquellos segmentos de raíces más
marcadamente “populares” del organigrama clientelar y necesitados de servicios artísticos para
ornamentar sus iglesias, capillas o ermitas propias, en el caso palermitano las intervenciones de
Giacomo Serpotta no pueden desligarse del fenómeno de las pequeñas iglesias y oratorios ligados
32
SANTI, Francesco. “Alfani, Orazio”, en Dizionario Biografico degli Italiani, Istituto dell’Enciclopedia
Italiana Treccani, Tomo 2, 1960.
Disponible en [Link] Consultado el
24/09/2014.
33
BONGIOVANNI, Gaetano. “Firriolo”, Dizionario Biografico degli Italiani, Istituto dell’Enciclopedia
Italiana Treccani, Tomo 48, 1997.
Disponible en [Link] Consultado el
24/09/2014.
34
GALLEGO BURÍN, Antonio. “Tres familias de escultores. Los Menas, los Moras y los Roldanes”.
Archivo Español de Arte y Arqueología, Tomo I, 1925, págs. 323-331; SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio
y GALISTEO MARTÍNEZ, José. “Orto y esplendor de Granada. Los hermanos Juan y Antonio Gómez,
escultores del círculo de Pablo de Rojas”, en Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada, nº 38 2007,
págs. 81-98; SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio y RAMÍREZ GONZÁLEZ, Sergio. “Proyección social,
endogamia y continuismo artístico. Los Asensio de la Cerda, una familia de escultores en la Málaga
ilustrada”, en Boletín de Arte, nºs 26-27, 2005-2006, págs. 283-316.
35
BASILE, Ernesto. Le sculture e gli stucchi di Giacomo Serpotta. Palermo, Edizioni librarie siciliane,
1981.
224
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
36
AURIGEMMA, Maria Giulia. Oratori del Serpotta a Palermo. Roma, [Link] Palombi, 1989. FERRANTE,
Maria. Percorsi tematici nel barocco palermitano: navigazione assistita nell'universo delle chiese e degli
oratori dei Serpotta. Palermo, Associazione Neopoiesis, 2000. ID. Beni culturali nel centro storico di
Palermo, Serpotta: oratori, chiese devozionali, musei: schede di catalogazione, Palermo, Associazione
Neopoiesis, 2000.
37
SESSA, Ettore “Le chiese della capitale vicereale tra Barocco e tardo barocco”, pág. 43.
38
PALOMERO PÁRAMO, Jesús Miguel. “El retablo como laboratorio de ideas”, en Revista de Arte
Sevillano, nº 1, 1982, págs. 56-57.
225
Juan Antonio Sánchez López
contexto del barroco siciliano, contribuyendo, a la postre, a su puesta en valor en el panorama del
barroco tardío europeo. A la vista de lo expuesto no sorprende que los espacios sacros
intervenidos por Serpotta se vean impregnados de irrenunciables matices personales ajustándose,
en toda regla y en su visión de conjunto, a los principios de aquello que vino en llamarse la “obra
de arte total”, por lo demás en plena comunión con lo que vendrán a significar la capilla
sacramental y el camarín en el barroco andaluz.
