BASES TÉORICAS
Orígenes del Proceso de Compostaje
Tuvo su origen en la India, con las experiencias del inglés Albert Howard a principios
del siglo XX. Compartió sus conocimientos científicos con los tradicionales de los
campesinos. Fermentaba una mezcla de residuos vegetales y excretas de animales,
manteniéndolos húmedos. El resultado fue la reducción de masa, volumen y
humedad, y la estabilización de la materia orgánica, permitiendo su uso agrícola
(Alcas et al. 2005, 40).
La degradación biológica de los residuos biogénicos está documentado desde el siglo
I d.C. (Holgado y col. 1988), en la búsqueda de abono para la agricultura, aunque
éstos no siempre conservaban su potencial nutritivo por falta de control del proceso.
Compostaje
El compostaje, es un conjunto de biotransformaciones bioxidativas secuenciales de
similar manera como ocurre en el suelo para generar un producto orgánico altamente
estable. Se transforma la materia orgánica hasta mineralizar la parte asimilable por
los microorganismos y humificar (proceso que genera complejos coloidales
relativamente estables y resistentes a la acción microbiana) los compuestos de más
difícil transformación. Al final, se obtiene un compuesto parcialmente mineralizado
y humificado que puede aún ser mineralizado posteriormente en el suelo en procesos
más lentos.
El compostaje es un proceso biológico aerobio, con exigencias de aireación, humedad
y temperaturas controladas que a través de las etapas mesófila (temperatura y
humedad medias) y termófila (temperatura superior a 45ºC), transforman los
residuos biogénicos, en compost (producto estable e higienizado), que puede ser
usado como abono o sustrato.
Entonces, el compostaje es una técnica de estabilización y tratamiento de residuos
biodegradables. El calor generado en la etapa termófila elimina las bacterias
patógenas, huevos de parásitos y semillas de hierbas consideradas “indeseables”
generando un producto higienizado. Son procesos metabólicos complejos de un
conjunto de microorganismos en procesos biológicos de reciclaje de la materia
orgánica que al final pueden evolucionar hasta humus un factor de estabilidad y
fertilidad del suelo. Estos cambios químicos y especies involucradas varían con la
composición del material a compostar.
El compost, posee un importante contenido en materia orgánica y nutriente,
pudiendo ser aprovechado como abono orgánico o como sustrato (Curso de Técnico
en Gestión de Residuos: Urbanos, Especiales e Industriales-a Distancia).
El origen urbano, en ciudades de los andes del Perú, de los residuos orgánicos a
compostar es diverso y en ese conjunto se pueden identificar restos de poda, restos
de agricultura (rastrojos), restos de cultivos, estiércol de animales menores como
roedores y aves, fracción orgánica domestica (restos de comida y otros) y residuos
orgánicos provenientes de mercados y calles, predominantemente.
El tamaño de la materia prima es importante, cuanto mayor sea la superficie de los
residuos expuestos a la acción de los microorganismos, más rápido será el proceso
de degradación. Consecuentemente, el tamaño del residuo influye en la velocidad
de descomposición. Es recomendable usar una trituradora de residuos para
acondicionar la materia prima en la ruma correspondiente (Alcas et al. 2005, 48).
La trituración de la materia prima facilita el ataque de los microorganismos y
aumenta la velocidad del proceso duplicándola. Pero, también se reduce el espacio
libre (intersticial) entre cada componente de la ruma e incrementa la fricción (Haug
1993), limitando la difusión del O2 del exterior hacia el interior y del CO2 del interior
al exterior, limitando la actividad microbiana. Por eso, la trituración es buena, pero
no hasta convertirla en partículas muy pequeñas porque se corre el riego de que la
ruma se compacte.
El tamaño óptimo de las partículas es distinto según el criterio de varios autores,
fluctuando entre 1-5 cm (Haug 1993), entre 2-5 cm (Kiehl 1985) y entre 2.5-2.7 cm
(Tchobanogolus y col 1994). (Moreno y Moral 2008, 101).
Obviamente, existe materia prima no recomendable para producir compost, porque
presentan riesgos para la salud de los seres vivos, como las excretas humanas, carne
fresca, grasas de cualquier origen, huevos enteros, productos lácteos, plantas
tratadas con biocidas y todo material inerte (plásticos, vidrios, envolturas, etc.)
(Alcas et al. 2005, 57).
El proceso bioxidativo exige condiciones biológicas diferentes a los concurrentes
procesos físicos, químicos y anaeróbicos. La degradación completa de la materia
prima requiere de un tiempo mínimo para que los microrganismos puedan completar
los ciclos biológicos correspondistes, requiriendo casi de un control estricto muy lejos
de la espontaneidad, para generar el compost deseado como fertilizante (materia
orgánica estabilizada) (Hedegaard et al. y col. 1996).
Proceso en Planta de Compostaje
Materia prima del compostaje: una de la clasificación de los residuos sólidos
biogénicos se puede realizar con base a:
A su naturaleza química: residuos orgánicos ricos en carbono, ricos en nitrógeno.
Residuos minerales como sales minerales (fosfatos, carbonatos, sulfatos).
A su estado físico: residuos sólidos, como rastrojos, residuos domésticos frescos y
restos de madera. Residuos semisólidos, como efluentes agroalimentarios y estiércol
de animales menores.
A su origen: procedentes de actividades domésticas. Procedente de actividades
comerciales (especialmente del comercio informal). Procedente de actividades
agrícolas.
Es casi obvio que toda esta materia prima no tiene todas las características
requeridas para un compostaje eficaz y eficiente, requiriendo ser complementado
con materia diferente en proporciones adecuadas, para obtener una mezcla con las
características adecuadas para el proceso de compostaje (Curso de Técnico en
Gestión de Residuos: Urbanos, Especiales e Industriales a Distancia).
En la Tabla 1bt, se muestran, como ejemplo, las características apropiadas de la
mezcla de materia prima inicial para llevar a cabo el proceso de compostaje:
Tabla 1bt: Características optimas de la mezcla de la materia prima inicial.
Característica Rango Razonable Rango Preferido
Relación C/N 20-40 25-30
Contenido de humedad 40-65 % 50-60 %
pH 5.5-9 6.5-+8.5
Fuente: (Rynk et al. 1992).
La lista de materiales apropiados para el compostaje es innumerable. La Tabla 2tb,
muestra algunos de ellos.
El estiércol en general, como la del vacuno, es un material muy rico en nitrógeno y
muy húmedo. Su humedad y relación C/N van a depender de la cantidad usada, de
las prácticas de manejo, del tipo de operación, y del clima. Generalmente, requiere
la mezcla de materiales secos y ricos en carbono, con frecuencia de dos a tres
volúmenes de enmienda por volumen de estiércol. El riesgo de olores fétidos es
relativamente bajo si el proceso dura unas pocas semanas, porque se descomponen
rápidamente. En proporciones adecuadas, el estiércol en un buen material. Este
material, es uno de los más abundantes en la zona andina de Ancash, en el conjunto
de los residuos compostables.
El aserrín en general, es un material con escaso contenido en humedad y carbono,
su degradabilidad va de moderada a escasa. Es buen absorbente de humedad y olores.
Se trata de una enmienda de bueno a moderado. Habitualmente proviene de los
aserraderos y carpinterías.
Tabla 2bt: Composición de algunos componentes de la materia prima del compostaje.
