Isonomía
Era el principio central de la democracia ateniense. Es más, se tiene documentación suficiente
como para creer que era el nombre original con el que se denominaba al gobierno democrático.
Isonomía está compuesta de dos partículas: isos (igualdad) y nomos (ley), por lo que su
significado literal sería “igualdad ante la ley”. No obstante, el concepto de isonomía como
denominador absoluto de la presencia de una democracia, posee un significado mucho más
amplio.
Por isonomía se entiende una igualdad de derechos políticos de todos los ciudadanos
consagrada en la ley. Es la existencia misma de la democracia que designa la ruptura, el
escándalo que permite que todos, sin mediar títulos, nacimiento, jerarquía ni posesiones, puedan
ingresar al campo de la decisión política y tomar la palabra para expresar sus opiniones (doxai).
Isonomía designa el gobierno democrático mismo. Es el gobierno de la voluntad de la mayoría,
en una comunidad completa en la que se les permitió el ingreso a todos, sin mediar clase social.
Isonomía define la configuración radical que designa “el carácter igualitario”.
Implícitamente, la isonomía engendra también la necesidad de cierto grado efectivo de
participación ciudadana. Por participación se entendía la posibilidad de ejercer directamente la
libertad pública y decidir sobre los asuntos del mundo entre personas iguales. La libertad
(Eleutheria) era necesariamente actuar, comenzar, participar en conjunto con otros en la
composición de un mundo común. A Mayor participación, mayor representación, y
establecimiento de límites al ejercicio del poder de los magistrados. Si tenemos en cuenta que
estos mismos principios deben estar en la base de cualquier democracia.
El término (demokratia), sorprendentemente, no era el término crucial que se empleaba durante
los siglos V y VI, cuando se hacía referencia al gobierno de muchos El término empleado más
frecuentemente era, de hecho, el de isonomía, que hacía referencia a la igualdad de todos los
ciudadanos atenienses ante la ley.
La igualdad de derechos de ciudadanía podría contrastarse con la situación de las aristocracias
y las monarquías, en donde uno o unos pocos poseen privilegios que se les niega a los demás.
No obstante, la historia muestra que la referencia exacta define que la Isonomía es el principio
básico e infaltable de la democracia hasta el punto de ser sinónimos (Canfora 1995; Glotz 1957;
Godoy 2012, entre otros).
Así pues, la (demokratía) no supone solamente el acceso a las magistraturas por parte de una
mayor cantidad de individuos «es el régimen en el que el demos obtuvo una capacidad colectiva
para lograr un cambio en el ámbito público» (Ober, 2008:7). El lugar donde se expresa esa
capacidad colectiva es la asamblea, órgano principal del gobierno democrático.
La idea democrática surgió mucho antes, en la Atenas de comienzos del siglo V a. C. para los
atenienses de esa época, democracia era una palabra sencilla que significaba, literalmente,
«poder del pueblo». No había segundas lecturas, interpretaciones coyunturales o sesgadas; en
la Atenas de aquella época todo ciudadano inscrito en un demo tenía el derecho y el deber de
tomar las decisiones que pudieran afectarle, ya fueran éstas de política interna o externa.
Los ciudadanos de Atenas, reunidos en la Asamblea (Ecclesía), decidían sobre la guerra y la
paz, sobre el pago de impuestos, sobre el establecimiento de relaciones diplomáticas, sobre la
promulgación o suspensión de las leyes y sobre cualquier otra materia considerada esencial para
el presente o futuro de su polis. Y para hacerlo, se basaban en tres principios básicos,
irrenunciables, en los que se forjaban los cimientos de su sistema político: isegoría (igualdad en
el uso de la palabra en público), isonomía (igualdad ante la ley) y parresía (libertad de
expresión).
Para los atenienses, además, “una característica de la libertad es gobernar y ser gobernado por
turno” tal como dice Aristóteles en su política, y el mismo autor continúa diciendo que “en las
democracias la opinión de la mayoría es la autoridad soberana, siendo éste un rasgo distintivo
de la libertad, que todo demócrata considera como elemento definidor de este régimen político”.