Uno de los aspectos más enigmáticos que rodean la personalidad escultórica de Giacomo
Serpotta es el relativo a su formación e influencias. Es indudable que su perfil artístico-profesional
nos sitúa ante un selfmade-man que supo rentabilizar las oportunidades que se le brindaron en pos
de conquistar un lenguaje propio y hábilmente definido, en virtud de un proceso de
perfeccionamiento y aquilatamiento progresivos. La experiencia acumulada en cada trabajo le
serviría para asentar esa doble vía que configura las claves de su poética: el conocimiento de las
expresiones artísticas locales sicilianas –especialmente del clasicismo renacentista de Antonello
Gagini y su círculo- y el influjo de los grandes nombres propios del barroco romano y
napolitano39. Esta última cuestión no es fácil de dilucidar, a pesar de la estancia en Roma en torno
a 1685-1688 que los biógrafos del artista consideran clave en su formación. Sobre el particular,
con frecuencia se ha señalado a Francesco Duquesnoy, Gian Lorenzo Bernini, Antonio Raggi y
Ercole Ferrata como referentes estilísticos de Giacomo Serpotta, aunque esa presunta influencia
debe considerarse relativamente tardía y, en honor a la verdad, derivada más bien del
conocimiento y manejo de las estampas grabadas que de la observación directa de las piezas de
aquellos40. Máxime cuando existen obras anteriores a esas fechas –por ejemplo, las estatuas y
altares del crucero de la Iglesia del Carmine Maggiore de Palermo (1683-1684)- que constituyen
testimonios más que elocuentes de la temprana habilidad de quien ya pasaba por ser un escultor
plenamente acreditado en la sociedad de su tiempo41. No puede olvidarse que la circulación de
grabados contribuyó de modo decisivo a la difusión internacional de las grandes tendencias
vigentes en el mundo del Arte, resultando decisivos en el caso concreto de la escultura setecentista
al asegurar su pertinente “actualización” a las modas y vientos estéticos imperantes. Por
mencionar un caso interesante de “aprendizaje” a distancia, y en cierta medida similar al proceso
verificado por cuenta propia por Giacomo Serpotta, merece traerse a colación el del malagueño
39
PALAZZOTTO, Pierfrancesco. “Giacomo Serpotta (1652-1732)”, BUCARO, Giuseppe (cur.). Il
Serpotta di scena. Palermo, Centro San Mamiliano, 2013, págs. 9-13, cit. págs. 10-11. PETTINEO, Angelo
y RAGONESE, Peppino. Dopo i Gagini prima dei Serpotta i Li Volsi. Tusa, Archeoclub d'Italia, 2007.
40
PALAZZOTTO, Pierfrancesco. “Giacomo Serpotta (1652-1732)”, págs. 12-13. El autor suma a estas
presuntas influencias las de los arquitectos Paolo Amato y Giacomo Amato y la del pintor Antonino Grano.
41
FODERA, Leonardo (cur.). Giacomo Serpotta: architettura e apparati decorativi settecenteschi a
Palermo. Palermo, Flaccovio Editore, 1996.
226
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
Fernando Ortiz (1717-1771)42, cuya situación particular en este aspecto viene a repetirse
prácticamente con el palermitano.
Como la inmensa mayoría de los escultores españoles del momento, Ortiz guió sus
primeros pasos por la senda del más ferviente barroco castizo y, para ser más exactos, bebiendo
de la tradición local que postulaba el seguimiento de los patrones heredados del siglo anterior,
merced al exitoso predicamento de los modelos seiscentistas de Pedro de Mena y Medrano. Por
algunos intereses en los que cabe reconocer deseos de prestigio y promoción social, Ortiz
emprendía viaje a la Corte de Madrid en 1756, lo que supondría todo un revulsivo para su
trayectoria futura. Allí, el malagueño desempeñaría distintas tareas relacionadas con el peritaje y
reconocimiento de materiales pétreos para la obra del Palacio Real43, así como alguna que otra
labor estatuaria44. En concreto, la Alegoría de la Filosofía que le hacía merecedor del
nombramiento de Académico de Mérito por la Escultura, según acuerdo de la Real Academia de
San Fernando adoptado en la Sesión de 14 de octubre de 175645.