Contenido
Material Intervalos humedad N (%) Relación C/N
(%)
Rango 62-88 0.9-2.6 20-49
Residuos de frutas
Media 80 1.4 40
Pepa de aceitunas Típico 8-10 1.2-1.5 30-35
Rango 7-12 0-0.4 113-1120
Cáscara de arroz
Media 14 0.3 121
Residuos vegetales Típico - 2.5-4 11-13
Residuos de matadero Típico 10-78 13-14 3-3.5
Rango 50-81 6.5-14.2 2.6-5.0
Residuos de pescado
Media 76 10.6 3.6
Esqueletos de pollo Típico 65 2.4 5
Rango 22-46 1.6-3.9 12-15
Estiércol de gallina
Media 37 2.7 14
Rango 67-87 1.5-4.2 11-30
Estiércol de vaca
Media 81 2.4 19
Residuos de alimentación (comida) Típico 69 1.9-2.9 14-16
Papel higiénico Típico 18-20 0.2-0.25 127-178
Ensilado de maíz Típico 65-68 1.2-1.4 38-43
Rango 4-27 0.3-1.1 48-150
Paja en general
Media 12 0.7 80
Rango - 0.6-1.1 48-98
Paja de cebada
Media - 0.9 60
Rango - 0.3-0.5 100-150
Paja de trigo
Media - 0.4 127
Rango - 0.10-0.41 116-436
Corteza de maderas duras
Media - 0.241 223
Rango - 0.04-0.39 131-1285
Corteza de maderas blandas
Media - 0.14 496
Residuo de papel periódico Típico 3.8 0.06-014 398-852
Pulpa de papel Típico 82 0.59 90
Rango 19-65 0.06-0.8 200-750
Aserrín
Media 39 0.24 442
Rango - 2.0-6.0 9.25
Restos de vegetales de jardinera urbana
Media 82 3.4 17
Rango - 0.5-1.3 40-80
Hojas de vegetales
Media 38 0.9 54
Podas de arboles Típico 70 3.1 16
Fuente: elaborado con información de (Rynk et al. 1992).
Las diversas hojas de vegetales, relativamente secas tienen un alto contenido de
carbono. Presentan buena degradabilidad si están trozadas de tamaño apropiado y
su absorción de humedad es moderada. La generación de olores es baja. Su
disponibilidad está condicionada por la estacionalidad. Como materia para el
compostaje es de bueno a moderado (Negro et al. 1994, 12).
Los restos de madera, suelen ser secos y con alto contenido en carbono. Tienen una
presencia decisiva en el proceso como estructuradores por su baja degradabilidad.
En general, son usados como relleno, para dar volumen y condiciones de aireación
forzada. Debe separarse al final del proceso para ser usado en el siguiente.
Según (Fitzpatrick, 1993), un procedimiento para calcular la proporción entre las
mezclas sería aplicando las ecuaciones siguientes:
Los kg de residuo A (S) necesarios para mezclar por cada kg de residuo B para obtener
una relación C/N determinada, serán:
C
(C en 1 Kg de B) − (relación N 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑎𝑑𝑎) (𝑁 𝑒𝑛 1 𝐾𝑔 𝑑𝑒 𝐵)
𝑆=
C
(N en 1 Kg de A) (relación deseada) − (C en 1 Kg de A)
N
(Peso H2 O, A) + (Peso H2 O, B)
𝐶𝑜𝑛𝑡𝑒𝑛𝑖𝑑𝑜 𝑑𝑒 ℎ𝑢𝑚𝑒𝑑𝑎𝑑 =
Peso total
Donde: S = Kg de residuo A
C = contenido de carbono.
N = contenido de nitrógeno.
El método de la ruma, es un excelente método, siempre que esté protegida de
vientos y bajo sombra parcial para ayudar a calentarla. Cuanto mayor sea su
exposición a los vientos y al calor del sol requerirá más agua.
Los restos orgánicos se ubican en una capa aproximada de 20 a 25 cm de profundidad.
La materia gruesa se descompondrá más rápido si son ubicadas en la capa del fondo.
Esta capa debe ser mojada hasta que esté plenamente húmeda, pero no saturada.
Las fuentes de nitrógeno deben ubicarse encima de esta capa gruesa como materia
orgánica activadora con un espesor de 2.5 a 5 cm. En las capas sucesivas se añaden
los otros residuos. Finalmente, se cubren con restos de follaje o paja, plásticos o
geotextiles. Puede aplicarse una capa aproximada de 30 cm de tierra o compost
terminado, culminando con el regado correspondiente.
Es recomendable colocar en la base una capa de piedras esparcidas o ramas cruzadas
antes de posicionar la ruma; ello, ayudará en la aireación. Otra manera es picar y
soltar la tierra. El objetivo de cubrir con tierra, es la inoculación con microrganismos
descomponedores. Otra manera de asegurar que los microorganismos activos estén
presentes en el nuevo proceso es mezclar los residuos con algo de “compost antiguo”
a medida que se construye la ruma (Alcas et al. 2005, 62-63).
Las rumas debieran construirse inicialmente por capas para facilitar la
descomposición porque asegura una mezcla adecuada. La ruma debe tener
aproximadamente 1. 50 m de altura (Sánchez, 2003). El periodo aproximado que dura
el proceso de compostaje es de 3 a 4 meses en las estaciones de primavera y verano,
y de 6 meses en invierno (Alcas et al. 2005, 63).
Parámetros que Influyen en el Proceso
Pueden ser clasificados en dos grupos: parámetros de seguimiento, medidos y
adecuados durante el proceso (temperatura, humedad, pH, aireación y espacio de
aire libre), y parámetros relativos a la naturaleza del sustrato, medidos y adecuados
al inicio del proceso (tamaño de la materia prima, relaciones C/N y C/P, nutrientes,
materia orgánica y conductividad eléctrica). Los valores puntuales y en intervalos
optimos están influenciados por las condiciones ambientales, el tipo de residuos y el
sistema de compostaje elegido (Moreno y Moral 2008, 95).
Temperatura: varía dependiendo de la actividad metabólica de los microorganismos.
Divide el proceso de compostaje en cuatro etapas: mésofila, termófila, enfriamiento
y maduración (ver Figura 1bt).
Al inicio, la materia prima del compost se encuentra a temperatura ambiente, casi
inmediatamente los microorganismos proliferan y la temperatura sube
considerablemente. A pocos días alcanza 40 ºC (fase mesófila). Luego, sigue
incrementándose hasta alcanzar valores comprendidos entre 60-70 ºC (fase
termófila). La enorme mayoría de los microorganismos iniciales mueren y son
reemplazados por otros resistentes a esa temperatura. A partir de los 60 ºC, los
hongos termófilos cesan su actividad y la reacción es llevada a cabo por bacterias
formadoras de esporas y actinomicetos. En esta fase la generación de calor se iguala
a la velocidad de pérdida de calor en la superficie de las rumas, esto marca el final
de la fase termófila. Al final, se reproduce una nueva fase mesófila o de enfriamiento
y una fase final de maduración en la que la temperatura vuelve a ser ambiental
(Negro et al. 1994, 7).
La evolución de los valores de la temperatura, es la variable más trascendente en el
control del proceso, porque se ha comprobado que pequeñas variaciones de
temperatura afectan más la actividad microbiana que pequeños cambios de
humedad, pH o C/N (Moreno y Moral 2008, 96).
