MARCO TEÓRICO
¿QUÉ ES PRAXIA?
El desarrollo normal de un niño en su totalidad (físico, mental, emocional y social) depende
de su capacidad para moverse (Armenteros, 1998), es así que los seres humanos necesitan
los movimientos para comer, vestirse, trabajar, recrearse entre muchas otras actividades que
satisfacen las necesidades humanas. Para lograr el movimiento no sólo se necesita poseer un
sistema musculoesquelético, estructuras ligamentosas y articulares indemnes, sino que
también se requiere de un sistema nervioso intacto que sea capaz de captar la información
procedente del espacio y contexto en el cual está inmerso el sujeto, llevar esa información a
través de vías aferentes al cerebro, para luego ser procesadas y enviar una respuesta a través
de las vías eferentes hasta los músculos, para realizar un acto motor, que en conjunto con
otros actos motores realizados de una forma ordenada y correcta hacen posibles los
movimientos complejos (David K., 1985).
El término Praxia proviene del griego “Prattos” que significa ejecutar, hacer, realizar,
cometer, obrar. Las Praxias no corresponden a cualquier acción, es decir, no son actos reflejos
ni tampoco movimientos aislados, sino que corresponden a una secuencia de movimientos,
que para ser ejecutados requieren de una necesidad o deseo (determinados por el contexto o
por iniciativa propia); son movimientos aprendidos, complejos, con propósito. Esta es la
concepción que Jean Piaget tenía de praxias (Bottini, P., 2001).
Vitor Da Fonseca, siguiendo el pensamiento de Alexander Luria, distingue 2 tipos de praxias:
Praxia Global y Praxia Fina (Bottini, P., 2001).Ambas están relacionadas entre sí, tanto en
su localización cerebral como en su ejecución, puesto que la Praxia fina se organiza a partir
de la Praxia global. La Praxia global corresponde a los movimientos más generales como
postura, locomoción, contacto, recepción y lanzamiento de objetos; logrando el control de
éstos es posible hacer uso de las praxias finas, movimientos que requieren de precisión y
corresponden a los actos motores ejecutados por la acción coordinada de nuestro ojo y mano.
ha distinguido 2 tipos de actos motores: Los transitivos y los intransitivos. Los primeros son
aquellos movimientos que se realizan por medio de un objeto (ejemplos: escribir, pintar,
comer, entre otros), en cambio los segundos son aquellos que se ejecutan sin intervenir
ningún objeto (ejemplos: saludar, cantar, bailar, etc.); ambos actos motores, aunque parecen
básicos, están compuestos a la vez de actos más básicos los cuales deben realizarse de forma
ordenada. Si estos son realizados correcta y ordenadamente, se habla de eupraxia; cuando
está alterada la secuencia se dice que hay dispraxia y un grado más severo de afectación
corresponde a apraxia. Originalmente los prefijos “a” o “dis” se refieren a la severidad de la
anormalidad en las praxias, siendo “apraxia” la ausencia de una habilidad motora mientras
que dispraxia sería una habilidad motora presente, pero anormal. (Steinman, K., 2010). Sin
embargo, el término dispraxia en la actualidad no representa un déficit parcial, sino que se
refiere a un trastorno del neurodesarrollo infantil, siendo un diagnóstico, un cuadro complejo.
Dispraxia aplica cuando se trata de un trastorno del desarrollo, mientras que “apraxia” alude
a una habilidad ya lograda, que se pierde, es decir, un trastorno adquirido.
El término dispraxia ha sido discutido desde principios del siglo XX. Collier usó el término
“torpeza congénita” para describir a los problemas de desarrollo motor evidenciado en niño”
(Dewey, D., 1995). En 1937, Orton reconoció que existen diferentes trastornos del desarrollo
motor, además clasificó los déficits en habilidades motoras como disfunción extra-piramidal,
piramidal o cerebral.
El término dispraxia fue utilizado por primera vez por A. Jean Ayres en 1972, quien se refirió
a la torpeza vista en la incapacidad de aprendizaje de tareas motoras en niños, como
“dispraxia del desarrollo”. Esta autora señala lo siguiente: “Dispraxia es un desorden de la
integración sensorial que interfiere con la habilidad para planear y ejecutar tareas motoras no
habituales”. Plantea además que los niños dispráxicos pueden alcanzar un alto grado de
destreza en actividades específicas que han practicado de manera constante, tareas que son
específicamente entrenadas y no pueden ser generalizadas a otras actividades similares
(Dewey, D., 1995).
En el año 1987, el término Trastorno del desarrollo de la coordinación motora
(Developmental Coordination Disorder), DCD por su sigla en inglés, fue introducido en el
manual DSM-R III y apareció nuevamente en el manual DSM-IV en 1994. Ese mismo año,
el término fue aprobado por la comunidad internacional de investigación en Londres. El
nombre DCD se debe utilizar en la investigación y en la práctica para identificar a niños con
problemas motores “leves” (Polatajko, H., 2006).