A la par que Ortiz prestaba sus servicios a la Corona, se producía la asimilación de cuantos
conceptos y fórmulas estilísticas gravitaban en torno a Giovan Domenico Olivieri, Maestro
Director del Taller de Escultura del Palacio Real46. La lógica sugestión producida por Olivieri y
su figura, la contemplación de pinturas y grabados italianos y franceses, el contacto con la
producción de Carlo Maratta, Corrado Giaquinto, Jean Ranc, Louis Michael Van Loo, los pintores
españoles y los escultores del Taller Real y su receptividad hacia el discurso de la modernidad
imperante en el círculo regio acabaron transformando por completo el universo creativo del artista
malagueño quien, al regresar a Málaga, infiltraría el nuevo arte en la ciudad y, por extensión, en
la trayectoria secular de la escultura española en madera policromada. Ello le hizo diferenciarse
42
ROMERO TORRES, José Luis. “Fernando Ortiz: Aproximación a su problemática estilística”, en Boletín
del Museo Diocesano de Arte Sacro, nºs 1-2, 1981, págs. 147- 170; ID. “Fernando Ortiz”, en
ALCOBENDAS, Miguel (coord.). Málaga. Personajes en su Historia. Málaga, Arguval, 1985, págs. 337-
340. SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. “Fernando Ortiz: aires italianos para la escultura del siglo XVIII
en Málaga”, en Actas del IX congreso C.E.H.A. “El Mediterráneo y el Arte Español”, Valencia,
Universitát, 1998, págs. 167-174 y Modus Orandi. Estudios sobre Iconografía procesional y Escultura del
Barroco en Málaga. Málaga: Asociación Cultural ‘Cáliz de Paz’-GSP Editores, 2010, págs. 44-77.
43
ROMERO TORRES, José Luis. “El escultor Fernando Ortiz, Osuna y las canteras barrocas”, en
Cuadernos de los Amigos de los Museos de Osuna (Osuna), nº 11, 2009, págs. 73-79.
44
Como es sabido, el ambicioso proyecto decorativo del Palacio Real diseñado por el benedictino Martín
Sarmiento no se completó. Véase JIMÉNEZ RICO, Manuel. “La decoración escultórica del Palacio Real”,
en Revista de Occidente, nº 121, 1973, págs. 90-99; LLORENTE JUNQUERA, Manuel. “Los relieves
marmóreos del Palacio Real de Madrid”, en Arte Español, tº. XX, 1954, págs. 58-71; PLAZA SANTIAGO,
Francisco Javier de la. Investigaciones sobre el Palacio Real Nuevo de Madrid. Universidad, Valladolid,
1975; ID. “La escultura del siglo XVIII en Turín y sus contactos con España”, en Goya, nº 110, 1972, págs.
68-77.
45
FERNÁNDEZ AGUDO, María del Pilar y SÁNCHEZ DE LEÓN FERNÁNDEZ, María de los Ángeles.
“Índice de cargos académicos de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en el siglo XVIII”, en
Academia, nº 67, 1988, págs. 371-458, op. cit, pág. 399.
46
TÁRRAGA BALDÓ, María Luisa. Giovan Domenico Olivieri y el Taller de Escultura del palacio Real,
Tomo 2, Madrid, Patrimonio Nacional- CSIC-Instituto Italiano de Cultura, 1992, págs. 266-281 y 647-653.
227
Juan Antonio Sánchez López
y, hasta cierto punto, elevarse sobre la mayoría de los escultores andaluces coetáneos, anclados
en los convencionalismos, estereotipos y rudimentos del barroco vernáculo, cuyos filones estaban
más que agotados en los otrora grandes centros productivos andaluces de Sevilla y Granada47.
Desde sus respectivas trayectorias, Ortiz y Serpotta parecen responder al mismo perfil del
“escultor de provincias” procedente de una periferia meridional –Málaga y Palermo-, que rompe
la crisálida de su origen para abrirse a otros mundos. Tan favorable - y fortuita- coyuntura
profesional le dará acceso al conocimiento del arte de aquellos grandes centros –Madrid y Roma-
que capitalizaban cuantas ideas de renovación, transformación e incluso vanguardia definían por
entonces los productos culturales en el contexto “nacional” español e italiano. Después de la
experiencia foránea, ambos seguirán sumidos en la tradición artística de sus respectivas ciudades,
a la que, pese a todo, uno y otro conseguirán imprimir aires renovadores gracias a lo vivido,
observado, asimilado y aprendido lejos de ellas, valiéndose del concurso y la ayuda de las fuentes
grabadas. Al renovar su lenguaje sin someterse a los inconvenientes derivados de una relación de
maestría-discipulaje convencional, Ortiz y Serpotta también suplen con habilidad, intuición,
ingenio y facultades propias lo que, en otros casos, podrían haber sido lastres de una disciplina
academicista que, por el contrario, ellos reinterpretan con una libertad acorde a su poética y
discurso estético, adaptándola a sus propias necesidades creativas y a las posibilidades y
naturaleza técnica de los materiales que marcan los gustos de la idiosincrasia vernácula: la madera
policromada y el estuco, respectivamente.
