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El Barbero de Sevilla: Ópera de Rossini

Este documento resume la ópera El barbero de Sevilla de Rossini. Detalla que la ópera se estrenó en 1816 en Roma y aunque fracasó inicialmente debido a la oposición de partidarios de Paisiello, pronto se convirtió en un éxito. La ópera está basada en la obra de Beaumarchais y sigue la historia del Conde Almaviva que intenta conquistar a Rosina, pupila del Doctor Bartolo, con la ayuda de Fígaro. Resalta números musicales famosos y los roles principales.
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El Barbero de Sevilla: Ópera de Rossini

Este documento resume la ópera El barbero de Sevilla de Rossini. Detalla que la ópera se estrenó en 1816 en Roma y aunque fracasó inicialmente debido a la oposición de partidarios de Paisiello, pronto se convirtió en un éxito. La ópera está basada en la obra de Beaumarchais y sigue la historia del Conde Almaviva que intenta conquistar a Rosina, pupila del Doctor Bartolo, con la ayuda de Fígaro. Resalta números musicales famosos y los roles principales.
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El barbero de Sevilla

Melodrama en dos actos de Gioacchino Rossini con libreto de Cesare Sterbini

Estrenada en el Teatro Argentina de Roma, el 20 de febrero de 1816, con el título de: ALMAVIVA, O LA PRECAUCIÓN
INúTIL.

Antecedentes

El gran genio musical de Gioacchino Rossini no puede ser


completamente comprendido sin considerar su máximo trabajo dentro de la ópera cómica, que es su inmortal BARBERO
DE SEVILLA, obra que ha sido apreciada en nuestro país en numerosas ocasiones.
Rossini compuso la totalidad de sus óperas entre los años 1810 y 1829, creando a una velocidad vertiginosa, que le
permitía entregar a los empresarios teatrales un promedio de dos óperas por año.

Este impresionante récord fue aún superado en el año 1816, cuando el músico de Pesaro iniciara el nuevo año con EL
BARBERO DE SEVILLA, nuestra ópera de esta noche, para luego componer dos obras más: La ópera cómica LA GAZZETTA
a mitad de año , y en diciembre su OTELLO, que tan importante sería para el desarrollo del curso de las posteriores
óperas de Gaetano Donizetti.

EL BARBERO DE SEVILLA rossiniano no se conforma al libreto antiguo de Giuseppe Petrosellini, que anteriormente
emplearan Giovanni Paisiello en 1782 y Nicolas Isouard en 1796, sino a un nuevo texto creado por el poeta Cesare
Sterbini. Este está naturalmente basado en la primer parte de la trilogía que tiene al barbero Fígaro como protagonista,
del célebre escritor francés Pierre Augustin Caron de Beaumarchais, creada en 1775.

Las otras dos partes de la trilogía fueron musicalizadas por Wolfgang Amadeus Mozart en 1786, en su inmortal LAS
BODAS DE FíGARO, mientras que la tercer parte, LA MADRE CULPABLE, fuera puesta en música por Darius Milhaud
recién en el siglo XX.
La primera comedia original de Beaumarchais fue concebida como una Ópera-Comique francesa, y tuvo que ser
reajustada a los requerimientos de la Comédie Française, que celebró su première en 1775.

Pero a pesar de que EL BARBERO DE SEVILLA de Rossini ha resultado ser una de las obras maestras de la ópera cómica, y
ha triunfado al punto de casi haber obliterado completamente las óperas homónimas de sus rivales, el estreno mundial
de la misma en Roma en 1816 fue un rotundo fracaso, con silbidos de la audiencia y accidentes escénicos.
Esto se debió también a que los partidarios del compositor Giovanni Paisiello agitaron al público para que sabotearan la
presentación de la ópera de Rossini.
Paisiello y sus seguidores, que se oponían al empleo de la voz de bajo buffo en sus óperas, jamás llegaron a perdonar a
Rossini haber compuesto una ópera sobre el mismo tema que fuera uno de sus grandes éxitos, y lo considerándolo un
atrevimiento.

La historia se repitió años después cuando dos días antes del fallecimiento de Rossini en noviembre de 1868, cuando un
compositor de nombre Costantino Dall’Argine (1842-1877) estrenara otra ópera con el mismo libreto que la de Rossini,
dedicándosela al gran maestro de Pesaro, partitura completamente olvidada hoy día.
Francesco Morlacchi, asimismo estrenaría otro BARBERO DE SEVILLA el mismo año que Rossini, y para 1901 el
compositor español Gerónimo Giménez, haría uso del mismo título, pero no del argumento, con su zarzuela: EL
BARBERO DE SEVILLA.
La segunda representación de nuestra ópera en el mismo Teatro Argentina de Roma, pocos días después, reivindicó sus
méritos y la transformó en un favorito de las audiencias en una semana. El compositor contó con la participación del
legendario cantante y compositor Manuel García en el rol del Conde de Almaviva, mientras que Fígaro fue confiado a la
voz de Luigi Zamboni. Rossini creó de este modo quizás lo que sería el primer rol baritonal, si bien de tesitura aguda,
dentro de la historia de la ópera italiana del 1800.