La evolución de los valores de la temperatura permite deducir la eficiencia del
proceso, porque existe una relación directa entre la temperatura y la degradación
de la materia orgánica, como entre la degradación y el tiempo durante el cual la
temperatura es alta. Cuando le temperatura llega a ser muy alta inhibe el
crecimiento de los microrganismos, el fenómeno es conocido como “suicidio
microbiano” (Moreno y Moral 2008, 96).
Figura 1bt: evolución de temperatura y pH en etapas de compostaje (Costa et al. 1991).
El proceso distingue tres etapas: mésofila inicial (T < 45°C), que al final genera
ácidos orgánicos; termófila (T > 45°C); y mésofila final, cuando se alcanza la
temperatura ambiental inicial (Moreno y Moral 2008, 96).
Cada especie de microorganismo tiene un intervalo de temperatura óptima para
desarrollar sus actividades con efectividad y eficiencia: 15-40 °C para los mesófilos
y 40-70 °C para los termófilos. Los microorganismos que encuentran condiciones de
temperatura favorables son los que principalmente descompondrán la materia
orgánica del residuo generando calor que variará la temperatura de la ruma que a su
vez dependerá de su estructura y constitución (el calor generado es proporcional al
volumen o masa de la ruma, pero la perdida es proporcional a la superficie) (Moreno
y Moral 2008, 96).
Las temperaturas bajas hacen una lenta degradación de los residuos, prolongándose
los tiempos de retención. Las temperaturas elevadas aceleran la eliminación de la
mayor parte de los microorganismos (pasteurización), fenómeno que sólo debe
permitirse al final del proceso (Negro et al. 1994, 8).
Las Figuras 1bt-a y 1bt-b, muestran la evolución de los valores de la temperatura
en rumas estáticas con aireación forzada y en rumas con volteo.
Figura 1bt-1: muestra la evolución de Figura 1bt-2: muestra la evolución de
temperatura en tres rumas estáticas. temperatura en tres rumas volteadas.
Fuente: Moreno y Moral 2008, 97. Elaborado con información de Díaz et al., 2002.
pH: éste parámetro cambia durante el compostaje debido a diversos procesos. Al
inicio y debido al metabolismo bacteriano que transforma los complejos carbonados
fácilmente degradables en ácidos orgánicos, el pH desciende. Luego, su valor se
incrementa a consecuencia de la formación de amoníaco, alcanzando el valor más
alto, alrededor de 8.5 a 9, coincidiendo con el máximo de la actividad de la etapa
termófila. Finalmente, el valor disminuye en la etapa final o de maduración a 7 u 8,
cumpliendo la función natural de amortiguador o tampón de la materia orgánica.
El pH influye sobre los microorganismos. Los hongos toleran valores de pH entre 5 y
8, mientras que las bacterias tienen menor capacidad de tolerancia, alcanzado
valores entre 6 y 7.5. Una digestión anaeróbica, puede bajar el pH hasta 4.5 (Pavoni,
1975). Hedger y Basuki (1982) indicaron que los valores de Ph difícilmente son
menores a 6.0 (Hedger et al. 1982).
Altos valores de pH, convierten el nitrógeno amoniacal en gas amonio, generan do la
perdida de nitrógeno en la ruma. El pH del compost final usualmente es alcalino, con
valores de 7.1 a 7.5. Si se tiene que descomponer grandes cantidades de restos
vegetales y frutas, es posible que se requiera adicionar cal (Alcas et al. 2005, 51).
A través del Ph, es posible saber la aireación del proceso en la ruma. Si se crean
condiciones anaeróbicas por falta de oxigenación se liberarán ácidos orgánicos
provocando el descenso de los valores del pH (Moreno y Moral 2008, 98).
Varias experiencias citadas por Moreno y Moral (2008), la evolución de los valores de
pH presenta tres estadios: primero, durante la etapa mesófila el valor disminuye por
acción de los microrganismos sobre los hidratos de carbono, liberando ácidos
orgánicos, este hecho podría incrementarse si es que existiera condiciones
anaeróbicas. En el segundo estadio, progresivamente se produce una alcalinización
del medio, por la pérdida de ácidos orgánicos y la generación de amoniaco
proveniente de la descomposición de polímeros como las proteínas (Sánchez-
Monedero 2001). En el último estadio, el pH tiende a la neutralidad debido a la
formación de compuestos húmicos que tiene la propiedad tampón. La configuración
de la evolución de los valores de pH en el proceso se observa en la Figura 1bt-3.
Figura 1bt-3: evolución de valores de pH en el compostaje (Moreno y Moral 2008, 99).
Suler y Col (1977), concluyeron que en un compostaje con aireación adecuada el
producto final tiene valores de pH entre 7 y 8. Valores más bajos, indican inmadurez
del producto e indicadores de procesos anaeróbicos. En la relación entre pH,
aireación y trabajo de los microorganismos, dedujeron que, la degradación orgánica
se inhibe a pH bajos; por lo que, si el pH se mantiene por encima de 7.5 durante el
proceso es síntoma de una buena descomposición (Moreno y Moral 2008, 98-99).
Humedad: es un parámetro vinculado estructuralmente a la aireación (oxigenación),
porque los microorganismos necesitan agua de vehículo para transportar los
nutrientes y elementos energéticos a través de la membrana celular. Se estima que
la humedad óptima se sitúa aproximadamente en 55%, pudiendo variar debido al
estado físico del proceso, el tamaño de las partículas y el sistema empleado.
Si la humedad disminuye demasiado, proporcionalmente disminuye la actividad
microbiana generando un producto biológicamente inestable. Si la humedad es
excesiva, el agua satura los poros e interfiere con la distribución del aire en la ruma,
generando procesos anóxicos, haciendo que el receptor final de electrones sean los
nitratos que, como resultado del metabolismo microbiano, el nitrógeno de la
molécula de nitrato se transforma en nitrógeno gas, eliminando biológicamente el
nitrógeno del “compost” (desnitrificación) (Condorchem envitech).
Cuando la materia prima tiene componentes secos como aserrín, restos de madera,
paja, hojas secas, se necesita una mayor humedad. Si son residuos frescos como
restos de comida, se requiere menos agua y por tanto menos riego.
Si al estrujar un puñado de materia prima aparecen algunas gotas de agua, la
humedad estará bien, pero si no hay tales gotas, el proceso está seco y requiere ser
humedecido, y si caen demasiadas gotas, el proceso estará muy mojado.
Los valores óptimos están entre 40 y 60 %, dependiendo de la textura de la materia
prima. Para materia fibrosa, la humedad máxima debe ser 75%, mientras que para
residuos con materia vegetal fresca debe estar entre el 50 y 60% (World Bank, 1995).
Algunos autores como Haug (1993), consideran que humedad de la materia prima, es
la variable más importante en el compostaje. Tal importancia fue demostrada por
Shulze (1962), que estudió la variación de oxigeno consumido por una masa inicial
en un reactor cerrado a temperatura constante en función a la humedad. Concluye
que, pequeños cambios de humedad generan grandes cambios de temperatura
(Moreno y Moral 2008, 97).
Para Moreno y Moral (2008), la humedad optima debe ser entre 50 y 70%. La actividad
microbiana decrece mucho cuando la humedad está por debajo de 30%. Si es superior
a 70% el agua desplaza al aire en los intersticios provocando anaerobiosis, que genera
olores desagradables disminuyendo la velocidad del proceso. En el proceso, debe
haber un equilibrio en los intersticios, entre temperatura, agua y aire. La humedad
optima depende del tipo de residuo (Moreno y Moral 2008, 98).