En virtud de lo expuesto –y sin perder nunca de vista las impresiones que su obra
escultórica desprende-, es evidente que si existe un concepto capaz de aprehender
conclusivamente la poética de Giacomo Serpotta, ése es el de eclecticismo. Un eclecticismo
entendido no como mezcla indiscriminada y caprichosa de estilos, sino como un repertorio
versátil de soluciones plásticas que van adquiriendo presencia y definición personal en el trabajo
escultórico conforme lo exigen las circunstancias iconográficas, morfológicas y estilísticas que
informan la temática en cuestión o la ya referida noción de “decoro”, de tan trascendente
proyección y presencia en su obra. Ese decoro impide, consecuentemente, clasificar la escultura
de Giacomo Serpotta conforme a rígidas codificaciones deudoras de círculos, escuelas o maestros
concretos. Todos ellos y ninguno se hacen visibles en la miríada de figuras exentas, relieves y
47
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. "Barroquismo triunfal, alabanza de corte y clasicismo atemperado.
La escultura del siglo XVIII en Andalucía Oriental", en Diálogos de Arte. Homenaje al profesor Domingo
Sánchez-Mesa Martín. Granada, Editorial Universidad de Granada, 2014, págs. 465-496. SÁNCHEZ
LÓPEZ, Juan Antonio. "La escultura andaluza del siglo XVIII en los círculos orientales", en Actas del I
Congreso andaluz sobre patrimonio Histórico. La escultura barroca andaluza en el siglo XVIII.
Conmemoración del III Centenario del nacimiento del Escultor Andrés de Carvajal y Campos (1709-2009),
Cuadernos de Estepa, nº 4, Ayuntamiento de Estepa, 2014, págs. 17-58; SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio
y LÓPEZ-GUADALUPE MUÑOZ, Juan Jesús. “Renovarse o morir. Panorámica de la escultura andaluza
y mediterránea en la época de José Luján Pérez (1756-1815)”, HERNÁNDEZ SOCORRO, María Reyes.
(coord.). Luján Pérez y su tiempo. Las Palmas de Gran Canaria, Gobierno de Canarias, 2007, págs. 81-97.
228
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
De todas formas, sí existe a nuestro entender un factor aglutinante que imprime cohesión
estética a la poética de Giacomo Serpotta y que, además, parece imponerse a los aportes de tanta
influencia “dispersa”. Ése no sería otro que la sugestión que pudo producirle el conocimiento en
Roma y otros lugares de la obra del eternamente “olvidado” Alessandro Algardi. De hecho, es
realmente de Algardi de quien deriva ese estilo áulico y solemne de los rostros que Serpotta
transfiere a los ángeles adolescentes –interpretados como jóvenes fuertes, llenos de majestad,
48
magníficamente vestidos -, a sus representaciones hagiográficas (Carmine Maggiore,
Sant´Agostino) y, especialmente, a sus antológicas y carismáticas figuras femeninas que prestan
sofisticada corporeidad a la representación de las Virtudes en diferentes iglesias (San Francesco
d´Assisi, San Matteo all Cassaro, San Giovanni dei Napolitani) y oratorios. También es
claramente deudora del boloñés la inquebrantable adhesión del palermitano a un clasicismo
realista, alejado de toda frialdad programática y presto a delatarse con tintes de mesurada y fresca
sensibilidad, que aflora de modo particular en aquellas figuras donde el concepto de
“monumentalidad” adquiere carta de naturaleza con mayor énfasis. Un principio que, por lo
demás, permanece intacto con independencia de la escala o el material base de la escultura,
brillando con idéntica intensidad ya se trate de piezas en estuco como las referidas Virtudes -
donde el formato impone solventar una serie de problemas técnicos específicos y de alcance
decisivo, sobre todo en lo tocante a la armadura interna de las piezas49-, como en otros materiales.