La aplicación de la isonomía como principio básico de la democracia hizo que el procedimiento
de designación más común de los cargos públicos (casi el noventa por ciento) fuera el sorteo.
Este hecho suponía en realidad toda una declaración de principios que trataba de evitar la
generación de una clase política perpetuada en el poder mediante un sistema de elecciones.
En el siglo V a. C. Solón considerado uno de los siete sabios de Grecia implementaría reformas
institucionales y el nuevo sistema censitario creados con objeto de abolir la distribución de los
derechos políticos basada en el linaje del individuo y, en su lugar, constituir una (timocracia); la
timocracia es una forma de gobierno en la que: los únicos que participan en el gobierno son los
ciudadanos que poseen un determinado capital o un cierto tipo de propiedades. No mucho tiempo
después de las medidas emprendidas por Solón, Clístenes estableció el mecanismo del
ostracismo, que pretendía terminar con todo riesgo de poder personal, algo que los griegos
identificaban con la tiranía. Cada comienzo de año se planteaba a la Ecclesía si había que recurrir
al ostracismo. Si era el caso, se procedía a la votación escribiendo el nombre de la persona que
podía ser ostraquizada (ser expulsado de Atenas por diez años, cumplido ese tiempo podía
volver sin haber perdido su ciudadanía ni sus propiedades) en un tejuelo u óstracon (fragmento
de cerámica con el nombre inscrito de la persona que querían que fuese expulsada). Si el
recuento de votos era favorable al procedimiento de ostracismo, el destierro era inevitable.
La inmensa mayoría de nuestros representantes políticos, acostumbrados al poder durante
décadas, educados en la costumbre de vivir del erario público durante décadas, habrían sido
objeto de ostracismo hace ya mucho tiempo.
Así mismo reducir la democracia a una serie de arreglos de procedimiento en los que tienen que
ver las preferencias de representantes electos y cargos oficiales, a quienes se delega el poder
de tomar decisiones cada cuatro, cinco o seis años, es una renuncia muy seria de la capacidad
de participación. Es ignorar las luchas que hubieron de librarse para alcanzar la democracia.
La definición de Heródoto parte de la negación del conflicto, la comunidad sólo puede ser unidad.
Por tanto, se centra en una idea de igualdad que hace inviable la dominación.
En cambio, la participación reducida al mero acto de sufragar y la libertad entendida como la
cualidad privada de la ausencia de interferencias externas, nubla la condición de la igualdad de
derechos políticos consagrados en la ley. Vuelve superflua la participación ciudadana y la reduce
a su papel como electorado: los ciudadanos son concebidos esencialmente para la selección
autorización del equipo experto que ha de gobernarle, y posteriormente, para aclamar o bien
para impugnar sus decisiones dado un marco institucional adecuado. (Castillo 2011, 54)
La isegoría, el segundo de nuestros términos griegos, habla de esta dimensión participativa,
bastante más presente en la antigua sociedad de Atenas que en la de nuestros días.
(ISEGORíN13 (1996) NOTAS Y DISCUSIONES) Los rasgos participativos de las polis
atenienses (500 miembros rotativos anualmente en el bulé, o consejo, elegidos al azar; 30-40
reuniones anuales de la Ecclesía, o asamblea popular, en la que todos los ciudadanos atenienses
podían formar parte; un gran número de cargos judiciales y cívicos que se cubrían al azar.
Debemos a Heródoto, el “Padre de la Historia”, el primer texto de la literatura griega de
pensamiento político en el que se definen las diversas formas de gobierno. En sus Historias,
III,80,1 pone en boca de tres persas (el rey Darío y sus generales Ótanes y Megabizo) las
ventajas y perjuicios de la monarquía, la democracia y la oligarquía.