Aunque el término DCD fue aprobado para ser utilizado bajo un consenso, siguen
apareciendo en la literatura numerosos términos: ‘Dispraxia’, ‘desorden de la coordinación
del desarrollo’, ‘torpeza del desarrollo’, ‘disfunción sensorio motora’, “daño cerebral
mínimo”. La misma heterogeneidad de nomenclatura se observa en la práctica clínica, entre
diferentes profesionales (Dewey, D., 1995).
Según la Fundación de Dispraxia (Dyspraxia Foundation UK), el término dispraxia
corresponde a un defectuoso desarrollo y maduración de los centros encefálicos encargados
del control de la planificación y la organización del movimiento. Se trata de una inmadurez
o disrupción del desarrollo de las redes que procesan ese tipo de información, lo que resulta
en mensajes que no son transmitidos correcta o completamente. La dispraxia afecta el
planeamiento del quehacer motor y el cómo hacerlo, en lo cual muy probablemente se
encuentran involucradas áreas parietales somatosensoriales de asociación y regiones
frontales prefrontales y premotoras; es decir, conexiones entre áreas de orden superior,
respetándose las regiones motora primaria y sensitivas primarias.
Una “apraxia” es la pérdida de la capacidad de escoger, planificar, secuenciar y realizar un
movimiento aprendido en ausencia de un déficit sensorial o motriz primarios, por ejemplo,
una parálisis (Scalais et al., 2005). Una dispraxia es lo mismo, pero específicamente referida
a un trastorno de la adquisición de las habilidades motoras aprendidas a la edad esperada para
ello, en un niño en proceso de desarrollo. Por ello la denominación, algo redundante de
“Dispraxia del Desarrollo”. A esto, la American Psychiatric Association (APA) agrega que:
“interfiere significativamente el rendimiento académico y las actividades de la vida diaria.”
(Missiuna, C., 2006).
Un elemento central para poder diagnosticar Dispraxia es que se descarten totalmente déficits
sensoriales, déficits motores primarios, tales como un síndrome piramidal, déficits
intelectuales, síndrome cerebeloso y cualquier patología neurológica o pediátrica gruesa que
explique la dificultad. Los estudios de neuroimágenes, incluso la Resonancia Magnética
encefálica, son normales, como asimismo estudios neurofisiológicos de resorte clínico, como
los potenciales somatosensitivos y el electroencefalograma. De allí que el diagnóstico
requiere una exhaustiva evaluación individual hecha por especialistas. (Gibbs et. Al., 2007).
Para esta investigación se consideraron los términos “trastornos de la coordinación motora
(DCD)” y “dispraxia del desarrollo” como términos de igual significado. Así también lo
plantea Gibbs diciendo: “en la práctica dispraxia y DCD deben ser considerados como
sinónimos” (Gibbs, et.al., 2007).
CARACTERISTICAS CLÍNICAS DE LA DISPRAXIA
Se observa una multiplicidad de características clínicas en las personas con dispraxia, como
también diferentes severidades (Redondo, R. et al., 2009). Las características de los niños
con dispraxia afectan en el ámbito social, académico, físico y familiar (Missiuna, C. et Al.,
2004; Missiuna C. et al., 2006; Missiuna C. et al., 2008; Missiuna C. et al., 2010). Este
trastorno no se resuelve sin tratamiento y trae consecuencias a la vida adulta de los niños
afectados (Redondo R., et al., 2009).
Los niños con dispraxia en una edad temprana, presentan retraso en la adquisición de hitos
del desarrollo tales como gatear, caminar, hablar, saltar, subir escaleras entre otros (Gibbs J.,
et al., 2007; Lee M., 2009). Hasta ese período no se puede hablar de dispraxia, sino de retraso
en el desarrollo psicomotor. Es en el periodo preescolar y escolar cuando la dispraxia se hace
manifiesta como tal (Redondo R., et al., 2009; Missiuna, 2008). En esta etapa es posible
encontrar signos característicos tales como una deficiente escritura, pobres trabajos en
educación artística, dificultades para aprender a andar en bicicleta, para bailar, para ejecutar
instrumentos, para practicar deportes, para algunos juegos físicos y, algo muy característico,
los niños afectados evitan de una forma u otra hacer actividad física, debido a que sienten no
tener las mismas capacidades que sus compañeros; generalmente son rechazados y
marginados de estas actividades por sus pares o bien ellos se automarginan (Gibbs, 2007;
Missiuna, 2010; American Psychiatric Association [APA], 2000; Missiuna, 2006a; Missiuna,
2004; Flory, 2000). Si los profesores se dan cuenta de esta dificultad, les asignan otras tareas
(Ej.: arbitraje, contador de puntos, etc.), dándoles mayor confianza, pero esto ocurre en casos
excepcionales.
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