Éste último sería el caso de los grupos estatuarios (c. 1708) de David y Ajimelec y David y Abigail
modelados por Giacomo Serpotta –aunque ejecutados en mármol por Gioacchino Vitagliano- que
dominan los “teatros perspectívicos” del ábside del Gesú de Palermo, recortando sus siluetas ante
espectaculares paisajes de intarsia50.
48
II Macabeos 3, 26.
49
DI STEFANO, Salvatore. “L´arte mirabile degli scultori di familia Serpotta”, en Agora, nºs 11-12, 2002-
2003, págs. 39-43, cit. pág. 39-40. NOTO, Francesca. Giacomo Serpotta: problemi di conservazione e
restauro degli stucchi. Palermo, ILA Palma, 1982.
50
MARAFON PECORARO, Massimiliano. “L´Abside maggiore della Chiesa di Santa María
dell´Ammiraglio a Palermo”, en MAURICI, Ferdinando y VIOLA, Gianni Eugenio (cur.). Sicilia Barocca:
maestri, officine, cantieri, Roma, Edizioni Studium, 2005, págs. 101-121, cit., págs. 112-114. ID. “Barocco
e Controriforma nella Sicilia del XVII secolo…”, págs. 428-430 y 435.
51
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. “Del ideal atlético al ideal heroico. Algunas controversias (pre y post)
barrocas sobre el cuerpo“, GONZÁLEZ ROMÁN, Carmen. (ed.). A través de la mirada. Anatomía,
Arquitectura y Perspectiva en la tradición artística occidental. Madrid, Abada Editores, 2014, págs. 81-
126.
229
Juan Antonio Sánchez López
asistiendo a las Ánimas del Purgatorio (1729) de la portada interior de la iglesia de San Matteo
al Cassaro el artista ofrece una acabada lección acerca de cómo tratar el cuerpo glorioso en su
plenitud de fuerzas sin dar sensación de pesadez, secundando bajo una profunda óptica subjetiva
la misma construcción corporal canónico-clásica, de la que se habían impregnado las obras de los
artistas renacentistas y manieristas. Precisamente un homenaje consciente al temple bizarro,
caprichoso y aún extravagante de aquellos, se percibe con claridad en las columnas salomónicas
de los altares levantados por Serpotta en el crucero de la Iglesia del Carmine Maggiore de Palermo
(1683-1684), ya referidos más atrás. La singular fisonomía de las columnas torsas brinda el
pretexto para desplegar una secuencia rítmica de los cuerpos, que componen escenas yuxtapuestas
al tiempo que se deslizan en cascada por las espiras. El resultado plástico no es otro que construir
una auténtica “cadena humana”, cuyo espléndido modelado favorece el pequeño formato y puesta
en valor al confrontarse visualmente con la exuberante vegetación que recubre los fustes. El
contraste cromático entre el estuco blanco de las figuras y demás ornamentación y la textura
dorada de los soportes acrecienta el efecto visionario del conjunto.
230
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
recurrentes y sobradamente conocidas como para servir de “citas de autoridad” que rinden tributo
al prestigio del mundo antiguo52.
Otro tanto cabe afirmar en relación a las cabezas, cuyo sarcástico componente expresivo
trasciende el tratamiento “pintoresco” y esquemático de las representaciones convencionales y
superan el carácter grotesco de las interpretaciones españolas, herederas de los fantasiosos
precedentes tardomedievales cuyas proporciones solían estar tan equivocadas como sus
estructuras. Entre estas últimas, figuran algunas tan emblemáticas del barroco andaluz como las
del panteón de los Condes de Buenavista en la Basílica de la Victoria55 y las pinturas de la
52
HASKELL, Francis y PENNY, Nicholas. El gusto y el arte de la Antigüedad. El atractivo de la escultura
clásica (1500-1900). Madrid, Alianza Editorial, 1990, págs. 247-250 y 324-326.