Aireación: por naturaleza el compostaje es un proceso aerobio. Tiene doble
objetivo, aportar oxígeno para los microorganismos y condicionar al máximo la
evacuación del CO2 producido. Debe mantenerse en niveles apropiados en función a
las necesidades de oxígeno en el horizonte de tiempo del proceso. Siendo bajas en
la etapa mesófila, alcanzando el máximo en la termófila, y disminuyendo en la etapa
final del proceso (ver Figura 2bt).
La aireación no debe ser excesiva, porque puede influir en las variaciones de los
valores de la temperatura y el contenido en humedad. Así, por ejemplo, un exceso
de ventilación podría provocar evaporación que inhibe la actividad microbiológica
hasta parar el proceso, generando una impresión “equivocada” de que el proceso ha
concluido.
Cuando en una ruma no hay suficiente oxígeno, el proceso transita hacia lo anaerobio
generando hedores, la muerte por asfixia de los microorganismos, retardando o
deteniendo el proceso e iniciando en caso severos la putrefacción de los residuos
(metanización), generando compost de baja calidad (Alcas et al. 2005, 43).
Cada volteo de la ruma, es para homogeneizar la mezcla y la temperatura. Después
de cada volteo la temperatura disminuye entre 5 y 10°C, subiendo luego siempre que
el proceso aún no hay terminado. Por lo que, es recomendable mover la ruma las
veces que sean necesarias para proveer oxígeno y acelerará significativamente la
descomposición. Una ruma que no esté bien mezclada, puede requerir para el
proceso de 3 a 4 veces más de tiempo y con resultados mediatizados. Una ruma bien
mezclada, logrará mayores temperaturas, que permitirá la destrucción de las
semillas de malezas y microrganismos patógenos (Alcas et al. 2005, 50-51).
Zona 1: actividad de máxima degradación aerobia.
Necesidad de oxígeno elevada (0,5 m3/min/t m.s.).
Zona 2: actividad de media degradación aerobia.
Necesidad de oxígeno media (0,1 m3/min/t m.s.).
Zona3: actividad de baja degradación aerobia. Necesidad
de oxígeno baja (inferior a 0,1 m3/min/t m.s.).
Figura 2bt: curva teórica de las necesidades de oxígeno (Mustin 1987).
Las rumas presentan porcentajes variables de oxígeno en los intersticios. La parte
externa contiene casi la misma cantidad de aire que el exterior (18-20%). En la parte
interna, la cantidad de oxígeno (O2) disminuye y el dióxido de carbono CO2 aumenta.
A una profundidad de 60 cm aproximadamente el O2 puede tener valores de 0.5 a
2.0% (Moreno y Moral 2008, 99).
Durante la etapa final de maduración no debe aportarse demasiado O 2 porque podría
dar lugar al consumo de compuestos húmicos y a una rápida mineralización de los
mismos (Moreno y Moral 2008, 99-100).
Los residuos orgánicos progresivamente se transforman en compuestos cada vez más
sencillos (proceso de compost-humificación) hasta convertirse en moléculas
inorgánicas (mineralización). El compostaje desarrolla la primera descomposición de
los restos, luego al culminar el proceso de descomposición total (humificación)
presenta ácidos húmicos que al mineralizarse forman la materia orgánica inorgánica
(sales minerales) útil para las plantas. En climas predominantemente fríos como la
de Huaraz, la mineralización es lenta acumulándose una gran cantidad de vegetales,
dando origen a la “turba”.
Shulze (1962), usó el concepto de “espacio de aire libre” (free air space-FAS), que
asocia la humedad (H), la densidad aparente (Da), la densidad real (Dr) y la porosidad
(P), adoptado de la estructura física del suelo para los residuos. El FAS, aproxima los
valores relativos de agua y aire en una ruma. Puede ser calculado de la siguiente
manera:
[1]
𝐻
𝐹𝐴𝑆 = P (1 − )
100
donde:
𝐷𝑎 [2]
𝑃 = 100 (1 − )
𝐷𝑟
por tanto:
𝐷𝑎 𝐻
𝐹𝐴𝑆 = 100 (1 − ) (1 − )
𝐷𝑟 100
FAS, P y H, se expresan en porcentaje (%) y, Da y Dr en g/cm3.
Jeris y Regan (1973), descubrieron que el proceso de compostaje se desarrollaba con
mayor rapidez (con mayor consumo de O2) cuando el FAS alcanza valores entre 30-
35%, independientemente del tipo de residuo. Luego, si se conocen los valores de DA
y Dr, puede hallarse la humedad óptima para la ruma pertinente. La Dr es una
constante para cada residuo. La Da puede incrementarse o disminuir dependiendo
del grado de humedad. Cuando la H es alta, el FAS disminuye y la ruma se compacta.
Si la humedad es baja, los espacios intersticiales son ocupados por aire y la Da
aumenta. Para calcular la H idónea, debe determinarse Da en diferentes niveles de
humedad.
Relación C/N: es un factor trascendente a calcular y controlar para propiciar una
actividad microbiana correcta y consecuentemente un compost de excelente
calidad. A medida que transcurre el proceso esta relación disminuye como puede
observarse en la Figura 3bt.
Se muestra a modo de ejemplo, la evolución que experimenta la relación C/N en una
mezcla de estiércol de ovino y paja de cebada. La relación óptima C/N inicial estuvo
comprendida entre 25-35. Si es superior a 35, el proceso de fermentación se alarga
considerablemente hasta que el exceso de carbono es oxidado y la relación C/N
desciende a valores adecuados para el metabolismo. Si es inferior a 25 se producen
pérdidas considerables de nitrógeno en forma de amoniaco.
Cuando la relación C/N es elevada, es posible disminuirla quitando celulosa; es decir,
reduciendo el carbono o aumentando el contenido de nitrógeno, como la adición de
alguna fuente nitrogenada como estiércoles de animales menores (Negro et al. 1994,
8-9).
En general los tallos y hojas secas de vegetales como árboles y arbustos, tienen alto
contenido de carbono. Los restos de verduras, de jardines y de hierbas tienen alto
contenido de nitrógeno. La mezcla adecuada de ambos, incrementa la
descomposición porque los microorganismos requieren de una cierta cantidad de
nitrógeno para su desarrollo inicial. La materia prima con mucho carbono y poco
nitrógeno como paja, aserrín, papeles, hojas secas, se descomponen lentamente. La
relación C/N de los residuos fluctúa de 500 a 1 para aserrín y de 15 a 1 para los
residuos de cocina. Al inicio del proceso, la relación C/N debe estar alrededor de 30.
La materia prima ricos en carbono y pobres en nitrógeno son la paja, las hojas secas,
las ramas secas, y el aserrín. Los pobres en carbono y ricos en nitrógeno son los
vegetales frescos, las deyecciones de los animales y los residuos de los camales (Alcas
et al. 2005, 48).
Figura 3bt: curva de evolución de la relación C/N (Negro et al. 1994, 9).
Los microrganismos habitualmente consumen 30 partes de C por una de N. Esa es la
razón por la que se recomienda el intervalo óptimo de C/N de 25-35. Esta optima
relación también influye en la velocidad del proceso y en la perdida de amonio. Si la
relación es mayor que 40 la actividad microbiana disminuye y los microrganismos
deben oxidar el exceso de C retardando el proceso por la insuficiencia de N para la
síntesis proteica. Para eliminar el exceso de C como anhídrido carbónico es necesario
la aparición sucesiva de diversas especies microbianas que al morir el N de su biomasa
se recicla y el valor de la relación C/N tiende a bajar.