Acercamiento al análisis de la obra

En lo que respecta al plano musical, EL BARBERO DE SEVILLA es un cofre colmado de joyas inigualables. Podemos citar
para comenzar la archipopular cavatina de entrada de Fígaro: Largo al factótum, la de Rosina: Una voce poco fa, y las de
Don Basilio: La Calunnia y de Don Bartolo: A un dottor della mia sorte, en el acto primero.
En el mismo hallamos también la cavatina del conde: Ecco ridente in cielo, cuya música proviene de la ópera anterior
AURELIANO IN PALMIRA, así como los dúos de Fígaro con el conde: All’ idea di quel metallo y con Rosina: Dunque io son.

El breve pezzo concertato: “Questa peste di soldato” y el impresionante final del primer acto han definitivamente
alcanzado la inmortalidad.
En el acto segundo no encontramos abundantes arias, pero sí momentos cumbres, comenzando por el dúo jocoso entre
Don Bartolo y el Conde disfrazado de maestro de música y el ensemble que culmina la escena primera.

Se destacan además la escena de la tormenta, y el aria del conde: Cessa di piu resistere, omitida en esta y en muchas
grabaciones, y que fuera empleada también en la cantata LAS BODAS DE TETIS Y PELEO.
La obertura de la ópera, fue anteriormente utilizada en las óperas AURELIANO IN PALMIRA y ELISABETTA, REGINA
D’INGHILTERRA.
Asimismo la escena de la lección de canto del acto segundo ha sido objeto de toda clase de interpolaciones de música
perteneciente a otros compositores.
Adelina Patti, por ejemplo, solía incluír la canción Il Bacio de Luigi Arditi. Otras importantes cantantes como Nellie Melba
y Pauline Viardot procedían de igual manera.
Rossini jamás estuvo a favor de tales cambios e inclusiones, y hasta llegó a censurar a La Patti cuando esta interpretara
una versión con fiorituras adicionales de la cavatina: Una voce poco fa.

Precisamente el rol de Rosina ha sido compuesto para una contralto o mezzosoprano, pero debido a su gran popularidad
ha sido cantado por sopranos de coloratura, lo cual lo desvirtúa por completo. Fiel a las intenciones de Rossini, nuestra
Rosina de esta versión, Giulietta Simionato, es una de las más prestigiosas mezzosopranos del pasado siglo XX y honra
cabalmente lo especificado por el compositor.
Reparto

EL CONDE DE ALMAVIVA tenor ALVINO MISCIANO


FíGARO barítono ETTORE BASTIANINI
DON BARTOLO bajo FERNANDO CORENA
DON BASILIO bajo CESARE SIEPI
ROSINA mezzo soprano GIULIETA SIMIONATO
BERTA soprano RINA CAVALLARI
FIORELLO barítono ARTURO LA PORTA
UN OFICIAL tenor GIUSEPPE ZAMPIERI

Argumento

La acción transcurre en Sevilla, en el siglo XVII.

Acto primero

Plaza frente a la residencia del Doctor Bartolo, al anochecer. Reunidos por su sirviente Fiorello, el Conde de Almaviva ha
contratado los servicios de un grupo de músicos para dar una serenata a Rosina, la dama de la que se halla enamorado.
Con su serenata: Ecco ridente in cielo, el conde disfrazado canta su amor por Rosina, quien es una pupila del decrépito
Doctor Bartolo, quien pretende en secreto casarse con ella.
Pero Almaviva decide primero comprobar si la muchacha lo ama verdaderamente a él o a su riqueza y rango social. Para
ello, resuelve ocultarse bajo la identidad de Lindoro, un pobre joven estudiante.

Almaviva paga entonces a los músicos que se retiran, quedando entristecido porque la joven no ha acudido a la ventana.
Entra entonces el celebrado barbero Fígaro, quien en su inmortal cavatina Largo al factótum se presenta como el
hombre mayor popularidad e importancia de Sevilla.
Aprovechando que Fígaro fue en el pasado sirviente del Conde, éste le pide ayuda para encontrarse con Rosina,
ofreciéndole dinero en caso de que logre arreglar un encuentro con ella, en el célebre dúo: All’idea di quel metallo.
Fígaro aconseja al Conde que se disfrace de soldado borracho, para que le sirva de pretexto para que el doctor Bartolo le
dé alojamiento en su casa. El barbero es entonces generosamente recompensado por esta sugerencia.