Ótanes rechaza la monarquía (del griego μονος,mónos, uno, y αρχειν, arjéin, gobierno) porque
el monarca (rey o tirano no quedan delimitados) puede hacer lo que quiera sin dar cuenta por
ello, desarrolla la soberbia y desmesura (ὕϐρις, hybris) y la envidia de los que le rodean y viola
y da muerte sin juicio a los que considera sus enemigos. Ótaanes defiende el “gobierno del
pueblo” o isonomía (del griego ἰσονομία «igualdad ante la ley; a su vez de ἴσος isos, "igual" y
νόμος nomos, "uso, costumbre, ley"), porque las magistraturas se ejercen por sorteo, se rinden
cuentas y los asuntos se someten a la deliberación del pueblo.
Megabizo rechaza la democracia o isonomía o gobierno del pueblo porque el vulgo es ignorante
e insolente y desenfrenado. Propone elegir a un grupo de personas bien preparadas, es decir, la
oligarquía, (del gr. ὀλιγαρχία, ολίγο =poco y αρχειν (arjéin): gobierno.
La oligarquía se considera luego como una degeneración de la aristocracia «gobierno de los
mejores» (del griego ἀριστοκρατία aristokratía, de ἄριστος, aristos, el mejor, el excelente, y
κράτος ,kratos, poder) y por tanto también tiránica.
Darío rechaza la democracia porque en ella es inevitable el libertinaje; rechaza también la
oligarquía porque inevitablemente se producen las rivalidades y los odios, las disensiones y los
asesinatos de unos y otros porque todos quieren ocupar la cabeza; y se muestra partidario de la
monarquía, porque al tratarse de un solo gobernante, se guardan mejor los secretos de estado y
se evitan los problemas anteriores. Pero esta monarquía no es tiranía porque gobierna
correctamente al pueblo. Así la democracia degenera en oligarquía y ésta a su vez en monarquía,
que es el mejor sistema, porque el monarca actúa de árbitro entre los grupos aristocráticos y
favorece al pueblo. Pero incluso este monarca fácilmente se convierte en tirano, que arrebata la
libertad a sus ciudadanos.
Aristóteles define en su Política (1317b y ss.) las características esenciales de la práxis
democrática. En esencia son las siguientes:
• “Una de las características de la libertad es gobernar y ser gobernado por turno” (1317b1).
Establecido este principio y siendo así la naturaleza del poder, estos son los procedimientos
democráticos (1317b5):
• “Elegir todas las magistraturas entre todos”
• “Que todos manden sobre cada uno y cada uno, por turno, sobre todos”
• “Que los cargos públicos se designen por sorteo, todos o los que no requieran experiencia
y conocimientos técnicos”
• “Que la misma persona no ejerza dos veces el mismo cargo público o sólo en casos
excepcionales”
• “Que la misma persona ocupe pocos cargos públicos, con excepción de los relacionados
con la guerra”
• “Que todos los cargos públicos sean de corta duración, o al menos aquellos en los que
sea posible”
• “Que todos los ciudadanos, elegidos entre todos, administren justicia. Y que lo hagan
sobre todas las materias o sobre la mayoría, y, en cualquier caso, sobre las más importantes y
primordiales: la rendición de cuentas, la constitución y los contratos privados”
• “Que la Asamblea del pueblo tenga soberanía sobre todas las cosas, o sobre las más
importantes. Ningún cargo público tendrá soberanía sobre nada o, en todo caso, sobre asuntos
de escasa importancia”
• “Que ningún cargo público sea vitalicio, y si alguno queda, procedente de alguna
costumbre antigua, debe despojársele de su poder y hacer que sea sorteable en lugar de electivo.
En dicho debate, el noble Megabizo pronuncia un fuerte alegato a favor de la Oligarquía y en
contra de la tiranía y el poder popular. Pero la oposición principal se da entre Ótanes, defensor
de la «isonomía», y Darío que aboga por la continuidad monárquica.15 Ótanes identifica la
democracia con el hecho de que «los magistrados se desempeñan por sorteo, cada uno rinde
cuenta de su cargo y todas las deliberaciones se someten a la comunidad».16 La tiranía, en
cambio, pervierte al mejor de los hombres, pues el problema no es el individuo sino el sistema.17
Finalmente, Darío alegará por la Monarquía, y en su discurso pone énfasis, al igual que
Megabizo, en la inevitable realidad de que la democracia termina instituyendo la tiranía