53
PALAZZOTTO, Pierfrancesco. “Giacomo Serpotta e la compagnia dell´orazione della Morte in
Sant´Orsola”, en PALAZZOTTO, Pierfrancesco y SEBASTIANELLI, Mauro. Giacomo Serpotta nella
Chiesa di Sant´Orsola di Palermo. Studi e Restauro. Palermo, Congregazione Sant´Eligio-Museo
Diocesano di Palermo, 2011, págs. 15-47, cit. págs. 34-35.
54
SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan Antonio. “Corpus Insolitus. Libros de Anatomía, Imágenes heterodoxas y
Manierismo Surrealista en la cultura visual europea”, en Revista de História das Ideias, nº 33, 2012, págs.
183-216.
55
CAMACHO MARTÍNEZ, Rosario. La emblemática y la mística en el Santuario de la Victoria de
Málaga. Madrid, Fundación Universitaria Española, 1991.
231
Juan Antonio Sánchez López
parroquia de San Lázaro en Málaga56. En ambos ejemplos, el presunto efecto “terrorífico” del
esqueleto se debe más a factores ambientales que a sus propias capacidades artísticas, por lo
demás limitadas a un elenco de histriónicos mohines, distorsiones e imperfecciones anatómicas
que delatan la imagen “viciada” de una anatomía que se conoce exclusivamente mediante los
libros, sin su debida contrastación y constatación ad naturam.
“… es obra buena y santa orar por los difuntos. Por eso hizo que fuesen expiados
los muertos: para que sean absueltos de sus pecados”.59
56
CAMACHO MARTÍNEZ, Rosario. ”Ciencia y mito en una imagen macabra: la cripta del Hospital de
San Lázaro de Málaga”, en Lecturas de Historia del Arte, nº 2, Vitoria, 1990, págs. 159-176.
57
Fue instituida el 5 de noviembre de 1564 en la Iglesia de SS. Quaranta Martiri al Cassaloto con la finalidad
primordial de servir de “mutualidad de entierros” y practicar la oración permanente por las almas de los
difuntos. Vid. PALAZZOTTO, Pierfrancesco. “Giacomo Serpotta e la compagnia dell´orazione…, op. cit.,
págs. 15-17. Para el tratamiento de esta cuestión en la Andalucía Barroca, véase SÁNCHEZ LÓPEZ, Juan
Antonio. Muerte y Cofradías de Pasión en la Málaga del siglo XVIII (La imagen procesional del Barroco
y su proyección en las mentalidades), Málaga, Diputación Provincial, 1990.
58
I Corintios 15, 51-53.
59
II Macabeos 12,46.
232
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
60
DI STEFANO, Salvatore. “L´arte mirabile degli scultori…”, op. cit., pág. 43. El autor ofrece una
catalogación sucinta de las mismas.
61
MONGITORE, Antonino. Le Compagnie di Palermo (Ms. B.C.P. Qq E 8) y Le Confraternite, le Chiese
di Nazioni, di artisti e professioni, le Unioni, le Congregazioni e le Chiese particolari (Ms. B.C.P. Qq E
9).
62
PAPALIA Mariolino. Compagnie Nobili della felicissima città di Palermo, Editore Gruppo Mariolino
Papalia P.R., 2014. PALAZZOTTO, Pierfrancesco. Palermo. Guida agli oratori. Confraternite, compagnie
e congregazioni dal XVI al XIX secolo, Palermo, Kalós, 2004.
63
SESSA, Ettore. “Le chiese della capitale vicereale…”, op. cit., págs. 43-44.
233
Juan Antonio Sánchez López
Aunque el oratorio como tal tuvo sus precedentes en el contexto de la arquitectura sacra
palermitana desde los años inmediatamente posteriores a la clausura del Concilio de Trento en
1563, es cierto que fue Giacomo Serpotta el responsable de convertirlo en referencia obligada
para los estudiosos de los productos culturales del barroco. De inmediato surge la comparación
con los invariantes castizos del barroco andaluz –en concreto, la capilla sacramental y el camarín-
con los que el oratorio palermitano establece una serie de conexiones y divergencias evidentes.