Si el residuo tiene una un alto valor en la relación C/N y la materia orgánica es poco
biodegradable, entonces la relación C/N es poco o muy poco y no es favorable para
el proceso, que puede evolucionar rápidamente, pero solo en una escaza proporción
de una ruma. Si la relación C/N es muy baja (inferior a 18-19), la velocidad del
proceso es de rápida a muy rápida por el exceso de N que se desprende en forma
amoniacal, autorregulando la relación C/N para no afectar negativamente al
proceso, pero con grandes pérdidas de N que se volatiliza como gas de efecto
invernadero afectando la atmosfera y empobreciendo en N al compost final (Moreno
y Moral 2008, 101-102).
La relación C/N ideal esta alrededor de 10, similar al del humus. Se suele considerar
que el compost maduro estabilizado debe tener una relación C/N menor a 20, aunque
esta condición es necesaria pero no suficiente.
La cantidad de N en el compost depende directamente de la relación C/N. Un valor
cualquiera de la relación no indica la madurez del compost, debiendo observarse
sistemáticamente la evolución de los valores de la relación o calcular la diferencia
entre los valores iniciales y finales. Esta relación decrece durante el proceso como
se aprecia en la Figura 3bt-1, que presenta o configuración de la evolución
característica de la relación C/N y después del compostaje (Kiehl 1985 y Sánchez
Monedero 2001).
Figura 3bt-1: curva de evolución característica de la relación C/N en el proceso
de compostaje (Kiehl 1985 y Sánchez-Monedero 2001).
Siendo el fosforo (P) el nutriente más importante después del C y N, debe estar en
cantidades mínimas en un compost madura y estable. La relación C/P en el proceso
de compostaje es óptimo entre 75 y 150, mientras que la relación C/P debe estar
entre 5 y 20 (Moreno y Moral 2008, 102).
Microbiología del Compostaje
El compostaje, es un proceso dinámico con cambios físicos y químicos debido a la
sucesión de complejas poblaciones microbianas. La naturaleza y número de
microorganismos presentes en cada etapa dependen del material inicial. Al inicio el
material se encuentra a temperatura ambiente y la flora mésofila presente en los
materiales orgánicos se desarrolla consumiendo hidratos de carbono, proteínas y
grasas más fácilmente asimilables (formas de almacenamiento primario de energía).
En el compostaje, ocurre una compleja sucesión de poblaciones de microorganismos
con capacidad de degradar la materia orgánica compleja. Las poblaciones y las
comunidades varían continuamente en función a los cambios de temperatura,
disponibilidad de nutrientes, concentración de oxígeno, contenido de agua, pH,
acumulación de compuestos antibióticos, etc.
La temperatura es un indicador de la actividad microbiana anterior y un indicador
de la tasa de actividad actual. El ecosistema del compostaje se limita a sí mismo
cuando la acumulación de calor es excesiva. A medida que se va elevando la
temperatura, las poblaciones microbianas son reemplazadas por otras mejor
adaptadas, y cada una de ellas posee una duración limitada.
En el caso de realizarse una correcta y continua aireación, la fase termófila continúa
hasta que la producción de calor es inferior a la disipación del mismo, debido al
agotamiento de los compuestos fácilmente metabolizables (Laich 2011, 2).
Una amplia diversidad de microorganismos conforma las poblaciones mixtas del
proceso. Las más importantes son bacterias Actinomycetes y hongos filamentosos.
Las bacterias son las más numerosas y constituyen entre el 80% y el 90% de los
microorganismos existente en el compost. Se trata de un grupo de gran diversidad
metabólica, que usan un amplio rango de enzimas (proteínas solubles que favorecen
y regulan las reacciones químicas) que degradan químicamente una gran variedad de
compuestos orgánicos.
La cuantificación de las bacterias aerobias totales representa, de alguna manera,
un índice de actividad biológica. Dentro de este tipo destaca el grupo de las
Pseudomonas fluorescentes, constituido por algunas especies de bacterias
asociadas a procesos de biocontrol de patógenos de plantas y a procesos de
estimulación del desarrollo radicular. El uso de compost maduro con una alta
población de Pseudomonas fluorescentes, podría actuar como un “estimulador” del
desarrollo de las raíces y un “protector” frente a diferentes fitopatógenos.
La participación de los Actinomycetes durante el proceso de modificación de la
materia orgánica del compost es relevante, debido a la capacidad enzimática para
degradar compuestos orgánicos complejos (celulosa, lignina, etc.). Muchas de las
especies que participan en este proceso son tolerantes a temperaturas que alcanza
el compost durante el proceso de degradación aeróbica, por lo que son abundantes
en el compost. Los Actinomycetes regulan la microbiota rizosférica a través de la
producción de antibióticos y otros compuestos (Laich 2011, 2).
Los hongos filamentosos constituyen un grupo muy amplio y están implicados en el
proceso de compostaje por su capacidad lignocelulolítica de degradar la materia
orgánica. Es importante realizar una correcta caracterización de este grupo de
microorganismos, durante la utilización del compost como sustrato, porque también
pueden afectar negativamente a las plantas.
Los microorganismos activos e inactivos que intervienen en un compost pueden
constituir entre el 2% y el 20% de la masa total. En términos generales, las
poblaciones de microorganismos que participan varían entre sí en el rango de
temperatura en el que actúan, los sustratos que usan, la tolerancia al pH y en función
al oxígeno que demandan. Cada población se adecúa al ambiente creado por la
población anterior.
La Tabla 3bt muestran patrones típicos en los cambios de las poblaciones
microbianas.
Tabla 3bt: Distribución de los microorganismos en las etapas de compostaje
en unidades formadoras de colonia por gramo.
Fuente: elaborado con información de (Haug 1993, 3).
La sucesión de estas poblaciones está asociada a la variación de la temperatura, de
la siguiente manera:
1. Etapa mesofílica (20-40ºC): los hongos, en especial los hongos filamentosos o
mohos, y las bacterias mesófilas acidificantes son las poblaciones dominantes en
los residuos orgánicos frescos.
En esta etapa, la población de bacterias puede llegar a 100 millones de células
por gramo de material. Las bacterias descritas en esta fase pertenecen a
diferentes familias, como: Alcaligenaceae, Alteromonadaceae, Bacillaceae,
Burkholderiaceae, Bradyrhizobiaceae, Caryophanaceae, Caulobacteraceae,
Cellulomonadaceae, Clostridiaceae, Comamonadaceae, Corynebacteriaceae,
Enterobacteriaceae, Flavobacteriaceae, Flexibacteraceae, Hyphomicrobiaceae,
Intrasporangiaceae, Methylobacteriaceae, Microbacteriaceae, Micrococcaceae,
Moraxellaceae, Neisseriaceae, Nitrosomonadaceae, Nocardiopsaceae, Paeniba-
cillaceae, Phyllobacteriaceae, Propionibacteriaceae, Pseudomonadaceae,
Pseudonocardiaceae, Rhodobacteraceae, Sphingobacteriaceae, Staphylococca-
ceae, y Xanthomonadaceae.
Uno de los géneros bacterianos predominantes en este estadio es Bacillus. La
diversidad de especies de este género es alta a temperaturas de hasta 50ºC, sin
embargo, a medida que se incrementa la temperatura disminuyen su actividad
(Laich 2011, 4). En este rango de temperatura, también están presentes los
hongos filamentosos (Hansgate et al., 2005). Predominando los géneros
Aspergillus y Penicillium, seguidos de Trichoderma, Mucor, Rhizopus,
Cladosporium, Backusella, Ulocladium, Acremonium, Fusarium, Scopulariopsis,
Geotrichum, etc.