La escena cambia al interior de la casa del Doctor Bartolo. Encontramos por primera vez a Rosina, quien da comienzo a
la escena con otro popularísimo número, la cavatina: Una voce poco fa, con la que define su personalidad: Es delicada y
tranquila, pero pobre de aquel que se cruce en su camino!
Rosina escribe una carta a Lindoro. Conforme está abandonando la habitación, entran el Dr. Bartolo y Don Basilio, un
profesor de música.
Éste le cuenta sobre la llegada a Sevilla del conde de Almaviva enamorado en secreto de Rosina.
Bartolo sospecha del Conde y pretende firmar el acta de casamiento con Rosina ese mismo día. Basilio le aconseja que
se quite de su camino al conde creando rumores falsos sobre él.
Cuando Bartolo pregunta cómo, Don Basilio cuenta con lujo de detalles su propio sistema: Una calumnia.
Tiene lugar aquí la famosa cavatina para el bajo: La calunnia è un venticello, uno de los despliegues de talento rossiniano
más importantes.
Cuando los dos se han ido, entra Fígaro a la casa y se entrevista con Rosina. Fígaro le pide a Rosina que escriba una carta
a Lindoro que él mismo le entregará. La escena se cierra con el brillante dúo: Dunque io son.

Aunque sorprendida por Bartolo, Rosina consigue engañarlo, pero el tutor no se convence fácilmente, como lo explica
en su gran aria virtuosística: A un dottor della mia sorte.
Ni bien Berta, la sirviente del Dr Bartolo, intenta abandonar la casa, se encuentra con el Conde disfrazado de soldado
ebrio, quien entra en la casa causando un comiquísimo estruendo.
Temiendo a este borracho, Berta se apresura a acudir donde Bartolo en busca de protección e intenta alejar al supuesto
ebrio, pero no lo logra. El Conde consigue unas palabras con Rosina, susurrándole que es Lindoro, y entregándole una
carta.

El vigilante Bartolo sospecha y exige saber qué es esa pieza de papel en las manos de Rosina, pero ella le engaña
entregándole la lista de la lavandería.
Bartolo y el Conde disfrazado empiezan a discutir y, cuando Basilio, Fígaro y Berta aparecen, el ruido atrae la atención
del oficial de la guardia policial y de sus hombres.
Bartolo cree que el Conde ha sido arrestado, pero Almaviva sólo tiene que mencionar su nombre al oficial para quedar
en libertad.
Bartolo y Basilio están asombrados, y Rosina se burla de ellos.
Figaro estalla en una deliciosa burla musical exclamando: Miren a Don Bartolo, parece una estatua! Todos quedan
perplejos ante la situación y el acto es coronado magistralmente en el dificultoso y soberbio concertante: Mi par
d’essere con la testa in un orrida fucina!

Acto segundo
Horas más tarde en casa de Don Bartolo, Almaviva de nuevo aparece en casa del doctor, esta vez disfrazado como Don
Alonso, un profesor de canto alumno de Don Basilio, y pretendiendo actuar como un sustituto de su supuestamente
enfermo maestro, quien habitualmente da clases de música a Rosina.
Inicialmente, Bartolo sospecha, pero permite a Almaviva entrar cuando el conde le da la carta de Rosina. En ella describe
el plan de Bartolo de desacreditar a Lindoro quien él cree que es un sirviente del Conde que pretende conseguir mujeres
para su amo.
Para no dejar a Lindoro solo con Rosina, el doctor Bartolo hace que Fígaro le afeite. Cuando Basilio aparece de repente,
Almaviva reacciona rápidamente ofreciéndole una bolsa de dinero, para que se finja enfermo y se retire de una vez por
todas.
Finalmente Bartolo detecta el truco al escuchar una conversación entre Almaviva y Rosina, echando a todo el mundo de
la habitación y se apresura a ir en busca de un notario para redactar el contrato de matrimonio entre él y Rosina.

Antes de retirarse, el doctor muestra a Rosina la carta que ella escribió al supuesto Lindoro, y la convence de que
Lindoro es meramente un servidor de Almaviva que lo ha ayudado con sus planes. Por ese instante, Rosina queda
decepcionada.
La escena queda vacía mientras la música crea una tormenta, como es habitual en muchas óperas de Rossini.
El conde y Fígaro suben por una escalera hasta el balcón y entran en la habitación por la ventana. Rosina muestra la
carta a Almaviva acusándole de traición y de bajeza.
Comprobando que realmente lo ama, el Conde revela su identidad y los dos se declaran su amor. Mientras Almaviva y
Rosina están absortos el uno en el otro, Fígaro les urge a que se marchen.

Se oye a dos personas que se acercan a la puerta, e intentando escapar por la escalera, se dan cuenta de que la han
quitado. Los dos que se acercan son Basilio y el notario.
El Conde y Fígaro aprovechan la oportunidad para firmar el contrato nupcial. Se necesitan dos testigos: Fígaro firma
como uno de ellos, mientras que Basilio no está de acuerdo.
El conde extrae una pistola y fuerza al maestro de música a elegir entre aceptar un soborno y ser testigo, o recibir dos
balas en la cabeza.
Él y Fígaro firman como testigos el contrato de matrimonio entre el Conde y Rosina. Bartolo entra pero es demasiado
tarde. El aturdido Doctor Bartolo, que era quien había quitado la escalera, queda tranquilo cuando le permiten quedarse
con la dote de Rosina.
Comprendiendo la inutilidad de todas sus acciones, Bartolo da la bendición a la joven pareja, mientras que liderados por
Fígaro, los presentes invocan al amor y a la vida eterna para que vengan a reinar en sus vidas en adelante.

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