De hecho, capillas sacramentales y camarines –y por extensión los propios oratorios- suponen no
solo la definitiva concreción del barroco, sino también la culminación de un proceso creativo que
–en opinión de Recio Mir- se había iniciado con el surgimiento y la expansión del ornamento, a
tenor del sustrato antropológico que informa las creaciones arquitectónicas en uno y otro
sentido64. También deberá tenerse en cuenta una común búsqueda de la “obra de arte total” –
Gesamtkunstwerk-, ante el avance creciente de un desarrollo litúrgico de exacerbada sensualidad
y acusado intimismo, palpable ya desde finales del XVII.
64
RECIO MIR, Álvaro. “Génesis del ornato barroco sevillano…”, op. cit., pág. 807.
65
BURCKHARDT, Titus. El Arte del Islam. Lenguaje y significado, Palma de Mallorca, Ediciones de la
Tradición Unánime, 1988, pág. 70.
234
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
235
Juan Antonio Sánchez López
servil de ancilla Architecturae. Con rebeldía, santos y alegorías se sacuden el yugo del marco
arquitectónico, para desbordarlo con decisión y recurriendo a una puesta en escena que invoca el
dramatismo gestual y la torsión de los cuerpos. En gran medida, esas son las mismas premisas
que, entre 1658-1662 y 1678-1680, habían conferido un sentido plenamente “barroco” a las
figuras talladas por Pedro de Mena en la sillería del Coro Capitular de la Catedral de Málaga,
cuyo pronunciadísimo relieve las asimila, prácticamente, a auténticas esculturas exentas adosadas
a una sobria arquitectura. En su afán de conceder a los personajes esculpidos el máximo
protagonismo discursivo y plástico, Mena les había otorgado un canon mayor que el de obras
similares precedentes, sin olvidar imprimirles una volumetría más consistente que redunda en una
efectista valoración de los planos y siluetas y la cualidad de bloque. Se rompe así la concordia
entre las partes a favor de una rotunda supremacía escultórica del concepto de sillería de coro,
que se conquista tras la tensión dialéctica que provoca –al igual que las estatuas de Giacomo
Serpotta- la pletórica emancipación de las figuras respecto a la traza arquitectónica y los
repertorios decorativos.
“Oye, pobre hombre: de este lado ya estoy asado; di a tus esbirros que me den
la vuelta; acércate a mí, corta un trozo de mi carne y cómelo romano, que ya está a punto
para ello”.68
Sin dejar de atenerse al relato, Serpotta opta por reinterpretarlo con algunas licencias que
le inducen a primar sobre la insolencia testimonial del protagonista el clímax dramático del acto
66
GRASSO, Santina, MENDOLA Giovanni, SCORDATO Cosimo y VIOLA, Valeria. Giacomo Serpotta.
L´oratorio di San Lorenzo a Palermo. Palermo, Euno Edizioni, 2013. MONTAPERTO, María Luisa.
Oratorio di San Lorenzo. Palermo, Amici dei Musei Siciliani, 2013.
67
PALAZZOTTO, Pierfrancesco. “L ´oratorio del SS. Rosario in S. Cita”, BUCARO, Giuseppe (cur.). Il
Serpotta di scena, págs. 15-21.
68
VORÁGINE, Santiago de la (O.P.). La leyenda dorada, Tomo 1. Madrid, Alianza Editorial, 1984, pág.
465.
236
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
de violencia perpetrado contra él. De ahí que retrotraiga la acción al instante en el que el cuerpo
desnudo del muchacho está siendo colocado sobre la parrilla donde morirá asado vivo, mientras
el sacerdote pagano le insta a apostatar y un verdugo se dispone a remover los rescoldos de las
brasas en presencia del emperador y su corte. Como en todo clásico “cuadro” de martirio que se
precie posterior a la Reforma Católica, no pueden faltar los ángeles niños que, en la parte superior
de la escena, confortan al personaje al mostrarle los signos de su glorificación como mártir y atleta
de Cristo: la corona de laurel, las flores y la hoja de palma. Estos últimos “huyen” del plano de
fondo para voltearse literalmente sobre la cabeza del espectador y en sentido perpendicular al
propio relieve, adquiriendo con ello una dimensión escultórica totalmente tridimensional. En el
plano inferior, el mártir abre los brazos y dirige la mirada al cielo con gozo, sabiéndose ya
plenamente consciente de la merecida recompensa que recibirá por su sacrificio.