Los Actinomycetes (bacterias filamentosas) se desarrollan a tasas de crecimiento
inferiores a la mayoría de las bacterias y hongos, y por tanto compiten
ineficientemente cuando el nivel de nutrientes es alto. En esta fase predominan
géneros de la familia Nocardiaceae.
2. Etapa termofílica (40-60ºC): el incremento de la temperatura provoca una
rápida transición de la microbiota mesófila hacia la termófila. Los mesófilos son
parcialmente eliminados a altas temperaturas y las bacterias, hongos y
Actinomycetes termófilos o termotolerantes incrementan su población (De
Bertoldi et al. 1983; Finstein and Morris 1975; Waksmann et al., 1993).
Las bacterias, en especial las especies mesófilas del género Bacillus, sobreviven
en estas condiciones a través de la formación de endosporas. Otros géneros
bacterianos engruesan su pared celular o forman una capsula exterior que los
protege de las condiciones adversas.
En esta etapa, los microorganismos termófilos o termotolerantes incrementan su
población a valores del orden de los 100-1000 millones de células por gramo. La
temperatura óptima para los hongos termófilos es de 40-50ºC. Los Actinomycetes
son generalmente más tolerantes que los hongos a temperaturas termófilas
moderadas, y su número y diversidad se incrementa significativamente a 50-60ºC
(Amner et al. 1988; Fergus 1964; Finstein and Morris 1975; Waksmann et al. 1993;
Xiao et al. 2011).
3. Etapa termofílica extrema (60-80ºC): esta etapa con temperaturas que exceden
los 60ºC, son habitualmente consideradas como la etapa del “suicidio
microbiano”. Se asume que no se deben superar los 55-60 ºC para lograr una
rápida y eficiente descomposición con una buena higiene. Sin embargo, la
presencia y la actividad de bacterias termófilas extremas es esencial para la
biodegradación, mineralización e higienización de los residuos biológicos a altas
temperaturas (60-80 ºC). A estas temperaturas las bacterias termófilas son las
únicas que se encuentran activas.
La población de diversidad de especies disminuye drásticamente, pero su
concentración es alta (100 a 1000 millones de células por gramo) (Dees and
Ghiorse 2001; Finstein and Morris 1975; Nakasaki et al. 1985a; Sharp et al. 1991;
Strom 1985a).
Entre los 65 y 69 ºC se han detectado algunas cepas de Bacillus
stearothermophilus (Strom 1985a and Strom 1985b), B. schlegelii, Thermus
thermophilus, T. aquaticus e Hydrogenobacter spp. La identificación de
bacterias termófilas extremas pertenecientes al género Thermus, capaces de
crecer sobre compuestos orgánicos a temperaturas de 50-80ºC, con un óptimo de
crecimiento a 65-75ºC, corroboran este punto.
Por lo tanto, las especies del género Thermus (T. thermophilus, T. aquaticus,
etc.), descritas inicialmente en sitios geotermales, están probablemente
adaptadas a las altas temperaturas del compost y juegan un papel importante en
la biodegradación de los residuos (Beffa et al., 1996). Las especies del género
Hydrogenobacter han sido aisladas en estas condiciones.
La detección de bacterias termófilas durante la etapa de alta temperatura,
demuestra la posibilidad de realizar el compostaje a 65-75ºC por un periodo largo
de tiempo, sin exceder de 80ºC. Las bacterias termófilas, así como las mesófilas,
actúan sobre la hemicelulosa, descomponen una variedad importante de
compuestos orgánicos (carbohidratos, ácidos orgánicos, polisacáridos, proteínas,
lípidos, alcoholes) y reducen el azufre inorgánico (H2S, S2O3=, SO3=, etc.).
En esta etapa, los hongos están totalmente inactivos y su subsistencia se
mantiene en estructuras de resistencia y esporas. Los Actinomycetes están a baja
concentración y no juegan un papel importante en la degradación y
mineralización de la materia orgánica.
4. Etapa de enfriamiento y maduración (50-20ºC): el nivel de maduración del
compost influye significativamente su uso en la agricultura. La adición de un
compost inmaduro al suelo provoca una deficiencia de oxígeno, la inmovilización
del nitrógeno e incrementa los problemas fitopatogénicos radiculares (Inbar et
al. 1990; Zucconi et al. 1981).
Sin embargo, la adición de un compost maduro beneficia la estructura y la
fertilidad de los suelos e incrementa los efectos de control biológico (Dick and
McCoy 1993; Hoitink and Grebus 1994).
Durante la maduración la diversidad y el número de Actinomycetes mesófilos-
termotolerantes y de hongos filamentosos capaces de degradar polímeros
naturales complejos (lignina, hemicelulosa y celulosas), se incrementa
significativamente (De Bertoldi et al. 1983; Finstein and Morris 1975; Waksmann,
et al. 1993). La población de bacterias termófilas disminuye 1 o 2 órdenes
logarítmicos en comparación con la población presente durante la etapa
termogénica (108-1010 ufc/g), incrementándose la diversidad taxonómica y
metabólica.
La mayoría de los microorganismos implicados en el ciclo del carbono, en esta etapa
poseen actividades enzimáticas: proteolítica, amonificante, amilolítica y
celulolítica. También, se han descrito especies fijadoras libres de nitrógeno
(Azotobacter 103-105 ufc/g), desnitrificadoras, y sulfato reductoras. Esta diversidad
microbiana juega un papel fundamental en la estabilidad del compost (Beffa et al.
1996).
Las bacterias mesófilas que permanecieron inactivas en la etapa anterior y que
resistieron las altas temperaturas, vuelven a estar metabólicamente activas y son
capaces de recolonizar el sustrato. La diversidad y cantidad de bacterias capaces de
“reactivarse”, depende del número de especies existentes con capacidad de formar
endosporas o cápsulas. El tamaño de la población, el número de especies y la
actividad metabólica de las bacterias mesófilas se incrementa. Esta respuesta
favorece la descomposición de los compuestos orgánicos, la oxidación y
mineralización del nitrógeno inorgánico y los compuestos azufrados (producción de
nitratos y sulfatos, respectivamente), la formación de compuestos del humus
(exopolisacáridos) (hidrato de carbono-polímero, compuesto por monosacáridos con
enlaces glusídicos) a través de la polimerización de compuestos orgánicos simples,
la fijación del nitrógeno atmosférico, la supresión de fitopatógenos, la
mineralización del hierro, manganeso y fósforo, la capacidad de intercambio
catiónico, la formación de agregados minerales y la disminución de metales pesados
a través de la formación de sales insolubles (Laich 2011, 6).
Las bacterias se distribuyen en toda la ruma. Los hongos y actinomicetos están
situados entre 5 y 15 cm de la superficie, confiriéndole la coloración oscura
característica (Alcas et al. 2005, 53).
Presencia de Microorganismos Patógenos
Se ha detectado la supervivencia de tres patógenos como Salmonella, Listeria
monocytogenes y Escherichia coli O157:H7 en diferentes compost elaborados con la
inclusión de diversos estiércoles que se han mantenido en diferentes condiciones de
temperatura y tiempo de almacenaje, así como la materia prima inicial con diferente
relación C/N (German Tortosa, Compostando Ciencia Lab. Blog, comentario enviado
el 27.02.2015).