A nuestro entender, nuevamente salta a la vista la inteligente observancia por parte del
palermitano del magisterio “a distancia” de Alessandro Algardi, quien, entre 1646-1653, había
consagrado los principios del rilievo pittorico en la soberbia Entrevista del papa León Magno con
Atila, labrada en mármol blanco para el altar de la Capella della Colonna de la Basílica
Vaticana.69 Tan grandioso conjunto escultórico pasa por ser una de las más relevantes obras
artísticas de San Pedro y, por extensión, de la escultura del Barroco romano, pese a ser, en líneas
generales, muy desconocido para el gran público. Algardi había incentivado el componente teatral
69
MONTAGU, Jennifer. (cur.). Algardi. L´altra faccia del barocco. Roma, Edizioni de Luca, 1999, págs.
172-177.
237
Juan Antonio Sánchez López
de la aparición apostólica de San Pedro y San Pablo al rey de los hunos, al hacer partícipe de la
visión al papa León Magno, que levanta la mano recriminando a Atila, a la par que le señala las
funestas consecuencias que podría acarrearle su intención de avanzar sobre Roma.
70
ARGAN, Giulio Carlo. Storia dell´Arte italiana, Tomo 3. Milano, Sansoni-RCS, 2002, pág. 454.
238
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
“...i personaggi del Serpotta come gli attori di teatro, non hanno esistenza al di fuori
della luce della scena, del gesto che accennano, della frase che silenziosamente
pronunciano, del costume che indossano... della parte che recitano”. 71
71
ARGAN, Giulio Carlo. “Il teatro plastico di Giacomo Serpotta”, en Il Veltro, Tomo I, nº 9, 1957, págs.
29-33.
239
Juan Antonio Sánchez López
A la vista de lo que Giacomo Serpotta representa para el estudio del universo barroco,
conocerlo simplemente como un artista de su tiempo sería tener de él una visión demasiado
sumaria, por no decir demasiado pobre de quien, en tantos matices, anuncia ciertos esquemas de
la modernidad. Si los conceptos de “neobarroco” y “posmodernidad” tienen en común una
conciencia exacerbada del cuerpo retórico del sentido y un cierto entusiasmo por el artificio, la
simulación y el espectáculo73, ¿por qué no considerar al palermitano un inconsciente visionario
de los mismos? Basta comparar algunas fotografías de modelos de moda Steven Klein con las
Virtudes de Serpotta para percatarnos que no están tan “lejanas” como parecen por mucho que se
pretenda “justificar” a las segundas. Pero ésa será otra historia, de las muchas que nos invitan a
contar los misterios insondables del espíritu barroco. De momento, solo podemos contentarnos
en recordar con Eugenio d´Ors cómo el barroco es una estética intemporal y constante que se
repite en toda la Historia del Arte, exigiendo de nosotros una cierta receptividad que nos permita
ser plenamente conscientes de cómo:
72
CARMONA MATO, Eugenio. Caravaggio. Madrid, Historia 16, 1993, págs. 112-113.
73
ROJAS, Sergio. “Sobre el concepto de `neobarroco´”. Disponible en [Link] / Escuela de
Filosofía Universidad ARCIS: [Link]/articulos/antiguos0405/[Link]. Consultado el
11/01/2014. FIGUEROA SÁNCHEZ, Cristo Rafael. “De los resurgimientos del barroco a las fijaciones
del neobarroco literario hispanoamericano. Cartografías narrativas de la segunda mitad del siglo XX”, en
Poligramas, nº 25, 2006, págs. 135-157.
240
Escultura, mensaje y ornamento en la arquitectura barroca de Andalucía y Sicilia…
74
D´ORS, Eugenio. Lo barroco. Madrid, Tecnos, 1993, pág. 63.
241
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Ilustraciones
242
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