Temperaturas superiores a 55 ºC durante varias semanas aseguran la completa
eliminación de microorganismos patógenos. Pero, es necesario comprobarlo. Cuando
los residuos orgánicos contienen fracciones fecales como estiércoles de animales,
aun sean menores, siempre están presentes los microorganismos patógenos como los
clostridios sulfito reductores (grupo asociado a los Clostridium spp caracterizados
como Gram positivos, anaeróbicos, formadores de esporas, que están normalmente
en las heces), coliformes totales y fecales, enterococos, Staphylococcus aureus,
Salmonella o Escherichia coli, entre otros (German Tortosa, Compostando Ciencia
Lab. Blog-Patógenos durante el compostaje, comentario enviado el 08.12.2017).
Además de la temperatura, para asegurar la correcta higienización de las rumas,
también el sistema de volteos para la aireación reduce el nivel general de patógenos
en mezclas estudiadas. Además, alertan el comportamiento de otros factores como
humedad, disponibilidad de nutrientes o presencia de microorganismos, que pueden
afectar el proceso, por lo que se recomienda evaluar el compost durante su
maduración (German Tortosa, Compostando Ciencia Lab. Blog-Patógenos durante el
compostaje, comentario enviado el 08.12.2017).
El uso de compost sin tratar o tratado inadecuadamente es un peligro para los
sistemas ambientales y por ende para la salud pública, por el movimiento y
supervivencia en el suelo de bacterias patógenas como: Salmonella, Shigella,
Campylobacter, Vibrio cholerae, E. coli. (Gómez et al. 2004).
Cuando el proceso de compostaje esta alrededor de 38 °C durante 15 días
aproximadamente disminuye el número de microorganismos patógenos; es el
momento en que ocurre la digestión mesófila de los compuestos orgánicos con la
producción de CO2, CH4 y NH4+. Esta etapa destruye el 99.9 % de los patógenos. En la
etapa termófila (55 °C) se logra eliminar el 99.999% de los mismos y de esta forma
se pasteuriza el compost (The Biosolids Report, 2000).
Yanko (1988) demostró que temperaturas por encima de 53 °C elimina totalmente
las bacterias patógenas, los virus y los huevos de Ascaris pierden la viabilidad,
encontrándose en estas condiciones una sobrevivencia limitada de microorganismos
indicadores y formas enquistadas de protozoos (Yanko 1988).
Las bacterias patógenas se destruyen rápidamente cuando todas las partes de la ruma
están sujetas a temperaturas de 60°C, porque estos organismos son incapaces de
sobrevivir a temperaturas de 55-60°C entre 30-60 minutos. Un factor en la
transmisión de enfermedades son las moscas, las cuales se pueden se controladas si
las rumas de compost se voltean con frecuencia apropiada, para eliminar sus huevos
a temperaturas elevadas antes de su evolución (Cantanhede et al. 1993)
Otras investigaciones indican que algunos patógenos tienen un umbral térmico más
alto que otros como por ejemplo el virus de la Hepatitis A. Además, del tiempo y la
temperatura para eliminar o reducir los peligros microbianos, está el clima de la
región y las prácticas concretas de gestión ambiental aplicadas en cada caso (FAO,
2000). Lyon (2000) planteó que los organismos patógenos pueden sobrevivir hasta 60
días en el compost (Lyon 2000).
La densidad de coliformes fecales es utilizada como un indicador de la presencia
potencial de bacterias patógenas (EPA 1992). Las muestras que contengan menos de
1000 coliformes fecales por gramo de peso seco de compost indica que todos los
microorganismos patógenos han sido destruidos (Yanko, 1988).
Se ha demostrado que el tratamiento térmico provoca la reducción de los indicadores
fecales a niveles comparables a muchos patógenos, particularmente bacterias
patógenas, pero la concentración inicial de los indicadores es normalmente mayor
en factores de 10 que la de los patógenos, por lo que, aunque su número disminuya
siempre sobrevivirá una cantidad apreciable de estos microorganismos (EPA, 1992).
En la Tabla 4bt, se visualizan los nombres de los microorganismos patógenos que
pueden encontrarse en el compost tratado inadecuadamente y las enfermedades
causadas por cada uno de ellos.
Tabla 4bt: relación de microorganismos patógenos de compost y las enfermedades o sus
síntomas en humanos.
Microorganismos Patógenos Enfermedades / Síntomas
Bacterias
Salmonella sp. Salmonelosis, gastroenteritis, fiebre tifoidea
Shigella sp. Disentería bacilar
Yersinia sp. Gastroenteritis
Vibrio cholerae Cólera
Campylobacter jejuni Gastroenteritis
Escherichia coli Gastroenteritis
Virus Entéricos
Hepatitis A Hepatitis infecciosa
Rotavirus Gastroenteritis epidémica con diarreas severas
Enterovirus Gastroenteritis con diarreas severas
Poliovirus
Virus poliomelitis Coxsackie Meningitis, neumonía, hepatitis, fiebre, entre otros
Reovirus Infecciones respiratorias, gastroenteritis
Astrovirus Gastroenteritis epidémica
Calicivirus Gastroenteritis epidémica
Protozoos
Cryptosporidium Gastroenteritis
Entamoeba histolytica Gastroenteritis aguda
Giardia lamblia Giardiasis (diarrea, dolor abdominal, pérdida de peso)
Balantidium coli Diarrea y disentería
Toxoplasma gondii Toxoplasmosis
Helmintos
Ascaris lumbricoides Trastornos digestivos, dolor abdominal, vómitos
Ascaris suum Dolor abdominal, fiebre, entre otros
Trichuris trichiura Dolor abdominal, diarrea, anemia y pérdida de peso
Toxocara canis Fiebre, síntomas neurológicos
Taenia saginata Insomnio, anorexia, dolor abdominal, prob. digestivos
Taenia solium Insomnio, anorexia, dolor abdominal, prob. digestivos
Necator americanus Enfermedad de Hookworm
Hymenolepis nana Taeniasis
Fuente: elaborado con información de (Gómez et al. 2004).
Bacterias patógenas en el compost: estas son algunas reseñas de los principales
patógenos bacterianos del compost:
- Salmonella: es un patógenos entéricos del compost. Se sabe que a 55 °C por 1
hora es letal para su existencia (Sorber y Moore, 1998).
- Shigella: la destrucción de este género microbiano ocurre en un período de
tiempo más corto comparado con la de la Salmonella y de los Coliformes fecales
(Feachem et al. 1983).
- Campylobacter jejuni: no tiene buenos niveles de sobrevivencia en el compost
(Jones 1990) debido a su elevada susceptibilidad al calor. La exposición a
temperaturas alrededor de 60 °C durante 5 minutos es letal, así como el
tratamiento a 55 °C en un período de 20 a 30 días es muy efectivo en la
destrucción de este patógeno. Se ha comprobado que la sobrevivencia de
Campylobacter en el proceso de compostaje es prácticamente nula (Yanko,
1988).
- Vibrio cholerae: es relativamente susceptible al calor. La exposición a
temperaturas próximas a 60 °C por 5 minutos o al tratamiento con 55 °C durante
20 a 30 días destruye totalmente a la bacteria. Estudios realizados por Feachem
et al. (1983) demostraron que no existe ningún reporte hasta el momento de la
ocurrencia de Vibrio cholerae en el compost, posterior al proceso.
- Escherichia coli: El análisis de este microrganismo en compost debe hacerse solo
si se cumplen determinadas condiciones, como: presencia de melasas en la
materia prima, uso en el suelo transcurrida una hora después de su producción,
aplicación sobre cultivos para alimentación humana o animal y que van a ser
usados en menos de 90 días después de su aplicación (Gómez 2004, 5-6).
El compost estabilizado y maduro es apto sanitariamente cuando tiene la
concentración de Eschirichia coli menor a 127 UFC por 100 gramos de peso seco
(Gómez 2004, 6).
La Tabla 5bt, muestra las dosis mínimas infecciosas de los patógenos presentes en
el compost.
Tabla 5bt: dosis mínimas infecciosas de patógenos en compost.
Microrganismos Dosis Mínima Infecciosa
Salmonella sp. 102-106 UFC/gps
Shigella sp. 10-102 UFC/gps
Escherichia coli 104-1010 UFC/gps
Giardia lamblia 1 quiste
Cryptosporidium parvum 10 quistes
Ascaris lumbricoides 1-10 huevos
Fuente: Kowall 1985, hallado en (Gómez 2004, 7).
Nutrientes en el Compost
El proceso de compostaje permite obtener un producto rico en materiales
humificables, sales minerales y microorganismos benéficos que permiten mejorar la
estructura de los suelos y la vida de los vegetales (Pineda, 1998).
El proceso permite reciclar residuos orgánicos de cualquier origen. Para asegurar la
calidad del compost, debe controlarse el contenido de nutrientes y materias
orgánicas, así como la presencia de elementos indeseables, desde la materia prima
(Alcas et al. 2005, 43).
Los microrganismos solo aprovechan los compuestos simples. Las moléculas más
complejas de descomponen en otras más simples, como el caso de las proteínas en
aminoácidos y luego en amoniaco-nitrito y nitrato (Castaldi 2005).
Entre los macronutrientes destacan los elementos C, N y P fundamentales para el
desarrollo de los microrganismos. El C es fundamental en la síntesis celular para la
formación del protoplasma, lípidos, grasas y carbohidratos. Es el elemento que debe
estar en mayor cantidad porque constituye el 50% de las células de los
microrganismos y el 25% del anhídrido carbónico de la respiración. El N es
fundamental para la reproducción celular por la naturaleza proteica del
protoplasma. Se ha demostrado que la calidad de un compost está directamente
relacionada con su contenido de N. El P, también es esencial para la formación de
compuestos celulares ricos en energía, necesario para el metabolismo microbiano
(Moreno y Moral 2008, 103).
Se ha comprobado que, entre el inicio y el fin de la incubación en las rumas, se
genera un incremento de las concentraciones de los nutrientes, por la pérdida de la
materia orgánica de la masa que se composta (Díaz 2004 y Michel 2004).
Además de C, N y P, existen otros nutrientes en menor cantidad (micronutrientes),
importantes para la síntesis de las enzimas, el metabolismo de los microrganismos y
para el transporte intra y extra celular (Miyatake 2006).
Materia Orgánica
Para algunos autores como Kiehl (1985), es el factor determinante en la calidad
agrologica del compost. En el proceso, el valor de la materia orgánica tiende a
descender debido a su mineralización y a la consiguiente pérdida de carbono en
forma de CO2, que aproximadamente es el 20% del peso de la masa compostada
(Zucconi 1987).
El descenso de la materia orgánica ocurre en dos etapas. En la primera, hay un rápido
descenso de los carbohidratos que transforman las cadenas carbonadas largas en
cortas con la generación de compuestos simples, que se reagrupan en moléculas
complejas dando lugar a los compuestos húmicos. En la segunda, consumido los
compuestos lábiles, otras materias más resistentes como las ligninas, se degradan
más lentamente camino hacia los compuestos húmicos (Tomati 2000 y Castaldi 2005).
Generalmente este último cambio., no concluye durante el compostaje.
Algunos compuestos de la materia orgánica son usados por los microorganismos para
sus tejidos y otros son transformados en CO2 y agua. La nueva materia orgánica
formada, posee nuevas y diferentes características físicas y químicas (Haug 1993).
Las pérdidas de peso de materia orgánica y otros nutrientes por mineralización
durante el compostaje, pueden ser evaluadas a través del balance de materia. En la
Figura A, se puede observar un diagrama de balance de materia durante el proceso
de compostaje.
Figura A: diagrama del balance de materia-compostaje (Moreno y Moral 2008, 104-105).
Para predecir OF e IF es necesario conocer la biodegradabilidad de la materia
orgánica inicial, porque indica la cantidad de materia orgánica que puede
descomponerse o se ha descompuesto. Consecuentemente, la biodegradabilidad de
un sustrato es un indicador de consumo de la materia orgánica (Tchobanoglous 1994).
En la Tabla I, se muestra la degradabilidad de algunos componentes de los residuos
sólidos.
La biodegradabilidad puede estimarse a través de un balance de materia,
considerando que la cantidad de ceniza se conserva constante durante el
compostaje. Según Haug (1993), se define un coeficiente de degradación (K h) a partir
de la concentración de cenizas o de materia orgánica al inicio y final del proceso de
compostaje.
(𝐶𝑓 − 𝐶𝑖 ) ∗ 100
𝐾ℎ =
𝐶𝑓 (100 − 𝐶𝑖 )
Donde, Ci y Cf son el porcentaje de cenizas al inicio y final del compostaje.
Sustituyendo la ceniza por materia orgánica, el coeficiente, resulta:
(𝑀𝑂𝑓 − 𝑀𝑂𝑖 ) ∗ 100
𝐾ℎ =
𝑀𝑂𝑓 (100 − 𝑀𝑂𝑖 )
Tabla I: biodegradabilidad de los principales
componentes orgánicos de los sustratos
Componente Degradabilidad (%)
Celulosas 70
Hemicelulosas 70
Otros azucares 70
Ligninas 0
Lípidos 50
Proteínas 50
Fuente: Haug 1993, hallado en (Moreno y Moral 2008, 105).
Conductibilidad Eléctrica
La conductividad eléctrica (CE) en el compost se determina por la composición de la
materia prima inicial, la concentración de sales y en menor grado por la presencia
de iones amonio o nitrato formados durante el proceso (Sánchez-Monedero 2001).
La CE, habitualmente tiende a aumentar durante el proceso de compostaje debido a
la mineralización de la materia orgánica, por el incremento de la concentración de
nutrientes. Si ocurre descenso durante el proceso, puede deberse a los lixiviados de
la ruma generados por el exceso de humedad (saturación con agua).
La dosis de compost a incorporarse al suelo debe ser proporcional a la CE del
compost. El exceso de salinidad del suelo, limita la absorción de agua por las raíces
de las plantas (Moreno y Moral 2008, 106).
Olores
La trasformación de los residuos desde materia prima hasta compost es espectacular.
Al inicio se distinguen los colores, luego progresivamente se tornan oscuros. Los
aromas de verdura, frutas, flores, etc. cambian rápidamente de acuerdo con la
intensidad de la actividad biológica. Si falta aireación se desprenden diversos olores,
entre ellos amoniaco. Al final del proceso, el compost debe tener color de suelo
orgánico y olor a suelo de bosque (Alcas et al. 2005, 44).
DETERMINACIÓN DE HUMEDAD, PRESENCIA DE PATÓGENOS, METALES PESADOS,
NUTRIENTES y OLORES
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